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ÁNGELA CAÍDA

de Ana Amparo Millás Mascarós

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

ÁNGELA CAÍDA

De Ana Amparo Millás Mascarós

anamillas@hotmail.com

 

Monólogo

 

A telón cerrado se escucha un grito desgarrador lleno de angustia. Mientras el telón se abre lentamente se puede oír con toda claridad un sonido seco producido por un cuerpo al estrellarse contra el suelo. El escenario permanece sumido entre luces muy tenues que proporcionan una inquietante penumbra. Un cenital incide directamente sobre la figura del personaje, Angela una mujer joven de poco más de treinta años. Viste un ligero camisón y está tumbada en el suelo boca arriba. Desde ese mismo lugar y posición comienza a interpretar. Su voz refleja angustia, aturdimiento y desorientación.

 

ESCENA ÚNICA

 

ANGELA       -   ¿Dónde estoy? ¿Qué ha sucedido?...

(Sin apenas alzar la cabeza mira a su alrededor)

¿Qué es esto?

(Con movimientos lentos, se encoge sobre sí misma)

Hace frío, todo está oscuro, no puedo ver nada a mí alrededor, pero sin embargo...

(Un ruido metálico, similar al producido por un martillo hidráulico, resuena llenando la escena)

¿Y ese ruido? ¿Qué es ese extraño ruido que no logro identificar?...

(Cesa el sonido. Se abraza a sí misma)

Y el frío, sobre todo este frío del que soy incapaz de protegerme... ¿De dónde procede?… Debo de estar tumbada en el suelo...

(Tantea el espacio desplazando las manos a su alrededor)

¡Cuánto me cuesta moverme! Siento como si mi cuerpo pesase toneladas... He de salir de aquí, he de intentar levantarme... ¿Levantarme? Pero dónde estoy...

(Con gran esfuerzo se incorpora, quedando sentada en el suelo)

¡No veo nada!… ¿Estoy sentada en el suelo?... Tengo que estar sentada en él... ¿Pero, cómo saberlo con certeza?... ¡Y ese ruido!... He de levantarme...

(Haciendo un nuevo esfuerzo logra alzarse)

Estoy aturdida... ¡No sé qué es este lugar!... Calma... He de calmarme... ¿Pero hacia dónde debo ir? ¿En que dirección he de moverme? Dentro de este valle de tinieblas no puedo saber dónde se encuentra el norte o el sur... No sé que ha pasado... Sólo recuerdo un chasquido y después... nada, exceptuando este imperio de hielo y tinieblas...

(Da unos pocos pasos sin rumbo tratando de averiguar dónde está)

Si al menos pudiera saber dónde me encuentro... Me asfixia esta sensación de total desorientación... ¿Cómo he llegado aquí?

(De repente se detiene angustiada sorprendida por una horrible visión fruto de su delirio. Horrorizada se lleva las manos a la cara y solloza)

¡Oh, no! ¡Dios, no! ¿Qué significa está horrenda visión? Y las luces... ¿Qué significan las luces? No entiendo nada... ¡Nada!

(Desesperada, y vacilante se planta en el centro del escenario y grita llena de angustia)

¡Quiero salir de aquí!... De esta pesada y omnipresente oscuridad que lo cubre todo...

(Con pesadez se deja caer en el suelo. Tras una breve pausa se muestra suplicante ante un ser intangible)

¿Por qué me haces esto?... No fue mi culpa, Miguel... Yo no hice nada malo... ¿Me oyes?

(Asustada y desesperada escucha, aunque esta vez sólo lo oye ella,  el inquietante sonido metálico de antes)

Yo, sin embargo, no hago más que escuchar ese desagradable sonido... Repiquetea una y otra vez, machacándome los tímpanos...  (Pausa) ¿Por qué lo haces? ¿Eres tú? ¡No me engañas!... Yo sé que eres tú... Me estas castigando... ¡Miguel, por favor escúchame!... Te juro que nunca más volveré a hacerlo...

(Tapándose los ojos con el antebrazo y alejando de ella las fantasmagóricas luces que tanto la obsesionan)

¡No! ¡Otra vez, no! Las luces... ¡malditas luces!...

(Se descubre la cara)

Antes las rozaba con las manos... ¡Quemaban!...

(Palpando el vacío)

¿Dónde están ahora? ¿Por qué persiste este mundo tenebroso, frío y vacío?

