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18 whiskies

de Luis Benítez

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

18 Whiskies

 

de Luis Benítez

 

lben20032003@yahoo.com.ar

-Acto único-

 

Personajes

DAYSY

DYLAN

DECANO

MALCOM

 

(INTERIOR DE DEPARTAMENTO ELEGANTE DE MUJER QUE VIVE SOLA, EN NUEVA YORK, 1951. LIVING. NOCHE. DOS SILLONES, MESA LLENA DE BOTELLAS DE BEBIDAS ALCOHOLICAS, DOS SILLAS JUNTO A LA MESA. PUERTA DEL DEPARTAMENTO AL FONDO DE LA ESCENA. RADIO GRANDE. TELEVISION. DAYSY, LA AMANTE DE DYLAN THOMAS, DUEÑA DE CASA. DYLAN, DESPARRAMADO EN UNO DE LOS SILLONES, EN MANGAS DE CAMISA. SU CHAQUETA SOBRE EL RESPALDO DE SU SILLON, NOTORIAMENTE VISIBLE)

 

DAYSY (preparando dos tragos)       

-Dylan, ¿quieres lo tuyo con un poco de leche?

 

DYLAN (sin mirarla, ensimismado)

-No.

 

DAYSY                                                        

-Digo, porque el whisky con leche lo aguantas mejor. No vomitas.

 

DYLAN                                                        

-No, no vomito.

 

DAYSY (levemente molesta)              

-No, no.

 

DYLAN (repentinamente divertido)

-Sí, sí.

 

DAYSY (mirándolo con ternura)        

-Sí, sí, no. no. ¿Qué forma de pedirle a la amante un trago es ésa?

 

DYLAN (fingidamente serio)              

-Nosotros no somos amantes.

 

DAYSY (fingidamente molesta)          

-¿Marido y mujer?

 

DYLAN (soltando una risita)              

-No, no.

 

DAYSY (riendo ella también) 

-¿Primos en concubinato cuando vienes a Nueva York?

 

DYLAN (afectando seriedad)            

-No, no.

 

(DYLAN SE RIE SIN PODER CONTENERSE)

 

DAYSY (acercándose con los tragos)

-¿Hermanos incestuosos?

 

DYLAN (repentinamente entusiasmado)

- ¡Sí. sí!

 

DAYSY (quitándole el trago de las manos)                            

-Así te va a costar mucho que te devuelva...

(SE PASA EL VASO POR LA CINTURA)                                     

...esto.

 

DYLAN (sin mirarla)                          

-Eso es mío.

 

(DYLAN LE ARREBATA EL VASO Y SE LO BEBE)

 

DAYSY                                                        

-¡Desgraciado!

 

DYLAN (mirando a otra parte)          

-Muy desgraciado. Muy desgraciado. Soy un poeta muy desgraciado. Lejos de Gales, lejos de todos los que conozco, lejos, en un país donde las hamburguesas tienen el triple de tamaño que en Inglaterra, donde me pagan por leer malamente mi poesía en campus universitarios llenos de académicos que me consideran el mayor poeta vivo de la lengua inglesa....

 

DAYSY (como al pasar)                    

-Después de T.S. Eliot....

 

DYLAN (sarcástico)                          

-Un norteamericanito que se hizo adoptar por una familia inglesa confundida, además de católica...En fin, volvamos a mí... Decía, en campus universitarios donde me esperan dos mil o tres mil estudiantes de piernas bronceadas, recién salidas de las duchas, con el pelo mojado, parecidas a mujeres con impermeables de plástico pegados a los cuerpos, oh, qué cuerpos, bajo la lluvia serena de Massachusetts...

 

 

DAYSY                                                        

-No saben que ya eres casi impotente por los tragos...

 

DYLAN (La mira airado)                   

-Ansiosas de copular, iba a decir. Gracias, muy atenta.

 

DAYSY                                                        

-Es que tengo que sentirme feliz porque me digas tantas estupideces después de venir de un recital al que ni siquiera me invitaste....

 

DYLAN                                                        

-No era discreto. Nadie debe saber de tu existencia...

 

DAYSY                                                        

-¡Gracias! ¡Vengo a ser como un forúnculo en el culo del poeta!

 

DYLAN                                                        

-Soriasis.

 

DAYSY                                                        

-Idiota.

 

DYLAN                                                        

-Bastante idiota.

 

DAYSY                                                        

-Lo suficiente como para aceptar que tu representante te saque el cuarenta por ciento...

 

DYLAN                                                        

-Qué puede hacer un poeta....

 

DAYSY                                                        

-Y tu esposa todo lo demás.

 

DYLAN                                                        

-Si empezamos otra vez me voy...

 

DAYSY                                                        

-Caitlin no está aquí para defenderte.

 

DYLAN                                                        

-Eso se nota. Ella no permitiría que me hablaras así.

 

DAYSY                                                        

-¡Qué hombre!

 

DYLAN                                                        

-Whisky con leche tomaba mi tío Hugues, en Gales, cuando ya no podía soportar las impertinencias de su estómago. No estamos en Gales, no soy mi tío Hugues.

 

DAYSY (se le acerca, maternal. Le acaricia los cabellos)                   

-No, Dylan, no estés tan triste. El anterior recital fue un éxito. ¿Te acuerdas cómo te aplaudieron en Pennsylvania? No puedes haberte olvidado en una semana. Me sentí tan orgullosa de ti...

 

(LAS LUCES BAJAN Y SOLO ELLOS QUEDAN ILUMINADOS TENUEMENTE. EN OFF, LA VOZ DE DYLAN RECITA)

 

DYLAN (OFF)

                                   Y la muerte no tendrá dominio.

                                   Los hombres desnudos han de ser uno solo

                                   con el hombre en el viento y la luna poniente;

                                   cuando sus huesos queden limpios y los limpios

                                               /huesos se dispersen,

                                   ellos tendrán estrellas en el codo y el pie;

                                   aunque se vuelvan locos serán cuerdos,

                                   aunque se pierdan los amantes, no se perderá el

                                  /amor;

                                   y la muerte no tendrá dominio.

