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¡BARATO, BARATO!

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡BARATO, BARATO!


 (Sketch)
 
Original de: Raimundo Francés
 

bea45azul@yahoo.com

  

Duración aproximada: 12 minutos

 

Sketch Para un dúo de cómicos, masculino.

 

 El primer personaje es un comerciante que vende alfombras en un tenderete del mercadillo del jueves. Debido a la escasa venta se encuentra en la entrada, de pie, con los brazos cruzados, en postura de aburrimiento, y degustando un bocadillo de chorizo.  Debe figurar algún tipo de letrero o pancarta que indique el tipo de negocio, que puede colgarse en la pared de fondo (Ej: ‘’ALFOMBRAS PERSAS’’).

 

El segundo personaje es un morito que pasa por la puerta con algunas alfombras, una sobre el hombro y otras en la mano, todas de poco grosor. Viste gorro de lana hasta las cejas, camisa, pantalón marrón y sandalias con calcetines. La misión del moro es vender. Así, que no para en reparos al ofrecer alfombras a un auténtico vendedor de alfombras bien conocido en su ramo.

 

 Se produce un hecho insólito e inesperado, y por tanto, el diálogo que sigue es el único que puede surgir entre un hombre negociante de alfombras que está aburrido porque las ventas están muy mal, y un inmigrante que se gana la vida como vendedor ambulante, que habla poco español, y mal, y que tiene la ‘’osadía’’ de intentar vender alfombras a quien precisamente sabe de eso y le sobran alfombras, y de calidad.

 

En el guión llamamos ‘’M’’ al moro, y ‘’C’’ al comerciante de la tienda. Más tarde, suena la voz de la esposa del comerciante, que llamaremos ‘’S’’.

 

Intentamos imitar el lenguaje defectuoso de un inmigrante que lleva poco tiempo en el país. 

 

M - ¡Bueno tarde, hombre! ¿Cómo tá? ¿Bien?

 

C - ¿Qué haces tú por aquí?

 

M – Vender alfombras yo. Alfombra buena, bonita, alfombra barata, mucho barata.

 

C - Ya, ya. Ya veo. ¿Y a mí me quieres tú vender alfombras, verdad, titi? Precisamente a mí. Mira, mira para dentro. Mira todas las alfombras que yo tengo. Mira bien. ¡Cientos de alfombras! ¿No ves que yo vendo alfombras?

 

M – Si, pero tú vende alfombra mucho cara. Alfombra no barata. Yo vende alfombra barata, y alfombra bonita.

 

C - ¡Anda, anda! Vete ya por ahí a vender tus alfombras baratas. – Murmurando - A ver si te coge un rulo y te deja como a Félix el gato.

 

M – Es que tú vender alfombra mucho cara para grande ”mensión”, para chalet, para palacio grande, como palacio de Hassan.

 

C - ¡Bueno! ¿Y qué?

 

M – Yo vende alfombra para piso, para pequeño ‘’apartamiento”, para la gente no mucho rica, para gente como tú, hombre.

 

C - ¡Y tú qué coño sabes si yo soy pobre o rico, “desgraciao”! ¡Mira que este gachó, venir aquí a decirme que yo soy pobre! ¡No te digo lo que hay!

 

M – Yo ver en tu cara. También, yo ver como tú comer bocata chorizo. Como pobre hombre.  Hombre rico no comer bocata chorizo barato. Hombre rico comer bocata jamón “serano”. Yo no comer comida cerdo pero saber que jamón “serano” ser mucho caro. 

 

C- ¿Y a ti qué te importa, infeliz? ¡Yo como lo que me da la gana, y eso no ser asunto tuyo! ¿Tú entender?

 

M – Yo entender pero tú no vivir en chalet, tú no vivir en ‘’mensión’’, tú vivir en pisito.

