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el camión

de Ernesto marcos

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

El Camión

de Ernesto Marcos

 

ernestomarcos71@hotmail.com

 

PERSONAJES:           AUGUSTO OBLIGADO

                             RODOLFO OLIVETTI

                             EL MOZO    

 

 

 

PRIMER ACTO

 

En un tiempo… en algún tiempo; en un lugar… en algún lugar: en algún paraje, en algún establecimiento, en algún parador o retiro, en algún rincón, en algún recoveco, en algún refugio o resguardo, en algún tugurio, cafetería, antro, bar: ubicado exactamente en la línea de borde entre una gran

metrópoli... y El Resto.

Obligado está llenando una boleta de juego.

Entra Olivetti. 

 

Olivetti: Buenas noches.

Obligado: Buenas...

Olivetti: ¿Llenando la boleta del Loto?, ¿eh? (Silencio.) Disculpe que lo moleste.

Obligado: ¿A mí?

Olivetti: Sí.

Obligado: Dígame. (Pausa.)  

Olivetti: Usted... no me conoce.

Obligado: Creo que... no.

Olivetti: Rodolfo Olivetti. Yo sí lo conozco a usted.

Obligado: Ah.

Olivetti: Encantado. (Pausa.)

Obligado: En qué lo puedo... (Pausa.) Diga... (Pausa.)

Olivetti: Tengo... algo... tengo algo... algo muy importante que decirle. (Pausa.)

Obligado: Lo escucho. (Pausa.)  

Olivetti: Pero... déjeme terminar... bien... todo... y después... me dice... si no...

Obligado: Es que... todavía no... 

Olivetti: Sí, claro. (Pausa.) Eehh... (Pausa.) Lo que pasa es... que... discúlpeme... es... la... creo, que me pone así.

Obligado: La... qué. No le entiendo. (Pausa.)   

Olivetti: Sé que vino acá... a no esperar a nadie.

Obligado: ¿Cómo?

Olivetti: Que sé que vino hasta acá, para no esperar a nadie. Y la cuestión no termina ahí.  

Obligado: No le entiendo... bien... o...

Olivetti: Sé que vino sin el... acuerdo, el... compromiso de encontrarse con alguien. (Silencio.) Vamos, admita que tengo razón. (Pausa.)

Obligado: Mire, la verdad, no entiendo nada, así que...

Olivetti: Admítalo. Sólo eso le pido. 

Obligado: Déjeme tranquilo, por favor.

Olivetti: No se cierre así. No sea negado, obtuso. 

Obligado: ¡Déjeme en paz! ¡La última vez que se lo pido! (Pausa.)

Olivetti: Mucha gente lo hace. Es muy común. Le pasa a todo el mundo. Yo lo hice alguna vez. (Largo silencio.)

Obligado: ¿Cómo sabe que no estoy esperando a nadie? (Pausa breve.) Bah, casualidad. 

Olivetti: No, casualidad no. (Pausa breve.) Causalidad, en todo caso, que no es lo mismo.

Obligado: ¿Qué? ¿Causalidad? (Pausa.) 

Olivetti: Yo lo escribí.

Obligado: ¿Escribir qué? (Pausa breve.)  

Olivetti: ¿No quiere... tomar…? 

Obligado: No, gracias.  

Olivetti: Síentese. Va a ser... mejor.

Obligado: ¿Mejor qué? (Pausa breve.) ¿Y? (Pausa breve.) No me contestó todavía. (Pausa breve.)

Obligado: ¿Contestar qué?

Obligado: ¿¡Me sigue jodiendo!? ¡Me voy a...!

Olivetti: ¡No, nada más lejos de mi intención! Lo que pasa... es... que... 

Obligado: ¡¿Cómo sabía?! ¿¡Cómo sabía que yo vine a... a... no encontrarme... ¡ni sé lo que digo!   

Olivetti: Yo... escribí... 

Obligado (Interrumpiéndolo.): Que escribió... eso ya lo...

Olivetti (Interrumpiéndolo.): ...su vida. 

Obligado: ¿Qué dice? (Pausa.)

Olivetti: Sí, yo escribí su vida. (Pausa.)  

Obligado: ¿Usted me está cargando?

Olivetti: No, en absoluto; ¡yo sabía que usted me iba a responder...!

Obligado: ¿Usted se escuchó lo que me está diciendo?

Olivetti: Sí, por supuesto, sé que es...

Obligado: Está... (Gesto de locura.)

Olivetti: No, le juro que no. No se preocupe. A todos nos pasa. Todos tenemos nuestro autor. Yo también, amigo. Nadie lo sabe... o casi nadie. (Pausa.)

Obligado: Si usted o yo le contara esto a todo el mundo, ¿qué pensarían?

Olivetti: No lo tomarían por loco, porque el problema de la locura es serio. Lo que usted diga no lo tomarían ni en serio. Pensarían que es una cachada. (Pausa.)

Obligado: Yo no sé si... A ver, póngase un poco en mi lugar también...

Olivetti (Interrumpiéndolo.): No me pongo, yo también estoy.

Obligado: Un completo desconocido le dice a usted algo... imposible... de...       

Olivetti: ¿Imposible o... improbable? (Pausa breve.)

Obligado: ¿Qué? ¿Impro...? Bueno... ¡increíble!

Olivetti: Lo increíble, lo inverosímil, es... es un... concepto de la ficción, ¡de las películas!, no de... (Señalando el piso.) ¡esto!, ¡del mundo real!, ¡de la realidad! (Pausa.)  ¿Y si no cómo sabía yo que usted no estaba esperando a nadie?

Obligado: Ya le dije.  

Olivetti: Diga la verdad, ¿usted se lo contó, se lo comentó a alguien que iba a venir acá, solo, sin ningún plan? (Pausa.)

Obligado: Creo que no. Creo. 

Olivetti: ¿No le parece mucha casualidad entonces?

Obligado: Usted pudo haber presentido... su chifladura y de casualidad encontró alguien como yo. (Pausa.) ¿Qué hace acá entonces? Vaya y escriba que me pase algo bueno esta noche.

Olivetti: ¿Cómo puede ser que venga vestido así, hasta acá y espere horas para no encontrarse con nadie?

Obligado: Le admito que vine a no encontrarme con nadie. En realidad, sí, pero no. Sentía... cómo explicarle... que sí iba a encontrarme con alguien, aunque no sabía con quién. No sabía si esa persona iba a venir. Tuve un presentimiento, nada más. Vine así por si era mujer. Y se me acerca usted. Además... yo puedo conocer una mina acá, ¡qué tanto! ¡Y qué tengo que darle explicaciones a alguien que no conozco!

Olivetti: Claro, ve. Yo no sabía que usted podía intuir el encuentro conmigo. Yo podía no haberme presentado. No todo es causalidad tampoco.

Obligado: En general, se puede... sentir el encuentro con alguien.

Olivetti: ¡Lo sé! También soy personaje. Pero no soy solamente eso. Soy su guionista. (Pausa breve.)

Obligado: ¡Sea lo que quiera ser: guionista, personaje, actor o director, pero déjeme de hinchar...! (Pausa.) Sí, usted, es un personaje. Yo salgo para divertirme, para joder. Quiero hacer algo... diferente. No quiero filosofía barata, de café, ¡un sábado!   

Olivetti: Créame que yo tampoco entiendo mucho. Aunque lo haya hecho venir hasta acá ¿Le molesta que haya elegido esta zona? Sé que le queda trasmano.

Obligado: ¿Cómo sabe...?, bueno, en realidad, todo me queda trasmano. (Pausa breve.) ¿Quién es usted?

Olivetti: Ya se lo dije. No, no se vaya. Espere. Por favor, escúcheme. Soy su guionista, pero... sí, si quiere pude irse. Ya no escribo su vida. (Pausa.) Renuncié.

Obligado: ¿Cómo que renunció?

Olivetti: En este mismo instante. (Largo silencio.)

Obligado: ¿Puede renunciar?

Olivetti: ¡Ah! ¡Le importa! (Silencio.) 

Obligado: Eh... para saber... cómo es... la cosa... de pura curiosidad.

Olivetti: Lo invito a tomar algo. Le voy a explicar todo. Con lujo de detalles. (Pausa.)

Obligado: ¿Cómo puede ser? Me dicen que soy un hombre... despierto... avivado. Nunca me enteré de una cosa así ¡¿Qué pasa?! Nunca me di cuenta ¿Cómo es la cuestión?    

Olivetti: Usted me escucha un minuto. Y después hace lo que quiera. Si quiere se va. (Pausa.)  

