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NUESTRA SEÑORA Y SUS DEVOTOS FRAILES

de ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“NUESTRA SEÑORA Y SUS DEVOTOS FRAILES”

 

Farsa de humor celestial en dos actos, original de

 

Rogelio San Luis

rogeliosanluis@yahoo.es

 

PERSONAJES

(Por orden de aparición)

PADRE IGNACIO

PADRE FRANCISCO

HERMANO DOMINGO

VIRGEN

 

_______________________

La acción, en un convento.

Época, actual.

Lados, los del espectador.

_______________________

 

ESCENARIO

Celda humilde de un convento en las afueras de la ciudad.

En el primero izquierdo, puerta al servicio.

En el segundo derecho, puerta de entrada.

En el foro izquierdo, y próxima a la pared, cama de una plaza con los pies frente al público.

Destacado crucifijo encima de la cabecera.

En el centro del foro y parecida a la Inmaculada de Murillo, gran imagen de esta Virgen.

En el foro derecho, una silla.

Demás cosas que exija la acción.

 

ACTO PRIMERO

(Se apagan las luces de la sala mientras se comienza a escuchar débil, interpretada por las voces de un coro, el “Ave María” de Schubert. Se va alzando el telón al mismo tiempo que crece el canto hasta oírse muy fuerte. Se ve un telón, ocupando todo el proscenio, que representa el claustro de un convento. Luz baja. Las diez de una noche triste de invierno. La voces van decreciendo hasta dejar de escucharse. SILENCIO. Se empieza a oír una gran tormenta. Por la derecha entra, ensimismado y ajeno a todo, PADRE IGNACIO. Treinta años, alto, delgado, interesante. Usa gafas. Viste un hábito oscuro con capucha y lleva cada mano en la manga de la otra. Por la izquierda entra, igualmente ensimismado y ajeno a todo, PADRE FRANCISCO. Cuarenta y cinco años, estatura normal, grueso, presumido. Viste un hábito similar y lleva sus manos del mismo modo.)

PADRE IGNACIO.-Padre Francisco, esta noche lo va a matar un rayo, en este convento, y arderá eternamente en su cálido chalet del averno. ¡Hermoso espectáculo!

PADRE FRANCISCO.-El rayo, Padre Ignacio, le tocará a usted en la tómbola de esta tormenta y descenderá a los infiernos. ¡Va a disfrutar de una gratuita e incesante calefacción!

(Crece la tormenta. Por la derecha entra HERMANO DOMINGO. Veinte años, bajo, delgado, atractivo. Viste un hábito análogo y se muestra agresivo con las manos como garras.)

HERMANO DOMINGO.-¡Pecadores Padres! ¡Satanás los cogerá por los pelos y los bañará en sus llamas! ¡Qué limpios van a quedar!

(PADRE IGNACIO y PADRE FRANCISCO muestran agresivos sus manos como garras.)

PADRE IGNACIO.-¡Hermano Domingo! ¡Su ángel de la guarda está de vacaciones!¡El diablo lo torturará en el fuego que nunca se consume!

(Mutis por la izquierda.)

PADRE FRANCISCO.-¡Nadie lo salvará! ¡Pierda toda esperanza! ¡No lo dejará salir ni el día de su santo!

(Mutis por la derecha al mismo tiempo que HERMANO DOMINGO lo hace por la izquierda. Va bajando el sonido de la tormenta y crece algo la luz. Por la izquierda y, con un rosario entre sus manos, entra fervoroso PADRE IGNACIO.)

PADRE IGNACIO.-Santa María y también Madre de Dios...

(Mutis por la derecha. Por este término entra igual PADRE FRANCISCO con un rosario entre sus manos.)

PADRE FRANCISCO.-Reina y celadora de los pararrayos...

(Mutis por la izquierda. Por este término entra igualmente fervoroso HERMANO DOMINGO con un rosario entre sus manos.)

HERMANO DOMINGO.-¡Lleva la tormenta de excursión a una guerra!

(Mutis por la derecha. Cesa la tormenta y la luz es muy fuerte. UN MOMENTO. Entran serenos sin rosarios y con las manos entrelazadas: PADRE IGNACIO por la derecha, PADRE FRANCISCO por la izquierda y HERMANO DOMINGO por la derecha. Van hasta el centro del término y dejan caer sus manos.)

PADRE FRANCISCO.-¡Se ha ido la tormenta y cada estrella nace con una oración!

PADRE IGNACIO.-¡Milagro! ¡Qué dicha el pertenecer a la Orden de los fans de Nuestra Señora!

HERMANO DOMINGO.-La eligió Dios para madre de su Hijo. Clarísimo... ¡La fe esclarece misterios!

(Mutis rápido, y ajenos cada uno de los otros, de los tres frailes por la derecha. UN MOMENTO. Por la derecha entra corriendo PADRE IGNACIO. Puso una peluca y encima una ropa humilde de mujer.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Por favor, José!! ¡¡No se te ocurra...!! La falta de costumbre... ¡¡Te puede hacer daño!!           

(Mutis por la izquierda. Por la derecha entra corriendo PADRE FRANCISCO. Puso una peluca y encima una ropa humilde de hombre.)

PADRE FRANCISCO.-¡María, esposa de mi corazón! ¡¡Te deseo fervientemente!!

(Mutis por la izquierda. Por este término entra PADRE IGNACIO y se para en el centro.)

PADRE IGNACIO.-¡Ignoraba que fueses tan apasionado! ¡Creía que lo tuyo era de nacimiento!

(Por la izquierda entra lento PADRE FRANCISCO y va hasta PADRE IGNACIO.)

PADRE FRANCISCO.-Tenemos que consumar nuestro matrimonio. Llevamos tiempo juntos. La gente critica... ¿Es que desprecias a un humilde carpintero?

(Le vuelve la cabeza.)

PADRE IGNACIO.-Qué marido... Debí abandonarte. ¡Me has obligado a ser casta!

PADRE FRANCISCO.-Te veía tan pura... ¿Existe otro hombre en tu vida?

(Lo mira.)

PADRE IGNACIO.-Por ahora... ¡Necesito ser madre! Me ilusionaría tanto un niño...

PADRE FRANCISCO.-Los médicos dijeron que no puedo ser padre. ¿Quieres que adoptemos un bebé?

PADRE IGNACIO.-¡¡Soy una hembra como las otras!! ¡¡No puedo más!! ¡¡Un hijo!! ¡¡Un hijo!!

(Por la izquierda entra HERMANO DOMINGO. Puso una peluca y unas alas.)

HERMANO DOMINGO.-¡Dios te salve, María, toda llena de gracia!

(Se pone de rodillas y junta sus manos.)

PADRE IGNACIO.-He aquí la esclava del Señor.

PADRE FRANCISCO.-¿En qué he acabado? ¡Se entiende con el arcángel San Gabriel!

(Mutis por la derecha.)

HERMANO DOMINGO.-Te anuncio que vas a tener un hijo del Espíritu Santo.

PADRE IGNACIO.-Hágase en mí según tu palabra.

HERMANO DOMINGO.-Que todo salga bien. ¡Enhorabuena!

(Mutis por la izquierda. Se levanta y deja caer sus manos. Por la derecha entra PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-Entre el arcángel y tú... ¿Hay algo?

PADRE IGNACIO.-No sé...

PADRE FRANCISCO .-¡Me enoja tu coquetería! ¿Qué te dijo?

PADRE IGNACIO.-Pues... Nada de particular... Una cosa sin importancia. ¡Me van a embarazar!

PADRE FRANCISCO.-¿¿Quién?? ¿¿Lo conozco?? ¡¡No me engañes con otro hombre!!

PADRE IGNACIO.-¡Es un ser tan importante...! Adivina... ¡Esa imaginación!

PADRE FRANCISCO.-Por mucho que piense...

PADRE IGNACIO.-El procreador de la criatura... Se llama... ¡El Espíritu Santo! ¿No te produce alegría?

PADRE FRANCISCO.-¡¡Una enormidad!! ¿¿El niño se parecerá a mí??

PADRE IGNACIO.-¡Será tu vivo retrato!

PADRE FRANCISCO.-¡Oh...! ¡Cómo perpetúo la especie!

(Lo abraza.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Amor mío!!

(Quedan así. UN MOMENTO. Se oyen unos fuertes golpes en la izquierda. La suelta.)

PADRE FRANCISCO.-¿Quién es?

VOZ HERMANO DOMINGO.-¡El Espíritu Santo!

PADRE IGNACIO.-¡Qué emoción! ¡Voy a retocarme!

(Mutis por la derecha. Va hasta la izquierda y simula abrir una puerta. Entra HERMANO DOMINGO. Puso una peluca que parece la cabeza de una paloma y unas pequeñas alas. Le da la mano.)

PADRE FRANCISCO.-Es un honor recibirle, señor Espíritu Santo. Me llamo José. El esposo de...

HERMANO DOMINGO.-Encantado, hombre. ¿Dónde está tu hermosa amada?

(Por derecha, y muy peinado, entra PADRE IGNACIO. Muy coqueta.)

PADRE IGNACIO.-Ay, dices unas cosas...

(Los presenta y se dan las manos.)

PADRE FRANCISCO.-Aquí mi mujer, aquí el Espíritu Santo.

HERMANO DOMINGO.-Mucho gusto.

PADRE IGNACIO.-Encantada.

(Se miran. PAUSA.)

HERMANO DOMINGO.-Venía...

PADRE IGNACIO.-Picaronazo...

HERMANO DOMINGO.-José, si no te parece mal...

PADRE IGNACIO.-Es algo tan íntimo...

PADRE FRANCISCO.-Entre personas civilizadas...

(Mutis por la derecha. Se miran. PAUSA.)

HERMANO DOMINGO.-Tendremos un hijo que te dará Dios. ¡Será el salvador del mundo!

PADRE IGNACIO.-Ya sabes cómo es la sociedad... No me creerán, perderé la reputación. Si me preguntan quién es el padre del niño ... ¿Qué les respondo?

HERMANO DOMINGO.-Lo que dicen todas... ¡Tu marido! Avanza hacia mí.

(Retrocede lenta.)

PADRE IGNACIO.-Eres tan atrevido...

(Se aproxima lento.)

HERMANO DOMINGO.-¡María...!

PADRE IGNACIO.-¡Mi Espíritu Santo!

(Se abrazan y besan apasionados. UN MOMENTO. Por la derecha entra PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-¿Falta mucho?

(HERMANO DOMINGO y PADRE IGNACIO se separan molestos.)

PADRE IGNACIO.-¡Qué impaciente eres!

HERMANO DOMINGO.-Por favor... ¡Aún no empezamos!

PADRE FRANCISCO.-Disculpadme.

(Mutis por la derecha. Alza los brazos.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Soy toda tuya!!

HERMANO DOMINGO.-¡Pío!

PADRE IGNACIO.-¡Oh!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Pío!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Ah!!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Pío!! ¡¡Pío!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Sublime!!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Pío!! ¡¡Pío!! ¡¡Pío!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Ay...!!

(Se miran dichosos. PAUSA. Baja los brazos.)

Qué extraño... ¡Continúo siendo virgen!

HERMANO DOMINGO.-Exagerada...

(Simula volar y hace así mutis por la izquierda. Lo sigue corriendo.)

PADRE IGNACIO.-¡¡No me abandones!! ¡¡Deja de volar!! ¡¡Aterriza!!

(Mutis por la izquierda. UN MOMENTO. Por la derecha entra PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡María!! ¿¿Dónde estás?? ¡¡Te has fugado con el Espíritu Santo!!

(Por la izquierda entra PADRE IGNACIO. Se le ve, sin caer en el mal gusto, un gran vientre.)

PADRE IGNACIO.-José... Vamos a tener un descendiente. ¿Estás contento?

PADRE FRANCISCO.-¡Qué emoción, María! Con el tiempo que llevábamos casados...

(Lo coge de la mano.)

PADRE IGNACIO.-Gracias, amor mío. ¡Me haces muy feliz!

PADRE FRANCISCO.-Pronto, muy pronto, seré... ¡el padre de Dios!

(Mutis así y rápidos por la derecha. UN MOMENTO. Por la derecha, y ajenos cada uno de los otros, entran rápidos PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO. se quitaron todo lo que utilizaron para esta interpretación y pusieron las capuchas. Van al centro del proscenio, como estaban antes, y es como si el tiempo se hubiese detenido.)

PADRE FRANCISCO.-Gran sapiencia, Hermano Domingo. La fe es la luz de la razón. Meditemos siempre en el hecho más glorioso de la historia. ¡La Encarnación! Por eso... ¡En Nochebuena comemos turrón!

HERMANO DOMINGO.-Pero que una virgen tenga una hijo y continúe con su virginidad... Los médicos forenses lo comprobarían cuando, al morir, le hicieron la autopsia.

PADRE IGNACIO.-¡Qué lapsus teológico! Tras muchas pesquisas... ¡No existió el cadáver de Nuestra Señora!

PADRE FRANCISCO.-¿¿Cómo la iban a velar de muerta si de viva ascendió a los cielos??

HERMANO DOMINGO.-Me había olvidado... ¡Qué Dios me perdone! Si estando vivo es posible subir a los cielos, la lógica es irrefutable. ¡Sólo los ignorantes no estarían capacitados para entenderlo.

PADRE IGNACIO.-Evidentemente. La Virgen ascendió a los cielos. ¡La Iglesia es infalible! Todo lo divino, que vivió entre los humanos, sube al cielo. Jesús, María... ¡No dejan huellas para no crearnos una confusión!

(PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-Y a continuación, como Padre Superior de este convento, les pido que declaren su amor a Nuestra Señora.

(Se pone de rodillas y junta sus manos.)

