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Arritmia

de  Leonel Giacometto

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

ARRITMIA[i]

Leonel Giacometto

lgiacometto@gmail.com

 

Personajes:

ANA 1 (A1): Mujer de edad avanzada.

ANA 2 (A2): Mujer de edad muy avanzada.

 

    Pequeño patio interior de un asilo para ancianos. A la izquierda, la puerta hacia el salón principal. A la derecha, la puerta hacia el jardín. Detrás, un enorme ventanal con los vidrios rajados, a través del cual se ve, además del cielo, una parte del jardín: algunos árboles, bancos despintados y oxidados, y mucha maleza. Hay una mesa de plástico blanco cerca del centro del patio. También, diseminadas en todo el patio, sillas de diversas formas (algunas están rotas).

 

Escena 1

    Es de día. A través del sol que ingresa por el ventanal, la suciedad del lugar se hace evidente: una fina pero interminable lluvia de polvo. ANA 1, en una de las sillas cercanas a la mesa, está sentada de espalda y frente al ventanal, inmóvil y recta. De a ratos, gira la cabeza hacia las dos puertas y hace un leve movimiento corporal. Se escucha un ruido de pedo. Rápida, después, vuelve a su inmovilidad. Pausa. De la puerta del salón ingresa ANA 2, que busca una silla y la arrastra hacia la mesa. La coloca en el extremo opuesto a ANA 1, se sienta de frente y de espalda al ventanal, y suspira profundamente. Después, produce un diminuto eructo.

A1:- ¿Pudo hacerlo?

A2:- ¿Qué? ¡Ah! Sí.

A1:- ¿Y?

A2:- No sé. Todavía no lo vi.

A1 (Apurada.):- Vamos a verlo, entonces. ¡Dele!

A2:- ¿Aquí? ¿Y si aparece alguien?

A1:- Nadie viene a este patiecito. Se la pasan encerrados en el salón o en sus piezas. Sáquelo tranquila.

 

    ANA 2 saca, de su escote, una cajita de remedios envuelta en un pañuelo blanco. La deja sobre la mesa. Silencio.

 

A1:- ¿Y? ¡Dele, ábralo y léalo, por favor!

A2 (De repente.): - ¡Ay, por Dios! Me olvidé de buscar los anteojos. Ana, ¿lo podrá leer usted misma?

 

    Ofuscada, ANA 1 deja al descubierto la cajita. La acerca y la aleja de sus ojos siempre rezongando.

 

A1:- A ver, deme. Yo ya ni con anteojos veo. Por eso le dije que lo hiciera usted. Lo hacía yo, sino. Pero no veo. No veo. Me tengo que operar.

A2:- Yo también. De las cataratas, pero (Pausa corta.) últimamente me dejo estar un poco de la vista. Ya no me interesa tanto ver si puedo yo ha...

A1 (Interrumpiendo.):- I o ra ze pán. “Iorazepán”, ¿ése es?

A2:- No sé. Yo no sé el nombre de las pastillas.

A1:- ¿Y cómo supo cuál agarrar?

A2:- Por el color. Colores veo. Por el color y por el tamaño de las pastillas. Así las reconozco cuando me las dan. ¿O usted se sabe el nombre de todos los medicamentos?

A1:- Ah, no, claro que no. (Silencio.) Yo las huelo.

A2:- ¿Las huele?

A1:- Sí, sí. Las huelo. (Pausa corta.) La de la artrosis tiene un olor como a libro viejo; la “Ranitidina”, ésa me sé el nombre, la única, a pis; la del calcio tiene olor a eso: a calcio.

A2:- ¿A calcio?

A1:- Un olor como (Pausa corta.) verde. Verde claro.

A2:- ¿A manzana verde?

A1:- No, eso es olor a fruta. Yo le estoy diciendo olor a verde claro. (Silencio. La mira.) Ay, no sé cómo explicarme. Explicarle, a ver, por ejemplo: yo le dije a usted que buscara las de la arritmia, ¿no?

A2 (Señalando la cajita):- Sí, ésas.

A1:- ¿Y cómo lo supo?

A2:- Porque abrí la cajita y vi que eran color cremita. Por eso.

A1:- Ahí está, ¿ve? Yo ahora (Saca las pastillas de la cajita.) las huelo y (Hace un gesto de desagrado.) Ahí tiene, tienen un olor a enfermera. Por eso le dije que buscara los prospectos.

A2:- ¿Por qué me dijo?

A1:- Por las enfermeras. Yo desconfío de estas pastillas porque tienen olor a enfermera. Son de tener.

A2:- Ah, no, sí, sí.

A1:-Sobre todo acá, que son todas empleadas municipales.

A2:- Municipales, sí.

 

    Silencio.

 

A1 (Suspira y emite un largo “ay”.):- Diga que a mí me cagó la gestora con la jubilación, que si no, yo estaba lo más cómoda en un departamentito.

A2:- ¿No diga que la estafó una gestora?

A1:- Sí, me cagó una abogada. Era abogada la gestora. La doctora Luisa Biasetti, con dos tés. Con nombre y apellido se lo digo por si alguna vez se la cruza.

A2:- No creo. Yo no tengo jubilación.

A1:- ¿Ah, no?

A2:- Tengo una pensión de mi marido, ya fallecido. En realidad yo me casé de grande con él. Él insistió con lo de los papeles para que yo no quedase en pampa y la vía.

A1:- Ah, claro. ¿Qué hacía su marido?

A2:- Era mozo. Trabajaba en un bar.

A1:- En un bar, ah. ¿En el centro?

A2:- ¿Qué centro?

A1:- El bar, ¿estaba en el centro de la ciudad?

A2:- No, no. Estaba en la zona sur.

A1:- ¿Cómo se llamaba?

A2:- ¿Mi marido o el bar?

