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UN ADÚLTERO EJEMPLAR

de ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica.

 

UN ADÚLTERO EJEMPLAR

Farsa de humor en un acto, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosl35@yahoo.com

PERSONAJES

PEDRO

CRISTINA

LUISA

ANCIANO

ACTO ÚNICO

(Puertas en los segundos laterales y foro. La escena está vacía. Por la derecha, siempre del espectador, entra PEDRO. Cincuenta y tres años. Alto, agraciado, esbelto. Serio. Muy grato y sensible. Viste deportivo y de colores fuertes. Simula tomar un café. Se para pensativo y se abstrae en la canción de José Luis Perales, que suena débil: “¿Y quién es él? /¿Y cómo emplea su tiempo libre? /Es un ladrón. /Que me lo ha robado todo”. Cesa la música y deja de estar abstraído. Para sí y en voz baja.)

PEDRO.-Lo que menos esperaba… Estaba tranquilo tomando el café. De pronto, viene esta canción a mi memoria. La he oído algunas veces y… ¡Siempre! ¡Siempre se iba sin hacerme pensar! Hoy, ha sido distinto. No era una canción como Corrientes o Francisco Alegre que las recuerdas y se evaporan en un instante, tal vez, al asociarla la primera vez que las escuchaste. ¡No! Hoy, su sencilla letra ha entrado en mi interior y me hizo poner triste. Sentí que podría ser uno y no saberlo. ¿Y quién es el? La estrofa de una canción se convertiría en realidad. ¡No soy celoso de mi mujer! Jamás he durado de ella. ¡No tengo motivo! Soy inmensamente feliz a su lado. Tiene tantas cualidades. Su belleza, inteligencia, carácter, su rico mundo interior. ¡Es todo para mí! ¡La quiero! ¡¡No sabría vivir sin ella!!

(PAUSA.)

Sin embargo, acabo de comprender que al tener tantas cosas magníficas, no pueden pasar desapercibidas a los demás y…

(Se tapa la cara con las manos)

¡No puede ser! ¿En qué se tornarían mis sentimientos?

(Quita las manos del rostro.)

¡Derrotado por un mal nacido al que le han robado todo!

(Por la derecha entra CRISTINA. Cuarenta y seis años. Alta. Muy bella y fina. Atractiva. Buen carácter. Fortaleza equilibrada. Rico mundo interior.)

CRISTINA.-Ya es tarde.

PEDRO.-Sí. Me he demorado.

CRISTINA.-Estás… Como distinto.

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿¿Yo?? No creo.

CRISTINA.-Como si estuvieses enamorado.

PEDRO.-¡Qué disparate! Dices unas cosas… ¡La única mujer de mi vida eres tú!

CRISTINA.-¡Lo sé, Pedro, amor!

(La besa.)

PEDRO.-¡Gracias, Cristina!

CRISTINA.-¡Sé puntual!

(Sonriendo feliz.)

PEDRO.-¡La disciplina ante todo!

(Mutis rápido por el foro. Para sí y feliz.)

CRISTINA.-¡Qué gran chico es!

(Mutis por la izquierda. Por este término, entra PEDRO. Viste bata blanca. Alegre y para sí)

PEDRO.-¡Ay, un nuevo día de trabajo!

(Por el foro, entra LUISA. Cuarenta años. Agraciada y segura. Triste. Viste bata blanca.)

LUISA.-Buenos días, doctor.

PEDRO.-Buenos días doctora. ¿Tenemos mucho trabajo?

LUISA.-Un trasplante de corazón a un anciano, Pedro.

PEDRO.-El donante es…

LUISA.-Un joven accidentado.

PEDRO.-Existen  ancianos con una gran suerte, Luisa. ¿Todo listo?

(Mira el reloj.)

LUISA.-Casi.

(Se sientan.)

PEDRO.-¿Cómo van tus problemas?

(Derrotada.)

LUISA.-Cada vez peor.

PEDRO.-No digas eso. ¡Intenta ser optimista! El amor es el mayor de los milagros.

LUISA.-¡Será para ti!

PEDRO.-La verdad… Así lo siento.

(Se levanta molesta.)

LUISA.-¡No lo aguanto más!

(Se levanta serio.)

PEDRO.-¿Qué piensas hacer?

LUISA.-No volver a verle la vida. ¡Cada uno por su lado!

PEDRO.-¡Recapacita! Es una auténtica locura.

LUISA.-Por más que lo he pensado… ¡Continuar es imposible!

PEDRO.-He hablado una vez con él y me pareció un chico excelente. Tan enamorado; tan pendiente de ti.

(Indignada.)

LUISA.-¡¡Era!!

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿Cómo?

LUISA.-Así se comportaba cuando lo conociste. ¡Yo creo que los cincuenta años lo  loqueó!

PEDRO.-Yo tengo cincuenta y tres y cada vez me siento más unido a Cristina.

LUISA.-¡Tú sí! Eres un hombre con una gran personalidad; equilibrado. Pero él… ¡Jamás lo he pensado!

PEDRO.-A decir verdad, es muy difícil conocer la evolución del ser humano.

LUISA.-¡Y tanto!

PEDRO.-El poco tiempo que hablé con él, me pareció un hombre tímido e inexperto con las mujeres.

LUISA.-¡Joder con su timidez e inexperiencia!

PEDRO.-Perdona mi curiosidad. Sabes que no me preocupo de vidas ajenas. ¿Cuál ha sido su cambio?

LUISA.-¡Totalmente distinto al que era! Comenzó a beber… ¡Unas borracheras!

PEDRO.-Mujer… Un día…

LUISA.-¡Todos los días!

(Contrariado.)

PEDRO.-¡Eso…!

LUISA.-¡No me hablaba embriagado ni lúcido! Notaba que se apartaba de mi vida y quedase sola. ¡Era un ser inexistente para él!

PEDRO.-Lo lamento por ti. Ese proceder…

LUISA.-¡Y no fue eso lo peor!

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿¿No??

LUISA.-¡Muy pronto se dedico al juego!

PEDRO.-El peor de todos los vicios.

LUISA.-Visitaba casas particulares en la que se organizaban timbas en las que cartas y dinero bailan incesantemente al mismo ritmo.

PEDRO.-Oí hablar de ellas.

LUISA.-La primera vez le dejaron ganar para captarlo. ¡Venía más contento! Desde hoy voy a ser otro. Comprendo que no me estoy portando bien contigo. ¡Volveremos a ser felices! Me enseñó un montón de billetes. Me ha salido un gran negocio. Te regalaré el mejor palacio y daremos la vuelta al mundo.

PEDRO.-¡Cuánta fantasía!

LUISA.-¡No te lo imaginas! Y todos los días perdía grandes cantidades. Adiós ahorros, joyas, muebles. ¡Vivíamos en el piso que ahora se encuentra totalmente vacío!

PEDRO.-¡Horroroso llegar a esa situación!

LUISA.-Cada noche que llegaba derrotado a casa, se encontraba agresivo. Trataba de calmarlo. ¡Calla, zorra, tú eres la culpable de mi infortunio!

(Llorando,)

¡Y me pegaba fuerte! ¡Muy fuerte! ¡Me dejaba el cuerpo tan dolorido!

(Enérgico)

PEDRO.-¡¡Eso es inadmisible!! ¡¡Deberías haberle abandonado!!

LUISA.-Soy débil. Los hijos, mi familia, la sociedad…

PEDRO.-¡¡Déjate de prejuicios!!

(Ríe desolada y a carcajadas.)

LUISA-¡¡Ja!! ¡¡Ja!! ¡¡Ja!! ¡¡Y si fuera todo eso!!

(Asombrado.)

PEDRO.-¿¿Más??

LUISA.-Todas las noches traía una chica distinta a casa.

(Enojado)

PEDRO.-¿¿También??

LUISA.-Tenía que hacerle a ella unas natillas.

PEDRO.-¿¿Has caído ta bajo??

LUISA.-Precisaba librarme de sus fuertes puños. Eran las únicas que me trataban con delicadeza. Se ponían a amarse y tenía que presenciar silenciosa el espectáculo.

