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DON DIEGO DE ARLECHINES

de  Javier Mañogil Sarabia

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

 

DON DIEGO DE ARLECHINES

 Autor: Javier Mañogil Sarabia

 

Correo: javier6@ono.com

  

ACTO I

Escenario: Un bosque.

Entran en escena Mario y Vicente, disfrazados de calaveras.

Mario: ¿Se puede saber por qué me has traído aquí, y disfrazado así?

Vicente: Ya lo veras, es una sorpresa.

Mario: ¿Y no me lo puedes decir?

Vicente: Si te lo digo ya no sería una sorpresa.

Mario: No sé cómo me has podido convencer. Espero que nadie me vea con esta pinta, porque sería el hazmerreir del pueblo.

Vicente: Ya verás cómo no te arrepientes, confía en mí.

Mario: La última vez que confié en ti, me metiste en un buen embolado.

Vicente: Eso no va a volver a ocurrir. Aquello fue un lamentable error. ¿Quién iba a suponer que tenían esas cartas? No habían tenido una buena mano en toda la partida.

Mario: Sí, no me lo recuerdes.

Vicente: Pero esta noche, será nuestra revancha.

Mario: No sé qué quieres decir pero eso de la revancha suena bien.

Vicente: Ven, vamos a escondernos, que no tardarán en llegar. Tú haz lo que yo te diga, y todo saldrá bien.

Los dos salen de escena, y se esconden tras unos arbustos. Al instante entran en escena Joel y Pere.

Pere: Tengo miedo Joel

Joel: Ahora me sales con esas. Cuando estábamos en el pueblo no te acordabas que teníamos que volver.

Pere: No; allí se me olvida todo.

Joel: Pues ya te lo advertí, pero tú no, para que me vas a hacer caso. El señorito quería bajar al pueblo.

Pere: Tienes razón; pero eso no me quita el miedo.

Joel: Venga, que tampoco es para tanto. Sí hemos pasado por aquí cientos de veces.

Pere: Sí, pero de día.

Joel: Pues fuiste tú el que se empeñó en venir caminando. Podríamos habernos quedado y bajar mañana con padre.

Pere: Sí, claro, y pasarnos toda la tarde del sábado en la granja. No ves que no. También podrías haber cogido el furgón.

Joel: Claro, y si se entera padre, el marrón me lo cargo yo. No eres listo tu ni na.

Pere: Pero que se va a enterar...

Un momento de silencio. Pere mira hacia todos lados con cara de miedo.

Pere: Le podías haber dicho a tu amiga que nos acompañara.

Joel: ¿A mi amiga?

Pere: Sí, la teniente, la guardia civil… Últimamente hablas mucho con ella.

Pere: El que hable mucho con ella no quiere decir que sea mi amiga.

Pere: Ya, lo que tu digas, pero si estuviera aquí, estaría más tranquilo.

Se oye un ruido. Joel se detiene, y Pere que va muy pegado tras él mirando hacia atrás, tropieza con su espalda.

Joel: ¿No has oído?

Pere: (Mira hacia todos lados) ¿El qué?

Joel: Un ruido.

Pere: Son, son mis dientes que rechinan de miedo.

Joel: No es eso. ¿No lo oyes?

Pere: No me asustes más Joel, que no tengo otros calzoncillos.

Joel: Parece que viene alguien.

Pere: Sí... Sí al final me cagaré de miedo, ya verás.

Joel: ¡Quién anda ahí!

Pere: Quién sea que se vaya. (Dice sin mucha convicción)

Voz de don Diego: ¡Un amigo!

Joel: ¡Sal que te veamos!

Pere: No, que no salga, que yo no quiero verle.

Entra en escena un hombre joven vestido como un mosquetero.

DD: Buenas noches tengan vuestras mercedes.

Pere: ¿Quién?

Joel: Nosotros.

Pere: ¡Ah!

DD: Permitidme que me presente: Don Diego de Arlechines y Villanueva, para servirles en lo que Dios tenga bien mediar. (Se quita el sombrero y saluda haciendo una reverencia) Un momento de silencio. Se vuelve a poner el sombrero.

Joel: Pues este es Pere, y yo soy Joel.

DD: Pere, Joel. Extraños nombres usáis.

Pere: (En voz baja) Mira quién habla, el que va vestido de mosqueperro.

Joel: (En voz baja) ¡SS!, Calla, que puede ser un loco, no le hagamos la contraria.

DD: Me avergüenza confesarlo, aún no sé dónde me hallo. Vuestras mercedes me podrían indicar la posada más cercana. He de comprar otro caballo y seguir viaje a Salamanca.

Pere y Joel a la vez: ¡Salamanca!

DD: Sí. Hacia esa villa me dirigía cuando una densa bruma nos envolvió, asustando a mi corcel, que aun muy noble el miedo le hizo tirarme a tierra, y salir despavorido como si al mismo diablo hubiera visto.

Joel: Pero, si Salamanca está a más de trescientos kilómetros.

DD: (Pregunta con extrañeza). ¿Kilómetros?

Pere: Vamos, que estás muy lejos.

DD: Y como puede ser; no lo entiendo. Si partí al alba de Alcalá de Henares, y mira pues como me hallo aquí sin saber como... ¿Dónde estamos pues, villanos?

Pere: ¡Oye!, Sin insultar, ¡eh!

DD: ¿No son villanos? ¿Acaso son nobles?

Pere: Pues claro que no somos villanos; pues que se ha creído el mosqueperro. Aunque nobles, digamos honradillos.

DD: ¿Honradillos?

Joel: No le haga caso. Dígame, como llegó hasta aquí.

DD: No sabría decirle, como ya mencioné salí al alba de Alcalá hacia Salamanca, pues debía visitar a un pariente enfermo de esa villa. A eso de media mañana, una densa niebla nos envolvió, salida de la nada. Mi noble corcel se asustó me tiró a tierra y cuan me levanté, vi una luz y hacia ella me dirigí. De una cueva emanaba, y preso de la curiosidad entré y debí perder el sentido. Cuan desperté en la oscura cueva me hallaba. Salí y caminé en busca de mi corcel hasta que oí voces y me acerqué, y tan confuso como vuestras mercedes me hallo.

Pere: (En voz baja) Éste tío está como las maracas de Machín.

Joel: Sí, pero mira la espada que lleva, cualquiera le hace la contraria. Será mejor que le sigamos el rollo.

DD: Decían vuestras mercedes.

Pere: (En voz baja) Y dale con llamarnos mercedes, me va a coger complejo de coche.  

Joel: No, nada.

Se quedan en silencio, observándose mutuamente. La situación es algo incómoda.

Pere: (Con disimulo). ¿Y ahora qué hacemos?

Joel: Y yo que sé.

Pere: Pues algo tendremos que hacer.

Joel: Pues tú me dirás qué.

DD: Que extraños ropajes portáis.

Pere: Esto. Pero si son del mercadillo.

Joel le da un golpe con el codo.

Pere: ¡Ay!

Joel: Mire señor, usted... No sé como decírselo sin que se moleste.

DD: ¡Oh!, No. Soy un hombre de paz, nada temáis de mí.

Joel: Ya, bueno, pues allá va. Estamos en el año 2015.

Pere: Sí, y tú estás chalao o... Estas chalao.

Joel vuelve a golpear a Pere.

Pere: ¡Ay!

 Don Diego, conmocionado por el descubrimiento, no dice nada. Se acerca hacia ellos. Pere y Joel se echan hacia atrás. Don diego se detiene de nuevo.

DD: ¿Cómo...? No, no entiendo. Sí lo que vuestras mercedes me dicen es cierto, estoy, estoy en el futuro.

Pere: (En voz baja) No, lo que está es como un cencerro.

Joel: Oiga, mire, no es que no le creamos, pero entiéndanos. No será que del golpe...

DD. No, pues... Todo esto es de locos. Os juro por mi honor de caballero que es cierto todo lo que he dicho, y que me hallo tan confuso como vuestras mercedes.

Pere: Pues que quieres que te digamos; lo tienes un poco chungo.

DD: ¿Chungo?

Pere: Sí, mal, difícil, de puta pena, la verdad. Lo tuyo es una verdadera putada.

DD: ¿Putada?

Pere: Sí, una jodienda.

DD: ¿Jodienda?

Joel:( Exclama). ¡Queréis dejarlo ya!

Pere y DD le miran.

Joel: Perdóneme, no era mi intención gritarle; pero ha comprendido que no puede ser del pasado. Es prácticamente imposible.

DD: Posible o no, de allí soy, y aquí me hallo.

Joel: Bueno, vamos a ver, usted está seguro de que no se ha escapado de un manicomio.

DD: ¿Manicomio? No entiendo.

Pere: Déjalo, es igual. (En voz baja) Oye, yo no es que me las dé de muy listo, pero no creo que en los manicomios los vistan así de diario, vamos, digo yo. Y más con la catana.

Joel mira a su hermano.

Joel: A veces me sorprendes, tío.

Pere sonríe.

DD: Perdónenme vuestras mercedes que aquí me hallo en este nuevo mundo desconocido, perdido y sin saber qué hacer. Podrían vuestras mercedes ser mis guías y consejeros, yo así os lo ruego.

Pere: ¡Eh! Con nosotros no cuentes. Búscate a otros primos.

DD: Os pagaré. No sé qué moneda se usa en esta época. (Coge una bolsa de cuero que lleva en el cinturón). Tengo monedas de oro.

 Abre la bolsa y vuelca su contenido en su palma. Los dos hermanos se acercan. Pere coge una, la examina y, finalmente la muerde.

Pere: Parece buena.

Le dice a la vez que se la acerca.

Joel: Quita, que la has baboseado toda.

Pere se encoge de hombros y se la guarda en el bolsillo.

Joel: Guárdelas.

DD: No, por favor, coged las que queráis, por favor.

Pere hace intención de coger un puñado, pero Joel se lo impide dándole un manotazo en su mano.

Joel: Guárdelas, si nos hacen falta ya se las pediremos.

Don diego mete las monedas en la bolsa, la cierra y la cuelga de nuevo en su cinturón. Pere y Joel se alejan unos pasos.

Pere: ¿Qué hacemos, no lo llevamos a casa?

Joel: Y cuando lo vea padre, ¿qué?

Pere: Mira, nos lo llevamos a casa, y de allí llamamos al cuartelillo, se lo explicas a tu amiga, que vengan y se lo lleven.

Joel: Y dale con lo de mi amiga. Que no es mi amiga.

Pere: Bueno, vale.

Joel: Y si hacemos eso lo meterán en un manicomio.

Pere: O no, vete tú a saber. A nosotros casi nos ha convencido.

Joel: Y también habrás pensado como quitarles las monedas, ¿no?

Pere: ¿Quitárselas? ¡Che! ¿Por quién me tomas? Sólo se las voy a guardar hasta que salga.

Joel: Claro, claro. Hay que ver lo que se te agudiza el ingenio cuando hay dinero por medio. Es increíble.

Pere sonríe.

Pere: Entonces, ¿nos lo llevamos?

Joel: Que remedio, no lo podemos dejar aquí, y al pueblo no vamos a volver a estas horas. Pero que se te vaya quitando de la cabeza lo de las monedas.

Pere: Pero...

Joel: (Le interrumpe) Ni pero ni nada.

Pere: No es justo.

Joel: Don Diego, venga con nosotros.

Don diego se les acerca.

DD: ¿Dónde vamos?

Joel: A nuestra casa.

DD: ¿Allí disponen de un aposento para mí?

Pere:( Con cierto tono de enfado). No, dormirás en el granero. Es lo que hay, amigo. O lo tomas o lo dejas

 DD: Sí, lo que tengan bien en disponer vuestras mercedes.

Los tres se encaminan hacia fuera del escenario, y mientras Pere habla.

Pere: Oye, y vas a tener que cortar con ese rollo de las mercedes, sabes, es que me está entrando un complejo de coche.

DD: ¿Cómo decís?

Pere: Que nos hables más coloquialmente, hombre.

DD: No entiendo.

Pere: Si, que nos hables de tu, nada de vos, ni de mercedes, ni de villanos, que da un mal rollo...

Salen de escena. Al momento entra Mario y Vicente.

Mario: Es increíble, Vicente, menuda broma les has montado a esos dos. Por eso querías que viniéramos aquí. Tío, ha sido increíble. Si me lo he creído hasta yo. De donde has sacado a ese tío. Y ese nombre: don Diego de Arlechines. ¿De dónde lo has sacado? Es genial. Lo que no entiendo son estos estúpidos disfraces.

Vicente: Esto, son por sí... Por si no se lo tragaban, para darles un susto.

Mario: ¡Ah!, ya. Bueno, pero si se lo han tragado, vaya si se lo han tragado. Y dime, ¿cómo sigue la broma, exactamente?

Vicente: ¡Eh...! Bueno, mejor no desvelar la trama. Perdería emoción.

Mario: Bien como quieras. Pero ha sido genial, sólo con verles la cara ha valido la pena. Ni que decir tiene que todo corre de mi cuenta. Solo dime cuanto es y te lo pagaré.

Vicente: Sí, sí, descuida... Bueno, la verdad es que contratar a ese personaje no me ha resultado fácil. Sus honorarios son algo caros, pero era el mejor.

Mario: Sí, ya lo he visto. Que tío. Es muy convincente. Nada, lo que sea, por el dinero no hay problema. A esos dos se la tengo jurada. Nadie se burla de los Carmona. Nadie. Y ahora vámonos a quitarnos estos disfraces antes de que nos vea alguien.

Mario se encamina hacia el lateral del escenario. Vicente se queda parado, pensativo. Mario se detiene, se gira.

Mario: ¿Vamos?

Vicente: Sí, voy.

Ambos salen del escenario.                      

                                                   

                                                                 ACTO II

Escenario: Salón de una casa.

Entran en escena Joel, Pere y DD.

DD: Extraña hacienda poseéis amigo Pere. Y esa luz que no quema. ¿Cómo me habéis dicho que se llama?

Pere: Electricidad.

Joel: Aun cuan me lo habéis explicado, no lo entiendo. Es milagroso.

Con Gran curiosidad comienza a mirar los objetos, adentrándose en el salón.

Pere: (En voz baja) Entonces, llamamos a tu… A la guardia civil, ¿no?

Joel: No lo sé, pero es que no se me ocurre otra cosa que podamos hacer.

Pere: Seguro entonces, ¿no?

Joel: Que pasa, te estás arrepintiendo. Te recuerdo que la idea fue tuya.

Pere: Ya, ya lo sé, pero es que ahora ya no lo tengo tan claro.

Joel: Pues tú dirás que hacemos. Aquí no lo podemos tener, que ya sabes cómo las gasta padre.

Pere: Pues no lo sé.

