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Cartas del corazón para Edith Piaf

de JUAN MARTÍNS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

 

Cartas del corazón para Edith Piaf

 

DE Juan Martíns

 

estivalteatro@yahoo.es


 

 

 


 

A José Ignacio Ochoa, el actor

Para los amigos de Arteteatro

 

Personaje

 

Hombre, maduro algo jocoso, con cierta gracia forzada, como si el humor fuera una obligación. Que es, a su vez,, una imposición en su vida, es el único reducto que le queda. Al tiempo que muestra cambios repentinos de su temperamento, gesticulando expresiones guturales, como parte de su juego personal. Ello fragmentará el discurso narrativo de la pieza, otorgándole, en su lugar, mayor teatralidad. En cualquier caso, el director de escena será libre de decidir.

 

Escena, aparece el Hombre quien muestra signos de una persona enajenada, fuera de conciencia, sentado frente a un televisor —que será un dispositivo escenográfico al margen—. Como si lo que le rodea nada tiene que ver con su pensamiento, el cual se deja arrastrar, acompañando su mirada fija hacia la imagen del televisor. En el escenario, la luz del televisor es lo único que se deja ver al principio. Es un juego de imaginaciones: la imagen establece una pesada atmósfera de soledad. La oscuridad, por su parte, representa un papel determinante al inicio de la pieza. Al fondo suena «La Foule de Edith Piaf», la cual aparece integrándose al ambiente. En la medida en que el ritmo se desarrolla, los cambios de iluminación expresan (o quieren expresar para el autor) los diferentes estados de ánimos del personaje. A cada cambio de emoción una posible iluminación y, con ello, una personalidad diferente. Queda al libre criterio los cambios de vestuario, sin descuidar los momentos de cambio que exige el texto. La historia se desarrolla en cualquier lugar y hora del día. Se dejan ver posteriormente, en la medida que la iluminación cambia, un conjunto de cartas y sobres lacrados en una mesa. Nunca desorden. El autor desea que el ritmo que imponga el actor sea dinámico, mediante la agilidad del parlamento: decirlo en el menor tiempo y dicción posibles. Lo cual lo prescribe el texto. Para ese instante, el actor impondrá, y sólo él, su discurso actoral, implicará sus técnicas para un teatro de ambiente sombrío, por decirlo de una manera, y, como mejor se quiere, expresionista. Es cuando el televisor establece una relación irónica con el personaje. Esto es, que el personaje no sabrá si está en un programa de televisión o en la realidad.

 

Único acto

Única Escena

 

En la misma escena. El Hombre, va cambiando de emoción, aceptando la realidad de la audiencia que tiene mientras, al momento de percatarse del público, revisa los sobres lacrados. Susurra, como para él: «Cartas del corazón»

 

 

Hombre.— ¡Hola, cómo están!... ¿Se dice cómo están? (Repite con sonidos guturales) ¿Có... mo... están? ¿Están?... (No se alcanza a entender lo que dice. Gira con cierto juego en el habla) ¿Cómo están? Siempre se ha dicho. No se puede decir de otra manera. Bien, sí, se puede decir de muchas maneras. Se dice: có... mo... están. ¿Les parece bien que lo diga así? (Cambia) ¿Lo digo como un vago de la calle? Bueno... entonces, es fácil. (Como vago) De acuerdo, ¿Cómo están...? Fíjense, hay varias maneras de decirlo. (Como niño) ¿Qué tal?.. ¡Hola niños, no sabia que estaban aquí! (Transición) Y son muchos los niños. Porque todos somos, en algún momento de nuestras vidas, puede decirse, niños. Un niño bueno o un niño malo. A mí, me gusta ser un niño malo. Todo depende. (Al público. Pausa) No, no, no piense mal, no me refiero a usted que, desde luego ya es maduro y no está para niñadas.

         Y ahora, como para muchos de ustedes, los niños son un recuerdo que tienen valor sólo cuando hablamos de la familia. Sí, me imagino a usted (a alguien del público) hablando de la familia y todo lo demás. Cómo escucha: con todo lo demás... Cada quien tiene un «demás» en su vida. Me refiero a... esos «demás»... que logran alejarnos de la niñez con tanta facilidad. A veces, para evitarlo, me gusta hacer de niño, jugando a ser un  vago o a lo que me ocurra. Podemos jugar con diferentes cosas. Depende de qué pretenda la imaginación.

