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EL SECRETO DE ADELAIDA

de  Guillermo Gallego

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica.

 

 

EL SECRETO DE ADELAIDA

 De Guillermo Gallego

 ggallego@30deagosto.com.ar

 LOLA (80 años)

Preferentemente representada por un masculino.

Su postura es bastante encorvada.

 ADELAIDA (55 años)

Hija de Lola.

EMELIA (52 años)

Hija de Lola. Es soltera y vive sola en un departamento en el centro de la ciudad. Viene de visita los domingos.

 BACO (50 años)

Es el almacenero del barrio, dueño de la casa que alquila a Lola.

BENITO (16 años)

Hijo de Adelaida

OLIVIA (35 años)

Enfermera

ADELAIDA (13 años)

EMELIA (10 años)

 

Se desarrolla en el patio interno de una casa de barrio de una ciudad cualquiera.

Salida a un pasillo que da a la calle, y dos puertas que van al interior de la casa. Una mesa pequeña de jardín con dos sillas, plantas de jardín. En algún lugar un porta velas con una vela un tanto consumida.

 

 

PRIMER CUADRO

 

   Diez de la mañana de un domingo de verano. Se oye una música que viene de la calle. De pronto la música cesa y se escucha la voz del locutor anunciando la llegada del circo a la ciudad.

   Aparece Lola intentando encender un cigarrillo, tras ella Benito cruza corriendo la escena, guitarra al hombro, dirigiéndose a la calle, y atropella a Lola que tambalea al borde de caerse.

 

BENITO: ¡Cuidado abuela, cuidado, que llego tarde! DESAPARECE HACIA LA CALLE.

 

LOLA: ¡Epa muchachito!! Siempre acelerado este, se levanta como enchufado a la corriente. SE SIENTA, ENCIENDE UN CIGARRILLO. SE OYE LA MUSICA DEL CIRCO. Circo eran los de antes. Mi amado Jacobo fue parte importante de uno de los más grandes circos de Latinoamérica. GRITANDO HACIA LA CALLE ¡A mi Jacobo lo contrataron para clavar las estacas y lavar los caballos! ¡Mierda se iban a volar las carpas! El Jacobo era robusto, fuerte. ¡Cómo ponía las estacas! Había que verlo para creerlo. Las enterraba con el primer mazazo. ¡Qué hombre! ¡Y cómo les pasaba la esponja enjabonada a los caballos! ¡Con pasión! Era tan apasionado que cuando dormía soñaba con los caballos y me frotaba la espalda a mí. ¡Y hablaba eh!: Tranquila potranquita, tranquila… ahí me daba cuenta que estaba soñando el infeliz. A mi no me decía potranquita, con suerte alguna vez… yegua, así, a lo bruto: ¡Yegua! Nunca supe si lo decía porque estaba caliente o porque tenía ganas de mandarme a la mierda.

 

ADELAIDA: ENTRANDO DE LA CALLE, TRAE UNA BOLSA CON MERCADERÍA. ¡Ya estás fumando mamá! Acabas de levantarte.

 

LOLA: Tempranito empezas a joder. ¡Buen día!

 

ADELAIDA: Buen día. ¿Te olvidas que estás saliendo de una gripe? ¿Querés tomar algo fresco?

 

LOLA: ¿No, gracias?

 

ADELAIDA: ¿Benito se levantó?

 

LOLA: Sí.

 

ADELAIDA: Espero que este pibe me haya acomodado la ropa como le pedí. De lo contrario me va a tener que escuchar. Se la pasa durmiendo. Si hay algo insoportable es el verano. Los muchachitos están a la deriva desde que terminan las clases hasta que empiezan de nuevo. Pero ayudarte con la casa, olvídate.

SACA ALGUNAS COSAS DE LA BOLSA, ENTRE ELLAS UNA BOTELLA DE CERVEZA. Mira, menos mal que me acordé porque no quedaba cerveza, y si llega tu hija, y no hay alcohol, se exaspera. Que le falte una mano pero nunca la cerveza.

 

LOLA: Y bue… salió a tu padre. No como vos, que sos más aburrida que velorio de cura.

 

ADELAIDA: Así está tu hija menor: sola, sin futuro… y a esta altura de su vida no puede pretender un futuro alentador.

 

LOLA: Hablas como si la otra tuviera ochenta años. Es joven, y está sola porque le encanta vivir sola, y lo bien que hace la guacha esa.

 

ADELAIDA: Eso es lo que vos pensas mamá. ¡Está sola porque nadie la soporta! O te pensás que ese tal Gonzalo, la dejó por bonita. ¡No! ¡La dejó por vaga! Para colmo el pobre era de billetera flaca y eso para ella es terrible.

 

LOLA: ¡Mirá que vas a hablar así de tu hermana, che! Justamente conmigo que las parí a las dos y las conozco mejor que nadie. Cada una tiene sus ralladuras y las dos tienen un muerto en el ropero. ¿O no? Bah, el tuyo no está en el ropero, lo mandaste derecho al cajón.

 

ADELAIDA: ¡Mamá, por favor!

 

LOLA: Tenés razón. Se me sale la chaveta cada tanto.

 

ADELAIDA: Ya sabes que no me gusta hablar de eso.

 

LOLA: Si, ya sé. Como que le querés escapar al asunto.

 

ADELAIDA: DE PRONTO SE PONE DE MUY MAL HUMOR ¡No le escapo a nada! ¡Simplemente no me gusta que hablemos de eso! Está terminado. Pero vos te empecinas en tocar el tema cada vez que podés. Te encanta remover la mierda, como si te hiciera feliz verme alterada.

 

LOLA: Estas alteradita ahora. ¿No?

 

ADELAIDA: MUY ENOJADA ¿Encima vas a pretender que no me altere?

 

LOLA: Bueno, tranquilizate que es domingo.

 

ADELAIDA: ¡Ah! Suerte la tuya que podes elegir los días para ponerte de mal humor.

 

LOLA: Si no lo haces te morís.

 

ADELAIDA: Mira vos.

 

LOLA: Lo dijo Bucay en la tele. El gordito de barbita: “hay que saber elegir los estados de ánimo, para cada ocasión”. Sino… te morís. (Adelaida sale nerviosa hacia interiores) Porque todo se empieza a pudrir adentro tuyo. Esas cosas oscuras que pasaron en tu vida, empiezan a fermentar, y te morís nena. SABIENDO QUE YA NO ESTA ¡Y vos tenés muchas cosas oscuras en tu alma, pero una de ellas es muy oscura… mas que oscura es muy negra!