 

C - ¿Y tú, cómo lo sabes? A ver, ¿es que acaso me has estado espiando? ¡Mira que llamo a la policía! Además, ¿qué tiene de malo vivir en un piso?

 

¡Qué más quisieras tú que vivir en un piso como el mío! –

 

 Mirando a un lado en gesto despreciativo-  ¡Será ‘’jili’’ el morito éste!

 

M – Siempre sonriendo - Sí, tú mismo decir que tú vivir en piso.

 

C - ¡Bueno! ¿Y qué?

 

M – Tú necesitar alfombra para piso, que yo vender. ¿Querer ver? Tener alfombra barata, muy barata y mucho bonita.

 

C - ¡Pero, hombre! ¿Cuándo te vas a enterar? ¿Pero es que no te das cuenta de que yo vendo alfombras? ¿Cómo se te ocurre venir a vender alfombras precisamente aquí, hombre? Tú tienes que vender tus alfombras a la gente. ¿Ves? A esa señora, a aquel señor, a este de al lado que vende frutos secos, pero, ¡venderme alfombras a mí!

 

-A esto, suena el móvil del comerciante –

 

C - ¡Si, hola cariño, dime!  Ya, ya. No te preocupes, que ya me encargo yo de la tarta de tu cumpleaños. Tan pronto me libre de un ‘’gachó’’ muy pesado que tengo aquí, me acerco un momento para encargarla.  No, no es ningún cliente, ojalá fuese un cliente, que no me he estrenado a la hora que es. Es un moro que me quiere vender las porquerías que ellos traen siempre.

 

 ¿Que qué es lo que vende? ¿De verdad quieres que te lo diga? ¡No te lo vas a creer! ¡Fíjate qué ironía! ¡Agárrate! ¡Me quiere vender una alfombra! ¡Y el tío capullo, a la fuerza me quiere convencer! ¡Será pesado!

 

¿Cómo? ¿Qué cómo son las alfombras? ¡Pero, cariño, por favor, no me digas tú ahora que te interesan las alfombras que vende este “desgraciao”!

 

¡Ni por curiosidad ni nada! ¿Cómo? ¿Que qué precio tienen? ¡Pero, Consuelo, por favor, que yo estoy aquí para vender alfombras, no para comprarle alfombras a un moro, joder!

 

¿Cómo? ¿Qué si tiene alguna bonita para nuestro dormitorio? ¡Pero esto es el colmo, Consuelo, con todas las alfombras que yo tengo aquí y en el almacén, y le quieres comprar una alfombrita al moro este de los cojones!  

 

-A esto, el morito interrumpe –

 

M - ¡Amigo, amigo! ¿Tú dejar que yo hablar con “siñora”?

 

C - ¡Hablar tú con mi señora! ¡Y con mi móvil!  ¡Para que me llenes el móvil de piojos! ¡Tú estás loco!

 

M – No, yo no loco. Yo vender alfombra bonita y mucho barata. Barata, barata.

 

C – ¡Pues te las metes por donde te quepan, que yo no te compro a ti una alfombra, hombre! ¡Faltaría más!

 

Dime, cariño. ¿Cómo dices? ¿Que quieres hablar con el morito? ¡Pero, Consuelo! ¿Tú estás loca o qué?  Bueno, perdona, cielo, no quería ofenderte. Sí, sí, lo que tú digas. Vale, vale. No te pongas así. Bueno, te paso con el moro, pero después no me llames más, que yo no me pongo ya ese móvil en la oreja ¡Estaría bueno! ¡Con la de móviles nuevos que venden los de Vodafone!

 

- Se pone el moro el móvil en la oreja, pero posicionado en sentido contrario –

 

M – Buena día, siñora.  ¡Siñora!  ¡No, parecer a mí que  siñora marchar. Siñora no estar ya con teléfono en oreja.

 

C - ¡Cómo que no está la señora! ¡Es que has cogido el teléfono al revés, desgraciao! ¡Claro, pero si tú no has visto un teléfono en tu vida, so animal! ¡Si en tu tierra todavía se mandan los paquetes por camello exprés!

