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DE LA GLORIA, AL PARAÍSO

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“DE LA GLORIA, AL PARAÍSO”

Sainete en dos actos  

Original de: Raimundo Francés      bea45azul@yahoo.com

Duración: 70 minutos

©  Nº.Registro  201599902713055  Expte: CA-413-15

 Queda prohibida la representación de esta obra sin la debida autorización del autor, quien ya no pertenece a la SGAE.  

                         A nuestra  querida amiga María José, excelente persona, y  recepcionista  de  EL RODEO, un hotel con encanto,  de Marbella.  

SINOPSIS

La recepcionista de  “La Gloria”, un hotelito  urbano de Marbella, no pudiendo ser sustituida durante dos días seguidos por serios problemas de personal, está desfallecida y con grandes ojeras.  Es domingo. Se siente  ya indignada y agotada,  y  por si fuese poco, se ve obligada a recibir y atender a clientes “un tanto raros”, por lo que está a punto de tirar la toalla y dispuesta a abandonar su puesto, pase lo que pase y  pese a quien pese. Pero, la vida es pura ironía, y al final, llega la sorpresa.  

ESCENARIO

Imitará el vestíbulo de un hotelito urbano.  A la derecha, un mostrador  real o imitado, preferiblemente en forma de “L”, tras el cual se podrá ver perfectamente a la recepcionista, quien tendrá a su izquierda (Para ser vista de cara al público) un ordenador portátil o bien el monitor de pantalla  de uno antiguo de mesa, donde realiza su seguimiento y otras operaciones rutinarias.  

Al fondo, arriba, un letrero con el nombre de  “HOTEL LA GLORIA”.

Aunque el autor lo deja a criterio del director, también se pueden pegar alrededor del nombre una docena de estrellitas de distinto tamaño recortadas  de papel dorado brillante.

A la izquierda del escenario, un sofá de dos o tres plazas o un par de butaquitas para  los clientes que esperan ser atendidos. Y a un lado, o al fondo, debajo del letrero,  un adorno como pudiera ser un macetón con una planta, o una pequeña consola, o un espejo enmarcado.

Los viajeros entrarán por la izquierda del escenario, visto desde el patio de butacas, aproximadamente a un metro del sofá.

PERSONAJES   (4 masculinos y 5 femeninos)

MARIFÉ -  La recepcionista.  (De entre 30 y 50 años).

                  El hambre y el sueño de dos días la han trastornado un poquillo. Se mostrará con ojeras y gestos de agotamiento, y de ahí, su mal humor, que, inevitablemente, refleja en su conducta ante unos clientes, que precisamente, resultan ser muy “peculiares” y sobre todo, muy exigentes.

Vestirá de uniforme, a ser posible, azul, y con camisa blanca y un pañuelo de cuello o lazo de igual color que el uniforme. Llevará colgando de una cadenita unas enormes gafas de sol que se pondrá cada vez que aparezcan los clientes, para ocultar su aspecto de adormilada y sus “ojeras”.  Cualquier otro detalle dependerá del criterio del director.

Es obvio que este personaje es de una andaluza, pero no es estrictamente necesario que la actriz imite a la perfección el acento andaluz.

MARK  - (MR. ANDREWS) -  Cliente británico que se presenta junto a su esposa tras un viaje agotador. (De entre 60 y 70 años) Vestirá ropa de “guiri” (Camisa de a cuadros, o con dibujos llamativos, la torre de Londres,  tirantes, etc.), con gorra de portuario inglés, pantalón corto, calcetines y sandalias. El actor simulará que “chapurrea” el español. 

CATHERINE (MRS. ANDREWS)  – La esposa del señor Andrews. (De entre 55 y 65 años) Vestirá ropa de “guiri” británica, y sandalias. Es optativo que luzca una ridícula pamela o sombrero femenino de mal gusto.  

IÑAKI  – Cliente vasco (De entre 50 y 60 años) Vestirá ropa de estilo “deportivo”. Es optativo que luzca en la cabeza o bien debajo del brazo  una boina vasca. Deberá ensayar lo posible para imitar  el acento propio de los vascos.

BEGOÑA Esposa de Iñaki (De entre 50 y 60 años) Vestirá ropa informal, propia de viaje de vacaciones. Aunque hablará bien poco, deberá simular un acento de las vascongadas. Su esposo, cariñosa-y-familiarmente, la llamará con el diminutivo de “Garbi” o “Garbiña”.

LUZ, y ESPERANZA – Dos señoras que, representando a una ONG, que lucha contra “el hambre del mundo”, entran en el hotel pidiendo colaboración a la dirección, así como a los empleados, y a los clientes.

“PAQUI”  (De nombre real “Francisco”). Cliente “gay” que acaba de contraer matrimonio en Sevilla,  y viaja de vacaciones con su esposo “RICKY” (De nombre “Ricardo”), quien no aparecerá en escena, ya que “supuestamente” solo responde al teléfono a su pareja.  Obviamente, Paqui, imitará de manera lo más acentuada posible las formas de amaneramiento y entonación propios de un hombre afeminado, lo cual podría cosechar, aparte de las risas causadas por el diálogo,  prolongados y cariñosos aplausos.

“DON MARIO”, un personaje que aparece al final, sin ser cliente (De entre 55 y 65 años) Vestirá elegantemente, propio de un “empresario de altura”.  

 

NOTA  - Por necesidad de ajuste de elenco, y dado que la aparición de “don Mario” es realmente fugaz, de no poder contar con otro actor para este personaje, el director podría encargar ese papel a uno de los actores que ya intervienen en cualquiera de los personajes anteriores (Por ejemplo, El actor que ya actuara como “Guiri”), con la caracterización apropiada, y con la ayuda del vestuario, bigote, peluca, gorra, make-up, etc.  Ese actor  dispondría de tiempo suficiente para  “el cambio”.

Cabe reseñar también que el autor es consciente del papel de ese personaje principal protagonista de la obra, “MARIFÉ”, la recepcionista. Pero no duda que el grupo contará con una actriz experimentada, y deseosa de protagonizar a un personaje algo difícil y duro de aprender, pero que la puede llenar de satisfacción, sin menospreciar al resto de los actores.

 

ACTO PRIMERO 

ESCENA 1ª

Al abrirse el telón, Marifé, la recepcionista, está recostada sobre el mostrador, con los brazos cruzados y la cabeza entre ellos. Puede “enterrar” la cabeza cubierta con sus brazos, pero si la muestra solo apoyada en los brazos y de cara al público con la boca algo torcida como ocurre a alguien inconsciente-y-momentáneamente adormilado, resultaría más gracioso.

En la mano que mejor esté a la vista del público sujeta un móvil, pues está pendiente de recibir una llamada de su jefe, el director del hotel.

(Nota: Un móvil que se nos cae al suelo desde un metro de altura no suele averiarse, pero, por precaución puede utilizarse uno de desecho o en desuso por su antigüedad)

Como el sueño la vence, se le afloja la mano, y el móvil pega un “cacharrazo” en el suelo. Ella, da un respingo y reacciona.

MARIFÉ - ¡Uy, coño!  ¡Qué se habrá caído? ¡Ah, claro!, ¡Qué iba a ser! ¡El dichoso móvil!

(Sale del mostrador, con cara de atontada, para coger el móvil)

MARIFÉ - ¡Hijo! Es que una,  no puede ni dar una cabezadita.

(Cuando se agacha a coger el móvil, en ese preciso momento suena una llamada -Que puede ser en cualquier teléfono siempre que se pueda oír en la sala-, y ella que está aún adormilada, da otro respingo hacia atrás, como si se hubiese asustado al ver una culebra)

MARIFÉ - ¡Ay! ¡Pero esto qué es, un móvil, o un despertador?

  (Cuando ya lo tiene en la palma de la mano, le habla como riñéndole)

¡Primero, te caes, y me despiertas dándome un susto, y ahora, con ese ruido tan antipático,  me das otro susto!  ¡Vamos, que esto parece una cosa de brujería, como si estuviera  “programao’  por alguien para que una no pueda ni quedarse dormida ni un minutito siquiera!  

(Ahora, por fin, se lleva el móvil al oído, no sin antes limpiarlo un poco con el filo de su falda o en la prenda que lleve,  y se dispone a responder a la llamada, situándose en el centro del escenario, y simulando unos pasitos cortos y vacilantes hacia adelante y atrás, como si estuviera algo “mareada”)  

MARIFÉ – Hotel LA GLORIA. Dígame

(Pausa de unos segundos)

 ¡Ah, hola don Pepito! ¡Uy, perdón! Quería decir: ¡Hola, don José!  Discúlpeme jefe, es que como llevo dos días sin comer y sin dormir, y anoche, precisamente leí en Internet que las personas que no comen ni duermen, pueden tener despistes, incluso alucinaciones… Comprenda usted…

¡Cómo? ¡Que Vanesa está con las reglas pasándolo muy mal, y Sergio ha sido padre esta mañana, y  tampoco puede venir a sustituirme?  Entonces, ¿qué tengo, que esperar hasta las nueve a que llegue “Rambo”?

Y “Rambo” no está acostumbrado a atender la recepción, ¿eh? Porque, idiomas no sabe, y como baje un alemán quejándose del estómago y pidiéndole un poco de bicarbonato, ese, pa’ quitarse el bulto de encima,  es capaz de echárselo a cuestas y llevarlo al ambulatorio.  

