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Caramelo de nueva york

de JUAN MARTÍNS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

                                        

 Caramelo de nueva york

 

 

de Juan Martins

 

Correo electrónico: estivalteatro@yahoo.es

  

 

Personajes

 

 

Betty, treinta y tres años. Su expresión melancólica nada dice de su buen vestir.

Elisa, algo mayor a Betty.

Voz en off, es la voz eléctrica de los altavoces del metro.

 

Escena, toda la obra se desarrolla dentro del vagón de un metro de cualquier ciudad concurrida, Nueva York por ejemplo. Afuera, se deja escu­char el ruido de la noche, gente y estruendo del metro subterráneo. Betty y Elisa aparecen en un diálogo ausente: sus pensamientos, sólo cuando el texto lo exija, lo hacen en voz alta, como en una noción abstracta del lenguaje que se perfila en el desorden emocional de personajes cita­dinos como éstos. Es impor­tante que la puerta de salida del vagón dé hacia el público, otorgándole a éste la cualidad de pasajeros transeúntes que se integran a la puesta en escena.


 

Único Acto

Única escena

 

Betty y Elisa Aparecen, progresivamente se les va escu­chan­do en la medida que asciende la luz. Ausentes, ensi­misma­das.

 

Betty (Alto).— ¡Me corto las venas!

Elisa.— Me faltan quince minutos.

Betty.— Que no se atreva a dejarme.

Elisa.— Voy a llegar tarde.

Betty.— Mejor me rajo la barriga.

Elisa.— Mis pacientes siempre esperan.

Betty.— ¡Primero le saco los ojos!

Elisa.— Ella tendrá que esperar.

Betty.— Mejor, dos gotas de cianuro. Una para mí, después otra para él y que antes, claro, me vea muerta.

Elisa.— Me llama a cada rato. Una cosa es el oficio, otra ésta.

Betty.— Decirme a mí que ya soy un culo que no vale la pena…

Elisa.— ¿Por qué no buscó otro día para suicidarse?

Betty.— ¡Qué bolas!

Elisa.— Todos... los días son iguales...

Betty.— ¿Quién coño se cree él?

Elisa.— Un día se quiere cortar las venas, al otro día...

Betty.— …Antes de que él me deje, me paso el cuchillo por el cuello.

Elisa.— El otro día me decía que se iba a tirar desde el piso veintidós.

Betty.— Si me deja me meto un tiro.

Elisa.— Otro día estuvo a punto de cortarse el cuello.

Betty.— Mejor, sin sangre.

Elisa.— ¿Por qué no se mete un tiro y ya?...

Betty.— No, que sea con sangre.

Elisa.— …Así deja de llamarme.

Betty.— Al no haber sangre pensarán que me maté sin pasión.

Elisa.— Entiendo que los pacientes tengan que llamarme, para eso me pagan, ¿no?

Betty.— Si no hay sangre no pasa nada.

Elisa.— Me llama cada vez que tiene esa alucinación en la que ve a un hombre montado en un caballo blanco, porque, según ella, ese hombre viene a matarla...

Betty.— De lo que estoy segura es que me corto el cuello.

Elisa.— Se cortará el cuello y después me llamará. Por lo menos tendría más motivos para llamar a un médico…

Betty.— A mí nadie me dice que no me tengo que cortar el cuello...

Elisa.— …y me deja de hablar de ese hombre de caballo con manto blanco (!)

Betty.— Nadie.

Elisa.— ¡Coño que mierda!...

Betty.— Estoy aquí varada en este estación del metro.

Elisa.— ...Cada vez que esta mierda se para... (Cambia. Pausa) Me quedan quince minutos...

Betty (Ve al reloj que trae consigo).— Apenas tengo quince minutos.

Elisa.— ...Ni modo, espero.

Betty.— Qué carajo, espero.

Elisa (Mira alrededor. Pausa. Mira hacia al público, como buscando en las afueras del vagón).— ¿Qué tanto miran hacia allá?

Betty.— La gente entra y sale.

Elisa.— Quédense sentaditos, pensando en la rutina de mañana, ¿quieren?

Betty (Al público).— ¡Señora! Sí, usted, entre. No se quede allí.

Elisa.— No me mire así señora. No es con usted. Se fue, no quiere entrar.

Betty.— ¡Cuidado con el caballo!...

Elisa.— Si no el hombre del caballo blanco entra (Nervio­sa) ¡Me quedan quince minutos!

Betty (Al público).— ... y viene en un caballo señora, es un hombre de manto blanco.

Elisa.— Le dije que me esperara en el consultorio.

Betty (Igual).— Usted, señor, ya verá el rostro de ese hombre de caballo blanco... ¿no me cree?... Ay... ya verá usted,...

Elisa.— Le dije que se olvidara de esa neurosis. Y que de aquí en adelante depende de ella.

Betty.— ... ¿sabe señor? ese hombre viene a jodernos, sí señor, no se ponga así, nos quiere joder...

Elisa.— Siempre con la manía.

Betty.— ¡Señora?

 

(De pronto, se miran pensando: «¿ésta quién es que insiste en remedarme?» Pausa. Dejan de mirarse. Continúan pensando en voz alta)

 

Voz en off.— Se les recuerda a los señores pasajeros que deben permanecer en sus asientos. Disculpen las moles­tias, en pocos minutos se reanudará el servicio...

Betty (Al público).— Mírenme, señora, escúcheme... en serio vale... ese señor es jodido y viene en capa blan­ca...

(Elisa mira a Betty. Pausa. Miran al público respec­tivamente. Piensan en voz alta)

Elisa.— Si ella no tuviera tanta dependencia conmigo.

Betty (Continúa pensando en voz alta).— Sí..., nos vienen a buscar para comernos. (Cambia. Ríe sarcástica­mente) ¿Se lo creyó señora? (Elisa y Betty se miran, sin comuni­carse).

Elisa (Al público, se mantiene entre la realidad y su pensamiento).— Sí señora, entre no se preocupe. Entre.

Betty (Igual).— Le digo señora, me corto el cuello.

Elisa (Alto).— ¡A cada hora me llama!                                       

Betty (Cambia. Al público).— Entiendo, con todo este fastidio y usted obligada a escucharnos señora.

 

(Elisa se quiere dirigir a Betty, pero sin mirarla, aún inhibida de aquella noción abstracta de los persona­jes)

 

Elisa.— Me quedan quince minutos.

Betty.— Esta mierda de metro, sin arrancar...

Elisa (Al público).— Si está apurada se puede ir a la calle.

Betty.— No me meto un tiro. Me corto el cuello.

Elisa (Mira en abstracto otra vez a Betty).— Le dije que ya voy en camino y que se olvide de esa idea de cortarse el cuello.

Betty (Ausente de la mirada de Elisa).— Ya no me importa que me acusen de poco inteligente por haberme cortado el cuello. Qué más da, después de muerta, no me voy a enterar.

Elisa.— Me lo tomó para mal. Se molestó, es más, se arrechó. Entonces buscando un poco su calma, le dije que era una broma...

Betty.— Por ejemplo, cortarse el cuello no es un suicidio con glamour ni memos con clase.

 

(Pausa. Se miran. Cambio. Miran al público. Se vuelven a mirar, ausentes)

 

Elisa (A Betty).— ¿Usted se dirige a mí?

Betty (Sin mirarle).— ¿Me habla a mí?

Elisa (Igual).— Sí.

Betty (Continúa ausente).— O sea, ¿usted se dirige a mi persona?

Elisa.— Sí.

Betty.— ¿A mí, que estoy sentada aquí?

Elisa.— Sí.

Betty.— ¿No a la señora?

Elisa.— No a la señora. (Mira a Betty con más confianza)

Betty.— ¿Y en qué puedo serle útil?

Elisa.— En nada.

Betty.— Siendo así no moleste.

Elisa.— No, pensaba que si le interesaría tenerme como acompañante.

Betty.— No gracias, dejé mi experiencia con mujeres en la adolescen­cia...

Elisa.— No me refiero a eso.

Betty.— No consumo drogas.

Elisa.— Tampoco.

Betty.— ¿Ni sexo, ni drogas?

Elisa.— Ni sexo, ni drogas.

Betty.— Entonces no tengo dinero.

Elisa.— No es robarle lo que quiero.

Betty.— ¿Qué quieres?

Elisa.— Hablar de tus sentimientos.

Betty.— Ya le dije que con mujeres no lo hago.

Elisa.— Podemos hablar de eso si quieres.

Betty.— ¿De qué?

Elisa.— De mujeres.

Betty.— No me gustan ahora los besos de lengua con muje­res.

Elisa.— Si quieres hablar de eso, no tengo problema.

Betty.— Le digo que no me interesa. No moleste.

Elisa.— Creo que sí.

Betty.— Déjeme con lo mío.

Elisa.— De acuerdo, y tú, con lo mío, ¿sí?

Betty.— No te estoy molestando.

Elisa.— Cuando llegaste yo ya estaba aquí.

Betty.— Llegué primero.

Elisa.— Yo llegué primero.