Los dos miran a don Diego, que en ese momento tiene una bola de cristal con una casa dentro. Al girarla cae la nieve y se asombra e intenta tocarla.

Pere: Míralo, si es que no le podemos hacer eso.

Joel: Sí, vale, pero algo tenemos que hacer.

Pere: Pues tú no sé, pero yo voy a comer algo. Tengo hambre.

Joel: Cómo puedes pensar en comer ahora.

Pere: Qué. Cuando tengo hambre no puedo pensar en otra cosa.

Joel: Bueno, bien pensado a lo mejor con el estomago lleno se nos ocurre algo.

Pere: ¡Don diego, vamos a la cocina! ¿Quiere algo de comer?

Don Diego no contesta. Está tan ensimismado viendo los objetos, que no se entera.

Joel: Déjalo, no le va a pasar nada.

Salen de escena por el otro lado. Don Diego sigue con su fascinante observación de los objetos del salón. Se agacha en el mismo momento que entra Mar, la hermana mayor de Pere y Joel. Sin verle se sienta en el sillón, y se pone a limarse las uñas. Don Diego se levanta de espaldas a Mar, y sigue con su observación. Mar deja de limarse las uñas y comienza a buscar algo por el sillón. Levanta los cojines y finalmente se agacha para mirar en el suelo, justo en el momento que don Diego mira hacia el sillón. Un objeto le llama la atención, y se va a buscarlo. Mar se levanta y se gira hacia donde está don Diego cuando a este se le ha caído el aparato que lleva en la mano y se agacha a recogerlo. Mar vuelve a darle la espalda y don Diego se incorpora y se acerca al sillón sin verla. Cuando está justo detrás de Mar, esta dice.

Mar: ¿Dónde estará el dichoso mando?

Don Diego se gira con el mando en sus manos, a la vez que Mar grita.

Mar: (Grita) ¡Ah!

Mar se levanta de un salto del sillón, mientras sigue gritando.

DD: No, por favor, no grite mi bella doncella que ningún daño le voy hacer.

Entran corriendo en escena Pere y Joel. Mar, al verlos se esconde tras ellos.

Mar: ¿Quién, quién es ese?

Pere: Es un amigo, no te asustes.

Mar: ¿Y por qué va vestido así?

DD: Permitidme que me presente, mi bella doncella. Don Diego de Arlechines y Villanueva, a sus pies.

Don Diego hace una reverencia, quitándose el sombrero. Pere se le acerca y le coge el mando de la tele.

Mar: ¿Don Diego de Arlechines? Está de coña, ¿no?

Joel: ¿Es qué le conoces?

DD: ¿De coña? ¿Qué ha querido decir la doncella amigo Pere?

Pere: La doncella es mi hermana mayor, y se llama Mar.

DD: ¡Ah!

Mar: Yo no sé quién es ese tío, pero desde luego no es don Diego de Arlechines. Hace siglos que murió, o sea que es imposible.

Pere: Y de coña es de cachondeo, que te estás quedando con ella. Vamos que no se cree que eres quien dices ser porque tú ya tenías que estar muerto. ¿Lo pillas?

DD: Creo que lo voy pillando, amigo Pere, creo que lo voy pillando.

Pere le da una palmada en la espalda.

Pere: Este es mi chico.

Joel: Entonces, ¿sabes quién era don Diego?

Mar: Claro que lo sé; y desde luego no es este tío. Y ahora, ¿me queréis explicar quién es y que hace aquí?

Pere: Es quien dice ser, según él, claro; y no lo encontramos de camino a casa, cerca del cruce.

Mar: ¿Cómo que es quien dice ser? Eso no puede ser.

Pere: Pues es, pues es, según él, claro.

Mar: A ver, Joel, quieres explicármelo tu, a ver si me entero de algo.

Joel: Pues si es que no hay mucho más que decir; no lo encontramos cerca del cruce, como te ha dicho Pere, y nos dijo que era quien dice ser, que había salido de Alcalá de Henares al amanecer, y que a mitad de camino una densa niebla apareció de repente, que su caballo se asusto, tirándolo al suelo, que vio una luz, que fue hacia ella, que salía de una cueva, que se metió y perdió el sentido y al despertar salió de la cueva y buscando a su caballo oyó nuestras voces y se acercó. Eso es lo que nos dijo.

DD: Y es la verdad, mi bella doncella.

Mar: Ya, y yo voy y me lo creo. ¿Qué es esto, una broma?

Joel: Claro, hemos contratado a este tío, lo hemos disfrazado de mosquetero y lo hemos traído para gastarte una broma cuando se suponía que tú, hasta mañana por la noche no volvías. Tiene lógica.

Mar: No, bueno, vale. Pero reconoce que es una historia difícil de creer.

Joel: Y ahora, nos quieres decir quién es este tío. A ver si nos aclara algo.

DD: ¿Tío? ¿Acaso nos une algún parentesco familiar que desconozco, pues me he fijado que usáis esa palabra cuando os dirigís hacia mi persona?

Pere: No hombre, es una forma de hablar. Tío, colega, tronco.

DD: Decididamente usáis un idioma muy peculiar en esta época.

Mar y Joel se alejan un poco.

Pere: Espera un momento, que tenemos que hablar.

Pere se les une.

Mar: Pues se podría decir que fue el fundador de este pueblo. Vino con un grupo de personas y se establecieron en estas tierras que don Diego le había comprado a la iglesia.

Joel: O sea, que se estableció aquí como un terrateniente.

Mar: No, no. Regaló las tierras a los que le acompañaban, en un gesto altruista poco común en esa época. La verdad es que fue un adelantado a su tiempo. Según cuenta la historia muchas de sus ideas fueron muy futuristas, aunque en aquel tiempo lo tomaran más bien por un loco. De todas formas tenía una visión realmente acertada de cómo sería el futuro.

En ese momento los tres miran a don Diego, que sigue con su exploración de los objetos del salón.

Pere: Puede ser que el que él esté aquí ahora tenga algo que ver con eso, ¿no?

Mar: Sí, puede, pero es que... Todo esto me parece tan irreal. No llego a creérmelo. ¿Y si nos está tomando el pelo?

Joel: Sí, ya lo he pensado, pero, ¿con qué propósito?

Mar: No lo sé… Quizás el gastarnos una broma.

Joel: Y quién sería capaz de gastarnos una broma tan compleja, por que mira que hay que tener cabeza para inventarse una historia así.

Pere: El pijo de Mario. Recuerda que no la tiene jurada desde lo de...

Joel: Sí, vale, pero no le veo con tanta imaginación.

Pere: Pero tiene al pelota de Vicente.

Joel: Ese aún tiene menos luces.

Pere: No te creas, ¿eh?

Mar: Bueno, pero podría ser. No podemos descartar nada, de momento.

Joel: Oye, ¿y tu cómo sabes tanto de ese tío?

Mar: Casualidades de la vida. Hace unos años tuve que hacer un trabajo acerca de nuestros antepasados. Un árbol genealógico, e indagando, indagando di con él.

Pere: No me digas que es un antepasado nuestro, que ya es lo que me faltaba por oír.

Mar: No, él no, uno de los que vinieron con él. Julio se llamaba. En el viaje conoció a María, se casaron y aquí se establecieron.

Joel: Oye, si todo lo que dices es cierto y este tío es quien dice ser, creo tenemos un problema, y bien gordo.

Mar: ¿Un problema?

Joel: Sí. Si él está aquí, ¿Cómo lo va a hacer?

Mar: ¡Ostras, no había caído!

Pere: Haber, que me he perdido.

Mar: Pues que si no conseguimos que regrese a su tiempo, podríamos provocar un conflicto generacional entre el pasado y el ahora que puede ser catastrófico para nosotros. Bueno, para todo el pueblo.

Pere: Ya, si, está muy claro. Haber Joel, traduce.

Joel: Que si no hacemos que vuelva a su tiempo, no podrá comprar estas tierras, ni traer a nadie, ni se crearía el pueblo, ni se conocerían nuestros antepasados, ni nada. Vamos que nosotros no existiríamos en el ahora.

Pere: ¡Ah! Pues que chungo lo tenemos.

Mar: Pero no nos volvamos locos. Yo aún no me creo la historia de este tío. Lo siento, pero es que es increíble.

Joel: Pere, enséñale la moneda.

Pere: Sí.

Pere saca la moneda de su bolsillo y se la entrega a Mar. Esta la observa con detenimiento.

Mar: Está cuñada en el año 1750. Más o menos coincide con la época en la que supuestamente vivió. Y parece autentica, y está como recién acuñada.

Pere: Pues tiene una bolsa llena.

Mar: Pues, es que sigo sin creérmelo, lo siento, no me lo trago, es que es imposible que haya venido del pasado, es de locos.

Joel: Yo también tengo mis dudas, pero por muy descabellada que nos parezca, creo que no habría que descartar ninguna posibilidad. Imagínate que es verdad, ¿estamos dispuestos a correr ese riesgo?

Mar le mira, y luego mira a don Diego que sigue con su curiosa observación de las cosas del salón.

Pere: Si, Mar, que yo no quiero dejar de ser yo. Que aún soy muy joven para no haber nacido. O algo así. Es que esa parte no la he entendido muy bien.

Mar sonríe.

Mar: Vale, aunque sigo teniendo muchas dudas, creo que hay que plantearse la posibilidad de volver a este tío a su época, y cuanto antes. Aunque el sólo plantearlo me resulte absurdo.

Joel: Pues ahora la cuestión es cómo lo vamos a hacer, porque muchas pistas no ha dado, la verdad.

Mar: Supongo que de la misma forma que vino.

Pere: Y, ¿cómo vino?

Mar: Os dijo que le envolvió una niebla, a lo mejor tiene algo que ver.

Joel: O a lo mejor no. La verdad es que no tenemos nada. No sabemos por dónde empezar.

Mar: Uno puede ir a donde apareció, a ver si encuentra algo, Yo iré al archivo y el otro que se quede con él.

Pere: Os recuerdo que mañana viene padre.

Joel: Pues tendremos que hacerle pasar por uno de tus amigos de la universidad. Como son tan raros a lo mejor cuela y padre no se da cuenta.

Mar: Que gracioso.

Pere: Y no sería mejor que nos acompañase al lugar donde apareció. Así nos podría contar como ocurrió. Vamos, digo yo que sería lo mejor. Quién mejor que él, ¿no?

Mar: Sí, está bien pensado. Pero también deberíamos intentar averiguar si es una broma de Mario y Vicente.

Pere: ¿Y cómo lo hacemos?

Mar: Pues no sé. Vosotros les conocéis mejor.

Joel: Bueno, dejémoslo ahora, ya se nos ocurrirá algo mañana.

 Mar: Sí, será mejor que nos vayamos a dormir, mañana tendremos que madrugar.

Pere: ¿Y él dónde duerme?

Joel: En la habitación de invitados.

Mar: No, en la de invitados no que Casandra está durmiendo ahí. Me había olvidado de ella.

Pere: La brujita.

Mar: No la llames así.

Pere: Si es que lo es, aún recuerdo cuando me echo las cartas. La madre que la parió, me lo acertó todo.

Joel: Bueno, tampoco es para tanto, tus eres como un libro abierto.

Pere: Ja, ja, que gracioso.

Mar: Que duerma en el sillón. Y darle algo de ropa, que no puede ir por ahí con esas pintas.

Joel: Por cierto, Mar, ¿tu cómo es que estás hoy aquí?

Mar: Porque en cuanto llegamos Casandra comenzó a sentirse mal y nos tuvimos que volver.

Pere: ¿Qué le pasa?

Mar: No lo sé muy bien, pero fue salir de allí y comenzar a encontrarse mejor. Ha sido algo incomprensible.

Pere: No, si lo que yo os diga, esa chica es muy rara.

Joel: ¿Y qué le vamos a decir de don Diego?

Mar: Pues habrá que hacerlo pasar por un amigo vuestro, como son tan raros, seguro que no sospecha.

Joel: Que graciosa.

Mar: Donde las dan las toman.

Mar se ríe.

Pere: Si, como el Mota con un par de calimochos.

Joel: Y sin calimochos, ese tío es raro de narices. No sé cómo puedes ir con él.

Pere: Es un buen tío, lo que pasa es que no le conoces.

Mar: Bueno, me voy a dormir. Hasta mañana. Y cerrar la puerta, no vaya a ser que se escape.

Joel: Sí, descuida.

Mar:(Mientras sale de escena) Esto es de locos.

Pere: ¡Don Diego!

Don diego le mira.

Joel: No grites. A ver si vas a despertar a la bruja.

Pere le hace unas señas a don Diego para que se le acerque. Este deja el objeto y se le acerca.

Pere: Don Diego, tendrá que dormir aquí, en el sillón.

DD: Donde dispongáis amigo Pere.

Joel: Voy a traerle algo de ropa, y algunas mantas.

Joel sale de escena.

Pere: ¿Tienes hambre?

DD: Sí, desearía saciar mi apetito.

Pere: Vale, pues a ver si encontramos algo de manduca.

DD: No, si yo lo que deseo es alimento.

Pere: Pues eso, manduca. Vamos. Te voy a preparar un bocadillo de jamón serrano que te vas a morir de gusto.

DD: La muerte nunca es plato de buen gusto amigo Pere. (Sonríe)

Pere: (Le mira). Hay has estado sembrao, colega.

DD: ¿Sembrao, colega?

Pere: Ya lo iras pillando tío, ya lo iras pillando.

Los dos hombres salen de escena.

                    

                                                     ACTO III

Escenario: El mismo comedor, a oscuras. Don diego, vestido con un chándal, durmiendo en el sofá. Entra en escena Casandra, que se dirige a la cocina. Don Diego se despierta, se incorpora en el mismo momento que Casandra entra en la cocina. Don diego se frota los ojos, bosteza y se levanta, encaminándose a la cocina, y cuando está a punto de entrar, la puerta se abre y sale Casandra, encontrándose frente a frente. Ninguno dice nada, ni se sorprenden, tan solo se observan mutuamente.

Casandra: ¿Quién eres? ¿Te conozco?

DD: No sabría decirte, mi bella dama. Tu rostro angelical es un bálsamo refrescante que alivia mis penas, aun cuan no creo haberte conocido, algo me hace creer que ya tuve el placer de ver tu bello rostro. Quizás, en alguno de mis sueños.

Casandra: A mí me pasa igual... Pero estás triste, perdido, confuso. Estás, estás viviendo un tiempo que no es el tuyo... Quieres regresar a tu hogar, y no sabes cómo, y eso te causa una gran tristeza

 DD: ¿Y cómo sabe mi bella dama...? ¿Acaso el amigo Pere, o el amigo Joel os han contado sobre mi desdicha?

Casandra: No, lo he sabido al mirarte a los ojos.

DD: ¿Y acaso mis ojos, mi bella dama, pueden decirte como volver a mi hogar?