PADRE IGNACIO.-Virgen santa, vivo sólo para ti. Buscaba la belleza eterna en cada fémina. Salía honestamente con chicas, pero ellas... ¡se reían de mí y huían todas! Otras esperaban mi decisión... ¡y envejecían! Desengañado, entré en una iglesia. Me fijé en ti y nació el amor. Renuncié al mundo e ingresé en este convento. ¡Seme fiel! En mí tienes al pintor que ha plasmado, en el lienzo de su alma, a la mujer ideal.

(Se levanta y deja caer sus manos. Se pone de rodillas y junta sus manos.)

HERMANO DOMINGO.-¡Te quiero, Madre mía! Me recogieron las monjas en el torno del hospicio. A mis compañeros los visitan sus madres. Trabajaban en una casa para poder comprar otra decente y llevarlos con ellas. Crecía solo y sin mamá. Dicen que, al nacer, todos la tienen. Te vi en la capilla y me enamoré de ti. ¡Eras mi Madre! No lo dudé más. ¡Me dirigí a este convento para agradecerte el haberme reconocido como hijo!

(Se levanta y deja caer sus manos. Se pone de rodillas y junta sus manos.)

PADRE FRANCISCO.-¡Te amo locamente! Me había casado hasta que la muerte nos separase. ¡Y la muerte es la que deshace menos matrimonios! Me presentaba amigos, consolaba viudos, hacía viajes; dormían desconocidos en casa: chicos de una banda de música, los soldados de un cuartel ... ¡Una vez me engañó y me divorcié! Te vi en un templo y pedí referencias. Todas inmejorables. Moro en este convento y... ¡me eres fiel!

(Se levanta y deja caer sus manos. Los tres, y al unísono,  bajan sus capuchas.)

HERMANO DOMINGO.-¡Bienaventurados los creyentes por la intercesión de María! Los equivocados ateos, al morir, abrirán los ojos a la nada y... ¡no verán a Dios como nosotros!

PADRE FRANCISCO.-¡No la olvidemos nunca! Ahora retirémonos, con la devoción acostumbrada, a nuestras celdas y dejemos sus puertas abiertas. ¡Recemos! La oración ahuyentará tentadores sueños libidinosos.

PADRE IGNACIO.-Seamos también castos mientras dormimos y no osemos deleitarnos con apetitosas mujeres que el diablo proyecta en nuestro subconsciente como una película pornográfica.

(Se abstraen e introducen cada mano en la manga de la otra. Cantando.)

PADRE FRANCISCO.-¡Procedamus in pace!

(Van lentos todos hacia la izquierda. Cantando.)

PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¡In nomine Virginis, amen!

(Mutis de los tres por la izquierda. Se alza el telón del claustro y vemos el escenario de la celda. Se encuentra iluminado normalmente y la puerta derecha está abierta. La escena vacía. UN MOMENTO. Por la derecha y con las manos sueltas, entra HERMANO DOMINGO. Deja la puerta abierta y se dirige al crucifijo. Entrelazando las manos.) 

HERMANO DOMINGO.-Señor, necesito ir pudorosamente al servicio. ¿Puedo acudir? ¡Muchísimas gracias!

(Mutis por la izquierda, cerrando la puerta como estaba. UN MOMENTO. Entra por la izquierda, cerrando nuevamente la puerta, y se dirige al crucifijo.)

Ya ves que no te he decepcionado. Como somos de la familia, voy a hablar con tu decente madre.

(Va hasta la imagen de la Virgen y la besa en una mejilla.)

Buenas noches, mamá.

(Se echa en la cama, encima de la ropa, pulsa un interruptor y baja la luz. Se muestra inquieto. Da vueltas en la cama. Sus manos van lentísimas, y al unísono, hacia sus genitales. Supera el instante, se siente fortalecido y se torna sereno. Se sitúa frente al público, saca el rosario y reza mientras le va venciendo el sueño.)

Santa María, Madre de Dios, ruega por...

(Se queda dormido y le cae el rosario de sus manos. UN MOMENTO. Luz normal. Sueña en alto.)

Padre Francisco, tráteme con cariño... Arrímate a mí, Guadalupe. Sentiremos juntos... ¡Que le quito el hábito, Padre Ignacio!

(Se apaga y se enciende rápidamente la luz. Ha desaparecido HERMANO DOMINGO y en su lugar está PADRE FRANCISCO en la misma posición en la cama. Su rosario también le cayó y sueña en alto.)

PADRE FRANCISCO.-Entréguese, Hermano Domingo. Está usted tan tierno... Demuestre su virilidad, Padre Ignacio... Acércate, Ramona, que no nos ve nadie.

(Se apaga y se enciende rápidamente la luz. Ha desaparecido PADRE FRANCISCO y en su lugar está PADRE IGNACIO en la misma posición en la cama. Su rosario también le cayó y sueña en alto.)

PADRE IGNACIO.-Permíteme que te desnude, Claudia. Lo vamos a pasar... Soy sólo para usted, Hermano Domingo... ¡Colóquese mejor, Padre Francisco!

(Se apaga y se enciende rápidamente la luz. Ha desaparecido PADRE IGNACIO y en su lugar vuelve a estar, como al principio, HERMANO DOMINGO. Continúa soñando y su rosario se encuentra en el mismo sitio. Se levanta sobresaltado y corre hasta arrodillarse ante la imagen, entrelazando las manos.)

¡Ayúdame, Virgencita! Los fantasmas del sueño torturan mi cerebro. ¡Son capaces de salir del guión de esta pesadilla y convertirse en personajes reales! ¿Verdad que velarás mi descanso? ¡Arrúllame bajo tu manto!

(Deja caer sus manos. Se acuesta como estaba y queda mirando el cielo. UN MOMENTO. Baja la cabeza y se muestra impaciente.)

¡No duermo! Me he desvelado. ¡¡No puedo conciliar el sueño!!

(Se levanta y va ilusionado hasta la imagen.)

¡Serás mía! ¡Te llevaré, vestida de blanco, al altar! Si te decantas por lo civil...

(Se arrodilla culpable y con las juntas ante Ella.)

Perdona... ¡No te ofendas! No quería decir... ¿Qué te sucede? No me hablas... ¡Intenta responderme!

(Se incorpora enojado.)

¿¿Es que Tú también me abandonas como Madre??

(Le pone las manos en su cuello.)

¡Ingrata! ¡¡Me dan ganas de estrangularte!!

(Retira asustado sus manos y vuelve a colocarse de rodillas.)

Disculpa... He perdido el control... ¡No voy a asesinarte! Pero tu silencio me hace sufrir tanto...

(Siempre muy dulce.)

VOZ VIRGEN.-¿Qué te sucede?

HERMANO DOMINGO.-¿¿Eh?? ¡Milagro! ¡Has hablado!

VOZ VIRGEN.-Te encuentro un poco extraño... ¡Estás muy inquieto! ¿Por qué no duermes?

HERMANO DOMINGO.-Tengo unos sueños tan sensuales... ¡Mi cabeza es un confuso harén!

VOZ VIRGEN.-Tonterías... La noche camina hacia la playa del alba y precisas reposar. ¡Vuelve a la cama!

(Se levanta y se dirige lento y abstraído hasta su lecho. Va a acostarse, pero recapacita.)

HERMANO DOMINGO.-¡La Virgen me ha hablado! Todos duermen, hay un silencio sepulcral en el convento. ¡Es improcedente reaccionar así! ¡¡Padre Francisco!! ¡¡Padre Ignacio!! ¡¡La Virgen!! ¡¡Nuestra Señora!! ¡¡Acaba de tener una conversación muy amena conmigo!!

(Mutis corriendo por la derecha. UN MOMENTO. Por este término entran dichosos PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.)

PADRE FRANCISCO.-¿¿Se ha comunicado con Nuestra Señora??

PADRE IGNACIO.-¿¿Ha sostenido una charla con Ella??

HERMANO DOMINGO.-¡¡Sí!! Perdonen que los haya despertado.

PADRE FRANCISCO.-¡No se preocupe! Estaba desvelado y no podía dormir.

PADRE IGNACIO.-A mí me sucedía lo mismo. ¿Cómo fue? ¿Dónde le habló?

HERMANO DOMINGO.-También el insomnio se apoderó de mí. No se imaginen...  Me levanté y me puse de rodillas ante esta imagen. Le recé. ¡Comenzó a hablarme! Me serenó y me aconsejó retornar al lecho.

PADRE IGNACIO.-¿O sea que usted...?

PADRE FRANCISCO.-¿Hace del sueño una orgía?

HERMANO DOMINGO.-¡Antes usaría el cilicio! ¿Es que no les ha acontecido a ustedes alguna vez?

PADRE FRANCISCO.-¡A mí nunca!

PADRE IGNACIO.-¡Jamás pienso en inmoralidades!

HERMANO DOMINGO.-Yo... tampoco. ¡Parece que me acusan!

(Se miran. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-Pienso, Hermano Domingo, que al considerarse vidente de la Virgen... Podría volver a hablarle por ser su elegido.

PADRE IGNACIO.-Lo considero adecuado, Padre Francisco. Así escucharíamos su melodiosa voz y, con un poco de suerte, nos haríamos los tres sus amigos.

(Se pone de rodillas ante la imagen y junta las manos.)

HERMANO DOMINGO.-Virgen mía... Están conmigo, no sé si los ves, el Padre Francisco y el Padre Ignacio. Unos frailes tan devotos de ti... ¿Te animas a abrir la boca otro poquito? ¡Hazlo por ellos!

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se arrodillan detrás de HERMANO DOMINGO y juntan las manos. UN MOMENTO.)

PADRE IGNACIO.-¡Va a alzar la voz...!

PADRE FRANCISCO.-Como no se encuentre afónica...

HERMANO DOMINGO.-Conversemos como antes. ¿Has enmudecido? ¡Nada! ¡No habla aunque la maten!         

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se levantan escépticos y dejan caer las manos.)

PADRE FRANCISCO.-¡Nunca le ha dirigido la palabra!

PADRE IGNACIO.-¡Siempre ha estado callada!

(Se levanta molesto y deja caer sus manos.)

HERMANO DOMINGO.-¡No es verdad! ¡Créanme! ¡Hace un rato charlé con Ella!

(Irónicos.)

PADRE IGNACIO.-Claro que habló, Hermano Domingo. ¿Quién lo va a poner en duda?

PADRE FRANCISCO.-Y mantuvieron una conversación tan dulce... Yo los estuve escuchando desde mi celda.

VOZ VIRGEN.-¿Qué dicen? ¿No acaban de comprender que dialogamos hace un momento?

HERMANO DOMINGO.-¿Lo entienden ahora? ¡Ha vuelto a hacerse oír! ¡No sean sordos!

(Se arrodilla ante la imagen y junta sus manos. PADRE DOMINGO y PADRE IGNACIO se miran serios.)

VOZ VIRGEN.-Tranquilízate, hijo. Creo que esta vez...

PADRE FRANCISCO.-Pues nada, Nuestra Señora. Me alegro mucho de platicar contigo.

PADRE IGNACIO.-Jamás había conversado con la Virgen. ¡Eres encantadora!

HERMANO DOMINGO.-¡Te han hablado! ¿¿Por qué no les contestas?? ¡¡Sé educada, Virgencita!!

(Se levanta triste y deja caer sus manos.)

PADRE IGNACIO.-¿Qué le ocurre?

PADRE FRANCISCO.-¿Por que reacciona de este modo?

HERMANO DOMINGO.-La Virgen... Nuestra Señora... ¡Es muda!

PADRE FRANCISCO.-Le conviene descansar, Hermano Domingo. La noche es larga.

PADRE IGNACIO.-El día, tenga la certeza,  siempre aclara las ideas.

(Mutis de PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO por la derecha. Se sienta triste en la silla. UN MOMENTO.)

HERMANO DOMINGO.-Piensan que estoy loco. ¿Qué importa cómo interpreten la existencia los demás si lo auténtico se alberga en mi mente? Oh, ficción y realidad que jugáis a los dados con los seres. ¡Haz que el sueño que descubrimos sea el verdadero!

(Se arrodilla ante la imagen y entrelaza las manos.)

¡Tú, Virgen mía, eres mi único amor!

VOZ VIRGEN.-¿Debo tomarlo como una declaración?

HERMANO DOMINGO.-Sabes lo que es no conocer una madre. Sufrir viendo cómo los demás son protegidos por ellas. Ser huérfano en medio de todos los raíles sin poder hallar el amparo de ninguna estación.

VOZ VIRGEN.-Si supieses lo que me apenaba verte desesperanzado. Pensaba tanto en ti, te observaba a cada instante. Deseaba que coincidiésemos, que nuestras miradas se encontrasen...

HERMANO DOMINGO.-Entré y te vi en aquella iglesia. ¡Me fascinó tu belleza! Me encontraba distinto, algo nuevo acababa de nacer en mí. ¡Había hallado a mi madre! Entonces creía que me hablabas...

VOZ VIRGEN.-Ve al convento, hijo. Ingresa en la orden de los que me adoran. Sentirás que la paz se apodera de ti y yo continuaré a tu lado.

HERMANO DOMINGO.-Fui muy feliz con tu compañía. ¡Lo sigo siendo! Ay, eras mi madre. Crecí, me hice un hombre. El deseo se apoderaba de mí. ¡Te contemplaba como la más hermosa de las mujeres!

VOZ VIRGEN.-¡¡Calla!! Calla!!

HERMANO DOMINGO.-Es cierto, Virgencita linda. Te quiero, te amo con toda mi alma. Si algún día fueses mía... ¡No te decepcionaría!