Betty.— Hagamos una cosa...

Elisa.— ¿Qué?

Betty.— Tú miras hacia allá.

Elisa.— ¿Hacia adónde?

Betty.— Hacia allá.

Elisa.— ¿Y?

Betty.— Sigues con tus pensamientos y yo con los míos.

Elisa.— No me estoy metiendo contigo.

Betty.— Y yo, miro para allá, en el sentido contrario.

Elisa.— Sólo te quiero ayudar.

Betty.— Entonces ve para allá. No me molestes.

Elisa.— Estoy escuchando tus sentimientos...

Betty.— ...Te dije que no soy lesbiana.

Elisa.— Tampoco yo.

Betty.— No me hables.

Elisa.— Sé que quieres hacerlo.

Betty.— No hablo con lesbianas...

Elisa.— ¿Tienes algo en contra de las lesbianas?

Betty.— ¡No!

Elisa.— Quería decirte...

Betty.— ...Sin más... Tú, miras hacia la derecha. Y yo, hacia la izquierda, ¿okey?

Elisa.— No te voy a besar.

Betty.— No niego que las mujeres sean más tiernas, pero sus besos me aburren.

Elisa.— ¿Ves?

Betty.— ¿Qué? No me vas a confundir.

Elisa.— Tienes cosas que decir de nosotras las mujeres.

Betty.— Será de las lesbianas.

Elisa.— Te confundes...

Betty.— ¡Ya va! ya va... Eres tú quien quiere confundir aquí con eso de las lesbianas...

Elisa.— Eres tú quien insiste...

Betty.— ¡Espera! No tengo nada en contra del sexo que quieras practicar si a ti te gusta...

Elisa.— ¡No soy Lesbiana!

Betty.— ¡Está bien, no te molestes!

Elisa.— ¡Coño!

Betty.— Tranquila si te gustan los besos con sabor a lápiz labial, no me voy a oponer a eso.

Elisa.— Te lo voy a decir de una vez, tienes rato allí hablando sola...

Betty (Alto).— ¡Ah... no, con mis vainas no te metas! Si me da la gana de hablar sola, hablo sola. ¿okey?

Elisa.— Okey, okey, yo, a las lesbianas, las dejo tranqui­las.

Betty.— ¡No me digas lesbiana! es más, mira, vamos a aclarar esto...

Elisa.— Sí, ya sé. Que mire a la derecha.

Betty.— Y me dejas con mis pensamientos.

Elisa.— Es que no estás pensando, estás hablando sola como una loca...

Betty.— Y tú, ¿acaso estás rezando?

Elisa.— Como tú, con mis pensamientos.

Betty.— Resulta que si tengo que confesarme.

Elisa.— Exacto.

Betty.— Y porque no lo hacemos al revés.

Elisa.— No. Soy yo quien tiene que escucharte.

Betty.— ¿Acaso eres monja?

Elisa.— Protestante.

Betty.— ¿Qué es eso?

Elisa.— Que soy protestante, no católica. No puedo ser monja.     

Betty.— No estoy para sermones.

Elisa.— Tampoco yo.

Betty.— Si es así, mira para la derecha y yo para la iz­quierda. (Da la espalda a Elisa)

Elisa (Igual).— Estoy aquí, cuando quieras hablarme soy toda oídos.

Betty.— También yo.

(Betty y Elisa se dan la espalda. Al fondo, se deja escuchar la Voz en off: «Señores, por su seguridad, manténganse sentados en sus puestos. En pocos minutos se reanudará el servicio». Pausa)

Elisa.— Estaré con mis pensamientos.

Betty.— Y yo.

Elisa.— No me remedes.

Betty.— Déjame quieta.

Elisa.— No te hago nada.

Betty.— No me dejas con mis pensamientos.

Elisa.— Todo lo contrario. Mírame, me concentro. Cierro los ojos y otra vez estoy con mis pensamientos (Vuelven a aquella noción abstracta, Betty y Elisa piensen en voz alta)

Betty.— Me meto un tiro dentro de quince minutos.

Elisa.— Me quedan quince minutos. ¡No tengo tiempo!

Betty.— Ya dije: “No me corto el cuello, no me corto las venas, ni me rajo la barriga. No habrá sangre. Sólo un tiro”.

Elisa (Igual).— No la voy a ayudar a meterse un tiro ni menos a escucharla.

Betty (Cambia. Mira a Elisa).— ¡Me saca la piedra!

Elisa (Igual).— ¿Se dirige a mí?

Betty.— ¡Que me saca la piedra!

Elisa.— ¿Qué?

Betty.— Las psiquiatras.

Elisa.— ¿Y yo qué?

Betty.— Me dices que me vas a escuchar. ¿Para qué me tienes que escuchar?

Elisa.— No sé si es una manera de ir matando el aburrimiento.

Betty.— Cuando una le dice a la otra: ¿qué hora es? ¿Le puedo hacer compañía? sencillamente le está *echando los perros+, quiere conquistarla.

Elisa.— No exactamente.

Betty.— Mata el aburrimiento con un perro entonces.

Elisa.— ¿Qué quieres decir?

Betty.— Si sigues con tantas preguntas, me cambio de puesto.

Elisa.— Espera, de verdad, ¿Qué quieres decir que mate el aburrimien­to con un perro?

Betty.— Primero dime, ¿qué sucede allá afuera?

Elisa.— ¿Por qué tengo que saberlo?

Betty.— Vienes de allá afuera.

Elisa.— Te digo y me dices lo del perro.

Betty.— No hay problema, me lo pones fácil.

Elisa.— Hubo una explosión en la entrada del subterráneo.

Betty.— ¿Una explosión!...

Elisa.— ... No te preocupes es una explosión eléctrica.

Betty.— Ah...

Elisa.— Nadie puede entrar ni salir.

Betty.— ¿Tanto así?

Elisa.— ¿Dónde estás, en la tierra?

Betty.— Tú, vienes de afuera. Yo aquí amiga, con mis pensamientos.

Elisa.— Pero no necesariamente vengo de la calle.

Betty.— ¿Trabajas aquí?

Elisa.— Algo así.

Betty.— Ya sé, ¿eres de personal?

Elisa.— Sí, ¿como lo sabes?

Betty.— Porque eres psiquiatra.

Elisa.— ¿Psiquiatra?...

Betty.— Sí, de esas que le hablan al cerebro a una.

Elisa.— Terapia...

Betty.— ... No me Interrumpas...

Elisa.— ... Quiero decirte que las psiquiatras no se meten con el cerebro de nadie, sólo hacen terapia.

Betty.— Jumm...

Elisa.— Así, es, pero no soy... psiquiatra..., bueno, más o menos.

Betty.— ¡Yo sabía!

Elisa.— Si te hace sentir mejor.

Betty.— Yo sabía...

Elisa.— No me has dicho lo del perro.

Betty.—Y tú no me has dicho qué pasa allá afuera.

Elisa.— Háblame del perro.

Betty.— ¡No me molestes más!

Elisa.— ¡No soy psiquiatra!

Betty.— Vete a divertir con un perro.

Elisa.— Está bien, allá afuera tienen cerrada la entrada porque encontraron un objeto explosivo, hasta ahora estará clausura­do.

Betty.— ¿Y no podemos continuar hasta la próxima estación para salirnos de ésta?

Elisa.— Dime lo del perro.

Betty.— ¿Y vienes a vigilarme aquí?

Elisa.— Lo del perro, dime.

Betty.— ¿Eres supervisora?

Elisa.— Algo así...

Betty.— Entonces anda con tu aburrimiento para donde un perro.

Elisa.— Otra vez con lo del perro...

Betty.— Mira, te lo voy a decir, hay mujeres que sienten tanto apego con su perro que lo usan sexualmente.

Elisa.— ¿Sexualmente?

Betty.— Por supuesto.

Elisa.— No entiendo.

Betty.— Ellas se acerca al lomo, por lo general son perros muy limpios.

Elisa.— ¡No me digas!

Betty.— Sí..., esperan que el perro sienta poco y, muy discretamente, van esperando la excitación del perro...

Elisa.— ¿Sí?

Betty.— ¿Dónde estas, en la tierra?

Elisa.— ¿No?

Betty.— Y allí, entre jadeos caninos, matan el aburrimiento...

Elisa.— Difícil de creer...

Betty.— No has visto nada. ¿Hay algunas que lo toman como caramelo?...

Elisa.— ¿Como caramelo?

Betty.— Se lo chupan.

Elisa.— ¡Verga!

Betty.— Y así es como van pasando su tiempo.

Elisa.— ¡Que asco!

Betty.— Ellas no piensan lo mismo (Ríe) ¿Quieres todavía matar el aburrimiento?

Elisa.— ¡Eres una abusadora!

Betty.— Y tú rompementes.

Elisa.— ¿Rompementes?

Betty.— Eso es lo que hacen las mujeres como tú, meterse en la cabeza de la gente...

Elisa.— Ya te dije que no soy psiquiatra.

Betty.— No importa, te has venido a meterte en mi mente.

