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  COTILLÓN

de ROGELIO BORRA GARCÍA

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

“ Cotillón “

  

Personajes (por orden de aparición)

 

JESICA DUVAL: Soltera, de más de treinta años. Modernosa, neurótica, vigorosa.

GENARO DELLEPIALE: Viudo, cuarentón. Tenso, contenido, algo siniestro.

DARIO: Veinticuatro años. Tímido, retraído, poco sociable.

ZULMA: Soltera, treinta y algo. Chica de barrio. Simple, sencilla, divertida. Busto enorme.

CARMELA: Cincuenta y pico. Miembro de una familia adinerada. Estirada, irónica, de lengua filosa.

FREDY: Casado, treinta y pico. Eterno seductor, siempre con ganas. Zarpado y gracioso.

 

ACTO UNICO

 

Amplio ambiente de un departamento ubicado en algún barrio céntrico, amueblado y decorado sin un estilo definido, pero que pretende ser casual y modernoso.

En el centro de la escena, sobre una alfombra o tapiz, una mesita ratona rodeada de almohadones. Detrás, al centro, un sillón doble cubierto con una tela roja. A un lado del sillón, un equipo de música. Al otro, una mesita con licores, bebidas, vasos, una bandeja con bocadillos.

A uno de los laterales, una puerta que lleva a otro ambiente y a la entrada del departamento. En el otro, una puerta-ventana abierta conduce a un reducido balconcito.

Es el departamento de JESICA, quien es la anfitriona de la "reunión para solos y solas" que ha organizado esa noche de viernes, a comienzos de primavera.

 

En escena, vemos a DARIO, de pie. GENARO, sentado muy derecho en un extremo del sillón doble. A su lado, el bolsito del que raramente se separa.

JESICA está de pie, sosteniendo un par de copas vacías.

 

JESICA: ¡Qué bueno que hayan venido! ¡Vamos a pasar una noche maravillosa, inol-vidable! ¿Qué van a tomar? (a DARIO) ¿Muñeco?

 

DARIO: Agua. Un vasito de agua.

 

JESICA: ¿Agua? ¡Ay, qué pena! No tengo agua mineral.

 

DARIO: Agua de la canilla.

 

JESICA: Oh... ¡qué económico, mi vida! (le da la copa) Ahí está el baño, servite a tu gusto.

 

DARIO: (toma la copa, la mira, duda) Em... después. No tengo mucha sed.

 

JESICA: (se encoge de hombros) Okey. Pero, sentáte. ¡Sentáte! ¡Elegí el almohadón que más te guste!

 

DARIO mira a su alrededor. Decide sentarse en el otro extremo del sillón donde está GENARO, lo que hace que éste traiga su bolsito más cerca de sí.

 

JESICA: (a GENARO) Y vos... ¿cómo era que te llamabas?

 

GENARO: Genaro Dellepiale.

JESICA: (larga una risotada) ¡Como los licores! ¿O eran fiambres? Bueno, no tiene importancia. Genaro Dellepiale, ¿qué vas a tomar?

 

GENARO: Yo nada.

 

JESICA: Pero, mi amor ¿cómo que nada? ¿No te apetece un Martini en las rocas? ¿Un Bloody Mary?

 

GENARO: Estoy con el estómago vacío.

 

JESICA: ¡Mi amor! ¡Haberlo dicho antes! ¡Eso se soluciona enseguida! (va hasta la mesita de las bebidas y vuelve con la bandeja de bocaditos; los ofrece frente a las narices de GENARO) Los preparé yo misma. ¡Servíte, servíte!

 

GENARO: (mirando los bocaditos con desconfianza) Este... más tarde.

 

JESICA: ¡Pero servíte!

 

GENARO: Preferiría que esperemos a los demás.

 

DARIO: (desconfiando) ¿Vendrán?

 

JESICA: ¡Claro! Esta tarde me llamaron por teléfono confirmando su presencia, como ustedes. ¿Por qué no van a venir? (deja la bandeja otra vez sobre la mesita)

 

GENARO: (mira su reloj de pulsera) No son muy puntuales.

 

JESICA: ¡Es una reunión informal, mi amor! Además, vos sabés cómo somos las mujeres. ¡Lo que tardamos en decidir qué ponernos, en peinarnos y arreglarnos! Por eso, es que las chicas se están haciendo esperar. Pero ya van a aparecer. ¡No seas tan impaciente, picarón! (se sienta en el medio de ambos, lo que provoca cierta incomodidad en los hombres) ¿Qué les parece si escuchamos algo de música?

 

DARIO: Por mí, no.

 

GENARO: Yo preferiría que esperemos a los demás.

 

JESICA: (con un suspiro, siempre luchando por no demostrar el fastidio que le causan las actitudes de estos dos) Música no. ¡Bueno! ¡Vamos a charlar, entonces! ¿Qué tema les gustaría tocar?

 

DARIO: Política no.

 

JESICA: (largando una risa histérica y chillona que será característica de sus arranques) ¡Ay, no, muñeco! ¡Política! ¿Cómo vamos a hablar de política en una reunión tan amena como ésta?¡Qué ocurrente! Y vos, mi amor, ¿qué tema sugerís?

 

GENARO: ¿Yo? No se me ocurre ninguno.

 

JESICA: (vencida) ¡Okey! Yo propongo el tema. Vamos a hablar ¡de sexo! (y diciendo esto, pone una mano sobre cada pierna de los hombres. El contacto los sorprende y sacude. DARIO y GENARO miran las manos de JESICA sobre sus piernas.

 

DARIO y GENARO quedan estáticos. Sólo JESICA se mueve y habla, iluminada por un spot. Cada vez que uno de los personajes se aísla, sale de la acción y habla al público, diremos que está "en la luz".

