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ENSAYO GENERAL PARA LA MUERTE

de  ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“ENSAYO GENERAL PARA LA MUERTE”

Farsa en un acto, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

DIRECTOR

AUTOR

MADURO

MUERTE

ÉL

ELLA

JOVENCITA

 

ACTO ÚNICO

(Lados, público. Escena vacía. Por la derecha entra DIRECTOR. Cuarenta y cinco años. Alto, serio, inquieto. Viste sencillo e informal. Pasea a lo ancho de la escena, Mira al frente. Para sí.)

DIRECTOR.-El teatro. Qué hermosa es pronunciar esta hermosa palabra. ¡El teatro! Bellísima, sí. No lo discuto, pero el que lo tiene para vivir de él… No puede nadie imaginarse los problemas que nos origina. ¡Se acaba detestando! Y eso que a mí… ¡Soy el menos indicado para criticarlo! Gracias a él, he llevado siempre una vida privilegiada. Mi abuelo, mi padre, ahora yo… ¡Éramos algo en la sociedad! Ser propietarios de un gran teatro en el centro de la capital nos convertía en gente importante y acaudalada. ¡Unos seres que han hecho historia en el mundo del espectáculo! No es el espectador que acude a un estreno y se preocupa solamente de su butaca y de lo que suceda en el escenario. Esa persona ha comprado su entrada, se la muestra al portero para que le conceda acceso, le da una propina al acomodador y se sienta en su localidad. ¡Mi teatro no es eso! Existe, al lado del vestíbulo en el que se va a fumar un cigarrillo en el descanso, un mundo misterioso y abierto nada más a las personas del gremio. Un elegante despacho con grandes fotos de mis antecesores, carteles de obras que nacieron aquí y ya son historia, fotos de sus escenas, intérpretes y sus autores. ¡Un pequeño y valioso museo!

En ese despacho, aparte de interesantes tertulias, era el lugar en el que autor triunfador entraba dichoso como si el mundo fuese de él y el novel dejaba escéptico su texto para escuchar, días después, que su obra no interesaba, que debería aprender el oficio y no repetirse en las situaciones, que tenía varias temporadas ocupadas, que este mundo era muy difícil, pero… ¡Eso sí! Que continuase escribiendo porque veía en él grandes condiciones que podrían hacerse realidad. En este desánimo, alguno desearía responderle si tenía comisión de los que venden folios, tinta, pluma, estilográfica, máquina de escribir u ordenador. Y otro, más desesperado y con una colección aceptable de creaciones según creía, pensase sentarse con ellas a la puerta del teatro, hacer una huelga de hambre y, al perecer de este modo, inmortalizarse un segundo mientras fotografiaban su cadáver.

En ese despacho, también se negociaban contratos de estrenos, los de las actrices y actores, las giras por provincias de aquellos títulos que se habían hecho famosos y había que seguir explotándolos hasta que todos la conociesen pues el teatro es la gran cultura imprescindible al alcance de todos los humanos. Tampoco faltaban las visitas de jóvenes sin oficio ni beneficio para cobrar, como el que vende su sangre a un hospital, por ser de La clac y antes recibir instrucciones para aplaudir cuando salen los primeros actores, en determinadas frases, situaciones o mutis o cuando se baja el telón de cada acto y con más fuerza, puestos en pie, al final. Algunos llegaron a ser grandes profesionales y se comenta que triunfaron con alguna obra en la que recopilaban lo mejor de sus conocimientos. Otros, sin tanto talento, los expulsaron, porque aplaudían con tanta intensidad que no oía el respetable público que se ponía en pie y los increpaban por actuar desaforadamente.

Era muy pequeño cuando conocí a mi abuelo y lo admiraba por estar siempre rodeado de personas importantes que no hacían más que darles palmadas en la espalda. Con los años, me enteré de que eran aduladores, pero al principio temía por su vida. No me cansaba de pensar: Pobrecito. ¡Lo matan! Todo era satisfacción en la familia. ¡El negocio era de lo más próspero! Aquel autor tan mediocre que movía masas con sus melodramas. Se hacían tres funciones diarias con sus engendros y los domingos una por la mañana. Con decir que los aficionados madrugaban para no perder la misa… También existía el humorista rebelde que lograba cambiar el teatro con su talento que abarrotaba la sala y que muchos envidiosos lo jubilaron existencialmente. No faltaba nunca, el sábado de gloria, el tradicional estreno del laureado autor en el extranjero y, hasta entonces, un desconocido en su país que lo marginaba al ocultar su nombre en cada título y obligarle a asistir a una gran acto propagandístico del aquel nefasto régimen. No olvidemos al grandioso privilegiado que creaba un extraordinario teatro por ser todo él literatura hecha ser y nunca conocer un estreno de su avanzado teatro. Tengamos un gran recuerdo para el excelso y joven mártir que cortaron su mente en un terrorífico fusilamiento y también para los que huyeron a lejanos países.

Había llegado el cine. Parecía que todo iba a cambiar, pero el teatro seguía su camino y muchas creaciones alcanzaron entrar en el celuloide con un estilo tan confuso que se hacían apuestas para saber si aquello era cine o teatro. En realidad, había sitio para todo hasta que cada espectáculo recobró su identidad.

Falleció mi abuelo y mi padre tomó las riendas, vamos a llamarle así, del negocio familiar. Siempre he oído lo mismo: El teatro está en crisis y la vida está muy cara. Los culpables de lo primero era la carencia de autores, el agobio de los actores al tener que representar dos funciones, el inicio de la sociedad de consumo en el que al espectador le faltaba tiempo o necesitaba descanso y finalmente la llegada de la televisión para atrofiarse las mentes de la mayoría sentada en su cómodo sofá o tresillo, que estaban de moda como el mueble bar o frigorífico para acompañar al asiduo teleespectador con una consumición en un vaso largo con cubitos de hielo.

No todo era representar una obra y publicarla. Ahora habían surgidos críticos exigentes y estudiosos que publicaban revistas especializadas. Una nueva dimensión surgía en el arte de Talía. Seguían naciendo autores pues en España, país de las contradicciones, siempre los ha habido muy buenos y también muy corrientes. Destacaban el creador total cuya obra no tiene que envidiar a ningún extranjero. Los exiliados que crean buen teatro. Al gran original que no soporta lo establecido y abre nuevas rutas en otro país. El rebelde con su compromiso en un mundo muy hostil. El que tiene talento  y conoce la clave del éxito. El gran humorista y el incansable divertido que conoce el oficio. El intelectual que alcanza el éxito. Es el autor de la burguesía y esta acaba bajando su telón.

Estrenos como una fiesta social en el que se luce una flor en un palco o protestas por exigir más al que puede hacerlo. Estrenos matinales los domingos o pocas funciones a gente que emergía. El cara a cruz del futuro que ayuda o destruye su vocación en un más difícil todavía de un tiempo limitado.

Se han acabado los tiempos en las que las compañías llevaba la obra de éxito y dos más por provincias. Ahora es un contrato ocasional o de poco tempo. El teatro de protesta está de moda en grupos independientes que proliferan. Algún teatro, admite esta realidad, aunque se empieza a considerar que el buen teatro comienza a ser elitista. Surgen los inexistentes textos improvisados y el creador piensa que su arraigada vocación ha terminado. No se desanima y espera. El tiempo le da la razón. Comienzan a existir teatros alternativos y, en ellos, conocemos nuevos autores. El teatro es un texto interpretando por actores de calidad y un preparado director. No es una ostentación de vestidos o exhibir el lujoso coche sino el mágico juego de los que estrenan la obra y los que poseen sensibilidad para que se albergue en su interior.

Falleció mi padre y yo tomo su testigo. Ya soy el empresario importante. Tengo éxitos con obras que juegan hábilmente con la censura. Abro la puerta a audaces grupos con temáticas críticas y me preocupo por el singular director revolucionario de otro país que convierte el argumento en un inesperado montaje en el que predomina la estética. ¡La mujer está ahí! Proliferan las autoras y algunas consiguen estrenar entre aplausos y ser reconocidas en un mundo que parecía hecho nada más para varones. Hay muchas que piden que su voz no sea silencio. Lo mismo les sucede a hombres jóvenes que desean estrenar su valía o mayores con años que, gracias a la aparición de Internet, pueden ser leídos y estrenados por sus excelentes creaciones ocultas en los cajones de sus casas y no morir en el más absoluto anonimato.

La experiencia que fui adquiriendo de mi abuelo y mi padre me obligaba a elegir a autores conocidos relativamente. Me he convertido en un buen director. Los demás hacían sus funciones en teatros alternativos, eran traducidos y estrenaban en cualquier parte del mundo o Latinoamérica.

España, que puede mostrar con orgullo su siglo de oro, no puede olvidar que es una cuna en la que siempre verán la luz magníficos dramaturgos. ¡No deben pasar por la vida desapercibidos! Pero la tentación… Es tan fácil caer en ella. Resulta muy cómodo recurrir a un libreto extranjero del que se desconoce su origen. ¡Qué pena! El teatro es así.

El tiempo pasa y ya estoy harto. Siempre el teléfono que no cesa para recordarme un estreno o recibir al joven que me ofrece inútilmente lo último que escribió y no difiere de las que están en los escenarios. Pero no puedo hacer nada por él por tener un nombre y apellido que no lo conocen ni en su casa. Si se llamase de otra manera… Podrían bautizarlo nuevamente o solucionarlo en el juzgado. Es tan importante ser conocido… ¿Y cómo se consigue? Desde luego, no es dándole con la puerta en las narices. A veces, es muy fácil deshacerse de él si conseguimos su fracaso y matar la gran ilusión que tenía desde los pocos años. Algo así como emplear un insecticida para asesinar mosquitos y más mosquitos. ¡Duchas fascistas en el exterminio de un campo de concentración!

Los años continúan almacenándose en mi cuerpo y no quiero herir a nadie más. Esto es asqueroso; me produce náuseas y el fracaso se apodera de mí. ¡Quiero vivir intensamente antes de que la senectud me señale que el corredor de la muerte ya está próximo!  Voy a vender el teatro; viviré de él sin problemas. ¡Es un gran inmueble! Pero… ¿Quién me lo compra? Los bancos alquilan sus establecimientos y el precio que pondré será elevado. ¿Qué me pasa? ¿Qué me ocurre? ¿Voy a ser el desertor de la familia? ¡Tiemblo sólo con pensarlo! Si le interesase al Estado. Podría utilizarlo para el género que más le gustase. Es tan difícil… Pero yo… ¡Lucharé para que mi herencia no apague el fuego que encendieron mis antepasados!

(Queda pensativo y se mueve algo. Por la derecha entra AUTOR. Más de ochenta años. Alto, delgado, elegante. Se conserva bien. Es muy amable. Viste un traje azul oscuro. Se dan la mano.)

AUTOR.-Buenas tardes.

DIRECTOR.-Buenas tardes, señor.

(Sonriendo.)

AUTOR.-Por favor… ¿Es aquí el teatro?

(Sonriendo.)

DIRECTOR.-¿Usted qué cree?

AUTOR.-Si se mira bien… ¡Eso parece!

DIRECTOR.-En eso coincidimos. ¿Cuál es el motivo de su grata visita?

(Orgulloso.)

AUTOR.-¡Soy autor teatral!

