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UN CHALÉ DE CHOCOLATE

de  ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

“UN CHALÉ DE CHOCOLATE”

Farsa en dos actos, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

DOMINGO

LEONCIO

MADRE ANGUSTIAS

TERESA

DOLORES

ALFONSO

SERGIO

RITA

VOZ DE ELLA

ACTO PRIMERO

(Se alza el telón. Lados, público. Sala de una casa. Por la derecha entra DOMINGO. Ochenta y siete años.  Bien conservado. Camina muy mal. Viste correcto. Muy triste. Para sí.)

DOMINGO.-Qué tristeza tan grande. ¡El mundo se ha acabado para mí! Ella se fue y me dejó solo. ¡Hacerme eso a mis ochenta y siete años…! Es poco serio. Si solo tenía ochenta años y parecía una quinceañera. ¡Era todo para ser yo! Estábamos tan bien compenetrados; no podíamos respirar el uno sin el otro. ¡Me ha abandonado para siempre! Y no se fue con otro. ¡Qué va! Era tan virtuosa y abnegada. Bueno con otro… Comportarse así… ¡Se fue con el de la funeraria para siempre! Y yo… No sé lo que es vivir sin ella. La casa es tan grande; es como si me ahogase en un océano de soledad. ¿Vale la pena existir así? Estoy por coger la escopeta y acudir al cementerio. Abriré la lápida y le pegaré el tiro más amoroso del mundo. Después… ¡Yo me dispararé otro! Los dos unidos toda una eternidad. Lo haré. ¡Tengo que decidirme! En realidad… Ella no se ha ido. ¡Vive en mí! La he creado como si hubiese hecho trampas con la muerte. ¡Amor mío! ¿¿Estás ahí??

VOZ DE ELLA.-¡Claro! ¿¿Es que no ves??

(Pone el oído.)

DOMINGO.-¿Cómo dices?

(Alza la voz.)

VOZ DE ELLA.-¡Chico! ¡Cada día estás más sordo! ¡¡Estoy a tu lado!!

DOMINGO.-Antes me decías bellas palabras de amor. Eran tan hermosas…

VOZ DE ELLA.-Te las sigo diciendo, mi sol radiante; pero no las oyes. Siempre espero tu respuesta. ¡Me llenaba tanto…!

(Grita.)

DOMINGO.-¡¡Bellísima!!

(Emocionada.)

VOZ DE ELLA.-¡¡Ay…!! ¡¡Qué galante eres!!

DOMINGO.-Te has olvidado de hacerme la cama.

VOZ DE ELLA.-¡Hombre! Nos acabamos de levantar.

DOMINGO.-Si me sirvieses el desayuno como siempre…

VOZ DE ELLA.-¡¡Qué egoísta eres!! ¡¡Un verdadero inútil!! ¡¡Tienes manos como yo!!

DOMINGO.-Por favor… ¡No te pongas así! ¡Serénate!

VOZ DE ELLA.-¡¡Me dan ganas…!!

(Asustado.)

DOMINGO.-¿¿Qué??

VOZ DE ELLA.-¡¡De marcharme y no volver a verte nunca más!!

(De rodillas y suplicante.)

DOMINGO.-¡¡No!! ¡¡Por favor!! ¡¡No lo hagas!! ¡¡Te desean tanto…!!

VOZ DE ELLA.-Por esta vez…

(Se levanta.)

DOMINGO.-Dame un beso.

(Acción y ruido de beso.)

VOZ DE ELLA.-¿El niño ha quedado a gusto?

DOMINGO.-¡Mucho!

VOZ DE ELLA.-¡No es tan complicado hacerse el desayuno!

DOMINGO.-Aprenderé. ¡Te lo prometo!

(Mutis por la derecha. UN MOMENTO. Vuelve a entrar por el mismo término.)

VOZ DE ELLA.-¿Ves cómo lo has hecho bien?

(Triste.)

DOMINGO.-No sabía tan bien como cuando me lo hacías tú. ¡Me daban ganas de devolver!

VOZ DE ELLA.-No te preocupes. ¡Te atenderé siempre!

DOMINGO.-Te estoy tan agradecido… ¡Tendré que comer! ¿Irás a la compra?

VOZ DE ELLA.-¡Naturalmente!

DOMINGO.-Una mujer como tú… ¡Ya no se encuentra!

VOZ DE ELLA.-Pienso tanto en ellos… ¿Qué es de nuestros hijos?

DOMINGO.-¡Muy amables! ¡Son un tesoro de chicos! Como son cuatro, estaré en cada estación en casa de uno. Y como a ti no te ven. ¡Puedes acompañarme!

VOZ DE ELLA.-¡Encantada! Lo malo son nuestras nueras.

DOMINGO.-Siempre que vienen, las veo una delicia.

VOZ DE ELLA.-¡¡De visita!!

DOMINGO.-No exageres. Iré a preparar la maleta. ¡No te vayas!

(Mutis por la derecha.)

VOZ DE ELLA.-¡Soy inmensamente feliz a tu lado!

(Suena el timbre de la puerta de la calle. La puerta izquierda se abre sola. Está LEONCIO. Sesenta años. Fuerte. Alto y serio. Viste de negro. Confuso.)

LEONCIO.-Se abre sola la puerta de la calle…

VOZ DE ELLA.-¿Viene usted a preguntar por don Domingo?

LEONCIO.-Sí…

VOZ DE ELLA.-Pase, pase. Como si estuviese usted en su casa.

LEONCIO.-Muchísimas gracias. Es usted muy atenta.

VOZ DE ELLA.-Agradezco inmensamente sus palabras.

(Asombrado.)

LEONCIO.-Usted me habla y no la veo. ¿Se esconde y lo pasa bien así?

VOZ DE ELLA.-Yo… ¡No existo!

LEONCIO.-¡¡Pero…!!

VOZ DE ELLA.-En vida, era la mujer de don Domingo. ¿Lo ve más claro ahora?

LEONCIO.-La verdad… Perdone mi torpeza… ¡No!

VOZ DE ELLA.-Y como mi marido me creó para no sentirse solo… ¿Lo va comprendiendo?

LEONCIO.-¡Completamente! ¡Es algo muy normal! Él, usted… ¡De lo más sencillo!

(PAUSA.)

VOZ DE ELLA.-Así que desea hablar usted con mi marido…

LEONCIO.-Si hace el favor de llamarle…

(Por la derecha entra DOMINGO con la maleta y la deja en el suelo.)

DOMINGO.-Cariño, ya tengo la maleta preparada para cuando me llame un hijo para vivir con él.

VOZ DE ELLA.-¡Ideal!

DOMINGO.-¿Y este señor…?

VOZ DE ELLA.-No sé. Acaba de llegar. Y como desea hablar contigo…

(Le extiende la mano.)

LEONCIO.-Don Domingo. Me llamo Leoncio.

DOMINGO.-Encantado. Aquí mi señora esposa…

LEONCIO.-Ya nos conocemos.

VOZ DE ELLA.-Y sabe, querido, nuestra situación.

DOMINGO.-Perdone, don Leoncio, que no me extienda mucho con usted. Estoy esperando a uno de mis hijos para ir a vivir un trimestre con él.

LEONCIO.-Precisamente, vengo de hablar con sus maravillosos hijos.

DOMINGO.-¿Y qué le dijeron?

VOZ DE ELLA.-¡Cuente! ¡Cuente!

LEONCIO.-Los pobres están tan ocupados con sus distinguidos trabajos.

DOMINGO.-Siempre nos hemos sacrificado por sus estudios.

VOZ DE ELLA.-Si supiese usted las privaciones que hemos tenido por ellos.

LEONCIO.-Tienen tantos problemas, don Domingo. Ellos desearían tratarlo de lo mejor; dar la vida, si es preciso, por usted. Pero… ¡Les falta tiempo!

DOMINGO.-Lo que menos esperaba…

VOZ DE ELLA.-¡No hay derecho!

LEONCIO.-Señor… Usted disfruta de una buena pensión, vive solo sin tener que preocuparse por nadie.

VOZ DE ELLA.-¡Que se cree usted eso!

DOMINGO.-Desgraciadamente, tienen que preocuparse por mí.

LEONCIO.-Ellos, que son muy humanos y tienen muchos compromisos sociales, desean para usted lo mejor. Vinieron a hablar conmigo. Soy el encargado de la “Residencia el último suspiro”. ¿Dónde estará mejor que en ella? Tan elegante, tan moderna, tan llena de afecto. ¡Es como un chalé de chocolate!

(Indignada.)

VOZ DE ELLA.-¡¡Qué barbaridad!!

DOMINGO.-¿Y mis hijos? No me dijeron nada. ¿Por qué no hablaron antes conmigo?

LEONCIO.-Tienen una buena posición. Trate de comprenderlo. Les da vergüenza que sus selectas amistades vean cómo dejan a su padre en buen asilo.

(Decididos.)

VOZ DE ELLA.-¡¡No aguanto más su presencia!!

DOMINGO.-¡¡Márchese inmediatamente de mi casa!!

LEONCIO.-Mi obligación es llevarlo.

DOMINGO.-¡¡No lo consistiré!!

VOZ DE ELLA.-¡¡Antes pasará por encima de mi cadáver!!

(Se acerca  enérgico y lo coge.)

LEONCIO.-¡¡Lo llevaré a la fuerza!!

(Se suelta.)

DOMINGO.-¡¡Nunca!! ¡¡Olvídese de mí!!

(Mutis rápido por la derecha.)

VOZ DE ELLA.-¡¡No puede comportarse así!!

LEONCIO.-Señora… ¡Lo hago por el bien del que fuera su marido!

VOZ DE ELLA.-¡¡Soy una esposa enamorada!! ¡¡No nos hemos divorciado!!

(Entra, rápido y furioso, DOMINGO. Trae una escopeta en la mano.)

DOMINGO.-¿¿Quién?? ¿¿Quién es el que me quiere llevar a un asilo??

(Asustado.)

LEONCIO.-Por favor… Don Domingo… Deje usted el fusil… ¡No me mate usted!

VOZ DE ELLA.-¡Dispara bien y quítale una oreja!

(Le apunta.)

DOMINGO.-¡Abandone inmediatamente mi hogar o le pego un tiro!

VOZ DE ELLA.-¡¡Obedezca!!

LEONCIO.-¡No lo haga! ¡No puedo desertar de mi trabajo! ¡Por el alma de su difunta esposa!

VOZ DE ELLA.-¡¡Sin insultar, eh!!

(Lleva desolado las manos a la cara.)

LEONCIO.-¡¡No!!

VOZ DE ELLA.-Apunten… Fuego… ¡Ya!

(Derrotado.)

LEONCIO.-¡Apiádese de mí!

DOMINGO.-¡¡Jamás!!

(Va a disparar y se inhibe.)

Yo…

(Preocupada.)

VOZ DE ELLA.-¿Qué… te… sucede?

(Confuso.)

LEONCIO.-¿Se encuentra usted mal, don Domingo?

(Llora.)

DOMINGO.-No sé; me tiembla el pulso. No valgo para esto. ¡No es lo mío! Nunca me han enseñado a matar. ¡Y aprender a hacerlo a mis años…!

(Tranquilo.)

LEONCIO.-Me agrada oírle hablar sensatamente. A su edad con armas de fuego… ¡Le quitan la licencia!

