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LAS “COSAS” DE CAROLINA

de Raimundo Francés
 

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

LAS “COSAS” DE CAROLINA

 

Teatro cómico infantil

 

Original de: Raimundo Francés

bea45azul@yahoo.com

 

Duración aproximada: 45 minutos

 

(Sainete en un acto para tres personajes. Carolina, la niña, su madrina, Socorro, y el esposo de esta, Marcelo)

 

  Se encuentran en un escenario simple. Socorro sentada en su sillón, haciendo crochet, y la niña, jugando, sentada en el suelo y simulando que dibuja. Tiene talento, y hacer caricaturas le divierte.

 

Marcelo, en su sillón de orejeras, leyendo un libro,  como siempre.

 

CAROLINA Madrina, ¿te puedo hacer una pregunta?

 

SOCORRO -  ¡Claro, hijita, por Dios! Tú, a mí, me preguntas lo que quieras, que soy tu madrina, y, como si fuese tu maestra.

 

CAROLINA -  Madrina, ¿Por qué te pusieron de nombre ‘’Socorro”?

 

SOCORRO - ¡Ay, bonita! ¿No te lo he contado todavía? Es que es una historia muy graciosa… verás…

 

(Marcelo, levanta la vista y mira a su esposa por encima de las gafas, como si quisiera decirle: ¿Otra vez lo vas a contar? ¡Qué pestiño! )

 

SOCORRO – Y tú ¿qué miras?  ¡Tú, a tu libro, que estás en todo! Después… ¡pasa lo que pasa! Que tus amigos te preguntan: Marcelo, ¿te gustó el libro que te presté? Y tú, que no sabes ni lo que estás leyendo, les dices: Sí, sí, es fantástico; vaya tema. Me gustó tanto que me lo voy a quedar unos días más para leerlo otra vez.  ¡Y como siempre, te quedas en la página veinticuatro!

 

 Sí, ya lo sé, no me lo digas, que ya sé que el número veinticuatro te recuerda la edad que tenías cuando te casaste conmigo, y se te saltan las lágrimas… ¡Y tienes que dejar de leer por el resto del día!  ¡Hijo! ¡Pero no es para tanto! ¡Que yo a ti, no te busqué, que fuiste tú el que me dio la vara, todos los domingos, en la misa de nueve!

 

(Marcelo, la mira con cierto gesto de desprecio durante unos segundos, y pasa la página de su libro para intentar seguir leyendo)

 

SOCORRO – Pues, como te iba diciendo, cielo mío, verás, tú sabes ya que los niños no vienen de París… ¿verdad?

 

CAROLINA – Eso, era antes, madrina; ahora, los bebés vienen de la barriguita de sus mamás.

 

SOCORRO – (Murmura, ladeando un poco la cabeza) ¡Ay! Estas niñas de hoy, lo que saben… Vamos a ver como le explico yo… Pues, resulta que, como tú sabes, cuando un bebé va a nacer, la mamá siente un dolorcito…

 

CAROLINA -  (Sin apartar la vista de su dibujo) ¿Un dolorcito, nada más? A nosotros,  la ‘’seño’’ de primero, nos decía,  que un parto duele más que caerse de un quinto piso.

 

SOCORRO - ¡Bueno, mujer! La verdad es que duele bastante, pero al cabo de una horita o de una horita y media o algo así, se va pasando el dolor… vamos, que no es para tanto.

 

CAROLINA -  (Sin levantar la vista del dibujo)

Madrina, si tú no has tenido niños ¿cómo lo sabes?

 

SOCORRO -  ¡Es verdad, hija mía! Y mira que me hubiese gustado, aunque hubiese tenido que sufrir esa horita para tenerlos. Pero con ese que esta ahí a tu lado, ¿quién va a tener un hijo? ¿Tú crees que ese hombre tiene cara de padre? Si, resulta que es tu padrino, porque yo me puse en mis trece, porque es tan apático y tan flojo, que el día de tu bautizo dijo: Y si soy yo el padrino ¿Tengo que vestirme, y ponerme los zapatos nuevos con lo que duelen, y tengo que aguantar a la niña mientras que le echan el agua, y tengo que firmar en la sacristía? Y,  ¿no sería mejor buscarse otro padrino?