Obligado: Pero un ratito, no más. Le pido que sea breve. Usted me marea con sus palabras. Quiero que me explique de una forma que yo lo pueda entender. Y después me voy. Porque quiero.

Olivetti: Bien. Yo prefiero una mesa cerca de la ventana.

Obligado: A mí me da lo mismo. (Pausa.) Cuente. Claramente. (Silencio.) ¿Y? ¡Vamos!

Olivetti: Tengo ganas de ir al baño.           

Obligado: Sí... ahora que lo dice... yo también. Pero vaya usted.

Olivetti: No, por favor, vaya usted primero.

Obligado: Usted tiene ganas. Lo dijo...

Olivetti: No importa, es lo mismo.

Obligado: No me voy a escapar, ¿eh? (Pausa breve.)

Olivetti: Vaya, vaya. (Obligado por lo menos intenta pararse.) ¿Se siente mal?

Obligado: Me duele mucho la cabeza. De golpe... me siento mareado.

Olivetti: Siéntese. (Pausa breve.) ¿Quiere agua?

Obligado: No.

Olivetti: Una aspirina.

Obligado: Ya estoy mejor.

Olivetti: Usted pida lo que quiera. Vuelvo enseguida, ¿eh? (Olivetti sale. Obligado empieza a hacer leves movimientos estertóreos, convulsivos, intermitentes y sincopados. Vuelve Olivetti.)  

Olivetti: ¡Qué hace!

Obligado: ¡No sé, no puedo parar!, ¡Ayúdeme! (Olivetti lo agarra, lo abraza y lo zamarrea. Trata de detenerlo pero se le hace imposible controlarle todo el cuerpo. De pronto, le da una cachetada. Y Obligado se detiene. Pausa.)    

Olivetti: ¡Qué le pasa!

Obligado: Estoy... boleado. (Pausa.)

Olivetti: ¿Y? ¿Mejor?

Obligado: Sí, un poco.         

Olivetti: Le hubiese venido bien tomar algo.

Obligado: No llegué a pedir...

Olivetti: Yo le pido.

Obligado: Yo quiero un...

Olivetti: ...café, ¿no es así?

Obligado: Cortado. 

Olivetti: ¡Obvio!

Obligado: ¿Cómo lo sabe?

Olivetti: ¡Cuántas veces se lo tengo que decir! Es difícil creerlo pero es así. (Olivetti levanta la mano, chasquea los dedos.)  ¡Mozo! (El mozo emerge desde el lugar menos esperado. Bosteza. Se estira.) 

Mozo: Era hora.

Olivetti: Dos cafés cortados ¡Ah!, y dos vasos de agua.

Mozo: ¡Obvio!

Olivetti: Y ya que está le pido un cenicero.

Mozo: ¿Nada más?

Olivetti: No, por ahora, no. Gracias. (Pausa.) 

Mozo: ¿Dos café entonces?  (Silencio.) 

Olivetti: ¿Se dio cuenta?

Obligado: ¿Qué cosa?

Olivetti: El mozo.

Obligado: ¿Qué tiene el mozo?

Olivetti: No lo miró a usted.

Obligado: ¿Y?

Olivetti: Como si usted no estuviera ahí. 

Obligado: No, no lo noté. Usted hizo el pedido. El que habló con él es usted ¿Por qué iba a hablar conmigo? 

Olivetti: Usted no existió para él.

Obligado: ¡Ah! ¡Es un chiflado, tiene una persecuta conmigo o algo así! ¡Por eso sabe de mí! ¡Me estuvo siguiendo y averiguando todo sobre mi vida! ¡¿Quién lo manda?! ¿¡Un acreedor!? ¿Qué quieren?, ¿dinero? Le aviso que no tengo un solo peso.

Olivetti: ¡Ya lo sé! (Silencio.) 

Obligado: Primero que nada, quiero saber todo de usted. (Pausa. Al mismo tiempo que habla, Olivetti puede entregarle o mostrarle en mano expedientes, archivos, legajos, pliegos, documentos, instrumentos, diskettes, cds-Rom, zip, jazz, dvd o cualquier otro soporte o base de datos.)    

Olivetti: Rodolfo Olivetti, viudo, no le voy a decir mi edad, trabajo... bue... trabajaba... todo el día en el Estado. Salí del secundario y me consiguieron un puestito en la administración pública. Ahí, ascendiendo un poco, llegué a jefe de sección. Como tal tenía tiempo libre, y en los ratos libres me conseguí las extras de escribir su vida. Con eso reforzaba mi sueldo de empleado público, que no era muy bueno que digamos. Después privatizaron la repartición donde yo estaba. Con lo cual la escritura de su vida pasó conmigo del Estado a manos del Mercado. Como en otra época fue al revés. Como en otra época fue al revés de al revés. Y así sucesivamente. (Pausa.) Sé que soy un escritor mediocre, tampoco soy un guionista de películas pornográficas, pero... hago lo que puedo... le digo que eso es lo fundamental de mi vida. (Pausa.)

Obligado: A ver, ¿qué sabe de mí?

Olivetti: Todo.

Obligado: Ejemplos, ¿cómo me llamo?

Olivetti: Augusto Obligado, soltero, nació un primero de mayo en Vedia, Provincia de Buenos Aires, documento nacional de identidad número cuatro millones ciento cuarenta y cinco mil trescientos diecisiete, hijo de Augusto Argentino, obrero, y de Nora Gómez, ama de casa. Terminó la escuela primaria y empezó a trabajar con su padre a los doce años; secundario completo, le costó mucho terminarlo por problemas económico-familiares, lo hizo de grande, en el turno noche y ya vivía en esta gran urbe; actualmente desempleado, mejor dicho, empleado en buscar trabajo, debido a su retiro “voluntario”. No tiene antecedentes penales ni prontuario policial ni nada. Pero... pero… aparece en el sistema... “Veraz” por el crédito impago de una casita acá en la provincia. Sé todo de usted. (Pausa.)

Obligado: Todo eso se puede averiguar. Más si usted trabaja en el Estado.

Olivetti: Trabajaba.

Obligado: Bueno, trabajaba. Y lo del Veraz, más si usted trabaja en el Mercado. 

Olivetti: ¿Quién se dedicaría a averiguar los datos de una persona como usted? Sólo para mí pueden ser importantes.

Obligado: Es que yo... no sé si usted no es un loco que está encaprichado conmigo. Podría ser, ¿por qué no? (Pausa.) Dígame algo que nadie pudiera saber, pero que, verdaderamente, nadie pueda saber, nadie. Ojo igual con lo que va a decir (Pausa.) ¿Y?, vamos, diga, lo escucho. (Pausa.) ¡Hable, lo estoy esperando! (El mozo se acerca. Le sirve a Olivetti su café y su vaso de agua. Olivetti justo se adelanta al mozo antes de que deje el otro café y el otro vaso de agua.)

Olivetti (Señalando, para el segundo café y segundo vaso de agua, el lado de la mesa de Obligado.): Déjelo ahí. Muy amable. (El mozo cumple, también deja el cenicero y se retira. Pausa. Olivetti prende un cigarrillo ritual y parsimoniosamente.) Obligado, usted es... es... es harto dificultoso simplemente ponerlo en palabras... creo que… porque es... una sensación pura, cómo decirle... usted... no sabe... si... es... o no es..., no en el sentido... ¡no!, no, es mucho más intrincado que eso; y esto usted lo tiene bastante... ¿eh? Es lógico, siendo algo tan... ¿me explico? Sé que nunca lo pudo hablar con nadie. Es más, sé que en algún momento usted no fue consciente de la cuestión. (Pausa breve.) Discúlpeme. Tengo que ir al baño de nuevo. Y esto hay que hablarlo bien. (Olivetti sale. Al ratito, Obligado tiene un segundo ataque con sacudones, un poco más fuerte que el anterior.)

 Obligado: ¡Olivetti!, ¡Olivetti!, ¡Ayúdeme!, ¡Venga, Olivetti, no puedo más! (Entra Olivetti apurado, subiéndose la bragueta y con el pantalón algo mojado en la zona uro-genital. Lo toma e intenta tranquilizarlo. Cuando consigue detener un movimiento aparece otro en otro miembro o en otra parte del cuerpo. Lo sacude todo. Finalmente, le da un golpe más potente que en el primer acceso. Y Obligado se detiene.)

Olivetti: ¡No se lo puede dejar un minuto solo! ¡Qué es lo que le pasa!  

Obligado: ¡No sé!

Olivetti: ¿Se siente bien?

Obligado: Sí, ahora me siento... (Pausa breve.) ¡Quién es usted para decirme puto!

