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¡COLÓN, LLÉVATE EL MÓVIL!

de Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡COLÓN, LLÉVATE EL MÓVIL!

 

(Parodia)

 

Original de: Raimundo Francés

bea45azul@yahoo.com

 

Duración aproximada: 15 minutos

 

 

Parodia interpretada a modo de sketch entre dos actores. Uno hace de Fernando el católico, que “como sabemos” nació como buen católico, en el barrio de Santa Cruz de Sevilla, y se educó en los marianistas. Y el otro, hace de Cristóbal Colón, que no se llamaba así precisamente, sino Cristóbal Muñoz, y por cierto era primo hermano de otro aventurero muy famoso, Julián Muñoz, pero que se le llamaba Colón, ‘’sospechosamente’’ porque igual que su primo, para mangarlo todo, se quería colar el primero en todas partes, y que por cierto nació en un callejón del barrio de La Viña, de Cádiz.

 

El rey está muy preocupado con ese viaje que ha financiado con todos sus ‘’ahorrillos’’ a la espera de hacer una buena inversión y está haciendo un seguimiento exhaustivo comunicándose con el marino a todas horas y por todos los medios a su alcance. Colón, de momento se ha prestado al juego como buen marino, pero también tiene su plan secreto porque no le gusta que lo manipulen, pues como gaditano que es, tienen un concepto muy sagrado de lo que es la libertad, y como buen pirata que es, está acostumbrado a trabajar “por su cuenta”

 

Ambos estarán a cada lado del escenario, cada uno con una mesa donde habrá un ordenador. El del rey será convencional y el de Colón será portátil. (Lo de los ordenadores es optativo) El rey se sienta en una especie de trono. El navegante en un sillón clásico.

 

El vestuario debe ser el correcto, es decir, el rey con la ropa de su linaje y el navegante con la ropa que usaba Colón en sus singladuras.

 

Llamaremos ‘’F’’ al rey Fernando y ‘’C’’ al amigo Colón. Como están hablando por el móvil, conviene que los dos personajes hablen en un tono elevado porque con tanta distancia, no se oye muy bien.

 

El lenguaje y el acento deben ser lo más aproximado a los del típico andaluz y el autor intenta aquí imitarlo, incluso exagerarlo, en cursiva, aunque lo deja a gusto del actor.

 

Reforzaría el efecto cómico que el actor que interpreta a Colón, mientras habla, se lleve la otra mano a la zona del vientre, como aquel que siente ‘’retortijones’’ porque se queja de padecer una especie de gastroenteritis a causa de comer pescado en malas condiciones.

 

FERNANDO - ¡Oye! ¡Cristóbal! ¡Cristóbaaaaaal! ¡Picha! ¿Dónde te metes, joé? ¡Que llevo más de dos horas intentando hablar contigo y no hay manera, coño! ¡Ya estaba yo pensando malamente! Ya me estaba yo diciendo ‘’El granuja este de Cristóbal, lo mismo ha llegado ya a las Indias, ha visto los tesoros y las tías tan buenas que debe de haber por allí y ha dicho, ¡al carajo el móvil, el ordenador, y el rey de España que se quede allí esperando con sus muertos!

 

COLÓN - ¡No, majestad! ¡Por favor! ¿Cómo puede su majestad desconfiar de este humilde navegante que está al servicio de sus majestades? Lo que pasa es que tenía mi móvil en mi camareta ‘’cargando’’, y yo, que llevo dos días con cagaleras, estaba en el  ‘’waterclock”, descargando.

 

FERNANDO  - ¡Ah, ya! ¡Me extrañaba mucho! Porque hoy, como tú sabes, sin el móvil no se puede vivir, y yo no quería pensar que tú lo hubieses tirado por la borda, porque a mí me han dicho que tú, como buen gaditano, tienes unos prontos muy raros y te cansas de todo, enseguida.

 

COLÓN - ¡No, majestad! Yo sé que la vida es móvil. Además, de todos modos tenemos el ordenador y usted no me deja respirar con tantos mensajes de correo electrónico, ¡Joé! ¡Que tengo ya el buzón más atascao que la autovía de Chiclana!

