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CROISSANT

DE JORGE MORENO  

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

“CROISSANT”

 

de Jorge Moreno

 

jmpieiga@hotmail.com 

 

MAN IN BLACK (parte muta)  .................. Juanjo Rodríguez

EL CAMARERO ....................................... David Acera

OLGA ........................................................ Cristina Cillero

TATIANA .................................................. Sonia Vázquez

MARÍA ..................................................... Maribel Trejo

EL DESCONOCIDO ................................ Marcos Tuero

DON NICOLÁS ....................................... Jorge Moreno

 

Dirección: Jorge Moreno

 

Comedia estrenada el 30 de mayo de 2003 en la Casa Municipal de Cultura de Lugones (Siero-Asturias) por KONJURO TEATRO

 

-Obra nominada a a los IV Premios "Asturias" de las Artes Escénicas (2003) en las categorías de:

 

* Mejor espectáculo.

* Mejor dirección.

* Mejor autor/a.

* Mejor intérprete femenina (Cristina Cillero).

* Mejor profesional vinculado a las Artes Escénicas (Cristina Cillero como escenógrafa).

 

-Obra nominada a los V Premios "Asturias" de las Artes Escénicas (2004) en las categorías de:

 

* Mejor dirección.

* Mejor autoría o coreografía.

 

 

ACTO ÚNICO

 

 

 

Ambiente propio de un café repleto de novedades y rutina. Una cafetería viva. Varias mesas de corte clásico –mármol incluido- escoltadas por las sempiternas sillas de madera enmohecidas  por el paso del tiempo y por la sucesiva invasión de miles y miles de traseros a su vez enmohecidos -tanto o más que las propias sillas-. Una de las citadas mesas ocupa el centro estratégico de la escena. El CAMARERO –que puede vestir con un clásico chaleco negro, a juego con los pantalones y en clara contraposición con la camisa más blanca- atraviesa el escenario, portando una bandeja vacía. Desaparece por el lado contrario al que penetra en escena. De inmediato surge la figura de OLGA –desde la zona opuesta-. Viste con una elegancia que a los ojos de las preclaras mentes modernas pudiera parecer desfasada. Ocupa una silla que comparte espacio con la mesa central. Extrae un pequeño espejo de un bolso casi tan pequeño como el espejo mismo. Se mira en él. Hace muecas, buscando la más horrenda y diminuta arruga primeriza. Pestañea con una velocidad digna de colibrí enloquecido. Frunce el ceño. Termina por sonreír. Es una sonrisa falsa, que sólo emplea para comprobar que aún se mantiene atractiva, que todo esta ahí, en su sitio. El CAMARERO  vuelve y recorre de nuevo el lugar, de uno a otro extremo. Ella repara en la presencia del joven y hace el gesto típico de quien reclama atención. El CAMARERO no la ha visto. OLGA, tras unos segundos frustrantes, reemprende sus muecas ante el espejito, cual personaje de una “Blancanieves” contemporánea. Abre la boca. Saca la lengua –incluso emite un ruido gutural-. Comprueba la hermosura de uno de sus perfiles; comprueba la del otro. Vuelve el CAMARERO, portando varios refrescos sobre la bandeja. OLGA utiliza el mismo gesto de antes.

 

 

CAMARERO.-Ahora mismo estoy con usted.

 

 

(Se va por el lado contrario, en pos de clientela invisible. Ella gruñe. Vuelve a centrar su atención en el espejo. Tras varias muecas renovadas, se dirige al público.)

 

 

OLGA.-Odio los lugares como éste. Odio a los camareros como éste. (Mirándose en el espejo.) Y odio los rostros como éste. (Mohína.) Lo cierto es que odio todo lo que vaya en contra de mis intereses. Y este lugar va en contra de mis intereses, ese camarero va en contra de mis intereses... ¡y esta cara va en contra de mis intereses! (Chasquea la lengua. Gesticula, blandiendo el espejito.) ¿Por qué es tan difícil vivir? (Breve pausa.) Sólo reclamo una cara... (titubeo) digamos... dermatológicamente correcta; ajena a los cambios bruscos de temperatura, los productos corrosivos y la crítica femenina. (Pausa. Vuelve al espejo.) Y en lugar de una belleza propia del más estiloso cinemascope... ¡poseo una sucesión de grietas prematuras, asperezas cutáneas y orgullo por los suelos! (Gruñe otra vez. No abandona la búsqueda del reflejo adecuado. Pausa.) ¿Por qué es tan difícil vivir? ¿Por qué tan injusto? Sí, sí: la vida es injusta. Naces, creces, te reproduces –quien se reproduce- y mueres. (Pausa.) Analicemos este último componente: mueres. Analicemos el primero: naces. Naces para después... morir. Absurdo. Una pérdida de tiempo. ¡A quién le sobra el tiempo en los tiempos que corren! A mí no, desde luego. Necesito tiempo; tiempo para solventar los problemas de mi cutis, tiempo para mantener a los diseñadores de moda -con mis trascendentales compras del sábado por la tarde-  y tiempo para fingir que escucho a amigas tan insulsas como Tatiana.

 

 

(Surge, desde un lateral, TATIANA. Viste de manera informal y en su rostro se ha deslizado la angustia.)

 

 

Tatiana... o “Tati” (ironía) –como la denominan en los cenáculos intelectuales-... o “la Tati” –como la conocen en barrios de clase media-alta-tirando-a-decadente-... (Suspiro.) Podemos resumir su vida en una sola palabra: prescindible.

 

 

(La angustia se acrecienta en el rostro de la aludida.)

 

 

Sí, sí.... Su vida es opuesta a la mía; por tanto, es una vida sin estilo. A ella no le motivan los nuevos fármacos destinados a embellecer el aspecto exterior de las mujeres –el aspecto interior me trae sin cuidado; asunto de cirujanos y forenses-. Tatiana no se ve deslumbrada ante el último diseño color pistacho. (Pausa.) No. (Pausa.) A Tatiana le gustan los hombres.

 

 

(TATIANA sonríe, bobalicona.)

 

 

 (Pausa. Asiente.) Hasta ahí, bien. (Pausa. Tono lúgubre.) A los hombres no les gusta Tatiana.

 

 

(TATIANA gimotea.)

 

 

Ese detalle pueril ha trastocado la existencia de mi amiga.

 

 

(TATIANA gimotea aún más.)

 

 

Ese detalle... eh... diminuto... pequeñísimo... casi imperceptible...  (titubeo) ese ínfimo... ese (haciendo hincapié en cada sílaba) despreciable (levísima pausa) detalle ha trastocado mi propia existencia.

 

TATIANA.-(Lamento infinito.) ¡Aaaaayyyyyyyyyyyy!

 

OLGA.-Porque Tatiana... “Tati”... “la Tati”... se lamenta.

 

TATIANA.-(Acentuando el lamento de marras.) ¡AAAAAAAAAAAY!

 

OLGA.-Se lamenta a todas horas...

 

TATIANA.-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

OLGA.-...en cada lugar...

 

TATIANA.-¡AY! ¡AY! ¡AAAAAYYYYYYYYYY!

 

OLGA.-(Rictus severo.) ...emulando a un mariachi beodo...

 

TATIANA.-(Pausa. Ofendida. Mirando con indignación a OLGA. Se cruza de brazos. Rotunda.) Ay.

 

OLGA.-Tatiana se pasa la vida demostrando a los demás que posee vida propia...

 

 

(La aludida se muestra confusa.)

 

 

...y que, en esa vida, hay hombres...

 

 

(TATIANA de nuevo embargada por la tristeza.)

 

 

Hombres... normales –no pide nada del otro mundo.

 

 

(La tristeza de su amiga se acrecienta.)

 

 

Hombres... que comparten con ella las fatigas de una mujer insulsa... Hombres...

 

TATIANA.-(Gime.) Qué hombres, qué hombres... (Remoto aire despectivo.) Así, en plural... (Haciendo pucheros.)  Si sólo pido uno, hombre...

 

 

(Lagrimea. El CAMARERO reaparece. Observa a TATIANA. Quiere ayudar. Duda. Termina por ofrecerle un paño.)

 

 

(Repuesta.) Ay, hombre... Gracias.

 

 

(Él se retira.)

 

 

OLGA.-No; Tatiana aún no ha encontrado su príncipe azul...

 

TATIANA.-(Reaccionando.) Huy; a estas alturas me da igual el color, ¿eh? No soy “xenofobista”. Azul... o gris perla... o... (Pausa.) Vamos: y si en vez de príncipe es jugador de balonmano... tampoco importa. No le hago ascos a nadie. (Chasquea la lengua. Pausa.) Pero que sea hombre, eso sí. En el fondo soy una chica muy tradicional y no me van las cosas raras.

 

OLGA.-Generalmente, las amigas no me preocupan lo más mínimo.

 

 

(TATIANA con los brazos en jarras, molesta.)

 

Reconozco que desempeñan una gran labor social; porque... no nos engañemos: estar sola no está bien visto.

 

TATIANA.-(Por lo bajo.) Que me lo digan a mí...

 

OLGA.-Aunque... de ahí a considerar a una amiga como la piedra angular de las relaciones humanas... media un abismo. Si hablásemos de una buena peluquería... o de un maquillaje milagroso que hiciera desaparecer (furia a duras penas reprimida mientras vuelve a mirarse en el espejo) esos montículos aberrantes, escarpados, eternos... que denominamos granos... (Suspiro resignado. Pausa.) ¿Las amigas? (Niega con la cabeza.) Me da igual tenerlas que no tenerlas. (Pausa.) Bueno... delante de alguien hay que lucir palmito y falda plisada. (Pausa.) Pero... no; las amigas no me preocupan. (Pausa.) ...O no me preocupaban... hasta la aparición de Tatiana... (irónica) “la Tati”... y sus preocupaciones. (Pausa pensativa. Asiente en silencio.) Tatiana me preocupa.

 

TATIANA.-¿Por qué?

 

OLGA.-Entre otras cosas... no aprecia mi fondo de armario...

 

TATIANA.-¿Eeeh?

 

OLGA.-...Y  resulta  preocupante  que  una  chica  joven,  con  aspiraciones –supongo- no me escoja como modelo, como referente...

 

TATIANA.-...

 

OLGA.-Lo que más me preocupa, no obstante, es el hecho de encontrármela a cada paso, en cualquier bar, cafetería, dicoteca, pub, boite o vulgar taberna costumbrista.

 

TATIANA.-(Casi suplicante.) Yo siempre vengo aquí, Olga...

 

OLGA.-(Irritada.) ¿Lo ven? Día a día, de manera indefectible, esas cinco palabras explotan en mis oídos... (Blande el dedo índice de cualquiera de sus dos manos.)

 

TATIANA.-(Aire robótico.) YO... SIEMPRE... VENGO... AQUÍ...

 

 

(Al mismo tiempo, OLGA cuenta con los dedos.)

 

OLGA.-(Pausa.) ...Falta una.

 

TATIANA.-...OLGA.

 

OLGA.-(Finalizando su cuenta digital. Lamento cansino.) Aaaaay...

 

 

(Vuelve el CAMARERO.)

 

 

Oiga...

 

CAMARERO.-(Surcando, grácil, la escena.) Ahora mismo estoy con usted.

 

 

(El joven desparece, absorbido por el lado opuesto. El enojo se hace evidente en el rostro de OLGA.)

 

 

OLGA.-(Rumia su enfado.) ...Odio a los camareros como éste...

 

TATIANA.-(Un tanto turbada. Mira hacia el lateral por el que se ha esfumado el hombre.) Mujer... No es tan feo. Hay en su mirada un... un no sé qué... un qué sé yo... un quién sabe qué... un... un quién es quien... que... (leve pausa) no sé... (silencio más prolongado) ...qué.

 

OLGA.-Una tarde junto a Tatiana comienza así: servidora... tranquila, sin prisas... (Toma el espejito.) Me acicalo. Frunzo el ceño. (Lo hace.) Frunzo los labios. (Ídem.) Y frunzo el ceño y los labios. (Lo hace, alternativamente y a la velocidad de la luz.) Pestañeo. (Pestañea.) Otra vez. (Pestañea.) Y sonrío. (Lo dicho.) Lista –pese a los endemoniados granos ocultos (a duras penas) bajo cinco capas de crema hidratante y dos de “factor especial pieles grasas”- para seducir al personal. (Se repantiga en la silla. Cruza las piernas.) Siento en la nuca la envidia de las hembras y la lujuria del macho.

 

 

(Ha vuelto el CAMARERO. Se detiene. Se queda mirando a OLGA, quien despliega todo un catálogo de gestos teatrales.)

 

 

Siento como el cuello vibra, consumido por las miradas más ardientes... Siento como la espalda se estremece ante la admiración general... Siento un escalofrío gélido...

 

CAMARERO.-(Reacciona.) Ah; será la corriente.

 

 

(OLGA se sobresalta.)

 

 

 Tenemos abierta la puerta de la calle... Por aquello de los humos, ¿sabe?

 

 

(Censura visual por parte de ella. Él, tras asentir con la cabeza, reafirmando sus palabras,  vuelve a la tarea.)

 

 

OLGA.-¡Oiga! Que quiero pedirle...

 

CAMARERO.-(Sin dejar que concluya la frase.) Ahora mismo estoy con usted. (Mientras va saliendo.) Ya cierro yo la...

 

 

(Sale. Frustración de OLGA, reflejada en un gruñido.)

 

 

OLGA.-(Traga saliva. Va retomando la compostura. Toma aire.) Y... después de despertar la admiración de propios y extraños... en lugar de un apuesto caballero a lomos de un fajo de billetes... o de una enemiga a muerte sorprendida por cómo me conservo pese a mi tendencia a engordar... aparece... ¡la Tati!

 

TATIANA.-(Como quien vuelve de otro mundo. Mira y remira a OLGA, hasta que se decide a hablar.) ¿Olga?

 

OLGA.-(Con amargura.) ...La misma.

 

TATIANA.-(Entusiasmo jovial.) ¡Qué guapísima estás! ¡Madre mía! ¡No te había reconocido! (Recitando algo similar a una lección bien aprendida.) ¡No sé qué es lo quehaces pero cadadíaestásmásguapa! Vasatenerquedarmetussecretosdebelleza... Etcétera... Etcétera...

 

OLGA.-...Etcétera. (Breve silencio.) Se sienta...

(TATIANA hace lo propio.)

 

 

...y añade:

 

TATIANA.-(Un ejercicio de velocidad verbal.) ...No como yo, chica... que... ¡No sé dónde voy a ir a parar, con tantos kilos! Y yo creo que es eso, ¿eh? Porque... ¿cuánto tiempo hace que no se me arrima un tío? Desde Álex, por lo menos... ¿Te acuerdas de Álex? Oh, por Dios. No; no me lo recuerdes. Valiente sinvergüenza el Álex... Es que... de verdad, ¿eh? ...de verdad de la buena, ¿eh? Qué mala pata últimamente, Olga... de verdad, ¿eh? Que si (imposta la voz, simulando que es la de un hombre) “no estoy preparado para un compromiso, nena”... (Voz normal.) Que si... (voz hombruna) “soy joven y quiero disfrutar de la vida”... (Voz normal.) ¡Qué sí! Lo que yo te diga. Buuuuuuuffff... Si tú supieras, Olga... Lo sabes, ¿no? Los hombres me traen a mal traer. Pero no me quejo, ¿eh? De verdad, ¿eh? No me quejo... Las hay que lo están pasando peor. A mí, al fin y al cabo... me queda Álex. ¿Te acuerdas de Álex? Yo sé que él me quiere, ¿eh? De verdad... Me quiere pero yo no estoy preparada para un compromiso... Y menos con ese sinvergüenza. ¡Pero qué guapa que estás, Olga! Mírame a mí... ¿Dónde te has comprado ese modelito? ¿Tan caro? ¡Por favor! ¡...Luego dicen que estamos en crisis! Hablando de la crisis... ¿te has enterado del último chisme que circula por ahí? ¿No? ¡Buffff! ¡Han echado a Pepi del trabajo! Sí, mujer... Pepi. ¿Te acuerdas de Pepi? ...La amiga de Paqui... Claro. No sé por qué ha sido... pero... de verdad, ¿eh? Dicen que andaba metida en algo turbio. Oigh. En algo turbio... Como en las películas de mafiosos y de rubias con los labios... así... a lo rojo putón. No, no te ofendas, Olga... No hablaba de ti. Pues estoy yo buena para hablar de nadie, con los problemas que arrastro. Ah; ¿que... no lo sabes? He dejado a Álex. Sí, sí... Ni me hables. ¡Un sinvergüenza! Llevábamos unos días saliendo y ya se atreve a pedirme en matrimonio! De verdad, ¿eh? Los hombres no saben dónde meterse con tal de meterse en el algún sitio. ¿Te acuerdas de Paqui? Sí; la de Pepi... No; ésa es Pili... Pues... le pasó lo mismo a la pobre... No; con Álex, no... ¡Qué cosas tienes! Nada... Que el novio no acababa de decidirse a pedirle la mano. Huy: “pedirle la mano”. Qué antiguo suena, ¿no? De verdad, ¿eh? No sé dónde vamos a llegar con tantos kilos. Demasiados millones que cobran los desgraciados por dar patadas a un balón. A mí el fútbol no me atrae demasiado. No como a los hombres, que les vuelve locos. Y se pagan auténticas barbaridades por un jugador... y por una sortija... Porque... ¿tú sabes cuánto le costó al novio de Pili –la de Paqui y Pepi- la sortija que le regaló por su santo? Sí, el doce de octubre... Sí; es que el muy sinvergüenza le pidió en matrimonio hace unos días... Sí, el doce de octubre... ¡Qué descaro! Pedirle en matrimonio cuando sólo llevaban saliendo una semana. Sí, mujer... El novio de Pili es Álex. ¿Te acuerdas de Álex? Ni lo nombres. ¡Un sinvergüenza! De verdad, ¿eh?