 

JESICA: Estos dos me van a arruinar la noche. Y me temo que son un anticipo de lo que me espera. Cuando mi amiga de Tucumán, Judit, me contó que se dedicaba a organizar reuniones para solos y solas, se me ocurrió que podía ser un curro fácil y redituable. Después de todo, en este bendito mundo, lo que abundan son personas solitarias. Además, vi que a Judit no le iba nada mal con esta singular Pyme: Auto nuevo, pilchas caras y la posibilidad siempre presente de conocer al hombre de tu vida. O al menos al hombre de tu noche, lo que no es mucho pedir. Así que me decidí: acondicioné un poco mi departamento y pensé en el aviso que iba a poner en el diario. Como me cobraban por cantidad de letras, tuve que abreviar todo lo posible: " JESICA DUVAL, Lic. en Psic. Soc. y Sex., reunión solos-solas, exclu., diver., inolvi., vier. 22 hs.". Y me senté al lado del teléfono a esperar. Más de veinte personas llamaron. A la mayoría no les convenció la tarifa por mis servicios de Celestina. Un tipo llamó pensando que se trataba de una hot-line. Otro preguntó si podía venir vestido como María Antonieta. Obvio le dije que no, que era una reunión informal pero no un baile de disfraces para maricas. Finalmente, apenas cinco personas confirmaron su presencia. Creo que voy a pensar muy seriamente en el negocio de las hot lines. O en organizar fiestas gay. ¡Solamente cinco almas solitarias acudieron a mi llamado! Y aquí están los dos primeros. Tensos y desconfiados. Con menos onda que pelo de toba. Pero ya estoy metida en esto y decidida a que la noche sea lo menos complicada posible. Ah, obviamente mi nombre no es Jesica Duval y no soy lic. - licenciada en nada, menos en sex. - sexo, que sí parece haberse tomado una licencia prolongada de mi vida. Me llamo Cora Aguirre, soy soltera y jamás diré que ya doblé el codo de los treinta. Ahora, permiso, voy a ver si puedo incentivar de alguna manera a estos dos zombis.

 

La iluminación se normaliza. Mirando a uno y a otro, JESICA mueve sus manos frotando las piernas de ambos.

 

JESICA: ¿Quién empieza?

 

GENARO: (alarmado) ¿Quién empieza a qué?

 

JESICA: ¡A hablar de sexo! ¿A qué va a ser?

 

Suena el timbre de la puerta.

 

JESICA: ¡Ah! ¡Los salvó el gong!

 

JESICA se levanta y va a abrir. También se levantan los dos hombres. GENARO aprieta su bolsito. DARIO deja la copa vacía que sostenía incómodamente.

JESICA vuelve con ZULMA y CARMELA.

 

JESICA: Pasen, chicas. ¡Pasen! ¡Qué bueno que hayan venido! ¡Vamos a pasar una noche maravillosa, inol-vidable! Los presento: Él es Dardo.

 

DARIO: (la corrige) Darío.

 

JESICA: Sí, Darío. Y él es... es... ¡nunca me acuerdo tu nombre, mi amor!

 

GENARO: Genaro Dellepiale.

 

JESICA: Sí, Dellepiale, ¡claro! Y ellas son: Zulema y...

 

ZULMA: Zulma.

 

JESICA: (con una risotada) ¡Qué tonta que soy! ¡Zulma! (como grabándolo en su cabeza) ¡Zulma! ¡Zulma y... !

 

CARMELA: Carmela. Lo digo yo antes de que me bautices.

 

JESICA: (otra risotada) ¡Qué divina! ¡Qué noche divertida vamos a pasar! Pasen, siéntense. ¡Póngase cómodas, chicas! ¡Qué diosas se han venido! ¡Guauuu! ¡Noche de conquista!

 

CARMELA y ZULMA se sientan en el sillón doble. GENARO y DARIO ven que no hay otro sitio donde sentarse, excepto sobre los almohadones en el piso. Pero permanecen de pie. Los cuatro se mirarán, como extraños que son, incómodos y rígidos. JESICA busca dos copas vacías.

 

JESICA: ¡Qué bueno que hayan venido! ¡Es tan lindo conocer gente nueva y comunicarse!  Chicas, ¿qué van a tomar?

 

ZULMA: Whisky, si tenés. Sin hielo ni soda.

 

JESICA: ¡Oh! Te aclaro que no es importado, tesoro, porque no conseguí por acá el scotch que a mí me gusta; pero te aseguro que es del bueno. (sirve el whisky) (a CARMELA) ¿Y vos, reina?

 

CARMELA: Beber escocés de las pampas me parece un despropósito. Servíme gaseosa.

 

JESICA: (les alcanza la bebida a ambas) Me contaban por teléfono que acostumbran ir a las reuniones de solos y solas.

 

ZULMA: Sí, vamos a todas las que podemos. ¡Nos encantan!

 

CARMELA: Justamente, nos conocimos en una. Claro que era en la terraza de un club. (mirando el sitio con cierto desdén) ¿No es un lugar muy chico para una reunión de este tipo?

 

ZULMA: ¿A cuántas personas esperás reunir?

 

JESICA: Pocas, tesoro. Yo organizo reuniones muuuy exclusivas.

 

CARMELA: No conocíamos tu nombre en el ambiente.

 

JESICA: (incómoda) Es que estuve viviendo mucho tiempo en las Islas Canarias. Ahí tengo montada una verdadera empresa que se dedica a organizar reuniones de este tipo. (a GENARO, para salir del tema) ¡Mi amor! ¿Qué hacés ahí, paradito? ¡Sentáte! (asiéndolo de los hombros, lo obliga a sentarse sobre uno de los almohadones)

 

Precavido, antes de que JESICA haga lo mismo con él, DARIO se sienta en el suelo, sobre otro almohadón. JESICA se tira, literalmente, sobre la alfombra.

 

JESICA: ¡Qué alegría que hayan venido! (a ZULMA) ¿ A qué me dijiste que te dedicabas, linda?  Sí, a vos te pregunto.

 

ZULMA: Ah... Eeh... Soy vendedora de tupper.

 

JESICA: ¿Tupper?

 

ZULMA: Sí, soy representante líder en la zona.

 

JESICA: Tupper... ¡Qué interesante!

 

Suena el timbre.

 

JESICA: (se levanta presurosa) ¡Voy! ¡Voy! (sale)

 

Los cuatro se siguen mirando incómodos y tímidos.

 

DARIO: (a ZULMA) ¿Qué es un tupper?

 

ZULMA: (desprevenida) Eem...

CARMELA: Envases de plástico con tapas herméticas que se usan para guardar boludeces.

 

DARIO: Ah.

 

GENARO: (tímidamente) Yo los uso mucho.

 

ZULMA: (saliendo del mal momento, tras el comentario de CARMELA) ¿Ah, sí?

 

GENARO: (orgulloso) Tengo toda la alacena organizada gracias a tupper.

 

ZULMA: (interesada) ¡No me diga que Usted cocina!

 

GENARO: Sí, desde que se fue Hortensia.

