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CUADRÚPEDOS

de  ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

"CUADRÚPEDOS""

Tragedia de humor en un acto, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosanluis@yahoo.es

Dedicatoria:

A Helly y Luis Jaime, que me animaron a escribir esta obra.

FINALISTA DEL PREMIO NACIONAL DE TEATRO JUAN DEL ENCINA

PERSONAJES

(Por orden alfabético)

TORCUATO

PEDRO

MILAGROS

IGNACIO

BEGOÑA

ARGIMIRO

TRES Tramoyistas TRES

ACCIÓN: Una gran ciudad inmersa en su tráfico.

ÉPOCA: Corría el año mil novecientos sesenta y...

LADOS: Los del espectador.

       LOS PERSONAJES SON ASÍ

TORCUATO: Sesenta y cinco años. Viste un sucio uniforme de soldado raso.

PEDRO: Cincuenta años. Viste un traje gris bastante usado.

MILAGROS: Cincuenta y cinco años. Viste de luto riguroso. Un velo cubre su cabeza.

IGNACIO: Treinta años. Viste un impecable smoking.

BEGOÑA: Veintitrés años. Viste de novia, velo incluido.

ARGIMIRO: Cincuenta años. Viste un frac. Chistera. Zapatos de charol.

ESCENARIO

Un paso de peatones. En el foro, telón negro. En los primeros términos, paralelo a su lateral respectivo, un semáforo.

Cuando los espectadores entren en la sala, si es que entra alguno, se encontrarán: Apagadas las luces de ella, alzado el telón, la escena vacía e iluminada, los semáforos emitiendo luz roja y un gran ruido de tráfico.

FRAGMENTOS COHERENTES CON LA TRAMA

 

ACTO ÚNICO

(El ruido de tráfico se amortigua, hasta un silencio absoluto. Los semáforos emiten luz verde. Por la derecha entran, apurados y ajenos unos de otros, dispuestos a hacer mutis por la izquierda: PEDRO, que porta una vieja cartera de negocios. TORCUATO, que descansa una metralleta sobre su hombro. BEGOÑA, que aprieta un ramo de azahar contra su pecho. MILAGROS, que lleva un televisor portátil. IGNACIO, que lee abstraído un periódico. En el instante en el que se disponen a hacer el mutis, los semáforos emiten luz roja mientras se escucha nuevamente el ruido del tráfico. Contrariedad. Consultan impacientes sus relojes. Se resignan. PAUSA. Se miran confusos y se sobresaltan. Se observan inhibidos. PAUSA. Se atenúa el ruido de tráfico para que el diálogo resulte audible.)

MILAGROS.-Es lo que siempre me digo: ¡Ay! No existe nada tan fascinante como contemplar el tráfico bien organizado.

PEDRO.-Hay que reconocer que cada día está más concurrido. Eso, a pesar de los accidentes, no deja de ser deliciosamente confortable.

BEGOÑA.-Por mucho que se repita, una caravana de coches es siempre una caravana de coches. ¡Oh! Y exhala un perfume de gasolina tan embriagador...

TORCUATO.-Además semejante taquicardia de motores... Es toda una ostentación del aparato circulatorio.

IGNACIO.-A mí donde haya esa exquisita sinfonía a cuatro ruedas, que se quite el más garboso pasacalle.

BEGOÑA.-Se comprende...

PEDRO.-Es natural...

MILAGROS.-Efectivamente...

TORCUATO.-Claro...

IGNACIO.-¡Que les voy a decir...!

(Se observan extrañados. PAUSA.)

PEDRO.-Dispensen. No lo interpreten mal... ¡Je...! Simple curiosidad... ¿Por qué...? ¿Por qué... van vestidos así...? (SILENCIO.) Tienen razón. También mi traje está unido por casualidad. Si lo cepillo un poquito más..., se desintegra... Lo conservo esmeradamente para mis múltiples empleos. Todavía no permiten trabajar desnudo. Y con mis ingresos...es mi diaria presentación en sociedad. Perdonen...

BEGOÑA.-Lamentaciones de un degenerado. Este, no hay más que verle es un vicioso que practica el pluriempleo para llevar doble vida.

PEDRO.-¡Oh, no, señorita! ¡De ninguna manera! No es lo que ustedes se imaginan. Cuando finalizo mis ocupaciones, regreso puntualmente a mi hogar. ¡Ah! Allí soy felicísimo con mi esposa. Sólo por esos instantes vale la pena arrastrar día y noche mi humilde ataúd.

(Muestra triste su cartera.)

MILAGROS.-¡Para que nieguen al hombre como portador de valores eternos! ¡Negármelo a mí...! Una viuda crónica con treinta años de servicio ejemplar. No una frívola, que sufre el primer olvido con el señor que trae la corona.

IGNACIO.-Aquí viene una esquela: "Su desesperada esposa..."

MILAGROS.-¡No te digo! Ya aprovechan la libertad de prensa con fines propagandísticos. ¡Así a las del Cuerpo nos cubre una leyenda tan negra! Si es lo que ayer comentaba con mi marido...

TORCUATO.-Un momento..., señora... ¿Su marido murió en serio..., o... usted se dedica a jugar a los difuntos?

MILAGROS.-Hombre..., lo que se dice morir... morir algo..., pues sí. Pero exclamar: "¡Amor mío!", en un accidente ferroviario, cuando disfrutábamos nuestra luna de miel... ¿Verdad que es una agonía incompleta? No me descubran: Le llevo el televisor al nicho para levantarle el espíritu. A ver si así se anima y solicita la excedencia. Pero de esto..., ¡chist! No he dicho nada. Pierde el sepulturero su porvenir y mis propinas, y... ¡háganse cargo!, es el único que maneja la combinación de la caja.

