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¡YO ME QUIERO CASAR!

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡YO ME QUIERO CASAR!

 (Juguete cómico)

 

De: Raimundo Francés

bea45azul@yahoo.com 

 

Duración aproximada: 18 minutos.

 

Pepe y Puri están en el salón, ambos sentados en su sillón de orejeras, él leyendo el marca, ella el HOLA. Pepe, con su bata y las zapatillas, ella con ropa de casa.

 

El autor se permite simular literalmente el lenguaje del sur, por su gracejo.

 

PURI - ¡Pepe! ¡Pepito!

 

PEPE – (Sin mararla) ¡Ojú! Cuando tú a mi me dices ‘’Pepito’’, ¡malo, malo! No sé por qué me parece que tú a mí me vas a pedir algo hoy.

 

PURI – Pepe, es que se me estaba ocurriendo una cosa.

 

PEPE - ¡Lo ves? ¿No te lo decía yo? ¡Que Dios nos coja confesaos! ¡Vamos, que ya me estoy poniendo hasta nervioso!

 

PURI - ¿Te lo digo, o no te lo digo?

 

PEPE – Bueno, dímelo. Pero espera un momento que me voy a poner bien la corbata y me arregle un poco, por si tiene que venir el Forense y la Jueza de Guardia, que no me cojan así, de cualquier ‘’jechura’’, que yo era administrativo en el banco.

 

PURI – No, es que estaba yo pensando, que como me he enterado yo que los matrimonios se casan... había yo pensao que tú y yo...como estamos casaos...

 

PEPE -  (Ahora la mira por encima de las gafas con cara de perplejidad)

¿Cómo, cómo dices? ¿Qué es lo que has dicho tú ahora, que no me he enterao mu bien?

 

PURI – No, que te decía yo, que hoy día, los casados también se casan.

 

PEPE - ¡Ah, ya! (Sin mirarla) Los casados... se casan. ¡Hombre, eso está claro! Es lo mismo que los curas que se pueden ordenar sacerdotes, pero si quieren ¿eh? El cura que no quiera ser sacerdote, se queda como está y todo el mundo contento. ¡Je, je!

 

PURI – Pepe, que te estoy hablando en serio, ¿eh?

 

PEPE – No, si ya lo sé, que tú siempre hablas en serio. ¡Oye, Puri! No es por nada, ¿eh? Pero ¿tú te has tocao la frente? A lo mejor es que esta mañana te olvidaste de tomarte las pastillas.

 

PURI – Pues aunque tú no te lo quieras creer, hoy los matrimonios se pueden casar. Y yo tengo una amiga casada que se va a casar el mes que viene.

 

PEPE – Mira, Purita, chochi, que si tú quieres, llamo al psiquiatra y pido consulta pa el Jueves, que eso no duele ni na.

 

PURI – O sea, que tú a mí no me crees, ¿no?

 

PEPE – Sí, hombre, pero si yo por creerte, te creo. ¿No voy yo a creer a mi mujer? ¡Pa eso somos un matromonio! Yo te creo a ti y tú me crees a mí. Por cierto, esa amiga tuya casada... ¿va a ir Psiquiatra también?

 

PURI – (Cabreándose) ¡Mira, Pepe! ¡Como sigas con el cachondeo te cojo por el cogote y te tiro por la ventana!

 

PEPE - ¡Que no, mujer! ¡Que no hay que ponerse así, hombre! Que si tú te quieres casar, no pasa ná, que yo te doy permiso, ¡vamos! Si quieres, te lo puedo dar por escrito y tó.

 

PURI – ¡Pero, Pepe! ¡Si yo lo que quiero es casarme contigo!

 

PEPE - ¿Conmigo? ¡Ah, que mi mujer se quiere casar conmigo? ¡Tócate los cojones! Ya estaba yo pensando que tú a lo mejor te querías casar con el subteniente ese que vive en la esquina, ese que siempre se vuelve pa mirarte por detrás, que lo he pillao.  Pero ahora resulta que no, que tú lo que quieres es casarte con tu marío. ¡Bueno está, hombre!

 

PURI – ¿Entonces, tú no estabas enterao, no?

 

PEPE – ¿Enterao? ¿Enterao de qué?

 

PURI - ¿De qué va a ser? ¡De eso! De que hoy los casados se casan.

 

PEPE - ¿Ah, sí? Pues no, oye... no estaba yo mu enterao, que digamos. Es que tú sabes que yo lo único que leo es el MARCA, y aquí na más que vienen los goles del Betis, que por cierto este año está haciendo una temporá que lo estoy viendo jugar con el Barrio Jarana club de fútbol.  