No, don José. Es que a Simón, lo llamamos cariñosamente “Rambo” porque como es tan grande, tan musculoso…  y tan bruto…

 (Pausa)

Sí, pero ya me da igual que llegue a las ocho y media, porque eso y las nueve, después de dos días sin moverme de aquí, muerta de hambre y de sueño,  es casi lo mismo. (Pausa)

¡Vaya por Dios! Pero, jefe, por favor, dígale a Rambo que cuando llegue aquí, si no me encuentra en recepción, es que estoy en URGENCIAS, y si llama al hospital y  no estoy allí, es que ya me han llevado al tanatorio, y estoy ya en mi cajita, con mis florecitas,  y con dos velitas a cada lado. (Pausa)

Vale, vale. Haré como usted dice, a ver si soy capaz de aguantar un poco más, pero, garantías no le puedo dar, ¿eh? , porque mi cuerpo, aunque no esté afiliado en el sindicato, cuando dice “protestar”, ahí, yo, ya, no respondo.    

¿Cómo? ¿Que si me pasa algo, que le llame? ¡Hombre, don José! Si me pasa algo y me caigo al suelo lista de papeles, ¿cómo quiere usted que le llame?  Usted, ahora, disfrute en esa playita de Zahara de los Atunes, y no se preocupe, que si me muero o algo, ya se enterará cuando ponga el telediario de Telecinco. Que al “Piqueras”, no le gustan las “injusticias”, y  como se entere de que ha caído desplomada por inanición  una recepcionista  de un hotel de Marbella, ese lo da en primicia, seguro.  

(Pausa)

¡Bueno, bueno! Usted  creerá que estoy de bromas, pero, aunque yo suela tener sentido del humor, usted sabe que con eso de la comida, no se juega. Y si una no duerme, ya sabe lo que dicen los médicos, que nos puede entrar hasta el Altheimer. Que yo creo, que a mí ya… no sé por qué, me parece que me está entrando, porque  yo, ya,  no me acuerdo si el potaje de lentejas se come con una cuchara o en un bocadillo.   

OK., don José. Saludos a su esposa.  Sí, sí. No se preocupe, que yo estaré aquí, al pie del cañón. Viva o muerta, pero… ¡Vamos!, que de aquí, no me muevo.

¡Hasta luego! Adiós.

(Mientras corta la llamada, se pone bien la ropa y va volviendo al interior del mostrador, hace  un breve monólogo)

MARIFÉ  - ¡Tiene guasa, esto! Y encima, don Pepito,  se ha creído que una está de cachondeo. ¡Qué ironía! ¡Ay! Si no fuera porque tenemos muchos gastos, y pagar el alquiler,  pedía la cuenta y me iba a mi casa ahora mismo, ya salga el sol por Antequera o por  Torrelavega.  ¡Ay, Dios mío! ¿Quién me habrá  echao’ a mí una maldición!

¡Anda!  Y ahora estoy oyendo las ruedas de una maleta como si fuera de alguien que viene buscando alojamiento. Lo mismo se trata de dos guiris de esos que se creen que aquí en los hoteles de Marbella, solo tienes que alojarte en la 512, te asomas a la terraza, y ya puedes ver la playa, los barquitos,  los aviones… ¡y hasta los platillos volantes!  ¡Vamos! Que algunos se creen que un hotel es el faro de Chipiona.

                                             (ESCENA 2ª)

Aparecen dos clientes británicos. Él, chapurrea un poco de español, pero cada vez que la recepcionista le contesta o le explica algo, el británico simula que le traduce  a su esposa, que la tiene detrás, hablándole al oído, a lo que ella siempre le responde con “Oh, I see” (¡Ah!, ya veo, ya entiendo) que se pronuncia: “Ooo, ae  siii”, acompañado de un gesto de conformidad.

MARK - ¡Good morning!

MARIFÉ - (Ya con las gafas de sol puestas, lo mira  un poco por encima de éstas, y murmura)

Los “good morning” serán para usted, porque, lo que es para mí…

MARK – (Imitando un acento sajón)  ¡Oh! ¡Usted hablar  español!

MARIFÉ - ¡Po’ Claro, cojones!  , ¿No voy a hablar español, si yo soy de aquí!  

MARK – Sorry, mi hablar español, pero mi no entender  “Co…jones”

MARIFÉ – (Sin mirar al cliente) ¡Ni falta que le hace!

MARK – Mi siento mucho, pero mi no comprender.

MARIFÉ – Do you speak English?

MARK – Mi? Of course!  (¿Mi? ¡Of cors!)     (¿Yo? ¡Pues, claro!)

 Mi, ser de Inglaterra, de Oxford.

MARIFÉ - ¿De Oxford? Po’ pa’ ser de Oxford, habla usted un español, que parece que se ha criao’ usted con los monos de Gibraltar.  

MARK – Mi no entender mucho bien. Ok. Dejar asunto “cojones”.

MARIFÉ – No, hombre. Yo se lo explico para que aprenda usted un poco de español, de por aquí, de Andalucía.  Mire: “Cojones” es una palabra de afecto, de cariño, ¿comprende? Usted se va a trabajar y le dice a su esposa: “Adiós querida, hasta luego”. Y yo, cuando mi marido se va a trabajar, le digo: “Adiós, cojones. Ten cuidaito’ ”  ¿Lo ha comprendido, usted?

 (Ahora, Mark, se gira un poco y le traduce ligeramente esa explicación” a su esposa. Ella, contesta siempre igual: ¡Oh, I see! )

MARIFÉ – Bien. Ahora, déjeme ver sus pasaportes, y los papeles de la reserva.

MARK - ¿Papeles? ¡Oh, sí!  Papeles. ¡Silly of me! (Qué tonto soy)

(Pron: “Sili of mi)  Sorry.

(Pone su bolso o su macuto en el mostrador, saca un sobre en el que supuestamente está la copia de la reserva, y otra hoja que puede ser la del seguro)  

Here you are (Aquí tiene) ( Pron:  “ Jía yu ar”)  Uf, perdón.

MARIFÉ – No, si yo le entiendo. Lo que me pasa es que hoy estoy de un humor de perros, y no tengo ganas ni de hablar en inglés. ¡Vamos! Que ahora mismo, aparece por esa puerta la mujer de Obama, y por no hablar en inglés, la mando a Fuengirola,   aunque se entere mi jefe y me despida, que me da igual.

 OK. Todo bien. A ver. Habitación 514. Aquí tiene su llave. Y aquí puede ver el horario de comidas. Necesito su pasaporte, por favor.

MARK - ¡Oh, yes!  Sure ( Seguro) (Pron:  Chiuar).    Aquí está.

                (A esto, suena el teléfono)

MARIFÉ – Sí, dime Marisol. ¡Ah, ya! Vale. No te preocupes. Tú me avisas. Gracias.

Señor Andrews. Tendrán que sentarse ahí un momento, y tan pronto esté preparada la habitación, podrán subir  y… “¡a lavarse!”  

MARK - ¿Cómo dice?

MARIFÉ - ¡Uy! Quiero decir, a “acomodarse” Hay que ver lo que hace el hambre. Es que ya, no sé ni lo que digo.

       Se repite la escena de la esposa que quiere saber qué pasa.  Ahora, se sientan, y el británico no suelta su maleta que colocará  a su lado.

      El británico, al ver que su esposa le toca en el brazo con insistencia como queriendo estar al tanto de la “conversación” simula decirle algo al oído, y ella, como siempre “Oh, I see”.

MARK – Sí. Yo ver que usted hoy un poquito … ¿“cabreada”?

MARIFÉ – No. Un poquito, no. Yo, hoy, mucho cabreada.

MARK – Sorry.

MARIFÉ – No, no pasa nada.

MARK – OK. Siento problema. Solo preguntar : ¿Usted llevar gafas de sol? ¿Aquí, en hotel?  ¿Haber sol aquí? (Mirando a su alrededor)

MARIFÉ - ¡Hombre, claro! ¿No sabe usted que estamos en la Costa del Sol? ¿Nunca ha oído usted eso de “Por todos los rincones de Marbella entran los rayos del sol”?

MARK - ¡Oh, mucho bonito!

MARK – (Levantándose y señalando a sus papeles ya en manos de Marifé) ¿Todo ser correcto? Yo, soy Mark Andrews, y ella es mi esposa Catherine. Yo ser reportero gráfico de famosa revista de Inglaterra. Yo venir a tomar fotos de OVNI  de Marbella, que salir ayer en noticias.

MARIFÉ - ¡Fotos… de qué?

MARK – De OVNI. Yo enterar que en Marbella haber base de Ovnis a distancia poca de playa.

MARIFÉ – (Con la mano en la sien) ¡Uy, Dios mío! Lo que me faltaba. Como dice mi madre: “Las malas noticias  nunca vienen solas”.

¡Pero, oiga! ¡Quién le ha dicho a usted que aquí en Marbella hay extraterrestres?  ¡Hombre, por favor!  En Marbella hay americanos, ingleses, japoneses, alemanes, y gente de todo el mundo, pero de este mundo de aquí. Todavía, de gente de otro planeta,  yo por lo menos, reservas, no tengo ninguna.

Además, si aquí hubiera ovnis, las playas de la costa del sol estarían llenitas de casetas de campaña, y sacos de dormir, porque hoteles, no habría suficientes para alojar a tantos visitantes.  Yo creo que usted habrá oído otro lugar de la costa que tiene una mar muy bella, que no es lo mismo.

MARK - ¿Usted tiene ya habitación preparada para mí y esposa mía?

MARIFÉ – Pues, la 524 se va a quedar libre para usted dentro de 10 minutos.

MARK – Y allí, en habitación, yo poder tomar fotos de playa Marbella.