BEGOÑA.-¡Qué infamia! ¡En plena luna de miel! Deberían... devolvérselo...Si yo, intuyendo la efímera existencia, formé pelotón en el atrio para coger un marido en marcha. Ganas de perder el tiempo. O los hombres son ateos o tienen una capilla clandestina en casa.

(Leyendo.)

IGNACIO.-"Ofrécese gángster económico hasta consumar matrimonio. Abandonará habitación de puntillas".

BEGOÑA.-¡Bah! No he llegado a semejantes vilezas. Enojada, entré en el templo. Le lancé un ultimátum a San Antonio: Un saldo o, vestida de novia, me quemo viva ante tu imagen en señal de protesta.

PEDRO.-¿Y... ahora... va... a...? ¡Que la señorita va a comprar la gasolina para rociarse!

BEGOÑA.-¡Que se cree usted eso! Ofrecí que si me facilitaban candidato..., iría a pie hasta el altar. El chico no es gran cosa: un parado que mendigaba por los pisos para operarse de pleuresía. No se puede ser ambiciosa... Tal como se encuentra el mercado...

TORCUATO-¡Anda! ¿Pero está tan difícil la oposición? Disculpen mi ignorancia, señores. He ido dejando los años por todos los campos de batalla. Todavía dudo si me trajo la cigüeña o me arrojaron al mundo en un paracaídas. No sé nada de la vida. ¡Je! Y yo quiero saborearla... Ahora que han acordado, definitivamente, la paz mundial.

IGNACIO.-¿Ah, sí? ¿Paz mundial? ¿Paz mundial? Alguna errata de imprenta, me figuro. No, aquí no viene. Como no sea... en la sección...

PEDRO.-¡Naturalmente!

BEGOÑA.-¡En objetos perdidos!

MILAGROS.-¡Siempre viene la fotografía!

TORCUATO.-¡Respeten la figura de un héroe! ¡No intente localizar lo imposible! ¡Admitan mi realidad! Que no trascienda. Es secreto de guerra. ¿No se dan cuenta de que una noticia así lo prohíbe la censura?

IGNACIO.-Miraba en últimas noticias. Es lo único acorde con mi futuro. Me Voy a suicidar.

PEDRO.-¿Tan... tan... pronto?

IGNACIO.-Ahora mismo. No lo hice antes por ser menor de edad. En casa no me daban permiso. Es natural: sólo es un privilegio de los racionales. (Por el semáforo.) ¡Vaya! ¡Esto desequilibra al más sensato! ¡Como si uno estuviese para perder el tiempo!

MILAGROS.-Tal vez... un paso al frente...

BEGOÑA.-O... aquí..., con la metralleta del amigo...

TORCUATO.-Ahora, afortunadamente, ya no ejerce. La pobre está muerta de hambre. Le hicieron un lavado de estómago con motivo del desarme. La llevo para ponerla en el despacho, como mi orla de fin de carrera.

IGNACIO.-¿Pero ustedes creen que sólo sirvo para plagiar el suicidio del vecino? (Leyendo.) "Famoso astrónomo intenta escalar el firmamento para ver a Dios". ¡Estos! ¡Estos son los que nos desacreditan! ¡Por eso los suicidas tenemos tan mala prensa!

MILAGROS.-¿Qué les va usted a pedir? Los pobrecitos..., ya se sabe, tienen perturbadas sus facultades mentales.

IGNACIO.-¡Tienen oxidada la originalidad! Si fuesen de ideas avanzadas como yo... ¡El último grito! Suntuosa habitación en el mejor hotel. Por eso voy vestido así..., de rigurosa etiqueta. ¡Soy un suicida de lujo! (Le hacen una reverencia.) Gracias. Cena de gala con una tabletita así..., chiquitina. Y un sabor... Dice el prospecto: "Si no fuese por su efecto fulminante, nuestros distinguidos consumidores cogerían el vicio".

PEDRO.-Su gesta, no es por adularle, debería pregonarla a la humanidad como estímulo.

IGNACIO.-Tuve ofertas de la televisión para trasmitirlo en directo. Me negué. Transigiría por maquillarme ante las cámaras. Pero obligarme la casa patrocinadora, una vez ingerida la tabletita, que mostrase una botella de agua mineral, bebiese un traguito..., y exclamase sonriente: "Un sorbo nada más... y se encuentra uno en la gloria". ¡Vamos! ¡Un poco de formalidad, señores! (PAUSA.) ¡Maldito semáforo! ¿Lo ven? ¡Siempre con su cara roja! Yo creo que se ruborizan por cruzar mi propia frontera.

(El semáforo derecho emite luz verde. Se miran indecisos. Corren hacia el lateral derecho. En el instante en que se disponen a efectuar el mutis, el semáforo derecho emite luz roja mientras se escucha un aparatoso choque de camiones procedente de este lateral. Retroceden despavoridos.)

MILAGROS.-¡Qué horror! ¡Espantoso! ¡Han quedado destrozados!

TORCUATO.-La mano del conductor... se aferra a aquel cable... ¡Y es de alta tensión! ¡Ah...! Menos mal que la mano está sola. Pero la riada de coches prosigue. ¿Es esto lo que ustedes llaman civilización?

PEDRO.-La culpa la tuvo el camión de delante. El otro le venía pidiendo paso.

BEGOÑA.-¡Me crispan los nervios! ¿Acaso importa quién tuvo la culpa? Lo único importante... ¡Jesús! Vivimos de prestado.

IGNACIO.-También ustedes se asustan por muy poca cosa. En el fondo, han tenido suerte: estaba cerca un reportero gráfico.

MILAGROS.-¡No diga tonterías! Si usted abandonó el juego de vivir, nosotros continuamos la partida hasta el final.

IGNACIO.-No se desanimen. Sigan jugando...

PEDRO.-¡Oigan! Pensaba... Mi mano... sólo está infectada por el trabajo... No la contaminó ningún volante... ¿Qué les... parece... si intentásemos...? ¿Van a... negarnos... nuestra humilde limosna...?