 

DAYSY                     

-¿Todavía te sientes así por ese... incidente?

 

DYLAN                     

-¿Cómo puedes llamarlo incidente? ¡Fue una barbaridad! Nunca podré volver a Pennsylvania!¡Nunca! ¡Quedé como un salvaje con toda esa gente! ¡Personas que me trataron con la mayor amabilidad.... con la mejor cortesía... de la que son capaces!

 

DAYSY                     

-Una colección de aburridos académicos, atentos a lucirse con sus esposas y sus mejores corbatas posando para las fotos con un poeta brillante, de visita...

 

DYLAN                     

-Daysy, me pagaron 400 dólares por insultar al decano y a su vulgar esposa....

 

(PAUSA)

 

(DYLAN COMIENZA A REIR BAJO. DAYSY HACE LO MISMO)

 

DAYSY                     

-En realidad, fue divertido...

 

DYLAN                     

-No digas eso, Daysy...

 

DAYSY                     

-La verdad es que fue muy divertido...

 

DYLAN                     

-No parabas de reírte durante el viaje de regreso...

 

DAYSY                     

-En ómnibus, porque nos negaron el auto de la universidad por lo que sucedió...

 

DYLAN                     

-Como dos prófugos.... como dos ladrones...

 

(DE PRONTO SE PONE PESAROSO)

 

DYLAN                     

-Y Malcom no me llamó desde entonces... este último recital ya estaba concertado....

 

DAYSY                     

-Tú cumpliste con tu compromiso... él tendría que haber estado allí... fue una grosería de su    parte, después de todo cobra lo suyo...  ¿No pensaste en cambiar de representante?

 

DYLAN                     

-Ni lo menciones. A Malcom le debo todo, hasta el haberte conocido. Arriesgó su prestigio para traerme a los Estados Unidos, a mí, prácticamente un desconocido...

 

DAYSY                     

-¡Mentira! Tienes dos libros publicados en Penguin, vas a editar un disco... ¿Cómo puedes decir eso...?

 

DYLAN                     

-Debo llamarlo y disculparme... Debo disculparme y decirle que no voy a hacerlo más...

 

DAYSY                     

-¡Dylan! ¡Como si fueras un niño!

 

DYLAN                     

-Sólo los niños, y exclusivamente los niños estúpidos hacen lo que yo hice. Los niños idiotas arruinan sus propias fiestas... No debí hacer eso. Siempre termino diciendo lo mismo: “No debí hacer eso”

 

(POR LA DERECHA, INGRESA AL CONO DE LUZ EL DECANO, VESTIDO DE ETIQUETA Y SE QUEDA A DISTANCIA DE DAYSY Y DYLAN, CUCHICHEANDO SIN SONIDO PARA SI)

 

DAYSY                     

-Dylan, tú sabes... yo soy mujer de negocios y...bien... creo que yo bien podría....

 

DYLAN                     

-¡Ni pensarlo!

 

DAYSY                     

-¿Ni pensarlo...? ¿Qué quiere decir en galés “ni pensarlo”? Dylan, no sé si te das cuenta de que estoy intentando ayudarte... No cobraría nada por hacerlo... sería todo para ti...

 

DYLAN                     

-Y para Caitlin y los niños. ¿Tú le girarías el dinero a Caitlin, en Gales, eh? ¿Le enviarías la plata a mi esposa con tu firma en un cheque, para que pudiera mantener a mi familia en Swansea, un cheque con tu firma al pie?

 

(DESDE SU LUGAR, EL DECANO  DEJAN DE HABLAR PARA  SI, AL PERCATARSE DE LA DISCUSION ENTRE DYLAN Y DAYSY. EL DECANO SIGUE SUS INSTANCIAS CON GRAVE ATENCION)

 

DAYSY                     

-¡Por supuesto!

 

DYLAN                     

-Se trata de la misma persona que me hizo quitar la foto de mi familia de la billetera.

 

DAYSY                     

-Las chicas somos así.

 

DYLAN                     

-Tienes que tener relaciones y contactos académicos y literarios para hacer lo que hace Malcom. Conocer a todo el mundo en Estados Unidos. Lo que puso en juego él cuando me contrató para la gira y lo que yo arruiné... Ser agente literario no es lo mismo que ocuparse de asuntos inmobiliarios...

 

DAYSY                     

-¡Oh! Parece que el Sr. Escrúpulos Familiares también tiene los detalles de sus conveniencias comerciales bien pensados...

 

DYLAN                     

-¡Caitlin!

 

(SE OYE A NIVEL BAJO LA CANCION “I AM IN HEAVEN”.  EL DECANO SE ADELANTA HACIA ELLOS. )

 

DAYSY                     

-Me llamo Daysy y no me parezco en nada a esa bruja irlandesa...

 

DYLAN                     

-¿Quién te piensas que eres para hablar así de mi esposa? ¡Te prohibo que la llames así!

 

DAYSY                     

-¡Caitlin es sólo una maldita mantenida!

 

DECANO (adelantándose con la mano extendida)

-Sr. y Sra. ... yo...

 

DAYSY                     

-Oh, encantada, señor decano. Soy Daysy Persons y él es Dylan.

 

 

DECANO                              

-Mi querido poeta, nuestra universidad se siente muy honrada de recibirlo y el éxito de su espectáculo augura que, antes de que se vaya de nuestro país, volveremos a tener el honor de escuchar sus magníficos poemas. Casualmente, en un aparte con Malcom, recién, en el otro salón, algunos miembros del consejo académico y yo, hablábamos sobre ello... Lamentaríamos mucho aquí que no volviera antes del año próximo... ¿Sabe? es usted muy popular entre los estudiantes... yo... estimo que todos querríamos verle de nuevo antes de un mes, quizá algo más importante que esta primera presentación.... De hecho, mis estudiantes han sugerido...

 

DYLAN                                 

-No les haga caso, decano... Es toda la marihuana que fuman mientras recito lo que los induce a pensar en eso...

