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BULLYING, UNA HISTORIA REAL

de  Francisco Romero Romero

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica.

 

 

BULLYING, UNA HISTORIA REAL

 

Francisco Romero Romero

 franciscoromeroromero@hotmail.com

PERSONAJES:

POLICIA 1: Cualquier edad

POLICIA 2: Cualquier edad

EL MARIDO: De unos cuarenta años. Profesor de Literatura en una Facultad. Entregado a sus alumnos.

LA MUJER: De unos treinta y cinco años. Médico en un centro de atención primaria. De carácter introvertida.

HIJA: De catorce años.

DIRECTOR (A) ESCOLAR: Cualquier edad.

PROFESOR (A)-TUTOR (A): Cualquier edad.

COMPAÑERA DE LA HIJA: De catorce años.

UN ABOGADO (A): Cualquier edad (hombre o mujer)

 

 

ACTO INICIAL

Escena primera

 

Sobre el escenario yace el cuerpo sin vida de una chica joven. Hay destellos luminosos de un coche de policía que indican que ha ocurrido un trágico suceso. Por encima de ellos un puente atraviesa una calle. Los policías miran hacia el puente.

Intervienen dos policías.

Policía 1: (Que hace uso de la radio del vehículo) Aquí, agente a central, confirmamos que se trata de una chica que al parecer y según algunos testigos presenciales ha saltado desde el puente a la autovía. Ha fallecido, repito fallecido.

Envíen un vehículo funerario antes de que esto se convierta en una feria de curiosos.

Despejaremos la zona pero repito, envíen vehículo para que se pueda hacer cargo del cuerpo.

Policía 2: (A Policía 1) ¿Qué puede hacer que una persona joven, con toda la vida por delante ponga fin a su vida de esta manera tan absurda?

Policía 1: Cualquiera sabe, mira en su ropa a ver si encuentras algo que nos diga quién es.

Policía 2: (Revisa una mochila que la joven había dejado arriba) Arriba dejó esta mochila que contiene unos libros y un teléfono móvil.

Sí, aquí está su documentación, Dios mío, catorce años.

¿Quién puede dar una noticia como ésta a sus padres?

Es lo último que quisiera hacer.

Policía 1: Desde luego no quisiera ser yo quien tuviera que hacerlo.

Evitemos que accedan a este lugar los curiosos. Vamos a acordonar esta zona hasta que lleguen los servicios funerarios y se puedan hacer cargo del cuerpo.

Jamás podré acostumbrarme a esto. Estos son los servicios que a uno nunca le gustaría tener que hacer pero lamentablemente tiene que haber de todo.

Policía 2: Desde luego, esto no está pagado.

Por ahí suena ya la ambulancia.

Ahora vendrán los de atestados y harán un examen del lugar y de los hechos pero vaya… que parece que no hay mucho misterio en lo ocurrido.

¿Has tomado nota de los testigos?

Policía 1: Voy a tomarles una declaración inicial sobre lo que hayan podido ver pero está claro, ha saltado con la intención de quitarse la vida y ciertamente que lo tenía claro.

Desde el puente hasta aquí hay unos quince metros de altura.

Joder ¿cómo hay que estar para hacer esto?

Policía 2: ¿Tú crees que hay razón alguna para que una persona joven haga esto?

Policía 1: Lógica, ninguna. No se puede entender desde una lógica normal. No tiene sentido ¡sólo catorce años!

Evidentemente no es lógico pero debe de haber alguna razón que les lleve a hacer estos actos.

¿Falta de comunicación? ¿Dejar de sufrir tal vez? No lo sé, pero cada día nos encontramos con más y más casos de suicidios de personas jóvenes.

Esta vida que llevamos no es nada lógica (La luz se apaga, desaparecen de escena junto con el cuerpo del suicida)

 

 

ACTO PRIMERO

Escena primera

 

Un idílico hotel de montaña. La acción se desarrolla en una habitación del hotel. Como mobiliario existen una cama y dos mesitas de noche a ambos lados de la cama, cada una con una lamparita,  un banco a  sus pies donde poner las maletas y un armario con los frontales forrados de cristal. En una de las paredes hay una mesa confidente con su silla y un espejo en la pared. En una de las esquinas de la mesa hay una televisión.  Existe también una lámpara en una esquina de la habitación y un sillón a su pie para el huésped que quiera leer a la luz de la lámpara.

La vista exterior de la habitación es a través de una ventana que da  a un valle en el que se pierde la vista.

Intervienen el padre y la madre.

 

MUJER: No sé qué pretendes, sabes que no me gusta cambiar de ambiente y mucho menos dormir fuera de casa.

MARIDO: Vamos, tampoco es para tanto.

No creo que un fin de semana que nos dediquemos a nosotros sea una cosa tan mala.

Hace tiempo que necesitamos conectar.

Han pasado ya tres años y es necesario que recuperemos algo de la alegría que teníamos antes.

MUJER: ¿Alegría? No quiero volver a ser la de antes ¿quién te ha dicho que quiero recuperar alegría alguna? Soy como soy a partir de aquel momento y no sé por qué fuerzas las situaciones cuando ya he renunciado a la felicidad.

MARIDO: ¿Cómo puedes decir eso? A la felicidad no se renuncia.

¿Crees que vives sola y que yo no sufro al verte así?

No pretendo que después de pasar este fin de semana apartados de todo salgamos de aquí como si nos hubieran reseteado pero al menos debemos intentarlo.

La mujer da vueltas por la habitación, se detiene para divisar el paisaje desde la ventana y sigue dando vueltas)

Ya sé que últimamente hemos pasado momentos muy duros pero tenemos que reaccionar.

Esta situación no nos lleva a ninguna parte sino a la destrucción.

MUJER: A la destrucción…qué más me da a mí morir en vida que vivir con esta losa que me acompañará para siempre.

La vida se me apagó hace dos años cuando…no, no quiero volver a recordar aquel momento terrible en que recibimos aquella llamada.

Nunca se me olvidará, en aquel preciso momento se me apagó la vida. (La mujer enciende un cigarro)

MARIDO: No se puede fumar aquí. Hay sensores de humo y nos van a llamar la atención.

MUJER: Qué más me da. (La mujer apaga el cigarro).

MARIDO: No te das cuenta que así no puedes seguir.

La vida sigue y es la única que tenemos.

También yo empecé a morir en vida pero hay que reaccionar.

No solucionamos nada abandonándonos como si fuéramos…(busca la palabra) “zombies”.

Tenemos que sobre ponernos y seguir luchando, es lo que nos toca y lo que se espera de nosotros.

MUJER: (Se sienta en la cama. Con las manos se tapa la cabeza). Palabras, palabras, nada más que palabras.

Qué fácil es decir lo que hay o no hay que hacer pero ¿el sufrimiento? eso no es un corta y pega, ahora lo tengo, ahora ya no lo tengo, eso se te clava en el corazón y no hay nada que te pueda aliviar porque el cerebro te está diciendo que no, que para ese dolor no hay analgésicos que lo calmen.

MARIDO: ¿Y qué hacemos? ¿Nos olvidamos de todo, nos olvidamos de nuestra vida?

Tenemos que seguir adelante aunque sea sólo por nuestros hijos que nos ven sufrir y sufren ellos, por lo que les toca a ellos y por nosotros también.

  

No puedes seguir así, necesito tenerte entera y sin fisuras.