VOZ DE ELLA.-Mi vida… Si no tienes valor… ¡No es tanta cosa!

DOMINGO.-Es tan importante dormir con la conciencia tranquila.

(Coge rápido el fusil.)

LEONCIO.-¡No jugará más con las cosas de matar!

(Sorprendidos.)

DOMINGO.-¿Qué hace?

VOZ DE ELLA.-¡Es nuestro!

(Le apunta tranquilo.)

LEONCIO.-¡¡Manos arriba, don Domingo!!

(Las levanta rápido y nervioso.)

DOMINGO.-¡Lo que usted ordene, don Leoncio!

VOZ DE ELLA.-¡¡Ventajista!!

(Abre la puerta sin dejar de apuntarle.)

LEONCIO.-¡Siga así y adelante!

(Temeroso.)

DOMINGO.-¿Adónde me lleva?

LEONCIO.-¡¡Al asilo!!

(Mutis de los dos por la izquierda, dejando la puerta abierta.)

VOZ DE ELLA.-Con todo esto tan apresurado… ¡Dejó la maleta! Tendré que llevársela.

(La maleta vuela y sale por la izquierda. Se cierra sola puerta.

OSCURO

(Luz. Salón de la residencia. Por el foro entra MADRE ANGUSTIAS. Treinta años. Alta y atractiva. Dulce y muy agradable. Viste un elegante hábito de monja blanco. Va al centro del escenario y se dirige al frente.)

 MADRE ANGUSTIAS.-Fui una chica muy alegre y divertida. ¡Qué bien lo he pasado! Desde niña, mi gran vocación fue el teatro. ¡Me gustaba tanto…! Deseaba vivir en él como si fuese mi propia casa. Quería ser una gran actriz. Pronto entré en una compañía. Modestia aparte, era guapa y atractiva; tenía todas las condiciones para triunfar y el éxito llegó enseguida. No; no fue la vocación que entró en mí y acabé en un convento. Interpretaba “Angustias de ancianos”. El mundo de los pobres viejos abandonados en un asilo. Sus problemas, discapacidades, el dolor de ellos, la falta de solidaridad de sus hijos, su soledad infinita. Los que esperan, en el corredor de la muerte, su turno para dejar la existencia y hacer su último mutis por un foro sin luz. La función había terminado aquella tarde. Todos los intérpretes quitaron sus maquillajes y se fueron a vivir su propia existencia. Iba a hacerlo también y no podía. Había algo dentro de mí que me impedía dejar lo que era. ¿Qué me sucedía? ¡Me había convertido en un personaje! ¡La Madre Angustias que no deseaba salir del texto! ¡Interpretarlo en la realidad! Y en este asilo entré a seguir dando vida, función tras función, a la actriz de ayer, de hoy y de mañana.

(Enciende un cigarrillo.)

Soy la misma del teatro e idéntica a los problemas que me gustaban ayudar. ¡El mundo es tan cruel! Necesita que aportemos y demos nuestra vida por hacer dichosos a los necesitados de afecto y no hundidos por la desesperanza y el dolor. ¡Se siente una tan feliz haciendo el bien…! Se puede conseguir sin cilicios ni oraciones. Me ven una monja moderna, como era en mi papel, y todos me respetan lo mismo que a una religiosa de verdad. ¡Soy dichosa haciendo dichosos a todos!

(Apaga el cigarrillo. Por la derecha entra TERESA. Ochenta y tres años. Usa gafas. Camina insegura y con dificultad. Viste como una joven exageradamente moderna. Muy soñadora. Estatura normal, seria y presumida.)

TERESA.-Buenos días, Madre Angustias.

MADRE ANGUSTIAS.-Buenos días nos dé Dios.

(Triste.)

TERESA-¡No se vaya!

MADRE ANGUSTIAS.-Si estoy aquí.

TERESA.-Siempre me hace lo mismo. ¡Hace más de una semana que no la veo! Y me agrada tanto estar con usted.

MADRE ANGUSTIAS.-No te fijarías bien.

TERESA.-Esta vista mía… Me sucede con todo. Es como si la vida me castigase, encerrando en un cuarto oscuro.

MADRE ANGUSTIAS.-Al principio me distinguiste.

(Contenta.)

TERESA.-¡Eso sí!

MADRE ANGUSTIAS.-No te preocupes. Si sigues el tratamiento del oftalmólogo, te volverá la visión.

TERESA.-Tengo miedo a quedarme ciega.

MADRE ANGUSTIAS.-¡No pienses en eso!

TERESA.-Los ciegos no ven a Dios.

MADRE ANGUSTIAS.-A Dios, como nos enseñaron, se ve siempre con los ojos cerrados.

(PAUSA.)

TERESA.-Estoy tan ilusionada…

MADRE ANGUSTIAS.-¿Qué te ocurre?

(Entusiasmada.)

TERESA.-¡Tengo enfrente de mi habitación y en la otra casa…!

MADRE ANGUSTIAS.-¿Qué…?

TERESA.-¡Al hombre de mi vida!

(La besa contenta en las mejillas.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡¡Enhorabuena, Teresa!!

TERESA.-¡¡Muchísimas gracias, Madre Angustias!!

MADRE ANGUSTIAS.-¿Ves cómo siempre aparece lo que se busca?

TERESA.-¡Al fin lo he encontrado! ¡Me ha llevado tantísimo tiempo!

MADRE ANGUSTIAS.-¿Es guapo?

TERESA.-¡¡No se lo puede usted imaginar!!

(Emocionada.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Qué buena vista tienes para eso!

TERESA.-¡Una no se queja! Tengo un catalejo en tres dimensiones…

MADRE ANGUSTIAS.-Eres de un voyeurismo…

TERESA.-¡Hago lo que puedo! Y es tan educado…

MADRE ANGUSTIAS.-¡Ah! ¿Lo tratas?

TERESA.-Como entra y sale con frecuencia de su casa…

MADRE ANGUSTIAS.-Entonces… ¡Lo tienes más fácil!

TERESA.-¡Efectivamente! Una vez le dije: ¡Hola, encanto!

MADRE ANGUSTIAS.-¡Muy bien! ¿Qué te contestó?

TERESA.-¡Gracias, princesa!

MADRE ANGUSTIAS.-¡Oh!

TERESA.-¡En mi vida lo he pensado! Llamarme princesa. ¡Es como un cuento de hadas!

MADRE ANGUSTIAS.-¿Es joven?

TERESA.-Como unos treinta años.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Puede crecer!

TERESA.-¡Eso pienso! Y así… ¡Hacemos muy buena pareja!

MADRE ANGUSTIAS.-Además, hoy en día, no importa la edad para el amor.

TERESA.-Afortunadamente, se han acabado los tiempos en que nosotras teníamos que casarnos con un señor que podría ser nuestro bisabuelo.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Cuánto machismo! 

TERESA.-Actualmente, que le lleves medio siglo a tu pretendiente… ¡Es la cosa más natural!

MADRE ANGUSTIAS.-¡Sin lugar a dudas!

(PAUSA.)

TERESA.-A mí… ¡Me parece un gran seductor!

(Ilusionada.)

MADRE ANGUSTIAS.-¿¿De verdad??

TERESA.-La otra noche cantaba: “Rosita, sal al balcón”.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Te dio una serenata!

TERESA.-Me desperté y me asomé rápida en camisón. Quedé extasiada, durante un instante, con las manos sobre mi pecho. ¡¡Que me llamo Teresa!!

MADRE ANGUSTIAS.-¡Muy bien dicho! Como no sabe tu nombre…

TERESA.-El chico, que miraba para la casa de enfrente, me contempló y me dijo suavemente: Usted perdone. Y entró en su casa.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Estaría su hermana!

TERESA.-No sé. Ay, aquel usted perdone; tratarme con tanto respeto… ¡Es para concebir ilusiones! Cómo me considera.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Todo un caballero!

TERESA.-Es tan sociable… ¡Y su familia debe de ser tan afectuosa…! Son tantas. ¡Un matriarcado! Se llevan todas tan bien con él. ¡Son tan cariñosas! Besos, abrazos. ¡El delirio!

MADRE ANGUSTIAS.-No hay nada tan virtuoso como un hogar de seres queridos.

TERESA.-Al principio, tenía celos. Como se lo digo: ¡No lo dejaban!

MADRE ANGUSTIAS.-Es natural tu sentimiento. Yo sería igual.

TERESA.-¿Verdad que sí? Después fui comprendiendo las buenas costumbres de esa gran familia. ¡Son admirables!

MADRE ANGUSTIAS.-¡Eso parece! Y en estos tiempos tan pecaminosos…

TERESA.-Veo bien, y nunca mejor dicho, que sean tan honestos; pero tantas mujeres… ¡Que no paso por eso, Madre Angustias! Dirá que soy una mujer absorbente, pero si él y yo llegamos a algo serio. ¡Debe ser solo para mí! Eso sí, tengo mis principios, debe llevarse bien con todas, pero cada pareja bajo su propio tejado.

MADRE ANGUSTIAS.-Es lo que procede, hija mía.

(PAUSA.)

TERESA.-¡Me tiene totalmente loca!

MADRE ANGUSTIAS.-Con calma, mujer. ¡Todo llegará!

TERESA.-Soy tan apasionada.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Modérate!

TERESA.-¡No puedo vivir sin él!

MADRE ANGUSTIAS.-Él aparecerá cabalgando en su caballo blanco. Bajará de él y lo aparcará aquí. Se acercará a ti y exclamará: ¡Princesa mía!

TERESA.-Yo le responderé: ¡Te aguardaba desde hace tiempo! Si llegas a tardar más, nos vemos en mi velatorio.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Qué romántico!

(Decidida.)

TERESA.-¡Yo no estoy, Madre, en edad de perder el tiempo! No estaría mal, por ejemplo, hacer una cosa usted y yo.

MADRE ANGUSTIAS.-¿Cuál, Teresa?

TERESA.-Presentarnos, ahora mismo, las dos en esa casa.

(Se santigua.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Ave María Purísima!

TERESA.-Es algo natural, no veo ningún problema; somos vecinos. Si ellos juegan, lo hacemos con todos. ¡Es una forma de presentarse en la buena sociedad! El principio de conocernos para más adelante… ¡Vestirme de novia!

MADRE ANGUSTIAS.-No lo tomes a mal, pero eso me parece algo precipitado. De momento, intenta conocerlo; que sepa tus buenas intenciones. Más adelante…

TERESA.-¿Lo traeremos aquí con su familia o me acompañará a su vivienda para que le pida mi mano? ¡No tengo a nadie en el mundo!

MADRE ANGUSTIAS.-¡Cuenta conmigo!

(Feliz.)

TERESA.-¡Esto es maravilloso!

(Mutis de las dos por el foro. Por la izquierda entran DOLORES y ALFONSO.  Ella, ochenta  y seis años. Fue agraciada. Amable. Viste normal. Está en una silla de ruedas. Él, ochenta y cinco años. Muy bien conservado. Viste elegante. Enormemente presumido. Mueve constantemente las manos por la enfermedad de Parkinson. Al mismo tiempo, por la derecha entran SERGIO y RITA. Él, ochenta y cuatro años. Una mirada como si habitase fuera del mundo. Viste abandonado; apenas conversa. Camina con mucha dificultad sobre dos bastones. Padece la enfermedad de Alzheimer. Ella, setenta y dos años. Alta, guapa, atractiva. Muy sociable. Viste distinguida. Las parejas hablan entre ellos y ajenos de la otra pareja. PAUSA.)