(Confuso.)

PEDRO.-¿¿Hablas en serio??

LUISA.-Jugar con esto… Al final me obligaba a que aplaudiese entusiasmada. ¡¡Bravo!! ¡¡Muy bien!!

PEDRO.-¡¡Indigno!!

LUISA.-Las chicas entusiasmadas. Me besaban agradecidas. Tu marido posee unas facultades… Ya me gustaría que el mío se comportase así. ¡Qué suerte tienes!

PEDRO.-¡Qué vejación tan grade! ¡¡Ese hombre ha perdido el juicio!! Perdona que me inmiscuya. ¡¡No debes seguir con él ni un momento más!

LUISA.-¡Eso he decidido! Si tengo que llevar a los niños a dormir a casa de mis padres para que no me vean hacer las malditas natillas.

PADRO.-Si solo fuera eso… Porque lo demás…

LUISA.-¡Cierto! No sé cómo aguanté tanto. ¡Encima de repostera!

PEDRO.-¡Qué sarcasmo! ¡¡Un hombre sin entrañas!!

(Se levanta.)

LUISA.-Pero de esto…

(Se levanta.)

PEDRO.-¿Qué…?

LUISA.-¡No te he dicho nada!

PEDRO.-¡No te preocupes! Ya conoces mi discreción.

LUISA.-Voy a mirar cómo va todo.

PEDRO.-Será lo mejor.

(Mutis por el foro. Por este término entra, ANCIANO. Noventa años. Bajo, delgado, triste.)

ANCIANO.-Buenos días…

PEDRO.-Buenos días, señor…

ANCIANO.-Yo soy el del trasplante.

PEDRO.-¿Tan joven?

ANCIANO.-¡Ya tengo noventa años!

PEDRO.-¿Noventa? No los aparenta…

ANCIANO.-Gracias por su galantería, pero no soy el de antes.

PEDRO.-Para su edad… No se queje.

ANCIANO.-Si no me quejo…

(Llora.)

Desde la muerte de mi mujer… Es como si hubiese perdido algo.

PEDRO.-¡Es natural! Ha perdido a su esposa.

ANCIANO.-¡Me quería tanto! ¡Estábamos tan bien compenetrados! ¡Era todo para mí! Si volviese…¡Sería el hombre más feliz del mundo!

PEDRO.-¿Qué años tenía?

ANCIANO.-¡Cien!

PEDRO.-¡Muchos!

ANCIANO.-¡Qué va! Aparentaba noventa y nueve.

PEDRO.-Siendo así…

ANCIANO.-A las mujeres como se les meta una cosa en la cabeza… ¡No hay quién las cambie! La miraron especialistas del mundo entero. Me hacían concebir ilusiones. Pero ella… ¡Se murió! ¿Usted cree que volverá?

PEDRO.-Es posible, señor. ¡No se desanime!

ANCIANO.-Si usted acertase… ¡Qué alegría tan grande!

PEDRO.-Confíe en la ciencia. ¡Todo resultará como desea!

ANCIANO.-¡Es para celebrarlo! Por eso yo quiero trasplantar un corazón de un hombre joven. Así que si tengo que esperar un par de años… ¡No hay problema!

PEDRO.-¡En absoluto!

ANCIANO.-¡Claro que lo conseguiré! ¡¡Soy muy tenaz!!

(Por el foro entra, LUISA. Trae un corazón en la mano.)

LUISA.-¡El corazón del joven accidentado!

PEDRO.-¡Tira, por favor!

LUISA.-¡¡Ahí va!!

(Lo tira y PEDRO lo coge.)

PEDRO.-¡Gracias!

LUISA.-Voy a por lo demás.

(Mutis por el foro. Mostrándoselo.)

PEDRO.-¿Qué le parece? ¿Le gusta?

(Entusiasmado.)

ANCIANO.-¡¡Es precioso!!

VOZ DEL CORAZÓN.-¡Muchísimas gracias!

(Sorprendido.)

ANCIANO.-¿¿Los corazones hablan??

PEDRO.-Si no son mudos…

ANCIANO.-¡Qué bien! Así no me encontraré solo.

(Por el foro entra LUISA. Trae una mesa de operaciones.)

LUISA.-Organicemos el quirófano.

PEDRO.-¡Ahora mismo!

VOZ DEL CORAZÓN.-Ya va siendo hora.

(Colocan la mesa de operaciones con la cabeza hacia el público.)

ANCIANO.-¿Se sabe a quién permanecía ese corazón?

PEDRO.-¡Alégrese! A un joven de quince años.

LUISA.-Iba raudo en una moto y…

VOZ DEL CORAZÓN. Estos jóvenes no tienen sentido y como tráfico los animan… Prefiero vivir en el cuerpo de un señor mayor. ¡Son más responsables!

ANCIANO.-¡Muchísimas gracias, futuro vecino!

VOZ DEL CORAZÓN,.No hay de qué. ¿Y al joven le pasó algo?

PEDRO-¡Nada! Esté usted tranquilo.

LUISA.-Únicamente voló su cabeza. ¡La andan buscando!

VOZ DEL CORAZÓN.-¡Esto me alivia!

(Dejan colocada la mesa de operaciones.)

LUISA.-¡El quirófano está servido!

PEDRO.-Cuando usted guste, señor.

ANCIANO.-¡Muchísimas gracias!

(Se estira en la mesa de operaciones)

¿Me va a doler?

PEDRO.-¡Nada!

LUISA.-Con la anestesia…

(Se sienta en la mesa.)

ANCIANO.-¡Yo no quiero anestesia!

PEDRO.-Eso es a gusto del consumidor. Algunos se establecen en el otro mundo y no saben que han llegado.

ANCIANO.-¡Quiero existir! ¡Estar vivo! Saber siempre que estoy aquí. Vivo solo y soy un desconfiado. Me duermen y… ¡Van a mi casa por mis ahorros!

LUISA.-Dejarle solo…

PEDRO.-Y que sospeche la policía…

ANCIANO.-Lo peor sería que yo no pudiese sospechar.

(Lo estiran cuidadosamente en la mesa.)

PEDRO.-¡Relájese!

LUISA.-¡Colabore!

ANCIANO.-¡Cuánta amabilidad!

(Deja el corazón sobre una silla.)

VOZ DEL CORAZÓN.-Así sentado… ¡Me siento importante!

PEDRO.-El Bisturí.

LUISA.-Las tijeras,,,

PEDRO.-¿Le pongo música fúnebre?

LUISA.-¿La última revista del corazón?

ANCIANO.-¡Prefiero pensar en mi mujer! La pobre…

LUISA.-¡Igual la ve!

ANCIANO.-¡Me encantaría!

PEDRO.-Con un poco de imaginación…

LUISA.-¡Comencemos!

PEDRO.-Corto por aquí… ¡Ya esta!

LUISA.-¿Le duele mucho?

ANCIANO.-¡Ni me entero!

LUISA.-Corto con la tijera…

(Aplaude.)

ANCIANO.-¡¡Bravo!! ¡Muy bien!!

(Reverencias.)

PEDRO.-¡Gracias!

LUISA.-¡Es un honor!

PEDRO.-¡Tranquilo! Ya falta menos.

ANCIANO.-Si a mí esto. ¡Me divierte! Tiene su encanto.

LUISA.-¡Está siendo muy valiente, señor!

PEDRO.-Yo diría que es usted un héroe!

ANCIANO.-No tanto.

LUISA.-¡Cógele el corazón!

ANCIANO.-¿Van a quitarme mi cartera?

PEDRO.-¡Somos honrados!

LUISA.-Es quitarle su corazón viejo.

(Le coge el corazón)

PEDRO.-¡¡Aquí está!!

LUISA.-¡Qué sucio y arrugado! ¡¡Es muy feo!!

(Con voz senil.)

VOZ DE CORAZÓN VIEJO.-¡Sin insultar! ¡¡Un poco de respeto!!

PEDRO.-Usted perdone.

LUISA.-Fue sin querer.

(Se lo da.)