Elisa.— Es que no dejas de pensar en voz alta.

Betty.— Tú también lo haces.

Elisa.— Lo hago para ayudarte.

Betty.— ¿Ves? Tú también estás loca...

Elisa.— ...Porque hables en voz alta no quiere decir que estás loca.

Betty.— ¿Y quien te dio derecho de venir a interrumpir mi pensamiento en voz alta?

Elisa.— Quería darte un caramelo.

Betty.— ¿Un caramelo?

Elisa (Saca un caramelo) .— Toma

Betty.— Bueno, ¿De qué sabor es?

Elisa.— Menta.

Betty.— Si es de menta, sí. (Toma el caramelo)

Elisa.— ¿Te das cuenta?

Betty.— ¿Ajá?

Elisa.— Que no soy una rompementes.

Betty.— No creas que vas a confundir mi amor con este caramelo.

Elisa.— ¿Dijiste mi amor?

Betty.— No niego que esté sabroso,...

Elisa.— Quieres hablarme de mujeres...

Betty.— ...Pero un caramelo no va a cambiar las cosas...

Elisa.— Mi amor significa muchas cosas.

Betty.— Es una expresión...

Elisa.— Nadie dice mi amor  con ese tono tan cariñoso...

Betty.— No te confundas.

Elisa.— No sólo es una expresión cuando dices... (sensual) mi amor (!)...

Betty.— Se le puede decir a otra mujer mi amor...

Elisa.— No con esas ganas...

Betty.— ¿Ganas de qué?

Elisa.— De amor.

Betty.— ¡Me estás haciendo arrechar!

Elisa.— Tranquila, si me mandas a donde un perro, me das derecho a decirte esto...

Betty.— Que soy lesbiana.

Elisa.— No he dicho eso...

Betty.— ...Pero lo sugieres...

Elisa.— Estoy segura que quieres hablar.

Betty.— Hagamos una cosa, tú vas afuera y yo continúo aquí con mis pensamientos en voz alta y todo...

Elisa.— ¿Estás molesta?

Betty.— Qué quieres que esté feliz porque me llamas lesbiana?

Elisa.— No he dicho eso. Lo dices tú.

Betty.— Ya me vienes con esa psicología barata.

Elisa.— No es psicología.

Betty.— Entonces eres loquera...

Elisa.— Mucho menos. Soy psicóloga industrial.

Betty.— No es lo mismo. Psiquiatra, psicóloga, loquera?

Elisa.— No.

Betty.— Cuál es la diferencia si de todos modos eres una rompementes?

Elisa.— No, soy profesional…

Betty.— Yo no sé si eres profesional o si has tenido estudios, pero a mí, no me engañas.

Elisa.— No desconfíes, no vengo hacerte daño.

Betty.— No hagas más preguntas.

Elisa.— Sólo hago mi trabajo.

Betty.— Con tan grande que es este metro, kilómetros de subterráneos y vienes a meterte conmigo.

Elisa.— Es que tenías una actitud sospechosa.

Betty.— ¡No soy lesbiana ni ladrona! Que se enteren de una vez.

Elisa.— Lo sé.

Betty.— ... Entonces?

Elisa.—  ¿Entonces qué?

Betty.— Déjame sola.

Elisa.— Van a pensar que no hago mi trabajo.

Betty.— Diles cualquier cosa.

Elisa.— ...No puedo...

Betty.— ... A cambio de eso me la tengo que calar...

Elisa.— ... No te voy a hacer daño...

Betty.— Ya me lo dijiste.

Elisa.— Unas preguntas y ya...       

Betty.— ...Chao...

Elisa.— … Qué?

Betty.— ... Arrividerci.

Elisa.— Ajá...

Betty.— Good bay.

Elisa.— Jumm...

Betty.— Hasta luego.

Elisa.— Entiendo.

Betty.— O sea, adiós...

Elisa.— Te dije que no puedes hacerlo.

Betty.— Quiero estar sola.

Elisa.— Ya lo estás.

Betty.— Mientras no te vayas no lo estoy.

Elisa.— Te prometo que no te voy a molestar.

Betty.— Con tantas preguntas.

Elisa.— No vengo a interrogarte…

Betty.— …Sí, ya sé, vienes a atenderme.

Elisa.— Es todo.

Betty.— Y vamos a estar toda la noche aquí?

Elisa.— Lo que sea necesario.

Betty.— ¡Ah... No...

Elisa.— Cálmate, vamos bien.

Betty.— Tú, con esa paja de loquera.

Elisa.— Psicóloga industrial.

Betty.— Como quieras.

Elisa.— Te propongo algo fácil para las dos.

Betty.— Qué, te vas? Chao pues.

Elisa.— No, algo mejor.

Betty.— Nada es mejor que estar sola.

Elisa.— Es lo que quiero proponerte.

Betty.— ¡Ah qué bien! Chao...

Elisa.— Tú, te quedas allí, cierras los ojos como te dije, y sigues con tus pensamientos en voz alta...

Betty.— ... De acuerdo, cierro los ojos ¿Ves?

Elisa.— Sí?...

Betty.— Los tengo cerrado.

Elisa.— Eso es...

Betty.— …Y tú, te vas. Hasta luego.

Elisa.— ¡Espera no me dejas terminar!

Betty.— ... Ya no te escucho, estoy con mis pensamientos, hablo en voz alta. No te das cuenta?...

Elisa.— Espera.

Betty (Ausente).— No te escucho.

Elisa.— Entiendo, sigue allí mientras te explico.

Betty.— No te escucho.

Elisa.— No es necesario.

Betty (Ensimismada).— Cortarme el cuello, meterme un tiro, no cambia las cosas...

Elisa.— Tú hablas y yo te escucho.

Betty (Cambia).— ¿Y me prometes que te vas?

Elisa.— Cuando sea necesario me voy.

Betty.— Cuando sea necesario?

Elisa.— Sí, yo me entiendo...

Betty.— ...Prométemelo.

Elisa.— Te lo prometo.

Betty.— No, dilo…

Elisa.— Te prometo que después de oírte, me voy (!)

Betty.— Mejor…

 

(Betty y Elisa comienzan a pensar en voz alta. Ausentes. Pero en cambio, Elisa pretende hacerle ver a Betty que está, en efecto, pensando en voz alta)

 

Betty.— No vale la pena... si me mato... que sea porque me da la gana y no porque me lo pide un hombre.

Elisa.— Siéntate allí. Ya estoy aquí. (Ve a su reloj) Llegué a tiempo.

Betty.— ... Los hombres ya trae consigo un contrato social en el que te dicen cómo estás obligada a sufrir cual magdalena por un hombre.

Elisa.— Si quieres hablar de hombres está bien...

Betty.— Por ejemplo, me da la gana de ser soltera.

Elisa.— Descansa, respira, ya estoy aquí para ayudarte.

Betty.— Soltera...

Elisa.— No te vallas a cortar el cuello.

Betty.— ... Si siendo soltera, me corto el cuello, bien...

Elisa.— Tienes algo en contra del matrimonio?

Betty.— Nada.

Elisa.— Apenas te deja un hombre y ya quieres cortarte el cuello.

Betty.— No es así, me corto el cuello porque me da la gana.

Elisa.— Eso te hace más femenina?

Betty.— En cierta manera.

Elisa.— Y crees que cortándote el cuello te va hacer más mujer?

Betty.— No, pero si me corto las venas, que sea cuando yo quiera y no porque me deja un hombre.

Elisa.— Te confundes.

Betty (Cambia. Normal).—            Quien aquí quiere confundirme eres tú…

Elisa (Igual).— Íbamos bien.

Betty.— Creí que te habías ido.

Elisa.— Cálmate, vamos bien…

Betty.— Recuerda que me prometiste…

Elisa.— Sí, (cambia) ¿quieres un caramelo? (Saca un caramelo)

Betty.— ¿Otro?

Elisa.— Es de menta.

Betty.— Está bien, (toma el caramelo) pero te vas…

Elisa.— Todo a su tiempo…

Betty.— ¿Exactamente qué quieres de mí?

Elisa.— Escucharte.

Betty.— Para eso eres loquera, ¿no?

Elisa.— Psicóloga industrial.

Betty.— Yo sigo en lo mío.

Elisa.— De eso se trata, de que te sientas en confianza.

Betty (Betty se abstrae. Piensa en voz alta. Sale y entra de aquella noción abstracta como de aquí en adelante lo exige el texto).— Nada de hombres ni cortes de cuello.

Elisa.— ¿Qué entonces?

Betty.— Sexo tecnológico.

Elisa.— ¿Cómo?

Betty.— Ahora las parejas se encuentran con avisos en la prensa, no por su color de ojos…

Elisa.— ¿Avisos de prensa?

Betty.— En la prensa saldrán avisos en el que se anuncien a las personas por su alto nivel de dopamina.

Elisa.— … Explícate…

Betty.— Si alguien tiene alto nivel de dopamina tendrá sexo seguro.

Elisa.— ¿Sin importar el tipo de sexo?

