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EROS SE VISTE DE ROSA

de  ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“EROS SE VISTE DE ROSA”

Farsa en dos actos, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

NEREA

LUIS

DIANA

EMILIO

SONIA

Lados, público. En el  foro izquierdo, cama matrimonial con la cabecera en el término. En el centro del foro, puerta cerrada del dormitorio. En el segundo derecho, puerta del cuarto de baño. En el primero izquierdo, coqueta con espejo. En el primero derecho, un armario. Sillas en el centro del primer término.

ACTO PRIMERO

(Se alza el telón. La escena en penumbra. Se ve NEREA. Cuarenta años. Alta, esbelta, bella. Viste escasa de ropa. Encima de ella, un ser tapado. Se dirige a él. Voz normal y apasionada.)

NEREA.-Sigue. ¡Te quiero mucho! ¡¡Así!!

(Se oye el ruido exagerado de abrir y cerrar la puerta de la calle. Se asusta. Voz baja)

 ¡Mi marido!

(Se levanta muy rápida y coge al ser tapado. Abre el armario, lo guarda en él y cierra. La luz ilumina la escena. Se abre la puerta del foro y entra LUIS. Cuarenta y siete años. Muy alto, alegre y distinguido. Viste un elegante traje. Ella tiene nerviosa la mano en el armario. Sorprendido.)

LUIS.-¿Qué… haces…?

(Retira rápida y nerviosa la mano.)

NEREA.-No… Nada.

LUIS.-Esa mano…

NEREA.-¡Es la que tenía!

LUIS.-Claro.

NEREA.-Iba a vestirme. ¡Me coges tan descuidada…!

LUIS.-Eso en ti…

NEREA.-Ya ves…

LUIS.-Te encuentro muy sofocada.

(Sorprendida.)

NEREA.-¿Yo? Qué va.

LUIS.-Pareces otra. Como si la pasión invadiese tu rostro.

NEREA.-Dices unas cosas… ¡Yo me encuentro la misma!

LUIS.-El armario… Sin apenas ropa… Esa excitación… La cama revuelta…

(Molesta.)

NEREA.-¿Qué insinúas? Tenía sueño. ¡Me acosté un rato! ¿Es que tengo que cursar una instancia para hacerlo?

(Irónico.)

LUIS.-Cuando se tiene sueño y se dispone de tiempo… La gente normalmente no le pide autorización a un guardia.

(Incomodada.)

NEREA.-¡Siempre con tus gracias hirientes! ¡¡Me tienes harta!!

(PAUSA.)

LUIS.-Alterarse… Una señora como tú luce tanto primorosamente vestida. Y a la noche… Tendremos la cena con nuestros queridos amigos.

(Va decidida hasta el armario.)

NEREA.-¡Es cierto!

(Se para ante el armario.)

LUIS.-¿Por qué no lo abres?

NEREA.-No te impacientes. ¡Hay tiempo!

LUIS.-Vas a coger frío…

(Se oye un fuerte estornudo desde dentro del armario. Asombrado.)

¡¡Un estornudo!!

(Coge rápida un pañuelo y simula estornudar.)

NEREA.-¡¡Achís!! ¡¡Achís!! ¡¡Achís!! Estos cambios de tiempo…

(Guarda el pañuelo.)

LUIS.-¡No te quedes así! ¡¡Vístete!!

(Decididos.)

NEREA.-¡¡Yo no me muevo de aquí!!

LUIS.-¡¡Ni yo tampoco!!

(Se miran serios. PAUSA.)

NEREA.-Hacer guardia ante el armario…

LUIS.-Cuando hay un posible motivo…

NEREA.-¡¡Me ofendes!!

(Airado.)

LUIS.-¡¡Lo intuía!! ¡¡Lo intuía!!

(Se sienta en una silla)

NEREA.-¡Intuir! ¿¿Qué??

LUIS.-Vuestras miradas que se buscaban; la felicidad que sentíais al estar juntos. Era como si estuvieseis ebrios de amor. ¡Hacerme eso con mi mejor amigo!

NEREA.-¡¡Tú deliras!!

LUIS.-Esperaré  a que salga del armario.

NEREA.-¡Esperemos! Por mí… Tengo la conciencia tan tranquila.

(Se miran serios. PAUSA. Animados. Se sienta en otra silla.)

¿Qué se comenta por ahí?

