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50 tacos… y un día

de MARC LLORENTE

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

50 tacos… y un día

 

Cabaret literario agridulce para un solo comediante

 

© MARC LLORENTE     teatropati@hotmail.com

 

   VOZ FEMENINA EN OFF.- La llamada crisis de los cuarenta, la de los cincuenta... Hora de mirarse en el espejo. Ilusiones y frustraciones, el paso del tiempo… Desde finales de los 50 hasta hoy. Una agridulce mirada. Un ligero testimonio de la España de todos estos años. Introduzcamos la nariz en el baúl de los recuerdos. Rebobinemos nuestra vida. La infancia, aquellos anuncios, personajes, canciones, la adolescencia… ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Somos felices? ¿Adónde vamos? Pónganse cómodos y recorramos juntos este trayecto. Un recorrido especial para quienes tengan 50 tacos… y un día. Buen viaje.              

 

   (Pianista. O música de piano. Una vela. Suena “Feliz cumpleaños”. De un perchero cuelgan algunas cosas que se irán descubriendo. Puede existir una gran pantalla al fondo para proyectar en ella imágenes relacionadas con la obra.)          

 

    ACTOR.- (Al público.) Cincuenta tacos… Gracias. Hoy es mi cumpleaños. Algunos me felicitan y otros te tocan los cojones. “Cincuenta arrugas, chaval, cincuenta”… El caso es que me gustaría celebrarlo con ustedes si me lo permiten. Y si no me lo permiten lo celebramos en cualquier caso. Permítanme que piense algún deseo… A ver, a ver… Ya lo tengo.

 

    (Sopla la vela. Se oyen las notas de “Muchacho excelente”.) 

 

    Seguramente se preguntarán qué deseo habré pensado. Muy fácil. Seguir haciendo teatro toda la vida. El público me encanta. Especialmente las espectadoras. Donde esté un hermoso culo femenino…

 

    (Suena “What a wonderful world”, de Louis Armstrong, mientras el actor continúa hablando.) 

 

    Cincuenta tacos. Y mañana 50 tacos… y un día. Y al otro dos días más y luego tres, cuatro… La inevitable crisis de los cuarenta, la de los cincuenta... La madurez. Dicen que a los cuarenta cada uno tiene lo que se merece. No digamos ya a los cincuenta años… ¿Será verdad que me merezco estas malditas almorranas?…

   Y lo que me parece más importante. ¿A estas alturas de mi existencia he conseguido lo que me había propuesto, o a estas alturas de mi existencia no lo he conseguido?… Aun en el caso de haberlo alcanzado, ahora qué… ¿Soy feliz? ¿Desgraciado? ¿Un poco de cada?…

    El tiempo vuela y a los cincuenta tacos… y un día se empieza a tener la impresión de que poco a poco el grifo se agota. ¿A los cincuentones o cincuentonas que están por aquí no les pasa lo mismo?… Y si tienes de los sesenta para arriba… ¡De puta madre!

    Menos mal que yo, a pesar de los cincuenta tacos, sigo teniendo veintiséis. Nací con veintiséis y creo que me he instalado definitivamente en los veintiséis. De ahí no paso. Los calendarios son los que caen. Y, queramos o no, también nosotros. Descumplir años en lugar de cumplirlos, que el corazón eche freno y marcha atrás, sólo ocurre en el teatro inverosímil de Jardiel Poncela.

    Quizá sea una buena ocasión para echarse un vistazo a sí mismo de arriba abajo y de abajo arriba, que viene a ser aproximadamente la misma cosa. Veamos. Defectos, virtudes… Orgullo, avaricia, gula, lujuria, pereza, envidia, ira…

   ¿Orgulloso? ¡Bah! Lo justo. La satisfacción de haber echado un buen polvo. O la satisfacción de estar con todos esta noche. Sobre todo con todas ustedes. No lo tomen a mal los caballeros. Repito que ellas me gustan más. Donde esté un hermoso culo femenino…

    ¿Avaricia? No, no lo creo. Bueno, depende. Hay veces que quieres otro polvo, más y más… Supongo que a ellas les pasará lo mismo. Digo yo. Es normal la ambición del nuevo reto, escalar otro peldaño, ponerse el listón más alto… Lo malo es que al segundo polvo la cosa suele estar más bien jodida. Para el hombre, por supuesto, ya que ellas suelen aguantar la tira. Está clarísimo que el sexo débil es el nuestro. 

    ¿Gula? Pues no. Soy vegetariano, no bebo… Aunque tampoco le hago ascos a la carne. Un par de tetas siempre son un par de tetas. Hoy con unas, mañana con otras… Imagino que a las mujeres les gustarán otras cosas. Aunque también algunos prefieren montárselo con un tío y algunas hacerlo con una tía. Oiga, con toda libertad. A mí me la suda…

    ¿Lujuria? No, no es para tanto. ¿Cuándo fue la última vez que lo hice?… O sea, ni se sabe. Me gusta exagerar un poco, que los demás digan, o por lo menos piensen, “joder qué tío, qué pedazo de cabrón, todo el santo día follando”… Qué va. No.  