Betty.— Sin importar el tipo de sexo.

Elisa.— Según el tope de inyecciones artificiales…

Betty.— Así es.

Elisa.— ¿Y el amor?

Betty.— ¿Para qué?

Elisa.— ¿No es parte del sexo?

Betty.— Todo lo contrario, estoy aquí precisamente por amor.

Elisa.— ¿Y cómo quieres controlarlo?

Betty.— Inyectándome Dopamina.

Elisa.— ¿Así de fácil?

Betty.— Sí y te evitas todos los problemas secundarios del amor.

Elisa.— ¿Cuáles?

Betty.— Depresión…

Elisa.— …Ya…

Betty.— … Desamor…

Elisa.— …Engaño…

Betty.— … Suicidio…

Elisa.— Entiendo.

Betty.— Aparecerán avisos en el periódico que dirán: «alto en dopamina o testosterona llámame»…

Elisa.— Nunca será igual al amor…

Betty (Ríe) .— ¿Amor?...

Elisa.— Sí, el amor…

Betty.— Ya ves. Me tienes aquí.

Elisa.— Sí lo sé, ya veo.

Betty.— El amor es ahora por receta.

Elisa.— ¿Receta?

Betty.— Te dije, aparecerán letreros que dirán tanto de dopamina, tanto de testosterona.

Elisa.— Ajá… ¿Y por eso te vas a matar?

Betty.— ¿Cómo dices, matarme?

Elisa.— ¿Por un hombre?

Betty.— Por nadie.

Elisa.— Ni por un hombre ni por nada.

Betty.— Ya coloqué mi aviso de prensa:

«Amor sin viagra.

Alto nivel de dopamina.

Busco hombre con alto nivel de testosterona.

Traer certificado médico.».

Elisa.— Entonces no tendrás la necesidad de suicidarte.

Betty.— ¡Claro que no!

Elisa.— Nos estamos poniendo de acuerdo en algo.

Betty.— Sí así lo crees.

Elisa.— Dame el arma. Ya no te ves a suicidar.

Betty.— ¿Qué!

Elisa.— No la necesitas.

Betty.— ¿Arma? No tengo ninguna arma.

Elisa.— Sí, sé que la tienes.

Betty.— ¿Cómo puedes estar tan segura de que tengo el arma?

Elisa.— Por mi oficio…

Betty.— ¿Eres adivina?

Elisa.— Psicóloga industrial. Me especializo en conductas.

Betty.— Ya me lo dijiste, pero tendrás que ser adivina para saber.

Elisa.— No, sólo hago mi trabajo…

Betty.— … No tengo armas…

Elisa.— Como quieras, no tengo apuros.

Betty.— ¡Me estás cambiando el juego!

Elisa.— Yo continúo en el juego.

Betty.— Buscas confundirme.

Elisa.— Tranquila sólo te escucho.

Betty.— Me dijiste que podía hablar de lo que quiera.

Elisa.— Sí, cierto.

Betty.— … No me hables más del arma.

Elisa.— …Te lo prometo…

Betty.— … Así está mejor…

Elisa.— … Te escucho…

Betty.— No entiendo.

Elisa.— Puedes hablar.

Betty.— Ah…

Elisa.— Por ejemplo, (Mira hacia los lados, señala al público) a ese hombre…

Betty.— ¿Te gusta?

Elisa.— ¿Qué piensas de él?

Betty.— No sé…

Elisa.— Haz un esfuerzo.

Betty.— Creo que es bajo en testosterona, bajo en erección…

Elisa.— ¿Cómo lo sabes?

Betty.— Mírale la cara…

Elisa.— ¿Qué tiene?

Betty.— Tiene poca actividad sexual.

Elisa.— ¿Es cura?

Betty.— Inactivo sexual que no es igual a cura…

Elisa.— ¿No es lo mismo?

Betty.— No.

Elisa.— Ah…

Betty.— El ser cura no te libra del sexo…

Elisa.— … Dime más de ese hombre…

Betty.— Pon algo más emocionante…

Elisa (Cambia).— ¿Quieres un caramelo?

Betty.— No he terminado con el que me diste.

Elisa.— Me avisas cuando quieras. Tengo más.

Betty.— No quiero…

Elisa.— Dime más de ese hombre.

Betty.— No quiero hablarte de hombres, menos de ese que es más feo que un «porrazo en las bolas a medianoche».

Elisa.— Qué tiene.

Betty.— Vengo aquí a librarme de un hombre y me metes por los ojos a éste.

Elisa.— No hay problema…

Betty.— ¿Por qué mejor no me dejas sola?

Elisa.— Es que mi trabajo es…

Betty.— ¿Quién te pidió venir?

Elisa.— Ya te dije, hablabas en voz alta…

Betty.— … Tú como que no eres ninguna psiquiatra…

Elisa.— Psicóloga industrial.

Betty.— Tú como que… ¿Vienes de la mafia?

Elisa.— ¿De qué mafia me hablas?

Betty.— ¿Acaso no trabajas aquí? Ya deberías saberlo.

Elisa.— ¿De qué hablas?

Betty.— Del sindicato, para nadie es un secreto…

Elisa.— Sigo sin entender.

Betty.— Mafia, significa chulo, ladrón, oportunistas, mulas, y últimamente se dice que tienen relación con las violaciones en la estación cuarenta y cinco.

Elisa.— Sí, estoy al tanto…

Betty.— Tú como que vienes de esa gente…

Elisa.— Deja la paranoia.

Betty.— ¿Paranoia?

Elisa.— Sí, enferma mental, que se siente continuamente perseguida…

Betty.— Eso me han dicho.

Elisa.— Por eso estoy aquí…

Betty.— ¡Mira, coño, yo no estoy jodida de la mente, ¿oíste!...

Elisa.— Nadie ha dicho lo contrario…

Betty (Nerviosa).— Sigamos, mejor mirando a la gente, ¿Te parece?

Elisa.— Sí, es mejor, así dejamos la actitud sospechosa…

Betty.— A mí, no me molesta mi actitud.

Elisa.— A mí sí.

Betty.— Claro, tienes compromisos, eres esclava del sistema…

Elisa.— Antes mafiosa, ahora conservadora.

Betty.— … Conservadora no, ¡capitalista!...

Elisa.— Tienes una confusión de ideas.

Betty.— No más que tú.

Elisa.— ¡Tranquila! Te escucho y no peleo más contigo.

Betty.— Quién está peleando eres tú…

Elisa (Cambia).— ¿Quieres un caramelo?

Betty.— No…

Elisa.— ¡Mira!

Betty.— ¿Qué?

Elisa (Apunta hacia el público).— Hacia allá.

Betty.— ¿La niña?

Elisa.— No.

Betty.— ¿La vieja?

Elisa.— Sí, la señora.

Betty.— ¿Qué tiene?

Elisa.— Mírala bien, ¿qué me puedes decir?

Betty.— No sé, dímelo tú?

Elisa.— Estoy para escucharte.

Betty.— Si te haces feliz pues veo a una vieja…

Elisa.— ¿Sí?...

Betty.— …¿Tengo que decirte que está haciendo ella?

Elisa.— ¿Qué pasa?

Betty.— Le está lamiendo el pié…

Elisa.— ¿Le lame el pié?...

Betty.— Mira como se lo chupa.

Elisa.— ¿Qué ves?

Betty.— Lo que tú.

Elisa.— Dime…

Betty.— Yo veo a una vieja que le mama el pie al peluche, mira, ahora le toma…, le toma…,

Elisa.— Veo sólo una anciana…

Betty.— …le toma el pipi… ¡Qué bolas! ¿Qué está haciendo?...

Elisa.— No veo nada de eso.

Betty.— Es que tú eres muy ingenua.

Elisa.— Ves sólo lo que quieres ver…

Betty.— Se lo tragó…

Elisa.— ¿El peluche?

Betty.— ¡Me vas a decir que no le está mamando el pipi?...

Elisa.— Veo que juega con la niña.

Betty.— Chupa que chupa la vieja…

Elisa.— Es probable que le pique las encías.

Betty.— No vine a discutir contigo.

Elisa.— Tú estabas primero aquí.

Betty.— Deja de aplicarme tu psicología barata.

Elisa.— Debería irme.

Betty.— Cuando quieras.

Elisa.— ¿Qué pretendes?

Betty.— Vete, no te quiero escuchar.

Elisa.— Me tienes como cansada.

Betty.— Ay… quien lo dice…

Elisa.— ¡Cállate!

Betty.— No me da la gana.

Elisa.— Claro, por eso estoy aquí.

Betty.— Nadie está pidiendo tu ayuda.

Elisa (Mira al público).— ¿Sí…, y quién te ha dicho que los peluches tienen pipí?...

Betty.— ¡Me da la gana de ver y decirlo!

Elisa.— Mira, es fácil, tú dejas de hablar en voz alta y yo me retiro.

Betty.— Te puedes ir cuando quieras…, por mí, te puedes colgar si quieres.

Elisa.— Si de mí dependiera no estaría aquí…

Betty.— Es más, mira cómo hago lo que me da la gana.