 

BACO: APARECIENDO DE LA CALLE ¡Buen día!

 

LOLA: Hablando de cosas negras.

 

BACO: ¡Negro se le va a poner el día a usted!

 

LOLA: Y entra como pancho por su casa…

 

BACO: ¡Estamos a veintidos doña! ¿Para cuando?

 

LOLA: Ya le dije que ni bien Adelaida cobre esos trabajos le pagábamos.

 

BACO: Me dijo que a mitad de mes…

 

LOLA: Del mes que viene era.

 

BACO: ¿Cómo que del mes que viene? ¡No, no, no, era este mes, y ya pasó la mitad!

 

LOLA: No hay que ser tan ansioso. Lo dice el Bucay… ¿Lo escuchó alguna vez? La ansiedad mata.

 

BACO: ¿Ansioso? ¿Le parece que soy ansioso? ¡Son tres meses de alquiler!

 

LOLA: ¿Tres meses? ¡Cómo pasa el tiempo! ¿No?

 

BACO: ENOJADO Mire, vamos a hacerla corta: o me paga los tres meses ahora, o voy a tener que tomar otras medidas.

 

LOLA: No me amenace que me pongo nerviosa y me ataca.

 

BACO: ¿Quién la ataca?

 

LOLA: ¡El asma me ataca! ¿Usted es tonto? ¿No sabe que me agarra una crisis asmática cuando me ponen nerviosa?

 

BACO: No me venga ahora con la historia del episodio… esta vez no me engaña con el cuento de siempre. Si no me paga ahora mismo voy a recurrir a la fuerza… LOLA COMIENZA UN EPISODIO ASMÁTICO Estoy cansado de tantas excusas… Que Adelaida no cobró, que la jubilación no alcanzó… LOLA ESTA AGITADÍSIMA Y BACO SE ASUSTA ¿Qué le pasa doña? ¿Qué le ocurre?

 

LOLA: Me dió…

 

BACO: ¿Otra vez?

 

LOLA: AGITADA Yo… le dije… que me iba a dar… me atacó el asma…

 

BACO: ¡No puedo creer…!

 

LOLA: ¡Aunque usted… no lo crea… me dio!

 

BACO: ¡Cálmese doña!

 

LOLA: REPUESTA ¡No me diga… doña!

 

BACO: ¿Y cómo quiere que le diga?

 

LOLA: Doña Lola… ATACADA no joda que me ahogooo… hágame un disparo…

 

BACO: ¿Cómo dice?

 

LOLA: ¡Hombre! Me hace… repetir… y me estoy muriendo… un disparo… con el aparato…

 

LE SEÑALA EL AEROSOL. BACO LO AGARRA E INTENTA COLOCARSELO EN LA BOCA. NO PUEDEN COORDINAR LA RESPIRACIÓN Y LA ACCIÓN DEL AEROSOL. AMBOS SE DESESPERAN.

 

BACO: Tranquila… doña Lola… tranquila… abra la boca… respire… no… así no… vamos a destiempo…

 

LOLA: ¿Destiempo? No… puedo… usted no sabe… PARECE QUE ESTUVIERA POR MORIR EXAGERADAMENTE. ¡Me está queriendo… matar! ¡Me quiere matar!

 

BACO: Espere. LLAMA. Adelaida! Adelaida!

 

LOLA: ¡No la llame… que está… re loca!

 

BACO: GESTOS DE ASCO ¡Qué olor!! ¿Qué hizo?

 

LOLA: Son gases… cuando me da… el asma… se escapan…

 

BACO: ¡Por Dios!!! ¡Es un asco!!

 

LOLA: ¡Tenga… consideración…! No ve que… estoy muriendo…

 

BACO: ¡Adelaida, por favor! ¡Venga!

 

LOLA: No la llame… que me reta…

 

BACO: ¡Cómo la va a retar por el asma!

 

LOLA: No por el asma… me reta… por el pedo…

 

BACO: ¡Y claro! ¡Si es un asco!

 

ADELAIDA: APARECE ¿Que pasa? Buen día Baco. VIENDO A LOLA.

¡Mamá! ¿Te dio?

 

LOLA: SEÑALANDO A BACO Si… culpa de… este… que me puso… muy nerviosa…

 

BACO: UN POCO ENOJADO A ver doña…

 

ADELAIDA: ¡Que olor mamá! ¿Otra vez?

 

LOLA SIN HABLAR SEÑALA A BACO CON EL DEDO CULPANDOLO A EL.

 

BACO: ¡Avise doña!

 

ADELAIDA: ¡Es tuyo mamá!

 

LOLA: ¡Basta…! ¿No ven… que me estoy… muriendo?

 

ADELAIDA: Tranquilizate mamá. A BACO Deme el aerosol que yo le hago.

 

LOLA: Si… que se vaya…

 

BACO: Yo me voy doña. Para que se tranquilice. Pero en un ratito vuelvo por ese asunto.

 

LOLA: SE REPONE Hoy es domingo… descanse…

 

BACO: ALTERADO ¡Voy a descansar cuando cobre…! LOLA SE VUELVE A ATACAR.

 

ADELAIDA: Quédese tranquilo que hoy viene Emelia, y arreglamos todo.

 

BACO: (Cambia abruptamente su actitud al escuchar el nombre) Aahh, hoy viene Emelita. ¡Que suerte! Vuelvo en un rato entonces.

 

LOLA: ¡Váyase, asqueroso!

 

ADELAIDA: ¡Mamá! Sé más amable.

 

BACO: Eso es muy difícil para ella. Hasta dentro de un ratito entonces. (Se va)

 

ADELAIDA: Hasta luego.

 

LOLA FINGE SEGUIR AGITADA POR UNOS SEGUNDOS OBSERVANDO SI BACO SE HA IDO.

 

LOLA: ¡Sacame esta porquería que estoy bien!

 

ADELAIDA: ¿Entonces no tenías nada?

 

LOLA: Es que si no me saco al verdulero este de encima me muero de un infarto. ¡Es insoportable!

 

ADELAIDA: Bueno mamá, le debemos tres meses de alquiler… no es para menos, pobre hombre.

 

LOLA: ¡Qué pobre hombre! Si es un baboso. Si por lo menos la estúpida de tu hermana le diera un poco de corte, no nos molestaría más.

 

ADELAIDA: Sabes como es Emelia. ¿Te pensas que le va a interesar este? ¡Ni loca! Si no le ve la billetera gorda, enseguida se lo saca de encima.