    En cuanto a la pereza… No estaría aquí de tenerla. Estaría tocándome un huevo, por ejemplo. O los dos. Los tres ya no. Eso sería demasiado. Y no digamos tocarse cuatro huevos…

    ¿Envidia? Sana, sana… Fijarse en los veinticuatro centímetros de ese chulo de mierda como estímulo para superarte. Pero los hay con mucho músculo por arriba y poco paquete por abajo. A propósito, creo que el seso y el sexo no son incompatibles. Yo me la suelo pelar mientras leo algún libro de cocina. Un nabo, dos nabos, tres nabos…

    ¿Ira? Todo el mundo se enfada alguna vez. Yo, sin ir más lejos, el otro día le di una paliza a mi señora.  Matarla no. Esto sería pasarse, perder los papeles, no saber guardar las formas…

   Ellas también tienen un par de cojones. No crean que no. Conste en acta. Doy fe. Certifico. Pero no me hagan mucho caso. Estoy más soltero que una tía mía que nació soltera y que se ha quedado soltera para siempre. Como no le salga un novio de ochenta y cinco años con arterioesclerosis…  

    Lo mismo me pasa a mí. No, en realidad, estoy casado. Nadie es perfecto. Lo sé. ¿Pegar a mi mujer?… No. Engañarla sí. Para qué ocultarlo. ¿Apuestan algo a que ella también me engaña?… Con el carnicero, con el vecino del quinto, con el revisor del gas natural… A veces me entran ganas de estrangularla. No es que lo haga, pero me entran ganas. A ella le pasará igual conmigo. ¿O no estoy casado?… No me acuerdo. Da igual. 

    De manera que, ya ven, algún pecadillo sin demasiada importancia. A mi edad, cincuenta tacos… y mañana un día más, creo que uno puede permitirse el lujo de ciertas libertades. De pecar un poco incluso. Y si luego te mandan al infierno… Pues vale. A mí eso de pasarme la eternidad tocando el arpa en el cielo rodeado de angelitos, qué quieren que les diga, me la trae floja. Me van las emociones fuertes. Por ejemplo, compartir esta función con el público. Debo reconocer que mi mayor pecado ha sido siempre el de ser actor, intérprete, comediante, histrión… Sigo diciendo que nadie es perfecto. ¿Ustedes no saben que a los actores se les acusaba antiguamente de ser envenenadores públicos de almas?… Pues eso. 

   

    (Pausa.)

 

    Echar la vista atrás es bueno a veces, hurgar en el desván de la memoria, husmear en “El baúl de los recuerdos”…

 

    (El Pianista toca. Y el actor canta brevemente y con desenfado aquella famosa canción de Karina. Después continúa su monólogo.) 

 

    Yo quería contarles la fascinante historia de mi vida. Empezaré desde el principio. Claro, que también podría empezar por el final. Empezaré por el final. Claro, que también podría empezar por la mitad de mi vida. Lo que salga. El caso es empezar por alguna parte. O no empezar por ninguna y dejar de darles a ustedes tanto el coñazo.  

    Empiezo. Yo iba a nacer en Polonia pero como no sabía polaco no me dio la gana y nací aquí. ¿Qué coño haces allí sin saber el idioma?… Naces allí y cómo cojones pedirías el pezón a una polaca para desayunar y mojar un bizcocho… Imposible. 

   

    (Pausa.) 

   

    Nací en el 58 o por ahí, por ahí… Poco antes de nacer quisieron las autoridades darme la bienvenida añadiendo un párrafo nuevo a la ley de vagos y maleantes, donde se preveían medidas contra los gamberros. Gracias. Qué amables. 

   Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios y porque le salió de la punta de la polla, proclamó la ley de los Principios del Movimiento Nacional consciente de su responsabilidad ante Dios y ante la historia. Mucho faltaba aún para la apertura política. Y de piernas. Y para la desaparición de las pelas y para la aparición del euro… Y para la globalización y la antiglobalización. Es decir, por un lado el capital y por otro el personal hasta los mismísimos huevos.

   Pero sigamos recordando. ¿Recuerdan “Las chicas de la Cruz Roja”?…O “La chica ye-yé”. De Conchita a doña Concha Velasco.

 

    (Canta brevemente esa canción. Y luego continúa.)

 

    Por su parte, “La violetera”, Sara Montiel, tuvo un romance con Raf Vallone en el celuloide. De Sarita a Saritísima. Sara confiesa en sus memorias, con la cirugía estética hasta en las niñas de los ojos y fumándose un puro…

 

    (Imitándola con un habano.)

 

    El gran amor de mi vida fue el científico Severo Ochoa. Se enamoró de mí. Normal. Yo tenía veintitrés años y estaba como un tren. Un amor enloquecido y a primera vista. Con Hemingway fue sólo sexo. León Felipe, que era muy celoso y acaparador, me quiso apasionadamente. Nada de idilios con Gary Cooper ni con James Dean. Seve y Pepe han sido los dos amores de mi vida. Amor total, desde luego. Vivir es un placer.

 

    (Canta “Fumando espero”. Después vuelve a ser él mismo.) 

 

    La universal manchega nos deja anonadados… Recordarán que se casó con un cubano mucho más joven que ella… No sé si era homosexual o que no follaba bien el tío, pero le mandó a la puta mierda. En fin. ¿Dónde estábamos? ¡Ah, sí! Estaba diciendo que nací. Además, nací niña.

 

    (Haciendo de niña.)               

