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ABUELOS FELICES

de  Raimundo Francés.

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

ABUELOS FELICES

 

                                                                (Juguete cómico)

                                        

Original de: Raimundo Francés.

 

bea45azul@yahoo.com

 

Duración aprox: 35 minutos.

 

Se trata de un sainete que critica la situación actual de los abuelos. En este caso, se da la circunstancia de que se encuentran un abuelo genuino catalán con una abuela castellana pero que ha pasado toda su vida en una ciudad de Andalucía, donde la nombraron hija adoptiva, por lo que no se encuentra muy a gusto en Cataluña.

 

Este encuentro saca a relucir el carácter de ambos, pero poco a poco, ambos protagonistas van sorprendiéndose por varias coincidencias en su vida, lo que hace que cambie la opinión que tiene uno del otro y se acerquen a un final gracioso por lo atípico y extraño. 

 

Como decorado, un telón de fondo simulando un parque urbano. Delante, frente al público, un banco de madera donde aparece sentada Gloria, una señora mayorcita que está meciendo un cochecito donde supuestamente duerme un bebé que es su nietecita. El rostro de Gloria no refleja precisamente el estado de una mujer muy feliz en esos momentos.

 

Ahora, llega Benito, un señor catalán, (El actor debe simular el acento propio sobre todo en la ‘’l’’ y entonando con énfasis la exclamación ‘’eh’’) también de edad de jubilado, e igualmente con su cochecito de bebé. Como se encuentra algo cansado  pretende ocupar un espacio del asiento. Tampoco se le nota un gesto de felicidad sino más bien de malhumor. Y con este estado de ánimo, empieza el sainete.

 

 

                                     

                                                                          ACTO PRIMERO

 

BENITO -  Bon dieu.

GLORIA - ¡Buenas!

BENITO - ¿No le importa que me siente aquí, verdad?

GLORIA - ¡Hombre! ¡Depende!

BENITO - ¿Cómo que depende? ¿Depende de qué? (Con gesto airado)

GLORIA – Pues depende de lo que traiga usted en ese cochecito. Porque, supongo que ahí vendrá un bebé, ¿no?

BENITO - ¡Hombre! ¡Pues, ya me dirá! ¡No querrá usted que traiga una ametralladora!

GLORIA - ¡Eso nunca se sabe! Con tantos atracadores rumanos que hay por ahí, maltratando y robando a las señoras mayores y secuestrando recién-nacidos...

 

BENITO - ¡Mire, señora! En primer lugar, yo soy un señor jubilado de banca, respetable, y puedo tener cara de todo menos de rumano y mucho menos de atracador de señoras, ¿me comprende?

GLORIA - ¡Bueno! Usted no será rumano ni atracador, pero también podría ser un chiflado de esos que llevan en el cochecito el hueso de un jamón serrano, o un hashky siberiano, ¡vaya usted a saber! ¡Hoy, no hay que extrañarse de nada, porque de majaras, está el mundo lleno!

BENITO – Pues, no. Aquí va mi nietecito, que por cierto me tiene ya hasta los mismísimos coyons, porque para dormirse he tenido que darle dos paseos por el parque y media docena de potitos. ¡No me ha dejado ni echar un vistazo al periódico!

GLORIA - ¡Que me va usted a contar! ¡Es que, esto de ser abuela a la fuerza! Yo he tenido que pasear a mi nieta más de una hora y mecerla aquí otra media hora para que se duerma y me deje tranquila. Por eso, ahora, no voy a permitir que llegue un energúmeno que se ponga a chillar y me la despierte.

BENITO - ¡Oiga! Que yo solo quiero sentarme, ¡eh! No habrá usted pensado que me voy a poner aquí a cantar un rock-and- roll, ¿verdad?

GLORIA - ¡Bueno! ¡Ande! Siéntese ya de una vez, pero si usted o su nieto me despiertan a la niña, se van a acordar de mí.

BENITO – Por mí, no se preocupe, ¡eh! Que me saco el periódico y me pongo a leer un poco y no molesto ¡eh!

                               (Con caras de refunfuñados, ambos se callan unos segundos, mientras Benito, se saca el periódico del bolsillo de la chaqueta, y se dispone a leerlo)

BENITO - ¡Oiga! Que no es molestar, ¡eh! Pero es que me da a mí que usted no es de Cataluña, ¿verdad?