A1:- Los dos.

A2:- Mi marido se llamaba (Pausa corta.) Hugo, y el bar se llamaba (Pausa corta.) “Bar (Pausa corta.) al paso”.

A1:- ¡Qué lindo nombre!

A2:- ¿Cuál?

A1:- Los dos.

A2:- Ah. (Pausa corta.) Sí.

 

    Silencio. Pausa. ANA 1 fija la mirada en un punto, a un costado, en el suelo. ANA 2 también, pero en un punto opuesto.

 

A1 (Suspira.):- Así es. Y, ¿de qué falleció su marido?

A2:- De SIDA.

A1 (Sorprendida.):- ¿De qué?

A2:- De SIDA, pobrecito. Fue fulminante. En una semana quedó hecho un auja y se fue para siempre.

A1:- Pero (Pausa corta.) dígame, Ana, esa enfermedad, esa enfermedad no ma... (Se interrumpe.) No fallece a las personas, cómo le digo, a ver, a las personas de alguna manera, a ver cómo, raras.

A2:- ¿Raras cómo?

A1:- Raras. (Pausa corta.) Inclinadas.

A2:- ¿Inclinadas hacia dónde?

A1:- Inclinadas hacia lo raro.

A2:- No le entiendo, Ana.

A1:- Dadas vuelta.

A2:- Mi marido, lamentablemente, si a eso se refiere, vivía dado vuelta. Siempre inclinado.

A1:- ¿Y usted no decía nada?

A2:- ¿Y qué iba a decir yo? Le gustaba mucho el vino. No tomaba mucho, pero cuando lo hacía se dada vuelta, así como usted dice.

A1:- ¿Se daba vuelta?

A2:- Se ponía malo, se enviolentaba, el pobrecito. Me echaba la culpa. Siempre estaba más inclinado él que la botella.

A1 (Nerviosa.):- No, Ana, no. A ver, dígame, ¿cómo se agarró el SIDA?

A2:- Con alguien del bar. (Pausa corta.) Parece.

A1:- ¿Cómo?

A2:- ¿Cómo qué?

A1:- ¿Cómo fue?

A2:- ¿Cómo fue?

A1:- Sí, ¿cómo fue? ¿No le contó, no se enteró de qué manera?

A2:- Ah, sí. El pobrecito me contó que tomó del mismo vaso de un infestado.

A1:- Usted perdone, Ana, pero yo sé, y perdone que me meta pero yo sé, y de muy buena fuente lo sé, porque una vez leí todo acerca del SIDA en la Rides Diges, que eso le pasa solamente, digo, que eso se pasa solamente en el acto, a ver, en el acto (Pausa corta.) carnal contrana...

A2 (Interrumpiendo):- Ah, no. Por eso no. ¿Usted piensa que el pobrecito me lo pasó a mí por eso? No. El SIDA lo tenía en la garganta él. Y bueno, nos besábamos y todo aquello, pero no como antes. Besos apenas, eran los nuestros.

A1 (Calmada aunque algo confundida.):- Pero entonces usted está sana, ¿no?

A2 (Efusiva.):- Sí, la mar de bien. Salvo la arrimia. Y la chicatez. Y a veces me pasa como que soñé algo, pero después no me acuerdo de nada y me parece que no era un sueño lo que soñé, sino que me empieza a venir como un recuerdo, pero no estoy muy segura...

A1:- Ah, sí, me pasa.

A2:- Pero a mí no me pasa seguido.

A1:- No, a mí tampoco.

 

Silencio. Pausa larga. Inmovilidad.

 

A2 (De repente.):- Nunca hablamos así de nosotras. Siempre estamos aquí hablando. Pero nunca hablamos de nosotras.

A1:- ¿Sabe lo que pasa? Yo no soy de hablar mucho con la gente acá.

A2:- A mí me hablan y yo les contesto.

A1:- Yo, cuando me enteré que en el geriátrico había otra Ana, me dije: “Con ese nombre debe ser una persona confiable. Confiable y honesta”. Por eso me acerqué.

A2:- La primera que se acercó fui yo.

A1 (Confundida.):- ¿Sí?

A2:- ¿No se acuerda? Usted estaba en la puerta de su pieza. Parada, dura como el mármol, y (Pausa corta.) le pasaba la lengua a la puerta.

A1 (Sorprendida.):- ¿Yo?

A2:- Después trató de abrirla y no pudo.

A1:- ¿Usted la abrió?

A2: -No, una enfermera.

A1:- ¿Entonces?

A2:-¿Entonces qué?

A1:- ¿Qué pasó conmigo?

A2:- Ah, yo fui a llamar a la enfermera porque usted lloraba y decía: “me van a echar, me van a echar”.

A1 (Confundida):- ¿Echarme? ¿A mí?

A2:- Eso decía usted. Cuando vino la enfermera yo trataba de calmarla pero usted dale que dale al llanto y al lengüeteo.

A1 (Inquieta y esquiva.):- No recuerdo.

A2:- La enfermera le tuvo que despegar la boca del picaporte. Yo la recosté después, hasta que se durmió.

A1:- No recuerdo nada. Qué pena. ¿Cuándo sucedió esto?

A2:- Ayer.

A1 (Rapidísimo.):- ¿Ve? ¿Ve? ¿Ve? Son las pastillas.

 

Pausa corta. Se miran.

 

A1 (Llorosa.):- Estoy segura que (Agarra la cajita.) estas pastillas le alteran la personalidad a una. Por eso le pedí que las buscara. Hay que leer los prospectos.

A2:- Entonces se acuerda de lo que pasó ayer.

A1 (Esquiva.):- Algo. Recuerdos vagos. (Pausa corta. Suplicante.) Por favor, lea el prospecto.

A2:- Lo tiene usted.

A1:- ¿A qué?

