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Elaboradas por Salvador Enríquez
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EL CERCANÍAS DE LAS 7,30

de  Salvador Enríquez

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

EL CERCANÍAS DE LAS 7,30

 

 Por Salvador Enríquez

: editor@noticiasteatrales.es

 

(Teatro breve)

  

Reservados todos los derechos. El autor o su representante legal, la Sociedad General de Autores y Editores de España, son los únicos encargados de autorizar la representación, lectura pública, adaptación o traducción de esta obra.

 Registro Propiedad Intelectual: 16/2014/6884 

Esta obra se dio a conocer públicamente mediante lectura dramatizada en el XV Salón Internacional de Libro Teatral, en el Matadero de Madrid, organizado por la Asociación de Autores de Teatro, el día 31 de octubre de 2014

 

PERSONAJES:

Una mujer (40 años): Beatriz Bergamín

Un hombre (50 años). Manuel Galiana

Dirección: Quino Falero

 

Interior del vagón de un tren de cercanías. Está vacío, sin viajeros. Se oye el ruido de la máquina. Por los altavoces de la estación se deja oír el siguiente mensaje:

VOZ EN OFF.- El tren de cercanías situado en línea dos va a efectuar su salida. (Silbato de la máquina).

UNA MUJER.- (Como si hubiera llegado corriendo, entra precipitadamente y se sienta) ¡Uf! Casi lo pierdo… (En la mano lleva un periódico. Conecta unos auriculares al teléfono móvil para escuchar en la radio el noticiario de la mañana. Nuevamente se oye el silbato del tren, así como el ruido de éste que comienza la marcha).

VOZ EN OFF DE LA RADIO.- Según el gobierno, los contratos de verano y a tiempo parcial extienden la bajada del paro. La temporada turística permitió que el número de desempleados se redujese a más de 29.000 personas en comparación con el mes anterior. En total más de cuatro millones de personas están apuntadas al paro…

(La mujer hace un gesto de incomodidad y fastidio y se retira los auriculares)

UNA MUJER.- ¡Siempre la misma historia! Cuando se acercan las elecciones todo mejora. También podían decir “hasta más de cuatro millones de personas siguen en el paro”... pero no es lo mismo. Mejor no oír todo eso por la mañana, acaba agriándose el café. (Entorna los ojos, se echa hacia atrás en el asiento y trata de relajarse. Al poco los abre y despliega el periódico pasando las páginas nerviosamente).

UN HOMRE.- (Entra y se sienta frente a la mujer. Viste con pulcritud, pero el traje se nota que no es suyo, le queda estrecho. En la mano lleva un portafolios. Se dirige a la mujer) ¡Hola, buenos días!

UNA MUJER.- (Desperezándose con disimulo y plegando el periódico) Eso hace falta, que sean buenos, aunque… no sé qué decirle…

(El hombre musita algo inaudible. Mueve la cabeza como asintiendo, abre el portafolios y observa el interior, lo cierra y mira atentamente a la mujer, que también lo observa con cierta curiosidad).

UN HOMBRE- (Displicente) Un día más… (A la mujer) Dice usted “no sé qué decirle” cuando le doy los buenos días… pues tal vez es que haya poco que decir ¿no? o que no son buenos días, que las cosas no vayan bien…

UNA MUJER.- (Displicente) Bueno, digamos que… van (Sonríe con ironía)

(Hay una larga pausa en los que ambos se miran, se observan, parecen intentar conversar pero ninguno se decide).

UN NOMBRE.- Tal vez sea eso, que no le va bien... como a tantos…

UNA MUJER.- Bueno… yo tengo trabajo… ¿usted no?

UN HOMBRE.- (Con gesto grandilocuente, tan excesivo que se sospecha que miente) ¡Sí, yo también… naturalmente! Un puesto importante en una gran empresa.

UNA MUJER.- Hemos coincidido aquí en el tren, con frecuencia pero nunca nos hemos hablado.

UN HOMBRE.- Sí, yo siempre tomo el de las siete y media. (Pausa) como es tan temprano… uno va aún con sueño y por eso no pasamos de decirnos “hola”. Pienso que a veces viene bien que nos hablemos, que no seamos tan desconocidos, pese a viajar diariamente en el mismo tren y a la misma hora.

UNA MUJER.- Así es, o debería de ser. Pero, como usted dice, uno aún va medio dormido y… nunca se sabe si el otro tiene ganas de hablar. (Pausa) Recuerdo haber estado en una ocasión en un pueblo y, por  las mañanas, en el coche de línea que iba a la capital, todo el mundo hablaba, unos con otros… (Sonríe).

UN HOMBRE.- Los tiempos cambian… y las costumbres… Ya ve, en mi trabajo yo antes tenía un despacho exclusivamente para mí, ahora estoy en una oficina común… eso sí, diferenciando mi categoría por el tipo de mobiliario respecto a los demás empleados, que se note quién es el jefe, pero… (Sonríe sin gana).