IGNACIO.-¡Todo lo contrario! Los vehículos transportan solidariedad a raudales. Siempre van cerrados por defunción. Ahora... Por llamar a sus puertas...

(Los personajes hacen la señal de auto-stop. PAUSA)

MILAGROS.-¡Sublime! ¡Fascinante! ¡Arrollador! ¡Cuántos! ¡Cuántos invitados! ¡Ah! ¡El anfitrión debe de ser una persona importante!

IGNACIO.-No pierda esta oportunidad. La dejarán en su destino. Decídase y enrólese de polizón.

MILAGROS.-¡Qué falta de civismo! ¡Cómo se nota que es un vulgar traficante de su existencia!

TORCUATO.-Corren obcecados con tal de llegar a su meta. No tienen la gentileza de recogernos.

BEGOÑA.-¿Cómo van a recogernos si es un entierro?

PEDRO.-Tranquilícense, señores. Un poco de paciencia. Todo entierro, no es por animarles, se evapora en un abrir y cerrar de ojos.

(Dejan de hacer la señal de auto-stop.)

IGNACIO.-No sea usted ingenuo. Un entierro no tiene principio ni fin. Así que termina uno..., le sigue el de turno. Después otro, otro, otro... Cuando dejemos de verlos..., es que estamos presenciando el nuestro.

(Se escucha, procedente del lateral derecho, la sirena de una ambulancia. Se vuelven horrorizados hacia el lateral izquierdo. PAUSA.)

MILAGROS.-¡Qué barbaridad! ¡Es irresistible! ¡Deberían servir tazones de tila en los semáforos! Está visto que en esta plebeya sociedad motorizada, los peatones de cuna no tenemos acceso.

PEDRO.-¡Ellos! ¡Exclusivamente ellos! ¡Se creen los privilegiados! ¿Quiénes? ¡Bah! Unos nuevos ricos que se les han subido las ruedas a la cabeza.

BEGOÑA.-¡Encima nos desprecian! ¡No cuentan con nosotros! Los pobrecitos..., ¡qué ridículos!, nos consideran anacrónicos corredores de salón venidos a menos.

TORCUATO.-Somos..., es triste reconocerlo en esa innoble orgía de asfalto, la aristocrática infantería cercada por unos acaudalados tanques.

IGNACIO.-¡Mucho vicio, señores! ¡Eso es lo que tienen! ¡Mucho vicio! Sólo se preocupan de sostener sus vidas desenfrenadas.

(El semáforo izquierdo emite luz verde. Se dirigen cautelosos y de puntillas hacia el lateral izquierdo. El semáforo izquierdo emite luz roja. Se paralizan frustrados en la mitad del escenario.)

BEGOÑA.-¡Es inútil seguir!

TORCUATO.-¡Su luz es infranqueable!

MILAGROS.-¡No! ¡No hay luz verde para nosotros!

PEDRO.-¡¡Estamos crucificados entre dos semáforos!!

(Se miran acrecentándoles el pavor. SILENCIO. Entregados y sin fuerzas, van lentos hacia el primer término, frente al público. PAUSA.)

IGNACIO.-Tampoco hay que ser tan pesimistas, señores. Somos propietarios de nuestras manos...(Señal de auto-stop.) y no sé cómo lo practicarán los mancos. Poseemos pies... Y nos olvidamos de traer la cama. Tenemos voz...

TORCUATO, PEDRO, BEGOÑA y MILAGROS.-Tenemos... voz...

IGNACIO.-¡Tenemos voz! ¡¡Sí!!

(Los demás lo cercan en semicírculo.)

TORCUATO, PEDRO, IGNACIO, BEGOÑA y MILAGROS.-¡¡Tenemos voz!!

TORCUATO, PEDRO, BEGOÑA y MILAGROS.-¡¡Tenemos voz!!

BEGOÑA.-¡No somos silencio! ¿Se dan cuenta? ¡Tenemos voz! ¡No se nos ha prohibido enmudecer!

PEDRO.-¿Tal vez...? ¿Un... taxi...?

TORCUATO, IGNACIO, BEGOÑA y MILAGROS.-¡Un taxi!

PEDRO.-¡¡Un taxi!!

(Avanzan hacia el lateral izquierdo.)

TORCUATO.-¡Vayamos a su encuentro!

MILAGROS.-¡Debemos pararlo!

PEDRO.-¡Nos parará!

BEGOÑA.-¡Podemos hacerlo!

IGNACIO.-¡¡Podemos llamar un taxi!!

(Accionan sus manos derechas mientras se disponen a gritar con todas sus fuerzas. Se acentúa el ruido del tráfico. Enmudecen, quedando con sus bocas completamente abiertas y los brazos derechos extendidos rígidamente. Se miran aterrorizados. Aumenta el ruido del tráfico. Se transforman aturdidos y comienzan a perder el equilibrio, buscando desesperadamente ayuda en los otros. El ruido del tráfico se escucha ahora con fuerza. Los personajes, sentenciados a perder su verticalidad y ajenos unos de otros, dirigen instintivamente y al unísono sus manos al suelo como única protección.

O S C U R O

Se escenificarán las historias de cada uno de estos cinco personajes y los demás doblarán los papeles oportunos con la indumentaria correspondiente. En este cuadro:

LA CRIADA

.......

Begoña

LA SEÑORA

.......

Milagros

EL COMPAÑERO

.......

Pedro

EL ENEMIGO

.......

Ignacio

LA ADMIRADORA

.......

Begoña

LA NOVIA

.......

Milagros

HISTORIA DE TORCUATO

(Cesa el ruido de tráfico. Se hace la luz. Los semáforos están apagados. Han desaparecido del escenario las cosas utilizadas en el cuadro anterior. LA CRIADA y LA SEÑORA, sentadas cada una en una silla, están embelesadas ante la pantalla del televisor colocado sobre una mesita.)