MARIFÉ – No. En LA GLORIA, usted solo puede tomar fotos de los árboles que hay en la calle, y de una antena que hay en el bloque de enfrente. Lo siento. ¡Ah! Y ahí, enfrente, en la terraza del cuarto B, todos los días sale una muchacha a tender, y como está siempre muy “escotadita”  y con la falda muy corta, que parece una barby, casi todos los extranjeros le toman algunas fotos, sobre todo, cuando se agacha para coger la ropa. Pero yo no creo que usted… 

MARK – ¡Oh, my goodness! (¡Oh, Dios mío!) –(Pron: Oh, mae goodness)

 (A esto, y ante la insistencia de su esposa, él se vuelve de nuevo y le explica al oído. Ella, se expresa como siempre, pero esta vez con gesto de contrariedad)

MARK -   Siento problema, pero nosotros marchar y buscar otro hotel en Marbella. “Gloria” no ser buena.

MARIFÉ - ¡Hombre! La gloria tiene que ser buena, pero la otra. Esta no es tan buena, porque aquí, en esta,  solo come el que puede. Porque, yo, muerta de hambre. A ver si mañana me voy a la otra, y allí, me pienso poner morada, y si no hay comida, me como al mismísimo San Pedro y a todo el que se me ponga por delante.  

MARK – Usted decirme nombre otro hotel para yo tomar fotos de ovnis.

MARIFÉ - ¿Aquí, en Marbella? Lo mejor es que se vaya usted a Barbate, hombre. Allí, en Barbate, dicen que hay una base de ovnis de esos. Es que, por lo visto, a los extraterrestres les gusta mucho el atún encebollado, y allí, en Barbate, hay atunes  hasta en las piscinas. Que se lo digo yo.

MARK – Bien. Nosotros marchar y buscar hotel mejor que Gloria.

(Le dice algo al oído a su esposa y ambos se disponen a salir, pero antes de desaparecer, él se vuelve, mira a Marifé , levanta un brazo y con la mano en gesto de despedida, le dice: “Adiós, cojones”)

                                                  

ESCENA 3ª

MARIFÉ - ¡Ea! Dos clientes menos. A mí no me mandan un sustituto para que yo pueda comer y descansar, pero yo, a todo el que llegue, si lo puedo espantar, lo espanto. ¡Vamos! ¡Estaría gracioso!  Yo, sin comer y sin dormir, y encima, que vengan más clientes a hartarse de comer y a dormir , y “LA GLORIA”,  a tope. ¡Ni hablar! Ojo por ojo y diente por diente. Y nunca mejor dicho, porque si sigo así, hasta los dientes se me van a caer de no usarlos.  

Ahora, solo hace falta que vengan dos clientes y se me pongan a hablar del  hambre del mundo. ¡Vamos, que a mí me lo van a decir!  

  (A esto, se oyen pasos de tacones)

MARIFÉ  - ¡Digo! ¡No lo decía yo? Ahí viene alguien. Y por el ruidito de los tacones, parecen mujeres. Y seguro que quieren coger la llave y subir corriendo al comedor, dispuestas a  comerse hasta a los camareros.

(Aparecen LUZ y ESPERANZA, cada una con su carpeta bajo el brazo y su bolso de mano pero sin maleta alguna)

ESPERANZA – ¡Buenas tardes!

MARIFÉ – Sí, sí. Si usted lo dice…  Dígame. ¿Desean alguna habitación?

Lo digo porque las dos que nos quedan, están ya reservadas  por agencia, y hasta las cinco no puedo disponer de ellas, si no aparecen los clientes.

ESPERANZA – No, gracias. Nosotras no venimos a alojarnos, entre otras razones, porque las habitaciones deben de tener un precio que nosotras no podemos permitirnos. Solo venimos a pedir solidaridad con aquellos pobres del mundo que no comen.

MARIFÉ - ¡Diga usted que sí!  Es lo que yo digo.  ¿Por qué puñetas nadie se solidariza con las personas que no comemos? Con lo fácil que es echar un cable, y ya el de arriba te lo agradecerá algún día. ¿Verdad?

LUZ - ¿Cómo dice?

MARIFÉ – No. Nada. Es igual. No me hagan caso. Es que son cosas mías.

ESPERANZA – Ya. ¡Bueno! Como le decía. Somos de una ONG que se llama “Alimentos sin fronteras” y venimos para solicitar colaboración para esos pobrecitos niños que nos necesitan.

Verá: Pedimos solo cinco euritos, y por supuesto, anotamos el nombre completo y firma de la persona colaboradora, en un listado. Y ese documento, luego, lo enviamos al santo padre para que él, en un acto solemne  conceda indulgencias por sus pecados a esas personas tan solidarias y generosas.

MARIFÉ – Sí, sí. Pues, yo, lo voy a sentir en el alma, pero yo, personalmente, no les puedo ayudar, porque no tengo aquí ni para el billete del autobús.   Es que estoy acostumbrada a que venga mi esposo a recogerme y él me lleva a casa cuando termino mi turno ¿Comprenden?  Pero, si ustedes quieren pedir una ayudita al director…

LUZ - ¡Ah, sí, claro! ¿Dónde está su despacho?

MARIFÉ – Pues, su despacho está en la primera planta, a la izquierda, justo al lado del salón de televisión y cafetería. Pero, él, ahora,  no se encuentra aquí. Lo siento. 

LUZ - ¡Vaya, por Dios!  ¿Y, volverá pronto?

MARIFÉ – Pues, va a tardar un poquillo, porque se marchó el viernes de vacaciones a Zahara de los Atunes, y no creo que venga hasta el sábado próximo. Pero si ustedes quieren hablar con él, yo cojo el móvil, que es de la empresa, marco su número, y una de ustedes le puede decir, por ejemplo: ¡Hola, don Pepito! Le llamamos para que nos dé una ayudita, que es para el hambre del mundo. 

¿Y, quién sabe? Lo mismo da orden para que les entreguemos a ustedes en el comedor todas las barras de pan integral que sobraron ayer. Lo malo es que con el pan integral, esos pobres niños se pueden ir de varetas, y, así, en lugar de ponerse gorditos, va a parecer que se han puesto todos a dieta, ¿no?

ESPERANZA – No, déjelo. Gracias. Pero, podemos hacer otra cosa. Si usted, que tiene cara de buena persona, nos lo permite, podríamos pasar al comedor, que ahora es hora de comer, nos ponemos en la puerta, y les pedimos colaboración a los clientes que entran y a los que salen.

LUZ –  No, “Espe”. Mejor a los que salen, porque, los que entran están ansiosos por comer, y no nos van a hacer ni caso.  Sin embargo, los que salen, están felices porque tienen ya la barriguita llena, y como vienen dándole gracias a Dios, por haber comido un día más, lo mismo quieren colaborar para una buena causa.

MARIFÉ – Sí, señor. Lleva usted razón. Que no es lo mismo lo que se siente después de haber comido a gusto tres buenos platos de paella, de croquetas de puchero, de pescaíto’ frito, y luego dos buenos postres de tocinito de cielo, y tarta de San Marcos, que lo que se siente, cuando lleva una, días enteros sin comer ni un insignificante quesito de El Caserío.

ESPERANZA - ¡Bueno! Pues, entonces, subimos y esperamos en la puerta a los clientes que vayan saliendo del comedor.

MARIFÉ – Pues, me parece a mí que no va a poder ser.

LUZ - ¡Ah, no? ¿Y, por qué no?

MARIFÉ – Pues, porque, siguiendo las normas del hotel, y por razones de seguridad, está terminantemente prohibida la entrada al hotel a toda persona que no sea cliente. ¡Vamos! Para que se haga usted una idea de cómo está la cosa, que ahora mismo entra por esa puerta un señor diciendo que es inspector de Hacienda, o incluso de Medio Ambiente, y quiere subir sin la debida autorización por escrito, y solo tengo que tocar un botón que tengo aquí debajo,  sale el vigilante jurado y de dos puñetazos lo tira por la escalera abajo con tres dientes menos,  y aquí no ha pasado nada. Y es que, como ustedes saben, las normas, son las normas.

ESPERANZA  - Oiga, que nosotras somos de una ONG, que no somos dos delincuentes, y solo venimos a pedir cinco euritos.

MARIFÉ - ¡Como si vienen a pedir una servilleta pa’ limpiarse los mocos!  ¡Eso es lo que hay!

LUZ - ¡Oiga!   ¿Y si, como usted decía, llamamos al director, y él le manda a usted un mensajito dándonos la autorización?

MARIFÉ - ¡Hombre! Si quieren hablar con él por teléfono, ahora que estará muy tranquilito en la playa, comiendo con su mujer, lo más probable es que las mande a ustedes a hacer puñetas. ¡Si conoceré yo bien a don Pepito…!

LUZ - ¡Vaya, hombre! Entonces, ¿qué podemos hacer?

MARIFÉ –  ¡Hombre! A mí, se me ocurre una cosa.

ESPERANZA - ¡Vaya! ¡Mira qué bien! A ver, a ver, qué se le ha ocurrido.

MARIFÉ – Verán ustedes. Como mi esposo es policía de aquí de Marbella, yo lo llamo, él viene a recogerlas a ustedes en el coche patrulla, y las lleva a la jefatura de la policía, que allí a estas horas, que es la del relevo de guardia, y hay por lo menos 30 policías, 10 administrativos, aparte del comisario, de los inspectores, y las limpiadoras, ustedes, por lo menos podrían recaudar de 200 a 300 euros, que no estaría nada mal, ¿verdad?

LUZ – No, mire. Mejor no moleste usted a su marido, que estará por ahí de servicio vigilando para que nadie  moleste a los ciudadanos. Yo creo, que podríamos volver otro día. ¿Verdad, “Espe”?

ESPERANZA – Sí, es lo mejor.

MARIFÉ - ¡Bueno! Si quieren, me pueden dejar su DNI, yo anoto sus nombres, anoto la dirección de la ONG, aquí, en Marbella, y pongo una notita en el tablón de anuncios, que está precisamente a la salida del comedor, por si algún cliente generoso se quiere acercar a hacer la donación allí, en persona. ¿Qué les parece?