UNA MUJER.- (Observándole detenidamente) Yo pensé que no iba al trabajo… (Señalándole el traje) lo digo por su indumentaria… no viste usted muy formal, yo diría (Dudando) que viste “casual” ¿no le llaman así los pijos a esa forma, un poco desenfadada, de vestir?

UN HOMBRE.- (Algo azorado) Es que ayer, anoche, olvidé dejar preparado el traje y por la mañana, para no despertar a mi mujer y a los niños,… me puse lo primero que cogí. Además (Señalándose la ropa) aunque sea un traje viejo, o precisamente por eso, me siento cómodo con él (Ríe sin gana).

UNA MUJER.- (No se cree nada de lo que le dice el hombre) ¡Ya! Será eso… (Señalando el portafolios del hombre) ¿Y ahí lleva todo su trabajo, es que se lleva trabajo a casa?

UN HOMBRE.- (Tratando de eludir la respuesta) Bueno, a veces, si hay algo pendiente me lo llevo a casa; en ocasiones el trabajo lo reviso aquí, en el tren, camino de la oficina. (Señalando el periódico que lleva la mujer) Usted.... parece que prefiere leer el periódico…

UNA MUJER.- Sí, aunque las noticias no sean el mejor estímulo para comenzar la jornada… hay que estar al tanto de todo. A veces entran ganas de no leer nada, de  no oír nada, pero…

UN HOMBRE.- Yo desde hace tiempo no leo la prensa. A lo mejor eso me aísla del mundo y de lo que en él ocurre pero… (En un arranque de sinceridad) ¿Sabe una cosa?

UNA MUJER.- No, dígame.

UN HOMBRE.- Tuve un problema de depresión, hace unos meses. Cualquier noticia negativa me puede afectar. Por eso prefiero mantenerme… digamos en la ignorancia.

UNA MUJER.- ¿Le vio algún médico?

UN HOMBRE.- Sí, estuve yendo a un sicólogo pero… ahí está el mal… sin solucionar del todo. Al final vivo como… aislado.

UNA MUJER.- (Con gran curiosidad. Señalando el portafolios) Y esas tareas que lleva ahí, esos asuntos de su trabajo… ¿no le hacen pensar, ocupar su tiempo… estar en la vida? pues a fin de cuentas… en ella estamos y hay que luchar ¿no cree?

UN HOMBRE.- (Toma el portafolios y lo abre) Nadie lo sabe, sólo yo, pero usted me parece persona en la que se puede confiar. Mire, este es mi trabajo, (Saca del portafolios un bocadillo envuelto en papel de periódico) este es: un bocadillo de queso que me comeré en cualquier parque, en cualquier banco… o en los soportales de la Plaza Mayor.

UNA MUJER.- Entonces… ¿me ha estado mintiendo? Eso de su oficina, de su trabajo, de su importante cargo en una gran empresa…

UN HOMBRE.- (Con cierta indolencia, pero triste) Todo eso que le dije fue, debí hablar en pasado y no en presente. (Pausa) Tengo 59 años y no he vuelto a trabajar desde que perdí mi último empleo, del que le hablé. Cobré la prestación y el subsidio, pero lo perdí hace tres meses y ya no tengo ingresos. He ido a los servicios sociales a pedir el salario social, ese que dicen que dan, pero la comisión no se reúne hasta dentro de unos meses…

UNA MUJER.- (Con gesto de asombro y lástima) Entiendo… lo que ha hecho no ha sido mentir, simplemente por pudor… me contó otra historia. Le comprendo. (Transición) ¿Y su mujer y sus hijos, de los que me hablaba… qué piensan de todo eso?

UN HOMBRE.- Están con los abuelos. Los abuelos cobran una pensión y tienen algunas tierras en el pueblo… lo bastante para subsistir. (Pausa). Antes le dije que esta mañana no quería despertar a mi mujer y a mis hijos… pero le mentí también en eso. Quizá pretendo engañarme a mí mismo…

UNA MUJER.- No se preocupe, le entiendo.

UN HOMBRE.- (Se levanta, va al proscenio y, mirando al público, hace como que mira por la ventanilla) Ahora vengo, voy un momento a… (Sale)

 (La mujer queda sola en el vagón. Hay una larga pausa en la que la mujer pasa nerviosamente las páginas del periódico. Se oye un brusco frenazo del tren y la mujer se sobresalta, va al proscenio y, de cara al público, hace como que mira por la ventanilla. Pone un gesto de horror. Por los altavoces llega el siguiente mensaje):

VOZ EN OFF.- A causa de un accidente, el servicio queda interrumpido. Se reanudará tan pronto los servicios sanitarios estabilicen al herido para su traslado al hospital.

Madrid, agosto de 2014

Salvador Enríquez

E-mail: editor@noticiasteatrales.es

Web: http://salvadorenriquez.galeon.com

 

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