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antes, todavía

de Mónica Ogando

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

Antes, todavía

 

De Mónica Ogando

monicaogando@yahoo.com.ar

 A veces podemos pasarnos años

sin vivir en absoluto,

y de pronto toda nuestra vida

se concentra en un solo instante.

Oscar Wilde

 

La vida sólo puede ser comprendida

mirando hacia atrás,

pero ha de ser vivida

mirando hacia adelante.

Sören Aabye Kierkegaard

 

 Personajes:

MADRE 1

MADRE 2

Él

 Sinopsis: A los 25 años, un muchacho descubre su verdadera identidad.   Su madre biológica fue secuestrada y desaparecida durante la última dictadura militar argentina cuando estaba embarazada, dando luz a un niño nacido en cautiverio que fue robado y entregado a otra mujer que lo crió como propio.  Ese niño es él. Ante esta nueva certeza, el muchacho proyecta en sus pensamientos la tensión entre los recuerdos vividos con su madre de crianza y los que podría haber tenido con su madre biológica, y se enfrenta a la difícil disyuntiva de elegir y reconstruir su verdadera historia.

  

MADRE 1 espera en plaza desierta. Sentado sobre un banco está Él, de unos 25 años, ensimismado en sus pensamientos. MADRE 1 se acerca silenciosamente, casi con timidez. Es joven, pero su ropa le da un aspecto de señora mayor.  Lo mira largamente.  La MADRE 2 ha estado siempre muy cerca de Él. Parece que lo estuviera espiando. MADRE 2 tiene un aspecto juvenil pero también su cuerpo denota agobio de muchos años de espera. Ambas mujeres, con sus presencias bien definidas, parecen, sin embargo, etéreas, como fuera del tiempo. Él aún no se percata de estas presencias. MADRE 1 se acerca a Él..

 

MADRE 1:     ¿Tiene hora?

Él:                   No, pero debe ser temprano.

MADRE 1:     ¿Sí? No parece.

Él.                   Los días son largos todavía.

MADRE 1:     Parece tarde.

Él:                   Es el tiempo.

MADRE 1.     Cierto. Antes los veranos eran veranos. Ahora no se sabe, por las dudas siempre hay que traerse algo, algún abrigo...

 

Él:                   Hay veces que uno duerme cinco minutos y es como si hubiera dormido toda la noche.

Pausa

Él:                   ¿Lloverá?  (A MADRE 2, reparando en su presencia) ¿Usted que dice?

MADRE 2:     ¿A mí me pregunta?

Él:                   Sí.

MADRE 2:     Por?

Él:                   Por nada nomás... Preguntaba... Curiosidad.

MADRE 2:     Qué cambiaría.

MADRE 1:     (a Él) Le gusta mirar como llueve.

Él:                   Si llueve me gusta ver caer la lluvia desde una ventana...

 

MADRE 1:     Ah...

 

Él:                   Cuando sale el sol me gusta estar al aire libre.

 

MADRE 1:     Qué bien.

 

Pausa

 

Él:                   En que piensa?

MADRE 1:     Nada. Me miraba en el reflejo nada más.

 

Pausa.

 

Él:                   ¿Usted qué opina de la felicidad?

 

MADRE 1:     ¿La felicidad? ¿A qué viene eso?

 

Él:                   Sí, yo creo mucho, eh... La verdad que sí. Aprendí a disfrutar de esos pequeños placeres. A mí, un domingo nadie me saca del mate, la factura...

 

MADRE 1:     ¿Las tortitas negras?

 

Él:                   Sí.... (breve pausa) ¡Y el  flan casero!... Mi madre  hacía un flan casero...

 
Breve pausa 

 

MADRE 1:     Mi flan casero, ese olorcito a azúcar quemada.... (breve  pausa) Y qué más?

 

Él:                   Y nada más.

 

MADRE 1:     (a MADRE 2) ¿Y usted?

 

MADRE 2:     Por mí diga lo que quiera, pero meterse con la vida de uno...

 

MADRE 1:     Pero ya que estamos, no cuesta nada. Digo, ¿no? (breve pausa) La comida es algo

 

que une, que... A mi me gusta mucho cocinar...