DOLORES.-¡Esto de estar un día y otro sentada en una silla de ruedas…! ¡Es aburridísimo! Si me dejasen caminar una vez a la semana… ¡No es mucho pedir, Alfonso!

ALFONSO.-No acabas de acostumbrarte, Dolores. ¡Eres una privilegiada! Peor es mi Parkinson que me impide acariciar a mis numerosas admiradoras.

(Siguen hablando.)

SERGIO.-Con esta enfermedad, pienso que algo ha cambiado en mí. ¡Me siento distinto! Ahora no recuerdo como le llaman a este mal. Igual no lo bautizaron.

RITA.-¡Alzheimer, Sergio! Debes apuntarlo; activar tu mente. No dejar que se seque tu cerebro. ¡Te lo he explicado millones de veces!

(Siguen hablando.)

ALFONSO.-¿Por qué te entristeces? ¡Eres mi esposa y te soy fiel! No ando detrás de ninguna de las que saben andar. ¡Son ellas las que me persiguen y, como comprenderás, no voy a hacerles un desprecio.

DOLORES.-Siempre, siempre lo mismo. ¡No haces más que presumir! Estarías mejor atado en una silla como la mía. Así no darías malos pasos. ¡Y deja de mover las manos que me pones nerviosa!

RITA.-Me llamo Rita, cielo. La mujer con la que te casaste, hace muchos años, y fuimos muy felices. ¡Qué bonita fue nuestra boda! Bailabas tan bien el vals. Y nuestra noche de bodas… ¡Eso no se olvida nunca!

SERGIO.-Dice usted unas cosas… Siempre está a mi lado sin habernos presentado nadie. ¡Eso es de mala educación! Inventa nada más que mentiras. ¿Decir que usted se casó conmigo? No tengo tan mal gusto.

(Siguen hablando.)

DOLORES.-¿Qué será de nuestra hija?

ALFONSO.-¡Eso es lo que me gustaría preguntarte!

(Siguen hablando.)

SERGIO.-¿Qué usted y yo hemos tenido un hijo? ¡No es cierto!

RITA.-Cariño… ¡Por una vez funciona bien tu memoria!

(Las parejas se miran.)

DOLORES.-Si están ahí…

RITA.-No os veía…

ALFONSO.-Un día más en esta cárcel.

SERGIO.-¡Respéteme! Yo no tengo antecedentes penales.

(Las parejas avanzan hacia el centro.)

DOLORES.-Buenos días, chicos.

RITA.-¿Qué tal habéis descansado?

ALFONSO.-Muy bien. ¿Y vosotros?

SERGIO.-¿Son ustedes extranjeros?

RITA.-Hablaste ayer con ellos, Sergio. Se llaman Dolores y Alfonso.

SERGIO.-¡Mejor que sean de aquí! Como me he olvidado de hablar idiomas.

DOLORES.-¡Qué paciencia, Rita!

RITA.-Dolores… ¡No lo sabes bien!

(Va hasta Alfonso.)

SERGIO.-Usted mueve mucho las manos. ¿Trabaja usted en un circo?

ALFONSO.-Y unos ensayos tan duros… ¿Te imaginas alzar y coger seis aros al mismo tiempo?

DOLORES.-¡No te burles, Alfonso!

RITA.-¡Mujer! No lo ha molestado.

(Va hasta Dolores.)

SERGIO.-¿Y usted por qué está en una silla de ruedas? ¡Puede coger el vicio! ¿Es que se olvidó de caminar?

RITA.-¡Sé prudente, Sergio!

ALFONSO.-¡No tiene importancia!

DOLORES.-Mis piernas, Sergio, se fueron durmiendo y se niegan a despertar. ¡Por más que les grito…!

ALFONSO.-Menos mal que yo puedo moverla…

(Coge la silla de ruedas y, al empujarla, sus manos  la mueven mucho sin avanzar. Enérgica.)

DOLORES.-¡Déjame, Alfonso!

(La deja.)

SERGIO.-Usted no sabe. ¡Déjeme a mí!

(Coge la silla de ruedas, avanza rápido y tropieza con RITA que se agarra en Dolores. Molesta.)

DOLORES.-¡¡Por favor!!

(RITA retrocede. Se levanta y camina indignada.)

¿¿Es que os he tocado a todos en una tómbola?? ¡¡Un poco de seriedad!! ¡¡No soy un juguete!!

RITA.-Perdona, Dolores.

ALFONSO.-No te pongas así. Yo quería, pero mis manos…

SERGIO.-¡¡Ahora anda!!

(Dolores se sienta en la silla y queda como antes.)

DOLORES.-¡Sufre alucinaciones! Con lo que desearía sacar el carné de peatón.

(Le da un libro que coge.)

RITA.-Toma, Sergio, la novela que estabas leyendo. Después comentaremos lo interesante que es.

SERGIO.-Está bien, señora. ¡Me fascina la lectura! Es usted muy amable. Me resulta un rostro conocido. ¿Verdad?

RITA.-¡Claro! Lo tuyo siempre han sido los libros. ¡Devorabas la inmensa biblioteca que tenías en casa!

SERGIO.-¡No creo! Jamás puse un libro en un plato, até la servilleta y utilicé el cuchillo y el tenedor.

ALFONSO.-¡Y lo que has estudiado, Sergio! ¡Era lo tuyo! ¿Siete por siete?

SERGIO.-En este momento… Señor, me hace usted unas preguntas tan difíciles… ¡Soy un principiante!

DOLORES.-Lo que estudiaste día y noche hasta ser el número uno en las oposiciones a registros.

SERGIO.-¿¿Yo?? ¡Me está usted confundiendo!

(Se sienta en una silla y abre el libro.)

RITA.-¡Sergio!

(Extrañado.)

SERGIO.-¿Habla usted conmigo?

RITA.-¡Has abierto el libro al revés!

(Lo coloca bien.

SERGIO.-Como no estoy habituado…

(Pasa rápido las páginas. Para sí.)

Esta cosa…

(Intrigados y él ajeno a todos.)

ALFONSO.-¿Qué te sucede, Sergio?

DOLORES.-¿Tienes algún problema?

RITA.-¡Tiene todas las páginas en blanco!

(Los demás se miran comprensivos. Mueve la cabeza. Voz baja.)

Imposible…

SERGIO.-Pero me gusta, me gusta así. ¡Qué gran escritor! Qué bien… Cómo redacta… ¡El mejor!

(Queda dormido con el libro en la mano. Se miran tristes.)

RITA.-¡Nada!

ALFONSO.-La realidad…

DOLORES.-¡No hay otra!

(Va contento y seductor a Rita.)

ALFONSO.-¿Qué cuentas?

(Seria.)

RITA.-Ya ves.

(Mueve muy rápido las manos.)

ALFONSO.-¡Estas manos…!

RITA.-Debes tener resignación.

DOLORES.-Todos la necesitamos tanto.

(Sus manos tropiezan con las nalgas de Rita. Incomodada.)

RITA.-¡Me ha tocado las nalgas!

(DOLORES se aproxima furiosa.)

DOLORES.-¿Qué le has hecho?

ALFONSO.-¿Yo? Nada. Soy inocente. ¡Ha sido la enfermedad!

(Comprensivas.)

RITA.-Por esta vez…

DOLORES.-Pero procura no repetirlo.

ALFONSO.-¡Os prometo hacer todo lo posible!

(Sus manos tropiezan con los pechos de Rita.)

RITA.-¡¡Me ha tocado los pechos!!

(Ellas reaccionan irascibles.)

DOLORES.-¿¿Otra vez, desgraciado??

RITA.-¡¡Llamo a mi marido!!

(Le coge el libro, lo despierta y levanta.)

Amor, Alfonso me toca. ¡No puedes consentirlo! ¡¡Compórtate como un hombre!!

DOLORES.-¡¡Esto es una vergüenza!! ¡¡Vas a conocerme!!

ALFONSO.-¡¡Díselo a la enfermedad!!

SERGIO.-¿Qué tengo que ver con eso?

RITA.-Al parecer… ¡Nada!

(Mutis rápido de ALFONSO y DOLORES por la izquierda y SERGIO y RITA por la derecha. Por el foro entra extasiada TERESA. Para sí.)

TERESA.-Qué tarde tan preciosa. Esto es como vivir en la gloria. El sol nos quiere dejar mientras sus rayos van perdiendo la fuerza de antes.

(Va bajando la luz.)

¡Me gusta este momento! Es como si mis sentimientos se abriesen al mundo para mostrar la hermosa figura de la que un día llegará a buscarme. Él, estoy segura, se olvidará de todas las chicas de su gran familia y pensará únicamente en el amor que acaba de nacer  dentro de él. Deseará que sea su esposa, formar los dos un hogar, tener hijos. ¡Es tan tímido y no se atreve a dar ese paso! Me dedicará una serenata y yo fingiré que estoy molesta por despertarme. ¡Haga usted el favor! ¡La gente de buenos principios está durmiendo! ¡Me ha despertado! Me pedirá perdón. ¿Cómo te llamas? Le responderé tierna: Teresa. Exclamará: Teresa, amor mío, vives en un palacio. Sí, tan hermoso. Desde la primera vez que mis ojos te vieron, deseo estar a tu lado. Escalaré hasta conseguirlo. ¡No, puedes despertar a mis abuelos! En ese caso, tírate y te cogeré en mis brazos. ¡Te llevaré a mi vivienda! Está enfrente de aquí. Y yo, vencida por sus seductoras palabras, me tiraré por la ventana y él me abrazará con todas sus fuerzas mientras me dice: Me gusta que estés en camisón. Y una, haciéndose la ingenua, le dirá suavemente: ¡Sinvergüenza!

(Mutis soñadora por la derecha. Por el foro entra MADRE ANGUSTIAS. Pasea por el ancho de la escena. Para sí.)

MADRE ANGUSTIAS.-Mi vocación teatral nunca terminará en la representación de mi papel. ¡No lo cambio por ninguno! ¡Me hace ser una misma! Parece…

(Mira hacia atrás y entra DOMINGO con los brazos en alto. Le sigue LEONCIO sin la escopeta.)

LEONCIO.-Aquí está el nuevo habitante, Madre Angustias. Es un señor muy educado.

MADRE ANGUSTIAS.-¿Cómo te llamas, hijo?

DOMINGO.-Domingo.

MADRE ANGUSTIAS.-Un nombre muy bonito como tú.

DOMINGO.-Muy amable, señorita.

MADRE ANGUSTIAS.-Llámame Madre Angustias.

DOMINGO.-Como usted desee, Madre Angustias.

MADRE ANGUSTIAS.-¿Y esas manos en alto? Es como si llegases hasta tu nueva casa como un prisionero y aquí encontrarás la libertad. Bájalas, por favor.

DOMINGO.-Lo que usted ordene.

LEONCIO.-Es lo que le decía yo, pero como tenía miedo…

MADRE ANGUSTIAS.-Les sucede a todos.

(Le extiende la mano.)

¡Bienvenido, Domingo!

(Se la estrecha.)

DOMINGO.-Bien hallada, Madre Angustias.

LEONCIO.-¡No! Es para besarla.

MADRE ANGUSTIAS.-Soy una religiosa.

(Se la besa.)

DOMINGO.-Perdone, Madre.