GLORIA - ¿Quién? ¿Yo? ¡Anda, hombre! ¿Es que tengo yo cara de catalana apretada? ¿De qué le sirven esas gafas antiguas que lleva usted puestas? ¿Y el oído? ¿Acaso mi acento es de catalana? ¡Vamos, hombre!

BENITO - ¡Bueno, bueno! ¡No es para ponerse así, eh! Que no quería ofenderla. Usted puede ser de donde quiera, que a mí me da igual, ¡eh!

GLORIA – Pues, para que usted lo sepa, no vaya a ser que su curiosidad le corte la digestión, yo soy castellana, de Toledo, por más señas, pero me he pasado toda la vida en Andalucía, y desde hace unos meses, vivo aquí en Cataluña, con mi hija, y ojalá esta niña crezca pronto, porque me veo aquí convertida en otra catalana recauchutada.

BENITO - ¡Ja, ja! Veo que se le he pegado el gracejo ese de los andaluces. ¡Qué gracia! ¡Recauchutada! ¡Ja, ja!  Entonces, usted vive con su hija, ¿verdad?

GLORIA – Sí, hijo, sí. Con  mi hija. Ahora soy su niñera particular, ¿comprende? Me tuve que venir a vivir a su casa, para ayudarles con esta niña, porque ella y su marido tienen que trabajar, ¿comprende usted?

BENITO - ¡Ya! Como todos. A mí me ha pasado lo mismo. Aunque hay una pequeña diferencia.

GLORIA - ¿Sí? ¿Cuál?

BENITO – Pues, que yo no me he ido a casa de mi hijo a vivir, sino que él con su mujer y su niño, se han venido a la mía.

GLORIA - ¡Ah! Entiendo. Entonces, ¿no tienen un piso propio?

BENITO – Sí, claro que lo tienen. Lo compraron hace un año, pero lo han alquilado para que el inquilino pague la hipoteca, ¿comprende? Es que los pisos valen un huevo ¡eh!

GLORIA - ¡Ya lo creo! Pero, mi caso es distinto. Mi hija ha preferido traerme a mí con ellos para no tener que pagar una niñera o llevar la niña a la guardería, que es carísima, y además con mi pensión les ayudo a pagar su hipoteca. ¿Qué le parece?

 

BENITO – Pues, oiga, que su hija también es lista ¿eh? ¿Acaso trabaja en la banca, como yo?

GLORIA – No. Él es ingeniero y trabaja en la petroquímica. Y ella es profesora en un Instituto. Y yo, soy canguro diplomada.

BENITO – Pues, mi hijo sí es de la banca como su padre, y su mujer, es directora de un hotel. Y yo, ahora soy un jubilado ocupado en el cuidado de bebés.

GLORIA - ¡No hace falta que lo jure! Cuando llegue a su casa no se olvide de limpiarse esa mancha que le ha hecho su bebé en la chaqueta.

BENITO - ¿Una mancha? ¿Yo? ¿Dónde?

GLORIA - ¿No se la ve? Justo al lado del bolsillo. Y, ¡anda que no se nota! ¡Si es más grande que el mapa de Cataluña!

BENITO - ¡Coño! Pues es verdad. A ver ahora lo que me va a costar ese limpiador de manchas para quitar esto de aquí, porque las otras dos chaquetas se me han quedado pequeñas. Es que desde que me jubilé he puesto algunos kilitos, ¿comprende?

GLORIA – Sí, ya. Pero yo usted, le daría con mistol de la cocina, y así, aunque le quede el surco, por lo menos no tendrá que gastar dinero en el quitamanchas.

BENITO - ¡Bueno! Veamos que nos dicen las noticias de hoy. ¿Quiere usted una hojita?

GLORIA – No, gracias, es que no llevo dinero encima. Es que una señora mayor, sola, con un monedero en el bolso, es una tentación para esos desalmados, ¿comprende?

BENITO – Pero, ¡mujer! ¡No le voy a cobrar por una hoja del periódico! Se la presto solo un cuartito de hora para que se distraiga un poco. ¡Eso, sí! No me la arrugue mucho porque luego, cuando yo lo haya leído, el periódico se lo vendo al vecino de abajo que está paralítico y no puede salir a comprarlo. Y así, le hago un favor. ¿Comprende? Es que hay que ayudar a los discapacitados. Que eso lo tengo muy claro, ¿eh?

GLORIA – Sí, hombre, de ustedes, los catalanes, lo comprendo todo. Es que la vida está por las nubes, ¿verdad, usted?