 

MADRE 2:     Y a mi me encanta sentir el viento en la cara, ¿y? ¡Qué tiene que ver! La verdad ,

 

para qué me pregunta, a título de qué ?

 

MADRE 1:     Qué se yo... ¿Nunca le pasó ver a alguien por primera vez y sentir que ya lo

 

conocía de antes?

 

Él:                   (A Madre 2) A mí me pareció no haberla visto nunca, pero tal vez esté equivocado.

 

MADRE 2:     Y sí, estará equivocado.

Él:                   ¿Entonces no viene siempre acá?

MADRE 1:     (reaccionando) ¿Para qué tendría que venir?

Breve  pausa

 

MADRE 2:     Vine  tantas veces que ya ni sé.

Él:                   Se acuerda, más o menos?

MADRE 2:     No soy de andar contando. Vengo y punto.

MADRE 1:     Yo tampoco soy de acordarme... ¿Y entonces?

MADRE 2:     Entonces nada. Ya le dije. Vengo. Siempre vengo, pero tampoco es cuestión de hacer alarde... Yo no soy de esas, no es mi estilo.

 

Él:                   Pero hay que insistir con lo que uno hace, hay que insistir. El que no insiste...

MADRE 1:     Es cierto. Yo me acuerdo que antes buscaba ser alguien.

 

Él:                   ¿Alguien como quién?

 

MADRE 1:     Alguien, no se bien como quién, pero alguien, ¿no? . Y no, no se me dio. Cosas que pasan.

 

Él:                   Perseverancia. Si no se tiene perseverancia, un poco de voluntad. Hay que insistir. Fundamental. (Pausa) Un cabeza dura... Como decía mi madre...

 

MADRE 1:     (ansiosa) ¿Su madre? ¿Cómo decía?

Él:                               Mi madre siempre dijo que para encontrar el propio camino hay que tener

 

cierto grado de obsesión. Ya se lo decía su madre, mi abuela.

 

MADRE 1:     Ah, ya era de familia...

 

Él:                   Sí... Creo que fue algo así como, ¿como un legado familiar se dice? Algo que se

 

fue pasando generación en generación... Encontrar el propio camino. Es así,

 

¿eh? No hay nada que hacer... Nada se consigue en la vida si falta un poco de obsesión. (pausa)

 

MADRE 1:     Y entonces?

 

Él.                   Nada, cosas que se me fueron cruzando por la cabeza. Algunas obsesiones... Eso.

 

Silencio.

 

MADRE 2 :    Y sí... Los términos medios no conmueven: la vida merece el vigor, la pasión... Hay quienes lo ven mal eso de insistir, es como que todo es igual.  Hay veces en que la belleza está en la justa medida. El de la obsesión parece ser uno de esos parámetros.

 

MADRE 1:     (obnubilada) habla bien usted, eh?

 

Pausa.

 

Él:                   ¿La está pasando bien, por lo menos?

MADRE 2:     ¿Y a qué viene eso? ¡Qué ocurrencia!

Él:.                  Y eso que no me lo propuse.  Cuando quiero soy más gracioso. Recuerdo épocas en que solía causar mucha gracia, eh. Muy ocurrente era, eh... Sí, la verdad que sí.

 

MADRE 1:                 Ah, si? ¿Qué se acuerda de esa época? Por qué no cuenta alguna cosita para entretener?  No se lo guarde, es una pena no compartir...

 

Él:                               Lo que pasa es que soy tan chiquito... Soy chiquito, ¿no? Y mis padres tan grandotes, tan... Yo no me parecía en nada...

 

MADRE 1:     (en tono de consuelo)        Y no... Qué se le va a hacer...

 

Él:                   (con desilusión) No... (apasionado) Y yo quería parecerme a alguien, eh!... En el colegio siempre mis compañeros se parecían a alguien. Más de una  vez escuché que en el barrio los vecinos les decían a los chicos "Vos sos la cara de tu papá" O "tenés los mismos gestos que tu mamá", o "sacaste el carácter", o algo, no sé...