 

    ¡Mamá, no quiero ser niña! Quiero tener pito, mamá… Y pelármela como los grandes. ¿Comprendes, mamá?… ¿Entiendes, mamá?…  

 

    (Volviendo a ser él.)

 

    No es que servidor sea machista ni mucho menos. También quería ser niño porque me gustaba mucho más joder en lugar de que me jodieran. Quiero decir que, llegado el caso, prefería tocar el culo a las tías en vez de que me lo tocaran a mí los tíos. 

    Y mi madre, ya saben lo buenas que son las madres, para que no me disgustase tanto, dijo que vale… y entonces me hice niño. 

 

    (Pausa.)

   

    Hablando de aquellos años. El 600 empezaba a motorizar España. Mi infancia estuvo muy bien. Mi padre me daba guantazos y en la escuela me atizaban capones o golpes en la palma de la mano con una regla. Pero estuvo muy bien. Y el maestro, un ángel.

 

    (Va de profesor con una bata blanca.)

 

    ¡Límpiame los zapatos con la gamuza aquella!… Magnífico. De mayor no sabrás nada de la Enciclopedia Escolar de Dalmáu Carles ni falta que te hace. Tú aprende el oficio de limpiabotas y será mucho más útil. Ahora vete al estanco y me traes una caja de puritos Alvarito. Limpiabotas, mayordomo, recadero… Eso es lo que tiene futuro. Un provenir espléndido. Hazme caso, muchacho. Tú a obedecer y a callar. Buen chico. Y mañana, antes de las nueve, enciendes la estufa de carbón y astillas. Así cuando el maestro llegue la clase estará bien calentita. ¿De acuerdo, chaval?…  

 

    (De nuevo él mismo.)

 

    Qué ilusión me hacía encender aquella estufa tan simpática. Una vez tuvieron que llamar al honorable Cuerpo de Bomberos. “El humo ciega tus ojos”. Los Platters. 

 

    (Canta brevemente la conocida canción. Y sigue a lo suyo.)     

 

    A los ocho años hice la primera comunión.

 

    (Va de cura y con un sombrero de párroco antiguo.)

 

    Padre nuestro, que estás en el cielo… Dios te salve, María… Creo en Dios Padre… Confesad vuestros pecados y arrepentíos de ellos, hijos míos. Ganaréis el pan, si es que no estáis alguna vez en el desempleo, con el sudor de vuestra frente. Los poderosos también lo ganarán con el sudor de la vuestra. Más líbranos de la democracia… y viva Su Excelencia el Generalísimo. Amén. Recibid el cuerpo de Franco… Quiero decir de Cristo.    

 

    (Él mismo.)

 

    ¡Me dieron una hostia…!

   

    (Con voz de señora muy cursi.)

 

    ¿Qué vas a ser cuando seas grande?…

 

    (Él mismo.)

 

    Es lo que solían preguntarme las visitas o cuando me llevaban a la casa de algún pariente. Y yo contestaba…

 

    (Canta brevemente “Sapore di sale”, de Gino Paoli, “Nel blu dipinto di blu. Volare”, de Doménico Modugno y “Senza fine”, de Paoli también. Luego continúa.)

 

    No, en serio. Siempre decía… 

 

    (Va de niño travieso con una gorra.)

 

    ¡Futbolista!… Me gusta jugar mucho a la pelota. Lo que más me gusta es romper los cristales del primero con el balón. ¡Que se joda la vecina!… Tiene una cara de nalga la tía… Pobre hombre, le compadezco. No me extraña que sea asmático perdido. Con esa señora tan gilipollas… Lleva los cristales de las gafas más gordos que el culo de un vaso de Duralex.  

 

    (Él mismo.)

 

    Aunque, la verdad, nunca fui lo que se dice un pelota. Ahora sólo rompo los platos al fregarlos. ¡Qué broncas me echa la zorra de mi mujer!… Y digo yo que para qué coño servirá el lavavajillas si resulta que hay que lavar los platos antes para que luego queden mejor… ¿O no estoy casado? Sigo sin acordarme. Qué memoria la mía. Me falla el disco duro. No me jodas.   

 

    (Interpretando a su hipotética esposa.)

 

    ¡Venga hijo, rompe otro plato más, que no pasa nada!… No tiene ni puta idea de lavar un plato. Ni tampoco sabes freír un puto huevo. Lo único que sabes hacer perfectamente es tocarte los cojones y tocármelos a mí de paso…

 

    (Él mismo.)

 

    Mi mujer. Estoy casado. Acabo de acordarme. Nadie es perfecto. En la vida te toca muchas veces pagar los platos rotos aun sin romperlos. “¡Y da un gustirrinín!”… Gila. El de aquel anuncio de las hojas de afeitar Filomatic y el de “¿Es ahí el enemigo?, ¿podrían parar la guerra un momento?”. O aquello de “Y si sigue subiendo la fiebre, tendrá que buscarse un médico más alto”.

   Recuerdo que la familia de Gila tuvo una vaca en el balcón para que tuviera la leche más fresca. Pero resulta que tenía un cuerno flojo, se asomó el animal, se le cayó el cuerno a la calle y se le clavó a un señor de luto. Subió este hombre muy sofocado y cuando abrió la puerta su padre le preguntó al señor de luto: “¿Es suyo este cuerno?” Y su padre dijo: “¡Yo que sé!... 