 

DECANO                              

-¿Perdón?

 

DYLAN                                 

-Detuvieron a Robert Michum por fumarla, lo leí en el diario antes de salir de Nueva York, y aquí los baños apestan....

 

DECANO                              

-Lo que usted dice es muy grave, Dylan, y lamento profundamente haberle dado esa impresión en nuestra institución... Puede que algunos becarios del Estado... Gente venida de... usted sabe, es una tradición democrática de nuestra universidad... gente que también merece una oportunidad, pero que no se adapta...

 

DYLAN                                 

-Negros.

 

DECANO                              

-¿Perdón?

 

DYLAN                                 

-Usted dice pobres y entonces dice negros. En Inglaterra no tenemos suficientes negros como para que el país mejore, pero sí suficientes pobres.

 

DECANO                              

-Creí que el sentido de mis palabras era otro... No entiendo, je, je, parece que no me expresé bien, usted disculpe, poeta, pero...

 

DYLAN                                 

-No debe disculparse, decano. Yo también soy un hombre pobre. Pero nunca seré un pobre hombre.

 

DAYSY                                 

-Dylan, el señor decano estaba hablando, inicialmente, sobre tu próxima presentación aquí...

 

DECANO                              

-En este momento, de su probabilidad...

 

DAYSY                                 

-¡Oh! ¡Conoce palabras de varias sílabas!

 

 

DECANO                              

-Ya lo creo que sí, querida. En fin, Dylan, sigo admirándole pese a todo y ahora, si me lo permite...

 

DYLAN                                 

-Yo no lo admiro, viejo. Sólo admiro las tetas inmensas de su esposa, como hace todo el mundo, estudiantes, profesores y hasta el portero y pienso cómo demonios un pobre diablo como usted....

 

DECANO                              

-Si no se retiran, no me queda otro remedio...

 

DYLAN                                 

-Tiene razón, abuelo. Los tipos como usted no tienen ningún remedio y pienso que usted y su universidad se pueden ir a la mismísima...

 

(LA MUSICA SUBE DE VOLUMEN. BREVEMENTE, SIN SONIDO, LOS HOMBRES HACEN GESTOS DE DESAFIO Y LA MUJER DE PELEA. CESA LA MUSICA. APAGON)

 

(LAS LUCES SE ENCIENDEN COMO AL COMIENZO DE LA ESCENA)

 

(DYLAN Y DAYSY EN EL MISMO LUGAR)

 

DYLAN TOMA SU CHAQUETA DEL RESPALDO DEL SILLON Y AMAGA PONERSELA. DAYSY SE VUELVE, INDIFERENTE.

 

DYLAN VA RESUELTO HASTA LA PUERTA. ANTE ELLA VACILA. DYLAN SE VUELVE HACIA DAYSY.

 

DYLAN                                                        

-Me voy.

 

DAYSY                                                        

-....

 

DYLAN                                                        

-Maldita mula sorda. Dije que me voy.

 

DAYSY                                                        

-....

 

DYLAN                                                        

-¿De qué están hechas las mujeres, que nunca ceden? Me-voy. Me-voy-ahora-me-voy.

 

DYLAN                                                        

-Están hechas de mierda vieja, acero eterno y de hielo, sabiduría y poder de procreación. De vocación de injusticia como un juez borracho en Gales, de furia contenida durante trescientos años como mínimo en cada una, de jugo de hienas exprimidas, de náuseas de estar vivo para todos los pobres hombres buenos como yo de todo este girante mundo velludo, de niños por nacer que te extorsionan, de esta puerta que es la de la eternidad aunque sea apenas una triste puerta de pino colocada en Nueva York en 1951... Para joderme definitivamente la vida.

 

DAYSY                                                        

-Además de toda tu pobrísima lírica improvisada, está cerrada con llave, como la de abajo.

 

DYLAN                                                        

-¿Tengo que entender que soy un hombre afortunado?

 

DAYSY                                                        

-No. Puedo bajar a abrirte.

 

 

DYLAN (intentando abrazarla)           

-Parece que un poeta no está a salvo de las mismas circunstancias que un hombre común...

 

DAYSY (se desliza de su abrazo).

 

DAYSY                                                        

-Desde luego.

 

DYLAN                                                        

-¿Y eso acaso te parece justo?

 

DAYSY                                                        

-Hay pocas cosas más justas en esta bendita tierra.

 

DYLAN                                                        

- Una sola.

 

DAYSY                                                        

-Que te vayas.

 

DYLAN                                                        

-Oh, no me pidas eso.

 

DAYSY                                                        

-Exactamente eso.

 

DYLAN                                                        

-¿No puede suceder ahora un milagro?

 

DAYSY (mira hacia uno y otro lado y luego a DYLAN)

 

DAYSY                                                        

-Parece que no. ¿Por qué no vas pidiendo el elevador?

 

(SUENA EL TELEFONO. DAYSY SONRIE A DYLAN)

 

DAYSY                                                        

-No creas que es el gong, mi peso pluma galés. El match continuará luego de que conteste. Palabra de chica norteamericana.

 

(DYLAN SONRIE, ESPERANZADO Y SE RELAJA, DEJANDO LA CHAQUETA SOBRE EL SILLON)

 

(DAYSY, CON EL TUBO DEL TELEFONO EN LA MANO, LE HACE GESTOS DE QUE SE PONGA LA CHAQUETA. DYLAN, APESADUMBRADO COMO UN NIÑO, LE OBEDECE Y SE QUEDA VACILANTE, CON LA CHAQUETA PUESTA, FRENTE A LA PUERTA. VA HASTA DAYSY, ELLA SACA UN LLAVERO DEL BOLSILLO. SE LO DA. DYLAN ABRE LA PUERTA. LUEGO LA CIERRA DE UN GOLPE. DAYSY LO OBSERVA, DESAFIANTE. LUEGO HABLA POR EL AURICULAR)

 

DAYSY                     

-¿Qué pasa, Ramón... están asaltando el edificio?