 

MADRE 1:      Sí, la gente dice cada cosa... No hay que dejarse llevar, si no a uno lo vuelven loco...

Él:                   Pero yo no tenía la cara de nadie, no. Yo no era igualito ni a mi papá ni a mi mamá... Entonces me daba bronca eso....

 

MADRE 2:     Ser tan original.

 

Él:                   Sí, me daba... (gesto de bronca).

 

MADRE 1:     (angustiada) ¿Sí?

 

MADRE 2:     Y a qué viene todo esto...

 

Él:                   La verdad que no sé... ¿A qué venía?

 

MADRE 2:     Era una ocurrencia... Supuestamente, era una ocurrencia.

 

MADRE 1 :    Venía a que usted era demasiado original para su gusto.

 

Él.                   Sí... Demasiado original.

 

MADRE 2:     Hay cada uno!

 

MADRE 1:     Y bueno... Lo habrán acostumbrado así...

 

Él:                   Puede ser.... Era raro. Me hacía sentir, qué se yo, un poco...  Solo.

 

MADRE 1:     ¿Solo?

 

Él:                   Sí... solo.

 

MADRE 2:     ¿Y la ocurrencia?

 

Él.                   ¿La ocurrencia?

 

MADRE 2:     Eso de ser tan original, ¿le parece ocurrente? A mi me parece de mal                      gusto.

 

Él:                   Perdón... Lo que pasa... No sé si se me nota, pero es que hoy estoy un poco raro.

 

MADRE 1:     Pero usted... Tanto que habló de la felicidad...

 

MADRE 2:     (a MADRE 1) ¡Justamente!

 

MADRE 1:     No entiendo, ¿por qué?

 

MADRE 2:                 Justamente! Cuando todo es demasiado perfecto... Parece que a la larga el rompecabezas se empieza a armar, ¿no?

 

Él:                   Después me fui haciendo más grande y eso no me importó. A veces                                   pasa.

 

MADRE 2:     ¿Para qué me viene a contar esto?

 

Él:                   Yo por ejemplo una vez conocí unos mellizos que nada que ver. Uno bien morocho, el otro bien rubio. Uno alto, el otro petiso. Uno flaco, el otro (gesto de gordo). Y así con todo, eh.  No pegaban una. Y eran mellizos, eh. Los dos varones, encima... si dijéramos son mellizos hombre y mujer, bueno, todavía... Pero no, los dos varones y no tenían nada que ver. (breve pausa) ¡Qué mellizos!

Breve pausa

 

MADRE 2:     Tengo que reconocer que la agudeza de su observación me resulta                         impactante.

 

Él:                   Y.... No podía seguir siendo tan infantil...

 

MADRE 1:                 (conmovida) Pero le daba una ilusión ¿no? Digo, le daba una ilusión, por lo menos.

 

Él:                   ¿Ilusión? ¿Por qué "ilusión"?

 

MADRE 1:     Y, sentir que no era el único, que también había otros... Es un alivio, ¿no?

 

Él:                   (reflexionando) Sí, sí...

 

MADRE 1:     Sí, sí, a mi también. A mí también me aliviaba tener una ilusión. Las ilusiones son necesarias, ayudan a seguir.

MADRE 2:      ¿Y qué ilusión tenía que tener usted, eh? ¡Ay! La ilusión... Odio la palabra ilusión. Anuncia un desencanto que tarde o temprano llega.

MADRE 1:     Si, pero mientras tanto, ¿mientras tanto qué otra cosa se puede                               hacer?

 

Él:                   Yo si no estoy haciendo algo... Inquieto soy, algo tengo que hacer.

 

MADRE 2:     Matar el tiempo. Hay que matar el tiempo.

 

MADRE 1:     Eso ya es una exageración, ¿no le parece?

 

MADRE 2:     Perdóneme... Últimamente la impiedad me está matando. Antes no                                    era así.

 

Él:                   ¿Cómo era antes?

 

MADRE 2:     Antes ¿cuándo?

 

Él:                   Antes...

 

MADRE 2:     No sé. Tal vez en otro momento yo también haya tenido ilusiones. Sí,  ahora que lo pienso, tal vez en otro momento haya sido más feliz.