 

     (Empieza ausentarse. Abstraída. Mira hacia el público)

Elisa.— ¿A ver?...

Betty (Alto).— ¡Eres un fastidio!

Elisa.— …Ajá…

Betty.— Aburrida…

Elisa.— …¿Qué más?

Betty.— Vejuca…

Elisa.— Me das risa…

Betty.— Niñera…

Elisa.— …¿Niñera?...

Betty.— Aguafiestas…

Elisa.— No es la primera vez que me lo dicen.

Betty.— …¡Ultraderechista!...

Elisa (Ríe).— ¿Eso existe?...

Betty.— …Terrorista…

Elisa.— …Estás confundida…

Betty.— Aracrisna.

Elisa.— Ahora si me insultas (!)…

Betty.— …Dulcera…

Elisa.— …Ah, por cierto, ¿quieres caramelo?...

Betty.— Pendeja…

Elisa.— Ya no te oigo. (Se levanta con intención de retirarse)

Betty.— ¿Adónde vas?

Elisa.— ¿Qué ahora?

Betty (Cambia).— No te vayas.

Elisa.— ¿Y si quiero?

Betty.— No puedo estar sin ti.

Elisa (Juega).— Mira cómo me retiro… me… retiro… retiro…

Betty (Llora).— Te burlas de mí. No juegues con mis sentimientos…

Elisa.— Quiero terminar con esto (Toma a Betty por el brazo)

Betty.— ¿Qué haces? ¡Suéltame!

Elisa.— No te obligo.

Betty.— Estoy segura ahora. Vienes por mí.

Elisa.— Hago mi trabajo.

Betty.— ¿Eso incluye llevarme de aquí?

Elisa.— No exactamente.

Betty.— ¿Qué quieres decir?

Elisa.— Exactamente lo que estás oyendo .

Betty.— «Exactamente» es una frase inexacta.

Elisa.— Tómalo así. No tengo más explicaciones…

Betty.— Una frase inexpresiva. Es eso y muchas cosas. Es todo y es nada.

Elisa.— Mira, vengo por ti y por otros aquí.

Betty.— ¿A quién te vas a llevar?

Elisa.— Crees que eres la única persona con problemas en este mundo…

Betty.— No sé ni me interesa.

Elisa.— Jummm…

Betty.— Entonces búscate a otra para que cumplas con tu trabajo…

Elisa.— Te escojo a ti…

Betty.— Por ejemplo, llévate a esos dos tipos de allí. (Mira hacia el público).

Elisa.— ¿Qué tienen?

Betty.— También hablan en voz alta.

Elisa.— No lo hacen, están predicando.

Betty.— ¿Predicando?

Elisa.— Fácil de entender: la corbata, el color negro de sus trajes, el maletín en sus manos. Y una mirada tonta que nunca sacan de su rostro.

Betty.— ¿Y por qué tienen que hablar en voz alta?

Elisa .— Siempre lo hacen…

Betty.— «¡Arrepiéntete! Escucha la voz del señor, encuéntrate con la palabra»

Elisa (Le sigue, igual).— … Y halla al señor…

Betty.— ¿Crees que la violencia del mundo la quiere Dios?...

Elisa.— … Las drogas, la pornografía viene de Dios.

Betty.— ¡Arrepiéntete!...

Elisa.— …Entrega tu corazón al señor…

Betty.— … Y encontrarás la libertad…

Elisa.— ¡Serás libre! La palabra te libera.

Betty.— ¡Haz el amor! No la guerra.

Elisa (Pausa).— Paz y amor… (Luego ríe)

Betty.— El encuentro con los cuerpos es el encuentro con Dios.

Elisa.— … Dios es el encuentro con el cuerpo.

Betty (Cambia. Pausa, ríe sarcásticamente).— ¡Ahora me vas a decir que esos dos aburridos de allí entienden que el cuerpo está en Dios?

Elisa (Cambia).— Me interrumpes…

Betty.— Esos dos (mira al público) ni siquiera se masturban. Deben tener miedo a sí mismos.

Elisa.— Después de todo ellos no molestan a nadie…

Betty.— ¿En cambio yo sí?

Elisa.— ¿Yo sí, qué?

Betty.— Yo sí molesto a la gente.

Elisa.— No exactamente.

Betty.— Vuelves otra ves con la misma mierda… «No exactamente» (Remeda) «No exactamente…».

Elisa.— Va más allá de molestar…

Betty.— Dime realmente qué quieres.

Elisa.— Nada. Continúa viendo tu par de predicadores y yo, a cambio, te dejo tranquila.

Betty.— Me lo prometes.

Elisa.— Te lo prometo.

Betty.— Que te quede claro que ellos aún están pensando en voz alta.

Elisa.— Estoy conciente de todo lo que pasa.

Betty.— Ahora, por un momento, no quiero que me molestes…

Elisa.— No te preocupes.

Betty.— …Y por un minuto, quiero que hagas silencio… (Pausa)

Elisa (Pausa).— ¿Para qué quieres silencio?

Betty.— Silencio.

Elisa.— Será imposible con tanta algarabía. (Se deja escuchar el ruido de la calle que desvanece con la intervención de Betty)

Betty.— Haz el esfuerzo…

Elisa (Pausa).— ¿A qué viene tu pedido?

Betty.— Voy a hablar de la mujer. Necesito silencio.

Elisa.— Ah…

Betty.— Las mujeres…

Elisa.— Tú y yo somos mujeres.

Betty.— No somos una minoría.

Elisa.— Lo sé. Mira a tu alrededor.

Betty.— Representamos el cincuenta y cinco por ciento de la humanidad.

Elisa.— Ajá…

Betty.— No somos una minoría. Representamos la mayoría. Tenemos nuestros derechos…

Elisa.— Ajá…

Betty.— …A dar nuestras opiniones. A sentir y realizar nuestros sueños. No dejemos que lo hagan por nosotras…

Elisa.— Claro que no…

Betty.— La diferencia la ponemos nosotras… No ellos, los hombres, el sistema…

Elisa.— ¿Sistema?

Betty.— Existe una pequeña línea entre realizar y sentir el valor que tenemos las mujeres para no dejar pasar las cosas. No debe darnos vergüenza ser mujeres…

Elisa.— Explícate, porque usas palabras que nadie entiende…

Betty.— Hablo en serio.

Elisa.— También lo hago. Ninguna mujer va a entender que estás hablando de un rico pene, sabroso, elegante y cálido que las hará sentir felices…

Betty.— No es así que quiero hablarte de sexo ni de la mujer…

Elisa.— ¡Ah… no! Mira Betty, las mujeres queremos ser felices. Por un rato. Con tanto falta de hombres…

Betty.— Me estás mal interpretando…

Elisa.— No creas, lo hago bien. Y digo bien del sexo.

Betty.— El sexo a las mujeres no las esclaviza, sino que las libera.

Elisa.— Es lo que quiero decir… cuando tengo una unidad fálica bien proporcionada delante de mí soy libre. (Risotada)

Betty.— Sí, pero…

Elisa.— ¡Vamos Betty! Todas las mujeres estamos pendiente de lo mismo. Unas menos otras más. (Cambia como recordando para que está allí) Debo sacarte de aquí…

Betty.— ¿Llevarme para dónde? Me prometiste dejarme tranquila.

Elisa.— Sacarte de este vagón.

Betty.— Con qué autoridad.

Elisa.— Con la que me embiste.

Betty.— ¿Eres policía?

Elisa.— No.

Betty.— ¿Qué entonces?

Elisa.— Trabajo en la policía, pero no soy inspector,…

Betty.— Ya me parecía.

Elisa.— …soy asesora psiquiátrica…

Betty.— ¿Viste!...

Elisa.— …del departamento de seguridad…

Betty.— …¡Eres una policía de mierda!…

Elisa.— No exactamente.

Betty.— Otra vez con tu frasecita.

Elisa.— Hago lo mío.

Betty.— Sí claro, joder a los demás.

Elisa.— Mi trabajo.

Betty.— Vete a la mierda con tu trabajo.

Elisa.— Sin ofensas.

Betty.— Ahora no.

Elisa.— Cambias con mucha facilidad de parecer.

Betty.— Eso depende de la arrechera.

Elisa.— ¡Arrechera?

Betty.— Sí, depende de las ganas que te tenga.

Elisa.— ¿De qué ganas me hablas?

Betty.— ¡De joder a una persona!

Elisa.— ¿Por qué tan violenta?

Betty.— Me da la gana.

Elisa (La toma por un brazo).— Vámonos.

Betty (Violenta) .— ¡No me jodas! ¡Suéltame! ¡Cuidado con una vaina!

Elisa.— No te haré daño.

Betty.— Me tendrás que llevar obligada…

Voz en off.— «Le rogamos a los señores pasajeros nos disculpen por la tardanza»

Betty (Cambia).— ¿Ves?... te están llamando.

Elisa.— ¿Quién, a mí?

Betty.— Sí, a ti, ¿no escuchas?