 

CARMELA: ¿Está de viaje?

 

GENARO: Sí, un viaje muuuy largo. (pausa, tétrico) Murió.

 

CARMELA se santigua. Entran JESICA y FREDY. Los demás se levantan, dispuestos a saludar.

 

JESICA: ¡Demos la bienvenida a este galán!

 

FREDY: ¡Hola a todos! Francisco Federico de la Mata, pero el mundo entero me conoce por Fredy. ¿Cómo están?

 

JESICA: Fredy, ¡por fin un nombre fácil de recordar! Fredy, ella es Zulema

 

ZULMA: ¡Zulma!

 

JESICA: ¡Ay, soy un caso! Pero algo me pasa con tu nombre, tesoro. ¡Se me va!

 

FREDY: (besando la mano, pero sin desprender la mirada de los pechos de ZULMA) Caramba, Zulma, permítame decirle que Usted más que el mundo en sus manos, tiene un par de globos terráqueos en el pecho. 

 

JESICA: (rápidamente, arrastra a FREDY frente a CARMELA) Fredy, te presento a...

 

CARMELA: Carmela.

 

FREDY: ¡Carmela! (le besa la mano, muy gentil) ¡Ole! ¡Qué castizo, qué ibérico suena tu nombre, torera!

 

CARMELA: Puede ser, pero mis padres son checoeslovacos.

GENARO: (adelantándose y extendiendo su mano) Genaro Dellepiale, mucho gusto.

 

FREDY: (le da la mano) Varón. (mirando a DARIO) ¿Trajiste a tu hijo?

 

JESICA: Fredy, ¡cómo se te ocurre! Él es... ¿Darío, no?

 

DARIO: Hola.

 

Detrás, JESICA hace un gesto de ¡acerté! con respecto al nombre de Darío.

 

FREDY: ¡Pibe! Yo a tu edad no estaría en una reunión de desahuciados como ésta.

 

JESICA: (larga una risotada, intentando simular que le resultó gracioso y pensando que hará eco en los demás, cosa que no ocurre)

 

CARMELA: (a FREDY, ofendida) Joven, para estar solo no hay edad, ¿sabe?

 

FREDY: Te apoyo, Carmela. No quise ofender, vieja. Fue un simple comentario al boleo.

 

ZULMA: Pero tiene razón. (mirando a DARIO) He ido a muchísimas reuniones de solos y solas y en ninguna he visto a un chico como éste. ¡Casi una criatura!

FREDY: (rápido) ¡Lance!

 

ZULMA: Se supone que a tu edad, tenés que ir a una discoteca o reunirte con tus amigos por ahí.

 

DARIO: No tengo amigos. Y las discotecas me aburren.

 

FREDY: Nene, si te aburrís en una discoteca, no sabés lo que te espera acá.

 

JESICA: (le pega a FREDY una palmada en la espalda) ¡Pero qué loco es este Fredy!

 

ZULMA: (a FREDY) Trajo su guitarra.

 

FREDY: Traje mi guitarra.

 

CARMELA: ¡Qué bien! ¿Es músico?

 

FREDY: No, carnicero.

 

Las luces se apagan sobre la escena. Sólo un spot ilumina a DARIO, que se adelanta y habla al público.

 

DARIO: (en la luz) Es cierto que las discotecas me aburren. Y últimamente, mi humor es tan variable que terminé espantando a los pocos amigos que tenía. Mis viejos están desconcertados, porque después de tres años, repentinamente y sin dar ninguna explicación, decidí dejar mi carrera de abogacía, tirar los libros y tirarme en la cama a pensar qué hacer con mi vida. No me preocupa el futuro, me preocupa estar solo en ese futuro. No consigo establecer una relación ni con mi canario. Hasta mi abuela dejó de dirigirme la palabra, harta de mis desplantes y de mis rarezas. Todos me escapan como si lo mío fuera contagioso. Por eso, decidí venir a una reunión pedorra como ésta. Había visto en televisión cómo se comporta la gente en reuniones de este tipo. Se ponen bonetes, sacuden matracas y se envuelven en serpentinas, saltando como si les hubiese agarrado un calambre colectivo. Pensé que, quizás, un poco de estupidez podría sacudirme tanta tristeza. Pero veo que la gente que está aquí es más extraña que yo. ¡En fin! Me llamo Darío, tengo veinticuatro años. Y soy virgen. Parece increíble, ¿no? Pero es la verdad. Es curioso, cuando se dice "virgen", nunca se piensa en un hombre. Bueno, ¡aquí tienen uno! ¿Una rareza? ¿Un fenómeno? "Virgen" a los veinticuatro años, en la era de Internet, en pleno siglo XXI.  ¿Cómo se puede ser virgen con semejante bombardeo de sexo desde la televisión, las tapas de las revistas, los carteles en el subte, las publicidades de yogur? ¿Cómo se puede ser virgen cuando las chicas hoy están más desvestidas, desinhibidas, descontroladas y desatendidas que nunca? ¿Cómo se puede ser virgen en una edad donde las hormonas están en continua ebullición, como en un géiser? Bueno, sí, ¡se puede! Es cierto que las circunstancias nunca me favorecieron pero...

 

JESICA: (en la penumbra) Darío...

 

DARIO: (en la luz) Me están llamando. Qué pena, estaba muy a gusto hablando con Ustedes...

 

Se normaliza la luz y el sonido.

 

JESICA: Darío, vení, arrimáte. ¡No te aísles, corazón! (DARIO se acerca y ella lo arrastra de un brazo, a su lado sobre la alfombra)  ¿Por qué no nos ponemos cómodos, nos aflojamos y empezamos a conocernos mejor?

 

FREDY: ¿Ya tenemos que sacarnos la ropa?

 

ZULMA: (quiere ser graciosa y pícara) No, que no vine preparada.

 

JESICA: (larga una risotada; es la única que festeja el comentario)

 

FREDY: ¡A que no te depilaste!

 

A JESICA se le corta la carcajada.

 

CARMELA: Me parece que este señor tiene la libido muy alta.

 

FREDY: Si lo que querés decir es que vivo caliente, sí, es verdad: ¡vivo caliente!

 

JESICA pone los ojos en blanco. La situación se le va de las manos.

 

ZULMA: Aquí Genaro nos estaba contando que es viudo, pobrecito.

 

JESICA: ¡Qué bien! Digo... ¡Mi amor! ¡No sabía! ¿Hace mucho?