Casandra: No, mi perdido amigo, tus ojos sólo expresan la tristeza que te aflige...

Don Diego baja la cabeza. Casandra le coge la mano, y con la otra levanta su mentón.

Casandra: Pero no te desanimes mi caballero, que aunque grande es la batalla que tendrás que librar en este tiempo, de ella saldrás victorioso. Nobles amigos tienes que te ayudaran, confía en ellos. Este es parte de tu destino, y del de ellos mismos.

DD: No entiendo, mi bella dama.

Casandra: Ven, mi perdido amigo, ven y sigue con tus sueños, que ellos te guiarán.

Casandra le lleva de la mano hasta el sillón, le ayuda a recostarse, le tapa con la manta y comienza a acariciarle el cabello.

Casandra: Duerme mi fiel caballero, duerme profundamente. Duerme sin temor pues el miedo ya no tiene cabida en tu noble corazón. Duerme profundamente y deja que tus sueños te guíen. Duerme, mi caballero, duerme profundamente...

Don Diego poco a poco va cerrando los ojos hasta quedarse dormido. La bella dama se levanta y sale de escena. Se cierra el telón.

Se abre el telón y aparece el salón vació. Entra Joel con cara de sueño. Va al sillón y al mirar se da cuenta que no hay nadie. Corre a la cocina, entra para volver a salir al momento. Entra Mar a escena.

Joel: ¡Mar! ¡Que no está!

Mar: ¡Cómo que no está!

Joel: No, no está. Acabo de entrar y ya no estaba.

Mar: ¿Has mirado en la cocina?

Joel: Claro que he mirado en la cocina.

Mar: Bueno, no nos pongamos nerviosos. En algún lado tiene que estar.

Joel: Seguro que era un ladrón y nos la ha jugado. Seguro. Sí ya lo decía yo. Este nos está engañando.

Mar: Tú no decías eso.

Joel: Ya, pero lo pensaba.

Mar: Vale Joel, tranquilízate. Vamos a buscarlo, venga.

Joel: Sí es que no la ha pegado Mar. Nos la ha pegado.

Salen de escena. Al instante entran Pere y don Diego.

DD: Gracias amigo Pere, por acompañarme.

Pere: De nada, hombre. Para eso estamos.

DD: Permíteme darte algo a cambio de tu amabilidad.

Don Diego saca su bolsa de uno de sus bolsillos, la abre y le entrega una moneda.

Pere: Que no hace falta, hombre. Que no.

DD: Por favor, acéptala, te lo ruego, si no me sentiré ofendido.

Pere: Bueno. Pero sólo porque no te ofendas, ¿eh?

Pere coge la moneda y se la guarda.

Entra Mar en escena.

Mar: ¡Por Dios, que susto nos habéis dado! ¿Dónde os habíais metido? Nos hemos vuelto locos buscando.

Pere: Don Diego quería ver el amanecer, y le he acompañado.

Mar: ¡Qué quería ver el amanecer!

DD: Sí. Perdóneme doña Mar, ha sido culpa mía. Le rogué al amigo Pere que me acompañara, y el gentilmente ha accedido. Espero no haberos importunado con mi deseo.

Mar: No, no. Es que nos hemos asustado al no verle. Creíamos que se había ido.

DD: Y a dónde podría ir doña Mar. Aquí soy como un ciego que necesita de su lazarillo.

Entra Joel en escena.

Joel: ¡Por Dios! ¿Dónde estabais...? Primero no encontramos a don Diego, y luego a ti tampoco. ¿Dónde diantre os habíais metido?

DD: Perdonadme vos también, amigo Joel, he sido yo el que requerí al amigo Pere que me acompañara a ver el amanecer.

Joel: ¿A ver el amanecer? ¿Es que no lo habías visto antes, o qué?

Pere: Déjalo estar, Joel.

Joel: ¡Que lo deje estar! Con todo lo que se nos viene encima, y solo se os ocurre iros a ver el amanecer. ¿Y tú por qué le sigues la corriente?

Pere: Porque está convencido de que va a ser su último amanecer. Por eso. Contento. Estás ya contento.

Mar se le acerca.

Mar: Pero, ¿cómo puede pensar eso? Nosotros no vamos a dejar que le pase nada. ¿Verdad?

Pere: Eso es lo que le ha dicho yo esta mañana, pero se le ha metido en la cabeza que se va a morir.

Mar: ¿Y se puede saber por qué se le ha metido esa idea?

DD: Una bella dama vino a mis sueños, y me dijo que grandes batallas libraría en este tiempo, y que de ellas saldría victorioso si en amigos confiaba. Que me dejara llevar por mis sueños, que ellos me guiarían. Y ellos me han guiado hasta la muerte. Me he visto morir en un lecho, solo.

Mar: Bueno, solo son sueños.

Pere: ¿Y quién era esa dama?

DD: No lo sé. Apareció en la noche, con su rostro angelical, y, y me hablo de mi dolor, de mi profunda pena. Sabía que no era de este tiempo.

Joel. Pero era real o fue un sueño.

DD: No sabría decirle, amigo Joel. No sabría decirle.

Mar: Bueno, será mejor que nos vistamos. Padre no tardará en llegar, y es mejor que de momento no le vea. Seguiremos con lo planeado. Vosotros lo lleváis donde apareció, haber si recuerda o encontráis algo, y yo iré a la biblioteca a buscar información sobre él.

Pere: Y ¿la brujita?

Mar le mira.

Mar: Quieres dejar de llamarla así… Ya me ocupo yo de ella, de momento sigue durmiendo.

Pere: Y después, pues os recuerdo que padre vuelve hoy.

Joel: Ya veremos lo que hacemos cuando llegue el momento.

DD: Siento que mi presencia os cause algún contratiempo. Si en verdad pudiera yo…

Mar: (Le interrumpe). No digas eso, eres nuestro amigo, y pase lo que pase no te vamos a dejar.

Pere: Claro que no, con lo majo que eres.

Pere se le acerca y le pone una mano en su hombro.

DD: Gracias… Amigos.

Pere: ¿Tienes hambre?

DD: No, no tengo apetito. Vuestros alimentos no me sentaron bien.

Pere: Eso es que no estás acostumbrado. Ven, te daré algo para que se te pase el dolor.

Pere y don Diego salen de escena.

Joel: ¿Qué te parece la historia de la dama?

Mar: No lo sé. Todo lo que rodea a este tío es tan raro que no sé qué pensar. Desde luego a él le ha impresionado, de eso no hay duda.

Joel: Yo diría que algo más que impresionarle, le ha conmocionado.

Mar: Sí. Espero que sus sueños no sean proféticos… Voy a cambiarme.

Mar sale de escena, dejando a Joel pensativo.

Se cierra el telón.

                            

                                                              ACTO IV

Escenario: Un bosque.

Entran en escena Pere, Joel y don Diego; van caminando.

Joel: Bueno, tú dirás por dónde.

DD: Sí, por aquí.

Joel y Pere le siguen.

DD: Es por aquí, la cueva no debe estar lejos.

Pere: Por aquí la única cueva es la del lugareño, pero ya te digo que no hay nada, he estado muchas veces y no hay nada.

Joel: Bueno, pues vamos a buscar por aquí.

Pere: ¿Y qué buscamos?

Joel: No tengo ni idea. Tú busca.

Pere: Pues vaya. Buscar por buscar no me hace ninguna gracia.

Pere levanta una piedra.

Pere: (Grita) ¡Ah!

La suelta y sale corriendo.

Joel: ¿Qué pasa?

Don Diego se echa mano a la espada, pero no la lleva.

DD: Espera amigo Pere, que voy en tu ayuda.

Pere: Una, una serpiente.

Joel y don Diego llegan a su lado.

Joel: ¿Dónde?

Pere: Se, se metió por ahí.

Joel: Bueno, tampoco es para tanto. Menudo susto nos has dado.

Pere: Como se nota que no te la has encontrado tu.

DD: Estáis bien, amigo Pere.

Pere: Sí, sí. Ha sido solo el susto.

Joel: Bueno, venga, sigamos buscando.

Pere: A mí me parece que esto es una pérdida de tiempo. Aquí no vamos a encontrar nada.

Joel: Don diego, ¿no recuerda nada más?

DD: No, amigo Joel, fue tal y como ya le conté a vos.

Joel: Piénsalo bien. Algún detalle cuando apareció la niebla. No sé, algún ruido extraño, algún olor, alguna sensación.

Don Diego se queda un momento recordando.

DD: Sí, tuve frío, y oí un extraño sonido; como el viento cuando silba entre los árboles, aun cuan este era diferente. Nunca oí nada igual.

Joel: Bueno, algo es algo. Aunque de momento no nos sirve de mucho.

Pere: Aquí no hay nada. Será mejor que volvamos.

Joel: ¿Adónde?

Pere: Pues a casa.

Joel: Claro, y se lo presentamos a padre.

Don Diego comienza a sentirse mal. Se sienta en una piedra.

Pere: Pues tú me dirás que hacemos.

Joel: Pues si lo supiera te lo diría… ¿Y si vamos a mirar a la cueva?

Pere: Pero si ya te he dicho que no hay nada. ¿Cómo habías quedado con Mar?

Joel: Pues la verdad es que con el follón de esta mañana, al final no he quedado en nada.

Pere: ¡Ah! Muy bonito. Pues sí que estamos bien.

Pere mira a don Diego.

Pere. ¿Qué te pasa, te encuentras mal?

DD: No sé, amigo Pere, estoy algo mareado.

Pere y Joel se le acercan. Pere le pone la mano en la frente.

Pere: Parece que tiene fiebre.

Joel: Lo que nos faltaba, que se pusiera enfermo.

DD: No ha de ser nada. Seguro que se me pasa.

Joel: Desde cuando no te encuentras bien.

DD: Ya me desperté indispuesto; aun cuan supuse que era por vuestros alimentos.

Pere: Será mejor que lo llevemos a algún sitio antes de que empeore.

Joel: ¿Y a dónde?

Pere: Y yo que sé. Llama a Mar y dile lo que pasa; a ver si a ella se le ocurre algo.

Joel saca su móvil, y llama a Mar. 

DD: ¿Qué es esa cosa?

Pere: Eso. Eso es un móvil, un teléfono móvil.

DD: ¿Y para qué lo usáis?

Pere saca su móvil.

Pere: Te lo enseño.

Mientras Joel habla, Pere le enseña su móvil, y don Diego va poniendo cara de sorpresa con cada descubrimiento.

 

Joel: Mar. Sí, oye mira, que se nos ha puesto malo... No sé lo que le pasa. Tiene fiebre y no se encuentra bien... Estamos en el lugar que apareció... No, no hemos encontrado nada... ¡a casa! ¿Y padre qué...? A vale, pues mejor. Bien nos vemos allí. No tardes.

Joel cuelga, y se guárdale móvil.

Pere: ¿Qué, cuéntame?

Joel: Que lo llevemos a casa, que padre ha llamado, que se le ha estropeado el coche, y hasta el lunes no traen la pieza. Que se va a quedar allí, por no tener que venirse y tener que volver el lunes.

Pere: Pues qué bien que nos ha venido.

Joel: Sí, ha sido una suerte su mala suerte, vaya. Venga, vámonos.

Pere le coge el móvil.

Pere: ¿Puedes caminar?

 DD: Creo que sí.

Don Diego se levanta, y comienza a caminar aunque se va para los lados. Pere y Joel se ponen uno a cada uno de sus lados y salen de escena. Se cierra el telón.

Se abre el telón. Escenario el comedor. Don Diego acostado en el sillón, Pere y Joel a su lado.

Pere: Qué hacemos, cada vez tiene más fiebre.

Joel: No sé, no soy médico.

Pere: Está tiritando. Voy a buscar otra manta.

Joel: Y yo voy a buscar en la habitación de Mar, a ver si tiene algún libro de medicina que nos pueda ayudar.

Los dos salen de escena. Al momento entra Casandra, con cara de sueño. Se acerca a don Diego, le toca la frente. Éste abre los ojos.

DD: Mi bella dama, has venido a llevarme con vos.

Casandra: No, mi buen caballero. Tu batalla ha comenzado, y tu solo no la podrás ganar. Confía en tus amigos. Confía en ellos, que a la vez en su enemigo tendrán que confiar y a él acudir si la batalla quieren ganar. Deben convencerlo de que también es su batalla, y que tanto como ellos tiene que perder.

DD: No entiendo tus palabras, mi bella dama.

Casandra: No importa mi noble caballero, son ellos los que las han de entender.

Casandra deja de acariciarle la frente, y se aleja. Don diego le coge la mano.

DD: No, no me dejes, por favor, mi bella dama.

Casandra: Yo nada más puedo hacer, mi noble caballero. Ahora todo depende de vosotros.

Y soltándose se aleja saliendo del escenario.

Al momento entra Pere con una manta. Se la echa por encima. Don diego abre los ojos, y le coge la mano a Pere.

DD: Amigo Pere, he visto a la bella dama. La he visto de nuevo.

Pere: Sí, sí, tranquilo don Diego. Duerma un poco.

DD: No, amigo Pere, no lo entiendes. Ha estado a mi lado, y me ha dicho que ha vuestro enemigo tendréis que acudir, si la batalla queréis ganar.

Pere: Sí, sí, está claro.

DD: No, escuchadme por favor, os lo ruego.

Pere no dice nada.

DD: Tenéis que convencerlo de que también es su batalla, y que tanto como vos tiene que perder.

Pere: Sí, tranquilo.

DD: No, no, prométeme que vos lo ha comprendido.

Pere: Sí, sí.

Don diego se desmaya.

Entra Joel en escena.

Joel: ¿Qué pasa?

Pere: Creo que está delirando.

Joel le toca la frente. Don diego le coge la muñeca con fuerza.

DD: Tenéis que ir a ver a vuestro enemigo. Id y convencerlo. Id.

De nuevo se desmaya.

Joel: ¿Qué dice de nuestro enemigo?

Pere: No sé. Yo creo que delira.

DD: Bella dama... Bella dama... Confía en tus amigos... Hablad con vuestro enemigo. No te vayas. ¡No, no me dejes!

Joel: ¿De qué está hablando, Pere?

Pere: Es que cree que la bella dama se le ha aparecido otra vez, y que le ha dicho que nos tenemos que enfrentar a nuestro enemigo para ganar la batalla. O que teníamos que hablar con él para convencerlo de ganar la batalla. O algo así.

Joel: ¿Y de que enemigo habla? ¿Y de qué batalla?

Pere: Por eso te he dicho que está delirando.

Joel: A ver, cuando nos dijo que vio a esa misteriosa dama, nos dijo que le había dicho que iba a salir victorioso de la batalla, que confiara en sus amigos.

Pere: Sí, eso creo.