 

LOLA: ¡Y claro! Por lo menos no es tonta. Si vive bien es gracias a los novios que ha tenido.

 

ADELAIDA: ¡Lástima que ninguno le aguanta! El que más le duró era buen tipo. Además estaba enamorado, Pedro. ¿Te acordas? Lo trajo a casa una vez.

 

LOLA: Si, el día que casi te lo encarás vos.

 

ADELAIDA: No digas pavadas mamá.

 

LOLA: ¿Pavadas?! ¡Por poco no te meas mirándolo! ¿O no se te pasaron los fideos ese día?

 

ADELAIDA: Bueno, era simpático. Charlamos mucho, es verdad. Que papelón, si, los fideos, claro que me acuerdo.

 

PAUSA.

ADELAIDA ENCIENDE UNA VELA QUE HAY EN EL PORTAVELAS CHIQUITO.

 

LOLA: Dejalo en paz.

 

ADELAIDA: Todos los domingos le enciendo la vela, aunque sea un ratito.

 

LOLA: Pero… ¿Ahora?

 

ADELAIDA: Y bueno, me dieron ganas ahora, no puedo esperar a la tarde.

 

PAUSA

 

LOLA: Nunca vas a decirme ¿Porqué?

 

ADELAIDA: ¿Porqué qué?

 

LOLA: Porqué lo hiciste.

 

ADELAIDA: Te he dicho mil veces que yo no hice nada. Solo que vos no podés entenderlo. ¿Deberías cerrar esa página y dejar que la vida siga?

 

LOLA: Era un hombre bueno…

 

ADELAIDA: Buen padre…

 

LOLA: ¿Y con vos…? ¿No era bueno? Yo nunca vi nada.

 

ADELAIDA: Vos nunca viste nada. Nada de nada… (Sale escapando a la cocina)

 

LOLA QUEDA SOLA, SE ACERCA A LA VELA LA OBSERVA UNOS SEGUNDOS, EN LA PUERTA APARECE OLIVIA. TRAE UN MALETIN DE ENFERMERIA.

 

OLIVIA: ¡Buen día!

 

LOLA: ¡Sonamos! ¿Y a vos quien te trajo hoy? Es domingo.

 

OLIVIA: No importa que sea domingo, lunes o viernes. La inyección se la tiene que dar igual, abuela. Y he sido benévola con usted, en lugar de venir a las ocho, como todos los días, vine casi al mediodía. Para no hacerla madrugar tanto.

 

LOLA: Si querías ser tan buena, no hubieras venido y listo. Además, ya estoy bien. Ni un moquito desde ayer.

 

OLIVIA: Ya se lo dijo el médico, las inyecciones hasta el último día, de lo contrario le puede agarrar una recaída.

 

LOLA: Ya que lo nombraste, te pregunto, a mí no me gustan los chismeríos, pero me contaron que el doctor González, anda saliendo con la señora del concejal Irusta. ¿Es cierto che?

 

OLIVIA: ¡Ay, abuela! ¿Cómo me va a preguntar esas cosas? Yo soy una enfermera con títulos y honores, de esos asuntos no hablo…

 

LOLA: Bue… también dicen que vos y tu marido…

 

OLIVIA: …eeeh para mí algo de cierto hay, porque el Doctor González es muy mujeriego. No digo que sea absolutamente real porque la gente habla sin saber demasiado. Pero… dicen… dicen eh, yo no afirmo nada… dicen que ellos se ven en la casa del concejal, como ella casi siempre está sola, porque el concejal viaja mucho, por esas reuniones que tienen ¿Vió?… entonces parece que se encuentran ahí.

 

LOLA: ¡Qué barbaridad! Con lo bueno que es el concejal Irusta.

 

OLIVIA: Según dicen… yo no sé si será cierto… pero dicen que el siempre lleva una botella de champagne, o a veces bombones. Yo no sé si será cierto… pero lo han visto comprando en “Margot”. ¿Vió? Donde hacen esos bombones tan ricos. Seguro que le lleva los de corazoncitos.

 

LOLA: ¿A vos te llevan de esos?

 

OLIVIA: ¿Eh?... ¿quién me va a llevar bombones a mí?

 

LOLA: No sé… según dicen vos y tu marido…

 

OLIVIA: ¡Bueno basta abuela! Todos los días tiene algo nuevo para preguntar usted.

 

LOLA: Cómo si no te gustara contar a vos.

 

OLIVIA: Ya le dije que yo soy una profesional con honores, así que no me haga hablar de chusmeríos.

 

OLIVIA PREPARA LA JERINGA.

 

LOLA: Entonces ¿lo de tu marido y vos…? ¿Nada que ver?

 

OLIVIA: No sé de qué me habla. Primero me sale con lo del doctor González… al fin y al cabo tendrá sus razones para hacer lo que hace… si es que lo hace… yo no sé si será cierto… además la de Irusta, con esa carita de buenona, ya tiene varios comentarios en contra.

 

LOLA: ¿No me digas? ¿Anduvo con otro?

 

OLIVIA: No, no, yo no confirmo nada, solo que los comentarios andaban.

 

LOLA: ¿Con quién che?

 

OLIVIA: No sé… PAUSA Y COMO LOLA NO HABLA …el de la mueblería… dicen… bueno… decían… vaya a saber. La gente habla tanto de los demás, que una no sabe si creer o no.

 

LOLA: Vos, por las dudas no haces caso a nada…

 

OLIVIA: Yo no. ¿Vió que siempre es mejor no meterse en la vida de los demás?

 

LOLA: Y claro. Por eso yo cuando me dijeron, no hice caso, porque para mí, el doctor González es una excelente persona.

 

OLIVIA: Si, si, ¡claro! Aunque tampoco hay que ser una mala persona para salir con la mujer de otro. Yo sé de muchos casos de gente que una conoce y son intachables… o parecen…

 

LOLA: Si, ya veo que conoces mucho vos…

 

OLIVIA: Es que en esta profesión se conoce a mucha gente vio abuela. Y una entra en tantas casas que a veces escucha cada cosas…

 

LOLA: Y bueno, contame alguna otra…

 

OLIVIA: ¡Abuela! ¿Qué le pasa? Hoy es domingo y casi hora de almorzar, asique a poner la colita que a mí me esperan con un asadito, en mi casa.

 

LOLA: ¿Tu marido?

 

OLIVIA: Si, el cuarto marido…

 

LOLA: ¿El cuarto!? ¡Querida, coleccionas…!

 

OLIVIA: ¿Y qué quiere? He tenido mucha mala suerte con mis hombres. Pero este, estoy segura, es para toda la vida. Deme la cola.