A2:- La caja. La tiene usted en la mano.

A1 (Asustada):- Ay, cierto. Me pongo tan nerviosa de sólo pensar en las pastillas y las enfermeras. (Trata de leer pero no puede. Suspira molesta.) No puedo, no puedo leer. Ana, ¿no iría a buscar sus anteojos? Estoy muy asustada. (Pausa.) Debería estarlo usted también.

A2 (Primero dudando.):- Bueno, voy. Espéreme acá.

 

    ANA 2 sale por la puerta del salón. ANA 1, calma su respiración, y vuelve a su posición original.

    Apagón.

 

Escena 2

    Más tarde. ANA 1 está sentada de espalda y de frente al ventanal. Su cabeza pende hacia adelante, su torso inclinado y su cuello demasiado estirado hacia abajo da la sensación de que ANA 1 está descabezada. Por la puerta del salón ingresa ANA 2, algo apurada, sosteniendo con las dos manos los anteojos. Se acerca a la mesa.

A2:- Aquí los traje. Me demoré un poco porque la tuve que ayudar a la Irma. (Silencio.) Pobre Irma. ¿Usted la conoce? A lo mejor sí. Ella está en la pieza de al lado a la mía. (Pausa corta.) Pobrecita, se le había salido la hernia injinal que tiene y estaba a los gritos. ¿Puede creer que nadie vino a ayudarla? Tuve que acomodársela yo. (Pausa corta.) La voy a traer un día acá, si no le molesta, Ana. Ella es buena. Sale poco de su pieza. Está muy viejita ya, la pobrecita. Habla poco y está toda arrugadita. Una pasa de uva gigante parece. Un día, si usted me ayuda, la convencemos, la levantamos y aunque sea la sentamos en una silla de por allá. (Señala.) Cerca del ventanal. Para que vea algo de verde, aunque sea. ¿Quiere? (Pausa corta.) Ana. ¿Ana? Ana, ¿me escucha? (Se acerca a ANA 1, que permanece inmóvil.) Ana, ¿está bien? ¿Ana, qué le pasa? (Con un dedo de la mamo izquierda toca apenas el hombro de ANA 1.) ¿Ana, me escucha? ¿Se durmió? Ay, Dios mío. Ana, despiértese si está dormida. (Alza la voz.) ANA... A NA... Ana, ¿se murió usted? ¿Se murió, Ana? ¿Se murió Ana? (Muy nerviosa.) Ay, por favor, que le traje los lentes. Vuelva. Vuélvase que le leo los prospetos. (Se acerca al pecho de ANA 1, se agacha y apoya la oreja derecha.) Nada. Ay, Cristo crucificado (Pausa corta.) y vuelto a renacer, está muerta. Debe estar muerta. (Desesperada, intenta tocarla pero no se atreve.) ANA, ANA, Anananananananana. Si se murió no me tenga así, por favor, hágame una señal desde el más allá. Mueva la mesa, corra las sillas, rompa los vidrios, haga llover. (Pausa.) ¿Entonces, sería verdad que la estaban envenenando con esas pastillas? (Pausa.) La mataron a usted. (Acercándose.) Tiene que avisarme quién fue. Hábleme, diga algo, dígame el nombre de la enfermera. (Pausa. Susurrante.) ¿Ana? ¿Llegó al cielo? ¿Llegó? Escúcheme, si ya está allá, si llegó, pregunte por mi Hugo. Fíjese si está Hugo Dennis, como Sergio pero con dos enes. Y por Teresa Giménez, con “ge” como Susana. Fíjese. Y por el Carlito, que debe andar corriendo por ahí con la remerita azul. Fíjese. (Al moverse tropieza con una de las patas de la silla donde está sentada la otra. ANA 2 cae al suelo y ANA 1 golpea su cabeza contra la mesa.)

A1: ¡Ay! (Tose profundamente.)

A2 (Desde el suelo, sorprendida.):- Ana, Ana, Ana. ¿Está viva?

A1 (Dolorida y confundida.):- ¿Quién?

A2:- Usted. ¿Revivió? ¿Me escuchaba desde el cielo? ¿Llegó al cielo? ¿Lo vio al Carlito? ¿Está bien?

A1:- ¿Quién?

A2 (Parándose.):- El Señor la mandó de vuelta. Igual, igual que a mi hermana Teresa. Igualita.

A1:- ¿Quién?

A2:- Ella vivía en Córdoba y un día iba caminando y de repente se cayó y se murió. Así de golpe se murió. Pero, a los cinco minutos revivió. Volvió. Abrió los ojos y volvió. Pero ya no era la misma. No, no. Ella volvió distinta, cambiada. Se trajo poderes en las manos y desde ese día ella empezó a curar con las manos. Se hizo famosa con las manos. Ella le ponía las manos donde a uno le dolía y lo sanaba a uno. Así hacía (Se pone las dos manos en el pecho.) y respiraba hondo, hondo. (Pausa corta.) Lástima que el Hugo, pobrecito, nunca quiso ir para allá. Lo hubiese curado. Y ella no se movía de Córdoba. No se movía de su casa siquiera. Decía que el Señor no la dejaba. Estaba muy gorda también y casi no podía levantarse de la cama. Atendía acostada. En los últimos años le salieron los estimas en las manos, como a nuestro Señor Jesucristo. Era impresionante. Todas las palmas cubiertas de sangre y ella ni mu.

A1 (Después de un corto silencio.): -¿Quién?

A2:- La Teresa. La Teresa Giménez, mi hermana ya fallecida. Ese día sí se fue para siempre. Fue de noche y al parecer, durmiendo, se dio vuelta y el peso de su cuerpo l'ogó. En el entierro estaba todo el pueblo. Hasta periodistas había. ¿Escuchó usted hablar de ella?

A1 (Sin entender):- No.