 

OLGA.-...Y así hasta el infinito. (Pausa.) Las mismas historias una y otra vez, haciendo que me plantee la existencia del tal Álex, de Pepi, de Paqui, de Pili y de Santa María Egipcíaca.

 

TATIANA.-¿Santa María Egipcíaca? El veintidós de abril, se celebra. Quien lo celebre. ¿Quién celebra el día de Santa María Egipcíaca? (Deducción.) Aaaaah. Los egipcios, a lo mejor... Son tan suyos... De verdad, ¿eh? El veintidós de abril.

 

OLGA.-¡...Y conoce el santoral!

 

TATIANA.-Entero. Si no lo conociera... ¿cómo iba a felicitar a Pili, a Pepi o a Paqui? Del sinvergüenza de Álex no quiero ni hablar. ¿Te acuerdas de Álex?

 

OLGA.-¡Y sigue ahí!

 

TATIANA.-¿Y de Santa María Egipcíaca? ¿Te acuerdas de Santa María Egipcíaca?

 

 

(OLGA se lleva una mano a la frente, en actitud desasosegada.)

 

 

...Veintidós de abril.

 

OLGA.-Dan ganas de decirle: (Se vuelve hacia TATIANA.) “Tati...”

 

TATIANA.-(Risita.) Llámame “la Tati”...

 

OLGA.-(Confusa. Duda, por un instante.) Mira... (recalcando las dos palabras) “LA TATI”... Ni existe Pepi... Ni existe Paqui... Ni existe Pili. (Breve silencio.) ¡Y mucho menos el sinvergüenza de Álex, de quien no me acuerdo!

 

TATIANA.-(Pausa estupefacta.) ¿Y Santa María Egipcíaca?

 

OLGA.-(No da crédito.) ¡Por el amor de Cocó Chanel, Tatiana! ¡No hay nadie en tu vida! ¡No tienes amigas! ¡Ni novios! ¡Ni santos a los que poner una vela cada veintitrés de abril!

TATIANA.-(Con los ojos humedecidos por las lágrimas.) ¡Es el día veintidós!

 

OLGA.-¡DA LO MISMO! ¡No tienes a nadie! (Berrido.) ¡ABSOLUTAMENTE A NADIEEEEEEEEEEE!

 

 

(Tras unos segundos, TATIANA rompe a llorar, desconsolada.)

 

 

OLGA.-(Al público.) Dan ganas de decirle todo eso. Pero... no soy capaz. En el fondo... la aprecio.

 

TATIANA.-(Rápida recuperación. Ilusionada.) ¿Siiií?

 

OLGA.-¡No en el sentido estricto de la palabra!

 

 

(Vuelven los lloros de TATIANA. Vuelve –al alimón- el CAMARERO.)

 

 

CAMARERO.-(Se dirige a OLGA.) Disculpe el retraso. (Pausa.) ¿Qué va a ser?

 

OLGA.-(Dolosa.) Aún no lo he decidido. No se preocupe... (extremadamente desagradable) que ahora mismo estoy con usted.

 

CAMARERO.-(Lo ha captado.) Muy bien, señorita. (Va hacia una de las salidas. Para sí.) Qué humos. Vuelvo a abrir la puerta. Como que hay whisky que vuelvo a abrir la puerta... ¡Así pille un constipado de agárrate y no te menees! ¡Habráse visto! Uno quiere mantener una buena relación con los clientes y...

 

 

(Sale. TATIANA prosigue con sus lloros.)

 

 

OLGA.-(Al público.) Entonces... cuando la situación se desmorona, cuando me planteo el asesinato como severo correctivo... es entonces cuando brota de la nada una segunda amiga...

 

MARÍA.-(Desde fuera de la escena.) ¡Hey! ¡Olga!

 

OLGA.-...María.

 

 

(Entra la aludida. Viste de forma provocativa. Sensualidad palpable. Un solo de saxo acompaña su entrada.)

 

 

MARÍA.-Hola.

 

OLGA.-(En un aparte.) María sí que no me preocupa. Ella sabe cómo encauzar su vida. Sí; ella es un cauce... (Silencio.) Un río caudaloso... (Pausa.)  Y los hombres... los afluentes de dicho río.

 

MARÍA.-(Suspiro incitante, acompañado por un veloz movimiento de caderas.) ...Ah.

 

TATIANA.-(Ha dejado de llorar. Un poco celosa.) Oye... Que sigo aquí...

 

OLGA.-(Ni caso.) La personalidad de María es arrolladora...

 

 

(MARÍA, con agilidad felina, coloca un pie sobre la mesa, ante la estupefacción de TATIANA.)

 

 

OLGA.-...Y su capacidad de convocatoria está a años-luz de la mía...

 

TATIANA.-Pero... ¿qué significa...?

 

OLGA.-(Interrumpe.) ...Y de la de Tatiana...

 

 

(MARÍA chasquea los dedos y al instante surge la figura del CAMARERO, quien se muestra obnubilado ante tamaña visión femenina.)

 

 

CAMARERO.-¿Sí, señorita?

 

MARÍA.-Un café con leche...

 

CAMARERO.-(Extático.) Mar... Marchando...

 

 

(Él va reculando, sin perder de vista a la recién llegada. Camina hacia atrás. Puede  tropezar con algún objeto. Pase lo que pase, nunca abandona la contemplación de la joven. Ésta toma asiento y ejecuta un par de cabriolas con las piernas, hasta que deja una sobre la otra, cruzadas... Un cruce sicalíptico. La música proveniente del saxo invisible continúa inundando el lugar.)

 

 

MARÍA.-(Cae en la cuenta.) Ah...

 

CAMARERO.-(Moviéndose, ágil, hasta llegar junto a ella.) ¿Sí? Dígameeeeeeeeeee...

 

MARÍA.-...Y un croissant... ¿Puede ser ?

 

CAMARERO.-(Servil.) Cómo, señorita: DEBE ser.

 

 

(Insinúa una reverencia y va saliendo, de espaldas, hacia un lateral, tropezando con cualquier cosa. En el momento en que desaparece, se escucha el ruido que produce su bandeja al caer contra el suelo.)

 

 

OLGA.-(Al público.) María sí que despierta envidias y lujuria... miradas ardientes y estremecimientos gélidos... escalofríos...

 

MARÍA.-(Ídem. Sexy.) Soy... como el orujo.

 

 

(La música de saxo acentúa su potencia, lo que parece crispar los nervios de las muchachas.)

 

 

¡Es suficiente!

 

 

(Chasquea los dedos y la música se detiene, para dejar paso, tras un segundo, al fragmento más conocido del “Coro de prisioneros” del “Nabucco” –de Verdi-, a todo volumen. Estupor. MARÍA vuelve a chasquear los dedos. Vuelve el solo de saxo. Muy enojada, chaquea por tercera vez. La música cesa. Alivio general.)

 

 

OLGA.-(Dirigiéndose al frente.) María parece dominar el mundo a su antojo...

 

 

(MARÍA, con una sonrisa pícara brotando en su cara, chasquea de nuevo los dedos. Truena. Chasqueo. Piar de pajarillos. Tercer chasqueo casi consecutivo. El solo de saxo. Ella frunce el ceño. Chasquea otra vez. Se apagan las luces. Gruñe. Nuevo chasquido. Vuelve la luz. Otro chasquido. Cesa la música. Silencio. MARÍA muestra un orgullo claramente definido por su posición corporal.)

 

 

OLGA.-(A MARÍA.) No conviene abusar...

 

 

(MARÍA hace un gesto de burla. TATIANA chasquea los dedos, infantil. Trata de emular a la primera, sin conseguirlo.)

 

 

OLGA.-(Al público.) El discurso de María es radicalmente opuesto al de Tatiana...

 

MARÍA.-(Habla rápido, pero manteniendo una delicadeza sensual en el tono de voz.) Hola, Olga; hola, Tatiana... (Se corrige, soberbia.) “...Tati”. (Pausa.) He dejado a Luis. Lo he dejado por Ignacio. Como antes dejé a Ignacio por Luis. ¿No es ésta una sociedad librecambista? Pues eso. De Ignacio a Luis y tiro... (duda) ...porque sí. (Ríe.) Y después de Luis a Ignacio. Y viceversa. (Picardía.) Y más. (Ríe.) Estoy pensando en dejar a Ignacio por Luis y a éste por (pronuncia en un casi perfecto árabe) Abdullah Mohamed. ¡No sabéis como son los argentinos! Y (pronuncia en un casi perfecto árabe) Abdullah Mohamed... ni os cuento. (Pausa.) Mejor pensado... Sí; os lo voy a contar: Abdullah Mohamed es de la Pampa... de la misma Pampa, junto a... (Dubitativa. Resuelve el entuerto como puede.) De la misma Pampa. Me entendéis, ¿no? Hala, ya está. De la misma Pampa a la izquierda. Sí, sí... (Pronuncia en un casi perfecto árabe.) Abdullah Mohamed no es precisamente un nombre argentino. Es que (pronuncia en un casi perfecto árabe) sus padres son rusos, ¿sabéis? ¡Qué vais a saber... si vosotras no sabéis como son los argentinos ni los rusos ni...! (Pronuncia en un casi perfecto árabe.) Abdullah Mohamed se ha vuelto loco. (Breve silencio. Aclaratoria.) ...Por mí... se entiende. (Toma aire.) Le he vuelto loco con una sola noche. (Risa.) Pero... ¡qué noche! ¡Mamma mía, qué noche! Y digo “mamma mía” porque volviendo del piso de (pronuncia en un casi perfecto árabe) Abdullah Mohamed me encontré con Giuseppe... (Gozosa.) ¡Sí! (Se relame.) ¡El ertzaina! ¡Él, en persona! Otro loco por mí. ¡El barrio es un auténtico manicomio! Total, que después de pensármelo mucho, ni (pronuncia en un casi perfecto árabe) Abdullah Mohamed, ni Giuseppe, ni Luis, ni Ignacio... He vuelto con Álex.

 

 

(Vuelve el camarero, portando una bandeja donde resalta un café acompañado de leche humeante y un hermoso croissant.)

 

 

TATIANA.-¿Álex? (¡Blasfemia!) ¿MI Álex? (Estalla.) ¡SINVERGÜENZA!

 

MARÍA.-(A TATIANA.) No me digas que te gusta Álex...

 

TATIANA.-(Sonrojada.) No; no te lo digo...

 

OLGA.-(En voz alta.) STOP!

 

 

(Las otras dos mujeres quedan paralizadas. No así el CAMARERO, quien ve como la bandeja –con café, leche y croissant incorporados- se va a hacer la guerra por su cuenta, cayendo al suelo.)

 

 

CAMARERO.-¡Por Dios! Qué susto. (Comienza a recoger lo que ha tirado.)

 

OLGA.-He dicho... STOP!

 

CAMARERO.-Va, va...

 

 

(Toma la bandeja y adopta una posición típica de camarero, sonriente y servicial, mirando al público. OLGA, complacida.)

 

 

OLGA.-(Al frente.) En ese preciso instante comienza la tarde propiamente dicha... Las amigas iniciamos el duelo diario, tratando de demostrarnos a nosotras mismas y a las otras dos... que no nos necesitamos. Y miras alrededor y compruebas cómo en las mesas restantes ocurre lo mismo. Con caras diferentes... Con vestidos diferentes... (Arrebato de soberbia.) Sin maquillaje, incluso... Pero lo mismo. Una Olga, una Tatiana y una María aparentando que consumen café y croissant... y que, entre sorbo y sorbo... combaten; cuando es al revés: combaten... y, entre directo a la mandíbula y golpe bajo... beben café. (Pausa. Se vuelve hacia ellas. Vuelve de inmediato la vista al público.) ...Con croissant, claro... Que a nadie le amarga un dulce... y mucho menos si invita la casa.

 

CAMARERO.-(Saliendo del trance. Alarmado.) ¿Cómo?

 

OLGA.-(Resignada.) Pensaba en voz alta.

 

CAMARERO.-(Infinito alivio.) Aaaaaaaaaah.

 

 

(OLGA se vuelve hacia las otras, que recuperan la movilidad al mismo tiempo que el CAMARERO reanuda la recogida de lo que aún yace en el suelo.)

 

 

MARÍA.-(Ríe, mirando al CAMARERO.) Qué camarero tan torpe. Oye, guapo...

 

 

(El joven, que ya había recogido prácticamente todo, vuelve a perder el equilibrio de la bandeja. Nuevo golpe contra el suelo. Los nervios...)

 

 

CAMARERO.-S... Sí... Dígame.

 

MARÍA.-(Se mueve, incitante.) ¿Viene ese café con leche?

 

CAMARERO.-(Titubea, de nuevo seducido por los encantos de MARÍA.) Viene... Viene... Vaya si viene... (Recoge lo que puede.) Viene... corriendo que se las pela...

 

 

(Va saliendo. MARÍA ríe, satisfecha.)

 

 

OLGA.-(A él. A punto de perder la paciencia.) Oiga...

 

CAMARERO.-Ahora mismo estoy con ustedes.

 

 

(Sale, ante la práctica desesperación de OLGA.)

 

 

MARÍA.-¿Por dónde íbamos?

 

OLGA.-(Aire aburrido.) Acababas de volver con Álex...

 

MARÍA.-¿Álex? (Chasquea la lengua.) Lo he dejado.

 

TATIANA.-(Esperanza.) ¿Qué?

 

OLGA.-¿Cómo ha sido?

 

MARÍA.-De repente. Al descubrir a ese camarero tan resultón. ¿No veis la forma en que me mira?

 

OLGA.-(Aguzando la vista.) Ése no es el camarero.

 

MARÍA.-¿Quién habla del camarero? Lo he dejado sin perder un segundo. Sólo tonteaba con él. (Sonrisilla pícara.) ¿No veis la forma en que me mira... ese señor de la barra?

 

TATIANA.-Chica... Qué prisa te das.

 

MARÍA.-(Ironía hiriente.) Noto cierto malestar en tu tono de voz, Tatiana... Mi querida “Tati”... ¿No te van bien las cosas en el amor?

 

TATIANA.-(Apurada.) Me... Me van... per... perfectamente.

 

OLGA.-Hace un momento me hablaba de sus amoríos con Álex.

 

MARÍA.-(Divertida, mas cruel.) ¿Álex?

 

TATIANA.-(Enfado infantil.) ¡No es verdad!

 

MARÍA.-No te apures, querida. Ya he dejado a ese sinvergüenza. Y eso que a mí los sinvergüenzas...

 

 

(Se agita, relamiéndose de gusto. TATIANA no puede disimular su rabia.)

 

 

TATIANA.-Cambiemos de tema.

MARÍA.-(Ladina.) Bueno... (Pausa.) ¿Qué tal tus (maldad irónica) numerosísimas amistades?

 

TATIANA.-(Respira profundamente. Carraspea.) De... De maravilla.

 

OLGA.-(A MARÍA.) Ha estado con Pili y Paqui... Ah; y con Pepi.

 

MARÍA.-(Ironía.) Caramba. Una vida social muy ajetreada. ¿Y... cómo está?

 

TATIANA.-(No comprende. Nerviosa.) Bien, gracias. Pero... no me trates de usted, María.

 

MARÍA.-(Suspira. La deja por imposible.) Que como está... Pepi.

 

TATIANA.-(Aún más apurada.) Bien... Bien.

 

MARÍA.-(Pausa larga.) ¿Cuándo vas a presentárnosla?

 

TATIANA.-(Traga saliva.) Está... muy ocupada.

 

MARÍA.-...Ya.

 

TATIANA.-Trabaja mucho... y...