LUIS.-¡Está la vida muy cara! Como esto siga así no sé a dónde vamos a parar.

NEREA.-¡Dímelo a mí! Solo por media docena de langostas. ¡Te cuestan…! ¡¡Una barbaridad!!

LUIS.-¡No me hables! Y por un buen coche de lujo, al alcance de cualquiera, tienes que pagar ahora algo desorbitado.

NEREA.-Llegan las vacaciones y por una simple vuelta al mundo… ¡Se va el dinero…!

LUIS.-¡Ahora comprendo que la gente bien se sienta importante al atracar a los bancos! Es un distinguido acto social.

NEREA.-¡Y que aparezca la corrupción en las grandes empresas! ¡Es hacer del robo una bellísima obra de arte!

(Se miran serios. PAUSA. Se levanta enojado.)

LUIS.-¡¡Pero de mí no se va reír nadie!! ¿¿Te enteras??

(Se levanta serena.)

NEREA.-¿A qué te refieres?

LUIS.-¿Es que todavía lo preguntas? ¡Al que creía ser un excelente amigo! ¡El que está oculto en el armario! ¡¡El que ahora estaba acostado contigo!!

(Se santigua confusa.)

NEREA.-¡Alabado sea Dios!

LUIS.-Creía en ti; te adoraba. Eras todo para mí. Y ahora… ¡¡Eres la mujer infiel que nunca he imaginado!!

(Indignada.)

NEREA.-¡¡No te consiento!! ¡¡Me estás calumniando!! ¡¡Siempre te he respetado y admirado!! ¡¡Dime que no son verdad las insidias que me dices!!

(Desolado.)

LUIS.-Por vuestra culpa…

(Se mira en el espejo de la coqueta.)

¡Me empiezan a salir unos cuernos!

NEREA.-¡Yo no te los veo!

(Se vuelve hacia ella.)

LUIS.-¡Me crecerán! ¡¡Crecerán muchísimo!! No podré asomarme a la ventana. ¡Tropezaré con los pisos de enfrente! Si salgo a la calle, ¡escaparán! ¡Se reirán de mí! Comentarán mi falta de virilidad. ¡Me habéis convertido en un hombre derrotado! ¡¡Un ser al que asesinasteis su esperanza!!

NEREA-¡¡Por favor!!

(Vengativo.)

LUIS.-¿¿Creéis que me voy a quedar así?? ¿¿Qué no voy a reaccionar??

NEREA.-¡Tranquilízate!

(Va hasta la puerta del foro.)

LUIS.-¡¡Vais a conocerme!!

(Corre hasta él.)

NEREA.-¡¡Luis!!

LUIS.-¡¡Vais a saber quién soy yo, Nerea!!

(Mutis por el foro. Se cerciora y va rápida hasta el armario. Lo abre. Está DIANA. Treinta y siete años. Alta, guapísima, muy atractiva. Viste elegante. Voz baja.)

DIANA.-Tanto tiempo encerrada… ¡Me ahogaba!

(La coge, cierra el armario y la lleva hasta la puerta del baño. Voz baja.)

NEREA.-¡Apura! Ya lo has oído, amor.

(Abre su puerta.)

Ocúltate en el cuarto de baño.

DIANA.-Sí, cariño.

(Mutis por esta puerta. Comienza a vestirse. UN MOMENTO. Por el foro entra decidido LUIS.)

LUIS.-¡Ha llegado el momento!

(NEREA, sin prestarle atención, continúa vistiéndose.)

¿¿Te has enterado??

(Termina de arreglarse.)

NEREA.-¡Ya está! ¿Qué te parezco?

LUIS.-¡Bellísima!

NEREA.-Gracias.

LUIS.-Pero después de lo acaecido…

NEREA.-Cuando te empecinas en una cosa… ¡No razonas!

(Arregla la cama.)

LUIS.-¡Se escondió en el armario!

NEREA.-El armario. ¡Otra vez el armario! Ahí lo tienes. ¡Cerciórate de una vez!

(Decidido.)

LUIS.-¡Ahora mismo!

(Lo abre con fuerza.)

¡¡Sabía que estabas ahí!!

(Extrañada.)

NEREA.-¿Quién…?

(Lo cierra. Se vuelve y la mira serio.)

LUIS.-No hay nadie.

(Termina de arreglar la cama y va hacia él.)

NEREA.-¿Te das cuenta ahora?

LUIS.-Sí… Perdona.