Puede que en mí veas más entereza pero me estoy viniendo abajo,  yo no puedo llevar esta cruz solo. Quiero que estés conmigo.

También era mi hija pero ya nada podemos hacer sino llevarla en el corazón.

¿Crees que yo no me acuerdo cada día de ese momento fatídico que nos dieron la noticia? ¿Señor de la Torre? Le llamamos de la Comisaría de Policía.

Lamento tener que comunicarle que ha ocurrido un accidente y tenemos razones para pensar que su hija se ha visto involucrada.

Su mochila con los libros y un teléfono móvil se encontraban en el lugar.

El corazón se me quedó helado y no supe reaccionar. Me quedé mudo y no pude articular palabra, oiga: ¿sigue usted ahí? me preguntó.

MUJER: La vida es cruel (se pone en pie).

Cuando menos te lo esperas te sorprende y sin saber cómo ni por qué te golpea y te deja  K.O, sin reacción. Eres un muerto en vida.

No, no estamos preparados para que los padres sobrevivan a los hijos y el dolor se hace más insoportable si la falta es de una forma tan traumática como aquella.

MARIDO: Pero no es solución apagarse de la forma en que lo estás haciendo. Tienes que luchar por volver a ser tú misma. Has dejado de trabajar, ya no te interesa nada.

Tienes una consulta llena de pacientes que te esperan.

¿Sabes? Cuando me ven por la calle me preguntan ¿Cuándo va a volver su esposa a la consulta? Dígale que la estamos esperando.

MUJER: ¡Déjame de consultas ahora! No sería capaz de diagnosticar un resfriado. (Hace un intento de encender otro cigarro pero tira la caja de tabaco)

MARIDO: Sinceramente ¿sabes lo que pienso? que necesitas ayuda y yo sólo no te la puedo ofrecer.

(La coge de las manos) Quiero ayudarte, te pido que me ayudes tú a mí también pero necesito que pongas de tu parte.

  

Creía que este fin de semana apartados de todo y de todos nos vendría bien pero acabamos de llegar y has puesto una coraza entre tú y la realidad, ya nada nos la devolverá, pero la vida sigue. Tenemos que seguir viviendo, seguimos aquí ¿sabes? y aunque nada volverá a ser como antes tampoco sirve de nada el aislarse de la vida que te rodea. Aunque no lo creas todavía tienes obligaciones y te debes a ti misma y a los demás que ven como cada día vas apagándote poco a poco. 

Confiaba en poder hacerte olvidar durante estos dos días ese pensamiento tan machacón que durante estos dos años nos ha martirizado sin piedad.

¿Sabes? Los problemas no desaparecen ni podemos cambiar el pasado pero quizás nos ayude el aceptar que tenemos que vivir con ellos.

MUJER: ¿Vivir con ellos? (Ella se suelta de las manos) ¿Tú has podido vivir con ello?

Nadie puede vivir con una tragedia como esta y no estar marcado de por vida.

¿Cómo me puedes decir eso?

Acostúmbrate a vivir con ello y lo llevarás mejor pero ¿qué pasa si no quiero, si no deseo pasar página?

Claro, tú eres el brillante profesor de Literatura al que todo el mundo admira, el que siempre extrae de los textos lo que nadie es capaz de sacar.

El abierto profesor que está siempre dispuesto a ayudar a sus alumnos, a sus alumnos…(esto último con un tono un tanto desdeñoso).

MARIDO: Sí, es cierto, vivo mi trabajo, me apasiona, me he entregado a mis libros, a mis alumnos (remarcando esto último)

¿qué tiene eso de malo?

MUJER: Nada. No tiene nada de malo. (Le da la espalda)

MARIDO: Pues sinceramente no te entiendo.

Me he refugiado en mi trabajo, he encontrado el antídoto contra tanto sufrimiento y hubiese querido que tú, al igual que yo, lo hubieses encontrado también.

 

Tienes una profesión envidiable, eres admirada por tus colegas, por tus pacientes.

¿Por qué no te has volcado en ella?

(la coge por los hombros y la vuelve hacia él) ¡Llevas dos años sin vivir!

Necesitas aprender a vivir otra vez, salir de las cuatro paredes que te rodean permanentemente, de noche y de día.

No vas a solucionar nada encerrándote en ti misma.

MUJER: (Ella se separa bruscamente de él) Por Dios ¿quieres dejar de decirme lo que tengo o no tengo que hacer?

Hemos venido a pasar un  fin de semana a este hotel ¿estás contento? Pues ya estamos aquí  pero por favor, deja de decirme lo que tengo que hacer.

(Un momento de silencio, el marido no sabe qué decir, la mira pero no articula palabra).

MARIDO: (Queriendo cambiar de tema) Ya casi es la hora de la cena, es mejor que nos vayamos arreglando.

Nunca terminaré de acostumbrarme a estos horarios tan tempranos que tienen en los restaurantes de los hoteles.

MUJER: No me apetece mucho cenar ¿te importa mucho si no bajo?

MARIDO: Me importa y mucho, por favor, comienza a arreglarte que no quiero llegar tarde.

Ya verás cómo una vez que estés en el restaurante te distraes viendo a uno y a otro.

Además el cocinero de este hotel tiene mucha fama y ha obtenido varios premios en concursos gastronómicos.

MUJER: Me gustaría ver las cosas como tú pero ya ves, resulta que cada uno es como es y por mucho que adornemos nuestro entorno o aderecemos nuestros momentos no podemos olvidarnos todos por igual de lo que a cada uno nos afecta.

Que quieres que baje a cenar, a disfrutar de lo que ése gran chef improvisa en sus creaciones, pues bajaré, pero lo último que se me apetece en estos momentos es distraerme ¿así lo has dicho, verdad? con unas cuantas mesas de comensales que ajenos al

  

sufrimiento de los demás comen y beben y ríen como si la vida a su alrededor no fuese más que alegría.

MARIDO: No te comprendo, la vida no va a ser todo de color negro.

La gente tiene sus problemas pero no por eso se van a encerrar en sí mismos.

Todos necesitamos cambiar de ambiente y olvidar, aunque sea por unos momentos, todas las preocupaciones que tenemos a diario.

No es que seamos ajenos al sufrimiento de los demás sino que cada uno tiene sus propios problemas pero no por ello los van exteriorizando y cuando no pueden con ellos depositan su confianza en otras personas.

Tú deberías saberlo mejor que nadie.

MUJER: Será eso, todo es cuestión de confianza.

De saber con qué gente te rodeas para ponerte en sus manos ¿verdad?

Tú sí que has sido maestro en eso.

MARIDO: No te entiendo ¿qué quieres decir?

MUJER: Nada, sólo pensaba en voz alta.

MARIDO: ¿Que sólo pensabas en voz alta? ¿Qué has querido decir?

Me parece que un comentario como ese no puede justificarse con un “pensaba en voz alta”.

MUJER: Te ruego que me perdones.

Estoy muy confusa. Han pasado dos años desde aquél terrible momento y hasta ahora no he querido encontrar más salida que encerrarme en mí misma con mis recuerdos.

Soy madre, déjame que sea dueña de mis penas, de mis recuerdos, es lo único que me queda.

Me martiriza la idea de lo que pudo llegar  a sufrir.

MARIDO: (Apesadumbrado) No sigas por ahí, por favor te lo ruego.

MUJER: Tú nunca conseguiste confraternizar con ella ¿por qué? ¿no te lo has preguntado alguna vez?

