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Las cacerolas llenas no hacen ruido

de Alejandro Ezequiel Formanchuk

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

Las cacerolas llenas no hacen ruido

  

De Alejandro Ezequiel Formanchuk

mariscal1998@yahoo.com

  

Pieza teatral en un acto breve escrita al calor de los cacerolazos argentinos

 


 

 

Esta obra fue seleccionada y publicada en enero de 2003 en “Alhucema”, revista de literatura y teatro de la ciudad de Granada, España.

 

 

A Lourdes, por vivir.

 

 

Personajes

 

VIEJA 

HOMBRE

YUPPIE

 

 

Escena

 

Una calle del centro de Buenos Aires. Un Yuppie habla por su teléfono móvil y una Vieja vende baratijas sentada en las escalinatas de un banco. Luego, aparece un Hombre con una cacerola en la mano y le da una moneda a la Vieja. El Hombre va a golpear su cacerola cada vez que el Yuppie y la Vieja dejen de hablar.

 

 

 

VIEJA:          (Al Hombre. Le habla hasta que se indique lo contrario) Gracias hijo, que Dios lo bendiga… Usted no sabe lo difícil, lo difícil que…

 

YUPPIE:        (Hablando por teléfono) ¡Es difícil, viejo! No te imaginás el estrés que tengo… El dólar sube, baja, el gobierno dice que va a hacer una cosa, después hace otra… ¡No doy más! Hay que ser muy ágil con… vivir al filo… ¡No! ¿Vos estás loco? Yo tengo toda la guita afuera, ni mamado la dejo en este país…

 

VIEJA:          Pero me mantengo, vendiendo estas cositas, con gente como usted que me ve y me ayuda… bueno, con eso voy sobreviviendo… Pero cada día está más difícil porque hay gente que antes me daba y que ahora me dice que no puede y yo… ¿qué quiere que haga? Los entiendo, si cada día estamos todos peor…

 

YUPPIE:        No, no, vos no tenés idea de los quilombos que tengo… Ayer hablé con mi esposa y le dije que este año se olvidara de las vacaciones en… Sí, se puso como loca, pero por suerte pude convencerla con Punta Cana. Te digo la verdad, que sea a cualquier lado, pero lejos de acá… No veo la hora de largar todo y dejar de laburar…

 

VIEJA:          Escuche hijo, yo tengo 83 años y puedo trabajar, todavía puedo venir todos los días y sentarme y vender una cosita, otra cosita, y así voy tirando, de a poco… Yo no quiero irme del albergue en el que estoy porque estoy bien, tengo mi cuarto, mi cocina con una hornalla para calentar la comida o un té… y el baño es una limpieza que no se puede creer…

 

YUPPIE:        ¡Irme! ¿Me entendés? ¡Necesito irme lo antes posible de este infierno…!

 

VIEJA:          Además, al lado de mi cuarto vive un señor y viera usted qué respetuoso: “Buenos días, buenas noches, permiso, por favor”. Entonces yo ya me quiero quedar ahí… pero me cobran diez pesos por día…

 

YUPPIE:        ¿El hotel? No, no sale nada. Ya estuve averiguando. Hay uno con vista al mar que te cobra 130 dólares por noche. Sí, por supuesto, con el desayuno incluido… Además me dijeron que ahí la comida es regalada… Igual te digo algo: cuando yo me voy de vacaciones no ahorro en nada, en nada…

 

VIEJA:          Yo estoy todo el día aquí y lo que gano, discúlpeme que le diga así, pero lo que gano me lo gasto en el momento. Hace ya dos meses que estoy en ese lugar y estoy muy cómoda, tengo mi lugarcito, duermo tranquila, está todo limpio, y yo ya estoy grande, ya tengo 83 años, así que soy plenamente una anciana… Ahora, ¿usted me va a decir que es justo que en este país tan lindo estemos así…?