(Preocupado.)

DIRECTOR.-¿¿Otro más…??

AUTOR.-¡No me tema! Por mucho que dure, que siempre será poco, nunca seré como esos jóvenes colegas que todas las mañanas lo esperan a la puerta de su casa y lo siguen a todas partes hasta que acaba pensando que son algo de su familia.

(Animándolo)

DIRECTOR.-Preocuparse por sus años… ¡Sea usted optimista! Aún está creciendo. Hay seres que mueren, como la cosa más natural, a los quinientos años.

AUTOR.-¡Tiene usted razón! De eso me hablaron.

DIRECTOR.-¡Y nos agrada tanto!

AUTOR.-No es para menos. ¡Yo me encuentro como si acabase de nacer!

DIRECTOR.-¡Bienvenido!

AUTOR.-¡Muy bien hallado!

(Se miran. PAUSA.)

DIRECTOR.-Así que me trae una comedia…

AUTOR.-La verdad…

DIRECTOR.-Lamento decirle que tengo trescientas temporadas ocupadas. ¡Usted no sabe en que mundo se ha metido! Pero no puedo decirle que se dedique a otra cosa porque veo en usted un gran talento.

AUTOR.-Sus palabras se agradecen.

DIRECTOR.-¡Escriba! ¡Escriba usted mucho! En el peor de los casos… ¡Practicará la letra o tecleará mejor!  

AUTOR.-Me parece que me ha confundido. Es que yo venía…

DIRECTOR.-Perdone. ¡Ya tenemos lavadora en casa!

(Molesto.)

AUTOR.-¡¡No es eso!!

(Serio.)

DIRECTOR.-¿Entonces…?

AUTOR.-Lo mío es totalmente distinto a lo de otros autores que llaman a la puerta de su teatro con un texto debajo del brazo.

DIRECTOR.-¡Ah, no! Disculpe; lo ignoraba. ¿Qué se propone ofrecerme?

AUTOR.-¡Algo grande! ¡Distinto! ¡El gran experimento escénico que nace espontáneamente de la magia misma del teatro!

DIRECTOR.-Tantos experimentos… Dicen que se hacen mejor con gaseosa. Me cuesta tanto creer en sus palabras.

(Molesto.)

AUTOR.-¡Por favor!

(Curioso.)

DIRECTOR.-¿¿Se puede saber en qué consiste?? ¡¡No estoy para perder el tiempo!!

(Se dispone decidido a irse por la derecha.)

AUTOR.-En ese caso… ¡Mi conversación se ha acabado!

(Le sigue rápido.)

DIRECTOR.-¡No se vaya! ¡Quédese aquí! ¡Aún no ha nacido el autor que me haya dejado plantado!

(Se para y se vuelve.)

AUTOR.-Si no me escucha…

DIRECTOR.-Disculpe mi tiempo siempre ocupado. Veo en usted a un señor de teatro auténtico. ¡Conversemos sin prisas! Estoy anhelando conocer sus interesantes ideas.

(Se miran serios. PAUSA.)

AUTOR.-¡Admitamos la realidad!

DIRECTOR.-No es este el mejor sitio para hacerlo, pero si debo interpretar ese papel…

AUTOR.-¡Yo soy un anciano!

DIRECTOR.-No lo veo así, pero si debo considerarlo de este modo… ¡No tengo inconveniente!

(Molesto.)

AUTOR.-¿Es que debo ir al jardín a jugar con un aro y mi mamá me dará pan y chocolate de merienda?

(Ensimismado.)

DIRECTOR.-¡Oh, los ancianos de antes! ¡Eran otra cosa! ¡Se consideraban ancianos de verdad! Tantos años encima. Les pesaban tanto… Carecían de fuerzas para levantarse. ¡Siempre siendo ancianos! Una maravilla. Pasaban todo el día en la cama con una manta eléctrica, pero los de ahora… ¡No son ancianos ni nada! Qué fracaso.

AUTOR.-Si usted lo ve así…

DIRECTOR.-¡Puedo estar equivocado!

AUTOR.-¡Dígamelo usted a mí!

DIRECTOR.-Discutir por eso… Supongamos que es usted un anciano.

AUTOR.-¡¡Es que lo soy!!

DIRECTOR.-Bueno, bueno. ¡Lo que usted diga! En un escenario se pueden representar todas las edades. ¡Lo veré como un anciano!

AUTOR.-¡Es lo lógico!

DIRECTOR.-¡Me parece absurdo!

AUTOR.-Lógica y absurdo son semejantes en el teatro.

DIRECTOR.-Tiene toda la razón.

(Aliviado.)

AUTOR.-¡Lo que cuesta recuperar la identidad al subir a las tablas!

(PAUSA.)

DIRECTOR.-¡El anciano va a hablar!

AUTOR.-Muchas gracias.

DIRECTOR.-¡¡Comience de una vez!!

AUTOR.-Sin alterarse.

DIRECTOR.-Será mejor.

(Decidido.)

AUTOR.-¡Un anciano pisa un escenario!

DIRECTOR.-Le deseo la mayor de las fortunas.

AUTOR.-Tanto como eso…

DIRECTOR.-Es un honor coleccionar tantos años; llegar a una edad avanzada. ¡Y si tiene un bastón…!

AUTOR.-¡Eso es extraordinario!

(Va al lateral izquierdo.)

¿Me hace el favor de uno?

(Por la izquierda se ve un bastón y lo coge. Al término.)

¡Muchísimas gracias!

(Asombrado.)

DIRECTOR.-¿Quién se lo daría?

AUTOR.-¿Acaso ha olvidado usted que aquí todo es ficción?

DIRECTOR.-Claro…

(Se transforma en un viejecito que camina torpemente y con mucha dificultad por todo el escenario mientras DIRECTOR lo observa confuso.)

¡¡No!!

AUTOR.-Ay… ¡Qué martirio! Cuanto trabajo me cuesta mover un pie y después otro. Si esto no es caminar ni nada. ¡Un recién nacido se mueve mejor que yo! Y parece que fue ayer… ¡Qué pronto ha transcurrido todo! Es como si la naturaleza se riese cruelmente de uno. Yo que antes corría y saltaba. ¡A paso rápido no me ganaba nadie! Un auténtico campeón  que aprendió a andar enseguida y ahora se ha olvidado. Sucederme esto… Nunca lo esperaba. ¡Es una auténtica injusticia! Que me devuelvan la partida de nacimiento.

(Lo mira apenado.)

DIRECTOR.-Señor… ¡No haga tantos esfuerzos! Le pueden sentar mal.

(Se para.)

AUTOR.-¿Qué quiere? ¿Verme sin hacer esfuerzos? ¿Terminar inválido en el lecho?

DIRECTOR.-¡¡Jamás!! ¡¡Nunca!! ¡¡De ninguna manera!!

(Camina con más dificultad.)

AUTOR.-A ver si ahora… Me siento como si las fuerzas huyesen de mí. ¡No puedo! ¡Me es imposible! ¡¡No aguanto más!!

(Le ofrece una silla.)

DIRECTOR.-Siéntese, por favor. Necesita descansar. ¡Le sentará muy bien!

(Se sienta y se relaja con el bastón sin soltarlo.)

AUTOR.-Ay, ¡Qué bien me encuentro así! Soy otro. ¡Lo que no haga una silla…!

(Se sienta en otra silla.)

DIRECTOR.-¡Cuánto me alegra que se vaya recuperando

AUTOR,-No tengo palabras de gratitud.

(Se miran serios. PAUSA.)

DIRECTOR.-Antes me comentaba de su experimento. ¿Podría decirme cómo es?

(Seguro.)

AUTOR.-Es que no lo está viendo.

(Sorprendido.)

DIRECTOR.-¿¿Es esto??

AUTOR.-¡Sí! Es el ensayo general para la muerte y sus improvisaciones… ¡Son infinitas!

DIRECTOR.-¡¡Sigamos!! ¡¡Me gusta este argumento!!

(Incómodo)

AUTOR.-No sé que me sucede. Ahora me encuentro tal mal.

(Preocupado.)

DIRECTOR.-¿Qué siente?

(Desesperado.)

AUTOR.-¡¡Estoy gravísimo!!

(Se levanta muy sorprendido.)

DIRECTOR.-¿¿Cómo dice?? Ponerse así…

AUTOR.-¡¡Me estoy muriendo!!

DIRECTOR.-Tiene muy buen aspecto. No lo creo.

AUTOR.-¡¡No paso de esta noche!!

DIRECTOR.-Usted es un aprensivo… ¡No padece de nada!

(Se levanta sin fuerzas y con la ayuda del bastón.)

AUTOR.-¡Respete… mis… últimos… instantes…!

(Sonriendo.)

DIRECTOR.-¡Ya será menos!

AUTOR.-No… se… ría… de… mí… ¡Es… mi… final…!

DIRECTOR.-No pretendo burlarme de usted. ¡Soy un hombre serio! Le ayudaré en todo lo que pueda. ¿Qué síntomas tiene?

AUTOR.-No… se… los… puede… imaginar… ¡Agonizo…!

DIRECTOR.-¡No haga eso! ¡Otro día!

AUTOR.-¿Cuándo…? ¡Tengo… las… horas… contadas…!

(Nervioso.)

DIRECTOR.-¡Déjese de quejarse! ¡Dígame que siente!

AUTOR.-Si… lo… supiera…

DIRECTOR.-¿Lo ve? ¡No tiene nada!

AUTOR.-¿Cómo… se… nota… que… no… está… en… mi… cuerpo…?

DIRECTOR.-¡Imposible! ¡Es su vida!

AUTOR.-¡Era…! Siento… que… se… va… ¡Huye… de… mí…! La busco… y… no… la… encuentro… Se… pudo… haber… escapado…

(Preocupado.)

DIRECTOR.-Pero… ¡Esto es terrible! ¡Tengo la obligación de hacer algo por usted! ¡Dejarlo así…! ¡¡Lo llevaré a un médico!!

AUTOR.-No… puedo… ir… ¡Estoy… tan… debilitado… Soy… un… moribundo… Si… me… hiciese… usted…un…favor…

DIRECTOR.-¡Todo lo que esté en mi mano! ¿Qué desea?

AUTOR.-Llame… urgentemente… a… un… doctor… Que… venga… urgentemente… antes… de… que… se… adelante… otro… a… hacerme… la… autopsia…

(Decidido.)

DIRECTOR.-¡No se preocupe!

(Coge su móvil y marca.)

AUTOR.-¡Qué generoso es usted…!

(Al teléfono.)

DIRECTOR.-¿Es usted médico?... ¿De verdad?... Soy el director del Teatro Prometeo… No; hoy no hay función. …. Estamos ensayando una… Pues… No sé cuándo se estrenará. Dar una fecha en teatro. … Pues… Nada de particular…

AUTOR.-¡Que… apure… si… quiere… verme… vivo…!

DIRECTOR.-Tengo aquí un autor que se encuentra muy mal… ¡Venga inmediatamente al escenario!... Muchas gracias.

(Corta y lo guarda.)

AUTOR.-¡Cuánto… tarda…!

DIRECTOR.-¡No tiene alas!

AUTOR.-Para… casos… a… vida… o… muerte…

DIRECTOR.-Tendré que improvisar una cama para que lo examine bien.

