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¡AHORA, SÍ QUE VEO BIEN!

de Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡AHORA, SÍ QUE VEO BIEN!

(Entremés)

 Original de: Raimundo Francés 

 bea45azul@yahoo.com

 - No. Expte en el R.P.I.  – CA- 485/2007

Duración aproximada: 20 minutos.

 

Participan solo dos actores. Pepe y Purificación. Pepe lleva un tiempo tratando de mejorar su visión a base de comprarse nuevas gafas, pero todo ha sido un fracaso. Por fin, hoy ha encontrado lo que deseaba, y llega a casa muy contento. Su esposa, paciente ella, espera sentada, viendo televisión.

 

Nota: El autor se permite simular literalmente el lenguaje del sur para así imprimir mayor gracejo a la obra, escrita, en principio, para grupos y actores andaluces. .  

 

PEPE – (Entra en casa tarareando una canción) ¡Hola, Chati!

 

PURI - ¡Hombre!  ¡Qué contento vienes! ¡Qué raro! ¡Será que el Betis ha ganado por fin un partido de liga!

 

PEPE- ¡Hombre! ¡Es que hoy me siento feliz!

 

PURI - ¿Y... a qué se debe esa alegría?

 

PEPE - ¡Ya te lo puedes imaginar! Con estas gafas que me he comprado...

 

PURI - ¿Otras? ¡Pero, Pepe, por Dios y la Virgen, que llevas tres meses comprándote gafas nuevas,  que esto es una ruina!

 

PEPE – Si, pero, ¿y lo bien que veo ahora? ¿Eh? ¿Qué me dices?

 

PURI – Sí, tú verás muy bien, pero como sigas así, en la mesa no vas a ver ni el plato, porque yo, a la hora de comer, platos vacíos no pienso poner en esta casa.   

 

PEPE - ¡Chiquilla! ¿Tú sabes lo bien que te veo ahora? ¡Si es que te estoy mirando desde aquí… y te veo hasta el ADN!

 

PURI - ¿Y qué va a pasar con los cinco pares de gafas que llevas compradas? ¿Las vas a llevar a Reto, o a alguna tienda de segunda mano?  O si quieres, se las regalas a los ciegos de la ONCE.

 

PEPE - ¡Es que el tío ese de la calle real, no sabe de gafas ni sabe  ná de ná! Al final, hay que ir, como siempre a El Corte Inglés. Es que allí tó es de calidad, hija. Te dan una garantía de cincuenta años, y de propina, otra de diez años más.  

 

PURI - ¿Ah, si? ¿Y tú para qué quieres una garantía de cincuenta años, jilipuertas? Si a ti lo que te queda son dos viajes con el IMSERSO, y una nochebuena... a lo justito.      

 

PEPE - ¡Puri! Tampoco es para ponerse así. ¡Total, por unas gafas de ná! ¡Mira, mira! Si  es que ni pesan, ni ná.

 

PURI –  Sí. Sí. ¿Y cómo las has pagado, con tarjeta o al contado?

 

PEPE-  ¿Quién? ¿Tarjeta, yo? ¿Pero tú me has visto a mí cara de árbitro de segunda regional, o qué? Aquí, el menda, de tarjetas, ná. ¡Aquí, tó al contao! Quinientos euros, contantes y sonantes. ¡ Pero, no veas! ¡No veas como yo veo!

 

PURI – No, si como tu ves, yo desde luego no veo, ni quiero. Oye, ¿cuánto has dicho? ¿Has dicho algo así como… no sé cuantos euros?

 

PEPE – Sí, he dicho quinientos. Pero no me digas que no ha merecío la pena. ¡Fíjate, fíjate! ¡Mira qué calidad, mira que acabao!

 

PURI – ¡Quinientos euros! ¡Qué barbaridad!  ¡Pues, ¿sabes lo que te digo? Que el presupuesto del mes, ese sí que está acabao! ¡Nada menos que quinientos euros! Mañana, te voy a poner de primero, gafas al ajillo, y de segundo, fundas de gafas con cáscara de huevo molida por encima, así como el azuquita, que queda  muy mono.

 

PEPE - ¡Coño! ¿Y de postre?

 

PURI - ¡De postre, la garantía!  Garantía, con un poco de nata que me sobró del otro día.

 

PEPE - ¡Hombre, Puri! ¡Que no es pa tanto, no? Además, tú vas a pasar hambre también, ¿no?

