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  dollwrist

           de Juan Martins

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

Dollwrist

Discurso melodramático en dos capítulos

  de Juan Martins

                                

 

 

                                                   

 

 

 

 

                                                            ¡Oh! hay palabras irrepetibles.

   Quien la buscó, perdió­ demasiado.

   Sólo el azul del cielo

   y la misericordia de Dios son inagota­bles.

 

                                                                               Anna aimátova                                                                      (Soy vuestra voz) 

 

«El animador» la produje como una catarsis frente a las humillaciones de los animadores de concursos televisi­vos con los participantes (...) para que la gente pudiera sentir esa mis­ma satis­facción de venganza que sentí yo cuan­do escribí la obra...

 

                                                                                                    Rodolfo Santana                                          (El Nacional C-U. 23/12/96)

 

                               A la memoria de Aura

                                                                 A Bernardo Carey por sus sugerencias a tiempo

 

 

 

 


 

     Personajes

 

Exequiel, muy joven y aventurado. «Office boy» de la televisora. Viste ele­gante para su edad.

Aura, 41 años. La aparien­cia sensual ciñe su modo de ves­tir.

Rubén, Joven, dueño de la televisora, sólo aparece como imagen proyectada de vídeo.

Hombre uno y dos, aparecen de acuerdo a lo que exige el texto.

 

Las escenas se desarrollan en un camerino de televisión. Se encuentra limpio, definido por una puerta de acceso como límite de entrada, marcando un lugar aislado y de pocos elementos: un tocador cuyo marco está sin espejo y da hacia al público. Para los personajes sólo será el referente de un espejo, para el público, un marco vacío, un objeto abstracto que encuadra la mirada entre los actores y éste, el público. En el lugar permanecerá un maniquí. Al fondo, se proyectan imágenes, según lo exija el texto. Encima del tocador una pequeña daga. Con todo, quiere el autor que el diseño de esta escenografía posea un color uniforme, preferiblemen­te de tonos grises, con la in­tención de señalar una línea foto­gráfica en blanco y negro. Sobrio y definido


 

Capítulo Primero

                                                      Escena primera

 

Entra Aura ha­blan­do. Busca sentarse en uno de los bancos del lugar, frente a ella un espe­jo sencillo y de buen gusto. Existe en ella la intención de encubrir su suicidio. Recurre para ello a una pequeña daga. Como si estuviera al final de su vida (en un juego de lugares comunes). Se mira en el espejo. Conti­núa. Al fondo «Symphony No.6. Pathé­tique. Adagio lamen­toso» de Tchaikovsky. De aquí en adelante se reitera este fondo musical al gusto del director de escena.

 

Aura.— ¡El muy marico! Mandarme en todo. ¡Como si yo fuera una maldita muñeca sueca! Cuando ni siquiera me he maquillado. (Cambia. Remedando a un slogan publicitario. Juega con la daga y luego se maquilla) «Uno debe mostrar su me­jor son­risa, su mejor ale­gría»... El tipo es imbécil. (Pausa larga. Ríe) Preten­de obtener, con todo y su estu­pidez, mis favo­res. (Pausa. Se toca el cuerpo lascivamente) ¡Un día de estos me dirá qué color remesar en mis ojos, otro día, en los labios. Otro día ¡qué sé yo en qué lugar del coño! Pues le diré a ese estúpido que me maquillo pri­mero así, (declara en gestos) o sea, donde me dé la gana... (Conti­núa igual. Esta vez como si alguien la interro­gara, mirando hacia el público a través del marco del espejo) Un carajo que no conoció estudio, sino dine­ro, anhela ahora, a punta de jalar bolas, ser dueño de todo... Corrijo, es dueño de todo. Ya parece un gallo, ¡montán­dose sobre la primera gallina! Pero, se «peló»... No soy su gallina. ¡Qué vaya a joder con otra! Que bastante hay en esta mierda... (Cambio) De acuerdo, seguiré maquillándo­me. Sin tener nada me­jor qué hacer: tomaré ahora mis labios y mi cutis. (Pausa. Se mira al espejo) ¡Ay! Parezco a una vieja puta... (Pausa) Ese Rubén si es arre­cho, cojerme a las pri­me­ras de cambio. (Entra Exequiel interrumpién­do­le)

Ezequiel (Entrando).— ¡Permiso! Señora Aura. ¡Ah!, disculpe, ¿le interrum­po?...

Aura (Algo sorprendida. Segura de sí. Le recibe caminando alrededor de él. Pasa seguro a la puerta y la cierra con vehemencia. Él, se extraña en algo. Entra despacio a la es­cena. Ella, continúa alrededor de él).— No se asuste, sólo murmuraba en voz alta.

Exequiel.— ¿O con el espejo? Descuide... no es de mi incumbencia...

Aura.—No, está bien.  Su pregunta es pertinente. Continúe.

Exequiel.— He venido porque Rubén...

Aura.— Sí, me di cuenta. Rubén no deja de joder...

Exequiel.— Señorita, usted sabe que él da las órdenes...

Aura (Ambos se dirigen hacia el espejo, mientras la mujer utiliza un tono de burla).— Sí, él da las órde­nes...(Cambia) Pero cambiemos de tema. Para empezar, prefiero que me llames Aura, sencillamente Aura.

Exequiel (Nervioso).— Como diga, señorita, perdón, Aura...

Aura.— ¿Estás nervioso?

Exequiel.— Es que si no envío esto a tiempo, tendré...

Aura.— Conozco ese tipo de presión.

Exequiel (Confiado).— Entonces, compren­derá que Rubén...

Aura.— Aquí se hace cuanto él pide. Lo que él... pide (Algo moles­ta con­si­go. Muestra gesto de inconformidad) Por ejemplo, vienes a pedirme que corra hasta la sección de grabación, sin olvidar, por supuesto las nuevas reglas del «Market» y de publicidad o, en cambio, a que si estimé, como él pide, el nuevo «look» de maqui­llaje... (Con ges­tos insinuan­tes)

Exequiel.— Sabrá usted que es justamente mi trabajo.

Aura.— Sin embargo puedes hacer que tu trabajo sea diferente.

Exequiel (Algo interesado).— ¿Cómo?

Aura.— Es sencillo. Primero, prométeme que te vas a relajar y, a cambio, te ayudaré con Ru­bén. (Se le acerca muy cariñosamente, como si le conociera desde hace tiempo. Toca los cabellos de Exequiel.) Prométe­melo. Necesito escuchar­te.

Exequiel (Inseguro. Rodea la habitación del cameri­no).— De acuer­do, se lo prometo.

Aura.— Ahora iniciamos nuestra confianza. (Se acerca hasta la puerta para asegurar que está cerrada, muy sigilosamente. Con determina­da predic­ción. Sin que se percate Exequiel) Aprecia las cosas con más tranquilidad. Por ejemplo, cuándo me pre­guntabas si hablaba con el es­pejo... Sí, de acuerdo, hablaba con el es­pe­jo... Con él podemos tener una vida pla­centera. Depende de cómo mires las cosas.

Exequiel.— No lo tome tan en serio...

Aura.— Por favor, dejemos  tanta distancia y tutéame, ¿quieres?

Exequiel.— Bueno, para mí es un placer, Aura...

Aura (Manteniendo intimidad con su diálogo).— Mejor así. Te decía, pues, que sobre el espe­jo verás un mundo interior impenetrable. Debes cultivarlo, y en­ten­derte con él. Puede servirte, incluso, de conseje­ro, ya en una si­tuación más ín­tima de intercambio. ¿Estás de acuerdo?