AUTOR.-Soy… tan… sencillo…

(Pone las sillas distanciadas, en el centro del escenario, con el asiento hacia los laterales.)

DIRECTOR.-Deje el bastón.

(Lo deja caer.)

AUTOR.-Ya… está…

(Lo coge en brazos. Extrañado.)

Pero…

DIRECTOR.-Lo cojo en brazos…

(Triste.)

AUTOR.-No… secuestre… a… un… cadáver…

(Lo deja, entre lo alto de las sillas, con la cabeza en la de la derecha y los pies en la de la izquierda.)

DIRECTOR.-¡Y ya está usted cómodamente en su cama!

AUTOR.-¡Tengo… miedo…! El… médico… puede… traer… una… sierra… ¡Y… cortarme… por… la… mitad…!

DIRECTOR.-¡No creo!

AUTOR.-A veces…, se… equivocan…

(Por la izquierda entra rápido MADURO. Cincuenta y pocos años. Alto, grueso, fuerte. Serio, grato y bondadoso. Viste la bata blanca del médico y trae, sobre el cuello, el aparato para auscultar.)

MADURO.-¿¿ Dónde está el desahuciado?? ¿¿Dónde está??

DIRECTOR.-Es el acostado.

(Contento.)

AUTOR.-¡Soy yo!

(Lo reconoce y va pasando las manos por su cuerpo.)

MADURO,-Este corazón…

(Asustado.)

AUTOR.-¿¿Lo… tengo…??

MADURO.-Aún se mueve en algún momento.

(Contento.)

DIRECTOR.-¡Qué suerte!

MADURO.-El hígado, los riñones, brazos, piernas, la cabeza…

AUTOR.-¿¿Existen…?

MADURO.-Algo.

DIRECTOR.-¡Tiene de todo!

(Le ausculta el corazón.)

MADURO.-Vamos a ver…

AUTOR.-Lo… que… hay… que… sufrir…

(Curioso.)

DIRECTOR.-¿Se oye bien?

(Serio.)

MADURO.-¡No oigo nada!

DIRECTOR.-Estará muerto.                                                                                                               

AUTOR.-¿Yo…? No… creo…

(Ilusionado.)

MADURO.-¡Parece que escucho…!

(Los tres se emocionan.)

¡Precioso!

AUTOR.-¡Qué alegría!

DIRECTOR.-¡Lo que no sepa este médico!

(Se escucha baja “La Pastoral” de Beethoven. Como si dirigiese con las manos.)

MADURO.-Este corazón…

AUTOR.-¿Qué…? ¿Qué…?

DIRECTOR.-¿Da señales de vida? ¿Es para animarse?

MADURO.-¡Y tanto! Sus latidos son una bellísima sinfonía.

AUTOR.-Es… para… celebrarlo…

DIRECTOR.-¡Sus latidos son importantes!

(Animándolos.)

MADURO.-¡Dirijan! ¡Dirijan conmigo!

(DIRECTOR y AUTOR dirigen dichosos, al unísono de él, mientas crece mucho la sinfonía.)

¡¡Ideal!! ¡¡Muy bien!!

DIRECTOR.-¡¡Qué gran corazón!!

AUTOR.-Mientras… lata…

(Deja de oírse la sinfonía. MADURO deja preocupado de mover las manos.)

MADURO.-¡¡No se oye!!

(DIRECTOR y AUTOR dejan tristes de mover las manos.)

DIRECTOR.-¡Es un paro cardíaco!

AUTOR.-Tengo… una… suerte…

(Alegre.)

MADURO.-¡Parece que ahora!

DIRECTOR.-¡Cuente! ¡Cuente!

AUTOR-¿Vuelve… la… normalidad…?

MADURO.-El corazón, señores, es como una emisora de radio que emite la música apropiada a su estado de ánimo. Escucho…

(Ansiosos.)

DIRECTOR.-¡Diga!

AUTOR.-Tanto… misterio…

(Se oye baja la “Marcha fúnebre” de Chopin. Preocupado.)

MADURO.-Como oírse… ¡Se escucha perfectamente!

(DIRECTOR y AUTOR mueven felices sus manos como antes. UN MOMENTO. Decididos.)

DIRECTOR.-Pues… ¡Dirija!

AUTOR.-Hacerlo… solamente… nosotros…

(Molesto.)

MADURO.-¿Cómo voy a dirigir si es la “Marcha fúnebre” de Chopin? ¡No hago extravagancias en las defunciones!

(Asustados.)

DIRECTOR.-¡Puede ser un error!

AUTOR.-Cuando… está… para… uno…

(Cesa la música.)

MADURO.-¡No oigo!

DIRECTOR.-Si fuese su oído…

AUTOR.-Nunca… se… sabe…

(Contento.)

MADURO.-¡Hay sonido!

DIRECTOR.-¡Vuelve la esperanza!

AUTOR.-Echar… cohetes… en… este… momento…

(Se oye un ruido extraño. Confuso.)

MADURO.-¡Hay interferencias!

DIRECTOR.-¡Falla el aparato que tiene para auscultar!

AUTOR.-Si… le… comprásemos… otro…

(Se escucha la “Marcha fúnebre” de Chopin. Serio.)

MADURO.-¡Vuelve la Marca fúnebre!

DIRECTOR.-¡No entiendo nada!

AUTOR.-Yo… sí…

DIRECTOR.-¿Y haciéndole un trasplante?

AUTOR.-¡Eso…! ¡Eso..!

MADURO.-¿A sus años y con todos los órganos mal? ¡Tendría que ser un trasplante total como cambiarlo por otro!

(Decidido.)

AUTOR.-¡Nunca! ¡Prefiero morir siendo yo!

DIRECTOR.-¡Es lo sensato! Porque convertirse en un señor no conoce ni sabe cómo se llama…

MADURO.-En ese caso… Mi presencia aquí…

DIRECTOR.-Hace el favor de cogerlo por los pies…

(Lo hace.)

MADURO.-Con mucho gusto…

(Lo coge por los hombros y lo dejan en el suelo.)

AUTOR.-¡Muchísimas gracias!

(Coge el bastón.)

¿Cuánto le debo, doctor?

MADURO,.Como no le he solucionado nada, no creo que proceda abusar de sus contadas posibilidades económicas.

DIRECTOR.-¡Ay, si todos fuesen como usted!

(Escribe.)

MADURO.-Le voy a facilitar, si usted no es supersticioso, el certificado de defunción.

AUTOR.-¡Por favor! ¡No se moleste! Si ya me lo dice…

DIRECTOR.-Nunca está de más.

MADURO.-Es por si alguno se lo exige a usted.

AUTOR.-Como comprenderá después de muerto, meterse en gastos…

DIRECTOR.-Lo considero acertado.

MADURO.-¡Es gratis!

AUTOR.-¡Muchísimas gracias!

DIRECTOR.-Le vendrá muy bien por si alguien sospecha de su identidad. Queda libre de pruebas por si hubiese un conflicto y hubiese que reconocer al culpable.

AUTOR.-¡Eso siempre anima!

(Firma)

MADURO.-Una rúbrica y…

(Se lo entrega.)

¡Queda hecho a su medida!

(Lo coge contento y guarda en un bolsillo.)

AUTOR.-¡Ahora ya seré una persona honrada!

DIRECTOR.-No todos los muertos tienen un futuro sin un pasado digno.

(Le extiende la mano.)

MADURO.-Mi más sentido pésame.

AUTOR.-No tengo palabras de gratitud.

MADURO.-Cuando necesiten algo…

(Le da la mano.)

DIRECTOR.-Siempre es una alegría contar con un médico tan competente como usted.

MADURO.-No habiendo más asuntos que tratar…

DIRECTOR.-Espere que le acompañamos.

MADURO.-¡De ninguna manera!

AUTOR.-¡No lo puedo consentir!

(Coge el bastón. Van todos hasta el lateral izquierdo.)

DIRECTOR.-Sigue recto…

AUTOR.-Sin equivocarse…

(Se despide moviendo la mano derecha.)

MADURO.-¡Ustedes lo pasen bien!

(Mutis por la izquierda. Mueven sus manos derechas. UN MOMENTO.)

DIRECTOR.-¡Adiós!

AUTOR.-¡Hasta cualquier momento!

(Van hasta el centro. Se miran serios. PAUSA.)

AUTOR.-O sea… que estoy muerto.

DIRECTOR.-No mucho.

AUTOR.-¿Qué hacemos ahora?

DIRECTOR.-¡Sigamos!

(Mutis de los dos por el foro. UN MOMENTO. Entran por el foro. Traen, sobre sus hombros, un ataúd negro. AUTOR va delante y DIRECTOR detrás. Cansado y sin dejar el bastón.)

AUTOR.-¡Cómo pesa!

DIRECTOR.-¡Y eso que está vacío!

AUTOR.-¿Usted cree?

DIRECTOR.-Venderlo con un inquilino…

(Lo va a dejar en el suelo y en el centro de la escena.)

AUTOR.-Un poco de fuerza…

DIRECTOR.-¡Ya está!

(Se miran. PAUSA.)

AUTOR.-Tengo miedo a que vaya alguien de polizón.

DIRECTOR.-No creo.

AUTOR.-Las pompas fúnebres se han puesto por las nubes y por economizar…

DIRECTOR.-Con abrirlo…

(Tiembla.)

AUTOR.-Tengo miedo. Encontrarme ahora con un difunto en plenas facultades…

DIRECTOR.-¡Hablarían el mismo idioma sin un intérprete! Voy a averiguarlo.

(Se vuelve y tapa la cara con las manos.)

AUTOR.-¡Qué trágico momento!

(Se dispone a abrirlo.)

DIRECTOR.-¡Se resiste! Parece…

(Va volviéndose lento hasta bajar las manos.)

AUTOR.-Tener… ahora… un… hermanito… gemelo…

(Abre decidido.)

DIRECTOR.-¡¡Ya!!

(El féretro está vacío. Contentos.)

AUTOR.-¡¡No hay nadie!!

DIRECTOR.-¡¡Hemos tenido mucha suerte!!

(Se miran contentos. PAUSA. Preocupado.)

AUTOR.-¿Usted cree que cabré holgadamente. ¡Es para toda la eternidad!

DIRECTOR.-Pruebe, pruebe usted…

AUTOR.-Si después no puedo salir…

DIRECTOR.-¡Le echaré  una mano!

AUTOR.-Bueno.

DIRECTOR.-¿Va a ir con el bastón?

(Mete un pie dentro.)

AUTOR.-Nunca se sabe lo que puede acontecer.

DIRECTOR..-¡Naturalmente! Es usted un hombre prevenido.

(Mete el otro pie.)

AUTOR.-Ahora un paso adelante. ¡Y ya estoy dentro!

(Animándolo.)

DIRECTOR.-¡¡Estírese!! ¡¡Estírese!!

AUTOR.-A ver, a ver… ¡No vaya a dañarme la columna!

DIRECTOR.-¡Apure! Demorarse tanto…

(Se estira feliz.)

AUTOR.-¡Esto es vida! ¡¡Qué sensación tan placentera!! ¡Me sienta como anillo al dedo!