   “Para una guerra importante se necesita soldado que mate deprisa”, decía un anuncio. “Señora, ¿es ésta la guerra del 14? Y dijo la mujer: “No, ésta es la del 26, la del 14 es más abajo”. Yo recuerdo que una vez trabajé de ladrón, pero me sentó muy mal y lo devolvía todo… Miguel Gila. 

  

    (Aplaude.) 

  

    La guerra fría, los bloques militares… “El turismo es un gran invento”. ¿Recuerdan a Martínez Soria?… “La ciudad no es para mí”. Ni para el recordado cómico. Como también recordarán algunos/algunas a Locomotoro, Valentina y el Capitán Tan en sus viajes por todo lo largo y ancho de este mundo. O aquel famoso “Vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos madrugar” en una pantalla negra General Eléctrica Española de no sé cuántas pulgadas. Y antes de la tele, la radio. Los sabios consejos del consultorio sentimental de doña Elena Francis.

 

    (Suena la sintonía de aquel programa. Imitando al personaje.)

 

    Mi querida amiga. Si el capullo de tu marido no te quiere comprar esa lavadora Kelvinator que tanta ilusión te hace para emanciparte, no te preocupes. Tú conquístale a base de halagos, mímale, sé dulce y dócil. Ya verás cómo termina comprándola el muy imbécil. Son todos iguales. Hacedles creer que son ellos quienes mandan aunque seáis vosotras las que llevéis los calzoncillos en vuestro hogar, dulce hogar. En cuanto a esos granos en tus nalgas, usa la maravillosa crema de pepinillos y ya me dirás los resultados. Un beso, querida, de tu amiga Elena Francis.

 

    (Él mismo.)

 

    Luego resultó que quien contestaba las cartas era un tío con capullo y todo. O las “Peticiones del oyente” de Radio Intercontinental. Madrid. 

 

    (Haciendo de  locutor.)

 

    Disco dedicado por nuestra amiga Remedios para su abuela Gertrudis en el día de su defunción. Descanse en paz. Y la familia.

 

    (Él mismo.)

 

    Qué cabrones. “A los viejos se les aparta después de habernos servido bien”, como dice una de las hermosas canciones de Serrat. Algunos tuvieron que exiliarse en su momento. Vencedores y vencidos. La Guerra Civil. O incivil más bien. La dictadura. Un tiempo de extraordinaria placidez para los reaccionarios de entonces y para los de ahora.

   Recuerdo que Perlita de Huelva se pasaba la puta vida pidiendo “precaución, querido conductor, la senda es peligrosa”. Nadie la hizo caso desgraciadamente. Al carné por puntos y a los hechos me remito. Para qué hablar. Mientras, Jorge Sepúlveda se pasaba el tiempo “Mirando al mar”.

 

    (Canta brevemente ese tema. Después continúa.)

 

    “Madrecita María del Carmen, hoy te canto esta bella canción”. Y Manolo Escobar sin encontrar el carro. Ese carro del que los cuatro gilipollas de siempre debemos tirar de él al mismo tiempo que otros se hacen una paja mirando cómo tiramos. 

   

    (Pausa.)

 

    La meta de los españoles: el confort hogareño. “¿Misión imposible?”… “El Santo”, “Embrujada”, “El fugitivo”… “Muy bien con Okal”. “Dolor, malestar, enfriamiento…”. Opus Dei, organización católica firmemente implantada en las capas más altas de la sociedad. Plan de Estabilización, congelación salarial, Planes de Desarrollo, emigración, sol y toros… Y represión, claro, represión. “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Machado. Y las mujeres, ya se sabe, a ejercer las “labores propias de su sexo” principalmente. El machismo galopaba a su aire…   

   

    (Recordando lo que le decía su papá.)       

 

    ¡Niño, a estudiar y déjate de tanta pelotita y de tocarnos tanto las pelotas, coño!…

 

    (Él mismo.)

 

    Recuerdos. Alguno más. Aquella chica tan mona, jugar al rescate, al escondite inglés, a las bolas, al peón o a las chapas. “Chup, chup, Avecrem”… El primer amor, aquel primer beso, el primer morreo… y gachas, patatas viudas o lentejas, muchas lentejas, si quieres las comes y si no las dejas. O aquella primera bofetada por meterle mano a la nena del tercero derecha…

 

    (Recordando su niñez con la gorra de antes.)

 

    ¿Jugamos a papá y mamá?… Yo soy el padre y vengo de trabajar. ¿Jugamos a los médicos?… Yo soy el médico, tú eres la enferma y voy y te miro el ombligo a ver cómo estás… ¿Jugamos a las casitas? “Hoy comemos con Isabel”…. ¿Jugamos a las prendas? ¿Jugamos al palé?… 

 

    (Haciendo de chica.)

 

    ¡Las manos quietas que van al pan! ¡Me pienso chivar a tu madre, hijo de puta!…

 

    (Él mismo.) 

 

    “Tú tenías 15 años, yo no había cumplido aún los 16…”. Dany Danniel.  

 

    (Canta brevemente esta canción.) 

 

    “Tu cabeza en mi hombro”. Paul Anka.

 

    (Hace lo mismo con este otro tema musical.)