 

OLGA.-(Interviene, lapidaria.) ¿Nunca aceptarás el hecho de que no tienes amigas, Tati? (Al público, sorprendida de si misma.) ¡Se lo he dicho!

 

TATIANA.-¡Sí que las tengo!

 

MARÍA.-(Frialdad.) No; no las tienes...

 

TATIANA.-¡Basta!

 

 

(Las otras dos se levantan y comienzan a gesticular en torno a ella.)

 

 

OLGA y MARÍA.-(Siniestro cántico.) Tati no tiene amigas...

                                                              Tati no tiene amigas...

                                                              Tati no tiene amigaaaaaaas...

 

OLGA.-(Al público.) ¿Ven? En realidad somos como niñas. (Sonrisa estremecedora. Breve silencio.) Tan crueles... como lo son los niños.

 

OLGA y MARÍA.-(Reemprenden el cántico.) Tati no tiene amigas...

                                                                          Tati no tiene amigas...

                                                                          Tati no tiene amigaaas...

 

TATIANA.-(Contraataca; intenta plantar cara.) ¿Ah, no? ¿Y vosotras... qué sois?

 

 

(Segundos de desconcierto para los otros dos personajes. OLGA y MARÍA cruzan miradas. Pausa.)

 

 

OLGA y MARÍA.-(Atacan de nuevo, a la vez. El mismo ¿ritmo? Acoso a TATIANA. El cántico susodicho sería digno de la más grotesca pandilla pre-adolescente.)

 

No cambies de tema...

No cambies de tema...

No cambies de tema...

 

 

(Por un lado vuelve el CAMARERO. Trae consigo el café, la leche y el croissant.)

 

 

TATIANA.-(Tapándose los oídos.) ¡NOOOOOOOO!

 

 

(Las otras dos mujeres abandonan la ofensiva.)

 

 

CAMARERO.-(Deteniéndose.) ¿No? (Pausa. Cierto enojo.) ¿No era un café con leche y un croissant?

 

MARÍA.-(Atenta –cual leona al acecho de una gacela despistada. Se incorpora.) Evidentemente, guaperas... (Se aproxima al joven.) Un café con leche... (casi la cara adosada al rostro de él) ...y un tierno... y deseable... croissant.

 

 

(Él no sabe qué hacer. En ese momento, su cuerpo reacciona como el del más común de los mortales: tiembla de la cabeza a los pies.)

 

 

CAMARERO.-(Sin que las palabras acudan con fluidez a su cerebro –y posteriormente a su boca.) ¿Ti... tierno y... y... de... seable? (Risita nerviosa; asimismo nervioso encogimiento de hombros.) Es un croissant... normalito... del montón...

 

MARÍA.-(Llega a presionar el dulce con uno de sus dedos índices.) Da la impresión de ser tan... blandito... como un osito...

 

CAMARERO.-(Turbado.) ¿Co... como un... osito... eh... pequeñito?

 

MARÍA.-Pequeñito... pequeñito...

 

CAMARERO.-¿U... una especie de... koala?

 

MARÍA.-(Por un momento pierde la compostura sensual.) ¡Qué más da!

 

 

(Susto del hombre.)

 

 

(Recobra la posición.) Como un osito... pequeñito... pequeñito... Huy; tan pequeñito... como un camarerito... jovencito...

 

OLGA.-(Al público.) ...Me dan “arcaditas”...

 

CAMARERO.-(“¿Y yo... qué digo?”) Mi... mira tú... qué cosas...

 

 

(MARÍA presiona tanto al CAMARERO que éste ve cómo de nuevo la bandeja se desploma.)

 

 

¡La leche!

 

OLGA.-(Divertida.) La leche... y el café... (pausa) y el croissant... (Irónica.) Con lo blandito y pequeñito que era.

 

 

(El hombre se afana en recoger lo que buenamente puede.)

CAMARERO.-Lo lamento, señorita... No sé qué me pasa hoy... ¿Se ha manchado?

 

MARÍA.-(Sin perder atrevimiento.) Sí, gañán; me has manchado... (Se atusa el pelo. Mohín.) Me siento tan... tan... sucia...

 

CAMARERO.-(Sonríe con amplitud.) No hay problema. En este local vamos surtidos. Tenemos jabón... de ése... líquido... en el baño. Le traeré un poco. Lo tenemos verde y azul. ¿Cómo lo prefiere?

 

MARÍA.-(Frustrada.) ¡Negro!

 

CAMARERO.-(No percibe tal frustración. Extrañeza.) Ne... negro... (Se vuelve. Va hacia la salida. Para sí mismo.) Menuda petición... No sé si andaremos tan surtidos... (Sale, llevándose los restos de la consumición abortada.)

 

OLGA.-¡Oiga!

 

CAMARERO.-(Asomándose.) Que voooooooooooy. No se me revuelvan.

 

 

(Sale, definitivamente. OLGA no puede reprimir un manotazo en la mesa, furibunda.)

 

 

OLGA.-¿Por qué seguiré viniendo a este antro.

 

TATIANA.-Es el sitio de moda. Además... (Contando las palabras que pronuncia con los dedos. Aire tan maligno como repentino.) ...Yo siempre vengo aquí, Olga...

 

OLGA.-(En un gruñido.) Brrr...

 

 

(MARÍA retorna a la mesa.)

 

 

MARÍA.-Les doy miedo.

 

OLGA.-¿Hum?

 

MARÍA.-A ellos. Les doy miedo.

OLGA.-¿A los camareros?

 

MARÍA.-A los camareros... a los bomberos... a los políticos... a los sacerdotes –a éstos más que a ninguno-... (Pausa.) Les doy miedo. Les atemorizo. Hago que experimenten la sensación de pérdida de control. Son... como juguetes... como títeres... Abandonan la autoestima. Tratando de satisfacerles... los convierto en seres insatisfechos...

 

OLGA.-O sea: los conviertes en mujeres.

 

MARÍA.-(Pausa pensativa.) Pues... ahora que lo dices...

 

 

(Frunce el ceño, extrañada. Piensa. OLGA y MARÍA la observan, con detenimiento.)

 

 

MARÍA.-(Para sí.) ¿Los convierto... en mujeres? (Pausa. A ellas. Lo pregunta completamente en serio.) ¿Creéis que he entrado en una crisis de identidad sexual?

 

 

(Retorna el CAMARERO, con la sempiterna bandeja, el sempiterno café, la sempiterna leche y el tierno croissant.  MARÍA lo ve, se levanta y va hacia él, presurosa. El CAMARERO retrocede, al reparar en el ímpetu de la mujer.)

 

 

CAMARERO.-¡Ah, no! (Protege su bandeja.) Estese quietecita... tranquilita... como una osita, ¿eh? No voy a echar a perder el puesto de trabajo por destrozar la vajilla del local. Así que... (se aproxima a la mesa) voy a dejarle esto aquí... (Prepara el café y coloca el croissant al lado.) Su café con leche y su croissant negro.

 

 

(En efecto, el croissant parece completamente chamuscado.)

 

 

MARÍA.-¿Croissant negro?

 

CAMARERO.-Es lo que había pedido... (Cae en la cuenta. Palmada.) ¡Mierda! (Resopla.) ¡Lo negro era el jabón! (Tono de disculpa.) Pero... no tenemos. (Coge el croissant ennegrecido.) Me llevo el croissant y le traigo el jabón... (rectifica sobre la marcha) ...el croissant... (para sí) ...el... el otro. (Se desplaza en pos de la puerta.)

 

MARÍA.-¡Espere!

 

 

(El CAMARERO se detiene. Ella se acerca, desprovista de los andares felinos anteriores. Está preocupada.)

 

 

CAMARERO.-(En un aparte.) Nada; que esta... (rumia la expresión) ...buena mujer... (brevísima pausa) ...se ha empeñado en seducirme... y me seduce. (A ella.) ¿Sí, señorita?

 

MARÍA.-¿Usted... es un hombre?

 

OLGA.-(Amonestación divertida.) ¡María!

 

CAMARERO.-(Aturdido, desconociendo el cariz de la pregunta.) Hombre, yo...

 

MARÍA.-(Con insistencia.) Y... hace un rato... al acosarle... no ha dejado de sentirse hombre... ¿No, eh?

 

CAMARERO.-Fíjese usted que cuando me acosa es cuando más hombre me siento. (Sonríe. Pausa. No hay ningún atisbo de ironía en la frase siguiente.) Curioso, ¿verdad? (Se encoge de hombros, sin conceder mayor importancia a sus palabras.) ...Hum. (Va a salir.)

 

OLGA.-Oiga...

 

CAMARERO.-(Amable.) Señorita... (Se vuelve. Hastío veloz.) Ah... Usted.

 

 

(La preocupada MARÍA vuelve a tomar asiento al lado de TATIANA, quien parece perdida entre tanto caos.)

 

 

OLGA.-(Al público, ironizando con la situación.) ¡Milagro! ¡Me ha visto! No soy tan etérea.

 

CAMARERO.-¿Qué quiere?

 

OLGA.-Antes me hubiera tomado tranquilamente un martini bien seco... Pero... (desagradable) he cambiado de opinión: (pausa) tráigame una tila.

 

CAMARERO.-No va a poder ser.

 

OLGA.-¿Por qué?

 

CAMARERO.-Porque guardamos la tila en sobres...

 

OLGA.-...Lógico.

 

CAMARERO.-...y esos sobres en un tarro de cristal...

 

OLGA.-¿Y...?

 

CAMARERO.-¡...y ese tarro de cristal no hay quien lo abra! El tapón está atascado desde que se abrió la cafetería. Nunca hemos servido tila.

 

TATIANA.-¿Y si algún cliente la pide?

 

CAMARERO.-Muy sencillo: le decimos que guardamos la tila en sobres... que esos sobres los guardamos en un tarro de...

 

MARÍA.-(Interviene, rauda.) ¡Conocemos la historia!

 

OLGA.-¡Valiente disparate!

 

CAMARERO.-(Condescendencia.) Sí, sí... Disparate... Sólo de pensar en la tila me pongo de los nervios...

 

OLGA.-(Trata de recuperar la calma.) Eh... De acuerdo... No hay tila...

 

CAMARERO.-No; tila sí que hay... (Divertido, con una risita estúpida.) aunque más caducada que los croissants que...

 

 

(Las mujeres vuelven los ojos hacia él. Censura visual. Él lo percibe.)

 

 

(Carraspeo. Rectifica. Tajante.) No hay tila.

 

OLGA.-Traiga una manzanilla.

 

CAMARERO.-No hay manzanilla.

 

OLGA.-¿Tampoco?

 

CAMARERO.-(Gruñe.) Es el mismo argumento. (Desgana evidente.) ¿Quiere que vuelva a empezar? (Pausa. Suspiro.) Verá: guardamos la manzanilla en sobres... y esos sobres en un tarro de cristal...

 

MARÍA.-(Asqueada.) ¡Oooooooooooh!

 

OLGA.-(Es la gota que colma el vaso. En alta voz.) ¡Un café con leche y un croissant! ¡Póngame un café con leche y un croissant !

 

CAMARERO.-¿Y... la manzanilla ?

 

OLGA.-¡QUIERO UN CAFÉ CON LECHE...!

 

TATIANA.-(Intercede.) ...Y un croissant... Que no se te olvide.

 

CAMARERO.-(Leve silencio.) A ver si nos decidimos, ¿eh? (A TATIANA.) ¿Y usted?

 

TATIANA.-Pues... aún no lo sé... ¿Hay café con leche?

 

CAMARERO.-(Dolido, doliente, doloso.) Sí, señorita... Y croissant.

 

TATIANA.-...Eso mismo, entonces.

 

CAMARERO.-(Silencio molesto. Musita.) Las tres lo mismo... (Alza la voz.) ¡Podíamos haber ganado tiempo si lo hubieran pedido a la vez!

 

OLGA.-(Indignada.) ¡No me ha dejado!

 

CAMARERO.-Ya, ya... La culpa, del camarero. (Mueve la testa. Va saliendo.) Luego... se quejarán del servicio... de la atención al cliente –que siempre tiene razón-... (Ínfima pausa.) ¡Bah!

 

 

(Sale. Pausa. Las tres mujeres resoplan, fatigadas después del ímprobo esfuerzo. Durante unos segundos no saben de qué hablar. Carraspeos. Disimulo.)

 

 

OLGA.-(A los espectadores.) El debate adquiere una profundidad intelectual de primer orden...

 

 

(Se vuelve hacia sus compañeras. Silencio. Suspiros. Carraspeos. Disimulo.)

 

 

(Recupera el contacto con el público.) ...Así, hasta el fin de la Edad Contemporánea.

 

TATIANA y MARÍA.-(Al mismo tiempo.) ¿Decías...?

 

OLGA.-(A ellas.) Nada. Que... (Carraspea por dos veces.)

 

TATIANA y MARÍA.-Ah. Habíamos entendido... (Carraspean una vez, efectúan una pausa y carraspean de nuevo. Perfecta combinación de ambas.)

 

OLGA.-(Al público, encogiéndose de hombros. Miente. Hipocresía en estado puro.) Unas amigas no necesitan hablar para comunicarse.

 

 

(Más segundos silenciosos.)

 

 

(Siempre al público.) En este apasionante momento de la conversación, tomo –decidida- la palabra para plantear un nuevo enigma que atenaza a la humanidad actual: (A ellas. Un tono de voz semejante al que emplearía una niña malcriada.) ¿Por qué los nuevos lápices de labios no casan con las tendencias coloristas de la moda italiana?

 

TATIANA y MARÍA.-¿Queeeeeeeé...?

 

OLGA.-Sí; ¿por qué no han incluido en la gama de lápices de labios un tono más... kiwi... o... más... frutas del bosque? Y, si me apuráis: ¿por qué no han incluido el tono arco-iris ambiguo?

 

 

(Pausa. Las otras dos mujeres no aciertan a replicar.)

 

 

¿No sabéis de lo que hablo?

 

TATIANA y MARÍA.-(Siempre al alimón. Se defienden de la mejor –peor- manera.) Oh, sí. Pero es que... eh... ah... no... no... vaya... Que no me he puesto al día en lo de... los... lápices de labios. Aunque... los nuevos diseñadores... eeeeeh... no parecen prestar mucho interés por... eh... por lo de... los... lápices... de... labios. Eh... Eso.

 

 

(Silencio. OLGA, entre la sorpresa y la desolación resignada. Vuelve a hablar directamente con los espectadores.)

 

 

OLGA.-No sé a ustedes; a mí, las amigas me producen escalofríos...

 

 

(Retorna el CAMARERO –y ha oído la última frase de OLGA-, con una bandeja abarrotada de cafés y croissants.)

 

 

CAMARERO.-(Molesto.) Miren: he cerrado la puerta; así que... no me vengan con remilgos.

 

 

(Las tres jóvenes intercambian miradas de extrañeza. Él se aproxima, con aire displicente.)

 

 

(Rudeza.) Sus cafés con leche... (Los sirve.) Sus croissants... (Ídem.) Y mi paciencia...

 

 

(Ante la sorpresa general, parte un pedazo de uno de los dulces y lo moja en un café, para después engullirlo con enorme satisfacción. Ellas reaccionan con visible asco.)

 

 

...Muy rico. Cojonudo. (Leve pausa.)  Hala; a merendar.

 

 

(Sale, garboso. Ellas no acaban de dar crédito a lo sucedido.)

 

 

OLGA.-(A los espectadores, con un nerviosismo creciente.) No sé a ustedes; a mí, el trato de cara al público también me produce escalofríos...

 

CAMARERO.-(Desde fuera.) ¡QUE YA HE CERRADO LA PUERTA, JODER! (Sarcasmo.) ¡ESCALOFRÍOS, ESCALOFRÍOS...! (Pausa.) ¡QUE LE TEJAN UNA REBECA, DEMONIO!

 

 

(Silencio. TATIANA y MARÍA no reaccionan. OLGA, mirando al público esboza una sonrisa triste –“¿qué les decía?”-. Sus compañeras escrutan el café y el croissant “profanados”.)

 

 

MARÍA.-(Ladina.) Tú no tienes mucha hambre, ¿a que no? (Se aferra a una consumición intacta.) Si no me como un croissant entero... me voy a quedar a medias.

 

TATIANA.-Te equivocas: ahora estoy hambrienta...

 

 

(Va a tomar el café y el croissant aún vírgenes, pero OLGA ha sido más rápida y le dedica una sonrisa malévola, mientras mastica el dulce con fruición.)

 

 

OLGA.-C´est la vie.

 

TATIANA.-(Gruñido. Para sí misma.) Encima... me restriega sus conocimientos de inglés...

 

 

(Muerde, con gran dificultad, el croissant atacado por el camarero.  Surge la figura de un DESCONOCIDO, quien se acerca a una mesa próxima. Viste con elegancia –incluso atildamiento- y sus andares son pausados. Se sienta. Ha despertado el interés de las muchachas, puesto que, aun no siendo de una hermosura descollante, sí resulta atractivo. Despliega un periódico que portaba bajo uno de sus brazos –con lo que su cara queda oculta-  y lee.)