VOZ DEL TELEVISOR.-Conectamos con Tierravisión para ofrecerles en directo la batalla de hoy patrocinada, como siempre, por prestigiosas firmas internacionales. ¡Conectamos!

(Se escucha un leve bombardeo. Por la derecha entra ARGIMIRO. Porta una bandera blanca en la que se lee: "GRANDES REBAJAS". Se dirige al público y saluda con la chistera.)

ARGIMIRO.-Ya están las fuerzas preparadas. ¡Todo por la paz! Luchará la humanidad unida a la misma bandera: ¡Grandes rebajas!

(Va al foro. Por la derecha entran EL COMPAÑERO y TORCUATO. Portan un pequeño frigorífico. Al público.)

EL COMPAÑERO.-Neveras muchas... Como "Guerra fría", ninguna. Utilísimas para conservar parados en el frente.

TORCUATO.-Llegan fresquísimos a sus familiares.

(Mutis de TORCUATO y EL COMPAÑERO por la derecha. Por la izquierda entra EL ENEMIGO. Trae un gran paquete de detergente de color rojo. Al público.)

EL ENEMIGO.-Para detergentes..., "Lavamundos". Su espuma blanquísima... limpia toda la sangre vertida en los campos de batalla. Además... basta una cucharada para cada dos litros.

(Mutis por la izquierda. ARGIMIRO deja apoyada la bandera y vuelve frente al público.)

ARGIMIRO.-Departamento Financiero: En tiempos de guerra abra una cuenta corriente con nosotros. ¡Banca Judía! La Banca para personas pacifistas como usted.

(Retorna al foro y coge la bandera. Por la derecha entran TORCUATO, que exhibe un martillo, y EL COMPAÑERO, que muestra una hoz. Pusieron un gorro de cosaco. Al público.)

EL COMPAÑERO.-¡Hoces y martillos! ¡Martillos y hoces! ¡De saldo, camaradas! ¡Siegan cabezas al primer intento!

TORCUATO.-Después le dais el golpe de gracia con el martillo

(Mutis de EL COMPAÑERO y TORCUATO por la derecha. Por la izquierda entra EL ENEMIGO. Aspecto de gánster. Cigarro puro. Trae una botella de whisky. Al público.)

EL ENEMIGO.-Conmemore una victoria con... Whisky made in USA. ¡O'Kay! Los soldados americanos son invulnerables a los átomos enemigos. Nuestros héroes... ¡perecen por efectos etílicos!

(Mutis por la izquierda. ARGIMIRO, que deja la bandera, va frente al público.)

ARGIMIRO.-Relaciones públicas, Alemania es como la materia: no se crea ni se destruye, solamente se transforma por brazos extranjeros. El problema lo estudian nuestros economistas.

(Vuelve al foro y coge la bandera. Por la izquierda entra EL ENEMIGO, que se para ante el término y apunta cauteloso con una metralleta, al mismo tiempo que por la derecha entran EL COMPAÑERO y TORCUATO, que se paran ante el término y apuntan cautelosos con metralletas. ARGIMIRO observa orgulloso. PAUSA. EL COMPAÑERO saluda eufórico al público con la metralleta.)

VOZ DEL TELEVISOR.-Observan el primer plano de un bravo guerrero, saludando a nuestro queridos telespectadores.

(Se oye el ruido de un tiro procedente de la izquierda. EL COMPAÑERO, al que le cae la metralleta, aprieta el brazo derecho con la mano izquierda. TORCUATO le presta auxilio. LA CRIADA y LA SEÑORA continúan igual. ARGIMIRO, con la bandera, camina velozmente frente al público.)

ARGIMIRO.-¡Corten! ¡Corten!

(Observa el brazo de EL COMPAÑERO. EL ENEMIGO niega con la cabeza las acusaciones de los demás.)

VOZ DEL TELEVISOR.-Por imponderables atmosféricos, ajenos a nuestra voluntad, nos vemos obligados a suspender esta edificante retransmisión.

(Se escucha un instante el villancico "Noche de paz". LA CRIADA y LA SEÑORA se levantan.)

LA CRIADA.-¡Ahora que venía el concurso de los niños raquíticos! ¡Y cómo acierten todos los huesos...!

LA SEÑORA.-¡Ay!

ARGIMIRO.-¡Qué gangrena te merecías!

LA CRIADA.-Gana cada hermanito un bocadillo de jamón.

(Mutis de LA CRIADA y LA SEÑORA por la izquierda. Se acerca EL ENEMIGO y le ofrece el brazo.)

EL ENEMIGO.-Soy inocente... ¿Si necesitas alguna transfusión...?

ARGIMIRO.-¡No precisamos sangre enemiga! ¿Os dais cuenta? ¡Pretenden derrotarnos por leucocitos!

EL COMPAÑERO.-Una aspirina.

(Mutis de EL ENEMIGO por la izquierda. ARGIMIRO le da la metralleta a Torcuato.)

ARGIMIRO.-Toma. ¿Una aspirina? Lleva a esta calamidad al quirófano.

TORCUATO.-Tal vez con los antibióticos...

(Mutis de TORCUATO y EL COMPAÑERO por la derecha. ARGIMIRO coge la bandera. Por la derecha entra LA ADMIRADORA. Abrigo de pieles y una lujosa maleta.)

LA ADMIRADORA.-¡Mi anhelado ídolo televisivo! Me he fugado de casa para vivir contigo la más fascinante aventura bélica. ¿Me permites... luchar... a... tu lado...?

(ARGIMIRO extiende la bandera hasta quedar ocultos los dos y hacen así mutis por la derecha. Por la izquierda entran TRAMOYISTA 1º, que coge la mesita con el televisor, y TRAMOYISTA 2º, que coge las dos sillas. Mutis por la izquierda. Por la derecha entra TORCUATO. Lee abstraído un folio en blanco. Por la izquierda entra LA NOVIA. Peluca canosa. Simula escribir con una estilográfica.)