Exequiel (Algo inseguro.).— En cierto sentido sí.

Aura.— ¿Qué dices?

Exequiel.— O sea que si es, por el contrario, para despejar frustra­ciones y enga­ños. No veré otra cosa en el espejo que un marco vacío.

Aura.— Hablas del tema con firmeza.

Exequiel.— Hago el esfuerzo. Escribiendo algunas cosas...

Aura.— ¿Escribes?

Exequiel.— No exactamente.

Aura.— ¿Qué entonces?

Exequiel.— Bueno he tratado de escribir para esta última teleno­ve­la. Ya sa­bes...

Aura.— Pero allí, con Rubén, no hay lugar para ese tipo de vainas que me estás diciendo.

Exequiel.— Ellos quieren un poco de tus ideas, las vendes. Tú conoces el medio y aprendes¼ Coño se gana algo de dinero así.

Aura.— Visto, de ese modo, es más fácil.

Exequiel.— Uno encuentra el modo.

Aura.— ¿De enredarse?

Exequiel.— No, de ganarse la vida.

Aura.— Eso es verdad. (Se le acerca, queriendo seducirle. Todo es confuso para Exequiel) Uno encuentra cuanto quiere.

Exequiel (Eludiendo la situación).— No siempre. Entenderse con ese Rubén es difícil. ¡Aquí úni­camente se hace lo que él manda! Por eso trato de escribir...

Aura (Satisfecha de la conversación).— En cambio yo uso el espejo y así me olvi­do de ese Rubén ¡cara de culo!

Exequiel (Se acerca al espejo, simulando su inocencia).— ¿Cómo?

Aura (Le sigue el juego).— Es sencillo, te detienes frente a él, juegas un poco, cie­rras los ojos hasta lograr concentrarte en un personaje. Preludias sus tonos y tu cuerpo deja de pertene­certe para cambiar por una imagen que no eres.

Exequiel (Entusiasmado).— ¿Por quién cambias?...

Aura.— Espera...

Exequiel.— Me gustaría verlo...

Aura (Toma el lugar de Exequiel. Se sienta frente al espejo. A partir de este mo­mento Aura insiste en involu­crarlo a su juego).— Voy a intentarlo. (Cambio: expresado al persona­je) Pienso en este espejo y me acomodo en el lugar de una mujer que ha esperado a ese joven. Ella viste hermoso, sólo para él. El cual ha llegado en ese instante. Aún per­ma­nece emocionada, cuesta cre­erle que el joven está cerca de ella. A su dis­posi­ción. Ha tenido el senti­mien­to de esperar para su cuerpo. Él, como joven, en alguna medida, se siente entu­sias­mado. Ella muestra su cuerpo, en el que, a pesar de todo, conserva su piel (Exequiel piensa que no se trata de él) para sus ojos. Él debe tocarla, sentirla. Pueda que se le acerque poco a poco. Desea, sus labios sobre sus pier­nas (Exequiel se asus­ta ante el impe­rativo sensual de Aura. Le quiere tocar tímidamente, como deseándose con­vencer. Sin embargo el contexto no se lo permite: se ve in­te­rrumpido por la risa de ésta) y él ape­nas se le acerca... (Cambia. Vuelve a reír) No supo qué hacer. ¿Puedes imagi­narte que no le besó las piernas?

Exequiel (Su deseo de tocarla se ve interrumpido. Muestra un gesto de inconfor­mi­dad. Hace saber que se trata de un juego).—  Si es pajuo.

Aura.— No, al contrario, él la respeta y es un joven atraído por su madu­rez.

Exequiel (Confiando).— Cuando se es joven. Quiere uno otra cosa.

Aura.— ¿Lo dices por ti?

Exequiel.— No necesariamente. Uno va al grano, Aura, al grano. Tú sabes...

Aura.— Todos los hombres piensan en lo mismo (Molesta) ¡No deberías llamar­me Aura. No se¼ les¼ puede dar confianza!

 Exequiel.— Vamos Aura, te comportas como una niña. Eres joven aún, mas no una niña.

Aura.— Eso no tiene nada que ver con la edad. Es el deseo de aquél personaje. No el mío.

Exequiel.— En todo caso, defiendes al personaje.

Aura.— Una buena actriz defiende a su perso­naje.

Exequiel.— Con tus personajes de las telenovelas no eres así.

Aura.— ¡Esa vaina se hace por dinero! Tú acabas de decir: «Rubén pone las órde­nes». Uno obedece.

Exequiel (Cambiando el contexto de la conversación).— Tienes razón. Mejor seguimos jodiendo a Rubén. Quisiera formar parte de este juego ¿Explícame cómo haces? Recuerda que no soy actor.

Aura.— No es tan difícil. Primero te concentras. Cierra los ojos, (Le cubre los ojos con sus manos) relájate y vendrá a tu mente. (Exequiel se mueve) ¡Debes con­centrarte! No es un juego. Además, conoces algo de esto, estás en el me­dio.

Exequiel.— Está bien.

Aura.— Es cierto. No es tan difícil. Sien­do así, debes mirar hacia el espejo. Recordar, sobre todo, recordar...

Exequiel (Igual).— ¿Así?

Aura.— Sí. Piensa bien a quién puedes interpretar.

Exequiel.— Sólo dame tiempo.

Aura (Se le acerca, sin que Exequiel lo note, pretendiéndo­le sen­sual­men­te).— ¿Lo tienes?

Exequiel (Manteniendo los ojos cerrados).— Quisiera interpretar a un rey deste­rrado.

Aura.— ¿Cómo?

Exequiel.— Verás...            (Cambia. Como rey) Ahora que él ha tomado el poder, en mi lugar, se han desatados to­das las envidias en un sólo hombre. En mi lecho han querido co­rromper lo que en otro tiempo quise hacer de este rei­no: desguarnecido del dolor. Donde el viento no tiene lugar en la os­curi­dad. Puesto que su salida se vierte hacia la mirada de los sue­ños. De existir el día, la noche es ex­pul­sada hacia aquel viento sobre su propia pér­dida. Ya ha dejado de existir. Y a su em­plaza­miento sólo socorre el ham­bre. Y la naturale­za ha quedado sin voz, sin cuidado. Están ausentes los caba­lleros de la corte. No hay quien pro­teja el lugar, sintiendo dolor el dolor. Para que na­die tenga de­recho, una vez que el pecado haya con­sumido su belleza, a vivir de su propia aflicción que viene de esas columnas aún blancas donde mi rostro se mues­tra. De las tierras le­janas vendrá la locura a sustituir mi razón y será el ins­trumento de mi ven­ganza. Cuando la muerte de los ojos sacie su sed.

 

  

 

Oscuro

 

  

 

Escena segunda

—Amando a Nelly—

 

    

Aura.— ¿No sabía que te gustaba jugar al rey?

Exequiel.— Coño Aura no es al rey. Es al lugar, este lugar. Hay que pen­sar en un lugar imaginado. En un dolor ajeno. Y la cosa se te hará menos aburri­da, más aprecia­ble. ¿Comprendes?

Aura.—  ¿Acaso no te das cuenta de que el lugar es como Rubén? (Pausa) Cuando alguien te presiona tienes que cumplir a como dé lugar. Y él, en cambio, no te ofrece nada, so­lamente te exige. Se te acerca, muy suavemente ese guevón de Rubén, como no queriendo la cosa, para aplastarte con sus deseos vulgares. Porque todos los hombres tienen de­seos vulgares. (Acercándosele) ¿Acaso los tienes tú también?

