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EL HAMLET PERDIDO DE MOLIÈRE

de  Juan Sahagún

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

EL HAMLET PERDIDO DE MOLIÈRE

Juguete escénico

Juan Sahagún

 (Debidamente registrada en INDAUTOR. Cualquier asunto en relación con esta obra favor de comunicarse a juansah@gmail.com )

 

Dramatis personae:

Hamlet

Ofelia

Claudio

Gertrudis

Polonio

Laertes

Horacio

Fantasma

Actor 1

Actor 2

Sepulturero

Voz en off

 

Prólogo

Voz en off.- Sean ustedes bienvenidos. El día de hoy serán testigos de uno de los textos más enigmáticos de la dramaturgia universal: “El Hamlet perdido de Molière”, una de las obras favoritas de Luis XIV, el Rey Sol, y en general del exigente público francés. Fue escrita alrededor de 1670 por Jean-Baptiste Poquelin. Para nuestra fortuna, fue rescatada este año de entre ciertos documentos hallados en una de las bodegas del Palais Royal por un equipo encabezado por la célebre investigadora de la obra de Molière, la Dra. Cécilien de Mons de Lartigue, Presidenta del Institut d’Etudes Littéraires de París. Sin más preámbulos, los invito a ver “El Hamlet perdido de Molière”. Comenzamos.

(Oscuro. Luz. Música. Silencio).

 

Escena I

(El rey Claudio y Polonio).

Polonio.- Mi queridísimo Rey, créame que no tiene nada qué temer.

Claudio.- No, si no temo. Nada más estoy… cómo decirlo podré… un poco arrepentido.

Polonio.- ¡Uy, no! ¡Tampoco diga eso! Ante todo, debe usted tener conciencia de que lo que hizo, lo hizo bien, y lo bien hecho, linda la perfección, y no hay manera de deshacerlo.

Claudio.- Pues… sí.

Polonio.- Y si no lo hubiera hecho usted, lo habría hecho alguien más.

Claudio.- ¿Lo habrías hecho tú?

Polonio.- Bueno… o alguien más.

Claudio.- ¿Tanto se le odiaba?

Polonio.- El reino entero ardía en contra del difunto rey Hamlet.

Claudio.- Es verdad; yo sabía que no era muy querido. Se lo ganó a pulso.

Polonio.- Fueron diversas las atrocidades que cometió y contra mucha gente. No hay súbdito que no haya sufrido sus crueldades, sus tropelías, sus iniquidades…

Claudio.- No fue un ejemplar danés, Polonio.

Polonio.- Todos lo detestaban de manera visceral.

Claudio.- Comenzando por Gertrudis, ahora mi fiel esposa. (Polonio tose). ¿Te pasa algo?

Polonio.- Este clima inclemente que me está haciendo trizas los pulmones.

Claudio.- ¿Pero qué me decías?

Polonio.- Que a su finado hermano, con todo respeto, ya no lo aguantaba nadie en Dinamarca. Y por si fuera poco, a últimas fechas se estaba comportando en extremo belicoso con los reinos vecinos.

Claudio.- Eso es verdad. De la noche a la mañana se tornó irascible con ellos.

Polonio.- Apenas se encontraba con algún rey, de inmediato le declaraba la guerra por quítame estas pajas.

Claudio.- Con lo mucho que dependemos de los reinos vecinos.

Polonio.- Por ejemplo, al monarca germano pretendía declararle la guerra porque, andando aquél de cacería, sus perros se introdujeron en nuestras tierras danesas…

Claudio.- Por cierto, qué hermosos son nuestros campos, ¿verdad?

Polonio.- En efecto, mi Rey.

Claudio.- Prosigue. ¿Qué me decías?

Polonio.- Que el prepotente rey Hamlet se enemistó con ese soberano sólo porque, andando de caza, sus perros cruzaron sin permiso nuestras fronteras y para colmo, mordieron a una campesina de nombre Kristen.

Claudio.- En dónde la mordieron.

Polonio.- En las nalgas.

Claudio.- Quiero decir, en qué lugar del reino.

Polonio.- En la frontera con el reino teutón.

Claudio.- ¡Qué contrariedad!

Polonio.- Para peor, la tal campesina Kristen… era una de las amantes del finado rey.

Claudio.- ¿Otra? Por lo visto no hubo una sola damisela que mi libidinoso hermano no haya dejado sin tocar.

Polonio.- El caso es que el malévolo rey, por situaciones como esta, se hizo de enemigos foráneos por todos los flancos. Actualmente no tenemos un solo amigo en el exterior.

Claudio.- Muy bien. Trataré de acallar mis inquietudes.

Polonio.- Y más ahora que se aproxima gente.

Claudio.- ¿Vienen? Finjamos que nos divertimos. Ríe. ¡Que rías!

(Claudio y Polonio ríen falsamente. Aparecen en escena la reina Gertrudis, Hamlet, Laertes y Ofelia).

Claudio.- Bien amada Gertrudis, esposa mía. Queridísimos Ofelia y Laertes. Y tú, Hamlet, mis ojos se alegran con su grata presencia.

Gertrudis.- Te hemos buscado por todo el castillo.

Claudio.- ¿La razón?

Gertrudis.- ¡La estoy perdiendo!

Claudio.- ¿De tristeza?

Gertrudis.- ¡De alegría! Imagínate: por fin Hamlet ha decidido regresar a estudiar medicina a Wittemberg, y Laertes resolvió quedarse a vivir a lado de su padre Polonio y su hermana Ofelia. Y yo, para festejar esto, he decidido hacer hoy una gran fiesta. ¿No te parece grandioso?

Claudio Y Polonio.- ¡¿Qué?!

Gertrudis.- ¿No les parece exultante?

Claudio.- ¿En serio deseas regresar a la escuela de medicina? Qué sorpresa.

Hamlet.- Mi mamá resolvió por mí. Como siempre.

Claudio.- (Divertido, burlón) ¿Y has aprendido algo? A ver, tómame el pulso…

(Claudio y Gertrudis se divierten con la impericia de Hamlet, que está enojado).

Polonio.- ¿Y tú, Laertes? ¿Me quieres explicar que es eso de que te quedas en Dinamarca?

Laertes.- Me pareció lo mejor. Aquí me siento bien, cerca de la gente que quiero.

Ofelia.- Qué pasa, hermano. ¿Hay algo malo en que te quedes? No entiendo.

Polonio.- A ver, Laertes. Acércate, hijo mío. (Lo lleva aparte. Gertrudis y Claudio continúan el juego con Hamlet).

Laertes.- (Bajo) Dime, amado padre.

Polonio.- (Bajo) ¿Eres tonto o te haces?

Laertes.- (Bajo) No entiendo.

Polonio.- (Bajo) Luego entonces, eres tonto. En este mismo instante te retractas de lo dicho y hoy mismo por la noche te vas del reino, tal y como habíamos quedado.

Laertes.- (Bajo) Pero es que…

Polonio.- (Bajo) ¡Pero es que nada! He dicho. (Regresan con el Rey).

Gertrudis.- ¿Algún problema, noble Polonio?

Polonio.- Ninguno, su Alteza. Sólo que mi hijo estaba un poco confundido con sus decisiones.

Gertrudis.- ¿Es cierto eso, Laertes?

Laertes.- Pues… pues… sí. Ahora ya sé qué es lo que quiero.

Ofelia.- ¿Por qué cambiaste, hermano? (Polonio le da un pellizco) Ay.

Gertrudis.- ¿Y qué es lo que quieres?

Laertes.- (Viendo a Polonio) Pues… deseo con todas mis fuerzas… ir a… ir a… prepararme en las artes de la guerra… un tiempo… a Francia.

Polonio.- Perfecto.

Claudio.- (Silencio) En fin, quiero reiterarles a todos el placer de que hoy estemos juntos y… ah, caray, había algo importante que quería decirles y ya lo olvidé. (A Gertrudis) Te dije que me recordaras. ¿Qué era?

Gertrudis.- Qué barbaridad. Vaya memoria la mía. ¿Qué me dijiste que te recordara? Si hasta yo misma te comenté que era importantísimo. Era… era… era…

Hamlet.- (Molesto) ¿No sería acaso lo de la muerte de mi padre?

Claudio.- (Sonriendo) ¡Ah, claro!

Gertrudis.- (Sonriendo) ¡Es cierto! ¡Cómo se nos fue a olvidar!

Claudio.- Deseo decirles que estoy muy arrepentido…

Polonio.- (Bajo. Alarmado) ¡Majestad!

Claudio.- (Corrigiendo) …muy arrepentido de no haber pedido antes una misa en memoria de nuestro amado rey Hamlet.

Polonio.- (Rápido) Fallecido en circunstancias por demás terribles.

Claudio.- Por lo tanto, los invito a una misa que se celebrará en su honor, hoy por la noche.

Gertrudis.- ¿Y mi fiesta?

Claudio.- (Corrige) Mañana por la noche. Esposa mía, vayamos a los preparativos de la… misa.

(Salen todos menos Hamlet).

Hamlet.- No puede ser. Qué raro. Apenas muere mi padre, mi madre se casa con mi tío y en lugar de guardar el debido luto organiza una fiesta. ¿Acaso está afectada por tan tremenda pérdida? Es posible que busque en el hermano vivo la imagen del marido fallecido. Pobrecita. Es tan buena. Y mi tío también. Los quiero tanto… Tenemos una familia hermosa, llena de armonía. Lástima que ya no esté mi papito para disfrutarla.

(Aparece Horacio).

Horacio.- ¡Hamlet!

Hamlet.- ¡Aahh! ¡Horacio! ¿Eres tú? ¡Pero qué susto me has metido!

Horacio.- Hamlet, el susto me lo llevé yo.

Hamlet.- Pero si tú fuiste el que me espantaste.

Horacio.- Hamlet… tu padre no se ha ido del todo.

Hamlet.- (Dramático) Claro, Horacio. Mi padre vive en el corazón de todos los daneses.

Horacio.- No, príncipe. Yo me refiero a…

Hamlet.- Su muerte nos ha destrozado. Principalmente a mi madre.

Horacio.- Pues yo anoche la vi muy contenta.

Hamlet.- ¿Qué dices?

Horacio.- Este… estoy citando las palabras de tu tío, su nuevo marido.

Hamlet.- Ay, Horacio. Todavía no me acostumbro a eso de que mi tío sea mi padre, el marido de mi madre. ¡Y todo tan rápido!

Horacio.- Es que tu madre es muy rápida.

Hamlet.- ¿Qué dices?

Horacio.- Que… que… que anoche vi una silueta… muy rápida.

Hamlet.- ¿Silueta? De qué me hablas.

Horacio.- Señor… yo pienso que lo vi anoche.

Hamlet.- ¿A mí?

Horacio.- ¡No, a él!

Hamlet.- ¿A quién viste, Horacio? Hablas más enredado que un médico titulado.

Horacio.- Vi… Al fantasma de Hamlet.

Hamlet.- No.

Horacio.- Sí.

Hamlet.- No.