(Con pasos lentos pasea desesperada por entre las sombras que la rodean)

 ¡No hay nada, ni nadie! ¿Alguien me oye?

(Eleva la voz en tono de suplica)

¡¡Miguel!... ¡Por favor, quiero salir!… ¡Sácame de aquí!...

(Golpeándose las sienes con las manos para  tratar de alejar las visiones que la atormentan)

¡Fuera, fuera de mi cabeza!... No puedo entender nada... ¿Qué es esto? 

(Aterrorizada, temblando de frío se rodea el cuerpo con los brazos al tiempo que retrocede unos pasos. Por su cabeza cruzan con rapidez decenas de escenas delirantes en una enloquecida carrera)

¿Qué significa este desfile de imágenes sin sentido que anidan en mi interior?... Me asustan... Tengo miedo... De nuevo el frío, el frío que me cala hasta la médula... ¡Me duele!... ¡Oh, Dios cómo me duele!

(Cierra momentáneamente los ojos)

Y otra vez esas malditas luces... Las puedo ver nítidas y brillantes sobre todo cuando cierro los ojos...

(Abre los ojos angustiada)

 Pero, no están aquí ni ahora... ¡Han desaparecido! Aquí no están, ni ellas ni nada... ¡Sólo hay nada a mí alrededor!...

(Evoca un recuerdo muy cercano)

Un chasquido... ¡Sí, un chasquido!...

(Instintivamente se lleva la mano a la nuca)

¿Qué era ese chasquido? Tras él todo se oscureció repentinamente... ¡Hasta las guirnaldas de colores que pendían de balcón a balcón!... No dolió, la sensación no fue desagradable... Al menos nada comparado con esta intensa frialdad que ahora me envuelve y que asaetea mi cuerpo a modo de afiladas púas...

(Amaga con un gesto la inmensa angustia que la embarga y se sienta en el suelo)

Yo no quería... ¡Sabía muy bien lo que me llevaba entre manos! Todo empezó como un juego... ¡Yo controlaba!

(Escuchando como si alguien le respondiera)

Sí, ya sé que a ti nunca te lo pareció... Tú eres tan perfecto. Tan sano... Jamás bebes, apenas fumas... ¿Cómo iba el chico modelo a meterse un “pico”? Siempre has sido tan aburrido... No como yo, continuamente metida en infinidad de “movidas” y buscando aventuras...

(Pausa)

Y si no podía vivirlas, me las fabricaba... Creo que incluso comencé a hacerlo, porque sabía que eso te fastidiaba... ¡Estaba harta! Salíamos a sermón diario... Por eso comencé a odiarte... Me haces sentirme tan mal... Me molesta tu condescendencia...

(Pausa. Mira a su alrededor)

 Espero que estés escuchándome... Y cuando te canses de este absurdo juego al que me has sometido... ¡prepárate!

(Con dificultad vuelve a incorporarse y lentamente, mientras sigue interpretando, recorre la totalidad del perímetro donde se encuentra. Una luz violeta domina la escena)

¡Oye, Miguel! Ya te he prometido no volver a hacerlo más... Sácame de aquí y te juro que dejaré que me internes en un “antro” de esos para desengancharme... Porque todo esto es por culpa de mi adicción, ¿verdad?

(Pausa)

 Aunque tener que pasar el “mono” es muy desagradable... Tú, que siempre has sido tan remilgado, no soportarías verme en esa situación...

(De nuevo siente escalofríos)

Más te aseguro que esto no es nada placentero... ¡Joder! Estoy helada... ¡Date prisa en sacarme! De lo contrario acabaré hecha un carámbano...

(Una fugaz idea cruza con celeridad su mente)

¡Oye “tío”! ¿No me habrás hecho la “putada” de encerrarme en una maldita institución?... ¡Y sin mi consentimiento! El ser mi pareja no te da derecho a hacerme esto... ¿Me estás oyendo?... Lo que me estás haciendo está penado por la ley... ¡Te juro que ésta me la pagas!...

(Pausa breve)

¡Perdona!… De sobra sé que no me he portado bien contigo... ¡Lo siento!… De veras que lo siento Miguel... Pero, tú también has tenido parte de culpa... No querías darme dinero... Y yo necesitaba mi dosis, más que el comer... ¡Lo siento!

(Solloza sinceramente arrepentida)

¡Estaba desesperada!... Y él... se mostró tan dispuesto a ayudarme, que el precio que me pidió no me pareció tan desorbitado...