Me tiene usted que dar tiempo a contestarle majestad, que aquí uno también tiene sus tareas. Yo no me puedo llevar todo el día delante del ordenador leyendo sus mensajitos.

 

FERNANDO - ¡Bueno, bueno! Pero tú no dejes de conectarte todos los días, por si acaso hay alguna orden importante.

 

COLÓN - ¡No, si ya veo que usted no para de darme órdenes! Por algo, al tiesto este le pusieron ‘’ordenador”. Y ahora, dígame, ¿qué se le ofrece ahora a su majestad?

 

FERNANDO – Pues, verás. Es que quería saber por dónde vas, porque ya no debe faltarte mucho, ¿no? ¡Que ya hace mucho tiempo que saliste de Palos, cojones!

 

COLÓN – (Bajito y Entre dientes) ¡Palo va a ser el que te vas a llevar tú, pedazo de truhán!

 

FERNANDO  - ¿Cómo dices? Es que ahí tiene que haber muy poca cobertura, porque, hijo, ¡te oigo fatal!

 

COLÓN - ¡No, majestad, que digo, que ya no debe de faltar mucho! Aquí estamos todos pendientes de Rodrigo, a ver si canta ya de una vez, que estamos todos agotaítos!  El pobre, lleva ahí día y noche, desde que partimos de Huelva, pero de momento, ¡na de na! ¡Nada más que agua por todos los lados!

 

FERNANDO – Pero..., ¿cómo que Rodrigo? ¿Y el GPS que llevas ahí, en el cascarón ese de mierda, para qué te sirve, cojones? ¿Es que tú todavía no te has enterado que te montaron ese GPS precisamente para eso? Y el cursillo que te pagué, ¿qué pasa? ¿No te ha valido para nada?

 

COLÓN – Perdone, majestad, es que yo soy ya muy mayor para esas cosas tan modernas. Yo me fío más de mi amigo Rodrigo, que aunque siempre está tajao, a ese no se le escapa ni una.

 

Además, el otro día, con la ayuda de mi oficial, conectamos el GPS, porque había mal tiempo, a ver si nos daba una ruta alternativa, y nos dice el GPS: ‘’Por obras, gire 45 grados a la derecha” y luego, cuando giramos, nos dice, ‘’Por accidente de un petrolero con marea negra, y posible retención de dos horas y media, gire 45 grados a la izquierda”. Nos llevamos así, de un lao para otro, más de siete horas, y al final estábamos en el mismo sitio. ¡Que no, Majestad! ¡Que yo prefiero a mi colega Rodrigo!

 

FERNANDO – Pero, ¡No seas bestia, joé! ¿Cómo vas a comparar un GPS de la casa Siemens de Alemania, con un borracho renegao de Triana, que se fue a trabajar de guarda al astillero de Cádiz, pa no hacer nada,  y  que no es capaz de ver ni la plaza de toros aunque se suba a lo más alto de la Giralda?

 

COLÓN – Sí, pero tiene un olfato, que es capaz de oler un continente nuevo desde el guichi que hay en la plaza del mentidero. Es que Rodrigo...  ¡tiene un olfato para el valdepeñas! Porque allí en las Indias debe de haber también un buen valdepeñas, ¿no? Porque hoy ya, con eso de la exportación, vino tinto peleón tiene que haber en toas partes... ¿no?, digo yo....

 

FERNANDO – ¡Bueno!, mira, Cristóbal, déjate ya de Valdepeñas y de Manzanares, que a mí el tren correo ese con esa velocidad, me da hasta vértigo. Yo lo que digo es que tú, mucho prometer, dándotelas de gran descubridor y de ser siempre el primero pa tó, pero llevas un montón de días en ese cascarón y todavía no has visto más que agua por abajo y cielo por arriba. ¡Debería darte vergüenza!

 

COLÓN  - Majestad, tenga paciencia, que todo se andará.   