LA NOVIA.-Amadísimo Torcuato: Sigo tan enamorada de ti como cuando éramos niños. A ver si te jubilan de una vez y dejas de ser un soldado ambulante. Nadie es imprescindible. Ama al enemigo como a ti mismo y anímale si está deprimido. No luches a cuerpo descubierto. Pon la camiseta de lana. Recibe muchos besos de tu único amor.

TORCUATO.-¡Oh!

(Besa la carta. LA NOVIA simula escribir y TORCUATO se abstrae.)

LA NOVIA.-Posdata: Aunque eres analfabeto porque en ningún frente hay escuela, sé que comprenderás esta carta en blanco.

(Mutis por la izquierda. Por la izquierda entra EL ENEMIGO.)

EL ENEMIGO.-¿Qué? ¿Carta de la chavala?

TORCUATO.-¡Ah, sí! Ya podría terminar esta guerra para casarme. ¡Qué barbaridad! ¿Tú, quién quieres que gane?

(Guarda el folio en el bolsillo.)

EL ENEMIGO.-¿Yo? Con tal de no perder la vida..., me es igual. ¿Planeáis avanzadilla o ponéis el uniforme de gala por alguna efemérides?

(Por la derecha entra ARGIMIRO. Dejó la bandera.)

ARGIMIRO.-¡Insensato! ¿Cómo te atreves a practicar idiomas con el enemigo? ¡Llámale perverso!

TORCUATO.-¡Perverso!

EL ENEMIGO.-Hasta luego, Torcuato.

(Mutis por la izquierda.)

ARGIMIRO.-De hoy en adelante te prohíbo terminantemente alternar con malas compañías. ¡Ve a hacerle las uñas a mi admiradora!

(TORCUATO se cuadra militarmente y hace mutis por la derecha. ARGIMIRO se acicala. Por la derecha entra EL COMPAÑERO. Le falta el brazo derecho. Porta una caja de limpiabotas que deja en el suelo. Se cuadra militarmente mientras ARGIMIRO pone el zapato derecho encima de la caja.)

EL COMPAÑERO.-¡A sus órdenes, mi general!

(Se arrodilla ante él y le cepilla el zapato.)

ARGIMIRO.-No malogres energías en protocolos. Sólo te queda un brazo y hay que aprovecharlo en cosas prácticas. ¿Has certificado el otro a Salud Pública para el trasplante a un coronel?

EL COMPAÑERO.-Me cuesta tanto trabajo deshacerme de él... Estábamos tan compenetrados... Era como si hubiésemos nacido el uno para el otro.

ARGIMIRO.-¿Dónde está tu solidaridad con los compatriotas? ¡Bah! Todos los acomplejados compensáis vuestras insuficiencias con un egoísmo morboso.

EL COMPAÑERO.-Esta... bota... ya... está... ¿Me... hace el favor... de la otra...?

ARGIMIRO.-¡Muy bien! ¿Y te quejas? Limpias mejor con esta mano.

(Pone el otro zapato encima de la caja y se lo cepilla.)

EL COMPAÑERO.-Quiero que mi general luzca, en el paseo de moda del domingo, el calzado tan flamante como el general enemigo.

ARGIMIRO.-Es natural: no hace nada. Se pasa toda la guerra jugando al ajedrez con un libro. Hasta me pidió voluntarios para disputarles unas simultáneas.

EL COMPAÑERO.-No me descubra, pero Oscar, Mauricio y Romualdo en lugar de despertar dando tres vivas a la patria, dicen cada grosería... ¡Y no es eso lo peor! Durante los combates abandonan las trincheras para citarse con..., ¡bueno!, con unas oportunistas que se hacen pasar por enfermeras de la Cruz Roja. ¡Ajajá! ¡Le han quedado preciosas! Mi general... ¿Cuándo me asciende?

(ARGIMIRO retira el zapato. EL COMPAÑERO coge la caja. Se oye un tiro procedente de la izquierda. A EL COMPAÑERO le cae la caja y aprieta dolorosamente el brazo contra su cuerpo.)

ARGIMIRO.-¿¿Fuegos artificiales??

EL COMPAÑERO.-¡Ay! ¡Ay! ¡Me han dado en el brazo flotante!

ARGIMIRO.-¡No haces una a derechas! ¡Menuda nulidad que no gana para brazos! Cuando me veas no me saludes. A ver si le podemos echar algún remiendo.

EL COMPAÑERO.-¿Me nombrará cabo?

ARGIMIRO.-¡No acostumbro a poner galones en las pantorrillas!

(Coge la caja. Mutis de ARGIMIRO y EL COMPAÑERO por la derecha. PAUSA. Por la derecha entra TORCUATO. Deja la metralleta y se sienta en el suelo. Contempla nostálgico el cielo. Por la izquierda entra LA NOVIA. Lee ensimismada un gran folio en blanco.)

TORCUATO.-¡Amor mío! Hoy cumplo sesenta y cinco años. ¡Soy el decano de los soldados! He perdido mi juventud entre ríos de sangre, y la sangre se renueva incesantemente. Me ha disgustado mucho que ingresaras en el asilo. Cuídate de los ancianos verdes cuando vayas a la piscina. Siempre actúan con prismáticos. Piensa que serás la madre de mis hijos. ¡Ay! Estoy celosísimo, mi vida. Sólo sueño con viejos que te regalan joyas. ¡Te quiero!

LA NOVIA.-¡Oh!

(Aprieta el folio contra su pecho y mira al cielo.)

TORCUATO.-Posdata: No te mueras con la emoción de que las monjitas te van a enseñar a leer.

(LA NOVIA hace mutis por la izquierda. Por la derecha entra ARGIMIRO.)

