Para ir al BUSCADOR, pulsa en la imagen

 

NOTICIAS TEATRALES
Elaboradas por Salvador Enríquez
(Optimizado para monitor con resolución 1024 X 768 píxeles)

PORTADA

MADRID

EN BREVE

PRÓXIMAMENTE

LA TABLILLA

HERRAMIENTAS

EN PRIMERA LA SEGUNDA DE MADRID ENSEÑANZA LA CHÁCENA

AUTORES Y OBRAS

LA TERCERA DE MADRID

ÚLTIMA HORA DESDE LA PLATEA
DE BOLOS CONVOCATORIAS LIBROS Y REVISTAS NOS ESCRIBEN LOS LECTORES
MI CAMERINO   ¡A ESCENA! ARCHIVO DOCUMENTAL   TEXTOS TEATRALES
  ENTREVISTAS LAS AMÉRICAS  

 

CAROLINA, NIÑA FINA

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

CAROLINA, NIÑA FINA

 (Teatro cómico infantil)

 Original de: Raimundo Francés

 bea45azul@yahoo.com

 No.Expte. del R.P.I.   CA-205/2005

 

Duración aproximada: 30 minutos

 

Sainete corto para dos personajes, la niña Carolina, y Socorro, su madrina.

 

La niña es una criatura de diez años, muy avispada, inteligente, con talento, que por sus excelentes aptitudes destaca en todo. Como buena observadora, sabe demasiado para su edad, pues escucha la conversación de sus padres y empieza a hacerse preguntas.

 

Una de sus diversiones favoritas consiste en imitar a los mayores y principalmente a su madre. Socorro, su madrina, es una amiga íntima de su madre. Cuando los padres de Carolina tienen que salir a cumplir con sus obligaciones sociales, Carolina impone su voluntad de quedarse con la madrina, persona tolerante y complaciente, pero algo tachada de antigua por lo que las cosas de esta modernidad no le entran fácilmente en su cerebro, ya encorsetado.

 

En uno de esos encuentros se desarrolla esta breve comedia.

 

El papel de la niña puede interpretarlo una mujer, siempre que sea delgadita, bajita, rubita, graciosa, caracterizada convenientemente con unas trenzas, bien maquillada y con vestido corto.

 

SE ABRE EL TELÓN

 

Socorro, aparece sentada en su butacón haciendo ganchillo; Es la hora de la sobremesa y Socorro empieza a dar cabezadas, rendida por el sueño. Carolina se encuentra arrodillada y algo torcida, en postura muy infantil, y parece que está dibujando algo en una libreta sobre la mesita baja de centro. La música suave que parece salir de una radio antigua ambienta el curioso diálogo.

 

 

CAROLINA - Elevando bastante la voz - ¡Madrina!  - Luego, gritando - ¡Madrinaaaaa!

 

SOCORRO – Se despierta sobresaltada - ¡Hija!  ¿Qué ha pasado? ¿Quién se ha caído?

 

CAROLINA - ¡Tú sí que te vas a caer, como sigas dando esos cabezazos, y ten cuidado con esas agujas tan grandes no te las vayas a meter en un ojo!

 

SOCORRO - ¡Ay, niña mía! Es que después de ese potajito tan rico, esa ensaladita, ese gazpachito y ese vasito de rioja… y con este calor, me siento aquí, y ¡claro! Me entra un sueñito… ¡Y como tú no me hablas!

 

CAROLINA – Yo estoy aquí dibujando. ¿De qué quieres que te hable? ¿De la guerra de Irak? ¿De la nueva ley de educación? ¿De las medidas que va a tomar el nuevo gobierno para acabar con tanta fogata? ¡Que nos vamos a quedar sin arbolitos!

 

SOCORRO - ¡Uy, niña! ¿Quién te enseñará a ti esas cosas?

 

CAROLINA – Siempre entretenida con sus dibujos y sin levantar la mirada - ¡Que no me las enseña nadie, madrina, que lo dicen en la tele!