Olivetti: ¡No, espere un momentito, ojo! Yo no hice que lo hicieran ni de River Plate ni de Boca Juniors. No hice que le compraran la camisetita. Tampoco lo hice bautizar ni lo mandé de los curas pupilo ni nada por el estilo. Yo a usted siempre le puse un sendero que se bifurca. Si usted tomó por un lado o por el otro... U optó... Sí es cierto que lo hice vivir muy diferentes situaciones con la idea de que usted me ayudara a definirlo. O que se definiera solo: sabemos el grado de autonomía que puede tener un... ser, con mayúscula. Cuántas veces lo hice vivenciar... lo hice ir... a...  ¿eh? todos lados, a ver qué pasaba, si... si... pasaba algo ¿Recuerda? ¿O de todo eso ya se olvidó? (Pausa breve.)

Obligado: Más o menos ¿Qué más sabe de mí?

Olivetti: ¿Quiere un cigarrillo?

Obligado: Le voy a aceptar, estoy... me siento... ¿Usted me entiende?

Olivetti: ¡Cómo no lo voy a entender, Obligado!

Obligado: Fijesé, usted dice que... soy...

Olivetti (Interrumpiéndolo.): ...eso lo dice usted.

Obligado: Pero lo que ¡yo siento, lo que yo siento es que no sé qué soy; quién soy, mire cómo varía la cuestión!

Olivetti: Por eso yo también tengo cosas que preguntarle a usted. Por ejemplo, ¿en qué pensaba mientras me esperaba?

Obligado: Ya le expliqué, Olivetti. No esperaba a nadie y... 

Olivetti: ...es una forma de decir.

Obligado: Tenía la mente vacía.

Olivetti: Y... claro.

Obligado: Esteee... usted sabe... eh... ¿Por qué... me... hizo...? (Pausa.)

Olivetti: Ya se lo contesté. Será el destino de...

Obligado: ¡Vamos, Olivetti, vamos, por favor! (Pausa.)

Olivetti: No sé. (Pausa breve.) Será porque es lo único que... Después de todo uno sólo puede… hablar de… lo que... ¿no?

Obligado: ¡Ah!, ¡o sea que...! (Pausa breve.) ¡Y por qué tengo que pagar yo el pato! ¡Mire, todo esto me parece una locura! (Obligado se levanta como  para de irse.)

Olivetti: ¡No, Augusto, dejáme que te quiero explicar lo que pasó!

Obligado: ¡No me tutíes! ¡Menos me toqués! (Cambio.) No me tutee. Menos me toque. Se le pido por favor. (Pausa.) ¡Y no me diga más nada, no me explique más nada mejor! (Pausa.)    

Olivetti: ¡Ve! ¡Por eso yo renuncio a escribir su vida! No puedo seguir, es torturante, me parece terrible su vida. Es un mal culebrón melodramático, patético y televisivo, con tratamiento novelesco de best-sellers, y con toques de la picaresca de vodevil ramplón y cerril, escrito por un comicastro de la legua. Y yo la escribí sin conciencia de lo que estaba haciendo, escribí... lo que pude, horrible como usted la debe sentir, así me salió. No podía volver atrás y no podía terminarla, porque terminarla... sería... (Pausa. Comienza a lagrimear.)

Obligado: No se ponga así... Olivetti. Mi... eh... no es tan... Usted sabrá las veces que pensé en... y todavía... bue... (Cambio. Se para como si estuviera al borde de un abismo.) ¡Se acuerda esa vuelta que yo estaba parado en un cruce! ¡Venía un... tren del demonio a todo lo que da!, ¡Yo no tenía paso!, ¡Era ideal! ¡Sentí un... que me sobrepasababa!, ¡tuve un impulso raro! ¡Esa máquina del diablo no podía parar! ¡No hubiera fallado!, pero yo... (Mueve los zapatos apenas para adelante.) me quedé... duro... (Cierra los ojos.), ¡me pasó...!, (Como si le pasara raspando.) ¡la fuerza me...!, (Se tira un poco para atrás.) ¡solté el maletín y lo hizo pelota!, ¡como un animal rabioso! (Pausa breve.) Me vi en el maletín. (Pausa.) Me quedé ahí, parado, en silencio. (Aturdido.) Estaba como... Después de un rato, crucé como cualquiera, por el caminito que hay. Nadie se enteró... (Pausa breve.)   Y nadie más que yo se preocupó... del maletín.

Olivetti: ¡Cómo no me voy a acordar! Fueron ¡demasiados! los intentos por... Y no pude. (Reanuda el lagrimeo. Pausa. Murmurando.) Seguro que ya me están buscando, Obligado. No se puede renunciar. Es un caos que alguien renuncie. (Pausa.) ¡Ey, Obligado! (Pausa breve.) ¿En qué está pensando?  

Obligado: ¿Eh...?

Olivetti: ¿En qué está pensando?

Obligado: Ah... no, en nada.

Olivetti: Supuestamente en este momento usted es la única persona libre sobre el planeta ¿Se da cuenta lo que le digo? Es muy arriesgado pero es muy importante. Se trata del inicio de una cuestión inédita, en realidad la única novedad posible, yo no confío en las cosas originales, ni nada, pero créame, esta situación inédita sí es posible, porque es el cambio de usted... y de mí.

Obligado: Mire, eh... todo esto... que usted dice, yo quiero... vivir... estar... nada más ¿No podría darme una pequeña alegría? Un Lotito, por ejemplo.

Olivetti: ¡Usted ahora es libre!, ¿entiende eso? (Pausa breve.)

Obligado: Sí... (Pausa breve.)

Olivetti: Usted no... comprende, ¡no comprende! La única que sabe de todo esto es la sabiduría popular: está todo escrito desde antes que nacemos. Todo perfectamente calculado. Yo desobedecí, yo no hubiera podido concederle que se gane el Lo-ti-to porque estoy... de alguna manera... controlado. No puedo darle esos beneficios tan fácilmente, ¿entiende? Sería... darle... poder. Lo mismo que darle educación superior o... salud permanente. A nadie le conviene eso. (Pausa breve.) Ni... a mí. 

Obligado: Aunque sea una vida más... yo no pido mucho, Olivetti, una... cupé Torino, o aunque más no fuera un... Renault doce, eso solito. Digamé, por favor, ¿qué me va a pasar? (Pausa.)

Olivetti: No lo sé ¿No está pensado? Aunque debe estarlo porque todo está pensado. Deberían tener previstas estas cosas. ¡O esto se les va a escapar de las manos! Usted por ahora es libre.

Obligado: ¡¿Pero qué carajo significa que soy libre?!

Olivetti: Que es artífice de su propio destino.

Obligado: ¿Y qué hago?

Olivetti: ¡Lo que quiera...!

Obligado: Lo que quiero es lo que no pude hasta ahora. Lo que puedo  es lo que pude hasta ahora ¡Si yo ya estoy hecho y deshecho!

Olivetti: ¿No se siente mejor ahora?, ¿aunque sea algo? (Pausa.) 

Obligado: Y... sí, qué quiere que le diga, un... poquito... pero me confunde que hace un rato me tomé una pastilla para... ¿No me convida (Gesto de cigarrillo.) uno más?

Olivetti (Señalando el café.): ¿Quiere tomar otro?

Obligado: Sí, gracias, ando mal de... (Gesto de dinero.) ¡Usted lo sabe mejor que yo!  

Olivetti: No se preocupe: todos somos sobrantes de la misma última cena. (Pausa.)

Obligado: Si lo agarran, ¿qué le pueden hacer?

Olivetti: Son capaces de obligarme a escribir una vida peor que la suya. Obligado, escribiría cualquier cosa.

Obligado: ¡Yo no la pasé tan mal! Siempre hay peores.

Olivetti: Pero es como usted dice: podríamos tener un piso... menos frío. (Pausa.)

Obligado: Olivetti, lo que yo estaba... (Gesto de elucubrar.) antes es... ¿quién va a seguir escribiendo mi vida si... por la razón que sea... usted... no está... más?

Olivetti: ¡Es lo único que le importa!, ¡me están siguiendo! En principio, me imagino que mi guionista, quizá en confabulación con otros, con el guionista de mi guionista, por ejemplo ¿Y si me buscan para hacerme desaparecer? Mi intento porque usted sea libre puede fracasar. Tal vez su vida la seguiría mi guionista... o el guionista de mi... 

Obligado (Interrumpiéndolo.): ¿Y qué tal... su...?

Olivetti: Ya ve. Un desastre. No sé si cometí un error con todo esto que lo perjudica a usted. (Pausa.)