DIRECTOR.-¡Ni hecho a la medida! Es natural. Ningún consumidor prueba el féretro. Debería facilitar las medidas todos los años; se haría amigo de los empleados de la funeraria. El óbito llega inesperadamente. ¡Todas son prisas! Y a veces… Se pierde en él por tallas grandes o hay que encogerlo por medidas pequeñas.

AUTOR. Así es… ¡Habla usted como un muerto abierto!

(Coge la tapadera.)

DIRECTOR.-Ahora ponemos encima la tapadera…

(Sale rápido de la caja con el bastón.)

AUTOR.-¡¡A mí no me deja usted huérfano de aire!!

DIRECTOR.-¡Tranquilícese! Era para probar.

(Tapa la caja.)

AUTOR.-Disculpe. Con esta nunca vivida situación…

(Se sientan en las sillas y miran el ataúd. PAUSA.)

DIRECTOR.-Se ve cada cosa. ¡Je! Un ataúd. ¡Precioso!

AUTOR.-¡Me encanta! No podríamos vivir sin él.

DIRECTOR.-Es la nave que nos lleva de excursión por los hermosos mares de la muerte.

AUTOR.-Sigue, sigue navegando siempre. Nunca encuentra una playa para naufragar en ella.

(Se levanta.)

DIRECTOR.-Me gustaría, si no tiene inconveniente, sus ideas.

AUTOR.-¡Ninguno! Soy como me ve. Así, espontáneo. No sabría ser de otra manera. Tal vez un personaje, como todos, al que el tiempo le ha dado experiencia para crear otros personajes.

DIRECTOR.-¿Se identifica con ellos?

AUTOR.-¡Son mis hijos!

DIRECTOR.-Se llevará tan bien con ellos… ¡Sus mejores amigos para no sentirse nunca solo y poder dialogar siempre con los que inventó de la nada!

AUTOR.-¡No crea! Son rebeldes como yo. Nacen en mi imaginación, intento que sean fieles a los principios en que los educo, pero se me escapan de las manos. ¡Se rebelan a su autor! Quieren llevar su auténtica existencia.

DIRECTOR.-O sea que usted y ellos coinciden en una filosofía similar.

AUTOR.-Más o menos. Al conocer a los filósofos cínicos, se me ocurrió pensar que fueron los precursores del anarquismo.

DIRECTOR.-¡Me agrada su teoría!

AUTOR.-También hay que pensar que, por ese camino, uno llega al origen del humor y le gusta distorsionar tiernamente a los que salieron de su mente y sentarlos en el banquillo para ser juzgados. ¡Es como desnudar las virtudes y vicios de la humanidad!

DIRECTOR.-No preciso que añada más cosas. ¡Ya tengo su diagnóstico ideológico!

(Se levanta interesado.)

AUTOR.-¿Me lo puede decir?

DIRECTOR.-Un momento.

(Va al lateral izquierdo. Aparece una bandera roja y negra. La coge y vuelve.)

AUTOR.-¿Se puede saber qué trae?

(Le muestra y extiende la bandera.)

DIRECTOR.-¡¡Su bandera!!

(Confuso.)

AUTOR.-Pero… ¡Es la anarquista!

DIRECTOR.-¿Acaso no es con la que está más cerca de usted?

AUTOR.-¡No lo dudo! Es posible. Respeto todas las banderas como las diferentes ideas en un mundo que jamás cayó en el tedio de ser clónico. Sin embargo, las banderas me recuerdan ponerse de luto riguroso.

DIRECTOR.-Usted perdone, pero como no se explique mejor…

AUTOR.-No es color negro el que manifiesta nuestro dolor por la pérdida de un ser querido sino nuestros verdaderos sentimientos. Lo mismo ocurre con un trapo de colores. ¿Vamos a amarlo y dar la vida  por él? Será por algo más importante. ¡La tierra que nos ha modelado, como los padres en el hogar, y nos marca y define en los límites de su territorio. ¡Esa es la patria!

DIRECTOR.-Si usted lo dice…

(Extiende la bandera por el ataúd hasta taparlo.)

Así es más bonito su ataúd. ¿Lo le parece?

(Sonriendo.)

AUTOR.-Un ataúd siempre es más hermoso con cualquier cosa.

(Se miran serios. PAUSA. Sus ojos observan curiosos al frente. Sorprendidos.)

DIRECTOR.-Parece…

AUTOR.-Sí…

(Por el final del patio de butacas y ajena a todos, entra MUERTE. Cuarenta años. Pelo y ojos negros. Alta, esbelta y atractiva. Seria, agradable y correcta. Voz dulce. Viste un elegante traje de fiesta. Avanza segura y misteriosa hacia el escenario. Entusiasmados.)

DIRECTOR.-¡Lo que veo!

AUTOR.-¡Y yo!

DIRECTOR.-¡Qué mujer!

AUTOR.-¡La niña es completa!

DIRECTOR.-¡Viene hasta nosotros!

AUTOR.-¡Qué suerte!

DIRECTOR.-¡Es preciosa!

AUTOR.-¡Un recreo de la naturaleza!

DIRECTOR.-Cuanto más se acerca…

AUTOR.-Más hermosa me parece.

DIRECTOR.-¡Ha llegado!

AUTOR.-¡Ya está aquí!

MUERTE.-Preciso subir al escenario.

(Le extienden la mano.)

DIRECTOR.-¡Agárrese!

AUTOR.-¡Fuerte y sin miedo!

(Tiran por ella.)

MUERTE.-¡Ya está!

(Se encuentra en escena.)

Gracias.

DIRECTOR.-Como observará, se halla usted en un escenario.

AUTOR.-¿Ha estado alguna vez en alguno?

MUERTE.-¿Yo…? ¡En muchísimos! No me coge de sorpresa. Me encuentro en él como en mi propia casa. ¡Tengo un brillante currículo…!

AUTOR.-¡Ah! ¡Qué suerte coincidir contigo! Pertenecemos al mismo mundo. ¡Yo soy autor!

(Se besan las mejillas.)

MUERTE.-Encantada.

AUTOR.-Mucho gusto.

DIRECTOR.-¡Y yo soy director!

(Mismo juego.)

MUERTE.-Es un placer.

DIRECTOR.-Me alegro de conocerte. ¡Qué casualidad! Estamos improvisando, en este ensayo, la vida y desenlace del autor. Si quieres participar… Te veo con condiciones de tener éxito en cualquier papel.

MUERTE.-Tanto como eso… ¡Siempre hago el mismo! ¡Ja, ja, ja! De tanto repetirlo, me he convertido en un personaje.

AUTOR.-¿Tú un personaje? ¡Eres una bellísima mujer de carne y hueso.

DIRECTOR.-Eres tan atractiva… ¡Daría todo mi ser por estar siempre a tu lado!

MUERTE.-Gracias. ¡Sois muy afectuosos!

AUTOR.-¡Estás riquísima!

DIRECTOR.-¡Te comería toda!

(Sonriendo coqueta.)

MUERTE.-Os ibais a indigestar. ¡Ja, ja, ja!

(Se miran. PAUSA.)

AUTOR.-¿Qué interpretas siempre?

DIRECTOR.-¿Cuál es tu papel?

MUERTE.-En realidad interpretar o ajustarme a un papel… ¡Nada! Soy como la que trabaja en una profesión y hace lo mismo en el teatro.

AUTOR.-¡Ideal!

DIRECTOR.-¡Lo harás muy bien!

MUERTE.-No decepciono.

AUTOR.-¿Quién eres?

DIRECTOR.-¿Podemos saber  tu identidad?

(Se encoge de hombros.)

MUERTE.-Sí…

(Seria.)

La muerte.

(Retrocede asustado.)

DIRECTOR.-¡¡No!!

(La mira profundamente.)

AUTOR.-Como escribió Lorca: “La muerte hay que mirarla cara a cara”.

(MUERTE llora desconsolada.)

“¡¡Y no quiero llantos!!”.

MUERTE.-Perdonad. Lloro por mi trágica existencia. Siempre, ser siempre la misma. La que siega vidas de mis propios hijos. ¡Sois todos! No me hicieron para ser otra cosa. ¡Me está prohibido todo lo demás. Así… Tengo tan mala prensa. Me gustaría ser como las demás. Un hogar y no un puesto permanente en la tierra, mares, ríos… Sentir que te aman y dar amor; tener hijos y disfrutar con ellos. No disfrazarme de una joven encantadora y ofrecer una falsa imagen en un mundo de ostentaciones sino llegar a ser una viejecita y morir rodeada de tus seres queridos. ¡Dejar un buen recuerdo!

DIRECTOR.-Precisamente, en esta obra hay un cadáver.

(Retira la bandera.)

¡Aquí está el ataúd!

(Sorprendida.)

MUERTE.-Ataúd… ¿Eso qué es? No los conozco. ¡Es la primera vez que veo uno!

AUTOR.-¡No saber eso…! Es el silabario de la vida.

DIRECTOR.-La caja en la que se mete al difunto para enterrarlo o incinerarlo. ¿Lo comprendes ahora?

MUERTE.-No.

AUTOR.-Chica…

DIRECTOR.-Tus conocimientos…

(Coloca la bandera encima del ataúd como estaba.)

MUERTE.-Perdonad mi ignorancia. Me enseñaron nada  más a dejar sin vida. Lo que sucede después… ¡Nunca lo he visto!

AUTOR.-Pero siéntate, mujer.

DIRECTOR.-Estarás muy agotada con tanto trabajo.

(Se sienta en los pies del ataúd y frente al patio de butacas.)

MUERTE.-Una está tan acostumbrada…

DIRECTOR.-¡Mi querido autor! Así que naciste…

(Observa. Baja muchísimo la luz.)

AUTOR.-A los cero años y sin cursar mi solicitud a la vida. ¡Desengañaos! La burocracia existencial funciona muy mal.

(Se pone de rodillas y sin verse, delante de las piernas de MUERTE y mirando al frente.)

Una sensación tan extraña… Solo oscuridad y silencio. Algo que nunca he sabido explicar.

MUERTE.-Parece que ha llegado el momento. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Es un dolor tan grande! Ahora…

(Una luz muestra la cabeza dormida de AUTOR. Como en un sueño.)

AUTOR.-Es como si creciese la luz.

MUERTE.-¡El dolor sigue! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Falta menos. Un último esfuerzo. Ahora… ¡¡Al fin!!

(Luz normal. Se ve a AUTOR en el suelo y dormido. MUERTE está serena. Contento.)

DIRECTOR.-¡Es niño!

(MUERTE se levanta. AUTOR se pone de pie y la mira feliz. Se besan.)

AUTOR.-¡¡Mamá!!

MUERTE.-¡¡Hijo!!

 

(Se separan.)

AUTOR.-Mamá, si hicieses el favor… ¡Tengo hambre!

MUERTE.-No te preocupes, mi vida. Yo te alimentaré.

(Saca un pecho y le da de mamar. DIRECTOR observa serio.)

¡Cuánto apetito tienes! Cómo te gusta. ¡Piensa que mi leche no está envenenada!

(Se aparta satisfecho.)

AUTOR.-¡Qué bien sabe! Un deleite. Me he puesto… ¡Gracias!

(Guarda el pecho.)

MUERTE.-Cuando quieras, estoy a tu disposición sin necesidad de llorar.

(Lo besa tierna.)

¡Hijo de mis entrañas!