  

Desde aquél momento en que te buscó por primera vez porque necesitaba tu ayuda ¿no lo recuerdas?  Anhelaba  que tú te fijaras en ella, porque estaba tan locamente enamorada de ti que todo lo que hacía era para que tú la felicitases, para que le demostrases esa admiración que ella te tenía, pero no, tú no querías darte cuenta porque estabas demasiado metido en tantísimos proyectos como siempre has tenido.

MARIDO: Es injusto que me hagas estos reproches.

MUJER: Tú siempre has presumido de ser una persona cabal pero has idealizado tanto la vida que te has olvidado de los tuyos. En realidad pusiste un grueso cristal entre tu vida y tu hija que te impidió arroparla en momentos que te lo pedía.

Si yo te decía ¿qué te parece lo bien que ha hecho esto o lo otro?

Tú parecías ignorarla y ella derrotada por tu indiferencia se hundía cada vez más.

La escuchaba llorar en la cama porque necesitaba tener un padre que la apoyase, lo mismo que sus amigas los tenían pero no, tú, el insigne profesor no tenías ojos para tu hija.

Llegaste a decirme “esta niña necesita que la vea un psicólogo” ¿te acuerdas?

Qué fácil hubiera sido si tan sólo por unos momentos te hubieses fijado en ella y qué ciego hay que estar para no ver lo que tienes en tu propio hogar.

MARIDO: ¡No es cierto! Yo quise hacer de ella una persona capaz de defenderse ante la vida.

Tú la cobijabas en exceso y la malcriabas ¿cómo puedes decir que no le prestaba atención? ¡Era mi hija! ¡La quería lo mismo que quiero a los demás! Es injusto que me digas esto ahora.

Jamás he establecido diferencia alguna entre mis hijos.

MUJER: Estabas en casa sin estar, ausente, siempre con la mente en tus…historias, pero no te dabas cuenta que ella también quería estar con su padre.

PADRE: Eres cruel, no hay día que no la lleve en mi memoria pero necesitamos seguir viviendo.

Yo sé que no son ciertos tus reproches y que no sientes lo que me estás diciendo.

 

No me hagas más daño, por favor.

Creía haber superado este trance y te ruego que no lo vuelvas a abrir, no podría volver a rememorar situaciones que pensaba superadas.

MUJER: ¿Sabes? Cada vez que veo a alguno de sus amigos la veo a ella y pienso: ”podría estar como ellas” tenía toda una vida por delante.

Simplemente era diferente. Nunca me lo perdonaré.

MARIDO: (Se sienta en la silla, sigue abatido) No te atormentes más. Te lo ruego.

MUJER: Déjame que al menos me lo reproche, es lo único que ya puedo hacer, ponerle palabras a lo que siento ya que el dolor me ahoga.

MARIDO: ¿Aunque sepas que no conseguirás nada más que hundirte más y más?

MUJER: Lo siento, quizás sea esta la forma de poder salir de este infierno que me está destruyendo.

Sí, destruyendo, porque en mis manos estuvo el poder cambiar el futuro, pero no quise. Solicitó mi ayuda y se la negué.

MARIDO: Nunca sabremos lo que podría haber pasado.

No tenemos la llave del futuro y es injusto que tú misma te lo estés reprochando.

MUJER: Quería conversar ¿por qué no la escuché?

Lo siento hija pero no tengo tiempo, me tengo que marchar, tengo asuntos pendientes y llego tarde... Ahora sí es tarde, para todo...

Ya no hay remedio.

MARIDO: Nunca podemos saber si de antemano hacemos bien o mal.

MUJER: Es curioso, tú viviendo tu vida, enfrascado en tus historias y tengo que ser yo quien no tuvo esos momentos que me pedía para escucharla.

No me lo perdonaré.

MARIDO: Es inútil que te lo reproches.

Por favor, no sigas por ahí. No conseguirás nada.

 

Debes abandonar ésa actitud de juez implacable que te castiga y sueltes el lastre de esa carga insoportable que hace que te vaya hundiendo más y más cada vez ¿es que no te ves?

De esa manera, únicamente así, podrás volver a ser tú misma, como eras antes.

MUJER: No tengo fuerzas.

MARIDO: ¿Y yo? ¿Qué me queda?

No es justo haber perdido una hija y ahora siento que te estoy perdiendo a ti.

Eres egoísta, sí egoísta ¿cómo crees que debo vivir mi vida?

No quiero seguir el camino a la destrucción que tú pareces haber emprendido.

No puedes borrar el pasado pero sí puedes cambiar el futuro, tu futuro, porque si no lo haces sé lo que ocurrirá y no me preguntes por lo que veo porque la verdad no me parece muy atractivo.

MUJER: ¡Qué fácil lo ves! Yo quisiera tener la facilidad que tú tienes para amoldarte a las situaciones pero ya ves, fue a mí a quien vino y no quise escucharla.

De haberlo hecho, de haber sabido la urgencia de su petición, hoy estaría aquí, entre nosotros.

Pero sólo Dios sabe lo que pudo pasar por su cabeza. Eso jamás lo sabremos.

MARIDO: Siempre fue muy retraída.

El sentimiento de culpa te ata al pasado. No tiene sentido mortificarte.

De haber sabido sus intenciones seguro que la hubiésemos ayudado pero no tenemos la bola de cristal que nos permita conocer el futuro.

MUJER: Si, es verdad.

MARIDO: (Coge a la mujer por los hombros y la estrecha contra su pecho) No quiero que tú te vayas detrás, no podría soportarlo.

MUJER: (llorando) ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no supimos ver su sufrimiento? ¡qué ciegos estuvimos al no saber ver el gran problema que tenía!

 

MARIDO: Nunca lo sabremos, es difícil ponerse en la mente de quien opta por ese camino, sólo quiso dejar de sufrir.

MUJER: Si la hubiera escuchado, si pudiera dar marcha atrás en el tiempo.

MARIDO: (Sienta con delicadeza a la mujer, pasea por la habitación) Quizás no supimos ver el problema que tuvo.

Tampoco era muy comunicativa.

Piensas que los únicos problemas son los tuyos y no te das cuenta que en la vida sólo te rodean problemas.

Vivimos superfluamente y malgastamos la mayoría de nuestro tiempo en hacer cosas inútiles y no hemos sido capaces de ver el problema que tuvo nuestra hija.

A menudo dejamos que los problemas se solucionen solos con el tiempo y cada vez nos cuesta más exteriorizarlos y nos acostumbramos a vivir con ellos, puede verse hasta natural, todos tenemos problemas, pero no hay nada natural en ello, la deshumanización y la falta de entendimiento nos aleja de los demás y ahonda nuestra soledad.

Quizás fue un poco de todo lo que terminó por hundirla y no supo ver otra salida a sus problemas que…que lo que la llevó a hacer lo que hizo.

MUJER: Lo tenía todo en la vida. Le fallé  y ése sentimiento de culpa nunca me abandonará.

MARIDO: No te martirices.

Unas veces estamos más dispuestos a escuchar, otras simplemente no tenemos tiempo porque la vida nos lleva como el viento lleva a un barco de vela por mitad del mar, estamos inmersos en la vorágine del día a día y simplemente es eso, la falta de tiempo pero no por eso hemos de cargar con ése peso de la conciencia.

No es justo y no debes permitírtelo.