 

LOLA: Vamos a la cama.

 

OLIVIA: Pero no, acá nomás, inclínese sobre la mesa y listo. Es rapidito y no duele.

 

LOLA: ¡A vos no te duele! ¡Sos más bruta! Ya veo porqué los tipos se te van a la mierda enseguida…

 

OLIVIA: No crea. Al primero y al tercero los tuve que rajar yo sino no se iban nunca más de mi vida.

 

(LOLA ESTÁ INCLINADA EN LA MESA CON LA CABEZA MIRANDO AL PUBLICO. OLIVIA LE ENSARTA LA JERINGA Y SE OYE UN QUEJIDO AHOGADO DE LOLA)

 

OLIVIA: No sea quejosa abuela. Ya está. Vió que era rapidito.

 

LOLA: ¡Andate a la mierda querida! Ya no sé si rengueo por la lumbalgia o por los pinchazos tuyos. Ya van como diez, tengo el culo como un colador…

 

OLIVIA: Apenas seis. Le quedan solo dos. Mañana, pasado y terminamos.

 

LOLA: En buena hora.

 

OLIVIA: Bueno, recuerde que mañana vengo a las ocho, como siempre.

 

LOLA: Bueno che.

 

OLIVIA: Hasta mañana. (Sale)

 

LOLA: Chau.

 

LOLA SALE A LA COCINA. DE LA CALLE APARECE BENITO.

 

BENITO: ¡Ni suerte para nada! Yo no sé para que se comprometen si después no aparecen. SE SIENTA Y TOCA LA GUITARRA. OBSERVA LA VELA ENCENDIDA Y SE ACERCA. Tranquilo viejo, tranquilo vos. Vas a ver que ya se me va a dar. Voy a ser un músico grandioso como te prometí. Los estadios se van a llenar para verme tocar y aplaudir hasta el cansancio. ¡Voy a componer las canciones más hermosas que te puedas imaginar, viejo! ¿Te pensas que no? ¿No me tenes fé? ¡Ya vas a ver!

 

APARECE EN LA PUERTA DE CALLE EMELIA. BIEN ARREGLADA. TRAE SOLO UN BOLSITO PERSONAL.

 

EMELIA: Hola Benito.

 

BENITO: ¡Tía Emelia!

 

BENITO APAGA LA VELA. SE SALUDAN CON UN BESO.

 

EMELIA: ¿Hablando con tu padre?

 

BENITO: Y si. Los domingos es costumbre viste tía. Mamá le prende una vela, yo le cuento cosas…

 

EMELIA: Si, si. Ya sé. Un poco raro pero está bien. Si a ustedes les hace bien… ¿Y vos? ¿Cómo vas con la música?

 

BENITO: Bien. Hoy teníamos un ensayo y se suspendió. ¡Pero vamos bien eh! Creo que antes de fin de año, que falta poco, grabamos el demo.

 

EMELIA: Es muy lindo que te guste tanto. La música es sanadora.

 

BENITO: Si tía, escuchar música hace que el cerebro se beneficie de la descarga y catarsis emotiva que se genera durante los procesos creativos, ya que al ser algo abstracto, sortea lo racional y estimula directamente las estructuras cerebrales que regulan las emociones.

 

EMELIA: ATURDIDA. Mirá vos. ¿La abuela está levantada?

 

BENITO: ABSTRAIDO. La música refuerza todas nuestras emociones. Se encauza en nuestro cerebro involucrando muchas áreas que se reclutan en forma coordinada y simultánea. Se ha comprobado que efectivamente la música sana nuestro cuerpo porque las vibraciones sonoras abordan nuestra sensibilidad, primero en la piel, y luego alcanzan músculos, huesos y órganos. ¿Te das cuenta tía?

 

EMELIA: ¡Me alegro Benito! ¿Tu abuela está levantada?

 

SILENCIO.

 

BENITO: REACCIONA. Si, hace un ratito estaba acá, asique debe estar con mamá en la cocina.

 

APARECE ADELAIDA

 

ADELAIDA: ¡Hola Emelia! ¿Cómo estás?

 

EMELIA: ¡Hermanita! ¿Que tal? ¡No veía la hora de que llegue el domingo para verlos!

 

ADELAIDA: ¡No será para tanto!

 

EMELIA: ¡Pero si nena! ¿Te pensas que no los extraño? Para mí, una semana significa mucho tiempo sin ver a la familia.

 

BENITO: Al que se le hace larga también es al del alquiler. Cada vez que voy al almacén me pregunta: “¿viene la tía Emelia el domingo?” Lo tenés muerto tía.

 

ADELAIDA: ¡Otra que muerto! ¡Ese lo que quiere es cobrar el alquiler!

 

EMELIA: Tiene razón Benito Adelaida. Hace unos días me llamó por teléfono, un poco raro… para mí tenía algunas intenciones… me preguntaba cada pavadas…

 

ADELAIDA: Y si es medio tonto, ¿que querés? Hace un rato estuvo y va a venir en cualquier momento. Quiere cobrar. Tres meses le debemos.

 

EMELIA: Bueno, yo me encargo. No pude traer lo que les había prometido… Pero yo me ocuparé de hablar con Baco, hermanita. Por suerte me está yendo muy bien con la perfumería.

 

BENITO: Tía, ¿no me trajiste el perfume? Te acordás que me prometiste…

 

ADELAIDA: ¡Más que perfume lo que te hace falta a vos es jabón!

 

EMELIA: No te lo traje Benito, pero te juro que la semana que viene no te fallo.

 

BENITO AGARRA LA GUITARRA Y SALE A INTERIORES.

 

ADELAIDA: (A Emelia) ¿Tenés ganas de preparar esa salsita que te sale tan rica?

 

EMELIA: ¡Obvio! ¡Vamos! De paso saludo a mamá que estará en la cocina, ¿no?

 

ADELAIDA: No. Está en el baño. Hace un ratito se le aflojó el vientre, y viste que ella cuando va al baño, está dos horas.

 

EMELIA: Siempre igual.

 

SALEN A COCINA

 

OSCURO

 

 

 

SEGUNDO CUADRO

 

SE ESCUCHA UNA MÚSICA DE HACE CUATRO DECADAS. LA LUZ NOS TRASLADA A LA ADOLESCENCIA DE ADELAIDA (13 AÑOS) Y EMELIA (10 AÑOS). ESTÁN JUGANDO AL ELÁSTICO. ADELAIDA SOSTIENE EL ELÀSTICO CON SUS PIERNAS Y DEL OTRO EXTREMO EN LAS PATAS DE UNA SILLA. EMELIA ES QUIEN SALTA.