Obligado: Eh... siga... A mi no me molesta... tanto. Es que... todo lo que me cuenta. Estos cambios tan...  tan... Me parece que no me adapto bien a los grandes...  ¿me explico?

Olivetti: No se puede volver atrás. (Pausa breve.)

Obligado: Tiene razón. Siempre que volví sobre mi pasado me fue peor. (Pausa.) ¡¿Yo no tendría que matarlo a usted por todo lo que me hizo pasar?!

Olivetti: A todos nos pasan cosas terribles ¡No se olvide los buenos momentos, Obligado!

Obligado: ¡Ahora me doy...! ¡No soy el culpable…! ¡Yo no soy el culpable de mis…!

Olivetti: No es tan así.

Obligado: ¡¿Cómo que no es tan así?, entonces ¿cómo es? usted siempre llevando el agua para su molino!

Olivetti: Cuando yo escribía su vida, no podía controlar absolutamente todo. Mi guionista no puede controlar mi renuncia. A lo único que no me puede obligar es a escribir; creo. Había cosas en las que usted me desconcertaba. Yo no las tenía ni... pensadas. En realidad, siempre hay un plus de verdadera libertad. (Pausa breve. Como en un aparte.) Sólo un plus. (Pausa.) Bueno, usted es libre. (Pausa breve.) Puede retirarse. (Pausa.)

Obligado: ¿Qué voy a hacer, Olivetti? (Pausa.) 

Olivetti: Si quiere, quédese. (Pausa.)

Obligado: ¿Qué hora es?

Olivetti: No uso reloj ¡Mozo!, ¿tiene hora?

Mozo (Mirando un reloj presente o presente en la ausencia que dejó su marca): Hace rato que no camina. No sé qué le pasa. (Pausa breve.) Pero debe ser tarde. Muy tarde.

Olivetti (A Obligado.): ¿Vio la tormenta que se viene?

Obligado: Frío y lluvia, ¡qué tiempo de miércoles!

Mozo (A los cuatro vientos.): Sí, pero todavía se puede salir, ¿eh?

Olivetti: Ahora no podemos pisar la calle.

Obligado: ¡Mire, mire, se largó, se largó!

Olivetti: ¡Y cómo se largó! ¿Dónde voy a encontrar un kiosco a esta hora para comprar cigarrillos? Me deben quedar dos o tres. (Pausa.) Habrá que hacer tiempo hasta la mañana y buscar un kiosco. (Silencio.)

Obligado: ¿Qué hora será?

Olivetti: No sé. Nos vamos a dar cuenta cuando amanezca, por la claridad.

Obligado: No me gusta ver el amanecer.

Olivetti: A mi tampoco.

Obligado: ¿No me diga?

Olivetti: Sí, desde chiquito.

Obligado: El amanecer tiene algo peligroso.

Olivetti: Amenazante. Como si tuviéramos que volver corriendo al ataúd. (Pausa. Cambio.) Igual un kiosco por acá siempre se consigue ¿Quiere un café, Obligado? ¡No, nos olvidamos de pedir los cafés!

Obligado: Es cierto, pero yo... no...

Olivetti: Pida tranquilo, hombre. Pido yo. Uno para mí también. (Olivetti levanta su brazo y le hace al mozo el gesto de la tacita de café, luego el gesto de “cortados” y finalmente del número dos; a lo cual el mozo responde asintiendo levemente y con gesto de disgusto. Pausa.)

Obligado: Yo no sé... (Pausa breve.)

Olivetti: Vaya, hombre, vaya tranquilo. (Pausa.)

Obligado: Olivetti, ¿todo esto lo hace... por mi libertad? (Silencio.) Olivetti, ¿qué le pasa? (Pausa.) Olivetti. (Largo silencio.)  

Olivetti: Soberbia pregunta. (Pausa.) Sí, por usted, por su...  aunque... hay algo... que... no sé... no me cierra. (Pausa.) Puede ser que yo también esté acá esperando a mi guionista. Que vine por usted y porque él me citó. El verdadero rebelde... ¡sería él! (Suena el o un reloj marcando las doce de la noche.)   

Obligado: ¡¿Eh?! (Silencio.)

Olivetti: No sé si esta cuestión es un plan de él o yo me estoy rebelando contra todo con su libertad. Tal vez sea la rebeldía del guionista de mi guionista o... Obligado, esto es como un rascacielos, nunca se ven los últimos pisos, a menos que uno mismo esté en ellos.

Obligado: ¡Aaahhh! (Silencio.)

Olivetti: ¿Se va? (Pausa.)

Obligado: No sé.

Olivetti: ¿Usted realmente me cree? (Pausa.)

Obligado: No, no sé, sí... usted ha sido... muy... vero... ¿cómo dijo usted?

Olivetti: Verosímil. Verosímil.

Obligado: Además, me pudo haber... programado para que crea en su palabra.

Olivetti: Yo lo liberé. Nunca haría una cosa así (Pausa.) ¿Y?, ¿no se va? (Silencio.)

Obligado: ¿El tiempo no pasa, Olivetti?

Olivetti: Todo pasa y todo lo vemos pasar, Obligado. No se preocupe, un lugar de paso siempre es eso. 

Obligado: Digamé, ¿hay algo que no tuviera pensado de antemano? 

Olivetti: Mi vida. (Olivetti comienza a tentarse de risa. Obligado lo mira serio, pero poco a poco va tentándose.)  

Obligado: Claro.

Olivetti: ¿Claro qué?

Obligado: Ahora entiendo.

Olivetti: ¿Qué entiende? ¡¿Qué?!

Obligado: Está esperando a su guionista. (Pausa.) ¡Quiere saber de usted! ¡Quién escribe su vida! ¡Quiere saber qué le va a pasar! (A esta altura a Olivetti ya se le borró toda sonrisa. Pausa.)

Olivetti: Podría ser. 

Obligado: ¡Ah!, ¡le importa! (Silencio.) 

Olivetti: Eh... para saber... cómo es... la cosa... de pura curiosidad.

Obligado: ¿Y si él o... ellos no vienen? ¿Y si vienen? 

Olivetti: Me va a decepcionar, pero también me va a alegrar ¡A ver si todavía vienen sólo para... matarme! Y... a usted... tal vez.

Obligado: ¡Cómo a mí!, ¿¡Yo qué tengo que ver!? ¿Qué pasa?, me trae acá, me hizo vestir así, mire cómo estoy, mire lo que parezco; viajé tres horas, veinticinco minutos, aparece un tipo, ¡usted!, que dice que es mi guionista, que renunció a escribir mi vida porque su guión le salió para la mierda; o sea... ¡que mi vida es una mierda! Más tarde va a venir acá otro tipo, un tipo que usted dice que es su guionista y que es capaz de matarnos a los dos! Escuchemé... ¿Qué soy yo?, ¿un forro?, ¿qué hacemos acá?, ¡vamonós!, que ese tipo venga y no encuentre a nadie, ¡que se joda!, no seamos boludos ni forros. Yo no quiero morirme, ¿usted sí?, ¡Yo no!, ¡yo no!

Olivetti: Cálmese, amigo mío, siéntese, ¿quiere un vaso de agua? Yo no creo que eso ocurra. No se preocupe. ¿Qué se cree?, ¿que para mí todo es fácil? (Pausa.)

Obligado: No... no.

Olivetti: ¡Póngase un poco en mi lugar también!

Obligado (Interrumpiéndolo.): No me pongo, yo también estoy.

Olivetti: Amigo, la cuestión no es sencilla. Ahora usted tiene un poder inestimable. (Pausa breve.) Esto es... como... un castillo de naipes. Y ahora nosotros estamos exhalando al lado. Es como los palillos y las cajas chinas y esas muñecas rusas. Obligado, la serpiente se muerde la cola. Pero nosotros somos la cabeza... de ratón, pero cabeza al fin ¡Su libertad, sumado al aleteo de una mariposa en el Amazonas, sumado a una anciana que se resbala en una calle parisina, destruye la cosecha de arroz en China que a su vez hace caer la bolsa de valores de Nueva York! Usted es un virus letal. Un virus invencible en el Hipertexto de los textos, en La Red de redes. Usted se ha transformando en alguien sumamente peligroso para la aldea global ¡Todo puede terminar en una sangrienta batalla ciberespacial de miles de millones de guionistas y personajes muertos! 

Obligado: ¡Qué quilombo! ¡Pero qué importante soy!

Olivetti: Sí... y no.

Obligado: Ah. (Pausa.) 

Olivetti: ¿A usted no se le ocurre nada? Ahora es libre de pensamiento, imaginación, ideas. 