 

PURI - ¡Ay, qué hombres! Que na más que les interesa el fútbol y las tonterías esas. Lo que yo te decía es que lo casados se pueden casar, si quieren; que si los casados no quieren casarse, no se casan.

 

PEPE - ¡Ah, ya! ¿Tú ves? Ya eso está un poco más claro. ¡Vamos, que pa eso estamos ya en democracia! Estaría gracioso que yo que estoy casao, me obligaran a mí a casarme. ¡Hasta ahí podríamos llegar! ¡Eso sería en los tiempos de Franco! Una ley por decreto: ¡Ea, todos los españoles que estén casados, a casarse, coño! Firmado: Francisco Franco.

Es que no había otro como él. Además, no te creas tú que esas cosas se le ocurría a Franco, ¿eh? Eso se le ocurría a la mujer, a la Polo, que era otra caprichosa, así como tú.

 

PURI - ¡Mira, Pepe! Pa que veas que lo que te estoy diciendo es una cosa mu seria, verás... ¿Tu primo Ángel no trabaja en la Notaria?  ¿Por qué no lo llamas y le preguntas? ¡Anda, anda!

 

PEPE - ¿Qué yo le pregunte a mi primo que si ahora los matrimonios ya se pueden casar? ¿Tú qué quieres que hoy la notaría entera se pase un día de cachondeo a costa mía? ¡Eso! Y cuando llegue uno para una hipoteca, le van a decir: ‘’Vuelva usted el lunes que hoy el señor notario solo está atendiendo a los matrimonios que se quieren casar” ¡Toma ya!

 

PURI – Pero, Pepe, ¿Qué trabajo te cuesta? ¡Mira, tú lo llamas pa preguntarle por los niños, así como el que no quiere la cosa, y luego así, haciéndote el inocente, le preguntas que si los matrimonios se están casando, que es que lo has visto en una revista y te ha extrañao un poquito.

 

PEPE - ¡Cago en la mar! ¡Con lo tranquilo que estaba yo leyendo el partío del Betis y mi mujer, que se quiere casar y me quiere dar a mí el día hoy! ¡Manda huevos la cosa! ¡Bueno, hombre! Trae pa acá el móvil que voy a llamar a mi primo.

 

(Marca los dígitos)

 

¡Hombre, Angelito? ¿Cómo estás, picha? ¿Los niños bien, no? ¿Y tu mujer, también está bien, no? Ya, ya. Mira, primo, hombre, que estaba yo a quí con mi mujer, y resulta que... Bueno, que te queríamos hacer una preguntita, pero una preguntita nada más, que yo sé que tú ahí en la notaría trabajas como un negro, a carajo sacao (Tapando el móvil y mirando a Puri) ¡Por los cojones!

Mira, primo, ¿Tú sabes si los casaos hoy se pueden casar?

 

¿Cómo? ¿Yo? ¡No, hombre, no! Es Puri, mi mujer, que ahora le ha dao por casarse. ¿Cómo? ¿Qué si te va a invitar? No creo. ¡Venga, hombre, déjate de cachondeo, que tú tienes mucho trabajo y no te queremos entretener! ¡Ah, ya! ¿Y cuanto vale eso? ¿600 euros? ¡Coño! Bueno, yo se lo digo a Puri. Vale primo, un besito a los niños, y ya sabes, no trabajes mucho que después te da el dolor de lumbago.

 

PURI - ¿Qué te ha dicho tu primo?

 

PEPE – Que vale 600 euros más IVA .

 

PURI- ¿Casarse? ¿Na más?

 

PEPE – ¡No, hombre, no!  ¡Casarse como va a ser!  Los 600 euros es por un certificao del notario donde dice, firma y rubrica, que un casao está casao. Pero vamos, me ha dicho que si te quieres ahorrar el IVA, entonces te lo dice allí mismo en su oficina y te lo jura y requetejura por su madre, pero te vas sin certificao y sin factura.  

 

PURI - ¿Eso te ha dicho? ¿Y pa eso lo has llamao? Trae pa acá el móvil, que voy a llamar a don Felipe, el cura de la parroquia. Verás tú como ese lo sabe... ¡seguro! Lo que no sepan los curas...  (marca el número)

 

PURI - ¿Don Felipe? ¿Está usted bien? Ya. Mire, padre, soy Purita, la esposa de Pepe, la de la comunidad, ¿sabe quién soy, no? ¡Eso!

 

Padre, es que quería hacerle una preguntita. Mire, ¿usted sabe si los casados se pueden casar? ¡Ah, ya! Que eso es un poco complicao, ¡no? ¡Hombre! Yo pensaba dejar en la parroquia un donativo de 500 euros... ¿cómo? Ah, que todo en esta vida tiene solución... ¡No, hombre! ¿Yo pa qué voy a querer una factura? ¡Si eso no sirve pa ná! ¡Ah!, entonces, que vaya mañana y lo hablamos, ¿no? Mu bien, padre. No, no se preocupe que llevaré encima los 500 euros. Con Dios, padre.