MADRE ANGUSTIAS.-Al principio… Es natural.

(Abstraído.)

DOMINGO.-¡Cariño mío!

(Sorprendida.)

MADRE ANGUSTIAS.-¿¿Cómo??

LEONCIO.-No es a usted, Madre Angustias.

MADRE ANGUSTIAS.-Pues… ¿A ti?

LEONCIO.-Habla con su mujer.

MADRE ANGUSTIAS.-¡No la veo! ¿También viene a quedarse?

VOZ DE ELLA.-Mi marido, Madre Angustias, no puede vivir sin mí.

MADRE ANGUSTIAS.-Como debe ser, hija. Si todas las parejas obrasen así…

(Extrañada.)

¿Dónde estás que no te veo?

VOZ DE ELLA.-Si lo supiese yo…

MADRE ANGUSTIAS.-Esas bromas…

DOMINGO.-¡Es mi difunta esposa!

(Comprendiendo.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Muy bien, abnegada señora! Siendo así…

VOZ DE ELLA.-Es usted muy comprensiva, Madre Angustias.

LEONCIO.-Con permiso…

(Mutis por el foro.)

DOMINGO.-¿Qué te parece?

VOZ DE ELLA.-¡Me gusta! Es un lugar muy acogedor.

DOMINGO.-Y estando tú siempre a mi lado. ¿Le podemos pedir más a la vida?

VOZ DE ELLA.-Entiendo que no.

MADRE ANGUSTIAS.-No os podéis imaginar lo que os agradezco vuestras palabras.

DOMINGO.-Usted las merece, Madre Angustias.

VOZ DE ELLA.-Madre Angustias, es un placer vivir con usted.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Muchísimas gracias, hijos! ¿Y cómo ha comenzado vuestro segundo matrimonio?

VOZ DE ELLA.-¡Era pesadísimo!

DOMINGO.-Tanto como eso… Te extrañaba tanto… ¡Quería ir a buscarte!

VOZ DE ELLA.-Y antes de que hiciese una locura y perderlo para siempre, ¡decidí entrar en su vida!

DOMINGO.-Y yo que pensaba que te había creado…

VOZ DE ELLA.-Es posible, pero al conocer tu tristeza… ¡Los muertos tenemos corazón!

DOMINGO.-¡El tuyo es tan grande! ¡No sé cómo cupo en tu caja!

(PAUSA.)

VOZ DE ELLA.-Es cierto que hay algunos que nos matan.

MADRE ANGUSTIAS.-Mujer…

DOMINGO.-¡Yo nunca lo haré!

VOZ DE ELLA.-Pero la mayoría… ¡No sabe vivir sin nosotras!

MADRE ANGUSTIAS.-Aunque nos queda tanto que alcanzar…

 

(Baja la luz. Por la izquierda entran SERGIO, RITA y TERESA al mismo tiempo que por derecha lo hacen ALFONSO y DOLORES.)

Hijos, os voy a presentar al nuevo huésped. Se llama Domingo y viene con su adorable muerta. Aquí Rita, Teresa, Dolores, Sergio y Alfonso.

(Mutis por el foro. Ellos le estrechan la mano y ellas lo besan, simulando todos hacerlo con la muerta.)

ALFONSO.-Perdona que no os pueda darte bien la mano.

DOMINGO.-Tranquilo, Alfonso, hombre.

VOZ DE ELLA.-Encantada, Alfonso.

SERGIO.-Yo a usted no lo conozco y a su cadáver menos.

DOMINGO.-Mucho gusto, Sergio.

VOZ DE ELLA.-Sergio, es un placer.

TERESA.-¡Qué guapa, chica! Me alegro de conocerte, Domingo.

DOMINGO.-Qué bella eres, Teresa.

VOZ DE ELLA.-¡Y tanto! Espero ser tu amiga.

DOLORES.-¡Muy lucida, niña! ¿Qué tal estás?

DOMINGO.-Toda una señora en su trono, Dolores.

VOZ DE ELLA.-Dolores, eres una preciosidad.

RITA.-¡Lindísima! ¡Qué buena pareja hacéis!

DOMINGO.-Querida Rita… ¡No tanto como vosotros!

VOZ DE ELLA.-¡Toda una miss, Rita!

(Va bajando la luz. Por el foro entra MADRE ANGUSTIAS y da palmas.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Hijos, la cena está servida!

(Mutis por el foro. Van rápidos y contentos hacia este término.)

DOMINGO.-¿Qué dice?

VOZ DE ELLA.-Es la hora de cenar. ¡Vamos!

DOLORES.-¡Tengo un apetito!

TERESA.-Hoy habrá… ¡Que lo vea bien!

ALFONSO.-Me es tan difícil utilizar los cubiertos.

RITA.-¡Me encanta este momento!

SERGIO.-¿Adónde me obligan a ir?

(Mutis de todos por el foro. Por este término, entra LEONCIO. Empuja dos camas de ruedas y las deja en el lateral izquierdo. Mutis por el foro. Entra nuevamente por este término y trae otras dos camas de ruedas que deja en el lateral derecho. Mutis por el foro. Baja la luz. Entran los asilados. Ellas visten en camisón y ellos en pijama. Los colores de ambos son los de un presidiario. Se acuestan en las camas. DOLORES, con la ayuda de ALFONSO, ocupan la primera de la izquierda. SERGIO, con la ayuda de RITA, la primera de la derecha. DOMINGO la segunda izquierda y TERESA la segunda derecha.)

ALFONSO.-Un día menos en este presidio.

DOLORES.-Y nunca peor.

RITA.-Duerme, Sergio.

SERGIO.-¿Para qué voy a estar despierto?

DOMINGO.-Es mi primera noche.

VOZ DE ELLA.-No pienses en eso.

TERESA.-Es mejor soñar.

(Por el foro entra MADRE ANGUSTIAS.)

MADRE ANGUSTIAS.-Buenas noches, hijos míos.

LOS DEMÁS.-Buenas noches, Madre Angustias.

(Mutis por el foro de MADRE ANGUSTIAS. Penumbra. Bostezos. Quedan dormidos. Voces bajas.)

DOMINGO.-Si estuviésemos solos en un hotel…

VOZ DE ELLA.-Domingo… Presumir ahora después de tanto tiempo…

(Quedan dormidos. Para sí.)

TERESA.-Me he despertado. ¡Tengo miedo! Pienso cuando era niña. Me desvelaba nerviosa como si despertase de una pesadilla. ¡Papá! ¡Papá! No puedo dormir. Él se acostaba conmigo y me tranquilizaba. Me contaba un cuento y me quedaba felizmente dormida. Ahora…

(Suena fuerte el tictac de un reloj.)

Me martirizan los oídos el sonido incesante de un maldito reloj. ¡Es como si se clavase en mi pecho!

(Por el foro entra LEONCIO. Representa un anciano y viste un lujoso pijama. Va hasta ella. Cesa el tictac. Voces muy bajas.)

LEONCIO.-¿Qué te pasa, Teresita?

TERESA.-Tengo miedo, papá. Dormía tan bien… Tuve un sueño tan extraño… Me desvelé. Estoy temblando.

LEONCIO.-¿Cuál fue el sueño, mi niña linda?

TERESA.-Me da una vergüenza contarlo… ¡Una tontería!

LEONCIO.-Dímelo. Ya verás cómo te tranquilizas.

TERESA.-Estaba estropeado el ascensor. Bajaba alegre las escaleras. En el portal estaba…

LEONCIO.-¿Quién?

TERESA.-¡Un chico mayor que quería agarrarme!  Escapé de él y… ¡Ay! Me caí en un pozo.

LEONCIO.-Todos tenemos pesadillas sin importancia. Son tan absurdas.

TERESA.-Pero dejan a una…

(Se acuesta con ella.)

LEONCIO.-Pronto te tranquilizarás.

TERESA.-Si no fuera por ti…

LEONCIO.-Caperucita Roja iba a llevarle la comida a su abuelita. Cantaba por el bosque: Ya no temo al lobo feroz, lo llevaron a enterrar…

TERESA.-¡Qué bonito!

(Queda dormida. LEONCIO sale de la cama y hace mutis por el foro. ALFONSO se levanta, coge dormido a SERGIO en brazos y lo deja al lado de Dolores y lo tapa. Se acuesta al lado de Rita, se tapa y queda dormido. UN MOMENTO. Voces bajas y somnolientas. A Dolores.)

SERGIO.-Tenía que decirte…

DOLORES.-¿Qué, mi amor?

ALFONSO.-¡Me gustas tanto!

RITA.-Déjame dormir.

SERGIO.-Ya no me acuerdo.

(Coqueta.)

DOLORES.-¿De verdad…?

ALFONSO.-¡Ven a mí!

RITA.-Cuando estás pesado…

SERGIO.-Pues yo…

DOLORES.-¡Te comprendo!

ALFONSO.-¡Deseo abrazarte fuertemente!

RITA.-Por complacerte…

(Lo abraza fuerte.)

DOLORES.-¡Mi amor!

SERGIO.-Es todo tan extraño…

(La abraza fuerte.)

ALFONSO.-¡Te amo!

RITA.-¡Nunca te he visto así!

(Las parejas, sentadas en la cama, van a besarse. Ellas los sueltan enojadas. Voces altas.)

DOLORES.-¡¡Pero…!!

RITA.-¡¡Tú!!

 (ALFONSO va rápido a su cama y SERGIO a la suya.)

DOLORES y RITA.-¡¡Sois unos indeseables!!

(Los demás despiertan incomodados y con los brazos en alto.)

TERESA, DOMINGO y VOZ DE ELLA.-¡¡Queremos dormir!! ¿¿Qué fiesta es esta??

ALFONSO y SERGIO.-¡¡Somos sonámbulos!!

(Todos duermen plácidamente como si no hubiese sucedido nada. UN MOMENTO. La luz del nuevo día va creciendo y despiertan. Por el foro, entra contenta MADRE ANGUSTIAS.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Feliz día!

(Rápidamente cae el

TELÓN

ACTO SEGUNDO

(Se alza el telón. La escena vacía. Han desaparecido las cuatro camas. Por el foro, entran alegres ALFONSO, DOLORES, SERGIO, RITA, TERESA y DOMINGO. Visten como al principio.)

TERESA.-Para mí, fue muy hermosa esta noche.

SERGIO.-No sé de qué hablas.

VOZ DE ELLA.-¿Tuviste sueños satisfactorios?

TERESA.-Fueron tan reales…

DOLORES.-¿Qué te sucedió, Teresa?

TERESA.-Me encontraba nerviosa; me sentía solitaria. De pronto, apareció mi padre, que en paz descanse, y se metió en mi cama para tranquilizarme.

RITA.-¡Qué bonito!

TERESA.-Me contó, como cuando era niña, un cuento mientras me serenaba hasta quedarme dormida.

ALFONSO.-¡El mejor somnífero!

TERESA.-¡Qué alegría llevé al despertar!

VOZ DE ELLA.-¿Seguía a tu lado?

TERESA.-No. Se debió de marchar cuando comencé a dormir, pero llevé una sorpresa muy grata.

DOMINGO.-¿Se puede saber o es algo personal?

(Muestra un zapato negro.)

SERGIO.-Me recuerda. No sé.

(Dichosa.)

TERESA.-¡Olvidó su zapato negro!

LOS DEMÁS.-¡Oh!