AUTOR.-Mamá… Tienes los labios muy fríos.

MUERTE.-Perdóname! ¡¡Solo sé parir cadáveres!!

(Mutis rápido por el lateral derecho.)

DIRECTOR.-Naciste en una época difícil.

AUTOR.-¡Soy un niño de la República! ¿Comprendes?

DIRECTOR.-Tendrás tantos recuerdos…

AUTOR.-¡Muchos! Aunque en aquella época… Los primeros están tan difuminados…

DIRECTOR.-Es lo lógico. La vida es la búsqueda del tiempo perdido. ¡Ser nosotros mismos como una isla rodeados por el mar de la memoria!

(Ensimismado.)

AUTOR.-Aquella música… Se oía con frecuencia. Era como un aire fresco que nos ilusionaba.

DIRECTOR.-¿Cuál…?

(Se sientan y simulan conversar sin preocuparse de nada. Por la izquierda, se ve a MADURO. Ahora es un joven de treinta y pocos años. Estatura normal y agraciado. Viste humilde. En el foro, a ÉL y ELLA. Una pareja sobre los cuarenta años. Visten corrientes. Por la izquierda, JOVENCITA. Una chica de dieciocho años. Viste elegante. Todos traen una pequeña bandera republicana. Estos personajes, ajenos a todo lo que les rodea y en los límites de sus términos, cantan ardorosos breves estrofas del himno de la República. Mutis por sus términos.)

AUTOR.-Sí; el pueblo estaba dichoso con aquel régimen sin distinción de clases sociales, aunque no faltó la sabiduría del filósofo Ortega y Gasset.

DIRECTOR.-Es cierto. Aquellas palabras…

(Siguen hablando. Por el foro entra MADURO. Se parece a este mencionado filósofo. Ajeno a todo, va al centro del primer término. Al público.)

ORTEGA.-¡¡No es eso!! ¡¡No es eso!!

(Mutis por el foro. Se levantan.)

AUTOR.-La muerte del teniente Castillo.

DIRECTOR.-¡Fue terrible!

AUTOR.-Los tiempos son muy malos. Solo falta un detonante para una lucha fraticida.

DIRECTOR.-Voy a encender la radio. Temo tanto a las noticias…

(La enciende.)

VOZ DEL LOCUTOR.-Según noticias que llegan a nuestra redacción, ha sido asesinado el destacado político de la derecha, don José Calvo Sotelo.

(Asustados.)

DIRECTOR y AUTOR.-¡¡No!!

(AUTOR apaga la radio. Pasean rápidos y nerviosos por el escenario.)

DIRECTOR.-¡El momento es trágico!

AUTOR.-¡El país arde como un nefasto presagio!

DIRECTOR.-Es como si sus tierras se hubiesen convertido en un volcán que no cesa.

AUTOR.-¡¡Sucederá lo inevitable!!

(Se paran. Enciende la radio.)

DIRECTOR.-¿Para qué lo haces? ¡Temo lo peor! ¡¡Hay ruido de sables en los cuarteles!!

VOZ DEL LOCUTOR.-El general Franco se rebela en Marruecos contra la República. Pedimos serenidad. Su golpe de Estado será abortado inmediatamente por las legítimas fuerzas democráticas surgidas de las urnas.

(Apaga la radio,)

DIRECTOR.-¡Ha llegado el momento!

AUTOR.-¡Estaba escrito en nuestra historia!

(Baja mucho la luz. Se oyen fuertes ruidos de aviones, bombas y disparos. Sin fuerzas y muy temerosos.)

DIRECTOR.-¿Qué vamos a hacer?

AUTOR.-¡No sé! Es todo tan caótico.

DIRECTOR.-Si nos quedamos, ¡perecemos!

AUTOR.-Y si huimos, ¡nos ocurre lo mismo!

(Se oye fuerte una sirena.)

DIRECTOR.-¡La sirena nos llama para protegernos!

AUTOR.-¡¡Corramos rápidos al refugio!!

(Mutis rápidos por la izquierda. Vuelve la luz de antes. Han desaparecido las cosas utilizadas anteriormente. La escena vacía. Trincheras en cada lateral. Por la derecha, entra ELLA. Veinte años. Trae una bandera tricolor que clava en el término. Viste de miliciana. Canta, puño cerrado, breves estrofas del “Ay, Carmela”. Mutis por el término. Por la izquierda, entra ÉL. Veintidós años. Trae una bandera bicolor que clava en el término. Viste de soldado nacional. Canta, brazo en alto, breves estrofas del “Cara al sol”. Mutis por el término. Pequeños ruidos de disparos. UN MOMENTO. Por la derecha, entra ELLA. Trae un fusil. Por la izquierda entra ÉL. Trae un fusil. Sorprendidos.)

ELLA.-Pero… ¡Tú!

ÉL.-Si no lo veo… ¡Tú!

ELLA.-Hacer eso, Rafael.

ÉL.-Comportarte así, Luisa.

ELLA.-¡Son mis ideales!

ÉL.-¡Y también los míos!

ELLA.-¡¡Moriré por ellos!!

ÉL.-¡¡Daré hasta la última gota de mi sangre!!

(Se miran. PAUSA.)

ELLA.-Piensa que… ¡Somos hermanos!

ÉL.-¡Todos los somos en esta guerra!

(Se oyen fuertes los disparos.)

ELLA.-¿Quiere decir que deseas matarme?

ÉL.-¡No tomo la guerra como un juego!

(Ruido de bombas.)

ELLA.-Lo que menos esperaba de ti…

ÉL.-¡Cómo me has decepcionado!

ELLA.-Si me hicieses un favor…

ÉL.-No voy a negártelo.

(Va el uno hacia el otro con los fusiles y se paran en el centro de la escena.)

ELLA.-Tengo aquí un problema…

ÉL.-¿Qué te pasa?

ELLA.-Me da vergüenza decirlo.

ÉL.-No te comportes como una niña. ¡Ya somos mayorcitos!

ELLA.-Pero no se lo cuentes a nadie. ¡Por lo que más quieras!

ÉL.-Está bien, Luisa. Somos hermanos y siempre nos hemos portado bien. ¿Qué es?

ELLA.-No es que no me fíe de ti, Rafael… ¡Júramelo!

ÉL.-¡Te lo juro por las cenizas de papá! ¿Estás tranquila ahora?

ELLA.-Algo… ¿A ti te funciona bien el fusil?

ÉL.-Gracias a Dios, ¡perfectamente! ¿Y a ti?

ELLA.-Desgraciadamente… ¡No!

ÉL.-Lo lamento mucho. ¡Todos son problemas!

(Incomodada.)

ELLA.-¡Nunca he pensado que te comportes así conmigo! ¡Ya te has olvidado cuando veraneábamos de niños en Santander y me dabas chapuzones en el Sardinero! Decir que lo sientes y dejarme abandonada. ¡Eso no se hace!

ÉL.-Con las prisas… ¡Disculpa! ¿Qué diablos le pasa a tu fusil?

ELLA.-¡No dispara bien! Ya me dirás cómo lucho.

ÉL.-¡Llama al técnico!

ELLA.-Llama al técnico, llama al técnico… ¡Y yo que sé dónde está! ¡¡No voy a ponerme a gritar y que me descubra el enemigo!!

ÉL.-¡Es cierto! Aquí el que no corre, vuela. ¿¿Se puede saber qué avería tiene tu fusil??

ELLA.-La verdad que es muy bueno. ¡A mí me encanta! Si no fuese un pequeño defecto… ¡Y no voy a pedir otro a los Reyes!

ÉL.-En estos tiempos… No creo que hagan caso a una carta más. ¡No te lo echarían! Si tú pudieses solucionarlo…

ELLA.-¡Imposible! ¡¡Es el gatillo!!

ÉL.-¿No lo tiene? ¡Yo te lo veo!

ELLA.-Pero es como si estuviese manco. Para que salga una bala, hay que accionarlo dos veces. ¡Un desastre!

ÉL.-¡Una auténtica tragedia!

ELLA.-¡Sientes estar vendida! Cuando disparas, el otro lo hace antes.

ÉL.-¡Intenta disparar rápidamente! Porque si te entretienes…

ELLA.-Ya lo hago. ¡Y nada! El gatillo está programado, en los disparos, de uno en uno. ¡Qué le vamos a hacer!

(Se miran tristes. PAUSA.)

ÉL.-¡Me has disgustado tanto!

ELLA.-Pues yo estoy… ¡Ya me dirás!

ÉL.-Lo comprendo. ¡No gana uno para sustos!

(Muy humilde.)

ELLA.-¡Hermano del alma! Si cambiásemos los fusiles…

ÉL.-¿Te das cuenta de lo que me pides? ¡Qué lista eres! Tan pronto lo hagamos y al conocer tu ventaja, ¡me matas!

ELLA.-¡Te prometo que nunca lo haré!

ÉL.-¡Es para agradecértelo toda la vida! Estaré en inferioridad de condiciones ante los otros.

ELLA.-¡Eso es verdad! Déjalo, olvídalo. ¡No te he dicho nada!

(PAUSA. Tiernos.)

ÉL.-Luisa…

ELLA.-Rafael…

(Se lo entrega.)

ÉL.-Toma mi fusil.

(Lo coge y entrega el suyo.)

ELLA.-Coge el mío.

(Lo coge. Se abrazan y besan.)

ÉL.-¡Mi querida hermana!

ELLA.-Adorado hermano. ¡Cuánto te quiero!

(Se separan.)

ÉL.-¡Vamos a trabajar!

ELLA.-¡No podemos estar ociosos!

(ÉL va a la izquierda y ELLA a la derecha. Se estiran, en el suelo, en sus trincheras. Apuntan y disparan. Se oyen las detonaciones. Contentos.)

¡Lo he matado a la primera!

ÉL.-¡Yo, a la segunda! Primero cayó y después… ¡Ya te imaginas!

ELLA.-¡Me sucedía igual! Hay que trabajar más, pero vale la pena.

(Se oyen fuertes disparos de aviones. Se muestran nerviosos. La situación es inmensamente bélica. Desesperanzados,)

ÉL.-¡¡Esto es nuestro final!!

ELLA.-¡¡Pereceremos todos!!

(Por el foro, entra preocupada MUERTE. Trae dos mantas y dos termos con café.)

MUERTE.-¡Hijos míos! ¿Qué es vuestra vida?

ÉL.-La guerra, mamá, es difícil. ¡Deberían estar prohibidas, poner multas y encarcelar a los que matan!

ELLA.-¡Y un castigo ejemplar a los que las organizan! Cortarles un pie o algo parecido para que no se olvidasen nunca. Aquí, ahora, estamos viviendo un momento, mamá…

ÉL.-¡Escóndete porque son capaces de dejarnos huérfanos!

MUERTE.-¿Yo? Parece mentira que no me conozcáis. Estoy inmunizada a estas cosas.

ELLA.-¡¡No juegues con fuego!!

ÉL.-¡¡No eres inmortal!!

MUERTE.-¡Qué sabréis! Os traigo una manta para que no cojáis la gripe y un café calentito en el termo.  

ÉL.-¡Estás en todo!

ELLA.-¡Qué buena eres!

(Le da una manta y un termo a él.)

MUERTE.-Toma, hijo.

ÉL.-Gracias, mamá.