Joel: Y ahora dice que la ha visto de nuevo y... ¿A ver, que te ha dicho exactamente?

Pere: Y yo que sé, si no le prestaba atención. Creía que estaba delirando.

Joel: Intenta recordarlo tal y como te lo dijo. Tal vez nos ayude.

Pere: A ver... Espera...  ¿Cómo me dijo...? Que la bella dama le había dicho que si la batalla queríamos ganar con nuestro enemigo deberíamos hablar para convencerlo de que también era su batalla. Sí, eso más o menos me ha dicho. ¿Tú entiendes algo?

Joel: No, no tiene sentido.

Pere: Lo que yo te digo, está delirando.

Joel le toca la frente.

Joel: Está muy caliente.

Pere: ¿Has encontrado algo en ese libro?

Joel: Si aún no lo he mirado.

Joel abre el libro y comienza a leerlo.

Joel: A ver, síntomas. ¿Qué síntomas tiene?

Pere: Fiebre alta, escalofríos. Pérdida del sentido.

Joel: Con esos síntomas podría ser cualquier cosa.

Mar entra en ese momento.

Mar: ¿Qué, cómo está?

Joel: Mal A ver si tu sabes lo que tiene.

Mar: ¿Yo?

Joel: Sí, tu. ¿No estás estudiando medicina?

Mar: Sí, pero solo estoy en el segundo año. No estoy capacitada para diagnosticar ninguna patología. Lo mejor es que llamemos a don Antonio.

Joel: Claro, y se lo presentamos como don Diego de Arlechines, y que lo ingrese en el hospital, no te digo.

Mar: Ya, es un riesgo, pero siempre será mejor que el de dar un diagnostico equivocado, ¿no?

Joel: Pues no. Yo creo que no deberíamos correr ese riesgo. Si llamamos a don Antonio hará muchas preguntas, y si al final decidiera ingresarlo, ya no podríamos controlar la situación.

Mar: Bueno, pero siempre sería mejor que arriesgarnos a que se nos muera aquí mismo. Además, que yo no quiero tener ese cargo de conciencia.

Pere: ¡Queréis dejarlo ya! Don Diego cada vez está peor, y vosotros discutiendo. Mar, solo intenta saber lo que le pasa, si no estás segura, llamaremos a don Antonio, pero sólo si no tenemos más remedio. ¿Estáis de acuerdo?

Mar: Sí, vale, lo intentaré.

Joel: Vale, es justo.

Mar se acerca a don Diego. Le toca la frente, le toma el pulso, y le toca la garganta.

Mar: Parece que tiene los ganglios inflamados, aunque más que inflamados parece que tuviera bultos. Es curioso, muy curioso...

Joel: ¿Qué, sabes lo que tiene?

Mar: No, no tengo ni idea.

Pere: ¿Y si buscamos los síntomas en este libro?

Mar: Pásamelo.

Pere se lo pasa. Mar se sienta y comienza a ojear el libro. Pere se pone junto a don Diego.

Pere: Anda Joel, tráeme un poco de agua y un trapo para ponerle en la frente.

Joel: Sí.

Joel sale de escena. Pasa un momento.

Pere: ¿Qué, encuentras algo?

Mar: No. Creo que será mejor que llamemos a don Antonio.

Pere: Oye Mar, que estaba yo pensando que quizás tenga una enfermedad de su tiempo. No sé, alguna que ahora ya no sea corriente.

Mar: Claro. Eso es... Eres un lince. Creo que has dado en el clavo.

Mar busca al final del libro, y lee con detenimiento.

Mar: Síntomas: Fiebre alta, confusión y delirio, así como la aparición de bubones en la ingle, en el cuello y en las axilas. Creo que ya está. Mira a ver si tiene bultos en las axilas.

Pere mira las axilas.

Pere: Sí, tiene unos bultos.

Mar: ¡Madre de Dios!

Joel entra en ese momento con una palangana de agua.

Pere: Mar ya sabe lo que le pasa.

Joel: Sí, ¿Y qué tiene?

Mar: La peste; la peste bubónica.

Pere y Joel: (A la vez). ¡La peste!

Mar: Sí, la peste.

Pere: Pero, ¿eso no es muy contagioso?

Mar: Sí, aunque hoy en día es una enfermedad que tiene cura, y que está prácticamente erradicada. Hay que darle lo antes posible estreptomicina, es un antibiótico, si no morirá.

Joel: ¿Y dónde vamos a conseguirlo?

Mar: Aquí, en este pueblo, el único que puede conseguirlo es Mario, el dueño de todas las farmacias que hay en esta zona.

Pere: Pero no hay que acudir a él, ¿no? Vamos a una farmacia de guardia y lo pedimos.

Mar: Ese antibiótico puede que lo tengan en las farmacias, pero las vacunas no creo. Abría que pedirlas y con urgencia, y el único que lo puede pedir, sin receta es Mario.

Pere: Pues lo tenemos crudo. Con la tirria que nos tiene, no creo que esté por la labor.

Don Diego recobra el conocimiento de pronto y le coge la mano a Pere.

DD: ¡Hablad con vuestro enemigo!

Pere: (Grita) ¡Ah!

DD: ¡Convencedlo!... ¡Convencedlo!... También es su batalla. También es su batalla... ¡No te vayas mi bella dama...!

Don diego vuelve a perder la conciencia.

Pere: Joer, que susto me ha dado.

Mar: ¿De qué hablaba? 

Joel: Es que, parece que cree haber visto a esa mujer que él llama bella dama.

Pere: Sí, y le ha dicho algo así como que sus amigos para ganar la batalla deberían hablar con su enemigo, y tratar de convencerlo de que también es su batalla. Yo creo que delira.

Joel: Oye, y si se refería a nosotros. Supongo que nosotros debemos de ser sus amigos, ya que no conoce a nadie más.

Mar: Bueno, vale, supongamos que sí. ¿Y qué batalla es esa de la que habla? ¿Y quién es el enemigo?

Pere: Oye, no me hagáis mucho caso, a lo mejor digo una tontería pero, y si la batalla fuera la enfermedad, y el enemigo es Mario.

Mar y Joel miran a su hermano.

Pere: Bueno, ya os he dicho que no me hagáis mucho caso.

Joel: No, al contrario, si hasta parece que tiene sentido. Mario, desde siempre, ha sido como un enemigo para nosotros, con lo que todo parece encajar. ¿Tú qué piensas, Mar?

Mar: Sí, tiene su lógica, tal vez un poco rebuscado, pero parece que todo encaja...

Pere: Entonces, ¿qué hacemos?

Mar: Pues habrá que hacerle caso a esa misteriosa dama...

Mar mira a sus hermanos.

Joel: ¡Ah, no! Conmigo no cuentes.

Pere: ¿Qué no cuente para qué?

Mar: Venga, que sólo nos tiene a nosotros. No le vamos a dejar así.

Joel: ¿Y por qué no vas tú?

Pere: ¿Ir a dónde?

Mar: Porque soy la única que puede retrasar el avance de la enfermedad, hasta que consigáis las medicinas. Si es que las conseguís.

Pere: ¿Se puede saber de que estáis hablando?

Joel: De que tú y yo tenemos que ir a casa de Mario a pedirle las medicinas para don Diego.

Pere: ¡Ah, no! Conmigo no contéis, ni de coña. Además, que, nos presentamos en su casa y le decimos, oye Mario, que tenemos un tío que ha venido del pasado y tiene la peste, así, de sopetón, ¿no…? Y él va y nos las da, así, por nuestra cara bonita… Ah, y os recuerdo que lo que menos quiere ver son nuestras caras, que nos la tiene jurada, por si no os acordabais.

Mar: Don Diego se muere, Pere, y el único que puede conseguir las medicinas es Mario.

Pere mira a don Diego.

Pere: ¡Joder, que mierda!

Joel: Le podemos decir que las medicinas son para un inmigrante ilegal que tenemos en casa.

Mar: Si, es una buena idea.

Joel: Eso siempre y cuando nos reciba.

Mar: Hay que intentarlo, no nos queda otra… Pere.

Pere: Sí, que remedio.

Se cierra el telón.

 

                                                            ACTO V

 

Escenario: Un parque, con un banco.

Entra en escena Pere y Joel.

Pere: Espera, espera que se me ha metido algo en la zapatilla.

Pere se sienta en el banco y se quita la zapatilla.

Pere: Pues yo sigo pensando que tenía que haber venido Mar, en vez de uno de nosotros.

Joel: Claro, y a ser posible por ti, ¿verdad?

Pere: Hombre, yo le conozco más; él tiene más confianza conmigo.

Joel: Claro, en este tiempo habéis intimado mucho. Venga ya Pere, que tu lo que querías era escaquearte.

Pere: Bueno, algo hay de eso, pero de todas formas reconoce que con Mar tendríamos más posibilidades.

Joel: Es posible, pero Mar es la única que puede encontrar la forma de que la enfermedad no avance tan deprisa. Si lo consigue, nos dará algo más de tiempo, así que no le des más vueltas.

Pere: Ya, pero de poco va a servir si no conseguimos convencerle; que menuda papeleta nos ha tocado.

Joel: Sí, es un marrón, la verdad.

Pere: Un marrón no, un marronazo. Y todo porque le ganamos esa partida de cartas.

Joel. Sí, pero de qué manera. Los dejamos en ridículo, a él y a la sanguijuela de Vicente.

Pere: Pero bueno, ellos se lo buscaron. Toda la partida fanfarroneando.

Joel: La verdad es que tuvimos suerte. Menuda mano nos salió.

Pere: Sí, eso sólo pasa una vez en la vida. Pero tampoco era para ponerse así. Total, solo era un concurso, no había más que la honrilla.

Joel: Para los tíos como él, esa honrilla es algo más. Se lo toman como algo personal, como si manchásemos su honor. Es absurdo, lo sé, pero ellos son así.

Pere: Ya, si sólo con ver como se puso; parecía que las venas del cuello le iban a explotar. Se puso colorado como un tomate.

Joel: Y encima la gente no hacía más que reírse de él.

Pere: Es que, ni los niños reaccionan así.

Joel: Al final nos echó una mirada, que si nos hubiera podido fulminar con ella, lo habría hecho.

Pere: Sí, nos la tiene jurada; y bien jurada. Seguro que nos echa de su casa a puntapiés, en cuanto nos vea.

Joel: Bueno, seguramente ni nos recibe.

Pere: Lo tenemos muy mal.

Joel: Venga ponte la zapatilla y vamos.

Mientras se pone la zapatilla entra la teniente de la guardia civil, que al llegar a su lado se detiene.

Teniente: Buenos días.

Joel: Buenos días.

Pere: Buenos días. Que, para casa.

Teniente: No, qué más quisiera yo, voy al bar de Toni, a tomar un bocado.

Pere: Oiga teniente, una cosa quería preguntarle yo que me lleva rondando la cabeza desde que la vi.

Joel lo mira con cara de circunstancias.

Pere: Como es que una mujer tan guapa, con esos ojazos que parecen dos luceros, se hizo guardia civil.

Joel: ¡Pere!

Pere: ¿Qué? Es que por que es guardia civil no se le puede decir un piropo.

Joel: Perdone a mi hermano, a veces no piensa las cosas, mejor dicho, casi nunca.

Teniente: No se preocupe, los piropos no están tipificados en el código penal como falta o agravio, al menos, de momento. (Sonríe)

Joel: Pues hay algunos que si deberían de estar, porque hay cada uno.

Teniente: Si, tiene razón, a más de uno hubiera detenido por piropos inapropiados… Y en el por qué me hice guardia civil fue porque me gusta ayudar a los demás, y esta era una forma de hacerlo, además de poder llevar una pistola, que mola mucho.

Pere: Sí, tiene que ser una pasada.

Teniente: Y vosotros ¿qué hacéis por aquí un domingo, no me diréis que habéis venido a misa de las doce?

Pere: No, hemos venido a hablar con Mario.

Joel le mira con cara de pocos amigos.

Teniente: Vaya, eso sí que no me lo esperaba.

Joel: Es un asunto de negocios. ¿Y por qué no se lo esperaba?

Teniente: Yo no llevo mucho tiempo en este pueblo, pero aún así se que no le caéis muy bien, por eso me extraña.

Joel: Es cosa de mi padre, no crea que a nosotros nos apetece verle.

Teniente: Ya. Pues nada, que os vaya bien. Hasta luego.

Pere: Hasta luego.

Joel la sigue con la mirada mientras sale del escenario, y sigue mirando cuando ya ha salido.

Pere: Es maja la teniente.

Joel: (Sin dejar de mirarla) Sí.

Pere: Y muy guapa.

Joel: (Sin dejar de mirarla) Sí.

Pere: Y estás colado por ella.

Joel: (Sin dejar de mirarla) Sí. (Deja de mirarla de golpe) No, pero que dices. Como se te ocurre.

Pere: Venga Joel, si te la comías con la mirada.

Joel: Sí, vale, me gusta pero de esto ni una palabra a nadie, eh, que te conozco. Lo único que faltaba es que se enterara todo el pueblo que me gusta la teniente. Y ahora vamos a ver qué pasa con muestro amigo.

Pere se levanta y mientras salen de escena.

Joel: Y, ¿cómo se te ocurre preguntarle algo así? (Le reprocha)

Pere: ¿Que? Si tenía esa curiosidad por qué no iba a preguntárselo.

Joel: No te das cuenta de que no se puede preguntar eso así, de sopetón.

Pere: Pues no sé por qué no.

Joel: Porque es algo muy personal, y apenas la conoces.

Pere: Pero, si no le ha molestado.

Joel: Como que si le ha molestado te lo iba decir.

Pere: Pues no sé por qué no.

Joel: Porque no todos son como tú, que dice las cosas sin pensar, por suerte, así que hay dentro, déjame hablar a mí, ¡eh!

Pere: Sí, vale,

Salen de escena. Se cierra el telón.

Se abre el telón.

Escenario: El comedor de la casa de Mario. Es un comedor lujoso. Mario está sentado en el sillón. Se oye el timbre de la puerta. Al momento entra Vicente. Mario al verle se levanta.

Mario: Ya era hora.

Vicente: No he podido venir antes.

Mario: Estoy impaciente por saber cómo va la broma.

Vicente: ¿La broma?

Mario: Sí, la broma que le estás gastando a esos dos paletos.

 Vicente: ¡Ah, sí...! Es que para mí es más que una broma.

Mario: Pero dime, ¿cómo va?

Vicente: Bien, bien, todo va según lo planeado por mí. Por cierto, como ya sabes el contratar a esa persona me ha resultado muy caro.

Mario: Sí, no te preocupes por eso. Dime, ¿cuanto te doy?

Mario saca su chequera.

Vicente: Bueno, creo que de momento con dos mil euros hay suficiente. Con eso cubro los gastos de esta semana.

Mario: Vaya, sí que es caro, sí.