 

M − ¡Ah, sí… ya bien! Ahora yo hablar con siñora.  ¡Siñora! ¿Oír morito?

 

S – Sí, le oigo, hombre. –

 

Se oye la voz de la esposa que imita el mismo comerciante –

 

M – Sí, yo tener alfombra más barata que marido. Marido tener alfombra mucho cara y mucho grande. Alfombra para palacio rey Hassan, no buena para piso. Yo tener alfombra para piso de usted, barata, barata.

 

Yo vender alfombra muy bonita, 600 leuros. Para usted, alfombra azul valer solo 300 leuros.  Momento, momento. Yo vender alfombra azul 300 leuros…

 

 Yo regalar alfombra pisar delante de puerta. ¡Eso!, pisadera. Bonita, mucho bonita. ¿Si? ¿Vale? ¡Gracia, siñora! Yo dar marido. ¡Adiós, siñora! ¡Alá mandar bendición a siñora!

 

C - ¡Trae eso para acá! ¡Déjame hablar con mi mujer a ver qué puñetas ha hablado contigo, malnacío!

 

C - Con el móvil a 20 centímetros de distancia de la oreja -  

 

 ¡Consuelo! ¡Oye, que no te oigo! Espera que me vaya a acercar un poco más este móvil. Es que después de habérselo puesto en la oreja el moro este de los cojones… Dime, dime. ¿Cómo? ¡Que le pague al tío éste 300 euros? ¡Pero, cariño, por la virgen de los aturrullos, no me digas que este mierda de moro…!

 

- Habla el morito, sonriendo y enseñando su diente de oro –

 

M - ¡Siñor, siñor! ¡Morito no ser mierda de moro. Morito tener diente de oro. Tú mirar. ¡Mira, mira!

 

C - ¡Calla, hombre, calla!

 

 - Sigue hablando al móvil –

 

¿Cómo dices? ¿Que por ese precio vamos a tener una alfombra bonita y barata en nuestro dormitorio? ¡Pero, hombre, esto es el colmo! ¡No, perdona, cariño! Lo que tú digas. No pasa nada. Vale, vale. Me quedo con ella.

 

No, no te preocupes que no se me olvidará la pisadera. Pero que conste que lo hago porque hoy es tu cumpleaños, y no quiero darte un disgusto. Vale. Hasta luego cariño.

 

C – ¡Bueno, vamos a ver! No sé cómo has convencido a mi esposa, pero que sepas que a mí, no me convences. Además, yo no pienso darte 300 euros por esa porquería de alfombra. ¡Estaría yo loco!

 

M – No. Pena darme tú, hombre. Porque si tú no llevar alfombra a siñora tuya, siñora tuya ponerse mucho cabreada, y siñora tuya cabreada tener que ser mucho peligrosa, como leona de África que no comer dos semanas.

 

C - ¡Y eso a ti qué coño te importa, so asqueroso! ¡Qué sabrás tú! ¡Bueno!, me la llevo pero tienes que hacerme un descuento por pronto pago… ¡Que la gente de negocios, hablando se entiende!

 

M - ¿Descuento?  No descuento. Mercancía buena. Mucho bonita, Tú pagar 300 leuros, y yo dar alfombra, y tú invitar cerveza.

 

C - ¿Cómo? ¡Que encima te invite a una cerveza! ¡Tendrá jeta el tío este! ¡No digo yo que estos moros se van a hacer los amos de este país otra vez!  ¡Venga, dame ya la alfombra y la pisadera!

 

 ¡Toma el dinero y lárgate, que no te vea más por aquí, que si vuelves, te echo para Marruecos dándote puntapiés y enrollado en tu asquerosa alfombra, como si fueras un rollito imperial!  