RITA.-¡Pobre! Regresaría incómodo al cementerio.

TERESA.-No creo. ¡Es tan despistado! Siempre olvida cosas… El zapato, un encendedor, el paraguas, su sombrero… ¡Es como un museo de recuerdos que me va dejando!

ALFONSO.-¿Cómo se encuentra? ¿Tiene molestias de la edad?

TERESA.-¡Ni una! Yo creo que rejuveneció.

DOLORES.-Deberías llevárselo al nicho o enviárselo por una agencia de transportes.

TERESA.-¡Ni hablar!

(Aprieta, con sus dos manos, el zapato contra su pecho.)

¡Es una joya más que me ha dejado!

(Lo guarda. PAUSA.)

VOZ DE ELLA.-Fue una noche movidita… ¡Ja, ja, ja!

TERESA.-Si te refieres a… ¡Una vergüenza! Porque lo otro…

SERGIO.-¿Qué ocurrió?

RITA.-¿Y tú lo preguntas, conquistador?

DOLORES.-Cada vez que lo pienso. ¡Qué horror!

ALFONSO.-¡No ha pasado nada! Un error sin importancia. ¡Nos equivocamos de cama!

DOMINGO.-Ya, ya. ¡Las dos son atractivas!

(Molesta.)

VOZ DE ELLA.-¡No me gustan esas palabras, Domingo!

DOMINGO.-¡Es una broma! Querida… No tienes ningún sentido del humor.

(Enojada.)

VOZ  DE ELLA.-¡¡No te consiento lo que has dicho!!

SERGIO.-¿De qué hablan?

DOMINGO.-Ponerte ahora así…

VOZ DE ELLA.-¡Me pongo cómo me da la gana!

TERESA.-Serénate.

VOZ DE ELLA.-¡No quiero!

RITA.-Es algo sin importancia.

VOZ DE ELLA.-¡Para ti!

DOMINGO.-Piensa que no estamos solos.

DOLORES.-Mujer… ¡Cálmate!

VOZ DE ELLA.-¡No quiero!

ALFONSO.-Es mejor dejarlos solos.

(Mutis de DOLORES, ALFONSO, SERGIO, RITA y TERESA por la izquierda.)

DOMINGO.-¿Te das cuenta el espectáculo que has organizado? ¡Se han ido!

VOZ DE ELLA.-¡Me es igual!

DOMINGO.-Debes ir a disculparte. ¡Son unas excelentes personas!

VOZ DE ELLA.-¿Disculparme yo? ¡Qué poco me conoces! Tú has sido el culpable. ¡Lo que una tiene que oír!

DOMINGO.-Si no he dicho nada… Ha sido nada más que una galantería hacia dos honestas amigas de este asilo.

VOZ DE ELLA.-¿Dos nada más? ¡Miras a todas! Virtudes, la Madre Angustias… ¡Es demasiado!

DOMINGO.-¡Por favor! Intenta razonar

VOZ DE ELLA.-¿Más aún? ¡Un poco de respeto!

DOMINGO.-Siempre así. Estás ofuscada. ¡Te comen los celos!

VOZ DE ELLA.-¡Encima me llamas celosa! ¡Era lo que me  faltaba oír!

DOMINGO.-¿Recuerdas cuando le besé la mano, como un caballero, a la esposa del ministro y dijiste que le besé los labios?

VOZ DE ELLA.-¿Los labios nada más? ¡La comiste a besos! ¡Le mordiste el cuello! ¡La llevaste a un rincón! ¡Ibas a bajarte los pantalones! ¡Y sin conocerla…! ¡El pobre ministro tuvo que dimitir!

DOMINGO.-¡No es cierto lo que dices!

VOZ DE ELLA.-¡Lo que te he soportado! Siempre has sido así. ¡Es algo hereditario!

DOMINGO.-¡Deja descansar en paz al santo de mi padre!

VOZ DE ELLA.-¡Era un mujeriego perdido! Los cardiólogos le daban un buen sueldo por la cantidad de chicas que llegaban con el corazón partido. Y de muerto…  ¡Tenía una fama! La cantidad de viudas que dejó embarazadas cuando les llevaban flores a sus difuntos. ¡Eran tus hermanas! Y las pobres tenían que decir que eran hijos póstumos.

DOMINGO.-Siempre te he sido fiel. ¡Vivir sin ti no tiene objeto!

VOZ DE ELLA.-¡Lo dudo tanto! Con lo abnegada que he sido siempre contigo para dejarme quedar mal delante de todos. ¿Crees que todas salen de sus tumbas para estar a tu lado?

DOMINGO.-Cuando hay amor… ¡Sí!

VOZ DE ELLA.-¡Qué poco sabes de eso! Pero a mí me la haces una vez y nada más. ¡Estoy harta de ti! ¿Te enteras? ¡No te aguanto más! Entre tú y yo todo se ha acabado por los siglos de los siglos. ¡No quiero saber más de ti!

DOMINGO.-¡No me hagas eso! ¡Recapacita!

VOZ DE ELLA.-¡Ahora mismo voy a pedir el divorcio post mortem! ¡Quedas libre!

(Suplicante y de rodillas.)

DOMINGO.-¡Por lo que más quieras! ¡No me hagas eso! ¡Me matarás de pena! ¡Sigue conmigo!

VOZ DE ELLA.-¿Volver con un vicioso? ¡Ya es tarde!

(Se levanta y llora amargamente. Para sí.)

DOMINGO.-¡Se ha ido! ¡Ya no la volveré a ver más! ¡Era todo para mí! ¿Qué voy a hacer sin ella? No sé vivir solo.

(Grita.)

¡Amigos! ¡Venid! ¡Es urgente!

(Por la izquierda entran serios TERESA, ALFONSO, DOLORES, SERGIO y RITA.)

TERESA.-¿Qué te sucede?

DOLORES.-¡Esas prisas!

SERGIO.-¿Usted estaba antes?

ALFONSO.-Por qué nos llamas?

RITA.-¿Y ella?

DOMINGO.-¡Me ha abandonado para nunca más resucitar!

SERGIO.-Resucitar…

(Le da solemne la mano él y besos en las mejillas ellas.)

ALFONSO.-Mi más sentido pésame.

DOLORES.-Te acompaño en el sentimiento.

TERESA.-No tengo palabras de condolencia.

RITA.-Qué pérdida tan grande.

DOMINGO.-¡No lo sabes bien! Gracias a todos por vuestras profundas palabras.

SERGIO.-Claro.

(PAUSA.)

ALFONSO.-¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer?

DOMINGO.-¡Mutis por el mapa!

DOLORES.-¡No se te ocurra!

TERESA.-¡Es peligroso!

RITA.-¡Hay muertas preciosas!

DOMINGO.-¡Ninguna me llenará! Es muy triste dejar la vida y que ella me tuerza la cara. ¡Vivir y morir solo tiene sentido con amor!

VOZ DE ELLA.-Domingo…

(Los demás se miran asombrados. Entusiasmado.)

DOMINGO.-Tesoro…

(Corre hasta ella y simula abrazarla y besarla mientras se oye fuerte el ruido de un beso. Permanece así mientras los demás lo miran entusiasmados. UN MOMENTO.)

DOLORES.-¡Qué gran momento!

TERESA.-¡Cuánto romanticismo! ¡Son el amor!

RITA.-¡No puede vivir el uno sin el otro!

SERGIO.-¿Quiénes?

ALFONSO.-¡Un gran ejemplo!

(Simula separarse.)

VOZ DE ELLA.-¡Perdona, cielo! ¡Disculpad todos! ¡Vivir sola en la muerte no ha nacido para mí!

DOMINGO.-Sufrí tanto sin ti… ¡Dime que no lo volverás a hacer más!

VOZ DE ELLA.-¡Te lo prometo!

DOMINGO.-¡Gracias, cariño! ¡Hoy me has vuelto a resucitar!

(Confuso.)

SERGIO.-¿Cuál de los dos murió?

(Muy contentos.)

DOLORES, ALFONSO, TERESA y RITA.-¡¡Vivan los novios!!

VOZ DE ELLA.-¡Gracias! ¡Muchas gracias!

DOMINGO.-¡No tengo palabras de gratitud!

(Todos simulan besar a ella y los hombres le dan la mano a él.)

TERESA.-¡Felicidades, guapa! ¡Domingo, te deseo lo mejor!

ALFONSO.-¡Sé muy feliz, hombre! ¡Qué alegría volver a verte, preciosa!

SERGIO.-¡No vueltas a morir, chica! ¡Qué bien te sienta resucitar, amigo!

RITA.-¡Sé muy feliz, querido! ¡Estad siempre juntos, hermosa!

DOLORES.-¡No te apartes nunca de él, encanto! ¡Que jamás te falte una joya como ella!

DOMINGO.-¡La vida sigue! ¡El mundo es nuestro!

VOZ DE ELLA.-¡Sigamos disfrutándolo!

SERGIO.-¿Disfrutar…?

(Los demás se miran serios. PAUSA. Apenados.)

RITA.-No sé si mi hijo está vivo o muerto. ¿Qué tenemos para ser dichosos?

TERESA.-¡Sueños que están pereciendo con nosotros!

ALFONSO.-¡Consumirnos aislados sin saber los demás que estamos vivos!

DOLORES.-¿Qué será de nuestra hija? ¿Pensará en sus padres en algún instante?

VOZ DE ELLA.-¿Y mis hijos? ¿Qué es de ellos?

DOMINGO.-¿Se encontrarán en algún lugar de la Tierra?

(Derrotados.)

VOZ DE ELLA.-¡Estamos solos!

DOMINGO.-¡La esperanza hace tiempo que murió para nosotros!

SERGIO.-¡Hablar de esperanza…!

TERESA.-A veces… ¡Es un error!

RITA.-¡No existe en el final de nuestras vidas!

DOLORES.-¿A nuestra edad resulta gratificante estar vivo?

ALFONSO.-¡El infierno es esto!

(Rebeldes.)

SERGIO.-¡Nada me gusta!

ALFONSO.-¡Nos enterrarán y seremos cadáveres anónimos!

TERESA.-¡Nadie nos despedirá con una flor!

DOLORES.-¡Solitarios condenados al silencio!

RITA.-¡La protesta no llega a nuestras bocas!

VOZ DE ELLA.-¡Parir hijos que se tornan invisibles!

DOMINGO.-¿Dónde? ¿Dónde están las noticias de los seres que creamos con amor?

(Por el foro entra feliz MADRE ANGUSTIAS. Trae siete sobres.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Os felicito! No sabía que erais tan importantes. La cantidad de correspondencia que tengo para vosotros. ¡Es como si llegasen los Reyes Magos!

(Entusiasmados.)

LOS DEMÁS.-¡¡Oh!!

(Va repartiendo los sobres.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Teresa!

(Los van cogiendo y quedan con ellos en las manos.)

TERESA.-Muchas gracias.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Sergio!

SERGIO.-¿A mí…?

MADRE ANGUSTIAS.-¡La esposa de Domingo!

VOZ DE ELLA.-Servidora.

DOMINGO.-¡Se lo cogeré yo!

VOZ DE ELLA.-Me emociona.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Toma el tuyo!

DOMINGO.-Muy amable.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Rita!

RITA.-Agradecida.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Alfonso!

ALFONSO.-Qué atenta.

MADRE ANGUSTIAS.-¡Dolores!

DOLORES.-Gracias, Madre.