Vicente: Todos los buenos actores se cotizan muy caros.

Mario. Pero, cuéntame algo. Me tienes totalmente intrigado. ¿Dime al menos quién es ese don Diego de Arlechines?

Vicente: Sí, bueno, es que no quiero desvelar la trama; aún no. Ya lo sabrás a su debido tiempo

Mario arranca el cheque y hace ademán de entregárselo, pero cuando Vicente lo va a coger, lo retira de su alcance.

Mario: Recuerda que soy yo el que paga, y si no me cuentas nada, no hay dinero. A ver cómo te las arreglas.

Vicente: Eso es un chantaje.

Mario: No, sólo es un intercambio. Tú me das información a cambio de dinero. Así funciona este mundo.

Vicente: No, así lo hacéis funcionar los que tenéis dinero.

Mario: Venga, no saques ahora esa falsa moral, que no te va. Tu eres igual que yo, ¿si no por qué has montado esta broma? Porque sabes que vas a sacar tajada.

Vicente: Puede ser, pero no soy igual que tu. A mí me mueve el dinero; a ti el despecho.

Mario: Los dos motivos son iguales de despreciables, así que no me vengas con esas. De todas formas, si tienes remordimientos, no cojas el dinero, y termina con la broma.

Mario extiende el brazo. Vicente duda unos momentos, pero finalmente lo coge.

Mario: Ves, al final eres igual que yo.

Vicente no le contesta, simplemente se guarda el cheque en el bolsillo.

Vicente: Supongo que tendrá fondos.

Mario sonríe.

Mario: Y ahora, cuéntame.

Vicente: Que quieres que te cuente. Sí ya te he dicho que todo va según lo previsto.

Mario. ¿Y qué es lo previsto?

En ese momento suena el timbre.

Vicente: ¿Esperas a alguien?

Mario: No, no sé quién puede ser.

Al momento entra María, la sirvienta.

María: Señor, hay dos caballeros que desean verle. Según me han dicho, se llaman Pere y Joel. Dicen que les conoce.

Mario mira a Vicente.

Mario: ¿Es cosa tuya?

Vicente: ¡Claro, claro que sí! Es que eres un impaciente. Te acabo de decir que todo va según lo previsto.

Mario: Y, ¿a qué vienen?

Vicente: Es una sorpresa. Ahora tú entras en el juego. A ver cómo te portas.

Mario: Que pasen.

María: Muy bien señor.

María sale de escena.

Mario: Me podrías decir de qué va.

Vicente: Tu tranquilo, es mejor así, si no se darían cuenta. Tú sólo sígueles la corriente, y déjate llevar.

María entra en escena, con Pere y Joel.

María: Señor, los...

Mario: (Le interrumpe) Sí, María, gracias.

María se retira. Pere y Joel se quedan en el mismo sitio. Están algo intimidados por la situación.

Mario: Pasad, vamos.

Pere y Joel se adelantan.

Pere: Buenas.

Mario: Vosotros diréis.

Pere y Joel le miran, tanta amabilidad les extraña.

Joel: Bueno, nosotros veníamos a pedirte algo.

Mario. ¿Y qué es?

Joel: Nos hacen falta unas medicinas para un amigo.

Mario: ¿Y por qué no vais a la farmacia, como todo el mundo? 

Joel: Porque son unas medicinas especiales, y hoy es domingo y la de guardia más cercana esta a más de treinta kilómetros, y nos corre prisa.

Pere. Sí, para un amigo también especial.

Mario: Ya. ¿Y cómo de especial es?

Joel: Pues, un antibiótico que hay para la peste bubónica, y vacunas.

Mario y Vicente, a la vez: ¡La peste bubónica!

Mario mira a Vicente con sorpresa. Este al verse observado le guiña un ojo.

Joel: Sí, es que veréis, nuestro amigo es un inmigrante ilegal, que ha venido de África, y se ve que se ha traído de allí la enfermedad. Por eso lo de venir a ti a pedírtelo, ya que si se enteran las autoridades lo repatriarán.

Mario: Pero, ¡estáis locos o qué! Sí es verdad lo que decís podéis estar contagiados. Es más, podéis provocar una epidemia. Ahora mismo voy a llamar a los civiles. Estoy hay que atajarlo lo antes posible.

Mario se dirige al teléfono, lo descuelga.

Joel: ¡No, por favor, no lo hagas!

Mario se queda mirando a Joel con el auricular en la mano.

Joel: No es cierto lo que te hemos contado.

Mario deja el auricular, y se acerca de nuevo.

Joel: Te vamos a contar la verdad, aunque te va a resultar muy difícil de creer... Veréis, Ayer, cuando volvíamos del pueblo, nos fuimos por el atajo del bosque y nos encontramos con un tío vestido de mosquetero, con espada incluida. Hablaba de una forma muy rara. A lo primero creímos que estaba loco, y más cuando nos contó que venía del pasado, del siglo XVI nada menos.

Pere: Nos dijo que se llamaba don Diego de Arlechines, y que de camino a Salamanca le envolvió una densa bruma, que su caballo se asusto y que lo tiró al suelo, que vio una luz en una cueva y cuando entró se desmayó. Y que cuando despertó oyó nuestras voces y se acercó.

Joel: Sí. La verdad es que como no sabíamos que hacer decidimos llevarlo a casa, y llamar a la guardia civil que se hiciera cargo de él. Pero cuando llegamos no pudimos hacerlo.

Pere: No. Es que es muy majo.

Joel: Y luego supimos que era, bueno, que es el fundador de este pueblo. Tú, y nosotros estamos hoy aquí gracias a él.

Pere: Sí, por su generosidad.

Mario: Pero, ¿qué me estáis contando?

Joel: La verdad, que la persona que tenemos en casa es don Diego de Arlechines; el hombre que lo dejó todo, compró estas tierras y se trajo consigo un grupo de personas a las que regaló las tierras. Tus antepasados vinieron en ese viaje, al igual que los nuestros, y si no conseguimos que vuelva a su tiempo las consecuencias podrían ser catastróficas.

Pere: Sí, pero primero tenemos que curarle. Lo de la enfermedad es cierto, tiene la peste bubónica; y por eso hemos recurrido a ti, ya que eres la única persona que puede conseguir las medicinas.

Mario: ¿Y queréis que me trague ese cuento?

Pere: No, no es un cuento; es la verdad.

Mario: Ya. Mirar, no sé a qué estáis jugando, pero desde luego no voy a seguiros el juego. Ya os estáis largando antes de que llame a los civiles y les diga que os he pillado robando.

Joel: Pero, no puedes...

Mario: (Le interrumpe). ¡Claro que puedo! Y ahora mismo lo voy a hacer. He tenido mucha paciencia con vosotros, pero esto es. ¡Vamos, fuera de mi casa! ¡Ir a tomarle el pelo a otro más ingenuo! Porque hay que serlo para tragarse semejante cuento.

Pere: Pero...

Mario: ¡Fuera!

Joel: Vámonos.

Joel coge a su hermano por un brazo, y lo saca de escena.

Pere: Sí se muere, será culpa tuya. Y entonces vendré a por ti, ¿me oyes? ¡Vendré a por ti!

Pere y Joel salen de escena.

Mario: ¿Qué, he estado bien?

Vicente: ¡Eh! Sí, sí.

Mario: No se ha notado nada, ¿no? He actuado bien.

Vicente: Sí, sí, muy bien.

Mario: Si es que, yo me podía haber dedicado a esto. Tengo madera de actor.

Vicente no dice nada, esta pensativo.

Mario: Y vaya historia que has montado, con lo de ese tal don Diego de Arlechines. ¿Es verdad lo que han dicho estos paletos sobre él?

Mario mira a Vicente. Este sigue pensativo.

Mario: ¡Vicente!

Vicente: ¿Qué?

Mario: ¿Qué si es verdad lo que han dicho sobre ese tal don Diego de Arlechines?

Vicente: No tengo ni puñetera idea.

Mario: ¿Cómo?

Vicente: Pues eso, que no sé quién es ese tío.

Mario: Pero, ¿no has sido tú el que ha...?

Vicente: Yo no tengo nada que ver con eso. Solamente me aproveché de la situación, como haces tú.

Mario: Pero, ¿cómo puede ser? ¿Sí me llevaste al bosque?

Vicente: Fue una casualidad. Yo te llevé allí para darle un susto a esos dos paletos, a ver si así me dejabas en paz, que desde que paso aquello siempre estabas con lo mismo. Lo tuyo es obsesión.

Mario: ¿Una casualidad?

Vicente: Sí, una casualidad de la que me aproveché, simplemente. Eso lo he aprendido de ti, a sacar partido de las oportunidades.

Mario: Entonces, ¿la historia de los paletos es cierta?

Vicente: Eso es lo que yo me estaba preguntando. Aunque, ¿cómo va a ser cierta?

Mario: Pero, ¿y si lo es? Todos estaremos corriendo un grave peligro. ¡Vamos, tenemos que actuar deprisa!

Vicente: ¿Dónde vamos?

Mario: A por esas medicinas. No puedo arriesgarme. En cuanto a ti, ya hablaremos, no te creas que te vas a librar.

Salen de escena.

   

                                            VI ACTO

Escenario: El salón dónde está don Diego. Este sigue tumbado en el sillón. Mar está a su lado, poniéndole paños fríos en la cabeza. Entra Casandra en escena. Se acerca a Mar.

Casandra: Hola, buenos días.

Mar, al verla se sorprende. Como está detrás del sillón no ve a don Diego. Mar se incorpora, y se va hacia ella.

Mar: Casandra, que haces tú todavía aquí. Creía que ya te habías ido. ¿No has leído la nota que te dejé?

Casandra: No.

Mar: Es que dormías tan a gusto que me ha sabido mal despertarte. Pero, ¿Qué has estado haciendo?

Casandra: Nada. Si me acabo de despertar.

Mar: ¿Aún estabas durmiendo?

Casandra: Sí. ¿Qué hora es?

Mar: Cerca de las seis.

Casandra: (Con sorpresa) ¡Las seis!

Mar: Sí, las seis. No me puedo creer que todavía estuvieras durmiendo.

Casandra: Pues es que ha sido muy raro. He tenido unos sueños extraños. Se me aparecía un tío vestido como un soldado antiguo, con espada y sombrero, que me pedía ayuda para volver a su tiempo. Y yo le decía que no podía; pero él me insistía.

Mar: ¿Cómo era?

Casandra: ¿Qué cómo era? No sé. Joven, guapo... ¿Por qué lo preguntas?

Mar: ¿Y ya está?

Casandra mira a su amiga con algo de extrañeza.

Mar: ¿El sueño?

Casandra: ¡Ah! No, luego fue peor. Me despierto y me bajo a la cocina a beber agua, y cuando salgo de la cocina me lo encuentro de frente.

Mar: ¿Qué te lo encontraste de frente, aquí?

Casandra: Eso creía yo, pero resulta que era otro sueño. Nunca te ha pasado que crees que te has despertado y luego resulta que no. Pues eso me paso a mí anoche, y por dos veces, y las dos me encontré con ese tío.

Mar: ¿Y estás segura que era un sueño?

Casandra: ¿Cómo dices?

Mar: Ven, mira.

Mar le indica con un gesto que mire en el sillón. Casandra mira. Al verlo su rostro cambia. Sin decir nada rodea el sillón pasando por delante de su amiga, se arrodilla delante de don Diego y comienza a acariciarle el cabello.

Casandra: Mi noble caballero, tus amigos están librando esta batalla por ti. Es su destino. Ellos son tu salvación, pero prisa se han de dar pues mañana será el momento de partir. Ellos te llevarán a la cueva del lugareño; allí se abrirá una puerta que te llevará a tu tiempo. Cuando el sol esté en lo más alto del cielo, ese será el momento en el que los planetas se conjugarán para abrir la puerta. Solo tendrás esa oportunidad, mi noble caballero.

Sin decir nada más, Casandra se levanta y se encamina hacia la salida. Mar la detiene, y la sienta en un sillón. Y ahí se queda dormida.

Mar: ¡Casi, Casi, despierta!

Mar la mueve un poco.

Casandra: ¿Qué...? ¡Oh! ¿Qué ha pasado?

Mar: ¿No te acuerdas?

Casandra: Sí, estábamos hablando y tú me querías enseñar algo en el sillón, pero al mirar había un hombre, creo, y ya no recuerdo nada más. ¿Qué he hecho?

Mar: Nada grave, no te preocupes. Acabas de resolver un misterio. Tú eres la bella dama.

Casandra: ¿Qué soy quién?

Mar: Es un poco largo de explicar.

DD: ¡Ella, es ella, mi bella dama...! ¡No te vayas...!

Casandra: ¿Quién es?

Mar: Míralo tú misma.

Casandra se acerca, y por detrás del sillón lo mira. Lo observa con detenimiento.

Casandra: Pero, si parece el de mis sueños.

Mar: Es el de tus sueños, y no fueron sueños; bueno, el primero sí, pero no los demás.

Casandra: ¿Cómo dices? ¿No entiendo nada?

Mar: La verdad es que es difícil de entender. Si me lo contaran a mí, creo que no me lo creería... Es que es de locos.

Casandra: Bueno, me lo quieres explicar, por favor.

En ese momento entran Pere y Joel.

Pere: ¿Qué hace ella aquí?

Mar: No os lo vais a creer. La historia de la bella dama es cierta. Es ella...

Pere: ¿Cómo?

Mar: Que sí, que ella es la bella dama.

Pere: Venga, ya, ¿cómo va a ser ella?

Joel: ¿Estás segura?

Mar: Y tanto, lo he visto con mis propios ojos. En cuanto le ha visto, se le ha acercado y ha comenzado a acariciarle el cabello. Estaba como en trance, no era ella misma. (Habla con excitación)

Joel: Vale, haber, ¿le ha dicho algo?

Mar: Sí, sí... Cómo era. Sí, que nosotros estamos librando su batalla, que es nuestro destino, y que tenemos que darnos prisa, ya que mañana al mediodía se abrirá una puerta en la cueva del lugareño, y que solo tendrá esa oportunidad.

Pere: Pues estamos listos.

Joel: Esa es la cueva donde dice que salió, no está muy lejos de donde lo encontramos.

Mar: ¡Ah! Por cierto. ¿Cómo os ha ido?

Pere: Como el culo. No nos podría haber ido peor. Bueno, sí, pero aún así nos ha ido muy mal.

Joel: No hemos conseguido nada.

Mar: ¿Le dijisteis lo que habíamos acordado?

 Joel: Sí, pero no se los ha tragado, así que le dijimos la verdad; pero eso ha sido peor. Se ha creído que le estábamos tomando el pelo... Y, ¿cómo sigue?

Mar: Mal, cada vez está peor, como no consigamos pronto el antibiótico, creo que no lo superará.