Obligado: Estoy medio trabado mentalmente ¡Ya le dije! ¿Por qué no nos vamos y listo?

Olivetti: Tenemos la esperanza de que mi guionista nos ayude.

Obligado: O nos reviente. Debe tener más poder que usted.  

Olivetti: Tenemos que arriesgarnos, ¿sabe? Creo que vale la pena ¡Yo también quiero liberarme! O por lo menos quisiera liberarme de mi guionista. Y si la única manera es... (Gesto de matarlo.) ¿Usted prefiere que él se haga cargo de su vida?

Obligado: No sé... en realidad... ¡es que... me siento muy torpe y muy inseguro!, ¡no sé lo quiero! (Pausa breve.) ¡Quiero vivir!, ¿quién carajo va a escribir mi vida?, ¡quiero que alguien se haga cargo!, ¡quiero que alguien escriba mi vida!, ¡No es mucho lo que pido!, ¿no?  

Olivetti: Cálmase. Quédese tranquilo. Ya vamos a solucionar lo suyo. Ya le vamos a encontrar la vuelta. Mire, para el caso es lo mismo. No sé si hay una verdadera libertad si mi guionista no colabora en la liberación.

Obligado: Pero usted me dijo que yo soy libre, Olivetti.

Olivetti: El contexto cambia. Antes se lo dije en un sentido... simbólico... metafórico... para que se sienta mejor. Usted llegó acá muy deprimido. Es más libre que antes. Eso seguro. Está mejor. Algo. Póngase en mi situación también. ¿Y si mi guionista me presionara para que siguiera? Yo no quiero seguir escribiendo su vida. Quiero ser libre. Me tendrían que agarrar y castigar muy duro por lo que hice. Quizá... con mi muerte.

Obligado: ¿Su muerte? ¿Su libertad? ¿Mi libertad? Yo no quiero que lo castiguen. Eso es lo último que desearía. Usted está luchando por mi libertad. ¡Discúlpeme!, ¡sólo pienso en mí!

Olivetti: Tranquilícese. Ya vamos a salir de este pozo. Si no nos agarran. (Silencio.)

Obligado: ¿Vienen esta noche? (Silencio.)

Olivetti: Sí... va a venir alguien esta noche.

Obligado: ¿Le parece?

Olivetti: ¿Usted que piensa?  

Obligado: Creo que sí.

Olivetti: Puede ser. (Silencio.)

Obligado: ¿Qué hacemos?

Olivetti: No sé. Estoy pensando. Ya le dije, usted también puede pensar ahora, ¿no? (Silencio.)

Obligado: Tenemos que conseguir... un arma.

Olivetti: ¡Usted está loco!

Obligado: ¡Sí... ya, urgente! ¡Un revólver!, ¡o una pistola, Olivetti!

Olivetti: ¿Para qué una pistola?  

Obligado: Tenemos que defendernos. Tenemos que protegernos. No sabemos la que se nos viene. Tenemos que estar preparados, ¿entiende?

Olivetti: Yo no quiero saber nada con eso. Hay un punto donde yo temo más por usted, Obligado. Yo no sé si soy libre. Tal vez soy parte del plan. En cambio usted es... más libre. Corre más peligro su vida.

Obligado: Quizá somos dos... actores... protagonistas.

Olivetti: ¿Cómo?

Obligado: Y no un personaje principal y un guionista. (Pausa.)

Olivetti: Le hizo bien el tratamiento liberatorio, ¿eh? (Pausa.) ¿Y dónde cree usted que vamos a poder conseguir una pistola a esta hora?

Obligado: ¡Dos pistolas!

Olivetti: No sé manejar armas.

Obligado: Yo aprendí cuando hice el servicio militar. Le enseño, Olivetti.  

Olivetti: ¿Un domingo a la madrugada? (Pausa.) La única forma de conseguir un arma es robársela a alguien ¿Qué está pergeñando? (Pausa breve.) ¿No me diga que pensó en ese mozo?

Obligado: ¡Pensé en una armería, en un policía, en un ladrón, ¡en quien sea!, ¡no importa!, ¡hay que conseguir las armas!

Olivetti: Hay que esperar a mañana. Y comprarlas. Hay que hacer las cosas como corresponde. (Pausa. Cambio.) La verdad es que usted no me ayuda en nada. Se nota que está en una crisis. Está en la transición. No tiene texto.

Obligado: ¡Eso no es culpa mía! (Pausa.) Me duele mucho la cabeza y no sé si es el encierro. (Intenta pararse.)

Olivetti: Siéntese. No lo intente. Es más peligroso si...

Obligado: No sé.

Olivetti: ¿Quiere que probemos?, ¿quiere que lo intentemos? (Obligado bosteza.) 

Obligado: ¿Ahora?

Olivetti: Sí...

Obligado: No... ahora no. (Silencio.)

Olivetti: Mañana a la mañana vamos a poder comprar las armas en una armería. (Silencio.)

Obligado: De las mejores, claro. (Se estira. Pausa.) Vamos a tener muchas opciones. (Pausa breve.) Mañana. 

Olivetti: Sin necesidad de cometer ningún delito. (Silencio.)

Obligado: Ajá.

Olivetti: ¿Qué le pasa, Obligado?

Obligado: Me está agarrando sueño.

Olivetti: ¿Sueño?

Obligado: Y qué le parece. No sé desde cuándo no puedo dormir. Y hoy... acá estamos todavía. (Pausa.) Ya que no dormimos, podríamos montar guardias por turno. Y dormir un buen rato cada uno.

Olivetti: ¿Quién empieza? (Pausa.)

Obligado: Yo no tengo problema de empezar con una guardia.

Olivetti: Es usted muy amable.

Obligado: A usted le debo... mi... (Pausa breve.)  

Olivetti: Me pone en un compromiso.

Obligado: ¿Se va a acostumbrar a dormir sentado?

Olivetti: Es cuestión de tiempo. Cualquier cosita me despierta, ¿eh?

Obligado (Casi como en un aparte.): Ya no veo la hora de que me toque mi turno.

Olivetti: ¿Quiere empezar usted?

Obligado: No, por favor, que duerma bien.

Olivetti: Gracias. Buenas noches.

Obligado: Buenas noches. Hasta mañana.

Olivetti: Hasta mañana. (Largo silencio. Olivetti se duerme. Obligado vigila la puerta y no saca sus ojos de ella.) 

Obligado: ¡Ah!... ¡Ay!... Olivetti... Olivetti... no arreglamos cuántas horas cada uno... Olivetti... disculpe que lo despierte pero... Olivetti... ¿me escucha?... Olivetti... Olivetti... (Pausa.) ¡Qué sueño! (No se anima a mirar la mozo. En un aparte.) ¿Y este mozo?, ¿Qué le pasa que no trajo los cafés? (Olivetti duerme profundamente. El mozo los observa; expectante... y cauteloso...) 

                                                          

 

TELÓN DEL PRIMER ACTO

 

 

 

SEGUNDO ACTO:

 

En el mismo lugar. En la misma mesa. Los dos personajes, solos en escena, duermen uno junto al otro, pegados, sus cabezas se sostienen mutuamente. Sobre la mesa hay un paquete rectangular, envuelto en papel y atado con un piolín. Obligado tiene uno de sus ataques convulsivos, sincopados y estertóreos, más fuerte que los anteriores, y se despierta. Eso hace que la cabeza de Olivetti pierda apoyo, se le cae y se despierta.     

 

Obligado: ¡Olivetti!, ¡Olivetti!, ¡Despiértese, Olivetti!, ¡Ayúdeme!

Olivetti: ¿Qué...?, ¿Qué pasa?, ¡Qué hace!

Obligado: ¡No sé!, ¡ayúdeme, por favor!, ¡No puedo parar!, ¡Golpéeme! ¡Golpéeme! (Olivetti le aplica un soberbio golpe. Obligado se detiene. Olivetti ve el paquete.) 

Olivetti: ¿Qué es esto? 

Obligado: No sé.

Olivetti: Lo trajo usted.

Obligado: ¡No, le juro que no!

Olivetti: ¿Y no lo vio?

Obligado: Recién ahora.

Olivetti: ¿Tampoco vio quién lo trajo? (Pausa breve.)

Obligado: Me quedé dormido. 

Olivetti: ¿Y las guardias por turno que usted propuso?

Obligado: Disculpemé.

Olivetti (Observando el paquete detenidamente.): Elemental, Obligado. Es tan elemental como raro.  

Obligado: ¿Qué puede ser?

Olivetti: No sabemos quién lo trajo. Puede ser cualquier cosa. 

Obligado: ¿Una... bomba, por ejemplo?