 

YUPPIE:        ¿A vos te parece justo que por llegar tarde me haya perdido cinco mil pesos? ¿En qué país vivimos? Escuchá: puse a la mañana una orden de compra y cuando me voy a almorzar, decí vos, sí, la acción de mierda se dispara… No, no, eso no es nada, ¿podés creer que cuándo volví a la oficina había vuelto a bajar? Pero ya está, no me agarran más, de ahora en adelante me traen la comida a la oficina…

 

VIEJA:          Yo a veces me tengo que arreglar con un mate o una galletita, y así me mantengo, o me traten comida, un pancito… usted me trajo la otra vez comida, ¿no? Le agradezco, mire, Dios lo va ayudar porque se lo merece, y disculpe que lo esté aburriendo con todo esto que le cuento porque lo debo estar aburriendo, pero mi vida es muy difícil, muy difícil… De chica mi papá me decía…

 

YUPPIE:        ¡Acá no come el que no quiere! Pero más vale, si estamos asqueados de comida: carne, trigo, soja… ¿Acaso no somos el granero del mundo? ¿Que qué? ¡Pero no seas boludo! Mirá, ¿sabés lo que haría yo? A toda esa manga de vagos que “dicen” que no tienen para comer, los mandaría a sembrar el campo, uno por uno, a laburar, a romperse el lomo, como hicieron nuestros abuelos cuando vinieron de Europa…

 

VIEJA:          Ayer estuve con una chica ucraniana que vendía café, viera usted lo preciosa que era, rubia, ojos celestes… yo ya soy vieja así que veo todo como si fuese una pintura, bueno, ella era una naturaleza divina pintada por Dios… Y vendía café, pero no sabe qué inteligente que era, hablaba francés, inglés, pero inglés mejor que alguien de allá y español como los dioses… Y vendía café. Pero seguro que alguien ya le habrá dado un trabajo mejor, porque era muy linda, no sabe lo linda que era…

 

YUPPIE:        No sabés la mina que vi ayer en la calle vendiendo café, sí, una rusita, rubia, ¿qué?, ¿vos también la viste? Bárbara la yegua… Me parece que la voy a contratar como secretaria… Hablando en serio, decíme una cosa, ¿no te parece que ya tenemos bastante con nuestros quilombos para que encima vengan a matarse el hambre estos comunistas arrepentidos? ¡Este país da para todo…!

 

VIEJA:          Para todo señor, así como me ve, si usted sabe de algo téngame en cuenta, porque yo puedo limpiar un baño o una cocina y la dejo de mil maravillas. Si hay que meter el brazo hasta acá (Se señala su codo), yo lo meto, dejo todo perfecto, limpio… si sabe de algo téngame en cuenta, ¿cómo me dijo que se llamaba…?

 

YUPPIE:        ¡George Washington! ¡Ése tendría que haber sido el Padre de la Patria! ¡Qué pesos ni pesos, estaríamos todos llenos de dólares! Bueno, che, te dejo que me cierra el banco. (El Yuppie apaga su teléfono móvil, pasa caminando al lado de la Vieja y ella le pide que le compre algo. Él se palpa los bolsillos y luego se palpa el corazón) Perdóneme señora, pero por suerte ya me saqué todos los pesos de encima.

 

 

El Hombre golpea su cacerola hasta que se baje el telón.

 

 

 

 

*** 

Buenos-Aires, mayo de 2002

 

 

 

Acerca del autor:

 

Alejandro E. Formanchuk nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1977. Es amateur de la poesía, la narrativa y la dramaturgia (amateur tiene que ver con amante). Se licenció en Comunicación Social en la UBA y tiene la suerte de trabajar de lo que le gusta. En 2001 apareció su primer libro de poesía, Por la mano muere. En cuanto a sus obras de teatro, fueron representadas en la Argentina, México, Chile, Costa Rica, El Salvador, Perú, Venezuela y EEUU; algunas de ellas son: Bailar al son del silencio, Divinidad Pájara, Las cacerolas llenas no hacen ruido, Cuenta de protección y Capitán South America. Finalmente, y por ello más importante, en 2004 su obra Las Juntas formó parte del ciclo “Teatro X la Identidad” de las Abuelas de Plaza de Mayo.

 

mariscal1998@yahoo.com

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