NEREA.-¡Estos hombres…!

LUIS.-Era como si el mundo hubiese desaparecido ante mis ojos y me encontrase en el más oscuro  de los desiertos. Ahora te miro y es como si el sol naciese dentro de mí.

(Se abrazan.)

NEREA.-¡Mi vida!

LUIS.-¡No puedo vivir sin ti!

(Se separan. Lleva dolorido las manos al intestino.)

¡¡Ay!! ¡¡Ay!! ¡¡Ay!!

NEREA.-¡Ese dolor…!

LUIS.-¡Es urgente! ¡¡Tengo ganas de…!!

(Va hasta delante de la puerta del baño.)

NEREA.-¡Imposible! Estamos en obras.

LUIS.-No me dijiste nada. ¡Iré al de casa!

NEREA.-¡Se conectan! Puedes  llamar en la de un vecino. ¡Siempre se alegra!

LUIS.-¡Molestar por eso…!

NEREA.-Entra discreto en una cafetería o toma algo.

LUIS.-A mí ahora…

(Mira hacia el frente. Se abre un poco la puerta del baño y se ve la mano de DIANA que muestra un orinal. NEREA lo coge. Se cierra la puerta. Va hasta él y se lo ofrece.)

NEREA.-Si te sirve esto…

(Confuso.)

LUIS.-Yo con un orinal… ¡Nunca! No es de personas educadas.

NEREA.-En ese caso… Si te acostumbras… ¡Son los primeros momentos!

(Apurado.)

LUIS.-¡¡Trae!!

(Se lo coge y orina de espalda al frente. Le aplaude.)

NEREA.-¡Bravo! ¡Muy bien! ¡Cómo superas los contratiempos!

LUIS.-¡Gracias!

(Suena el timbre de la calle. Le da el orinal.)

¡El timbre!

(Mutis rápido por el foro. Ella abre un poco la puerta del baño. Desaparece el orinal y se cierra la puerta. Por el foro, entra EMILIO. Cuarenta y tres años. Alto, agraciado, agradable. Viste muy elegante. La besa en las mejillas.)

EMILIO.-¡Guapísima, Nerea!

NEREA.-¡Gracias, Emilio!

LUIS.-Tienes que perdonar que te recibamos en el dormitorio. Estas obras… Sabes cuando comienzan, pero su final…

EMILIO.-No os preocupéis. Donde hay confianza… Como si vivís en las escaleras hasta que se terminen.

LUIS.-¿Y Diana?

EMILIO.-Salió antes de compras. Ya sabes cómo son. No tardará en llegar. ¡Ja, ja, ja! Estar libre unos momentos…

NEREA.-La echarás tanto de menos…

EMILIO.-La verdad… ¡Sí! Hay que llevarle la contraria al mundo. ¡Estoy muy enamorado!

LUIS.-¡A mí me sucede igual!

EMILIO.-Claro que teniendo a una esposa tan atractiva como la tuya… ¡Todo me sonríe!

(Asombrado.)

LUIS.-¿¿Cómo??

(NEREA y EMILIO se miran apasionados. PAUSA. Enojado.)

¡¡Esas miradas!!

(Se abrazan fuertemente.)

EMILIO.-¡¡Mi vida!!

NEREA.-¡¡Única razón de mi existencia!!

(Alza la voz.)

LUIS.-¡¡No os consiento ese abrazo libidinoso!!

(Los dos se separan tranquilos.)

NEREA.-Le das importancia a algo tan natural.

EMILIO.-Ves cosas inexistentes.

LUIS.-¡¡Disimulad!! ¡¡Disimulad ahora!!

NEREA.-¿El qué? Tienes unas ideas ocultas en tu cabeza…

EMILIO.-Eres mayorcito para no saber aguantar una broma.

LUIS.-¡Lo sabía! ¡¡Lo sabía!! ¡No vais a jugar conmigo!

NEREA.-No te entiendo, Luis.

EMILIO.-Como no te expliques mejor…

(Acusando.)

LUIS.-¡¡Tú y ella estuvisteis juntos en esa cama!!

(Llevan asombrados las manos a sus cabezas.)

NEREA.-¡Qué barbaridad!!

EMILIO.-¡Un auténtico disparate!

LUIS.-Primera ella te encerró en el armario y después huiste cuando fui a buscar la pistola para convertiros en restos mortales.