Casandra: No quiero interrumpiros, pero alguien me podría decir que está pasando.

Mar: Perdona Casi, es que se está muriendo. Tiene la peste bubónica, y necesita un antibiótico específico que sólo puede conseguir Mario.

Casandra: ¿Qué Mario?

Pere: Quién va a ser, el dueño de todas las farmacias.

Casandra: ¿Entonces, si como dices no han sido sueños, este tío no es de este tiempo?

Mar: No, viene del pasado.

Pere: ¿Por qué no lo tocas, a lo mejor te dice algo?

Mar: Pero que dices.

Pere: Bueno, que, no parece que se queda en trance cuando lo ve; pues si le toca a lo mejor ve algo, ¿no?

Mar: No le hagas caso Casi.

Casandra: No, no, a lo mejor tiene razón. No pierdo nada con intentarlo.

Casandra se acerca a don Diego, se arrodilla a su lado y le coge de la mano. Cierra los ojos y así está durante un tiempo, mientras los tres hermanos la miran con detenimiento. De pronto lo suelta echándose hacia atrás, quedándose sentada en el suelo, algo conmocionada.

Pere: ¿Qué ha pasado?

Casandra se levanta, mira fijamente a los tres.

Mar: Di algo.

Joel: ¿Qué has visto?

Casandra. Ha sido horrible. He visto lo que pasaría si él no vuelve a su tiempo. Es horrible. Tenemos que hacerlo volver como sea.

Joel: Si el hacerlo volver ya no es el problema; el problema ahora es su enfermedad.

Casandra: Vamos, acompañadme.

Pere: ¿Adónde?

Casandra: A ver a Mario.

Pere: Y que te crees, que tú lo vas a convencer.

Casandra: Sí.

Casandra sale del escenario.

Pere: ¿Qué hacemos?

Mar: Pues qué vais a hacer. Acompañarla.

Joel: Que remedio nos queda. Anda, vamos Pere.

Pere: Pero, si en cuanto nos vea Mario llama a los civiles.

Joel: Ya, pero no la vamos a dejar sola.

Joel sale de escena.

Pere: Esto es de locos. Si no teníamos bastante con don Diego, ahora con la brujita. (Dice mientras sale de escena)

 

                                                       ACTO VII

Escenario: El banco del parque. Entran en escena Casandra, Pere y Joel la siguen.

Pere: ¡Casandra, espera!

Casandra se detiene y espera a los dos hermanos.

Joel: ¿Adónde vamos ahora?

Casandra: Ha buscarlo.

Pere se sienta en el banco.

Joel: ¿Pero, a dónde?

Casandra: No lo sé. Por ahí.

Pere: Pero si ni su sirvienta sabe dónde ha ido.

Joel: Vamos a calmarnos un poco. A ver, su sirvienta nos ha dicho que hace una hora que ha salido, y que le acompañaba Vicente. Que han cogido su coche, por lo que se supone que no han ido cerca. Así que el buscarlo por el pueblo casi queda descartado.

Pere: Pues eso no nos lo complica aún más... Oye, ahora que caigo. Él tiene que tener móvil, ¿no?

Joel: Sí, pero no tenemos su número.

Pere: Pero su sirvienta si lo tiene que tener.

Joel: Claro. Vamos a preguntárselo.

Pere: Si no te importa os espero aquí.

Casandra: Yo también me quedo.

Joel mira con extrañeza a Casandra.

Joel: Vale, ahora mismo vuelvo, pero no hay quien te entienda…

Joel sale de escena.

Pere: ¿Cómo es que no has ido con él?

Casi: Porque quería hablar contigo.

Pere: ¿Conmigo?

Casandra: Sí. Sé que no te caigo muy bien...

Pere: No, eso no...

Casandra: (Le interrumpe) Déjalo, los dos sabemos que es cierto... Sabes, antes me daba mucha rabia... El que tú me vieras como un bicho raro me ponía furiosa, pero ahora me da igual. Me ha costado mucho darme cuenta de que soy así, y que si mi forma de ser no te gusta, es tu problema, no el mío... Sabes, en el fondo me das pena.

Pere: ¿Qué te doy pena?

Casandra: Sí, porque yo me he aceptado tal y como soy. Pero, ¿Y tú, lo has hecho?

Entra Joel en escena. Ninguno de los dos dice nada. Joel se extraña.

Joel: ¿Qué pasa aquí?

Casandra: Nada. ¿Has conseguido su número?

Joel: No. No ha querido dármelo. Me ha dicho que lo tiene prohibido, y por más que le he insistido no me lo ha querido dar. Así es que no sé qué podemos hacer... ¿De verdad que no ha pasado nada mientras no estaba?

Ninguno de los dos contesta.

Joel: Pues vale. Como si no tuviéramos ya bastantes problemas.

Pere se levanta y sin decir nada se aleja.

Joel: ¿Ha dónde vas?

Pere: A casa.

Joel: Pero, no te puedes ir.

Pere: Que no, ahora veras como sí.

Pere sale de escena.

Joel: Pero, ¿se puede saber que ha pasado?

Casandra: Nada, que las verdades duelen.

Joel: Bien, pues tú dirás que hacemos ahora.

Casandra: Pues supongo que esperar.

Joel: ¿Y si no aparecen?

Casandra: Tienen que aparecer.

Joel: Vale, pero aunque aparezcan, no creas que a ti te van a hacer caso.

Casandra: Ya lo sé, pero tengo que intentarlo.

Joel: Bueno, pues esperaremos.

Se sientan en el banco y esperan. Al instante entra Pere en escena, y sin decir nada se sienta junto a su hermano. Este le mira con extrañeza.

Pere: ¿Qué?

Joel: Nada, nada.

Joel sonríe. Se produce un incomodo silencio. Joel mira a Casandra, y seguidamente a Pere. De nuevo mira a Casandra que intenta disimular mirando hacia otro lado. Y vuelve a mirar a Pere que hace lo mismo. De pronto se levanta, y se pone frente a los dos.

Joel: ¡Bueno, ya está bien! No sé qué os ha pasado mientras yo no estaba, pero sea lo que sea debéis arreglarlo. No podéis estar con esa cara de perro.

Mario y Vicente entran en escena, por detrás de Joel. Pere y Casandra se sorprenden.

Joel: No me miréis con esa cara. Sé que he sido un poco duro pero...

Pere y Casandra se levantan, pasando por su lado.

Joel: ¿Ha dónde vais?

Joel se gira y ve a Mario y a Vicente.

Joel: Ah!, Ya veo.

Joel les sigue.

Casandra: Os estábamos buscando.

Mario. Pues ya nos has encontrado.

Casandra: Tienes que ayudarnos, eres el único que puedes hacerlo. Sé que la historia que te han contado es difícil de creer, pero es cierta.

Mario: Sí...

Joel: (Le interrumpe). Por favor, dejemos las diferencias que nos separan, ahora no importan, lo único que importa es salvar a don Diego.

Mario: Ya, si lo...

Pere: (Le interrumpe). Por favor; si quieres hasta te lo pedimos de rodillas. Pero ayúdanos, ya no queda mucho tiempo.

Mario: ¡Queréis dejarme hablar!

Los tres le miran con cierto asombro.

Joel: Sí, perdona.

Mario saca varias cajas de medicinas de su bolsillo.

Mario: Aquí está lo que me habíais pedido. Espero que no sea un cuento porque he tenido que pedir muchos favores para conseguirlo tan rápido, y sin levantar sospechas. Íbamos a vuestra casa cuando os hemos visto; por que supongo el tal don Diego está allí, ¿no?

Pere: Sí, sí.

Mario: Bueno, pues vámonos, no perdamos más tiempo. Estoy deseoso por conocerlo.

Joel: ¿Es que te vienes con nosotros?

Mario: Sí, vamos. Sí no, no hay medicinas.

Vicente: Yo, si no os importa, prefiero quedarme.

Mario: No, de eso nada. Tú te vienes con nosotros.

Vicente: Pero, ¿la peste no es contagiosa?

Mario: Sí, y mucho; pero no te preocupes, he traído vacunas para todos.

Vicente: Ya; es un consuelo.

Mario: Vamos en mi coche; lo he aparcado ahí mismo.

Todos salen de escena. Se cierra el telón.

 

                                                     ACTO VIII

Escenario: el comedor de la casa. Don Diego sigue en el sofá y Mar sigue a su lado, cuidándolo. Entran en escena Pere, Joel, Casandra, Mario y por último Vicente.

Pere: ¡Mar! Lo hemos traído.

Mar mira a Mario y Vicente con extrañeza.

Joel: Espero que no sea demasiado tarde.

Casandra se acerca a don Diego.

Casandra: ¿Cómo está?

Mar: Mal, he hecho todo lo que sabía, pero cada vez está peor. ¿Cómo es que los habéis traído?

Casandra: Era eso o no había medicinas.

Mario saca la caja de medicinas y se la acerca a Mar.

Mario: Toma; pónsela cuanto antes.

Mar mira a Mario, coge la caja despacio.

Mar: Gracias por todo.

Mario: No hay por qué darlas. Tenía que hacerlo, tus hermanos me dejaron con la duda, y...

Mar: Ya (le interrumpe). Pero de todas formas, gracias.

Mar abre la caja, saca los ingredientes y se va a la cocina. Mario se acerca y contempla a don Diego. Vicente se acerca un poco más, lo suficiente para verlo de lejos.

Mario: Así es que este es el famoso don Diego. ¿Y de verdad ha venido del pasado?

Pere: Eso dice él.

Casandra: Y es cierto.

Vicente: ¿Y cómo puedes estar tan segura?

Casandra: Porque lo he visto.

Entra Mar en escena, con una jeringuilla.

Mar: Ya está.

Se acerca a don Diego y se la pone en el brazo.

Casandra: Crees que se pondrá bien.

Mar: Yo creo que sí. Si no me equivoco lo hemos pillado a tiempo, aunque hay que esperar... Bueno, ahora nos toca a nosotros. Voy a preparar las vacunas. ¿Quién quiere ser el primero?

Mario: Yo, si no te importa.

Mar: No, claro que no, porque me iba a importar. Vamos a la cocina. Tú también sabes poner inyecciones, ¿no?

Mario: Sí, soy practicante, aunque hace mucho que no...

Mar:(Le interrumpe) No importa. Supongo que será mejor que ponérmela yo misma. Si no te importa, claro.

Mario: No, será un placer. Bueno, quiero decir...

Mar sonríe. Ambos salen de escena.

Pere se acerca.

Pere: ¿Qué les pasa a esos dos?

Joel: El amor, que llama a su puerta.

Pere: ¡Vamos, lo dirás en broma! Lo único que nos faltaba es tener a ese de cuñado.

Joel: Pues no me extrañaría nada. Desde que apareció don Diego, todo está resultando tan raro que ya no me extraña nada, tu.

Pere: Ya, pero hay cosas que son difíciles de tragar.

Joel: Cómo lo tuyo con Casandra, ¿no?

Pere: ¿Y qué sabes tú de eso?

Joel: Lo que me ha contado ella, su versión, claro.

Pere: ¿Y cuál es su versión, haber?

Joel: No, tu cuéntame la tuya y luego ya te diré yo si es o no la misma.

Pere se lo piensa un momento.

Pere: Pues es que, no va y me dice que se siente mal porque yo no la acepto, ¿de dónde habrá sacado esa idea? Que ella era así y que se aceptaba, pero que yo no me aceptaba como era. ¿Te lo puedes creer?

Joel: ¿Y no es verdad?

Pere: Oye, ¿tú de qué parte estás?

Entra Mario.

Mario: Que pase el siguiente.

Vicente: Yo, si a nadie le importa.

Nadie dice nada. Vicente entra en la cocina.

Mario: Cuando salga que entre otro.

Mario entra.

Joel: De la que tiene la razón. Vamos, Pere, que siempre le has tenido manía, y más desde que te leyó la mano. ¿Qué pasa, que no te gustó lo que te dijo? Ella siempre ha hecho todo lo posible para caerte bien, y tú siempre le has estado dando caña. Tú sabrás por qué, pero no esperes que yo esté de tu parte, aunque seas mi hermano. Esa no es razón suficiente.

Pere: Sí lo sé no te digo nada. Vaya rollo me has soltado.

Joel le mira con cara de circunstancias, y sin decir nada más se va hacia la cocina. Sale Vicente y entra.

Pere se acerca a Casandra que sigue junto a don Diego, poniéndole paños fríos en la frente.

Pere: ¿Cómo está?

Casandra: Creo que igual. Aún es pronto.

Pere: Oye, Casi, yo...

Sale Joel.

Joel: Que pase el siguiente.

Pere: Ves tú, Casi, ya me quedo yo.

Casandra: No, si da lo mismo. Ve tú.

Pere: No, por favor, ve tu primero.

Casandra se levanta, le da el paño y se encamina hacia la cocina. Pere se acerca a don Diego, le pone el paño en la frente mientras le observa.

Pere: Macho, desde que has aparecido esto es un caos. Con lo tranquilo que vivíamos antes. Que gracia, lo digo como si hubiera pasado una eternidad y fue ayer. Te voy a echar de menos cuando te vayas, pero no se lo digas a nadie...

Sale Casandra y Pere se levanta, encaminándose hacia la cocina. Joel se acerca a Casandra.

Joel: No le hagas mucho caso a mi hermano, siempre ha sido un poco bruto.

Casandra: ¿Te lo ha contado?

Joel: Sí; bueno, más bien se lo he sonsacado.

Casandra: Ahora ya me da igual, es algo que ya he superado.

Sale Pere, y al momento Mar y Mario que se acercan a don Diego.

Mar: ¿Cómo está?

Casandra: Creo que igual, pero míralo tú.

Mar se acerca, le toma el pulso.

Mar: Su pulso ya no es tan acelerado, y parece que la fiebre ya no es tan alta.

Joel: ¿Estará en condiciones para mañana?

Mar: No lo sé, la verdad. Aunque esté como esté tenemos que llevarlo.

Mario: Llevarlo, ¿a dónde?

Pere: A la cueva del lugareño.

Joel: Sí, bueno, veras, al parecer mañana a las doce se abre una puerta hacia el pasado en esa cueva, por lo que tenemos que llevarlo como sea.

Vicente: ¿Y cómo lo sabéis?

Joel: Bueno, digamos que tenemos nuestras fuentes.

Vicente: Todo esto es de locos. Yo creo que nos están tomando el pelo. Lo mejor sería irse, Mario.

Mario: No; vete tú si quieres, yo me quedo.

Vicente: Pero, ¿no ves que te están engañando?

Mario: No, no lo veo. Tu mismo has visto como le ponían la inyección, y que te la han puesto a ti también, ¿o vas a negar la evidencia?