(Le da una manta y un termo a ella.)

MUERTE.-Hija… Para ti.

ELLA.-Mamá… Eres muy cariñosa.

MUERTE.-Es lo menos que puedo hacer por vosotros.

(Ellos, que dejan sus fusiles,  se levantan y se abrigan con las mantas.)

ÉL.-Con la manta, me siento tan calentito.

ELLA.-¡Es una delicia!

MUERTE.-Lo que me alegro.

(Beben gustosos en sus termos.)

ÉL.-¡Está riquísimo el café!

ELLA.-¡Cómo entona!

MUERTE.-¡Lo necesitáis!

(Suenan dos disparos. MUERTE observa seria. Ellos, que les caen los termos, llevan doloridos las manos a sus cuerpos.)

ÉL.-¡¡Ay!!

ELLA.-¡Me han dado!

(Comienzan a marearse. MUERTE los mira apenada. UN MOMENTO. Caen muertos. Para sí.)

MUERTE.-¡Siempre llorando mis muertos!

(Mutis rápida por el foro. Baja mucho la luz. Desaparecen personajes, fusiles, banderas, mantas y termos. Vuelve la luz de antes. Por el foro, entran DIRECTOR y AUTOR.)

DIRECTOR.-¡Solo hay sangre, sangre, sangre! España se ha convertido en un río de sangre que acaba en todos sus frentes o cunetas. ¡La muerte entre sus podridas aguas o estériles tierras! ¡¡Cuánta miseria!!

AUTOR.-Desde su inicio, no vemos más que cadáveres en una larga noche, sin principio ni fin, velados por la triste Luna.

(Observan. Por la derecha entra MADURO. Viste de general. Tiene un micrófono de radio y una copa en la mano.)

MADURO.-¡No temáis los que lleváis la patria en el corazón! Estoy tomando, aquí en Sevilla, una copa de coñac para celebrar nuestra victoria.

(Bebe y entrega, por el término, copa y micrófono. Se oye un timbre. Coge un teléfono.)

VOZ MASCULINA.-¿Capitán General Queipo de Llano?

MADURO.-¡Al aparato! ¿Dígame usted…? ¿Tienen ahí al poeta y dramaturgo Federico García Lorca?

VOZ MASCULINA.-¿Qué hacemos con él? ¡Es una figura reconocida aquí y en el mundo!

MADURO.-¿Y a mí qué me importa eso? ¡A ese denle café! ¡¡Mucho café!!

(Mutis por la derecha. Baja mucho la luz. Por la izquierda entra Él. Viste un traje. Camina serio. Para sí.)

LORCA.-Estaba tan a gusto en casa de los Rosales. Me descubrieron allí. Me condenaron a muerte sin ningún delito. Nos trajeron en un camión hasta este lugar. Nos apuntan fusiles. Miro al cielo y las estrellas enmudecen. ¡No me hablan! Ay… “Lo que más me gusta de la vida es vivir”.

(Luz tenue. Detonaciones. Cae muerto. Vuelve la luz. Ha desaparecido su cadáver.)

AUTOR.-Al principio, era un niño que jugaba desolado a retirar banderitas republicanas de ciudades perdidas.

DIRECTOR.-Ahora… Solo nos queda Madrid.

AUTOR y DIRECTOR.-¡¡No pasarán!!

(Mutis rápido de los dos por el foro. Por la izquierda, entra MADURO. Uniforme de La Legión y por la derecha, entra ÉL. Delgado y más años. Coinciden en el centro de la escena sin darse la mano.)

MILLÁN ASTRAY.-Pero si es Unamuno. ¡Falta poco para entrar en Madrid!

UNAMUNO.-¡Qué vergüenza, Millán Astray! ¡¡Ganaréis pero no convenceréis!!

MILLÁN ASTRAY.-Oírle eso… ¡¡Muera la inteligencia!! ¡¡Viva la muerte!!

UNAMUNO.-¡¡Cuánta contradicción!!

(Mutis por izquierda. Por la derecha, entra ELLA. Viste frívolamente. Se abrazan y besan.)

CELIA GÁMEZ.-¡Mi amado Millán!

MILLÁN ASTRAY.-¡Mi querida, Celia! ¡¡La incomparable Celia Gámez!!

CELIA GÁMEZ.-¡Estamos a las puertas de la victoria!

MILLÁN ASTRAY.-¡No tardaremos en pasar!

(La coge por el hombro y hacen felices mutis por la derecha. Por la izquierda, entra ÉL. Viste de payaso.)

RÁMPER.-El gran payaso Rámper tiene una duda. ¿Qué va a hacer ahora para que ría el público? No lo sé. Pienso… ¡Es muy fácil!

(Va echando serrín por todo el escenario.)

¡¡Serrín de Madrid!! ¡¡Serrín de Madrid!! ¡¡Serrín de Madrid!! ¡¡Serrín de Madrid!! ¡¡Serrín de Madrid!!

(Mutis por la izquierda. Por el foro, entra ELLA. Sigue siendo CELIA GÁMEZ. Bandera bicolor sobre su pecho. Viste de vedette. Va dichosa al centro del primer término. Canta al público breves estrofas de “No pasarán” y enfatizando el final “¡¡Y hemos pasao!! ¡¡ Y hemos pasao!! ¡¡Y hemos pasao!!”. Mutis por el foro. Por la izquierda, entran AUTOR con el bastón y DIRECTOR. Van al centro de la escena.)

AUTOR.-¡Qué país más triste y roto!

DIRECTOR.-Así es esta posguerra.

AUTOR.-Unos lloran a sus muertos.

DIRECTOR.-Y otros entonan las primeras canciones de la época por no llorar.

(Mutis de los dos por la derecha. Por la izquierda, entra MADURO. Es ahora un hombre joven. Canta breves estrofas de “Chaparrita, la divina…”. Por la derecha, entra ÉL. Es ahora un hombre joven. Canta breves estrofas de “Yo te daré; te daré, niña hermosa…”. Por el foro, entra ELLA. Es ahora una mujer joven. Canta breves estrofas de “El vino en un barco, de nombre extranjero…”. Van todos al centro del primer término y cantan vehementes breves estrofas de “Carrascás, Carráscás, que bonita serenata…”. Mutis rápido de todos por el foro. Por la derecha entran AUTOR y DIRECTOR. Van al centro de la escena. Voces bajas.)

AUTOR.-¡Es horroroso lo que está pasando!

DIRECTOR.-Chist… No te oigo.

(Muy bajo.)

AUTOR.-Te comentaba…

DIRECTOR.-¿Estás mudo?

AUTOR.-¿Eres sordo?

DIRECTOR.-No te entiendo

AUTOR.-A ver…

(Le habla indignado por señas. DIRECTOR le escucha asustado.)

DIRECTOR.-Claro…

(Le responde indignado por señas. AUTOR le escucha asustado. UN MOMENTO. Los dos hablan indignados por señas. UN MOMENTO. Voces discretas.)

AUTOR.-Interrogatorios, purgas, cárceles, asesinatos.

DIRECTOR.-Todos estamos fichados en un Estado policíaco.

(Mutis de los dos por la izquierda. Por la derecha, entra JOVENCITA. Viste sencilla. Le llamaremos UNA ROSA. Para sí.)

UNA ROSA.-Finalizó la guerra con el triunfo de los fascistas, pero nosotras éramos fieles a nuestras ideas del Partido Socialista Unificado. ¡Había que luchar contra la barbarie de aquella dictadura sin pies ni cabeza! ¡Ser activistas hasta el final! Nuestra juventud nos daba fuerzas. Interrumpíamos actos, lanzábamos octavillas, dábamos vivas a la República. Pronto fuimos localizadas y encerradas en un reformatorio. Nos obligaban a todas a cantar el “Cara al Sol” brazo en alto. Lo retirábamos, nos lo volvían a poner y cantábamos divertidas: “En el infierno se está mucho mejor”. Nos llevaron a declarar ante un general y sin tener un abogado que nos defendiese. Nos acusaron de perturbar el orden. Nuestras miradas coincidían sonrientes. Pronto nos sorprendimos al escuchar que preparábamos asesinar al Jefe del Estado en un desfile militar. ¡Nos condenaron a muerte! Nos subieron a un camión con soldados. Cantábamos alegres el himno del Partido. Nos levantamos felices para ver El Retiro como si volviera a ser para pasear por él los demás días. Pararon en un descampado que iba a ser nuestro patíbulo. Trece rosas que queríamos que nuestro nombre no se borrase de la historia. El miedo se apoderó de nosotras. Temblábamos; apretábamos la mano de la de al lado. El temor crecía. Nos abrazábamos unas a otras como si formásemos una piña. El momento era insostenible. Las lágrimas salían de nuestros ojos. Nos besábamos en un definitivo adiós. Oíamos una voz. Apunten. Fuego.

(Cae muerta. Baja mucho la luz y vuelve la de antes. No está ella. Vemos a AUTOR y DIRECTOR.)

AUTOR.-El tiempo transcurría lento en aquella España, oscura y sin aire, como si parasen los relojes.

DIRECTOR.-Hambre, penurias, todo censurado, coches con gasógeno, tuberculosis, tifus, el racionamiento con su cuartillo de aceite, los que miraban al suelo para fumar una colilla, el estraperlo que enriquecía, despiadadas inmoralidades de inyectar agua destilada por penicilina.

AUTOR.-Los que se hacían ricos con Wolframio, que se enviaba para la victoria de los alemanes, o turbios negocios y bebían champán, bailaban en el Pasapoga de Madrid con ritmos de cantantes de moda, terminaban en brazos de una lujosa señorita y les decían a sus esposas que habían ido a la adoración nocturna.

DIRECTOR.-La Santa Misión con altavoces ensordecedores, cantando “Perdona a tu pueblo, Señor” para desesperación de los que se retorcían de dolor en sus camas; rosarios de la aurora para robar el sueño a los trabajadores, procesiones y desfiles como divertimento nacional.     

AUTOR.-Gol de Zarra, liberación del racionamiento, nace el Seguro Obligatorio de Enfermedad. Bases americanas, invención del turismo, los emigrantes dejan sus sitios. El negocio del Sol y los necesitados son un alivio a nuestra sufrida balanza de pagos.

DIRECTOR.-Veinticinco años de paz, “Franco, ese hombre” que no la presentan a ningún Óscar. Los Beatles, cafeterías, el Mayo francés, timidísimas protestas de nuestros estudiantes, píldora anticonceptiva. La mujer, ya era hora, viste pantalones.

AUTOR.-Terrorismo, ejecuciones, el dictador muere en La Paz. Llega la monarquía, se legalizan partidos, una democracia que le queda mucho por madurar. Juego de armas de destrucción masiva para crear un Irak absurdo. La corrupción invade el país.

DIRECTOR.-El Rey abdica en su hijo, la justicia no es igual para todos, estar en la cárcel es algo normal y nunca deshonra. El escepticismo crece, la pobreza intelectual es grande. Siempre habíamos soñado con Europa y la decepción deja muerto el sueño.

(Se miran. PAUSA.)

Has vivido más que yo y tú has enriquecido mi memoria histórica.

AUTOR.-He vivido muchos años y el ensayo general para mi muerte, se aproxima.