MUJER: Tengo la sensación de que nunca fue una niña feliz

¿Te acuerdas? desde su infancia se mostró siempre retraída, su mirada no era la de un niña alegre, sus ojos parecían decirnos siempre algo a lo que no le dábamos importancia pero sin duda fueron los primeros síntomas, los primeros avisos “pero es que no os estáis dando cuenta, necesito ayuda, parad por un momento vuestro mundo y ayudadme”.

  

MARIDO: Sí, era tímida, retraída, vivía en su mundo y todo pasó por nuestras propias narices sin que fuéramos capaces de darnos cuenta, no supimos verlo.

Su grito pidiendo ayuda fue un grito silencioso.

MUJER: Pero ¿y el colegio? ¿Por qué no hizo nada?

Ellos podían haber detectado algo en su comportamiento.

En la casa no decía nada y sin embargo cuando llegaban los domingos empezaba a ponerse mala. “Mamá me duele la barriga, mañana no quiero ir al colegio”.

Luego, cuando todo pasó nos encontramos con los verdaderos problemas que tenía ¡qué ciegos estuvimos!

MARIDO: No podíamos saberlo, ella tampoco decía nada.

MUJER: ¡Pero éramos sus padres! Teníamos que saberlo.

¿Cuándo lo supimos?

Aquella fatídica tarde que llamó aquel policía y nos dio la noticia.

Era sobre las tres de la tarde, yo la esperaba, se estaba haciendo tarde y no llegaba, la llamé al móvil pero no me lo cogió.

Llamé al móvil de su amiga y me resultó raro que no me cogiera tampoco hasta que al final me devolvió la llamada, me dijo que no había ido al colegio ese día y le resultó raro que no la hubiera llamado.

No había pasado media hora cuando recibimos aquella horrible noticia.

Señor de la Torre lamento tener que comunicarle que su hija ha fallecido, hay testigos que afirman que saltó desde el puente que atraviesa la autovía.

MARIDO: No podía ser.

Eso no nos estaba ocurriendo. No podía ser nuestra hija.

Pero estaba en lo cierto ¿qué razón pudo…?

MUJER: La vida se apagó en aquel justo momento. Corrí a su cuarto.

No me lo creía, tenía que estar allí, la llamaba y esperaba que me contestase pero no, lo único que encontré fue un sobre que nos dejó y yo previamente no había reparado en él.

 

En ese momento comprendí todo lo que había ocurrido.

Se despedía de nosotros:

(La luz enfoca sólo a la mujer, se encuentra en la habitación de la hija. El marido queda a oscuras)

(Lee la carta entrecortándose con lloros)

“Queridos papa y mamá, jamás entenderéis por qué hago esto pero no soporto más seguir con esta situación.

Se me hace insoportable ir al colegio y no veo otra salida que desaparecer. Así cesarán las burlas y palizas de las que soy objeto desde hace ya más de dos años.

No soporto seguir viviendo así y lo único que siento es el dolor que os voy a causar pero las burlas y vejaciones ya han llegado a un punto insoportable.

No me he atrevido a contároslo pero yo no tengo la culpa de ser como soy. Soy simplemente diferente a las demás.

Hubiera querido tener el valor de contároslo pero me avergüenzo hasta de los insultos que me dicen.

Me siento inferior a los demás y cada día se encargan de recordármelo. Lo único que me reconforta es saber que pronto voy a dejar de sufrir.

Os pido perdón por ser tan débil, hubiera querido ser un poco más fuerte y haber sabido plantarle cara a mis tres compañeras pero no soy capaz, me han minado la moral, me hacen sentirme débil.

Cuántas veces estuve a punto de decíroslo pero en el último momento no me atrevía, me atemorizaba sólo la idea de hablar de ello.

Ya dejaré de sufrir.

Desde el cielo donde esté siempre habrá una estrella que os protegerá, os mandaré señales para que sepáis que allá donde esté nunca os olvidaré. Solos sois increíbles, juntos sois los mejores padres que se pueden tener y si volviera a nacer quisiera ser otra vez vuestra hija.

(Se apaga la luz)

 

ACTO SEGUNDO

Escena primera

 

Intervienen en la escena: El padre, la madre, el director del colegio y el profesor tutor de la alumna fallecida.

La acción se desarrolla en el despacho del director del centro escolar donde estudiaba la hija.

Como mobiliario existe una mesa de despacho y dos sillas a los pies. Sobre la mesa existe un ordenador y unas bandejas ordenando diversos papeles. También hay un archivador de cuatro cajones que no se abre.

Sobre la mesa, el director tiene el expediente de la alumna fallecida.

(El director sale a recibirlos a la puerta del despacho, entre los cuatro se intercambian saludos, fríos por parte de los padres y algo más protocolarios por parte del director y del tutor, los docentes miden sus palabras)

DIRECTOR: Buenos días, soy el director del centro,  les presento al profesor tutor de su hija.

Les trasladamos en nuestro propio nombre y en el del conjunto de profesores del centro nuestras más sinceras condolencias por este hecho tan doloroso.

Jamás pensamos que su hija estaba sufriendo el acoso al que se vio sometida y hemos iniciado una investigación que trate de aclarar los hechos ocurridos.

PADRE: ¿Me dice usted que no sabían nada del acoso? ¿Acaso espera que nos lo creamos? Un hecho así no pasa inadvertido. Una de dos o no han querido hacer nada o son ustedes unos incompetentes.

DIRECTOR: ¿Perdón?

PADRE: ¿Cómo pueden ustedes seguir en la docencia? En su centro hay tres maltratadoras y usted me dice que no sabían nada. ¿Duermen ustedes bien sin que haya nada que les reconcoma pensando que no hicieron lo suficiente?

 

¿En serio quiere usted que me lo crea?

DIRECTOR: No sabíamos nada. Créame que de haberlo sabido hubiéramos activado el protocolo para estos casos.

PADRE: Todo esto se podría haber evitado pero ustedes no han querido hacer su trabajo y por su dejadez mi hija ha muerto, lo sabe  ¿verdad?

¿Me quiere usted decir que nadie sabía nada de lo que estaba ocurriendo con mi hija? porque  no me lo creo.

Ustedes tienen a unas maltratadoras, a unas acosadoras, a unas inductoras a la muerte en su centro y ¿me dice que no saben nada de nada?

Son ustedes unos colaboradores, unos…(busca la palabra que quiere utilizar) incompetentes, no sirven para esta profesión.

TUTOR: Se lo ruego por favor, tranquilícese.

Entiendo su abatimiento.

Nadie debería pasar por el trance que ustedes están pasando pero créame, si hubiéramos tenido el más mínimo conocimiento no dude que hubiéramos intervenido.

Como les ha dicho el director, se ha puesto en marcha una investigación que arrojará luz sobre todo este asunto.

PADRE: Me dice que me tranquilice ¿lo estaría usted? no me puedo tranquilizar porque ustedes no han hecho absolutamente nada para evitar  que tres delincuentes hayan empujado al suicidio a mi hija.

MADRE: Créame, se llevará a cabo una investigación a fondo y no porque ustedes la hayan iniciado ya que no tengo ninguna fe en lo que ustedes puedan averiguar sino porque será la justicia quien averigüe lo que ustedes han querido tapar.

Hay testigos que aseguran  que ustedes sí tenían conocimiento del acoso que mi hija estaba sufriendo ¿acaso no se preguntaban ustedes por qué mi hija no bajaba al recreo? ¿no les parecía extraño? ¿alguno de ustedes le preguntó alguna vez por qué no salía de la clase?