 

MADRE 1:     Cada uno tiene sus momentos. Yo también antes era más feliz.

 

MADRE 2:     Cómo le gusta ponerse de ejemplo...

 

Él:                   (a MADRE 2) Y ahora?

 

MADRE 2:     Y ahora qué?

 

Él:                   Usted... Ahora... ¿Cómo es ahora?

 

MADRE 2:     (duda un instante, luego como si estuviera defendiéndose) Me adapto bien, sin embargo, eh, ¿por qué me persigue? Yo me adapto

Él:                                Sí, perdóneme. Soy yo. (pausa) Sí, la obsesión es una cosa que tarda en irse, es verdad.

 

MADRE 1:     (conteniéndolo) Tiempo necesita... Ya va a ver que con el tiempo...

 

MADRE 2:     El tiempo no existe. Yo se por qué se lo digo.

 

MADRE 1:     ¿Por qué?

 

MADRE 2:     ¿Y todavía me lo pregunta? No sea perversa.

 

MADRE 1:     Le juro que no, le pregunto porque no sé.

 

MADRE 2:      Usted sabe muy bien que el tiempo es como un veneno. Es ridículo hablar de tiempo como si fuera una pastilla que se toma y soluciona un problema.

 

MADRE 1:     Nunca me puse a pensar en eso... Recién ahora la escucho...

 

MADRE 2:     Ahora. Ahora me escucha...

 

MADRE 1:     Sí... ¿qué tiene de malo?

 

MADRE 2:     Qué tiene de malo... ¿Por cada cosa que hace se pregunta si hay algo de malo?

 

MADRE 1:     Bueno, es lo que corresponde, ¿no?

 

MADRE 2:     Y claro, si algo corresponde... señal de que está bien encaminado , ¿no?

 

MADRE 1:     ¿a usted le parece que no?

 

MADRE 2:     Usted es implacable... Cuando piensa dar el brazo a torcer? ¿Nunca?

 

MADRE 1:     ¿De qué me habla?

 

MADRE 2:     Usted sabe muy bien, pero tiene que hacer el papel de víctima. En eso le doy la razón, no la justifico pero la entiendo.

 

MADRE 1:     Si hice algo malo no fue con mala intención.

 

MADRE 2:      Claro que no fue con mala intención. El fin siempre justifica los medios. Nos vamos poniendo de acuerdo.

MADRE 1:     Es imposible hablar con usted. Nunca va a tratar de entender.

 

MADRE 2:     ¡Qué tengo que entender!

 

MADRE 1:      ¿Y qué hubiera preferido, entonces? ¡Lo único que hice fue cuidarlo y darle de comer! ¡Yo lo tuve conmigo!...

MADRE 2:     ¡Usted lo tuvo!? ¿Usted lo tuvo, hipócrita?

 

MADRE 1:      Sí, me lo dieron a mí ¿y qué? ¡Me lo trajeron a mí, yo no se lo robé a nadie! ¡A mí me lo trajeron, ¿qué podía hacer yo? ¡tengo culpa por haberlo cuidado como si fuera mío? ¿Qué hubiera hecho usted en mi lugar? ¿Qué hubiera hecho? ¿Lo hubiera dejado abandonado a la buena de Dios? ¿Hubiera preferido eso? ¿Realmente lo hubiera preferido?  ¡Usted nunca existió, por qué no quiere aceptarlo!

 

MADRE 2:      ¡No me dejaron existir! ¿Qué se cree? ¿Se cree que es tan fácil que le arranquen un hijo? ¿Se cree que es tan fácil? ¡Usted fue la que no existió! ¡Cobarde!  Tan cobarde que no tuvo el coraje de  vivir su propia vida , la tuvo que inventar. Eso fue su vida, una farsa! ¡¿Quiere que le diga más?!

 

Él:                   (irrumpiendo de su ensimismamiento) Basta! (MADRE 1 y MADRE 2 se paralizan) ¡Justo ahora!. Eso es lo que me da más bronca.

MADRE 2:     Las cosas siempre pasan justo ahora, querido. Dependen del momento en que uno quiere verlas.