DIRECTOR.-Dicen que, antes de morir, hay un momento en la que recordamos toda nuestra existencia. A mí, como comprenderás, nunca me ha sucedido, pero tú los has evocado todos.

AUTOR.-Los recuerdos los ordena nuestra mente y hace de ellos la riqueza que poseemos. Son los espectadores ante nuestro yo que se encuentra en su trono.

DIRECTOR.-¿Has dejado alguno sin mencionar?

AUTOR.-Siempre queda alguno en el tintero y, esta vez, es el más importante.

DIRECTOR.-¿Cuál es?

(Se sienta e una mesa en la que hay un ordenador y pone sus manos en el teclado.)

AUTOR.-¡Teclear incesantemente! ¡Componer sinfonías teatrales con las teclas de mi piano! ¡Hacer que la imaginación se convierta en música que termina en un pentagrama con muchos folios!

DIRECTOR.-¡La magia de la creación que desea ser vida en un escenario!

AUTOR.-¡Exactamente! Al narrar mis vivencias, la época histórica en la que te toca vivir, vas creando tu propio personaje y él desea comunicarse con los demás. ¡Está dentro de mí y quiere no perecer en los folios que escribo!

DIRECTOR.-¡¡Hazlo!! ¡¡Hazlo ahora!!

(Música fuerte de “Pequeña serenata nocturna” de Mozart. Teclea entusiasmado y veloz mientras lanza al aire cada folio.)

AUTOR.-¡¡Es maravillosa la creación mientras salen solas las palabras!!

(Va recogiendo dichoso los folios.)

DIRECTOR.-¡¡Así!! ¡¡Muy bien!!

AUTOR.-¡¡Tengo tanto que decir!! ¡¡No hay momento tan grande como este!!

DIRECTOR.-¡¡Sigue!! ¡¡Sigue!!

AUTOR.-¡¡Necesito vaciarme!! ¡¡Hacer que todo lo que llevo dentro llegue al mundo!!

DIRECTOR.-¡¡Adelante!! ¡¡Dilo!! ¡¡Dilo!!

AUTOR.-¡¡Siempre he sido auténtico y he escrito lo que quise!!

DIRECTOR.-¡¡Eso es encomiable!! ¡¡Te honra!! ¡¡Nunca cambies!!

AUTOR.-¡¡No podría hacerlo!! ¡¡Me es imposible dejar de ser yo!!

DIRECTOR.-¡¡Terminaré todo y mi cabeza se llenará de nuevas ideas!!

AUTOR.-¡¡Muy bien!! ¡¡Voy dejando el texto como lo había pensado!!

DIRECTOR.-¡¡Me gusta!! ¡¡Me gusta mucho!! ¡¡Falta poco!!

AUTOR.-¡¡Es el final!! ¡¡Ahora…!! ¡¡La palabra precisa!! ¡¡Es mi vida!! ¡¡Soy yo!! ¡¡He terminado!!

(Cesa la música. Se levanta. Une los folios que ha ido recogiendo.)

DIRECTOR.-¡¡Enhorabuena!!

AUTOR.-Ha quedado todo muy bien. ¡Me siento satisfecho!

DIRECTOR.-¡Es para estarlo! ¡Vida y creación!

AUTOR.-¡Eso me he propuesto!

(Se miran. PAUSA.)

DIRECTOR.-¡Continuemos! Has vivido plenamente. Dejas cantidad de obras y ahora… ¡Es el momento de descansar!

AUTOR.-¿Cómo voy a descansar si tengo ilusión de dejar más cosas? ¡¡Vuelven nuevas ideas!!

DIRECTOR.-Aquí hablas de tu muerte…

AUTOR.-Ella es un instinto que llevamos todos. Soy feliz componiendo y rodeado de mi querida familia y amigos. ¿Voy a abandonar lo que me llena tanto?

DIRECTOR.-¡La vida no es más que una ficción!

AUTOR.-¡Somos dueños de crearla o de destruirla! Solo la anulan los que pierden la ilusión por seguir vivos! ¡No es mi caso!

DIRECTOR.-¿Cómo te gustaría morir?

AUTOR.-¡De ninguna manera!

DIRECTOR.-¡Estás saliendo de tu libreto! ¡Te rebelas contra tu propio personaje!

AUTOR.-El teatro… Solo es un juego.

DIRECTOR.-Razón de más para que finjas perecer en la obra.

(Sonríe.)

AUTOR.-Me identifico tanto con el papel de mi existencia…

DIRECTOR.-¿Vas a dejarme así?

AUTOR.-¿Has leído bien la obra?

DIRECTOR.-Que yo crea… ¡Sí!

AUTOR.-Dejemos que cada uno sea libre.

DIRECTOR.-¡Debes morir en escena! ¿Es eso tan difícil?

AUTOR.-¡Deja de insistir! ¡¡No me apetece!!

(Molesto.)

DIRECTOR.-¡Este hombre…!

(Por la derecha, entra MUERTE.)

MUERTE.-¿Qué es de vuestra vida?

(Entusiasmado.)

AUTOR.-Viéndote… ¡Es como si huyesen los años y me sintiese joven!

(Sonriendo.)

MUERTE.-¡Qué galante!

(Se aproxima.)

AUTOR.-¡Me gustas, preciosa! ¡Me es imposible vivir sin ti!

MUERTE.-¡A mí me sucede lo mismo!

(Extrañado.)

DIRECTOR.-Pero estos…

AUTOR.-No puedes imaginarte lo feliz que me haces.

MUERTE.-Es cierto que te liberé de las sombras e hice que vieses la luz como actúo con todos, pero para mí eres un hombre del que necesito su amor que no me da ninguno.

AUTOR.-¡Cariño!

MUERTE.-¡Mi cielo!

AUTOR.-¡Te quiero con toda mi alma!

MUERTE.-¡Eres imprescindible en mi existencia!

(Se besan y abrazan apasionados. UN MOMENTO. Se separan.)

AUTOR.-Conozco un sitio para nosotros dos.

(Se cogen de las manos.)

MUERTE.-¡Acudamos a él!

(Mutis de los dos por el foro. Muy molesto. Para sí.)

DIRECTOR.-¡Hacerme esto…! ¡No me lo merezco! Cuánto tardan. ¡Se fugarían a una isla en el extranjero!

(Por el foro, entran alegres, y sin cogerse de la mano, AUTOR y MUERTE. Él ha rejuvenecido. No trae el bastón.)

AUTOR.-¡Que felices somos!

MUERTE.-¡Al fin he encontrado al amor de mi vida!

DIRECTOR.-Pero tú, el anciano autor, has rejuvenecido.

MUERTE.-¿Verdad que sí?

AUTOR.-¡El amor hace milagros!

DIRECTOR.-Muerte, no creas que él te quiere tanto.

MUERTE.-¡Vaya! El Director tiene celos.

DIRECTOR.-¿Yo de ti? Con todos mis respetos… ¡Estás muy equivocada!

AUTOR.-Es que otra cosa, querido director, perderías el tiempo.

MUERTE.-Tenlo por seguro. ¡No te cambio por ninguno!

(Se miran. PAUSA.)

DIRECTOR.-Me enoja mucho. ¡Y ella debe saberlo! Que tú no quieras morir en tu personaje!

(Mira al autor.)

MUERTE.-¿¿Es cierto eso??

AUTOR.-¡Sí! ¡Me niego a ser esclavo de mi papel!

DIRECTOR.-Si es un instante. ¡Estaré a tu lado!

AUTOR.-¡Es difícil que cambie de opinión!

(A ella.)

DIRECTOR.-¡Anímalo!

MUERTE.-¡Qué desilusión tan grande, querido autor!

AUTOR.-¿Por qué?

(Incomodada.)

MUERTE-¡Me desprecias! ¡¡Es como si te avergonzases de mí!!

AUTOR.-¡Estás equivocada! ¡Cada día te amo más!

(Retrocede.)

MUERTE.-¡¡Mientes!!

AUTOR.-¡¡Digo la verdad!

(PAUSA.)

MUERTE.-¡Qué fácil es hacer coger ilusiones!

AUTOR.-Te juro por los huesos y cenizas de todos mis antepasados…

MUERTE.-¡Déjalos descansar en paz!

AUTOR.-¿Es que ya no me correspondes?

MUERTE.-¡¡No!!

AUTOR.-¿Se puede saber por qué?

(Le tuerce la cara.)

MUERTE.-¡Soy muy digna!

(Se aproxima.)

AUTOR.-¡Vuelve a mí!!

MUERTE.-¡¡Jamás!!

(Mutis rápido por la derecha. Desolado.)

AUTOR.-Por tu culpa.

DIRECTOR.-Tranquilízate.

AUTOR.-¡No puedo!

(Mutis rápido por la izquierda. Para sí.)

DIRECTOR.-Ella se ha ido. Él también. ¡Me han dejado solo! ¿Cómo voy a terminar el final de ensayo? ¡Es imposible!

(Por la izquierda, entra AUTOR. Ha envejecido mucho. Se apoya en el bastón. Sin fuerzas y muy disgustado)

AUTOR.-No… puedo… más…

(Sorprendido.)

DIRECTOR.-¡Te has convertido en un anciano!

AUTOR.-Das unos ánimos…

(Le muestra un gran espejo.)

DIRECTOR.-¡Mírate!

AUTOR.-No me veo.

(Deja el espejo.)

DIRECTOR.-¡Es lo que sales ganando!

(Se miran. PAUSA.)

AUTOR.-La vida ya no tiene objeto para mí.

(Muy contento.)

DIRECTOR.-¿Estás decidido a morir?

AUTOR.-¡Sin lugar a dudas!

DIRECTOR.-Mira que después… ¡Te puedes arrepentir!

AUTOR.-¡No será mi caso!

DIRECTOR.-Si no te molesta, haz el favor de morirte.

(Confuso.)

AUTOR.-¿¿Cómo??

DIRECTOR.-¡No creo que sea tan difícil!

AUTOR.-No sé.

(Pasea molesto a lo ancho de la escena.)

DIRECTOR.-¡No sabes! ¡No sabes! ¿¿Es que te estoy pidiendo tanto?? ¡¡Es algo muy sencillo!! ¡¡Hasta lo saben hacer los niños de pecho!!

AUTOR.-Lo he escrito tantas veces, pero ahora… ¡Trata de comprenderlo!

(Se para. Enérgico.)

DIRECTOR.-¡¡Métete en el ataúd!!

(Muy miedoso.)

AUTOR.-¡No!

DIRECTOR.-¿¿Por qué??

AUTOR.-¡Puedo ahogarme!

DIRECTOR.-¡¡Ya empezamos con exigencias!!

AUTOR.-Me obligas a tanto…

DIRECTOR.-¡¡Es inútil!! ¡¡Así no se puede!!

(Mutis decidido por la derecha. Para sí.)

AUTOR.-¡No! ¡No te vayas!

(Va hasta la derecha. Al término.)

¡Director! Siempre hay una solución. ¡Ven! ¡¡Vuelve!!

(Por la derecha entra DIRECTOR.)

DIRECTOR.-¡Está bien! ¿Te agrada encima del ataúd?

AUTOR.-¡¡Me encanta!!

(Tira el bastón y, corriendo, va hasta el ataúd. Se estira encima y con los pies hacia el frente.)

DIRECTOR.-¡Puedes comenzar a morirte!