 

EMELIA: Aunque no me cuentes yo lo sé.

 

ADELAIDA: Callate.

 

EMELIA: Es Raúl.

 

ADELAIDA: Callate, Emelia.

 

EMELIA: Y si te gusta el Raulito.

 

ADELAIDA: Vos no sabes nada.

 

EMELIA: Si que sé. Porque yo ví lo que te escribió en el papelito que tenías.

 

ADELAIDA: Es muy grande.

 

EMELIA: Pero te gusta, y a el también le gustas, sino no te hubiese escrito eso.

 

ADELAIDA: No vayas a decir nada.

 

EMELIA: Si puedo ir con vos a la plaza hoy…

 

ADELAIDA: No podés ir conmigo a la plaza. Papá no quiere…

 

EMELIA: Mentiras, papá no dijo nada.

 

ADELAIDA: Pero yo sé que no quiere. Y vos sos muy chica para ir.

 

EMELIA: Tengo solo dos años menos que vos.

 

ADELAIDA: Tenes diez, y yo tengo trece. Además ¿vos pensás que yo te voy a llevar conmigo otra vez? Después de lo que hiciste la vez pasada delante de todas mis amigas.

 

EMELIA: Entonces si no puedo ir, le voy a decir a papá que vas a ver a Raúl, y que…

 

ADELAIDA: (Enojada, suelta el elástico) ¡Nena! Te conviene no decir nada. Y menos a papá.

 

EMELIA: Le tenés miedo.

 

ADELAIDA: No le tengo miedo.

 

EMELIA: Tenes miedo de que te vuelva a poner en penitencia. A mí nunca me pone en penitencia.

 

ADELAIDA: Porque te quiere. TRISTE El es distinto con vos, ¿viste? Te compra regalos, te lleva a los juegos. A mi una sola vez me llevó… tenía nueve creo… jugó conmigo en todos los juegos. ¡Me compró un Jack! Me acuerdo clarito porque desde esa vez nunca más me compró nada.

 

EMELIA: Porque te portas mal.

 

ADELAIDA: Porque no me porto como a él le gustaría. Por eso me castiga y a veces me pega.

 

EMELIA: Salta vos ahora.

 

ADELAIDA: Ya no tengo más ganas de saltar.

 

EMELIA: Juguemos a la rayuela entonces.

 

ADELAIDA: No quiero jugar más. Sería mejor que me cuentes…

 

EMELIA: ¿Qué querés que te cuente?

 

ADELAIDA: Porqué papá siempre para tu cumpleaños, te compra un vestido nuevo.

 

EMELIA: Porque yo se lo pido. Basta, juguemos…

 

ADELAIDA: Ya te dije que no quiero jugar, quiero que me cuentes.

 

EMELIA: No te importa… mamá también te compra regalos para tus cumpleaños.

 

ADELAIDA: Tenés miedo de contarme y que después papá te castigue.

 

PAUSA

 

EMELIA: Cuando yo sea grande como vos, me voy a ir de casa. PAUSA Ya sé… por eso querés andar con Raulito vos… para casarte y entonces irte de acá.

 

ADELAIDA: Primero, que yo no voy a andar con Raúl, y segundo que no me voy a casar hasta que sea muy grande. Y tercero, yo no me quiero ir de casa.

 

EMELIA: Yo sí.

 

ADELAIDA: ¿Porqué?

 

EMELIA: Porque sí. (Se nota mucha tristeza. Adelaida intenta acercarse y abrazarla. Emelia se aleja como si se asustara)

 

ADELAIDA: Nada más quería abrazarte. ¿Porqué nunca me dejas que te abrace?

 

EMELIA: No me gusta… los novios se abrazan.

 

ADELAIDA: ¡Mentira! Cualquiera puede abrazar a cualquiera.

 

EMELIA: Bueno a mí no me gusta.

 

ADELAIDA: Es lindo que te abracen.

 

EMELIA: Para vos será lindo, para mí es horrible.

 

ADELAIDA: (Muy nerviosa) Horrible es que te peguen. O que te pellizquen fuerte, o que te griten, o que te digan fea, o que te digan que sos tonta…

 

EMELIA: A vos nadie te dice eso.

 

ADELAIDA: A veces si… cuando se enoja. Se pone borracho y dice cosas feas.

 

EMELIA: ¡No digas eso!

 

ADELAIDA: ¿Querés que papá se vaya de casa?

 

EMELIA: …no.

 

ADELAIDA: Yo sí. SEGURA El se va a ir.

 

EMELIA: No podés decir eso… si mamá te escucha se va a enojar…

 

ADELAIDA: No me importa. FIRME Él se va a ir…

 

EMELIA: Yo no quiero que se vaya.

 

ADELAIDA: Pero querés irte vos.

 

EMELIA: Basta. Juguemos.

 

ADELAIDA: Ahora salto yo.

 

EMELIA: Si, te toca.

 

ADELAIDA: Pero antes quiero que me abraces.

 

EMELIA: ¿Para qué?

 

ADELAIDA: Necesito que nos abracemos.

 

EMELIA: Yo no. Es tonto.

 

ADELAIDA: ¡Abrazarse no es tonto, Emelia!

 

EMELIA: Para mí sí. Es muy tonto.

 

 

ADELAIDA COMIENZA A SALTAR EL ELÁSTICO Y LA ESCENA SE OSCURECE LENTAMENTE.

  

 

TERCER CUADRO

 

APARECIENDO DE INTERIORES. EMELIA TRAE UN RAYADOR, UN PLATO Y UN TROZO DE QUESO. SOBRE LA MESA COMIENZA A RAYAR EL QUESO.

 

EMELIA: No sé que te dio por recordar todas esas cosas hoy.

 

ADELAIDA: Todos los días me pasan las imágenes de aquellos tiempos, solo que hoy sentí ganas de recordarlo con vos. Pasaron tantas cosas en todos estos años. Tantos cambios. Y sin embargo hemos hablado tan poco de nuestras vidas. Te siento cada vez más lejos. Sin tiempo como para contarme de tus cosas y yo de las mías.

 

EMELIA: Cuando éramos niñas pasábamos todo el día juntas. Hubo una etapa, creo que cuando comenzaba nuestra adolescencia, que hablábamos un montón, nos contábamos todo.

 

ADELAIDA: Si, hasta las cosas más pequeñas de la escuela.