      A lo que a mi respecta, a cualquier hora, y ¡cuando la imaginación ordene!, estoy dispuesto. Por ejemplo, (Cambia, representando a un personaje de historietas de Vaquero) con el vaquero, ¿ven?... tipo John Wayne, el típico vaquero de westerns... a la americana. ¡De pronto! Tomo mi arma, me desplazo, hacia el centro de la polvareda y me detengo a mirar al enemigo, entregándome con aquella seguridad de que en materia de vaqueros muertos en la arena no hay quien me gane. (Detiene el juego) Insisto. Distinguido público esto de los juegos es cuestión de querer ser niños nuevamente. Fácil al decirlo. (Pausa. Al público) ¿Cómo, que lo intente de nuevo? Pero no lo tome con tanta ligereza que, después de todo, soy quien corre el riesgo... Un momento, (a cualquiera del público)  ¿Qué le gustó del vaquero?¿La parte masculina o la parte femenina? Quiero decir, no sé qué deseas de un vaquero como John Wayne: si te gusta que sea más fuerte y varonil. No hay problema, como ustedes quieran. (Continúa con el juego) ¡Más fuerte... y varonil! De modo que todas las chicas, de padres irlandeses, por favor, en todo caso,  las blancas hispanas pueden anotarse en mi lista de espera. (Cambia) No piensen que hay preferencia. Sólo es parte del juego. A querer jugar (pausa).

      Bueno, en este tipo de ejercicios estoy pensando para darles el taller. Creo que para esto me enviaron hasta aquí. De acuerdo, para explicarles algunas técnicas, las cuales son de gran utilidad a la hora de manipular... ¿qué digo?, perdón,... a la hora de orientar, educar a un grupo determinado. ¿Esto es el CEMPA: «Centro de Estudios para el Mejoramiento de la Personalidad en etapa de formación y Autoestima»? ¿Aquí —disculpen tantas preguntas—, es dónde se quiere mejorar la estima de las personas?

 

      (Alto) ¡Y estoy para enseñarles todo en cuanto a estima y expresión corporal se refiere!: «una mejor forma de comunicarte», ¿no es como dice el anuncio de nuestro taller?. Entonces es una manera de hacer las cosas (Pausa. Cambia) ¿Entienden? Empecé por decirles que, antes que nada, tenemos que conocernos bastante, lo necesario quizás. Con la finalidad de iniciar los primeros ejercicios de interpretación. O sea, que en la medida en que juguemos, en esa medida seremos capaces de enfrentar nuestros propios temores. (Irónicamente) Podremos deslastrar todos los malos sentimientos. Entraremos en nuestro corazón y, sobre todo, tomaremos de él «mucho, mucho amor». (Con otra personalidad busca entre los sobres lacrados cartas dispersas. Toma una) Es un mensaje de tu amigo de «cartas del corazón»... Ustedes dirán, ¿qué tiene que ver Edith Piaf, después de treinta años, con la autoestima? (Se esculla  «La vie en rose» de Edith Piaf) Sencillo: el primer ingrediente para la estima es el amor... ¡porqué en «cartas del corazón» te daremos las respuestas que necesitas... y lo haremos con «mucho, muchísimo amor». ¿Ven?, es fácil. Superamos la primera etapa del taller de autoestima. Das y tienes amor. Tienes amor y das amor. (Ríe. Pausa) Das amor, tienes amor, das amor, tienes amor... Jugamos sólo jugamos (Al Público) ¿Quieren que siga con lo del vaquero, con lo del niño, con las cartas? ¡Hasta de niña podemos hacer! Purgar nuestras malas energías. Nuestras culpas. Todas las culpas. (Ríe. Transición. Busca imitar a cualquier personaje que gusto al público) ¿A quien les recuerda?