A2:- Y ahora parece que el nicho tiene poderes. Mucha gente se acerca. Yo hace tiempo que no voy para allá. Tendría. Podríamos ir un día, ¿quiere? Vamos y yo le muestro la tumba de la Teresa. Y si podemos la llevamos a la Irma.

A1 (Sin escuchar.):- Me duele la cabeza.

A2:- ¿Se siente distinta?

A1:- ¿De qué?

A2:- De la vuelta. Usted volvió. Como la Teresa.

A1:- Yo me quedé dormida. Me parece. Se me torció el cuello.

A2:- Eso también lo curaba la Teresa. La tortículis.

A1:- Es un dolor nada más.

A2:- Así empieza todo.

A1:- ¿Todo qué?

A2:- Todos los males empiezan con un dolor.

A1 (Mirándola extrañada.):- Si usted lo dice.

A2:- Ana, menos mal que se murió y se volvió.

A1 (Irritada.):- Yo no me morí. Me quedé dormida, nada más. Me quedé dormida porque, porque, ¿por qué me quedé dormida?

A2:- Porque yo me demoré acomodándosela a la Irma.

A1:- ¿A quién? ¿Qué?

A2:- La Irma, mi vecina de pieza. Ella tiene una hernia injinal y yo se la acomodé.

A1:- ¿Usted?

A2:- Yo soy muy ducha con las manos. Si alguna vez me muero y vuelvo como la Teresa, a lo mejor podría curar. Acá haría falta. Lástima que usted no se murió. Seguro volvía poderosa.

A1:- ¿Usted cree?

A2:- ¿Segura que no se murió?

A1:- No, no y no.

A2:- ¿No se acuerda de nada? La Teresa vio un pasillo.

A1:- Si dormida no me acuerdo de nada, imagínese muerta.

A2:- ¡Qué lástima! Nos hubiese servido a todos, y usted se curaba a usted misma la arrimia.

A1 (Recordando, de repente.):- ¡Las pastillas! ¿Trajo los anteojos?

A2:- Cierto, a eso fui a mi pieza. Acá están. ¿Me los pongo?

A1 (Dándole el prospecto.): - ¡Dele, léalo!

A2 (Con el papel en las manos.):- ¿Adónde primero?

A1:- Usted empiece.

A2 (Leyendo pausadamente.):- Es te a ra to. Estearato de ma ne si o, Pri mo jel... ¿Usted sabe qué es todo esto?

A1:- Deben ser los ingredientes. Lea más abajo.

A2:- “Se encuentra indicado en el manejo de los desórdenes de la ansiedá, o para el alivio a corto plazo de los síntomas de la ansiedá. An si o lí ti co de elec ción en los ancianos, por carecer de me ta bo li tos.” (Mira a ANA 1.) ¿Metabolitos?

A1:- No sé, no me mire así, Ana. ¿No dice nada de la arritmia?

A2:- ¿Usted está segura que es esto lo que nos dan para la arrimia?

A1:- Para mí es esto. (Se lleva la cajita a la nariz.) La única pastilla que tiene olor a enfermera es la de la arritmia, y ésta tiene ese olor.

A2:- Sí, pero acá no dice nada de la arrimia.

A1:- A lo mejor tiene otro nombre. Un nombre científico. (Pausa corta.) Lo que me extraña es lo de la ansiedad.

A2:- Será por las pulsaciones. Yo me agito con la arrimia, y entonces, eso me debe poner ansiosa. Y a usted también.

A1:- Yo no lo creo. Acá nos están haciendo algo.

A2:- ¿Por qué nos harían algo?

A1:- Porque acá todos son muy malos.

A2:- Pero a mí no me da por chupar puertas.

A1:- Chupará otra cosa y no se dará cuenta, Ana.

A2:- Ay, no me haga asustar.

A1:- Siga leyendo, siga leyendo.

A2 (Lee.):- “E fetos cola te ra les: se ha oservado atax ataxia (Se miran las dos desconociendo el término.) Hi po to mí a mus cu lar (Ídem.) Mareos.”

 

    Se miran.

 

A1:- Mareada ando.

A2:- Yo también. (Sigue leyendo.) “Na u seas y vó mitos”

 

    Se miran.

 

A1:- A veces.

A2 (Leyendo.):- “ XXXeXe ros to mí a”.

 

    Se miran.

 

A1 (Simulando saber):- A veces.

A2:- “Sabor amargo”.

A1:- Yo uso Corega, no sé usted.

A2:- “Cambios en la lí bi do” (Se miran. ANA 1 hace un gesto de afirmación.) ¿Qué sería eso, Ana?

A1:- Cambios, cambios ahí.

A2:- ¿Ahí dónde?

A1:- Ahí. Abajo, Ana.

A2 (Mira debajo de la mesa):- ¿Abajo?

A1: -En la zona sacra, Ana.

A2:- ¿Yo tengo eso dónde?

A1:- Siga, Ana, seguramente su marido ya se encargó de esos cambios.

A2:- ¿El Hugo? ¿Cuándo?

A1 (Alzando la voz.):- ¡Siga, por el amor de Dios, siga!

A2:- No me grite, que no soy sorda.

A1:- Pero, ¿cómo no quiere que le grite? Estamos por descubrir lo que nos está matando y a usted parece que no le importa.

A2:- ¿Cómo no me va a importar? Pero usted me grita y yo no soy sorda.

A1:- Ya sé que no es sorda, Ana. (Suplicante.) Siga, por favor.

A2:- Está bien. Pero sigo porque esto también me interesa y porque no quisiera andar chupando puertas.

A1:- ¿Qué quiere decir con eso?

A2:- Lo que escuchó.

A1: -No sea mala, Ana. No ve que no soy conciente de las chupadas. Son las pastillas. Quisiera verla a usted en su pieza a ver si no chupa ventanas.