VOZ VIRGEN.-¿¿Qué dices?? Te vienen unas cosas a la mente... ¡¡Yo soy una mujer honesta!!

HERMANO DOMINGO.-No te lo discuto. Nunca he oído hablar mal de ti. Tienes un gran currículum.

VOZ VIRGEN.-Tus proposiciones con incestuosas. Debes acudir a un psicólogo. ¡Jesús! No hay manera... Me queréis tanto los religiosos... No os libráis ni uno. ¡Todos los frailes acabáis con idéntica pasión!

HERMANO DOMINGO.-¡Te amo, Señora mía! 

VOZ VIRGEN.-Por favor... ¡¡Desiste!!

(Se apaga y enciende rápida la luz. Ha desaparecido HERMANO DOMINGO y en su lugar, ante la imagen de rodillas y con las manos entrelazadas, se encuentra PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-El Hermano Domingo tiene cada cosa... Los pocos años, chica. Dice que habla contigo, que sostenéis animadas conversaciones. Y yo pienso que sólo charlaré contigo en el paraíso. Perdona que no crea en tus facultades para hacerlo aquí. Pero... Que dialogues con un fraile en un convento...

VOZ VIRGEN.-¿Tiene algo de particular? Te diriges a mí y yo te respondo. No voy a hacerte un desprecio. En toda mi vida, puedes preguntar, no se me ha subido el rango a la cabeza. ¡Siempre he sido muy sociable!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Hablas!! La nada es silencio. ¡Oh, delirio que ofuscas mi mente! Las imágenes permanecen calladas. ¡Somos nosotros los que creamos sus voces como personajes de una farsa grotesca!

VOZ VIRGEN.-¿Me estás comparando con un ser que nació en un taller inspirado en la obra de un pintor? ¿También los religiosos han dejado de ser creyentes? Qué porvenir me aguarda. ¡Me quedo sin clientela!

PADRE FRANCISCO.-La fe, a veces, me hace dudar y convertirme en un escéptico. Desde que dejé a la que Tú sabes... Aguardaba este momento... ¡Eres perfecta! ¡Cásate conmigo, mi amor! Conozco a un sacerdote...

VOZ VIRGEN.-¿¿Qué disparates dices?? ¡Ja, ja, ja! Nuestra Señora se casa con un fraile por la Iglesia y, a continuación, inician una idílica e imperecedera luna de miel. ¡Sólo falta que después quieras divorciarte!

PADRE FRANCISCO.-Dispensa... Reconozco que he abusado de tu confianza. No eres una mujer cualquiera que se entrega al primero que llega. Te considero divina, celestial. ¡La Madre de Dios!

VOZ VIRGEN.-Os complicáis tanto con mis virtudes ... ¡Proyectáis en mí a vuestra mujer anhelada! Perecí en todos los sermones. No comprendéis que me obligáis a ser... ¡La que me habéis creado cada uno!

PADRE FRANCISCO.-¡No puedo vivir sin tu mirada! Te necesito. Me hallo arrodillado a tus pies para adorarte. ¡Estoy locamente enamorado de ti! Deseo decirte una cosa... Yo... ¡No...! No...me... atrevo.

VOZ VIRGEN.-¿Por qué reaccionas así? ¡Vence esta timidez! ¡No te reprimas!

PADRE FRANCISCO.-Las estrellas te envuelven en su manto para ser la reina de esta noche. Una noche en la que me declaro a ti, en la que te digo que te amo. ¡No me desprecies! ¡Entrégate a este casto fraile!

VOZ VIRGEN.-Debes comprender que nunca he tenido relaciones. Por más que me lo pedía mi marido... ¡Dejaría de ser yo! Soy esclava de mi propio personaje. ¡Es muy tarde para destruirlo!

PADRE FRANCISCO.-¡¡No es verdad!! ¡¡Siempre nacemos cada día!! ¿Puedo tener alguna esperanza?

VOZ VIRGEN.-Hombre... ¡¡No insistas!!

 (Se apaga y enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE FRANCISCO y en su lugar, ante la imagen de rodillas y con las manos entrelazadas, se encuentra PADRE IGNACIO.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Oh, parece un sueño en la rutina del tiempo!! El Hermano Domingo obraba con cordura. ¿Cómo iba a desvariar? No estaba equivocado. ¡Te oigo, Virgen santa! Me has hablado desde un principio y yo sin saber escucharte. Sabía que lo harías, que gratificarías mi fe. ¡La vida sin creer es un absurdo!

VOZ VIRGEN.-A ver si os ponéis de acuerdo. Otros dicen lo contrario. De continuar así... ¡Cuánta oscuridad en vuestra lógica! Existir va a resultar un sofisma pienses lo que pienses.

PADRE IGNACIO.-He esperado tanto este momento... Como el enamorado que deshoja su margarita... Mas ahora naufrago entre la duda. ¡Gran error el de los religiosos...! Me siento incrédulo. ¡No puede ser verdad!     

VOZ VIRGEN.-Hijo, pues si pierdes toda tu vida en un convento para esto... ¡Mejor sería que te hubieses dedicado a otra cosa! Es más rentable.

PADRE IGNACIO.-He renunciado a todas las chicas. Estaban llenas de imperfecciones o su belleza era destruida por la vejez. ¡Sólo Tú! La que erróneamente te imaginaba... Reunías las cualidades que exigía.

VOZ VIRGEN.-¡Vaya! Buscabas una aventura con la inmortalidad! Lo mortal es tan efímero... ¿Te das cuenta? Me has localizado. ¡Ya me tienes próxima a ti!

PADRE IGNACIO.-¡No es cierto! ¡Es imposible que te encuentres a mi lado! ¡Nunca has sido lo que enseñaron a pobres ignorantes! Nos embaucaron. Te han convertido... ¡En un ideal de mercaderes de biblias!

VOZ VIRGEN.-¡Qué hereje me estás resultando! Cómo sois los frailes actuales. Pensar así con el hábito que llevas puesto... ¡Voy a tener que hacer apostolado contigo!

PADRE IGNACIO.-Si  fuese verdad tu presencia... Soy tan desconfiado... ¡No! ¡Eres Tú! ¡Nuestra Señora! ¡Por la que he suspirado toda mi vida! Mi media naranja en la lejanía... ¡Iré al cielo a raptarte!

VOZ VIRGEN.-¡No puede ser! ¿Te das cuenta? ¿Ver a la Virgen escapando con un admirador? Dejar mi empleo en las alturas... ¡Qué ejemplo daría!

PADRE IGNACIO.-¡Escapa del paraíso! ¡Nadie notará tu ausencia! ¡Pasarás desapercibida! Comienzo a sentirme celoso... ¡Dime la verdad! ¡No me engañes! Me suicidaría para estar contigo. ¿¿Te interesa otro??

VOZ VIRGEN.-¡¡Qué horror!! ¡¡Lo que una tiene que oír!! He nacido tan virtuosa... ¡¡Ni en mis tiempos de casada!! ¡¡Nunca se me ha pasado por la cabeza!!

PADRE IGNACIO.-¡Decídete! ¡Ven a mí! Desciende lentamente hasta caer entre mis brazos... Recorreremos el mundo cogidos de la mano. ¡Seremos una pareja libre y feliz! Más adelante... ¡Tendremos un hijo!

VOZ VIRGEN.-¿¿Un hijo...?? ¡¡Ave María Purísima!!

 (Se apaga y enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE IGNACIO y en su lugar, ante la imagen de rodillas y con las manos entrelazadas, se encuentra  HERMANO DOMINGO. Se levanta contento y deja caer sus manos.)

HERMANO DOMINGO.-Prosigue la larga y maravillosa noche. ¡Qué nihilistas son mis compañeros de convento! Me dan tanta pena... No pueden deleitarse con lo divino. Si a ellos no les habla... ¡Su voz será sólo para mí!

(Abre la puerta de la izquierda y, cerrándola, hace mutis por ella. UN MOMENTO. Por la derecha entra feliz PADRE FRANCISCO. Voz muy baja.)

PADRE FRANCISCO.-Perdone que le despierte, Hermano Domingo. Oh... Se ha fugado. ¿Iría a bailar de hábito sin mi permiso? Estos jóvenes...

(Va hasta la puerta izquierda y la golpea débilmente. Voz normal.)

Hermano Domingo, Hermano Domingo...

VOZ HERMANO DOMINGO.-Un momento, Padre Francisco. Ahora salgo. ¡Le juro que no estoy viendo ninguna revista obscena!

PADRE FRANCISCO.-No se preocupe. También estoy desvelado. Esperaré. Mis intenciones son honestas. Recupere el sosiego.

(Se sienta en la silla. UN MOMENTO. Por la derecha entra dichoso PADRE IGNACIO. Voz muy baja.)

PADRE IGNACIO.-No quiero despertarle, Hermano Domingo... ¿Dónde está? ¿En qué lugar se encuentra? No... lo veo...

(PADRE FRANCISCO se levanta. Voz normal.)

PADRE FRANCISCO.-Ahora viene, Padre Ignacio. Está ocupado. No se le ocurra sospechar que yo he venido...

(Voz normal.)

PADRE IGNACIO.-¡Dios me libre de pensar algo semejante de un espíritu elevado! También mis propósitos son castos.

PADRE FRANCISCO.-Es nuestra obligación después de profesar los votos. ¡Nunca hemos sido unos depravados!

(Se miran. PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-Intentaba dormir inútilmente...

PADRE FRANCISCO.-Por más vueltas que daba en la cama...

PADRE IGNACIO.-Es que me pasa cada cosa...

PADRE FRANCISCO.-¡Dígamelo a mí! Me ha sucedido algo tan extraño...

(PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-¡Ay, qué vida, Señor! Esta Virgen...

PADRE FRANCISCO.-¡Es la madre de Dios! ¿Tiene algo contra Ella?

PADRE IGNACIO.-Cómo voy a censurarla... ¡Todas son alabanzas!

PADRE FRANCISCO.-No me dirá que le habló por los codos.

PADRE IGNACIO.-¡¡Sí!! ¡¡Qué conversación tan interesante!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Parece universitaria!! ¡¡Conmigo hizo exactamente igual!!

PADRE IGNACIO.-¡Es algo extraordinario! ¡Grandioso! ¡Divino! ¡Sólo al alcance de sus selectos y exquisitos devotos!

PADRE FRANCISCO.-Algo así como adquirir la lotería del paraíso y que salga premiada. ¡Un lujo incomparable alternar con María Santísima!

(Voces bajas.)

PADRE IGNACIO.-Y decíamos que el más humilde del convento...

PADRE FRANCISCO.-¡Qué gran error! Nos atrevíamos a comentar que el pobre Hermano Domingo era víctima de alucinaciones...

(Se abre la puerta izquierda y entra HERMANO DOMINGO que la cierra.)

HERMANO DOMINGO.-¡Padre Francisco! ¡Padre Ignacio! ¿Qué comentaban del Hermano Domingo en esta larga noche de insomnio colectivo?

PADRE FRANCISCO.-No, nada.

PADRE IGNACIO.-Pasábamos por aquí...

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se miran mientras HERMANO DOMINGO los observa. PAUSA.)

HERMANO DOMINGO.-¿A qué se debe el honor de esta inesperada visita? ¿Les ha ocurrido algo? Me agradaría, y dentro de la virtud que nos caracteriza, poder serles útil...

PADRE IGNACIO.-Únicamente veníamos...

PADRE DOMINGO.-Nos acercamos aquí... ¡Va a llevar una sorpresa...!

HERMANO DOMINGO.-Si son tan amables de explicarse... ¡Me tienen intrigado!

PADRE IGNACIO.-¡¡La Virgen!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Nuestra Señora!!

HERMANO DOMINGO.-Aunque ustedes se rían de mí, sigue hablando conmigo. Entre los dos van creciendo una gran amistad.

PADRE IGNACIO.-¡Lo comprendo perfectamente! No precisa justificarse.

PADRE FRANCISCO.-Es natural. ¡Nunca lo he puesto en duda!

HERMANO DOMINGO.-No hace mucho me decían... ¡Cómo han cambiado de opinión! ¿Cuál es la causa de manifestarse de esta guisa?

PADRE FRANCISCO.-Porque Ella...

PADRE IGNACIO.-La Madre de Dios...

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡¡También habla con nosotros!!

HERMANO DOMINGO.-¿¿Eh?? ¡¡No puedo creerlo!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Es verdad!! ¡¡Tan claro como el agua!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Pregúnteselo a Ella!! ¡¡No le va a engañar!!

(Se miran. PAUSA.)

HERMANO IGNACIO.-¡No saben lo que me alegro! ¡Todos nosotros somos unos privilegiados!

PADRE IGNACIO.-¡La Virgen ya es de nuestra familia!

PADRE FRANCISCO.-Nos pasamos tanto tiempo rezándole, pidiéndole cosas, conversando como sus fervientes devotos... ¡Y la Virgen nos ha correspondido!

HERMANO IGNACIO.-¿Tienen la certeza? ¿Están ustedes seguros?

PADRE FRANCISCO.-¡Completamente! ¡No es una paranoia mística!

PADRE IGNACIO.-¡He estado charlando en privado, durante un momento, con la que viste y calza!

HERMANO DOMINGO.-Me cuesta tanto trabajo comprenderlo ...

PADRE FRANCISCO.-¿Por qué? El que una imagen sostenga una conversación con un religioso... ¡Resulta de lo más corriente!

PADRE IGNACIO.-Lo ilógico sería que no nos hiciese caso, que sólo se revelase por señas. ¡No sería muy correcto!

HERMANO DOMINGO.-Y yo que me imaginaba que era su predilecto... ¡No puede hacerme eso! ¡Es solamente mía!

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡¡Es de todos!!