 

FERNANDO – Pero, tú, por si acaso, tienen que mantener el ordenador conectado a Internet las 24 horas, y no te preocupes que ahora es más barato porque te he contratado una tarifa plana, y tan pronto aparezca el continente, si el móvil no va bien, me pones un e-mail rápidamente.

 

COLÓN – Perdone, majestad. Es que en el ordenador debe de haberme entrado un virus o algo, porque anoche tenía ganas de ver unas tías muy buenas, y no me dio acceso a Internet.

 

FERNANDO - ¡Déjate de tías! ¡Anda! A ver si te pueden arreglar el cacharro ese, y esta tarde podemos chatear otra vez, sin problemas.

 

COLÓN  – Majestad, es que anoche, me picó un mosquito, de esos gordos, y yo no sé por qué me da que no era un mosquito español. ¡Vamos! Que yo creo que no embarcó con nosotros. Porque en la lista de embarque no estaba, porque yo lo habría pillao rápidamente, que de colones yo sé un poco. Estoy segurísimo. Además, que yo, a los mosquitos de Huelva los conozco bien porque tienen ese olorcillo así, como cuando se rompe una cañería del alcantarillao.  Lo malo es que me ha puesto el ojo como un tomate. Y esta noche, veré si puedo navegar bien.

 

FERNANDO - ¡Coño! ¿No tienes ahí a tus oficiales? ¡Pues, que naveguen ellos, joé, que tú eres el almirante, a ver como quieres que te lo diga! ¡Que los almirantes solo están para firmar y para mandar, ¡desgraciao!, que tú  no tienes por qué estar navegando toda la noche!

 

COLÓN – No, majestad. Yo quería decir, navegando por Internet. Es que mi primo me ha llamado y me ha dicho que hay una página WEB con unas tías de esas, de chuparse los deos.

 

FERNANDO – Bueno, pues luego, me pasas la dirección, que les voy a echar un vistazo. Ya que no puede uno echarles otra cosa. ¡Oye! ¿Y tu primo te ha dicho si son de aquí, o son extranjeras? A lo mejor son portuguesas, de esas que se están colando sin papeles, y luego, cuando no encuentran trabajo se dedican a enseñar el culete y lo que no es el culete.

 

COLÓN  – No. Majestad, a mí me han dicho que son Rusas.

 

FERNANDO - ¿Rusas? ¿Y qué es eso?... si se puede saber.  

 

COLÓN – Pues, de un país que se llama Rusia.

 

FERNANDO - ¿Y donde está eso, y por qué no se me ha informado para mandar allí a mi ejército con los tanques y clavar allí mi bandera?

 

COLÓN  – Pues, me han dicho que no está tirando para aquí, sino tirando para allá. Vamos a ver como le explico yo. Yo salí de Huelva para abajo, ¿no? Pues tendría que tirar de Huelva para arriba. ¿Comprende, majestad?

 

FERNANDO - ¡Vaya! Con que ahora a las portuguesas se les llama, rusas, ¿no? ¡Mira que listas son! Y todo eso para colarse sin papeles. Ya daré yo aviso a los de la guardia civil de costas para que tengan cuidado y no dejen pasar a ni una.

 

COLÓN  – No, majestad. Ese país está mucho más lejos, mucho más arriba. Además, allí tiene que hacer un frío que te cagas.

 

FERNANDO - ¿Que hace mucho frío? Entonces, si hace tanto frío, ¿cómo es que se ponen en cueros?

 

COLÓN  – Pues, no sé, supongo que tendrán una chimenea calentita, o a lo mejor aire acondicionado con sistema inverter para calentarse un poquito. ¡Y yo que coño sé!

 

FERNANDO - ¡Bueno, bueno! Pero tú a lo tuyo, que estamos todos pendientes de ti. Joder, que he puesto mucha pasta en esta inversión y no quiero perder ni un real. Fíjate en lo del Forum Filatélico. Los cabrones se han quedado con los millones de un montón de incautos, de esos que se creen que todavía se dan duros a cuatro pesetas.