(Les muestra el arma. Horrorizados)

NEREA,-¡¡Deja eso!!

EMILIO.-¡¡No juegues con las cosas de matar!!

(Por la pistola.)

LUIS.-¡Es preciosa! ¿Os gusta?

(Miedosos.)

NEREA.-La verdad…

EMILIO.-Al no entender de armas…

(Apunta decidido.)

LUIS.-¡¡Manos arriba!!

(NEREA y EMILIO alzan temblorosos los brazos. Desgarrados.)

NEREA.-¡¡No!!

EMILIO.-¡¡Una bala ahora…!

(Va a disparar. Por la puerta del baño, cerrándola, entra DIANA.)

DIANA.-Mi querido Luis… ¡Aquí hay una equivocación!

(NEREA y EMILIO bajan rápidos las manos y LUIS guarda confuso la pistola. A él.)

NEREA,-¿Lo comprendes ahora, cielo?

EMILIO.-¡Nunca le he sido infiel a mi mujer!

LUIS.-Tú, Diana… Sabes que estamos en obras. ¿Qué hacías en el baño?

DIANA.-Pues… Jugar al escondite.

NEREA.-Ella estaba en la cama conmigo.

(Normalmente.)

EMILIO.-Echar la siesta dos amigas es algo de lo más natural.

LUIS.-La amistad hace que se tenga confianza.

DIANA.-Nerea y yo…

DIANA y NEREA.-¡¡Nos queremos!!

(Ellos se miran confusos.)

EMILIO.-Pero…

LUIS.-Dicen…

(Ellas unen sus labios en un suave beso.)

DIANA.-¡Te quiero!

NEREA.-¡Y yo a ti!

(A ellas.)

EMILIO.-Después de esto…

LUIS.-¿Qué pretendéis ahora?

(Con la mayor naturalidad.)

NEREA.-¿Nosotras…?

DIANA.-¿Os sorprende nuestro proceder?

LUIS.-¡Nos sois infieles!

EMILIO.-¡No podemos consentir vuestra actitud!

LUIS.-¡Dejasteis de querernos! Qué ejemplo, Nerea, para nuestra hija. Así que se entere… ¡La traumatizas!

EMILIO.-Pensaréis únicamente en vuestro amor. Qué lejos quedarán aquellas encantadoras caricias. ¡Vuestro sucio placer destruirá los sentimientos que nos teníais!

NEREA.-Como comprenderéis…, no es nuestra idea molestaros. En esta vida, todo tiene solución.

DIANA.-¡Destruir los sentimientos es el mayor de todos los crímenes!

(Agresivos.)

EMILIO.-¡¡No debemos convivir con seres como vosotras!! ¡¡Nos dais asco!!

LUIS.-¡¡Es como torturarnos a cada rato!! ¡¡Humillarnos constantemente!! ¡¡No sabéis escuchar la voz de la  naturaleza!!

DIANA.-No descarto que os falte sensibilidad para conocer su gran dulce sonido. ¡Estáis sordos!

NEREA.-La libertad llama a nuestra puerta. ¡Es el momento de ser nosotras! La vida comienza hoy.

(Se cogen por las manos y hacen mutis por el foro. Se oye abrir y cerrar la puerta. Se miran destrozados.)

LUIS.-¡Se han ido!

EMILIO.-¡No las volveremos a ver más!

LUIS.-¡Nerea era todo para mí!

EMILIO.-¡Nunca sabré vivir sin Diana!

LUIS.-¿Qué hacemos?

EMILIO.-¡Las buscaremos debajo de las piedras!

(Mutis por el foro. Baja la luz. Se oye abrir y cerrar la puerta de la calle. Por el foro entran los cuatro. LUIS coge del brazo a NEREA y EMILIO a DIANA. Están alegres. Se sueltan. NEREA enciente la luz.)

LUIS.-Ha sido una suerte encontraros a la puerta de la casa.

EMILIO.-Pensábamos que ya no os volveríamos a ver más.

NEREA.-Cuando hay comprensión…

DIANA.-Nunca existe inconveniente.

(Las parejas se separan. A sus esposas y entre ellos.)

LUIS.-Estamos casados, Nerea. ¿Te alegra?

NEREA-¿Por qué no, Luis?

EMILIO.-Tenemos todo, Diana, Nos falta el hijo que siempre esperamos. ¿Piensas divorciarte de mí?

DIANA.-¿Para qué, Emilio?