Elisa.— ¿A qué te refieres con esa paranoia?

Betty.— Nadie espera por mí.

Elisa.— No vayas a usar esa arma, acompáñame.

Betty (Con sorpresa saca un arma. Apunta hacia el público).— La voy a usar!

Elisa.— ¡No! No te vayas a disparar.

Voz en off.— Se les recomienda a los señores pasajeros tomar la salida del anden cuatro…

Betty.— ¿Quién coño te dijo que me voy a meter un tiro y cómo sabes que tenía el arma?…

Elisa.— …Pero…

Betty.— Ni guevona que fuera.

Elisa.— ¿Entonces?

Betty.— No es a mí a quien voy a disparar sino a la gente.

Elisa.— ¡Qué dices?

Betty.— A toda esa gente. (Señala al público) Y si jodes mucho a ti también.

Elisa.— ¡Cálmate!

Betty.— Y después.

Elisa.— ¿Después qué?

Betty.— Te disparo a ti.

Elisa.— No lo vas hacer

Betty.— Ah… ¿sí?… Sólo escucha como suenan los disparos (Simula disparar al público)…

Elisa.— ¿Qué haces?

Betty.— ¿Crees que soy tonta?

Elisa.— ¿Por qué lo dices?

Betty.— Mira (Apunta hacia el público) ¡Bunn…bunn!...

Elisa.— ¡Deja esa arma coño!

Betty.— No soy tan tonta como para pensar que toda esta gente se ha ido porque se aburrió.

Elisa.— ¿Qué gente?

Betty.— ¿No ves que estamos solas?

Elisa (Llevándole la corriente).— Ah… sí… claro la gente se cansó de esperar…

Betty.— Y tú eres la cómplice. La gente está allí esperando a que tú me lleves.

Elisa.— Cálmate.

Betty.— ¿Qué me calme y tienes todo pensado?

Elisa.— Deja tu paranoia.

Betty.— …No te preocupes desde aquí les disparo…

Elisa.— Ya va…

Betty.— No necesito esperar para dispararles…

Elisa.— No tienes… (Le intenta quitar el arma a Betty)

Betty.— ¡Epa! ¡Epa! ¡Adónde pretendes ir?

Elisa.— Sólo que…

Betty.— …¡Nada! Si te vuelves a acercar. Te disparo.

Elisa.— No es necesario…

Betty.— ¡Te disparo policía de mierda!

Elisa.— Psicóloga.

Betty.— Lo que sea, cuando tengas una bala de esta en tu cabeza…

Elisa.— Quiero ayudarte.

Betty.— Sí, no digo pues, y de aquí nos vamos a tu oficina a tomarnos un café.

Elisa.— ¿Por qué no?

Betty.— No seas estúpida…

Elisa.— Quiero protegerte.

Betty.— Si sabías qué hacía aquí y que aun estoy armada por qué no metes a la policía en esta mierda de vagón y se acabó…

Elisa.— Necesitaba estar segura…

Betty.— ¡Cuidado con una vaina! (Le amenaza con el arma)

Elisa.— No vayas a usar esa arma…

Betty.— Depende…

Elisa.— ¿Depende de qué?

Betty.— De que te calles la boca coño de tu madre.

Elisa.— ¿Por qué tan grosera?

Betty.— Coño… tú si que tienes cojones, diría, ovarios. Tengo esta arma apuntándote… ¿y entonces cómo quieres que te lo diga?...

Elisa (Nerviosa).— Eh…

Betty.— Mire, por favor, doctora, quiere usted atenderme un momento porque, de lo contrario, le disparo con esta arma…

Elisa.— No juegues más…

Betty.— Y, como comprenderá, si le disparo con el arma puede ser que le produzca daños. Sobre todo si le disparo al centro de su sien…, (Coloca su arma sobre la sien de Elisa)… en caso de que entre por este lado saldrá por aquél, ocasionando una herida abierta en el occipital derecho.

Elisa.— … Cálmate…

Betty.— Estrujándose parte de su cerebro en las ventanas del metro.

Voz en off.— Señores se le agradece no correr en los pasillos mientras damos acceso al anden cuatro.

Elisa.— …¿Ves? Ya podemos retirarnos.

Betty.— ¿Qué dices?

Elisa.— Salir, podemos salir… y puedes bajar tu arma…

Betty.— …Pedacitos de cerebro esparcidos por los asientos, las paredes, por todas partes…

Elisa.— Tú no eres así. No harás eso.

Betty.— ¿Me pones a prueba?

Elisa.— No estoy en condición de exigir.

Betty.— Estamos entendiéndonos.

Elisa.— Quita el arma de mi cabeza.

Betty.— Crees que vas hacer conmigo lo que quieras. ¡Nadie me lleva para ninguna parte! (Risotada)

Elisa.— No te llevaré…

Betty.— Te pareces a mí…

Elisa.— ¿A ti?

Betty.— Cuando hablo conmigo misma.

Elisa.— ¿Contigo?

Betty.— … No te muevas mucho, te estoy viendo las intenciones…

Elisa.— Eh… no… eh…

Betty.— Te decía que te pareces a mí. Porque cuando hablo conmigo, me dirijo hacia mi vagina…

Elisa.—  …¿Hacia tu vagina?

Betty.— Miro hacia mi cuca y le digo lo que tengo que decirle. Miro y hablo. Hablo y miro. Ahora necesito hablar con ella…

Elisa.— Eso es peor que hablar a solas.

Betty.— ¡Bueno si vienes a buscar a una loca! ¿Qué esperas?

Elisa.— No te considero loca…

Betty.— ¿No?...

Elisa.— ¡Si no una loca paranoica de mierda!

Betty.— Acuérdate que no estas en condición de pelear conmigo.

Elisa.— Loca y lame cuca.

Betty (Cambia).— …Tranquila, tranquila… porque ahora voy a hablar con mi niña (Mira hacia su vagina). Mira niña, niñita… aquí viene una mujer y que a buscarme… pero es bueno que ella escuche un poco de mi vida. (A Elisa) ¿Sabes porque me llaman la «locutora»? ¿No, verdad? Es bueno entonces que lo sepas: me la paso hablando sola con mi cuca. (Mira hacia su vagina) ¿Verdad niña que me llaman la «Locutora»? Sólo tú me escuchas. Porque he estado sola. Muy sola: desde que me agarraron esos tres tipos pa’ diez, nunca más he sido la misma. A veces, junto a mi niña, siento arrechera, ¿Verdad niña?... Otra veces deseo, pero ella, (señala hacia su vagina) esta arrecha y tenemos que ponernos de acuerdo. Me violaron, me cogieron por todos lados. Debieron ser trabajadores del metro por que tenían el uniforme de bedeles. (Mira a Elisa y luego hacia su vagina respectivamente) pero cómo le hago, el deseo es a veces mayor que la voluntad y estoy en el fondo para encontrarme con esos violadores… no sé, son deseos ganas de una cosa… de sentir más de un hombre encima… ¿Verdad niña?… ella a veces me quiere contradecir, pero le conozco bien sus gustos, sus deseos… ¿No lo has intentado?...

Elisa.— No entiendo. (Confusa)

Betty.— Nada, ¿Qué si no has hablado con tu cuca, perdón, con tu vagina?...

Elisa.— No.

Betty.—  Es fácil, inténtalo. (La amenaza con el arma)

Elisa.— ¡Qué?

Betty.— Que lo intentes o un tiro… Tú eliges.

Elisa.— Espera, espera.

Betty.— No pretendas que tengo toda la noche…

Elisa.— Está bien… eh… está bien…

Betty.— Tú dices cuándo…

Elisa.— Cuándo qué.

Betty.— Cuando le hablas a tu vagina.

Elisa.— Ah sí, claro…

Betty.— Empieza…

Elisa.— Claro…

Betty (Amenazante).— Bueno, dale pues.

Elisa (A su vagina).— Hola…

Betty.— ¡Coño así no!

Elisa.— … Hola cómo estás…

Betty.— Con mas pasión… Entiendo, es la primera vez… debes hacerlo con fuerza…

Elisa.— ¡Ya basta! No quiero.

Betty.— Entonces un tiro.

Elisa (Nerviosa. A su vagina).— Hola, ¿cómo estás… Tú estás allí?

Betty.— Un poco mejor… Así, hazlo así. Abre las piernas… Te concentras: respiras…

Elisa.— Esa mierda es una tontería…

Betty.— Es mejor que un tiro en la cabeza.

Elisa.— Coño está bien, lo entendí.

Betty.— No entiendo.

Elisa.— (A su vagina) ¿Qué haces allí. Buscas compañía?

Betty.— ¿Qué tipo de compañía quieres?

Elisa.— ¿Estás cansada de los hombres?

Betty.— ¿Tú también?

Elisa.— Qué puta eres.

Betty.— Igual tú.

Elisa.— Ya no quiero más líos con hombres.

Betty.— Sé que estás cansada de los hombres.

 

     (Pausa. Se miran)

 

Elisa.— ¿Tú piensas en hombres?