 

 Menos mal que yo lo tengo todo en Telefónica, que esa si que no pierde nunca. Cada día gana más, y cada día tiene menos empleados y paga menos a la gente. Me han dicho que casi todos los operadores que tiene son sudamericanos. ¡Oye! ¿Yo qué he dicho?  ¿Sudamericanos? ¡Pero, coño! ¿Cómo van a ser sudamericanos, si eres tú precisamente el que tienes que descubrir a los sudamericanos! ¡Oye, Colón, tú no te estarás quedando conmigo, verdad que no, picha?

 

COLÓN – Majestad, ¿Cómo se le puede ocurrir una cosa así? Además de mi rey, usted es mi socio, y si usted pierde, también pierdo yo. O sea que no...

 

FERNANDO – Sí, pero hoy no te puedes fiar de nadie. ¡Fíjate en el caso de Marbella! Si Muñoz no se hubiese fiado de Roca y Roca no se hubiese fiado de Muñoz, ahora el negocio seguiría viento en popa, ¡y no que se ha ido todo al carajo! ¡Y a los dos terminarán embargándoles hasta los calzoncillos! ¡Menos mal que yo lo saqué todo antes! Porque para eso tiene uno su equipo de informadores, que si no...

 

COLÓN – Si, pero nosotros no podemos ir a la cárcel porque su majestad me dijo que tenemos inmunidad diplomática ¿no?

 

FERNANDO– Eso es verdad. Los reyes y los almirantes nunca van a la cárcel. ¡Bueno! ¡Digo yo!  Los que van al trullo suelen ser los camareros, los de la construcción, los campesinos que se comen un camaleón, los cocineros, y toda esa gentecilla.

 

COLÓN – Por cierto, majestad, ahora que usted menciona al cocinero. Cualquier día voy a coger al ayudante de cocina y lo voy a echar a los tiburones.

 

FERNANDO - ¡Coño! ¿Qué te ha hecho el desgraciao ese?

 

COLÓN – Joder, que el otro día, me puso un pescado guisado, y estaría malo, porque llevo ya tres días y tres noches ¡con unas cagaleras...que me sobra todo y me llevo todo el santo día agarrándome los pantalones,  y cuando vuelva me voy a tener que gastar toda la pasta que me haya ganado en ropa nueva de la talla treinta y seis en El Corte Inglés!

 

FERNANDO– Pero, si es que eres carajote, Cristóbal. ¡Con todo el pescado que tienes debajo del barco, cojones! ¡Mira que te he dicho siempre que tienes que comer pescado del ‘’día’’!

 

COLÓN - ¡Hombre! Yo cuando estoy en Huelva, o en Chipiona, suelo comer pescado del DIA, pero aquí, a bordo, el pescao este, ni porque sea de HIPERCOR..., ¡el pescao está más tieso que las botas del contramaestre!  

 

FERNANDO – ¡Porque eres idiota! ¡A quién se le ocurre llevarse a la mar pescao congelado! Que lo venden de un año para otro.  ¡No me extraña que te estés descomponiendo con esas diarreas! Lo que me extraña es que hayas llegado hasta ahí.  ¡Picha! ¡Que te pongas ya a pescar, joé!

 

COLÓN – Sí, majestad, pero es que se nos olvidó traernos la carná. Usted sabe que en estos viajes, con las prisas, siempre se olvida uno de algo. Eso sí, las cañas no se me olvidaron, aunque la verdad, solo las puedo usar pa tender los calcetines y los calzoncillos.

 

FERNANDO – ¡Pero eso no es problema, joder! Tú te trincas al ayudante ese de cocina al que le has cogido manía, lo descuartizas en mil pedazos, lo metes en salmuera y ya tienes carná para pescar todo el viaje, el de ida y el de la vuelta. ¡Es que eres tonto, coño!

 

COLÓN - ¡Hombre! La verdad es que no es mala idea. Pero no puedo hacer eso porque si encima se muere el Chef, que ya no le debe de quedar mucho, ¿quién va a cocinar? Aquí son todos arrumbadores de El Puerto de Santa María y calafates del astillero de Huelva, pero de cocina, esta gente no sabe hacer ni un caldito de AVECREM.  Antes, son capaces de comerse unos a otros, jugándoselo al TUTE o a las siete y media.