LUIS.-¿Tú me quieres?

EMILIO.-¿Sientes por mí el mismo afecto?

NEREA.-Eres mi marido.

DIANA.-Siempre te he tenido por un buen esposo.

LUIS.-¿Continúas enamorada de mí?

EMILIO.-¿Soy tu enamorado de siempre?

NEREA.-La verdad… No.

DIANA.-El ser humano cambia tanto…

LUIS.-¿Han desaparecido las relaciones?

EMILIO.-¿Ya no volveremos a tener vida conyugal?

NEREA.-De vez en cuando…

DIANA.-Las exigencias disminuyen con los años.

(Ellos van al primer término y hablan en voz baja mientras las mujeres hablan entre ellas en el centro de la escena.)

EMILIO.-Estas situaciones…

LUIS.-Al parecer, son bisexuales.

(EMILIO queda pensativo. Lo mira. PAUSA.)

¿Qué piensas?

EMILIO.-¡Se aman!

LUIS.-¡Nos tienen a nosotros!

(Contentos.)

EMILIO.-¡Más unidos…!

LUIS.-¡Es una felicidad!

EMILIO.-Aunque haya frialdad en nuestros lechos, ¡podremos conquistar a algunas mujeres!

LUIS.-¡Ni se enterarán ni les darán importancia! Ahora nuestros celos… ¡No los tendremos jamás!

EMILIO.-Es de un caballero tener su honor y batirse en un duelo, si es preciso, por haber abusado de su santa esposa. Sin embargo, que te engañe con otra no es un agravio. ¡Es ella la que actúa como una pobre enferma!

LUIS.-De todos modos, si estamos en un sitio y miran insinuantes a mí mujer… ¡Te juro que me van a conocer!

EMILIO.-¡Y a mí! ¡Nunca dejaré de comportarme como un hombre!

(Ellas ríen.)

NEREA.-¡Ja, ja, ja! ¡Me haces una gracia…!

DIANA.-¡Al quitarnos las esposas, nos sentimos muy dichosas! ¡Ja, ja, ja!

(Van sonrientes hacia ellas.)

EMILIO.-¡Cuántas carcajadas!

LUIS.-¿De qué os reís?

DIANA.-Si os digo la verdad… No sé.

NEREA.-Una se olvida tan pronto.

LUIS.-Es la hora de ir a cenar.

EMILIO.-Tengo un apetito… ¿Vamos?

NEREA.-Nos encontramos bien aquí. Después tomaremos cualquier cosa.

DIANA.-Id vosotros. Pasadlo lo mejor posible.

(Ellos se miran serios.)

LUIS.-Pues…

EMILIO.-Así…

(Animados.)

LUIS.-¡Divertíos!

EMILIO.-¡Disfrutad de una grata velada!

(Mutis de los dos por el foro. Se oye abrir y cerrar la puerta. Alza muy feliz los brazos.)

DIANA.-¡¡Al fin las dos solas!!

(La abraza y se besan apasionadas.)

NEREA.-¡¡Zorra mía!!

(Se separan.)

DIANA.-Nos ha costado tanto trabajo llegar hasta este momento. ¡Mira que ha sido difícil!

(Sonriendo.)

NEREA.-Hasta tuve que interpretar que coqueteaba con tu marido para disimular lo nuestro.

DIANA.-¡Y no te puedes imaginar lo seductor que se encontraba mientras me hablabas de los celos del tuyo!

(PAUSA.)

NEREA.-Éramos dos enamoradas que vivíamos esclavas de un disfraz.

DIANA.-Un hotel discreto, esta casa, la mía, caricias escondidas en viajes de los cuatro.

NEREA-¡Esta pesadilla ha terminado!

DIANA.-¡Ha vencido el amor!

NEREA.-Ya no tendremos que ocultarnos en armarios, baños, habitaciones.

DIANA.-¡No hemos cometido ningún delito!

NEREA.-¡Somos libres!

(Se echa encima de la cama a la izquierda y sobre la ropa. Dulce.)

DIANA.-¡¡Ven!!

(Se echa encima de la cama a la derecha y sobre la ropa. Excitada.)

NEREA.-¡Serás mía!

(Como en un sueño, miran al frente sin moverse.)

DIANA.-Sigue con tus dulces manos y labios acariciando cada rincón que descubres en mi cuerpo.