 

(ESCUCHA Y DE PRONTO MIRA A DYLAN DIVERTIDA)

 

DAYSY                     

-Oh, sí, Ramón. Haga pasar al señor Malcom.

 

(DYLAN SE ATERRA AL ESCUCHAR EL NOMBRE DE SU REPRESENTANTE. DAYSY CUELGA Y SUELTA UNA ALEGRE CARCAJADA)

 

DAYSY                     

-Llegó mi vengador. Llegó justo el viejo aguafiestas. Justo para darte tu escarmiento, mi pequeño poeta malvado. El mal está tomando ahora mismo el ascensor. El reproche, la culpa, el horror encarnado. Y no está Caitlin para defenderte. Sólo yo, que no lo haré de ninguna manera, no, no. no, de ninguna manera.

 

(DYLAN INTENTA SERVIRSE OTRO TRAGO. ELLA SE LO IMPIDE SUAVEMENTE Y LO OBLIGA A SENTARSE)

 

DAYSY                     

-No, Dylan, no. Deberás afrontarlo sobrio. Como todo un hombre.

 

(DYLAN ESTA ATERRORIZADO)

 

(SUENA DE FONDO, DEBILMENTE PRIMERO, “WHAT A LITTLE MOONLIGHT CAN DO”, POR BILLIE HOLIDAY)

 

DYLAN                     

-Tengo miedo... tengo miedo de él. Me va a cortar en rebanadas. ¿Hay cuchillos en la casa?

 

DAYSY                     

-Por todas partes, en cada habitación. Yo misma llevo uno en este momento, oculto entre mis ropas. Largo, mellado y afilado. Malcom está enojado.... Malcom sube...

 

(LA MUSICA SUBE DE VOLUMEN UN POCO)

 

DAYSY                     

-Canceló todas tus giras y volverás a Gales sin un peso.....

 

(LA MUSICA SUBE MAS SU VOLUMEN)

 

DAYSY                     

-La bruja te matará.....

 

DYLAN                     

-¡Basta! Deja de hablar!

 

DAYSY                     

-Tarda en llegar al piso veintitrés y es porque paró en alguna parte el ascensor para calcular mejor como arruinarte....

 

DYLAN                     

-Atiéndelo tú. ¡Dile que salté por la ventana!

 

DAYSY                     

-¡Dylaaannnn! ¿Qué eres? ¿Un hombre, un poeta o una rata?

 

(SE OYE SUPERPUESTO A LA MUSICA EL SONIDO DE UN ASCENSOR SUBIENDO. LA MUSICA SUBE DE VOLUMEN Y TAPA EL DEL ASCENSOR. DYLAN POR TODA RESPUESTA A LA PREGUNTA DE DAYSY COMIENZA A SOLTAR CHILLIDOS Y A IMITAR A UNA RATA, CORPORALMENTE, MIENTRAS JUEGA A ESCONDERSE DETRAS DE UNO Y OTRO MUEBLE. DAYSY SE RIE A CARCAJADAS  PERSIGUIENDOLO POR LA CASA. LA MUSICA Y ELLOS IMITAN UNA ESCENA DEL CINE MUDO POR ALGUNOS INSTANTES. JADEANTE Y AGOTADA, DAYSY ABRE TRIUNFAL LA PUERTA. LA MUSICA A TODO VOLUMEN. LA MUSICA CESA DE PRONTO. INGRESA MALCOM, CON MUECA FEROZ)

 

MALCOM                 

- ¡Dylan! ¡Eres una maldita rata y voy a demandarte por violación de contrato! ¡ESTOS SON LOS ESTADOS UNIDOS! ¡EL IMPERIO DE LA LEY, LA RESPONSABILIDAD Y LA MADUREZ DE SENTIDO! ¡Vamos a liquidarte entre todos, borracho degeneradooooo!

 

(LOS TRES CONGELAN DONDE ESTAN. FLASH DE LUCES COMO PARA UNA FOTO. APAGON. LAS LUCES VUELVEN A ESCENA. SENTADO A LA MESA, DYLAN LA COMPARTE CON EL DECANO. AMBOS BEBEN Y HABLAN COMO VIEJOS AMIGOS, SIN QUE SE LOS OIGA MAS QUE COMO UN MURMULLO. EN EL OTRO EXTREMO DE LA ESCENA, DAYSY PARECE ESTAR SOLA y HABLA SOLA. GESTICULA. NO SE LA ESCUCHA. MALCOM VUELVE A ENTRAR POR LA PUERTA DEL CENTRO.)

 

MALCOM                            

-Cuando él murió, en 1953, ya éramos viejos amigos.

 

(MALCOM SE ACOMODA EN UNO DE LOS SILLONES, DE FRENTE AL PUBLICO Y SACA UNOS PAPELES DEL BOLSILLO. ENCIENDE UN CIGARRILLO)

 

DYLAN                                 

-Decano, lamento que lo haya dejado su esposa. Pidamos otro trago y cuénteme cómo fue. Yo también quiero separarme de la mía, pero créame que no lo haría jamás. Nunca tendría el valor de permitir que ella me dejara, como usted lo hizo. Créame que lo admiro. Es un gusto volver a verlo, viejo.

 

DAYSY                                 

-El se fue y se fue porque yo lo eché. Nunca dejará a su esposa. Ni por mí ni por nadie. Es tan débil que puede soportar cualquier cosa. Hasta a Malcom y a mí.

 

MALCOM                            

-Damas y caballeros, si este aniversario nos convoca aquí, en este mismo salón donde hace sólo dos años recibimos por primera vez al poeta, es para relevar nuevamente las características de su verba singular. A ese respecto me atreví, dado que fui invitado para ello, a escribir algunas glosas sobre quien fue, en vida, uno de los mayores poetas de la lengua inglesa del siglo XX. Si me perdonan, voy a ayudar a la memoria....