 

Mira esa pipa que tiene en la mesa, que la cargó el lunes pasado con tabaco holandés, tan flojo como él, y todavía no se la ha fumado por no molestarse en vestirse para ir a comprar cerillas. Ayer, le estaba escribiendo a su hermano Patro, que vive en Cuenca, y le decía en la carta que si viene este verano a pasar unos días, que no se olvide de traerse dos cajitas.

 

Fíjate si es flojo, que en vez de echar la carta al correo él mismo, me hace que la amarre al tendedero y que se la pase a mi vecina Felisa para que ella se la eche en el buzón cuando vaya al supermercado.  Y se deja la radio puesta día y noche, porque dice que eso de encenderla y apagarla, es un coñazo. ¿Tú crees que un hombre tan flojo puede ser padre?

 

(Marcelo, la mira otra vez, ahora con cara de indignación, casi de asco, y lanza después una mirada hacia un lado de la habitación donde pende un crucifijo. Suelta el libro sobre las piernas, y junta las manos en posición de oración, como si quisiera decir: ‘’Jesús, dame paciencia”)

CAROLINA – (Sin levantar la cabeza) ¡Bueno! ¿Me lo cuentas o qué? Porque si sigues así, por muy flojo que sea mi padrino, se va a levantar y te va a dar un librazo en la cabeza… ¡que no te va a hacer falta tener un hijo para ver las estrellas!

 

                 (A esto, Marcelo, asiente con la cabeza, y hace un gesto con el libro semicerrado, como si su ahijada le hubiese adivinado el pensamiento)

 

SOCORRO - ¿Quién? ¿Éste? ¿A mí? ¡Este no tiene co…coraje, ni siquiera para eso! ¡Lo que él quisiera es que yo misma le quitase el libro para darme yo misma en la mollera, y así, él no tendría que molestarse!  ¡Bueno! ¿Por dónde iba? Ah, sí, resulta que cuando el bebé está naciendo…

 

CAROLINA -  Sí, eso ya lo has dicho antes… que a la mamá le duele mucho.

 

SOCORRO - ¡Eso! ¡Que le duele bastante! Y todas las mamás suelen quejarse, y gritan: ¡Ay! ¡Ay, Dios mío! ¡Qué dolor más grande! ¡Yo no quiero tener más niños! ¡Esto es horroroso!  Y cosas así. Pero, mi santa madre, que en gloria esté, la pobre, estaba tan asustadita, tan horrorizada, que al verse solita, en ese potro del hospital, viendo que nadie venía, pues, ella, gritaba: ¡¡Socorro!! ¡¡Socorro!!

 

Y, cuando, por fin, al escuchar los gritos, entró la comadrona, que es la que asiste a las parturientas, es decir, a las mamás que van a tener un bebé, le dijo: “Socorro ya está aquí, y anda que no está gordita Socorro, tiene que pesar por lo menos cuatro kilos”.  

 

CAROLINA – Y ¿por eso, te pusieron ‘’Socorro”? ¡Tiene gracia!

 

SOCORRO - ¡Claro! Y es que además, tú sabes que cuando una mamá, cuando va a nacer su hijito,  si se toca en alguna parte de su cuerpo en el momento de una impresión muy grande o deseando algo que le apetece y no lo puede conseguir en ese momento, eso que se llama ‘’antojo” toma forma, y se refleja dibujado en la piel del bebé, en la misma zona donde ella se tocó.

 

CAROLINA - ¿Sí?  ¿Y tú tienes la palabra ‘’socorro’’ grabada en tu cuerpo?

 

SOCORRO – No, hija. La palabra ‘’socorro” no, porque es demasiado larga, pero aquí, en el culito, tengo bien claritas las tres letras que significan lo mismo, S.O.S. ¿quieres verlas?

 

CAROLINA – (Levantándose por primera vez, y entusiasmada) ¡Venga! ¡Venga! ¡Enséñamelas, que quiero verlas!... y así, lo cuento a mis amigas en el cole.

 

(A esto, Socorro se levanta y hace el amago de mostrar las nalgas a la niña, pero Marcelo, toma su bastón y da dos porrazos en la mesa como queriendo decir: ‘’Hombre, por Dios, ¿te vas a desnudar delante de la niña?” Socorro, entiende el mensaje, y con cierta expresión de desencanto, mira a su marido y se vuelve a sentar con resignación)

SOCORRO - ¡Bueno! Carolina, preciosa, otro día te lo enseñaré, que hoy no puedo porque hay moros en la costa (mirando de reojo a su marido)

 

CAROLINA – (De nuevo, tirada en el suelo, terminando su dibujo, y sin levantar la cara) Pero, mañana me voy a divertir mucho cuando se lo cuente a mis compis.