Exequiel (La mira con desconfianza).— Ah, ya, el lugar es un deseo vulgar... ¿A qué se refiere?

Aura (Nerviosa. Entre cambio de roles, simula su interés sobre él).— No,... a nada en particu­lar... por su puesto, a los deseos...

Exequiel.— Bueno, si es así, una que otra vez...

Aura.— Eres como él, como sus programas, como Rubén.

Exequiel.— ¡No jodas con eso! No me parezco a nadie. Y menos a este lugar.

Aura (Queriendo seguirle el juego).— Espero equivocarme porque lo que es él se puede compa­rar con un gran payaso, con todo y su programa de televisión... Y lo mejor es que di­rige, coordi­na, se paga y se da el vuelto. Al menos termi­nó con ese pro­gra­mita «amor de juven­tud», en el que ponía las parejas hacer de bufón, si no, como para convencerse de nuestra estupidez, a declararse fidelidad eterna y para siempre desde la misma noche del programa. (Cambio) ¡Coño que ridícu­lo! ¿Quieres saber cómo hacía? Sencillo: ponía al hombre en una cabina y a la mujer en otra. Te ex­plicaré. Ponte frente al espejo, imaginémonos un poco al progra­ma. Mientras te hago las preguntas.

 

      (Todo lo hace con una segunda in­tención de seducirlo. En el que se va estable­ciendo un juego)

 

Aura.— ¿Cómo es la mujer que tú anhelas?...No, no respon­das...

Exequiel.— ¿Así de fácil?...

Aura (Se coloca detrás de él).— Haz silencio y concéntrate...

Exequiel (Trata de darle frente. Ella insiste en mantenerse en el lugar).— En todo caso, me gustan jóvenes...

Aura (Cambia de lugar).— En ese caso me recuerdas a los políti­cos, libremente elegi­dos. Sentados en bellas poltronas. Deseando a la mejor joven del momento...

Exequiel.— Tienen que servir para algo...

Aura.— ¿Para las apetencias?...  (Acercándose al maniquí). — ¿Cómo le llamas?

Exequiel.— No sé.

Aura.— Debes darle nombre.

Exequiel.— No sé aún.

Aura.— ¿De qué sexo prefieres que sea?

Exequiel.— ¡Por supuesto mujer!

Aura.— No necesariamente… (!)

Exequiel.— ¡Nelly!

Aura.—Sí así lo prefieres. Para mí, es Mauro.

Exequiel.— ¿Te masturbas con él?

Aura.— No, quizás un poco lo que haces con ella.

Exequiel.— El sexo y el poder están unidos.

Aura (Se mueve hasta el maniquí, recogiendo el juego de insinua­ciones).— De esa manera, ¿el poder está relacionado con la satisfacción sexual, cuanto más cerca del sexo, más cer­ca del poder?...

Exequiel.— ¡Correcto! A eso me refiero, al sexo, no al amor...

Aura.— ¿Sexo?, dirás, corrupción...

Exequiel.— ¿Puedes asimilar el amor de otra manera?

Aura (Cambia).— Te escapas del juego...

Exequiel.— Al contrario, ¿no estamos, acaso, jugando al programa «amor de juventud»?

Aura.— Pierdes la concentración...

Exequiel.— De acuerdo, me concentraré para tu juego (Recrea gestos de chamán, juega), verás como consigo responder cada una de tus interro­gan­tes...

Aura.— Estás intelectualizando el juego y esas no son las re­glas... (Quiere man­tenerle en el juego) Sigue en tu lugar. Tan sólo espera las preguntas.

Exequiel (Como animador de televisión).— Ah, compren­do: ¡es la mecánica del juego!

Aura.— Desde luego, ¿acaso pensabas en el día de la independencia?

Exequiel.— Esto no me está gustando.

Aura.— Cálmate, regresemos al programa: «amor de juventud».

Exequiel.— Querrás decir, al juego... (Regresa inseguro al juego, desplazán­dose hasta el espejo)

Aura.— Me refiero a la escena, al espectáculo.

Exequiel.— Hablas como Rubén.

Aura.— Es que de eso se trata, ser como Rubén... (Cambia. Como animadora) ¡relájate y en poco tiempo obtendrás la pareja de tu vida, de tus sueños. Entusiásmate!

Exequiel (Sin terminar de caer en el juego de Aura).— ¡Coño señora Aura. Esto no es un juego, se trata de una cagada, de una gran cagada de televisora con cameri­no y todo. (Señala el lu­gar) ¿Compren­des?

Aura (Cambia).— Comprendo... pero relájate. ¿Está bien?...re­lájate...

Exequiel.— De ese Rubén, de todo esa cagada de propagandas, de las comiqui­tas del ca­nal... y, ya sé, no me digas que estoy intelec­tual... Pero si quieres seguir con todo esto, es correc­to que seas tú quien decida.

Aura.— Entonces, empecemos el show con Nelly. (Toma el mani­quí, considerándolo un persona­je del show que representa, para colocarlo a un lado de Exequiel)

Exequiel.— ¿Qué tratas de hacer?

 Aura.— Confía en mí...

Exequiel.—Termina con todo.

Aura (Se mantiene en el juego).—  Tranquilízate. Espera lo mejor del gran show. (Interroga al maniquí) ¿A qué sitio prefieres ir en la primera cita: a la discoteca, a la biblioteca o al ci­ne?... (Man­teniéndo­se alrededor del maniquí, se mueve con cierta impulsi­vi­dad y le dice: «Mauro te amo». Lo besa apasionadamente) Bien, al cine. (A Exequiel) Ahora pregun­temos al joven de hoy... ¡De nuestro pro­grama, «amor de juventud»... ¿Cuál es su nombre?...

Exequiel (Confuso).— Mi... nombre... es…, Exequiel…

Aura.— …¡Exequiel! Muy oportuno, sepa que su compañera no le ve, (se mantiene alrededor del maniquí. Entusiasmada como una animadora) aunque el público sí. Tómate tu tiempo. Recuerde, se halla a punto de tomar la decisión de su vida. A la compañera de su vida. Sonría, es su día. El primer día de su cita (Pausa corta): ¿a qué lugar prefiere llevarla: a la discoteca, a la biblioteca o al cine? No responda inmediatamente, recuer­de, tómese su tiempo...

Exequiel (Entregándose paulatinamente al juego).— …Bueno, pensán­dolo rápida­men­te, al cine, pero eso depende de la película que vayamos a ver.

Aura (Igual).—Le recuerdo, joven participante, que debe contestar. Debe decir: cine, biblioteca o discoteca…

Exequiel.— …¡Discoteca!

Aura.— ¿Discoteca?

Exequiel.— Sí, después de todo, en una discoteca se puede, mientras se disfruta de la música, tomar un libro de su preferen­cia. Abrirlo y luego leerlo.

Aura.— ¿Libros en una discoteca amigo Exequiel?

Exequiel.— ¿Por qué no?

Aura.— De acuerdo, atenderemos ahora la pregunta de su compañera (Al mani­quí) Jovencita, su futuro compañero y amor de la vida ya nos respondió. Sabemos que él no la está viendo. ¿Qué le gustaría preguntarle?... (Cambio. A Exequiel) Ella dice que se encuentra confundi­da con sus respuestas. ¿Qué dice al respecto?

Exequiel.— ¿A qué se refiere?

Aura.— Sencillo, ¿no le parece que es algo aburrido combinar libros con discote­ca?

Exequiel.— Es cuestión de puntos de vistas.

Aura.— ¿Puntos de vistas?...