De los insultos y vejaciones que recibía sí tenían conocimiento, me consta que las compañeras sí se lo dijeron a ustedes, pero no hicieron nada.

 

Con poco que hubieran intervenido mi hija seguiría hoy entre nosotros.

Ustedes son tan colaboradores como esas tres…hienas, ellas por creerse tan superiores a mi hija, por creerse tan impunes que tenían    derecho a todo sobre mi hija que por su timidez o su forma de ser fue incapaz de defenderse y ustedes por no haber hecho nada para impedirlo. No nos compliquemos ¿verdad? Son asuntos de adolescentes. Ya se les pasará ¿eso fue lo que pensaron? pero se les fue de las manos y les estalló en sus propias narices.

DIRECTOR: Comprendo su indignación y que quieran que se esclarezca todo lo que ha pasado.

Cuenten con toda la ayuda que desde este centro les podamos ofrecer.

MADRE: Ahora ya es tarde para todo. No duden que se sabrá toda la verdad.

Lo único que les pido es que me dejen hablar con esas tres…(busca la palabra) “alumnas” que se ensañaron con mi hija y que me digan mirándome a los ojos  por qué lo hicieron.

DIRECTOR: Comprenderá señora que eso no es posible. Son menores de edad y tienen derecho a ser protegidas.

MADRE: Mi hija también lo era.

TUTOR: Confíe en la investigación. Se lo ruego.

PADRE: ¿Cuántos alumnos hay en este centro, trescientos, cuatrocientos? ¿Cómo pueden ustedes dormir tranquilos sabiendo que al mismo tiempo que el de mi hija puede haber más casos y no hacen nada?

DIRECTOR: Hacemos todo lo que podemos. Tenemos establecido un protocolo para este tipo de actos. Es cierto que no podemos saber todas las cosas que ocurren en el centro ni lo que hacen cuando los alumnos salen de puertas afuera pero si tenemos conocimiento de algún caso de maltrato entre alumnos del centro tratamos de evitarlo.

PADRE: Con mi hija no lo hicieron

MADRE: No pararemos hasta que los responsables de lo que mi hija se vio abocada a hacer sean castigados. No duden que se depurarán todas las responsabilidades.

(El director y el tutor no contestan)

 

PADRE: (Que se dirige a la madre) Vámonos, aquí ya no hacemos nada. (Salen sin despedirse de los docentes)

(Quedan solos los docentes)

DIRECTOR: Dios mío qué tragedia. No quisiera estar en la piel de esos pobres padres.

Quizás no hicimos lo suficiente.

Desde que vimos que esa pobre chica no quería salir al recreo teníamos que haber puesto remedio pero… como bien dicen: nos explotó en las narices.

TUTOR: Siempre se mostraba muy retraída, poco comunicativa, pero esta labor que realizamos no sólo es nuestra competencia, tenemos que contar también con la colaboración de las familias y que allá, en cada una de sus casas, se va a hacer un seguimiento a sus hijos y a sus posibles cambios de carácter.

DIRECTOR: A estas alturas eso ya no se puede argumentar. Fuimos los responsables por no haber actuado y lo que hay es lo que hay.

TUTOR: No podemos conocer a cada uno de nuestros alumnos y muchas situaciones de abuso entre ellos se evitarían si los padres advirtiesen que a sus hijos les pasa algo, si hablasen con ellos.

Un hostigamiento como el que ha sufrido esta pobre chica cambia el carácter, el comportamiento ¿no se puede notar ese cambio en el seno familiar?

DIRECTOR: ¿Y nosotros? ¿y nuestra responsabilidad? Lo cierto es que ha ocurrido lo que ha ocurrido y nos van a responsabilizar por no haber hecho nada. Un hecho como este no pasa desapercibido.

No pusimos en marcha el protocolo para este tipo de actos.

TUTOR: Tampoco sabíamos de la gravedad de los hechos.

DIRECTOR: No es sólo una cuestión de gravedad, es que nos van a imputar ¿no lo ves? es también una cuestión de que los padres nos confían a sus hijos no sólo para que los instruyamos sino para que también los protejamos ante una supuesta situación de abuso como la que ha ocurrido.

TUTOR: Terminarán averiguando todo lo que su hija soportó y será difícil que nos podamos librar de responsabilidad.

  

Los alumnos pertenecen a este centro, los abusos se cometieron principalmente en este centro y aseguran que hay testigos  que afirman que nosotros lo sabíamos.

DIRECTOR: Y lo malo de todo es que lo sabíamos y no hicimos nada.

 

 

Escena segunda

 

(La escena se realiza en el salón de la casa del matrimonioEs un salón bien montado con estanterías llenas de libros. Existe un ambiente de tranquilidad. Hay fotografías familiares donde aparece la hija fallecida)

En momentos la situación es actual y en momentos son escenas retrospectivas.

Intervienen el padre, la madre, la compañera de la hija y la hija.

 

MADRE: Pasa por favor, siéntate y ponte cómoda ¿quieres tomar algún refresco?

COMPAÑERA: No gracias.

MADRE: Has sido muy amable al venir.

COMPAÑERA: (Al ver una fotografía de su amiga la coge y la mantiene en sus manos) Es lo menos que podía hacer, se lo debo.

PADRE: No te sientas en deuda, comprendemos por lo que habéis pasado y queremos agradecerte que estuvieras siempre al lado de ella.

MADRE: Fuisteis buenas amigas ¿verdad?

COMPAÑERA: Sí, mucho.

MADRE: Nuestra hija sabía escoger bien a sus amigas.

COMPAÑERA: Al principio de hacer amistad estábamos siempre juntas, hacíamos los trabajos juntas, estudiábamos juntas y salíamos al recreo juntas. Lo pasábamos muy bien.

PADRE: Me alegra saber que congeniabais tanto.

Ella nos hablaba  mucho de ti y nos contaba lo que le gustaba ir al colegio porque allí, con su amiga, como ella decía,  se sentía muy contenta.

COMPAÑERA: Es verdad, nos reíamos mucho.

Nos daba igual los demás grupos.

 

Nosotras hablábamos mucho de cómo sería nuestro futuro, ella me decía que quería ser médico como su madre y yo le decía que quería ser maestra.

PADRE: Seguro que lo conseguirás.

COMPAÑERA: Me decía que iba a ganar mucho dinero y que tendría una casa muy grande con muchas habitaciones y que siempre iba a tener  muchos invitados en las fiestas que iba a hacer.

Nos gustaba imaginar cosas y luego hacernos una película de lo que sería nuestro futuro.

Mientras los demás chateaban con sus teléfonos a nosotras nos gustaba pasar el recreo así.

MADRE: Sí, la verdad es que siempre fue muy imaginativa.

Le gustaba mucho leer historias de amor, libros de jóvenes, lo normal dada la ilusión y visión de la vida que se tiene con esa edad, pero de pronto todo cambió, dejó de mostrarse comunicativa, parecía preocupada como si el colegio empezase a ser una montaña que le costase mucho escalar.

COMPAÑERA: Sí, hace dos años todo comenzó a cambiar y la alegría por llegar al colegio pasó a ser como una losa que hizo que le cambiara hasta el carácter.

Ya no se mostraba idealista, empezó a distanciarse y cada vez  parecía más y más preocupada por unas compañeras que al parecer la habían tomado con ella.