MADRE ANGUSTIAS,-¡Felices noticias!

LOS DEMÁS.-¡Esperemos!

(Mutis de MADRE ANGUSTIAS por el foro. ALFONSO y DOLORES, van a la izquierda. SERGIO y RITA, a la derecha. DOMINGO, con los dos sobres, en el centro izquierda y TERESA al centro derecha. Abren los sobres y los guardan. Quedan con las cartas en las manos y las miran ensimismados. Leerán para sus parejas y TERESA para ella.)

VOZ DE ELLA.-Léemela tú que dejé las gafas en el dormitorio.

DOMINGO.-¡Es de nuestros hijos!

VOZ DE ELLA.-¡Son unos ángeles!

(Le lee.)

DOMINGO.-Queridísima mamá: No te puedes imaginar lo contentos que estamos de que abandonases el cementerio y te decidieses a vivir con papá hasta que la muerte vuelva a uniros. Piensa que es algo que la sociedad lo tiene en gran consideración y eso nos honra. Nosotros pensamos en ti a todas horas y nos sentimos muy orgullosos ante nuestras selectas amistades. La Madre Angustias nos dice que os encontráis muy bien y no deseamos interrumpir vuestra eterna luna de miel. De todos modos y como no podemos vivir sin vosotros, a pesar de nuestros prósperos trabajos y fiestas distinguidas, no tardaremos en visitaros.

VOZ DE ELLA.-¡Eso es extraordinario!

DOMINGO.-Muchos besos de vuestros queridos hijos Domingo, José, Marcelino y Nicolás. Hijas políticas Luz, Gertrudis, María y Natalia. Hermanos Cristina y Juan Francisco. Hermanos políticos, primos, nietos, bisnietos y demás familia que siempre rezamos todos por tu abnegado sacrificio.

VOZ DE ELLA.-¡Qué dichosa me siento!

DOMINGO.-¡Es para estarlo!    

VOZ DE ELLA.-¿Y la tuya?

(Lee.)

DOMINGO.-Querido papá. Lo que nos alegra que te encuentres bien con nuestra regresada mamá, según nos participa diariamente la Madre Angustias. Todos tus hijos te queremos mucho y, a veces, ponemos el despertador de noche para pensar en ti. ¡Lo que se quiere a un padre! No tenemos palabras para describirlo. Al pasar los años, este cariño crece y crece por ser hijos de un padre como tú. Tus virtudes, tus cualidades, tus sacrificios son para no olvidarlos nunca. Lamentamos mucho que, sin avisar, fueses con mamá a vivir a una buena residencia  que no dudo te encontrarás muy bien. Eso atenúa nuestro inmenso dolor y es natural que comprendamos tu decisión pues siempre hemos sido respetuosos y obedientes con tus deseos. Aquí la vida sigue igual. Unas veces hace sol, otras llueve y la temperatura también tiene cambios de frío y calor. Lo que son las cosas. Como estamos en buena edad, intentamos pasarlo lo mejor pues, como dijo alguien, para dos días que vamos vivir… Esto no será un impedimento para que muy pronto os visitemos y compartamos juntos un par de minutos.

VOZ DE ELLA.-¡Qué pena que no traigan también a nuestros nietos y bisnietos!

DOMINGO.-¡Sería maravilloso!

VOZ DE ELLA.-Sigue, sigue leyendo.

(Lee.)

DOMINGO.-Quedamos de ti, vuestros afectísimos seguros servidores, que estrechan vuestra mano, Domingo, José, Marcelino y Nicolás.

VOZ DE ELLA.-¡Muy bien!

DOMINGO.-Demuestran una gran ternura.

(Queda abstraído con las cartas en la mano y mirándolas. Lee emocionada para sí.)

TERESA.-Querida y admirada señorita Teresa: Reciba mi gratitud por leer estas líneas de un corazón roto. Aunque sé que su vista es muy delicada, me encuentro muy dichoso al ver que nuestros ojos coincidieron en una mirada en la que hablaban nuestros sentimientos. Desde ese mismo instante, solo se encuentra usted en mi pensamiento. Gimo y suspiro recordándola. ¡Cuánto la amo! ¡Se ha convertido en la mujer de mi vida! Iré a usted con mis mejores y sanas intenciones. No vea en mí al hombre que la desea como una aventura pasajera  sino como un amor eterno hasta que la muerte nos separe. ¡No me niegue su cariño! Sé que juntos vamos a ser muy felices. Formaremos una familia y tendremos hijos que enriquecerán nuestra dicha. Por caridad, ¡no rompa esta carta que ha salido de una mente que la anhela! Espero que nos veamos pronto. Reciba mi puro y sincero afecto. Rodrigo.

(Suspira. Para sí.)

¡Ay! ¡Rodrigo! El hombre de mi vida. ¡El que siempre he soñado!

(Queda abstraída y mirando la carta. SERGIO, le muestra la carta a Rita.)

SERGIO.-Yo… Únicamente veo aquí unas letras. Me he olvidado de juntarlas. Si me hicieras el favor…

(Coge la carta y lee para él que no le presta atención.)

RITA.-Querido papá de mi alma: Sé que estás muy bien en la residencia y eso me alegra mucho. Comprende que, al estar perfecto, me quitas un peso de encima y ya no tengo que preocuparme sino en emplear todas mis horas para pasarlo lo mejor posible. Ya, sabes; chicas, bebidas, comidas, los amigos. Si no me divierto ahora, ya me dirás cuándo lo voy a hacer. ¡Todo me sonríe! Me he enterado de que tu pequeña dolencia ya no existe. Si quieres que te diga la verdad, nunca lo he creído y veía en esos síntomas nada más que aprensiones que el tiempo lo resuelve. Apenas tengo un momento para nada. ¡Estoy muy ocupado! Como lo mereces mucho y deseo ver tu recuperación, cualquier día me acerco hasta ahí y pasamos un agradable cuarto de hora.

SERGIO.-¡Viene!

(Emocionada.)

RITA.-¡Sí!

(Sigue leyendo.)

Hasta ese día, recibe muchos besos y abrazos de tu hijo, Julián.

SERGIO.-¿Ves cómo me encuentro sano?

RITA.-Sí…

SERGIO.-Por eso, me molesta tanto que digas que mi cabeza no funciona o soy como un vegetal.

RITA.-¡Eso era antes! Ahora, desde que tomaste los antibióticos, has vuelto a nacer.

SERGIO.-Cuando yo te lo decía… Lee, lee su carta. A ver que te cuenta…

(La lee para él que sigue sin concentrase.)

RITA.-Querida mamá del alma: Es un honor escribirle a la que me trajo al mundo. ¡No me canso de darte gracias! Ay, si no fuera por ti. No existiría ni podría escribirte con el cariño que lo estoy haciendo. ¡Siempre muy agradecido! El día que me diste a luz es para no olvidarlo en la vida. ¡Me siento muy orgulloso de ti! Ya sé que papá y tú estás muy bien en la residencia. Si os encontráis así contentos, ¿por qué os voy a quitar esa satisfacción y traeros a casa? Sé que lo comprenderás. Sigo viviendo con mi novia, aunque algunas noches hago una escapada y siempre surge alguna. ¡Hay que vivir plenamente! Es bueno para el equilibrio de la pareja. Después llegas a casa y, al verla, la quieres más porque la otra no valía gran cosa. ¡No hay nada como la vida de hogar! ¡Os lo digo yo! Ayer y en un parto muy feliz, tuvimos una hija.

(Extrañado.)

SERGIO.-¿Cómo…?

RITA.-Me imagino que como todas las parejas… Siempre ha sido así.

SERGIO.-Claro… ¡Somos abuelos!

(Sigue leyendo.)

RITA.-Mi compañera no quiere que la niña vaya ahí. Ya te imaginas. Hay muchos viejos, oléis mal y las pobres criaturas lloran. Un día, no sé la fecha. Iré ahí y cantaremos algo. Besos de tu hijo que no te olvida, Julián.

(Quedan abstraídos y con las cartas en las manos. Lee para Alfonso.)

DOLORES.-Querida y nunca bien ponderada mamá. Estoy enterada de vuestra vida en la residencia. ¡Cómo os envidio! ¡Qué bien os encontráis ahí! Hay árboles, campo, todo muy idílico y sano. Aquí la ciudad está insoportable. Tráfico, ruidos, la gente tropieza una con otra. Antes, que nos conocíamos todos, se decía: Adiós, me alegro de verte, usted lo pase bien. Ahora… No conoces a nadie. ¡Es un desastre! Todos son tropezones y todos, como si no supiésemos, otra cosa: Perdón, disculpe, fue sin querer. ¿Y si vas de vacaciones a la playa. ¡Cuánta aglomeración! La última vez, me estiré para tomar el sol y tenía  una pierna en la arena y otra en el mar. ¡Fíjate si aparece un cocodrilo! Disfrutad, disfrutad mucho de la vida que lleváis. Estoy muy orgullosa, y siempre lo comento con la gente, de que sois unos privilegiados. ¡Lo vuestro es vida! Os soy sincera. Si llego a la vejez como vosotros, no lo pienso más. ¡Voy inmediatamente a la residencia. ¡Qué paz tan grande! Ir, como el que pide limosna, a casa de los hijos… ¡Es un mal incurable! Molestas otro hogar, puedes destruir el matrimonio, te conviertes en un estorbo. Los pisos son pequeños y tenéis que dormir en el pasillo. No van a cambiar el canal de televisión porque tú lo desees, los cruces de miradas son de odio. El mayor, se ve arrinconado y va perdiendo la autoestima como si le pusiesen un bozal. Me gustaría haceros una visita, pero carezco de tiempo. ¡Así os libráis de mí! Muchos besos y, si en ese tiempo, seguís vivos, Felices Pascuas! De todo corazón, vuestra Jacinta.

(Tristes.)

ALFOSO.-¡No viene!

DOLORES.-No. ¡Ya sabes cómo es.

(Queda abstraída con la carta en la mano. Lee para Dolores.)

ALFONSO.-Queridísimo papá. ¡Cómo van esos ánimos? ¿Piensas mucho en la muerte? ¡No lo hagas! Es una tontería. Ya sé que eres un anciano y la tienes próxima. ¡No te anticipes! Cuando llegue el momento, acéptalo como la cosa más natural y ten preparada alguna frase bonita para pasar a la historia. Se paró el reloj o ha llegado la noche. Algo así. ¡Te considerarán mucho! Sé que eres muy sensato y no le darás importancia a esas menudencias. El hipocondríaco que piensa en ella, muere todos los días. ¡Ya me dirás! Se lo iba contar a tu madre, pero la conozco y acaba complicándonos la vida. Hace de algo sencillo, una tragedia. Mi matrimonio, suponiendo que exista, no tiene remedio. ¡Ayer eché a mi marido de casa! No lo quiero; no congeniamos. ¡Estoy de él…! Y menos mal que no estáis vosotros. ¡Sería terrible nuestra convivencia! Ahora estoy sola y viviré exclusivamente para mí. Las parejas de tiempo son un desastre. La gente piensa que, como estamos acostumbrados, tenemos muchos recursos para seguir y la realidad es que poseemos más hastío para dejarnos.  Me resultará imposible ir a veros a la residencia. Tampoco es tan importante para mí.

DOLORES.-¡No hay nada que hacer!

ALFONSO.-¡En absoluto!

DOLORES.-Termina la carta.