Horacio.- ¡Sí!

Hamlet.- (Pausa) No te creo. Debes haber estado bajo el influjo del vino.

Horacio.- Cómo crees, Hamlet. Tú sabes que a mí el vino no…

Hamlet.- Horacio… te conozco.

Horacio.- Bueno, pero te juro que lo que he visto es verdad.

Hamlet.- ¿En serio? ¿Y lo has visto tú solo?

Horacio.- No. Han estado conmigo dos centinelas: Marcelo y Bernardo.

Hamlet.- ¡Uy! ¿Con esos dos? Entonces deben haber estado ahogados de borrachos.

Horacio.- ¡Te juro que no! Es verdad que nos reunimos algunas noches para beber luego de que yo estuviera con… con una damisela que no vale la pena decir su nombre. Y resulta que justo a la media noche… se nos apareció, por tres sesiones consecutivas… ¡la figura del Rey Hamlet!

Hamlet.- ¿Pero estás seguro de que era él?

Horacio.- Completamente. Tienes que acompañarnos esta noche.

Hamlet.- ¡En lo absoluto! A mí los fantasmas me dan pavor. Te suplico que hoy, cuando lo veas, me lo saludas.

Horacio.- ¡Pero Hamlet, es tu padre! Quizás te quiere decir algo.

Hamlet.- Se los quiere decir a ustedes. Si no, se me hubiera aparecido a mí.

Horacio.- Hamlet… tienes que ir. Es tu deber como hijo.

Hamlet.- ¡Ay! Está bien. Qué terrible sacrificio haré con tal de salir de dudas.

(Salen).

 

Escena II

(Entran Laertes y Ofelia, que berrea).

Ofelia.- ¡No te vayas, hermanito!

Laertes.- No sabes, hermana mía, cuánto me duele el corazón al tener que partir sin ti.

Ofelia.- ¡Pues llévame contigo, Laertitos!

Laertes.- Esa es la intención.

Ofelia.- (Interrumpe el llanto de golpe) Voy por mis cosas.

Laertes.- ¡Espera! No por ahora. Es indispensable que yo arregle ciertos asuntos para que podamos acomodarnos en un reino extranjero mi padre, tú y yo.

Ofelia.- ¿Irnos? ¿De esta tierra tan bella? ¿Qué haremos lejos del sol danés?

Laertes.- Vivir.

Ofelia.- Ay, qué tristes son las despedidas.

(Aparece Polonio).

Polonio.- Laertes, ¿qué esperas que no te vas?

Laertes.- Discúlpame, padre. Deseaba despedirme de Ofelia.

Polonio.- ¿Me quieres decir a qué se debió esa decisión abrupta de que te quedarías en Dinamarca?

Laertes.- Quise causar una confusión entre los reyes para que no sospecharan de nuestro plan.

Polonio.- Bien pensado.

Laertes.- Gracias, padre. La situación es apremiante y debemos actuar con rapidez.

Polonio.- No sabes cómo deseo que estemos lejos de aquí.

Laertes.- Pronto lo lograremos. Te lo juro.

Polonio.- Anda, vete, y si hace falta que regreses, te llamaré de inmediato.

Ofelia.- (Llora) ¡No te vayas, hermanito!

Laertes.- Antes de irme… ¿no podrás darme algún buen consejo?

Polonio.- Claro, hijo mío: ¡salva tu pellejo!

(Lo empuja a la salida. Laertes termina por salir).

Polonio.- ¿Y tú qué me ves?

Ofelia.- Nada. Yo también quisiera que me dieras un buen consejo.

Polonio.- ¿Acerca de qué tema?

Ofelia.- Hamlet.

Polonio.- ¿Qué con él?

Ofelia.- Parece que no le soy indiferente.

Polonio.- Pero es el príncipe.

Ofelia.- (Triste) Así es. Me he dado cuenta de ello. Hay una gran distancia entre él y yo.

Polonio.- (Pensando) Mira, Ofelia, tal vez no sea mala idea dejarle que te plantee sus… intereses. Quizás de alguna manera nos convenga.

Ofelia.- ¿Tú crees? Pero, ¿en qué sentido?

Polonio.- En el económico, ¿cuál otro podría ser?

Ofelia.- Entonces, ¿me das permiso?

Polonio.- Claro. Escúchalo, a ver qué te ofrece. El horno no está para bollos.

Ofelia.- Está bien. Lo haré. (Sale).

Polonio.- Ay, qué niña tan tonta.

(Sale).

 

Escena III

(Torre del castillo. Es de noche. Aparecen Hamlet, muy temeroso, y Horacio).

Hamlet.- ¿Aquí es donde se ha aparecido, Horacio?

Horacio.- Así es, Hamlet.

Hamlet.- Acabo de recordar que tengo algunos asuntos pendientes lejos de aquí. Ahora vuelvo. (Da media vuelta y va a salir. Horacio lo sujeta del brazo).

Horacio.- ¡No te vayas, por Dios!

Hamlet.- No, si no me voy a ir definitivamente. Sólo tengo que resolver un imprevisto. No tardo. (Vuelve a intentar salir).

Horacio.- Esto tiene prioridad.

Hamlet.- Te juro que estaré al pendiente. (Se dirige a la salida, se detiene) Ah, dile que lo quiero. Hasta pronto. (Intenta salir).

Horacio.- No, mi señor. (Va por él y lo sujeta) Estas señales divinas tienen un solo destinatario. ¿O no será que el príncipe Hamlet, heredero directo de la corona de Dinamarca, tiene miedo?

Hamlet.- No es precisamente miedo sino un… cómo denominar esta extraña sensación… una cierta cautela. Así que, sin nada más que aclarar, y deseándote suerte, si es que lo llegas a ver, yo… me voy. (Medio mutis).

Horacio.- ¡Tú te quedas! ¿O prefieres que el pueblo te recuerde como un pusilánime?

Hamlet.- Yo…

Horacio.- En tu lápida, en vez de versos que resalten tu gallardía, estará escrito con letra obscena un mensaje que culminará con un epíteto harto ofensivo que… Dios me guarde el decirlo.

Hamlet.- Este… Creo que mejor esperaré un segundo, por si llegara a venir el… bendito fantasma.

(Se escucha un estruendo. Hamlet y Horacio quedan paralizados. Luego de una pausa, habla Horacio).

Horacio.- ¡Es él! ¡Es él! ¡Mira, Hamlet, qué horrible figura!

Hamlet.- Oye, más respeto. Es mi padre.

Horacio.- (Aterrado) Sí, es él. Creo que te buscan. Yo me voy. (Y sale).

Hamlet.- ¡No te vayas, Horacio! ¡Horacio! (Silencio. Aterrado) ¿Qui… qui… quién eres, intruso?

Fantasma.- (Fuera) Hamleeett…

Hamlet.- ¡Ay, Santo Cielo! ¡Qué terror! ¡Qué voz de ultratumba! ¡Yo me largo!

Fantasma.- (Entra a escena por donde Hamlet iba a salir) Hamleeett… ¿te doy miedo?

Hamlet.- (Con pavor) No, gracias, ya tengo.

Fantasma.- ¡Hamleeett…! (Cotidiano, contento) Ay, hijo mío. No sabes lo divertido que es ser fantasma. Se siente un placer ingente al mirar los rostros pálidos y demudados de los que escuchan mi trémula voz y mi apariencia traslúcida.

Hamlet.- Cómo. ¿Eso te entretiene?

Fantasma.- Muchísimo. Pero vayamos a lo que nos interesa. (Serio) Hamlet… tienes qué vengar mi muerte y detener una tropelía.

Hamlet.- ¿No podrías ser un poco más explícito?

Fantasma.- Tú no lo sabes pero yo… fui asesinado.

Hamlet.- ¿Por?

Fantasma.- Por bruto. Me descuidé.

Hamlet.- No. Quiero decir… ¿por qué te asesinaron? ¿Quién fue?

Fantasma.- Ay, eres un tonto… ¿quién crees que haya sido? ¿Quién ganó con mi muerte?

Hamlet.- No tengo ni idea.

Fantasma.- Hasta que dices algo cierto. Fue mi hermano, tu tío Claudio, con el  único objetivo de usurpar mi trono, hacer negocios con el reino y copular con mi mujer.

Hamlet.- Padre mío… ¿qué es copular?

Fantasma.- Hamlet, pon algo de tu parte. Concéntrate en esto: debes vengar mi muerte.

Hamlet.- Pero, perdón por la pregunta, ¿qué es exactamente lo que me estás pidiendo?

Fantasma.- ¡Piensa!

Hamlet.- Está bien. Supongo que debo preguntar a mi tío Claudio por qué hizo lo que hizo y luego… ¡dejar de dirigirle la palabra!

Fantasma.- ¡No, niño! ¡Tienes que matarlo!

Hamlet.- Estás bromeando, ¿verdad?

Fantasma.- No, Hamlet. Mátalo.

Hamlet.- Este… bueno. Veré cómo le hago. Si quieres, puedes irte. Buenas noches, papá.

Fantasma.- Me voy. ¡Ah, no! Me olvidaba de algo sumamente trascendente.

Hamlet.- ¿Qué es?

Fantasma.- Debes evitar cuanto antes que tu tío, en colusión con tu madre, acaben con lo que queda de Dinamarca.

Hamlet.- No entiendo. ¿Qué pretenden?

Fantasma.- Averígualo exactamente, pero presiento que desean ceder a las presiones ejercidas por reinos del exterior.

Hamlet.- Son demasiadas cosas las que debo hacer.

Fantasma.- Ay, Hamlet. Qué tristeza me das. Ya no soporto estar aquí. No obstante, estaré atento a lo que hagas. Y apúrate. (Sale. Desde afuera, con voz fantasmal). Apúrate, Hamleeeetttt...

Hamlet.- (Para sí) Lo haré. Lo haré.

Horacio.- (Entrando) ¿Se fue?

Hamlet.- Así es.

Horacio.- ¿Y qué te dijo?

Hamlet.- Cosas terribles.

Horacio.- ¿Como cuáles?

Hamlet.- Se divierte siendo fantasma. Y eso no es lo peor.

Horacio.- ¿No?

Hamlet.- No. Debo vengar su muerte, pues fue víctima de nefando crimen perpetrado por su avaricioso hermano y yo debo vengarlo.

Horacio.- Si quieres yo voy y lo mato ahora mismo.

Hamlet.- No. Es mi deber. Sólo que antes debo confirmar que lo que me dijo es verdad. Deberé permanecer en el castillo y, se me ocurre, fingir locura para no levantar sospechas.

Horacio.- Genial idea, Hamlet.

Hamlet.- Ven. Tienes que ayudarme a realizar mi plan.

Horacio.- Está bien. Vayamos… y planeemos. (Salen).

 

Escena IV

(Entran Polonio y Ofelia).

Ofelia.- ¡Padre! ¡Padre mío!

Polonio.- ¿Qué te sucede?

Ofelia.- ¡He visto a un loco!

Polonio.- No hables así del rey. Tenle respeto.