 

SOCORRO – ¡Bueno, hija mía!, pero tú no deberías ver tanta tele, que eres muy pequeña.

 

CAROLINA - ¡Pero si yo no la veo! Es que lo oigo todo, mientras comemos en casa toda la familia.

 

SOCORRO – Está bien, pero a mí no me cuentes esas cosas. Mejor me cuentas cosas del ‘’cole”, de tus amiguitos. Tú sabes…

 

CAROLINA - Eso es muy aburrido, madrina.

 

SOCORRO – Pues, cuéntame algo de tu madre, de su vida, de lo que hace, a dónde va, lo que compra en las grandes tiendas, de todo eso.

 

CAROLINA - ¿De mi madre? ¡Mmmm, qué bien! Eso sí que es divertido. ¡Ji, ji!.

 

SOCORRO – Sí, pero sin remedarla, como hiciste aquel día, que no debemos hacer bromas de las cosas de nuestros mayores.

 

CAROLINA – ¡Pero si yo no hago bromas!  Lo que hago es imitar a una persona lo mejor que puedo. Así no solo oyes la historia sino que también la ves. Como si vieras un video.

 

SOCORRO – Sí, sí. Te conoceré yo… ¡Bueno! Me he enterado de que tu madre te ha matriculado en clases de música.

 

CAROLINA - ¡Claro, como no tengo ya bastante!  Los lunes, la catequesis. Los martes y jueves, Inglés. Los miércoles, gimnasia rítmica. Y ahora, los viernes, el solfeo. ¡Ni que una fuera un robot!

 

SOCORRO – Pero, Carolinita, hija, hoy día, cuanto más aprendáis los niños, mucho mejor estaréis preparados para el futuro.

 

CAROLINA - ¡Pero, madrina! Si a mí, lo que me gusta es la naturaleza, los animales, los perritos, los gatitos. Si ya le he dicho a mi mamá que yo quiero ser Veterinaria ¿Tú crees que cuando yo tenga mi consulta, mi clínica y mi guardería para animales, voy a tener tiempo para tocar la quinta sinfonía?

 

SOCORRO - Pues, a decir verdad, no me imagino a una pianista dejando una sonata para ir corriendo a atender el parto de una burra. ¡Vamos! Digo yo.

 

CAROLINA – Ahora, levanta la mirada para hablar a su madrina –

¡Mira, madrina!  Imagínate a mi madre conmigo de la mano, con su cigarrito en la otra mano, en la entrada del Conservatorio.

 

 - Ahora empieza a imitar a su madre, recreándose en los gestos, cual niña resabiada que se pasa de rosca, pero con gracia –

 

CAROLINA - Imitando a su madre

 

¿Oiga, aquí hay que coger número? Es que vengo a matricular a mi hija en piano y tengo un poco de prisa porque la muchacha se me va a las dos, y mi chofer está con el “Mercedes” por ahí buscando parking.

 

CAROLINA, explicando: ¡Mira, madrina! Cuando el conserje le preguntó a mamá en qué curso quería matricularme, le dice mi madre:

 

¡En el que sea! Lo que quiero es que mi hija que tiene un talento por demás, aprenda a tocar el piano, ¿sabe usted? Es que su hermano, el siguiente mayor, va a ser cirujano, pero de esos de cirugía estética, que ganan tanto dinero.

 

 El otro mayor irá también el año que viene a la universidad a estudiar para convertirse en un buen notario, y mi niña, que se llama Carolina, queremos que sea directora de orquesta de televisión. Es que mi marido tiene amigos muy influyentes en la televisión ¿sabe usted?

 

Y el conserje le contestó – Ahora, imitando voz de hombre: Pero, señora, la niña tendrá que empezar por el principio, ¿no? 

 

Y mi madre, le contestó: Y ese principio ¿cuanto vale?

 

A esto, le contestó el conserje: ¿Cómo dice usted, señora?