NEREA.-Son como minas de diamantes  que me llaman con su luz que nunca cesa.

DIANA.-Tu boca está en mí y busca el manantial que hará crecer al ser que llegará algún día.

NEREA.-¡Entrégate, mi cielo!

DIANA.-Siento… Ay… El clítoris sale de su escondite. ¡No me dejes!

NEREA.-Descubro, en tu interior, el pozo en que lo van bañando infinidad de mares.

DIANA.-¡Oh…! Soy una fuente que va creando multitud de orgasmos como estrellas que brotan unas de otras.

(Se vuelven y se miran felices mientras mueven sus labios como si besasen. PAUSA. Saltan contentas de la cama.)    

¡Siempre juntas!

NEREA.-¡Nunca nos dejaremos!

DIANA.-Queda tan lejos todo… ¡No me cambio por ninguna!

NEREA.-¡Ya no podría ser de otra manera!

(Van al centro de la escena.)

DIANA.-Todo empezó… ¿Te acuerdas?

NEREA.-Como si fuera hoy. Estábamos en aquellos grandes almacenes…

(Simula coger ropa.)

DIANA.-Voy al probador a ver cómo me sientan estas prendas. ¿Me acompañas?

NEREA.-Con mucho gusto. Soy tan curiosa…

(Simula darle las prendas.)

DIANA.-¿Haces el favor de aguantar?

NEREA.-Encantada.

(Simula quitarse ropa exterior que deja caer al suelo.)

DIANA.-Estas pruebas… Y a veces, para nada.

(Entusiasmada.)

NEREA.-¡Qué atractiva eres!

DIANA.-Gracias.

(Simula cogerle la ropa.)

Trae.

NEREA.-Toma.

(Simula vestirse.)

DIANA.-Tengo capricho por este color.

(Simula ajustarlo.)

¿Te gusta?

NEREA.-¡Es precioso!

(Simula ajustárselo.)

Así… Un poco más ceñido… ¡Perfecto!

(Se miran serias. UN MOMENTO. Voces bajas.)

DIANA.-¿Qué miras…?

NEREA.-Nada.

DIANA.-¿De verdad…?

(Las dos extienden entusiasmadas sus brazos y entrelazan sus manos detrás del cuello de la otra.)

NEREA.-¡Cielo!

DIANA.-¡Amor!

(Se miran sonrientes y felices. UN MOMENTO. Se sueltan.)

Estoy pensando… ¡Ja, ja, ja!

NEREA.-¿De qué te ríes?

DIANA.-Si me acompañas al probador con el traje de novia… ¡Quedo para vestir santas!

NEREA.-¡Ja, ja, ja! ¡Y yo!

(Se sientan en sillas del primer término y miran al frente. PAUSA.)

¿Has tenido experiencias hasta hoy?

DIANA.-No fui de muchas aventuras. Recuerdo una que me marcó bastante.

NEREA.-¡Cuenta! ¡Cuenta!

DIANA.-Tenía catorce años. Una edad que crees que el mundo es tuyo. Piensas en muchos chicos y también en alguna que otra chica.

NEREA.-Normal.

DIANA.-Tenía una amiga de mi edad que, más o menos, sentíamos igual.

NEREA.-Y ella y tú…

DIANA.-Una tarde subí a su piso a buscarla. Me abrió la puerta su madre. Una mujer de cerca de cuarenta años. La besé normalmente. Hola, ¿y tu hija? Queremos que vaya a clase particulares. Estáis en una edad que no es para perder el tiempo con pajaritos en la cabeza. En ese caso, ya coincidiremos el sábado. ¿Ya te vas? Estoy haciendo chocolate. ¿Me acompañas?

(Sonriendo.)

NEREA.-¿Estaba rico?

DIANA.-Sí, y con unas pastas… ¡Ideal! Bueno… Me voy. ¿Tan pronto?

NEREA.-La muy puta…

DIANA.-Puso sus manos en mis pechos. Comencé a excitarme. Sabes lo que a esa edad nos produce el morbo de las madres.

NEREA.-Sí…

DIANA.-Ven, acompáñame a mi habitación. Besaba y acariciaba mi cuerpo mientras me desnudaba. ¡Fui de ella!

NEREA.-¡Buen debut!

DIANA.-Con mi amiga andaba los sábados y domingos. Se acercaban chicos. A veces… Unos eran más cariñosos que otros.

NEREA.-¿Hablaste de esto con tu amiga?