 

GENARO: Ocho años.

 

FREDY: ¡Ocho años! ¿Y sin palenque en donde rascarte?

 

GENARO: Es que a mí no me pica nada.

 

FREDY: Hermano, ocho años de viudez se comprenden, ¡qué le vamos a hacer! ¡Pero ocho años de abstinencia!

 

GENARO: (sentido, apretando el bolsito) A decir verdad, no puedo olvidarme de Hortensia. Ella está siempre conmigo. (pausa) ¡Ella está presente en todas partes!

 

Los demás miran en derredor, desconfiados y algo temerosos.

 

GENARO: (apasionado) Fue el amor de mi vida, la mujer de mis sueños... ¡hasta que me dejó!. (sacado) ¿¡Por qué!? ¿Cómo pudo dejarme? ¡Si yo la quería tanto!

 

CARMELA: Pero, buen hombre, la pobre mujer se murió. No lo dejó porque le vino en ganas.

 

ZULMA: Es la ley de la vida.

 

JESICA: ¡No somos nada!

 

DARIO: Hoy estamos, mañana quién sabe.

 

FREDY: Del polvo venimos, ¡y al polvo nos vamos!

 

JESICA: Pero, Genaro... mi amor, calmáte, relajáte y disfrutá de esta fiesta tan amena y divertida.

 

GENARO: (se compone) Sí, sí, perdón. Es que cada vez que hablo de ella, de Hortensia, me viene como una cosa acá... (en el pecho)

 

ZULMA: Tómese un traguito de mi whisky.

 

GENARO: Sí. (bebe el contenido de un sorbo y devuelve el vaso a ZULMA) Gracias, son todos tan amables. Hice bien en venir. Es la primera vez que salgo desde que enviudé, así que espero que no les moleste... (saca del bolsito una pequeña urna gris) pero no pude dejarla sola en casa. (deja la urna sobre la mesita)

 

JESICA: (paulatinamente alarmada) No me vas a decir que...

 

ZULMA: (señala con un dedo tembloroso la urna) ¿Hortensia?

 

GENARO asiente sonriente con la cabeza, mirándolos a todos. Los presentes miran la urna, estremecidos. GENARO habla al público. El resto de la escena permanece inmóvil.

 

GENARO: (en la luz) A Hortensia le gustaban las reuniones. Era muy locuaz, siempre tenía tema de conversación. En general, yo era el tema principal de sus charlas. Le encantaba hablar mal de mí, a todo el mundo, frente a mis propias narices. Tenía la facultad brillante de recordar una anécdota nueva para cada reunión, en la que yo solía aparecer invariablemente como un imbécil o un inútil. Su relato preferido era aquel que me mostraba como un improvisado electricista, con los pelos chamuscados y los dedos casi rebanados después de intentar componer un ventilador, sin haberlo desconectado. ¡Cómo se reía Hortensia! ¡Qué gran sentido del humor tenía, pobrecita! Supongo que se reiría como loca si pudiera contar la forma en que ella mismo murió. Estaba armando un arbolito de Navidad de dos metros, subida a una escalerita, cuando perdió pie y cayó, enredada en las lucecitas de colores que, por supuesto, estaban enchufadas. Quedó envuelta de tal forma que parecía una especie de matambre multicolor, titilante y humeante. Provocó semejante corto circuito que todo el barrio quedó a oscuras. (ríe)  Ahora está ahí, guardada en su urnita, aprobando o desaprobando, - vaya uno a saber - que su marido haya venido a una fiesta de solos y solas. Entérense que no es cosa fácil para un viudo encontrar, como dice Fredy, un "palenque donde rascarse". Porque los viudos quedamos con una marca, como si cargáramos con el olor del pasado velatorio y tuviéramos una lápida en lugar de un documento. (pausa) Les voy a confesar que la chica del busto grande me está entusiasmando. Claro que yo no pienso abandonar a Hortensia. La mujer que me acepte, tendrá que aceptar también compartir la cena, la ducha y la cama con mi Hortensia. ¡Si la pobrecita no molesta! ¡Nunca estuvo más callada y educada! Creo que los tres formaríamos una linda familia: Hortensia, yo y la chica del busto grande.

 

FREDY se adelanta, iluminado por un spot. El resto de la escena queda en penumbras.

 

FREDY: (en la luz) ¡Este tipo está mamado! ¡Sacar a pasear a la finada! ¡Y traerla nada menos que a una fiesta de solos y solas! Cuando veo locos como éste, siento un enorme consuelo. (pausa, hace "caritas") Ustedes se preguntarán qué hace un tipo inteligente, atractivo y seductor como yo en una reunión como ésta. Bueno, les confieso: Soy un infiltrado. Yo no pertenezco a esta cada vez más abundante y avinagrada legión de solitarios. Se habrán dado cuenta. Yo soy un tipo casado y tengo cuatro pibes. Todos lindos como el padre. Porque si hubieran salido a la madre, pobres angelitos, tendrían la lengua partida y andarían mudando la piel cada temporada.  Les digo que si mi mujer tuviera la buena idea de morirse, organizaría primero una fiesta con fuegos artificiales y aguas danzantes; después no decidiría nunca meterla en una urna y sacarla a tomar aire de vez en cuando; ¡no! la pondría directamente en un frasco con formol, embalsamada como una yarará de museo. Pero aunque mi mujer fuera la santa de las víboras, lo mismo me encantaría meterme de contrabando en estas reuniones para gente suelta. ¡Es mi debilidad! ¡Siempre se puede conocer una veterana de carnes firmes, que ande necesitada de afecto!... Pero me parece que ésta no es mi noche. Me equivoqué y vine a una reunión de cuarta. ¡No hay una sola vieja que valga el tiro! La pechugona no me engaña: Es la típica frígida encubierta, ¡ya me clavé con muchas de ésas, de anatomía generosa, que a la hora de los bifes, terminan siendo un freezer! La dueña de casa está muy bien, pero es una neurótica y creo que no tiene todos los jugadores en la cancha... Y queda la otra veterana. Se hace la estirada y la difícil, pero es la que me puede salvar la noche. ¡Estoy seguro que detrás de esa fachada de indiferencia, se esconde una zorra de aquellas! Y tengo muchos métodos para hacer que la zorra salga de su escondite y así poder echarle los perros.

 

Se normaliza la luz.

 

ZULMA: (mirando la urna) Creo que necesito otro whisky.