 

(MALCOM Y LOS DEMAS SEGUIRAN GESTICULANDO EN SILENCIO SUS PARLAMENTOS MIENTRAS SE DESARROLLA CADA PARLAMENTO AUDIBLE DE LOS OTROS HABLANTES)

 

DAYSY                                 

-Malcom estuvo anoche demasiado duro con él. No tendría que haberle hablado así, como lo hizo, y fue todo por mi culpa. No tendría que haberle permitido la entrada, sabiendo que a él iba a hacerle mal. Tan mal. Parecía... parecías un niño, Dylan. Mi Dylan. Mi pequeño Dylan que no estás hecho para este mundo.

 

 

MALCOM                            

-...es verdad que, en ocasiones, tratar con personalidades tan... singulares, acarrea a quienes no estamos tan acostumbrados a las alturas del genio, muchas dicultades. De entre los presentes, quienes hayan asistido a las bambalinas de cada presentación de Dylan en público, no dudarán en confirmar, algunos de ustedes en carne propia, la veracidad de lo que digo.

 

(RISAS EN OFF, AL ESTILO DE LOS PROGRAMAS DOMINGUEROS)

 

DYLAN                                 

- Decano, no sabía que le habían hecho un sumario por eso.... Tendría que haber comenzado por allí. ¿Qué dice su siquiatra?

 

DECANO (murmura algo inaudible)

 

DYLAN                                 

-El tipo tiene razón. Todos tenemos un mal momento.... pero lo suyo, bueno, eso sí que estuvo bueno.... Oiga, no pongo ironía en lo que digo. De hecho, me siento más cerca de usted con esto que me cuenta, hasta puedo hacerlo yo en algún recital, de un momento a otro....

(PAUSA)

                                              

DYLAN

- Correr desnudo por los pasillos.... Algo fuerte hasta para los Estados Unidos.... Se sintió, ¿Cómo diablos se sintió?

 

DECANO                              

-¡Feliz. carajo, feliz! ¡Si hubieses visto a todos esos desgraciados saliendo de sus aulas! Recuerdo especialmente a Morrison, ¿te hablé ya de Morrison?

 

DYLAN (asiente y hace ademán de llamar al mozo y pedir otra vuelta)

 

DECANO                              

-No sé qué me pasó. De pronto, estaba en mi despacho, esa mañana, oí cantar a los pájaros en la encina y me invadió un gozo de por lo menos cuarenta años atrás....

 

(EL DECANO SE LEVANTA DE SU SILLA Y COMIENZA A GESTICULAR Y DANZAR, INVADIENDO EL ESPACIO ESCENICO DE MALCOM Y DAYSY. SE SIENTA FRENTE A DAYSY EN UN SILLON, DICIENDO SU PARLAMENTO)

 

DECANO                              

-Era algo así como una alucinación. De algún modo la estoy volviendo a vivir ahora....

 

DYLAN (fingiendo estar preocupado)

-¡Cielos, decano! Todos nos están mirando en este bar, ahora.

 

DECANO                              

-No importa, lo que importa es vivir, Dylan. Vivir es lo más importante. Comprendí esa mañana en mi despacho que quizá me  quedaban, no sé, cinco, ¿diez? años de vida, y que me iba a ir a la tumba sin hacer nada que llamara la atención de nadie.... Es verdad que tuve que usar un medio violento para lo social.... Por lo menos eso.... Pero.... es que siempre, siempre, en el fondo deseé hacerlo... Que todos esos desgraciados me vieran desnudo, mi cuerpo viejo, arrugado, roto, desnudo, corriendo como un espectro por los corredores.... Me atraparon en el campus ¿sabes? Hay como quinientos metros desde la puerta de la que era mi oficina hasta la entrada del campus... quinientos metros que fueron míos paso por paso.... ¡quinientos metros! Unos diez minutos de algo en sesenta años de nada....

 

 

DYLAN                                 

-¡Viejo loco! ¿Un bendito viejo loco?

 

MALCOM                            

-Supo cosechar entre nosotros numerosos amigos....

 

DECANO                              

-¿Sabe, Dylan? Aunque contraté su presentación de aquel día, siempre detesté lo que escribe....

 

MALCOM                            

-Devotos lectores, fervientes admiradores...

 

DECANO                              

-Ni siquiera ahora, con permiso para salir del asilo y una ruina académica como soy, peor que un paria, puedo soportar lo que escribe....

 

DYLAN                                 

-No lo culpo, a muchas personas les pasa lo mismo. Yo, entre ellas.

 

DECANO                              

-¡No me interrumpa, mocoso desgraciado! Usted es un presumido. Todos los autores son lo mismo. Malditos presumidos. Cretinos.

 

DYLAN                                 

-No creo haber escrito nada tan potente.

 

DECANO                              

-Su modestia es una porquería, Dylan. Una perra y profunda porquería. Ustedes, todos ustedes, lo que pueden hacer es mantenerse, gracias a lo que escriben, a unos milímetros de la raya... ¿sabe de que raya estoy hablando, desgraciado?

 

 

DYLAN                                 

-Greenwich, supongo...

 

(EL DECANO AVANZA FURIOSO Y BORRACHO, Y VA HASTA DYLAN, INCREPANDOLO CARA A CARA. DAYSY LO VE PASAR, ASUSTADA)

 

MALCOM                            

-Demostrando la vigencia, si bien empleando formas singulares y propias, de la mejor tradición de la poesía inglesa, desde John Donne hasta William Blake... desde Shakespeare, si se me permite el paralelismo generoso hacia nuestro desaparecido amigo, hasta el mejor Byron...

 

DECANO                              

-Ustedes, soberbios, infames, bastardos, lo que hacen es cabalgar sobre la raya, la maldita raya que conocen tan bien, ¿no es cierto? ¿No es cierto? ¡Dime si estoy en lo cierto, dame una certeza!

 

DYLAN                                 

-Es cierto.

 

DECANO                              

-¡Maldición! ¡Maldición! ¿Es que nunca habrá una certeza en todo lo que dicen?

 

DYLAN                                 

-Una mitad es mentira y la otra mitad no es cierta.

 

DECANO                              

-¡No me repitas en prosa tus malditos versos!