ESPERANZA - ¡No, no! Se lo agradecemos, pero es que nosotras estamos siempre en la calle pidiendo solidaridad, y la oficina está casi todo el día cerrada, ¿comprende?

LUZ - ¡Bueno, Espe! Vamos a seguir con nuestra labor humanitaria, ¿no?

ESPERANZA – Sí, querida Luz. Que tenemos una tarea muy ardua por delante. Bueno, adiós,  ¿eh?

MARIFÉ – Vayan ustedes con Dios. ¡Ah, Esperanza!,  Y no pierda usted la esperanza, ¿eh? Que su compañera LUZ seguro que iluminará a alguien  por ahí  y  le dará los cinco euritos. Ya lo verá.  

ESPERANZA – Sí, sí, ya. ¡Vamos! Que tenemos que llegar a Torremolinos antes de que se haga de noche.  (Salen de prisa y mirando al suelo. Cuando ya no se oyen sus pasos, Marifé vuelve a hacer su comentario)

MARIFÉ – ¡Eso! ¡A la puta calle! La “Luz”  se apaga,  y la “Esperanza”  se pierde.  ¡Ja, ja! 

¡Vamos!  ¡A mí!  ¡A mí me la van a dar estas dos gilipollas!  Con lo que aprende una, aquí, detrás de este mostrador. Que yo veo entrar por esa puerta a un coreano, y aunque sea tuerto y lleve puesta una gorra  de esas coreanas, y unas gafas oscuras, antes de que abra la boca, ya yo sé,  si ese tío es de Corea del Norte, o de Corea del Sur.

¡Bueno! Y yo, siempre bebiendo agüita, porque, si encima, me deshidrato, seguro que caigo al suelo de muerte súbita. ¡Ay, qué desgraciaita’ soy!

(Telón)

Fin del primer acto.

 

 ACTO SEGUNDO

(Escena 1ª)

 (Al abrirse el telón, se ve a Marifé imitando un bostezo detrás de otro. Toma otro trago del botellín de agua, y hace su monólogo)

MARIFÉ - ¡Ay! ¡Qué hartita estoy!  ¡Cuándo acabará esta tortura! ¡Y qué largas se me hacen las horas!  (pausa)

 ¡Anda!  Otra vez estoy oyendo pasos.   Ya viene alguien ahí. Espero que no sea un tío de esos del norte que vienen a solearse y a pedir cosas raras. Verás, verás…

(A esto, aparecen dos nuevos clientes. Es Iñaki y su esposa Begoña. Ella solo trae una bolsa,  pero él, trae un maletón  en los brazos como el que trae una tarta de cumpleaños)  

IÑAKI - ¡Muy buenas! (Ahora suelta el maletón en el suelo)

MARIFÉ – (Terminando de bostezar)  ¿Buenas? Más que buenas, tienen que estar… ¡buenísimas!  Pero yo, hoy, no las he probao’ ni creo que las pruebe ya.

IÑAKI - ¡Cómo dices?

MARIFÉ – No, que estaba pensando en las croquetas  que hace Victor,  nuestro Chef, que deben de estar buenísimas, pero yo, hoy, ni olerlas.

¡Ay, perdón! Ustedes acaban de llegar, ¿no? Es que como ni siquiera he oído rodar las maletas, porque hoy estoy así… como atontá’, pensé que era alguien que bajaba del comedor.

 Es que resulta que no he comido desde hace dos días, y ya no sé si los clientes están entrando o saliendo.  ¡Bueno! Dígame.

IÑAKI - Pues, eso, que lo siento, mujer. Es que los vascos somos así. Para que no se gasten las ruedas de las maletas, pues, ¡joder! Que las traemos del brazo,  que, por  unos kilillos de nada…

 Y, hablando de croquetas, oye,  pues, si son de bacalao’ y ese Victor, las hace bien, como las hacemos allí, en Baracaldo, tienen que estar para morirse.  (Girando la cabeza hacia su esposa que está detrás suyo) ¿Verdad, Garbiña?

MARIFÉ – La que se va a morir, voy a ser yo, como no venga algún compañero a  sustituirme.

IÑAKI . Pero, oye… ¡Qué te pasa? ¡Es que no almorzaste hoy, o qué?

MARIFÉ – Ni he almorzado, ni he desayunado, ni hoy, ni ayer. Pero, es igual. Ya comeré algún día.  ¿Tienen reserva?

IÑAKI - ¿Reserva? ¡Pero qué reserva, ni qué leches? Si, allí, el Andoni, el de la agencia, nos dijo que ya estaba todo arreglado, joder. “Hotel La Gloria, habitación doble para dos personas, de domingo a jueves, con pensión completa, y con derecho al campo de golf. Que por cierto, ¿dónde lo tenéis?  

MARIFÉ - ¿Dónde lo tenemos? ¿El qué?

IÑAKI - ¡El qué va a ser, joder? ¡Pues, el campo de golf! Nosotros pedimos un hotel en Marbella con campo de golf. Y el Andoni nos dijo: LA GLORIA, tiene de todo, y debe de tener hasta campo de golf.

MARIFÉ - ¡Hombre! En La Gloria, gloria, tiene que haber de todo, y por supuesto, campo de golf para los golfos. Bueno, quiero decir, para los golfistas. Y también habrá baños turcos, y todo eso. Pero aquí, no…

IÑAKI - ¡Cómo que no? Oye, Garbi, mira lo que dice la chica esta.  Dice que no tienen campo de golf. Y, ahora ¿Qué hacemos?

MARIFÉ – Bueno, verán: Todo tiene arreglo en esta vida. Menos sustituir a una recepcionista de  hotel para que pueda ir a  comer, todo se puede arreglar. Ahí arriba, hay campo de golf, y todos los hoteles tenemos un acuerdo para que puedan jugar nuestros clientes.

IÑAKI - ¡Hombre! ¡Lo ves? Ya eso, tiene otro color. Y, el campo de golf, ¿dónde lo tienen? ¿Arriba, en el ático?

MARIFÉ – No, hombre, no. En el ático, lo que tenemos es una pequeña piscina para que nuestros clientes, cuando vuelvan de jugar al golf, se puedan  quitar el olor del sudor, y eso,  ¿comprende?

IÑAKI - ¡Ah, claro, joder! Entonces, el campo de golf está algo más arriba, ¿no?

MARIFÉ – Pues, sí. A unos dos kilómetros de aquí, en dirección a los montes de Marbella.

Ahí arriba, a unos dos kilómetros, hay un campo de golf precioso, con una hierbita… y unos hoyitos… y con unos arbolitos, dando sombra… que eso es… la gloria.

 Además, allí tienen un club, que si a usted, antes de dar un pelotazo, le da un poquillo de hambre, y entra usted, se sienta, y se come un pedazo de pizza como la boina de Urtain, antes de hacer la digestión,  ya está usted otra vez dando unos pelotazos que llega la pelota al Bajondillo de Torremolinos.

IÑAKI - ¡Hombre! ¡Fantástico! Ya decía yo. Además, a solo dos kilómetros, eso para mí es como dos zancadas de nada. Oye, y se puede jugar allí, ¿verdad?

MARIFÉ – Pues, claro. Los clientes de nuestro hotel, y los de otros hoteles, como el Don Carlos, etc., tienen acceso libre para dar allí todos los pelotazos que les salgan de las pelotas.

¡Uy, perdón! Es que cuando estoy sin comer, digo unas cosas, que ni yo misma sé de donde me salen. Seguramente, será del estómago, porque, como el estómago hoy lo tengo de muy mala leche, pues me salen cosas,  así… un poquito agrias. Me comprende, ¿no?

IÑAKI - ¡Ah!  Pues si son solo dos kilómetros, eso está a una zancada de nada, hombre!  ¡Pues venga!  A ver, una buena habitación para nosotros.  Y, oye, que digo yo, que en esa habitación… Habrá sitio para  los palos , ¿no?  

MARIFÉ - ¿Los palos? No lo entiendo. O será que, como no he dormido desde hace dos días…

IÑAKI - ¡Joder! Los palos! ¡Los palos de jugar al golf! Es que los hemos dejado en la furgoneta esa que hemos alquilado allí, en Bilbao.

MARIFÉ - ¡Hombre! Como caber, caber, creo que cabrán. ¿Son muchos?

IÑAKI – Pues, yo diría que para llenar una habitación, ¿Verdad, Garbiña?

GARBIÑA – Pues, verás. Si hiciera falta, que nos den dos habitaciones, y les pagamos el resto, ¿no? O, mejor, que nos den una suite de esas que son de  grandes como  el estadio de San Mamés, ¿no?

MARIFÉ – Lo siento, caballero, pero aquí no tenemos suites ni nada de eso. Este hotel es bueno, confortable, pero las habitaciones son todas iguales. Dobles para dos personas, y un pequeño sofá-cama por si viene algún menor.

IÑAKI - ¡Joder! ¿Y dónde coño meto yo los palos, ahora?

MARIFÉ - ¡Ah, ya! Los palos … Pues, por mí, los puede meter usted en la habitación, si usted no se fía de dejarlos en el coche. Pero vamos, que esto es Marbella, y aquí, aunque se deje usted la ventanilla del coche abierta, aquí, no le roban… ¡ni un bolígrafo de los chinos que lleve usted en la guantera!  Se lo puedo asegurar.

IÑAKI - ¡Joder! Pero si es una habitación solo para dos personas, los palos de golf no van a caber.

MARIFÉ - ¡Cómo que no? Usted puede ocupar un armario para su ropa, y el otro para los palos, ¿no? ¿Son muchos, los palos?