 

JESICA: Enseguida, tesoro. Yo también. (le sirve y se sirve, presurosa)

 

GENARO: Traje otra cosa. (mete la mano en el bolsito, ante la tensa expectativa de los presentes) ¡Mi álbum de casamiento! (saca un álbum del bolsito) Para que conozcan mejor a Hortensia.

 

FREDY: Menos mal, porque ahí (señala con el mentón la urna) la vemos un poco desmejorada.

 

GENARO: (le extiende el álbum a ZULMA, cosa que la impresiona) ¿Quiere mirarlo?

 

ZULMA: (no quiere tomarlo en sus manos) Esteee... no traje los lentes.

 

CARMELA: (se ataja) Yo tampoco.

 

GENARO: Si los tiene puestos.

 

CARMELA: Pero son para mirar de lejos.

 

GENARO: Si quiere, yo se lo sostengo así. Y Usted lo mira. (se para a una prudente distancia de CARMELA, sosteniendo en alto el álbum y dando vueltas sus páginas)

JESICA: ¿Por qué no dejamos las fotos para más tarde y escuchamos un poco de música?

 

ZULMA: (se pone de pie, dando saltitos) ¡Ay, sí! ¡Eso! ¡Me muero de ganas de bailar!

 

CARMELA: Dejá de sacudirlas, que se te van a poner los ojos morados.

 

ZULMA: (nerviosa) ¡Basta con eso, Carmela!  (reacciona) Perdón.

 

JESICA: ¿Qué pasa, chicas?

 

CARMELA: Parece que Zulma tiene algún trauma con su busto. No veo por qué.

 

ZULMA: ¡No perdés ocasión en burlarte!

 

CARMELA: Tonterías. Tus senos pasan totalmente desapercibidos.

 

ZULMA: Como el otro día, en la piscina del club. Oí cuando le comentabas al instructor que mis pechos están tan flojos que cuando nado, me quedan bajo las axilas.

 

CARMELA: Yo no dije eso. Dije que flotan sobre tus hombros, como si tuvieras tres cabezas.

 

ZULMA: Por lo menos, los míos son naturales.

 

CARMELA: Los míos también: naturales de Alemania.

 

JESICA: (interesada) ¿Te hiciste las lolas, Carmela?

 

ZULMA: (resentida) Las lolas y varias cirugías más.

 

FREDY: (mirando a CARMELA) No se nota. (reacciona y lo arregla con diplomacia y galantería) Digo que no se nota, que se ve una mujer carente de toda artificiosidad, una mujer cuyas cirugías, si es que existen tales cirugías, son un verdadero misterio, justamente por eso, porque no se notan.

 

CARMELA: (rápida y filosa) ¡Cuánta gentileza! Créame que no tengo más cirugías que las que pueda tener su madre.

 

FREDY: (ofendido) ¡Lo más cercano a una cirugía plástica que pueda tener mi vieja es una operación de juanetes! ¡A mi vieja no le hace falta ninguna cirugía plástica!

 

CARMELA: (sonriente) Entonces, indudablemente Usted salió a su padre.

 

FREDY queda parpadeante frente a CARMELA, sin captar nunca sus sutilezas.

CARMELA se adelanta y habla al público.

 

CARMELA: (en la luz) Se llamaba Miguel. Miguel... era el jardinero de nuestra casa quinta.  Cada temporada, cuando brotaban rosas nuevas, Miguel me regalaba los primeros pimpollos y me decía: "Rosas para otra rosa". ¡Y yo me hacía encima!  Empezó a trabajar para nosotros cuando yo tenía 13 años. ¡Cómo  ansiaba cada fin de semana sólo para ir a nuestra casa quinta y ver a Miguel! Mi príncipe azul. Mi Adonis. Yo soñaba con sus manos callosas, con su cuerpo sudoroso, con su sombrero de paja... Porque usaba un sombrero de paja, agujereado y violeta de transpiración. Me bastaba ver ese sombrero, aunque estuviese colgado de un gancho herrumbrado en el depósito de herramientas, para que se me aflojaran las piernas. Miguel era el amo de mis sueños más osados. Yo tomaba sol y Miguel me sonreía mientras podaba las tuyas. Yo me hamacaba y Miguel me guiñaba un ojo mientras sacudía la manguera sobre los ficus. ¡Cómo amaba esa manguera, esa tijera de podar, la bordeadora...! ¡Las fantasías que he tenido con esa bordeadora! Pasaba el tiempo y ese fuego me iba consumiendo por dentro. Hasta que un día me animé. Lo arrinconé y lo tumbé sobre unas bolsas de fertilizantes. ¡Fue grandioso! ¡Le deshilaché el overol con mis manos! ¡Le destrocé el sombrero con los dientes! ¡Y en el momento en que estábamos por concretar...! Báh, en realidad yo era la que estaba por concretar, porque Miguel era un solo temblor, lo había pillado tan de sorpresa que no pudo ni supo reaccionar...  Decía que en ese momento de gloria suprema, papá irrumpe en el galponcito y nos descubre: Yo, desnuda sobre Miguel. Y Miguel con la ropa hecha jirones y arañado y mordido como si lo hubiese agarrado una jauría. Enfrenté a papá, a mamá, a toda mi familia y les dije: ¡Quiero a ese hombre, voy a casarme con él! Un tsunami pasó por mi casa quinta cuando todos se enteraron. Miguel no salía de su asombro, no entendía nada. ¡Poobre! Por supuesto que nadie estuvo de acuerdo con mi decisión. No crean que fue porque Miguel era un simple jardinero y no tenía donde caerse muerto. Había otro pequeño detalle: Miguel tenía, en ese momento, 79 años. Yo 29 ¡Pero qué culpa tenía si ese hombre me había vuelto loca y había obsesionado toda mi pubertad, mi adolescencia, mi juventud...! ¡Había decidido estar al lado de ese hombre, toda la vida! (Cambia) Nunca creí que ese “toda la vida” iba a resultar tan breve... Nos casamos en una ceremonia íntima. Intima, porque no fue nadie. Pero a mí lo único que me importaba era la noche de bodas. Así que lo arrastré a la suite de un hotel, lo tumbé sobre la alfombra porque no acerté la cama, le arranqué la ropa, le destrocé la galera... - Quise que usara una galera, siempre me calentó verlo con algo en la cabeza – y cuando termino de luchar con los treinta metros de tul de mi vestido y quedo desnuda para concretar el único anhelo sexual que he tenido toda mi vida... compruebo que Miguel yace sobre la alfombra, tieso, con los ojos abiertos, fuera de las órbitas y los postizos hacia afuera, con la expresión de un equino asustado. (Paulatinamente, contenida,  va trastocando el tono en furia) ¡Se murió el desgraciado! ¡Se murió sin concretar! Y yo ahí, en la suite nupcial de un hotel 5 estrellas, como una boluda al lado de una parva de tul traído de Francia. Virgen en mi noche de bodas, virgen a los treinta y virgen todavía. ¡Una virgen boluda, frente al cadáver de un viejo choto en bolas!