Ofelia.- No me refiero a él. De otro es de quien hablo.

Polonio.- Explícate, por piedad.

Ofelia.- Estaba en mis habitaciones presa de reflexiones acerca de la velocidad a la que el sol da vueltas alrededor de la tierra…

Polonio.- Lo sé. La ciencia siempre te ha atraído sobremanera…

Ofelia.- …cuando en eso se me aparece en el umbral de la puerta él, él, ¡él!, con una expresión…

Polonio.- ¿Pero quién es él?

Ofelia.- ¡Hamlet!

Polonio.- ¿Y qué te dijo? Habrás recordado mis indicaciones. Necesitamos dinero.

Ofelia.- No las he olvidado. Pero no dijo nada. Se quedó de pie en el umbral de mi puerta, demudado, con los ojos entornados, la boca entreabierta y de los labios le pendía un largo hilo de saliva.

Polonio.- Es normal. Siempre ha sido así. ¿Pero hubo algo raro en su conducta?

Ofelia.- De pronto abrió la boca para dejar escapar una frase aterradora.

Polonio.- ¿Cuál?

Ofelia.- Me dijo… “Ofelia, he enloquecido”.

Polonio.- Quizás estaba alardeando.

Ofelia.- Inmediatamente se quitó toda la ropa frente a mí y comenzó a dar maromas por el suelo.

Polonio.- ¡¿Hizo eso?!

Ofelia.- Y luego comenzó jugar con su…

Polonio.- Para, ¡para!

Ofelia.- Como si fuera el badajo de una campana. Y enseguida me obsequió un billete que contiene palabras de amor, que extrajo de su cuerpo, más exactamente del...

Polonio.- ¡Que te calles! Es urgente hablar con el rey. Vayamos con él.

(Polonio jala de la mano a Ofelia y salen de escena).

 

Escena V

(Entran Claudio y Gertrudis).

Gertrudis.- ¡No me reprendas por esas cosas!

Claudio.- Es que no entiendo por qué te quedas hasta deshoras eligiendo mancebos, según tú, para tu guardia personal.

Gertrudis.- Bien lo sabes. No me hagas hablar.

Claudio.- De acuerdo. Nuestro matrimonio no fue por “pasión”, sino por… otras razones. Pero, por favor, trata de ser un poco más discreta.

Gertrudis.- Deja de decir bobadas. Hay cosas más importantes que tratar.

Claudio.- ¿Como cuáles?

Gertrudis.- Como qué deberemos hacer para conseguir más dinero y de manera inmediata

Claudio.- Mañana publicaré un decreto incrementando los impuestos.

Gertrudis.- ¿Cuánto?

Claudio.- Pasarán del quince al veinte por ciento.

Gertrudis.- ¡No! Hubieras aumentado a veinticinco, o treinta de una buena vez.

Claudio.- Bueno… tendré que esperar a fin de año. Si no, podríamos sufrir levantamientos.

Gertrudis.- ¡Pues los reprimes! Te estás viendo demasiado timorato. Hace falta que demuestres tu autoridad mediante algunos torturados y unos cuantos muertitos.

Claudio.- Está bien. Lo haré.

Gertrudis.- Pero eso sí, necesitamos más dinero. Mucho más.

Claudio.- He estado pensando que tal vez podríamos vender algunas de nuestras islas.

Gertrudis.- ¿Comenzar a vender nuestro territorio?

Claudio.- ¿No te parece una excelente idea?

Gertrudis.- De eso no estoy tan segura… Nos quedaríamos sin nada…

(Aparece Polonio llevando de la mano a Ofelia).

Polonio.- Sus Graciosas Majestades, discúlpenme si acaso los distraigo de sus loables ocupaciones en favor de nuestra bien amada y pródiga tierra… pero he de darles una noticia poco agradable.

Claudio.- ¿De qué se trata?

Polonio.- Me acaba de informar mi querida hija Ofelia que Hamlet no está en sus cabales.

Gertrudis.- ¿Y eso qué tiene de nuevo?

Ofelia.- Al parecer ahora sí rebasó todos los límites.

Gertrudis.- Explíquense.

Polonio.- El joven príncipe se introdujo en las habitaciones de mi amada hija y, una vez en su interior…

Claudio.- ¿De qué parte exactamente?

Polonio.- De las habitaciones… Se despojó de toda prenda que vestía y dando volteretas por el piso, comenzó a juguetear con su… con su…

Ofelia.- Menos mal que no es muy largo.

Polonio.- ¡Qué dices, niña!

Ofelia.- Que no es muy largo el suceso. Todo pasó rapidísimo. Mi padre ya va a terminar.

Polonio.- Acto seguido, el príncipe le dio como regalo a mi hija un billete con unas palabras que… no me atrevo a repetir. Prefiero que ustedes juzguen.

(Polonio abre un pañuelo y muestra el papel, que Claudio toma).

Claudio.- Que papel tan raro. Este color debe ser por tratarse de un material muy antiguo.

Polonio.- Me temo que no es esa la razón.

Claudio.- ¿Entonces?

Ofelia.- Es que el papel lo tenía Hamlet incrustado justo en el…

Polonio.- Es mejor que su Alteza vuelva a poner el papel en este pañuelo.

Claudio.- (Lo deja en el pañuelo) Qué asco.

Gertrudis.- Prosigue. ¿Qué detalle tan especial tiene esa carta?

Polonio.- Pues… jamás me imaginé que Hamlet se dirigiera a mi hija en esos términos.

Ofelia.- (Inocente) ¿Pero qué tiene de malo, papá? Son palabras de amor.

Polonio.- Eso crees tú.

Claudio.- A ver. No discutan. Ofelia, hazme el favor de leerla.

Ofelia.- Si su Alteza lo ordena… (Va a tomar el papel).

Polonio.- ¡Pero no lo tomes, niña! (A los reyes). Discúlpenla. Es tan tonta…

Ofelia.- Ahora lo hago. (Lee) “Ay, Ofelia… eres un cruel ser… y me haces decidir… entre el peor dolor y el mejor placer… y si me das a elegir… mi alma aconsejará a mi ser… ¡el mejor placer escoger!”.

Polonio.- ¿Y bien? ¿Qué opinan?

Claudio.- El poema es más bien malo… pero estoy de acuerdo con su hipótesis.

Gertrudis.- ¡Claudio! ¡Cómo dices eso! ¡Es de una obscenidad intolerable! ¡Qué es eso de “el mejor placer es…coger”! ¿Y encima manifestarle eso a una candorosa niña?

Claudio.- (Neutro) Ah, ya entendí.

Ofelia.- A mí no me parece ofensivo.

Polonio.- Calla, niña tonta. Cuando llegues a una edad adecuada ya te podré explicar las perversas intenciones de esas palabras.

Gertrudis.- ¡Qué enojada estoy! Ahora mismo hablamos con Hamlet.

Polonio.- Si me permiten sus Altezas, creo tener una mejor propuesta.

Claudio.- Dila.

Polonio.- Para confirmar lo extremo de su estado recomiendo a sus Majestades esconderse tras esas cortinas y permitirme llevar una conversación con él.

Gertrudis.- Estoy de acuerdo. (A Claudio) Ven. Es fuerza que contemplemos en secreto la escena.

Claudio.- Salgamos. (Salen).

Ofelia.- ¿Y yo qué hago?

Polonio.- Tú irás por él en este mismo instante.

Ofelia.- Voy, amado padre. (Sale).

Polonio.- Mientras tanto, yo esperaré aquí a la llegada del desquiciado príncipe.

(Pausa. Polonio espera. De pronto aparece Ofelia llevando de la mano a Hamlet, disfrazado de cupido –pañal, alitas blancas, aureola, arco y flecha de juguete-).

Ofelia.- Ya está, padre. ¿Y ahora qué hago?

Polonio.- ¡Lárgate a un convento!

Ofelia.- Ay, siempre que te enojas me dices lo mismo. (Sale).

Polonio.- Disculpa la curiosidad… a todo esto… ¿quién eres?

Hamlet.- Eros.

Polonio.- ¿Eres Eros?

Hamlet.- Eso soy. También conocido como Cupido. ¿Y tú?

Polonio.- Yo soy Polonio.

Hamlet.- ¿Te conozco?

Polonio.- (Para sí) Está rematadamente loco. ¡Lo vi nacer! De hecho hubiera podido ser mi hijo. (A Hamlet) Nos estamos conociendo, Eros.

Hamlet.- Y dime algo, ¿estás enamorado?

Polonio.- (Sonriendo apenado) Ah, qué pregunta. Pues podría decirse… ya que no deseo rehuir tu interrogante… que de cierto modo… y para ser absolutamente sinceros… que sí. Estoy enamorado.

Hamlet.- Y responde, Polonio, ¿eres afortunado en el amor?

Polonio.- Perdón, ¿a qué te refieres?

Hamlet.- Mi pregunta es muy clara y sin ambages.

Polonio.- ¿Quieres decir que si soy correspondido?

Hamlet.- Obviamente eso es lo que te pregunté.

Polonio.- Pues… ¿cómo decirlo de la forma más diáfana posible?… Esto… ya colocados en esos terrenos de la confesión… pues no. No soy correspondido.

Hamlet.- ¡Para eso estoy yo, triste Polonio! ¿Te olvidas quién soy? Eros, el dios de la atracción sexual, el amor y la fertilidad. Yo voy a interceder por ti. No te muevas. Ya vuelvo. (Sale. Claudio y Gertrudis se asoman).

Gertrudis.- Mucho me temo que está fuera de sí.

Claudio.- ¿Tú qué piensas, Polonio?

Polonio.- (Para sí) Ojalá haya mucha verdad en sus palabras y me pueda ayudar en mis penas de amor…

Claudio.- ¿Qué dices?

Polonio.- Eh, nada, nada. Ocúltense que ya regresa.

Hamlet.- (Entra, en la mano un vaso con un líquido amarillo) ¿Ves este líquido?

Polonio.- Lo veo.

Hamlet.- ¿Sabes qué es?

Polonio.- Dígalo de inmediato, que me tiene en ascuas, señor.

Hamlet.- Es un elíxir mediante el cual, al tomarlo, tu cuerpo habrá de expeler un aroma tan seductor, que la mujer que amas caerá rendida a tus pies en el acto.

Polonio.- ¿Es verdad lo que me dices?

Hamlet.- Tan cierto como que soy Eros.

Polonio.- Dame acá. (Lo bebe rápidamente)

Hamlet.- ¿Qué me puedes decir del sabor de mi elíxir?

Polonio.- No es desagradable. ¿De qué está hecho?

Hamlet.- Ah, eso es lo de menos. El caso es que funcione y pronto seas retribuido en el amor.

Polonio.- Sabe como a manzanas agrias.

Hamlet.- (Pausa) Te diré la verdad. Son mis fluidos corporales.

Polonio.- ¡¿Qué?!

Hamlet.- Mis orines, para que me entiendas. (Polonio vomita) ¡No lo devuelvas! ¡No hagas eso! Recuerda que soy un dios y el elíxir te servirá para conseguir el amor.