 

 

MARÍA.-(Se relame.) Mmm... He ahí un auténtico croissant humano...

 

TATIANA.-(Suspira.) ...Me recuerda a Álex...

 

 

(OLGA chasquea la lengua, aparentemente manifestando su indiferencia –cuando no su desdén más claro.)

 

 

MARÍA.-Vamos, Olga. No saques eso de... (parodia la voz de su amiga)  “no es mi tipo”.

 

OLGA.-No me fío.

 

MARÍA.-¿Eh?

 

OLGA.-Un hombre así sólo puede ser: o un soberbio inaguantable...

 

DESCONOCIDO.-(Deja, por un instante, el periódico. Soberbio e inaguantable. Al frente.) ¿Por qué vas vestida así, nena? (Sonríe.) ¿Buscas pelea? (Cubre su rostro con el periódico abierto de par en par.)

 

OLGA.-...o... un homosexual.

 

DESCONOCIDO.-(Deja el periódico. Afeminado –aunque sin exageración-. Al frente.) Holaaaa. (Pausa.) ¡Oigh! Me encanta tu vestido. (Sonríe.) Te da un aire tan, tan sofisticado... (Cubre su rostro con el periódico abierto de par en par –es decir: lo mismo de antes.)

 

OLGA.-Perdéis el tiempo.

 

TATIANA.-¿Un homosexual?

 

 

(Lo mira. Él pasa una hoja. Ella duda.)

 

 

...No lo parece, oye.

 

MARÍA.-No lo es.

 

OLGA.-Ja.

 

MARÍA.-¡No lo es! Y tampoco un soberbio inaguantable. (Pausa. Pequeña turbación.) Es un conquistador. (Pausa. Actitud majestuosa.) Conozco a los hombres.

 

TATIANA.-(Sin bromear.) ¿A todos? (Silba.) Sabía que eras promiscua... pero, chica...

 

 

(OLGA ríe. MARÍA responde con una mueca de desagrado. El CAMARERO ha vuelto y atiende al DESCONOCIDO con exquisita corrección. Éste le ha pedido algo. El mozo se retira, tras asumir la petición del nuevo cliente. El DESCONOCIDO reemprende la lectura.)

 

 

MARÍA.-(Pausa pensativa.) Hagamos una prueba. Yo me acerco a él y le pido un cigarrillo. Depende de cómo reaccione sabremos si es un prepotente, un gay, un conquistador... (pausa) o un gay prepotente y conquistador, que quizás... (No termina la frase por propia voluntad. Abre ampliamente los ojos.)

 

TATIANA.-(Ilusionada.) ¡Sí! ¡Sí! ¡Un experimento!

 

OLGA.-(A MARÍA.) Vas a salir trasquilada...

 

MARÍA.-Tal vez; pero... si no es ni homosexual ni prepotente... ¡me lo quedo!

 

OLGA.-(Indiferencia.) ...Por mí...

 

TATIANA.-(A MARÍA.) Quédatelo... Quédatelo... (Ensoñación.) ...Y una servidora volverá con Álex...

 

MARÍA.-Poned atención.

 

 

(MARÍA guiña un ojo a sus dos compañeras de fatigas –quienes se ubican mejor para contemplar la escena- y se levanta. Se atusa el pelo y revisa sus ropajes. Avanza, con andares “marilynmonroenianos”,  en pos del DESCONOCIDO. Éste prosigue con su lectura, incansable. MARÍA ya está junto a él. Va a hablar. Se frena. Sus compañeras aguardan. Va a hablar. Nuevamente se frena, ante la expectación abortada de las otras dos. Va a hablar.)

 

 

MARÍA.-(Habla -¡por fin!) ...Hola.

 

 

(El DESCONOCIDO deja el periódico. Lanza una amabilísima mirada a la joven mujer. Sonríe.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Dulzura.) ¿Sí...?

 

MARÍA.-(Tratando de emplear todas sus armas seductoras.) ¿Tienes un cigarrillo? (Se inclina sobre la mesa ocupada por el hombre.)

 

DESCONOCIDO.-(Tono preñado de una apabullante exquisitez.) Vaya; cómo lo lamento. No fumo.

 

 

(MARÍA recula de manera leve.)

 

 

TATIANA.-(A OLGA, por lo bajo.) Con ese detalle no habíamos contado...

 

MARÍA.-(Para sí misma.) ...Yo tampoco.

 

OLGA.-(Asiente. Volviéndose a los espectadores.) Pese a que el atractivo desconocido no fuma... para mí queda meridianamente demostrada su condición de heterosexual... (Tiende una mano hacia él, cual profesora mostrando un espécimen peculiar.)

 

DESCONOCIDO.-(Afeminado.) Huy, no fumo... Y tú tampoco deberías hacerlo, boba... que produce cáncer... Por cierto: es mi signo del zodiaco. (Ríe.) Casualidades de la vida, reina... (Vuelve a su actitud normal.)

 

OLGA.-...y queda probada su condición de tipo amable, lejos de cualquier soberbia. (Lo mismo de antes.)

 

DESCONOCIDO.-(Bravucón.) Nena: ¿no has visto el cartel que dice “prohibido fumar”? (Pausa. Chulería.) Ah, que... ¿no lo has visto? (Pausa.)...Que... no hay ningún cartel... (Respira hondo. Realmente desagradable.) Pues si no lo hay... me lo invento yo... porque me molesta el humo... el humo y las ninfómanas, ¿vale, baby? (Vuelta a su comportamiento inicial.)

 

OLGA.-(Aún al público.) Pero María no se rinde con tanta facilidad...

 

MARÍA.-(Mirando al hombre. Titubea.) O sea... que... no fumas.

 

DESCONOCIDO.-(Muy cordial.) He sido fumador. El médico me lo prohibió por aquello de la fatiga...

 

MARÍA.-(Aseverando, sin llegar a comprender del todo.) ...La fatiga...

 

DESCONOCIDO.-Sí. En el gimnasio lo notaba mucho.

 

MARÍA.-¿El gimn...? (Se interrumpe. A las otras.) Va a un gimnasio.

 

TATIANA.-(A OLGA.) ¿Seguro que no es gay?

 

 

(Gesto indeciso de OLGA.)

 

 

MARÍA.-(A él. Sonrisa boba.) ¿El gimnasio?

 

DESCONOCIDO.-En efecto. Soy un atleta frustrado. En el colegio gané dos medallas. (Pausa risueña.) Salto de longitud. (Pausa.) Me seleccionaron para unas pruebas provinciales y ahí se terminó mi carrera. (Mueca embargada por la tristeza.) Un esguince. (Pausa.) Un esguince que me llevó a mi verdadera vocación: masajista deportivo.

 

MARÍA.-(A las otras.) Es masajista deportivo.

 

TATIANA.-(A OLGA. Insiste.) ¿SEGURO QUE NO ES GAY?

 

MARÍA.-Masajista... deportivo. (Sonríe. Pausa.) ...Interesante.

 

DESCONOCIDO.-Masajista deportivo... y... (Se sonroja.) Qué bochorno... (Pausa.)  Modesto diseñador.

 

 

(TATIANA dirige, rauda, su mirada hacia OLGA. Abre la boca para preguntar: “¿seguro que no es gay?”)

 

 

OLGA.-(A TATIANA, reaccionando con prontitud.) ¡No me lo vuelvas a preguntar! (Pausa. Cae en la cuenta. Sonríe. Para sí.) ¿Diseñador?

 

MARÍA.-(A él.) Caramba. Y... ¿qué diseñas?

DESCONOCIDO.-Eh... (Duda, antes de decirlo. Sonríe, tratando de infundirse ánimos.) No te rías, ¿quieres?

 

 

(Ella le devuelve la sonrisa.)

 

 

(Pausa.) Ropa interior femenina.

 

 

(OLGA y TATIANA ahogan un chillido ridículo. A MARÍA, la confesión también le ha tomado por sorpresa.)

 

 

MARÍA.-(Prístina turbación. A las otras.) Que... que diseña ropa interior...

 

OLGA.-Lo hemos oído... Lo hemos oído...

 

TATIANA.-(Enumera.) Masajista... Diseñador de ropa interior... Atleta... (Pausa.) O es un raro... ¡o es una joya!

 

MARÍA.-(A él.) Además de todo lo que haces... (toma el periódico que manejaba el hombre) ¡...lees! (Pausa.) ¡Y prensa extranjera, nada menos...!

 

DESCONOCIDO.-Oh; es el “Het Parool”.

 

MARÍA.-Ah; que eres catalán...

 

DESCONOCIDO.-(Risa sin soberbia alguna.) No, no... “Het Parool” es un periódico de los Países Bajos. Me sirve para practicar mi holandés, que lo tengo muy abandonado.

 

MARÍA.-(Susurra. A las otras.) ...Habla holandés...

 

 

(Tanto OLGA como TATIANA enarcan las cejas.)

 

 

TATIANA.-(A OLGA.) ...Es raro, raro...

 

 

(OLGA asiente. Vuelve el CAMARERO. Lleva consigo una bandeja en la que destaca un zumo colorista.)

CAMARERO.-(Sirviéndoselo al DESCONOCIDO.) Su zumo de uva. (Repara en la presencia de MARÍA junto a la mesa. Baja la cerviz. Susurra.) ...Ojo con ésta... (Ve a las otras. En el mismo tono de voz.) ...Y cuatro ojos con aquéllas...

 

 

(Sale. El DESCONOCIDO no ha prestado demasiada atención a las palabras del CAMARERO. Bebe un trago del líquido recién servido.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Pausa. Sonriente. A MARÍA.) El zumo de uva constituye el complemento ideal para el deportista.

 

TATIANA.-(En voz baja. A OLGA.) Este hombre es un anuncio hecho carne... (Pausa.) Raro, raro...

 

DESCONOCIDO.-(A MARÍA, incorporándose, galante.) Oh; disculpa mi falta de tacto. (Señala una silla que flanquea su mesa. Melifluo.) Siéntate, por favor. ¿Quieres un zumo?

 

MARÍA.-(Pausa sorprendida. A las demás.) Es un caballero.

 

 

(Toma asiento junto al DESCONOCIDO, quien vuelve a beber del vaso.)

 

 

OLGA.-(Al público.) ...Extraño. El chico es, indudablemente, extraño. No tanto porque hable holandés, diseñe ropa interior o se dedique a masajear muslos de futbolistas peludos... sino porque todavía no ha sido abordado por mi amiga... ni ha manifestado interés por ella y por su cuerpo estilizado –que el atractivo desconocido podría emplear como maniquí de sus últimos diseños-. (Pausa.) En el ritual que María sigue con los varones de buen ver –no descarto con esta definición a los miopes o astigmáticos-, ya le hubiese dicho...

 

MARÍA.-(Se levanta. Al DESCONOCIDO. Seductora.) ¡Hazme tuya!

 

 

(Él abre la boca, estupefacto.)

 

 

OLGA.-(Sigue hablando con los espectadores.) ...O él mismo hubiera exclamado...

 

DESCONOCIDO.-(A MARÍA. Se incorpora. Turbación exagerada.) ¡Devorémonos mutuamente!

 

 

(Ella abre la boca, dando cuenta de su impaciencia sexual.)

 

 

OLGA.-...Y se habrían ido juntos...

 

 

(Mientras OLGA pronuncia estas palabras, tanto el DESCONOCIDO como MARÍA han ido saliendo.)

 

 

OLGA.-(Volviéndose hacia ellos. Pausa.) Eh...

 

 

(La improvisada pareja ha abandonado el local.)

 

 

(Recupera el contacto con el público. Fingida alegría.) ¡La normalidad ha vuelto a la vida de María!

 

TATIANA.-(Pausa. Mueve la cabeza. Refiriéndose a MARÍA.) Qué mano izquierda, con los hombres... (Breve silencio.) La admiro, ¿eh? (Pausa.) ...Que te conste.

 

OLGA.-(Al auditorio.) Me quedo a solas con Tatiana. (Pausa resignada.) Me quedo a solas con los temas recurrentes... (Presta atención de nuevo a su amiga. Abatimiento. Sopor.)

 

TATIANA.-(Verborrea brutal.) Sí, sí... Pili ha vuelto con el “ex” de Paqui... mientras que a Paqui se la ha visto con el “ex” de Puri, que, por otro lado, es “ex”... tranjero...

 

OLGA.-(Al público, moviendo una mano –describe círculos invisibles.) ...Bla, bla, bla...

 

TATIANA.-Claro: bla, bla, bla... y mira tú qué cosas... no somos nadie... vaya por Dios... hay que ver... la ocasión la pintan calva... no por mucho madrugar todo el monte es orégano... unos por otros, la casa sin...

 

OLGA.-(Brusca interrupción.) ¡PERO...!

 

TATIANA.-(Sobresaltada.) ¡Ay, Jesús! ¡Menudo susto, Olga!

 

OLGA.-(Con el público.) ...Después de un par de horas (sangrante ironía), después de un par de... infiernos... -durante los cuales Tatiana me pone al día en las relaciones personales de sus amigos imaginarios-... reaparece nuestra compañera...

 

 

(En efecto, vuelve MARÍA, con la euforia más clara presente en su rostro.)

 

 

TATIANA.-(Por lo bajo.) Con una cara de alegría que no te quiero ni contar...

 

MARÍA.-(Resopla.) ¡Buuuf!

 

OLGA.-(Curiosa, ladina.) ¿Cómo ha ido, María?

 

MARÍA.-(Resopla aún más fuerte.) ¡BUUUF!

 

TATIANA.-¡Oh! ¡Explícate! Queremos conocer todos los detalles. Para empezar: ¿dónde está su gimnasio?

 

 

(OLGA le propina un codazo.)

 

 

¡Ay! (A dicha mujer. Mohín.) ¿Queeeé...?

 

MARÍA.-(Obnubilada.) Se notan las pesas, queridas... (Pausa.) Las pesas... los bíceps... los tríceps... los... los... (Duda.) Bueno... los demás músculos... (Excitada.) ¡Oigh!

 

OLGA.-Y... ¿te lo has llevado al huerto, así, sin más?

 

MARÍA.-No. Al huerto no. ¿Dónde encuentro un huerto en pleno centro urbano?

 

OLGA.-(A lo suyo.) ¡No lo conoces de nada!

 

MARÍA.-(Amonestadora.) Eh, eh... (Pausa.) Va a un gimnasio, diseña ropa interior femenina, sabe holandés y bebe zumo de uva. (Picajosa.) Es más de lo que tú sabes acerca de ti misma.

 

OLGA.-(Pausa. Lo asimila.) Me dejas helada...

 

TATIANA.-(Musita.) ...Menuda envidia...

 

MARÍA.-(A OLGA.) Sabes que con los hombres soy directa...

 

TATIANA.-(En un aparte. Ironía resignada.) Pues yo seré “diferida”, porque...

 

OLGA.-A mí dame un buen conjunto de ropa veraniega... ¡y que se esfumen los hombres! (Pausa. Aclaratoria.) Ropa veraniega con clase... No confundamos.

 

MARÍA.-Lo que pasa es que sois unas reprimidas. ¿Cuánto hace que no abordáis a un caballero como yo lo he hecho?

 

TATIANA.-(Piensa.) Eeeh...

 

MARÍA.-Los caballeros imaginarios no valen...

 

TATIANA.-(Para sí. Gesto de desagrado con el puño cerrado.) ¡Mierda!

 

OLGA.-(Muy breve silencio.) A mí no me hace falta. (Pausa. Cierto apuro revestido de soberbia.) Los hombres terminan por acudir a la llamada del buen gusto. (Recoloca sus ropajes.) Mi abuela decía: “vestir bien es seducir de antemano”.

 

MARÍA.-(Pausa divertida.) ...Ya. (Breve silencio.) Tu abuela... la granjera, ¿no?

 

OLGA.-(Pausa. Asimila la ofensa. Gruñe. Al público.) ¿Ven ustedes? María tiene estas cosas. Dan ganas de gritarle: (Furiosa. En pos de ella.) ¡EH! ¿QUIÉN TE HAS CREÍDO QUE ERES?

 

CAMARERO.-(Porta su bandeja. Va a servir otra consumición.) ¡Oigan! En este local no queremos voces.

 

 

(Atraviesa el lugar de un extremo al otro. Desaparece por el lateral contrario. Se escucha un estruendo. Según se adivina por el sonido, la bandeja a impactado contra el suelo de la cafetería.)

 

 

CAMARERO.-(Desde fuera. Alarido.) ¡AAAAAAAAAAAAAAAARGH!

 

 

(Las mujeres vuelven su vista hacia el lateral por donde se ha esfumado el CAMARERO.)