 

FERNANDO - ¡Qué bestias!  Oye, tan pronto veas las playas de América, o a las vírgenes americanas, dame un toquecito, que estoy impaciente. Y, cuando se agachen las indias para adorarte, dile a uno de los tuyos que las coja en DVD, pero por detrás, que tengo curiosidad por saber si llevan bragas o no. Si las toma por delante, que sea de cintura para abajo ¿eh? Que seguramente tienen bigote y a mí las mujeres con bigote no me gustan mucho porque me recuerdan a Fu-man-Chu.  

 

COLÓN - ¡Vale, majestad! Lo malo es que no sé es si allí en América, habrá cobertura. Porque, todavía Telefónica no ha instalado antenas en ese continente ¿no?

 

FERNANDO – No, pero en el momento en que tú allí te hagas el amo, no tardará mucho. Ya yo me encargaré de que vayan rápido para allá. Que a mí, que soy accionista de los fuertes, me interesa mucho ese negocio.

 

COLÓN- ¡Bueno! De todas maneras tengo el portátil. Y como un recurso, le puedo enviar un par de palomas, ¿no?

 

FERNANDO – Pero, Cristobita, ¡qué antiguo estás, cojonera! ¿Tú sabes lo que tardan las dichosas palomitas en llegar a España? Eso está bien como último recurso, pero tú me mandas aunque sea un SMS, que cuesta treinta céntimos. Además, para eso, el consumo de tu móvil pasa todo a mi cuenta. Tú me pones simplemente: ‘’Majestad. Ya tiene un nuevo dominio. Oro, plata, diamantes, tías buenas”. Y abajo, pones, “¡A sus pies!”  Y yo ya te daré instrucciones para que me lo mandes todo por SEUR 10. Porque como tú comprenderás yo no voy a esperar a que tu vuelvas. ¡Si es que vuelves, porque con tanto tiburón por ahí...!

 

COLÓN - ¡Hombre! ¡Yo, tan pronto cargue los tres barcos con los tesoros y unas cuantas tías buenas me voy pa España, tío! ¡Perdón, majestad! Es que quería decir, que yo aquí... ¿qué hago con cuatro borrachos, sin cafetería, sin menú del día, sin buffet, sin cuarto de baño, sin piscina, sin jacuzzi...? ¡Esto tiene que ser para morirse de asco!

 

FERNANDO - ¡Bueno! Pero si quieres dejar a alguien ahí, deja a los de la sotana,  para que se distraigan contándoles a los amerindios el cuento ese de Belén y los pastorcitos. Tú te vienes para acá con los tesoros, que es lo importante. Yo ya estoy en conversaciones con una multinacional de Roma, para hacer allí un buen negocio.

 

Por cierto, cuando me hables de los tesoros, tienes que hacerlo en clave, ¿eh? Que hay mucho espía por ahí.

 

COLÓN - ¿Enclave? ¿Dónde hay enclave otra vez? ¿Ha dicho usted en El Vaticano de Roma?

 

FERNANDO - ¡No, hombre, no, que estás encarajotao! Te digo, que en vez de mencionar, oro, plata y esas cosas, me pones otros nombres para que nos entendamos. Todo codificado, igual que en las guerras, ¡coño!

 

Colón - ¿Y qué palabras pongo?

 

FERNANDO  – Pues, mira, por ejemplo, para mencionar ORO, en vez de decir, ‘’aquí hay mucho oro” Pues, me dices ’’Aquí hay mucho loro” ‘’Loro por todas partes’’ ¿comprendes?

 

COLÓN - ¡Ah, ya! Y si no hay mucha plata, puedo decir, por ejemplo, ‘’aquí plata─no mucho”  que parezca “plátano mucho” o algo así, ¿no?

 

FERNANDO – ¡Pues, claro, joé! ¿Tú ves? Ya nos vamos entendiendo. Y si hay diamantes, pues me pones, ‘’aquí de amantes, un mogollón. Aquí nadie está casado por la iglesia, pero todo el mundo tiene a alguien de amante” o algo así. Y yo ya entiendo que hay tela de diamantes, ¿comprendes?