PEDRO.-Déjalo al lado del otro mientras no lo tiramos a la papelera.

(Asombrado.)

VOZ DE CORAZÓN VIEJO.-¿¿Eh?? ¡A la papelera, no!

PEDRO-¿Cómo vamos a hacer eso?

LUISA.-Cada corazón es como un libro  con su historia. ¡Termina siempre en una elegante biblioteca!

(Lo coloca en una silla al lado de la otra. PEDRO y LUISA los contemplan.)

VOZ DE CORAZÓN.-¿Tú por aquí?

VOZ DE CORAZON VIEJO.-Ya ves. ¡Qué coincidencia!

VOZ DE CORAZÓN.-Hacía tiempo que no veía ninguno.

VOZ DE CORAZÓN VIEJO.-Pues mira que yo… ¡Un siglo!

VOZ DE CORAZÓN.-Es una alegría hablar con alguien de tu especie.

VOZ DE CORAZÓN VIEJO.-¡No te lo puedes figurar!

PEDRO.-¡Qué bien se entienden!

LUISA.-¡Emocionan!

(ANCIANO se incorpora. Para sí.)

ANCIANO.-¡Eso que se preocupen de uno…!

(Sorprendidos.)

PEDRO.-¡¡Usted!!

LUISA.-¡¡Repose!!

(Se levanta.)

ANCIANO.-Voy a dar un paseo.

LUISA.-¡Está sin corazón!

PEDRO.-Le puede suceder algo grave.

ANCIANO.-¿A mí? ¡Es imposible que sufra un infarto!

PEDRO.-¡Recapacite!

LUISA-¡Vuelva al quirófano!

ANCIANO.-¡¡El cuerpo es mío!!

(Mutis corriendo por la izquierda.)

PEDRO.-¡Huyó corriendo!

LUISA.-¡No lo podemos consentir!

PEDRO.-¿Qué hacemos?

LUISA.-¡Ir a por él! ¡Puede andar por sitios deshonestos!

PEDRO.-¡No lo pensemos más! ¡Debemos encontrarle!

(Mutis corriendo de los dos por la izquierda. Riendo.)

VOZ DE CORAZÓN VIEJO.-Me parece que te vas a quedar sin dueño.

(Triste.)

VOZ DE CORAZÓN.-Me hacía tanta ilusión… ¡Tengo muy mala suerte!

(Por la izquierda entra contento ANCIANO. Para sí.)

ANCIANO.-¡Hay una alegría en la calle! ¡Parece una eterna primavera!

VOZ DE CORAZÓN.-¡¡Deseo vivir contigo!!

ANCIANO.-¿Para qué te necesito? ¡Me defiendo muy bien solo!

VOZ DE CORAZÓN VIEJO.-No le hagas ese desprecio.

ANCIANO.-¿Y tú me lo suplicas? ¡Contigo no salía de los cardiólogos!

(Por la izquierda entran extenuados PEDRO y LUISA.)

PEDRO.-¡Esta carrera para no encontrarle!¡¡No puedo más!!

LUISA.-Correr. ¡Correr tanto! ¡¡No puedo con el alma!!

ANCIANO.-¡Cómo exageran ustedes!

(Viéndole.)

PEDRO.-Está ahí.

LUISA.-Con el agotamiento, no veía.

(Sorprendido.)

ANCIANO.-¿También necesitan los ojos para ver?

PEDRO.-Claro.

LUISA.-Es lo sensato.

ANCIANO.-¡Qué lujo! ¡Ustedes precisan todo!

LUISA.-Lo que ha hecho con nosotros…

(Extrañado.)

ANCIANO.-¿¿Yo??

PEDRO.-¡Es de una gran inconsciencia!

ANCIANO.-Sin faltar.

(Acusándole con sus índices.)

PEDRO.-¡¡Usted es un irresponsable!!

LUISA.-¡¡No tiene sentido común!!

ANCIANO.-Por vivir sin corazón… ¡Es la primera vez que oigo semejante cosa!

LUISA.-Las primeras horas, sí. ¡Se resisten!

PEDRO.-Puede, sin ayuda, poner el sudario.

LUISA.-Conducir solo hasta el hogar funerario.

(Orgulloso.)

ANCIANO.-¡Tengo el carné y unas facultades al volante!

LUISA.-Pero después…

PEDRO.-¡Descansa plácidamente en un ataúd!

(Siguen hablando. LUISA coge el corazón viejo.)

LUISA.-Es solo un momento.

VOZ CORAZÓN.-¡No tardes!

LUISA.-Solo es hacerle un electrocardiograma.

(Camina hacia la derecha. Suplicante.)

VOZ CORAZÓN VIEJO.-No me mate. ¡Despiadada! ¡Quiero vivir! ¡¡Me gusta tanto!!

(Mutis de LUISA por la derecha.)

ANCIANO.-Entonces lo mejor será…

PEDRO.-Echarse en la cama de operaciones.

(Rápido.)

ANCIANO.-Está bien. No me gusta llevar la contraria y dejar mal recuerdo.

(Por la derecha entra LUISA y coge el corazón.)

PEDRO.-Y como el agujero ya está hecho…

VOZ DEL CORAZÓN.-¡Me ilusiona vivir en el salón principal de este señor!

(Se lo da.)

LUISA.-¡Toma el corazón! Está garantizado.

PEDRO.-Siempre que no lo rechace…

(Miedoso.)

ANCIANO.-¿¿Eso qué es?

LUISA.-Nada.

PEDRO.-Tranquilo. Dejamos el corazón en el sitio reservado. ¡Dame aguja e hilo!

(Se lo da.)

LUISA.-Toma.

PEDRO.-Gracias. Cosemos

LUISA.-¡Qué bien coses! Eres un maestro.

ANCIANO.-¡Me encuentro mal! ¡¡Muy mal!!

(Muy preocupados.)

LUISA.-¡No se nos muera!

ANCIANO.-Al estar sin corazón y no estar acostumbrado…

PEDRO.-¡Esto ya está!

(Serio.)

ANCIANO.-Parece…

(Se inclinan muy preocupados.)

PEDRO y LUISA.-¿¿No lo supera??

(Se tira con grandes facultades de la mesa de operaciones.)

ANCIANO.-¡¡Esto es vida!!

LUISA.-¡Ha resucitado!

(Mutis por el foro, empujando la cama de operaciones.)

PEDRO.-Como ahora tiene el corazón de un joven muy fuerte, demuestra poseer una gran vitalidad.

ANCIANO.-¡Hace tanto tiempo que no lo hago. ¡Y tengo unas ganas!

(Serio.)

PADRO.-¿De qué?

ANCIANO.-¡De fumar! ¿Tiene un cigarrillo?

(Se lo da, él coge otro y enciende los dos.)

PEDRO.-No debería acostumbrarse. ¡El tabaco es malo para la salud!

ANCIANO.-También los curas hablan en el púlpito y hacen todo lo contario.

PEDRO.-No lo dudo.

ANCIANO.-¿Hacemos gimnasia?

PEDRO.-La hice de joven, pero a medida que pasan los años… ¡Hay que cuidarse!

(Fuman rápidos.)

ANCIANO.-Está riquísimo el cigarrillo.

PEDRO.-¡Ya lo creo!

ANCIANO.-¿Usted sabe echar el huno por la nariz?

PEDRO.-Lo hacía antes y muy bien. Ahora lo saboreo en los pulmones.

(Terminan los cigarrillos y los apagan en un cenicero. Solemne.)

ANCIANO.-La existencia es igual que un cigarrillo.

PEDRO.-Tanto como eso…

ANCIANO.-Un gran deleite que siempre acaba en ceniza.

PEDRO.-Bueno…

(ANCIANO comienza a hacer gimnasia rápida de todo el cuerpo.)

ANCIANO.-¡Yo sin ella no soy nada!

PEDRO.-¡Qué atleta!

ANCIANO.-¡Acompáñeme! ¡No me deje solo!

PEDRO.-Cualquier día.

(Por el foro y sin la mesa de operaciones, entra LUISA.)

LUISA.-¡El trasplantado nos ha nacido un inmenso deportista!