 

 

(Sigue con alaridos.) ¡MECAG...!

 

 

(Desde este momento, las mujeres van a imitar los pitidos de la televisión cuando se trata de suprimir por las bravas una palabra malsonante.)

 

 

ELLAS.-¡PIIII!

 

CAMARERO.-(Continúa.) ¡...HASTA EN SU PUT...!

 

ELLAS.-¡PIIIIII!

 

CAMARERO.-¡...MADRE! ¡LA PUT...!

 

ELLAS.-¡PIIIIII!

 

CAMARERO.-¡...MIERD...!

 

ELLAS.-¡PIIIIIIIIII!

 

CAMARERO.-¡...DE BANDEJA ÉSTA! ¡TRABAJO DE LOS COJ...!

 

ELLAS.-¡PIIII!

 

CAMARERO.-¡QUE LE DEN POR EL...!

 

ELLAS.-¡PIII!

 

CAMARERO.-(Aún desde fuera. A una persona invisible para el espectador.) ¡Y USTED QUÉ MIRA, PAYASO!

TATIANA.-(A sus compañeras, en voz baja.) ¿El término “payaso” requiere pitidos?

 

MARÍA.-No. Sólo términos como “puta”, “cojones” o “que le den por el culo”.

 

TATIANA.-(Comprendiendo.) ...Ajá.

 

 

(Breve silencio.)

 

 

OLGA.-(Recapitula.) Bueno, María... (Pausa.) ¿Cuál es el nombre de ese amante efusivo?

 

MARÍA.-¿Cuál de ellos?

 

OLGA.-(Pausa en la que asimila las palabras de su amiga.) ¡El que has conocido aquí...! ¡...hoy mismo!

 

TATIANA.-(Añadiendo datos innecesarios.) El gimnasta masajista no fumador...

 

OLGA.-...Ése.

 

MARÍA.-(Breve silencio. Frialdad digna de una persona promiscua. Encogimiento de hombros.) ...Ni idea...

 

 

(Sorpresa de los otros dos personajes femeninos.)

 

 

OLGA.-Que no lo... (Se frena. Toma aire.) A ver si me aclaro, (ironía) Madame Pompadour... (No logra ocultar el escándalo que le provoca la situación.) ¿Acabas de acostarte con un hombre...?

 

MARÍA.-(Interrumpiendo la perorata. Gozosa.) ¡...y vaya hombre!

 

OLGA.-(Pausa. Gruñe. Continúa.) ¿...sin saber cómo se llama?

 

MARÍA.-(Unos segundos de silencio. Asiente. Tranquilidad.) ...Sí. (Pausa. Habla a modo de defensa.) Ahora bien: él tampoco sabe cómo me llamo yo.

(Aumenta la estupefacción de las otras dos.)

 

 

(Risita.) No hemos podido presentarnos... (Picaruela.) Hemos aprovechado el tiempo de un modo diferente...

 

 

(Ríe, en claro contraste con la sorpresa tanto de OLGA como de TATIANA, quienes miran a su compañera con una mezcla de envidia y actitud censora.)

 

 

(Se da cuenta. Sarcástica.) Ay, no me miréis así, hermanas de la caridad... (Pausa.) Los nombres no son relevantes. (Piensa, un segundo. Llega a una rápida conclusión.) Los sentimientos, sí... (Para ella misma.) Los sentimientos. (Brevísima pausa.) Eugenio, Samuel o Jaime... ¡puaf! (Se encoge de hombros. Casi cantarina.) ¿Por qué os preocupa? (Pausa.) ¿Qué más da? (Pausa.) Eduardo, Arturo, Terencio, Álex...

 

TATIANA.-(Reacción sorpresiva.) ¡Ni menciones a Álex! Tendré ocasión de cruzar unas palabras con ese sinvergüenza...

 

OLGA.-(A los espectadores.) María... (Pausa.) Hela aquí. (Mueca parecida a una sonrisa. Pausa.) La cuestión es que... en el fondo... le damos la razón cuando se trata de hablar de ese rebaño de ineptos machos cabríos en el que se han transformado los galanes de pasadas centurias.

 

 

(Pausa. Se escucha un redoble de tambor.)

 

 

¡El nuevo sultán!

 

 

(Surge la figura del DESCONOCIDO, vestido únicamente con un bañador ajustado. Alardea de musculatura con una demostración de posiciones incitantes. Admiración femenina generalizada.)

 

 

¡El terror de los harenes!

 

 

(Prosigue la exhibición corporal del DESCONOCIDO. Prosigue, del mismo modo, la admiración por parte de las féminas.)

 

 

TATIANA.-(Lo dicho.) ¡Oh!

 

MARÍA.-(Ídem –con mayor carga erótica.) ¡Ah!

 

TATIANA.-(A MARÍA, en un aparte.) ¿Es cosa mía... o es el mismo de antes?

 

MARÍA.-(Dubitativa.) ...No sabría qué decirte... (Chasquido de lengua. Pausa.) Estaba tan oscuro...

 

OLGA.-(Sigue dirigiéndose a los espectadores, con tono circense.) ¡Es él! (Pausa empleada para acentuar la intriga.) ¡El varón del siglo! (Pausa.) ...Educado...

 

DESCONOCIDO.-(Con una ceja enarcada, mirando fijamente al auditorio.) ...Para servir a Dios y a ustedes...

 

OLGA.-(Pausa.  Asiente.) ...Religioso...

 

 

(Él se persigna.)

 

 

TATIANA y MARÍA.-(Enternecidas.) ...Ooooh...

 

OLGA.-...Tierno...

 

 

(El DESCONOCIDO asiente.)

 

 

TATIANA y MARÍA.-(Mucho más enternecidas –lógico.) ...Oooooooooooh...

 

OLGA.-En ocasiones... un confidente...

 

 

(Lo mismo.)

 

 

TATIANA y MARÍA.-(Suspiro.) ...Ay.

 

OLGA.-A ratos... un edecán...

 

 

(Silencio. Ninguno de los otros tres personajes ha comprendido.)

 

 

TATIANA, MARÍA y el DESCONOCIDO.-¿Eeeeeehhh?

 

OLGA.-(De mala gana.) ...Un... un ayudante... Una especie de... de... (No sabe qué decir.) ¡Coño!

 

TATIANA y MARÍA.-(La misma respuesta sonora que se dio al CAMARERO debido a sus palabras malsonantes –respuesta tardía, por otro lado.) ¡PIIIIIIIIIII!

 

OLGA.-(Pausa. Los observa, meneando la cabeza.) ...A buenas horas...

 

TATIANA.-(Susurrando. A MARÍA.) ...Nos han faltado reflejos...

 

OLGA.-(Recapitula. A los espectadores.) Lo que pretendo afirmar es que este ejemplar de macho hiperrealista, a ratos... se comporta como un caballeroso criado...

 

TATIANA y MARÍA.-(Entienden.) Aaaah...

 

DESCONOCIDO.-(Inquieto.) ¡Eh! ¡Eh! Hay que aclarar eso.

 

MARÍA.-Calle;  deje que siga...

 

OLGA.-(Sigue, pues. A los espectadores.) Un homínido... en apariencia, inmejorable... aunque estúpido.

 

TATIANA y MARÍA.-¿Estúpido?

 

DESCONOCIDO.-(Ofendido.) ¡Hala, venga!

 

TATIANA.-(Salvaguardando el honor del hombre en cuestión.) Es diseñador... y va a un gimnasio.

 

MARÍA.-Que no es el mismo, Tatiana... Es un ejemplo de lo que Olga entiende por hombres actuales. (Señalándolo.) Ese tipo, en realidad, no existe.

 

DESCONOCIDO.-(A TATIANA y MARÍA. Sardónico.) Ustedes... súbanme la moral.

 

OLGA.-Estúpido, sí. Carente de valores. Obsesionado con satisfacer a cuantas mujeres pasen ante su punto de mira.

 

DESCONOCIDO.-(Peleón.) ¿Y está mal?

 

MARÍA.-(A él. En serio.)  Sólo si no las satisface.

 

OLGA.-(Al auditorio.) Un individuo que cultiva su propio cuerpo...

 

 

(El DESCONOCIDO vuelve a mostrar su musculatura de gimnasta monográfico.)

 

 

TATIANA y MARÍA.-(Admiración.) ¡Ooooooooh!

 

OLGA.-...olvidando el nuestro.

 

TATIANA y MARÍA.-(Abucheo sin solución de continuidad.) ¡Uuuuuuuuuuuh!

 

 

(Él recula.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Disculpa.) Mi obsesión es satisfacer a las mujeres... ¡lo acaban de decir!

 

OLGA.-(A él, tajante.) Por mero placer personal. (Al público.) Damas... Caballeros ambiguos... (Toma aire.) Con ustedes: la personificación del narcisismo.

 

DESCONOCIDO.-Sí, sí... (Contraataca. Ironía suprema.) Y, con ustedes: ¡Sigmund Freud!

 

TATIANA.-(Por lo bajo. A MARÍA.) Habría que aplaudir. (Pausa.) A uno de los dos, al menos.

 

OLGA.-(Sin prestar atención a las palabras del resto de personajes. Siempre al público.) El hombre de hoy: superficial, presuntuoso, a medias en el sexo, al cien por cien en la lengua, amigo de sus amigos, amigo de sus enemigos –recordémoslo: es estúpido-, (énfasis) estúpido, enmadrado –si tiene madre; si no: “enpadrado”; y si no tiene ni padre ni madre ni perrito que le ladre: “encoñado”, “envecinado” o “en-putado” (no confundir con “imputado” o “puteado”, que también-... Eeh... Sin glamour en el vestir y con prisa en el desvestir, amante de la mujer del prójimo, prójimo del amante de su mujer, egocéntrico, falocéntrico, teocéntrico –es un “¡viva la Virgen!”-... Eeeeehhhhhhhhhhhhhhh... (Teoriza sobre la última frase.) Bueno; entonces sería más bien “marianocéntrico”... por lo de las apariciones MARIANAS y la Virgen y...

 

TATIANA.-...Y Santa María Egipcíaca, que yo soy muy devota...

 

OLGA.-(Silencio muy breve. Continúa.) ...Futbolero, borracho, tendente a engordar –si es que encuentras a uno delgado-, tendente a mentir, partidario de la cerveza como religión monoteísta, comedor compulsivo, infiel por naturaleza –la suya-, iletrado, tozudo y contradictorio –como este discurso-. En resumen: el hombre de hoy; tan parecido al hombre de ayer... (Pausa.) Para él sí que no han pasado los años...

 

DESCONOCIDO.-(Afectado.) Oiga... Que uno tiene su corazoncito...

 

OLGA.-Exacto: (A modo de final de discurso.) ...Y propenso a un infarto de miocardio. (Pausa.) Es lo que se lleva ahora.

 

MARÍA.-Y pésimo en la cama.

 

TATIANA.-(Risueña. Maliciosa.) ¡Al fin confiesas!

 

DESCONOCIDO.-(Lágrimas.) Vale ya, ¿no?

 

OLGA.-Ésa es la frase que repetimos las mujeres desde el alba de la Humanidad: “vale ya, ¿no?”

 

 

(Mientras el DESCONOCIDO se lamenta. Surge la figura de DON NICOLÁS. Porta unas gafas gruesas y un vestuario absolutamente demodé. El cabello peinado con gusto decimonónico. Trae consigo una carpeta preñada de documentos. Todos los personajes se vuelven hacia él –en especial, OLGA, que concentra su mirada en el nuevo protagonista de la escena.)

 

 

OLGA.-Por el contrario, aquí tenemos a un hombre en vías de extinción.

 

 

(DON NICOLÁS, con aire despistado, decide a duras penas ocupar el asiento que antes acaparó el DESCONOCIDO.)

 

 

TATIANA.-Ay; como el oso pardo. (Leve pausa.) ...Pobrecillo.

 

OLGA.-(A los espectadores.) Su aire taciturno... su encantador vestuario –aunque lejos de las tendencias de Roma o París-... sus lentes –las Ray-Ban no son imprescindibles en días nublados-... su original corte de pelo –he dicho original, no genial-... En suma: su despreocupada actitud ante la vida moderna... le convierten, a mi juicio, en un seductor nato. (A ellas, picarona.) ...Y en el hombre de mis sueños. (Suspiro. Pausa.) Un intelectual sexy, en el fondo...

 

TATIANA.-(Tratando de vislumbrar el encanto de DON NICOLÁS.) Algo tiene que tener, en el fondo... porque... lo que es en la superficie... no alcanzo yo a apreciar su...

 

DESCONOCIDO.-(A OLGA.) Si estorbo... me voy...

 

OLGA.-(Seca.) ...Largo.

 

 

(Él recula.)

 

 

MARÍA.-(Turbación repentina –mirando al DESCONOCIDO, llegando a guiñarle un ojo. En voz baja.) Y tan largo...

 

 

(El DESCONOCIDO obedece. DON NICOLÁS comienza a hojear los papeles que ha depositado en la mesa -junto al zumo abandonado por el DESCONOCIDO.)

 

 

OLGA.-(A sus amigas.) Dejémonos llevar por la intuición femenina: (Sonríe. Pausa. Refiriéndose a DON NICOLÁS.) Intuyo que el caballero posee una voz de hierro... una voz de locutor radiofónico... una voz que deja entrever un pasado aristocrático... una voz cultivada... serena...

 

DON NICOLÁS.-(Hacia fuera. La voz más aflautada del orbe.) Camarero...

 

 

(Conmoción general entre las féminas –obviamente más acusada en la pobre OLGA.)

 

 

(Alza la voz, sin abandonar el matiz señalado anteriormente.) ¡Camareroooooooo...!

 

 

(Risitas de MARÍA y TATIANA.)

 

 

MARÍA.-(Repitiendo las mismas palabras de OLGA.) Una voz de hierro... de locutor... serena...

 

OLGA.-(Defendiéndose como gato panza arriba. Agresividad.) ¡Bueno! (Pausa.) Serena... lo que se dice serena... lo es. El hombre no parece nervioso.

 

DON NICOLÁS.-(Insiste, muy nervioso.) ¡CAMAREROOOOO!

 

 

(Aumenta el pitorreo por parte de TATIANA y MARÍA, así como la desolación resignada de OLGA.)

 

 

OLGA.-(A los espectadores.) Ten amigas... para esto.

 

DON NICOLÁS.-(Resopla, impaciente. Para sí.) ¡La incompetencia está de moda, por lo visto!

 

OLGA.-Perdone, pero... no.

 

DON NICOLÁS.-(Le presta atención, mirándola por encima de las gafas, extrañado.) ¿Cómo dice, señorita?

OLGA.-Lo que ahora está de moda son los pantalones de tonos crudos a juego con...

 

 

(La mirada de DON NICOLÁS desarma a OLGA.)

 

 

...Ya me callo.

 

DON NICOLÁS.-(Grita.) ¡CAMAREROOOOO!

 

 

(Entra el mismo, atropelladamente, casi jadeando.)

 

 

CAMARERO.-(A DON NICOLÁS.) ...Discúlpeme. (Breve pausa.) Buscaba un croissant que se ha extraviado entre los demás y... no doy con él.

 

DON NICOLÁS.-No se incomode, mozo. Uno se habitúa a la dejadez.

 

CAMARERO.-¿...?

 

DON NICOLÁS.-En primer lugar: buenas tardes...

 

CAMARERO.-Bu... buenas tardes.

 

DON NICOLÁS.-Bien; por ahí... va bien.

 

 

(El CAMARERO sonríe estúpidamente.)

 

 

En segundo lugar: (señalando el zumo del DESCONOCIDO –inacabado) retire el mejunje presente.

 

CAMARERO.-(No comprende.) ¿Eh?

 

OLGA.-El zumo... El zumo...

 

CAMARERO.-...Ah.

 

 

(El CAMARERO toma los restos de la consumición anterior y los deposita en su bandeja.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Irónico.) Epatante. (Pausa.) Para finalizar, insigne –es un decir- mozalbete: proceda a elaborar un té sajón acompañado de su indispensable leche vacuna, rematada la totalidad del líquido aperitivo con la sempiterna rodaja imperfecta de un limón sin pepitas en los gajos extremos.

 

 

(Segundos silenciosos. Impacto en los rostros de los demás personajes –en el del pobre CAMARERO por encima de todos.)

 

 

(Explicativo, después de un silencio. Desdén.) ...Té con leche...

 

TATIANA.-No hay.

 

DON NICOLÁS.-(Un tanto sorprendido. Breve silencio.) ¿Decía, señorita...?

 

TATIANA.-No hay té.

 

CAMARERO.-Nonono. Té... sí que tenemos... El problema es que lo guardamos en sobres...

 

OLGA.-...esos sobres en un tarro de cristal...

 

MARÍA.-¡...y ese tarro de cristal no hay quien lo abra!