 

M – Adios, hombre. Siñora tuya hoy ser feliz. Mucho feliz. Tú hacer feliz esposa. Esposa tuya hacer tú feliz cuando tú llegar. Hacerte feliz para la noche, en cama de acostar.

 

C - ¡Anda ya, y vete ya con los cuentos!

 

- Sale el moro sonriendo y feliz, y hasta que vuelve a aparecer el mismo actor, esta vez transformado en  un inspector de Gobernación, el comerciante hace un breve monólogo –

 

C - ¡Mira que venderme a mí una alfombra! ¡Con el día que llevo hoy! ¡Claro! Con el tiempo tan caluroso que hace, ¿a quien se le ocurre comprar una alfombra? ¡Solo a un jilipollas como yo!

 

¡Pero todo ha sido por culpa de mi mujer, porque yo, a este jodío moro no le compro ni un reloj de oro! ¡Las mujeres no tienen solución! ¡Treinta años vendiendo alfombras y ahora mi mujer le compra una alfombrita a un moro piojoso! ¡Vamos, esto es de película!

 

¡Cualquier día, me voy a Las Alpujarras, a criar pimientos, y mando las alfombras a tomar por culo! ¡Yo no aguanto más! ¡Mi mujer no me conoce a mí, todavía!

 

- Aparece el inspector con una carpetita, y en plan chulo –

 

I - ¡Buenas!

 

C - ¡Buenos días, caballero! ¿Quiere usted una buena alfombra?

 

I – ¡Déjeme de alfombras!  Vamos a ver. ¿Ha estado aquí hace unos minutos un señor de nacionalidad marroquí ofreciéndole unos productos?

 

C - ¿Se refiere a un moro asqueroso, que me ha vendido una alfombra de mierda porque a mi mujer le ha salido ese caprichito de entre medio de las ingles?

 

I – Entonces… ¡es cierto! Bien, pues aquí tiene usted mis credenciales. Como verá soy Agente del Gobierno.

 

Debe darme ahora mismo todos sus datos personales y de su negocio, porque le tengo que abrir un expediente de propuesta de sanción y amonestación, por insultos graves a un ciudadano inmigrante con documentación en regla, que estaba cumpliendo con su deber profesional, y que se encuentra en igualdad de derechos que todos los ciudadanos de este país según la ley de extranjería número…

 

C - ¡Pero cómo!  ¡Que encima me van ustedes a multar por llamar “hijo puta”, piojoso y cabrón a ese maldito moro que encima de espantarme a la clientela, porque hoy no he vendido ni un duro, me ha vendido a mí una alfombrita feísima y apestosa, a mí precisamente que tengo las mejores alfombras del mundo, como usted puede ver! ¡Pero, hombre, a dónde vamos a llegar!

 

I - ¡Bueno! ¿Me va a dar los datos o prefiere que llame a los guardias y que se lo lleven detenido?

 

C - ¡Tenga usted los datos! ¡Maldita sea mi suerte!

 

I – Muy bien. Adiós. Ya recibirá noticias sobre la sanción que podrá recurrir en el plazo de…

 

C – Sí, ya, ya.  ¡No me cuente más rollos, que con el del moro ya he tenido bastante hoy!  ¡Ea!, ¡Ya está usted contento!  ¡Apártese, que voy a cerrar ya, antes de que se me cuele otro moro vendiendo relojes de Ceuta y venga usted detrás, a ponerme otra multa!

 

- Se marcha el inspector –

 

C - ¡Esto no me pasa más! ¡Ahora mismo, me llevo todo esto al almacén y le meto fuego! ¡Y luego me voy a la estación de Córdoba y me tiro al tren! ¡Y todo por un mierda de “moranco” que no ha visto en su puñetera vida un desodorante!

 

- Mientras sale de escenario, se oye una voz detrás del telón pregonando -

¡Alfombras! ¡Alfombrita barata! ¡Mucho bonita, mucho barata!  

 

FIN

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