Olivetti: ¿Cómo? ¿Qué dijo?

Obligado: Una bomba. 

Olivetti: ¿Una bomba? (Pausa breve.) ¿Por qué no?

Obligado: ¡Sí, una bomba!

Olivetti: ¡Rajemos! (Los dos se arrojan detrás del mostrador o barra. No se los ve. Obligado se asoma. Al rato se asoma Olivetti.) No puede ser una bomba. Sería un riesgo muy grande matarnos con una bomba.

Obligado: Yo soy muy peligroso para ellos.

Olivetti: Tiene que ser otra cosa.

Obligado: Nos quieren mantener alejados de nuestra mesa.

Olivetti: ¡Vaya y ábralo! Es un paquete de peligro abstracto solamente.

Obligado: ¡Por qué no va usted!

Olivetti: Lo acompaño.

Obligado: Lo sigo.

Olivetti: ¿Para qué correr el riesgo de que nos maten a los dos?

Obligado: Eso mismo digo yo. (Pausa.)

Olivetti: Usted salga por ese lado y yo salgo por éste. Nos encontramos allá al mismo tiempo.

Obligado: ¡Hecho! (Se acercan furtiva y sigilosamente.) Tiene razón. No puede ser una bomba.

Olivetti: ¡Entonces, ábralo! (Pausa.)

Obligado: ¡Ayúdeme!

Olivetti: Siéntese. Tómelo y póngalo en su falda debajo de la mesa. No tenga miedo. Piense que estoy acá, cerca suyo. 

Obligado: ¡¿Y, ahora?!

Olivetti: Desate la piola suavemente. Sáquele el papel con sumo cuidado. No haga ostentación ni ruido. (Pausa.) ¿Qué es?

Obligado: Una caja.

Olivetti: ¡Es una trampa, corra! (Corre y se parapeta.)

Obligado: ¡No puedo! ¡No me animo a moverla! ¡Venga ya a sacarme esta porquería de encima, carajo!

Olivetti: ¡Ábrala! ¡Matar o morir! ¡Si es una bomba vuelo en mil pedazos igual! ¡Con todo el lugar!

Obligado: ¡Maldito guionista, cobarde!

Olivetti: ¡Vamos!, ¡sólo tiene que levantar la tapa!

(Obligado levanta la tapa muy lentamente. Y espía en su interior.)

Olivetti: ¡¿Y?!

Obligado: ¡Espere, no se ve bien acá adentro! (Pausa.)

Olivetti: ¡Dígame qué hay! (Pausa breve.)

Obligado: ¡No me lo va a creer!

Olivetti: ¿Qué? ¡Hable de una vez!

Obligado: ¡Las... armas!

Olivetti: ¡¿Las armas?!

Obligado: ¡Sí!

Olivetti: ¡Tápelas bien!

Obligado: Usted ocúlteme que no me vean por la ventana.

Olivetti: Dos “Remington”, ¿no?

Obligado: No, dos pistolas.

Olivetti: ¡Dos pistolas “Remington”!

Obligado: ¡Cómo adivinó!

Olivetti: Soy guionista, ¿no? 

Obligado: ¡Usted las trajo y me está haciendo una joda!

Olivetti: ¡No! Pero yo hubiese escrito lo mismo.

Obligado: ¿Alguien escribió esto? ¿Quién?

Olivetti: ¡Ah!, ¡no sé!, pero lo puedo imaginar.

Obligado: ¡Quién!, ¡Dígalo!

Olivetti: ¡Quién va a ser, Obligado!, ¡mi guionista! (Pausa breve.)  ¡O el guionista de mi guionista!, ¡o una confabulación de los dos!, ¡o...!

Obligado: ¡O colaboradores... anónimos...!

Olivetti: ...Secretos.

Obligado: Claro.

Olivetti: Dobles agentes o... dobles espías.

Obligado: No lo había pensado así.

Olivetti: Lo único seguro ahora es dudar ¿Están cargadas?

Obligado: Para muestra basta un botón. (Saca una y la revisa.)

Olivetti: Cargadas, ¿es así o no es así? 

Obligado: Sí. Pero lo importante es que disparen.

Olivetti: Quién sabe. (Pausa.) ¿No serán una invitación sutil, perversa, simbólica a que debemos matarnos?

Obligado: ¿Suicidarnos?, ¿asesinarnos?

Olivetti: Eso lo agrega usted.

Obligado: Usted lo sugiere.

Olivetti: ¡Usted!, lo dijo.

Obligado: ¿Cuál de las dos opciones?, ¿suicidarnos o matarnos? 

Olivetti: ¡Las dos!

Obligado: ¿Y usted cuál sugirió?

Olivetti: ¡Ya no sé! ¡Esto me huele a trampa!

(Entra el mozo cargado con cosas de limpieza.)

Olivetti: ¡El mozo!

Obligado: ¡Me había olvidado de él!

Olivetti: ¡Esconda, esconda!

Obligado: ¡Usted guarde una!

Olivetti: ¡Usted tenga la otra! (El mozo se acerca a ellos. Siempre lo mira y habla a Olivetti.) 

Mozo: Tengo que pasar el lampazo. Así que voy a levantar las mesas.

(Largo silencio.)

Mozo: ¿Y? (Pausa breve.)

Olivetti: ¿No podría empezar por otra mesa? Están todas vacías.

(Largo silencio.)

Mozo: Bue... está bien. (Se aleja con mirada amenazante, disconforme y empieza a limpiar por otro lado.)

Obligado (Secreteando.): ¡El mozo nos acosa, Olivetti!, ¡el tiempo apremia!, ¡nos vienen a buscar!, ¡tenemos las armas!, ¡hay que hacer algo!

Olivetti: ¡¿Qué?!

Obligado: ¡No sé! (Pausa. Cambio.) Mientras nos dormimos tuve una pesadilla, ¡horrible!

Olivetti: ¡Yo también!

Obligado: ¿No me diga?

Olivetti: ¡Cuente!

Obligado: Soñé que me despertaba. Y escribía la vida del que escribe su vida. Yo era muy rico. Tenía mucho tiempo libre para escribir esa vida. Y él era muy pobre. Y yo al final lo mataba a él. Por piedad. Y él a usted. Por misericordia. Y usted... ¡Y ahí me desperté!, ¡con esos ataques que usted ha visto que me agarran! Es lo único que me acuerdo.

Olivetti: Yo, en cambio, soñé que me despertaba... para seguir soñando.

Obligado: Como yo.

Olivetti: No es lo mismo. Yo pude soñar lo único que se debe vivir, obligado, pero que nunca se puede apreciar en sueños: la muerte. En el sueño, había sido condenado a muerte, por algo que yo no sabía qué era, pero también me sabía absolutamente inocente ¡Cuando estaban por inyectarme la muerte!, ¡una muerte demasiado preparada, demasiado ambientada, un lugar cómodo, acolchado, mullido, con música armoniosa, con colores lindos, leves, gratos ante mis ojos; ¡una muerte única como para negarse!, ¡de pronto, sentí que mi cabeza se precipitaba a la sima, a la nada, a la noche definitiva!, ¡y ahí, según parece, me desperté! ¡Y en realidad era usted!, ¡que con sus ataques, me había sacado el apoyo de la cabeza!

Obligado: ¡Qué se yo lo que usted sueña!

Olivetti: ¿Sabe?, una de las pocas cosas que nunca pude controlar en usted fueron sus sueños. Pude verlos. Pude presenciarlos, ahí, estar ahí, como escenas vivas. (Pausa breve.) Caminé dormido en el medio de sus sueños. Pero jamás pude manejarlos a mi antojo. Ni cuando era testigo, ni cuando era personaje de sus sueños.  

Mozo (Interrumpiendo.): Ya terminé con las otras mesas ¡Vamos! A comer y a irse. Invita la casa. Pero... hay que irse. (Arroja sobre la mesa un sándwich paupérrimo y barato. Mira a Olivetti y viceversa. Largo silencio. Se aleja.)

Obligado: ¿Qué le pasa al mozo?

Olivetti: No sé. 

Obligado: Está... raro, cada vez más... raro.

Olivetti: ¿Quiere que nos vayamos? 

Obligado: ¿Yo?, ¡no! ¿Usted sí?

Olivetti: No, yo tampoco. El mozo.

Obligado: Sí. Pero desde hace... rato. Desde que usted llegó ¿O desde que llegué yo? No sé. Ya no me acuerdo. (Silencio.)

Olivetti: ¿Le parece?

Obligado: Claro. (Silencio.)

Olivetti: El mozo quiere echarnos.

Obligado: Se fue la tormenta.

Olivetti: Sí, no llueve más.