BENITO - ¡UHF! ¡No lo sabe usted bien! La semana pasado me bajaron las acciones. Y ahora tengo que recuperar.

GLORIA - ¡Claro! Vendiendo el periódico usado al paralítico, ¿verdad?

BENITO - ¡Hombre! Poco a poco, ¡eh! que poco a poco, paso a paso, se llega

 al Mont-Blanc.

GLORIA - ¡Oiga! Ustedes los catalanes..., ¿tienen la costumbre de leer el periódico empezando por las páginas de atrás?

BENITO - ¡Hombre! Es que detrás vienen las esquelas mortuorias, ¿comprende?

GLORIA - ¡Ah, ya! Lo dice usted por eso del morbo, ¿no?

BENITO – No, hombre. A mí, lo del morbo me importa un ca..., perdón, quiero decir, que me da igual. Es que supongamos que te encuentras con la esquela de uno al que le debes dos mil euros. Pues, ya, si viene la esquela..., pues...

GLORIA – Pues, ya no tiene que pagarles los dos mil euros, ¿no?

BENITO - ¡Pues, claro! ¿Ve usted como ya se va usted recauchutando, poco a poco?

Es que ya lo decía mi padre, que todo se adquiere con el tiempo.

GLORIA - ¡Ande, ande! Que solo piensan ustedes en el dinero.

BENITO - ¡Señora! ¡Que la pela es la pela, eh!

GLORIA - ¡Bueno! ¿Y qué, y qué? ¿Ha visto ya si la ha palmado alguno de esos?

BENITO - ¡Coño! ¡Joder!

GLORIA - ¿Qué pasa? ¿Se ha muerto algún pariente suyo?

 

BENITO – No, es que dice aquí que en China están los bebés por las nubes.

GLORIA - ¡Ah! O sea, que vuelan como los angelitos. No me extraña, con lo poco que comen, no pesan casi nada y se los lleva el viento.

BENITO - ¡No, mujer! ¡Que se pagan a treinta mil dólares!

GLORIA - ¿El bebé?

BENITO – ¡No! ¡El kilo!

GLORIA - ¡Coño! ...  ¡Perdón!

BENITO – Es que uno, porque quiere mucho a  su nieto, ¿verdad?

 Pero, no me negará que es un buen negocio, ¿eh?

GLORIA - ¡Oiga! No sea usted tan desalmado, ¡por Dios! ¡Vender a su propio nieto! ¡Qué salvajada! ¡Qué atrocidad!  (Pausa de unos segundos) Oiga, y..., sólo por curiosidad,  ¿a cuanto dice usted que lo pagan?

BENITO - ¿Lo ve? ¿No se lo decía yo? Aquí, en Cataluña, todos somos catalanes, o auténticos o recauchutados, pero a fin de cuentas, todos somos iguales.

GLORIA – Pero, ¡oiga! A usted no le habrá pasado por la imaginación que yo, ¡vamos! ¡Por Dios y la virgen! ¡Vender a la propia nieta! ¡Eso es lo último que yo haría en mi vida! ¡Vamos! ¡Como el que vende un mueble que está estorbando en casa!

BENITO - ¡Hombre! Tanto como estorbar, la verdad es que no estorban mucho ¡eh¡ Pero le voy a decir una cosa, a mí este niño me está jorobando la jubilación ¡eh¡ Que yo me había hecho unas ilusiones, de ir al casino, de viajar por la costa brava, de visitar Andorra y todo eso, y ahora, con el nieto, no puede uno ir ni a ver la Moreneta, ¡eh¡

GLORIA - ¡A mí, me pasa otro tanto de lo mismo! Yo, que estoy viuda, estaba ya haciendo planes para ir con mis amigas al Rocío, y luego a los viajes del Imserso y todo eso, y ¡míreme, míreme! Parezco la niñera de ‘’Botón de ancla”.

BENITO – Entonces, ¿es usted viuda? Pues, eso no está nada de mal, ¡eh! Porque yo también, aquí donde me ve, soy viudo desde hace dos años.

GLORIA - ¡Ya! Se nota.

BENITO - ¡Oiga, señora! ¿Puede usted decirme cómo se nota eso?

GLORIA - ¡Hombre! ¡Si no hay nada más fácil que identificar a un viudo! Primero, porque van ustedes un poco... un poco desaliñados, un poco desastrosos, ¿lo ve? El cuello de la camisa sobado, la corbata torcida, la chaqueta manchada, el pantalón sin rayas..., y además, que a ustedes se les va la mirada a todo lo que parezca un escote.