 

EMELIA: Siempre me contabas de una maestra que era muy mala con vos. Y yo me enojaba. Quería ir a hablar con ella. A preguntarle porqué te maltrataba. ¡Justo yo, que era más chiquita que vos!

 

ADELAIDA: Pero siempre querías cuidarme. Tenías alma protectora.

 

EMELIA: A pesar de que siempre que ibas a la plaza con tus amigas, nunca me dejabas ir. Como me enojaba eso.

 

ADELAIDA: Es que la única vez que viniste conmigo… ¿Te acordás lo que hiciste?

 

EMELIA: Si, no me olvido. ¡Te enojaste tanto!

 

ADELAIDA: ¡Nena! ¡Te pusiste a hacer pis detrás de una planta! ¡Mis amigas me querían matar!

 

EMELIA: ¡Porque no me quisiste llevar a casa! ¡Tenía que hacer, no aguanté más! Te pedí a gritos.

 

ADELAIDA: ¡Un papelón! Fuiste terrible ese día. Me enfurecí tanto que si te agarraba te mataba.

 

EMELIA: Corriendo siete cuadras hasta casa me llevaste.

 

ADELAIDA: Nunca más fuiste a la plaza conmigo.

 

EMELIA: No, nunca más quisiste que fuera con vos. Cuando cumplí los doce, me llevaste a una fiesta, no recuerdo en qué lugar era. Pero me hiciste prometer que me portaría bien y no haría ningún papelón. Me aburrí todo el rato. No sé porqué ese día esperaba que papá nos viniese a buscar cuanto antes, y a la vez me hubiese gustado quedarme ahí para siempre.

 

ADELAIDA: Yo estaba por cumplir los quince.

 

EMELIA: ¡Si! Tu fiesta fue inolvidable. La envidia que me dio tu vestido.

 

ADELAIDA: ¡Hermoso! Aún lo tengo guardado. Puede que me quede bastante bien todavía. Pero no luciría tan lindo. Vos también estabas divina. No me olvido que papá a último momento corrió a comprar tu vestido, como siempre.

 

EMELIA: Yo no lo conservé. Es más, creo que lo usé solo esa noche… ¡que fiesta tuviste hermanita! ¿Te acordás el vals? Bailaste con papá, con el tío Ernesto, y apareció Raúl. ¡Qué momento! ¡Yo no podía creerlo! Tan linda bailando con él. Te veía tan feliz. Miré a mamá y a papá, solo para ver sus caras, y fue la única vez que ví un brillo distinto en los ojos de mamá. Ella estaba feliz. Te miraba con tanto amor… creo que sin darme cuenta entendí porqué te cuidaba, te protegía, te mantenía lejos.

 

ADELAIDA: ¿Lejos? Emelia, desde que vos naciste, mamá me ignoró constantemente. No le importó más nada de mí. Comencé a ser, más que su hija, su sirvienta.

 

EMELIA: Te cuidaba.

 

ADELAIDA: ¿De qué? De qué me podía haber cuidado, siendo que siempre estaba haciéndole los mandados, o limpiando la casa.

 

EMELIA: Ella sabía lo que hacía.

 

ADELAIDA: Pues cada vez que papá se enojaba conmigo ella se alejaba.

 

EMELIA: No se alejaba.

 

ADELAIDA: ¡Se iba! Le daba el lugar para que se descargara conmigo. Sabía muy bien las horribles cosas que papá me decía, y sin embargo no hacía nada. Mamá era consiente de que más de una vez papá me golpeaba, pero, casualmente, ella no estaba para evitarlo.

 

EMELIA: Varias veces vi marcas en tus brazos… y en algún momento sentí que era normal, que eras mala, que merecías ese castigo. Y por eso me portaba bien, obedecía y hacía absolutamente todo lo que papá me pedía. Aunque había cosas que debían quedar entre el y yo. Y esos secretos me dolían. Me hicieron tanto daño.

 

ADELAIDA: Siempre sentí que guardabas secretos que nunca me contarías. Pero también entiendo que apenas éramos niñas y contar algunas cosas no podía ser nada fácil.  

 

EMELIA: Entonces entenderás que mamá te protegía. Y por eso siempre quiso verte en brazos de Raúl. Para que estuvieras segura.

 

ADELAIDA: Raúl…

 

EMELIA: Si, ella amaba a Raúl. No voy a olvidarme el día que se apareció en casa a verte porque estabas enferma. Ya eran novios…

 

ADELAIDA: No, no éramos novios. Nos mirábamos nada más. No entiendo como se animó a aparecer en casa. Por suerte papá no estaba.

 

EMELIA: Mamá lo hizo pasar a la habitación para que estuviera con vos un ratito y a mi me sacó del brazo. ¡Yo no me quería ir! No podía perderme ese momento… ese beso…

 

ADELAIDA: ¿Qué beso nena? Ni se acercó de miedo a que lo contagie. Bah, más bien creo que no se acercó demasiado por el pánico que tenía.

 

EMELIA: Igual, al ratito mamá me dijo: “anda y decile a tu hermana que tiene que tomar el jarabe y dormir un rato”.

 

ADELAIDA: Menos mal, porque ya no teníamos de qué hablar… fue muy graciosa la visita, cuatro palabras dijimos… pero cuando se iba me dejó una notita.

 

EMELIA: Como siempre, no se animaba a decirte cosas lindas, pero te las escribía. Un loco… medio poeta…

 

ADELAIDA: ¿Poeta? De poeta no tenía nada.

 

EMELIA: La cuestión es que mamá consiguió lo que necesitaba, ponerte en brazos de Raúl.

 

ADELAIDA: …me dejó… en brazos de Raúl… Nunca voy a entender porqué no te cuidó. Porqué no hizo nada.

 

EMELIA: Tuvo que elegir. Yo quiero creer que fue así. Aunque en lo más profundo estoy segura de que eran lo mismo. Muchas veces sueño y veo a papá en el cuerpo de mamá. Le hablo a él pero la estoy viendo a ella.

 

ADELAIDA: Vos lo ves en tus sueños… yo lo veo en mi vida, Emelia. Estoy muy segura de que papá y mamá…

 

EMELIA: INTERRUMPIENDO A vos te dolieron sus manos y a mí también. De una u otra forma, sus manos dolían. Y estoy segura que ella sintió todo ese dolor que a nosotras nos atravesaba. ATORMENTADA. Tantas veces la escuché pedir: “por favor Jacobo, no lo hagas más”. Y también escuché las promesas de papá de no volver a hacerlo, pero volvía a tomar y olvidaba todo. Aún siento su cuerpo caliente… hay noches en las que sus gemidos no me dejan dormir.