(Suenan trompetas).

Polonio.- Aaahhggg… ¡Qué espanto!

Hamlet.- ¿Y esas trompetas qué anuncian?

Polonio.- La llegada de los actores.

Hamlet.- ¿Actores?

Polonio.- Vienen a representar una pieza teatral en honor a las recientes bodas de sus Altezas.

Hamlet.- Qué interesante. Me urge hablar con el actor principal.

Polonio.- Vaya a hablar con él. Me temo que por ahora no me puedo mover demasiado. Siento que voy de nuevo a… (Náuseas).

Hamlet.- Algo que comiste te habrá caído mal. Que te recuperes pronto. Me despido. Ah, ¡y que seas feliz en el amor! (Hamlet sale. De inmediato entran Claudio y Gertrudis).

Claudio.- No me cabe la menor duda. Hamlet está loco.

Gertrudis.- ¿Y qué crees que debamos resolver?

Claudio.- Por ahora seguir de cerca sus pasos. Si bien existía la posibilidad de que regresara a sus estudios de medicina, por el momento tenemos que retenerlo en Dinamarca. (A Gertrudis) Te espero en nuestras habitaciones. (Sale).

Gertrudis.- ¡Qué extraño! ¿Qué le habrá provocado ese súbito estado de locura delirante?

Polonio.- Su Majestad… Gertrudis… ¿no te llega un delicioso olorcito provocado por mi cuerpo?

(Polonio se le acerca mucho. Gertrudis le da una bofetada).

Gertrudis.- Baboso.

(Gertrudis sale por un lado, Polonio por el otro).

 

Escena VI

(Aparecen Claudio y Ofelia).

Claudio.- ¿Qué tendrá ese inútil?

Ofelia.- Me da pena decirlo… pero creo que… el príncipe Hamlet… enloqueció… porque está prendado de mi inteligencia.

Claudio.- ¿Sabes qué, niña? Vete a un convento.

Ofelia.- Por qué todo el mundo me dice lo mismo.

Claudio.- A ver, Ofelia, seamos sensatos. ¿Cómo podríamos explicar que él se fijara en ti al grado de perder la cordura?

Ofelia.- Pues… porque soy brillantísima.

Claudio.- Ofelia… en serio ayúdame a buscar la verdadera razón. ¿Qué podría ser?

(Entran Gertrudis por un lado y Polonio por el otro).

Gertrudis.- Ya sé que pasa.

Claudio.- Qué.

Gertrudis.- Es más simple de lo que piensas.

Claudio.- No me imagino.

Gertrudis.- Hamlet está fingiendo.

Claudio.- ¿Cómo dices?

Polonio.- ¿De veras?

Ofelia.- No lo creo.

Gertrudis.- Créanme. Se está haciendo el loco. Soy su madre y lo conozco bien.

Ofelia.- Pues lo que hizo en mi presencia fue muy creíble.

Gertrudis.- Es muy tramposo. Haría lo que fuera con tal de no volver a tomar un libro. Se quiere quedar en Dinamarca… ¡porque no quiere estudiar!

Claudio.- ¿Tú crees?

Gertrudis.- Estoy casi segura. Detesta la medicina. Odia estudiar.

Ofelia.- ¿En serio?

Gertrudis.- ¡Claro! Es un romántico. Salió a su padre. Él hubiera querido ser poeta, músico o actor.

Claudio.- Entonces lo único que desea es estar aquí para dedicarse a lo que mejor sabe hacer… nada.

Gertrudis.-  Exactamente. 

Polonio.- ¿Y qué sugieren sus Altezas para confirmarlo?

Gertrudis.- Aunque haya, según él, perdido la cordura, debe recordar cómo comportarse como un médico.

Claudio.- Explícate.

Gertrudis.- Dices, Polonio, que mi Hamlet está interesado en Ofelia, ¿no es así?

Polonio.- Así lo veo. Aunque nunca ha pasado nada entre ellos, ¿verdad Ofelia?

Ofelia.- Por supuesto, padre. Nunca he conocido varón. Aunque hoy le vi a Hamlet el…

Polonio.- Detén, niña. No hacen falta detalles explícitos.

Gertrudis.-  El caso es que, si en verdad, él se preocupa por Ofelia, he de ponerle una pequeña trampa.

Claudio.- ¿Cuál?

Gertrudis.-  Tú, pequeña Ofelia, fingirás que has sufrido un desmayo del cual no te podrás despertar por nada del mundo.

Ofelia.- ¿Como muerta?

Gertrudis.-  Casi. Y tú, Polonio, irás en busca de Hamlet rogándole que la ausculte, haga un diagnóstico y le dé un remedio.

Polonio.- ¿Y si no quiere?

Gertrudis.-  Por más loco que diga estar, tiene que acceder.

Claudio.- ¿Y? No le veo el caso.

Gertrudis.- En cuanto Ofelia ingiera la medicina, habrá de recuperarse como por arte de magia, yo lo felicitaré y lo enviaré de inmediato a Wittemberg a que prosiga sus estudios. He de verlo médico a palos, de ser necesario, así sea lo último que haga en mi vida.

Claudio.- Me parece tiempo perdido.

Gertrudis.-  ¿Por qué?

Claudio.- En cuanto huela la estratagema continuará con su locura fingida.  

Gertrudis.- Se te olvida que soy una madre, y una madre nunca se equivoca. Ofelia, desmáyate.

Ofelia.- ¿Ahora?

Gertrudis.- Ahora. Y recuerda que no puedes reaccionar en lo absoluto. Ni un pestañeo.

Ofelia.- Así lo haré. Ayyy… (Se deja caer en el suelo).

Gertrudis.- Polonio, ve en busca de Hamlet y dile que es de vida o muerte.

Polonio.- Voy volando. (Medio mutis. Regresa y le dice a Gertrudis al oído) ¿De veras no huelo a nada?

Gertrudis.- Lárgate. (Polonio sale).

Claudio.- Oye, entre si son peras o son manzanas, Hamlet tiene que irse, ¿eh?

Gertrudis.- Estoy de acuerdo.

Claudio.- Presiento que nos estorbará para nuestros planes.

Ofelia.- (Abriendo un ojo) ¿Qué planes?

Claudio y Gertrudis.- ¡Desmáyate!

Gertrudis.- Aquí viene. No es conveniente que nos vea. Vamos a escondernos.

Claudio.- ¡Otra vez! ¿No puedo moverme a mi antojo en mi propio castillo?

(Claudio y Gertrudis se esconden. Entra Hamlet, disfrazado de sátiro portando una flauta, seguido de Polonio).

Polonio.- ¡Créeme, Hamlet! ¡La vida de Ofelia pende de un hilo!

Hamlet.- No soy Hamlet.

Polonio.- ¿Y quién eres, por vida de Dios?

Hamlet.- ¿Acaso no lo puedes ver? ¡Soy el dios Pan! Ando por los bosques en busca de los favores de las ninfas.

Polonio.- Me parece bien. Pero ahora tienes que salvarle la vida a mi hija Ofelia. ¡Mírala, está muy grave!

Hamlet.- ¡Válganme los dioses del Olimpo! ¿Qué le sucedió?

Polonio.- No sé. De pronto se desvaneció.

Hamlet.- Necesita un médico.

Polonio.- ¡Tú eres un médico!

Hamlet.- ¿Yo? Es verdad. Remotamente algo puedo recordar al respecto.

(Polonio voltea a ver hacia el lugar donde están escondidos los reyes, que se asoman para asentir como diciendo “todo va bien”. Ofelia levanta la cabeza y abre los ojos, lo que alcanza a detectar Hamlet, sospechando el engaño).

Hamlet.- ¡Claro, ahora lo recuerdo! Soy médico, doctor, galeno. Debo de salvar una vida. Voy a tener que auscultar a la paciente para saber que mal le aqueja.

Polonio.- Haz lo indispensable para salvar a mi tesoro.

Hamlet.- Pondré en práctica todos mis conocimientos, como fiel discípulo de Hipócrates. (Hamlet le empieza tocar procurando hacerle cosquillas). A ver, alma buena, ¿acaso te duele aquí? (Ofelia comienza a resistirse, esforzándose todo lo posible por aguantarse la risa). ¿O te duele de este lado? ¿Será el hígado? ¿O más bien los riñones?

Polonio.- Parece que reacciona.

Ofelia.- Aahhgg… aaahhgg…

Polonio.- Doctor, creo que la paciente está casi curada. No hace falta seguir con el procedimien…

Hamlet.- Creo que el mal está en las costillas. Veamos.

(Ofelia no soporta más y, muerta de risa, se levanta y sale).

Ofelia.- ¡Ja ja ja! ¡No puedo más! ¡No puedo más! (Sale. Hamlet y Polonio quedan un momento en silencio).

Polonio.- (Neutro) Milagro.

Hamlet.- Di a los reyes que los espero en la representación teatral, hoy en la noche. Mientras tanto, seguiré buscando ninfas. Ah, y aconseja a tu hija que se vaya a recluir a un convento. Ahí aprenderá a reír un poco menos. (Sale. Entran los Reyes y se miran con desasosiego. Polonio no sabe qué decir. Salen).

 

Escena VII

(Entran Hamlet, disfrazándose rápido de fraile; luego, Actor 1).

Hamlet.- Ven acá, señor actor, que lo que debo decirte amerita máxima discreción.

Actor 1.- De qué se trata.

Hamlet.- Necesito del auxilio de tus artes histriónicas.

Actor 1.- Todo depende.

Hamlet.- ¿De qué?

Actor 1.- De la paga, por supuesto.

Hamlet.- Por eso no te preocupes. Tengo pleno acceso al erario público.

Actor 1.- No es por desconfiar, pero necesito alguna garantía.

Hamlet.- ¿Por qué la desconfianza?

Actor 1.- De todos es sabido que el reino está quebrado.

Hamlet.- ¿Quién lo dice?

Actor 1.- Todo el pueblo.

Hamlet.- ¿Y qué más se dice?

Actor 1.- Que quienes dirigen nuestras vidas nos tienen podridos. Algo apesta y está completamente podrido en quienes gobiernan Dinamarca.

Hamlet.- (Pausa) Bueno… Olvidémonos un rato de la sucia política y vayamos a lo que nos atañe.

Actor 1.- ¿Y lo de mi paga?

Hamlet.- En cuanto termine esta plática te daré un jugoso adelanto.

Actor 1.- Que conste. ¿Qué es lo que quieres?

Hamlet.- Que incorporen a la obra que presentarán una escena de mi propia invención.

Actor 1.- (Despectivo) Ah, además te crees escritor.

Hamlet.- (Saca una bolsa de dinero) Tendré que hacer algo de inmediato para contentar la boca de este cómico gruñón. Toma. Es una buena cantidad.

(El Actor la abre y medio cuenta).

Actor 1.- Uy, qué poco. Apenas un diez por ciento de lo que te cobraré por el favor.