A2:- Venga esta noche a mi pieza y fíjese.

A1:- De noche, yo duerno.

A2:- Yo también. ¿O qué se cree?

A1:- Nada me creo. Nada.

 

    Silencio incómodo. ANA 2 vuelve al prospecto.

 

A2:- “Cambios en la conducta”.

 

    Se miran sorprendidas.

 

A1 (Inquieta.):- Esto de recién fue por las pastillas.

A2 (Ídem.):- ¿Usted cree?

A1:- ¿Hace cuánto que la tomó?

A2:- Todavía no me llamaron para tomarla. Hoy tomé las de la presión. ¿Y usted?

A1:- Yo tomé “Ranitidina” hoy. Nada más. (Piensa.) Pero seguro que tienen efecto retardado.

A2:- Ay, Ana, no me asuste.

A1:- No quiero asustarla, sólo estoy pensando en voz alta. (Pausa corta.) Pero continúe, siga.

A2 (Con la vista en el papel.):- A ver, acá dice que “O casio nal mente puede pro du cir fla tu len cia e impato fecal”.

A1 (Sorprendida.):- ¡Dios mío!

A2 (Asustada.):- ¿Qué?

A1:- Impacto fecal.

A2:- Eso tiene que ver con la caca, ¿no?

 

    ANA 1 responde afirmativamente con la cabeza.

 

A2:- ¿Qué pasa con nuestra caca?

A1:- No estoy segura. (Pausa corta.) Algo parecido a una explosión.

A2 (Bajito.):- ¿Un pedo?

A1:- Más que eso.

A2:- ¿Qué?

A1:- Una explosión. Una explosión de los intestinos.

A2 (Aterrada.):- ¡Ay, no!

A1:- ¿Qué más dice?

A2 (Temblando.):- “Sueños vi vi dos”. (Silencio.) ¿Sueños vividos?

A1:- Será eso que soñamos algo que en realidad no es un sueño, sino la verdad.

A2:- ¿Y qué es la verdad, Ana?

A1:- La verdad es que nos están matando.

A2 (Tirando el papel sobre la mesa.):- No quiero leer más. No sigo más. (Pausa corta.) ¿Sabe qué? Estas no son las pastillas. No son. Yo hace años que las estoy tomando. (Pausa corta.) Ya me tendría que haber muerto, o al menos me hubiesen explotado los istestinos...

A1:- ¿Cómo no van a ser las pastillas, Ana? Son, son las pastillas, esté segura. Lo que pasa es que usted no quiere ver que acá la están matando. A las dos nos están asesinando. (Pausa corta.) Y quién sabe a cuántos más.

A2:- Pero, ¿usted cómo va de vientre?

A1:- ¡Qué tiene que ver eso! Lo más importante es esto otro, lo de los sueños vividos. Nos quieren volver locas para que nos matemos solas. ¿Entiende?

A2:- No.

A1: -Lo que soñamos se hace realidad, Ana.

A2 (Sonriendo.):- ¿En serio?

A1 (Mirándola sorprendida.):- ¿De qué se ríe?

A2:- Yo sueño con el Carlito.

A1:- ¿Y ése quién es?

A2:- Mi hijo.

A1 (Titubeando.):- Perooooo, esteeeee. ¿Yyyyy? ¿Aparece?

A2 (Triste, de repente.):- No.

A1:- ¿Ve? Lo bueno no aparece. Lo bueno no vuelve. Lo bueno no se hace realidad. Sólo lo malo.

A2:- No entiendo.

A1: - Las pesadillas se hacen realidad.

A2:- Pero, ¿usted qué sueña que anda chupando puertas y picaportes?

A1:- No sé. No lo recuerdo, pero seguro es algo horrible.

A2 (Dudando.):- ¿Sabe lo que pasa? No son éstas las pastillas que nos hacen mal. Son otras éstas.

A1:- Hay una sola forma de saberlo.

A2:- ¿Cuál?

A1:- Tomándolas.

A2:- No. Hace un rato usted me decía que estas pastillas nos volvían locas y ¿ahora las quiere tomar? Discúlpeme, pero usted.

A1 (Seca, de repente.):- Está bien. Deje. Usted deje. Las voy a tomar yo.

A2:- ¿Cómo va a hacer eso?

A1:- ¿Por qué no? Si no son éstas las pastillas, bueno, no creo que me pase nada. Pero si son, si son usted se va a dar cuenta, muerta ya yo, que yo tenía razón.

A2:- ¿Y me va a dejar sola?

A1:- ¿Qué quiere que haga? Yo no puedo seguir así, viendo cómo nos matan.

A2:- Pero, mejor no tomamos las que nos dan con la comida.

A1:- No puedo esperar tanto.

A2:- ¿Y si explota?

A1:- ¡Qué me va a explotar! Eso debe ser un término científico para la cagadera.

A2:- ¿Y si se hace encima?

A1:- Llama a una enfermera, Ana, para que limpie. Las enfermeras están acá para eso.

A2:- ¿Y si son pastillas para otra cosa?

A1:- Ya le dije, veremos. ¿O se cree que yo no estoy asustada?

A2:- ¿Mire si son pastillas que de verdad hacen realidad los sueños?

A1:- No sé.

A2 (Cambiando.):- A lo mejor, son sueños lindos los que vienen.

A1:- Cualquier cosa es mejor que esta angustia.

 

    Silencio.

 

A2:- ¿Sabe qué? Tomemos mitad cada una.

A1:- No. Usted me dijo que no. Yo tenía más miedo que usted, después usted terminó siendo la más miedosa. Y mire ahora.

A2:- Pero a lo mejor son pastillas buenas éstas.

A1:- Nada de lo que leímos era muy bueno que digamos.