ARGIMIRO.-¡Apura, soldado! ¡Espabila, Torcuato! A ver si los cogemos desprevenidos. ¡Vamos a hacer una avanzadilla!

TORCUATO.-Y sin pagar horas extraordinarias...

(ARGIMIRO va al foro. TORCUATO coge la metralleta y apunta hacia la izquierda. Por la derecha entra, sin brazos, EL COMPAÑERO. Su metralleta, empujándola con los pies, apunta hacia la izquierda.)

ARGIMIRO.-¡Avancen!

(TORCUATO y EL COMPAÑERO avanzan sigilosos. Por la izquierda EL ENEMIGO que los apunta con su metralleta.)

EL ENEMIGO.-¡Os hemos descubierto la avanzadilla!

ARGIMIRO.-¡¡Fuego!!

(TORCUATO dispara al aire. Se oye una detonación. Cae del cielo una paloma blanquísima. EL ENEMIGO la coge. ARGIMIRO se torna indignado.)

EL ENEMIGO.-¡Buena puntería! Con permiso. Chicos, tengo un hambre...

(Mutis por la izquierda. Por la derecha entra LA ADMIRADORA. Trae un recién en brazos.)

LA ADMIRADORA.-¡Mi general! ¡Mi general! ¡¡Es niño!! ¡Tu vivo retrato, cariño!

(La rodean.)

ARGIMIRO.-¡¡Sí!!

LA ADMIRADORA.-Gracias, amor mío. Me haces muy feliz.

ARGIMIRO.-Torcuato, tengo una cosa para ti.

TORCUATO.-¿Ha llegado mi nombramiento de cabo? ¡Por fin han reconocido mis méritos de antigüedad!

ARGIMIRO.-No, toma. Es un folio en negro. Lo lamento.

(Lo saluda condolido con la chistera.)

TORCUATO.-¡No!

(Se abstrae en la lectura del folio)

ARGIMIRO.-¿Has dicho, niño? ¡Ha nacido en acto de servicio! Merece un par de galones. ¡Para que nuestro hijo tenga buena estrella!

(Mutis por la derecha de ARGIMIRO y LA ADMIRADORA con el recién.)

TORCUATO.-¡Es negro! La Superiora me dice que la pobrecita murió de un acceso de tos. ¡Mi única ilusión en esta sola página!

(Guarda el folio. Abre la metralleta, saca las balas y las arroja por la derecha.)

EL COMPAÑERO.-¿Qué... haces?

TORCUATO.-¡Semillas que fructifican en calaveras! Yo no quiero desintegrarme hasta quedarme sólo con el corazón. ¡Para desangrarme, en el suelo, arrastrando la metralleta! ¿Me acompañas?

EL COMPAÑERO.-Torcuato...

(TORCUATO pone la metralleta y hace mutis por la izquierda. Mutis corriendo de EL COMPAÑERO por la derecha. ARGIMIRO y EL COMPAÑERO entran por la derecha.)

ARGIMIRO.-¡Torcuato! ¡Torcuato! ¿Dónde te has escondido? ¡Es un vil desertor! ¡Pero a mí bromas, no! ¡¡Le haré un Consejo de guerra!!

(Coge la metralleta de El compañero. Mutis de ARGIMIRO y EL COMPAÑERO por la derecha. Por la izquierda entra TORCUATO. Coge su metralleta.)

TORCUATO.-¡Ay, esta fábrica de ataúdes es tan pesada para mis años! ¡Si pudieran enterrarse eternamente!

(La arroja al suelo.)

¡Pero no existen sepulturas para estos asesinos!

(Simulando dirigirse hacia el semáforo derecho.)

Miro hacia atrás...

(El semáforo derecho emite luz roja.)

Y sólo veo generales dispuestos a hacerme un Consejo de guerra.

(Simulando dirigirse hacia el semáforo izquierdo.)

Intento recuperar mi existencia...

(El semáforo izquierdo emite luz roja.)

Y no hay más que alambradas, impidiéndome el paso.

(Se escucha débilmente el ruido del tráfico, audible para el monólogo.)

¡Y yo quiero vivir! ¡¡Vivir intensamente!!

(Se acentúa el ruido del tráfico. TORCUATO, aterrorizado y con la boca completamente abierta, mira a derecha e izquierda, intentando gritar mientras busca inútilmente protección con sus manos. Crece el ruido del tráfico. TORCUATO se transforma aturdido y comienza a perder el equilibrio, accionando con su cuerpo para sostenerse en pie. El ruido del tráfico se escucha ahora con fuerza. TORCUATO, sentenciado a perder su verticalidad, dirige instintivamente sus manos al suelo como única protección y queda postergado a cuatro patas frente al público. Se atenúa paulatinamente el ruido del tráfico, audible para el monólogo. PAUSA. Lucha por recuperar la voz.)

E... s... t... e... tro-ci-to...de vida...

(Camina dificultosamente a cuatro patas hacia la metralleta.)

que me queda... Para poder...

(Se cae al suelo y se arrastra.)

realizar... mi última... avanzadilla.

(Va a rozar la metralleta con sus manos

O S C U R O

 

CUADRO FINAL

(Se hace la luz. Han desaparecido del escenario las cosas utilizadas en el cuadro anterior. Los semáforos emiten luz roja. Se escucha el ruido del tráfico, audible para el diálogo. En el límite del lateral izquierdo y en el suelo, los utensilios que portaban los personajes al inicio de la obra. En escena y a cuatro patas frente al público, MILAGROS, BEGOÑA, IGNACIO, TORCUATO y PEDRO. Visten como en el primer cuadro. GRAN PAUSA.)

MILAGROS.-¿Qué ... hacemos?

IGNACIO.-¿Adónde vamos así?

PEDRO.-¿Continuaremos eternamente humillados?

BEGOÑA.-¿Sucumbiremos en el arroyo?