Exequiel.— Sí, por ejemplo, en una discoteca nos encontramos con música y, por decirlo así, con sexo, con alcohol, con drogas y con amor. En ese momen­to junto a eso, pueden estar los anaqueles llenos de literatura. Hay modos de disfrutar un buen libro: tú bebes un trago de whisky acompa­ñado del bai­le. Fíjate: (Baila y apa­ren­ta leer a la vez. Toma a Aura por la cin­tura, disfru­ta, con toda la gracia del caso, hasta fastidiar a la mujer) te tomo por la cintu­ra, juego con­tigo, bai­lo o, como puedes verlo, leo.

Aura (Como animadora de televisión).— ¡Señores televi­den­tes nos encontramos ante una situación singular, muy novedosa! Aun­que nos parezca de lo más extraño. ¡Sí señores, de lo más extraño! Se lee y se baila. ¿Se imaginan cuán­tos pases de baile se necesitan para leer «El Quijote»? Revisemos mejor la situación, según el nú­mero de páginas, tendremos el nú­me­ro de pasos. ¿Ante este presente, el tipo de músi­ca irá de acuerdo al tipo de baile? Entonces Miguel de Cervantes viene acompaña­do... ¡vaya usted a sa­ber con qué!

Exequiel (Fuera de juego).— ¿Qué trata de hacer?

Aura (Involucrando al maniquí en sus intenciones. Baila con éste).— Bueno, de algu­na manera conquistarás a tu pareja.

Exequiel.— ¿Bailando?                                       

Aura.— Eso está planteado: descubrir a tu pareja. ¿O no?

Exequiel.— Eres quien impone las normas del juego.

Aura (Sosteniendo el personaje de animadora).— No... ¡Lo impone el corazón de la te­leau­diencia! Observa a tus televidentes. Están ansiosos de conocer cuál va a ser tu pareja en la vida. (Al maniquí. Accede al maniquí con fuerza, su pasión se con­funde con la reali­dad) Tie­nes que compren­der que el amor es una suerte de riesgo. No sabrás con certeza cuándo será tu decisión correc­ta, en cambio, sabrás, que ya no estarás solo... ¿Cuánto crees que me ha costado la soledad? ¿Tener la falta de alguien cuando despiertas? No es fácil aceptar que, pese a tus amantes, has tenido que re­sistir la soledad. Porque sé que debo aceptar la realidad cuando he sido desai­rada. ¡No permito verme re­cha­zada! Entonces abando­no a mi pareja. Como po­drás notar, joven partici­pante, esa vida no es fácil. He tenido amantes pero me encuentro sola. Unos duran, otros menos. Lo que disfruto a plenitud, cons­ciente de antemano que me abandonarán o los abandonaré. Mi ale­gría se conmueve de una tristeza. Se está en el cuerpo para aban­donarlo. Estás aquí porque has tenido amantes. Te busca el viento y te en­cuentra con los ojos cerrados volteando el rostro hacia el olvi­do... ¿comprendes? Es cuestión de no abandonarse y entregarse en cuer­po. No en alma porque el cuerpo es el alma. Y «el cuerpo se entiende con el cuerpo»¼ (Cambio. Regresa a su condición de animado­ra) Por esa razón, estás en la obliga­ción de bai­lar, escoger y salir de este programa en brazos de tu pare­ja... ¡no pierdas más tiem­po! ¿Tienes alguna pre­gunta para Nelly? Vamos, rápido, debes preguntar...

Exequiel.— No sé, no sé qué preguntarle...

Aura.— ¡Cualquier cosa!: qué tipo de hombre le gusta, blancos, negros o bien el que sea de su prefe­rencia. Insisto, cualquier cosa. Por ejemplo qué color de ropa íntima usa, si se baña, y por qué debe bañarse. Tienes que conocerla para que sea tu pareja.

Exequiel.— Hablas con deseo propio.

Aura (Nerviosa).— No... claro que no. Sólo me refiero a la dinámica del progra­ma para cuando te encuentres en este gran rol de animar a la teleaudien­cia¼(Cambia hacia la actitud de animadora. Apunta hacia el público) ¡Porque en nuestro programa, «amores de juventud», usted es el número uno... Usted y sólo usted¼es el líder!

Exequiel (Sorprendido, como queriendo seguir el juego).— ¡Si me preguntas a mí, me gustan de cual­quier co­lor!

Aura (Igual).— ¿Cómo mi querido joven?

Exequiel.—La ropa interior, usted sabe el color¼es igual.

Aura.— ¡El color! Claro, el color. (Al maniquí) Ahora preguntemos a nuestra querida invitada.

Exequiel.— ¡No! Prefiero guardarme esa respuesta para otro momento, ¿usted com­prende?

Aura.— Desde luego que comprendo.

Exequiel.— En tal caso dejemos las cosas de ese tamaño.

Aura.— Nelly dice estar de acuerdo con usted.

Exequiel.— Siendo así, la apreciaré más.

Aura (Al maniquí. Lo besa).— Te amo.

Exequiel (Cambio).— ¡Me cansé del juego!

Aura (Fuera de juego).— Tu vida está aquí.

Exequiel.— Mi vida está allá.

Aura.— ¿Te refieres a la televisora?

Exequiel.— ¡No! A la calle.

Aura.— ¿Qué puedes encontrar en la calle?

Exequiel.— La vida.

Aura.— La vida está aquí.

Exequiel.— Diría en la calle. Es más, llevo en este lugar más del tiempo estipu­lado.

Aura.— Sólo el tiempo necesario.

Exequiel.— Hemos hablado, jugado, nos hemos conocido. Ya es suficiente¼.

Aura.— Suficiente cuando el deseo es mayor.

Exequiel.— ¿El deseo?

Aura  Sí, el deseo de tener a alguien contigo.

Exequiel.— ¿Tal vez tú estás sola?

Aura.— En este instante podría decir que no.

Exequiel.— Explícate.

Aura.— No hay nada que explicar.

Exequiel.— Creo que sí.

Aura.— Es sencillo, de ahora en adelante me acompaña­rás¼(Manteniendo el juego) el resto de mi vida¼­¿comprendes?

Exequiel.— Deja de jugar, ¿quieres?

Aura.— No juego, hablo en serio. Muy en serio.

 Exequiel.— ¡No puede estar hablando en serio! No querré estar el resto de mi vida en este lugar que desprecio.

Aura.— ¿Lo desprecias?

Exequiel.—¿Qué esperabas? ¿Adorarlo?

Aura.— No tienes otra opción.

Exequiel.— ¿Por qué?

Aura.— Estás atrapado.

Exequiel.— Me quedo con mi personaje…

Aura.—¿Qué dices?...

Exequiel (Abstraído, asume el personaje del rey).— ¼Ahora con mi trono en la muerte de los ojos miro hacia dentro para ver lo áspero de tu piel y encuentro la derrota de mi reino. He dejado de ser la densidad del poder que esperas con ansias al margen del muro y sus ruinas…

 

 

 

 

Oscuro

 

  

 

 

Escena Tercera

La huída de Exequiel

 

Exequiel.— …¡Auxilio!

Aura.—No te escucharán. Tu voz no se escucha en ninguna parte

Exequiel. — Saldré (Justo cuando camina hacia la puerta, Aura toma la pequeña daga y lo amenaza) ¿Qué haces?...

Aura.— … ¡Silencio! (Golpea con un pequeño golpe a Exequiel para detenerlo, amenazante)

Exequiel. — ¡Ay, coño me vas a matar!

Aura.—  ¿Te hice daño?

Exequiel. — ¿Me vas a matar acaso?