A2:- Las tomamos. Y si vemos que andan mal, nos metemos los dedos y las devolvemos, ¿quiere?

A1 (Pensando.):- Ah, es una posibilidad. (Pausa corta.) Pero media. Media cada una. (Pausa corta.) Aparte no tenemos agua y va a ser difícil tragarla.

A2:- Las masticamos.

A1:- ¿Está loca? ¡Con el olor a enfermera que tienen!

A2:- Bueno. Las tragamos en seco.

 

    ANA 1 saca una pastilla y la parte en dos. Le da una mitad a ANA 2. Se miran.

 

A1:- ¡Qué Dios nos ayude!

A2:- Dios y todos mis muertos

 

    Se tragan las pastillas.

    Apagón.

 

Escena 3

    Más tarde. ANA 1 y ANA 2 están cerca del ventanal, abrazadas y bailando lentamente.

A2:- ¡Qué linda música!

A1:- Sí, la verdad. Viene de afuera pero se escucha fuerte acá.

 

    Bailan y de a ratos sonríen.

 

A2: -Me gusta tanto bailar.

A1:- A mí también.

A2:- “No bailás nada mal vos, piba”.

A1 (Sonriendo tímida.):- Gracias una hace lo q...

A2 (Interrumpiendo.):- Así me dijo el Hugo la primera vez.

A1 (Sin escuchar.):- Salgo muy poco. No me gusta salir.

A2:- Tango bailaba el Hugo. Los domingos iba yo a bailar con la Teresa. Siempre nos escapábamos de casa por la ventana y corriendo, corriendo íbamos al clú social. Ahí bailaba el Hugo. Desde un primer momento pensé que el Hugo sería para la Teresa. Pero no. Un domingo sin decir una palabra me agarró de la mano y me llevó a bailar el tango.

A1:- A veces bailo sola en mi casa. (Pausa corta.) No se ría, ya le dije que yo salgo poco. Pero me gusta bailar. Después de todo no hay que salir para bailar.

A2:- El Hugo bailaba muy bien el tango. Me arrastraba con cada movimiento. Y yo me dejaba arrastrar. Apretado bailaba el Hugo. Cerradito. Yo, ese día, esperaba alguna palabra de él porque ya nos veníamos mirando hace rato. Pero yo siempre pensé que era para mi hermana. Pero no. Yo bailaba apretadito con el Hugo mientras la Teresa me comía con los ojos. Y no me importó.

A1:- Un poco me importa, no le voy a decir que no. Yo soy más bien reservada, por eso me costó aceptar esta invitación. Yo sí que quería, pero yo, mire, yo no soy de salir mucho, Carmen.

 

    Silencio. Se detienen en el baile. Se miran.

 

A2:- ¿Carmen?

A1:- ¿Qué?

A2:- Me dijo Carmen, Ana.

A1:- ¿Qué Carmen? Yo soy Ana.

A2:- Yo también.

 

    Se miran. ANA 2 sonríe y ANA 1 la acompaña. Vuelven a bailar.

 

A1 (Mirando el ventanal.):- Cada vez está más rajado.

A2 (Mirando también.):- Cómo pasa el tiempo.

A1:- Sí.

 

    Silencio. Baile.

 

A2:- ¿Usted qué piensa?

A1:- No, nada. Tenía la mente en blanco.

A2:- No, qué piensa de las pastillas.

A1:- Ah, las pastillas.

 

    Pausa.

 

A1:- No.

A2:- ¿No?

A1:- No.

A2:- Yo me siento bien.

A1:- Yo también.

A2:- ¿No será ésta la mejoría de la muerte?

A1:- No. Yo estoy viva. Mire. (Baila un poco más rápido.) Esto era algo que tenían escondido por ahí.

A2:- ¡Qué malos son acá! Habiendo algo que nos hace bien, lo esconden.

A1:- Pero usted lo encontró.

A2:- Sí, gracias a usted que desconfía de las enfermeras.

 

    Siguen bailando. Alegres.

 

A1:- ¿Sabe qué? (Pausa corta.) Me voy a tomar otra mitad.

A2:- ¿Por qué no?

 

    Dejan de bailar. ANA 1 busca otra pastilla y la parte.

 

A1:- ¿Mitad cada una, Carmen?

 

    ANA 2, que había comenzado a bailar sola, se detiene.

 

A2:- ¿Otra vez? Yo soy Ana.

A1:- Sí, yo también.

A2:- Entonces, ¿por qué me dice Carmen?

A2:- ¿Quién le dijo Carmen?

A2:- Usted. Dos veces me dijo Carmen.

A1:- Ah. No me di cuenta.

A2:- ¿Quién es Carmen?

A1 (De repente.):- A usted qué le importa.

A2:- Bueno, perdone. No se ponga así.

A1 (Con las pastillas en la mano.):- ¿Va a tomar o no va a tomar la pastilla?

A2 (Agarrando la pastilla.):- Sí, Carmen.

A1:- ¿Qué? Ahora usted me dice ese nombre.

A2 (Sonriendo.):- La estoy embromando.

A1:- Yo no le veo la gracia.

A2:- Bueh. Tómese la pastilla.

A1:- Usted también.

 

    Tragan la pastilla. ANA 1 se sienta. Pausa.

 

A2:- ¿Qué hora serán?

A1:- Tengo sed. ¿No iría a buscar un poco de agua?

A2:- ¿Yo? (Pausa corta.) ¿Y si me ve alguna enfermera?

A1:- Sigue de largo y va derechito a su pieza a buscar agua. (Pausa corta.) Y, ¿sabe qué? Tráigase una mantita porque tengo algo de frío.

A2:- ¿Y si me caigo?

A1:- ¿Cómo se va a caer, Ana?

A2:- Bueno, voy.