IÑAKI - ¡Joder, pues claro! ¡Qué ya te lo dije, joder! ¡Para llenar un comedor! Mira, verás. Como dice aquí, la mujer, tú nos das dos habitaciones, una para nosotros, y otra para los palos, y yo te pago la diferencia, y ya está.

MARIFÉ – A ver. Deme su DNI, y así puedo comprobar su reserva

IÑAKI - ¿Reserva? ¡Pero qué reserva, ni qué leches? Si, allí, el Andoni, el de la agencia, nos dijo que ya estaba todo arreglado, joder. “Hotel La Gloria, habitación doble para dos personas, de domingo a jueves, con pensión completa, y con derecho al campo de golf. Aquí tiene mi DNI.

MARIFÉ – Vale, vale. Muy bien. (Marifé comprueba en la pantalla)

IÑAKI -  (Ya, con los brazos cruzados sobre el mostrador, y observando a Marifé comprobando datos en la pantalla )

¡Bueno! ¡Y qué tal? Buen tiempo por aquí, ¿verdad? Así se puede jugar al golf sin pillar una pulmonía. Es que allí, en Bilbao, estás jugando, y cuando estás en lo mejor, cae un chupinazo de esos, y no te da tiempo ni a recoger la pelota, ¡joder!

MARIFÉ – (Mientras que espera que salgan los datos de confirmación de reserva) Ya. Pues, aquí, de chupinazos de esos, bien pocos. Yo diría que ninguno. Que no solamente está usted en Marbella, donde gozamos del mejor clima del mundo. Que, además, usted se va a alojar en LA GLORIA, que es lo más de lo más. Si no fuera porque a veces, las recepcionistas pasamos un poquillo de hambre…

IÑAKI- ¡No me lo diga!  ¿Pero es que  no le pagan el sueldo, o qué?

MARIFÉ – No, hombre, no. Que pagar, pagar, aunque no sea mucho, sí que me pagan. Lo que pasa es, que hay días, que te quedas sin comer, porque la chica que me releva está con las reglas, y como no para de llegar gente, ¿qué puede hacer una? ¿Los dejo a ustedes aquí, cansados del viaje, deseando acomodarse y tomar una duchita, esperando a que yo vuelva del comedor? Habrá quien lo haga, pero yo, hasta ahí, no llego. Antes, prefiero morir de hambre, que dejar a los clientes de LA GLORIA sin atender.  

IÑAKI - ¡Pues, claro, joder! ¡Así se habla!  A ver, dime si quieres quedarte con mi carné o si tengo que firmarle un autógrafo o algo.

MARIFÉ - Muy bien. Pues, nada. Aquí tiene el carné y la llave de su habitación que es la 518. Y las de la 520 para los palos, que está al lado.

Que sepa usted que la limpiadora limpiará solo la habitación de ustedes, pero la de los palos esos, ni abrirla. Por cierto. ¿No les importará estar un poco alto, verdad?

IÑAKI – ¡No, qué va! Así puedo ver mejor el campo de golf, y puedo ver si me conviene más este golpe o el otro, ¿comprendes? Es que en esto del golf, la estrategia cuenta también, ¿sabes? Oye, en la habitación nuestra tendrán también un televisor, ¿verdad?

MARIFE – ¡Pues, claro, caballero! Que esto es LA GLORIA de Marbella, que no es una mala pensión de una barriada de Baracaldo. Que hoy día, un hotel sin televisión en sus habitaciones, es como… como una piscina sin agua. Que usted la mira, y se dice: “Sí, sí, muy bonita, pero si no tiene agua, ¿qué coño hago yo aquí?

IÑAKI - ¡Oye! Y tendréis también el aparato ese, ¿no? ¿Cómo se llamaba eso, Garbi? ¡Joder, que nunca me acuerdo!

GARBIÑA – El DVD

IÑAKI - ¡Sí, eso, joder! El DVD ese. También lo tendrán, ¿no?

MARIFÉ – No, caballero. Eso es ya muy antiguo. Ese aparato era para hacer o para ver grabaciones, y eso. ¿Y ustedes, para qué quieren un DVD, aquí, en LA GLORIA?

IÑAKI - ¡Coño! ¡Pues, para qué va a ser? Pues, para ver mis jugadas de golf, que a mí me las graban todas. ¿Verdad, Garbi?

GARBIÑA – Bueno… todas… todas… Pero, oye,  si aquí no tienen eso, no pasa nada, que después, lo vemos en casa, y eso.

IÑAKI - ¡Lástima, hombre! Con la ilusión que me hacía verme yo en la tele, dando esos golpes. Y después, las comparo con los que daba mi amigo “El Ballesteros”, y así, va uno perfeccionando, ¿comprendes?

Oye, Garbiña. Y, aquí, en Marbella, ¿no habrá  un hotel que tenga el DVD ese, joder! Es que podríamos preguntar a un municipal, y seguro que lo sabe.

GARBIÑA – Sí, Iñaki. Pero… ¿Y comer? ¿Cuándo vamos a comer?

IÑAKI - ¡Joder, Garbiña! ¡Qué prisas te han  entrao’ con eso de comer! Que, aquí, hemos venido a jugar al golf, y a estudiar los golpes en el DVD ese de los cojones, pa’ que después lo vean allí, en la peña nuestra de Bilbao. ¡Que eso sería la reostia!

¡Ale! Vamos, que verás como encontramos un hotel que tenga el cacharro ese, que siempre dicen por ahí eso de …“Lo que no haya en Marbella…”

           (Agarra la maleta en brazos cual si fuera un caniche y ante la mirada estupefacta de su esposa, y la de indiferencia de Marifé, sale decidido)

 (Una vez los vascos fuera del escenario)

MARIFÉ – (Quitándose las gafas y con cara de despecho)

Sí, claro. En Marbella hay de todo. Menos los aparatos esos de DVD, y menos una sustituta para que la recepcionista pueda ir a comer, aunque sea una rodajita de salchichón, aquí hay… ¡ de todo!  ¡Mira, que tiene!

Bueno, a ver si llegan ya de una vez los clientes de Sevilla, que para colmo también viene ya con retraso, y espero que no vengan también con problemas, que ya me estoy hartando de guiris que buscan cosas raras, de vascos que juegan al golf, y de tanta  gente rara. Y yo, sin comer.

 (A esto suena el teléfono)

MARIFÉ – Hotel “La Gloria”. Lo siento, pero no quedan habitaciones libres.  ¿Cómo dice? ¡Ah! Que ustedes son los clientes que vienen de Sevilla, ¿no? ¡Ah, ya! Pues aquí estoy esperándoles para darles la entrada. Vienen ustedes un poquito tarde, ¿no? Ah, que están buscando aparcamiento.

 Ya. Pues, a ver si tienen suerte, porque la cosa está fea. No, que quiero decir, que ahora en verano, a la hora que es, aquí en Marbella, de parking nada de nada. Todo lleno. Y en la calle, tampoco. Vamos, que si hoy viniera la mujer de Obama, ¡como no venga en un taxi..!  Y eso, si lo encuentra. Por eso, siempre están ahí los coches de caballos, por si acaso. 

No, yo no les puedo recomendar nada, lo siento. Bueno, sí. Lo mejor es que paren ustedes aquí, en la puerta, uno de ustedes se queda aquí con las maletas, y el conductor, que se vaya a Puerto Banús, que allí puede encontrar algún sitio.

¿Cómo? Ah, sí.   Hombre, allí, en el mismo “Corte Inglés”, puede coger el autobús, que es el UNO, y a los veinte  minutos o así, lo deja por aquí, en la alameda, y sin problema.

¿Qué si voy a estar aquí? Desgraciadamente sí. ¡Uy, perdón! Quiero decir, que hasta que ustedes lleguen, y ya yo vea que todo el mundo está en su sitio, no me puedo ir a comer.

Pero, vamos, que si usted llega y se encuentra con una recepcionista en el suelo, ya fiambre, no se preocupe. Se sienta a descansar un ratito, que ya vendrá alguien a hacerse cargo de la recepción, mientras que llega el forense.

 (Pausa)

De acuerdo. Tenga cuidado, que ahora en verano, la gente va conduciendo como loca, y van corriendo como si Marbella fuera el circuito de Jerez. ¡Vamos, por Dios! ¡Ni que fueran a quitarle la comida!

 (Cuelga y de pronto, se acuerda de algo. Vuelve al teléfono y marca un número)

Faustina. ¡Hola, hija! Tú estarás ya limpiando la última habitación ¿no? ¡Mira, guapa! ¿Tú no me dijiste un día que como eres diabética desde chiquitita, siempre llevas  en el bolso un caramelito, o  un bomboncito de chocolate, o algo?

(Pausa)

¿Cómo? Ah, que tú lo necesitas porque si te da un bajonazo, te tienes que comer algo de eso para no caer en coma, ¿no?

No, no, por nada. Es que el ajito del salmorejo, me ha dejao’ un aliento así, como un poco fuerte, ¿no? Y claro, como tengo que recibir a los clientes, no quiero yo que a alguien se le ocurra poner algo feo en la hoja de reclamaciones, y como ya conocemos al director, me veo el lunes limpiando los chiringuitos de la playa.

 ¡Vale, chata! Gracias, hija. No te preocupes, que ya se me ocurrirá algo. Que siempre podré recurrir a ese truquillo tan antiguo de ponerme la mano o el pañuelo en la boca, y cuando el cliente pregunte, le digo que tengo un gripazo de muerte. Y así, verás como no se atreve a acercarse ni a darme el carné de identidad.  Hasta luego.

 (Cuelga)

No, verás. Es que como las cosas te salgan mal desde el principio, no te esfuerces, que no te salva ni Dios. Vamos, que mañana, si estoy viva, me traigo el bolso lleno de caramelos, de chocolatinas, de galletas,  de dátiles sin hueso, pero a mí, esto no me pasa más.