Obligado: ¡Y no viene nadie a ayudarnos! ¿Qué hacemos?

Olivetti: ¡Déjeme pensar!

Obligado: ¡Hay que trabar la puerta y las ventanas!

Olivetti: ¿Y el mozo?

Obligado: ¡No sé! ¡Qué se yo! (Pausa. Cambio.) Oiga, Olivetti, si... hay que salir... eh... mire, éste... ¿Usted todavía piensa que... yo... que yo... soy...? (Pausa breve.) ¡Quién es usted para decirme puto!

Olivetti: Mire... eh... no sé, ¡ahora usted es libre!

Obligado: Yo quiero pedirle algo. Una sola cosa. Chiquita. Nada más. Es un favor. Si nos van a matar, o por lo menos a mí me van a matar seguro, le pido que no renuncie.

Olivetti: ¡No puedo!, ¡ya lo hice!, ¿volver atrás una cosa así?

Obligado: Por un ratito, nada más.

Olivetti: ¿Para qué?

Obligado: Necesito que me escriba algo corto. Sólo eso.

Olivetti: ¿De qué?

Obligado: ¿Se acuerda cuando yo era pibe? ¿En mi barrio?

Olivetti: ¡Claro!, ¿cómo no me voy a acordar?

Obligado: Bueno, había un chico, yo jugaba con él, ¿se acuerda?

Olivetti: ¿Cuál?, ¿Cuál de todos?, ¡Vaya al grano!

Obligado: Jugamos a la hora de la siesta. En mi pieza. Jugábamos siempre. Teníamos un secreto, ¿se acuerda? Jugábamos a... a... a las... muñecas. Pero esto no lo sabe nadie. ¡Bah!, nadie. Él y su guionista, me imagino, y usted también, obvio, y yo. Nadie más. De paso le digo que hoy  me parece muy original la idea, ésa de jugar a las muñecas. Un poco fuerte, pero... bueno... en fin... No sé de quién habrá sido, ¿del guionista de él o suya?

Olivetti: No. Mía... esteee... ¡de los dos!, ¡de los dos para ser justo!

Obligado: Se mudó y no lo vi más.

Olivetti: Lo quiere volver a ver. (Silencio.) ¿Por qué? (Silencio.) Nunca lo pudo olvidar, ¿no es así? (Silencio.)

Obligado: ¡Vamos!, ¡Olivetti!

Olivetti: Todavía está enamorado, ¿no?

Obligado: Va a escribirme, ¿sí o no? (Pausa.) ¿Se siente culpable? No escriba.

Olivetti: No... ¡no puedo!, ¡rompí las reglas, vine a renunciar, lo logré, renuncié, lo hice libre a usted!, ¡hice todo esto!, ¡y usted quiere que vuelva a escribir!, ¡quiere que vuelva a las reglas! ¡no puede ser!

Obligado: Un ratito, no más. Una cosita cortita. Hágame el favor. Haga algo bueno por mí. Se lo pido por favor.

Olivetti: ¡No puedo Obligado, ¡no insista!, ¡se lo pido yo por favor!, ¡no insista más!

Obligado: La verdad es que usted no me ayuda en nada. Se nota que está en una crisis. Está en la transición. Como yo. No tiene texto.

Olivetti: ¡Eso no es culpa mía!

Obligado: Igual, no le creo. El problema debe ser otro. Usted no me lo quiere decir. Digameló. Usted puede pero no quiere, ¿no?

Olivetti: ¡No!, ¡no puedo, no puedo... escribir más!, ¡no me sale nada!, ¡Yo! estoy vacío, ¡hueco!, soy como una cabeza sin cerebro!, ¡tengo el mate lavado! ¡estoy mudo!, ¡no tengo lengua! ¡no tengo nada para decir!, mi lápiz está gastado y regastado!, ¡no tiene mina! ¡tengo los dedos congelados!, ¡me tiemblan frente a las teclas!, ¡los pongo encima del teclado y me quema el frío!, ¡me pasé días y días y nada!, ¡por eso dejé de escribir su vida!, ¡ésa es la verdad, carajo! (Olivetti llora.) 

Obligado: ¡Usted puede! ¡Acá mismo demostró la imaginación que tiene!, ¡Usted es una máquina escribiendo! ¡Yo la pasé muy bien!, ¡fui muy feliz! Es cuestión que se siente a escribir. Con paciencia. Tranquilícese. Tiene que concentrarse... en mí. No se enloquezca. Tómese su tiempo. Recupere su memoria, sus emociones, sus vivencias. Usted puede. No hay apuro.

Olivetti: ¡Sí hay apuro!, ¡Y usted lo sabe! (Pausa breve.)

Obligado: Confío en usted. Piense que estoy en sus dedos. (Silencio.)

Olivetti: No... sé...

Obligado: ¡Vamos, Olivetti!, ¡Solamente usted lo puede hacer!, ¡Y lo sabe! ¡Pídame lo que quiera! ¡Lo que necesite yo se lo consigo! (Silencio.)

Olivetti: Necesito... ¡una máquina!

Obligado: ¿Dónde vamos a conseguir una máquina Olivetti?

Olivetti: Cualquiera, boludo.

(Se acerca el mozo.)

Obligado: ¡Viene como una tromba! ¿Qué quiere ahora?

Mozo: ¡Se acabó!, ¡vamos!, ¡tienen que irse!, ¡los dos! ¿Por qué no se van? ¿Por qué carajo no se van? (Señala el sándwich intacto.) ¿No les gustó? Me lo llevo. ¡No les cobro nada! ¡No me deben nada! ¡Váyanse ya! (Olivetti se para. Después Obligado.)

Obligado: Nos habló a los dos. (Olivetti lo mira a Obligado. Luego al mozo.)

Olivetti: No nos vamos nada.

Mozo: ¿Cómo?

Obligado: Olivetti, ¿qué dice?

Mozo: ¡Ah!, ¿sí? (Lo agarra a Olivetti de la solapa. Tironean y empujones entre el mozo y ellos dos. Olivetti saca el arma. El mozo se aparta.) 

Olivetti: Le dije que no nos vamos nada.

Obligado: ¡Cuidado, Olivetti, están cargadas!

Olivetti (Al mozo.): ¡Vamos!, ¡camine para atrás!, ¡lentamente!, ¡con cuidado!, ¡hacia el mostrador!

(El mozo hace caso. Llegan hasta detrás del mostrador.)

Olivetti: ¿Dónde tiene las llaves de la puerta?

Mozo: Ahí, debajo del cajón.

(Olivetti busca. Se detiene abruptamente ante algo que encontró. Se levanta sacando una máquina de escribir de atrás del mostrador. Silencio.)

Olivetti (Al mozo): ¿Y esto?, ¿qué hace acá?

(Pausa.)

Mozo: La dejó un hombre acá en el bar. Estaba sentado en la mesa que están ustedes. Se fue un segundo antes que llegara usted (Lo señala a Obligado. Silencio.)

(Olivetti saca hojas blancas para escribir a máquina.)

Olivetti: ¿Y esto también lo dejó él?

Mozo: Sí, dejó todo. (Olivetti saca un corrector para máquina de escribir.)

Olivetti: Y el corrector también.

Mozo: Ya le dije, todo. Se fue de golpe. Corriendo. Sin pagar. Tenía una cara de espanto increíble.

Obligado: ¡No le crea!, ¡es un mentiroso!, ¡debe ser un traidor!

(Olivetti sigue buscando algo más. Saca unas hojas blancas escritas a máquina. Lee.) 

Olivetti: ¿Teatro? ¡Y tiene título de cuento! ¡Qué espantoso! ¿Quién puede todavía hoy escribir teatro? (Saca las llaves y se las tira a Obligado.) ¡Cierre la puerta y trabe las ventanas!, ¡Vamos!, ¡rápido!, ¡no hay tiempo!

Mozo: ¡Salgan de acá! ¡Miren... yo... háganme caso!

Olivetti: ¡Basta, cállese de una buena vez! (Le da un golpe con el arma.)

Obligado: ¡Lo mató!

Olivetti: ¡Venga para acá, Obligado!, ¡ayúdeme a llevar estas cosas a la mesa!

(Llevan todo a la mesa. Olivetti se sienta frente a la máquina mirando hacia la ventana de la calle.)

Obligado: ¡Todo listo, Olivetti!, ¡estoy en sus…! (Obligado empieza con los movimientos convulsivos, sincopados y estertóreos de todo su cuerpo.)

Olivetti: ¡Otra vez!

Obligado: ¡Ayúdeme, Olivetti!

(Olivetti se para y va hasta Obligado.)