 

La luz se normaliza. JESICA arrastra a FREDY de un brazo, junto a una bolsa que contiene cotillón.

 

JESICA: ¡Basta de filosofar, mis amores! ¡Fiesta! ¡Llegó el momento de la fiesta!

 

JESICA insta a FREDY para que le ayude a repartir variados artículos de cotillón entre los presentes. La escena no tiene sonido alguno. Podemos advertir que los invitados son reticentes a aceptarlos. Vemos que los personajes hablan y gesticulan, pero no oímos lo que dicen.

ZULMA se adelanta y habla al público.

 

ZULMA: (en la luz) En la Primaria, fui la primera en tener que usar sostén. Y la única del curso. Mientras que mis compañeritas eran una tabla, yo apuntaba a todo el mundo con mis senos puntiagudos. Durante los recreos, el portero me espiaba y se tocaba. A tan temprana edad, mis lolas ya causaban esos escándalos. Cuando fui adolescente, mis pechos eran los más grandes de todo el Colegio de las Carmelitas Descalzas, en el que estaba de pupila. Las hermanas me obligaban a usar una faja que me los apretaba. Una de las monjas más viejas, me miraba con recelo y me decía que escondiera "las ubres". A los quince años, caminaba jorobada, tratando inútilmente de ocultarlas. Los chicos bromeaban diciendo que sabían cuando yo llegaba, porque mis tetas doblaban una cuadra antes. Pero ninguno de ellos se me acercó demasiado. Llegué a pensar que los impresionaba con tanta pechuga. Poco a poco, mis lolas invadieron todo mi espacio. Ocuparon un lugar tan protagónico en mi vida, que literalmente me desplazaron. La gente miraba mis lolas antes que a mis ojos. Y por más que yo hablara, sus miradas seguían ahí. Ellas eran el centro de toda reunión, el núcleo de toda atención. También el chiste y la burla. Ellas eran el imán que atraía a mi vida a cuanto viejo verde y tipo baboso anduviera dando vueltas. Así que, poco a poco, fui volviéndome una solitaria. Desconfiando de todo hombre que se me acercara. Pero sigo soñando... sigo soñando con encontrar al hombre que repare en lo tristes y bonitos que son mis ojos 

 

La iluminación se normaliza. Excepto ZULMA, todos llevan puesto bonetes, sombreros o gorros de cotillón, collares de flores artificiales y maracas de plástico en las manos. Incluso sobre la urna gris han puesto un silbato multicolor. JESICA se esfuerza por generar clima festivo, en un despliegue inútil de energía, saltando y pitando, agitando matracas y arrojando papel picado. Nada altera el rostro y el ánimo de los invitados.

 

DARIO: ( intentando mirarse el bonete y sintiéndose ridículo) Supongo que ahora viene el calambre colectivo.

 

GENARO: (a ZULMA, tierno, entregándole un sombrero y una maraca) Guardé éstos para Usted.

 

ZULMA: (los acepta y se pone el sombrero, sin convicción) Gracias.

JESICA: ¡Vamos, mis amores! ¡Vamos que la noche está en pañales! ¡Disfrutemos! ¡Gocemos! ¡Vibremos!

 

JESICA pone música. Algo rítmico, alocadamente rítmico. Tanto como para contagiar a las mismísimas cenizas de Hortensia. JESICA se sacude, zarandeando sus caderas, meneándose como una profesional. Aunque su objetivo es incentivar a los demás a participar, JESICA parece olvidarlos y entrar en un trance, bailando encarnizadamente. Los presentes la observan boquiabiertos. CARMELA reacciona, se levanta y apaga abruptamente la música. JESICA queda plantada en medio la habitación, desorientada, despeinada y desarticulada.

 

JESICA: (abochornada) Perdón...

 

CARMELA: Si ya salió del trance, ¿podría poner algo un poquito más liviano o ahora viene la parte en que degüellan la gallina?

 

JESICA: (corre junto al equipo de música) Claro, reina, claro. Es que yo... cuando bailo... me transporto. ¡Me voy!

 

FREDY: Sí, ¡te fuiste al carajo!

 

GENARO: (saca un cassette de su bolsito) Ponga éste: ¡Era el preferido de Hortensia!

 

CARMELA: (hace cuernos) ¡Jesús! ¿No habrá algo de Frank Sinatra?

 

FREDY: Les recuerdo que traje mi guitarra.

 

CARMELA: Ah, el carnicero.

 

FREDY: (la corrige, blandiendo su guitarra) El músico.

 

JESICA: (se sienta, entusiasmada) ¿Qué nos vas a tocar, Fredy?

 

FREDY: (pícaro) Empiezo por donde vos quieras.

 

CARMELA: El señor carnicero - músico parece tener una idea fija.

 

FREDY: En mí, el erotismo es más que una simple idea fija, mi señora. Es un estudio profundo y minucioso al que estoy abocado con auténtico apasionamiento.

 

CARMELA: (incrédula) No me diga.

 

FREDY: ¿Oyó Usted hablar de los Cuentos de Canterbury?

 

CARMELA: (con creciente asombro) Por supuesto. No me va a decir que Usted...

FREDY: Me los sé de memoria. (catedrático) Es la obra cumbre del gran poeta inglés  (con acentuada fonética) Geoffrey Chaucer, London, 1340-1400.

 

CARMELA: (boquiabierta y sin palabras) Caramba.

 

FREDY:  Supongo que habrá leído a Boccaccio. ¿El Decameron?

 

CARMELA: Claro, pero...

 

FREDY: ¡Es mi preferido!

 

CARMELA: Usted me sorprende.

 

FREDY: La literatura erótica encierra un encanto incomparable y es rica su influencia en la música y las tradiciones, a lo largo de la historia ¿Quién no ha leído "Memorias de una Princesa Rusa”?