      Ahora, como he tratado de hacerles ver, el taller de nivelación empieza por acá: en conocer cuáles son nuestros primeros sentimientos. No tienen idea de lo que podemos hacer con nuestros sentimientos... podemos hacer de vaquero o de banquero. O sea, con «be» larga. No corta, puesto que con «ve» corta significa otra cosa... (Cambia. Suena al fondo «La vie en rose» de Edith Piaf. Mira al televisor) ¿Escuchan? Sólo escucho el canto melódico, Porque este es mi verdadero problema: la vida de Edith Piaf (Cambia, algo nervioso. Con ritmo) Esa mujer significa todo para mí: lo que pida lo hago: de vaquero o de banquero con «be» o sin «be». Como quieran... (Se desdobla) «No me ames tanto, no es para tanto», (cambia) de acuerdo, lo haremos con toda la calma... esperen,... no sé qué hacer frente a una mujer. Sí, la expresión corporal sirve para todo, menos para mí. Para saber qué tengo que hacer con una mujer. Si ellas se paran frente a ti, con un descote y te dicen:

      —Tráeme algo refrescante. —Y le digo:

    —Recuerda que sólo vinimos a tomar algo caliente, digo, algo refrescante...  Sólo eso.

 

    ¡Pero es lo que sé decir! Nada más. En lo que resta de la noche me enredo todo. Me «escoñeto» todo. No sé qué hacer. El té se me cae, las palabras se me enredan y el pe..., ya saben, se me achica, es una total estupidez. (Suena la pieza de Piaf: «Sous le ciel de Paris». Mira al televisor. Cambio de ritmo) Definitivamente me saca del aburrimiento: me inspira interpretarles cualquier personaje. Provoca bailar amar, hacer de «cartas del corazón». ¿Verdad que es fastidioso este personaje? Sin embargo, no tengo otro remedio que leerles las cartas dejadas esta noche. Tengo muchas aquí. Tantas como para darnos cuenta de cuántos sentimientos diferentes hay por cada carta... (Cambia. Vuelve al personaje) ¿Y mis sentimientos quién los lee? Les venía diciendo que no sé qué hacer frente a una mujer... eh, eh... Me da algo de pena. Sí es eso: ¡no sé cómo es el amor, no sé cómo hablarle a una mujer, qué decirle y cuáles son sus sentimientos! (Al público) ¿Ustedes saben de los sentimientos de una mujer?

 

      (Cambia) ¿Pero antes de leerles una carta, imagino que prefieren que bailemos un poco? ¿Bailamos o leemos? Todo depende de lo que ustedes quieran. O leemos cartas o imitamos a aquel vaquero —y recuerden que me refiero a Jhon Wayne— con «ve» corta o al banquero con «be» larga. (Al fondo «Milord» de Piaf. Cambia. El actor hace sonar sus pies en el piso al «taquetear» fuertes ritmos de percusión. Como queriendo seguir a la cantante, Edith Piaf. Un sonido sustituye al otro de modo transitivo. Esta escena es importante que se haga de esta manera)

 

      Bueno, esto me está gustando, por ahora dejamos el cuento del banquero para más tarde. El baile está más emocionante.

 

(Le exige al público que le acompañe, en un intento fallido de bailar una suerte de flamenco español o caulquier alegría que encuentre éste, el actor. Todo depende de su ritmo. Confundiendo su efusividad con la música. Todo es alegría que va descendiendo simultáneamente)

 

      Sin embargo, mientras bailo un poco les voy echando el cuento o las «cartas del corazón» de algunas de estas cartas:

 

  .... «Antes que nada un saludo de mi parte —punto y aparte—. Deseo que te encuentres bien entre los tuyos—coma—,  amigo de ‘cartas del corazón’. Te escribía porque tengo una profunda duda con respecto a mi último novio, porque, ¿sabes?, He tenido algunos novios —punto y seguido—...  aunque me da algo de pena tener que hablar de esto... de mi novio y de esas cosas. Pero lo diré de una vez por todas: no estoy segura de la condición sexual de mi novio, es decir, me confunde... Bueno, me confunde... no sé si le gustan los hombres o las mujeres. Dime algo, amigo de ‘cartas del corazón’: ¿es natural que cuando estamos en una fiesta, él, sienta algún gusto en ver, por igual, a hombres como a mujeres? Es más, creo que si viera a mujeres no me preocupara tanto. ¿Es algún signo notorio de que ya no me quiere? Estoy desesperada. ¿Qué debo hacer?»....