 

SOCORRO – Pero, hija ¿cómo le vas a contar esto a tus amigas?

 

CAROLINA – No te preocupes, madrina. Ellas se reirán, pero verás lo que yo me voy a reír cuando les explique más o menos por qué a ellas le pusieron el nombre que tienen.

 

SOCORRO - ¡No me digas! ¿Y cómo se llaman esas amiguitas tuyas?

 

CAROLINA – Una, se llama Piedad, la otra Luz, y la otra Caridad.

 

SOCORRO - ¡Ay, qué bueno! Entonces es que la mamá de la segunda, además de quedarse sola cuando estaba pariendo, se iría la luz, y al nacer la niña, ella estaría gritando ¡Que venga la luz, que venga la luz, que venga ya, por favor! Y por eso, le tuvo que poner ‘’Luz’’ a su niñita. ¡Está claro!  Y las mamás de las otras, estarían gritando, una  ¡Piedad! ¡Piedad!,  y la otra ¡Por caridad, Dios mío, quítame este dolor, hazlo por caridad!  ¡Ja, ja!

 

CAROLINA – Sí, madrina, pero más te reirías si supieras los apellidos de mis “compis”. Es que es... ¡para mondarse!

 

SOCORRO - ¿Sí? Anda, cuenta, cuéntame, que yo creo que tú has salido tan guasona como tu madrina.

 

CAROLINA – La primera se llama Piedad de los Santos Beato.

 

(La madrina, rompe en la risa, y Marcelo, sin mover la cabeza suelta un discreto ¡je,je,je!)

 

SOCORRO – Y, la segunda, hija, ¿cómo se llama la segunda?

 

CAROLINA – La segunda se llama Luz Blanca de Luna

 

(Otra vez, las risas)

 

CAROLINA – Y el nombre completo de la última… ¡ese si es que de película!

 

SOCORRO - ¡Dime, dime!

 

CAROLINA – Esa se llama Caridad Niño de Dios.

 

(Socorro, salta en carcajadas y se le salen las gafas, y se le cae el crochet)

SOCORRO - ¡Ja,ja,ja! Esa criatura tiene que ser de Rota, en donde nadie envejece nunca, porque todo el mundo se llama Niño Mateos, Martín Niño,  Ruiz Niño.  ¡Ja, ja!

 

CAROLINA – Y tú, padrino, ¿lo pillas?

 

                 (Marcelo solo se ríe con su ‘’¡Je,je,je¡”)

 

CAROLINA – Madrina, y a mí, ¿por qué me pondrían ‘’Carolina”? Porque mi madre dice que en su familia no ha habido ninguna mujer con este nombre.

 

SOCORRO - ¡Ay, hija mía! Ya que me lo preguntas, y como eres casi una mocita, te lo tendré que contar, ya que tu madre no lo ha intentado. Es que tu madre, que es mi prima, era una buena actriz aficionada, y le gustaban los papeles de cómica. Y como es tan guasona, quería ponerte Lina, como esa, como la Morgan, que a tu madre siempre le ha encantado, incluso la imita muy bien.

 

Pero, tu padre decía que ‘’nanai’’, que su hija ¿cómo se iba a llamar Lina?, que ese nombre era muy vulgar. Pero cuando tú naciste, tu madre, que era tan singular, lo mismo gritaba y lloraba, que reía, y poniéndose la mano en los riñones, decía en voz alta refiriéndose a la actriz cómica… “¡Lina, Lina! ¡Qué lista fuiste jodía, que ni siquiera tuviste niños para no pasar por esto!“

 

 Y tu padre, que estaba delante, en el parto, para consolar a tu madre, le seguía la corriente diciéndole: ‘’Claro, Lina, claro…”  Y otra vez, ‘’Claro, Lina, claro”. Así, que cuando pasó todo, tu madre dijo que tu padre ya te había bautizado desde el momento del parto con el nombre tan precioso de ‘’Carolina”

 

CAROLINA -  ¡Umm, qué guay! Cuando se lo cuente a mis amigas, madrina, me voy a reír tanto que me van a castigar sin “recre”, pero, ¡qué importa! 