 

    Una de romanos en el cine de sesión continúa. Primero el No-Do. “El mundo entero al alcance de los españoles”… 

 

    (Suena la correspondiente sintonía de aquel popular noticiario.)

 

    Dos películas y un bocata con cuatro onzas de chocolate Elgorriaga. Las palomitas, las patatas fritas, las pipas… “¡Al rico, bombón-helado!…”. “Nocilla, ¡qué merendilla!”. “Trinaranjus sin”… Al cabo del tiempo, cierre de salas para después convertirlas en un bingo, en un banco, en un gimnasio con sauna… O vaya usted a saber en qué puñetera mierda.

   Allí, en el cine de barrio, mucho antes de aterrizar Parada en La Primera y después la inefable Carmen de España, doña Carmen Sevilla, conocí a Weismuller. Tarzán…   

 

    (Suena el grito. Imitándole.)

 

    Selva ya no ser lo que era. Selva quedar transformada en parque temático, con delitos económicos incluidos, y en centro comercial con nueve minicines y un McDonald’s. Es el progreso del www punto com. Agujero de la capa de ozono dar por el culo a selva. Cambio climático darnos a todos por el culo. C02 ser el culpable. Y los gobiernos del mundo mundial a hacer el gilipollas y a tocarse la polla…

   

    (Él mismo.)

 

    Allí también conocí “El analfabeto”, “El padrecito”, “El señor doctor”… Al bueno de Cantinflas y sus caídos pantalones.

 

    (Imitándole.)

 

    Las letras, como quien dice, no son todas iguales entre sí debido a que algunas son diferentes a las otras y las otras son distintas a las demás. Yo amo, tú amas, él ama, nosotros amamos, vosotros amáis, ellos aman. Ojalá no fuese conjugación sino realidad.

   Sepan ustedes que el calzado, por si no lo saben, se usa para cubrir los pies. Pero si lo que usted tiene es pie de atleta, en vez de ponerse zapatos mejor úntese pomada. Y si ya, por su mala pata, resulta que usted es un ciempiés, entonces métase a carmelita descalzo, pues le va a salir retacara la calzada. Por supuesto, hay otras calzadas que salen mucho más caras. Ya ven cómo está el asfalto y cómo son de abusivos los contratistas.

   Fíjense si hay gente habladora que dice que usa zapatos de cocodrilo, cuando a todos nos consta  que los cocodrilos no usan zapatos. Los camellos se parecen a los hombres en muchas cosas. Los camellos pueden pasarse varios días comiendo y sin beber y el hombre se puede pasar varios días bebiendo y sin comer.  

 

    (Él mismo.)

 

    Y “Una noche en la ópera” me presentaron al cínico Groucho y a sus hermanos, el pícaro Chico y el silencioso e imprevisible Harpo.

 

    (Interpretando a Groucho con una levita, gafas y un puro.)

 

    Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio… Usted puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Realmente es un idiota. La verdad es que partiendo de la nada alcancé las más altas cotas de la miseria. Por cierto, la televisión ha hecho maravillas por mi cultura. Mi mujer la enciende y yo me leo un buen libro. El matrimonio es una gran institución. Suponiendo que te guste vivir en una institución.

   Creo que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Sólo hay una forma de saber si una persona es honesta: preguntárselo. Y si responde “sí”, sabes que es corrupta.

 

   (Con un teléfono imaginario para las dos siguientes frases.)

 

   ¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación más grande.

   No, no, la política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio sí. El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho. Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella está su esposa.

   No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual. ¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta. Cásate conmigo y nunca más miraré a otro animal. Nunca podré olvidar el día que me casé con aquella mujer. Me tiraron píldoras vitamínicas en vez de arroz.

   Yo sueño disfrutar mucho con ciertas obras de teatro. Especialmente en el descanso. Quiero que pongan una frase en mi epitafio. “Perdonen que no me levante”. Y también dos huevos duros. 

 

    (Él mismo.)

 

    Descubrí los “Tiempos modernos” de Charlot, aquella sátira de la revolución industrial y la búsqueda de la felicidad.

 

    (De esta película suena “Smile”, música que el actor aprovecha para hacer las expresiones y los movimientos más característicos del inolvidable personaje con el bombín y el bastón. Luego sigue adelante.)    

 

    “Adiós, cigüeña, adiós”, la adolescencia sin preservativo y el embarazo del humorista y director de cine Summers, el padre de David, el de los Hombres G.  “Toma el dinero y corre”, de Woody Allen…

 

    (Interpretando a Woody con sus peculiares gafas.)

 

    Sigo preguntándome si existe vida más allá de la muerte, y si la hay ¿le cambiarán a uno un billete de veinte pavos?… El cerebro es mi segundo órgano favorito. Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida. El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.

   El miedo es mi compañero más fiel. Jamás me ha engañado para irse con otro. ¿Será verdad que viviremos la misma vida nuevamente? ¡Dios! Eso significaría ver de nuevo a mi agente de seguros. Yo no quiero casarme, sólo quiero divorciarme.

   Para el ejército me declararon inutilísimo. Si hubiera una guerra yo sólo serviría de rehén. No es que tenga miedo a morirme. Es tan solo que no quiero estar allí cuando suceda. Mi psicoanalista me ha dicho que no salga contigo, pero eres tan guapa que he cambiado de psicoanalista. Yo sufría de incontinencia cuando era pequeño, y como solía dormir con una manta eléctrica, estaba continuamente electrocutándome.