AUTOR.-A mí siempre me gustó hacerlo mirando al mar.

DIRECTOR.-¡Lo tienes enfrente! ¡Está muy sereno!

(Lo observa como una estatua. El ruido sereno del mar invade la escena. Interpreta ajeno a todo. Para sí.)

AUTOR.-He vivido años. ¡Muchos años! Recuerdo siempre mi casa frente al mar. Para mí era todo cuando lo saludaba al despertar, hablaba con él durante el día y me despedía todas las noches con un hasta mañana. Me quedaba serenamente dormido y él nunca dejaba de visitarme con maravillosos sueños de colores azules, verdes o todos los del arco iris. Sentía su sabor salado como si fuese el beso de la más hermosa mujer. Llegamos a querernos; a no poder vivir el uno sin el otro. Ella era tan divertida… Jamás me aburría con su presencia. ¡Mi compañera ideal! A veces, se incomodaba y sus aguas eran fuertes, como armónicos gritos,  en su peligrosa tempestad. En otras, sentía su inquietud y se hallaba revuelto en un juego de olas. Hoy, ahora, está sereno con la tranquilidad de sentirse feliz. ¡Tiene tan buenos sentimientos! Llora cuando alguno perece ahogado o siente la dicha cuando los niños juegan mansamente en su orilla y también acaricia los cuerpos de las personas que nadan en sus hermosos e inmensos territorios. Tengo sueño; un dulce y placentero sueño. Hablo con él y él siempre está conmigo. ¡No estoy solo! Mis ojos se van cerrando. ¡Voy a dormir!

(Se oye fuertemente el mar.)

¡Oigo que las olas crecen! Es la mayor de las dichas sumergirse en ellas. ¡Me han tirado con fuerza! Duermo gratamente en su lecho. Sueño en la vida que fui construyendo, día a día, y ahora necesita un merecido descanso. ¡Cuánta placidez!

(Ruido de bravas olas como en una tempestad. Va bajando la luz.)

¡Me envuelven tiernamente sus espumas en esta tempestad que protege mis cerrados ojos. Y yo…, yo voy descendiendo hasta el fondo del mar y contemplo su mundo inigualable. Lo miro… No me canso de admirarlo. Sueño… Sueño… Sueño…

(Muere. Cesa el mar. Deja satisfecho de ser estatua.)

DIRECTOR.-¡Ha muerto!

(Por la derecha entra solemne MUERTE y se dirige a AUTOR. Serio.)

(Besa los labios de AUTOR.)

MUERTE.-¡Has vuelto a mí!

DIRECTOR.-¡Comienza su velatorio!

MUERTE.-¡Es lo que procede! ¡Respetemos sus gustos!

(DIRECTOR coge un micrófono y canta el tango “Corrientes, tres, cuatro, ocho…” Por el foro, entran ÉL y ELLA. Visten de negro. Ella muy sensual. Bailan voluptuosos y van hasta el primer término. Siguen así. UN MOMENTO. Vuelven hasta el foro. Siempre ajenos a todo, hacen mutis por él. DIRECTOR deja el micrófono.)

¡Ha salido bien el ensayo!

DIRECTOR.-¡El estreno será mañana!

OSCURO

(LUZ. Ha desaparecido AUTOR. La escena está vacía. Se escucha alegre la canción: “Había una vez… ¡Un circo!”. Se va alzando la tapa del ataúd hasta caer al suelo. Por él, sale AUTOR. Su cara es de payaso. Al público, muy contento.)

AUTOR.-¿¿Cómo están ustedes??

(Mutis por la izquierda. Por el foro, entra muy contento DIRECTOR.  Su cara es de payaso. Va hasta el primer término y se dirige al público.)

DIRECTOR.-¡¡Señoras y señores!! ¡¡Niños que me escucháis!! ¡¡Ha llegado el Circo Mundial!! ¡¡El mejor espectáculo del mundo!! ¡¡Un circo concebido para…!!

(Señala al público.)

¡¡Usted!! ¡¡Usted!! ¡¡Usted!! Y también… ¡¡Para ti!! ¡¡Para ti!! ¡¡Para ti!!

¡La vida está hecha de alegrías y sinsabores! Dejemos estas últimas y pensemos únicamente en las alegrías. ¡Para eso está el circo! Estamos deseando que se convierta en el mejor medicamento. Que los enfermos acudan a los médicos para decirles que están muy graves y ellos les receten: ¡Vaya usted al circo! ¡En él se encuentran! ¡Digamos adiós a todas las penas y contrariedades! ¡¡Volvamos a ser todos niños!! ¡¡Todos!! ¡¡Todos!! ¡¡Todos!! ¡¡Ante ustedes. lo que no pueden faltar en ningún circo¡¡ ¡¡Lo que están esperando!! ¡¡Adelante!! ¡¡Los reyes de la pista!!

(Por el foro, entran ÉL y ELLA. Son dos payasos musicales. ÉL toca el acordeón y ella el violín.)

¡¡Ante ustedes…!! ¡¡Los mejores payasos musicales de todos los tiempos!! ¡¡ÉL y ELLA!! Queremos saber algo de vuestra alegre vida. ¿Desde cuándo sois payasos?

ÉL.-¡Desde antes de nacer!

ELLA.-Yo creo que mucho antes, pero me descuento los años.

DIRECTOR.-¿Dónde nacisteis?

ÉL.-En el circo. Me hallaba solo. Mi padre había llevado a mi madre al ginecólogo.

ELLA.-Yo también. ¡Fui una sorpresa! Mis padres estaban en Madrid. Creían que era para dentro de un año.

DIRECTOR.-¿Cómo nacisteis?

ÉL.-De payasos como ellos. Mi padre decía que él y yo éramos como dos gotas de circo.

ELLA,.Mi madre me llevaba en el cochecito y en la calle le decían: Que payasita tan bonita ha tenido.

DIRECTOR.-¿Siempre fuisteis payasos?

ÉL.-Acudí a una guerra. Al verme el enemigo, comenzaba a reír. No me disparaba y nos fotografiábamos.

ELLA.-Trabajé en una funeraria y divertía a los que lloraban. ¡Jamás me contagió el cliente que traían!

DIRECTOR.-Gracias por vuestras palabras. ¡¡La pista es vuestra!!

(ÉL y ELLA tocan  y cantan “Susanita tiene un ratón…”. Permanecen en escena.)

A continuación y como la actuación más cara de Circo Mundial, les ofrecemos lo nunca visto. ¡Les rogamos el máximo silencio por peligrar la vida del artista! Cualquier ruido o comentario podría provocar su inminente defunción. ¡Ya está preparada una ambulancia con un especializado equipo quirúrgico y estudiosos médicos por si tuviesen que intervenir. Ante ustedes y por primera ver en la historia universal… ¡¡El hombre del sable!!

(Por la derecha entra MADURO. Cara de payaso. Viste una camisa sin mangas y pantalón corto. Trae un gran sable  en la mano. Al público.)

MADURO.-¡¡Tengo hambre!! ¡¡Mucha hambre!! ¡¡Me comería, como aperitivo, a todos ustedes!! ¡¡Pero no me teman!! ¡¡No voy a hacerles daño¡¡ ¡¡Pueden seguir viviendo sin la preocupación a ser devorados!! ¡¡Mi plato preferido es el sable!! Cuando voy a un restaurante y el camarero me ofrece la carta. La leo y me pregunta: ¿Qué va a tomar el señor? Cincuenta sables. ¿Y de postre? Póngame otro sable, por favor. Soy metódico y si tomo más, puedo indigestarme, Por eso ahora y a la salud de ustedes, voy a comer un sable.

(Se la echa.)

Un poco de sal… ¡Perfecto! Me gusta el sable crudo y en su punto. ¡Uno tiene sus sanas costumbres!

(Lo huele.)

¡Qué grato olor! Está… ¡Para comérselo!

(Introduce el sable en su boca.)

¡¡Riquísimo!! ¡¡Exquisito! ¡¡Qué gran manjar!! ¡¡Sabe a sable!! ¡¡Lo saboreo!! ¡¡Esto es vida!! ¡¡Qué pena me dan los que no pueden comer ni una navaja!! ¡¡Lo he digerido todo!!

(Mira a un pie y se ve la punta del sable.)

¡¡Y el sable me ha salido por el pie!!

(Permanece en escena.)

DIRECTOR.-Y ahora… ¡Lo nunca visto en el Circo! El desafío a la muerte, el número extraordinario para los más arriesgados. ¡El más difícil todavía! El maravilloso espectáculo que nadie puede imaginar. El valor y la imaginación cogidos de la mano en algo que nunca olvidarán. Se ruega absoluto silencio por peligrar la vida del artista. Ante ustedes y llegada directamente de Estados Unidos… ¡El águila del Everest!

(Por la izquierda entra JOVENCITA. Cara de payaso. Viste jersey y minifalda. Al público.)

JOVENCITA.-Desde muy niña me gustaron las alturas. Comencé tirándome de todos los rascacielos más altos de Nueva York. Siempre he salido ilesa. Para mí, ¡Era como saltar a la cuerda! Deseaba más, mucho más. Me arrojaba al vacío desde los aviones en su máximo vuelo. Me tiré desde el Everest. ¡Fui a la Luna y volví!

(Coge una silla muy bajita y se sube temerosa a ella. Alza las manos.)

¡Me estoy convirtiendo en un águila inmortal! Subo, subo hasta alcanzar el infimito. ¡Es bellísimo! No teman por mi vida ¡¡Lo voy a conseguir!!

(Se tira de la banqueta.)

¡Ahora! ¡¡Única en el mundo!!

DIRECTOR.-A continuación, tenemos el honor de ofrecerles el número estelar de Circo Mundial. ¡Trapecios en el cielo! ¡Algo nunca visto ni concebido! ¡El salto en las nubes! ¡Ha llegado el momento cumbre de…! ¡¡El mejor espectáculo del mundo!!

(De lo alto bajan dos trapecios muy cercanos y quedan arriba)

¡Adelante Autor y Muerte!

(Por la izquierda, entra AUTOR y por la derecha, MUERTE. Caras de payasos. Visten elegantes de rojo. Ella exhibe las piernas. Van al centro y saludan al público con una pantomima. Van a los trapecios que bajan mucho. Él en el derecho y ella en izquierdo. Se mueve coqueta. UN MOMENTO. Dulce.)

MUERTE.-Amor… No me temas. ¡Ven!

AUTOR.-¡Espero este instante!

(Se tira y ella lo agarra con las manos.)

MUERTE.-Al fin… ¡Ya estamos juntos!

AUTOR.-¡Agárrame fuerte!

MUERTE.-Muy fuerte. ¡Ja, ja, ja! ¡¡La muerte nunca se olvida de los que ama!!

(Lo suelta, cae al suelo y muere. Los demás corren hacia AUTOR y rodean. MUERTE se torna estática.)

LOS DEMÁS.-¡¡No!!

(UN MOMENTO. Avanza triste y se dirige triste al público.)

DIRECTOR.-Un autor ha muerto. No importa su calidad ni méritos. ¡El mundo teatral llora!

(Rápidamente cae el

TELÓN

La Coruña, 1 de febrero de 2.017

FINAL DE “ENSAYO GENERAL PARA LA MUERTE”.

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