Bueno, iré preparando  la entrada de esta gente de Sevilla, que tiene que estar al llegar.

(Ahora, oye voces, mira  hacia arriba con gesto de decepción, y exclama)

Míralos. Hablando del rey de Roma… ya están ahí, porque esa voz, y esas expresiones chillando tanto, quejándose de lo que pesan las maletas al sacarlas del maletero,  eso… eso me dice que el que va a entrar es un sevillano, y del barrio de Triana. Ya lo verás. 

Bueno, a ver si termino ya de una puñetera vez, que ya no tengo fuerzas ni para ponerme de pie.  (Vuelve a colocarse las gafas)

  (A esto que entra “Paqui”)    

 ESCENA 2ª

 

  (Entra  “Paqui” arrastrando un maletón y una maleta algo más normal)   

PAQUI - ¡Buenaaaas!

MARIFÉ – (Desvía la mirada de su ordenador para mirar a Paqui un instante y con el mal talante que da un estómago no satisfecho, contesta)

Sí, sí. Muy buenas.

PAQUI – Oye, mira. Que tenemos una reserva hecha de una habitación doble para una semana con P.C., aquí, en LA GLORIA.

MARIFÉ - ¡Hombre! Pues, me parece muy bien. ¡Uy! Perdón. Quería decir, que sí, mujer. Porque, usted, es mujer, ¿no?

PAQUI - ¡Hay, hija! Es que acaso no lo parezco?

MARIFÉ – Pues… yo diría que sí. Pero, es que hoy día, ya no se ven personas. Se ven tatuajes, y lo demás, es lo mismo todo. Pantalones, camisas, pendientes, pulseras, gafas enormes, gorras… ¡Vamos! Una cosa así, como usted ya me entiende.

PAQUI - ¡Hija, por Dios! Pero, yo, después de tantas operaciones, que me miran todos los hombres… ¡Ya quisieran muchas!

MARIFÉ - ¡Hombre! No lo quepa la menor duda.

PAQUI - ¡Bueno!  Eso…, que teníamos la reserva esa.

MARIFÉ – Sí, mujer. Ya me he enterao’, pero, ¿y los papeles?

PAQUI - ¿Los papeles?  ¿Qué papeles? Si ya, todos los papeles están en el juzgao’. ¿para qué más papeles?

MARIFÉ – No. Si yo no me estoy refiriendo a los papeles de su boda. Yo quiero solamente los papeles de la reserva. Porque, usted dice que ya hicieron la reserva, ¿no? Y, seguramente, la habrán hecho en una agencia. Y esa agencia, les habrá dado una copia, ¿no?

PAQUI - ¡Ay, pues, no!  O mejor dicho… ¡Pues, sí! Pero ya no sé ni donde los he puesto. ¡Hija! Es que, llevamos un día… Que ya lo decía mi padre, que en la gloria esté. Bueno, quiero decir… que en paz descanse. Él decía: “Hay días que no deberían amanecer”  

MARIFÉ – Dígamelo a mí, que a la hora que es, todavía estoy sin desayunar. Y, a este paso, veremos si esta noche me da tiempo de tomarme una natilla antes de acostarme. Porque ya debería haber llegao’ la recepcionista del turno de tarde, y de momento… brilla por su ausencia.

PAQUI - ¡Hay, hija! Cuanto lo siento. Es que no hay derecho. Con tanto paro, y tanta gente queriendo trabajar…

MARIFÉ – Po’ sí. Eso mismo digo yo.  ¡Bueno! A lo que íbamos. Los papeles.

PAQUI - ¡Ah, sí! Los papeles. Es que, verás, guapa. Esta mañana, na’ más salir, cuando estábamos ya entrando en la autopista,  pues… ¡ un pinchazo!  ¡Ea! Eso, pa’  empezar.

MARIFÉ - ¡Vaya por Dios! Es que eso de cambiar los neumáticos, con lo caros que están ¿verdad?  Es que los neumáticos deberían durar toda la vida, y no como los que hacen hoy, que estás en Sevilla, y te da un día por sacar el coche para ir al Mercadona, y cuando vuelves, ya están gastaos’.  

PAQUI – ¡Buenoooo! Y no te quiero contar lo mal que lo pasamos pa’ cambiar la rueda.  Más de una hora. ¡Hija! Es que te enseñan a conducir pero no te dicen cómo hay que cambiar una rueda. Y como era la primera vez…

Pero, eso no es todo. Na’ más que llevábamos media hora o así, la Guardia Civil, que nos para, así porque sí. Como si nos hubieran visto cara, así, de recién-casados. Es que, debemos de tener, así, como un sello, ¿verdad?

MARIFÉ – Sí, seguramente. ¿Y, por qué les paró? Si se puede saber…

PAQUI – No. Es que, verás. Como muchas de nuestras amigas,  como “La Salvaora”, La petróleo”, “La cursi” “La Melany”, “La Yoly”, ¡bueno! Todas ellas. Tu sabes… no pudieron venir a despedirse pa’ desearnos  una feliz luna de miel, pues… ¡ eso! , que me estaban llamando al móvil. Y yo, claro, eso de llamar, ni hablar, pero una es educada, y si me llaman, pues… tengo que contestar.

MARIFÉ - ¡Y lo trincó a usted hablando… la Guardia Civil de tráfico!

PAQUI - ¡Eso mismo! ¡Vamos, que me pillaron!

MARIFÉ -  Y… no me diga que… ¡vamos! ¡Que le pusieron una multita!

PAQUI - ¡Multita? ¡Nos  pusieron un multazo de 600 euros!  ¡Vamos! Que, un poco más, y tengo que volverme a Sevilla y devolver la reserva del hotel.

MARIFÉ – No lo creo. Usted podrá devolver las croquetas, la tarta, y todo eso, pero la reserva… no, porque esta reserva estará hecha esta semana, y desde el día uno no damos seguro de cancelación, ni nosotros, ni las agencias.

PAQUI - ¡Ay, coño! ¡Qué habré hecho pa’ que me pasen a mí toas’ estas cosas? Ya podría yo haber dejao’ la boda pa Navidad, que es más bonita, y no ahora, con estos calores.

MARIFÉ – Dígamelo a mí  (Abriendo el abanico y echándose aire) Que ya no sé si estos sofocos son de la menopausia, del calor que hace, o de no haber comío na’ desde ayer a las ocho de la mañana.  

PAQUI – Desde luego, hija… ¡Oye! Te estoy escuchando, y a mí me parece que tú eres, así, como de Huelva, o de Cádiz, ¿no?

MARIFÉ - ¡Hombre, claro! Yo soy de Sanlúcar de Barrameda. Se me nota, ¿verdad?

PAQUI - ¡Claro que sí! Ya decía yo… ¡Menudos langostinos nos comimos mi novio y yo en Sanlucar la semana pasá’. Y, después, nos pusieron unas tortillitas de camarones, unas gambitas a la plancha, y un platito  de calamares que…

MARIFÉ - ¡Bueno! ¡Ya está bien, no? ¡Coño! Que ya le he dicho que no como ná’ desde ayer a las ocho.  Y usted, hablando de calamares, de tortillitas ¿Hombre, por Dios! Que como me caiga en redondo, a ver quién le hace a usted el registro y le da las llaves. ¡Como no llame usted al director que está ahora mismo en Zahara de los Atunes, poniéndose hasta los ojos de gazpacho y de arroz con mariscos!

 Es que me lo imagino. (Ahora simula que habla por teléfono)

“¡Oiga! ¿Es usted el director? Mire, que estamos aquí, en LA GLORIA, y como la muchacha esta de recepción se ha desmayao’ de no comer, a ver si usted podría venir un momentito a echarnos un cable y nos da las llaves de la habitación, que estamos en luna de miel”.

Y el director, en vez de venir a darle las llaves, lo que le puede echar es una maldición. Eso, si es que antes no llama a la policía.

PAQUI - ¡Ay, hija! ¡Qué día más malo llevo, coño! ¡Mira, muchacha! No te vayas a desmayar ahora, ¿eh? Si quieres, me acerco un momentito al coche, y te traigo un bocadillo de jamón que nos ha sobrao’.

MARIFÉ - ¡Ay, no me lo diga! ¡Con el hambre que tengo, y con lo que me gusta a mí el jamón!  Además, que ya estoy dispuesta a darle un bocao’ a lo primero que venga, sin tener en cuenta las normas, y aunque me sancionen con tres días de suspensión de empleo y sueldo.

Oiga, y ese jamón de dónde es, de Guijuelo o de Cumbres Mayores?

PAQUI - ¡Ay, hija! ¡Y yo qué sé! A mí, es que eso de la geografía nunca se me ha dao’ bien, y yo no sé dónde estaría empadronao’ el jamón ese. Pero, vamos, que de cerdo es… seguro. Y ya, si quieres, te traigo también una cervecita de la Cruz Campo bien fresquita.

MARIFÉ - ¡Ay, no me lo diga! ¡Vamos! Que si usted me trae ese bocadillo de jamón y esa cervecita, yo, ahora mismo, le hago la entrada, la salida, y hasta el paseíllo’ con un pasodoble.  Y mientras usted espera aquí a su…¡bueno! A su maridito, yo me meto en el W.C, como aquella que se está meando, me siento en la taza y de dos bocaos’ me como ese bocadillo.

Y si viene alguien, usted le dice que la recepcionista viene enseguida.

(Colocando las manos en postura de oración)  ¡Ay, por favor!

PAQUI – Pues, yo le dejo aquí las maletas pa’ que usted las custodie, y ahora mismo, voy al coche, que no tardo ná!