 

PURI - ¿Yo? ¡Anda ya! Yo me voy con mi madre, que todavía cocina muy bien, y le sobra  un plato de comida pa su hija.

 

PEPE - ¡Coño! Y si las gafas se ponen demasiao doraitas, vamos, tú me entiendes... Porque tú sabes que a mí eso de la cocina no es lo mío.

 

PURI - ¡Que va, hombre! Tú le haces un refritito, así con cebollita, y verás el gustito que le das a las gafas. Tienen que estar... ¡pa chuparse los deos!

 

PEPE – Tú es que a mí no me comprendes. Es que si supieras lo bien que yo veo ahora los cuerpos...

 

PURI - ¿Los cuerpos? ¡Vaya, hombre! ¿Y qué?, te gustan los cuerpos, ¿no?

 

PEPE – ¡Pero bueno!, me gustan, pero en el buen sentido de la palabra. Vamos, los que más me gustan son, el de la guardia civil, y el de la policía de tráfico. Tú sabes que yo siempre quería ser guardia de tráfico. Lo que pasó es que...

 

PURI – Sí, que veías menos que “Pepe leche”  y no te admitieron. Ya me lo has contao cuarenta veces... y las que quedan.

 

PEPE – Exacto. Pero si me coge ahora, no veas. ¡No veas como yo veo ahora! Por cierto, chati, te estoy viendo unas arruguillas que te salen de la barbilla, y te suben así, como pa la frente, una a cada lado… ¡Jo! ¡Si esto es una maravilla! ¡Si parece que en vez de gafas llevo un microscopio! ¡Esto es la gloria!

 

PURI – ¡A la gloria te voy a mandar yo como no te calles ya! Y como me vuelvas a decir lo de las arrugas, te voy a dejar más cegato de lo que estabas antes de dejarte el sueldo en El Corte Inglés. ¡Jilipollas!

 

PEPE – La verdad es que yo creía que te ibas a alegrar. Si lo llego a saber...

 

PURI – Si lo llegas a saber, ¿qué?

 

PEPE - ¡Hombre! Que las hubiera pagao en tres veces. ¡Pero vamos!, que yo me voy el sábado al mercadillo, y te aseguro que yo allí vendo toas las gafas estas que me vendió el tío de la calle real, aunque tenga que bajarles el precio un ochenta por ciento.

 

Que tú sabes que por ahí hay mucha gente que va por el mundo con unas gafas de esas de los chinos, de  tres euros, y cuando vean las mías, con esas monturas, que parecen las de  Arturo Fernández, se enamoran, y me las quitan de las manos.  ¡Vamos, como me llamo Pepe!

 

PURI - ¡Ayyyyy! ¡Qué desgraciaita soy! ¡Con la ilusión que me hacía comprarte este año un bañador en El Corte Inglés, con una pamela de esas tan monas, unos zapatitos con flores en malva, y un bolso haciendo juego!

 

PEPE – Chati, un momento, un  momento, eh? Que tú sabes que en navidad cobro yo la paguita.

 

PURI - ¿En Navidad, verdad? ¿Y yo pa qué quiero un bañador en navidad, subnormal?

 

PEPE - ¡Hombre! Pa ir a Lanjarón te lo puedes llevar. Me han dicho que pa entrar en los baños, creo que hay que ponerse en bañador ¿no?

 

PURI -  ¡Anda, anda! ¡Y yo que me había hecho planes de arreglarme algunas cosillas, y ponerme un poco guapa este año, pa sentirme a gusto conmigo misma! Y vas tú, y te dejas un dineral en gafas. Y todo pa ver bien los cuerpos de las tías.

 

PEPE - ¡No, chati! Los de las tías solo no, ¿eh? Y el tuyo también, que yo antes te lo veía, pero así, como... en neblina, y yo me decía, ¿Cuándo voy a tener yo unas gafas en condiciones pa verle a Puri el canal?

 

PURI - ¿El canal? ¡Al canal de la mancha te voy a mandar yo, con gafas y tó! Pa que veas bien allí los cuerpos de las sirenas que son muy monas, ¡y a las ballenas!, a ver ti te traga una.  

 

PEPE -  Puri, tú no vayas a pensar malamente, eh? Que yo, aparte de los partíos del Betis en la tele, yo me voy a poner las gafas solamente aquí en casa, pa verte a ti.

 

PURI - ¿A mí? ¡Eso! Pa que me veas las arrugas y todos mis defectos, ¿no?