Dejó de salir al recreo, yo al principio creía que se había molestado conmigo porque fue un cambio muy radical y no entendía muy bien qué le pasaba. Hablaba con ella pero me rehuía. No sabía cómo interpretar ése cambio, si yo la había podido molestar por algo, pero cada vez la veía más metida en sí misma y menos comunicativa.

(los padres quedan a oscuras, ya no está la compañera en el salón de la casa sino que se encuentra en una aula del colegio) ¿Qué te pasa? ¿Por qué no sales al recreo? ¿Estás enfadada conmigo?

HIJA: No, no me pasa nada, sólo es que últimamente no tengo muchas ganas de salir y prefiero quedarme en la clase estudiando, sabes, no duermo bien y cuando me pongo a estudiar no rindo mucho porque estoy cansada.

  

Por eso me quedo recuperando algo de tiempo en la clase en lugar de salir al recreo.

COMPAÑERA: Pero tienes que salir  ¿cómo puedes quedarte aquí sin respirar un poco de aire fresco durante toda la mañana? ¿Me estás diciendo la verdad?

HIJA: Sí claro ¿por qué no te la iba a decir?

COMPAÑERA: Has suspendido los últimos exámenes. Si necesitas algún tipo de ayuda dímelo, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea ¿cómo puedes aguantar sin salir de la clase? 

HIJA: Descuida que si en algún momento necesito tu ayuda te lo pediré.

(Se vuelve a iluminar a los padres y la hija queda a oscuras, otra vez la acción se realiza en el salón de la casa)

MADRE: Pero tú sabías que no te estaba diciendo la verdad, algo le pasaba y no quería decírtelo.

COMPAÑERA: Sí, algo me imaginaba, pero no sabía lo que era.

Desde entonces empezó a mostrarse cada vez más distante.

La verdad tampoco me preocupé mucho, pensaba “si necesita algo ya me lo pedirá”.

PADRE: Pero no te lo pedía ¿cierto?

COMPAÑERA: No, no me pidió ninguna ayuda pero yo iba notando algo cada vez más extraño, ya no era la simple desgana de no salir al recreo, pasaba algo más pero no sabía lo que era.

MADRE: Nadie lo advirtió, se lo guardó todo ella sola.

COMPAÑERA: Una vez al regresar todos los alumnos del recreo yo ya me había sentado y me extrañó ver en ella una actitud que antes no se la había visto.

El profesor todavía no había entrado. Le pregunté qué le pasaba.

Me dijo que nada. Le insistí ¿cómo que no te pasa nada? ¿te estás viendo? le dije, estas aterrorizada.

Me di cuenta de lo que pasaba.

Fue cuando pasaron por su lado aquéllas tres que al pararse justo ante ella comenzaron a reírse y a meterse con ella.

 

Fue francamente muy desagradable y en aquel momento se hizo un silencio incómodo que pareció eterno.

La primera que era siempre la que llevaba la voz cantante le dio un manotazo en la cabeza, otra se quedó mirándola tan fría que su mirada la petrificó y la última le tiró los libros desde el pupitre al suelo.

COMPAÑERA: Le dijo “recoge los libros, puta lesbiana”. Ella avergonzada salió corriendo abandonando la clase.

MADRE: ¡Dios mío!

COMPAÑERA: Fue entonces cuando comprendí toda la situación, estaba siendo acosada (comienza a llorar). Yo no sabía que era lesbiana. Nadie salió en su defensa y se produjo un silencio tenso. No se lo había dicho a nadie. Había llevado su condición sexual como si fuera una cruz. No hablaba conmigo que era con la que más confianza tenía pero ¿por qué? ¿por qué se tenía que avergonzar de ser lesbiana? Quizás pensara que la iba a dar de lado pero eso es ridículo, yo la hubiera aceptado como hubiese sido, pero no confió en mí.

PADRE: ¿Pero por qué nadie hizo nada?

COMPAÑERA: Aquéllas tres habían impuesto la ley del silencio y tenían atemorizada a toda la clase.

No supimos reaccionar. Teníamos que haber hecho algo, es verdad, si hubiésemos reaccionado no hubiese pasado lo que pasó.

Cuanto más tiempo pasa me siento peor. Es como un gusano que me come mi interior por no haberla defendido. Si me lo hubiera dicho hubiera tratado de ayudarla pero no se atrevió a contármelo ¿qué hay de malo en ello? Yo no hubiera dejado de ser su amiga, al contrario, hubiera tratado de comprenderla. Cada una es como es y ninguna persona tiene que sentirse humillada por el hecho de ser diferente. No hay día que no me pregunte qué más pude hacer y no hice.

PADRE: (abatido) No sabíamos que era… ¿Por qué no se atrevió a decírnoslo?

Me imagino por lo que pasó. El conflicto mental por el que tuvo que pasar. Era todavía una niña y no sabía cómo afrontar ese tema. Su personalidad no estaba formada del todo y ella sólo veía que era

  

diferente a las demás pero ¡por Dios! Teníamos que haber observado algo ¡qué ciegos estuvimos!

(a la compañera) Muchas gracias, eres muy sincera.

No es fácil enfrentarse a quien tiene dominado a los demás ¿Lo llegó a saber el profesor?

COMPAÑERA: Cuando todo esto pasó no había llegado pero sé que lo tuvo que saber porque al día siguiente las llamó a su despacho, alguien se lo tuvo que decir, nunca supimos cómo se llegó a enterar pero a las tres agresoras lejos de intimidarlas lo que les pudiera decir el director parece como si redoblaran su hostigamiento hacia ella.

MADRE: ¿Eso es todo lo que hizo? No hizo lo suficiente.

Debió ponerlo en conocimiento del Consejo Escolar, del Psicólogo, pero es más fácil no hacer nada. Tuvieron que poner en marcha el protocolo para estos casos de acoso pero no lo hicieron.

COMPAÑERA: A partir de aquél día fue claramente su objetivo. Una mañana al salir del colegio me contó que la siguieron y la abordaron.

Lo que le hicieron no es nada agradable y preferiría no tener que contarlo.

MADRE: Por favor, necesito saberlo.

Tengo que saber por todo lo que pasó mi hija, ya nada me hará más daño que su pérdida.

(Se apagan las luces y los padres quedan a oscuras, se ilumina la escena entre la compañera y la hija)

HIJA: No puedo aguantar más esta situación.

(comienza a llorar amargamente) Me están haciendo la vida imposible ¿qué les he hecho yo? ¿por qué me hacen esto?

Quisiera arrancarme la piel (se araña los brazos). Siento vergüenza de mí misma ¿por qué tengo yo que ser así?

COMPAÑERA: ¿Qué te ha pasado?

HIJA: Ayer, cuando me iba para mi casa observé que me seguían, empecé a asustarme porque todavía me quedaba un buen paseo hasta llegar y no suele haber mucha gente por ésa zona.

 

Comenzaron a insultarme, puta, machorra, boyera,  me dijeron: te vamos a dar dos hostias por chivarte al director.

Yo corrí pero me dieron alcance y una de ellas me dio un puñetazo en el estómago que me hizo caer  al suelo donde continuaron dándome patadas y pisoteándome. Me dijeron que era una chivata y lo iba a pagar muy caro.