 

Él:                   Ya lo sé... pero ¡por qué justo ahora! ¿Usted quién es realmente?

 

MADRE 2:     Y... Si no sabe usted...

 

MADRE 1:     Y quién puede saberlo...

 

MADRE 2:      Y... Cuando alguien no desea con la suficiente pasión... Inevitablemente se forja una vida que resulta ajena.

 

Él:                   Eso. Tan ajena... Y al mismo tiempo, tan mía. Eso es lo raro ¿Quién habrá sido realmente?

MADRE 1:     ¿Quién?

 

ËL:                  Mi madre.

 

MADRE 1:     (ensimismada, con melancolía) Su madre...

 

Él:                   ¿Quién habrá sido mi madre?

 

MADRE 2:     Allá usted.

 

MADRE 1:     Y qué cambiaría con saber? Cambiaría algo?

 

Él:                               No sé.  Si yo lo cuento así como así parece una cosa y no ... No es todo tan simple... Por eso siempre intuí, es como si me lo hubiera dicho...

 

MADRE 1:     Claro...

 

MADRE 2:     Me gusta la claridad con que ve las cosas, eh.

 

Él.                   Hoy la conocí...

 

MADRE 1:     ¿A quién conoció?

 

Él:                   A mi madre... (corrigiéndose) Mi madre, la que me dio la vida...

 

MADRE 1.     Madre hay una sola. Decídase.

 

MADRE 2:     ¿Por qué no lo deja hablar? (A Él)  Ah... Entonces finalmente la                             conoció.

 

Él:                   Y... Sí, sí.

 

MADRE 2:     ¿Entonces?

 

Él:                   La ví.

 

MADRE 1:     ¿cómo que la vio?

 

Él.:                  Y sí.  La vi en foto. Hoy me enteré quién era.

 

MADRE 1.     ¿Y? ¿Qué le pareció? Se parecía a su madre?

 

Él:                    Y no sé, tenía el pelo suelto, debería ser un día como hoy... (MADRE 2 asiente sarcásticamente en cada una de las respuestas de Él.

 

MADRE 1:     ¿Y qué más?

 

Él:                   Los ojos negros como que me miraban. (breve pausa, evocando su recuerdo. MADRE 2 lo mira fijamente con sus ojos negros.) ¡No  podía creerlo! Era como si me estuviera mirando... ¡A mí!

 

MADRE 1:     ( a la defensiva) Pero usted no tiene ojos negros...

 

Él:                   (ingenuo) No, yo no tengo... Pero, bueno, yo sentí eso,  que ella me estaba mirando... (breve pausa) ¿Como cuando  uno se ve la cara en un espejo? Bueno, así.

Pausa

 

MADRE 1:     ¿Y que más vió?.

 

Él:                   Parecía feliz.

 

MADRE 1:     Y qué más.

 

Él:                   No, nada más.

 

MADRE 2:     Qué bien. Cómo si la estuviera mirando...

 

Él:                   (con ilusión) Sí...

 

MADRE 2:     Realmente usted tiene que estar muy mal.  Una foto es un pedazo de papel, qué me dice..

 

Él:                   (disculpándose) ¿Soy muy infantil?

 

MADRE 2.     Ah! Lo dice usted. Yo no soy quién para meterme en su vida.

 

MADRE 1:     Entonces no se meta, que ya bastante carga tiene el chico.

 

Él:                               (A MADRE 2) Pero en la foto estaba su rostro era ese, eso sí. Ese rostro era de mi madre... Me han confirmado que sí, que era ella.

MADRE 2.      Ese rostro... Usted no aprende más, querido... A ver: no hay rostro, no hay foto. No hay nada... Apenas una trama de manchas, algunas menos grises, es cierto. Pero si algo se ve hay que intuirlo.

 

Él:                   (disculpándose) Si, sí yo siempre intuí...Yo, de algún modo, algo intuía...

 

MADRE 2:     Con la intuición no hacemos nada. Hay que hacerse cargo. Hay que saber mirar. Y usted nunca ha visto nada. La verdad. 

 

Silencio

 

MADRE 2:     ¿Y? Ha visto a alguien? Vamos, dígalo sin rodeos.