 

    (Él mismo.)

 

    Reconozco que los libros me caían gordos. No es que fuesen muy gruesos. Me caían mal por culpa de los profesores. Tuve uno de Lengua en el instituto que era un hueso. ¡Flaquísimo! Tenía una mala leche el muy cabrón… Un genio de perros. ¡Hasta ladraba!….

 

    (Imitándole.)

 

    ¡Pero cómo que no te sabes la lección!… ¡A la puta calle! ¡Sal ahora mismo de la clase y lárgate! ¡No quiero verte! ¡Un cero patatero!… Y le dices a tu padre que venga a hablar conmigo. ¿Entiendes?… Ya lo sabes. ¡Fuera!…. Será pedazo de burro el tío… Qué animal. No saber lo que es un verbo… Pase que no lo sepa yo, pero que no lo sepáis vosotros… No me toquéis los cojones.

 

    (Él mismo.) 

 

    En el fondo aquello era divertido…

 

    (Cantando.)

 

    “Los estudiantes somos la hostia, viva la madre que nos parió, viva el pijo que nos bendijo…”. 

   

    (Termina de canturrear.)

 

    Y aquellas revistas extranjeras de tías en bolas que algún chaval se llevaba a la clase… En casa, luego, todo el mundo pelándosela.  “Soberano es cosa de hombres”. Juventud española, descendiente de Fernando e Isabel... Nueve de la mañana, brazo en alto y clase de gimnasia con las galletas Fontaneda y el Cola Cao en la garganta, “el alimento de la juventud”. Recuerden. “Yo soy aquel negrito del África tropical… “.

   ¡Manda huevos! Esto no lo decía yo entonces, esto lo digo ahora gracias a la expresión que popularizó Trillo en el Congreso de los Diputados cuando fue presidente de la cámara baja.

   

    (Pausa.)

 

    En fin, Los Beatles ya habían actuado en Las Ventas con sus “indecentes” melenas y sus contagiosos ritmos que cambiaron el mundo. Ataques de verdadera histeria en las jóvenes de la época. Y eso que la policía impidió la entrada a los que tenían mala pinta. Pero no nos engañemos. Hay mucha gente “decente” y con corbata que suele ser mucho más cabrona. “¡Qué noche la de aquél día!”…  

 

    (Canta brevemente esta canción. Después continúa.) 

 

    “Desde luego, Corbero”. O el “salto de la rana” del Cordobés. La “Tómbola”, no la de Mariñas sino la de Marisol, los “Quince años tiene mi amor” de los dinámicos Manolo y Ramón, o el “La, la, la…” de Massiel en el Festival de Eurovisión… De ahí a la “Operación Triunfo”… Los Brincos, Los Ángeles, Los Bravos, Tony Ronald… “Digan lo que digan”. Raphael…

   

    (Canta un pequeño popurrí de cada uno de esos intérpretes.)

 

    Y el baño, en calzón de baño, de Fraga en Palomares demostrando que sabía nadar y que no había radiactividad en aquellas aguas a pesar de la Bomba H caída de un bombardero norteamericano.   

   

    (Pausa.)

 

    ETA empieza a disparar. Y la canción protesta de Raimon en la universidad entre banderas rojas con la hoz y el martillo y un gran retrato del Che. “No nos moverán”. Joan Baez. Los guateques, bailar pegados, el primer revolcón…  

 

    (Enciende un cigarrillo. Recordando.)

 

    Nena, has estado imponente. Te felicito. Un magnífico viaje por el monte de Venus… Un trayecto por la selva amazónica… Qué forma de soplar el saxo, hija mía… Hombre, ya sé que yo tampoco me chupo el dedo precisamente. Sopla otra vez, Sam, sopla otra vez… ¡Hostias, la puerta!… Tus padres. Seguro. ¿Qué hago, madre mía? Ya lo tengo. Me meto debajo de la cama ahora mismo. No, no… ¡El armario!     

 

    (Vuelve al hoy.) 

 

    Yo entraba en el armario en aquel momento y otros han ido saliendo de él. Cómo cambian algunas cosas… Un ahí te quedas… “Alone Again… “. Gilbert O’Sullivan.     

 

    (Canta brevemente la canción. Después continúa.)    

 

    Los españoles se largaban a Perpignan a ver en cueros a Silvia Kristel, “Emmanuell”, y a ver bailar “El último tango en París” a Marlon Brando y María Schneider con un paquete de mantequilla entre las manos.

   ¿Recuerdan?… “La chispa de la vida”. Coca-Cola. Las ligas y las Copas de Europa del Real Madrid… “¡Contamos contigo!” Manolo Santana. Y Matías Prats poniendo voz al balompié en Radio Nacional. El Lute no. Éste pasó de robar gallinas a hacerse abogado entre rejas. Campeón de Europa por KO en el séptimo. El Lute no, sino Urtain. De levantador de piedras a boxeador. El morrosko. Ironías del destino. Quedó noqueado al caerse desde un décimo. Solo, arruinado y olvidado después de que ciertos intereses le convirtieran en un mito. Da cada golpe la vida… 

 

    (Haciendo de abuela.)