HERMANO DOMINGO.-Decir que les habla la Virgen porque sienten envidia de que lo haga conmigo... ¡Ustedes deliran! ¡Sufren deslumbramientos!

PADRE IGNACIO.-¿Es que nuestras palabras no poseen credibilidad?

HERMANO DOMINGO.-¡¡Ninguna!!

PADRE FRANCISCO.-¿Quiere convencerse de una vez? ¿Desea comprobarlo?

HERMANO DOMINGO.-¡¡Inmediatamente!! ¿¿De qué forma??

(PADRE FRANCISCO saca un pañuelo y le tapa los ojos a la imagen.)

PADRE FRANCISCO.-¡Ahora se cerciorará!

PADRE IGNACIO.-¡Va a ver cómo nos conoce!

HERMANO DOMINGO.-¡No se comporte frívolamente! ¡Es una falta de respeto jugar con Nuestra Señora a la gallina ciega!

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se ponen de rodillas, y con las manos entrelazadas, ante la imagen.)

PADRE IGNACIO.-¡Madre mía!

PADRE FRANCISCO.-¡Escucha al que te adora!

(Se pone de rodillas, y con las manos entrelazadas, ante la imagen.)

HERMANO DOMINGO.-¡Mi pedazo de cielo!

VOZ VIRGEN.-Hola, querido Hermano Domingo.

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se miran serios. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-¿Te acuerdas de mí?

PADRE IGNACIO.-¿Sabes quién soy yo?

VOZ VIRGEN.-Me alegra tanto que te dirijas a mí, Hermano Domingo...

PADRE FRANCISCO.- ¿¿Eh??

PADRE IGNACIO.-¡¡No!!

(Se miran muy serios. HERMANO DOMINGO los observa sonriente. PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-¿¿Es que ya te has olvidado tan pronto de mí?? ¿¿No recuerdas nuestra reciente conversación?? ¿¿Tienes tan mala memoria??

PADRE FRANCISCO.-¡Soy el Superior de este convento! ¡Tú no sabes con quién estás hablando! ¡¡Pero qué se ha creído esta mujer quién es!!

HERMANO DOMINGO.-¿Se dan cuenta, Padres? ¿Lo entienden ahora?

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se miran resignados. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-Hemos sufrido un ofuscamiento, Padre Ignacio.

PADRE IGNACIO.-Sí, Padre Francisco. Y todo motivado por nuestra soberbia. Sólo el Hermano Domingo tiene la exclusiva de su voz.

VOZ VIRGEN.-¿Me llamabas, Padre Ignacio?

PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¿¿Cómo...??

PADRE IGNACIO.-Sí, Nuestra Señora.

PADRE FRANCISCO.-¡De usted se ha acordado, Padre Ignacio! Pero de mí...

PADRE IGNACIO.-Es que a usted, Padre Francisco, se acaba de dirigir a Ella con una improcedente superioridad...

PADRE FRANCISCO.-Me lo temía... ¡Qué cabeza la mía!

VOZ VIRGEN.-¿Te duele, Padre Francisco?

PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¡¡Oh!!

PADRE FRANCISCO.-¡No, Virgen María! ¡ Me has reconocido!

(Se levanta dichoso, le retira el pañuelo a la imagen y lo guarda. PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO se levantan contentos y dejan caer sus manos.)

PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¡¡La Virgen nos habla a los tres!!

PADRE FRANCISCO.-¡Nuestra vocación no es el absurdo! ¡¡Ella ha entrado en nuestro convento!!

(Se miran serios. PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-Si todo fuese una alucinación colectiva...

PADRE FRANCISCO.-Que nuestras mentes desvariasen por una deformación de la fe...

HERMANO DOMINGO.-O escuchásemos una voz inexistente porque nos hallamos solos en nuestra ignorancia.

(Se tornan tristes. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-¡Nos han mentido con ideas oscuras!

HERMANO DOMINGO.-¡Estamos perdiendo la vida al ser víctimas de una educación despiadada!

PADRE IGNACIO.-¡Sobramos aquí! ¡Nos vamos consumiendo en una cárcel de embustes!

(Se quitan rápidos los hábitos, que arrojarán al suelo, y quedan con ropa sencilla.)

HERMANO DOMINGO.-¡¡No aguanto más este disfraz!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Las creencias religiosas son un nauseabundo carnaval!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Estamos vivos y hemos conocido la realidad!! ¡¡Volvamos a la vida!!

(Mutis rápido de los tres por la derecha. UN MOMENTO. Vuelven a entran lentamente por el término y se dirigen hasta sus hábitos. Se miran serios. PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-El mundo nos abría sonriente los brazos.

HERMANO DOMINGO.-Pero seguía oliendo a podrido como cuando lo dejamos.

PADRE FRANCISCO.-¡La verdadera luz se encuentra entre las paredes de este convento!

(Ponen rápidos sus hábitos. Se miran sonrientes. PAUSA.)

HERMANO DOMINGO.-¡Es hermoso pasar la existencia entre sus rejas!

PADRE IGNACIO.-¡Sus noches son de sueños celestiales!

PADRE FRANCISCO.-¡Dormimos y la vida que no muere nos visita!

(PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-Habíamos llegado a nuestra celda.

PADRE FRANCISCO.-Y en ella seguimos encerrados.

HERMANO DOMINGO.-Jamás hemos coincidido los tres en esta noche. Cada uno descansa en su propio lecho.

(Se echa encima de la cama. Están cada uno ajeno de los otros.)

PADRE FRANCISCO.-Aquí está lo que nunca muere. ¡No hay soledad cuando la Virgen habla con todos nosotros!

(Mutis por la derecha.)

HERMANO DOMINGO.-Conversaremos continuamente con Nuestra Señora.

(Se queda dormido.)

PADRE IGNACIO.-¡Ella nos enseñó a sembrar la esperanza!

(Mutis por la derecha. UN MOMENTO. Despierta feliz. Se levanta, se arrodilla ante la imagen y junta sus manos.)

HERMANO DOMINGO.-Es serena la noche y el alma se llena de sosiego. En este convento, en todos los conventos del mundo, los frailes duermen y la paz invade la vocación que un día se apoderó de nosotros. Algunos, como yo, se levanta para hablar con María y a sus pies nos postramos. ¡No estamos solos y a la muerte vencimos. Nuestras voces llaman a nuestra santa Madre y Ella acude a ayudarnos. Virgencita, Señora mía. ¡Aguardo, como siempre, tu melodiosa voz!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. Delante de la imagen, y en la mismo posición, está VIRGEN. Viste y es exactamente igual que la Inmaculada de Murillo. Se encuentra estática. Asombrado.)

¡¡Oh!! ¿¿Cómo?? ¿¿Es cierto lo que veo?? ¡¡Nuestra Señora se me ha aparecido!! Si yo..., un humilde novicio, no soy digno de este honor. ¿Qué nos sucede? ¿Qué ocurre en este convento? Primero, conversaciones, después apariciones. ¡No lo puedo creer! Parece un castillo encantado. ¡Un castillo con fantasmas! ¿Acaso alguien se ha disfrazado para gastarme esta terrible broma. Perdona, Virgen mía, no quiero decirte eso. Pero es que últimamente me suceden unas cosas... Ay, miro para ti y me gustas. ¡No eres un ser etéreo! Te veo como a una mujer de carne y hueso. ¡Y qué mujer! Preciosa, atractiva, guapísima. ¡Una belleza! Me dan ganas... ¡Jesús, María y José! ¡Qué cosas digo! Mira si resultas ser la Virgen de verdad... Compréndelo... Aquí, en el convento, nos inculcaron tan cantidad de cosas confusas que ya no sabemos distinguir la realidad de la ficción. Te veo ahí tan dulce, tan mayestática, tal celestial... ¿Es que has descendido del paraíso para hacerme una visita en esta noche de insomnio y sobresaltos?

(VIRGEN pasa las manos por su melena, ante su estupefacción, y vuelve a quedar estática como antes.)

Pero... ¡Te has movido! Qué extraño... Yo creía que Tú permanecerías inmóvil como en la iglesia. ¿O es que he sufrido una visión? ¡No! ¡Imposible! Nadie va a un templo a rezarle a la Virgen y Ella se coloca la corona o se pinta los labios. Me siento tan ofuscado...

(VIRGEN se dirige a la puerta izquierda, la abre, hace mutis por este término y cierra. Se levanta y va lento y confuso hasta esta puerta.)

Pero... Ha ido a mi cuarto de aseo. ¡Qué miedo! Me está tentando el diablo. Es una mujer pecadora que viene a que deje de ser puro. Ahora se estará quitando su ropa de Nuestra Señora y aparecerá muy provocativa para que yo caiga en sus brazos.

(Se abre la puerta izquierda y retrocede rápido y asustado hasta la puerta derecha. Entra VIRGEN, que está como antes, y cierra la puerta. Se para y lo mira. Se torna muy nervioso.)

Perdona... Es... que no entiendo esto. No sé lo que me sucede. Primero la melena... Después vas al aseo... ¿Quién eres? Lo normal es que la Virgen esté siempre limpia. No tiene necesidad de introducirse  en la bañera, darse una ducha o ir a la playa a refrescarse en el mar.

(VIRGEN, ajena a todo, comienza a pasear rápida a los ancho de todo el escenario. La sigue e intenta hablar inútilmente con Ella.)

Ahora paseas. Y a una velocidad... ¿Por qué haces eso? ¡Dímelo! Será un secreto que tendremos entre los dos. Ah... Lo comprendo. Haces bien. Siempre de pie en los altares... Es muy malo para la circulación, ¡Eso mata a cualquiera! Te sentirás otra al estirar las piernas. ¡Qué dura es la profesión de Virgen!

(VIRGEN se sienta en la silla. Va lento hacia Ella.)

¿Te has sentado? Lo entiendo perfectamente. Te sientes cansada. La falta de habitud... Y precisas descansar. ¡Muy bien! Ya sé que de noche en las iglesias, cuando se cierran sus puertas, todas las imágenes bajan de sus peanas, pasean por el templo y van a dormir a una pensión hasta que, al día siguiente, vuelven a acudir a sus puestos de trabajo.

(VIRGEN vuelve delante de la imagen como al principio.)

Ya estás nuevamente en el sitio en que has llegado a mí. Yo... ¿Qué quieres que te diga? No sé, no acabo de entenderte. Parece como si jugase conmigo una aparición burlona. Primero aquí, después allá... ¡Un poco de seriedad! Me resulta imposible admitir este hecho. Mañana iré al médico... Porque eso que se te aparezca la Virgen... ¡Vamos! Que no es normal. Lo cuentas, no te lo creen y se ríen de ti. Si quieres seguir ahí... A mí no me molestan estas cosas. Voy a dormir un poco... ¿O si prefieres utilizar mi lecho...? Dormiría en la silla. Es que los dos juntos en la cama... Si eres un fantasma, estaría angustiado... ¡Pero si eres la Virgen...! ¡Qué sacrilegio! Con tu permiso...

(Va hasta la cama. Se para y vuelve cohibido hasta VIRGEN.)

¿O de verdad me visita una aparición divina? ¿Quién eres? ¡Dime!

(Misma voz de antes.)

VIRGEN.-Nuestra Señora.

(Se pone rápido de rodillas y junta las manos.)

HERMANO DOMINGO.-¡Oh! ¡Portentoso! ¡Gracias, Virgen santa! ¡Te has aparecido!

VIRGEN.-¿Estás ciego? ¿Es que no lo ves?

HERMANO DOMINGO.-¡Perfectamente! La fe no precisa de una lupa! ¿Por qué te has mostrado a mí?

VIRGEN.-Es normal que me deje ver a los que rezan a todas horas. Tú y todos los de este convento. Me queréis tanto que tengo la obligación de corresponderos. Contadísimas personas creen actualmente en la Virgen... Quedan tan pocas...

HERMANO DOMINGO.-¿Y antes? ¿Por qué actuabas de ese modo?

VIRGEN.-No te entiendo. Como no te expliques mejor...

HERMANO DOMINGO.-Hazte la tonta. Pasar las manos por tu melena, ir a mi aseo, pasear, sentarte...

VIRGEN.-¿¿Yo?? ¡Qué cosas se te ocurren! Me limité a aparecerme y observarte. Tus pensamientos están tan revueltos...

HERMANO DOMINGO.-Entonces... ¿Eres la que jugabas antes conmigo o la que estás hablando ahora?

VIRGEN.-No sé... Me haces sentir incierta. ¿Tú qué crees...?

HERMANO DOMINGO.- Me parece más sensato lo que está sucediendo ahora.

VIRGEN.-¡Esta es la realidad! ¡Lo has comprendido!

HERMANO DOMINGO.-¿Eres la misma que me hablabas antes como lo hacías con todos los frailes?

VIRGEN.-Yo... ¡Soy ésa!

HERMANO DOMINGO.-¿Por qué te apareces? ¿Es que no tienes otras ocupaciones?

VIRGEN.-Amo, como tú, a los que me aman.

HERMANO DOMINGO.-Qué buscas?

VIRGEN.-Que propaguéis mi nombre, que more en el corazón de todos los que precisan creer en mí.

(Se apaga y enciende rápida la luz. Ha desaparecido VIRGEN. UN MOMENTO. Por la derecha entran rápidos, tornándose asombrados, PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO. Se sitúan a la derecha e izquierda, respectivamente, de HERMANO DOMINGO y se arrodillan ante la imagen, juntando sus manos. Transportados y totalmente compenetrados.)

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡¡Oh!!

PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO.-¡¡Milagro!! ¡¡Milagro!! ¡¡Milagro!!

PADRE FRANCISCO.-¡Se ha aparecido!

PADRE IGNACIO.-¡Ha entrado en nuestra casa!