 

MALCOM                            

-Dándole a nuestra lengua una renovación de principios que son sus pilares y ratificando en formas nuevas las antiguas verdades, desde la épica del Beowulf hasta nuestros días....

 

DYLAN                                 

-¿Buscas verdades en la poesía, viejo malandra? ¿Viviste cuarenta años de enseñar su falsificación, de destruirla clase a clase, de inculcarle a miles de infelices que no existe, que no existió nunca, que jamás existirá, que siempre será el sonido y la furia en la boca de un idiota, y ahora, cuando estás encerrado en un manicomio con permiso para salir tres horas los jueves por la tarde, pretendes que ella, por boca mía, que no soy nadie, nadie, nadie, te ratifique que tu idiotez de correr desnudo como un orate por los corredores de una oscura universidad, tuvo algún sentido, rey Lear de supermercado? ¿Crees que fue un acto poético, atorrante, escamoteador? ¿Piensas que alcanza con eso para hacer las paces, que la poesía es eso, la ridícula demencia final de un viejo acabado, diez minutos de catarsis, como te van a explicar de un momento a otro algunos comedidos que, después de unos meses, cuando uno se manda una cagada absurda, nunca faltan? ¿Piensas que hiciste algo tan grande, pobre diablo? Somos tan parecidos.

 

DAYSY                                 

-Yo estoy de acuerdo con él.

 

MALCOM                            

-De algún modo, también yo.

 

DECANO                              

-Yo, por supuesto, estoy a favor mío.

 

DYLAN                                 

-Váyanse todos al carajo.

 

DAYSY                                 

-¿Acaso no somos tu mejor compañía?

 

DYLAN                                 

-A todos los que me comprenden y también, aparte, a mis mejores amigos, siempre terminan llevándoselos a la casa de orates. Siempre les pasa lo mismo.

 

MALCOM                            

-¡Malagradecido! ¡Después de todo lo que hice por vos! ¿Sabes las veces que tuve que humillarme, que suplicar, que pedir por favor que no te cancelaran un contrato por alguno de tus disparates, de tus payasadas de borracho? ¡Por favor, qué falta de dignidad!

 

DAYSY                                 

-Dylan, Dylan, ¿No te quería yo? ¿Nunca te diste cuenta de que te amaba? ¿Jamás me prestaste atención? ¿Cuándo me abandonaste....?

 

DYLAN                                 

-Sí, sí. ¡Por favor, basta!

 

DAYSY                                 

-Cuando te volviste a Inglaterra, a los brazos de esa perra pelirroja....

 

DYLAN                                 

-¿Inglaterra?

 

DAYSY                                 

-Caitlin. Caitlin. Inglaterra.

 

DYLAN                                 

-Los chicos_ Swansea... mis padres....

 

DAYSY                                 

-El pasado. Vos siempre elegiste el pasado. Creo que eso fue lo que te mató.

 

DECANO                              

-¿Nunca me va a contar qué es... qué es esa porquería donde usted vive... de verdad....?

 

DYLAN                                 

-Ustedes también están muertos. No tendría que importarme nada de lo que digan. Nada. Los muertos están peor que todos los locos de este mundo....

 

MALCOM                            

-Error. Yo estoy vivo todavía y no estoy loco. Nadie se animaría, de todos los que conozco y trato, a decir que estoy loco. Sería tan disparatado como decir que estoy muerto.

 

DECANO                              

-De mí, también decían que estaba muerto, hace unos años, cuando Dylan todavía estaba vivo. Ahora ya no dicen nada, nada.

 

DAYSY                                 

-No me suicidé, fue casual, como pasa casi siempre. ¿Querés saber, Dylan?

 

DYLAN                                 

-Malcom tiene razón. Todavía está vivo y se nota.

 

DAYSY                                 

-No sé, decía... como no tuviste tiempo de enterarte. ¿No quieres saber cómo fue?

 

MALCOM                            

-Después de todo, Dylan, ¿quién iba a acordarse de ti en esta época si yo no insistiera, eh? ¿Quién?

 

DYLAN                                 

-Desde acá, apenas es para todos nosotros una pizca de curiosidad, un poquito de interés... ¿Editaron mucho? ¿Ganaron mucha plata?

 

MALCOM                            

-No mucha. Gano más traduciendo.... en fin, aparecieron algunos poetas nuevos... lo tuyo, no sé... es tradicional.

 

DECANO                              

-Seguro que está cayendo en desuso.... Todo y todos terminamos cayendo en desuso....  Como la locura. La locura es como la pimienta: como condimento, bien. Pura, nadie la quiere.

 

DYLAN                                 

-Metáforas de viejo idiota. Malcom, respecto de los nuevos: conseguí libros de ellos y tíralos al aire. Alto. Bien alto. Lo más que puedan tus brazos flacos y amarillos, salta lo más alto que puedan tus piernas que ya muerde la artrosis y yo voy a estirar la mano para agarrar todos los que pueda. Tengo mucho tiempo para leer ahora. Mucho tiempo. todo el tiempo.

 

DAYSY                                 

-No me arrojé debajo de un tren.

 

DYLAN                                 

-En 1953, cuando me morí, ya me había olvidado de ti.

 

DAYSY                                 

-¡Mentira! ¡Te acordaste de mí hasta el último minuto, hasta antes mismo de dejar de respirar en el hospital!

 

DYLAN (dirigiéndose al DECANO)                         

-Le digo la verdad. Yo siempre estuve enamorado de Pamela Hansford Johnson, mi amor de juventud. El día en que me casé, si bien amaba a mi esposa, sólo pensaba en ella. Cuando me morí, desde luego, ya ni pensaba en mí mismo.

 

DECANO                              

-¿Y cómo es morirse?

 

DYLAN                                 

-¡Viejo crápula! Si lleva cinco años de enterrado.

 

DECANO                              

-Bueno, lo mío... no me lo creo del todo...

 

DYLAN (fastidiado)               

-Pida otra copa, déle... que esto va para largo....