Aura.—  ¿Te hice daño?

Exequiel. — No pendeja… (! )

Aura.—No te oyen. Entre los tres podemos controlar el mundo, el placer y el amor…

Exequiel. — Dices amor cuando me amenazas. Estás loca de remate guevona… (Cambia)… ¡Auxilio!...

Aura.— … Cálmate, sino te corto el cuello…

Exequiel. —… Me haces daño… y quieres que me calme. No comprendo.

Aura.— No tienes nada que comprender, sólo haz lo que te pido o te corto el culo.

Exequiel.— No es sencillo cuando me amenazas

Aura.— Comprenderás a su tiempo.

Exequiel.— Quiero Tan sólo salir. Pienso que tomas esto con demasiada serie­dad.

Aura.— Seriedad y realidad.

Exequiel.— ¿Realidad?

Aura.— Te explicaré…

Exequiel. —…Tendrás que matarme si no… (Intenta quitarle la daga a Aura, en cambio, ésta le reprime al colocársela en el cuello)

Aura.— No eres de los que usa la violencia

Exequiel.— ¿Vas a confiarte?

Aura.— No, pero tengo el control de la situa­ción.

 

(Le quita la daga del cuello. Se desplaza para tomar con violencia y lascividad al mani­quí, estable­cien­do una relación poéti­ca, es decir, los perso­najes no han logrado dife­renciar la realidad del hecho imagi­na­rio)

Exequiel.— ¿Dirás control del maniquí?

Aura (Igual).— Tanto del maniquí como de todo.

Exequiel.— Menos de mí.

Aura.— ¿De ti? Depende de cómo puedas verlo.

Exequiel.— No encuentro ningún control en un simple muñeco. Aparentemente es sencillo para ti.

Aura.— Entonces tan sólo has las cosas.

Exequiel.— ¿Y permanecer bajo tu control?

Aura.— No lo veas así.

Exequiel (Ríe sarcásticamente).— Me tienes apresado y quieres celebrar.

Aura.— Se disfruta con el «dollwrist».

Exequiel.— ¿«Dollwrist»?

Aura (Aún se mantiene cerca del maniquí).— Sí, la muñeca, el maniquí, como quieras.

Exequiel.— Ah, a eso le llamas «dollwrist»... ¿El «dollwrist» me liberó?...

Aura.—En cierta manera (Toma la daga y amenaza al maniquí).

Exequiel. — ¿Ahora amenazas a Nelly?

Aura (Amenazante con la daga).— Cuando me acerco al maniquí es Mauro, no Nelly…

Exequiel. — Ah… ¡Ya!.. ¿Puedo acercármele?

Aura.— ¿Para qué?

Exequiel. — Espera y verás.

Aura.— Sin trampas…

Exequiel (Al maniquí). — Nelly te amo.

Aura (Al maniquí con la intención de felarle).— Con pasión, mira como hago…

Exequiel. — ¡Qué haces?...

Aura.— …Sexo oral…

Exequiel. — Es repugnante.

Aura.— Se trata del amor.

Exequiel. — ¿Del amor?

Aura.— Para mí es Mauro y para ti Nelly. (Amenazante conserva la daga) Ahora inténtalo tú…

Exequiel. — Está bien (Se le acerca al maniquí con duda)

Aura.— ¡Vamos, es todo lo que te puedes excitar?...

Exequiel. — ¡Auxilio!...

Aura.— ¡Muy bien, pero tócale el culo!

Exequiel. — ¿Así?

Aura.— Mejor

Exequiel (Al maniquí). — Sácame de aquí mi amor…

Aura.— Correcto.

Exequiel.— ¿Quieres decir cuanto más me acerque al «dollwrist», más cerca estaré de la salida.

Aura.— Correcto.

Exequiel.— Empiezo a entender.

Aura.— Nos estamos entendiendo.

Exequiel.— Bien, haré cuanto pidas.

Aura.— Así me gusta, nos entendemos.

Exequiel (Siguiéndole el juego).— ¿Empezamos?

Aura.— Cuando quieras.

Exequiel.— Tú aplica las normas. El juego es tuyo.

Aura.— De acuerdo.

Exequiel.—Terminemos de una vez.

Aura.— Hay que hacerlo con calma¼ Yo lo beso primero (Besa al maniquí)

Exequiel (Tomando el lugar de Aura). — Mi amor…

Aura.— Dile Nelly…

Exequiel. — Está bien. Nelly, mi amor.

Aura.— …¡Tú amor soy yo!...

Exequiel. — ¡Cómo?

Aura.— Después te explico, continúa.

Exequiel (Besando al maniquí). — ¿Así?

Aura.— Mejor…

Exequiel (Al maniquí). — Ayúdame mi amor…

Aura.—  …Nos estamos entendiendo…Ahora hazlo conmigo…

Exequiel.— ¡Cómo?

Aura (Amenazándolo con la daga).— No cambies las reglas, quiero que me beses con la misma pasión…

Ezequiel (Besando a Aura. Para sí).— Ayúdame Nelly…

Aura (Alto).— ¡No soy Nelly!

Exequiel.— No te molestes, coño, trato de hacer cuánto me pides.

Aura.— Nos estamos entendiendo…

Exequiel.— …Nos estamos entendiendo…

 

 

 

 

Oscuro

 

Escena cuarta

Amando a Aura

 

Aura toca con mucha sen­suali­dad cada parte del maniquí, invitando a Exequiel a participar en su juego de dominio.

           

Aura.— Tomas con cuidado cada parte de su cuerpo…

Exequiel.— Pero eso no es un cuerpo...

Aura.— Considéralo como tal...

Exequiel.— Me es difícil.

Aura.— Esfuérzate.

Exequiel.— Intento.

Aura.—Haz un mayor esfuerzo. (En cierto modo obliga a Exequiel a formar parte de la situación. Éste, Exequiel, camina hasta al maniquí y muy tímida­mente le toca)

Exequiel.— ¿Por dónde quieres que empiece?

Aura (Acariciando al maniquí).— Escoge cualquier parte del cuerpo. Es muy natural cuando tienes deseos de tocar cualquier miembro de su cuerpo. Podrías empezar, si quieres, con sus pier­nas.

Exequiel.— Mejor selecciono.

Aura.— Como elijas.

Exequiel (Inseguro).— Pienso (se retira del maniquí) que si hace­mos todo fuera de este lugar es mejor.

Aura.— Vamos, no busques la facilidad. Todos los problemas se resuelven aquí.

Exequiel.— Sí, pero...

Aura.— …El amor se halla en este lugar. En caso de que decidas tocar un miembro del mu­ñeco te darás cuenta de cuánto amor hay en una cosa aparente­mente sencilla y fatua. (Simula asesinar al maniquí, algo sugerido. El público, como Exequiel, apenas lo notará)                

Exequiel.— Es cierto, se han visto casos en que la gente es capaz de matar sólo por de­seo. Para cometer cualquier crimen asesinan y secuestran a sus víctimas. No es una cuestión de fan­tasía o de imaginación. Es real. Se lee todos los días en la pren­sa. ¿No lees la prensa?

Aura.— Pero aquí no se trata de pasión sino de amor.

Exequiel (Igual).— No estoy seguro.

Aura.— Debes estar seguro de mi amor.

Exequiel (Se retira del maniquí).— ¿Qué dices?

Aura.— No te confundas, te he atrapado por una razón: te deseo.

Exequiel.— ¡Es absurdo que me pretendas por la fuerza!

Aura.— ¡No! Por el contrario, si sales de aquí, no tendrás oportunidad de salvar tu trabajo.