HERMANO DOMINGO.-¡Siempre la hemos estado esperando!

PADRE IGNACIO.-¡Cómo me gusta!

HERMANO DOMINGO.-¡Es guapísima!

PADRE FRANCISCO.-¡Nunca he visto una mujer tan cautivadora! ¡Todo tuyo!

HERMANO DOMINGO.-¡Serás mía! ¡Sólo de mi pertenencia! ¡Madre y amante!

PADRE FRANCISCO.-¡Nos casaremos! Tú como te veo ahora y yo de hábito. ¡No voy a ir de etiqueta!

PADRE IGNACIO.-¡Te fugarás del cielo y crearemos juntos el más bello de los paraísos!

HERMANO DOMINGO.-¡Silencio...! ¡Va a mover sus labios!

PADRE FRANCISCO.-¡Sí...!

PADRE IGNACIO.-¡Está decidida!

PADRE FRANCISCO.-Nos mira y su sonrisa es dulce.

PADRE IGNACIO.-Extiende sus manos, como dos alas, y se dispone a dirigirse a nosotros. Falta poco, muy poco, para escuchar su armoniosa voz.

PADRE IGNACIO.-¡¡Fíjense!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Se decide!!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Ahora!!

PADRE FRANCISCO.-Habla.

PADRE IGNACIO.-¡Habla!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Habla!!

(Rápidamente cae el

TELÓN

ACTO SEGUNDO

(Se alza lento el telón. En escena, PADRE FRANCISCO, PADRE IGNACIO y HERMANO DOMINGO. Se encuentran, arrodillados y con las manos juntas ante la imagen, en la mismas posiciones que al final del acto anterior. Están muy contentos y se levantan, dejando caer sus manos.)

PADRE FRANCISCO.-¡Ha hablado! ¡Y durante mucho tiempo!

HERMANO DOMINGO.-¡Qué conversación tan interesante! Es tan sencilla...

PADRE IGNACIO.-Para ser la Madre de Dios no se da importancia. Como si lo hubiese sido toda la vida.

HERMANO DOMINGO.-¡Qué hermosa es!

PADRE IGNACIO.-¡¡Una auténtica y serena belleza!!

PADRE FRANCISCO.-¡Siento por Ella...!

(Se miran cohibidos y bajan avergonzados sus cabezas. PAUSA. Las alzan normales.)

PADRE IGNACIO.-El gran negocio de los tres frailes videntes. ¡Ha brotado petróleo en el convento!

PADRE FRANCISCO.-¡Lo explotaremos! ¡Llegarán peregrinaciones! ¡Pagarán el impuesto de aparición!

HERMANO DOMINGO.-Traerán inválidos. Los que se curen... ¡Abonarán la factura del milagro!

(Pasean rápidos e ilusionados a lo ancho de la escena.)

PADRE FRANCISCO.-Construiremos una gran plaza en las huertas que trabajamos. Aparcamientos, cafeterías, restaurantes, discotecas, aseos... ¡Una mina! Y si alguna quiere hacer la carrera tras una comisión...

HERMANO DOMINGO.-Cobraremos por cada sermón, oír misa, confesar y comulgar. ¡Sortearemos empanadas! Una cara y lujosa piscina para bañar a los enfermos! ¡Ya veo cómo los cojos regalan sus muletas!

PADRE IGNACIO.-Trapecistas, fieras, payasos, atracciones... ¡Pasen, señores, pasen! ¡Adquieran la entrada! Se arrodillarán  ante el lugar de la aparición y por cada minuto que recen... ¡Nos hacen inmensamente ricos!

(Se paran y se miran serios. PAUSA.)

HERMANO DOMINGO.-A mí todo esto me parece una frivolidad. ¡No debemos mercantilizar la aparición!

PADRE FRANCISCO.-Tiene razón, Hermano Domingo. ¡No convirtamos la fe en una verbena!

PADRE IGNACIO.-¡Resulta improcedente transformar las creencias en un elegante y divertido souvenir!

(PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-Sigue la oscura noche. ¡La luz está dentro de cada uno! Retirémonos a nuestras celdas.

PADRE IGNACIO.-Sí, alcancemos el cielo que inventó nuestra vocación. ¡La Madre de Dios nos aguarda!

HERMANO DOMINGO.-Ya somos como un imán en el que la Virgen se sentirá atraída. ¡Nunca nos dejará!

PADRE FRANCISCO.-Buenas noches.

(Mutis por la derecha.)

PADRE IGNACIO.-Buenas noches.

(Mutis por la derecha. Va hasta la puerta de este término.)

HERMANO DOMINGO.-Buenas noches, Padres.

(Va hasta el centro de la escena y queda pensativo y frente al público. PAUSA.)

Vivir tiene un significado cuando se espera. Me dan lástima los que pasan por la vida sin la ilusión de ser inmortales algún día. ¡Esos son cadáveres que sueñan su propia destrucción! Nuestra Señora ha venido a mí y pronto volverá. Oh, dulce aparición, feliz hallazgo de mi existencia. Serás mi compañera por todos los lugares del mundo. Moriré y extenderás tus manos para darme la bienvenida en el paraíso. ¡Jamás permaneceré solo!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. En el lugar que se encontraba está ahora, y también frente al público, PADRE IGNACIO.)

 PADRE IGNACIO.-He buscado lo que nunca agoniza. He ido en pos de la belleza más allá de los mares. ¡Nada es eterno! ¡Oh...! Todo ha cambiado. Nuestra Señora, que jamás se trastocará en una anciana ni en las imágenes de los altares, se me apareció. ¡Resucitó mi vida! Sé que volverá. Y yo espero, continúo esperando, porque a su lado es vivir el amor que no permite que los puros sentimientos se conviertan en inútil ceniza.

(Se apaga y se enciende rápida la luz. En el lugar que se encontraba está ahora, y también frente al público, PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-El amor muere y lo sepultamos en el más triste de los cementerios. El mundo existe cuando lo crea la esperanza, pero desaparece si la asesinamos. Era un hombre derrotado que va por la vida luchando para sostenerse en pie como el borracho que piensa que ya no se mueven los relojes. Te apareciste, mi adorada Virgen, y sentí que renacía el equilibrio del universo. ¡Vuelve a mí! ¡Sé mi fiel y ansiada amante!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. En el lugar que se encontraba está ahora, y también frente al público, HERMANO DOMINGO.)

HERMANO DOMINGO.-Pronto la veré y estará permanentemente a mi lado. ¡Sólo mía!

(Al público, poniendo el dedo índice en los labios.)

Chist, voy a llamarla.

(Se arrodilla ante la imagen y entrelaza las manos. Le reza ensimismado y en silencio. UN MOMENTO. Se apaga y se enciende rápida la luz. En el lugar en que se encontraba está ahora, arrodillado también ante la imagen y con las manos entrelazadas, PADRE IGNACIO.)

PADRE IGNACIO.-Virgen mía, no te hagas de rogar. Aparécete un poco, mi amor ¡No me rechaces!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. Delante de la imagen está VIRGEN.)

VIRGEN.-¿Hablabas conmigo, Padre Ignacio? Por favor, levántate. Ya nos conocemos.

(Se levanta y deja caer sus manos.)

PADRE IGNACIO.-Muchísimas gracias. Le resulta tan incómodo a un fraile estar continuamente de rodillas...

(Va al centro del escenario.)

VIRGEN.-Chico, no acabo de comprenderos. Todos los que se dirigen a mí, se encuentran siempre de hinojos.

(Va hacia Ella.)

PADRE IGNACIO.-No cuentes esta cita a los otros religiosos. Sus celos les harían pensar que entre Tú y yo...

VIRGEN.-¿Eh...? No te entiendo... ¿¿Qué pretendes insinuar??

PADRE IGNACIO.-Cuando un hombre y una mujer están solos...

VIRGEN.-¡¡Jesús!! Se te ocurren unas cosas... ¡Me has decepcionado!

(Mutis por la derecha. En voz baja.)

PADRE IGNACIO.-Te has ido enojada. ¡Me he quedado solo! No seas cruel...

(Va hasta la puerta derecha.)

¡Ven!

(Mutis por la derecha. UN MOMENTO. Entra triste por este término.)

No la veo... No quiere saber nada conmigo. ¡Me ha dejado por otro fraile!

(Por la derecha entra VIRGEN.)

¡Has vuelto!

VIRGEN.-¡Qué silencio! Los frailes, que estarán arrodillados en sus celdas, ¡pintan el cielo de oraciones!

PADRE IGNACIO.-¡Acabarás aprendiéndolas de memoria! Te gustará que te adoren, que se acuerden de ti...

VIRGEN.-Al principio... La novedad... Pero oír rosarios a cada rato sin ayudar al prójimo... ¡Cuánto egoísmo!

PADRE IGNACIO.-Tienes razón. Los rezos, aprendidos mecánicamente, no erradican el hambre del mundo.

(Se sienta en la silla.)

VIRGEN.-Voy a sentarme un momento. Lo tengo merecido. ¡Todo el día de pie en los altares! ¡¡Qué martirio!!

(Se aproxima.)

PADRE IGNACIO.-¡Qué hermosa eres! Cuanto más te contemplo, más me fascinas. ¡No puedo vivir sin ti!

(Muy coqueta.)

VIRGEN.-Dices unas cosas... ¡Cuánta vehemencia! Si conocieses mi vida sentimental... ¡Un continuo fracaso!

PADRE IGNACIO.-¿No fuiste feliz en el matrimonio? ¿No te llenaba tu esposo o le gustaban todas?

VIRGEN.- Si todos fuesen así... ¡Se extinguiría la especie! Después interpretar el papel de casta doncella...        

PADRE IGNACIO.-¿Es que no te gusta el libreto que han escrito para ti?

VIRGEN.-Me he acostumbrado. Estoy tan llena de cualidades... ¡No puedo rebelarme contra el texto!

(Le coge las dos manos.)

PADRE IGNACIO.-Señora mía...

(Se suelta.)

VIRGEN.-Déjame... Me siento tan nerviosa... Es la primera vez que me sucede. No creas que con otros...

(Se las vuelve a coger.)

PADRE IGNACIO.-Cariño... ¡Mi mujer ideal! Sé que nuestro amor es imposible. Di que conociste un fraile...

(Le suelta las manos.)

VIRGEN.-No insistas, no puedo. Soy una mujer honesta. Cogería una fama... Yo creo que te has equivocado.

(Pone la rodilla derecha en el suelo y las manos en el corazón para declararse.)

PADRE IGNACIO.-Siento por ti algo que a las palabras les resulta imposible expresarlo.

VIRGEN.-¿Otra vez de rodillas? ¡Qué horror! Lo vuestro es vicio.

PADRE IGNACIO.-¡¡Te adoro!! ¡¡Te idolatro!! ¡¡Me quitaría la vida para tenerte cerca!!

(Se levanta y va hacia el primer término.)

VIRGEN.-¡Calla! ¡No seas lujurioso!

(Se levanta, deja caer sus manos y va hacia Ella.)

PADRE IGNACIO.-¡Mi amor es puro! ¡Honesto! ¡Desinteresado!

VIRGEN.-En los días de mi vida... ¡Me ha surgido un amor platónico!

(Se miran tímidos. PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-Adorable Virgen ...

VIRGEN.-Mi querido Padre Ignacio...

(Va rápido hasta VIRGEN. La abraza y besa.)

PADRE IGNACIO.-¡Paloma mía!

(Se suelta rápida y corre hasta la izquierda.)

VIRGEN.-¿¿Qué has hecho?? ¡Me has besado! No es que me desagradara..., pero que me consideres liviana...

(Se oye la canción “Solamente una vez se ama en la vida...”. Se miran ensimismados. UN MOMENTO. Se aproxima a Ella.)

PADRE IGNACIO.-¿Me concedes esta pieza?

VIRGEN.-Por un baile...

(La coge y bailan lentos y muy separados por todo el escenario. UN MOMENTO.)

PADRE IGNACIO.-Siempre he soñado estar cerca de ti...

VIRGEN.-¿De verdad...?

(Se aproxima algo.)

PADRE IGNACIO.-Y escuchar esta música que embelesa...

VIRGEN.-Me vuelve loca...

(Se aproxima más.)

PADRE IGNACIO.-Bailar Tú y yo en el azul del cielo mientras las blancas nubes nos ocultan del mundo.

VIRGEN.-Me siento tan segura a tu lado...

(La aprieta fuertemente.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Eternamente juntos!!

(Se suelta rápida y deja de escucharse la canción.)

VIRGEN.-¡¡No!! ¡¡No voy a exhibirme en los altares bailando apasionadamente!!

(Intenta acariciar sus mejillas.)

PADRE IGNACIO.-Acariciaré tu inmaculado rostro...

(Se aparta.)

VIRGEN.-¡Lo tuyo es una irresponsabilidad! Muchas caricias y... ¡me das la tarjeta de visita para otro!

(Mutis rápido por la derecha.)

PADRE IGNACIO.-¡Estoy abandonado de la Madre de Dios!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE IGNACIO. En escena, y delante de la imagen, VIRGEN y, arrodillado ante Ella y con las manos entrelazadas, PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-¡Eres una mujer completa! No te falta nada. ¡Y dicen que posees grandes cualidades!

VIRGEN.-¡De verdad, hombre! A veces dudo si son mías... ¡O las tengo porque me las otorgáis vosotros!

(Se levanta y deja caer sus manos.)

PADRE FRANCISCO.-Hacías tan bien la iglesia... Te esperaba en el convento. ¡Vivamos juntos!

(Va coqueta al centro del escenario.)

VIRGEN.-¿Tú y yo...? ¿¿Me estás pidiendo en matrimonio...??