 

    ¿Tú qué vas a ser el día de mañana, hijo mío?… Necesitas labrarte un porvenir, un futuro. Hay que ser alguien el día de mañana… No puedes ser un don Nadie.

 

     (De jovencito.)

 

    Abuela, quiero ser artista. A mí eso de currar en una oficina…

 

     (Él mismo.)

 

    Casi me llevan a un reformatorio. O al psiquiátrico. ¿Artista?… ¡Peligro! Un delito de juzgado de guardia. Sólo podían serlo los hijos de… Yo, por supuesto, no.

 

    (De madre.)

 

    ¡A estudiar Derecho!… O cálculo y contabilidad, que está muy bien visto. Y taquimecanografía. A trabajar en un banco o en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad…

 

    (Él mismo.)

  

    No me extraña que me saliese una úlcera. Ya me contarán. Me hubiera ido a una comuna a vivir con los hippies. Julio Iglesias no era hippie. Se casó por la iglesia con la Preysler para hacer honor a su católico apellido. “Soy un truhán, soy un señor”.

 

    (Canta un poco esa canción.)

 

    Doña Isabel Preysler. De profesión, sus maridos. “La vida sigue igual”. Así nos va. “Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo”. “Jardín de rosas”. Lynn Anderson. 

 

    (Canta brevemente. Luego continúa.) 

 

    La mili. El servicio militar en el honroso Cuerpo de Ingenieros. “Allí te harás un hombre”… Mi madre.

   

    (Se coloca un casco de soldado.)

 

    ¡A sus órdenes, mi sargento!… Todo por la patria. Todo, todo. Zafarrancho de limpieza, hacerle la cama al teniente coronel, servirle el almuerzo al capitán, llevarle un traje al general a la tintorería… A las órdenes de vuecencia…     

   

   (Hace una pedorreta.) 

 

   Lo siento. Estaba escrito, supongo. El teatro. Me hice actor. Expresión corporal, voz, improvisación… “Llamé al cielo y no me oyó…”. Cine, televisión… Don Cicuta, Carrero Blanco saltando por los aires hasta el cielo en la madrileña calle de Claudio Coello… Pipi Calzaslargas, “Fauna Ibérica”… “Españoles: Paco ha muerto”. En paz… descansemos. José Luis Coll.

    “¡Viva el Rey!”… Y el presi Suárez, más tarde duque. La Consti. “Habla, pueblo, habla, tuyo es el mañana”. “Libertad sin ira”… “Y si no la hay sin duda la habrá”…   

   

    (Recordando lo del golpe de Tejero se coloca un tricornio.)

 

    ¡Quieto todo el mundo!… ¡Se sienten, coño!… Dentro de unos momentos llegará la autoridad competente. Militar, por supuesto.

    No se preocupen, estén ustedes tranquilos, no pasa nada. Repito, no pasa nada, ¡coño! Además,  “si no hay Casera nos vamos”.

 

    (Él mismo.)

 

    No había y el “tejeretazo” no triunfó. El golpe, aquel cachete de Estado más bien, como dijo una vez Pedro Ruiz. 

 

    (De nuevo con el tricornio puesto.)

 

    ¡Estoy hasta los huevos de estar en esta puta prisión de mierda!… Tiene todas las comodidades, eso sí. Pero lo que más me jode es el rancho. Todos los días la misma mierda: langostinos. Y encima congelados. ¡No me jodas, tío! ¡Me cago en la leche!…   

 

    (Él mismo.)

 

    Ya lo ven. La historia o la histeria nacional. El PSOE gana por mayoría absoluta. “Hay que cambiar”. Repite Felipe… La movida de Almodóvar. De Telefónica al séptimo arte. El Oscar… Cela no. Cela se llevó el Nobel. “Bailando”. Alaska y los Pegamoides. Luego con Dinarama… “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?” Burning.

 

    (Canta brevemente la canción. Y continúa.)

 

    “Póntelo, pónselo”… Y ETA haciendo de las suyas. De oca a oca y dispara porque le toca. Unos aprietan el gatillo y otros todo lo quieren resolver por vía policial. No confundir con Vía Digital. Así estamos.

    El GAL. La victoria del PP… Al fin “¿España va bien?”…Va bien. Empleo basura para todos… y fútbol, mucho fútbol, mucha “Champions Liegue”.

    Y tele, mucha tele, tele en dosis masivas. Pan, circo, teléfono móvil, automóvil, ordenatas… Y tan contentos. La utopía rota. “El algodón no engaña”, ni “El desodorante que no te abandona”.

 

    (Suena un móvil que lleva en el bolsillo.)

 

    Disculpen.

 

    (Al aparato.)

 

   ¿Diga?… ¡Ah, hola! ¿Qué hay?… Sí, sí, no te preocupes. Claro, claro… Enseguida. Bien. Vale. De acuerdo. No, no tardo mucho. Espérame. Que no, que no, que no tardo. Hombre, no voy a salir corriendo de aquí ni voy a dar a esta gente con un portazo en las narices. Me pillas haciendo la representación en este momento. No, ya te digo que no queda mucho. Ten un poco de paciencia, mujer. Un poco de calma, de sosiego…

   Pues creo que no va mal. Estaba contando a los espectadores no sé qué cuando de pronto me ha sonado el móvil que llevaba en el bolsillo. No, evidentemente no lo tenía desconectado. Y eras tú. No es que uno sea un adicto al aparatito pero a veces suena y a veces llamo. A veces llamo, aunque no tenga ninguna necesidad de llamar a nadie, y a veces me llaman para tocarme un poco las pelotas… No, no lo digo por ti. No me interpretes mal, cariño mío…

   Bueno, voy a continuar con la obra porque si no perderé el hilo. Que sí, que sí… Hasta luego. Adiós.        