 

PEPE - ¡Hombre, Puri! Los defectos son los mismos. ¡Vamos!,  que no se han movío,  que están ahí. Lo que pasa es que con estas gafas...

 

PURI -  ¡Mira, Pepe! ¿Sabes lo que vas a hacer? Como en El Corte Inglés se pueden devolver hasta unos calzoncillos usaos, te vas a ir ahora mismo, y vas a descambiar esas gafas como yo me llamo Purificación.

 

PEPE - ¡Puri, por Dios, no me hagas eso! Puri, si me quitas estas gafas es como si me quitaras... ¡vamos! ¡Como si me quitaras la vida!

 

PURI - ¡Me da igual! Que vengan los de homicidios. Ya les diré yo que tú me estabas maltratando psicológicamente, y que yo solo actuaba en defensa propia.

 

PEPE -  ¡Puri! ¡Por la virgen de la vista corta  y de los desprendimientos de retina! ¡Que tú sabes que yo sin gafas soy un inútil!

 

PURI – ¡No, no! ¡Eso sí que no! Tú para ser un inútil, no te hacen falta las gafas, ni de las buenas, ni de las baratas. .

 

PEPE – Yo creo que tú no te lo has pensao bien. Verás, tú imagínate que te viene de pronto un Alzheimer de esos. Y yo te tengo que cuidar ¿no? ¡A ver! Si yo no veo bien ¿cómo quieres que yo te de de comer, y te vista de arriba abajo, y te lea el periódico... comprendes? Es que lo más importante en esta vida es verlo todo. Si no ves, es como si estuvieras en el limbo.

 

PURI – Ah, pero... ¿tú no estabas allí antes de jubilarte? ¡Anda! Ponte ya la chaqueta y las gafas de sol, y esas las metes en su fundita y  ¡hala!, pa El Corte Inglés, antes de que cierre.

 

PEPE - ¡Jo! Me estás poniendo en un compromiso ¿eh?  A ver cómo me cuelo yo allí, y le llevo yo estas gafas a esa chavala que me atendió por lo menos dos horas, tan simpática, tan guapita, que ella misma me las limpió... ¡Manda cojones la cosa, no?

 

Ten en cuenta que ella misma me preguntó una docena de veces: ¿Se encuentra usted a gusto con ellas? ¿Ve usted bien todo? Usted sea sincero y diga la verdad. ¿Cómo me ve usted a mí?

 

 ¿Y yo qué le iba a decir? Hombre, ya que usted me pregunta señorita, yo a usted se  lo veo todo estupendamente. Yo diría que demasiao bien.

 

¿Cómo quieres que se las devuelva ahora, mujer? ¡Eso es... como un crimen! Yo no valgo, eh? Lo siento, pero yo no valgo.

 

PURI – Ya lo sé que tú no vales pa eso, ni pa ná. ¿Sabes lo que vamos a hacer? Que voy yo contigo. ¡Ea! Ahora mismo me visto, me arreglo bien, y yo misma  voy a devolver estas gafas.

 

PEPE - ¡Joder! ¡Eso es una trampa mortal, eh, Puri?  Bueno. ¿qué le vamos a hacer! Volveremos al mundo de la oscuridad y de las tinieblas. Es que también quinientos euros, hay que reconocer que son quinientos euros, ¿verdad?

 

PURI - ¿Qué estás diciendo tú de los quinientos euros? , ¿tú no habrás creído que yo le voy a pedir los quinientos euros a la de las gafas, ¿verdad?

 

PEPE - ¿Ah, no? Entonces, ¿qué vamos a hacer? Comprar unas gafas más baratitas, que me cuesten solo  unos cuatrocientos euros, ¿no?

 

PURI - ¡De eso nada, “Pepe leche”! Ese dinerito me lo voy a gastar yo en la tienda de Oportunidades y en la de moda de verano, y tú me vas a ver igual que antes, es decir, sin defectos ni arrugas, ni manchas en los perniles ni ná de esas cosas. Que tú estás muy bien como estás, que no te hace falta ver más. ¡Total!, pa lo que hay que ver.

 

PEPE – Joder. Pues sabes tú... ¡que hoy tú, me has dao el día, eh?  ¡Vamos!, que si lo llego a saber, yo, ni me compro gafas, ni na. Pa hacer este ridículo tan grande... Yo lo que tenía que haber hecho  es pedir un puesto en la ONCE y ponerme a vender cupones en la esquina de la plaza.