(Sigue leyendo.)

ALFONSO.-Muchos besos, desde la distancia, de tu hija, Jacinta.

(Los personajes quedan abstraídos y con las cartas en las manos. UN MOMENTO. Las guardan.)

VOZ DE ELLA.-¡Nuestro hijo vendrá a hacernos una visita!

DOMINGO.-¡Grita más que no te oímos!

VOZ DE ELLA.-¡No disimules!

RITA.-¡Nuestro hijo también nos visitará!

SERGIO.-No sé si lo conoceré. Como soy tan mal fisonomista…

DOLORES.-¡Me alegro mucho!

ALFONSO.-Nuestra hija, en cambio, le es imposible. Está muy ocupada.

TERESA.-A mí, y esto queda entre nosotros, recibiré… ¡Algo fascinante!

(Por el foro entra LEONCIO. Representa ahora a una atractivo joven de treinta años. Ajeno a todo, se fija en TERESA. Extasiado y sin fingir la voz.)

LEONCIO.-Eres… Teresa.

(Embelesada.)

TERESA.-Lo soy.

(Mutis de DOMINGO, ALFONSO, DOLORES, SERGIO y RITA por la izquierda.)

No te veo bien. ¿Quién eres?

LEONCIO.-Rodrigo.

TERESA.-¡Es cierto! Perdona que no te conociese. ¡Eres el mismo!

LEONCIO.-Vivías tan cerca de mi casa y no me atrevía a acercarme a ti.

TERESA.-Yo también te esperaba todos los días.

(Se miran. PAUSA.)

LEONCIO.-¡Eres muy bella!

TERESA.-¡Tú eres muy agraciado!

LEONCIO.-¿Te encuentras bien en este hogar?

TERESA.-Menos la Madre Angustias… ¡Todos son muy mayores! Yo creo que me he equivocado de hotel.

LEONCIO.-¿Te apetece venir a mi casa?

TERESA.-¡Lo estoy deseando!

(Se aproximan.)

LEONCIO.-Teresa…

TERESA.-Rodrigo…

(Se abrazan y besan fuertemente. Se separan y se cogen de las manos.)

LEONCIO.-¡Vamos!

TERESA.-¡Siempre juntos!

(Mutis de los dos por el foro. UN MOMENTO. Por este término, entra MADRE ANGUSTIAS. Para sí)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Qué contentos han quedados todos! Son ancianos y vuelven a ser niños! Tuve que inventarles las cartas para que huyesen de la desesperanza y crearles una ilusión. A Teresa, le hice ver un inexistente príncipe azul y a los demás… Unos hijos que ignoran la existencia  de unos padres.

(Por el foro entra LEONCIO. Es ahora una señora madura de inequívoca profesión. No finge la voz.)

LEONCIO.-Pase, señora. ¿Usted es la monja que dirige esta residencia?

MADRE ANGUSTIAS.-Sí. ¿Y usted?

LEONCIO.-Un prostituta que trabaja en el piso de enfrente. ¡Y muy decente!

MADRE ANGUSTIAS.-No lo dudo.

LEONCIO.-Un buen cliente, que es un vicioso, ¿usted me entiende?

MADRE ANGUSTIAS.-Sí, sí.

LEONCIO.-Trajo engañada a una de aquí para solazarse con ella previo pago, eso sí, de la habitación.

MADRE ANGUSTIAS.-¿Dónde está?

(Por el foro entra llorando TERESA.)

TERESA.-He sido yo la víctima, Madre Angustias. ¡Él me engañó! Llegó con muy buenos modales y solo buscaba… Menos mal que esta profesional del amor, tan humana ella, impidió que me deshonrase. ¡Y era mi hombre ideal! Una ilusión que ha muerto para mí.

(Mutis por la derecha.)

MADRE ANGUSTIAS.-Muy agradecida, señora.

LEONCIO.-Una… Pueden llamarme de todo, pero nunca perder la dignidad.

(Mutis por el foro. Para sí.)

MADRE ANGUSTIAS.-Es tan extraño todo… ¡Parece que llevo el teatro dentro! Salgo de las tablas de un escenario, escribo unos papeles y uno ha recobrado vida con un final distinto al que buscaba. ¿Es esto realidad o ficción? Pienso que una simple coincidencia.

(Por el foro, entra LEONCIO. Es ahora una mujer joven. No finge la voz.)

LEONCIO.-Madre…

MADRE ANGUSTIAS.-Angustias.

(Le besa la mano.)

LEONCIO.-Encantada, Madre Angustias. Soy Jacinta, la hija de Dolores y Alfonso.

(Sorprendida.)

MADRE ANGUSTIAS.-Pero… ¡Mucho gusto, hija! Un momento.

(Va a la izquierda y alza la voz.)

¡¡Dolores!! ¡¡Alfonso!!

(Por la izquierda entran DOLORES y ALFONSO. Padres e hija se abrazan y besan emocionados.)

DOLORES.-¡Hija, no pensabas venir!

ALFONSO.-¡Jacinta, qué emoción!

LEONCIO.-¡Mamá! ¡Papá! ¡Lo he pensado mejor!

MADRE ANGUSTIAS.-Sentaos.

LEONCIO.-¡No es necesario! Es solo un momento. ¡Tengo el coche mal aparcado!

MADRE ANGUSTIAS.-Como quieras.

(Mutis por el foro.)

LEONCIO.-¡Qué bien estáis aquí sin las molestias de la ciudad! Cuando sea mayor, haré lo mismo

ALFONSO.-Como no hay mucho para elegir…

DOLORES.-Y por no molestarte…

LEONCIO.-¡Eso nunca! Teneros en casa, sería una incomodidad para todos. Que si el mando del televisor, destrozar un matrimonio…

DOLORES.-¿Cómo va el tuyo?

ALFONSO.-¿Ya os reconciliasteis?

LEONCIO.-¿Me tomáis por tonta? ¡Soy libre como un pájaro!

ALFONSO.-Si te va bien así…

DOLORES.-Es algo tan personal…

(Agresiva.)

LEONCIO.-¡¡Vivís mucho!!

DOLORES.-Te acostumbras.

ALFONSO.-Como te despiertas sin pensarlo…

LEONCIO.-Tanto viejo… ¡¡Eso es decadente!! ¿¿Cuándo os morís??

(Incomodados.)

ALFONSO.-¡¡Ya está bien de insolencias!!

(Por el foro, entra MADRE ANGUSTIAS.)

MADRE ANGUSTIAS.-¿Sucede algo…?

DOLORES.-¡¡Era mejor que no vinieras!!

LEONCIO.-¡¡Y no lo haré nunca más!!  ¡Por mí…! ¡¡Podéis pudriros!!

(Mutis por el foro. La pareja y la religiosa se miran tristes. UN MOMENTO. Mutis por la izquierda de ALFONSO y DOLORES. Para sí.)

MADRE ANGUSTIAS.-Todo es tan confuso. Interpreté mi personaje y, afortunadamente, continúo dentro de el. Me es imposible ser otra. Veo los demás… ¿Son iguales? ¡Mutan la recreación! ¡Se rebelan contra sí mismos en un mundo de sueños! Destruir un personaje es el mayor suicidio de la imaginación.

(Por el foro entra LEONCIO. Ahora es un hombre joven. No finge la voz.)

LEONCIO.-Hola.

MADRE ANGUSTIAS.-Buenas tardes tenga usted. ¿Qué desea?

(Se dan la mano.)

LEONCIO.-Me llamo Julián.

MADRE ANGUSTIAS.-Madre Angustias.

LEONCIO.-Vengo a ver a mis queridos padres. ¡También tienen nombre! Son Sergio y Rita. ¿Los conoce?

MADRE ANGUSTIAS.-¡Claro que sí! Un segundo.

(Va a la izquierda y alza la voz.)

¡¡Rita!! ¡¡Sergio!!

(Por la izquierda entran RITA y SERGIO. Felices.)

SERGIO.-¡Julián! ¡Creo que te llamas así!

LEONCIO.-¡Buena memoria!

RITA.-¡Hijo mío!

(Se abrazan y besan.)

MADRE ANGUSTIAS.-Si lo deseáis, podéis sentaros.

(Deja un despertador encima de un mueble.)

LEONCIO.-Lo lamento. Dejo el despertador aquí porque tengo el tiempo justo.

MADRE ANGUSTIAS.-Aprovechadlo bien, hijos.

(Mutis por el foro.)

RITA.-¡Enhorabuena!

SERGIO.-¡Es verdad! ¡Enhorabuena!

RITA.-¿Cómo está la niña?

LEONCIO.-¡Preciosa!

RITA.-¿A quién se parece?

LEONCIO.-¡No sé! ¡A otra niña!

SERGIO.-¡Entonces es muy linda! ¿Qué piensa ser de mayor?

LEONCIO.-Ella es muy reservada… ¡No me dijo nada!

RITA.-A lo mejor… Dentro de unos días…

LEONCIO.-¡Qué bien os encuentro y con esta conversación tan profunda!

RITA.-¿Cuándo la podremos conocer?

LEONCIO.-¿Daros un fecha…? Debe crecer, tener la varicela.

SERGIO.-¡Se comprende!

RITA.-¡Es natural!

(Entusiasmado.)

LEONCIO.-¡Qué bien te veo, papá! ¡Pareces un ser normal!

SERGIO.-Gracias, hijo.

LEONCIO.-¡Eres digna de adoración, mamá! ¡Me has dado la vida y eso no se olvida nunca! ¡Las otras no son tan dadivosas!

RITA.-Eres tan cariñoso…

(Suena el despertador, lo mete rápido en el bolsillo y se para.)

LEONCIO.-¡¡La hora!!

(Por el foro entra MADRE ANGUSTIAS.)

MADRE ANGUSTIAS.-¿Ya es la hora?

LEONCIO.-Como soy esclavo del tiempo…

(Besa a Sergio y Rita.)

¡Adiós, mis amadísimos padres!

SERGIO.-Julián… ¡Eres tan bueno!

RITA.-¡Siempre un hijo ejemplar!

(Le da la mano a Madre Angustias.)

LEONCIO.-¡En el cielo nos veremos!

MADRE ANGUSTIAS.-No lo dudes.

(Mutis de LEONCIO por el foro. SERGIO y RITA lo hacen tristes por la izquierda. Para sí.)

Pienso… Dentro de mi inseguridad… Las visitas de mis cartas… No son personajes que creé… ¡Son seres reales que intuí.

(Por el foro, entra LEONCIO. Ahora es un hombre que inicia su madurez. No finge la voz.)

LEONCIO.-Buenas tardes, señora.

MADRE ANGUSTIAS.-Madre Angustias.

LEONCIO.-Usted perdone. ¿Viven aquí Domingo y su viuda? ¡Soy su hijo!

MADRE ANGUSTIAS.-Un momento.

LEONCIO.-¡Gracias!

(Va a la izquierda.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡¡Domingo!! ¡¡Su eterna pareja!!

(Por este término entra contento DOMINGO. Lo abraza y besa.)

LEONCIO.-¡Papá!

DOMINGO.-¡José!

(Simula abrazarla y besarla. Ruido de afectos.)

LEONCIO.-¡Mamá!

VOZ DE ELLA.-¡Mi hijo, José!

MADRE ANGUSTIAS.-Os dejo y deseo una feliz visita.

(Mutis por el foro.)