 

DECANO                              

-No, la verdad, la verdad, poeta. Porque, mire, a mí me parece que todos nos morimos de un modo muy individual... no sé, por lo que oí por ahí... ¿vio que cada uno lo interpreta distinto...?

 

DYLAN                                 

-Ahí tiene razón. Ahí tiene razón. Cada uno se muere como vivió.

 

DECANO                              

-Y.... si se puede saber, digo, no se ofenda, porque desde luego, cosas como esta que estamos tratando, bueno, digo, son muy íntimas.... No sé si me quiere contar....

 

MALCOM (Se sienta junto a ellos)                

-Perdón, perdón, disculpen que me entrometa, yo estoy dando una conferencia sobre ti, Dylan, en California, ¿sabes? Pero naturalmente, el tema me interesa....

 

DYLAN                                 

-Yo me pasé tres días viendo triángulos de colores que se me venían encima....

 

DECANO                              

-¿Nada de esas cosas tan desagradables...? Digo... ¿ratas y arañas peludas que suben por los brazos... ciempiés?

 

DYLAN                                 

-El delirium tremens tiene otras posibilidades, no menos aterradoras....

 

MALCOM                            

-¡Claro! ¡Claro! ¡Triángulos, formas geométricas, qué poder de abstracción!

 

DYLAN                                 

-De hecho, ustedes saben todo lo que pasó de ese lado....

 

DECANO                              

-¡Sí! Salió la crónica en todos los diarios. Usted estaba.... ¿cómo dijeron...? Ya no me acuerdo.... Y tenía varios recortes guardados hasta el día que me tocó a mí... También lo dijeron por radio...

 

DAYSY                                 

-¡Dylan! ¡Dylan!

 

 

MALCOM (enrollando sus papeles como si fueran un micrófono y usándolos como tal)                                

-...La radio dijo: “en el pináculo de su fama, el malogrado autor extranjero de visita en nuestro país, fue hallado por la policía de la ciudad en el trayecto que une al hotel Chelsea, donde se hospedaba, y un bar denominado The White Horse Tavern, inconsciente por el coma desde horas atrás. Las pericias determinaron que el occiso había ingerido bebidas alcohólicas de modo exagerado en el citado establecimiento, jugando una apuesta con parroquianos del lugar, aventuraron fuentes consultadas en el lugar de los hechos. En avanzado estado de ebriedad, el nombrado abandonó ese despacho de bebidas asiduamente frecuentado por gente del arte y bohemios de Greenwich Village y, al intentar tambaleante por el peso de lo ingerido, dirigirse a su hospedaje, distante sólo diez manzanas del White Horse Tavern, cayó desvanecido en medio de las vía pública hasta que fue encontrado por la fuerza policial....

 

DAYSY                     

-Dylan, ¿de veras que no pensabas en mí?

 

MALCOM                 

-Conducido de inmediato al hospital Mount Sinai, tras unos pocos días de lenta agonía y sin recuperar ni por un momento la conciencia, falleció ayer en horas de la tarde. Los facultativos del nosocomio, consultados por este medio, aseveraron que el afamado autor, incluso sin la irrupción de este incidente, de todos modos tenía los días contados, dado que la autopsia reveló que su organismo ya estaba minado por dolencias tales como la diabetes, una avanzada cirrosis y el progresivo envenenamiento de las células  nerviosas  a causa de su afición etílica. De todos modos, en sus dramáticas declaraciones, los galenos informaron que el fin del ilustre visitante se aceleró por las circunstancias en que fue encontrado por la policía, esto es, a la plena intemperie, en horas de la madrugada y bajo los efectos de una intensa nevada, que azotó esa noche la ciudad de Nueva York. La hipertermia y la ingesta de alcohol en grandes cantidades hicieron el resto. Antes de su deceso, habiendo sido oportunamente cablegrafiados sus familiares en Inglaterra, su esposa voló a los Estados Unidos sin que la premura de su proceder le permitiera, más que durante unas pocas horas, asistir a los prolegómenos del fatal desenlace. Los restos del extinto fueron embarcados rumbo al Viejo Mundo, donde....

 

DAYSY                     

-¡Dylan!

 

DYLAN                     

-Oigo un murmullo, una voz que no puedo identificar, de todas las que oí en mi vida... No es la de Pamela Hansford Johnson....

 

DAYSY                     

-Dylan...

 

(DAYSY SE ALEJA HACIA LA PUERTA)

(AL LLEGAR A LA PUERTA, LA ENTREABRE Y SE VUELVE HACIA DYLAN)

 

DAYSY                     

-Yo... me estoy desvaneciendo de tus recuerdos de muerto....

 

DECANO                  

-¿De veras, Dylan, oye alguna voz? Yo lo que escucho es como un viento... un viento que me llama a mí también, porque nos llama a todos... me parece que a uno por uno...

 

(DAYSY ABRE LA PUERTA Y SE VA POR ELLA)

 

DYLAN                     

-Vamos, Decano, déjese de joder y pague otro trago, hay tanto tiempo para decir estupideces....

 

DECANO                  

-No, no. Le digo en serio. Es... como una brisa que uno en vida comienza a sentir que le agita la ropa. Primero despacio, muy despacio. Y no siempre, de tanto en tanto. Cada vez más seguido. Cuando se quiere acordar, está soplando todo el tiempo. Dentro de su casa, las ventanas y las cortinas se mueven, usted lo ve, y trata de no hacerle caso, pero allí está, sacudiéndolo todo. Y a uno también. Sobre todo a uno. Porque el viento sale de adentro de uno. Y es como un viento que se va a tragar todo. Todo.

 

MALCOM                 

-¡La mierda! ¿Saben que eso mismo me está pasando últimamente? Pero no puede ser que me esté por morir, justo ahora... y yo. No puede ser que yo me esté por morir. No, no. no. Son todas pendejadas. De ninguna manera me puede estar por pasar a mí.