PEDRO.-Todo lo que digamos de él es poco.

ANCIANO.-¡Esto es una insignificancia con todo lo que pienso hacer en la vida!

LUISA.-No sabía…

(Excitado y mirándola.)

ANCIANO.-¡Recorro tu atractivo cuerpo y…!

(Asombrados.)

PEDRO.-¿¿Eh??

LUISA.-¿¿Cómo??

ANCIANO.-¡¡Qué apetecible estás!!

(Molesto.)

LUISA.-Que ya es usted mayorcito.

(Salta.)

ANCIANO.-¡¡Soy como un tigre insaciable!!

(Sonriente e irónica.)

LUISA.-¡Qué miedo!

PEDRO.-Comprendo su alegría al tener un corazón joven, pero en este quirófano y la doctora una señora casada.

ANCIANO.-¡Y a mí que me importa! Yo la veo como una apasionada mujer. ¡Le daría todo mi amor!

(Enérgico.)

PEDRO.-¡¡Caballero!!

LUISA.-Por favor…

(Se acerca a ella.)

ANCIANO.-¿Cómo te llamas, bombón?

LUISA.-Luisa.

ANCIANO.-¡Luisa! ¡Luisa! ¡Precioso nombre para que el viento te llevase en sus alas.

PEDRO.-Dice unas cosas…

(De rodillas con las manos juntas.)

ANCIANO.-¡Luisa! ¡Mi corazón late aceleradamente!

LUISA.-¡Oh!

PEDRO.-Hemos realizado muy bien el trasplante.

ANCIANO.-¡Te lo suplico! ¡Dame tu cariño! ¡¡Hazme el hombre más dichoso del mundo!!

(Tajante.)

LUISA.-¡¡No!!

(Se levanta decidido.)

ANCIANO.-¡¡Amor mío!!

PEDRO.-¡Deje de insistir!

(Se echa en sus brazos.)

LUISA.-¡¡Mi vida!!

(En voz baja.)

PEDRO.-¡No!

LUISA.-¡Te quiero como no he querido a ninguno!

ANCIANO.-¡Eres todo para mí!

(Sorprendido y en voz baja)

PEDRO.-Pero…

LUISA.-¡En ti he encontrado al hombre de mis sueños!

ANCIANO.-Me sentía tan solo desde que ella se fue a un viaje sin regreso.

PEDRO.-Tengo que irme.

ANCIANO.-Por mí… ¡No me molesta!

LUISA.-¡Tampoco es para tanto!

PEDRO.-Es que yo…

ANCIANO.-¡¡No le hagas caso!!

LUISA.-¡Hombre! Hacerle un desprecio…

PEDRO.-Si a mí…

(Ofreciéndole los labios.)

LUISA.-¡¡Bésame fuerte!!

(Lo hace.)

LUISA.-¡Qué labios tan ricos!

ANCIANO.-¡¡Más!! ¡¡Más!!

(Lo besa fuertemente.)

LUISA.-¡¡Ay!!

ANCIANO.-¡¡No te pares!!

(Mirando su reloj de pulsera y cronometrando.)

PEDRO.-Un minuto, dos, cinco, diez, veinte, media hora…

(Se separan y deja de cronometrar.)

ANCIANO.-¿Adónde vamos?

LUISA.-¡Al fin del mundo!

PEDRO.-Creo que estorbo.

(Mutis por la derecha. Se cogen de la mano.)

ANCIANO.-Será hermoso llegar a él.

LUISA.-¡Nos aguarda el futuro!

(Mutis así por el foro. Por la derecha entran PEDRO, que quitó la bata, y CRISTINA, que viste de ropa de casa. Se besan.)

PEDRO.-Tengo un apetito.

CRISTINA.-¡Ideal! ¿Qué tal la mañana? ¿Mucho trabajo?

PEDRO.-Nos tocó a Luisa y a mí un trasplante de corazón de lo más extraño.

CRISTINA.-¿Qué os sucedió?

PEDRO.-Trasplantamos a un señor de unos cien años, más o menos, el corazón de un joven motorista. ¡Ya me dirás para qué prefiere vivir tanto!

CRISTINA.-Hoy, cien años no es nada. ¡La ciencia trabaja para que apaguemos las velitas a los trescientos! ¡¡Y nos toquen la Marcha Real!! Hay casos. ¡Es para animarse!

PEDRO.-Si están tan enamorados y dichosos como nosotros dos. Por mí…

CRISTINA.-Me encantaría antes de añorar el uno al otro. A los trescientos, estás más preparado.

PEDRO.-¡Es, dígase lo que se diga, es la mejor edad!

CRISTINA.-Me imagino que saldría el trasplante perfecto.

PEDRO.-¡No te lo puedes imaginar! Así que le quitamos el corazón viejo, andaba como lo más normal.

CRISTINA.-¡Es lo correcto! La naturaleza actúa así. Nos enseña a caminar con los pies, pero nunca con el corazón.

PEDRO.-Así que hicimos el trasplante… ¡No te lo imaginas! Unas carreras… ¡Parecía que iba a ganar un maratón!

CRISTINA.-Si se tienen condiciones…

PEDRO.-Lo malo es cuando se fijó en Luisa.

CEISTINA.-¿Qué le dijo?

PEDRO.-¡Infinidad de piropos!

CRISTINA.-Como todo hombre de buen gusto.

PEDRO.-Él puede ser su bisabuelo.

CRISTINA.-No existe edad para el ardor de un corazón.

PEDRO.-Si terminase todo en eso…

CRISTINA.-¿No me digas que se desmelenó?

PEDRO.-¡Totalmente! Besos, abrazos, querían ir juntos a un lugar cercano.

CRISTINA.-Es lo que procede. Lleva muchos años soportando las humillaciones de su marido

PEDRO.-Eso me contó.

CRISTINA.-Y si le surge uno vigoroso… ¡Es natural que lo aproveche!

PEDRO-Yo, contemplando todo eso, estaba cohibido. Compréndelo. Es natural y me despedí de ellos.

CRISTINA.-¡Muy mal hecho! Debiste animarlos, aplaudirles, cohetes, fuegos artificiales, que se uniesen a este homenaje todos los que pasaban, rifar una muñeca.

PEDRO.-No se me pasó por la imaginación. ¡Perdona! Otro día.

CRISTINA.-Las cosas sensatas que tienes todavía que aprender. Vamos a comer.

PEDRO.-¡Con mucho gusto!

CRISTINA.-Te he puesto ocho platos.

PEDRO.-¿Llenos?

CRISTINA.-Es que si los comes vacíos, te pueden sentar mal.

(Mutis de CRISTINA y PEDRO por la derecha. Por el, foro entran ensimismados y cogidos de la mano, LUISA y ANCIANO. Ella dejó la bata blanca. Suspiran.)

LUISA.-¡Qué gran corazón tienes!

ANCIANO.-¡No me quejo!

LUISA.-¡Ha sido sublime!

ANCIANO.-¡Maravilloso!

LUISA,.Ya no me acordaba.

ANCIANO.-Puedes presumir de una gran memoria.

LUISA.-¿Tú crees?

ANCIANO.-Las demás a tu lado, padecen de Alzheimer.

LUISA.-No es para tanto.

ANCIANO.-Pues me has regalado un corazón a la medida.

(PAUSA.)

LUISA.-Dime que nunca me engañarás con otra.

ANCIANO.-Mujer… Es de mala educación despreciar los caprichos una dama.

LUISA.-Tendrás tantas a tus pies.

ANCIANO.-¡La vida comienza cada día!

(Entusiasmados.)

LUISA.-¡¡Aprovechémosla desde la salida del Sol!!

ANCIANO.-¡¡También desde su ocaso!!

(Suena un vals de Strauss.)

LUISA.-¡Bailemos!

ANCIANO.-¡Perdámonos entre las olas de Strauss!

LUISA.-¡Siempre!

ANCIANO.-¡Cada ser inventa el tiempo!

(Por la izquierda, entra PEDRO. Coge la bata. Cesa la música y se paran. Van rápidos hacia él.)