Vicente: Yo no sé lo que me han puesto, lo único que sé es que ella se ha metido sola en la cocina, y que puede haber cambiado las medicinas.

Mario: Eso es imposible; yo la he estado ayudando y he visto como las habría delante de mí, y te puedo asegurar que era la vacuna.

Vicente: Puede ser, pero por si acaso yo me voy.

Vicente se encamina hacia la puerta. Joel se cruza en su camino.

Joel: No creo que sea buena idea. De aquí no sale nadie, podrías contar lo que está pasando, y lo que menos nos interesa son curiosos merodeando por aquí, y menos a los civiles.

Vicente: No voy a contar nada.

Joel: Ya, bueno, eso lo dices ahora, pero cuando salgas puedes cambiar de opinión.

Vicente: Sí no quieres que te rompa la cabeza, será mejor que te apartes.

Pere se acerca y se pone junto a su hermano.

Vicente: Me da igual, si tengo que pelearme con los dos, lo haré.

Mario: ¡Vicente, no! ¡Déjalos!

Mario se acerca y se interpone entre él y los dos hermanos.

Mario: Quédate por favor. Venga, Vicente, confía en mí por una vez. Algo me dice que están diciendo la verdad. Vamos.

Vicente se lo piensa un momento.

Vicente: Esta bien, pero por ti. Espero que no te equivoques.

Vicente se aleja y se sienta en una silla.

Mario: Entonces ¿tendremos que pasar la noche aquí?

Joel: Eso parece. Pere, ve y cierra la puerta con llave. Perdona la desconfianza, pero no nos podemos arriesgar.

Mario: Lo entiendo.

Pere sale de escena, y Joel se acerca a donde está don Diego.

Joel: ¿Cómo va?

Mar: Creo que mejor, pero aún tiene fiebre. Veremos cómo evoluciona durante la noche.

Casandra: Ya me quedo yo con él, iros a descansar si queréis.

Joel: Es pronto todavía, pero supongo que habrá que organizarse un poco, si vamos a pasar la noche aquí.

En ese momento entra de nuevo en escena Pere, y el móvil de Mario suena, lo extrae de su bolsillo y contesta. Aprovechando que Mario habla y que Vicente está algo alejado en su silla, Mar se acerca a Joel y le dice en voz baja y con disimulo.

Mar: Los móviles, no habíamos pensado en los móviles.

Joel mira a Mar con gesto de no entender lo que trata de decirle.

Mar: Vicente tiene que tener su móvil, y podría llamar a cualquiera, incluso a los civiles.

Joel: Y qué hacemos, si se lo pedimos no nos lo va a dar.

Pere se acerca y escucha la última parte de la conversación.

Pere: ¿Qué es lo que no va a dar? ¿De quién habláis?

Joel: De Vicente y de su móvil. Es un riesgo que lo tenga, podría llamar a los civiles. Por qué no hablas tu con Mario y se los pides (Le dice a Mar) A ti parece que te hace caso.

Mar: ¿Y eso? (Pregunta con extrañeza).

Joel: Como que no se nota que le gustas.

Pere: Pues yo no he notado nada.

Mar: Ves.

Joel: Vamos Pere, que por mucho que te empeñes en negarlo, se nota, y hasta tu, hermanita, te has dado cuenta, otra cosa es que lo quieras negar.

Mar: Vale, sí, lo he notado, pero…

Joel:(la interrumpe) Venga, que nos jugamos mucho.

Mar: Vale, está bien, lo intentaré.

Mar se acerca a Mario, que al verla venir, se despide y cuelga.

Mario: Sí, de acuerdo, lo vemos el jueves y ahora he de dejarte. Ya hablamos.

Mar se aleja todo lo que puede de Vicente, y espera a que Mario se le acerque.

Mar: ¿Era importante? (le pregunta para llamar su atención)

Mario: ¿El qué? (Le contesta y se le acerca)

 Mar: La llamada.

Mario: No, no, negocios.

Mar: ¿Te puedo hacer una pregunta?

Mario: Sí, supongo que sí.

Mar: ¿Cómo es que no tiene novia? 

Mario: Bueno, he tenido varias, no creas, pero no, vamos que ellas...

Mar: (Le interrumpe) Te dejaron.

Mario: No, no, bueno alguna sí, pero no...

Mar: Perdona, no debía habértelo preguntado... Es algo muy personal.

Mario: Bueno, si supongo pero tampoco es un secreto, aunque tampoco es algo que vaya contando a cualquiera.

Mar: Ah, ya entiendo.

Mario. No, no, no quería decir que tú fueras una cualquiera...

Mar: ¿Cómo dices?

Mario: No. Nada, nada, perdona no quería decir...

Mar le sonríe, y Mario parece que se tranquiliza.

Mar: Tranquilo, que no me has ofendido.

Pere: Madre de Dios, pero que burro.

Joel: Sí, no tiene mucho tacto con las mujeres, ahora entiendo porque sigue soltero.

Pere: Pues nosotros también lo estamos.

Joel: Sí, pero porque queremos, no por que no podamos.

Pere: Si tu lo dices.

Joel: Pues claro que lo digo, y es verdad, al menos yo.

Pere: Ya, por eso te gusta la teniente y no le dices nada.

Joel. Bueno, es que ese es un caso más delicado, influyen muchos factores qué…

Pere: (Le interrumpe) Vamos, que estás acojonao.

Joel: Sí, principalmente es eso.

Pere: Pues macho, como no te des prisa vendrá otro y te la levantará.

Joel: Es que, no es tan fácil.

Pere: Mira hermanito, tras ese uniforme hay una mujer, piensa en ella así, y díselo.

Joel se queda pensando.

Mar: Mira, Mario, veras, hay algo que me preocupa.

Mario: Sí, dime, ¿qué es?

Mar: Tu amigo Vicente, ¿no Llamará a los civiles con su móvil?, porque podría hacerlo...

Mario: Sí, poder podría, pero ya me encargo yo de que no lo haga. Por la cuenta que le trae, no creo que quiera contradecirme.

Mar: Vale, pues lo dejo en tus manos... Sabes, tenía una opinión muy distinta de ti, pero de momento eres majo. Voy a ver donde dormimos, porque habrá que organizarse.

Mario: Te acompaño, si no te importa.

Mar: No, claro que no. Vamos a ver donde podemos dormir. (Les dice a sus hermanos)

Joel: Vale, nosotros vamos a ver que hay para comer.

Mar y Mario se encaminan hacia un lado del escenario, y al pasar cerca de Vicente, Mario se le acerca. Pere y Joel salen por el otro lado del escenario.

Mario: Me dejas tu móvil.

Vicente: Es que no te va el tuyo.

Mario: Sí, pero estaré más tranquilo si lo tengo yo, así sé que no vas a hacer ninguna tontería.

Vicente: ¿No confiáis en mí?

Mario: En realidad nunca he confiado en ti.

Vicente: Ya veo, te ha comido el coco.

Mario: Piensa lo que quieras, pero dame el móvil.

Vicente. Y si no quiero.

Mario: No creo que quieras enfrentarte a mí.

Vicente se lo piensa un momento, para finalmente sacar el móvil y entregárselo.

Mario: Gracias. Cuando esto termine te lo devolveré.

Vicente: Claro, como tu mandes.

Mario se mete el móvil en el bolsillo, se reúne con Mar, y salen de escena.

                                                       ACTO IX

El salón, don Diego sigue acostado en el sillón, y junto a él. Dormida apoyando su cabeza en sus piernas, está Casandra. Don Diego se despierta y ve a Casandra.

DD: Mi bella dama. (La llama sin saber a ciencia cierta si aún duerme)

Casandra se despierta.

Casandra: Ya te has despertado. Eso es que ya estás mejor.

DD: ¿Mejor? Es que acaso he estado indispuesto mi bella dama. Y en verdad eres real, y no es un sueño.

Casandra: Sí, soy muy real y me llamo Casandra, pero mis amigos me llaman Casi.

Don Diego se incorpora. Aún está débil, y algo mareado. Casandra se levanta y le acerca un vaso de agua que Don Diego bebe con verdadera ansia.

DD. Gracias mi bella dama.

Casandra: Me llamo Casandra, Casi si lo prefieres.

DD: Perdona mi... Casi, pero me es todo tan extraño. Aún no entiendo lo que ha ocurrido en este último día, lo tengo todo muy borroso y confuso, si tienes a bien aclarármelo te estaría del todo agradecido.

Casandra: Bueno, la verdad es que hay poco que aclarar, caíste enfermo, con la peste, y por suerte en este tiempo tenemos medicinas y te hemos podido curar. Eso por un lado, y por el otro, que hoy a las doce, al parecer en la cueva del lugareño se abrirá una puerta que te llevará a tu tiempo. Espero que tengas fuerzas para moverte.

DD. Débil aún me hallo, pero aún arrastras que he de ir a ese lugar.

Pere entra en escena.

Pere: Espero que no haga falta, si acaso ya te ayudamos.

Don Diego se gira y sonríe al verle

DD: Amigo Pere, que alegría veros.

Pere: Pues más me alegro yo de verte así, porque creía que la palmabas, macho. (Le da una palmada en la espalda)

DD: ¡Ah!

Casandra: ¡Pere!

Pere: ¡Ay! Perdona.

DD. Nada amigo Pere, es que aún me hallo algo débil.

Pere: Y tanto, has tenido la peste tío, yo alucino contigo.

DD. Y yo contigo amigo Pere. Y yo contigo.

Pere. Ya te digo tío, contigo es que todo es tan alucinante.

Entra Joel en escena.

Joel: Vaya, veo que ya estas mejor. Me alegro.

DD. Gracias amigo Joel, por todo lo que habéis hecho por mi persona.

Joel: No es nada, seguro que tu hubieras hecho lo mismo.

DD: No amigo Joel, de donde vengo no nos preocupamos de los demás, más aún que nos ocupamos de nos y ni viene al caso los problemas de los nobles si no es para una burla, y menos si cabe de los villanos pues son como si no existieran para nos. Y he tenido que llegar a este tiempo tan extraño para mi persona para ver cuán equivocado estamos...

Pere: Vamos, no te castigues hombre, que en todos lados cuecen habas.

Don Diego mira a Pere, y le sonríe.

DD: Eso creo que lo he pillado, amigo Pere.

Pere: Ves, si tú en unos días te haces con la pieza.

Don Diego mira a Joel.

DD: ¿Acaso nos vamos de cacería?

Joel: No, es una frase hecha, quiere decir que si te quedaras en unos días aprenderías nuestras costumbres.

DD: Entiendo, aunque hay algo que aún no pillo, y es lo de mi bella dama. Ella es Casandra y aun cuan lo tengo todo muy confuso, no llego a entender si es real o sólo un sueño, pues aquí la contemplo tan hermosa, tan real que me hace dudar y no llego a entender lo sucedido.

Pere: Si, que lo explique, que yo tampoco lo tengo claro.

Casandra: Pues es que yo tampoco lo tengo claro, yo creía que lo había soñado y no lo recuerdo bien. Mar es la que lo descubrió.

Joel: Y hablando de Mar, ¿Dónde está?

Pere: Pues seguro que durmiendo.

Joel: ¿Pero no se tenía que quedar cuidando de don Diego?

Casandra: Sí, vino pero le dije que no hacía falta, que como ya no tenía fiebre, que yo me quedaba y se fue a dormir otra vez.

Joel: Pues habrá que despertarla, y a los invitados también.

Casandra: Yo voy a despertar a Mar.

Joel: Te acompaño, y despertaré a nuestros queridos invitados.

DD: ¿Tenéis visita en vuestra hacienda?

Pere: No, bueno sí, son Mario y Vicente, dos...

 Joel: (Le interrumpe) ¡Pere!

Pere: Iba a decir que dos conocidos.

Joel: Mario es quien consiguió las medicinas que te han curado.

DD: Pues agradecido y en deuda me halló con él y con vosotros. Y si bien tiene que nunca olvidaré lo hecho.

Pere: Bueno, bueno, que aún no está todo hecho.

DD: Con vida sigo pues.

Pere: Sí, pero aún tienes que volver a tu tiempo, sino se alterará el espacio a temporal y causará un... Un desastre, ¿no? (le explica mirando a su hermano)

Joel: Sí, más o menos. Ahora volvemos.

Joel y Casandra salen del escenario.

Pere: ¿Tienes hambre?

DD: Sí, estoy hambriento.

Pere. Pues voy a ver que nos queda por ahí, no te muevas.

DD: No podría aunque quisiera.

Pere. (Sonríe, y sale del escenario.)

DD: (Se recuesta en el sillón)

Entra en escena Vicente y se acerca al sillón.

Vicente: Vaya, estas despierto.

DD: Sí, ya estoy mejor, ¿Vos sois?

Vicente: Vicente me llamo, y no me engañas. No sé quién eres, pero no me engañas con tus tretas, eres bueno, lo reconozco, y aún no se qué tramas, pero lo averiguaré.

DD: No sé a qué os referís, aun cuan no os conozco, nada tengo contra vos.

Vicente. No tienes que disimular, ya te he calado, y estás compinchado con la bruja. Si por mí fuera os entregaba a los civiles ahora mismo.

DD. Cual mal te he podido hacer, pues lo desconozco, aun que si en algo os he ofendido, me disculpo, y si puedo reparar mi ofensa decidme que puedo hacer para restaurar vuestro honor.

Vicente: Que dejes ya ese rollo, que a mí no me engañas.

Entran en escena Mario. Vicente no le ve pues está de espaldas.

Mario: No, eres tan estúpido que no distingues la verdad de la mentira.

Vicente:(Se gira sobresaltado) Los estúpidos sois vosotros, al seguirle el juego. No ves que es todo un engaño.

Mario: (Se acerca y se coloca junto a él, mira a don Diego) Perdónele don Diego, espero que no le haya ofendido. Me llamo Mario. (Le ofrece su mano; don Diego se la estrecha)

DD: Es un honor conoceros, y agradeceros la ayuda que me habéis prestado, pues si no fuera por vos, muerto me hallaría.

Mario: No hay de que, es lo menos que podía hacer, aunque entre nosotros, me resulta muy difícil de creer toda esta historia.

DD: Pues aquí me hallo aun cuan más incomprensible es para mí, que en mis propias carnes lo he vivido y perdido en este mundo extraño me encuentro, a expensas de vos.

Vicente: Pero no ves que nos está engañando, ahora que estamos solos déjame que llame a los civiles y lo aclaramos todo. Ya verás que pronto desenmascaran a estos estafadores.

Mario:(Le mira, y se lo piensa un momento antes de contestar) Tu sí que me engañaste a mí, y no él, si de alguien no me puedo fiar es de ti, y en cuanto acabe todo esto, no te quiero ver más, y ahora apártate de mi vista...

Vicente: (Sale de escena).

Mario: Perdone don Diego, hay personas que nunca aprenden.