 

      Punto y aparte. Bien, (suelta la carta, mientras baila, mirando al televisor) mi querida amiga, si no te molesta que él vea cuantos hombres se les atraviese por el paso. Y si haces un juego de trío no tendrás ningún tipo de problema. En cambio, si esto te molesta, tienes una sola salida: déjalo como es y no te involucres. Sigue tu camino. (Cambia de baile con la pieza «J’m’ en fous pas mal» de Piaf. Transición. Modifica acorde al ritmo de la pieza. Ríe)

 

      Mejor cambio a mi condición de vaquero. Un poco más valiente, un poco más fuerte (jugando a simular la situación):

 

      —¿De dónde vienes vaquero? —me dijo haciendo notar su larga cabellera.

      —¿Estarás toda la tarde callado? —insistía. La miraba con cierto interés.

      —Si quieres te hago compañía —Ya está, la tengo controlada, es mía, me decía a mí mismo—. Te encuentro muy solo.

      —Antes tomaré algo —dije—, estoy muy sediento —y repetí todo gallo—. Sí, tomaré un vaso de leche.

      —¿Leche?

      —Estoy muy seco, ¿tienes alguna objeción?

      —No, «amorcito» —y pensé, en ese instante: «nada como un vaso de leche para un vaquero valiente que viene de una tarde polvorienta».

 

      (Cambia) Como podrán notar, volvemos a decirlo, cada  detalle dependerá del estado anímico con el que se encuentren, por ejemplo, bailo un poco o leo un poco. Pero, claro está, debemos leer esas cartas que pueden entregarnos un poco de humor en la vida. En caso de que no tengan cartas. Imagínenselas. Eso sí, con tal que puedan hacer variar su estima. Siempre en alto. ¡Con la estima bien en alto! ¡Un estado de ánimo, una cara, una cara, un estado de ánimo!

 

Así que, según les exija sus estimas..., ustedes hallarán la expresión que necesiten.... Depende del estado de ánimo. En ciertos momentos, puede servir una carta, en otros, más bien una pieza musical de la bella Piaf. Viéndolo de este modo, la vida se parece a una canción de Edith Piaf. A lo mejor, a ustedes les aburre la vaina. ¿Dudan? Es fácil demostrarlo. Tomo otra carta de... (suena la entrada de la pieza «Padam padam» de Piaf, a modo de fanfarria sobre actuada. Alto) «cartas del corazón». (A alguien del público) ¿No?, ¿no quiere? Ya tengo la carta en mis manos:

 

  ... «‘Cartas del corazón’... disculpa si te quito algo de tu tiempo, sé que has estado muy ocupado, pero estoy tan emocionada, por haber seguido tus consejos, que te he escrito esta carta con trescientas veinticinco copias —lo más seguro es que en este momento lees una de ellas—, al menos sabrás la felicidad que me embarga... (Ridiculiza un poco la situación) ¡Oh! ¡qué felicidad! Por fin me dio la cita que tanto buscaba. Sé que no le importa ahora mis lentes de mala postura, mi vestido forzado por los hermanos testigos de Jehová, y el último calzado de mi abuela. Pese a mi forma conservadora, él aceptará salir conmigo. ¿Verdad que es emocionante?»...

 

¿Cómo puede ser esa vaina emocionante? Será para ella... (Ríe sarcásticamente) Acuérdate, «una nueva forma de comunicarte». Así de sencillo son las canciones de Piaf. Ustedes no sabrán de la vida de Piaf si no sienten —desde el punto de vista actoral— las cosas. Hay que sentir, tener sentimientos. Ella (Señalando la carta) es feliz escribiéndome. Ella es feliz. Podemos, por el contrario, como yo, escuchar a Edith Piaf. Siempre escucho a Edith Piaf (Cambia. Suena «La Foule». Queda al fondo) ¿Por qué? porque la vida de ella es así, según los estados de ánimo que sufre cada quien. Eso queda a la selección de ustedes, como mejor les parezca. Pueden pensar en lo que quieran. Puesto que así sacan de adentro todos sus males... A la hora menos esperada te descubres enredado como asesino, con un banquero .... ¡coño el banquero! Me había olvidado del banquero. ¿Cómo imitamos a un banquero? Creo que puede ser fácil: (Imitándole)