 

ADELAIDA: Se me endureció la piel, Emelia. Los golpes que me pudieron alcanzar después de mi adolescencia, ya no me hicieron mella. Aunque aquellos reveses duelen toda la vida, de alguna manera te fortalecen. Desde hace muchos años vivo en una fortaleza, me rodea un muro gigante que no sé si me protege o me bloquea, pero es imposible no sentir su presencia, tan dura, tan fría, tan imponente. Pero nunca pude derribarlo. Me acostumbré a él. Diría que me aferré a él, o me escondí detrás de ese muro bestial, y ahí vivo. En cambio tus heridas estoy segura que todavía arden.

 

EMELIA: En cierta forma si.

 

ADELAIDA: Yo sigo esperando ese abrazo que nunca pudiste darme. En algunos momentos lo necesité tanto. No pierdo esa esperanza de que algún día puedas perderte y dormirte en mis brazos. Pasaron los años y siento que no pude darle a mi pequeña hermana esa seguridad que da un abrazo, ese calor del pecho de la hermana mayor.

 

EMELIA: Hoy puedo abrazarte querida hermana. De verdad, hoy después de tantos años, puedo hacerlo. Necesito hacerlo.

 

NO ALCANZAN A ABRAZARSE PORQUE APARECE LOLA REZONGANDO A VIVA VOZ. DETRÁS DE ELLA BENITO.

 

LOLA: ¡Che, yegua! ¡Media hora sentada en el baño esperándote! ¡Menos mal que vino el tarambana este para subirme la bombacha!

 

BENITO: ¡Abuela! ¡Podrías agradecerme! Sabés la cosa que me da levantarte los calzones.

 

ADELAIDA: ¡Mamá! Podías haberme llamado.

 

LOLA: ¿No sabes que cuando voy al baño necesito que me ayudes a levantarme del inodoro y a subirme los calzones? REACCIONANDO Hola Emelia.

 

EMELIA: Hola mamá. Estábamos conversando. Se nos olvidó que estabas en el baño.

 

BENITO: ¡Encima pretendía que yo le limpiara el trasero! ¿Estás mal de la cabeza abuela? ¿A vos te parece que yo, estudiante, músico, poeta, me podría ensuciar las manos con… caca?

 

LOLA: ¿Nene, te endrogaste vos?

 

BENITO: ¡Abuela!

 

ADELAIDA: ¡Mamá!

 

LOLA: Y si cuando habla parece que está enchufado a la corriente. Una pavada detrás de la otra. Tanto joder con la música va a terminar mas tarambana de lo que es.

 

BENITO: La música es la única manera de salvar este planeta, abuela. Un día la humanidad se revelará ante tanta desilusión, tanta oscuridad y tanta barbarie, y entonces la música será el medio, la herramienta, “única” que abrirá nuevos caminos a los seres humanos resistentes.

 

LOLA: Que te dije, este pibe está al borde del loquero. (A Adelaida) A ver vos cuando te ocupas de él. Pobrecito.

 

EMELIA: Hermanita, vamos preparando la mesa, ¿querés?

 

ADELAIDA: Si, mejor. Porque me estoy saboreando la salsita que preparaste. Hacía tanto que no la hacías, que la estaba extrañando.

 

EMELIA: SALIENDO A COCINA. Dale vamos. Se me está pasando la hora y me dejé una cerveza espectacular en la cocina. SE VAN AMBAS

 

BENITO: Aflojale a la cerveza tía. Mirá que ahora va a venir Baco, y se te va a notar el andar distinto, viste, tipo una gacela que pareces cuando te tomás dos vasos. Y el verdulero no se pierde, te va a querer atracar.

 

LOLA: Callate nene. Lo que faltaba que volviera este tipo a la hora de almorzar justamente.

 

APARECE BACO. SE PARA EN LA PUERTA.

 

BACO: Promesas son promesas, decía mi querido y recordado viejito. Y acá estoy cumpliendo con la mía.

 

LOLA: ¡Cagamos!

 

BACO: Dije que iba a volver por lo mío, y llegué. Así como en algún momento llega el otoño, así llegué yo.

 

LOLA: Y… usted es bastante parecido al otoño…

 

BACO: Seguramente Emelia, ya ha llegado también.

 

BENITO: Mi tía ya está acá, si. Está ayudando a mamá con la comida. Porque mi tía Emelia, así como la ve…

 

BACO: ¡La veo hermosa!

 

BENITO: …también sabe cocinar, y hace unas salsas que se le derrite el paladar a cualquiera. Si usted quiere se puede quedar a almorzar y probar. Yo se que le va a encantar.

 

LOLA: ¿Qué decis nene? El señor tiene sus cosas que hacer, mira que se va a quedar.

 

BACO: Y porqué no, doña. A decir verdad, me encantaría compartir la mesa con su familia. Eso sí, antes me gustaría cobrar lo que es mío. Después me quedo con mucho gusto.

 

LOLA: Le voy a explicar…

 

BACO: SE ALTERA ¡Nada qué explicar! ¡Págueme y listo! Que tanta vuelta. ¡Tres meses de alquiler!

 

LOLA: SE ATACA ¡Otra vez! ¿Se da cuenta que me pone nerviosa usted? ¡Ya me está agarrando el ataque!

 

BACO: ¡Pare de embromar con el asma! ¡Siempre lo mismo!

 

BENITO: ¿En serio abuela? Sentate y tranquilízate que ya te traigo el aparatito. APARTA A BACO No se da cuenta usted que la pone mal y mi abuela está enferma. Debería tener más cuidado cuando trata con una persona anciana.

 

LOLA: ¡Anciana tu abuela, nene!

 

BENITO: Y si sos mi abuela.

 

LOLA: La otra.

 

BENITO: Se murió…

 

LOLA: ¿En serio?

 

BENITO: ¡Hace como diez años, abuela!

 

LOLA: ¡Que lo parió! Y una ni se entera de las cosas, ¿vió don?

 

BACO: ¡Bueno basta!

 

LOLA: ¡Ay! ¡Me agarró!

 

BENITO: Ya te traigo abuela. (Sale a buscar el aerosol)

 

LOLA: ¡Dale tarambana! ¿Querés que me muera?

 

BACO: Bueno cálmese.

 

LOLA: Estoy calmada. Pero muy atacada.

 

BACO: Está bien, no le voy a cobrar nada.

 

LOLA: SE REPONE DE INMEDIATO ¿En serio? ¡Que buen hombre! Yo sabía que en el fondo usted era un hombre generoso.