 (Se echa la “mariconera” hacia adelante, y se pone a buscar la llave del coche)

¡Ay, joé! ¿Dónde está la llave del coche? Si es que ya digo yo, que hoy…

MARIFÉ – Pero, ¿no dice usted que usted venía conduciendo el coche?

PAQUI – Sí, pero… ¡Claro! Es que mi marido me dijo en la puerta: “Cari, dame las llaves, y mientras, yo busco un aparcamiento y me llego a una farmacia a comprar un tubito de… ¡Bueno! Un tubito”.

 Pues eso, que me dijo que yo, mientras, hiciera lo de la habitación y eso, ¿Comprende?

MARIFÉ - ¡Ah, claro! Ya decía yo, que hoy yo,  también me quedaba sin comer.  

PAQUI - ¡Bueno, mujer! No te pongas así, que el mundo no se acaba hoy. Digo yo… Ahora mismo cojo el móvil, y hablo con mi “Ricky” pa’ que él te traiga el bocadillo.    A ver…  (Hace que teclea en el móvil)

¡Ricky! Mira, cari. ¿Que dónde estoy? ¿Dónde voy a estar pichurri? Aquí, en LA GLORIA.  Bueno, quiero decir, en el hotel LA GLORIA . Y tú, ¿dónde estás? 

(Pausa)

Ya, ya. Que te ha costao’ trabajito encontrar un sitio pa’ el coche. Pero, lo encontraste, ¿no? Ah, ya. Que era el único que estaba libre. ¡Mira qué suerte! ¡Hijo! Ya era hora de que algo nos saliera bien, ¡coño! Que vaya comienzo  de luna de miel, que esto ya, en vez de una luna de miel, parece una película de Fernando Esteso. ¡Hijo, por Dios!

Bueno, mira. Que, es que tengo aquí, conmigo, a Marifé. ¿Cómo? ¡No, hombre, no! ¡Cómo voy a tener aquí a Marifé de Triana? ¿Es que todavía no te has enterao de que Marifé de Triana no está ya en este mundo? Esta muchacha es Marifé de Sanlucar. Es que resulta que la pobre no come na’ desde ayer.

¿Cómo? ¡No, hombre! A dieta, no está. Que es que, ella está aquí trabajando desde ayer, y por lo visto, no ha parao’ de entrar gente pa’ hospedarse en el hotel, y no la han dejao’ ir a desayunar, y mucho menos a almorzar. ¿Cómo? No. La sustituta, por lo visto, no ha podío’ venir porque está con las reglas.

 ¿Qué pa’ qué te cuento a ti to’ esto?  No, si yo no tengo por qué contarte a ti estas cosas de mujer. Lo que quería decirte es que al venirte pa’ acá, te acerques al coche, y coges el bocata de jamón que nos ha sobrao’, que está en la guantera, y te lo traes pa’ que se lo coma la recepcionista. Ya, ya, de paso, te traes una cervecita que hace mucho calor.

¿Qué vas a tardar un ratillo? Bueno, pero te vienes lo antes que puedas, eh? Que yo estoy ya cansá’, y me quiero dar una ducha. Y, además, esta pobre muchacha está ya a punto de desmayarse, y como se caiga en redondo, hoy nos quedamos sin habitación y durmiendo en el coche. ¡Que ya, es lo que faltaba!  ¡Vale, un beso, cariño!  Y yo, y yo.

MARIFÉ – Oiga, ¿y va a tardar mucho su… bueno…, su pareja?

PAQUI – No. Una media horilla o así.

MARIFÉ - ¿Nada menos? ¡Uf!  Pues, yo creo que, a esa hora, yo, ya estoy en el otro mundo.

PAQUI - ¡Ay, hija! ¡Qué pesimista eres! Y a mí, que me habían dicho que las recepcionistas de los hoteles, aparte de pedirles cinco idiomas, dicen, que tienen que tener buen carácter, una sonrisa bonita, y un buen humor, siempre.

MARIFÉ – Sí, pero eso, será, a las que hayan comido ¿no? Pero yo no…

PAQUI - ¡Hija, por Dios! Si yo supiera donde ha dejao’ el coche mi marido, y si tuviera la llave, yo misma iba y te traía el bocadillo de jamón.

Oye, ¿no hay por aquí cerca algún súper?

MARIFÉ - ¡Qué va, hija! Esto es Marbella. Y aquí, los súper están en las afueras. ¡Vamos! Que a ti, aquí, se te antoja una tableta de chocolate, y la tienes que encargar por Internet. Pero, bueno. Todo es acostumbrarse.

PAQUI – Hija, ¿sabes lo que te digo? Que esto será LA GLORIA,  pero, yo estoy viendo que algunas cosas, aquí, no están en su sitio ¿eh?

MARIFÉ - ¡Hombre, claro! Ni siquiera yo, que ahora no debería estar aquí, en mi sitio, sino que debería estar sentadita muy tranquilita en el comedor, con un platito de paella, con mi cervecita… ¡Uy! Yo no sé cómo tengo yo moral pa’ hablar de comida, con el hambre que tengo.

(A esto, suena el móvil de Paqui)

PAQUI – Dime, chati. ¿Ya tienes eso? Porque, yo, aquí, hablando na más que de multas, y esta muchacha, con más hambre que un taxista en La Isla del Perejil, estamos ya, pa’ tirar la toalla. Y nunca mejor dicho, porque estoy de sudor hasta el canalillo, y hasta que tú no vengas con los papeles de la agencia, y el bocadillo de jamón, esta que está aquí no puede ni darse una simple ducha.

¿Cómo dices? ¿Qué me vaya preparando? ¡Hijo, qué quieres que me vaya bajando las bragas aquí mismo? ¿Es que no puedes esperar a que subamos a la habitación?

MARIFÉ – Oiga, pregúntele si va a tardar mucho.

PAQUI – Mira, chati. Que dice la muchacha  recepcionista que… ¿Cómo? ¿Qué se han llevao’ qué?  ¡El coche? ¡Mi coche?  ¡Ay, Dios mío! ¡Ay! Que la que se va a desmayar voy a ser yo. ¡Per, eso cómo es? ¿No dicen que aquí, en Marbella, no roban ni a los turistas?

 ¡ Que vamos a tener que pagar otra multa?  ¡Coño, pero cómo es eso? ¡Encima de que nos roban el coche, ahora, nos ponen una multa! ¡Vamos, esto es de película! ¡El qué? ¡Que se lo ha llevao’ la grúa?  Pero… ¡Qué me estás diciendo?  ¿En eso de los minusválidos?

¿Y, a ti, cómo se te ocurre aparcar ahí? ¿Y por qué no te fijaste mejor?

Esto ya es… el colmo. ¿Y, cuanto hay que pagarle al guardia?  ¿El qué? ¡Que tenemos que ir a retirar el coche al depósito y pagar los gastos y encima una multa de 300 euros?

¡Pero, coño!  Nosotros,  ¿ a dónde puñetas hemos venío’ , a La Costa del Sol, o a la Costa de la Muerte? Porque, hijo. Como siga esto así, nos volvemos mañana, pero  en el coche de la funeraria.   

Pues, ya voy pa’ allá. Dime dónde estás. ¿En Puerto Banús? ¡Hijo! ¿Hasta allí fuiste a buscar un aparcamiento? Desde luego… Y ahora, ¿qué hago? Que coja un taxi y le diga que pare en la rotonda de Puerto Banús, que allí tú, ya, estarás esperándome. Vale, hijo. Ahorita nos vemos.

(Acicalándose un poco y cogiendo la maleta)

¡Ay, Dios! Si llego a saber esto, yo no vengo a Marbella a pasar la luna de miel. ¡Bueno, es que ni me caso!  ¡Con lo bien que vivía yo de soltera! Y ahora, todos los gays están locos de contentos porque ya se pueden casar. Como decía mi madre que en paz descanse.  “ Cuando un día empieza malamente,  mejor es darse la vuelta, porque, si sigues, todo te sale mal” ”  ¡ Ycuánta razón llevaba!

MARIFÉ - ¡Hombre, claro!  Ya lo dice el refrán: “Quien no haga caso a los viejos, no llegará lejos”. Ni siquiera a Marbella, que está a dos pasos.

PAQUI - ¡Ea! Ahora, a ver dónde coño nos metemos una semana con un precio baratito, pa’  llegar a Sevilla disimulando, tan felices, como si volviésemos de pasar una maravillosa luna de miel en la mismísima gloria.

Adiós, muchacha. Y no te apures, por no haber comío, que “hambre que espera jartura, no es hambre ninguna”.

(Ahora, Paqui desaparece murmurando sobre su mala suerte)

MARIFÉ – Desde luego… dos días sin comer y encima aguantando aquí a toda clase de clientes, que si un campo de golf, que si fotos a los platillos volantes, que si a otros les llueven las multas…

Desde luego, esto será LA GLORIA, pero la gloria, gloria,  lo que se dice La gloria, no es.

Y, ahora, a esperar a que venga Rambo. Y yo, sin poder moverme de aquí. Y ya me estoy sintiendo, así, como si fuera a caerme patas arriba. Desde luego… como no sea que  ocurra un milagro, que no creo, me parece a mí, que yo, a mañana no llego.

(Pausa)                              

ESCENA  FINAL

 

¡Vaya!  Ahora , por lo que estoy oyendo, parece que ha parado un coche en la plaza de parking del hotel. Lo que me faltaba era otro cliente. Ojalá sea un taxi, o alguien que llega a recoger a un familiar y se larga antes de decir “adiós”.

¡Bueno! Por si acaso, me pongo seria, me coloco otra vez las gafas, y que Dios reparta suerte.