LEONCIO.-¡Qué bien estáis aquí! Siempre tan enamorados. ¡Pasáis a la historia! Y tú, mamá, no se te nota nada que hayas estado muerta. ¡El dolor que nos dejaste al verte dentro del ataúd.

DOMINGO.-Podríamos estar mejor, pero habiendo amor en el mundo…

VOZ DE ELLA.-Personalmente, no me quejo. Soy muy afortunada. ¡No todos tienen mi suerte!

LEONCIO.-Mis hermanos: Domingo, Marcelino y Nicolás. Ya vendrá uno cada año y después nietos, bisnietos, sobrinos, primos, hijas políticas, familiares… ¡No estaréis un año sin una visita! Si hay el día de difuntos, por qué no va a haber el día de los vivos? ¡Es algo muy humano!

VOZ DE ELLA.-Soy de tu misma opinión.

DOMINGO.-¡Qué amantes sois de la familia!

LEONCIO.-Yo comprendo que podríamos venir todos con asiduidad igual que se hacen grandes excursiones. Aparte de perder nuestros inmensos compromisos sociales, resultaríamos molestos invadir vuestra intimidad y la de vuestros compañeros. Además tantas visitas… ¡Es acabar en la monotonía! ¡Un aburrimiento! Pero una… ¡Una sola al año! Es algo sublime. Se vive esperando ese momento. Faltan nada más que trescientos días. ¿Y al marcharse? Deja tan grato recuerdo que hay que dejarlo porque ahora hay que pensar en el futuro. ¿No estáis de acuerdo’

DOMINGO.-¡Completamente!

VOZ DE ELLA.-¡Eso es razonar!

LEONCIO.-Estoy pensando…

VOZ DE ELLA.-¿Qué…?

DOMINGO.-Tú dirás.

LEONCIO.-¡Os estoy hurtando mucho tiempo!

DOMINGO.-No.

VOZ DE ELLA.-Estate tranquilo.

LEONCIO.-Lo comento… Es que así que me vaya… ¡Podéis empezar a recordarme!

(Resignados.)

DOMINGO.-¡Es cierto!

VOZ DE ELLA.-¡Estás en todo!

(La abraza y la besa. Ruido de afecto.)

LEONCIO.-¡Mamá! ¡Sigue siempre así!

VOZ DE ELLA.-¡Qué cariñoso, José!

LEONCIO.-¡Papá, me alegro de verte tan bien! ¡Nunca retrocedas!

DOMINGO.-José… ¡Qué grandes sentimientos tienes!

(Por el foro entra MADRE ANGUSTIAS.)

MADRE ANGUSTIAS.-José, ¿Ya te vas? Puedes quedar más tiempo. Es la casa de todos.

LEONCIO.-Me agradaría estar más tiempo con mis amadísimos padres, pero las ocupaciones…

MADRE ANGUSTIAS.-Lo comprendo.

(Mutis de LEONCIO y MADRE ANGUSTIAS por el foro. Simula mirarla. PAUSA.)

DOMINGO.-¿Qué vamos a hacer? ¡Son así!

VOZ DE ELLA.-La sociedad avanza en detrimento de tantos valores.

(Por la derecha entran TERESA, ALFONSO, DOLORES, SERGIO y RITA.)

TERESA.-¡Es todo tan amargo!

ALFONSO.-¡Desolador!

DOLORES.-¡No hay salida en nuestro cautiverio!

SERGIO.-¡No entiendo!

VOZ DE ELLA.-¡Huyamos de aquí!

DOMINGO.-¡Es mejor morir en el arroyo que entre estas cuatro paredes!

(Van decididos hasta el foro. Por este término, entra LEONCIO. Es el mismo que al principio.)

LEONCIO.¿Qué vais a hacer? Yo, que soy más joven que vosotros, también soy un residente. Al principio quise escapar y acabé ayudando a la Madre Angustias.

(Por el foro entra MADRE ANGUSTIAS.)

MADRE ANGUSTIAS.-¿Qué es?

LEONCIO.-¡Desean huir!

MADRE ANGUSTIAS.-¿Vais a terminar así vuestra representación? ¡No es esa! Seguís erguidos en este escenario. ¡Dadle el final que ideó el autor!

(Va hasta el límite del lateral izquierdo.)

LEONCIO.-¿Te animas a intervenir?

VOZ DE ELLA.-¿Yo? ¡Encantada!

(Se ve a una señora de ochenta años muy bien conservada. Seguirá siendo VOZ DE ELLA. Alegría en todos.)

LEONCIO.-¡Oh! ¡Eres la misma!

MADRE ANGUSTIAS.-¡La voz es el espejo del alma!

ALFONSO, DOLORES, SERGIO, RITA, TERESA y LEONCIO.-¡Así te imaginábamos!

VOZ DE ELLA.-Todos soñamos ser nosotros mismos. ¡Quiero ser yo!

(MADRE ANGUSTIAS da unas fuertes palmadas.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡¡Actuemos!!

(Queda detrás y los demás, como un coro, van al primer término y alineados de izquierda a derecha. Se dirigen al frente.)

LOS DEMÁS.-¡¡Somos el coro de ancianos!! ¡Miradnos bien! Los que día a día fuimos cumpliendo años y nos encontramos con la vejez como algo que esperábamos y no sabíamos definir. ¡Ahora nos conocemos cara a cara! Ella está en nosotros y nos sentimos serenos porque continuamos disfrutando del milagro de la existencia. Sabemos que pronto se cerrarán nuestros párpados y no pensamos en ese lógico instante porque saboreamos la dicha  de una colección pequeña de presentes. ¡Es el milagro de estar vivos! ¡De poder sentirnos! Dejamos a tantos en el camino hasta llegar hasta aquí… ¡Ya no hay lágrimas para llorar tantas muertes! No todos nos sentimos iguales. Unos se hallan muy bien conservados, otros tienen sus carencias que van creciendo, algunos son inválidos que precisan ayuda y mucho cariño. Hay tantos que la soledad les invade como un tiempo en el que nunca sale el sol. Pero todos… ¡Todos! Dialogamos constantemente con la mente para lograr el mundo interior en el que la esperanza juega al escondite con nosotros. Vivimos en este asilo con sus muchas cosas buenas y también otras malísimas. ¡La senectud tiene trágicas clases sociales! Unos viven abandonados en la calle y temen su definitivo invierno, otros hacen equilibrios con sus ínfimas pensiones, algunos se defienden aceptablemente y una minoría desconoce lo que son problemas económicos. La vida afectiva resulta tan cruel… Los privilegiados disfrutan del calor de hogar como en tiempos pasados. La tristeza se apodera de los que entregan su pobre jubilación para ocultarse de familiares que los miran acusadores para humillarlos. Los que pueden pagan residencias humildes y los agraciados por la fortuna una lujosa como si navegasen a la nada en un bello crucero. En ellas, añoran el amor desinteresado de sus familiares o sufren la ausencia de seres queridos. Comprendemos que los trajimos al mundo para que fuesen libres y no nuestros criados. ¡Ellos tienen sus ocupaciones y fiestas para ser felices! Y así, de este modo, comprendemos que la deshumanización, cada vez más acentuada, va convirtiendo en frialdad a los jóvenes y resignación a los mayores. ¡Morir en tu casa y rodeado de los tuyos es una utopía! ¡¡La vida ha dejado de ser eso!!

(Van al centro de la escena.)

DOMINGO.-Y pensar que ayer era tan joven…

VOZ DE ELLA.-Hacíamos los dos tan buena pareja.

MADRE ANGUSTIAS.-La vida siempre sigue su camino.

TERESA.-¡Es todo tan injusto!

ALFONSO.-¡Deseo rebelarme de esta gran tortura!

DOLORES.-¡Obligar a la vejez a que se vaya de nuestros cuerpos!

RITA.-¡Es una intrusa que nos maneja a su antojo!

SERGIO.-¡Convertirnos en seres sin sentido!

LEONCIO.-¡Me niego a cumplir más años! ¡¡Son un error del calendario!!

(PAUSA.)

MADRE ANGUSTIAS.-Interpretáis vuestros papeles tan seriamente… ¿Es que habéis olvidado vuestra identidad? ¿Acaso sois víctimas de seguir en un mundo de ficción? Llegasteis contentos al teatro por traeros hasta aquí vuestra vocación. Entrasteis en vuestros camerinos; os maquillasteis. ¿Desconocéis la respuesta?

(Los demás van quitándose sus maquillajes y pelucas.)

VOZ DE ELLA.-¡La solución es fácil!

DOMINGO.-¡Sobran pelucas y maquillajes!

SERGIO.-¡Busco la juventud que nos quitó el teatro!

RITA.-¡Volveré a ser la que era.

DOLORES.-¡La juventud se vive sin huir de ella!

ALFONSO.-¡Es nuestra! ¡Nos corresponde!

TERESA.-¡Volveremos a tenerla!

LEONCIO.-¡Es la gran riqueza estar dentro de ella!

(Los personajes son ahora seres jóvenes y felices.)

MADRE ANGUSTIAS.-¡Bienvenidos al puerto de partida!

(Dichosos.)

DOMINGO.-¡Estamos juntos!

VOZ DE ELLA.-¡Sí!

LEONCIO.-¿Me admites a tu lado?

TERESA.-¡Lo estoy deseando!

DOLORES.-¡Nada nos separará!

ALFONSO.-¡Eso espero!

SERGIO.-¡Tenemos toda una vida!

RITA.-¡Es su mejor momento!

MADRE ANGUSTIAS.-¿La realidad nos hace más alegres?

(Los personajes se miran serios. PAUSA. Suena el tango “Caminito”. Las parejas bailan.)

ALFONSO.-¡Me encanta el tango!

DOLORES.-¡Es una delicia!

LEONCIO.-¿Qué tal te encuentras a mi lado?

TERESA.-¡Nunca me he sentido tan ilusionada!

DOMINGO.-¡Bailas admirablemente!

VOZ DE ELLA.-¡Me llevas muy bien!

SERGIO.-Desearía que nunca se acabase este momento!

RITA.-¡No lo dejaremos escapar!

(Baja la música. Sorprendidos.)

TERESA, RITA, DOLORES y VOZ DE ELLA.-¡La música no suena!

LEONCIO, SERGIO, ALFONSO, DOMINGO.-¡No podemos bailar sin ella!

MADRE ANGUSTIAS.-¡¡Está sonando!! ¡¡Seguid!! ¡¡Seguid!!

(Cesa la música. Los personajes  bailan grotescos y sin fuerzas. Quieren hablar y no pueden. Preocupada.)

¿¿Qué os sucede?? ¿¿Es que queréis volver a la ficción?? ¡¡No lo hagáis!!

(Los personajes se separan. Se miran trágicos y se marean. UN MOMENTO. Caen muertos. Baja la luz.)

¡¡No!! ¡¡Han muerto en un tango oscuro sin música ni letra!! ¡¡Yo también seguiré en mi papel!!

(Va hasta el foro.)

Perdonad un momento, nuevos residentes. Soy la Madre Angustias. Están limpiando las habitaciones.

(La luz baja hasta no verse.)

VOZ DE DOMINGO.-¡Muerta mía!

VOZ DE ELLA.-¡Mi vida!

(Rápidamente cae el

TELÓN

La Coruña, 16 de septiembre de 2.016

FINAL DE “UNA CASA DE CHOCOLATE”.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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