 

 

(DON NICOLÁS se ve sumido en la perplejidad más absoluta. Los otros asienten, en silencio.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Parece herido.) En... ese tarro... (se corrige, veloz) estoooo... en ese CASO, estimado mozo... ¿sería tan amable de suministrarme una ebúrnea taza de café opaco donde la lactosa constituya un elemento...?

 

 

(Leve pausa. El CAMARERO lo mira, con ojos de besugo. DON NICOLÁS se da cuenta de que el mozo no comprende nada.)

 

 

(Rectifica, sobre la marcha.) ...Café con leche y un croissant...

 

CAMARERO.-Hum. (Pequeño silencio.) La merienda de moda.

 

OLGA.-De moda... junto con los pantalones de tonos crudos...

 

DON NICOLÁS.-(Rumiando.) Me... agradaría... saborear las deliciosas virtudes de tal... (le cuesta decir la palabra siguiente) merienda... con anterioridad a la próxima glaciación...

 

CAMARERO.-¿Mande?

 

 

(DON NICOLÁS se limita a levantarse y golpear con un puño la mesa.)

 

 

(Temor. Llevando a cabo media vuelta con tintes militaristas.) ¡Oído!

 

 

(Sale. DON NICOLÁS, después de unos instantes, vuelve a centrarse en los papeles que lleva consigo.)

 

 

OLGA.-(A los espectadores.) Tras este ridículo protagonizado por mi... (ironía doliente) hombre ideal... a media tarde... en el local donde Tatiana, María y yo dejamos pasar las horas... y los miembros –con perdón- del género masculino... a media tarde, como digo... surge la espigada figura de otro homínido típico y tópico... el terror de las noches urbanas y las tardes inocentes: ¡el conquistador...!

 

TATIANA.-Ay; ¿ha venido Hernán Cortés?

 

OLGA.-(Sin dedicar ni tan siquiera una mirada a su “compinche”.) ¡El conquistador...!

 

 

(Se escucha un redoble de tambor circense. Reaparece el DESCONOCIDO, endomingado. Falsa sonrisa. Enarca una ceja y mantiene los ojos medio cerrados.)

 

 

Perdón... Aún no he concluido...

 

 

(Pausa. El DESCONOCIDO, a la expectativa.)

 

 

¡El conquistador... hortera!

 

 

(El DESCONOCIDO duda. Silencio. Cae en la cuenta acerca de algo. Gesto dirigido a OLGA, pidiéndole un poco de tiempo. Sale.)

 

 

MARÍA.-Mala cosa, Olga... Hasta los salidos te rehuyen. No sabes explotar tus encantos... (Pausa.) Que los posees, tontuela... Convéncente. La escasez de pecho puede transformarse en una ventaja...

 

 

(Mirada asesina de OLGA.)

 

 

OLGA.-(Toma aire.) Insisto: ¡El conquistador...!

 

 

(Redoble de tambor.)

 

 

¡...HORTERA!

 

 

(Retorna el DESCONOCIDO. Ha cambiado su indumentaria anterior, sustituyéndola por una chaqueta a cuadros coloristas, una corbata en la que deambulan dibujitos irrisorios y un pantalón imposible. Música digna del espectáculo –música hortera, ¡yeah!-. Él reincide en sus gestos anteriores –ocultos esta vez bajo unas enormes gafas de sol-. Sonrisa que algunas personas calificarían de repulsiva.)

 

 

DESCONOCIDO.-Hi, babies!

 

MARÍA.-(Inicialmente atraída.) Oh! Do you speak english? Really?

DESCONOCIDO.-(Pillado en falso.) Eeeeh... (Cree salir del paso.) Hi, babies !

 

MARÍA.-(Decepción solapada.) ¿Habla inglés o no?

 

DESCONOCIDO.-(Más pillado en falso. Como si tomara una pequeña medida con los dedos.) “Poquitation”... Lo justo... eh... (estima que se corrige) lo “justation”... (Risa.) Con lo de “hi, babies!” me defiendo... (Risa. Pausa. Risa. Supuesta seducción –masticando ambas palabras anglosajonas.) Hi, babies!

 

 

(La irrupción del DESCONOCIDO ha terminado por interesar a DON NICOLÁS.)

 

 

TATIANA.-(A OLGA.) ¿Éste no es el de antes?

 

OLGA.-El de siempre, sí... Todos son iguales.

 

DON NICOLÁS.-(Un punto ofendido.) Permítanme discrepar...

 

OLGA.-(Amabilidad falseada.) Salvo usted, claro...

 

 

(DON NICOLÁS se muestra satisfecho y sonríe.)

 

 

(Susurra.) ...Usted es inclasificable...

 

 

(La música prosigue como marco referencial, muy de fondo. El DESCONOCIDO se acerca –con andares chulescos- a la mesa ocupada por las jóvenes y atribuladas mujeres.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Soberbia infame.) ¡Guau! (Pausa.) Veo mucha gente guapa por aquí...

 

DON NICOLÁS.-(Levantando la vista.) Considero que mi belleza es ciertamente relativa, aunque no obstante... muy agradecido, buen hombre.

 

 

(El DESCONOCIDO titubea ante la intervención de DON NICOLÁS. Silencio.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Vuelve al ataque.) Qué pasa, nenas... (Chasquea los dedos.) ¿Os ha comido la lengua el gato? Para gatos... (se señala a sí mismo) el que viste y farda...

 

 

(Ellas intercambian miradas. Hilaridad combinada con la indignación más feminista.)

 

 

Hi, babies! Hi! Hi! (Chasquea otra vez los dedos. Pausa.) A ver, reinas de la disco y el bailongo: ¿quién va a ser la primera que caiga en los brazos del boy más boy de todos los boys?

 

OLGA.-(Al público.) La proposición ha sido lanzada al aire. Es clave que dejemos el honor de las mujeres bien alto. Nuestras reacciones son primordiales.

 

MARÍA.-(Arrojándose a los brazos de él.) Oh, macho man! Kiss me to the end of time! Love me!

 

DESCONOCIDO.-(Mirando al público, sonriente. Baja la cabeza, dejando ver sus pupilas por encima de las gafas de sol. Guiña un ojo.) Hi, baby!

 

OLGA.-(Al auditorio. Señala a MARÍA.) Nunca debemos obrar así.

 

MARÍA.-(Sigue en los brazos del DESCONOCIDO.) Voulez-vous coucher avec moi?

 

DESCONOCIDO.-Cet soir ?

 

OLGA.-...Tampoco en francés.

 

MARÍA.-(Lastimera, separándose del conquistador hortera.) Ooooooooohhhhhh, vaya... (Ejecuta un tierno mohín.)

 

TATIANA.-(Se incorpora y aborda directamente al DESCONOCIDO.) ¿Nos conocemos?

 

DESCONOCIDO.-(El colmo de la soberbia discotequera.) Hi, baby! (Sonrisa repugnante.) ¿La princesa de la tarde no conoce al rey de la noche.

 

TATIANA.-(Subyugada. En un suspiro.) ¡Oooh!

 

 

(Cae en los brazos del DESCONOCIDO. OLGA no da crédito al comportamiento de su amiga.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Musita, orgulloso. Para sí mismo.) Es el “hi, babies!” Infalible.

 

OLGA.-(Furia.) ¡REPUGNANTE!

 

 

(Cesa la música. Él vuelve su vista hacia OLGA. TATIANA se estremece.)

 

 

TATIANA.-¿Eh?

 

DESCONOCIDO.-(Olisqueando el aire.) Si me he perfumado, baby...

 

OLGA.-(Insiste en su apreciación.) ¡Vuestro comportamiento es repugnante!

 

 

(Se acerca a las otras dos mujeres, presurosa. MARÍA y TATIANA retroceden, mientras que el DESCONOCIDO suelta a la segunda.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Chasqueando los dedos, sin ritmo alguno.) Ey. Nos ha salido guerrera. (Baboso.) No te resistas al poder del amor en una pista de baile. Hi, baby!

 

 

(Desde la otra mesa, DON NICOLÁS alterna su lectura con vistazos furtivos a la escena.)

 

 

OLGA.-(Una pausa muy breve acompañada de un gruñido. A ellas, solemne.) Con esa actitud estáis humillando a nuestro sexo. (Pausa. Breve meditación. Se dirige al público.) A veces pienso que debería haber nacido en otra época... No sé... (Pensativa.) La de las sufragistas o... eh... la de Cleopatra –siendo Cleopatra, obviamente; no una esclava egipcia (para eso me quedo como estoy)...

 

MARÍA.-¿Con quién hablas, Olga?

 

OLGA.-¿Eh? Ah. Con... con nadie... Con nadie... Conmigo misma...

 

MARÍA.-(Susurra. A TATIANA.) Lleva horas hablando sola...

 

TATIANA.-(También en un susurro.) La falta de... (No quiere terminar la frase.) Ya sabes... La falta de...

 

MARÍA.-(Con toda la tranquilidad del universo universal. Deduce.) Ah; que no folla...

 

 

(Una mueca de TATIANA, diciendo en silencio: “algo así...”)

 

 

OLGA.-(Toma aire.) Repito: con esa actitud estáis humillando a nuestro sexo.

 

DESCONOCIDO.-(Extrañeza.) ¿Humillación? (Pausa.) ¿Sexo? Aaaaahhhhhhhhhhh. Os gusta lo del masoquismo... (Pausa. Se mueve tratando de parecer sexualmente atractivo –no lo consigue, para más INRI.)  Hi! Hi! (Esta última palabra repetida en inglés más parece una risita que un saludo sajón. Al frente.) ¡El “Hi, babies!” es una gozada!

 

MARÍA.-Y... ¿cómo crees tú que deberíamos reaccionar?

 

OLGA.-Haciéndoos valer.

 

 

(Instantes de silencioso titubeo.)

 

 

TATIANA.-(Tomando la iniciativa. Al DESCONOCIDO. Le tiende una mano con la palma abierta.) Son sesenta.

 

 

(OLGA, manifestando su profundo hartazgo, se lleva una mano a la frente.)

 

 

DESCONOCIDO.-¿Sesenta? (Pausa.) ¿Sesenta qué?

 

MARÍA.-(Se mete.) Sesenta euros... Sesenta dólares... Sesenta kwachas (al público –sorprendentemente) –la moneda oficial de Malawi-... (Va a seguir enumerando monedas del mundo.) Eh...

 

DESCONOCIDO.-¿Aceptáis sesenta tarjetas de crédito?

 

MARÍA.-Perfecto.

 

 

(El DESCONOCIDO comienza a rebuscar entre sus ropajes incalificables.)

 

 

OLGA.-(Iracunda.) ¡No es la mejor forma para hacerse valer!

 

TATIANA.-...Comprendo. (Pausa.) Demasiado barata, ¿no?

 

MARÍA.-(Al DESCONOCIDO.) ¡Cien tarjetas de crédito!

 

DESCONOCIDO.-Qué dura se ha puesto la promiscuidad. (En un aparte. Sigue rebuscando.) En mi época... con el “hi, babies!” iban servidas...

 

OLGA.-¡Va a creer que sois unas pelanduscas!

 

DESCONOCIDO.-No, no... Por mí no te molestes, baby... Me encantan las pelanduscas.

 

 

(Silencio –aunque la acción preestablecida continúa.)

 

 

OLGA.-(A ellas.) Los... chulos... no merecen nada más que una cosa... (Al público.) Si uno de ellos aparece en lontananza...

 

 

(El DESCONOCIDO gira sobre sí mismo, volviendo a su postura original.)

DESCONOCIDO.-(Con la actitud del principio de la escena.) Hi, babies! ¿Quién se queda con este cuerpo?

 

OLGA.-(A los espectadores.) ¡...Vomita!

 

 

(Él, sorprendido,  obedece, simulando el vómito.)

 

 

(Cansancio.) ¡No! ¡Él no! ¡Ellas! ¡Las mujeres!

 

 

(Muy breve silencio –MARÍA y TATIANA tardan un poco en reaccionar a las palabras de su compañera-. Las tres vomitan –o fingen hacerlo. El DESCONOCIDO recula, asqueado.)

 

 

DESCONOCIDO.-¡Valeee! (Chasquea los dedos.) Lo capto, lo capto...

 

 

(Vuelve la música de antes.)

 

 

(Sin perder un ápice de su soberbia hortera.) El gallo sale del corral... (Pausa. Con lentitud “sensual”.) Ki... ki... ri... ki... babies... Ki... ki... ri... ki...

 

 

(Chasqueando los dedos y canturreando alguna tontería en supuesto idioma inglés, sale.  Cesa la música. Ellas se sientan.  DON NICOLÁS mueve la cabeza de un lado a otro. Pausa. Impaciencia del mismo personaje.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Entre dientes, gruñendo.) ¿Dónde se ha metido este camarero anárquico y vil?

 

 

(OLGA vuelve a fijarse en este hombre.)

 

 

OLGA.-(Al frente.) Cuando perdemos la esperanza respecto a los hombres –siempre-... Cuando la moda no es lo que era y las pasarelas exhiben vestidos surrealistas... Cuando la tarde languidece y renacen las sombras... (Leve pausa.) Acudimos al regazo de hombres cultos... de los últimos hidalgos... (Mirando a DON NICOLÁS.) Es el caso del hombre que nos ocupa a continuación. Observen la diferencia entre él y el conquistador hortera. El hortera aborda a las chicas –y a todo lo abordable- con un descaro rayano en el mal gusto...

 

 

(Aparición fugaz del DESCONOCIDO.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Chasqueando los dedos.) Hi, babies! (Desaparece.)

 

OLGA.-(Prosigue.) El caballero...

 

 

(DON NICOLÁS se levanta, como un autómata. Va aproximándose a la mesa de ellas.)

 

 

...a las mujeres... nos acaricia con su lenguaje romántico...

 

DON NICOLÁS.-(Con la voz atiplada de antes.) Concédanme el honor de desearles muy buenas tardes, señoritas.

 

OLGA.-...Lástima de voz...

 

 

(Él se encoge de hombros, dando a entender que no puede hacer otra cosa.)

 

 

Pero... ¡soñemos!

 

 

(Chasquea los dedos –con intención diferente a la del hortera.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Voz varonil!) Concédanme el honor de desearles muy buenas tardes, señoritas.

 

ELLAS.-(Suspiro.) ...Aaaay...

 

DON NICOLÁS.-(El mismo tono.) ¿Acaso pueden los humildes ojos de un caballero permitir que tres damas de su distinción permanezcan aisladas del mundo?

 

ELLAS.-(Suspiro.) ...Aaaaaaaaaaaaaaaay...

 

DON NICOLÁS.-(Teatral.) Dejen que me engulla el hechizo de su pureza...

 

TATIANA.-(Sorna. A MARÍA.) Uh. ¿Pureza? ...No habla de ti.

 

 

(La aludida le propina un codazo.)

 

 

OLGA.-Us... ted... ¿quién es?

 

DON NICOLÁS.-Me presentaré: Nicolás Jaime Alfonso da Silva do Bosque Cienfuegos-Millamas Eguiguren Apaizola von Brüning von Bismarck Bombón...

 

OLGA.-(Desarbolada.) ...Ah.

 

DON NICOLÁS.-Aguarden que tome resuello y continúo... (Respira con hondura. Pausa.) ...Fritz Tortellini D´Alambert Dupont y Dupont Stuart Holstein Etcétera...

 

TATIANA.-¿Aún hay más?

 

DON NICOLÁS.-Oh, sí. Etcétera es la última sección de mi primer apellido. (Toma aire.) Sigo: Etcétera... San Miguel San Pablo Weigbeder Jovellanos Albinoni Madrigal de las Altas Torres Hornimans Abdelkader Baviera Gil de la Rancia Casa Chup Chup Astor McFlurry... (Silencio liliputiense.) Vamos con títulos y cargos: Marqués de la Vega del Eo, Vizconde de la Marisma Putrefacta, Vicealmirante a título póstumo –me lo han prometido-, Cofrade Mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de las Serendipias, Grande de España y Quinto de Alemania, presidente de la Asociación de Antiguos Ganaderos Herculanos –la A.A.G.H.-, Lancero Mayor de la Orden de la Jarretera Secundaria, crítico taurino del A B C y experto en heráldica bretona.

 

 

(Segundos silenciosos y asombrados.)

MARÍA.-(Ironía.) ¿Podemos llamarle... “Dios”?

 

DON NICOLÁS.-Nononono... (Pausa.) Llámenme Don Nicolás. (Sonríe.) Informalidad, se lo ruego... (Pausa.) Y trátenme de “usted”... Apéenme los tratamientos que me corresponden por lógica... Excelencia Reverentísima, Ilustrísima Eminencia Glorificada... y demás. (Risa edulcorada. Chasquea la lengua.) ...Sencillez.