 

—Buenas tardes, ¿en qué podemos servirles? ¡Tienen su vida solucionada ha llegado a la casa del «banco amigo»! Sonría y todos los problemas se le solucionarán. Aquí no hay problema, ya lo hemos dicho, ¡has llegado al banco amigo!... De ahora en adelante, sólo debes sonreír. Es fácil cuando tus cosas se han solucionado. ¡Es el banco de la felicidad...!

 

¿Ven?, ¡qué bien nos hace simular situaciones que nada tiene que ver con nosotros! Y cualquier emoción es válida... ¡Ah! Recuerdo una de las «cartas del corazón» que tengo por aquí, a ver, a ver. Buscamos con calma... ¡Aquí está!:

 

  ...«He preparado mi corazón. Mi corazón consentido para las nueve en punto de la noche. Y ya van a hacer. Y cuando suene el timbre, me chorreo. Y se me olvida todo. Porque la he soñado, he pensado caerle a besos limpios... (Interrumpe la lectura para decir: ‘sigue adelante él diciendo’) me pone el culo contra la pared... Me gusta todo de ti ... » (Suena «La Foule», sólo la entrada de la pieza. Ríe. Baila, juega, imita ) ¿Verdad, amiga de ‘Cartas del corazón’ que es una manera bonita de demostrar mis sentimientos, no sé, ¿qué me dices tú?»...

 

      ¿Si así lo cree él? Lo más seguro que pueden estar pensando es que eso me preocupa o algo así. De ninguna manera. Sólo que les sirva a ustedes de ejemplo. Como puede ser cualquier otro ejemplo. Con esto se van a reír, sólo voy a leerles parte de la carta:

 

  ...«¿Hay algún problema cuando la vagina de la mujer huele diferente? Es decir, cuando tú sabes que ese olor no es el característico, tú sabes,... ese olor que puede tolerarse, tú sabes... Con un sabor algo ácido, por decirlo de alguna manera, pero cuando aquello raya en lo fétido, ¿qué pasa?....¿existe algún problema en cuanto a eso?, porque había pensado.....»...

 

      (Interrumpe la lectura)... ¡No!, no está bien que continúe, creo que está evidente que se trata de un patán común y corriente. Demasiado corriente, quizás nos encontremos con algo diferente.... (Busca entre las cartas)

 

  ... «Ayúdame, no encuentro qué hacer con mi vida...»....

 

      ¿No habrá una carta que nos dé un poco de felicidad, en vez de tanta angustia?...

               ...«... He pensado, incluso, en el suicidio como una salida para....»...

 

      ¡Coño! no. Hasta aquí, estuvo bien. No seguiré con esto, es demasiado incómodo como para seguir leyendo esta vaina. Es más, me molesta. A uno le llegan cada cosa que termina uno cansado..., no se pierde el asombro...

 

  ...«Debe escucharme, por favor, espero que esté leyendo esta carta. Sólo he deseado dejarle este mensaje...»

 

      Y es que la tipa insiste en que tengo la cura para ella. ¿Por qué todos piensan que tengo la cura para ellos?

 

  ...«He puesto mis esperanzas en usted.»

 

      (Mira hacia el televisor, como si dependiera de él) Coño, lo que me faltaba, que según le responda, esta persona se mete un disparo en la cabeza o no. Provoca decirle: «sí, tienes razón, has cometido muchos errores y sin ese hombre no podrás vivir. Mucha gente importante se ha matado. ¿Qué tiene de malo que lo hagas tú?» Ah... pero la moral interviene y uno debe contestar todo  lo contrario, o sea: «no tranquila quédate tranquila, piensa en los hijos que tendrás en el día de mañana y por esa decisión tan infortunada dejas de tenerlos... (Suena «La Foule»)

 

...«Usted me dirá, ¿será bueno que me suicide? Necesito de sus buenos consejos de ‘Cartas del corazón’, pensándolo bien....