Hamlet.- De acuerdo. Pero tienes que hacerlo bien. (Saca un papel). Mira, ésta es la escena que quiero que añadan a la obra.

Actor 1.- (Ojeándola) ¿De qué se trata?

Hamlet.- Sé que la representación que traen inicia con una boda.

Actor 1.- Así es. La ceremonia los conmueve sobremanera y los espectadores siempre lloran.

Hamlet.- Lo que yo deseo es que, en vez de eso, la obra inicie con un crimen.

Actor 1.- Ah, además te crees dramaturgo innovador.

Hamlet.- Recuerda que te pagaré muy bien. Haz el favor de leerla.

Actor 1.- (Lee. Luego de una pausa) Ya. Ya.

Hamlet.- ¿Y bien? Qué opinas.

Actor 1.- Tengo que desentrañar.

Hamlet.- ¿Desentrañar qué?

Actor 1.- Lo que dice. Jamás había visto tal calidad de letra. No se entiende casi nada. Tienes letra de doctor.

Hamlet.- ¿Pero qué me dices del sentido?

Actor 1.- A lo que pude entender, es increíble.

Hamlet.- ¿Lo que sucede? ¿Las acciones?

Actor 1.- No. La ortografía. Es terrible. ¿A qué escuela fuiste?

Hamlet.- Olvida la ortografía. Lo que quiero es que se entienda mi propuesta de acción.

Actor 1.- Lo que deseas es fácil de hacer. Un rey dormido, un poco de veneno… ¿Algo más?

Hamlet.- Sí. Es importante que te dé ciertas indicaciones de cómo quiero que sea representada mi escena.

Actor 1.- (Sardónico) ¿Ah, sí?

Hamlet.- Deseo que ustedes impriman a su actuación la mayor de las verdades posible.

Actor 1.- (Apático) Ah.

Hamlet.- Para ello, es necesario que entiendan que el actor, mientras anule su actuación, mejor actor será.

Actor 1.- (Irónico) Ah, no me digas…

Hamlet.- ¡Claro! ¡Es la última teoría de actuación en el mundo moderno!

Actor 1.- (Burlón) Suena lógico: “el máximo actor es el que no actúa”. ¡Impecable!

Hamlet.- (Contento) ¿Te parece?

Actor.- Es decir, que los años enteros que llevo ejercitándome en el arte de la actuación debo tirarlos por la borda porque, además, niñito, te crees maestro de actuación.

Hamlet.- Pues es que yo…

Actor 1.- Date de santos que libremos la representación de una escena que me acabas de dar, en garabatos, cinco minutos antes de la función. Si no te molesta, voy a ensayar. (Sale).

Hamlet.- No entiendo. ¿Por qué se habrá enojado?

(Aparece Horacio).

Horacio.- Príncipe Hamlet, te he buscado por todo el… (Divertido) ¿Y eso? ¿Qué haces disfrazado de fraile dominico?

Hamlet.- Sigo mi plan de fingir demencia.

Horacio.- Ahora qué te propones.

Hamlet.- En cuanto sea de noche se efectuará una función de teatro.

Horacio.- ¿Tengo que asistir?

Hamlet.- Cómo. ¿No puedes?

Horacio.- ¡No me gusta! No hay nada más aburrido que asistir a una representación teatral.

Hamlet.- ¿Entonces no podrás ayudarme?

Horacio.- Si me permites contemplar el patético espectáculo con el auxilio de una buena botella de vino, cuenta conmigo.

Hamlet.- Acepto, pues además no debes dirigir tu mirada hacia la obra, sino hacia el rostro del miserable rey Claudio.

Horacio.- ¿La causa?

Hamlet.- He pedido a los actores que presenten una escena que reproduzca lo que, según el Fantasma de mi padre, es la verdad de los hechos.

Horacio.- ¡Excelente! Voy por mi botella de vino. Hoy voy al teatro. Con tu venia. (Sale)

Hamlet.- ¡Ay, qué horror! ¡Qué feo es ser príncipe! (Sale).

 

ESCENA VIII

(Música. Baile entre Ofelia y Polonio. Al final, aplausos. Entran Hamlet, disfrazado de pirata, seguido de Ofelia, divertida).

Ofelia.- Así que ahora eres pirata.

Hamlet.- Siempre lo he sido, señora.

Ofelia.- ¿Por qué estás haciendo todas estas visiones?

Hamlet.- No te puedo decir ahora, pero por favor, sígueme tratando como loco.

Ofelia.- ¿O sea, que no lo estás del todo?

Hamlet.- A estas alturas, creo que sí.

(Suenan fanfarrias. Aparecen Claudio y Gertrudis, saludan a la corte. Aplausos. Claudio pide silencio con un ademán y habla de pie).

Claudio.- Estimados súbditos: el arte corre por las venas de cada uno de los daneses. Disfrutemos de una buena vez del teatro, que como todos saben, tuvo su origen en la cultura de nuestros antecesores, los primitivos pueblos vikingos. El danés es alegre, festivo, sensible y, por sobre todas las cosas, ama la vida. ¡Que comience el teatro!

(Aplausos. Cambio de luz. Música. Entra Actor 1 con corona de Rey).

Hamlet.- (Bajo, a Ofelia) Qué pasará que no llega Horacio.

Ofelia.- ¿Lo necesitas para algo en especial?

Hamlet.- Necesito que esté atento a las reacciones de… del público.

Ofelia.- ¿Cuál es la causa?

Hamlet.- Es que… yo proporcioné… ciertas ideas para la representación.

Ofelia.- (Cursi) ¡Ay, qué lindo! Eres muy talentoso. No te preocupes. Yo te puedo ayudar. Estaré atenta a cuanto suceda.

Hamlet.- No es lo mismo… pero te lo he de agradecer.  

Actor 1.- (Molesto) Disculpen, ¿podrían avisarnos cuando se les antoje dejar de platicar para poder comenzar la obra?

Hamlet.- Ah, sí, por supuesto. Adelante. Adelante.

Actor 1.- Gracias. (En papel de rey, actuado muy mal). “Oh, qué feliz soy. Hace muchos, muchos años que reino en este reino. Oh, todos me quieren y me aman pues soy un rey generoso, amoroso y bondadoso. Oh, tengo una mujer que me ama. Y también me ama mi pueblo. Oh, las gentes me aman. Ah, y tengo un hijo sumamente inteligente. ¿Qué habría de temer?”.

Hamlet.- (Bajo) Ojalá que mis palabras consigan su objetivo.

Ofelia.- ¿Eso es tuyo? Tienes gran facilidad. Qué interesantes juegos de palabras.

Actor 1.- (Molesto) ¿Puedo continuar?

Hamlet.- Por favor, prosigue.

Actor 1.- (En papel de Rey, evidentemente molesto por las palabras que tiene que decir) “Estoy agotado, cansado y exhausto. Tengo ganas de bostezar. Oh, tengo sueño. Oh. Oh. Dormiré una breve siesta en este apacible jardín”. (Bosteza y se duerme en el acto. Ronca. Entra Actor 2, súbdito).

Actor 2.- (Con mala memoria) “Mi hermano el Rey yace… yace… ya se durmió. Es mi oportunidad. Este… siempre he anhelado… querido… deseado… este…”.

Actor 1.- (Susurra) Ser rey.

Actor 2.- “¡Ser rey! Así que… algo tengo que hacer…”.

Actor 1.- (Susurra) El frasco.

Actor 2.- El frasco… ¿el frasco?

Actor 1.- (Susurra) El frasco.

Actor 2.- (Recordando) “¡Ah, el frasco!”. (Se aproxima a una pierna. Una mano le da un frasco). “Este frasco contiene un poderoso y letal veneno. Lo “vertiré”… lo verteré… lo… lo echaré en el oído de mi hermano el rey para… para…”.

Actor 1.- (Susurra) Para matarme.

Actor 2.- “Para matarme”.

Actor 1.- (Susurra) ¡Para matarme a mí!

Actor 2.- “¡Para matarlo a él!”.

(Luego de una pausa por indecisión, el Actor 2 vierte el veneno en el oído del Actor 1 que, después de un estremecimiento, muere. El Actor 2 ríe a carcajadas muy falsas).

Actor 2.- “¡Ahora yo soy el rey! ¡Ahora habré de desposarme con el trono y sentarme en la reina!”.

Actor 1.- (Susurra) Al revés.

Actor 2.- ¡Sentarme con la reina al revés!

Actor 1.- (Susurra) ¡Salte!

(El Actor 2 comienza a saltar).

Actor 1.- (Susurra) Que te salgas de escena, idiota.

(Música. El Actor 2 sale de escena haciendo genuflexiones).

Claudio.- Luz. ¡Luz!

Polonio.- (Grita) ¿No han oído? ¡El Rey pide luz!

(Más luz. El Rey, furioso, se aproxima a escena, seguido de Gertrudis).

Gertrudis.- ¿Qué te ha puesto de tan mal humor?

Claudio.- La obra, por supuesto.

Gertrudis.- ¿Por qué razón? ¿Te disgustó la historia?

Claudio.- ¡Claro! ¡Es pésima! ¡Me largo a mis habitaciones! (Fanfarrias). ¡Callen esas fanfarrias! (Sale).

Gertrudis.- ¿A quién se le ocurrió presentar esta porquería? (Gertrudis sacude al Actor 1, que permanecía acostado). ¡Te estoy hablando, bestia!

Actor 1.- Perdone su Majestad. Estaba demasiado metido en mi papel.

Gertrudis.- ¿Quién decidió representar esto?

Actor 1.- Todas y cada una de la líneas aquí presentadas hasta ahora… son obra de ese pirata que está sentado ahí. (Señala a Hamlet).

Gertrudis.- (A Hamlet) Te espero en mis habitaciones. Tenemos que hablar. (Medio mutis) ¡Que callen esas fanfarrias! (Sale furiosa. Detrás de ella, Polonio).

Hamlet.- (A Ofelia) ¿Has visto la reacción del Rey cuando se mencionó el veneno?

Ofelia.- Perdón, Hamlet. Me dormí.

Hamlet.- ¡¿Te dormiste?!

Ofelia.- Sólo un segundo. Pero al público le encantó, ¿o no?

(Llega Horacio, borracho)

Horacio.- ¿Me perdí de algo?

Hamlet.- El que se perdió de algo fui yo. No estoy seguro de haber conseguido mi propósito.

Horacio.- Es que… me tomé una copita de vino.

Hamlet.- Enseguida hablamos. Voy a ver a mi mamá. (Sale).

Ofelia.- Aquí te espero.

Horacio.- Te juro que nada más me tomé una copita.

Ofelia.- Aléjate de mí. Borracho.

(Salen).

 

Escena IX

(Entra Claudio, furioso. Se sienta en una mesa. Entra Polonio con una jarra de vino).

Polonio.- La representación teatral fue muy inoportuna. Mire que poner esa escena…

Claudio.- Di a los guardias que, en cuanto la compañía teatral abandone el castillo, los aprehendan, los torturen y los ejecuten quemándolos en aceite hirviendo.