LUISA.-¡¡Fue sublime!!

ANCIANO.-¡¡Un obra de arte!!

PEDRO.-Mi más sincera enhorabuena.

LUISA.-¡Gracias!

ANCIANO.-¡Eres un doctor muy comprensivo!

PEDRO.-¡Feliz luna de miel!

LUISA.-Me encuentro muy triste, Pedro.

(Extrañado.)

PEDRO.-Cuando entré estabas dichosa. Cambiar tan pronto…

LUISA.-¡No sabes lo que acaba de decirme!

PEDRO.-No creo que pueda adivinarlo.

LUISA.-Que seguirá conmigo, pero si encuentra otra que le atraiga… ¡Debo comprenderlo! ¡¡Tiene tanto éxito con todas!!

ANCIANO.-¿Acaso tengo yo la culpa? ¡Ha sido la naturaleza!

(Llora.)

LUISA.-¡Tengo una suerte! Creía que iba a alcanzar la felicidad y cuando estaba cerca de mi mano… ¡Huye de mí! ¡¡No quiere saber nada conmigo!!

PEDRO.-No soy nadie para dar consejos.

LUISA.-¡¡Lo tengo decidido!!

PEDRO.-¿Qué vas a hacer?

LUISA.-¡¡Dejarle ahora mismo!!

PEDRO.-Las decisiones rápidas…

(A ANCIANO.)

Dígale usted algo. Piense que sufre mucho!

ANCIANO.-¿Qué culpa tengo yo? Me dedico a romper corazones, no a recoger los trozos.

(Confuso.)

PEDRO.-Yo…

(Derrotada.)

LUISA.-¡Cuánta maldad jugar con los sentimientos de una!

ANCIANO.-¡Gracias por el regalo de este gran corazón! ¡¡Es único!!

PEDRO.-Que lo disfrute por muchos años.

(Muy triste.)

LUISA.-¡Que sola me dejas!

ANCIANO.-¡¡No me hagas escenas!!

(Mutis rápido por el foro. PEDRO y LUISA se miran serios. Por el foro, entra rápido ANCIANO.)

Si estoy en un momento… ¡Ya me ha surgido otra!

(Mutis rápido por el foro. Sonrientes.)

PEDRO y LUISA.-¡Enhorabuena!

LUISA.-En las parejas, nunca se sabe si es mejor dejarse o continuar.

PEDRO.-Yo no tengo ese problema.

LUISA.-¿Seguro?

PEDRO.-¡Sí!

(Ponen sus batas blancas.)

LUISA.-Pronto tendré consulta.

PEDRO.-Y yo la visita diaria a los pacientes.

(Mutis por la izquierda de LUISA, Queda ensimismado. Se oye la música de “Y quién es él?”. Para sí.)

¡¡No!! ¡¡No!! ¡¡No!! ¡¡Cristina siempre me será fiel!!

(Marca en el móvil)

VOZ DE CRISTINA.-¿Diga?

(CRISTINA, entra por la derecha y se queda delante del término con otro móvil.)

PEDRO.-Cristina… Soy yo, Pedro, tu marido.

CRISTINA.-Te he reconocido por la voz. Dime.

PEDRO.-Era para decirte. No sé. No me atrevo.

CRISTINA.-¿Qué te pasa? Te encuentro muy nervioso.

PEDRO.-Perdona. Ahora no recuerdo.

CRISTINA.-Normal. Sería algo insignificante. No tardarás en evocarlo.

PEDRO.-¡Ya ha regresado a mi memoria!

CRISTINA.-¡Cuenta! ¡Cuenta!

PEDRO.-Tú y yo hacemos una pareja ideal.

CRISTINA.-Nunca ha habido motivo para seamos de otra manera.

PEDRO.-¿Querría preguntarte una cosa?

CRISTINA.-Tú dirás.

PEDRO.-¿Me has sido siempre fiel?

(Molesta.)

CRISTINA.-¡Me molesta tu desconfianza! ¡No soy una cualquiera!

PEDRO.-Perdona. Yo…

CRISTINA,-¿Es que no tienes trabajo o prefieres perder el tiempo?

(Cuelga seria. Ruido del móvil que desaparece al hacer mutis por la derecha. Guarda su móvil. Para sí.)

PEDRO.-¡Me ha colgado! Pienso que jamás me debí comportarme así. ¡No lo merece!

(Por el foro muestra su cabeza sonriente y guapa LUISA. Bata de médica.)

LUISA.-¡Hola!

(Confuso.)

PEDRO.-Luisa…

(Por el tercero izquierdo, muestra su cabeza sonriente LUISA.)

LUISA,-¿Estás triste?

PEDRO.-No.

(Por el tercero derecho, muestra su cabeza sonriente LUISA.)

LUISA.-Parece…

PEDRO.-¡Qué va!

(Por el primero derecho, muestra su cabeza sonriente LUISA.)

LUISA.-¿Seguro?

PEDRO.-Sí.

(Por el segundo izquierda, muestra su cabeza sonriente LUISA.)

LUISA.-¡Anímate!

PEDRO.-Lo estoy

(Por el segundo derecho, muestra su cabeza sonriente LUISA.)

LUISA.-Sonríe.

PEDRO.-Ahora…

(Para sí.)

Pero esto… ¡No lo comprendo! Soy serio y estas cosas de Luisa… ¡Tan extrañas en ella! No la entiendo. Es como si se convirtiese en otra. ¡No era así! ¿Por qué reacciona de este modo?

(Por el segundo izquierda, entra LUISA. No trae la bata. Viste elegante y atractiva.)

LUISA.-Hola.

(Nervioso.)

PEDRO.-Hola…, Luisa…

LUISA.-Te veo nervioso. ¿Tienes algún problema?

PEDRO.-No, ninguno.

LUISA.-Siempre tan seguro de ti mismo.

PEDRO.-¡Y… lo sigo estando!

LUISA.-Si tú lo dices…

(PAUSA.)

PEDRO.-Me sorprendió lo de antes.

LUISA.-¿A qué te refieres?

PEDRO.-Si… Fue hace un momento.

LUISA.-Como no te expliques mejor.

PEDRO.-¿Es… que… ya lo has olvidado?

LUISA.-Yo… ¿El qué?

PEDRO.-¡Sinceramente! ¿A qué venía todo eso? ¡No veo su lógica!

(Muy molesta.)

LUISA.-¡Por favor! ¡¡Sigo sin entenderte!!

PEDRO.-Mostrar tu cara sonriente por todos los rincones en que me hallaba.

(Muy sorprendida.)

LUISA.-¿¿Yo…??

PEDRO.-¡¡Sí, tú!!

(Extrañada.)

LUISA.-Pero tú… ¿¿Duermes bien??

PEDRO.-¡Afortunadamente, sí! No tengo nada que ocultar.

LUISA.-¡Ni yo! Decir que una...

PEDRO.-Si en el Congreso se habla ante luz y taquígrafos, en una obra de teatro, los actores deben interpretar su texto y no cambiarlo.

LUISA.-¡Digo lo que escribió su autor!

PEDRO.-¡No es cierto!

(Hastiada,)

LUISA.-Hablemos de otra cosa. ¡Sufres alucinaciones!

(Resignado.)

PEDRO.-¡Está bien! Las sufriré.

(Se miran serios. PAUSA.)

Vistes… Muy elegante. Estás… Muy guapa.

(Seria.)

LUISA.-Gracias.

PEDRO.-¿Vas a alguna fiesta?

LUISA.-En realidad, voy a acudir a la mía.

PEDRO.-¿Conozco el motivo?

LUISA.-Hemos hablado tantas veces de él.

PEDRO.-¿Lo has dejado?

LUISA.-¡Sí!

PEDRO.-Siempre te he dicho que en las parejas nunca se sabe si es mejor romper que continuar.

(Dichosa.)

LUISA.-¡Esto es como volver a nacer. Liberarte de un mundo que te oprimía y torturaba. ¡Ser yo misma!

PEDRO.-¿El trasplantado?

LUISA.-Una huida sin una base.

(Contento.)