 

CARMELA: A tanto no he llegado.

 

FREDY: Debería. Tiene un desenfado tan fresco y espontáneo como una eyaculación precoz.

 

CARMELA: (sin saber cómo reaccionar, los ojos bien abiertos) Lo tendré en cuenta.

 

FREDY: (muy cerca de CARMELA, con ardides de seducción) ¡Usted me inspira! Déjeme dedicarle unos versos sensuales que fueron pasando a través de las generaciones, desde aquellos juglares del medioevo... ¿Me permite?

 

CARMELA: (halagada, comprada) ¡Cómo no! ¡Es un halago! ¡Soy toda oídos!

 

Con habilidad y gracia, FREDY empieza a tocar y cantar la siguiente canción. Durante la misma, advertimos la creciente incomodidad de todos y la paulatina transformación de la expresión de CARMELA. A excepción, GENARO menea la cabeza y ensaya un batir de palmas al compás:

 

Todo lo que pinta es color de canela

Pero a mí me gusta sólo la Carmela.

 

Cuando yo le puse la mano en la frente

Carmela me dijo por ahí no se siente.

 

Cuando yo le puse la mano en los hombros

Carmela me dijo por ahí no me asombro.

 

Todo lo que pinta es color de canela

Pero a mí me gusta sólo la Carmela.

 

Cuando yo le puse la mano en el pecho

Carmela me dijo por ahí vas derecho.

 

Cuando yo le puse la mano en el ombligo

Carmela me dijo me quedo contigo.

 

Todo lo que pinta es color de canela

Pero a mí me gusta sólo la Carmela.

 

Cuando yo le puse la mano en la cintura

Carmela me dijo ¡Ay, qué calentura!

 

Cuando yo le puse la mano en el traste

Carmela me dijo ¡por fin lo encontraste!

 

Todo lo que pinta es color de canela

Pero a mí me gusta sólo la Carmela.

 

FREDY termina su canción y espera sonriente el aplauso. Sólo GENARO aplaude tímidamente.

 

CARMELA: (levantándose, muy ofuscada) Déjeme decirle algo: Usted es tan fresco y espontáneo como una eyaculación precoz...  ¡e igualmente de asqueroso!

FREDY: Pero Carmela...

 

CARMELA: ¿Por quién me ha tomado Usted, ordinario cretino?

 

FREDY: ¡Esos versos vienen de Canterbury!

 

CARMELA: ¡Vienen de algún boliche de borrachos! ¡Del cabarute de su madrina! (agarra su cartera, decidida y furiosa) ¡Me voy!

 

JESICA: Reina, por favor, no vas a echar a perder una reunión tan amena por una pavada...

 

CARMELA: ¡Venir aquí fue una pavada! ¡Y ni sueñes con que voy a dejarte un solo centavo por asistir a semejante grasada! ¡Adiós!

 

ZULMA: (con su cartera, apurada) Esperáme, voy con vos.

 

CARMELA: (ya saliendo, se vuelve, a ZULMA:) No, querida, quedáte. ¡Por esta noche, ya tuve suficiente! ¡Además, no tengo ganas de meter mi auto en los suburbios! (se retira con aire altanero, olvidando que lleva un bonete de cotillón)

JESICA: (yendo inútilmente hacia donde salió CARMELA) ¡Reina...!

 

FREDY: ¡Gente inculta! ¡A quién le voy a hablar de Boccaccio! ¡Qué frustración! (deja la guitarra y se sirve un whisky)

 

ZULMA sale al balconcito. DARIO la sigue y se apoya en la baranda, junto a ZULMA, que mira las estrellas, con ensoñación. DARIO le hace un comentario sobre lo acontecido adentro y ella lo mira. Sonríe. Empiezan a charlar, pausadamente, mirándose a los ojos. No oímos lo que dicen.

 

JESICA: (ordenando nerviosamente vasos y almohadones, a FREDY) ¡También vos! ¿No podrías haberle dedicado "La Vestido Celeste" o algo por el estilo, más light?

 

FREDY: ¡Soy un incomprendido! ¡Han insultado mi erudición!

 

GENARO: Pero estuvo linda la cancioncita.

 

FREDY: Gracias. Lástima que la veterana no opinara lo mismo.

 

JESICA: (se sienta junto a GENARO, trayendo la bandeja con bocaditos y dejándola sobre la mesa ratona) ¡Bueno, ya pasó! (a GENARO) A ver, mi amor mostráme lo lindo que estabas cuando te casaste.

 

JESICA se sienta al lado de GENARO, abriendo el álbum y haciéndole comentarios sobre las fotografías. GENARO está más pendiente de ZULMA, en el balconcito, que de la conversación de JESICA. FREDY queda en un rincón, bebiendo pensativo.

En el balconcito:

 

DARIO: A tu amiga no le gustaron las coplas de Fredy.

 

ZULMA: Parece que se sintió aludida y se ofendió.

 

DARIO: De todas maneras, es una amargada. ¿Siempre te trata tan mal?

 

ZULMA: No pierde ocasión en humillarme. Me estoy dando cuenta de que sólo me utiliza para que la acompañe a reuniones de este tipo, a las que de ninguna manera asistirían sus amigos cogotudos. ¡Qué cansada estoy de desilusionarme de la gente! Creo que lo más sensato es quedarme en casa, viendo una película y comiendo chocolates... (advierte que DARIO está mirando fijamente sus pechos) (severa) Bien podrías disimular.

 

DARIO: (se da cuenta y mira el cielo, avergonzado, apoyado en la baranda) Perdón.

 

ZULMA: (pausa, se afloja, compadeciéndose de la actitud de DARIO) Te entiendo, nunca viste lolas más grandes.

 

DARIO: (sin mirarla) Ni más chicas tampoco.

 

ZULMA parpadea incrédula. DARIO deja de mirar el vacío y la mira a los ojos, directamente.

                                                                                                                                            

ZULMA: (abre una enorme sonrisa) Conocés el cuento del gallego al que le preguntan: "Oye, Manuel, ¿te gustan las mujeres con mucha teta?" Y él responde: "No, Manuel, con más de dos, me impresiono".

 

DARIO: (ríe levemente y se pone serio otra vez, sin dejar de mirarla) Supongo que vos tendrás solamente dos.