 

PURI - ¡Oye! Esa no es mala idea, eh? Porque me han dicho que los que venden cupones, se están forrando. Dicen que ganan más que un ministro.

 

PEPE - ¿Tú crees? Oye, y si voy a la ONCE y digo que veo menos que el osito de Mr. Bean, que me tienen que dar de comer, que por las noches, pa acostarme tengo que contar los pasos, y me llevo to el día con un bastón para no caerme... ¿tú crees que me pondrán en un sitio bueno de la Plaza de Abastos? ¡Hombre! Es que lo digo, porque yo conozco a medio pueblo, y los cupones me los quitan de las manos, ¡seguro!

 

PURI – Oye, Pepe, ¿y por qué tiene que ser en la Plaza de abastos?

 

PEPE – Mujer, porque allí es por donde pasa to el mundo, y las mujeres que tienen vicio por los cupones.  Vamos, yo sé de mujeres que se gastan tó el dinero en cupones.

 

PURI - ¡Bueno! Vale, pero allí en la esquina te tienes que poner unas gafas oscuras, ¿eh? Porque tú sabes que pa inspirar lástima, y que te compren, tienes que parecer un ciego de verdad, ¡vamos!, ¡cegato del tó!

 

PEPE - ¡Hombre! Tú no te preocupes, que si me dan el puesto, ya yo me apañaré pa ver con el rabillo del ojo. Lo digo porque tú sabes, en ese mundo no te puedes ya fiar de nadie, y siempre es conveniente ver, aunque sea un poquito.

 

PURI – Entonces, ¿qué te parece, si después de ir a El Corte Inglés, cuando yo me compre mis cositas, nos vamos a la ONCE y echamos la solicitud?

 

PEPE -  ¡Bueno! Si tú lo dices, ¡que remedio! ¡Mira que terminar yo en la esquina de la Plaza de abastos vendiendo cupones a las marías! Pero vamos, Purita, de todas formas, a mí me dijeron que de aquí a que te den la plaza de ciego, pueden pasar dos años o más, ¿no? Porque allí creo que tienen miles de solicitudes, ¿no? Y además, hay gente que ve muchos menos que yo, ¿verdad? ¡Vamos!, ¡que no ven ni la fachá del ayuntamiento! 

 

PURI – Sí, pero vamos, tú no te preocupes, que eso de la ONCE es como tó. Ahí, los primeros que entran son los enchufaos, y como yo tengo ahí a mi cuñada, que es una de las jefas, verás como en un mes ya estás tú en la esquina de la plaza con dos tiras de cupones que te van a llegar hasta los tobillos.  

 

PEPE -  ¡Bueno, mira! No está mal. Y si me dan la plaza, ya que no pude ser guardia de tráfico, por lo menos, eso de ser ciego se parece un montón, ¿verdad Purita?

 

¡Total! de guardia, lo único que hacen es pararte, te dan la multa, te dan los buenos días con la mano en las gafas… ¡y a pagar! Y de ciego, yo paro a la gente, les doy un cupón, les doy los buenos días con la mano en las gafas, y a pagar. Al final, tó es lo mismo.

 

PURI - ¡Dí que sí, chiquillo! Además, si quieres estar más gracioso, cuando te pongas en la esquina de la plaza, en vez de ir vestido normal, te puedes vestir de guardia civil, y así te compran mucho más, ¡vamos! Que te dejan sin cupones todos los días.

 

PEPE - ¡Coño! Me estás dando una idea. ¡Venga, prepárate ya que nos vamos! Mientras, yo voy abriendo la puerta de abajo.

 

¿Tú ves...?  Ya yo estoy más animaillo. Es que no hay ná como tener una mujer con buenas ideas.

 

PURI - ¿Verdad que sí? Te voy a convertir en el guardia civil ciego  más rico de la provincia.

 

PEPE - ¡Eso! Y ya cuando sea rico, me compras unas gafas de las de quinientos euros, aunque sea pa estar en casa, ¿no?

 

PURI – Eso ya lo veremos. Como tú dices, las cosas hay que verlas bien y despacito, como las pólizas de seguros.

 

PEPE - ¡Muy bien dicho! ¡Sí, señor! Andando, y devolviendo, que es gerundio.

 

(Se marchan los dos muy felices mientras se va cerrando el telón) 

 

SE CIERRA EL TELÓN

 FIN

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