(Cae arrodillada)

Sé que no es muy honorable haber vendido mi cuerpo para pagarme  unos “chutes”... Te he hecho mucho daño, lo sé... Y me arrepiento... ¡Perdóname!... Te destrocé el corazón, y no lo merecías... ¡Entiéndeme, Miguel! Andrés era mi salvación...

(Presta atención como si escuchase a Miguel)

¡No, por favor, no me hagas reproches!... No te culpo por darme de lado después de aquello...

(Angustiada)

Me remuerde la conciencia... Fue una canallada por mi parte... Andrés es tu amigo... Pero, también es un “puto” camello... Bien vestido y con mucha pasta, pero un jodido “camello”... Si no hubieses regresado un día antes de tu viaje...

(Llora arrepentida)

Apenas pude ver tu cara... Yo estaba tan abotargada... Te quedaste plantado delante de la cama... ¡De nuestra cama!… Incapaz de creer lo que veían tus ojos... Tu amigo y yo... revolcándonos, semidesnudos... ¡Llorarías! ¡Seguro que llorarías!...

(Se pone de pie)

Saliste de allí dando un portazo... Por eso ahora estás castigándome... Es eso... ¿verdad?

(Avanzando unos pasos hacia el proscenio. De nuevo la luz de un cenital incide directamente sobre ella. El resto del escenario vuelve a quedar en penumbra)

Salí tras de ti... Tropezándome con todo... Con la vista nublada bajo los efectos de la droga y...

(Grita horrorizada)

¡¡¡No!!! Abrí... la puerta del rellano... Avancé hacia las escaleras... y... ¡Dios mío, no!...

(Negando angustiada)

¡¡No, no, no!!...

(Retrocede aturdida y presa del pánico)

¡No era la puerta del descansillo!... ¡Las luces! ¡Claro, las luces! Circundaban toda la calle con motivo de las fiestas patronales... Cientos de guirnaldas colgando de los balcones... De las barandillas… ¡La barandilla!... ¡¡Era el balcón!!...

(Amagando un grito)

¡¡Me precipité por el balcón!!... Traté de agarrarme a las luces... ¡Quemaban!... ¡Dios mío, caí al vacío!... ¡El ruido, se aproximaba más y más! El tráfico de... ¡¡No!!... ¡Los obreros!... ¡La zanja!... ¡Estoy dentro de la zanja del metro!... Por eso está tan oscuro...

(Nerviosa recorre de nuevo, dando apenas unos pasos, el espacio que la circunda presa de la angustia y mirando hacia arriba)

¡Estoy aquí abajo! ¿Es que nadie me ve? Es de noche, por eso nadie me ve... Pero, pueden oírme... ¡¡Socorro!!...

(Alza las manos en un gesto de desesperación)

¡Las luces!… Están allí arriba, suspendidas de las estrellas... Veo estrellas negras en el cielo... Hace frío... ¡Cada vez hace más frío!...

(Se apercibe de lo escueto de su indumentaria)

Apenas llevo ropa... La humedad sube por mis pies... Es la tierra, está mojada... He de seguir gritando, alguien me escuchará...

(Pausa muy tensa)

Estoy cansada, muy cansada...

(El escenario se llena de flashes que entre destellos proporcionan al personaje un halo de tranquilidad. Ella, esperanzada, dirige su mirada hacia arriba)

¡Luz! ¡Ahora hay luz!... ¡Bendita sea! ¡Hay gente ahí arriba!… Ese rostro... ¡Es Miguel! Sabe que estoy aquí... ¡Estoy salvada!... ¡Me perdonará! ¡Todo volverá a ir bien entre nosotros!...

(Agitando los brazos)

¡Miguel, aquí, estoy aquí! ¿Pero, qué hace? Está llorando y... ¡Se va!

(Tras un grito desgarrador, se desploma quedando arrodillada en el suelo)

¡¡¡No!!!

 (Las luces del escenario se tornan rojas. Se lleva de nuevo la mano a la nuca. De ella brota abundante sangre que se desliza lentamente hacia el suelo. Durante un instante, atónita, mira la palma de su mano. Después de este gesto eleva los ojos, preñados de lágrimas, hacia el cielo)

¡¡Miguel!... ¡¡Te quiero!!

(Desmayadamente queda tumbada boca arriba y en la misma posición que al comienzo del monólogo. Entre sollozos y presa de violentas convulsiones exhala su último aliento)

 

Fin

anamillas@hotmail.com

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