 

 

(Palpable proceso de decepción entre las féminas.)

 

 

OLGA.-¿Qué se ha hecho de su voz aflautada?

 

DON NICOLÁS.-(Con voz aflautada.) ¿Qué voz aflautada?

 

 

(Silencio. OLGA disimula con una sonrisa. DON NICOLÁS frunce el ceño.)

 

 

OLGA.-(Pretendidamente rotunda.) ...Ninguna. (Pausa. Adultera su propia voz –que suena aflautada.) ...La mía.

 

MARÍA.-(Susurrando al oído de TATIANA.) A esta pobre chica le hace falta un hombre... Pero... ya.

 

DON NICOLÁS.-Osaría ocupar un lugar ante ustedes si tuvieran a bien dedicarme unos minutos frugales. ¿Puedo tomar una basta silla que contraste con su fina piel y recoger las migajas de su –sin duda- precioso tiempo?

 

TATIANA.-(Pausa. Sacude la cabeza.) Con este tipo... ¡me pierdo! (A él.) Hable claro... o no hable, porque... para decir lo que dice... no hable. Claro. Porque si no dice nada... mejor es que no hable claro... Ni claro ni oscuro. No hable... y no diga nada.

 

DON NICOLÁS.-(Insistiendo. Señala una silla que flanquea la mesa donde él se encontraba anteriormente.) ¿Puedo, ebúrneas damiselas...?

 

OLGA.-Pues...

 

 

(Él –sin esperar permiso de ninguna clase- toma una silla y la ubica junto a ellas. En ese momento llega el CAMARERO, quien trae el café con leche y el croissant requeridos.)

 

 

MARÍA.-(Intenta librarse de DON NICOLÁS.) Hala; ahí le llega el croissant...

 

DON NICOLÁS.-¿Croissant?

 

CAMARERO.-Sí, señor. Su... su croissant...

 

DON NICOLÁS.-(Dirigiendo una mirada –un tanto avergonzado- a las chicas.) Jamás solicitaría los servicios de un barman para reclamar alimentos tan pueriles como el que usted detalla...

 

CAMARERO.-(Traga saliva.) A ver; primero: me ha pedido un café con leche y un croissant; segundo: no soy un barman... ¡ni ningún otro superhéroe!

 

DON NICOLÁS.-(A ellas.) Sin duda el joven trabajador del sector terciario incurre en una equivocación manifiesta.

 

CAMARERO.-(Turbado por una crispación creciente.) El... el croissant...

 

DON NICOLÁS.-Oh; qué vulgaridad ruin... El croissant...

 

CAMARERO.-(Muy harto. En voz baja. Para sí.) ...Y sigue la tontería... (Alza la voz. A DON NICOLÁS, enojado.) ¡Sí! ¡El croissant! ¡El croissant y el café con leche !

 

 

(Mientras lanza su aguerrido “discurso”, mueve la bandeja, con lo que se provoca una situación tensa, durante la cual, el resto de personajes sigue con interés las vicisitudes de la consumición, que se tambalea peligrosamente. Gotas de leche y de café salen disparadas de su prístina ubicación. DON NICOLÁS –a la par que nervioso por la situación del croissant y demás productos-, se ve avasallado por el joven CAMARERO.)

 

 

CAMARERO.-¡...O el café con leche y el croissant, como prefiera! ¡Café con leche... y croissant! ¡Eso es lo que ha pedido! ¡Y se lo va a tomar!

(La bandeja oscila de manera temeraria.)

 

 

EL RESTO.-(Siguiendo la trayectoria de la misma.) ¡Uuuf!

 

CAMARERO.-¡Qué se piensa! (Casi lastimero, con un mohín.) Con el sabor que tienen los croissants al tercer día...

 

DON NICOLÁS.-(Nervioso. Continúa siguiendo de forma visual la trayectoria de la bandeja guiada por las manos del joven.) Se hace necesario... un replanteamiento de sus ideas alusivas... al... al croissant. Mire... (Se interrumpe. Alarma.) ¡...EEEEEEEEEEEH!

 

 

(Interrupción debida a que la bandeja vuelve a oscilar.)

 

 

EL RESTO.-(Lo mismo de antes.) ¡UUUUF!

 

CAMARERO.-(Sirviendo, nervioso, la leche en el café. Derrama parte del contenido líquido.) ¡Se lo toma... como que me llamo... “Camarero”!

 

 

(Miradas de incredulidad mientras él prácticamente forcejea con DON NICOLÁS.)

 

 

MARÍA.-¿ “Camarero”... es un nombre?

 

CAMARERO.-(Suspiro desalentado. Triste asentimiento. Deteniendo su atropellada acción.) Capricho de la abuela “Tabernera”...

 

 

(Mira hacia arriba, como buscando un Cielo nostálgico. Renovada incredulidad de DON NICOLÁS y las tres damas.)

 

 

...Mi destino estaba escrito... (Silencio diminuto. Otro suspiro.) Bueno...

 

 

(Una breve pausa. Intercambio de miradas entre el CAMARERO y DON NICOLÁS. El joven reemprende la anárquica tarea. Parte de la leche cae sobre la mesa; o lo que es peor: sobre el vestuario de los demás personajes.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Pretende calmarle.) Su comportamiento ha de ser circunscrito a la actual ola de disconformidad con lo establecido que...

 

CAMARERO.-(Interrumpiendo.) ¡Chitón!

 

 

(Le introduce violentamente un trozo de croissant en la boca. El CAMARERO se sacude las manos, satisfecho. Respira.)

 

 

Qué a gusto me he quedado...

 

 

(DON NICOLÁS, con ojos como platos.)

 

 

(Un halo siniestro adornando su rostro de querubín.) ¿Alguna cosa más?

 

 

(Pausa. DON NICOLÁS niega con la cabeza –y con cierta violencia asustada.)

 

 

(A ellas.) ¿Y ustedes?

 

 

(También ellas niegan con la cabeza –y con la misma violencia asustada.)

 

 

(Enarbola una educación pésima.) Pues... les traigo la cuenta... (gesto con las manos) ¡y ahuecando el ala! (Se vuelve para salir.)

 

TATIANA.-Recuerde que debe separar las cuentas.

 

CAMARERO.-(Se gira.) ¿Qué cuentas?

 

TATIANA.-La cuenta del señor... y nuestra propia cuenta.

 

CAMARERO.-¿No va todo incluido en la misma cuenta?

TATIANA.-No; una cuenta es una cuenta... y otra cuenta...

 

CAMARERO.-(Brusca interrupción.) ¡A mí qué me cuenta!

 

 

(Media vuelta y desaparece, por un lateral. DON NICOLÁS sigue con el croissant obstaculizando su boca. Mira en derredor. Pausa. Ellas no pueden evitar reírse.)

 

 

OLGA.-(Al público.) El hombre cultivado... el hombre sereno... el hombre...

 

MARÍA.-...baboso...

 

OLGA.-Sí: también baboso... (Pausa. Retoma.) Trata de recuperar el respeto perdido a consecuencia del desagradable incidente con el croissant de tres días y cuatro noches...

 

DON NICOLÁS.-(Quiere hablar, pero farfulla –no puede hacer otra cosa, debido a la presencia del croissant entre sus labios.) Fienzoquenordepemotdesatnorfllepar... bor... kastfincurtansians...

 

 

(Hilaridad evidente.)

 

 

OLGA.-(Imita el tono de un documental sobre animales.) El macho, humillado por otro macho de mayor envergadura, abandona sus pretensiones y deja el campo libre para el resto de la manada...

 

 

(Risitas de MARÍA y TATIANA. DON NICOLÁS se levanta, masticando el eterno croissant. Se le ve indignado. Se acerca a la mesa que ocupaba anteriormente, recoge sus papeles de manera desordenada y se dispone a abandonar el local.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Habla con dificultad, debido a que aún conserva parte del croissant en su boca.) Debido... a esta... especie de... humillación pública... he de... reaccionar... y, por tanto, reacciono... dejando atrás... el poco edificante establecimiento... que he frecuentado... hasta la fecha... de hoy.

(TATIANA parece confundida.)

 

 

OLGA.-(A ella, cual si fuera docente.) ...Se va.

 

TATIANA.-(Entiende.) ...Hum...

 

 

(DON NICOLÁS, con torpeza, va saliendo.)

 

 

DON NICOLÁS.-Excúsenme, edificantes damiselas...

 

MARÍA.-(Burlona.) Déjalo, “Cervantes”...

 

 

(Mirada de cordero degollado por parte del hombre.)

 

 

...Déjalo.

 

DON NICOLÁS.-(Pausa. No sabe qué alegar en su defensa. Titubea. Señala la salida.) Me...

 

TATIANA.-(Muy desdeñosa.) Que sí... Venga... Fuera...

 

 

(Silencio. Cuando está a punto de abandonar el lugar, se le caen varios papeles.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Recogiéndolos.  A toda prisa.) Excúsenme nuevamente, señoritas...

 

OLGA.-¿Se puede saber qué es lo que lleva ahí?

 

TATIANA.-...Serán los títulos...

 

MARÍA.-(Ríe.) Sí; o la lista abreviada de sus apellidos...

 

 

(Risas de las féminas.)

 

DON NICOLÁS.-(Quien ahora parece un pobre diablo.) Son... poemas.

 

 

(Rápido intercambio de miradas entre las mujeres.)

 

 

OLGA.-¿Poemas?

 

DON NICOLÁS.-(Pausa.) Eh... (Pausa.) Versos desprovistos de pretensiones literarias... Pálidos reflejos de una visión romántica que hunde sus raíces en la realidad acomodaticia...

 

MARÍA.-(A las otras. Susurra.) ...Os dije que era un baboso...

 

OLGA.-Y... ¿sobre qué tratan sus poemas?

 

DON NICOLÁS.-(Se anima, por momentos.) Oh... (Pausa. Observa levemente sus papelajos.) La mayor parte de mis textos perecederos... giran en torno al eje fundamental del sentir masculino...

 

TATIANA.-(Cree adivinarlo.) ¡Los coches!

 

MARÍA.-(Lo mismo.) ¡El tamaño!

 

DON NICOLÁS.-(Gruñe.) No. (Pausa. Recupera la actitud anterior. Sonríe.)  ...Las mujeres.

 

TATIANA y MARÍA.-(Decepcionadas.) Aaaaaaaahhhhhh...

 

OLGA.-Chicas... Que nos lea algo... No seáis descorteses.

 

 

(Resignación en las dos amigas de OLGA.)

 

 

(Al público.) Llega la última oportunidad para el hombre intelectual y desfasado...

 

MARÍA.-...Y baboso...

 

DON NICOLÁS.-(Ilusión.) ¿Accederían a que yo, un humilde versificador, insertara una mácula literaria en sus oídos dionisíacos?

 

OLGA.-Lea, lea... Le escucharemos con suma atención.

 

MARÍA.-¿Los poemas... están escritos en rima asonante o consonante?

 

DON NICOLÁS.-(Rebuscando entre los papeles. Seguro de sí mismo.) ...En rima pedante.

 

 

(Extrañeza en el rostro de MARÍA. Él se detiene en una hoja.)

 

 

¡Ah! (Observa el poema.) Esta alegoría de rapsoda mundano servirá para realzar el ocaso vespertino de una jornada intensa...

 

OLGA.-(Ironía.) ...Me lo ha quitado de la boca. (Pausa.) Empiece...

 

 

(Las tres mujeres prestan atención. Él toma aire –misticismo barato.)

 

 

DON NICOLÁS.-La creación que expondré mediante el empleo de la lectura lleva por título: “Rosas de carne”.

 

OLGA.-(Se vuelve al público.) A veces, una tontería como ésa nos lleva al éxtasis...

 

LAS TRES.-(Enternecidas, admiradas, seducidas, cautivadas.) ¡Oooooohhh!

 

 

(DON NICOLÁS carraspea, infundiéndose ánimos.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Declama.) Que el maquillaje de un recuerdo ignoto...

 

 

(Las tres reaccionan al alimón.)

 

 

OLGA.-¡Suficiente!

 

 

(DON NICOLÁS se frena, perturbado merced a la réplica de las jóvenes, quienes –literalmente- le van empujando hacia la salida.)

 

 

DON NICOLÁS.-¿...?

 

TATIANA.-Muy bonito... Muy sentido... Y muy bien leído, ¿eh? Muy bien leído...

 

DON NICOLÁS.-(Se lo cree.) ¿De veras?

 

 

(Ya junto a uno de los laterales, desbordado por el ímpetu de las tres mujeres.)

 

 

¿Qué les ha parecido el abuso de metáforas?

 

OLGA.-(Mientras lo empuja.) Brillante... Brillante.

 

DON NICOLÁS.-¿Y las aliteraciones?

 

MARÍA.-(Hace lo mismo que la anterior.) ...De puta madre... Un poquito babosas, pero... (terminante) de puta madre...

 

DON NICOLÁS.-(Satisfactoria emoción.) ¡Oh! ¡Jamás había recibido un elogio tan... directo!

 

 

(Están a punto de echarle.)

 

 

(En un último esfuerzo.) ¿Y el hipérbaton? ¡Qué me dicen del hipérbaton! (Breve silencio.) Bebe de las fuentes caudalosas de Góngora, he de reconocerlo...

 

 

(Lo empujan y desaparece –al fin-  por el lado susodicho.)

 

 

(Desde fuera.) ¿Me habré excedido con los epítetos?

 

 

(Honda respiración aliviada. Las tres amigas van sentándose.)

 

 

MARÍA.-(A la vez que hace lo propio.) Pesadito, el hombre...

 

TATIANA.-(Ídem.) Y la poesía no rimaba... que me he fijado.

 

MARÍA.-...Encima.

 

OLGA.-(Ya sentada, por su parte. Al público.) Un camarero incompetente, un poeta trasnochado, una amiga sin vida íntima, una amiga sin vida –ni íntima ni pública-, un desconocido gimnasta que no ofrece grandes prestaciones en la cama, otro desconocido en tanga, un hortera a lo Elvis en sus últimos años –los que más daño hacen a la vista-, la subida de precios en los grandes almacenes, un croissant duro como el peñón –“peñazo”- de Gibraltar... (Respira. Pausa.) Y hay más, ¿eh? ...Hay más. (Pausa. Se inclina hacia delante, siempre sentada.) Cuando una de estas dos (señala a MARÍA y TATIANA) me presenta al novio... (Cierra los ojos y se muerde el labio inferior con los incisivos.)

 

 

(Sus dos compañeras se levantan, como impulsadas por un resorte invisible.)

 

 

MARÍA y TATIANA.-(A la vez, demoníacas.) ¡Ayyyyyyyyyyyyyyy! ¡No te he presentado a mi nuevo novio!

 

OLGA.-(En un aparte.) ...Ni falta que hace...

 

MARÍA y TATIANA.-¡Ayayayayayayayay! ¡Tienes que conocerlo! ¡Te va a encantar!

 

OLGA.-(Al público.) Nunca les pregunto nada acerca de él...

 

MARÍA y TATIANA.-¡Se llama Álex!

 

OLGA.-(Al frente.) ...pero ellas responden...

 

MARÍA y TATIANA.-¡Trabaja en la boîte que acaban de abrir! Esa boîte que parece un “irish” y realmente es un “pool centre coffeeshop”. Ésa.

 

OLGA.-...y responden...

MARÍA y TATIANA.-¡Y tiene un Volkswagen último modelo! ¡Ese Volkswagen que parece un Toyota y realmente es un Ford! (Emocionadas.) ¡Iiiiih! ¡CON DOS PEGATINAS RÚSTICAS EN EL PARABRISAS TRASERO!

 

OLGA.-(Hartazgo mayúsculo.) ...Y RESPONDEN...

 

MARÍA y TATIANA.-¡En una lleva a la Virgen de Covadonga con la leyenda “Yo conduzco, ella me guía”! ¡Bárrrrbaro!

 

OLGA.-(Bloqueada.) ...Y resp...

 

MARÍA y TATIANA.-¡En la otra... un abanico y un sombrero cordobés! ¡Y a su lado, escrita la frase: “RECUERDO DE LA ´MADRUGÁ´”!

 

 

(Risotadas de ambas. Desesperación de OLGA.)

 

 

OLGA.-...Bof...

 

 

(De pronto, se observa un cambio de actitud por parte de MARÍA y TATIANA. Cesan las risas. Ambas se miran.)