TORCUATO.-¿Es éste nuestro pacífico final?

(Se observan derrotados. PAUSA.)

IGNACIO.-¡No podemos doblegarnos para siempre!

BEGOÑA.-¡Icémonos por nuestra verticalidad!

MILAGROS.-¡Es preciso sostenerse en pie! ¡Aferrarnos como árboles a sus raíces!

TORCUATO.-¡Ser dueños de nuestro propio equilibrio! ¡Recuperar la condición de humanos!

PEDRO.-¡Vencer el vértigo que nos posterga! ¡No transformarnos en unos pobres cuadrúpedos!

(Tratan inútilmente de incorporarse. PAUSA.)

BEGOÑA.-¿Acaso...? Si nos respetasen como vehículos... ¡No! ¡No! ¡Sus ruedas aniquilarían nuestros cuerpos inservibles! Desgraciadamente..., sólo nos pertenece esta interminable espera.

TORCUATO.-Una espera sin principio ni fin.

MILAGROS.-Esperar.

PEDRO.-Únicamente esperar.

IGNACIO.-Esperar... esperar... esperar... ¡Sin esperanza!

(Bajan sus cabezas al unísono. PAUSA.)

TORCUATO.-Si al menos... esos gigantes nos mostrasen sus ojos verdes...

BEGOÑA.-¡Oh, sí! Alternaríamos a cuatro patas entre las personas.

MILAGROS.-¡Aunque nos arrastrásemos como reptiles por las calles!

PEDRO.-¡Pero los semáforos están ciegos! ¡Tienen sus pupilas rojas!

IGNACIO.-¡Les arrancaron los ojos! ¡No les autorizaron a vernos como bestias!

(El semáforo derecho emite luz verde.)

MILAGROS.-¡Fíjense! ¡Ese semáforo nos abre las puertas!

BEGOÑA.-¡¡Sí!!

IGNACIO.-¡Presentémonos cuanto antes en sociedad!

TORCUATO.-¡Huyamos de esta celda de condenados a muerte!

PEDRO.-¡Abandonemos...! (Por los enseres.) ¿Va... mos... a... abandonar... también...?

IGNACIO.-¿Piensan que es el momento para sentimentalismos? ¿¿Prefieren enterrarse con sus fenecidos recuerdos?? ¡Sensatez, señores! ¿Cuando el barco se hunde, se retrocede a recoger el equipaje?

(Caminan, a cuatro patas, hasta el límite del lateral derecho. Se paran. SILENCIO.)

BEGOÑA.-Bueno..., que tengan ustedes un feliz viaje.

PEDRO.-He tenido mucho gusto en conocerles.

IGNACIO.-Cuando precisen algo de mí...

TORCUATO.-Espero que volveremos a vernos.

MILAGROS.-¡Ay! ¡Dicen que partir es morir un poco!

(Inician el mutis y retroceden horrorizados.)

IGNACIO, MILAGROS, PEDRO, TORCUATO y BEGOÑA.-¡¡No!!

(Por la derecha entra, erguido y solemne, ARGIMIRO. Una banda roja atraviese diagonalmente su pecho. Luce una brillante condecoración. y porta una cartera. Los demás, y a cuatro patas, van al centro del escenario y se aproximan en busca de protección. El semáforo derecho emite luz roja y crece paulatinamente el ruido del tráfico, audible para el diálogo. ARGIMIRO avanza amenazador. Los demás alzan suplicantes sus manos. ARGIMIRO se para ante ellos, que dejan caer resignados sus manos.)

MILAGROS.-¡Que más da!

PEDRO.-¡Es lo mismo!

TORCUATO.-¡Perezcamos de una vez!

BEGOÑA.-¡Tenía que suceder!

IGNACIO.-¡Nada importa!

(Aumenta considerablemente el ruido del tráfico. ARGIMIRO levanta impetuoso la pierna derecha para aplastarlos. Los demás cierran los ojos y bajan las cabezas conscientes de su propio destino. Se escucha fuertemente el ruido del tráfico. ARGIMIRO da un fuerte golpe con su pie derecho en el suelo. Los demás abren sus ojos y alzan sus cabezas. Se amortigua el ruido del tráfico, audible para el diálogo.)

ARGIMIRO.-¡¡Cobardes!! ¡¡Más que cobardes!! ¡Os degradáis en vuestra propia existencia! ¡Bah! ¡Sois peores que cadáveres! ¡Ellos supieron sostenerse en pie hasta el final! ¿Acaso no es modelaron con el mismo barro? ¿Por qué, rebaño de insensatos? ¿¿Por qué??

(Se aparta. Los demás, y a cuatro patas, se dirigen hacia él.)

PEDRO.-Venerado jefe...

BEGOÑA.-Distinguido productor...

MILAGROS.-Amor mío...

IGNACIO.-Consejero inseparable...

TORCUATO.-Abnegado general...

(Entrelazan suplicantes sus manos. La expresión de ARGIMIRO es humana.)

PEDRO.-Sin su cuantiosa nómina...

BEGOÑA.-Sin su empujoncito...

MILAGROS.-Sin tu dulce compañía...

IGNACIO.-Sin la ayuda de tu voz...

TORCUATO.-Sin destacar a sus órdenes...

(Dejan caer desolados sus manos. ARGIMIRO los contempla con gesto de compasión.)

PEDRO.-Sólo soy... ¡un estómago vacío!

BEGOÑA.-¡Un trocito de cemento!

MILAGROS.-¡Un corazón arrugado!

IGNACIO.-¡Un pobre cerebro oscuro!

TORCUATO.-¡Un desertor muerto en paz!

(Lo miran rebeldes y giran alrededor de él.)