 

      ¿Debe pensarlo? Hay maneras de pensar en la muerte, pero, coño, esto es el colmo. Voy a contestarle de la siguiente manera. Así: «puedes tomar la decisión que mejor te convenga. (Pausa. Mira al televisor) O simplemente te tomas toda la cantidad de barbitúricos que te dé la gana. O, en cambio, te sientas y te pones a pensar en la inmortalidad del cangrejo o por qué los gallos no pueden poner huevos. Mi hija, no te pongas de esa manera por un hombre, ¿es por un hombre verdad o por una mujer? No me lo has aclarado. Seguro que te has echado a morir, mientras que él (¿ella?) está de lo más feliz. Mira, no te des mala vida. Vive tu propia vida, diviértete, se feliz y no te amargues la vida tan temprano. Si no, ¡anda a la mierda! Toma la pistola que tienes más cerca de ti —si no tienes una tendrás que comprártela—, acércatela a la sien, que es más clásico, y métete el tiro, con clase y estilo. (Remeda la situación) De esta manera, y ¡listo! ¿Ves?, fácil... (Transición. Cambia) Sin embargo, déjame ver qué dice el resto de la carta...

 

  «...pensándolo bien, mi carta se debe a otros motivos,...»

 

      ¡Ah....! Ésta ahora viene con algo diferente. ¿Qué será?...

 

«...que realmente es lo que me ha motivado a escribirle, como le he dicho, esta carta... ¿Está bien que se lo diga?..»

 

      Sí, desembucha, saca pa’ fuera de una vez...

 

«... estoy cansada, mejor dicho casado...»

 

      ¡Carajo! Resulta ser que no es hombre ni mujer. Mi hijo, se reduce en lengua sencilla y de pocas palabras, como marica o marico, no sé, como mejor te guste... ¡Esto se está poniendo interesante! Continúo:

 

«... de tener que escribir para otros, pensar para otros, paso horas frete al televisor, tratando de resolverle el problema a los demás. Es más, según las prescripciones de la televisora para la que trabajo...

 

      ¿Cómo es la vaina? ¡Esto es como demasiada casualidad, (Al público)  ¿no les parece? Definitivamente la gente es tan estúpida que termina imitando a sus personajes. Pero, no nos adelantemos al caso...

 

«... tengo que pasar horas frente al televisor, para determinar cuáles son las necesidades de nuestra audiencia, según dicen ellos, y de allí responder cada una de las cartas que me envían...»

 

      Esta persona se ha dado a la tarea de imitarme al punto que ya no sabe quién es. Decirme las cosas que conozco de memoria. ¿Quién le habrá dado la información. ¡Claro!, sé quién pudo ser. Sí, Francisco, que es un tipo tan envidioso que se dedicó a darle detalles de mi vida. Es la única manera que puedo darle explicación a todo esto... sí, claro, no puede ser más nada...

 

«Carta, tras carta, sin que tenga tiempo de responder cada una de ellas. Y la gente insiste en que siempre tendrá la respuesta, que la respuesta le espera. Y esta gente de la televisión siempre hace creer que todos tienen derecho a una respuesta. Y desde aquí uno tiene que tener todas las respuestas...»

 

      (Para este momento se confunde una realidad con la otra) Es cierto, dejas de ser tú mismo para convertirte en un producto del programa «Cartas del corazón». Es más, no sé en qué momento soy una o la otra. En qué momento dejaré de ser una cosa para convertirme en otra. ¿Habrá recibido mi carta? Espero que no, a ver... ¿tengo su respuesta por aquí? Espero que a Francisco no le haya dado por ser responsable y haberle respondido. Como él anda molesto con ese trabajo de «office boy», que sé yo.... A ver, no sé...

 

  «Querida amiga, Samuela:

 

  Ya para cuando hayas recibido esta carta todo se habrá consumado, como me aconsejaste. Has ayudado a una persona a ser más feliz. Seguí al pie de la letra cada uno de tus consejos. Sin faltar a ningún detalle...Me cansé, amiga, de los talleres de autoestima que tengo que dar. De decir, cada vez que tengo que iniciar estos malditos talleres de autoestima: ¡Hola, cómo están!... ¿Se dice cómo están? ¿Có... mo... están? ¿Están?... ¿Cómo están? Siempre se ha dicho. No se puede decir de otra manera...”  »

 

      ¡Coño! Lo hizo...