 

Entonces, mi madre le dijo: Que si usted me la matricula en un curso más adelantadito ¿Cuánto le tendría yo que dar? Es que usted sabe que esos cursos del principio no sirven para nada, usted me entiende.

 

Y le dijo el conserje: Señora, usted no pretenderá que su hija empiece a tocar el piano sin saber solfeo, ¿no?

 

A esto, mi madre, muy segura ella, le vuelve a contestar:

 

 ¿Por qué no? ¡Pero si eso del solfeo lo aprende mi niña en su casa, en un santiamén! Si esta niña mía es listísima. ¿Qué cree usted, que mi hija es una niña corriente, como las demás? Fíjese si es lista, que un día, mientras comíamos toda la familia, le dijo a mi marido, que es un gran abogado: Papá, yo creo que ese caso no lo estás llevando bien.

 

Madrina, entonces, le tuve que tirar del brazo a mi madre diciéndole: Mamá, que yo no…

 

Pero me contestó gritando: ¡Tú, te callas, que los niños nunca debe interrumpir a los mayores!

 

SOCORRO -¿Y qué pasó al final? ¿Te matriculó o no?

 

CAROLINA – Pero, madrina, ¿tú no conoces a mamá? ¡Claro, que me matriculó! En los cuatro años de solfeo, en dos de piano y en uno de armonía. ¡Y menos mal que “composición” me la dejó para setiembre!

 

SOCORRO - Pero, ¿esa mujer cómo pudo…? ¿Tú vas a estudiar todo eso en un año, hijita?

 

CAROLINA - ¡Venga, madrina! Lo que pasó fue que el conserje se creyó de verdad que yo era una niña prodigio, de esas que vienen de otro planeta, y el pobre hombre, ¡qué iba a hacer! Además, tú sabes que mi madre, cuando quiere, es capaz de convencer al mismísimo Papa para que la hostia la hagan cuadrada, porque desde que estuvo de concejala aprendió a valerse de toda clase de recursos, y siempre se sale con la suya.

 

Mi madre pagó la matrícula con un cheque porque no le aceptaban la tarjeta visa, sacó del bolso unas monedas y se las dio al conserje, como si fuese a un camarero, y dijo:

 

Vamos, Carolina, que el chofer debe estar ya aburrido de esperarnos - y leyendo en su móvil continuó - Me ha dejado un mensaje en el móvil diciendo que está con el coche ahí en la esquina, delante de la Universidad, y que no puede esperar mucho tiempo que le han puesto ya tres multas.

 

SOCORRO - Pues, hija mía, yo… ¿Qué quieres que te diga? Yo, si fuese tu madre, a lo mejor no te hubiera matriculado en piano, sino que con ese dinerito te hubiese comprado una camada de “caniche”, y en vez de tantas clases de catequesis, de inglés, de francés y de todas esas cosas, te pondría a bordar, a hacer bolillos, a coser, que esas son las cosas que debe aprender una muchachita.

 

CAROLINA – Bueno madrina, no te pases. Que eso ya suena a la edad media, y ya estamos en el siglo veintiuno.

 

SOCORRO - ¡Ay, Dios mío! ¡Qué mundo este más raro! Mis tiempos eran otros tiempos. Las niñas jugábamos a la casita, y aprendíamos lo que teníamos que aprender, y no tantas cosas raras.

 

 - Carolina vuelve a sus dibujos -  

 

SOCORRO – Entonces, tú de mayor, supongo que te casarás y tendrás dos o tres niños ¿no?

 

CAROLINA - ¡No digo yo, madrina, que tú cada vez que hablas te pasas dos pueblos!

 

SOCORRO – Pero, niña, ¿es que no te gustaría enamorarte y casarte? ¡Vamos! Cuando seas ya…

 

CAROLINA - ¿Qué quieres decir? ¿En la iglesia? ¿Con ese vestido blanco y todo ese lío? ¡De eso nada, monada!  Yo quiero ser Veterinaria. ¿De casada? ¿Con niños que les tienes que lavar el culito y darle el potito? ¡No, a mí, eso no me va!