 

(SE ALEJA NEGANDO GESTUALMENTE HASTA EL SILLON DE CONFERENCIA Y ALLI ACOMODA SUS PAPELES)

 

(EL DECANO SE INCORPORA Y SE DIRIGE HACIA DONDE ESTA MALCOM. LE PALMEA EL HOMBRO VARIAS VECES Y LE HACE GESTOS DE CONSUELO. MALCOM SE RESISTE)

 

MALCOM                 

-Es que... tengo conferencias que dar... Mis clases.... mis cursos.... yo.... Mi madre se va a quedar sola....

 

(EL DECANO INSISTE, SEÑALANDOLE LA PUERTA)

 

MALCOM                 

-Vive en Oregon... disfruta de una pensión desde que se fue mi padre.... Está orgullosa de sus dalias... No soporto ir a verla una vez al año... sólo dice idioteces, todo el tiempo....

 

(EL DECANO TIRONEA DE MALCOM)

 

MALCOM                 

-¡No! ¡No! ¿Por qué yo? ¿Por qué yo y no ella? Tiene 89 años. ¡Ella tiene 89! Es una vieja estúpida... Es una vieja estúpida desde hace mucho....

 

(EL DECANO OBLIGA A MALCOM A PONERSE DE PIE Y LO LLEVA, MIENTRAS TODAVIA SE RESISTE, A IR HASTA LA PUERTA. EN EL TRAYECTO LE ACARICIA LA CABEZA Y LO CONSUELA, SIN QUE SE OIGA LO QUE LE DICE. )

 

MALCOM                 

-Estoy escribiendo un ensayo sobre la nueva poesía canadiense...

 

(SE VAN ATRAVESANDO LA PUERTA, QUE SIGUE ABIERTA)

 

(PAUSA)

 

DYLAN

-¿Y después de muertos qué nos queda sino seguir estando muertos? Yo en vida creí que podía... ¿Qué creí que podía hacer? ¿Creí que podía dejar en unos pocos versos, lo que quedara de mi obra después de unos pocos años, el resumen de todo lo que quiere decir estar vivo? ¿Eso creí? ¿Creí que podía? ¿Creí que podía expresar el sentido de cada minuto, que podía poner en palabras el sentido de las horas, de los años? Mi mayor vanidad era esa. La misma vanidad de todos los desgraciados que me precedieron. Qué importa ahora cada sílaba de sus nombres. Qué importa que murieran por esos ocultos sentidos de cada cosa. ¿Es que la muerte es el final de todas las creencias en un solo descreimiento, absoluto, una desembocadura en la negación de todo? Me causa gracia pensar en la grandilocuencia de lo que estoy diciendo. A quién le importa ya esta sutileza. Lo que para mí fue la médula más profunda de todo es para otros una corteza más, la más superficial de todas las que cubren las apariencias de las cosas. Soy patético. Siempre fui patético. Cuando me arrastraba por la vida detrás de palabras que eran para mí la esencia de la vida, de la muerte, del sentido último, de la relación entre vida y muerte: el amor, la santidad, la intensidad de cada acto como una comunión con el universo, la parte en el vientre del todo que cobra conciencia de sí misma y de su identidad igual con todas las cosas, perdía año tras año, poema tras poema, la conciencia de que el final era el fracaso. El fracaso definitivo, triunfal, absoluto, el triunfo inevitable de lo contrario de aquello que yo buscaba. Los demás, claro, me juzgaron por mi apariencia, que por demás les agradaba, porque era lo que esperaban de mí. Un borracho, un primo de los locos, un pariente cercano de todo lo que nunca puede tener voz alguna, un hijo de lo que no se puede ni se debe oír. Pero algo que tiene que seguir escuchándose en alguna parte. Una vocecita, un eco ahogado, algo que les diga que siguen en la orilla opuesta, que no se han deslizado hasta aquí, hasta estos terrenos resbaladizos. El viejo decano tenía razón. Era un imbécil, por eso es que tenía razón. El se preguntaba por la raya, la línea, la frontera. Su pecado fue creer que haciendo esa estupidez de correr desnudo por los pasillos de una universidad cruzaba la raya. En cambio, Malcom no la cruzó nunca, pero sabía donde quedaba. Y Daysy... ¡Ah Daysy! Daysy creyó que podía ir y volver de ella.... qué inexperta, qué ingenuidad. De gentes como éstas van a estar habitados los años que vengan. De frívolos, de ilusos. Serán lo mejor, sin embargo. Yo creí que era otra forma de ser un hombre. Ahora sé que fui el final de aquello que alguna vez, intentó otra cosa. Mi único mérito fue pensar que todavía era posible. ¿qué puede ser posible hoy? Me engañé y por eso me maté trago a trago. No, en mi tiempo ya era imposible unir una cosa con otra. Por ahí nunca fue posible.... pero un poco más.... aunque fuera, un poco más.... Que yo muerto muera de vuelta al entender esto, es una paradoja bestial, poco conveniente al mundo del puro espíritu, pero si pienso en lo que vendrá, si vuelvo a mirar lo que ya fue...

Yo dije alguna vez que la muerte no tendrá dominio. Hoy vivo, qué ironía, en él, y sé que el triunfo final es el de la oscuridad, sobre lo que va a estar vivo y sobre todos los que ya estamos muertos. Me lo habían dicho y no escuché. También ayudé a que no escucharan otros, alentándolos. No tengo perdón. No lo merece nadie.

 

 

                                                           FIN.

 

 

 

 

LUIS BENITEZ (Buenos Aires, 10 de noviembre 1956). Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo argentino. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, Estados Unidos, con sede en la Columbia University; de la World Poets Society (Grecia); de la International Society of Writers (Estados Unidos); del Advisory Board de World Poetry Press (India), Miembro Honorario de la sección argentina del IFLAC (International Forum for a Literature and a Culture of Peace) y de la Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina. Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poetes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Sus 15 libros de poesía, narrativa, ensayo literario y teatro se publicaron en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, México, Uruguay y Venezuela.

Su pieza dramática “18 Whiskies” fue publicada en octubre de 2006 por Ediciones Nueva Generación, en Buenos Aires, Argentina.

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