 

COLÓN– Vale, vale, majestad. No se preocupe, que le voy a mandar un montón de loros, de plátanos y mogollón de amantes. Los barcos van a ir pa allá hasta la borda. ¡Ya lo verá!

 

FERNANDO – Muy bien. Así me gusta. No te preocupes que ya te guardaré el 0,2  por ciento. Fíjate que te estoy ofreciendo más que el ATLÁNTICO, ¿eh? Que hoy día solo está dando un 0.1 por ciento, y siempre que sea a plazo fijo.

 

COLÓN- Majestad, si no le importa, no me mencione más el atlántico, que ya me estoy mareando otra vez, y con los mareos y las cagaleras, me voy a tener que acostar hasta que llegue a la Isla de El Salvador.

 

FERNANDO ─ ¿El salvador? ¿Y cómo sabes ya el nombre de esa isla si todavía no has visto ninguna señal de tráfico que la anuncie, ni nada?

 

COLÓN ─ No, majestad, lo que pasa es que como estoy tan malito y todos los días le rezo al sagrado corazón, le he prometido que si llego vivo, a la primera islita que me encuentre le pienso poner ‘’El Salvador’’ por haberme salvado, ¿comprende?

 

FERNANDO ─ ¡Ah, ya, eso está muy bien! Que se vea que aunque tú seas de un barrio de Cádiz, que allí todo el mundo es del PSOE, o medio comunistas chiflaos, tú eres católico, como yo, ¡como está mandao!

 

 Y, como te iba diciendo,  además del 0.2 por ciento, te daré también un titulito de esos, para que lo pongas enmarcado en el saloncito y para que puedas acudir a las fiestesitas que da la duquesa de Alba, de vez en cuando.

 

 Aunque creo que últimamente se ha vuelto un poco tacaña, pues según me cuentan, el sábado hizo una fiesta de cumpleaños y de postre puso yogures con leche de Chernobil, que venden en un supermercado de esos de mala muerte, porque eran más baratitos.

 

 Ya verás. ¡Bueno!, te dejo que estoy viendo a la reina que viene hacia acá y no quiero que se entere de nada, que ésta es capaz de dárselo todo a una ONG. ¡Vale, macho! ¡Aquí estamos para lo que necesites!

 

COLÓN – OK. Majestad. No se preocupe que esto lo tengo ya dominao! Tan pronto clave mis botas en América, pongo su estandarte, y pongo el nuevo mundo a sus pies.

 

FERNANDO – Bueno, querrás decir a los pies de la corona. Ten cuidado Cristóbal con lo que dices, que no me quiero ver pringado en un asunto de corrupción que ahora están los fiscales que muerden hasta con los ojos cerrados.

 

 ¡Hay que tener discreción, joder! ¡Mira que te lo he dicho miles de veces! ¡Quién me diría a mí que me buscara al gaditano este de los cojones!   

 

COLÓN – Majestad, y si con tanto peso, el agua nos llega a la regala y el barco... mejor dicho, los barcos empiezan a hundirse...

 

FERNANDO - ¡Pero, Cristóbal! A veces, no pareces un marino ilustre sino más bien un marino un poquillo subnormal, eh? ¡A ver si lo que tú tienes es una colitis mental degenerativa e irreversible! Te voy a tener que degradar a teniente de navío y mandarte a la reserva activa.

 

¡Joder!, ¡Si ves que los barcos están demasiado cargados con los tesoros, pues, tiras al agua al contramaestre que pesa noventa y ocho  kilos y a unos cuantos marineros, y así los alivias de lastre!  ¡Cojones! ¡Que estás agilipollado!

 

COLÓN - ¿Y entonces, quién sube a izar y arriar las velas, majestad?