Exequiel.— ¿Qué quieres decir?

Aura.— Como oyes.

Exequiel.— ¿Perdería mi trabajo?

Aura.— Exacto.

Exequiel.— Saldré  de aquí cuando quiera. Verás...

 

(Se acerca hasta la puerta. Se detiene. Es decir, una fuerza ma­yor a él lo inte­rrum­pe. Pausa larga. Espera la reacción de Aura. Se devuelve hacia ella. Camina lenta­mente hasta llegar al maniquí.)

                       

Aura.— ¿Te das cuenta? No puedes salir.

Exequiel.— ¡Todavía no cantes victoria!

Aura.— Sí, acércate.

Exequiel.— Quiere decir que estoy a la merced de tu voluntad.

Aura.— No, a la de Rubén.

Exequiel.— Da lo mismo.

Aura.— Aparentemente sí.

Exequiel.— ¿Cuál es la diferencia?

Aura.— Con él, lo harías por trabajo, en cambio, por mí... Bueno por mí lo harías por amor. ¿No crees?

Exequiel (Cambia. Molesto).— ¡Cómo puedes llamar a eso amor!

Aura (Cambio).— ¿No? Tenemos una deuda con el maniquí.

Exequiel (Señalando al maniquí).— ¿A qué se refiere? Es extrava­gante.

Aura (Cerca del maniquí).— Es muy sencillo, le debemos todo.

Exequiel.— No entiendo... y no quiero comprender.

Aura.— Es su obligación.

Exequiel.— Usted no está bien.

Aura.—  ¡Mira (señala al maniquí) el maniquí ha muerto! Y somos los responsables.

Exequiel.— ¿Cómo?

Aura.— Míralo.

Exequiel.— ¿Qué tiene?

Aura.— Ve, nótalo, no es el mismo.

Exequiel.— Siempre ha estado así.

Aura.— No es cierto.

Exequiel.— Descúbrelo por ti mismo.

Aura.— ¡Nada que descubrir!

Exequiel.— Pretendes manipularme.

Aura.— De acuerdo, si así lo crees, es elemental. Sales por esa puerta y tendrás un in­fierno de pro­blemas.

Exequiel (Nervioso. Se desplaza indistintamente por todo el escena­rio. Trata de es­conder al maniquí).— En esta ocasión debemos ocultarlo lo más pronto posi­ble... ¡A­já!.. Quizás mejor lo ocultamos en una bolsa negra. Le llevamos hasta el ca­rro... y ¡ya!

Aura.— No es tan sencillo.

Exequiel.— ¿Qué sugieres?

Aura.— Esperar el mejor momento.

Exequiel.— ¿Cuándo será ese momento?

Aura.— Depende de cómo procedamos con la situación aquí dentro.

Exequiel.— Lo que hay que hacer es marcharse.

Aura.— Si escapamos así. Termina todo.

Exequiel.— Lo que soy yo...

Aura (Saliendo por la puerta y dejando encerrado a Exequiel).— ¡Te quedas conmigo! ¡Te quedas conmigo!...

Exequiel.— ¿Y culparme de tu crimen?... (Levanta la voz para él) ¡De tu cri­men... de tu crimen!...

Aura (En off).— Te quedas conmigo mi amor…

Ezequiel (Llorando, mientras que la luz desciende).— Te amo.

 

 

 

 

Oscuro

 

 

  

 

 

 

Capítulo segundo

Escena primera

El espejo

 

Exequiel abraza con pasión al ma­niquí como si ello fuera parte de una relación esta­ble. Aparecen los Hombre uno y dos en una imagen de vídeo proyectada al fondo del escenario. Son hombres repulsivos, representados por un mismo actor.

 

 

Hombre uno (Ríe sarcásticamente).— Han cometido un crimen.

Hombre dos.— Es cierto...

Hombre uno.— Su salida será quedarse con ese cuerpo... No sé que van a hacer con él...

Hombre dos  (Ríe con tono de burla).— Yo sé que le hará.  

Hombre uno (Curioso).— ¿Anda dime qué le hará?

Hombre dos (Igual).— ¿No imaginas?

Hombre dos.— No, ayúdame.

Hombre uno.— Careces de imaginación...

Hombre dos.— Anda, vale, dime de qué se trata...

Hombre uno.— Usa tu imaginación.

Hombre dos.— Lo hago.

Hombre uno.— ¿Qué se puede hacer con un maniquí?

Hombre dos.— No sé, dímelo.

Hombre dos.— Hacer el amor...

Hombre uno (Se proyecta sorprendido, en su rostro hay evidente cinismo).— ¿Tanto así?

Hombre dos.— Y más... (Se apaga el video)

Exequiel (Acariciando el maniquí).— He venido hasta aquí para encerrarme y, de mo­mento, estaré a solas contigo. Esa mujer me tiene realmente confundido. Sale y me dice que soy culpable del crimen, pero tú estás aquí. (Señalando al maniquí) Aceptando cada una de mis caricias. Retomo cada uno de tus miem­bros. Es la ventaja que tengo con respecto a ti, Aura. De­seas mantenerme bajo tu custodia. No sé qué pretendes. No lograrás nada... 

Aura (Entra Aura con control absoluto de la situación).— ¿Cómo que lograré nada? Soy dueña de todo. De todo lo que ves, sientes o respiras...

Exequiel.— Pero no de mí...

Aura.— ¿De ti? Eso depende.

Exequiel.— ¿De qué?...

Aura.— De que hagas todo cuanto pido.

Exequiel.— ¡No lo aguantaré!

Aura.— Amigo, no queda otra opción.

Exequiel.— ¡No es posible!

Aura.— Sí lo es.

Exequiel.— Todo es una mentira. Nada aquí es cierto. Nelly me dirá qué hacer.

Aura.— Nelly está muerta. Aparentemente, pero no es así.

Exequiel.— Cómo será entonces.

Aura.— Como te dije, si no respetas las normas serás culpable. ¿De acuerdo?

Exequiel.— ¡Cómo acepto tal desfachatez?

Aura.— Es asunto tuyo.

Exequiel.— ¿De lo contrario?...

Aura.— De lo contrario tendrás toda la carga del crimen.

Exequiel.— En el curso de los acontecimientos, muchas son las cosas que pue­den cam­biar...(!)

Aura.— Como el amor que tú sientes por mí...

Exequiel.— Así que tu único interés es…

Aura.— Amarte...

Exequiel.— ¿Amarme?

Aura.— Acércate al maniquí y puede que encuentres algunas respues­tas…

Exequiel.—  …¿Cómo si el maniquí está muerto?...

Aura.— …Del amor, de la política, del país…

Exequiel.— ¿Qué tiene que ver el amor con la política?

Aura.— Aquí encontrarás muchas respuestas.

Exequiel.— Es absurdo.

Aura.—¿El amor?

Exequiel.— No, que nombres a la política.

Aura.— ¿Qué dices? Si por el contrario, el amor es un acto político. (Pausa corta. Cambia, toma una actitud agre­siva)

Exequiel.— En estos días todo es una mierda, el país, los sentimien­tos. Nues­tros afec­tos... porque pienso que todo extraño cuando uno no encuen­tra qué hacer con la realidad.

     ¿Vale la pena que uno se encuentre atado, obligado? Será, entonces, la realidad cómo esta muñeca que toco con pasión a tu manera...