 

BACO: SE ALTERA ¡Pero que no le voy a cobrar! ¿Vió como se hace la artista usted? ¡Con intereses y todo le tendría que cobrar! ¡Me tiene cansado! MUY FUERA DE SI ¡Se acabó la historia acá! O me arregla los tres meses o me salgo de mí y se pudre todo. ¡Ni yo sé cómo puede terminar esto!

 

LOLA: CASI MURIENDO ¡Ay! ¡Por Dios! ¡Que mal estoy… que hombre más insensible!

 

BACO: ¡Por favor deje de fingir! Que ya ni usted misma se lo cree. Se me está calentando la sangre de una forma que no voy a responder por mí…

 

EN ESE MOMENTO APARECE EMELIA CON UN VASO DE VERVEZA EN LA MANO.

 

EMELIA: SENSUAL ¿En serio tenés la sangre caliente Baco?

 

AMBOS QUEDAN FRENTE A FRENTE MIRÁNDOSE CON CIERTA PASIÓN. BACO ESTÁ DERRETIDO Y HECHIZADO.

 

LOLA: Quedó pasmado el hombre. Se le calentó la sangre y se le hincharon las venas.

 

BACO: Emelia…

 

EMELIA: Baco…

 

LOLA: Como si se conocieran che…

 

BENITO: APARECIENDO Y se produjo el tan esperado encuentro. Como salidos de una novela. Casi ángeles parecen.

 

LOLA: Callate tarambana, que si reacciona empieza a joder de nuevo.

 

EMELIA Y BACO SE ACERCAN LENTAMENTE HASTA ESTAR CASI PEGADOS. GRACIOSAMENTE ELLA LE CONVIDA EL VASO Y EL TOMA UN TRAGO SIN SACAR SU MIRADA DE LOS OJOS DE ELLA. DEJA EL VASO SOBRE LA MESA Y SE TOMAN DE LA MANO. APARECE ADELAIDA.

 

ADELAIDA: ¿Qué hace hombre? ¡Ni se le ocurra tocar a mi hermana!

 

LOLA: ¡Dejalos che! Se los ve tan lindos. Tan enamorados.

 

BENITO: ¡Te dije que la tía lo iba a hipnotizar al verdulero!

 

BACO: (Sin prácticamente reaccionar, y sin dejar de mirar a Emelia) Almacenero pibe.

 

ADELAIDA: Bueno suelte que la mercadería no es suya.

 

BENITO: ¡No seas mala onda, mamá! Dejalo al pobre que le tiene unas ganas a la tía!

 

LOLA: Y ella que no le hace asco a nada…

 

BACO: Avise doña…

 

ADELAIDA: ¡Bueno basta che! Si van a almorzar, a prepararse porque la comida está lista.

 

LOLA: Primero el hombre quería arreglar lo de…

 

BACO: HIPNOTIZADO Despreocúpese doña. Dejemos las frivolidades para mañana, hoy es domingo y la reunión familiar es lo importante.

 

BENITO: De no creer che. Lo que hace el amor. Cuando el bicho pica hasta los bueyes caen de rodillas. ¡Lo único que va a salvar nuestro universo será el amor!

 

LOLA: ¿No era la música, nene?

 

BENITO: El amor y la música van de la mano, abuela. Son dos armas elementales para la lucha crucial que se desatará en nuestra galaxia espiritual porque…

 

ADELAIDA: Bueno, bueno, cortala Benito. Es hora de almorzar. Mañana empezas el psicólogo.

 

BENITO: ¡Psicólogo! Dejame en paz mamá. Mi cabeza está bien sana.

 

LOLA: ¡Lo que hay adentro, nene! ¡Eso es lo que está estropeado!

 

ADELAIDA: Andá y poné otro plato y cubiertos para Baco, que se queda a almorzar.

 

BACO: Gracias, Adelaida. Es un honor para mí compartir la mesa con Emelia y su familia.

 

ADELAIDA: Para mi no es ningún honor, pero si no queda otra… SALE A COCINA CON BENITO.

 

EMELIA: Para mí será un placer que almuerces con nosotros, Baco. Voy a ayudar a Adelaida con la comida.

 

BACO: Permítame darles una manito, Emelia. Al menos para no sentir que estoy causando alguna molestia. SALE SIGUIENDO A EMELIA

 

LOLA: Vaya, querido, vaya. Considérese de la familia, a partir de hoy. En esta casa hay demasiadas penas. Es bueno cambiar los aires de vez en cuando.

 

LOLA QUEDA SOLA. BAJA LA LUZ Y NOS TRANSPORTA CUATRO DECADAS ATRÁS. APARECE ADELAIDA (ADOLESCENTE) ARRASTRANDO UNA SILLA VIEJA QUE COLOCA EN EL CENTRO DEL ESCENARIO. MIRA A LOLA Y SE RETIRA MUY LENTAMENTE. LOLA SE SENTARÁ Y DIRÁ SU PARLAMENTO MIENTRAS VA QUITANDO SU MAQUILLAJE HASTA POR ULTIMO QUITARSE LA PELUCA Y LOGRAR A UNA APARIENCIA MASCULINA.

 

LOLA: ¡Adelaida, hija mía! Cómo escarba tu secreto… rasga tu piel por dentro sabiendo que no es posible… sintiendo que jamás se romperá ese cascarón rugoso y áspero como piedra seca. Y el mismísimo secreto lo sabe… nunca saldrá de ti. Aunque sus arañazos duelan, insistentes, casi perversos. ¡Que te juzgue el cielo Adelaida! Hija mía, no puedo castigarte ni soy quién para perdonarte, aunque por las mañanas mis ojos vean sangre sucia en tus manos. Gritaría perdón a los cuatro vientos, pero la vida pasa y esas heridas no se cierran con palabras.

 

SOLO UNA LUZ CAE SOBRE LOLA.

 

Un hombre te engendró, el otro te hizo madre, que ningún otro hombre se atreva a juzgarte. ¡Que te juzgue el cielo mujer, si tiene la razón suficiente!

UNA LUZ CAE SOBRE ADELAIDA QUE DE PRONTO ESTÁ PARADA DETRÁS DE LOLA COMO UNA IMAGEN OSCURA. ¡Adelaida!

 

 

APAGÓN FINAL

 

 

Este texto está registrado en ARGENTORES, por lo que se recomienda solicitar el debido permiso para su puesta en escena.

 

 

Guillermo Gallego

 ggallego@30deagosto.com.ar

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