DD: No sé muy bien lo que ha pasado, pero si le he ofendido puedo…

Mario: No, (le interrumpe), no le ha ofendido, no has hecho nada, no tiene por que disculparse, en verdad debería ser yo el que debe pedirle perdón porque por su culpa casi le dejo morir.

DD: Ya no viene a cuenta, lo del pasado en el tiene que quedar olvidado.

Mario: Y hablando de olvidos, he de ponerle la segunda dosis del antibiótico.

Mario saca las medicinas y le inyecta el antibiótico. Cuando le va a pinchar don Diego se hace para atrás.

Mario: No tenga miedo, duele un poco pero solo el pinchazo.

Don Diego se queda quieto y deja que le inyecte la medicina.

DD: Que extraño artilugio usáis, y que milagrosa medicina, si en mi tiempo hubiera cuántas vidas salvaría.

Mario: Sí, pero no podemos alterar el pasado, sería muy peligroso para todos.

DD. Sí, lo entiendo.

Mario: Pues debes ponerte una cada 12 horas. ¿Sabrás hacerlo?

DD: Si me enseñáis, supongo que sí podre hacerlo, aunque muy débil me hallo.

Joel entra con prisa, y algo alterado.

Joel: ¡Vicente se ha ido!, me he descuidado y me ha cogido las llaves de mi chaqueta. Seguro que va a avisar a los civiles.

Mario: No, a pie como va, el cuartelillo le pilla muy lejos, así que, si no me equivoco, irá a casa de mi padre, que le pilla más cerca.

Joel: ¿Y tu padre le va a creer?

Mario: Él cree que todo es un engaño para sacarme el dinero, y eso si que convencerá a mi padre, que llamará enseguida a los civiles.

Joel: Pues llama a tu padre y explícaselo.

Mario: ¿Tú crees que me creerá? ¿Tú me creerías?

Joel: No

Pere entra por un lado del escenario, con unos platos de bollería.

Pere: ¿Qué pasa?

Joel: Vicente se ha escapado.

Pere: No jodas. ¿Y ahora qué?

Mar y Casandra entran por el otro lado.

.Joel: Nos tenemos que ir de aquí, ya. ¿Qué hora es?

Mario: Las once y diez.

Joel: No nos queda otra, hay que llevar a don Diego a la cueva.

DD: Siento causaros tantos problemas.

Pere: No, hombre, tu no nos causas problemas... ¿Podrás andar?

DD: No sé, aun débil me hallo.

Joel: Nosotros te ayudamos.

Mar: Hay que ponerle sus ropas, no puede volver así a su tiempo.

Pere: Ya voy yo por ellas.

Pere sale de escena.

Mario: Iremos en mi coche. Voy a acercarlo.

Mar: Te acompaño.

Mario y Mar salen de escena.

DD: Quisiera agradeceros todo lo que habéis hecho por mí, estoy en deuda con vos... Y a ti, mi bella dama, aun cuan no entiendo que ha pasado, mi eterna gratitud.

Pere entra con la ropa.

Pere: Ya estoy, ¿podrás vestirte solo?

DD: No lo sé, amigo Pere, siempre he podido aun cuan delante de una dama, me da cierto pudor.

Casandra: Os espero fuera.

Casandra sale de escena

Pere: Ya te ayudamos nosotros.

 Se cierra el telón.

ACTO X Y FINAL

Se abre el telón, y es una cueva. Entran Mario, Mar, Casandra y Joel y Pere que ayudan a Don Diego.

Mar: Ya estamos aquí, ¿y ahora qué?

Joel: Pues no sé.

Pere: ¿Qué hora es?

Mario: Las doce menos diez.

Mar: Según dijo Casandra, a las doce se alinearían los planetas, y se abriría un portal. Habrá que esperar.

Pere y Joel dejan a don Diego sentado en una roca. Casandra se le acerca y se pone a su altura.

Casandra: ¿Cómo estás?

DD: Cansado, muy cansado.

Mario se le acerca. Saca caja de medicinas...

Mario: Toma, estas son las medicinas. Te tienes que inyectar el antibiótico cada doce horas hasta que se te acabe las ampollas. Sabrás hacerlo.

DD: Creo que sí.

Casandra: ¿Y ha donde le llevará el portal?

Joel: Pues no tenemos ni idea, además, aún no hay ningún portal ni nada que se le parezca, y son casi las doce.

Por un lado del escenario comienza a salir niebla.

Pere: He, o se está quemando algo o eso es niebla.

Todos miran.

DD: Es como la niebla que asustó a mi noble corcel.

La niebla aumenta.

Joel: Vaya, parece que ha llegado la hora.

Casandra se levanta.

Pere y Joel ayudan a don Diego a levantarse. Aparece una luz brillante y se oye un sonido como si silbase el viento entre los árboles. Pere y Joel lo sueltan. Don Diego se tambalea, y Pere y Joel lo vuelven a sujetar.

Joel: Está muy débil, no sé si podrá caminar él solo.

Casandra: Yo iré con él.

Todos la miran.

Mar: Pero, ¡estás loca! ¿Cómo te vas a ir?

Casandra: Mar, sé que es lo que debo hacer, aquí no me retiene nada, y siempre he sentido que no soy de este tiempo.

DD: Mi bella dama, no puedo permitiros que os sacrifiquéis por mí.

Casandra se le acerca, Joel la deja y ella le sujeta.

Casandra: Vamos, no vaya a ser que se cierre el portal y nos quedemos aquí.

Entre Joel y Casandra le ayudan a acercarse. Joel lo suelta, le mira.

Pere: Joer, macho, lo que te voy a echar de menos, tío. (Le dice sollozando)

DD: Y yo también a ti, amigo Pere. Y a vos también, gracias por todo, nunca os olvidare.

Mar abraza a Don Diego, le besa, y luego a Casandra. Esta llorando. Pere también llora, y Joel se le escapan las lágrimas.

Mar: Adiós amiga, nunca te olvidaré.

DD: Y también echaré de menos este tiempo donde las damas te abrazan y te besan.

Pere: Ese es mi chico...

Mario: Venga, dejarlos ir, no vaya a ser que se cierre el portal.

Casandra y don Diego se meten en la luz y desaparecen. Al instante la luz desaparece, y la niebla también. Mar llora desconsoladamente. Joel la abraza. Pere se seca las lágrimas. Transcurre un momento en silencio. Mar se separa.

Mar: ¿Tú crees que estarán bien?

Joel: No lo sé Mar, espero que sí, al menos la historia así lo dice, pero no lo sé.

Mar: Pero la historia habla de él, pero y Casi, ¿estará bien?

Joel: No lo sé, y supongo que nunca lo sabremos.

Pere: Seguro que está bien, hermanita, ya verás cómo sí.

Joel: Anda, Vámonos a casa, aquí ya no hacemos nada.

Entra en escena la teniente de la guardia civil con un maletín, sin decir nada se les acerca, se detiene a su lado y les observa con curiosidad. Un momento de silencio.

 Teniente: Así que es verdad... Es increíble, no me lo puedo creer.

Cara de sorpresa. La teniente abre el maletín y extrae un sobre muy antiguo, pero muy bien conservado.

Teniente: Toma. (Se lo da a Joel), creo que esto es para vosotros.

Joel: ¿Para nosotros? ¿Qué es?

Teniente: Leedlo y lo entenderéis.

Joel lo coge, con cuidado abre el sobre y extrae la carta que está escrita a mano en letra de hace varios siglos. Comienza a leerla para sí mismo.

Pere: ¿Qué pone?

Joel: Sí, perdonar, es que, es increíble, es de don Diego.

Mar: A ver.

Mar la coge y la lee para sí.

Pere: Oye, por qué no la leéis para todos, y así nos enteramos.

Mar. Sí, os la leo. “Hola amigo Pere, amigo Joel, mi dulce dama Mar que también cuido de mí persona, y a mi conseguidor de las milagrosas medicinas, a todos os agradezco de corazón el haberme ayudado en tan difícil trance... Nos, en estos momentos estamos bien, aun cuan recibáis esta carta ya no estaremos en este mundo, ya que aun cuan para vos haya pasado apenas un instante, para nos serán varios siglos, y es que, el espacio tiempo es curioso, y juega con nos de una forma caprichosa. Mi bella dama me dice que te diga a ti, Mar, que está bien, y que es muy feliz, que aún cuando este tiempo para ella es muy extraño, no se arrepiente. Nos casamos hace un año, y estamos esperando un hijo, que colmara de dicha nuestras vidas. Ya llevamos un tiempo establecidos en estas tierras, siguiendo con la historia, o más bien, creándola, gracias a vos. Es curioso estar hablando con vos, que aún no habéis nacido en mi época. Y triste al tiempo por no poder vernos más, aun cuan por ventura, que no os olvidaré a ninguno. Amigo Pere, sigue siendo tú, no cambies, eres noble y sincero y de gran corazón. Amigo Joel, tienes mi respeto, mi afecto y eterna gratitud. Amiga Mar, que decir de la persona que cuido de mi persona, sino agradecerte tus desvelos y cuidados; y a ti, Mario, que sin conocerme consiguió las milagrosas medicinas. Todos me enseñasteis lo que es la amistad, y el verdadero significado de ayudar a otros sin esperar nada. Habéis cambiado mi persona, y mi vida. Gracias, nunca os olvidaré. Don Diego de Arlechines y Casandra Novoa. “Ya está.

Joel: Y ¿cómo es que tu…?

Teniente: Mi nombre es Casandra de Arleches, y soy descendiente de Don Diego y Casandra. El apellido se modificó con los años, pero soy su descendiente, y esa carta a pasado de padres a hijos desde aquellos años, junto con la increíble historia que don Diego le contó a su primogénito, y que este a su vez se la contó al suyo, y así generación tras generación con el único propósito de dárosla hoy, a esta hora.

Pere: Vaya, esto sí que ha sido la hostia. Que tío, sólo a él se le podía haber ocurrido esta...

Joel: Genialidad.

Pere: Sí, eso.

Pere mira a su hermana.

Pere: Ves hermanita como Casi está bien.

Mar: Sí, Pere, tenías razón.

Entran en escena Vicente y dos guardias civiles. (Pueden ser hombres o mujeres o uno de cada)

Vicente: Esos son, agentes, los que han escondido a un estafador.

Vicente señala al grupo. Los guardias civiles saludan a la teniente.

Dos guardias civiles. A la orden mi Teniente.

Vicente: ¿Dónde está la bruja y el estafador? No los escondáis, sé que están ahí.

Teniente: A ver, cabo, ¿qué ocurre aquí?

Cabo: Vera mi teniente, este hombre ha presentado una denuncia de una posible estafa, y hemos venido a comprobar su historia, un poco increíble señor, pero como la petición venía del señor Carmona, pues por eso le hemos dado prioridad.

Teniente: Sí, a mí también me llamó, por eso estoy aquí, pero he comprobado los hechos y no hay ningún motivo que nos haga creer que su denuncia es verdadera, estos señores y está señorita están visitando esta cueva, y soy testigo de que no hay más personas aquí.

Vicente: Pero, mienten, yo lo vi con mis propios ojos, a ese tal don Diego vestido de mosquetero, y a la bruja que le ayudaba. Querían estafarle a él.

Vicente señala a Mario.

Mario: A mí. Le puedo asegurar que si me hubieran estafado, ya lo hubiera denunciado.

Vicente: Con lo orgulloso que eres, no lo vas a reconocer nunca.

Mario: Si quieren comprobar mis cuentas se las facilitaré, no tengo nada que ocultar, se lo aseguro. No sé de donde se habrá sacado semejante historia, y que le habrás contado a mi padre, pero le puedo asegurar que no sé de que está hablando.

Vicente: Eso es mentira, eres un embustero.

Teniente: Mire señor, según la ley, presentar una falsa denuncia está penado con la cárcel, y ahora mismo lo podría detener, así que usted verá, o retira la denuncia, o presenta pruebas que la sostengan.

Vicente: Pero...

Teniente: ¿Tiene pruebas?

Vicente: No, pero ellos mienten.

Teniente: Yo he escuchado su versión, y le puedo asegurar que no mienten, y ahora, llévenselo al cuartelillo, y si no presenta ninguna prueba, arréstenlo por falsa denuncia.

Vicente: Está bien, quitaré la denuncia.

Las dos guardias civiles y Vicente salen de escena.

Joel: Gracias por tu ayuda.

Teniente: No, gracias a vosotros por haberle ayudado, porque si no lo hubierais hecho, ninguno estaríamos aquí...

Pere: Así que, por eso hablabas tanto con mi hermano.

Teniente. Bueno, sí, en parte sí, quería conoceros un poco mejor. Y ahora he de irme, pero si no es mucha molestia, podríamos quedar otro día, y me habláis de él, y de ella...

La teniente va saliendo, Joel y Mar le acompañan.

Joel: Claro, cuando quieras, aunque ya te adelanto que era un tío genial y ella muy valiente, si, mucho.

Mar: ¿Y no estuviste tentada de venir a verlo?

Teniente: He de serte sincera, nunca creí que la historia fuera cierta, es que, era tan absurda que... Como me podía imaginar que fuera cierta. Hasta que llegue a este pueblo y os conocí, eráis reales, así que intenté conoceros, acercarme a vosotros...

Pere: Mas bien a él. (Dice indicando a Joel)

Teniente: Sí, fue uno de los pocos que, de primeras, no me rechazó… Es que el uniforme impone, y cuesta hacer amigos cuando llegas a un destino nuevo.

Joel sonríe por el cumplido.

Teniente: Es que es tan increíble que... ¿De verdad ha estado aquí…? He oído la misma historia tantas veces.

Mar: Si, de verdad...

Joel: Si quieres podemos quedar un día y hablamos de él.

Teniente: Claro, mañana libro, podemos quedar y de paso me enseñas el lugar, que desde que llegué no he visto nada.

Joel: Claro, precisamente mañana tengo el día libre, ¿verdad Pere?

Pere: Sí, sí, claro, ya me encargo yo de lo tuyo, no te preocupes.

Salen del escenario.

Pere se acerca a Mario y le ofrece su mano.

Pere: Gracias, macho, te has portado.

 Mario se la estrecha.

Mario: Tú también te has portado.

Se sueltan las manos. Se encaminan hacia la puerta.

Pere: Y que sepas que aunque no me hace mucha gracia, puedes quedar con mi hermana, eres un tío legal. Aunque eso de que seas mi cuñado aun no lo veo…

Mario sonríe.

Mario: Eso depende de ella, pero ¿tú crees que le gusto? ¿Si le pido de salir querrá?

Pere: Claro que sí, pero ojito con lo que haces, como le hagas daño... Mira que don Diego me enseño a usar la espada y… (Hace como si manejara la espada)

Salen del escenario. Fin.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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