 

      ... «Y me siento muy feliz..».

 

   Me siento feliz, es una expresión para engañarme. Hacer creer que estoy feliz, es creer que mi vida se ha conservado. Al contrario, se ha consumado cuando no he tenido otra felicidad que la de engañarme y haber engañado. Esto es la peor tragedia: haber engañado. No sé, después de todo quién soy, a quién termino de interpretar: si es así mi vida o una mentira de ella. Si he llegado hasta aquí, es para relevar que todo esto de la imagen, la cual represento, es una mentira. No es más que un juego hipócrita con la realidad. Y cuando digo realidad, me refiero a ustedes. Pero cuando te descubren, y te descubres, no hay nada que hacer para cambiarlo. Es tu final porque has mantenido el engaño y no lo soportas, puesto que se obtiene conciencia de la decadencia.

    Al principio crees que se trata de jugar con la gente. Y el juego se hace rutina. Te crees el juego, se te hace una obligación tus propias mentiras. Patético. En la encrucijada de la mentira y de la verdad te hallas, caes en su entramado y no tienes más salida: sigues engañado. Los productores, los dueños de las televisoras lo saben y, haciendo caso omiso, continúan armando su red. Te sustituyen y ya, tienen a otra persona de ti. Te cambia por otro. Eres prescindible. Las leyes están establecidas para ellos. No puedes salirte de su plan, el día que lo hagas, como lo estoy haciendo, eres un objeto más al que pueden tirar a la basura. Es sólo cuestión de tiempo. Lo demás se lo dejan a sus propias reglas. La ley estable los términos de tu exterminio. Todo está consumado para el final que está asignado, sin regreso ni vuelta atrás. No quiero con esto demostrarles nada, sólo continuar. Anunciarles que en mi lugar vendrá otro: «El corazón abierto», «Una mañana con Frank». Pónganle el nombre que ustedes quieran. Al final de cuentas todos tendrán el mismo desenlace, sin derecho a la protesta. Se toma o se deja. Aunque quieras cambiarlo, será imposible, puesto que formas parte de una misma estupidez. El maltrato emocional, la depresión, el «quítate tú para ponerme yo» constituyen, supuestamente, «un modo de hacer televisión», del mercado, ya saben. El compromiso de la publicidad ha hecho de los actores simples «mercaderes del arte». ¡Nos vendemos a precios tan bajos! que hemos perdido los escrúpulos. Ahora, ¿en qué puedo terminar habiendo rechazado sus normas? No soy parte de ellos. No quiero hacerlo. El resultado de tal osadía ya la conocen. No hay forma de escapar, eres parte o te niegas, sin intermedios. Estás hundido, cuando te das cuenta, es demasiado tarde y esto es peor que la muerte.....»

 

(Toma el lugar del remitente de la carta, jugando, para el espectador, con el cambio de personalidad)

 

Sí me siento feliz, qué más queda por hacer. Uno puede sentirse feliz si ha tomado la decisión correcta. Qué otra salida se tiene. ¿Tendrán ustedes otra salida? Entonces hice cada una de las cosas que me pidió Samuela de «Cartas del corazón». Lo hice y me siento feliz... (Pausa) ¡Hola cómo están!... ¿Se dice cómo están?... ¿Estamos en un taller..., no...?

 

(Toma un arma que está encima del televisor. Se sienta, se la lleva a la sien. Mira al televisor, se abstrae, como al principio de la escena y se dispara sobre la sien. Suena «La Foule» de Piaf)

 

 

Telón

  

 ©Derechos reservados.

Correo electrónico: estivalteatro@yahoo.es

Juan Martins

Dirección: Apartado postal: 212. Código postal: 2101/Maracay-Venezuela

Teléfonos: 0414-4576152

 

Tomado del libro «Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas». The Latino Press. Nueva York, 2002.

Para su representación, reproducción y montaje llamar o escribir al mail aquí anexado.

  

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