 

FERNANDO - ¡Joder! ¿Tú no hiciste un cursillo a distancia para aprender a hacer esas cosas? ¡Coño! Pues subes tú mismo. Además, un poco de ejercicio no te vendrá mal, que después, todos los marinos venís con un montón de kilos de más. ¡Tanto garbanzo! ¡Tanto tocino! ¡Tantos higos secos! ¡Qué barbaridad!

 

COLÓN – Bueno, majestad, se hará lo que se pueda. Pero yo tenía pensado tirar a los marineros al agua ya cerquita de España, por allí por Sanlúcar, al entrar en el río, para que la prensa no diga cosas que no debe decir, que ya usted sabe como son los paparazzi. Pero mientras, me interesa mantenerlos con vida, porque eso de subir a los mástiles es un auténtico coñazo. ¡Que se lo digo yo!

 

FERNANDO - ¡Bueno, bueno! Haz lo que mejor te parezca. Pero que no me entere que tiras al agua ni un gramo del tesoro porque te mando ahorcar el mismo día que llegues. Si hace falta echar todo el lastre al mar, incluso podéis tirar el agua potable. Ya os hartaréis de beber agua  cuando lleguéis a España. Total por unos días, a nadie le pasa nada. En todo caso, podéis coger un poco de agua salada del mar  y la hervís en el microondas, que para eso te lo regalé el día de tu boda.

 

COLÓN – De acuerdo, majestad. A sus pies. Me voy a preparar el machete porque seguramente tendremos que dar algunos machetazos a los que se pongan patosos, que siempre hay alguno que a cambio de algo, enseguida pide la autodeterminación. Y ahora que está de moda el nacionalismo, no puede uno fiarse.

 

FERNANDO – OK. Esta noche te voy  a enviar una foto con un e-mail para que veas lo guapos que están tus niños.

 

COLÓN – Ah, gracias, majestad. Es usted muy amable. Y si se acuerda, majestad, dé muchos recuerdos a mi esposa, y dígale que no la olvido. Y que me acuerdo de ella cada vez que me acuesto.

 

FERNANDO – Tú, de tu mujer, no te preocupes que yo ya me encargo de ella y de que no le falte... ¡vamos!, que no le falta de nada...

 

COLÓN – Gracias, majestad. Da gusto tener un rey como usted. Yo siempre digo que no pienso cambiar de rey porque como Fernando el católico, no hay  otro.

 

FERNANDO– Desgraciadamente no hay más, hijo. ¡Y debería haberlos!

 

COLÓN – Tengo que cortar ya la llamada, majestad porque me estoy quedando sin batería.

 

FERNANDO – Vale, te dejo Cristobita. Ya sabes, si no vuelves con los loros, los plátanos y las piedras esas tan raras, mejor no vuelvas. Pero, ya mandaré yo a por ti, y entonces no te va a salvar ni el sagrado corazón, porque tú sabes que los del CESID encuentran a cualquiera en cualquier rincón del mundo.

 

COLÓN ─ Sí, majestad pero al concejal de Marbella, el cara cura ese del partido andalucista, no tienen cojones de encontrarlo.

 

FERNANDO ─ ¡Ya lo encontrarán! Lo que pasa es que ese muchachito es un cagón y se habrá metido en un pozo de catorce metros que hay en el convento de Fray Leopoldo. Y allí no dejan pasar ni a los perros sabuesos. ¡Pero, ya caerá! ¡En mi país reino yo y la justicia, y el que se deja corromper, está listo!  

 

COLÓN – Descuide, su majestad, que yo soy un hombre leal a la corona. Si no vuelvo, es porque alguna tía buena me trinca y no me suelta ni para ir al baño. Que con las mujeres, nunca se sabe.

 

FERNANDO – Bueno, pues cógete un par de ellas, de las mejores, y te las traes para que no te falte de nada. ¡Pero, vuelve con los tesoros, joder! ¡Te lo ordeno!

 

COLÓN – A sus órdenes, mi rey.  Cambio y corto.

 

(Ahora hace un monólogo)

 

                  Yo no sé este rey Fernandito que se habrá creído. Porque eso de ‘’el santo’’ no es más que un apodo que le pusieron en el colegio. ¡De santo, no tiene na!