 

    ANA 2 sale al salón. ANA 1, al rato, se para y va hacia el ventanal. Le pasa la mano a una parte de la rajadura y comienza a caminar hacia la puerta del jardín. Tararea bajito una canción. Llega a la puerta del jardín e intenta abrir la. No puede. Sosteniendo el picaporte, se acerca más a la puerta y comienza a pasarle la lengua varias veces. Cada vez más largos los lengüetazos. Al rato ingresa ANA 2 con una jarra con agua y una manta. Mira a ANA 1, que sigue con la lengua y la puerta. Deja la jarra y la manta sobre la mesa y se acerca a ANA 1.

 

A2:- ¿Ana?

A1 (Dejando rápido de pasar la lengua.):- Ay, ay, ay, ay, ay.

A2:- ¿Está bien?

A1 (Asustada.):- Lo volví a hacer, lo volví a hacer.

A2:- Sí, ya veo. Venga, vamos a sentarnos que le traje el agua y la manta.

 

    Se sientan. ANA 2 le pone la manta a ANA 1.

 

A2:- Ay, me olvidé los vasos.

A1 (Bebiendo de la jarra.):- No importa.

 

    ANA 2 mira cómo toma agua ANA 1 y se sienta. Silencio largo.

 

A2.:- ¿Y?

A1:- ¿Qué?

A2:- ¿Está mejor?

A1:- ¿Yo? Estoy muy bien, me siento muy bien, ¿por qué lo pregunta?

A2:- Volvió a chupar la puerta.

A1 (Sorprendida.):- ¿Cuándo?

A2 (Sorprendida.):- Recién, Ana. Recién la despegué de la puerta del jardín.

A1 (Ofendida.):- ¿Ana, qué dice?

A2:- ¿Cómo qué digo? (Pausa corta.) Por favor no me preocupe.

A1:- No, no. Usted es la que me preocupa ahora. Yo estaba aquí sentada esperándola. ¿Qué vio usted?

A2:- La vi a usted (Se para y va a la puerta del jardín.) acá con la lengua afuera.

A1 (Parándose.):- No, usted está viendo mal, Ana. Cálmese y siéntese que sino las pastillas no le van a hacer efecto.

A2:- Yo la vi, Ana. Yo la vi a usted.

 

    ANA 1 mira, desconfiando, a ANA 2.

 

A2 (Asustada.):- ¿Y si empiezan a pasar esas cosas que decía el prospeto?

A1:- Por favor. Tiene que calmarse usted. Se le va a acelerar el pulso.

A2:- ¿Cómo no se me va a acelerar si yo no tomé la pastilla para la arrimia? (Pausa corta.) ¿Hace cuánto que estamos acá?

A1:- Yo tampoco la tomé y estoy lo más bien. (Pausa corta.) Le repito, Anita, cálmese. Estamos bien las dos.

A2:- Pero yo la vi chupando la puerta.

A1:- Se lo imaginó. Se lo imaginó usted. (Pausa corta.) Por eso de los sueños vividos.

A2 (Pensando.):- ¿Si yo la imagino así, usted lo hace?

A1:- No. Eso pasa en su cabeza.

A2:- ¿Y por su cabeza qué pasa?

A1 (Neutra.):- Nada.

A2:- ¿Cómo nada? Algo debe pensar, algo debe querer usted que se haga realidad.

A1 (Neutra.):- No, no.

A2:- Ana, ¿usted qué sueña?

 

    Pausa larga. Sentadas, ANA 1 y ANA 2 comienzan, por la ingesta de las pastillas, a balancearse lentamente, abriendo y cerrando los ojos. Respiran profundamente. Comienza, de a poco, a caer el día.

 

A1:- ¿A usted le gusta leer?

A2:- A mí me gustaban los brazos del Hugo.

A1:- A Carmen le gustaba mucho leer. Ella siempre me prestaba libros pero yo realmente nunca los leía. Siempre me aburrió leer. Me cansan las novelas. Yo le aceptaba los libros para no ser descortés. Después le decía: “Me gustó mucho”. O: “Todavía no lo terminé pero me gusta”. Nada más le decía.

A2:- Tenía raros los brazos el Hugo. Eran gruesos pero no eran musculosos. Eso me gustaba mucho porque parecían brazos de hombre trabajador. También la sonrisa me gustaba. Era grande, nunca había visto una boca abrirse tanto para reírse. Yo podía estar horas mirándole la boca. Hablaba siempre. No paraba de hablar. Hasta dormido hablaba.

A1:- Ella se dio cuenta que yo no leía los libros. Por eso al tiempo ella empezó a leerme. En lugar de salir por ahí, nos quedábamos en mi casa y ella me leía. A veces yo me dormía pero ella seguía y seguía. No sé la cantidad de libros que me leyó. Un montón de novelas.

A2:- La única vez que lo vi con la boca cerrada fue cuando le dije que estaba embarazada del Carlito. Ahí se le borró la risa y me dijo: “¡Qué cagada, piba!”. Pero no lo decía en serio. Cuando nació el Carlito y vio que tenía la misma sonrisa de él, la cara se le iluminó. Era una risa su cara. Una risa como la del Carlito.

A1:- Ella ponía unas ganas para leer... Me repetía frases y palabras que le gustaban. Yo las escuchaba para que sienta que, aunque no me importaba nada del libro, sí me gustaba escucharla leer. (Pausa corta.) Un sólo libro escuché con atención. Me había gustado el principio. (Pausa corta.) No sé cómo se llamaba. Tampoco me acuerdo de qué se trataba. El principio me acuerdo. El principio, nada más.

A2:- Venía corriendo desde el comedor con su remerita azul y se me metía entre las piernas. Se agarraba de mis piernas con los dos brazos y desde abajo, riéndose como el Hugo, me decía: “Tengo hambre” y se iba corriendo de nuevo al comedor con su remerita azul. Al rato volvía y hacía lo mismo. A veces se quedaba largo rato entre mis piernas y yo me movía por la cocina con él abajo, con las piernas abiertas y con sus piernitas haciendo de las mías.