Olivetti: ¡Justo ahora!

(Los movimientos son cada vez más exagerados y exacerbados.)

Obligado: ¡Golpéeme!, ¡Golpéeme!

(Olivetti lo golpea en la cabeza. Obligado no se detiene. Cada vez más movimientos y más desesperados. Obligado se empieza a derrumbar, como si se desarmara.)

Obligado: ¡Más fuerte!, ¡más fuerte!

(Olivetti le aplica puñetazos, le da patadas. Obligado cae al suelo y continúa. Olivetti sigue. Cada vez es peor.)

Olivetti: ¡No hay caso!, ¡es inútil!

Obligado: ¡Escriba, Olivetti, escriba!, ¡Vaya y empiece a escribir de una vez!

(Olivetti corre a la máquina. Se sienta. Pone una hoja en blanco. Corre el carro de la máquina al principio. Pone las manos sobre el teclado.

Olivetti: ¡No puedo, Obligado!, ¡No puedo!, ¡No me sale nada!

(Obligado continúa con sus sacudones y le empieza a costar hablar.) 

Obligado: ¡Vamos... Olivetti... carajo!, ¡usted puede!, ¡yo... sé que... puede!, ¡ya lo... demostró!, ¡concéntrese!, ¡usted... me puede... ayudar!

(Olivetti intenta concentrarse de nuevo. Cierra los ojos. Los abre. Imprime una letra en la hoja. Y a partir de allí, los movimientos de Obligado van a ir cesando poco a poco. Y Olivetti luego imprime otra. Y otra. Y otra.)

Olivetti: ¡Ahora necesito que usted se concentre!, ¡Relájese lo más que pueda!, ¡lo voy a ir leyendo en voz alta!, ¡cierre los ojos!, ¡escuche bien! 

(Obligado cierra los ojos. Continúa con sus movimientos que se atenuaron apenas.) 

Obligado: ¡Sí!, ¡apúrese!

(Olivetti empieza a escribir y va leyendo.) 

Olivetti: A pesar de una lluvia, que insiste tenazmente en inundar la ciudad de las lágrimas, un día gélido como el azul y la palabra, donde el invierno inverna en su cueva de cemento, una mañana de domingo donde todos los días amanecen domingo, y el arrabal oculta lo vital a un rayo de luz en la calle vacía y basureada, la consumación del amor mitad estético, mitad niñez, mitad pasión, está por concretarse en el encuentro de los personajes con su historia de pieza, de muñecas y de barrio. ¡Le gusta, Obligado!, ¡Lo empieza a ver!

(Obligado esboza una suave sonrisa, pero todavía sigue con sus ataques.) 

Obligado: ¡Siga!, ¡siga, Olivetti!, ¡siga!

Olivetti: Un muchacho, al que el colectivo dejó más bien lejos de la parada, lejos de su casa, y más lejos de su infancia, confundido en esa idea de venir hasta aquí para no encontrarse con nadie, y sin saber siquiera que tiene un anhelo de encontrarse con alguien, camina hacia la esquina, que siempre es poco para un encuentro. La juventud, edad plena del espíritu, que irradia en blanca tez, no disfraza su barba infante; y el trajecito corto, de mangas y pobreza, acomoda y acomoda con preocupación de iniciado ¿Lo ve, Obligado? ¡Yo lo veo!

(Los movimientos de Obligado van desapareciendo. Su sonrisa crece.)

Obligado: ¡Claro que lo veo! ¡Siga, carajo!

Olivetti: Sus zapatos, que una pomada mágica revivió del armario, se sacuden inquietos a la espera, dejando entrever unas medias cortas y unas piernas blancas. El chalequito no es menos corto, ni hace juego con el traje, ni menos gracia tiene, que la camisa, punta en cuello, ballenita debajo y traslucida en blanco. Cara de frío y primavera en los cachetes, sonríe rebosante de desconcierto y deseo. No sabe qué hacer con sus manos, con el frío y con las flores, que zarandea de aquí para allá; baja el ramo porque llega la vergüenza y el tiempo que apenas pasa, dobla la otra esquina, también desierta.                        

(Cesaron los sacudones de Obligado y ahora ríe ampliamente. Comienza a pararse.)

Obligado: ¡Es él!, ¡es él!, ¡lo veo!, ¡ahí!, ¡déjeme ir a verlo!

Olivetti: ¡No abra los ojos, Obligado!, ¡Acérquese a la ventana lentamente! ¡Y siga escuchando!

(Obligado se acerca a la ventana con los ojos cerrados.)

Obligado: ¡Cómo usted diga!, ¡pero continúe!

Olivetti: ¡En un portal, se protege del gris y del clima!, ¡la mañana esta cubierta por las nubes de la noche!, ¡pero el joven aguarda el día!, ¡no se cuestiona la espera, él, que cree que no espera a nadie y va recibirlo todo! (Obligado llega a la ventana y apoya su nariz contra el vidrio con los ojos cerrados.) ¡No sabe que es tan libre que puede esperar, quieto y feliz, como espera! ¡no sabe a quién espera ni le importa! (Olivetti exaltado se desprende de la máquina pero continúa hablando. Se acerca a Obligado y le sigue hablando. Luego cerca del oído.) ¡No sabe que le espera su amor!, ¡su amor, Obligado!, ¡el amor de la infancia!, ¡de toda la vida!, ¡un amor que ahora es libre!, ¡como libre es su dueño!, ¡ahí lo espera, Obligado, ahí en la esquina!, ¡no espere más!, ¡abra los ojos! ¡Vea!

(Obligado abre los ojos lentamente frente a la ventana. Sus ojos se hacen grandes y su rostro reboza de felicidad.)

Obligado: ¡Es él!, ¡ahí está!, ¡es él!, ¡igual que siempre!, ¡igualito como yo lo imaginaba!, ¡mírelo, es hermoso!

(Olivetti observa la ventana por primera vez. Su cara se transforma hacia el asombro absoluto y la perplejidad. No le salen palabras.)

Olivetti: ¡El... el... el pibe... está ahí...!

Obligado: ¡Voy a salir, Olivetti! ¡Lo voy a buscar! ¡Me voy! ¡Me voy!, ¿entiende eso?

Olivetti: ¡Vaya, vaya! ¡Corra!

(Obligado saca el arma y se la tira suavemente a Olivetti.) 

Olivetti: Obligado, me alegra decirle hasta nunca.

(Obligado sale corriendo. Olivetti sigue sus movimientos por la ventana.)  

Olivetti (Habla para sí.): ¡Y Obligado salió corriendo del lugar!, ¡eufórico de contento!, ¡al encuentro de su vida!, ¡al encuentro de su amor!, ¡libres, los dos!

(El mozo comienza a despertarse lentamente con dolor de cabeza. Se empieza a escuchar el sonido de un motor a lo lejos. El ruido se acerca. Olivetti sigue los movimientos de Obligado por la ventana.)

Olivetti: No corra, Obligado. No corra así. Fíjese al cruzar. Cuidado. ¡No, ahora no, deténgase! ¡Obligado, cuidado! ¡No... no cruce!, ¡se lo prohibo!, ¡soy su guionista! ¡no cruce!, ¡mire, mire el camión! ¡no, carajo!, ¡mire!, ¡no!, ¡el camión!, ¡nooooooo!

(Se escucha un gran estruendo de ruido de camión que pasa cerca de la ventana y oscurece por un momento el escenario. Luego el mozo se levanta y observa a Olivetti y viceversa.)

 

Se produce una cristalización, una suspensión del tiempo en la escena. Escenario a media luz. El mozo levanta las cosas de la mesa y las pone detrás del mostrador. Se saca su ropa y abajo ya tiene la ropa igual a la de Olivetti. Olivetti busca un lugar y comienza a llenar una boleta de juego. El mozo sale por la puerta del bar.

Suben las luces. Entra el mozo.

 

Mozo: Buenas noches.

Olivetti: Buenas...

Mozo: ¿Llenando la boleta del Loto?, ¿eh? Disculpe que lo moleste.

Olivetti: ¿A mí?

Mozo: Sí.

Olivetti: Dígame.

Mozo: Usted no me conoce. Yo sí.

    (Empiezan a bajar las luces poco a poco.)

Olivetti: Ah.

Mozo: Tengo algo muy importante que decirle.

Olivetti: Diga... lo escucho. 

Mozo: Sé que vino acá a no esperar a nadie.

Olivetti: ¿Cómo?

 (Ellos siguen hablando.)

 

 

 

TELÓN

 

Contacto con el autor: Ernesto Marcos:   ernestomarcos71@hotmail.com

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