 

Él:                   (turbado) No..

 

MADRE 2:      Eso es lo terrible. Lo que no se ve. Lo que no se ve siempre puede ser peor. Eso es lo que vio en esa foto. Ese muro de cristal que se ha cerrado para siempre. Ni más ni menos.  No es un rostro, no es una mirada, ni siquiera  una forma difusa de alguna mujer...

 

Él.                   ¿Pero...? ¿Y quién es entonces mi madre?

 

MADRE 1:     Me falta el aire!

 

MADRE 2.     (a Él) ¿Quién es su madre?

 

Él:                   Sí, ¿quién es entonces ella?

 

MADRE 1:     ¡Me falta el aire!

 

MADRE 2:     (sarcástica) Bueno, ya se le va a pasar... Hay cosas peores. Paciencia.

 

MADRE 1:     Nunca me pasó esto!

 

           MADRE 2:       (burlona) Uf, a mí tantas veces! No se imagina las que pasé yo cuando estaba ahí... No es nada, ya se le va a pasar.

 

MADRE 1:     Me falta el aire!

 

Él:                   ¿Y ahora?

 

MADRE 2:     ¿Qué? Ahora ¿qué?

 

MADRE 1:     Me falta el aire!

 

MADRE 2:     ¿Sí? ¡Que se aguante!

 

MADRE 1:     (suplicante) Me falta el aire...

 

Él:                   (en la disyuntiva de MADRE 1 y MADRE 2) No entiendo, no...

 

MADRE 2:     (a MADRE 1) ¿Todo yo se lo tengo que explicar?

 

MADRE 1:     Me ahogo!

 

MADRE 2:     Relájese, tampoco es para tanto... ¡Cómo se ve que le falta mundo,                                    eh!

 

MADRE 1:     ¡me siento mal!

 

MADRE 2:     Pero dígame una cosa, ¿usted nació ayer?

 

Él:                   (casi desesperado) ¿Qué tengo que hacer...?

 

MADRE 1:     (débil) Nada... Ahora nada...

 

MADRE 2:     ¡Cómo que nada! Siempre se puede un poco más... No va a venir a aflojarse ahora....

 

MADRE 1:     (ya recuperada, pero abatida) No puedo más.

 

Él:                   ¡Tiene que poder!

 

MADRE 2.     ¡Pero qué obsesión!

 

Él:                   (a Madre 2) ¿Quién se cree que es usted?

 

MADRE 2:     Ya se va a acostumbrar, quédese tranquilo... El ser humano es un animal de costumbre, le juro que es así.. Uno nunca se cree capaz, pero al final aguanta eh.

 

Larga pausa

 

MADRE 2:     (A Él) ¿Y? ¿Se siente mejor?

 

Él:                   ¿Es lo que usted quisiera, no?

 

MADRE 2:     No me conteste con otra pregunta. Trato de ser amable.

 

Él.                   ¿Y usted?

 

MADRE 2:     Yo pregunté primero.

 

Él:                   ¿Se puede saber por qué?

 

MADRE 2:     Curiosidad, interés... Afecto. Llámelo  como quiera.

 

Él.                   No me diga!

 

MADRE 2:     ¿Le sorprende?

 

Él:                   Me desconcierta.

 

MADRE 2:     Qué, ¿no me cree?

 

Él:                   No.

 

MADRE 2:     Esperé tantos años... Paciencia es lo que me sobra.

 

Él:                   A mí no me va a apurar, eh.

 

MADRE 2:     ¿Está nervioso o me pareció?

 

Él.                   Su manejo...No me  gusta el manejo que tiene.

 

MADRE 2:     Le juro que no lo entiendo.

 

Él:                   No hace falta entender, hace falta abrir un poco los ojos.

 

MADRE 2:     ¿Qué me quiere decir con eso?

 

Él:                   (Burlón) ¿Todo hay que explicarle?

 

MADRE 2:     Todo no.

 

Él:                    La próxima vez no voy a poner buena voluntad. La próxima vez no voy a tratar de ser amable. Lo justo nada más: buen día, buenas tardes, hasta luego... Basta de ser lo que otros esperan.