     (Ríe ner­viosa­mente. A Aura)  Te aferras a cualquier cosa y haces lo que te venga en gana. Justamen­te, como lo estás escuchando: «lo que te venga en gana»... Por ejemplo, ser un rey de mierda que hasta el culo le duele. No creas ese rey es un guevón que ha perdido todo. Lo único que le interesa son los paparasis… ¿O te habías creído el cuento? Con todo, está cortado por la noche, por todo el resto que le queda. El abandono, la mierda. Sí, la mierda…

Aura.— Pero no puedes confundir las cosas...

Exequiel.— ¡No hables de confundir!...

Aura.— Claro...

Exequiel.— Nada está claro, espera... esto es  como el país.

Aura (Cambia su conducta).— ¡De ningún modo confundas las cosas! Tú por ahora estás atrapado, sólo atrapado.

Exequiel.— A pesar de que me tienes atrapado, lo estás tú más que yo, entre paredes que ni tuyas son.

Aura.— ¡Quieres confundirme!

Exequiel.— En cada rincón estás atrapada. Siendo dueño de nada, (ríe sarcásticamente) ni siquiera de ti misma. 

Aura.— Vas a hablar de política a última hora.

Exequiel.— Todo lo es, mi querida Aura.

Aura.— Pero no en este caso.

Exequiel (Pausa larga).— ¡Coño! Algo tengo que decir. ¡Me hallo en tus ma­nos! ¿Qué más puedo hacer?

Aura.— ¡Lo que te ordene! ¡Debes quedarte aquí! Como he dispuesto. (Pausa. amenaza con la daga a Exequiel) Nada de cam­bios. Sólo estarás bajo mi control. ¡Quédate inmóvil! Espe­rando mi designio.

Exequiel (Nervioso).— Cálmate.

Aura.— ¡Soy quien da las órdenes!

Exequiel.— Por favor, tómalo con calma.

Aura.— ¿Calma, cuando he esperado tanto por este momento?

Exequiel.— ¿A qué te refieres?

Aura.— A eso, al control sobre ti.

Exequiel.— Me confundes...

Aura.— Es la idea...

Exequiel.— Termina con esto.

Aura.— Cuando quiera.

Exequiel.— Toda esta locura no me inte­resa y haré lo que dicte mi con­ciencia.

Aura.— Es decir, mis necesidades.

Exequiel.— No exactamente.

Aura.— ¿Qué entonces?

Exequiel.— ¡No te soporto!

Aura.— ¿Y?...

Exequiel.—Que la realidad es otra (!)

Aura.— Sin embargo tengo el control de la situación...

Exequiel.— Dirás de la mierda...

Aura.— Como quieras. Pero tengo el control.

Exequiel .— ¡De la mierda te digo!

Aura.— De la mierda no. De tu amor.

Exequiel.— Coño. ¡Cállate!

Aura.— ¿Ves cómo me amas?

Exequiel (Arrojándole su pecho).— ¡Clávame esa mierda de puñal!

Aura.— Sí, tu amor es único.

Ezequiel (Igual).— Mátame…

Aura.—¿Por qué?

 Exequiel.— Porque no sé si te amo o te odio. No sé si quedarme o huir. Si resistir esta mierda de esperar que me claves ese puñal.

Aura.— Realmente es una declaración de amor...

Ezequiel.— He llegado hasta aquí con la ex­cusa de traerte un recado, como siempre, de oficce boy y aquí estoy. Embebido de tu mierda. ¡Acaba con esta farsa!... ¡Mátame!...

Aura (Amenazando con la daga a Exequiel).—  Si así quieres... (Duda) No, no puedo...

Exequiel.— ¿Por qué?

Aura.— Porque te amo. (Suelta la daga)

Exequiel.— ¿Qué dices?

Aura.— Que te amo.

Exequiel.— Mátame, por favor, mátame.

Aura.— La fuerza de mi amor es mayor.

Exequiel.— Sácame de aquí.

Aura.— Mi amor te contendrá como cuando yo esperaba por ti. Tardes he estado aquí sola. En este lugar que no existe, lo he recreado para ti. Esperándote.

Exequiel.— ¡Estoy atrapado en este lugar de putas!…

Aura.— Te hablo en serio.

Exequiel.— Yo también.

Aura.— Te amo.

Exequiel.— ¿Qué carajo dices? No te entiendo.

Aura.— Ahora más que nunca hablo en serio.

Exequiel.— Te odio.

Aura.— Te deseo.

Exequiel.— Te desprecio.

Aura.— Te quiero.

Exequiel.— Vete a la mierda (!)

Aura.— Hasta llegar a tu corazón.

Exequiel.— ¡Mejor si te mueres!

Aura.— Mi amor por ti es insuperable.

Exequiel.— ¡Me fastidias, vieja!

Aura.— Siempre unidos.

Exequiel.— Cállate.

Aura.— Te amo…

Exequiel.— Haz lo que quieras…

Aura.— Lo que quiera no podrá ser.

Exequiel (Igual. Señalando el lugar).— De todos modos sabrás que no te amo...

Aura.— Siento que sí.

Exequiel.— Pueda que tus sentimientos estén confundidos.

Aura.— Como los tuyos.

Exequiel (Pausa larga).—  Poco importan mis sentimientos, deseo salir...

Aura.— Caramba, de pronto, te has puesto muy reflexivo. (Vuelve en sí. Continúa amenazando a Exequiel) ¡Permanece tranquilo! Por ahora estás en mis manos y harás lo que te ordene. Ahora aspiro tu calma. (Pausa. Retira una cuerda del tocador) Ten la cuerda.

Exequiel.— Con ella puedo librarme...

Aura.— Átate.

Exequiel.— Pero...

Aura.— ¡Hazlo!

Exequiel.— ¿Me concedes usar el dollwrist?

Aura.— Como quieras... No trates de confundirme...

Exequiel.— No puedo solo.

Aura (Se le acerca y lo ata al escaño del mueble. Aún le amenaza con la daga).—  Debes hacerlo rápido y sin levantar sospe­chas. Probaré colocarte la muñeca muy cerca. (Busca el maniquí y lo coloca a un lado de Exequiel) ¿Está bien aquí cerca de tu pierna?

Exequiel.— Bueno ahora que nos hallamos en esto. Está bien, acércalo más... ¡Allí!...

Aura.— Jamás...

Exequiel.— Eso es... bien cerca la quiero...

Aura.— ¡Coño! No estoy jugando.

Exequiel.— No te enfades, sólo acércamela lo más cerca del nudo de las piernas.

Aura.— Acaba de atarte. No tengo toda la noche para ti.

Exequiel.— Siempre cerca de la muñeca.

Aura.— Me cansas. ¡Me está dando arrechera!

Exequiel.— ¿Estás celosa?

Aura.— ¡No es a ella a quien tienes que amar?

Exequiel.— ¿A quién entonces?

Aura.— A mí coño.

Exequiel.— Ay… estás celosa…

Aura.— …Sí, ¿y qué?...

Exequiel.— Es sólo una muñeca.

Aura.— ¡No!

Exequiel.— Sí, mírala bien.

Aura.— Se llama Nelly…

Exequiel.— Lo sé…

Aura.— ¡Qué te excitaste con ella?

Exequiel.— Nelly me lo mama cuando tú no estás…

Aura.— …Me estás haciendo arrechar carajito. Cálmate…

Exequiel.— ¿Qué  recibo a cambio si me calmo?

Aura.— No eres quien pone las condiciones.

Exequiel.— Si existe algún tipo de amor de tu parte tienes que darme una oportunidad...

Aura.— Viéndolo así tienes razón.

Exequiel.— ¿Te das cuenta? Ya te estás aplacando.