 

 

MARÍA y TATIANA.-(Continúan hablando al mismo tiempo. Las dos con la mosca tras la oreja.) Espera... Espera... ¿No estaremos hablando del mismo? (Pausa.) El mío es un sinvergüenza. (Sorpresa.) ¡El mío también! (Pausa.) El mío es hermano de Pili... (se corrigen) ¡no! ¡De Paqui! (Sorpresa.) ¡El mío también! (Pausa más larga. Se retan con la mirada. Bufido.) ¡AAAAAH! (Actitud combativa de una y otra.) ¡El mío es rubio! (Sorpresa.) ¡El mío también! (Pausa. Crece el nerviosismo.) ¡El mío tiene un lunar en el centro de la espalda! (Sorpresa.) ¡El mío también! (Pausa.) ¡Y una peca en la nalga izquierda! (Piensan un segundo. Sorpresa.) ¡TAMBIÉN! (Gritan, posesas.) ¡AAARGH!

 

MARÍA.-(Se separa de TATIANA. Orgullosa. Va hacia una de las salidas.) ¡El mío está aquí!

 

 

(Alarga el brazo, asiendo al DESCONOCIDO, que viste un jersey de lana y pantalones que en otro tiempo le servían. Podría portar gafas. Su expresión no es lo que se dice... inteligente.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Pausa. Saludando tímidamente con la mano. Tartamudeo inquieto.) ¿Q... qué hay...?

 

TATIANA.-(Pausa.) ...No es el mismo. El mío es mucho más... gallardo... más...

 

MARÍA.-(Maliciosa.) ...imaginario.

 

TATIANA.-(Una niña contrariada.) ¡NO!

 

OLGA.-(Al público.) Ha llegado el desolador trance de comunicar a Tatiana que su novio... no existe –ni existirá mientras compre la ropa en las tiendas del barrio obrero-... (Se vuelve.) Tatiana...

 

TATIANA.-(Sobresalto.) ¿Eh?

 

OLGA.-Tu novio... no... existe.

 

TATIANA.-(Pausa confundida. Alarido.) ¡DIOOOOOOS! (Se mesa los cabellos, fuera de quicio.)

 

OLGA.-El caso de Dios se discutirá con un teólogo; pero... tu novio... no existe.

 

DESCONOCIDO.-(Reincide en el saludo, con impaciencia.) ¡Que “¿qué hay?”!

 

 

(MARÍA le propina un pescozón.)

 

 

(Se duele.) ¡Ay!

 

MARÍA.-Eso es lo que hay.

 

 

(Silencio. TATIANA se tambalea.)

 

 

TATIANA.-¡Imposible! Yo lo veo. (Risa esquizoide.) ¡Lo veo! (Señala a un punto en el espacio.) Está ahí... (Ríe.) ¿No lo veis? ¡Está ahí! (Ida y cantarina.) ¡Hola, Álex!

 

OLGA.-(A los espectadores.) Llega el desolador trance de admitir que una de tus amigas ha perdido el juicio...

 

TATIANA.-(Temblorosa. Loca.) ¿Qué? ¡No! ¡Conseguiré un buen abogado!

 

 

(Entra el CAMARERO, portando en la bandeja un coñac.)

 

 

CAMARERO.-¿Este coñac era para aquí?

 

TATIANA.-(Hacia él.) ¡Álex! ¡Amor mío!

 

CAMARERO.-(Recula, con temor.) No; aquí ya van bien surtidos de alcohol...

 

 

(Huye. TATIANA, tras él.)

 

 

TATIANA.-¡Álex! Existes, ¿verdad? (Señalando a MARÍA y a OLGA.) ¡Díselo a ellas! ¡Diles que trabajas en una boîte!

 

 

(Se aferra a él. Forcejeo.)

 

 

CAMARERO.-Qué “puaf” ni qué... (Grita hacia fuera.) ¡Álex! ¡Otro coma etílico!

 

TATIANA.-¿Álex? (Abandona al CAMARERO. Hacia un lateral.) ¡Álex! ¿Eres tú? (Sale. Desde fuera.) ¿Esto es una boîte?

 

CAMARERO.-(Niega con la cabeza. Pausa.  A los demás, sereno.) Sin problemas. Un croissant... y servida.

 

OLGA.-¿Un croissant? (Extrañada.) ¿Es que el croissant forma parte de un método terapéutico...?

 

CAMARERO.-Si es de hace una semana y le arreas en la cabeza con él... (Pausa. Pretendidamente tranquilizador.)  Verá como espabila.

 

TATIANA.-(Desde fuera. Voz lejana.) ¿Álex? (Pausa.) No quiero croissant... (Pausa. Alarma.) ¡Álex!

 

 

(Se escucha un golpe.)

 

 

¡Augh!

 

 

(Sale el CAMARERO –no sin antes dedicar una sonrisa a las dos chicas y al DESCONOCIDO-. Breve silencio –acompañado de asombro- en las caras de los otros personajes.)

 

 

OLGA.-(Al frente.) Una tarde... extraña.

 

MARÍA.-Pobre chica. (Pausa. Sonríe. Se aferra al brazo del DESCONOCIDO.) Aunque... todavía le queda una esperanza: “desgraciada en amores...”

 

DESCONOCIDO.-María... el refrán está mal planteado... Es: “afortunada en el juego...”

 

 

(Pescozón proveniente de su pareja.)

 

 

¡Ay!

 

OLGA.-(Guasa.) ...Ciento volando.

 

MARÍA.-(Leve pausa.) Olga... ¿Sabes dónde nos conocimos éste y yo?

 

DESCONOCIDO.-(Ofendido.) Oye, cariñito... que tengo nombre...

 

 

(Nuevo pescozón de MARÍA.)

 

 

¡Ay! (Rectifica sobre la marcha, presa del temor.) “Éste”... Me llamo “éste”... (Tiende una mano a OLGA, en señal de saludo.) ...Encantado.

 

MARÍA.-Repetiré la pregunta: ¿sabes dónde nos conocimos éste y yo?

 

OLGA.-(A los espectadores.) No hay quien detenga a María cuando habla de su última conquista masculina –da igual que su última conquista sea... éste.

 

DESCONOCIDO.-(Idiota.) Ése es mi nombre: “éste”. (Ríe.)

 

OLGA.-No voy a ser yo la que traicione a una amiga charlatana, presuntuosa, ninfomaníaca y depresiva. (A ella –respondiendo tardíamente a la pregunta anterior.) ¿Dónde os conocisteis? (Mira al público. Sin el más remoto interés.) La curiosidad no me deja vivir...

 

MARÍA.-En la biblioteca.

 

OLGA.-¿Qué hacías tú en la biblioteca?

 

MARÍA.-Ay, tonta. ¿Qué voy a hacer en una biblioteca? Leer. (Pausa. Erotismo.) Un artículo en esa revista de mujeres que acaba de salir... (Aclaratoria.) La anuncian por la tele. (Da cuenta del título de la revista, con solemnidad.) “Women´s power”.

 

DESCONOCIDO.-(Bobo.) Salen unas fotooooooooooos…

 

 

(Ríe. Agita su mano. MARÍA le “otorga” un pescozón.)

 

 

¡Ay!

 

MARÍA.-(Retoma.) Leía un artículo en la “Women´s power” –ya sabes: (“traduce”) “Pobre mujer”, en español-; un artículo que hablaba de los diputados más atractivos... (Divaga.) Hay un socialista que... ¡Oigh!

 

OLGA.-¡Céntrate, María!

 

MARÍA.-(Carraspeo.) ...Y surge, como de un manantial (explicación fugaz) –venía del baño-... (señalando a su pareja) ¡éste!

 

DESCONOCIDO.-(Orgullo de imbécil.) ¡Yo!

 

OLGA.-(Desgana.) Y... ¿qué paso?

 

MARÍA.-(Se relame.) Mmmmm. Ni nosotros lo sabemos. Lo único que recuerdo es que, a la mañana siguiente, aparecí en la bañera de su apartamento...

 

 

(Él ríe.)

 

 

...con una botella de cava en la alfombrilla...

 

DESCONOCIDO.-No, cielito... Era sidra...

 

 

(Golpe de ella.)

 

 

¡Ay! (A OLGA, reaccionando a la violencia.) ¡Cava! ¡Del Penedés! ¡Del mismito Penedés!

 

OLGA.-(Al público.) Ella seguirá defendiendo las virtudes de sus novios –a cual más insulso...

 

DESCONOCIDO.-(A MARÍA.) Tu amiga me ha llamado una cosa muy fea...

 

 

(Golpe.)

 

 

¡Ay!

 

OLGA.-...y, no conforme con aparearse delante de mí...

 

 

(MARÍA acosa al DESCONOCIDO, con movimientos casi espasmódicos.)

 

OLGA.-...María ataca por donde más duele...

 

MARÍA.-Olga, vida: ¿qué tal con Alejandro?

 

OLGA.-(A los espectadores.) Alejandro es mi eterno pretendiente. Un ejemplar de interés. El único que sabía distinguir un chaleco informal de una chaquetilla posmoderna. (Pausa.) El único que iba de compras conmigo. (Pausa pensativa. Responde a la pregunta.) ¿Alejandro? Bueno... Puede decirse que Alejandro... ha pasado a mejor vida.

 

MARÍA.-Ah; ¿consiguió la plaza de funcionario?

 

OLGA.-No; me dejó por Paqui...

 

MARÍA.-¿La amiga de Pepi?

 

OLGA.-(Sardónica.) No; la reina de Noruega...

 

MARÍA.-¿...?

 

OLGA.-¡Claro! ¡La amiga de Pepi!

 

MARÍA.-¿Ésa? ¡Valiente zorra!

 

OLGA.-María... La palabra “zorra” en tus labios es el más hermoso ejercicio de cinismo.

 

MARÍA.-(Sólo levemente sonrojada.) ...Bah.

 

OLGA.-¡Te fugaste con el marido de Pepi!

 

DESCONOCIDO.-(Escándalo.) ¿Te fugaste con...?

 

 

(La mano amenazante de MARÍA.)

 

 

(Rectifica.) ¡Así se hace! ¡Que aprenda!

 

MARÍA.-¡Él se fugó conmigo!

 

OLGA.-¡Es un hombre! ¡Se fugaría con cualquiera!

 

MARÍA.-(Traga saliva.) ¿Me estás llamando... “cualquiera”?

 

OLGA.-(Al público.) Ha llegado la hora de tomar una decisión –y un café en otro sitio-. (Recapitula.) Tatiana, camino del psiquiátrico (una menos); María se enfada. (Pausa.) ¡Hay que cortar! (Grosera enfurecida.) ¡Sí! ¡Eres una “cualquiera”!

 

 

(Largo silencio. MARÍA se lo piensa.)

 

 

MARÍA.-(Nostálgica, de pronto.) “Cualquiera”... Era mi apodo en el instituto...

 

DESCONOCIDO.-(Mimoso.) Aaaaay, mi “cualquierita”...

 

 

(Recibe el enésimo golpe.)

 

 

¡Ay!

 

MARÍA.-¡Esas confianzas!

 

DESCONOCIDO.-¿Confianzas? ¡Nos hemos acostado juntos!

 

MARÍA.-¡Pero no revueltos! (Lo golpea de nuevo.)

 

DESCONOCIDO.-¡Ay!

 

MARÍA.-(Se pone en pie y lo lleva casi en volandas.) ¡Arreando!

 

 

(Caminan en pos de la salida.)

 

 

DESCONOCIDO.-¿Adónde vamos?

 

MARÍA.-Tú, no sé... Yo... ¡a la biblioteca!

 

DESCONOCIDO.-¿A la bibliot...? (Se interrumpe. Cae en la cuenta.) ¡Zorra!

 

(Golpe.)

 

 

¡Ay!

 

 

(Salen ambos. Breve silencio.)

 

 

OLGA.-(Habla con los espectadores.) Así son mis tardes. (Pausa.) Así son mis amigas. (Pausa.) Así soy yo. (Larga pausa. Mira al público. Como si alguien hubiera hecho una observación.) ¿Ah, sí? (Asiente. Pausa. Sonríe.) Sé lo que están pensando: una vida monótona. (Pausa.) No, no... Estoy de acuerdo. Mi vida es una sucesión de chismes repetidos. Excepto cuando voy de compras, ¿eh? Cuando voy de compras... me transformo. Me convierto en un águila sobrevolando zapatos de Zara o braguitas de El Corte Inglés. (Pausa. Asiente.) ...Una vida monótona... (Pausa. Sonríe. Parece evocadora.) Si estoy triste... y no presto atención a las conversaciones con María, Tatiana y demás personas imaginarias... me dedico a escuchar a los hombres de la mesa de al lado. (Extrae un bigote postizo de no se sabe dónde.) ¡De ellos... sí que se aprende!

 

 

(Ubica el bigote sobre el labio superior y adopta una postura masculina. Aparecen el DESCONOCIDO, quien viste de forma tabernaria, y DON NICOLÁS –vestido igual que antes, pero poseído por otra personalidad. Ríen a carcajadas.)

 

 

DESCONOCIDO.-¡Qué buena que estaba, la tía!

 

DON NICOLÁS.-¡Una bomba de mujer!

 

DESCONOCIDO.-(Ve a la masculinizada OLGA.) ¡Hey, chavalote!

 

OLGA.-(Voz varonil.) ¡Hey, tíos!

 

DON NICOLÁS.-¡Hey!

 

 

(DON NICOLÁS y el DESCONOCIDO toman asiento al lado de ella. Se ríen. Se golpean la espalda. Se ríen. Se golpean la espalda. Se ríen. Se golpean la espalda... Por detrás de ellos pasan TATIANA y MARÍA, cogidas del brazo. El grupo las sigue con la mirada hasta que desaparecen por un lateral, tontuelas.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Silbido de admiración.) ¡Vaya tías!

 

DON NICOLÁS.-¡A ésas les hacía yo un numerito!

 

OLGA.-¡Sí! ¡El “sesenta y tres”! (Carcajada.)

 

DON NICOLÁS.-¡Eso! ¡Eso!

 

 

(Carcajada a tres bandas. Silencio brusco.)

 

 

DON NICOLÁS.-¿El “sesenta y tres”...?

 

DESCONOCIDO.-Querrás decir... el “sesenta y dos”... ¿no?

 

OLGA.-Nooooooooooo... El “sesenta y...” (Pausa.) ¡Bah! ¡Yo sé bien lo que les haría!

 

 

(Risas estentóreas. Va tornando la calma.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Sin saber qué decir.) Bueno, hombre, bueno...

 

DON NICOLÁS.-(Lo mismo.) ...Ay...

 

OLGA.-(No digamos...) ...

 

 

(Largo silencio. Carraspeos y ruidos corporales varios –incluso algún eructo.)

 

 

DON NICOLÁS.-(Un manotazo amistoso en el hombro de OLGA.) Pues... qué bien, tío...

 

OLGA.-...Ya ves...

 

DESCONOCIDO.-Estaban buenas, ¿eh, tíos?

 

DON NICOLÁS.-...Bufffff...

 

OLGA.-Calla, tío, calla...

 

 

(Risas. Silencio. El DESCONOCIDO opta por tararear una melodía indescifrable.)

 

 

DON NICOLÁS.-Sí que estaban buenas, sí...

 

DESCONOCIDO.-De toma pan y moja, tío...

 

 

(Más risas. Más silencio. OLGA se despoja momentáneamente del mostacho.)

 

 

OLGA.-(Al público.) No se lo creerán, pero... las tertulias masculinas aún pueden ser más brillantes.

 

 

(OLGA se pone el bigote. Aparece el CAMARERO.)

 

 

DON NICOLÁS.-Ahí viene el camarero, tíos...

 

DESCONOCIDO.-Vale, tío, vale...

 

OLGA.-(La falsa voz varonil.) Pero qué buenas estaban las tías, ¿eh, tíos?

 

DESCONOCIDO.-Ya te digo, tío...

 

CAMARERO.-(Junto a la mesa.) Díganme.

 

DON NICOLÁS.-(Indeciso.) Eh...

 

DESCONOCIDO.-(Ídem.) Eeeeh...

 

DON NICOLÁS.-No sé, tío...

 

OLGA.-¿Por qué no... algo fuerte?

 

DON NICOLÁS.-¡Ahí, tío! ¡Ahí!

 

 

(El CAMARERO, extrañado. El DESCONOCIDO asiente.)

 

 

OLGA.-(Finge que piensa con detenimiento.)  Mmmmmmmmmmm. (Pausa.) ¿Tal vez... un café con leche y un croissant?

 

DESCONOCIDO.-¡Bien, tío!

 

DON NICOLÁS.-(Al camarero.) ¡Un café con leche y un “curasán”!

 

DESCONOCIDO.-Con sacarina, tío.

 

 

(El CAMARERO les clava sus ojos inquisitivos. Ellos se muestran condicionados por dicha mirada.)

 

 

DESCONOCIDO.-(Cierto temor.) ¿Qué?

 

OLGA.-(Al público.) ¿”Sexo débil”? (Se arranca el bigote.) ¡Hay que joderse!

 

 

(Todos los personajes miran al frente. Golpe musical. Oscuro.)

 

 

TELÓN

 

Jorge Moreno:  jmpieiga@hotmail.com

 

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