 

    ANA 1 saca dos pastillas. Se traga una y la otra se la da a ANA 2, que la toma.

 

A1:- “Yo tenía una granja en África”. Es lo único que me acuerdo del libro que me leyó. Es la única frase que me gustó. Me sonaba... tierna. Mientras ella me leía, yo me imaginaba con una granja en África, en el medio de la nada, cómo deben ser las granjas en África, y las dos sentadas viendo el hermoso atardecer de África, como deben ser los atardeceres de África. Deben ser más grandes que acá los atardeceres de África. Más espaciosos. Más de Carmen y yo.

A2:- Vivíamos en un tercer piso. Vivíamos en el tercer piso de uno de esos monoblos que tuvimos gracias al gobierno. Años esperamos que el gobierno nos llamase. Y cuando el Carlito cumplió el año, salimos sorteados. A mí el tercer piso nunca me gustó. Yo quería la planta baja. Había un parquecito que decían que era de todos, pero en realidad era de los que vivían en la planta baja. (Silencio.) Ahí estaba el cuerpito del Carlito. Yo estaba en la granjita del monoblock vecino cuando escuché los gritos. Salió todo el mundo a ver. Ahí vi el cuerpito del Carlito con la remerita azul, que tanto le gustaba y que no se sacaba por nada del mundo.

A1:- No sé qué será de Carmen. Nos dejamos de ver... Ya no venía a mi casa y yo no iba a la suya porque vivía con el marido. Nunca lo soporté a él. Nunca lo conocí, pero por las cosas que me contaba Carmen era como si lo conociese.

A2:- El Hugo nunca me dijo nada, pero yo estoy segura que él me echó la culpa. La única vez que me gritó fue para decirme: “La única persona que quise ya está muerta”. Y hablaba del Carlito porque la madre todavía estaba en vida. (Pausa corta.) El Señor se quiso llevar al Carlito y sé que está lo más bien allá arriba. Con el Hugo seguro está. El se dejó estar con el SIDA para poder irse lo más rápido posible con el Carlito. Seguro que así es.

A1:- Hace un tiempo me pareció verla. Acá en el geriátrico. Pero no. No era. Me la confundí con usted. Yo pensé que usted era Carmen...

 

    Silencio.

 

A2:- ¿Qué Carmen?

 

Apagón.

 

Escena 4

    Es de noche. ANA 1 y ANA 2 están de espaldas, sentadas en sendas sillas, cubiertas con la manta y mirando hacia afuera, hacia el cielo oscuro.

A2:- ¿Ana?

A1:- ¿Qué?

A2:- No puedo moverme.

A1:- Yo tampoco.

A2:- Hace frío. Tendríamos que volver a nuestras piezas. Es de noche y ya está oscuro.

A1: -Ya volvemos, espere a que nos podamos mover.

A2:- Tengo el cuello duro.

A1:- Yo tengo todo el cuerpo duro y no me quejo tanto.

A2:- No tendríamos que habernos tomado dos tan seguidas.

A1:- No fue por eso que estamos así. Pasa que no dormimos siesta y no comimos casi nada.

A2:- ¿Casi nada? No comimos en todo el día. Se me va a cerrar el estómago.

A1:- Siempre y cuando no le explote.

A2:- ¿Por qué me va a explotar el estómago?

A1:- Le digo, nomás. ¿No tenía tanto miedo de las pastillas?

A2:- Usted era la que tenía miedo.

A1:- De éstas no. Yo le dije que las pastillas de la arritmia son las peligrosas. Éstas son raras, pero no pasa nada con éstas.

A2:- Mañana se lo voy a contar a la Irma.

A1:- No ande desparramándolo. A ver si todos los viejos de acá quieren.

A2:- Les damos si quieren.

A1:- ¿Y nosotras? No nos van a alcanzar.

A2:- Es verdad.

A1:- A no ser que mañana usted busque más.

A2:- Ahora le toca a usted.

A1:- No veo bien yo.

A2:- Las huele.

A1:- Estas tienen el mismo olor de las otras. A ver si me equivoco y terminamos muertas.

A2:- Bueno. Es verdad. Mañana voy yo. (Pausa corta.) Pero la voy a traer un rato a la Irma.

A1:- Tráigala. A mí no me molesta.

A2 (Mirando hacia el cielo):- ¡Qué baja está la noche!

A1:- Es muy tarde ya.

A2:- Que raro que no nos vinieron a buscar... ¿Qué hora serán?

A1:- Tarde. Pero ya no vamos. Espere un poco... Un poco nada más.

 

    Se hace más de noche y se oscurece todo.

    Apagón final.

[i]  Estrenada en la ciudad de Rosario (Argentina) en junio de 2006 en el Centro de Estudios Teatrales (CET), por el Grupo Fe de Ratas con dirección de Ignacio Mansilla y las actuaciones de Berta Kransnisky y Claudia Schujman. Estrenada en otras ciudades argentinas desde 2006 hasta la actualidad (Córdoba, La Rioja, Río Negro, Mar del Plata). Estrenada en Venezuela con dirección de Juan Martins, desde 2007 hasta 2010. Estrenada en El Salvador en 2008. Estrenada en México y en Polonia en 2009. Estrenada en 2011 y 2012, 2013 y 2015, en Argentina, en las ciudades de La Rioja, Córdoba, Río Negro, La Pampa y San Miguel.  En 2014, en Colombia. En 2016, a estrenarse en San Pablo Brasil. Publicada en Nueva dramaturgia argentina ( Inteatro, editorial del Instituto Nacional de Teatro, Buenos Aires, Argentina, 2008).

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