 

 Lo mismo se ha tragado eso de que yo voy a volver allí para que me de otra misión al Polo Sur, con el Expérides ese o como se llame,  o a Sudáfrica, y allí me arrojen a los tiburones blancos para que yo no cante nunca.

 

 ¡Anda ya! Yo le mandaré algunas cosillas, y a un par de indígenas de muestra, y yo me quedo en América. ¡Estaría yo tonto! Todo el mundo soñando con América, el país de las oportunidades, y yo, ahora que estoy llegando y que allí lo voy a tener todo, voy a ser tan carajote de ponerme otra vez a las órdenes del engreído este.

 

¡Anda ya tío! ¡Con lo que me costó convencer a mi suegro para que me diera los planos de la ruta esta, que hasta lo tuve que amenazar con la inquisición!

 

 Con el oro, la plata y los diamantes, ya estoy yo creando el banco Hispano-Americano, ¡y a ganar fortunas! Que la vida hay que vivirla, coño, y en la mar, se pone uno como azulao por todo el cuerpo,  con tanto cielo y tanto agua.

 

Y si manda alguien a buscarme, se va a enterar, porque cuando llegue, lo primero que haré es levantar un baluarte y llenarlo de cañones, y además le pongo la playa a rebosar de  minas anti-personas y ¡al carajo! Si quieren tesoros, ¡que hubieran venio antes! ¡Que Colón na más que hay uno!

 

(Gritando y mirando hacia arriba)

 

¡Rodrigoooo! ¡A ver si cantas ya de una puñetera vez cojones, que se me está poniendo cara de gaviota! ¡Ahora mando que te suban otra garrafa de valdepeñas, para que se te aclare la vista! ¡Tú, pórtate bien, y no te duermas, que te voy a dar una comisión del 0,15 por ciento a plazo fijo, mucho más que lo que te da el Atlántico!

 

(Se oye una voz como si viniera de la cofa, supuestamente de Rodrigo)

 

R - ¡A ver si es verdad, mi almirante, porque hasta ahora, a mí el atlántico no me ha dao na más que mucho sueño, y si me descuido, una hijaputa gaviota del atlántico me estaba robando hasta el bocadillo! ¡Con lo bien que estaba yo allí en mi guichi, en la plaza del mentidero, con mi tapita de bienmesabe y con mi vasito de valdepeñas...! 

 

¿Yo qué he dicho? ¿He dicho yo valdepeñas?  ¡Coño! ¡Almirante!  ¡Que estoy oliendo ya a valdepeñas! ¡Que tenemos que está ya mu cerquita! ¡Ah del barcooooo! ¡Valdepeñas a la vista! ¡Preparen las amarras... y vayan sacando de la bodega todos los barriles que estén vacíos!

 

(A esto, Colón, nota que le cae una cosa así, muy suelta, de color marroncito, del tamaño de una tortillita de camarones, en un ojo. Trata de limpiarse con la manga, luego lo huele, y mirando para arriba y a gritos, le pregunta a Rodrigo)

 

C ─ ¡Oye, Rodrigo! Ya me enterado de que el olor del valdepeñas te ha llegado, pero dime una cosa, ¿tú que tienes, colon irritable, y te estás yendo de vareta por la emoción, o es que también comiste anoche pescao podrio?

 

 ¡Ten más cuidaito, picha, a ver si le voy a tener que hacer caso a su majestad, y te voy a tener que cambiar por un GPS!

 

 ¡Qué asco, hijo! ¡Con razón dijo Fernando el católico que esto es un barco de mierda!  ¡Está claro que yo no me subo más a un barco! ¡Yo me quedo en América! Y como no puedo volver a mi Cai de mi alma, hasta que me jubile, como todo el mundo, me voy a comprar un apartamento en la planta más alta de las torres gemelas, y desde allí puedo ver todos los días, el mar, los barquitos, y como desde allí también se ve la estatua de la libertad, me hago cuenta de que es ‘La Pepa’, la de la plaza de la constitución. ¡Viva la libertad!

 

Fin

 

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