ARGIMIRO.-No proyectéis en mí vuestra opresión. Tenéis sed de vida y vociferáis ante esta fuente. Bebed, bebed en ella. No dejéis correr su agua. No os transforméis en una noria de animalitos que giran alrededor de mi pozo. ¡Yo aplacaré vuestras gargantas ardientes! Os purificaré hasta erguiros como personas. ¡El manantial fluye para todos!

(Va a abrir la cartera. Se escuchan, procedentes de los laterales y ajenos para ARGIMIRO, los fuertes ruidos de sendos accidentes de tráfico. Se paralizan aterrorizados.)

MILAGROS.-¡Dios mío! ¡Ha descarrilado el tren!

BEGOÑA.-¡Han abandonado mi cadáver!

PEDRO.-¡Me arrollan máquinas de escribir!

IGNACIO.-¡Me flagelan gritos desgarrados!

TORCUATO.-¡Mi vejez claudica en el combate!

(Vuelven sus cabezas hacia el semáforo izquierdo. ARGIMIRO los observa entristecido.)

MILAGROS.-Su luz..., su luz roja..., se interpone en todas las estaciones.

BEGOÑA.-Ha teñido mi traje de novia para siempre.

PEDRO.-Ha absorbido mis venas hasta sitiarme exangüe.

IGNACIO.-Ha quemado las páginas en blanco de mi futuro.

TORCUATO.-Fuego y sangre, fuego y sangre... en el campo de batalla.

(Cesa el ruido del tráfico. Los semáforos emiten luz verde.)

ARGIMIRO.-¿¿Qué os sucede?? ¿A qué ruidos os referís? ¿A qué luces rojas? ¡Embriagaos en este oasis! ¡Ya renace la esperanza en el desierto! Hoy, precisamente hoy, ¡habéis inventado el mundo!

(Abre la cartera y los demás se van incorporando al unísono.)

MILAGROS, BEGOÑA, PEDRO, IGNACIO y TORCUATO.-¡¡Vacía!!

(Los semáforos emiten luz roja y se escucha el ruido del tráfico, audible para el diálogo. Se sublevan y le quitan agresivos cartera, chistera, banda, condecoración y chaqueta, postergándolo a cuatro patas.)

ARGIMIRO.-¡Os estáis destruyendo a vosotros mismos! ¡Desistid de encauzaros en mi... destino...! Os... he... legado... la... tabla... de... salvación...

(Se disponen a aplastarlo despiadadamente. ARGIMIRO, como si le inyectasen energías, corre raudo a cuatro patas y hace mutis por la izquierda. SILENCIO. Corren veloces hasta la izquierda.)

BEGOÑA.-¡¡Parece increíble!!

MILAGROS.-¡¡Se desliza velozmente entre el torbellino del tráfico!!

IGNACIO.-Es inútil luchar contra su fortaleza.

PEDRO.-Al... menos..., hasta... ahora..., nos permite...sostenernos en pie... Pero...

(Se escucha fuertemente el ruido del tráfico. Se miran aterrorizados y boquiabiertos. El ruido del tráfico se atenúa.)

TORCUATO.-Continuaremos exiliados en esta isla, rodeada de un mar de circulación. Crecerán las olas y... ¡¡Ay!! ¡Nos ahogaremos entre sus ruedas despiadadas!

(Se oye muy fuerte el ruido del tráfico. Los personajes, llenos de satisfacción, vuelven a quedar sentenciados a cuatro patas. Se miran felices. La escena permanece así un momento. PAUSA. Decrece el ruido del tráfico, audible para el diálogo.)

BEGOÑA.-Les digo a ustedes que ante tanto peatón irresponsable..., los automóviles sensatos optaremos por bostezar en el garaje.

(Caminan alegremente a cuatro patas hasta el lateral izquierdo, situándose cada uno donde están sus utensilios.)

IGNACIO.-Tendremos que hacer del volante nuestra propia almohada ante tanto suicida disfrazado de transeúnte.

PEDRO.-Porque eso de vivir trabaja que trabaja con el freno... ¡Vamos! Es como para explotar por un infarto de motor.

MILAGROS.-Yo ya me puse a régimen de gasolina... De lo contrario, a todos los habitantes del cementerio les daría vivienda mi acelerador.

TORCUATO.-Y a mis años, que ya me flaquean mis ruedas... ¡Fíjense! Me difaman los familiares de... bueno..., llamándome tanque escapado de la guerra.

(Se paran ante el límite del término. Va creciendo paulatinamente el ruido del tráfico, audible todavía para el diálogo. Se miran dichosos.)

IGNACIO.-Por favor, ustedes primero.

PEDRO.-No, no, de ninguna manera. Sería para mí un honor...

TORCUATO.-Honor que yo declino...

MILAGROS.-¡Pero qué gentiles son ustedes! Con contertulios así..., es un placer proseguir el mismo itinerario.

(Se miran serios. SILENCIO.)

BEGOÑA.-¡Naturalmente! ¿Por qué no? Todos tenemos la misma preferencia.

(Se escucha fuertemente el ruido del tráfico. Los personajes, contentísimos y ajenos unos de otros, hacen mutis rápido y al unísono por la izquierda. Se oyen inmediatamente los gritos desgarrados de los cinco, procedentes de este lateral. Cesa instantáneamente el ruido del tráfico y los semáforos emiten luz verde. Por la derecha entra ARGIMIRO. Viste exactamente igual que en su última entrada. Es decir: Ha puesto una chaqueta, chistera, condecoración brillante, banda diagonal roja y porta una cartera semejante.

Camina erguido y solemne y se para en el centro del escenario. Saca de la cartera un cigarro puro y lo enciende. Echa ensimismado una gran bocanada de humo. Se dirige a la izquierda y hace mutis.

Los semáforos continúan emitiendo luz verde y el silencio es absoluto.

La escena permanece así un momento.

Lentamente cae el

TELÓN

La Coruña, 1.968-1.969 

FINAL DE "CUADRÚPEDOS".

 

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