SOCORRO – Bueno, es que tú eres muy pequeña todavía y no sabes nada del amor.

Cuando seas mayor, ya verás como te apetece casarte y tener una familia, como todo el mundo.

 

CAROLINA - ¡Que no, madrina! ¡Que no me comas el coco! Que eres muy antigua. Además, ¿para qué se casan las parejas?, si a los siete meses e incluso antes ¡ya están divorciados!

 

 Me enteré ayer que un primo de una compañera del “cole” se casó, y los novios se fueron a Canarias en viaje de bodas. Cuando regresaron, en lugar de dirigirse a su piso, del aeropuerto se fueron directamente al juzgado de guardia, para solicitar el divorcio.

Yo le he dicho a mi amiga, que intente conseguirme un autógrafo de los dos, porque estoy seguro que esa pareja va a entrar en el libro de los “Guiness”.

 

 Cualquier día, me tendré que venir contigo a vivir, madrina,  porque no me extrañaría que papá y mamá se digan ‘’bye bye, darling’’  

 

SOCORRO - ¡Hija, no digas eso, que tu padre y tu madre hacen una pareja muy mona!

 

CAROLINA - ¡Claro, por eso se llevan todo el día enseñándose los dientes, como los monos!  Y no gritan como Tarzán porque dicen que son personas ‘’muy civilizadas’’.

 

 -A esto, suena el teléfono –

 

SOCORRO – Dime. ¡Ah! ¿Eres tú, Vanesa? Sí, se está portando muy bien. Aquí esta haciendo sus dibujitos. ¿Cómo? ¿Qué no le de demasiados mimos? ¿Qué se puede malcriar?  ¿Cómo? ¿Que si se puede quedar conmigo a dormir esta noche? ¡Claro, mujer!

 

 ¿Qué no te encuentras bien? ¿Qué te ocurre? Ah, si, ya… Pero, mujer, que no pasa nada, que esas son cosas que suceden. Que eso le ocurre a todas las parejas. Adió, hija, y tranquilízate, que no llegará el agua al río.

 

CAROLINA - No me hace falta que me lo digas. Ya sé lo que te habrá contado mi madre. Que está agobiada, que trabaja mucho, que no tiene tiempo ni para ella misma, que se está haciendo mayor, que su marido no la comprende, que está a punto de caer en depresión, que un día se va a separar, que me quede aquí contigo, que se va con las amigas a merendar para relajarse …¡Y todo lo demás!

 

SOCORRO - ¡Pero, niña! ¡Cómo conoces a tu madre! ¡Pero, si pareces su doble! ¿Cómo te has enterado? ¿Es que también dominas la telepatía?

 

CAROLINA - ¡Que no, madrina, que no! ¡Que no es eso!  Es que mi mamá dice siempre lo mismo, y me lo sé de memoria, como los ríos de España.

 

Madrina, ¿por qué no me preparas un bocatita de atún? Es que he visto abajo una gatita que ha tenido tres gatitos la mar de bonitos, y quiero ver si están mamando, y si están limpios y bien atendidos.

 

Las gatas sí que son listas, que no necesitan a sus maridos nada más que para tener gatitos y luego. ¡Hala! ¡A tu casa, que esta es mía y aquí no te quiero ver, que estás sobrando! Yo debí haber nacido gata, madrina.  Ahora vuelvo.

SOCORRO - Se levanta –

 

 ¡Ay, qué niña! ¡Esta niña Carolina, sí que me ha salido una niña muy fina!  Y yo, pues, me voy a la cocina… ¡Oye!  ¡Y lo bien que rima!

 

SE CIERRA EL TELÓN

 

Fin

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

Si quieres dejar algún comentario puedes usar el Libro de Visitas  

Lectores en línea

web stats

::: Recomienda esta página :::

Servicio gratuito de Galeon.com