BENITO – Pues, no le quito la razón ¿eh? Es que, cuando uno está viudo, pues, no tiene uno ganas de nada, y como no hay una mujer que te cuide..., pues, ya me dirá ¡eh!

GLORIA - ¡Hombre! Es que por lo menos para pasear a su nieto, a esa mercancía que lleva usted en ese cochecito, debería usted ir más limpio por la calle. ¡Que hay unos paquetes  de jabón detergente que duran por lo menos tres meses y medio! ¡Y si compra dos le descuentan el 20 por ciento!  

BENITO – Sí, pero si por lo menos supiera usar la lavadora..., ¡Oiga! ¿Usted sabe usar la lavadora automática?

GLORIA - ¡Mira que tiene! ¡Con la misma facilidad que usted se afloja la correa!

BENITO – Pues, estoy pensando en que, si usted, ¡bueno! Si yo...

GLORIA - ¡Oiga!, señor..., bueno, señor catalán, ¿no estará usted pensando en eso que yo estoy pensando, ¿verdad? ¡Que yo no estoy dispuesta a vender a mi nieta ni por treinta mil dólares!   

 

BENITO - ¿Lo ve usted? ¿Lo ve? Yo ya le iba a proponer otra cosa, pero usted, se ha ido por el negocio. Por el dinerito. ¿Lo ve? Ya lo decía mi difunto padre.

GLORIA – Pues, ¡a ver si se aclara usted de una vez! Porque, yo sé que cuando un catalán propone algo, es siempre para sacar algo.

BENITO – Bueno, si sacar a una señora a pasear, a un viajito por la costa dorada, y todo eso, es sacar algo..., pues si. ¡Ahí, lleva usted razón!

GLORIA   Pues... ya eso tiene así..., como otro color. ¿A qué hora tiene que dejar usted al niño en casa?

BENITO Pues, dentro de nada. Y después estoy libre.

GLORIA ¿Qué tal si me recoge usted sobre las ocho?

BENITO ¡Perfecto, mira! Yo la voy a llevar a un restaurante que le va a encantar.

GLORIA ¡Hombre! ¡Eso no es mala idea, que digamos! Hace mucho que no me llevan a cenar a un restaurante.

BENITO ¿Ah! ¿Usted nunca ha cenado en uno de esos?

GLORIA ¡Hombre, por Dios! Tanto como nunca... Yo he viajado algunas veces, y he cenado en algún que otro hotel de la costa.

BENITO Si, pero como este... Verá, le ponen de primero, un pan Tumaka, que está para chuparse los dedos. Luego, un flamenquín, así, con un poco de ketchup...

GLORIA  ¡Ya, ya! ¡Oiga!  ¿Y de postre? ¿Un platanito de la casa o un par de dátiles sin hueso?

BENITO ¡Mujer! ¡También tienen peras! ¡Y muy dulces por cierto!

GLORIA Y si yo le dijese que tengo alergia a la fruta...

BENITO Pues, eso, tiene fácil solución. Nos compramos ahí enfrente un par de natillas, o un pack de dos yogures, que están de oferta y nos los tomamos allí.

GLORIA ¡Bueno, mire, que me da igual! Lo importante hoy es tener una pareja, y yo ya la estoy viendo venir. Así, que venga, que le espero a las ocho. Y ya sabe que a mí me gusta viajar, viajar mucho con el Imserso.

BENITO ¡Claro, mujer! ¡Y a mí, también! ¿No ve usted que los viajes esos del  Imserso son los más baratitos?  Me marcho ya, pero ya sabe, no lo olvide. ¡A las ocho! ¡Uy, qué contento estoy!

GLORIA Quién me iba a decir a mí, que me iba a liar con un catalán. La verdad es que el hombre, un poquito más arregladito, con el pantalón planchado y... ¡Bueno, jolines! ¡Menos da una piedra! ¡Además, si ahora no somos un poco ahorrativos, que ya somos mayorcitos...! Como dicen ellos, ¡La pela es la pela! ¡Vamos, niña! ¡A casa, con tus papaitos que te cuiden ellos, que hoy a la abuela le toca empezar una nueva vida! ¡Faltaría más! Que mi madre siempre lo decía... ‘’Que para las cosas del amor, cualquier edad, es la mejor”  (Desaparece con el cochecito canturreando ‘’qué bonito es el querer’’)

 

FIN

 

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