 

PEPE - ¿Qué te ha dicho el curita?

 

PURI – Que todo está arreglado. Que nos podemos casar.

 

PEPE - ¿Eso te ha dicho el cura? ¡Anda, ya mujer! ¡Eso cómo va a ser! ¡Pero si eso tiene que ser como... como un pecao mortal! ¡Vamos, como un sacrilegio! Casarse, un matrimonio... ¡Eso tiene delito hombre! ¡Imagínate que yo me casara! Yo que he sío administrativo del banco... se entera el director que mi mujer se ha casao conmigo y me pone una denuncia en el juzgado de guardia. ¡Vamos, por Dios!

 

PURI – Pues a mí me ha dicho el cura que nosotros, que estamos casaos, pa casarnos no nos hace falta ni autorización, ni ná. Na más que darle los 500 euros.

 

PEPE - ¡Tócate los huevos! ¡A mí! A un casao como yo me va a decir el curita ese lo que yo necesito pa casarme.

 

PURI – Desde luego... ¡Qué desgraciaita soy! ¡Y yo que me había hecho ilusiones! Casarme con mi vestido nuevo, en el altar, con muchos invitados...

 

PEPE – Sí, sobre todo, si invitas a mi primo Angelito, que cuando nos casamos hace treinta años, se coló con la mujer, con los hijos, con la suegra, con los sobrinos y las novias de los sobrinos, se dieron el lote, que de la tarta no dejaron ni la velita, y el mu cínico, nos regaló un despertador de Ceuta más chico que un mechero que no llevaba ni la pila.

 ¡Vamos! ¡Como yo me entere de que tú te casas y que invitas a mi primo, la vamos a tener!

 

PURI – Entonces, tú no estás de acuerdo en eso de que los matrimonios se casen dos veces, ¿no?

 

PEPE - ¡Yo no! ¡Es que hay que ser gilipollas! La gente que es carajota lo quiere tener tó por duplicao. Dos televisores, dos coches, dos frigoríficos, dos móviles, y ahora hasta dos bodas. Yo no sé a donde vamos a llegar.

 

PURI – Bueno, pues nada, me quedo con las ganas. Yo sabía que con este marío que tengo, yo ya no me podía casar.

 

PEPE - ¡Hombre! Lo que sí podíamos hacer es lo mismo que María Jiménez. Nos divorciamos mañana, y el mes que viene nos casamos. Viene Canal Sur, nos da una pasta, nos compramos un chalet en Chiclana con piscina, y el año que viene, otra vez. Total, yo no tengo ná que perder, ¿Y tú?

 

PURI - ¡Anda, ya, chalao! ¡Qué poco romántico eres!

 

PEPE – Ni romántico, ni ná. Yo ya pasé por eso del casamiento, y eso tiene que ser como la muerte. Una y no más.

 

PURI -  Bueno, pues me voy a lavarme los dientes y me voy a acostar tempranito a ver si me duermo antes de que me de la depresión.

 

PEPE – Sí, hija. Acuéstate temprano que eso es lo más sano que hay. Y no te preocupes que si tu te mueres, yo ya no me pienso casar, que yo no soy hombre de dos casamientos.

Que con uno ya tiene uno bastante.

 

                 (A esto, Puri sale del escenario como si fuera al baño, y Pepe, deja el periódico a un lado y echa mano a la revista, que empieza a hojear con curiosidad)

 

PEPE -  ¿Esto como es? Un matrimonio mayor, que se casa, van a televisión, les hacen un regalo de 6000 euros, les dan un abono de una semana en la suite de un parador nacional, con tó los gastos pagaos, y el marío dice que le supo a poco porque la mujer, con la ilusión y la felicidad de haberse casao, toas las noches se ponía tontina y aquello pareció como una segunda luna de miel.

 

 ¡Coño! Esto ya es otra cosa. ¡Cago en la mar! ¿Y mi mujer a mí por qué no me ha dicho a mí esto? Es que estas mujeres... ¡qué malamente se saben explicar, joé! ¡Y mira que yo le vengo enseñando desde que me casé con ella! Pero vamos, que yo creo que todavía estamos a tiempo.

 

(Levantándose del sillón, con la revista abierta en la mano y gritando a Puri para que se entere)

 

PEPE - ¡Oye, Purita! ¿A qué hora te dijo el cura que estuviéramos allí por la mañana?

¡Puri! ¡Purita de mi vida! ¿Tú te quieres casar conmigo?

                                               FIN                                                                                                                                                                                                          

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