PADRE FRANCISCO.-¡Ni lo sueñes! He quedado tan escarmentado... ¡No pienso volver a casarme nunca!

VIRGEN.-Tampoco lo ibas a hacer conmigo. Aunque son muchos años de monotonía... ¡Tengo marido!

PADRE FRANCISCO.-Si él no se entera... ¡Seríamos dichosos los tres!

VIRGEN.-¡Siempre, por ahora, le he sido fiel! Lapidarme por adúltera... ¡Un poco de respeto a mi José!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Te deseo tanto...!! ¡¡Este menú es más exquisito que el del paraíso!!

VIRGEN.-¡¡Por el amor de Dios!! Que un fraile conquiste a la Virgen...

PADRE FRANCISCO.-Tu ridiculez... ¿Cuándo subirás al tren de las mujeres de hoy? ¡No has evolucionado!

VIRGEN.-¡¡Soy y seré siempre virgen!! ¡¡No intentes cambiar mi personaje!! ¡¡Me han hecho así!!

(Se miran serios. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-Desearía que sólo pensases en mí cuando te rezo.

VIRGEN.-¡Estoy de vuestras preces hasta el moño! Son tan aburridas... Las oigo... ¡y tapo los oídos!

PADRE FRANCISCO.-Me gustaría que conmigo obrases un milagro. ¡Puedes hacerlo!

VIRGEN.-¿Parar las guerras? ¡Carezco de potestad! Animo a los cancerosos: ¡En el cielo no hay quirófanos!

PADRE FRANCISCO.-Te pediría un único milagro... ¡¡Sé mi amante!!

VIRGEN.-¡¡Sagrado corazón de Jesús!! ¿¿Por quién me has tomado?? ¡¡Quiere ponerme un piso!!

PADRE FRANCISCO.-Tampoco sería todos los días. Te apareces dos veces a la semana y... ¡Discretísimos!

VIRGEN.-Me dices unas cosas... Ay, me haces perder el sentido. Me llenas tanto...

PADRE FRANCISCO.-¡¡Virgen mía!!

VIRGEN.-¡¡Padre Francisco!!

(Van rápidos el uno hacia el otro dispuestos a abrazarse y besarse apasionados. Se separa.)

¡¡Nunca!!

PADRE FRANCISCO.-¿Por qué te apartas de mí? ¡Aún no he podido haberte defraudado!

VIRGEN.-¡¡Nuestro amor es imposible!!

(Se comienza a oír música de strip-tease. Virgen, frente al público, insinuante y provocadora va quitándose elegantemente su manto azul. El la mira embelesado. UN MOMENTO.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Más!! ¡¡Mucho más!! ¡¡Como Tú sabes!!

(Deja caer el manto al suelo y se dispone despojarse, de la misma forma, del resto de su indumentaria.)

¡¡Así!! ¡¡Lo haces muy bien!!

(Cesa a música. Coge rápida el manto y lo coloca.)

VIRGEN.-¡La Inmaculada de Murillo no es La maja desnuda de Goya!

(Va lujurioso hacia Ella.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Acepta amarte!! ¡¡No te inhibas!! ¡¡Apareces liberada de ropa y te orarán más!!

(Corre por la escena.)

VIRGEN.-¡¡Jamás!! ¿¿Es que quieres que me retiren de todos los altares por conducta dudosa??

(La agarra.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Vas a ser mía!! ¿¿Te enteras?? ¡¡Solamente mía!!

(Forcejea.)

VIRGEN.-¡¡Ten piedad!! ¡¡Suéltame!! ¡¡No me hagas sufrir!!

(La tira al suelo.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Estás pensando todo lo contrario!! ¡¡Ardes de pasión!!

(Se echa encima de Ella. Gritando.)

VIRGEN.-¡¡Socorro!! ¡¡Acudid en mi ayuda!! ¡¡Me quieren violar por vez primera!!

(Se levanta y retrocede asustado.)

PADRE FRANCISCO.-Te pueden oír... Vas a despertar a los demás frailes... ¡Pensarán mal de mí!

(Se levanta, corre hasta la puerta izquierda y la abre.)

VIRGEN.-Por lo más sagrado... ¡Toma el aire! Tranquilízate. ¡Tienes que sosegarte!

(Mutis por la puerta izquierda, cerrándola. PADRE FRANCISCO va sigiloso y de puntillas hasta la puerta derecha y hace mutis por este término. UN MOMENTO. Vuelve a entrar por la derecha.)

PADRE FRANCISCO.-Temía que se hubiesen despertado... Qué alegría. ¡Todos duermen!

(Va hasta la puerta izquierda.)

Virgencita... ¿Estás ahí? Abre la puerta. ¡Vuelve! No me temas. Confía en mí. ¡No soy un desesperado!

VOZ VIRGEN.-Rezarme en un convento... ¡Enfermizos! Impotentes ante las demás y me creéis vuestro amor.

PADRE FRANCISCO.-Perdóname... Fue un mal momento. ¡No volveré a acosarte más!

VOZ VIRGEN.-¡Cualquier día poséis mi imagen! ¡Sí! ¡Igual que a una muñeca hinchable!

(Se arrodilla ante la puerta izquierda y con las manos juntas.)

PADRE FRANCISCO.-Santa María, Madre de Dios, vuelve tus ojos misericordiosos...

(Se abre la puerta izquierda y entra VIRGEN, cerrando la puerta.)

VIRGEN.-Tu actitud te ennoblece, Padre Francisco.

(Se levanta y saca un montón de billetes del bolsillo.)

PADRE FRANCISCO.-Mira lo que tengo... ¿Te gustan...?

VIRGEN.-Primorosos... ¡Cuántos billetes!

PADRE FRANCISCO.-Las limosnas de tus feligreses. ¡Son tuyas!

(Se los da y los coge.)

VIRGEN.-Gracias. El Señor te lo pagará como a todos los que incrementan el culto de mi patrimonio.

PADRE FRANCISCO.-Claro que a cambio... ¡La carne es débil! Tendrías que hacerme el favor...

(Arroja indignada los billetes al suelo.)

VIRGEN.-¡¡Cerdo!! ¡La Virgen no ejerce el oficio más antiguo del mundo! ¡¡Mi consideración más baja!! (Mutis rápido por la derecha. Coge y guarda desolado los billetes del suelo. Va lento hasta la puerta derecha.)

PADRE FRANCISCO.-Qué solo me he quedado.

(Se apaga y se enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE IGNACIO. En escena, y delante de la imagen, VIRGEN y, de pie ante Ella y con las manos acabadas de bajar, HERMANO DOMINGO.)

VIRGEN.-Tus plegarias son tan eficientes... ¡Cómo me alegra volver a verte, hijo!

(Va al centro del escenario. La sigue.)

HERMANO DOMINGO.-¡Qué emoción al salir de los labios de la mujer más bella! Me has llamado hijo...

VIRGEN.-¡Todos sois mis hijos! Uno del Espíritu Santo y los demás... tal vez de padres desconocidos.

HERMANO DOMINGO.-Tengo una madre distinta. Las de muchos amigos morían. ¡Tú eres más seria!

VIRGEN.-Unos buscan un amor platónico en mí, otros satisfacer sus oscuros deseos, algunos la madre soñada.

HERMANO DOMINGO.-¡Mi sueño, Madre mía, se ha hecho realidad!

(Se sienta en la silla.)

VIRGEN.-Ay, los hombres... ¡Me utilizáis como mujer...! O la santa esposa, la amante o su bondadosa madre.

(Se aproxima a Ella.)

HERMANO DOMINGO.-Estaba tan triste en la soledad del mundo... ¡No sabía fabricar una mamá!

VIRGEN.-Aprendiste y la modelaste entre las sombras... ¡Soy tu obra! ¡¡Una obra que te espera!!

(El se sienta en sus rodillas y Ella lo coge con sus manos como si fuese un recién nacido.)

HERMANO DOMINGO.-Ya acabo de nacer. Igual preferirías que fuese de otra manera. ¿Te gusto así?

(Besándolo.)

VIRGEN.-¡Eres lindísimo! ¡Niño mío! ¡Tesoro! ¡Hijo de mis entrañas!

(Se miran felices. UN MOMENTO.)

HERMANO DOMINGO.-Tenía tanta gana de conocer la vida. Lo que he tenido que esperar... ¡Nueve meses!

VIRGEN.-Yo también estaba deseando verte. ¡Que fueses mío! Además llevé un embarazo...

(Se pone a llorar.)

HERMANO DOMINGO.-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Qué vida tan dura! ¡Qué desgraciado soy!

(Lo acaricia.)

VIRGEN.-¿Qué te sucede? ¿Te duele algo? ¿Por qué lloras?

HERMANO DOMINGO.-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Existen tantas desigualdades en el mundo. ¡Una injusticia!

VIRGEN.-¿¿Deseas alguna cosa?? ¡¡No quiero que te falte nada!! ¿¿Qué necesitas??

HERMANO DOMINGO.-¡¡Tengo hambre!! ¡¡Algo nuevo ha despertado en mí!! ¡¡Qué gran apetito!!

(Saca un pecho.)

VIRGEN.-No te preocupes. ¡Tranquilízate! Nuestra Señora alimenta a todos sus hijos.

HERMANO DOMINGO.-Si fuese verdad... Alcanzaría el cielo con mis manos. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

(Lo amamanta y deja de llorar.)

VIRGEN.-Este niño me come muy bien...

(Permanecen así. UN MOMENTO. Guarda el pecho.)

HERMANO DOMINGO.-Oh, he quedado tan satisfecho... Ahora... Tengo un sueño...

(Se queda dormido. Se levanta y lo deja estirado en la cama.)

VIRGEN.-¡Es un bendito de Dios! Te miro, hijo mío, y el tiempo va pasando mientras tú creces.

(Mutis por la derecha. UN MOMENTO. HERMANO DOMINGO despierta y se levanta.)

HERMANO DOMINGO.-Recuerdo, o lo soñé, que mi madre era la Virgen. ¿Me visitará? ¡No puedo olvidarla!

(Mira ensimismado a la derecha. UN MOMENTO. Por la derecha entra lenta y solemne VIRGEN.)

VIRGEN.-Yo tampoco he podido olvidarte. Crecías, maduraste y mi imaginación ha creado su hombre idóneo.      

HERMANO DOMINGO.-¿Estamos viviendo un  sueño? ¡La esposa de San José no puede comportarse así!

VIRGEN.-¡Nuestra Señora, encarcelada como una estampa en los devocionarios, ha huido de sus hojas!

HERMANO DOMINGO.-¿No existes? Hemos malgastado los días. ¿Eres sólo un personaje de ficción?

VIRGEN.-¡Soy una mujer de carne y hueso! ¿Es que no me ves? ¿También tú deseas anularme?

HERMANO DOMINGO.-Para mí sigues siendo la misma. ¡Mi única realidad inventada!

(Saca de un bolsillo pinturas, un pincel, polvos, maquillaje y un pequeño espejo ante el asombro de él. Se maquilla todo el rostro.)

VIRGEN.-No te asustes... Quedaré con este maquillaje...

HERMANO DOMINGO.-¡Celestial!

(Se pinta las cejas.)

VIRGEN.-Las cejas como una insinuante interrogación...

HERMANO DOMINGO.-¡Divina!

(Se pinta los ojos.)

VIRGEN.-Los ojos para que brillen esplendorosamente...

HERMNO DOMINGO.-¡Angelical!

(Se echa polvos con el pincel.)

VIRGEN.-Unos polvos como una lluvia de estrellas...

HERMANO DOMINGO.-¡Purísima!

(Se pinta los labios.)

VIRGEN.-Los labios rojos y sensuales...

HERMANO DOMINGO.-¡Inmaculada!

(Se mira en el espejo.)

VIRGEN.-¡Ah...! ¡Me siento atractiva!

(Guarda todas las cosas en el bolsillo.)

HERMANO DOMINGO.-Tan virginal...

(Se miran embelesados. PAUSA. Avanza muy coqueta y lenta hacia él.)

VIRGEN.-¿Te gusto un poquito...? Eres un hombre tan irresistible...

(Retrocede lento y asustado.)

HERMANO DOMINGO.-¡Aléjate! Eres el diablo travestido de Virgen. ¡No me tientes!

(Se paran. PAUSA.)

VIRGEN.-Hermano Domingo...

HERMANO DOMINGO.-Nuestra Señora...

(Avanza decidida y entregada.)

VIRGEN.-¡¡Soy tuya!!

(Lo va a besar apasionada y se escuchan pasos procedentes de la derecha. Se apartan rápidos. Voces bajas.)

Oigo pasos...

HERMANO DOMINGO.-Alguien se acerca.

VIRGEN.-Se aproximan...

HERMANO DOMINGO.-Nos van a ver juntos...

(Crece el sonido de los pasos.)

VIRGEN.-¿Qué hago...? ¡Cantemos el Veni Creator...! Jamás me he encontrado en esta situación.

HERMANO DOMINGO.-Discurre algo... Te será más fácil... ¡Eres la Virgen!

(Los pasos se escuchan fuertemente.)

VIRGEN.-Me verán contigo. Pensarán mal. Voy a perder mi reputación. ¡Toda mi vida se hunde en este instante!

(Abre rápido la puerta izquierda.)

HERMANO DOMINGO.-¡Apura! ¡Ocúltate! ¡No encuentro otra salida!

VIRGEN.-¡Magnífica idea! Chico, te acaba de inspirar el Espíritu Santo. 

(Mutis por la izquierda, cerrando la puerta. Se torna muy nervioso. Pasea apurado a lo ancho de la escena. UN MOMENTO. Por la puerta derecha entran serios PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO. Se para, creciéndole el nerviosismo.)