PEDRO.-¡Esto hay que celebrarlo!

LUISA.-Disculpa. ¡Otro día! Tengo una ocupación.

(Mutis por el foro. Queda pensativo. Para sí.)

PEDRO.-¡No entiendo nada! Aquella canción que me torturaba: “Es un ladrón que lo ha robado todo”. Ha desaparecido de mí como si mis sentimientos estuviesen vacíos y ahora… ¡No! ¡No puede ser! Amo a Cristina y Luisa sigue siendo la buena y eficaz compañera de la profesión. ¡Claro que sí! Algunos dicen: Quiero a mi mujer, pero también a la otra. ¡Eso es absurdo! ¿Cómo se van a quererse a dos al mismo tiempo? ¿Van a tener un harén? Ella es una buena profesional de la cirugía como yo. Somos amigos nada más. ¡No voy a perder a la mía por otra! Le vino bien abandonar al marido que la vejaba continuamente. Ahora es otra. Está distinta como si resucitase a la vida. Incluso… ¡La veo muy atractiva!

(Lleva las manos a la cabeza.)

¡No! ¡Huid de mi cabeza pensamientos que eclipsáis mi mente! ¡¡No me torturéis más!! ¡¡Dejadme!! ¡¡Salid de mi libre yo!!

(Retira las manos de la cabeza.)

¡Era tan feliz antes! Me encuentro como si me hubiesen atrapado en una ratonera. Recuerdo cuando me acostaba y dormía feliz toda la noche. Ahora… ¡Me es imposible conciliar el sueño! Pasan las horas, una tras otra, y me resulta imposible cerrar los ojos para dormir relajado, para realizarme al día siguiente. Actualmente, suena la una, las dos, las siete. ¡Nada! Unos pensamientos tan extraños… Me tiemblan las manos con el bisturí. En la oscuridad de la noche, pienso en ella. ¡Estoy deseando verla! Nunca me había sucedido. ¿Verla? Sería mejor que trabajase en otra clínica. ¡No la vería más! Perdería, eso sí, sus gratos momentos de conversación que me divertían y ahora son sonrisas agridulces. Claro que para dejar de verla… ¡Tendría que matarla! ¡¡Qué horror!! Ser un machista asesino. ¡Liberar mi mente para que nazca una nueva tortura en la cárcel! ¡¡Y encima las feministas te acusan!! No tengo salida.

(Mira al reloj.)

¡La hora!

(Quita y deja la bata.)

Voy hasta casa.

(Por el segundo derecho, entra CRISTINA.)

CRISTINA.-Hola, Pedro. ¿Qué tal?

PEDRO.-Bien…

(Se besan.)

Me dijo Luisa…

CRISTINA.-¿Qué?

PEDRO.-¡Al fin de separó del marido.

CRISTINA.-¡Era lo que procedía! La pobre…

PEDRO.-Si fuese un adúltero, es solo un comentario, ¿me dejarías?

CRISTINA.-Como comprenderás, si recibiese de ti una bofetada… ¡No iba a poner la otra mejilla!

PEDRO.-Claro. Es natural. ¡Lo que ha cambiado desde que se dejaron. ¡Es otra! Tan bella…

CRISTINA.-Las viudas y, a veces, las divorciadas, mejoran todas.

(Celoso.)

PEDRO.-¡No quiero que te mueras ni que me dejes nunca!

CRISTINA.-Confía en mí, pero lo de morirme… ¡No soy inmortal!

PEDRO.-Hay hombres, ¡no lo digo por mí!, que desean que se mueran sus mujeres.

(Sonriendo.)

CRISTINA.-¡Tampoco ellas son mancas! ¡¡Y no lo digo por mí!!

(Aliviado.)

PEDRO.-¡Ah! Qué suerte tan grande tengo, amor.

(Queda pensativo. Lo mira. PAUSA.)

CRISTINA.-¿En qué piensas?

PEDRO.-En… nada. De verdad.

(Sonriendo.)

CRISTINA.-Así ahorras las neuronas.

PEDRO.-Tenía que decirte… ¡Nada! Es una tontería.

(Seria.)

CRISTINA.-¿Qué te sucede?

PEDRO.-Luisa, está extraña.

CRISTINA.-Motivos tiene.

PEDRO.-No es por el que dejó sino por mí.

CRISTINA.-¿Por ti?

PEDRO.-Sí. Aparece sonriente por todos los sitios. Dice que alucino. Me mira insinuante con sus trajes provocativos. ¡Antes no era así!

CRISTINA.-Cada una…

PEDRO.-A veces… me siento atraído por ella.

CRISTINA.-¿¿Sí??

PEDRO.-¡No pienses mal! ¡Yo te quiero nada más que a ti!

CRISTINA.-¡Ja, ja, ja! ¡Toda una declaración!

PEDRO.-La realidad es que me ha trastornado. ¡No la saco de la mente! ¿Qué hago, Cristina? ¿¿Qué hago para no perderte??

CRISTINA.-Trátala con naturalidad como siempre. Es una gran chica y siempre habéis sido buenos compañeros.

PEDRO.-¿Te ha parecido mal lo que te dije?

CRISTINA.-¿A mí? ¡En absoluto!

(Por el segundo derecho, entra pensativo PEDRO. Pone la bata. Para sí.)

PEDRO.-Parece que me he liberado. ¡Qué comprensiva es Cristina!. Sin embargo, mi mente sigue sin liberarse. ¿Por qué será? ¿Qué es esto que me sucede? ¡No acabo de comprenderlo!

(Por el foro, entra LUISA. Viste sexy.)

LUISA.-Hola, cómo estás.

PEDRO.-Bien… Muy bien. No tengo motivos para hallarme mal.

LUISA.-Eso creo. ¿Acierto?

PEDRO.-¡Totalmente!

LUISA.-Así que de médico de guardia.

PEDRO.-Cuando toca… Lo peor son las noches. ¡Se hacen interminables!

(Nervioso.)

LUISA.-¿Acaso padeces de insomnio?

PEDRO.-¡Qué va! Me refería cuando toca guardia. Si hay trabajo, te cansas sin dormir. Si no lo hay, tardan tanto en pasar las horas en vela.

LUISA. Es cierto. que…te ayuda el trabajo y en el caso de no haberlo… Puedes pensar en cosas bellas. Yo lo hago. Aunque me ves como una mujer con pasado… ¡Soy tan romántica!

PEDRO.-Me considero sensible, pero lo romántico… Ya estoy muy lejos de la edad del pavo.

LUISA.-Algunos llegan a la madurez sin dejar la adolescencia.

PEDRO.-¡Es su problema!

LUISA.-¿Te gustaría dejar el pasado?

PEDRO.-Pongamos unos años menos sin dejar de ser yo ni perder lo que tengo.

LUISA.-¿Quitarte años? ¡No lo precisas! ¡¡Estás en lo mejor de tu vida!! Te veo guapísimo.

PEDRO.-Gracias, Luisa. ¡Eres muy galante!

LUISA.-¿Te han pasado aquellas alucinaciones en las que te aparecía sonriente.

PEDRO.-Sí. Afortunadamente ya no las tengo.

LUISA..-Ya no las tienes. ¿Eso quiere decir que las tuviste?

(Perdiendo el control.)

PEDRO.-¡No! ¡Qué va! ¡Nunca me pasó eso! Posiblemente lo hubiese soñado. Para mí… ¡Eres solo una gran amiga! ¿Te parce poco?

LUISA.-Según se mire.

PEDRO.-¡Es la sana amistad lo que siento por ti!

LUISA.-¿Nada más?

PEDRO.-Otra cosa…

(Coqueta.)

LUISA.-¿Nunca has ido al oculista?

PADRO.-No.

LUISA.-¿Nunca has mirado para mí?

PEDRO.-Sí.

LUISA.-¿Qué te parezco?

PEDRO.-Me gustas, eres muy atractiva. ¡Que quede claro! Siempre como amiga.  

LUISA.-Los hombres no sabéis guardar un secreto de vuestras conquistas.

PEDRO.-¡No soy un conquistador!