(A esto, aparece don Mario, muy apurado y con una mano puesta en sus partes íntimas, como si estuviera aguantando los pantalones cuando se afloja la correa)

DON MARIO - ¡Señorita! Perdóneme por entrar de este modo. Es que tengo un problema serio de próstata y necesito entrar un momento en los servicios. Si no le importa, por favor. Se lo agradecería mucho.

MARIFÉ – Sí, sí, claro. Pero los servicios más cercanos están en la primera planta, y mientras llega el ascensor, y recorre usted todo el pasillo, podría usted tener un… un percance. ¡Mire! Mejor, entre usted aquí, a mi derecha, que hay un servicio para nosotros, los de recepción. 

DON MARIO - ¡Oh, qué bien!  Muchísimas gracias.

(Entra “volando” y sin soltar la mano de sus partes bajas)

MARIFÉ -  Desde luego… Esto es… pa’  contarlo. He regalado las guardias a dos compañeros,  estoy muertecita de hambre, he tenido que aguantar a unos clientes, que parece que no hayan estado en un hotel en su puñetera vida, y ahora, tengo que dejar mi cuarto de aseo personal a un señor que está tocao’ de la próstata y se viene meando por las patas abajo.  ¡Esto solo me pasa a mí!

(Dando toquecitos con los dedos en el mostrador, con gesto de enfado)

MARIFÉ – Y espero que este buen señor, apunte bien, no sea que me deje el suelo hecho un asco y tenga yo que hacer de limpiadora también, para que no me falte de nada. ¡Ay, Dios mío!  Llevo dos días… ¡Que para mí se quedan!  

(Ahora, ya más tranquilo, va apareciendo don Mario, con gesto de “tranquilidad”, apretándose la correa y abrochándose los botones de la chaqueta)

DON MARIO – Señorita, no sabe cómo se lo agradezco. Es que a estas horas, no sabía dónde parar para esta necesidad, y cuando ví las banderas en la fachada del hotel, vi el cielo abierto.

MARIFÉ – Bueno. Usted querrá decir que vio abierto el hotel LA GLORIA, que se parece mucho, pero no es lo mismo.

 Pero no tiene usted que darme explicaciones. Hizo usted bien en parar aquí. Y no tiene nada que agradecerme, caballero. Cualquiera habría hecho lo mismo en mi lugar.

DON MARIO – Perdone que le haga una pregunta tan indiscreta. ¿Por qué lleva usted esas gafas de sol y tan grandes, con lo guapa que es usted? ¿Se trata de alguna medida de prevención por algún problema ocular, o fotofobia,  o  algo así? Créame que lo sentiría mucho, con lo joven que es usted.

MARIFÉ - ¡No, qué va!  Verá. Es que hay problemas de personal en el hotel, y como no han podido sustituirme en dos días, pues, tengo unas ojeras, que parece que estamos en Halloween, porque no he dormido nada desde que me incorporé el viernes, y por desgracia, y cumpliendo también con las normas, no he probado bocado desde entonces.

DON MARIO - ¡Cuánto lo siento!  Pues, mire, le voy a dejar mi tarjeta, y si alguna vez va usted por la zona de Huelva, no dude en llamarme, y si puedo hacer algo por usted, me agradaría complacerla. Aunque fuese solo invitarla a cenar.

(Marifé echa un vistazo rápido a la tarjeta de presentación de don Mario, y reacciona de súbito antes de que éste salga a la calle poniéndose bien la corbata)

MARIFÉ - ¡Oiga, oiga!  Perdone usted, don Mario, que no quiero entretenerlo.  Es que , por lo que veo aquí,  usted es director gerente de una cadena de hoteles en la costa onubense. ¿No es así?

DON MARIO - ¡Es evidente! Soy director de la cadena de hoteles PARADISE,  o “PARAÍSO” en español.  Precisamente, dentro de unos días, inauguramos otro hotel de cuatro estrellas en la costa de Huelva.

MARIFÉ - ¡Oiga, don Mario! Y, por casualidad, no tendría usted un empleíto para mí en uno de sus hoteles? Es que yo soy de Sanlúcar, y me encantaría poder trabajar en mi zona. Además, tengo allí a mis padres, que son mayores. Ya sabe…

DON MARIO – Pues… veamos. ¿Sabe usted idiomas?

MARIFÉ - ¿Qué si yo sé idiomas? Pues, aunque usted me vea aquí, en este hotelito urbano, y muerta de hambre y de sueño, yo hablo cinco idiomas. Español, inglés, francés, alemán, y el flamenco. Pero no, el flamenco de Camarón ,  sino el de los países bajos.

DON MARIO - ¡Qué barbaridad!  Oiga, señorita. Precisamente estamos buscando a una persona con esos idiomas para que trabaje con nosotros como recepcionista jefe.  Si usted acepta el puesto, le doblamos el sueldo que usted gane aquí.

MARIFÉ - ¡No me lo diga!  (Va saliendo del mostrador) ¡Ay, don Mario! Eso sería mi salvación. Cuente usted conmigo… ¡Desde ahora mismo! Bueno, quiero decir desde las nueve de esta noche, que a esa hora, supongo que llegará el vigilante jurado que me va a hacer el turno de noche.

¡Ay! Que no me acordaba. ¿Y qué hago con mi marido? ¡Pobrecito mío!  Porque, eso de venir a Marbella todos los días desde Huelva, no creo que le guste mucho. ¡Qué pena!

DON MARIO - ¿Y a qué se dedica su esposo, si lo puedo saber?

MARIFÉ – Es policía , aquí, en Marbella.

DON MARIO - ¿Policía? ¡Qué casualidad! Pues, resulta que estamos buscando una persona seria y responsable y con cierta experiencia, y psicología, para ofrecerle el puesto de Jefe de Seguridad del Casino de nuestro nuevo hotel.  ¿Usted cree que…?

MARIFÉ - ¡Uy! ¡Eso está hecho! ¡Estoy segurísima que él estaría dispuesto y encantado de serle útil en ese hotelazo!  Y le puedo garantizar que está… ¡vamos! Que está súper-preparado para un puesto de esa responsabilidad.

DON MARIO – Pues, dígale que le doblamos el sueldo que tenga aquí, de policía.

MARIFÉ - ¡Ay, Dios mío!  Esto es como un milagro de mi  Virgencita del Rocío. Seguramente es que estaba aquí en La Gloria viéndome sufrir y me ha echao’ un cablecito.   Déjeme que le bese la mano, don Mario (Intenta cogerle la mano)

DON MARIO – No, mujer, que no es para tanto (Retirando la mano) .  Bueno, pues ahora tengo que marcharme porque he venido a realizar unas gestiones, y después de almorzar, tengo que volver a Huelva.  Mire. Llame mañana a ese teléfono que figura en la tarjeta, yo le paso con el jefe de Recursos Humanos, y ya él le explicará todo lo que debe hacer. Ya sabe… el papeleo y todo eso. No se preocupe, que todo saldrá  bien.

MARIFÉ – Vale. Vaya usted con Dios, don Mario. Un millón de gracias,  y que tenga usted un buen viaje de vuelta.

DON MARIO – Gracias. Adiós, adiós.  ( Se marcha a paso ligero)

(Ahora, Marifé, que no cabe de júbilo, hace su monólogo, mientras se va cerrando el telón)

MARIFÉ - ¡Ay, qué alegría! Cuando se lo diga a mi chati, no se lo va a creer. Y, ahora, me cambio, cojo mis cosas, dejo una nota en el mostrador que diga: “La recepcionista se ha marchado. Si desean alojarse o tienen algún problema, llamen al director “don Pepito”  a este número de móvil, que él, muy amablemente le atenderá” ¡Ja, ja,ja!

Total, lo único que me puede pasar es que me despidan. Pero como sería un despido improcedente, porque no me han permitio’ ni  ir a comer, ni a dormir cinco horillas siquiera, lo más seguro es que me tenga que indemnizar con una pasta gansa, porque yo llevo aquí un puñao’ de años.  ¡Ja, ja!  Esto me va a salir reondo’. 

¡Coño! ¡ya era hora de que me saliera algo bien!

  Y me voy a casa a comerme un pollo asado y a echarme un rato que falta me hace. Aunque la verdad es que ya no tengo ni hambre ni sueño.  Y es que esto es para perder el apetito, el sueño, y hasta el  conocimiento. Porque, pensándolo bien, es que voy a pasar directamente de LA GLORIA al PARAISO, que no es moco de pavo. ¡Ja, ja! ¡Ja, ja! 

¡Uy! Qué mareo tengo. Creo que me voy a caer de un momento a otro. Me voy a acercar al sofá, porque, ahora que me ha llegado por fin, la buena suerte, no quiero darme un cabezazo en el suelo.

(En este momento, se lleva la mano a la cabeza como sintiendo algo de mareo, se acerca tambaleando  al sofá (o al sillón), y se deja caer como desplomada.  Mientras se va cerrando el telón, ella, levanta un poco la cabeza y la parte superior del tronco para decir en tono muy “cómico”  “¡Qué  contenta … estoyyyyyyyyy ¡ “ y vuelve a desplomarse, porque su cuerpo y su mente ya no resisten más “emociones”. El móvil vuelve a caérsele al suelo, y ella, al oír el porrazo, con voz un poco ya entrecortada del mareo, dice:

MARIFÉ  - ¡Otra vez el cacharrito?  (Se levanta como puede, coge el móvil, abre la llamada y contesta  con voz de cansada)

Hotel  La Gloria, dígame.  ¡Ah, hola don Pepito. Quiero decir, hola don José!  ¿Qué si estoy todavía en La Gloria?  De momento, sí. Pero mañana no estaré, porque en El Paraíso me quieren ver.  Adiós, don Pepito. Adiós don José.

¡Ja, ja, ja!   ¡Ja. Ja! 

   TELÓN,  y fin de la obra.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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