Polonio.- (Preocupado) Hay mujeres y niños.

Claudio.- Tienes razón. Las mujeres y los niños deben ser ejecutados primero.

Polonio.- Correcto, señor.

Claudio.- La reina llamó a Hamlet a su aposento. Procura llegar antes y esconderte para escuchar todo lo que digan, especialmente si hablan de mí.

Polonio.- Como usted ordene.

(Se va Polonio. Aparece Hamlet y observa a distancia prudente).

Claudio.- ¡Ay, siento que me bulle la sangre! ¿Criticarme a mí, luego de que los libré de ese crápula rey llamado Hamlet? ¡Soy el máximo benefactor, desde los tiempos neblinosos del legendario rey Canuto el Grande! ¡Estoy a la altura de Odín! ¡Soy mejor que Thor! ¡A la salud de mí, el gran Claudio!

(Bebe y se recuesta en la mesa. Hamlet se aproxima. Saca un cuchillo).

Hamlet.- El villano duerme. Si he de cobrar venganza, es en este justo instante. Nadie me ve. No habría testigos. ¡Tengo que hacerlo! Será un solo golpe. (Mueve el cuchillo en el aire) Así. ¡Así y así y así y así!

(Aparece el Actor 1).

Actor 1.- ¿Ya me vas a pagar el resto?

Hamlet.- ¡Oh, no! ¿Qué dices?

Actor 1.- Que vengo por el resto de mi salario. ¿O es que ya se te olvidó que sólo me diste el cinco por ciento de lo acordado?

Hamlet.- ¿Cómo se te ocurre pedírmelo precisamente cuando ahora sí estaba a punto de…?

Actor 1.- Tenemos que irnos. Nos pusieron una reprimenda ejemplar.

Hamlet.- ¿Quién?

Actor 1.- Un individuo que dice llamarse Polonio. Tal vez mintió. No creo que alguien pueda llamarse así.

Hamlet.- ¿Podrías esperarme unos instantes? Antes debo…

Actor 1.- No. Dame mi dinero. Ya.

Hamlet.- Ah, cómo eres necio. Espérame aquí. (Medio mutis) Y sostenme esto. (Le da el cuchillo al Actor 1). No tardo. (Sale).

Actor 1.- ¿Quién es el que está sentado allá? Ah, es el maldito rey. ¡No lo creo! ¡Y yo con un cuchillo en la mano! ¡Qué bella oportunidad! Pues bien, haré acopio de valor y le clavaré este fortuito cuchillo en el fondo del corazón. ¡Por San Ginés, allá voy!

(Llega Hamlet, con una bolsa con monedas).

Hamlet.- ¡No, detén! Esa es una labor que sólo me incumbe a mí.

Actor 1.- ¡Déjame hacerlo! ¡Ya se me antojó! ¡Suéltame!

Hamlet.- ¡Que no! ¡Toma tu dinero y lárgate de aquí!

Actor 1.- ¡Permíteme hacerlo y, créeme, no te cobraré un centavo más, pero dame ese placer!

Hamlet.- ¡Devuélveme mi cuchillo!

(No se percatan que Claudio ha llegado a ellos y, aprovechando el descuido, les quita el cuchillo).

Claudio.- A ver, denme ese cuchillo, no se vayan a lastimar. ¿Acaso peleaban?

Hamlet.- No.

Actor 1.- (Simultáneo a Hamlet) Sí.

Claudio.- Qué extraño. Actor, vete ya y únete a tu compañía. Allá afuera les espera una jugosa retribución. (El Actor 1 se va, furioso). Y tú, Hamlet, qué pronto desapareció tu locura.

Hamlet.- (Pausa) ¿Hamlet? ¿Quién es Hamlet?

Claudio.- Yo estoy consumiendo vino… pero creo que tú estás ingiriendo algo mucho más pernicioso. O divertido. Mandrágora, tal vez. Me retiro a dormir. (Sale).

Hamlet.- Esta oportunidad de oro no se me volverá a presentar. Definitivamente soy un inútil.

(Sale).

 

Escena IX

(Aparecen Polonio y Gertrudis).

Polonio.- Yo le recomiendo, si es que me lo permite, que no lo sermonee.

Gertrudis.- ¿No?

Polonio.- No. ¡Péguele! ¡Dele una buena tunda, para que aprenda! Así se educa a un hijo.

Gertrudis.- De niño lo hacía. Pero hoy… tiene más de veinte años.

Polonio.- Así tuviera cuarenta.

Gertrudis.- Es que no sé si me atreva.

Polonio.- Inténtelo y verá.

Gertrudis.- ¿Y si reacciona violento?

Polonio.- Por si acaso, yo voy a esconderme detrás de esa cortina. Si pasa algo malo, saldré a defenderla.

Gertrudis.- De acuerdo.

(Polonio se esconde. Gertrudis se sienta al borde de la cama, a esperar. Aparece Hamlet, vestido para dormir. Queda a cierta distancia de su madre).

Hamlet.- (Bajo. La mirada gacha) Ya vine.

Gertrudis.- No te quedes ahí parado. Ven para acá.

Hamlet.- Aquí estoy bien.

Gertrudis.- Que vengas, te digo.

Hamlet.- Voy. (Se acerca poco a poco).

Gertrudis.- ¿Me quieres explicar por qué hiciste esa tontería?

Hamlet.- ¿Cuál tontería?

Gertrudis.- No te hagas. (Pausa) Hamlet, te estoy hablando.

Hamlet.- Sí, mamá.

Gertrudis.- ¿Por qué hiciste que los cómicos pusieran esa escena?

Hamlet.- ¿Cuál escena?

Gertrudis.- (Amenaza con golpearlo) No me quieras ver la cara. Me estás haciendo enojar…

Hamlet.- Es que no sé de qué me hablas.

Gertrudis.- De la escenita esa del veneno.

Hamlet.- Yo no fui.

Gertrudis.- (Lo jalonea del pelo) ¡Me purga que me digas mentiras!

Hamlet.- ¡Te juro que yo no fui!

Gertrudis.- (Le pega en la cabeza) Dime la verdad. ¡Que me digas la verdad! ¿Acaso yo te enseñé a decir mentiras?

Hamlet.- No, mamá.

Gertrudis.- Eso lo sacaste de tu padre. Dios me castigó al darme ese marido.

Hamlet.- (Entre dientes) Mi tío no es mejor.

Gertrudis.- ¿Qué dijiste? (Lo golpea de nuevo) Habla fuerte.

Hamlet.- Que mi tío no es mejor. Es más, creo… creo que él mató a mi papá.

Gertrudis.- ¡Cómo te atreves a decir esas falsedades! Y si así hubiera sido, a ti no te importa. Era un asunto entre ellos. Cosa de adultos.

Hamlet.- Pero…

Gertrudis.- Pero nada. Vete a dormir y no lo vuelvas a hacer.

Hamlet.- Pero es que… yo tengo la obligación de…

Gertrudis.- ¿De qué? Dilo.

Hamlet.- Pues es que… mi papá se me apareció… y me dijo que…

Gertrudis.- Ay, tú de veras estás loco.

(Polonio tose detrás de la cortina).

Hamlet.- ¿Qué fue eso? ¡Alguien me está espiando!

Gertrudis.- Hamlet, no seas paranoico.

Hamlet.- ¡Sí! Justo detrás de esta cortina. (Toma un jarrón) Este espía amerita un buen castigo. (Con el jarrón golpea a Polonio).

Polonio.- (Fuera) ¡Ay!

Gertrudis.- ¡No seas bruto!

Hamlet.- Veamos quién era. (Lo descubre) ¡Polonio! ¿Qué hacía aquí? ¿Acaso es tu amante?

Gertrudis.- Por supuesto que no. Mira nada cómo lo dejaste. Le sacaste un cuerno exactamente en el centro de la cabeza.

Hamlet.- ¿Respira?

Gertrudis.- Revísalo. Tú eres el médico.

Hamlet.- Está vivo.

Gertrudis.- Llévatelo a su recámara. Y si te preguntan algo, dices que se cayó de las escaleras.

Hamlet.- Sí, mamá.

Gertrudis.- Y si vuelves a decir que estás loco te voy a dar una golpiza que no vas a olvidar en tu vida. ¿Me oíste?

Hamlet.- Sí, ma...

(Hamlet sale del cuarto cabizbajo. Gertrudis se sienta en la cama, enojada).

Gertrudis.- Ay, qué niño. (Sale).

 

Escena X

(Aparece Claudio y luego Gertrudis).

Claudio.- Qué pasó con Hamlet.

Gertrudis.- Me tiene muy disgustada.

Claudio.- Por qué.

Gertrudis.- Hablé con él. Apenas oyó un ruido detrás de las cortinas, y sin siquiera preguntar quién estaba ahí, le propinó tremendo golpe en la cabeza.

Claudio.- Y… quién… ¿quién era?

Gertrudis.- Polonio.

Claudio.- ¿Polonio? Qué raro. ¿Y qué haría ahí, en tus habitaciones?

Gertrudis.- Tú lo enviaste, por supuesto.

Claudio.- ¿Yo? Sería incapaz.

Gertrudis.- Eres incapaz de muchas otras cosas.

Claudio.- Bueno, ¿y lo mató?

Gertrudis.- Casi. Aquí llega Hamlet.

(Entra Hamlet, triste, disfrazado de bufón).

Claudio.- Cómo te sientes, hijo.

Hamlet.- Temo informarles que no soy Hamlet.

Gertrudis.- ¿Ah, no? ¿Y entonces quién eres?

Hamlet.- Un simple bufón.

(Gertrudis le da golpes en la cabeza y le jalonea el pelo).

Gertrudis.- Te lo dije, insensato.

Hamlet.- ¡Ya, por piedad, mamá! Te juro que no estoy de juego.

Claudio.- Te creemos. Lo que sucede es que estamos muy preocupados por ti. Últimamente no te has portado muy bien que digamos.

Hamlet.- No estoy del todo de acuerdo. He cometido errores, pero han sido pequeños en comparación con…

(Se escuchan quejidos. Hamlet se calla. Entra Polonio, con la cabeza vendada).

Polonio.- Aaahh… aahh… Aquí estoy, sus Matesjades. ¿No se les ofrece dana?

Gertrudis.- ¿Cómo te sientes?

Polonio.- Doto gira en derredor y hay un lodor que me martillea por dentro sin cesar. Por fortuna, y a pesar del golpe, aún sigo siendo Ponolio.

Claudio.- ¿Oí bien? ¿Cómo dices que te llamas?

Polonio.- Lonopio, por supuesto. Si no desean nada más, me voy a dormir una siesta. Con merpiso. (Va a salir por un lado, se arrepiente y sale por otro).

Gertrudis.- ¿Ves lo que hiciste?

Hamlet.- No fue mi intención.

Gertrudis.- Nomás eso faltaba. Que lo hubieras hecho deliberadamente.

Hamlet.- Le recetaré una serie de medicamentos que quizás…

Claudio.- Ya no hay tiempo. Es necesario que regreses a Wittenberg.