 

    (Desconecta.)

   

    Era mi amante. Dice que me dé prisa, que me está esperando en la cama con un ataque gordo de ansiedad. Es ninfómana. Insaciable la tía. ¡Más, más, más…! Termino en el hospital un día de estos…

   No, qué va, no era mi amante. No tengo. Nadie es perfecto. Era mi mujer. Dice que no tarde, que se me enfría la sopa.

    Recuerdos, recuerdos… ¿Qué habrá sido de…? ¿Dónde estará…?… Cada cual por su lado… Es cierto. “Las personas van y vienen, y no pueden quedarse el tiempo suficiente para comprenderse. Las amistades, los amores y las enemistades se olvidan tan pronto como se realizan”. ¿Dónde leí yo esto?… En una obra de teatro. “La cocina”, de Arnold Wesker, uno de aquellos de la generación de los Jóvenes Airados en los años 50.

   “Ya es primavera en El Corte Inglés”. Cómo pasa el tiempo. Cómo caen las hojas del calendario. “Atún claro, Calvo”. Juanjo Menéndez y Jesús Puente. Éste último nos dijo adiós y el primero, “Su media naranja”, también se nos fue. Perra vida. “Lo que necesitas es amor”. ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? “¿Dónde está Curro?”… Aprendí que el sentido de la vida consiste en crecer interiormente a través del desarrollo de nuestras facultades mentales y anímicas… ¡Toma ya!        

    Y la historia continúa, el nuevo milenio he ahí. “2001: odisea del espacio”. Kubrick. Llegamos a la mítica fecha. Parecía que nunca iba a llegar. Incluso la hemos sobrepasado. De la ciencia-ficción al suspense con papá Bush en busca de Bin Laden. El 11-S. Y el 11-M después de la participación española en la guerra de Irak con un Josemari lamiéndole el trasero al gran héroe americano.

    Más CO2, más efecto invernadero… Aunque ahora resulta, al parecer, que los gases enfrían la Tierra en lugar de calentarla, según dicen algunos expertos. En todo caso, ¿será verdad que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina como anuncian algunos?…

   

    (Pausa.) 

 

    Les dejo hasta la próxima entrega de mis memorias, dentro de veinticinco años más o menos, si la crisis económica global y el cambio climático no lo impiden. “Pandilla de mamones”, como también dice Pedrito Ruiz. Unos hijos de puta. Esto lo dice un servidor. Vean, vean… Vean si no me creen.

 

   (Con sombrero de copa y ebrio.)   

 

   Brindemos, amigos míos… ¡Viva la recesión! Y la especulación, el cohecho, la prevaricación, el blanqueo de capitales, el fraude fiscal, la malversación de caudales públicos… O que te regalen un traje, ¡coño!

   Yo me como el pato y ustedes lo pagan. Yo les corto el aire cuando me sale de los cojones y ustedes se joden. Hay que recortar derechos y libertades. A la ciudadanía, claro. La justicia social es una inmoralidad que no podemos permitir. La ética y la ecología que se vayan a la mierda.

   Vivan las ambiciones, el caciquismo puro y duro, el vino, el dinero… y las mujeres. Arriba la ley del más fuerte y que los débiles bailen con la más fea. Los beneficios están privatizados y las pérdidas se socializan cuando sea menester. Las tartas las fabrican unos y otros, naturalmente, nos comemos la mejor parte.

   Hay que bajar los salarios y abaratar los despidos para afrontar las crisis. La austeridad y el esfuerzo son sólo para los idiotas. Nosotros, ni que decir tiene, seguiremos exhibiendo un individualismo posesivo y un consumismo voraz en su más alta expresión. Etcétera, etcétera, etcétera…  

  

   (Él mismo.)

 

   Así podíamos seguir hasta mañana, señoras y señores. He tenido mucho gusto en conocerles. Un besito para ellas… No es que tenga algo en contra de la homosexualidad ni del matrimonio entre homosexuales. Allá cada uno con sus tendencias. Cada sujeto es libre de hacer con su culo lo que le dé la gana. Gracias por estar ahí. Hasta siempre…

  

    (Suenan algunas notas otra vez de “Feliz cumpleaños”.)        

  

   Hoy cumplo 50 tacos. Y mañana 50 tacos… y un día. La crisis de los cuarenta, la de los cincuenta… ¿Soy feliz?… Algo que hacer. Algo que esperar. Alguien a quien amar… ¿Y ustedes son felices?… No puedo quejarme. ¿O sí?… Nadie es perfecto. Creo. En fin. Hasta luego. La vida sigue. Sigue la vida. Cómo pasa el tiempo… ¡Me cago en la leche! Cómo pasa, joder, cómo pasa…     

 

    (Sale. Oímos la inolvidable melodía “El tiempo pasará” del filme “Casablanca”. Entra. Y canta. Después oscuro. Escuchamos como al principio la balada de Louis Armstrong.) 

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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