 

SOCORRO – Carolina, mi niña, a mí me parece que a ti te gusta mucho el pitorreo. A lo mejor, cuando seas mayor, te conviertes en una buena actriz cómica.

 

CAROLINA - ¡Claro, madrina! Eso es lo que voy a ser. A mi madre, no le importa porque ella quería ser actriz cómica, pero el abuelo la obligó a ser funcionaria.

 

SOCORRO – (Mirando hacia la ventana y hablando con ironía)

Bueno, tu madre, es funcionaria, pero cómica al fin y al cabo, porque ir al trabajo un día sí, y cuatro no, eso si que es para reírse. Y, hablando de nombres raros, hay cada nombrecito por ahí, que es pera echarse a reír. Fíjate. En mi pueblo, había un médico que se llamaba Don Luis Rabanillo y Pardillo.

 

(Carolina, se ríe a carcajadas, dando golpes con el lápiz en la mesa... ¡Ji,ji,ji!)

 

Y, la panadera, que era una señora mayor, muy gorda, vestida siempre de negro, así, con bigote… se llamaba María Oliva Aceituno de Olivares… Tiene gracia ¿verdad? Seguramente, era de Jaén.

 

CAROLINA – (Riéndose)  ¡Uf! Ese, si que tiene gracia. Espera, madrina, que me lo apunte. En mi “cole” también hay unos nombrecitos… Hay un niño en cuarto, que se llama Inocencio  Ladrón de Guevara y de Noche.

 

SOCORRO – Y en mi colegio, había una profesora que se llamaba Doña Aparecida Bajo de la Puente… ¡Hija! Es que hay unos nombrecitos… y yo sabía de otros…

 

(Carolina, se ríe, y se para, interrumpiendo a su madrina)

 

CAROLINA - ¡Madrina! Espera, repítemelo, que lo voy a escribir. ¡Anda, que mañana, la que voy a formar en el cole!

 

SOCORRO - ¿Quieres otro? A ver si me acuerdo. ¡Ah, sí! La mujer del boticario, se llamaba… Bienvenida Mata Conejos.

 

CAROLINA – (Revolcándose de risa)  ¡Ay, madrina, cállate ya, que me meo!

 

SOCORRO - ¡Bueno! Me callo. Pero cuando me acuerde de otros nombres, de esos tan simpáticos, los apuntaré para ti. ¡Ah! Éste que no se me olvide. El padre Cuesta, el cura del pueblo que era de Madrid, se llamaba, Don Salomón Cuesta Caro… ¡Vaya nombrecito que tenía el cura! ¡Y bien caro que era, que por una simple misa de difuntos nos cobraba más que lo que valía un ropero de caoba!  Cada vez que alguna chica se casaba o una vecina pagaba una misa de difuntos, todos se quejaban, y yo les decía, ‘’Sí, hija, es que el salmón ese cuesta  caro”.

 

CAROLINA - ¡Ji, ji, ji! ¡Ay, madrina, que te lo advierto, que me voy a mear, y no me va a dar tiempo de ir al cuarto de baño!

 

(Socorro, se calla unos minutos al ver que la niña va a reventar. Carolina, se calma, dispuesta a terminar con su dibujo)

 

CAROLINA – Madrina, ¿A que no adivinas a quién estoy dibujando?

 

SOCORRO – Pues, no sé hija mía, pero por el tiempo que llevas ahí dibujando, debe de ser una copia de LAS MENINAS. ¡Bueno!  A ver, dame una pistita. ¿Es hombre, o mujer?

 

CAROLINA – Hombre.

 

SOCORRO - ¿Bajo, o alto?

 

CAROLINA – Alto, y delgado. No dirás que no te estoy dando pistas.

SOCORRO – ¿Bien vestido, o mal arreglado?

 

 CAROLINA – Va con traje y corbata, y sale mucho en la tele.

 

SOCORRO - ¿Tiene el pelo bonito?

 

CAROLINA – Tiene peinado de tonto, y se pone fijador.

 

SOCORRO - ¿Cómo son su boca y sus ojos?

 

CAROLINA - ¡Hombre! ¡Madrina! ¡Así, lo acierta cualquiera!