 

MADRE 1.     Cada uno hace lo que puede.

 

Él:                   No siempre.

 

MADRE 2:     (a Él) Usted, ¿A quién busca?

 

Él.                   ¿Y encima se burla?

 

MADRE 2:     Lo puedo ayudar. Yo lo puedo ayudar. Si usted me lo permite, podemos intentarlo

 

Él:                   No insista... Esta bien así...

 

MADRE 2:     Pero ¿y la foto?  Usted dijo que la vio, ¿no vio esa foto?

 

Él:                   Uno dice tantas cosas...

 

MADRE 1:     Y las cosas se dieron así, ¿no? Las cosas se dieron así....  Yo también tuve otros ideales, otros sueños.

 

MADRE 2:     Todos lo tuvimos. En algún momento todos lo tuvimos...

 

Él:                   Pero eso era antes.

 

MADRE 2:     Sí, pero mi caso es distinto. Mi caso es muy distinto...

 

Él:                   Con todo, las cosas van cambiando.

 

MADRE 2:     Nunca lo suficiente. El tiempo pasa, pero...

 

MADRE 1:      Tiene razón. Uno se hace la ilusión de cambiar, y vive pensando que siempre va a llegar el momento, que vale la pena esperar... Uno aguanta tantas cosas pensando ese momento! Y no, ese momento no llega.

 

MADRE 2:      ¡Claro que no llega! Ese momento no llega porque otro lo ocupa. No sé quién, no importa, pero es el otro, alguien que no es uno. Y uno se desconoce, eh... Uno se desconoce de un modo increíble. Es como mirar fotos viejas... ¿Se vio en una foto vieja? Somos los mismos, y al mismo tiempo, son otros los que están ahí.. Estáticos, alegres, con otro cuerpo... Y uno tiene que  conformarse con vivir la vida a través de los otros, mirándolo todo desde un algún ventanal lánguido y gris, el más gris de todos los grises.

 

Él:                   Es tarde... Los días empiezan a ser cortos.

 

MADRE 2:     Y lo más terrible es que otro momento  una se llevaba el mundo por delante...

                        ¡Que fuerte, qué omniponte me sentía en otros tiempos! Yo creía que podía cambiar al mundo, ¡pensar que yo era ésa! (Rie con melancolía) Qué triste se ve todo desde el pasado. Qué ajenos que nos resultan nuestros propios recuerdos... Como cuando uno se reconoce en una foto vieja.

 

Él:                   Y sí... Es tarde...

 

MADRE 1.     Es tarde para casi todo, y sin embargo... los días pasaron tan lentos.... tan lentos... Me da vergüenza no haber hecho nada... Cada día que pasa siento que sumo una equivocación, porque uno siempre piensa que se equivocó. Que las cosas podrían haber sido más simples o más fáciles... Yo no tuve valor. (A Él) Yo te quise tanto... Perdón, yo no pude decirte que yo no fui tu verdadera ma...

 

Él:                   Ahora ya pasó.

 

MADRE 2:     Sí, ya pasó. Lamentablemente no se puede volver atrás.

 

MADRE 1:     ¿Entonces?

 

Él:                   Entonces, ¿qué?

 

MADRE 1:     Entonces, ¿quién soy yo ahora para vos? ¿Quién fui?

 

Él:                   No sé. ¡No sé!

 

MADRE 2:     (a Madre 1) ¡Déjelo en paz! ¿Qué busca ahora? ¿El premio consuelo?

 

MADRE 1:     Es cierto. Ya no se puede pedir nada, ya está todo dicho.

 

Él:                   No. O sí.

 

MADRE 1:     (justificándose) Yo sabía... Yo siempre supe que esto iba a pasar...

 

Él:                   Está bien...

 

MADRE 1:     No sé, a mí me gustaría... que me recordaras bien...Me sentiría más                                    aliviada.

 

MADRE 2:     (A Él) Si por lo menos yo tuviera la certeza... No sé, creo que me                           aliviaría.

 

Él:                   ¿Qué certeza?