HERMANO DOMINGO.-Ustedes... ¿Cuál... es... la... causa... de... tan... inesperada... visita?

PADRE FRANCISCO.-¿Qué le sucede, Hermano Domingo? Lo veo un tanto raro.

PADRE IGNACIO.-Con toda sinceridad... Se encuentra usted muy nervioso.

HERMANO DOMINGO.-Sí... Es probable... No dormía y la ansiedad se apoderó de mí.

PADRE IGNACIO.-Tranquilícese, vuelva al centro de sí mismo. ¡Sea dueño de sus actos!

PADRE FRANCISCO.-¡Domínese! ¡Emplee su fuerza de voluntad! ¡No tiene un motivo para reaccionar así!

HERMANO DOMINGO.-¿Yo...? Que voy a tener... ¡Ninguno!

(Se dirige muy rápido a la puerta izquierda.)

PADRE FRANCISCO.-Necesito ahora mismo...

(Se dirige muy rápido a la puerta izquierda.)

PADRE IGNACIO.-Salga pronto que yo...

(Se pone muy asustado delante de la puerta.)

HERMANO DOMINGO.-¿Adónde van? Olvidan... sus celdas.

PADRE FRANCISCO.-¡Lo mío es urgente!

PADRE IGNACIO.-¡Es que no puedo más!

HERMANO DOMINGO.-Recen a Nuestra Señora y superarán su problema.

(Sacan sus rosarios y se arrodillan, ante esta puerta, dispuestos a rezar piadosos.)

PADRE IGNACIO.-Si Tú quisieras, Virgencita...

PADRE FRANCISCO.-¡Óyeme, Madre mía!

PADRE IGNACIO y PADRE FRANCISCO.-¡¡Nada!!

HERMANO DOMINGO.-¡Insistan! ¡No pierdan la fe!

PADRE FRANCISCO.-No me abandones en este instante, Señora.

PADRE IGNACIO.-Haz que me desaparezca el impulso fisiológico.

HERMANO DOMINGO.-¡Cúmpleles este capricho, María!

VOZ VIRGEN.-Convertirme en uróloga... ¡Que pase el siguiente!

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO se levantan, guardan aliviados sus rosarios y van al centro de la escena.)

PADRE FRANCISCO.-¡Nos ha escuchado!

PADRE IGNACIO.-¡Qué milagrosa es!

(Va tranquilo hacia ellos.)

HERMANO DOMINGO.-Con decirles que me ha abandonado el nerviosismo...

(Recoge su rosario de la cama y lo guarda. Se miran serios. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-Pues nosotros continuamos desvelados... ¡¡La Virgen!! ¡¡Nuestra Señora!! ¡¡La que vive en los altares!! ¡¡Se apareció en mi celda y conversamos honestamente!!

PADRE IGNACIO.-¡¡También en la mía y hablamos como dos sanos amigos!!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Cuánta distinción!! Cómo alternan...

PADRE IGNACIO.-¿A usted...?

PADRE FRANCISCO.-¿Se le apareció algo...?

HERMANO DOMINGO.-No...

(Se oye un fuerte estornudo de VIRGEN. Miran sorprendidos a la puerta izquierda. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-¿Y... eso?

PADRE IGNACIO.-¿Quién... ha sido?

HERMANO DOMINGO.-La Virgen...

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¿¿Eh??

(Estornudan.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Achís!!

PADRE IGNACIO.-Aaaa... ¡chis!

PADRE FRANCISCO.-¡Fue usted el que estornudó, Padre Ignacio!

PADRE IGNACIO.-¡Se equivoca, Padre Francisco! ¡El estornudo es de su propiedad!

HERMANO DOMINGO.-Les decía que la Virgen... ¡Hace milagros!

(PAUSA.)

PADRE IGNACIO.-Por eso veníamos a preguntarle si a usted lo volvió a visitar...

PADRE FRANCISCO.-Pero no nos envidie. Se le aparecerá nuevamente y... ¡Gozará a su lado!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Lo estoy deseando!!

(Mutis de PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO por la derecha. UN MOMENTO. HERMANO DOMINGO va sigiloso y de puntillas hasta el límite de este término, observa y hace mutis por él. UN MOMENTO. Vuelve a entrar. Se abre la puerta izquierda. Por este término, cerrando la puerta, entra VIRGEN.)

VIRGEN.-Amor mío...

(Corren el uno hacia el otro y, en el centro del escenario, se abrazan y besan muy apasionados.)

HERMANO DOMINGO.-¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero!

(Se separa. Su boca está roja por los labios pintados de Ella.)

VIRGEN.-¡Cuánto ardor! ¡Oh...! Tus labios están muy rojos por mi carmín. ¡Relajémonos encima de la cama!

HERMANO DOMINGO.-¡Al fin solos! ¡Únicamente Tú y yo!

(Vuelven a oírse unos pasos muy fuertes y próximos.)

 ¡¡Vuelven!!

VIRGEN.-Mejor...

(Se esconde debajo de la cama.)

¡Debajo de ella!

HERMANO DOMINGO.-¡Para una vez...!

(Va cohibido al centro de la escena. Por la derecha entran PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.)

PADRE FRANCISCO.-¿Y Nuestra Señora...? Aquel estornudo detrás de la puerta...

PADRE IGNACIO.-Entre nosotros... ¿Dónde la ha escondido?

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO van hasta la puerta izquierda.)

HERMANO DOMINGO.-Nunca juego al escondite con la Madre de Dios. A mí esas diversiones...

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO abren decididos la puerta al mismo tiempo que HERMANO DOMINGO se sienta en el centro del borde de la cama y de espaldas al lateral izquierdo.)

PADRE IGNACIO.-No está...

(Cierran la puerta.)

PADRE FRANCISCO.-Pero si había...

(Estornuda fuerte.)

HERMANO DOMINGO.-¡¡Achís!!

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡Jesús!

(PADRE FRANCISCO se sienta a la derecha de HERMANO DOMINGO y PADRE IGNACIO a la izquierda del novicio. Lo miran muy sorprendidos. UN MOMENTO. Muy asustado.)

HERMANO DOMINGO.-¿Qué... me... miran...? Parece... que... me... inculpan... ¡No... he hecho... nada!

PADRE FRANCISCO.-Esos labios de carmín...

HERMANO DOMINGO.-¿¿Yo...?? Por favor... ¡Un poco de consideración!

PADRE IGNACIO.-¡Usted ha besado a una mujer!

HERMANO DOMINGO.-Les aseguro... ¿A quién iba a besar?

PADRE IGNACIO.-¡A la Virgen!

HERMANO IGNACIO.-¡La Virgen no se pinta los labios ni va a la peluquería! ¡Jamás se ha visto en los altares con la cabeza en el secador!

PADRE FRANCISCO.-Tuvo que ser otra. Hay tanta desvergonzada... ¡Dígame la verdad! ¿Le ha abierto la puerta a alguna desesperada por el furor?

HERMANO DOMINGO.-¡A ninguna! ¡Lo juro por mi ansiada salvación!

(VIRGEN, con las dos manos, le agarra el pie izquierdo a PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-¿¿Eh?? ¡¡Mi pie!! ¡¡Me han agarrado el pie!!

HERMANO DOMINGO.-¿¿Quién??

PADRE IGNACIO.-¡¡Pero...!! ¿¿Qué dice??

(VIRGEN besa el tobillo izquierdo de PADRE FRANCISCO y lo suelta. Se levanta aliviado.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Libre!!

(VIRGEN, con las dos manos, le agarra el pie derecho a PADRE IGNACIO y le besa el tobillo.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Ahora el mío!! ¡¡Me están cogiendo el pie!!

HERMANO DOMINGO.-¿¿Cómo...??

PADRE FRANCISCO.-¿¿También??

(VIRGEN le suelta el tobillo a PADRE IGNACIO y éste se levanta tranquilo.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Me ha soltado!!

(Se levanta.)

HERMANO DOMINGO.-No les entiendo, Padres... ¿Qué les pasa con sus pies...?

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO, al unísono, levantan sus hábitos. Destacan el carmín de unos labios en el tobillo izquierdo del primero y en el tobillo derecho del segundo.)

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡¡No!!

HERMANO DOMINGO.-¿¿Otro pie??

PADRE FRANCISCO.-¿Acaso no lo ve? ¡Los labios de carmín en nuestros tobillos!

PADRE IGNACIO.-¡El mismo que usted tiene en su boca!

HERMANO DOMINGO.-Están obsesionados con los labios de carmín de las mujeres. En mi boca no lo siento y en sus tobillos... ¡tampoco lo percibo!

(Confusos.)

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¿No...?

HERMANO DOMINGO.-¡Segurísimo!

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO, al unísono, dejan caer sus hábitos. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Nos agarraron el pie y después besaron nuestros tobillos!!

PADRE IGNACIO.-¡¡La degenerada de su amiguita está debajo de su cama!!

HERMANO DOMINGO.-¡Por los clavos de Cristo!

(PADRE FRANCISCO, en dirección a la izquierda de debajo de la cama, y PADRE IGNACIO, en dirección a la derecha de debajo de la cama, se ponen a cuatro patas al unísono y se dirigen igual y rápidos hasta el lecho. HERMANO DOMINGO, con un pañuelo que guardará, borra el carmín de sus labios.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Enseguida la descubriremos!!

HERMANO DOMINGO.-¡¡No insistan!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Ahora va a saber lo que es un hombre!!

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO entran ,por los lados, debajo de la cama al mismo tiempo que VIRGEN sale muy rápida, y a cuatro patas, de debajo de la cama y se pone de pie. Feliz y en voz muy baja, señalándole enérgico la puerta derecha.)

HERMANO DOMINGO.-¡Márchate! ¡Inmediatamente! ¡No me comprometas!

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO salen derrotados de debajo de la cama y se ponen de pie.)

PADRE FRANCISCO.-No hay nadie.

HERMANO DOMINGO.-Claro... Lo dirían hasta los ciegos.

(Levantan sus hábitos y han desaparecido los labios de carmín de sus tobillos.)

PADRE IGNACIO.-¡Oh! Sus labios ya no tienen carmín como nuestros tobillos.

(PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO bajan sus hábitos y hacen decididos mutis por la derecha.)

(Se miran amorosamente. PAUSA.)

VIRGEN.-¿Temías...? ¡Cómo sois los hombres...! Para vosotros, la única mujer honrada es vuestra madre y las demás, que deseáis, son sólo la fotografía de ella. Qué manera de engañaros. Si desde los clásicos griegos...

HERMANO DOMINGO.-¿Es que los frailes también padecemos el conflicto de Edipo? Tú... eres distinta.

(Va insinuante hacía él.)

VIRGEN.-¿Estás seguro...? ¡Soy como las demás! ¡¡La que has anhelado siempre!!

HERMANO DOMINGO.-¿Entonces...? ¿Has entrado, en este convento, procedente de cualquier lugar del mundo?

VIRGEN.-¡He venido hasta aquí porque me llamabas con tus oraciones! Soy tan dulce y cariñosa...

(Lo abraza y aprieta.)

¡Te amo! ¡Me tienes enajenada! ¡No puedo vivir sin ti!

HERMANO DOMINGO.-Si fuese verdad... ¡Es todo tan hermoso!

(Se suelta.)

HERMANO DOMINGO.-¡¡Jamás!! ¡¡Es una locura!! ¡¡Voy a condenarme!!

(Simula llorar.)

VIRGEN.-No me quieres. ¡Me desprecias! Soy tan desgraciada...

(La coge.)

HERMANO DOMINGO.-¿Voy a verte así, mi vida? Soy muy sensible. ¡Me partes el corazón!

VIRGEN.-Siempre tan decidido... A veces te temo. Esa cara de profundo deseo... ¡Eres capaz de desnudarme!

(Se separa.)

HERMANO DOMINGO.-¿Yo...? ¿Dejar sin ropa a la Madre de Dios como si te la quitase en una iglesia? ¡No me atrevo! ¡¡Es un sacrilegio!!

VIRGEN.-En ese caso... ¡¡Lo voy a hacer yo!!

(Lo agarra y se dispone decidida a quitarle el hábito. Intenta inútilmente impedírselo.)

HERMANO DOMINGO.-¡¡No me quites el hábito!! ¡¡Soy un ser honrado!!

VIRGEN.-¡Entrégate, ángel mío! ¡Olvídate, por hoy, de que has nacido fraile!

HERMANO DOMINGO.-Qué vergüenza... ¡Me siento degradado como casto varón!

(Le quita el hábito y lo tira al suelo. Viste jersey y pantalón sencillos.)

VIRGEN.-Acércate... ¡No voy a esperar por ti toda la eternidad!

HERMANO DOMINGO.-Otra día. ¡Debo mentalizarme! Hoy...

(VIRGEN pasea provocativa, a lo ancho de la escena, como si cruzase la pasarela en un desfile de modelos.)

¡¡Oh!! ¡¡El modelo de Virgen que se lleva esta temporada!!

(Ella, ajena a todo, continúa desfilando. UN MOMENTO.)

¡En el cielo cruzarán todas la más excelsa de las pasarelas!

(Ella continúa igual. Muy animado.)

¡¡Sigue!! ¡¡Sigue sólo para mí!!

(Desfilando igual. A un público imaginario.)

VIRGEN.-¿Les gusta mi modelo paraíso? Le sentará muy bien, señora. Y a usted también, hermosa joven. Lo malo es que sus cualidades desentonan de él. ¿Y a usted, caballero...? ¿No me dice nada...? ¡Qué manera de mirarme! Me ve tan diferente a las que conoce...

(Se pone delante de Ella.)