Yo les decía que pararan que no había dicho nada pero no me creían y me arrastraron tirándome del pelo hasta un lugar donde nadie nos pudiera ver, allí siguieron empujándome, poniéndome zancadillas y golpeándome hasta que les rogué que pararan, me desnudaron y me metieron una bolsa en la cabeza (llora amargamente) ¡contenía excrementos!.

Me amenazaron con que si lo contaba volverían a por mí.

COMPAÑERA: Esto no puedes aguantarlo más. Tienes que decírselo a tus padres o al director. Como no lo pares irán a más.

HIJA: (continúa llorando) No puedo, les tengo miedo y por favor tú no digas nada porque al final vendrán a por mí. De una forma o de otra dirán que he sido yo.

He recibido un mensaje por WhatsApp y me amenazan con publicar estas fotografías (le enseña una fotografías en el móvil).

No puedo soportarlo y no sé cómo decírselo a mis padres.

COMPAÑERA: Te entiendo, no te preocupes por mí.

(Se ilumina a los padres y se apaga la luz para la hija) (El padre llora, está sentado, abatido con las manos se tapa los ojos)

COMPAÑERA: (hablando con los padres) La habían desnudado y le hicieron fotos desnuda.

MADRE: (Llorando)  Dios mío seguro que fue el día que quería hablar conmigo y yo le dije que no tenía tiempo ¿por qué? ¿Qué les había hecho para que le hicieron eso? ¿Por qué no nos dimos cuenta?

Tenía sólo catorce años, su mente empezaba a asimilar que no era como las demás niñas pero no se atrevió.

Me puedo imaginar todo lo que sufrió. ¿Por qué no nos lo dijo antes? ¿Por qué tuvieron que acosarla simplemente porque era diferente? Estas situaciones, hoy en día, están completamente superadas y ya nadie se sorprende porque una sea de una forma o de otra

 

COMPAÑERA: Si alguno hubiéramos tenido el valor suficiente como para confesar todo lo que sabíamos quizá no hubiera sucedido nada de esto pero nos callamos, todos somos culpables de que acabase como acabó.

Al final las amenazas se cumplieron y publicaron por WhatsApp las fotografías que le tomaron.

PADRE: ¿Y esas fotografías estuvieron circulando por ahí?  ¿Nadie hizo nada?

(La compañera calla, no sabe qué decir)

Lo siento, no pretendía crearte ningún sentimiento de culpabilidad.

Es sólo que la indignación me come por dentro y no sé lo que digo.

(La compañera sólo asiente con la cabeza)

Ella no las denunció por miedo, pero era tal el odio que le tenían que no les importó publicar esas fotografías tan denigrantes.

Muchos se las fueron pasando hasta que le llegaron también a ella. A partir de aquel momento no la volví a ver.

MADRE: No tengas ningún sentimiento de culpa.

Se ha puesto una denuncia en el Juzgado y hay abierta una investigación tanto por el Ministerio como por el Juzgado.

Se llegará al fondo del asunto y exigiremos responsabilidades a quien corresponda.

Queremos agradecerte que nos hayas contado lo que no sabíamos de nuestra hija y ojalá nadie tuviera que pasar por lo que ella pasó.

COMPAÑERA: Estaba obligada, se lo debía a ella.

MADRE: ¿No temes que intenten hacer lo mismo contigo?

COMPAÑERA: No les tengo miedo, ya no.

Si eso ocurre les plantaré cara y no serán capaces de doblegarme.

Ella me dará fuerzas para que eso no pueda ocurrir. De todo esto he aprendido una lección y es que nadie tiene el derecho de pisotear la libertad del prójimo y que cada una siendo como sea se merece todo el respeto del mundo y nadie es quien para pisotearlo.

Estoy dispuesta a declarar lo que les he dicho ante cualquier Juez con tal de que se haga justicia y reciban el castigo que se merecen.

(Sale)

 

 

ESCENA TERCERA

(Se quedan solos la madre y el padre)

PADRE: (abatido) ¿En qué mundo vivimos?

Nos hemos deshumanizado.

Nuestros hijos están expuestos ante una sociedad cruel y nosotros ni siquiera nos enteramos.

No supo cómo decirnos que ella no era como las demás y nosotros, ciegos, (comienza a llorar, se abraza a la madre)  no fuimos capaces de verlo ¡por dios! si hubiéramos hablado más con ella la hubiéramos ayudado.

¿Por qué me tengo que dar cuenta ahora que mostrar cariño es impagable? estamos inmersos en nuestra vida y no nos damos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Yo hubiese querido haber visto esa necesidad ¡era mi hija! pero se fue sin tener confianza en nosotros, en sus padres.

Prefirió depositar su confianza en una amiga ¿por qué no en nosotros? ¿por qué tenemos que pasar por este calvario para darnos cuenta de lo que ya no podemos solucionar?

MADRE: Ya es tarde para querer ser más padres, ya no podemos estar con ella.

Se fue injustamente, con toda una vida por delante y sin ver ésa luz que estaba allí pero que ella no supo ver.

Quisiera poder decirle ahora todo lo que no le dije en su momento pero ya es tarde.

La queríamos como era, su personalidad se estaba formando y se interpuso en su camino algo que no pudo superar ¿por qué? Si lo hubiese hablado lo hubiera comprendido mejor pero le faltó ese acercamiento que no supimos propiciar.  

Donde ella vio un problema insalvable la podíamos haber ayudado.

Hubiera sido feliz pero no quiso compartir ese trauma que se hubiese quedado en nada, pero ya es tarde.

PADRE: ¿Por qué la vida nos hace pasar por esta dura prueba? Nadie debería pasar por este dolor inhumano.

Lo hicimos lo mejor que pudimos pero siempre me quedará que la falta de confianza se la llevó.

Sufrió  porque su todavía  inmadurez cerebral le dificultaba mucho,  me imagino que se sintió sola, incomprendida, anulada, vencida, distinta a las demás.

¿Por qué esas compañeras se ensañaron con ella? Precisamente con ella. Estamos en una sociedad salvaje, primitiva, donde el más fuerte puede con el débil hasta doblegarlo y hacerle sentir que no vales nada pero su muerte no quedará impune porque lucharemos hasta que se haga justicia y que los culpables paguen por lo que hicieron ¡Cuántas cosas veo ahora claras!

Hija, hoy que te entiendo, estoy un poco más cerca de ti, pero ¡hemos perdido tanto!

(Se abraza a la madre) Es lo último que podemos hacer por ella y lo haremos.

(Se apaga la luz)

ESCENA CUARTA

ABOGADO: He tenido oportunidad de estudiar su caso, es muy lamentable, me hago cargo que han tenido que sufrir mucho pero tengo que decirles que no esperen una pena demasiado dura. Las acosadoras tienen catorce años y están exentas de responsabilidad. La Ley de Responsabilidad del Menor no prevé “penas” sino medidas correctoras.

MADRE: ¿Qué me quiere decir? ¿Pueden hacer lo que quieran y no serán condenadas? Mi hija se suicidó porque ellas la acosaron.

La ley tiene que prever algún tipo de castigo para este tipo de personas que con total impunidad actúan sobre la voluntad de los demás anulándolos.

Mi hija no se suicidó, la indujeron al suicidio, ella no lo hubiera hecho de no ser por el acoso al que se vio sometida.

ABOGADO: Comprendo lo que sienten pero no quiero que se lleven una desilusión en el futuro.

Los jueces no condenarán a esas chicas a más allá de unos meros trabajos para la Comunidad.