Gertrudis.- Vete. Y procura volverte un hombre de provecho.

Hamlet.- Está bien. Adiós. (Sale).

Claudio.- Estupendo. Un problema solucionado.

Gertrudis.- Tenemos pendientes.

Claudio.- Cuáles.

Gertrudis.- Urge que consigamos más dinero.

Claudio.- Qué bueno que lo mencionas. Tengo una propuesta y estoy decidido a aprovecharla.

Gertrudis.- Cuéntame.

Claudio.- El rey de la vecina Suecia quiere comprarnos unas islas.

Gertrudis.- ¡No! Ya te dije que impuestos, los que quieras, pero vender territorio, no.

Claudio.- Pero nos quiere comprar cincuenta y tres.

Gertrudis.- Aunque quisiera una sola.

Claudio.- No seas intransigente. Quedarán muchas. Tenemos islas hasta para arrojar para arriba.

Gertrudis.- He dicho que no. Aumenta los impuestos.

Claudio.- (A regañadientes) Está bien. Como tú digas. Lo haré ahora mismo.

(Salen).

 

Escena XI

(Entra Horacio. Luego Gertrudis. Se abrazan intempestivamente. Gertrudis se aleja).

Horacio.- ¿Qué te pasa? ¿Estás enojada?

Gertrudis.- Lo nuestro ya no puede ser.

Horacio.- ¿Por qué?

Gertrudis.- No quiero hablar de eso en este momento. Lo único que te puedo adelantar es que esto se acabó.

Horacio.- ¿Es que ya no me amas?

Gertrudis.- Ay, Horacio. Nunca te he amado. Lo nuestro fue sólo carnal.

Horacio.- ¡Pero yo no soy nada más un cuerpo! También tengo sentimientos.

Gertrudis.- Ya cállate. Y lo que mejor te puedo recomendar es que nos digamos adiós definitivamente y te regreses pronto a Wittenberg.

Horacio.- ¡Siquiera dame una razón!

Gertrudis.- Para que cuides a Hamlet.

Horacio.- ¿Y tú no me podrías cuidar tantito a mí?

Gertrudis.- No. Suficientes problemas tengo con lo que está pasando en este castillo, como para ponerme a hablar de bagatelas. Mejor háblame de Ofelia. ¿Qué pasa con ella?

Horacio.- No lo sé.

Gertrudis.- ¿Qué crees que sucedió?

Horacio.- Quizás le afectó la partida de Hamlet, o el trastorno de Polonio.

Gertrudis.- ¿Y cuáles son los síntomas que manifiesta la niña?

Horacio.- Uno muy singular, que amenaza con perjudicarnos a todos.

Gertrudis.- No te comprendo.

Horacio.- Mejor adviértelo por ti misma. Es ella la que se aproxima.

(Entra Ofelia con un laúd y canta –terriblemente feo-).

Ofelia.- Oh, el amor, el amor, el amor… lo siento como capullo en flor… padezco en mi estómago tal ardor… que tendré que cantar cual ruiseñor… sí, señor, sí señor,  sí señor. (Pausa).

Gertrudis.- Realmente… estoy… anonadada.

Ofelia.- Señora mía, espero que mi dulce canto haya alegrado con creces sus delicados tímpanos.

Gertrudis.- (A Horacio) ¿Es ironía, o de plano no tiene ni idea de lo que hace?

Horacio.- Me temo que lo segundo.

Gertrudis.- (Amable) Querida Ofelia…

Ofelia.- Llámame… ¡Alondra!

Gertrudis.- (Con ira contenida) Querida… Alondra. ¿Me quieres explicar… contar, quiero decir… por qué te ha dado por… el canto?

Ofelia.- ¡Nací para la música! ¡Es más! ¡Aquí lo siento! ¡Ya nace dentro de mí una… una nueva… y hermosísima… canción!

Horacio.- (Bajo) No. Otra vez no.

Gertrudis.- ¿Será peor?

Horacio.- Siempre es peor.

Ofelia.- (Canta)Mi voz jamás habrá de ser parca… Mi sentimiento viajará como por el mar lo hace una barca… Mi canto avasallante todo lo abarca… y lo enmarca… rindiendo tributo a mi tierra… ¡Dinamarca!”.

(Entra Claudio).

Claudio.- ¿Quién está ahorcando a un marranito?

Horacio.- Es Ofelia.

Ofelia.- ¡Alondra!

Claudio.- ¿Es ella la que pega tamaños berridos?

Gertrudis.- Ha enloquecido. Se cree trovadora.

Horacio.- Y no hay manera de callarla.

Claudio.- ¿Y cuál habrá sido el detonador que disparó su afección? ¿Habrá sido el mal que aqueja a Polonio? ¿O la ausencia de Hamlet?

Ofelia.- ¿Qué escucharon mis sufrientes y desairados oídos? ¿Dos nombres de dos hombres que conozco y que me hacen padecer? ¡Cantaré una loa!

Horacio.- Tómense de donde puedan. Aquí viene un fuertísimo temblor de tierra.

Ofelia.- (Canta)Mis ojos están hinchados, los desdichados… De tanto llanto yo me atraganto, y tanto, tanto… Mis dos amores están ausentes, los dos dolientes… Hamlet partió por mar, se fue a estudiar… Y mi padre perdió los sesos, de su cabeza… Ay, qué tristeza. Ay, qué tristeza”.

Claudio.- Qué… qué feo.

Gertrudis.- ¡Es terrible! ¿Qué vamos a hacer?

Claudio.- Hay que internarla en un convento.

Horacio.- Mis maestros recomiendan, para estos casos tan graves, baños de agua helada.

Claudio.- ¿Para nosotros? ¿Para reaccionar?

Horacio.- Olvídelo, su Majestad. No dije nada.

(Aparece Polonio, con la cabeza vendada).

Polonio.- Pido dispulcas, pero quedéme dormido debido a un terrible dolor de zabeca.

Gertrudis.- ¿Y cómo te sientes ahora?

Polonio.- Ferpectamente. Tengo qué inmorfarles algo de vital imporsantia.

Gertrudis.- Dilo pronto, que encima de todo, después, debemos de traducir tus palabras.

Polonio.- Dos son las nocitias. La primera: mi hijo Laerset, está de vuelta, y al parecer muy enodajo.

Claudio.- ¿Comprendiste?

Gertrudis.- Que Laertes viene para acá y está enojado.

Horacio.- ¿Y la segunda?

Polonio.- El prímpice Hamlet también está a punto de renortar.

Horacio.- (Rápido) Que el príncipe Hamlet también viene de regreso.

Claudio.- ¿Es todo, Polonio?

Polonio.- Es doto.

Claudio.- Puedes retirarte a descansar.

Polonio.- Gracias, Su Alzeta. No sé por qué me volvió a doler la zabeca.

Ofelia.- Aunque creo que antes de irnos, si me lo permiten, estas noticias ameritan… ¡otra loa!

Claudio.- Y llévate a tu hija… ¡en el acto!

(Salen Polonio y Ofelia, cantando).

Claudio.- No sé qué me preocupa más: si el regreso de Laertes o la llegada de Hamlet, o las canciones de esta niña, o la forma de hablar de ese viejo.

(Entra Laertes).

Laertes.- Disculpen sus Altezas, pero vengo furibundo.

Gertrudis.- Estimado Laertes, ¿podemos saber la causa de tu ira?

Laertes.- Escuché dos nuevas infaustas.

Gertrudis.- ¿Y cuál es la primera?

Laertes.- Que mi amadísima hermana Ofelia ha muerto ahogada.

Claudio.- (Molesto) Por lo visto el sistema de comunicación del reino va de mal en peor.

Laertes.- ¿Es cierto?

Gertrudis.- Por supuesto que no. Nada más enloqueció.

Laertes.- ¡¿Nada más?!

Horacio.- No mucho. Sólo se cree cantante y está destrozando tímpanos.

Gertrudis.- Al parecer le dañó la ausencia de Hamlet. ¿Y la segunda?

Laertes.- ¡Que Hamlet ha asesinado a mi padre!

Claudio.- ¡Qué horror! En este reino no se puede confiar en nadie.

Laertes.- ¿Es verdad?

Gertrudis.- En lo absoluto. Tu padre está más vivo que nunca.

Horacio.- Aunque un poco… cómo decirlo… diferente.

Laertes.- ¿Cómo es eso?

Gertrudis.- Accidentalmente… Hamlet le dio… un ligero golpe en la cabeza…

Claudio.- …y la consecuencia… es que Polonio tiene ciertos problemitas para hablar.

Laertes.- ¿Me quieren decir, por piedad, que clase de dificultades tiene mi padre para hablar?

Gertrudis.- Es preferible que lo contemples por ti mismo. Vamos con él.

Horacio.- Y con tu hermana. Vayamos.

(Gertrudis y Horacio salen. Claudio retiene del brazo a Laertes y le habla en secreto).

Laertes.- Qué te acontece, Claudio.

Claudio.- Como podrás darte cuenta, el causante de todo este revuelo es Hamlet.

Laertes.- Y qué propones.

Claudio.- Que cobres venganza.

Laertes.- Pues… no veo por qué.

Claudio.- ¡Cómo que no! Por su culpa tu padre dice una costra porosa… y Ofelia amenaza con demoler nuestros oídos con infernales cánticos. ¿Te parece poco?

Laertes.- ¿La verdad? Sí. No veo una razón poderosa para…

Claudio.- Mira, niño: Hamlet está destruyendo a tu familia, así que si te consideras un verdadero hombre es tu deber hacerlo.

Laertes.- Está bien. Sí tú lo dices… ¿Y hasta dónde deseas que llegue mi acto justiciero?

Claudio.- Hasta acabar con él. Matarlo.

Laertes.- ¿Qué dices? ¿Asesinarlo? Con un par de cachetadas tiene.

Claudio.- ¿Qué, no eres un soldado?

Laertes.- Te confieso que soy, siempre he sido, el último de la fila.

Claudio.- Está bien. ¿Aceptarías liarte con él en una simple competencia de esgrima?

Laertes.- Y qué gano si gano.

Claudio.- ¿Te gustaría una isla para ti solo?

Laertes.- No suena mal.

Claudio.- ¿Lo harás?

Laertes.- Sólo porque me lo exige mi lealtad al rey.

Claudio.- Ve a ver a los tuyos. En un momento los alcanzo.

(Laertes sale).

Claudio.- Laertes no sospecha mis intenciones. Ni él ni nadie. Estoy harto de la gente que me rodea y habré de deshacerme de los que me estorban. ¡Acabaré con todos! El Supremo le regaló a Dinamarca riquezas inigualables, de valor incalculable, islas y más islas por los cuatro costados… pero para nuestro infortunio, nos llenó de algo terrible: daneses. (Sale).

 

Escena XII

(Entran Hamlet, seguido por Horacio).

Hamlet.- ¡Mísero de mí! Llevo cinco días sin probar bocado.