 

ZULMA agarra la mano de DARIO y la lleva a uno y otro seno, con movimientos suaves.

 

ZULMA: Uno... Dos... ¿Ves? Puro bulto, pero son apenas dos.

 

Se produce un momento de abstracción, en el que ZULMA queda inmóvil, mirando a DARIO, quien tiene una mano ahuecada en uno de sus senos, envuelto en la luz de un spot y hablando al público.

 

DARIO: (en la luz) Sé que no van a creerme: ¡son las primeras tetas que toco en mi vida!. ¡Tampoco me creerían si les contara todas las cosas que se me vienen a la cabeza! ¡Esta mujer...! No sé... tiene algo especial... tal vez... esos ojos hermosos y esa mirada tan triste... ¿Les parece que ella se ofendería si le dijera que sus tetas no me movilizan tanto como sus ojos? No, no le puedo decir eso, va a creer que soy un boludo.

 

Le entrada de GENARO al balconcito, interrumpe el momento. La luz se normaliza. DARIO quita de inmediato su mano del pecho de ZULMA. GENARO trae un bocadito en una mano y en la otra sostiene delicadamente la urnita gris.

 

GENARO: Zulma, pruebe un bocadito.

 

DARIO: Permiso. Vuelvo a la... fiesta.

 

ZULMA va a decir algo. DARIO sale del balconcito. ZULMA hubiera salido tras él, pero GENARO le intercepta el paso, extendiendo hacia ella el bocadito.

 

GENARO: Zulma...

 

ZULMA: Estee... volvamos adentro, está un poquito fresco aquí.

 

GENARO: (cerrándole el paso) Le traje este bocadito...

 

ZULMA: Gracias, estoy a dieta.

GENARO: (va a decir algo importante, pero no lo hace) ¡Zulma! (devora el bocadito de una vez)

 

ZULMA: Genaro, es tarde y ya me voy.

 

GENARO: (desanimado) ¿Se va Usted? ¿A su casa?

 

ZULMA: Sí, la reunión no fue lo que yo esperaba.

 

GENARO: (ansioso) ¡La arrimo! Tengo mi auto estacionado allá abajo, ¿lo ve? El azulcito aquél.

 

ZULMA: Le agradezco, pero no.

 

GENARO: ¡Déjeme llevarla! Yo me voy con Usted. ¡Yo tengo que hablar con Usted!

 

ZULMA: ¿Conmigo? Genaro, mire, le dejo mi teléfono y otro día...

 

GENARO: Voy a buscar mi bolsito y salimos.

 

ZULMA: Genaro, no. Le agradezco, pero me tomo un taxi.

 

GENARO: ¡Usted es la única!

 

ZULMA: ¿Qué dice?

 

GENARO: ¡Ocho años, Zulma!. ¿Sabe Usted lo que es eso? Encerrado, melancólico, triste. Pensando que nunca iba a volver a sentir este... ¡cosquilleo! (se le acerca hasta arrinconarla junto a las barandas) ¡Hasta ella está de acuerdo! ¡Usted le gusta! (extiende a ZULMA la urnita, muy cerca de su cara)

 

ZULMA: (se estremece) ¡Genaro, por favor!

 

GENARO: ¡Vamos a su casa! ¡Quiero ver todos los tupper que tiene! Quiero que elijamos juntos el mejor, el más lindo, para que Hortensia esté cómoda, fresca y herméticamente conservada...

 

ZULMA: ¡Usted está loco!

 

ZULMA hace un movimiento para quitar a GENARO de encima y golpea la mano que sostenía la urnita, que cae al vacío.

 

GENARO: (desesperado, apoyado en las barandas, gritando al vacío) ¡Hortensiaaaaa!

 

GENARO se precipita adentro, corriendo como un enajenado. Atraviesa la habitación, gritando el nombre de "¡Hortensiaaaa!" y sale. Se produce un momento de confusión entre JESICA, FREDY y DARIO, que no entienden qué está sucediendo. ZULMA entra, perturbada.

 

JESICA: ¡¿Qué pasó?!

 

ZULMA: ¡Se cayó! ¡Se cayó!

 

FREDY: ¿Quién se cayó?

 

ZULMA: La urna... Hortensia... ¡se cayó del balconcito!

 

FREDY, DARIO y JESICA cruzan miradas. El estupor inicial se convierte en un histérico ataque de risa. ZULMA los mira incrédula y dolida. Toma su cartera y sale tras GENARO.

 

DARIO: (sin poder parar de reír) Zulma, esperá...

 

Pero ZULMA ha salido. Paulatinamente, los tres se van calmando del súbito acceso de risa.  JESICA sale al balconcito, se acerca al borde y mira hacia abajo.

 

JESICA: ¡Allá están!

 

DARIO y FREDY salen al balconcito y los tres miran hacia la calle.

Los tres intentan volver a reír con lo que ven, pero la risa no aparece.

 

JESICA: Allá van el pobre tipo y la tetona, con sombreros de cotillón, corriendo detrás de unas cenizas que se lleva la máquina barredora.

 

JESICA enciende un cigarrillo. DARIO y FREDY vuelven a entrar. DARIO se sirve un vaso de whisky y se sienta junto a FREDY, que agarra su guitarra y empieza a jugar con las cuerdas, desprendiendo suaves notas.

 

DARIO: Nunca tomé whisky.

 

FREDY: Es del berreta, del que toma mi mujer.

 

DARIO: ¿Sos casado?

 

FREDY: (asiente con la cabeza) Sí, tengo una víbora en casa.

 

DARIO: Yo tengo un canario. Pero me odia, cuando me ve, para de cantar.

 

FREDY: Abríle la jaula. Y compráte otro.

 

DARIO: Tenés razón. (sonríe y se tira para atrás, apoyando la cabeza en el sillón)

 

En el balconcito, JESICA fuma apoyada en las barandas y mirando la calle. Le resbalan las lágrimas por las mejillas. Adentro, DARIO se ha puesto de pie y ensaya torpes movimientos de baile, siguiendo la melodía. Se oyen los suaves acordes de la guitarra de FREDY y el ruido lejano de la máquina barredora, abajo.

 

 

FINAL

 

 

Rogelio Borra García

Corrientes 589

2252 Gálvez (Santa Fe)

TE  54 3404 483290

República Argentina.-

rogelioborra@arnet.com.ar

rborragarcia@yahoo.com.ar

 

 

® © “Cotillón” - Rogelio Borra García.

 

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