Trataremos por todos los medios que la responsabilidad recaiga sobre el centro escolar y sobre los padres pero existen sentencias recientes que fundamentan lo que les estoy diciendo.

PADRE: (que no lo entiende) El acoso duró dos años. Usted tiene la declaración de la compañera, el colegio, no hizo nada, publicaron fotografías de ella desnuda por las redes sociales. Todo el mundo pudo verlas

Existe un delito de odio, de homofobia. No, no puede ser verdad lo que nos está diciendo.  

ABOGADO: Quiero que se pongan en lo peor y lo peor es lo que les estoy diciendo.

La Ley es clara (leyendo la Ley) “si un menor de dieciocho años comete un delito será jugado por la Ley de Responsabilidad del Menor y no se le aplicará el Código Penal”  si son menores de catorce años están exentos de responsabilidad criminal, son inimputables y no responsables penalmente.

 

El legislador entiende que por debajo de esta edad los menores carecen de la capacidad para comprender si su conducta es de carácter ilícito o no.  

MADRE: Ellas sabían perfectamente lo que estaban haciendo. Con esa edad se sabe perfectamente lo que está bien y lo que está mal. Como mínimo hay un trato degradante continuado,  un  delito de odio, de homofobia.

ABOGADO: Me limito a hacerles ver lo que puede ocurrir. Por otro lado, podemos encontrarnos con que el abogado que defienda a las compañeras trate de desligar el acoso y que con sus conductas lesivas y vejatorias hacia su hija no buscaban su suicidio. Argumentará que la muerte de su hija fue un acto voluntario y no provocado por ellas.

Trataremos que sea la Administración  la responsable por la falta de actuación e indemnice por los daños morales causados pero no va a ser fácil.

PADRE:   Yo no quiero una indemnización, quiero que las culpables sean castigadas.

ABOGADO: No quiero que se lleven una idea equivocada. Las leyes son las que tenemos. El delito de Bullying no está tipificado, los jueces aplican el de “lesiones y trato degradante”.

MADRE: ¿A qué pena como máximo se enfrentan las compañeras de mi hija?

ABOGADO: No puedo asegurárselo, todo dependerá de las declaraciones que se vayan produciendo a lo largo de las sesiones, de las pruebas que vayamos ofreciendo al juez pero no esperen más de veinte, veinticuatro meses en fines de semana realizando trabajos para la Comunidad.

PADRE: ¿Cómo? Usted no puede estar hablando en serio. Mi hija ha fallecido porque la indujeron a ello. En una situación normal, sin acoso, mi hija no se hubiera suicidado. La llevaron a hacer lo que hizo.

ABOGADO: Comprendo su indignación pero el Juez tiene que velar por la necesidad de la formación que tienen que seguir recibiendo las menores.

MADRE: No les va a pasar nada. Han llevado a la muerte a mi hija y no les va a ocurrir nada.

  

Tendrán la oportunidad de hacerlo otra vez con quien a ellas les dé la gana, con quien ellas crean que es lo suficientemente débil como para ir contra ella. Son alimañas en busca de una presa.

¿A quién le tocará la próxima vez? ¿A la hija de un inmigrante negra, a una sudamericana, a otra niña que despertando de su niñez empiece a comprobar que su sexualidad no es como las de las demás?

No pretendemos una venganza, tan sólo queremos que paguen por lo que han hecho.

¡Indemnizaciones! para qué queremos nosotros una indemnización, ¿nos va eso a devolver a nuestra hija? ¿acaso  nos va a mitigar el dolor? sólo queremos que se haga justicia y que la figura de mi hija sea recordada para que nadie vuelva a pasar por lo que ella pasó.

PADRE: Lamentablemente, nosotros hemos perdido a nuestra hija por la actuación que sobre ella ejercieron otras personas intolerantes con su forma de ser, pero estos tres…(busca la palabra) “monstruos” dentro de unos años cambiarán, su mente estará formada y recapacitarán sobre lo que hicieron algún tiempo atrás y las consecuencias que tuvo sobre una niña que su único “pecado” fue ser diferente a las demás.

Pensarán qué barbaridad cometimos apoyándonos las unas en las otras. Sólo quisiera saber qué pensarán cuando llegue ese momento.

ABOGADO: Me pongo en su lugar y me hago cargo de sus sufrimientos pero no podemos esperar de la Ley más que lo que dicta.

El único camino posible es ése.

MADRE: Nadie se puede poner en nuestro lugar porque la pérdida de una hija sólo la siente quien lo ha padecido.

Agradecemos su franqueza y no quedándonos otro camino seguiremos por donde usted nos indique. Quizás con esto consigamos que en el colegio de nuestra hija se evite una segunda vez y que en ningún colegio se oculten los acosos vengan de donde vengan.

A nuestra hija nada nos la devolverá pero su caso evitará que en otro lugar pueda volver a ocurrir.

(Salen)

 

 

 

ESCENA FINAL

 

La misma decoración del primer acto. La escena se vuelve a desarrollar en la habitación del hotel.

MADRE: (La madre da vueltas por la habitación) Aprendí que no debía esperar mucho de la justicia. Los hechos fueron los que fueron y los pronósticos del abogado se cumplieron en gran parte. Dieciocho meses de libertad vigilada. La condena a costas del procedimiento entre el centro escolar y los padres de forma solidaria ¡Poca pena para tanto dolor!

Aquéllas tres acosadoras no sólo acabaron con la vida de nuestra hija, acabaron también con la de los que la rodeaban. Todos seguimos caminando pero sin saber muy bien hacia dónde vamos.

No puedo soportar las declaraciones que decían que se suicidó por despecho al negarle una de ellas el amor. ¿Qué necesidad había de hacer aún más daño? ¿Dónde está el corazón? ¿Por qué tanto daño gratuito?

PADRE: Vayamos donde vayamos siempre estará presente. Ella depositó todos sus secretos en nosotros. Si en vida no los confesó, con su muerte nos brindó toda una serie de confesiones que nos hizo conocer mejor a nuestra hija.

MADRE: Me siento perdida en un laberinto de confusiones al que no le encuentro salida. ¿De qué sirve ahora preguntarse el por qué?

La respuesta ya la sabemos y no me reconforta saber por qué lo hizo. Sufro porque se fue sin compartir con nosotros su dolor. No me reconforta saber que dejó de sufrir, yo la quería aquí con nosotros.

Perdió la esperanza y eso no lo superaré jamás.

PADRE: Nuestra hija fue la parte débil. Detectaron su debilidad y fueron a por ella. No importa si es por su tendencia sexual, su color o su procedencia, lo mismo da. Son alimañas y buscan su presa.

La sociedad falla y crea estos monstruos que necesitan demostrarse a sí mismos que son los líderes a costa del sufrimiento de los demás pero mañana, el día de mañana, estas alimañas estarán completamente formadas y recordarán que hubo hace unos años una persona a la que le hicieron la vida imposible y se dio por vencida. Que acabaron con su vida y con la nuestra. Eso no lo olvidarán jamás y les remorderá en sus conciencias.  

(Los padres comienzan a recoger sus pertenencias, cada uno con su maleta se disponen a abandonar la habitación del hotel, antes de desaparecer de escena miran hacia el centro del escenario, en él se encuentra el cuerpo tendido de su hija, las luces de la policía destellan y los dos policías se encuentran junto al cuerpo de la fallecida)

Se apagan las luces.

 

Abril 2020

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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