 

MADRE 2:     Que entendieras que yo te quise mucho. Que no fui yo quien te abandonó. Que otros me secuestraron y  te arrancaron de mis brazos, que yo no pude defenderte porque yo no me tenía ni a mi misma. Que otros  te inventaron otra vida, otro nombre, otra historia... (MADRE 1 la mira y sale) Otra historia que no es la tuya y al mismo tiempo es la de todos, porque se repite en muchos chicos como vos, porque tu historia es la historia del país que te tocó nacer.

 

Pausa larga y tensa.

 

Él :                 (angustiado) Perdón, perdón, ¡me siento tan mezquino! Es que no sé ya quién soy... No se qué es lo que siento, no sé qué es lo que debería sentir. ¡No sé!

 

MADRE 2:      (a Él, con mucha ternura y casi suplicante) Salvame del olvido... Eso, nada más te pido.  (breve pausa) No te olvides de mí... Aunque nunca te haya podido acariciar (atina a hacerlo, pero se contiene)... Aunque nunca te haya podido cuidar, aunque nunca te haya podido preparar ese flan casero que tanto te gusta, yo soy tu historia. Yo soy tu mamá... ¿me reconoces ahora? Por favor, no te olvides de mí…

.

Él:                   No es olvido, es que...   Siempre espero que llegue alguien y me saque de este desamparo, de este abandono en  que me hundo...  Y la verdad es que uno solamente se tiene a uno... A nadie más que uno mismo

 

Pausa

 

EL: A veces hay un abismo entre lo que  queremos ser y lo que somos. Hasta soñamos despiertos con ser otros. (Con resignación) Y bueno... (Pausa)  No siempre se puede elegir, ¿no?

Antes pensaba en mi madre y era mía. Ahora entiendo que a veces los recuerdos no  nos pertenecen para siempre, que pueden ser de otros. O de nadie. No sé. (Toma una fotografía de su bolsillo)  Pero ahora sí te veo. Mirá que pasaron años, eh... Nítida, te veo. Tus ojos me miran con ese pelo revuelto y el recuerdo suave y leve como esta tarde lenta.  Tal vez un pase de magia pueda rescatar algo de esa foto, y para quienes no ven nada estés allí.

(Con ternura) La obsesión... Me ayuda pensar en lo que siempre dijo mi madre... (Imitándola) Para encontrar el camino se necesita cierto grado de obsesión... Me dijeron que ella era de decir eso, era su muletilla, "tener cierto grado de obsesión"....

Hay días en que me propongo seguir esos consejos. Y hay noches en que me quedo en donde estoy. Me siento, me levanto, espero que llueva o que salga el sol. Todavía no se que es mejor. Supongo que tampoco hay un camino que se haga solamente por un impulso. Y mucho menos por la reiteración . La historia, mi propia historia.

Pensar que el recuerdo de los que hemos dejado atrás nos deja atados al mismo sitio, una y otra vez...

Y sin embargo... Es sentir el olor a azúcar quemada y... (Expresión de deleite) Un día de sol... mirar la lluvia por la ventana... (Breve pausa) Tampoco me dediqué, como se dice, a rehacer mi vida. Sería como renegar, ¿no? Además, ninguna vida se puede deshacer y volver a hacer. (Pausa) Y sin embargo... Es cierto, soy otro. Soy el mismo, pero soy otro.

Quién soy yo para  cambiar mi historia, si es como un inventario de vivencias que arrastro, que llevo con la misma levedad y densidad de mi propia sombra. El gusto de mirar la lluvia o de tirarme al sol... Ese flan casero...Ya son parte de mi, no podría renunciar. Por nada del mundo. A veces  me parece que esos hábitos amados escondieron una secreta confianza, un acto de fe... No sé, como si me hubieran  ayudado a seguir.

Quedarse, partir, acomodarse, cambiar, escapar, continuar... Tal vez permanecer, mejor permanecer, modelar lo tangible, insistir en lo que uno es hasta el extremo de la terquedad.

Antes (y aclaro que no me gusta abusar de esta palabra) me gustaba mirar la lluvia desde una ventana. Y ahora también, pero todavía más.

 

Fin.

monicaogando@yahoo.com.ar

 

 

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