LUISA.-Por el contrario, las mujeres somos tan discretas.

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿Qué quieres decir con eso?

(Molesta.)

LUISA.-¡¡Más claro, agua!!

(Asombrado.)

PEDRO.-¡¡No es para incomodarse!!

LUISA.-¡¡Tus dudas!

PEDRO.-Hablas  de una forma.

LUISA.-Intento explicarte que me gustas, me fascinas. Te lo pongo muy fácil.

PEDRO.-Es que yo…

LUISA.-¡No voy a escribirte una instancia! Actualmente, ¡¡no estoy tan necesitada!! Y si quisiera…

(Accionando.)

¡¡Los tengo así!!

PEDRO.-¡Quieres que me pierda para siempre! Tu comportamiento…

LUISA.-¿Es que buscas que todas se pongan de rodillas para suplicarte que te acuestes con ellas?

PEDRO.-Si yo estoy enamorado de mi mujer. Bueno, estaba.

LUISA.-¿Ya ha muerto ese amor?

PEDRO.-¡No!

LUISA.-¿Entonces…?

(Muy molesto.)

PEDRO.-Es que tú me vuelves loco con tu forma de ser.

LUISA.-Pobrecito.

PEDRO.-Te he dicho y te repito, una vez más, que quiero ser tu amigo.

LUISA.-Para jugar al aro.

PEDRO.-¡La amistad es sublime!

LUISA.-¡¡Me importa tu amistad!! ¡¡Nada!! ¡¡Un cero a la izquierda!!

PEDRO.-¡¡No seas así, Luisa!!

LUISA.-¡¡Haz el favor de no molestarme!! ¡¡ No quiero saber nada contigo!!

(Mutis rápido por la izquierda, Por la derecha, entra CRISTINA.)

CRISTINA.-¿Qué haces con la bata en casa?

PEDRO.-Necesitaba hablar contigo. Con las prisas y al estar de guardia, me olvidé de quitarla.

(Sonriente.)

CRISTINA.-¿Cómo van esos amores? ¿Hablaste con ella?

(Triste.)

PEDRO.-Sí…

CRISTINA.-¡Muy bien! Ya ves qué fácil ha resultado todo. Así volveréis a ser como antes y tendrás nuevamente la tranquilidad que precisas.

PEDRO.-Si  todo hubiese resultado así, ¡se puso como una fiera.

CRISTINA.-A toda mujer le gusta ser halagada. Es posible que te haya cogido afecto con los años y si explicaste mal lo de la amistad…

PEDRO.-Yo le hablé con sinceridad y ahora… ¡he perdido su amistad! ¿Cómo la recupero?

CRISTINA.-¿Significa tanto para ti?

PEDRO.-¡Nada!

CRISTINA.-En ese caso, vive como si no la hubieses conocido.

PEDRO.-¡Son años trabajando con ella!

CRISTINA.-¡Olvídala!

PEDRO.-¡No puedo!

CRISTINA.-¿Es que la prefieres a mí?

PEDRO.-¡Por favor! Tú eres mi mujer. ¡Te amo como a ninguna!

CRISTINA.-¡Lo sé!

PEDRO.-Ella es una amiga muy competente que me ayudó mucho tiempo en el trabajo.

CRISTINA.-¡Eso solo crea seguridad y afecto!

PEDRO.-No te lo discuto, pero comportarse así…

CRISTINA.-Pídele disculpas. Has tenido un mal día. Volverá a ser razonable.

PEDRO.-¡Imposible!

CRISTINA.-Antes de llegar a tener tus definitivas calabazas. ¿Cómo transcurrió la conversación?

PEDRO.-¡Me da vergüenza contarlo!

CRISTINA.-¿No desconfiarás de mí?

PEDRO.-¡Me ofenden tus dudas! Para mí, eres todo.

(Sonriente.)

CRISTINA.-Necesitas tanto contármelo…

PEDRO.-¡No me atrevo!

CRISTINA.-¡Dímelo o yo también te dejaré!

(Asustado.)

PEDRO.-Pero yo… ¿Qué delito he cometido para que me dejéis solo las dos?

(Sonriente.)

CRISTINA.-Ninguno.

PEDRO.-Cada vez te entiendo menos. ¿Aprovechas mi inseguridad para abandonarme e irte con otro?

CRISTINA.-¡Me ofendes!

PEDRO.-Disculpa. Este momento…

CRISTINA.-¡Pareces un niño!

PEDRO.-¡¡Soy muy hombre!!

CRISTINA.-¡¡Pues contesta a lo que te he preguntado!!

(Entusiasmado.)

PEDRO.-Ella esta preciosa con su traje,

CRISTINA.-No lo dudo.

PEDRO.-La piropeé.

CRISTINA.-Muy cortés.

(Nervioso.)

PEDRO.-De pronto e inesperadamente, me dice que los hombres, por sus conquistas, somos unos presuntuosos y en las mujeres muere la aventura con ellas.

CRISTINA.-Es verdad.

PEDRO.-Como comprenderás y al escuchar esas palabras, eran como un puente que había surgido entre ella y yo.

CRISTINA.-¡Así se las ponían a Fernando VII!

PEDRO.-Callé.

CRISTINA.-Lo suponía.

PEDRO.-Sus fantasías y excitaciones, le obligaron a decirme…

(Autoritaria)

CRISTINA.-¿¿Qué??

(Llevándose las manos a la cabeza.)

PEDRO.-¡¡Deseaba hacer el amor conmigo!! Yo pensé en ti. ¡No te engañaría por nada del mundo!

CRISTINA.-¡¡Muy mal!!

(Confuso.)

PEDRO.-¿Muy mal? ¿Es que deseas un fotógrafo para estar libre?

CRISTINA.-No fabules.

PEDRO.-Es que tus respuestas…

CRISTINA.-Luisa, sufrió mucho en el matrimonio y con el trasplantado… ¡Sé generoso!

PEDRO.-¡Allá ellos! Actualmente, quiero la amistad con Luisa.

CRISTINA.-Y si te propone lo de antes… ¡Acepta!

PEDRO.-¿Me das tu permiso?

CRISTINA.-¡Naturalmente!

PADRO.-Lo mío es muy difícil…

CRISTINA.¡Tampoco es ir a una guerra!

PEDRO.-Si me acompañases…

(Malhumorada.)

CRISTINA.-¡Era lo que me faltaba!

(Mutis por la derecha. Pensativo y triste.)

PEDRO.-Cristina no me quiere como yo a ella. Lo menos que debería hacer es estar conmigo en este instante tan doloroso para mí.

(Por el segundo derecho, entra seria LUISA. Bata blanca. Va hasta el primer término. Va hacia ella.)

PEDRO.-Luisa.

(Calla sin mirarle. Alza la voz.)

¡Luisa!

(Reacciona igual.)

¡¡Luisa!!

(Sin mirarle.)

LUISA.-¿Es a mí?

PEDRO.-No creo que hayas cambiado de nombre.

(Molesta.)

LUISA.-¡Te he dicho que no quiero saber nada contigo! ¿¿Te enteras??

PEDRO.-¿Por qué? Yo no te he hecho nada.

LUISA.-¡Qué calvario!

(Mutis por la izquierda. Para sí y lloroso.)

PEDRO.-No hay nada que hacer con ella. ¡Qué mala suerte la mía! ¡¡Soy muy desgraciado!!

(Por la izquierda, entra LUISA y va lenta al centro de la escena. La sigue rápido.)

¿Tenemos trasplante hoy?

LUISA.-Sí. Una de hígado de ciento diez años. Si no hay rechace, ¡puedes conquistarla!

PEDRO.-A mí una trasplantada de esa edad… ¡No me va!

LUISA.-¡Me tiene sin cuidado que te vaya o no! ¿Cómo voy a decirte que, fuera de las cosas del trabajo, no quiero que hables conmigo?

PEDRO.-¡Yo te quiero! ¡¡Estoy enamorado de ti!!

LUISA.-¡¡Pierdes el tiempo!!

PEDRO.-¡¡No rechaces a mi afligido corazón!!