Horacio.- Hubiéramos ido primero a palacio para que comieras algo.

Hamlet.- Necesitaba verte ya.

Horacio.- No sé por qué insististe en que nos encontráramos en el panteón.

Hamlet.- Es el mejor lugar para ponerte al tanto de mis pesquisas.

Horacio.- ¿Tan graves son?

Hamlet.- Como para morirse.

Horacio.- Válganos el cielo. Dímelas.

Hamlet.- Claudio está a punto de vender un cúmulo de nuestras islas a un reino vecino y mi madre da trazas de oponerse.

Horacio.- Por cierto, aquí llega ella.

Hamlet.- Le avisé que aquí estaríamos. (Entra Gertrudis) ¡Mamá!

Gertrudis.- ¡Hamlet, qué bueno que llegaste! No debemos perder tiempo.

Horacio.- ¿Y a mí no piensas darme la bienvenida?

Gertrudis.- Tú no te has ido.

Hamlet.- Qué piensas que debemos hacer, ma.

Gertrudis.- Claudio quiere vender cuanta cosa tiene a la mano. 

Horacio.- Tenemos que impedirlo antes de que sea demasiado tarde.

Gertrudis.- Él ha planeado un torneo de esgrima en el que te enfrentarás a Laertes.

Hamlet.- ¿De veras? Pero ni siquiera sé empuñar un bisturí.

Gertrudis.- No te puedes negar. En cuanto termine la contienda, tú irás a saludar al rey y cuando esté distraído, Horacio y yo lo sujetaremos para que le entierres tu espada.

Hamlet.- ¡Pero qué necedad de que asesine a mi tío!

Horacio.- Es por el bien del reino.

Gertrudis.- Ya dije. ¡Es una orden! Tengo qué regresar al castillo. No debo levantar sospechas.

Hamlet.- Adiós, ma.

Horacio.- Hasta luego… (Gertrudis sale). ¡Qué mujer!

Hamlet.- Hay que hacer lo que dijo. Yo seguiré haciéndome pasar por loco.

(Entra un Sepulturero llevando un envoltorio de papel y una calavera que deja a un  lado).

Sepulturero.- ¡Quién vive en este entorno de difuntos!

Horacio.- ¡Gente de bien!

Sepulturero.- Eso habré de comprobarlo.

Horacio.- ¿Tú quién eres?

Sepulturero.- Un viejo y solitario sepulturero que, de tanto tiempo de no hablar con nadie, ha olvidado su nombre.

Horacio.- ¿Y qué tal funciona tu oído?

Sepulturero.- Juro que no alcancé a escuchar nada sobre sus planes en contra del rey.

(Mientras Horacio sujeta del brazo y lleva al Sepulturero a un extremo, Hamlet abre el envoltorio, lo huele, y comienza a comer su contenido).

Horacio.- Habrás de callar o la pasarás muy mal.

Sepulturero.- Nada tienes que temer. Detesto al rey. Llevo trabajando más de cuarenta años en este ingrato lugar y no me pagan desde hace treinta.

Horacio.- ¿Y cómo sobrevives, si no es indiscreción?

Sepulturero.- Eh… este… me ayudan mis familiares.

Horacio.- No mientas. Tú mismo acabas de confesar que estás absolutamente solo.

Sepulturero.- Está bien. Pero no lo digas a nadie.

Horacio.- Lo juro si tú juras no decir nada de nuestros planes contra el rey.

Sepulturero.- Me da un poco de pena… pero… he aprendido a comerciar con los cadáveres, sacarles provecho.

Horacio.- ¡¿Cómo es eso?!

Sepulturero.- (Saca algunos artículos) Sí. Con piel y huesos hago desde aretes y collares, hasta casacas, bolsas y sombreros. Se venden bien.

Horacio.- ¡No lo puedo creer! ¡Qué abominable!

Sepulturero.- No me censures. El hambre es cruel.

Horacio.- No sé qué decirte. (Tomando un objeto) Aunque este collarcito está bellísimo. ¿A cómo lo das?

Sepulturero.- Por tratarse de ti, a veinte.

Horacio.- Ten. (Le da unas monedas). Y qué haces con el resto del cuerpo.

Sepulturero.- Bueno… es un poco… desagradable… preferiría no decirte más.

Horacio.- Dímelo.

Sepulturero.- Pues… he descubierto que la carne… si no ha pasado mucho tiempo y no se ha descompuesto… sabe bastante sabrosa.

Horacio.- ¿Qué dices?

Sepulturero.- Que me la como. No me recrimines, te lo ruego. Sólo así he podido sobrevivir.

Horacio.- Es muy grave lo que me revelas.

Sepulturero.- Prometiste no divulgarlo. Perdóname. Te juro que no lo volveré a hacer. Ahora mismo tiraré la carne que me iba a comer. ¿Dónde la dejé? (Mira a Hamlet). ¡Qué haces con mi comida, desdichado!

Hamlet.- Está sabrosa. ¿Qué es?

Horacio.- ¡Hamlet, ¿qué has hecho?!

Hamlet.- (Sin entender) ¿Qué está mal?

Horacio.- Que este degenerado se come la carne humana.

Hamlet.- No bromees. ¿Qué dices?

Sepulturero.- Que la carne que te estabas comiendo era mi comida.

Horacio.- ¡Era carne humana!

Sepulturero.- Y estaba fresquecita. Era de un bufón que acaba de morir. ¡Mi comida! ¡Mi comida!

Hamlet.- ¡¿Qué dices?! ¡¿Era Yorick?! ¡¿Me estaba comiendo a Yorick?! (Siente nauseas. Toma la calavera). ¡Oh, Yorick, yo te conocí! ¡Y ahora te conozco mejor! (Vomita. Salen).

 

Escena XIII

(Fanfarrias. Coreografía con bailarinas. Entran Claudio, Gertrudis, Ofelia, Horacio y cortesanos. Laertes y Hamlet –disfrazado de pordiosero- se colocan para comenzar la competencia).

Claudio.- Amado pueblo de Dinamarca –paraíso que creó el Altísimo-, queridos todos. Mis ojos se tornan dos fuentes de las que emanan ríos de lágrimas de contento y la razón no es para menos: luego de un breve período de ausencia, dos nobles y leales hijos de Dinamarca han regresado al terruño. Y no sólo eso. Si bien los azares de la vida los había puesto en rencilla, ellos, por voluntad propia, han resuelto como dos leales caballeros que son, solucionar sus diferencias como lo hacen las almas buenas: mediante un aguerrido torneo de esgrima. Hoy es un día de fiesta para Dinamarca. ¡Que empiece la justa! ¡Polonio, trae las espadas!

Polonio.- (Busca, pregunta) ¡Dónde queradon las esdapas!

Claudio.- Polonio… ¡las tienes que encontrar cuanto antes!

Gertrudis.- Sin espadas no podrá haber torneo. ¡Búscalas, inútil! (Polonio sale).

Claudio.- Entre tanto, ustedes, entrañables hijos de Dinamarca, dígnense a estrechar sus manos.

(Hamlet y Laertes lo hacen. Silencio).

Claudio.- Qué… qué… qué momento tan conmovedor, ¿no?

Gertrudis.- Si tú lo dices…

Claudio.- Se me hizo un nudo en la garganta. (Pausa).

Ofelia.- Si quieren, amados reyes, aprovecharé esta súbita pausa para cantar un madrigal que se me acaba de ocurrir. Se intitula “Una riña por la niña”. En honor de Laertes y Hamlet… ¿Comienzo? (Pausa).

Todos.- (Ad lib) No. Qué necesidad. Mejor no. Tal vez otro día, más tranquilos…

Claudio.- En fin. En lo que aparecen las espadas, brindemos. (Claudio lleva una jarra y sirve en la copa de Hamlet). ¿Ésta es tu copa, Hamlet?

Hamlet.- No pienso beber.

Polonio.- (Entrando) ¡Ya! ¡Ya! ¡Albricias! ¡Albricias! ¡Las entoncré! ¡Que comience el norteo!

Gertrudis.- ¡Sí, que comience!

Claudio.- Ahora sí, antes de dar inicio al torneo propongo un brindis. ¡Polonio, dónde está la jarra real! ¡Sírveme!

Polonio.- (Apurado) ¡La raja real! (Polonio le sirve a Claudio)

Claudio.- ¡Y llena las copas de todos! (Polonio sirve y Claudio sonríe satisfecho. Los demás van diciendo “también a mí” y termina por servirles a todos).

Gertrudis.- ¡Salud!

Claudio.- ¡Salud! (Claudio nunca bebe. Todos beben). ¡Que comience la pelea! (Arroja un pañuelo en señal de inicio. Hay gritos. Hamlet y Laertes empiezan a batirse. Paulatinamente los gritos van amainando. Hay bostezos de todos, menos de Claudio y de Hamlet, que ve azorado como, poco a poco, todos se van quedando dormidos. Roncan ruidosamente).

Hamlet.- ¿Me quieres explicar que es todo esto?

Claudio.- No te alarmes. No están muertos.

Hamlet.- ¿No?

Claudio.- Sólo duermen.

Hamlet.- ¿Por qué?

Claudio.- Me adelanté a tu plan.

Hamlet.- ¿Cómo dices?

Claudio.- Supe que intentarías matarme. Los delató un amigo mío.

Hamlet.- Maldito sepulturero.

Claudio.- Es momento de decirnos adiós.

Hamlet.- ¡¿Cómo que te vas?!

Claudio.- Y muy lejos. Ya no soporto estar en este lugar lleno de podredumbre.

Hamlet.- ¿Cómo puedes decir eso de nuestra amada Dinamarca?

Claudio.- Quédate en tu tierra tan querida. Apesta. Te la dejo. Con muchas deudas, claro, que tu madre y tú habrán de resolver.

Hamlet.- ¿Qué quieres decir?

Claudio.- Que ojalá les alcance con lo poco que no he vendido de este país.

Hamlet.- ¡¿Cómo pudiste…?!

Claudio.- ¿Quieres que te diga cómo pude? Míralos. Porque siempre han estado dormidos. Tu padre acabó con la mitad de nuestras riquezas. Yo simplemente hice lo que faltaba por hacer. Y no creas que me siento mal. Esta tierra me repugna. ¡Toda esta gente me repugna!

Hamlet.- ¿No sientes culpa?

Claudio.- (Ríe) Los que amamos la política nunca sentimos culpa. Adiós, príncipe de Dinamarca.

(Claudio sale. Hamlet blande la espada. Intenta avanzar pero no se decide. Silencio. Se oye la voz del Fantasma).

Voz del Fantasma.- Hamleeeett…

Hamlet.- (Llora) No pude, papá. ¡No lo hice! ¡Y estamos completamente arruinados, vacíos, destrozados! ¡Lo perdimos todo! ¡Lo vendió todo! ¡Qué será de nuestra tierra! ¡Qué será de nuestra tierra! Lo demás… es…

(El llanto no le permite continuar. Llora como niño pequeño. Los demás roncan. Música. Oscuro triste).

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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