Betty (Amenazándole con el arma).— No me hagas preguntas a mí. Pregúntale a tu vagina.

Elisa.— ¡Es ridículo!

Betty.— Es mejor que un tiro en la cabeza.

Elisa.— … Estoy haciendo lo que me pides…

Betty.— ¿Por qué estás tan nerviosa?

Elisa.— ¿Cómo quieres que me sienta si me apuntas con el arma?

Betty.— No, quiero saber a qué temes…

Elisa.— ¡Coño no te estoy entendiendo! Porque no hacemos una cosa, tú sueltas el arma y seguimos con el juego…

Betty.— Yo no estoy jugando. Tomo muy en serio mi conversación con mi vagina… Y tú y también tienes que aprender a hablar contigo misma.

Elisa.— No hay terapia que valga con un arma apuntándote a la cabeza.

Betty.— Olvídate del arma por ahora.

Elisa.— De acuerdo, pero prométeme…

Betty.— … ¿Qué?

Elisa.— … que apuntarás hacia otro lado…

Betty.— No te preocupes, estamos solas desde hace cuarenta minutos. Nadie nos ve y por eso tomé mi arma. ¿Ves? Nadie entra.

Elisa.— Estás loca de remate…

Betty.— ¡Sin ofensas!

Elisa.— ¿Cómo sabes que íbamos a estar solas! En cualquier momento estarán personas aquí. Te llevarán presa. Comerás mierda entre presas…

Betty.— No estés tan segura.

Elisa.— ¿Cómo lo sabes?

Betty.— Tengo el control de todo.

Elisa.— Con esa arma de mierda apuntándome…  así, cualquiera.

Betty.—  ¿Acaso no te preguntas cómo iba a saber cuántas personas iban a entrar, iban a salir y por cuánto tiempo estaríamos solas como para sacar esta arma y apuntarte. Y que tú hicieras lo que yo pido como «perrito y su amo».

Elisa.— Ciertamente me confundes…

Betty.— No me interesa. Tú sigues conversando con tu vagina que yo me encargo de todo lo demás…

Elisa.— … Pero quiero…

Betty.— ¡Sin peros!

Elisa.— Es sólo una ayuda…

Betty.— Dime…

Elisa.— Tienes que acercarte…

Betty.— ¿Para qué, qué coño quieres?

Elisa (Se le acerca para hablarle al oído).— Escucha…

Betty.— ¿Sí?

Elisa.— Esto me avergüenza… Tócame…

Betty.— ¿Que te toque?

Elisa.— Sí…

Betty.— Yo no hago nada con mujeres.

Elisa.— Tócame por favor…

Betty.— No quiero.

Elisa.— Aquí en el entreseno.

Betty.— Si que me fastidias…

Elisa.— Se considerada…

Betty.— No me cambies las reglas del juego…

Elisa.— No juego, hablo en serio…

Betty.— No pareces tan nerviosa después de todo.

Elisa.— Es un problema sentimental…

Betty.— No soy marica…

Elisa.— Bésame…

Betty.— ¡Coño no me fastidies!

Elisa.— Sé que quieres…

Betty.— No.

Elisa (Se le acerca) .— Sé besar bien.

Betty.— Eh… eh… eh…

Elisa (Intenta besarla).— Es un ratito nada más…

Betty.— ¡No me toques!

Elisa.— Sólo déjate… (Elisa sorprende a Betty, apuntándole con el arma que traía encubierta) Ah… ¿sorprendida?...

Betty.— ¿Qué haces?

Elisa.— No… nada, dándote un poco de cariño… Suelta tu armita con cuidado, con mucho cuidado…

Betty.— Eh…

Elisa.— Poco a poco.

Betty.— Pero…

Elisa.— Poco a poco, sin peros, tu armita…

Betty.— ¿No me vas a disparar?

Elisa.— Tu armita, por favor…

Betty.— Sí, está bien. (Le entrega el arma)

Elisa.— Entrégame el arma, sin protocolo.

Betty.— No te iba a hacer daño.

Elisa.— No claro, íbamos a jugar a caperucita roja. ¿Y quién iba a hacer de lobo?

Betty.— Jugaba contigo.

Elisa.— Juego de mano, juego de villanos coño de tu madre.

Betty.— Baja el arma, ¿quieres?

Elisa.— Lo decido yo.

Betty.— Sí, no cabe dudas que eres una policía de mierda.

Elisa.— Sin ofensas…

Betty.— ¡No me vayas a disparar por esa mariquera!

Elisa.— Haz lo que te pido y todo saldrá bien.

Betty (Sumisa) .— Lo que me digas…

Elisa.— Así está mejor.

Betty.— Deja de apuntarme con esa arma, ¿sí?...

Elisa.— No hay problema…

Betty.— ¿Y qué pretendes hacer?

Elisa.— ¿Olvidas que soy psiquiatra, bueno, psicóloga?

Betty.— ¿Ajá?...

Elisa.— Te escucho entonces.

Betty.— Tengo sueño…

Elisa.— Sin trucos…

Betty.— No miento, tengo sueño…

Elisa.— Tú hablas que te escucho.

Betty.— Eres una mierda…

Elisa.— Debe ser que eres una santita con tus amenazas de ahora…

Betty.— Soy más sincera…

Elisa.— ¿Con el arma pretendiste ser más sincera?

Betty.— ¿Y tu arma es un pañuelito blanco de la paz?

Elisa.— ¿Qué esperas, besitos?

Betty.— Lo intenté…

Elisa.— No abuses de tu suerte.

Betty.— Me pides que hable. y yo hablo.

Elisa.— ¿Quién crees que tiene el control aquí?

Betty.— ¿Qué dices?

Elisa.— ¿No ves que estamos solas?

Betty.— ¿Qué con eso?

Elisa.— Tenemos cuarenta y cinco minutos solas. ¿No te parece extraño?

Betty.— Es cierto. ¿A qué se debe?

Elisa.— Incluso, antes de que sacaras el arma.

Betty.— Coño, claro, es un plan tuyo.

Elisa.— ¿Realmente creías que esto era el cuento de caperucita roja?

Betty.— Te lo tenías todo planeado.

Elisa.— Noooo… vale, esa gente que estuvo aquí, esperaban tu autógrafo.

Betty.— Por eso toda esta gente ahora se encuentra allá afuera.

Elisa.— Claro mija…

Betty.— … ¿Y las mujeres que estaban?...

Elisa.— Son policías…

Betty.— ¿Las predicadoras?

Elisa.— Del comando especial.

Betty.— ¿También el tipo que acaba de salir?

Elisa.— Él es mi compañero.

Betty.— ¿Todo el tiempo que estuvo sentado allí qué hacía?

Elisa.— Cuidándome.

Betty (Alto).— ¡Aquí está la policía de mierda!

Elisa.— Cuida tus modales.

Betty.— Aja (!)

Elisa.— Lo digo en serio.

Voz en off.— En pocos minutos se reanudará el servicio. Se agradece a las personas que aborden las unidades…

Betty.— ¿Y esa voz ridícula?

Elisa.— Nos habla en código.

Betty.— ¿Y qué te quiere decir ahora?

Elisa.— Eso no importa.

Betty.— ¿Tan importante soy que vino toda la policía?

Elisa.— La estación está condonada.

Betty.— Estamos solas. Y con la policía. Todos son unos policías de mierda…

Elisa.— Así es.

Betty.— ¿Y me llevarás a punta de pistola?

Elisa.— Si me obligas.

Betty.— Hasta la gente de este vagón forma parte de tu plan.

Elisa.— Es por tu bien.

Betty.— ¿Y si me opongo?

Elisa (Ríe).— ¿Cómo lo harás?

Betty.— Me resisto. Te ataco y dejo que me detengan.

Elisa.— No es tan sencillo.

Betty.— ¿Cómo puedes estar tan segura?

Elisa.— Es un plan.

Betty.— Un coño de madre plan es lo que es.

Elisa.— Insisto, es por tu bien.

Betty.— ¿Una pregunta?...

Elisa.— ¿Sí?...

Betty.— Las tipas que se besaban, también son policías?

Elisa.— Aquí todos son profesionales.

Betty.— ¿Hasta las lesbianas?

Elisa.— ¿Por qué no? Además no tienen porque serlo.

Betty.— Voy a preferir que me disparen.

Elisa.— No saldrás de esta.

Betty.— ¿Y por qué yo?

Elisa.— Eres la responsable de todos esos asesinatos.

Betty.— No maté a esas niñas.

Elisa.— No te engañes…

Betty.— Ese fue el perro de Ernesto, «Gardenia ». Así le dicen a esa mierda.

Elisa.— No estamos seguro que sea esa «Gardenia».

Betty.— ¡Me tiene arrecha!

Elisa.— Estás enredada en esto.

Betty.— No yo, la «Gardenia» esa.

Elisa.— ¿Qué sabes?

Betty.— ¿Qué importa ahora que un hombre vestido de mujer, cuyo gusto por las mujeres  se haya enamorado de mí?

Elisa.— Sabemos que eres tú.