LUISA.-¿¿Cómo no voy a rechazar a un corazón que solo suspira por su esposa??

PEDRO.-¡Eso esa antes!

LUISA.-¿¿Cuándo??

PEDRO.-¡Hace tiempo! Durante nuestra convivencia profesional, mis sentimientos fueron paulatinamente cambiando hasta que me hizo olvidar a ella y desearte solamente a ti. ¡Ah! Ha sido un proceso muy duro y doloroso. ¡He enfermado con él!

LUISA.-¡Batallitas de un adolescente!

PEDRO.-¡No me consideres inmaduro! ¡Soy el hombre ideal para ti! ¡¡Me necesitas!!

LUISA.-¿¿Tú?? ¡En absoluto!

PEDRO.-¡Mis ilusiones se derrumban como un castillo de naipes!

(Despreciativa.)

LUISA.-Allá tú.

(PAUSA. Muy celoso.)

PEDRO.-¿¿Hay otro en tu vida??

LUISA.-Puede. No los conté.

PEDRO.-Hablas con una frivolidad…

(Se encoge de hombros.)

LUISA.-¿Te importa eso?

PEDRO.-Si lo hubiese… ¡Te lo juro! ¡¡Lo mato!!

LUISA.-Ir por mí a la cárcel y alternar con los prisioneros… ¡No me parece apropiado para ti!

PEDRO.-¡Tampoco es apropiado que me contases, todos los días, las vejaciones de tu marido y te aconsejase!

(Maternal.)

LUISA.-En eso, tienes razón.

PEDRO.-Menos mal.

(PAUSA.)

LUISA.-¿Estarías dispuesto a divorciarte de tu mujer y casarte conmigo?

PEDRO.-¡Eso es imposible!

LUISA.-Ya empiezas a crear inconvenientes. ¡Sigue con ella y sé muy feliz! Tú lo que buscas conmigo…

PEDRO.-¿Cómo voy a divorciarme de ella si no estoy casado?

(Ilusionada.)

LUISA.-¿¿Sois pareja nada más??

PEDRO.-Sí.

LUISA.-¿¿Te casarías conmigo??

PEDRO.-A mí los curas… ¡¡Que se casen ellos!!

LUISA.-Me refiero a una boda civil.

PEDRO.-¡¡Encantadísimo!!

LUISA.-¡Tú y yo siempre juntos!

PEDRO.-¡Hasta que la muerte nos separe!

(Suspirando.)

LUISA.-¡¡Ay…!!

PEDRO.-¿Te entregarás a mí?

LUISA.-Soy tan romántica. Cuando el juez nos declare marido y mujer y, en el banquete lo pasemos muy bien y desaparezcamos antes del final.

PEDRO.-¡Esto es absurdo! Viví libremente con una mujer y ahora… ¿Tengo que vestirme de etiqueta para tener relaciones?

LUISA.-Tienes razón. ¡Qué lapsus! Con el futuro que nos espera, amor mío, me has puesto tan nerviosa.

PEDRO.-Relájate, tranquilízate, porque tomar antes  un tazón de tila resulta muy poco poético.

LUISA.-¡Siempre te he querido!

PEDRO.-¡Y yo a ti!

LUISA.-El trabajar juntos, el nacimiento de la amistad, el amor que surge…

PEDRO. Por más que luché, me resultaba imposible huir.

LUISA.-¡Me sucedía lo mismo!

(La coge por las caderas.)

¿Qué sientes por mí?

PEDRO.-¡Amor!

LUISA.-¿No serás un juguete de tu mujer?

PEDRO.-¡Me ofendes!

LUISA.-No lo tomes a mal.

PEDRO.-Siempre me gustaste, congeniamos, pero así que te hicieron la cirugía estética y empezaste a vestir de otra manera. ¡Te convertiste en una diosa!

(Entusiasmada.)

LUISA.-¿¿De verdad??

PEDRO.-¡No lo dudes!

LUISA.-¡¡Bésame!!

(Se acerca a ella y la besa..)

PEDRO.-¡¡Cariño!!

LUISA.-¡¡Vida mía!! ¡¡Qué bien saben tus labios!! Ahora…

PEDRO.-¿¿Qué??

LUISA.-¡¡Abrázame con tus tres fuertes brazos!!

PEDRO.-¡No soy un pulpo!

LUISA.-Antes los tenías y presumías de ellos.

PEDRO.-¡Es verdad! Como fui a la guerra…

LUISA.-¡Deberían prohibirlas.

PEDRO.-¡Se acabarían los mancos!

LUISA.-¡No soy exigente! ¡¡Me conformo con los dos!!

(La abraza y besa muy fuerte)

PEDRO.-¡¡Te quiero como no he querido a ninguna!!

LUISA.-¡Lo sé! ¡¡Sigue!! ¡¡Sigue!!

PEDRO.-¡¡Apura!! ¡¡Vamos a mi casa!!

(Confusa.)

LUISA.-¿Cómo vamos a ir a tu casa si está tu mujer?

PEDRO.-¡Es cierto! Un error al desearte tanto…

LUISA.-¡Vamos a la mía!

(La coge rápido del brazo.)

PEDRO.-¡¡Lo estoy deseando!!

OSCURO

(Se hace la luz. En el centro  de la escena. Se encuentran felices PEDRO y LUISA.)

LUISA.-¡Qué grande eres!

PEDRO.-No es para tanto.

LUISA.-Siempre tan humilde…

PEDRO.-Cada uno hace lo que puede.

LUISA.-¡Eres un amante fuera de serie!

PEDRO.-Tantos elogios…

LUISA.-¡Digo la verdad!

(Cohibido.)

PEDRO.-Se agradece.

LUISA.-Con un hombre como tú, es para dar la vuelta al mundo.

PEDRO.-¡Es grande!

LUISA.-Dime que nunca habrá otra mujer en tu vida.

(Se muestra agotado.)

PEDRO.-Yo…

LUISA.-¿Qué te ocurre?

PEDRO.-Tanto esfuerzo… ¡Estoy muy cansado!

(Autoritaria,)

LUISA.-¡¡No te mueras de amor!!

PEDRO.-Tendrías que velarme.

LUISA.-Es que apasionarme con un cadáver…

PEDRO.-Hay gustos.

(Enérgica.)

LUISA.-¡Te prohíbo que te mueras!

PEDRO.-Lo intentaré

LUISA.-¡No es tan difícil!

PEDRO.-Con buena voluntad…

(Se miran serios. PEDRO está muy nervioso. PAUSA.)

LUISA.-¡Estás temblando! ¿Qué te ocurre?

PEDRO.-No sé…

LUISA.-Así que reposes, volverás a ser un gran felino.

PEDRO.-¡No creo!

LUISA.-Tu reacción…

PEDRO.-Siento mi cabeza revuelta.

LUISA.-¿Hay otra en tu vida?

PEDRO.-Hubo…

(La coge de la mano. Por la derecha, entra CRISTINA.)

CRISTINA.-¡Qué dos tortolitos!

(Se suelta y corre ilusionado hacia ella.)

PEDRO.-¡¡Cristina!!

(Tajante.)

CRISTINA.-¡No se te ocurre tocarme! ¡¡Vuelve a ella!!

(Va hacia ella.)

PEDRO.-¡Luisa!

(Lo empuja hasta CRISTINA,)

LUISA.-¡¡No!!

PEDRO.-¡Cristina!

(Lo empuja hasta LUISA.)

¡Luisa!

LUISA.-¡Ven a mí!

(Por el primero derecho, entra corriendo ANCIANO. LUISA corre detrás y hacen mutis por el foro.)

VOZ DE LUISA.-¡¡No corras tanto!!

(Se abrazan.)

PEDRO.-¡Al fin solos, amor mío! ¡Ella ha dejado de atraerme! ¡¡He vuelto a ser yo!!

CRISTINA.-¡¡La crisis de los cincuenta suele ser tan peligrosa!!

(Rápidamente cae el telón.

La Coruña, 3 de mayo de 2,020

FINAL DE “UN ADÚLTERO EJEMPLAR”.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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