HERMANO DOMINGO.-¡¡No!! ¡¡Deja de exhibirte!! ¡¡Deseo que te muestres exclusivamente para mí!!

(Se para maliciosa.)

VIRGEN.-¿Me lo vas a impedir...? Mi niño está celoso. Te veo tan apasionado... ¿Es que me vas a coger en brazos en esta mágica noche de bodas?

HERMANO DOMINGO.-¡¡Sí!! ¡¡Vas a ser mía!!

(Intenta cogerla inútilmente en brazos.)

VIRGEN.-¡Ay! ¡Qué momento tan romántico!

(Desiste.)

HERMANO DOMINGO.-No puedo... La falta de práctica. Me gustaría... ¡No me abandones, amor mío!

(Lo coge decidida en brazos.)

VIRGEN.-¡¡En la vida!!

(Lo deja acostado en el centro de la cama.)

HERMANO DOMINGO.-Mamá del cielo...

(VIRGEN, y a la izquierda de él, se acuesta en la cama y su mano derecha coge la izquierda del fraile. Se tornan felices, disfrutando extasiados de este instante. UN MOMENTO.)

VIRGEN.-Los dos juntos en esta larga noche sin principio ni fin.

HERMANO DOMINGO.-Uno al lado del otro más allá de las estrellas.

(Va bajando la luz, sólo en el espacio de la cama,  hasta verse los personajes como dos siluetas que se aman elegantemente.)

VIRGEN.-Tienes cara de un dolor intenso. ¡Está sufriendo mucho! ¿Qué te sucede...?

HERMANO DOMINGO.-Algo muy trágico... ¡¡He dejado... de ser... virgen!!

VIRGEN.-Pobrecito...

HERMANO DOMINGO.-Pero Tú... ¡¡No lo eres!!

VIRGEN.-Es natural... Estuve casada... José es muy buena persona. Pero ahora... ¡Tengo que verlo todos los días! El desamor se torna en un hastío...

(Por la puerta derecha, quedándose en el límite del término, entran PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO. Observan confusos. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-El Hermano Domingo duerme profundamente...

PADRE IGNACIO.-Ha caminado de la noche a su silencio.

HERMANO DOMINGO.-¡¡Esto es maravilloso!! ¡¡Exquisito!! ¡¡Algo celestial!!

PADRE IGNACIO.-Está soñando en alto.

PADRE FRANCISCO.-Y su sueño es tan dichoso...

VIRGEN.-¡¡Ay!! ¡¡Eres un maestro!!

PADRE FRANCISCO.-Esa voz...

PADRE IGNACIO.-No creo...

(Las siluetas de HERMANO DOMINGO y VIRGEN se abrazan fuertemente.)

HERMANO DOMINGO y VIRGEN.-¡¡Hemos llegado al cielo!!

PADRE IGNACIO.-¡Qué horror...!

PADRE FRANCISCO.-¡No lo puede creer!

PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO.-¡¡Tiene que ser un sueño!!

(Lloran desolados. UN MOMENTO.)

PADRE IGNACIO.-Es que si no lo fuese...

PADRE FRANCISCO.-¡El amor se ha reído de nosotros!

(Mutis de PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO por la derecha. UN MOMENTO. Vuelve la misma luz en el espacio de la cama y VIRGEN ha desaparecido. Ensimismado en la cama.)

HERMANO DOMINGO.-He tenido un sueño tan gratificante... Había perdido mi virginidad... Antes, Nuestra Señora, me había quitado el hábito. Qué tonterías se posan en las mentes ...

(Se levanta y lo mira sorprendido.)

¡¡No!! ¡¡El hábito!!

(Se lo pone rápido.)

Uno entra ingenuo en el convento y pierde... Pero yo... Madre mía... ¡Te amo!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. Ha desaparecido HERMANO DOMINGO y en su lugar se encuentra airado, ante la imagen, PADRE FRANCISCO.)

PADRE FRANCISCO.-¡Me has engañado, Nuestra Señora! ¿Piensas que eres la única mujer a la que adoran en los altares? ¡Qué gran fiasco! La que tiene un nombre distinto en cada lugar. Un ser excelso para venerarlo por sus inexistentes apariciones. ¡Una fuente de ingresos que pagan los desesperados y cándidos! Un impúdico negocio... ¡La industria de milagros por sugestión! La imagen en la que se posan palomas... ¡Palomas amaestradas, y ciegas en busca de protección, después de pincharles los ojos! La que posee infinitas alabanzas en las letanías mientras le suplicamos en las cuentas del rosario... Y tu única realidad es que existes al ser creada por los pinceles de un pintor y la madera que copió su obra. Te miro y me das pena... ¡¡No eres nada!!

(Le quita el manto y deja caer al suelo.)

¡Fuera tu manto como una diosa de papel!

(Le quita la parte de arriba del traje, dejándolo caer al suelo y quedando con un sujetador blanco.)

¿Qué llevas debajo? ¡Lo mismo que las otras! Aunque... Ya podrías liberarte del sujetador... ¡Has evolucionado muy poco! Vas a la playa y... ¡te pones en albornoz!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE FRANCISCO y en su lugar se encuentra airado, ante la imagen sin la ropa que le quitaron y tirada en el suelo, PADRE IGNACIO.)

PADRE IGNACIO..-¡¡Me has resultado infiel!! ¡¡He dejado de creer en ti!! El ídolo de las beatas que van descalzas y de rodillas en las procesiones para rogar que llueva. Sus velas encendidas y no saben que es imposible iluminarte porque eres la eterna oscuridad. La que adornan con joyas mientras existen personas que agonizan de miseria. La que sirve de pretexto para fiestas y romerías. La buena madre, la santa esposa, la hija ejemplar. La que pintan sobre las llamas del purgatorio porque va a salvar a los padecen una condena con final feliz. ¿Eres eso? ¡No! ¡¡Qué decepción!! Sólo representas una imaginación enfermiza con la que nos han engañado. ¿Crees que vas a continuar así? ¡¡No puedo admitirte!!

(Le quita la parte de abajo, que deja caer al suelo, y queda con una braga blanca.)

Lencería... ¡Igual que la que usan todas! La Señora que nos enseñaron que era distinta, divina, inmortal... ¡Y sólo es una muñeca a la que visten y desnudan las niñas! ¡¡Podrías promocionar las prendas en un escaparate!!

(Se apaga y se enciende rápida la luz. Ha desaparecido PADRE IGNACIO y en su lugar se encuentra airado, ante la imagen sin la ropa que le quitaron y tirada en el suelo, HERMANO DOMINGO.)

HERMANO DOMINGO.-¿Por qué desapareciste después de amanecer mi pasión? ¡Eso no se hace! Fuiste Tú la que me buscaste. Yo no quería... ¡Chica, me has dejado...! Antes te consideraba... La abogada de las causas imposibles. El paradigma inaccesible de la mujer perfecta. La protagonista de incesantes novenas para obtener favores. La que colecciona interminables advocaciones como títulos nobiliarios. La que las Hijas de María coronan, como reina de las flores, en el mes de mayo. La que visten de luto, y en sus ojos hay lágrimas, en el show ridículo de Semana Santa aupada por costaleros y escoltada por encapuchados. ¡Un circo para el turismo! ¿Complaces a tus fervorosos? ¡¡Mentira!! ¡Qué manera de crear un personaje incapaz de ser vida!

(Le quita, dejándolo caer al suelo, el sujetador.)

¡Actualízate en una playa!

(Le quita, dejándola caer al suelo, la braga.)

¡Puedes acudir a una nudista!

(Le quita, dejándola caer al suelo, su peluca de melenas. Se ha convertido en una muñeca desnuda.)

Tu divina melena... ¡Ya no la tienes ¡Eres como la cancerosa que la tratan con quimioterapia! Pero tu pelo... ¡No volverá a crecer!

(Coge la muñeca desnuda.)

¡Una muñeca desnuda que disfrazan con los más variados trajes en cada iglesia! ¡Un maniquí a la que visten de gala por su santo! Un nombre en el calendario... Me agarré a ti, igual que a un clavo ardiendo, para imaginar una madre que no tuve. ¿En qué te has convertido? ¡En nada! ¡¡Nuestra señora ha muerto!!

(La arroja fuertemente al suelo y la muñeca se rompe. Va triste y ensimismado hasta el centro del primer término. SILENCIO.)

Oh... Me cuesta tanto trabajo olvidarte...  Pasará el tiempo y no cicatrizarán las heridas de mi corazón roto. Ingresé en el convento para estar a tu lado. Ahora... ¿Qué hago en él sin ti? ¡Debo dejarlo! ¡Vivir solo en un mundo al que no he comprendido! ¡¡Hacer las maletas de la desesperanza!!

(Queda desolado y ajeno a todo. Por la derecha, quedándose en el límite del término, entran PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO. Quedan mirando el maniquí roto.)

PADRE FRANCISCO.-¡Qué horror! ¡Es inconcebible lo que ha hecho! Desnudó totalmente a Nuestra Señora. Arrancó su peluca de serena melena. ¡¡La destruyó!!

PADRE IGNACIO.-Hizo lo mismo... que nosotros dos.

(Se miran serios. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-Pero nosotros fuimos rechazados por la Virgen y él...

PADRE IGNACIO.-Resulta tan enigmático el amor...

(HERMANO DOMINGO va serio hasta el centro de la escena mientras PADRE FRANCISCO y PADRE IGNACIO coge cada uno una escoba, que estaba oculta a su lado, y se dirigen agresivos.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Hermano Domingo!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Qué alegría verle por aquí!!

(Se para muy sorprendido.)

HERMANO DOMINGO.-¡¡Padres!!

PADRE IGNACIO.-Vamos a abandonar desilusionados el convento.

HERMANO DOMINGO.-Yo también. He perdido la ilusión de seguir viviendo en él.

PADRE FRANCISCO.-Pero antes... ¡Va a pagar su merecido!

HERMANO DOMINGO.-¿Por qué? ¿Les he hecho daño?

PADRE IGNACIO.-Nuestra Señora me repudió.

PADRE FRANCISCO.-Ella no quiso aceptar mi proposición.

HERMANO DOMINGO.-Yo no tengo la culpa. Son cosas de la Virgen y ustedes.

PADRE FRANCISCO.-Ella y usted... ¡¡Se amaron una noche!!

HERMANO DOMINGO.-¡¡No es verdad!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Es cierto!!

(Se disponen a darle escobazos y escapa.)

HERMANO DOMINGO.-¡¡No...!!

(Lo persiguen e intentan agredirlo de este modo.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Voy a presentarme cortésmente a usted!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Hoy tendrá el gusto de conocerme!!

HERMANO DOMINGO.-¡¡Recapaciten!! ¡¡Por caridad!!

(Le dan fuertes escobazos.)

PADRE IGNACIO.-¡¡Desgraciado!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Traidor!!

(Lo tiran al suelo en el centro del escenario.)

HERMANO DOMINGO.-Entre Nuestra Señora y yo... no hubo nada.

(Aumentan los escobazos.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Muera, asqueroso pecador!!

(Sin fuerzas y agonizando.)

HERMANO DOMINGO.-Les... aseguro...

PADRE IGNACIO.-¡¡Viaje al infierno!!

(HERMANO DOMINGO muere. Se miran satisfechos. PAUSA.)

PADRE FRANCISCO.-¡Merecía este suave castigo! ¡Ya no se burlará de nosotros un aprendiz de don Juan!

PADRE IGNACIO.-¡Era un ser despreciable! ¡No reunía nuestras irreprochables cualidades!

(Se miran agresivos. UN MOMENTO. Comienzan a darse fuertes escobazos en el centro del escenario.)

PADRE FRANCISCO.-¡¡Me quería a mí y usted pretendió quitármela!

PADRE IGNACIO.-¡¡Yo era su preferido y usted intentó interponerse en nuestro camino!!

PADRE FRANCISCO.-¿¿Quiere ver a Nuestra Señora?? ¡¡La va a ver cuando lo mate!!

PADRE IGNACIO.-¡¡Se le va a aparecer así que le haga abandonar este mundo!!

PADRE FRANCISCO.-¡¡Ay...!!

(Cae muerto al lado de HERMANO DOMINGO.)

PADRE IGNACIO.-Asesino...

(Cae muerto al lado de PADRE FRANCISCO. UN MOMENTO. Por la derecha, que traerá algo en la cintura y no se percibe para la situación final, entra VIRGEN. Viste como al principio y no está pintada. Mira los cadáveres.)

VIRGEN.- Se han aniquilado... Todos los hombres se destruyen como hacen con mi imagen. Pobres... Ignoro si están muertos o sueñan este momento. Nunca sabremos distinguir la realidad de la ficción.

(Va, frente al público, al centro del primer término.)

Nuestra Señora, a la que adoran unos y otros la ignoran, se aparece algunas veces... Me aman tanto... ¡Soy una mujer que nunca he conocido ni conoceré el amor! Estoy tan acostumbrada como algunas esposas... Ya es tarde para hacerme feminista... Tal vez exista o sea también un sueño que tejen mis devotos... Por eso yo, la celestial princesa, tengo que seguir el guión que han escrito para mi personaje.

(Extiende los brazos y comienza lentamente a ascender.)

Ascender a los cielos, seguir ascendiendo hasta llegar al final de mi ignota estación ... ¡Ascender siempre...!     

(Se comienza a oír débil, interpretada por las voces del mismo coro inicial, el “Ave María” de Schubert mientras Ella sigue ascendiendo muy lenta y ensimismada. Va creciendo el canto hasta oírse muy fuerte.

Lentamente cae el

TELÓN

La Coruña, 8 de junio de 2.005

FINAL DE “NUESTRA SEÑORA Y SUS DEVOTOS FRAILES”.

 

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