Betty.— La «Gardenia» es quien tiene azote a los gatos por aquí.

Elisa.— Estamos seguros que eres tú.

Betty.— ¿Qué harán conmigo?

Elisa.— Acepta a la  realidad.

Betty.— Por lo menos tengo derecho a decirte algunas cosas.

Elisa.— Para eso estoy aquí.

Betty.— Primero deja de amenazarme con el arma.

Elisa.— Habla. (Guarda su arma)

Betty.— Mejor así.

Elisa.— Habíamos quedado en que me querías besar.

Betty.— Ajá…

Elisa.— ¿Por qué no lo haces?

Betty.— No me obligues.

Elisa.— Igual hacías ahora conmigo.

Betty.— No me tomes en serio.

Elisa.— Lo decías muy en serio.

Betty.— Jugaba.

Elisa (Jugando).— Bésame.

Betty.— No puedo hacerlo así…(Cambia) Tengo sueño…

Elisa.— Otra vez…

Elisa (Excitada).— Bésame.

Betty (Insegura).— ¿Segura que quieres?

Elisa.— Sí.

 

     (Betty besa en la boca a Elisa)

 

Elisa.— ¡Espera no me metas la lengua!

Betty.— Sólo era un beso. Y me lo pides a la fuerza.

Elisa.— Sí y te aprovechas.

Betty (Complaciente).— ¿Te gustan las mujeres?

Elisa.— Vuelves con lo mismo.

Betty.— Eres tú la interesada.

Elisa.— Recuerda que soy una psicóloga y estoy para ayudarte.

Betty.— Lo que pasa es que te gusto. ¿No te importa que nos vean?

Elisa.— Es a ti a quien le importa.

Betty.— Cuando quieras puedes besarme.

Elisa (Alto).— ¿qué vas a hacer si te meto esta arma por el culo?

Betty.— Ahora eres tú quien se pone violenta.

Elisa.— ¡Querías joderme!

Betty.— Eh…, no era mi intención.

Elisa.— ¿No era tu intención y me apuntabas con tu arma?

Betty.— No te iba a hacer daño.

Elisa.— ¡Coño!... menos mal.

Betty.— Es que yo te amo…

Elisa.— Cállate no es el momento…

Betty.— ¿Me vas a llevar contigo?

Elisa.— Claro.

Betty.— Bésame…

Elisa.— ¡Deja de joder quieres?

Betty.— Bésame…

Elisa.— ¡No!

Betty.— Bésame antes de llevarme.

Elisa.— ¡No me da la gana!

Betty.— ¿Por qué tan molesta? ¿Insegura? ¿Qué harás entonces?

Elisa.— Entregarte.

Betty.— Tengo mis derechos, ¿qué recibiré a cambio?

Elisa.— Te van a considerar los años de cárcel.

Betty.— ¿Y si no quiero?

Elisa.— No tienes alternativa.

Betty.— Me jodiste.

 

     (Se escucha un movimiento policial. Luces, voces de asalto. Al fondo la Voz en off: «señores pasajeros mantenerse en sus puestos. Esto es un simulacro. Repetimos esto es un simulacro.)

 

Elisa.— No te pongas paranoica.

Betty (Cambia a su verdadero rol).— Entrégate.

Elisa.— ¡Qué?...

Betty.— Que te entregues. No te engañes.

Elisa (Risotada).— ¿Cómo!

Betty.— ¿Ves a la policía que está allí afuera verdad? (Señala hacia el público)

Elisa.— Sí, ¿qué con eso, quieres confundirme?

Betty.— No te engañes. No, ¡ya basta Elisa!

Elisa.— ¿Qué quieres decir?

Betty.— Sabes muy bien que vengo a buscarte.

Elisa (Cambia).—  Sí lo sé.

Betty.— De nada te sirve que me apuntes con tu arma. Toda esa policía allá afuera viene por ti.

Elisa.— Te disparo…

Betty.— Sería un suicidio.

Elisa.— Moriremos las dos.

Betty.— ¿Me vas a disparar?

Elisa.— Si me presionas.

Betty.— No hay otra salida, debes entregarte.

Elisa.— Te vas conmigo…

Betty.— ¿Qué sentido tiene?

Elisa.— ¿Por qué tuviste que involucrarte?

Betty.— Porque me preocupas.

Elisa.— Sabía que terminarías por involucrarte. Quizás en el fondo de mí quiero esto.

Betty.— Traté de seguirte en tu juego, pero ya basta. ¡Deja de hacerle daño a la gente!

Elisa.— Todo lo hacía por ti…

Betty.— No es cierto, sólo te excusas.

Elisa.— Estaba segura que vendrías por mí.

Betty.— No lo hice por ti, sino por la gente.

Elisa.— Te aseguro que nada tengo que ver con la violaciones de las niñas ni tampoco con los gatos sin cabeza. ¡No soy comegata!

Betty.— Ya tendrás tiempo para explicarlo.

Elisa.— Prefiero morir que estar sin ti.

Betty (Pausa. Ausente).— No sé por qué carajo tengo sueño… (Cambia) ¡Resígnate!

Elisa.— Te disparo. Y ellos, (apunta con su arma hacia el público, como queriendo señalar hacia fuera del vagón) me disparan y así todo se acaba. Es fácil.

Betty.— No tiene sentido. Ya te dije, es un suicidio.

Elisa.— Siempre queriendo controlarlo todo.

Betty.— Nunca controlaste tus pasiones.

Elisa.— Déjame morir como yo quiero.

Betty.— No estás en situación de exigir…

Elisa.— Más de lo que crees. Mira, es fácil, únicamente tengo que levantar la pistola… Me disparan a mí y a ti no te harán nada. Punto y se acabó.

Betty.— Estás siendo monitoreada.

Elisa.— ¿Y?

Betty.— Te escuchan y te ven en este mismo momento.

Elisa.— ¿Pero estarán al tanto de que morirás primero que yo?

Betty.— ¿Qué quieres decir?

Elisa.— ¿Recuerdas los  caramelos?...

Betty.— Sí, ¿qué con eso?

Elisa.— Son los que uso.

Betty.— ¿Cómo!

Elisa.— Caramelos de Nueva York.

Betty.— Explícate.

Elisa.— Cada vez que me intereso por alguien…

Betty.— ¿Te interesas?..

Elisa.— Ya sabes…

Betty.— Querrás decir cuando tienes tu víctima…

Elisa.— Como prefieras llamarlas. Sencillo, la escojo, me siento a su lado y empiezo a decir que me voy a suicidar y otras mariqueras que sensibiliza a la gente pendeja…Y ¡zás! les voy entregando de caramelo en caramelo…

Betty.— Lo sabemos por eso venimos por ti…

Elisa.— ¿No tienes tú una sensación de sueño?

Betty.— Sí, coño…

Elisa.— No te preocupes, nos vamos las dos de este mundo de mierda…

Betty.— No me vengas con esa joda…

Elisa.— Ven, descansa en mi regazo.

Betty.— Tengo sueño…

Elisa.— ¿Ves?

Betty.— Pero no te confíes.

Elisa.— Ven, descansa, ya nada podemos cambiar…

Betty.— Estoy cansada, es sólo eso.

Elisa.— Cálmate, ven descansa sobre mi entreseno…

Betty.— Voy a descansar la policía se encargará de todo.

 

     (Se hace notar el movimiento de policías, luces. Intenso)

 

Elisa.— Bésame…

Betty.— Olvídate de todo. Ya terminó… Tengo sueño.

Elisa.— Duerme en mi regazo.

 

     (Se escucha cada vez más cerca a la policía. Voces de alto)

 

Betty.— Vienen por la dos.

Elisa.— Levanto el arma y ya. (Apunta hacia al público) Dime algo…

Betty.— ¿Sí?...

Elisa.— ¿Realmente me quisiste?

Betty.— Sí, ¿y tú?

Elisa.— Como a una amiga. Mira como alzo el arma…

Betty.— ¡No, te van a disparar!...

Elisa.— ¿A quién quieres que le dispare? (Apunta hacia el público como buscando su próxima víctima)

Betty.— No lo hagas… Tengo sueño… no sé qué me pasa…

Elisa.— ¿Betty?

Betty.— ¿Sí?...

Elisa.— ¿Me amas? (Es fuerte el movimiento policial alrededor del vagón. Voces: «suelte su arma. Está rodeada. No le haremos daño, entréguese».)

Betty.— Ya es tarde… (Va cayendo lentamente en el regazo de Elisa)

Elisa (Apunta decidida con su arma hacia las afueras del vagón. Al público).— ¿Me amas?

Betty.— Sí.

Elisa.— Yo también.

 

     (Al terminar de levantar el arma, hay un apagón. Sólo se dejan ver las luces de linterna de la policía. Voces de alto: «Las manos en alto. Tienen derecho a un abogado. Lo que digan podrá ser utilizado en su contra…». Pausa. Silencio)

 

Voz en off.— Señoras y señores el servicio ya se encuen­tra reanudado. Pueden tomar sus asientos, el peligro ha pasado.

 

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