 

SOCORRO – Hijita, una ayudita, que ya casi lo tengo.

 

CAROLINA – Hace muchas tonterías con las manos y pone cara de asustado y de burla.

 

SOCORRO - ¿Es un tío muy listo que parece tonto?

 

CAROLINA - ¡Caliente, caliente!

 

SOCORRO - ¡Lo tengo!  ¡Niña, es que está chupado!

 

CAROLINA - ¿Si? A ver, ¿quién es?

 

SOCORRO - ¿Quién va a ser? El presidente del gobierno.

 

CAROLINA - ¡Ji, ji, ji! ¡Ay, qué risa, María Luisa!

 

SOCORRO – He acertado ¿verdad?

 

CAROLINA – No, pero me ha hecho mucha gracia. Mañana, también le voy a contar esto a mis amigas.

 

SOCORRO – Entonces, ¿de quién se trata? Tiene que ser alguien que se parece mucho al presidente.

 

CAROLINA - ¡Es Mister Bean, madrina, Mister Bean! ¡Mi artista favorito!

 

SOCORRO - ¡Ah! Ese tío inglés tan raro, que habla menos que tu padrino, aquí presente. Claro, que a decir verdad, yo no iba muy descaminada, ¿verdad?

 

CAROLINA – No, ¡Ji, ji, ji! Pero Mr. Bean me hace reír mucho más.

 

SOCORRO – A mí, me hace reír más el presidente, porque yo, para un hombre que todo lo dice con gestos, ya tengo bastante con éste que está aquí presente, que habla menos que una momia con anginas.

(A esto, el padrino, vuelve a mirarla con gestos de decepción)

 

CAROLINA – Madrina, es que hay muchas maneras de hacer reír. Pero la de Mr. Bean, me gusta más. Y a mis amigas, también.

 

(A esto, Marcelo, la mira por encima de las gafas)

 

SOCORRO – A ver, Carolina. ¿Y por qué de mayor, quieres ser actriz cómica?

 

CAROLINA – Porque la risa, es una buena medicina madrina. Puede curar a muchas personas enfermas, a muchos niños… cuando los médicos no pueden hacer más de lo que hacen.

 

SOCORRO – (Entre labios)  ¡Umm!  Esta niña Carolina, ya digo yo, que me ha salido muy fina.

 

CAROLINA - ¡OH!, ¡Se me olvidaba que tenía que pintar el osito... la mascota! 

 

SOCORRO - ¿Cuál, la del presidente? ¡Ese no lleva mascotas! ¡Ese, lleva moscones! ¡Ah, perdona, hijita, que no es él, que es el cómico ese inglés!

 

CAROLINA – Madrina, cuando yo sea mayor, quiero ser ventrílocua. Si quieres, te puedes venir conmigo para ayudarme.

 

SOCORRO – No, hija, no. Que yo le tengo alergia a los muñecos de peluche.

 

CAROLINA  - Madrina, ¿quieres que te haga un retrato?

 

SOCORRO - ¿A quién? ¿A mí? Tendrás que esperar a que me arregle un poquito, porque con esta facha.

 

CAROLINA – No, si no hace falta. Si es solo una caricatura.

 

SOCORRO - ¿Una caricatura? ¿De esas que hacen en la calle? ¿Y para qué quieres hacerme una caricatura poniéndome mucha más fea de lo que soy?

 

CAROLINA – No, si es que mañana, ya tenemos bastantes temas para reírnos en el “cole” pero tengo que llevar algo para pasado mañana ¿no?

 

SOCORRO - ¡Eso! ¡Mira qué bien! ¡Y, no se te ocurre otra cosa, que una caricatura de tu madrina, poniéndome, vieja, bajita, gorda y fea! ¿no? ¡Anda, ven aquí, que te vas a enterar!

 

(Toma uno de los cojines y se lo arroja a la niña, quien se levanta, riéndose a carcajadas y saliendo por el aforo)

¡A ti, si que te voy a dar yo caricaturas! ¡Anda, ven aquí, so pícara! (Sale detrás de la niña, como queriendo pillarla. A esto, Marcelo, se dobla de carcajadas, señalando a su mujer, mientras va saliendo por el aforo, con su bastón en su mano derecha, y el libro en la otra)

 

SE CORRE EL TELÓN

 

FIN

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