Aura.— ¿Qué deseas?

Exequiel.— Una pequeña oportunidad... La que tú digas, ¿quieres?

Aura.— Por ahora pienso en un comercial.

Exequiel.— ¿Un comercial? Es necio.

 

 

   

 

Oscuro

 

 

Escena segunda

El comercial

 

Aura aparece simulando un comercial de gaseosa. Toma un envase de lata, disfruta.  Al fondo se deja ver un video publicitario de «Cocacola»

 

Exequiel.— ¿Qué quieres decir con un comercial?

Aura.— Sencillo, te sientas allí...

Exequiel.— Claro, estoy atado...

Aura.— Tan sólo presta atención: seré la chica del comer­cial y tú el chico. Sin dificul­tad alguna... (Se coloca detrás de Exequielguarda la daga consigo— y canta) ... siempre cocacola...

Exequiel.— ¿Cocacola?

Aura.— Sigue a la canción…

Exequiel.— Co... ca... cola...

Aura.— Es fácil, cálmate.

Exequiel.— ¿Cómo?

Aura.— Sólo canta siguiendo las pautas de la publicidad...

Exequiel.— Me quedo sin entender.     

Aura.— ¡Vamos canta, baila, juega con coca cola!...debes hacer­lo... no pierdas la oportunidad de ser un hombre feliz. Sé un día pepsi o... coca cola, como tú quie­ras...

Exequiel.— Coca co­la... o pepsi­co­la...

Aura (Vuelve a tomar el arma).— ¡Con más emoción!, por favor...

Exequiel (Igual).— ¡Coca cola!...

Aura.— Así no...

Exequiel (Señalando al maniquí).— Deseo cantar con Nelly...

Aura.— ¡No!

Exequiel.— Pero Aura...

Aura.— ¡Coño que no!

Exequiel.— ¡Me es difícil!

Aura.— Inténtalo, no es nada difícil. Inténtalo.

Exequiel (Insistiendo).— Deseo hacerlo con Nelly.

Aura (Molesta).— ¿Por qué insistes?

Exequiel.— Porque me entran ganas... (Insinúa un complejo deseo hacia el maniquí) ¿Te das cuenta de sus contornos?.. Son algo especia­les...

Aura.— ¡No pierdas la atención sobre el comercial.

Exequiel (Confundido entre el juego y la realidad, se empecina con el mani­quí).— Me interesa es Nelly...

Aura (Camina alrededor de él, sin permitirle moverse).— No, es el comercial. Coca cola. ¿Entiendes? Coca cola...

Exequiel.— Claro, no entiendo...

Aura.— Primero el comercial y después ella.

Exequiel.— De acuerdo.

Aura.— Siendo así, volvamos al principio.

Exequiel.— ¿Otra vez?

Aura.— Desde luego.

Exequiel.— Okey.

Aura.—Hacer todo cuanto yo pida.

Exequiel.—¿Todo?

Aura.— Todo...

Exequiel.— Pero sólo me interesa ella. (Señala al maniquí)

Aura.— Ella no es el canal, la propaganda... Coca cola... ¿Entiendes?

Exequiel.— En todo caso es la muñeca. Con ella me puedo entender.

Aura.— ¡Coca cola!..

Exequiel.— ¡La muñeca!..

Aura.— ¡Coca cola.  No la muñeca!

Exequiel (Se mantiene alrededor de la muñeca).— ¡Quiero a la muñeca!

Aura.— ¡No!

Exequiel.— Quiero estar con ella. La deseo profundamente.

Aura.— ¡Ella no pertenece a la realidad!

Exequiel (Mantiene movimientos acompasados alrededor de la muñeca).— Ella pertenece a mi realidad.

Aura.— ¿Vas a insistir con eso! Esa mierda es un muñeca (!)

Exequiel.— Es dollwrist. Tú lo decías.

Aura.— Una muñeca coño. ¿Cómo carajo va a formar parte de tu vida?

Exequiel.— No sólo tú has esperado aquí. Sabía que este lugar existía.

Aura.— ¿Cómo?

Exequiel.— Sabía que Nelly estaba aquí. La encontraba sola y…

Aura.— …¿Te masturbabas con ella?...

Exequiel.— … y hablaba con ella…

Aura  (Se ríe).— Coño échame una de vaqueros (!)…

Exequiel.— No, ella existe para mí. No sólo para ti. Por eso estoy aquí. Nada ha sido una coincidencia…

Aura.— Cállate.

Exequiel (Toca a la muñeca).— Sus piernas, su bello rostro. Todo ha llegado a mí. Ahora la puedo tener conmigo, besar sus labios, (Besa sus labios) tomar sus piernas, estar cerca de ella: es la propia esencia del amor...

Aura.— ¡Estas no son las reglas del juego!

Exequiel.— Poco me importa. (Continúa con los movimientos acompasados alrededor de la muñeca)

Aura (Procura cambiar la situación).— ¡Este juego lo domino yo!

Exequiel.— No se trata de un juego, sino de la vida.

Aura (Hace entrever que conserva consigo la daga. Insistiendo).— ¿Qué tal si cambiamos de juego?

Exequiel.— Ella es mi vida.

Aura (Termina de tomar el arma).— Es aquí dónde está la vida...

Exequiel.— Entre mis piernas, con ella... ¿Qué haces?

Aura (Amenazando con la daga).— Al fin te tengo...

Exequiel (Abrazando la muñeca).— Juntos... Te amo.

Aura.— ¡Si no eres para mí, no serás para nadie! (Toma la daga contra la humanidad de Exequiel. Pausa larga) Ahora me siento más feliz a ver terminado mi encuentro. He logrado mi propio final feliz. Aún no esperaba tanta felicidad a un mismo tiempo. Como pueden notar esta es una historia feliz. (Se clava la daga. Cae sobre Exequiel)

 

 

 

 

Oscuro

 

 

 

 

 

Escena tercera

El sótano

 

Aparece Rubén proyectado al fondo en video. Mantiene una sonrisa sarcástica. Su rostro se le hace al público cada vez más cerca, como aproximándose al lecho de muerte. Al fondo suena «Funeral March, Sonata No.2 para piano de Chopin». A objeto de acentuar aquél juego sarcástico de la escena.

 

Rubén (Desfalleciendo).— ¡Aaaay! Pobrecitos, ¿verdad?, cómo han termi­na­do... ¡Aaaay! verdad que si vale... (Risas en off) Mírenle las caras... ¿Y la muñeca? También... ¿Están muertos, cierto?

     Qué creen? (Risas en off)

     (Enfatizando con el público) Como pueden notar, querido público, este ha sido final de su telenovela... Amores de juventud (Pausa. Ríe sarcásticamente)

     Ahora tendremos que preparar un segundo capítulo de esta tele­nove­la...

     No, mejor vayamos pensando en una nueva, para que el especta­dor mantenga la audición.

      ¿Pero qué opinan si mantenemos la idea de que sea la mujer quien tenga la iniciativa? ¿Eso parece gustarle mucho a la gente? Así el rating aumenta.

     No sé. (Señalando al público) Preguntemos al público... (Simula preguntar a alguien del público. Se detiene. Risas en off. Se apaga el video sólo se escuchan las risas y su voz en off: ¿quién carajo dejo este sótano abierto como para que pasara esta vaina? Ahora tendré que comprar a más de uno del Ministerio Público. Cuando se vaya la policía mandaré a cellar este sótano…

 

 

 

Oscuro

 

  

Fin del capítulo

Fin de Dollwrist

 

Juan Martins estivalteatro@yahoo.es

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