DIANA.-¡Ni de broma! ¿Iba a perderme la visita del día siguiente con su madre? ¡Me volvía loca!

NEREA.-Lo comprendo.

DIANA.-Además soy tan amable. Me agradaba contribuir a que su hija se cultivase.

(Ríen las dos.)

NEREA.-¡Eres tremenda!

DIANA.-Miro hacia atrás y ahora creo que la madre convenció a su marido para que tu amiga asistiese a sus clases.

NEREA.-¡No lo dudes! ¿Cómo acabó todo?

DIANA.-En el fondo, deseaba deshacerme de ella. Llevar una vida normal como las demás sin ser la chica del ascensor de media tarde. Fingí una riña con su hija. ¡Fui libre! Ahora es como un recuerdo sin ninguna importancia. ¿Y tú?

NEREA.-Estudié con las monjas.

DIANA.-¡Huy…!

NEREA.-Había una que mucho me miraba. Me sentía halagada con su proceder. Se fijaba en otras; en todas. Por primera vez, supe lo que eran los celos. ¡No podía dejarla escapar! Inventé que mis ojos veían mal el encerado y ocupé la primera fila del aula frente a su tarima. Fue como escalar una montaña para alcanzar su cima.

DIANA.-¡Qué aventura!

NEREA.-Me sonreía, le correspondía. Era como una paloma indefensa que la miraba tiernamente. Me hacía la ingenua. Buscaba llamar su atención. Vestía discreta y maliciosa. Cruzaba mis piernas como si la desafiase. No apartaba la vista de mí mientras explicaba la lección a todas.

DIANA.-¡Qué éxito!

NEREA.-Procuraba estudiar para que viese mi interés. Pronto me gané su consideración y también la envidia de alguna compañera.

DIANA.-Una chica muy lista.

NEREA.-Una tarde se acercó a mí en el patio del recreo. Nerea, guapa, ¿puedes acompañarme a mi dormitorio? La seguí. Llegamos hasta su cuarto. Pasa, pasa. Eres muy aplicada y muy guapa. Gracias, Madre. Puso suavemente sus manos en mis manos. Su boca se acercaba a mis labios. Temblaba y me alegraba aquel instante. No, Madre Encarnación, eso no.

(Sonriendo.)

DIANA.-Siempre has sido tan buena…

NEREA.-¡Me besó fuertemente! Me agradaba y sentía asco. Alcé triste la voz. ¡No! ¡Nunca! ¡Déjeme!

DIANA.-¿Te llevó a la capilla y te puso en el altar mayor?

NEREA.-Se fue rápida y me dejó sola. Sentí una gran tristeza como si algo hubiese muerto en mí. Las lágrimas llegaban a mis ojos mientras bajaba sin fuerzas la escalera hasta regresar al patio.

DIANA.-Es algo tan corriente la primera vez…

NEREA.-Sí. ¡Cómo cambió conmigo! Era cruel. ¡Mala!

DIANA.-¡Son tan cabronas…!

NEREA.-Dejé de ser su predilecta. Pronto se fijó en otra. Ahora… Era un ser invisible que no habitaba en el aula. Perdí la ilusión por los estudios; veía que la decadencia entraba en mí.

DIANA.-Las crisis de la inmadurez…

NEREA.-Me vejaba por mi torpeza. Sus palabras siempre eran una dolorosa humillación. ¡Llegó a pegarme por titubear en una lección!

DIANA.-¡Esa agresividad!

NEREA.-¡La odiaba! En casa me encontraban extraña. ¿Qué tienes, Nerea? ¿Te ocurre algo?

DIANA.-¡Fuiste muy débil!

NEREA.-Lo reconozco. Le conté, cambiando cosas, todo a mi madre. Fueron muy compresivos. ¡Me matricularon en un colegio sin religiosas!

DIANA.-¡Qué alivio!

NEREA.-Pasé por las lógicas novatadas, pero descubriendo un mundo nuevo dichoso con chicos y chicas. ¡Me alegraba verme dentro del progreso.

DIANA.-Tendrías una de novios…

NEREA.-Me llevaba con todos como amigos. Las chicas eran encantadoras. Hice amistad con una.

DIANA.-¿Amistad nada más?

NEREA.-¡Por supuesto! Hablábamos acerca de los chicos. ¡A las dos nos gustaba el mismo!

DIANA.-¡Qué coincidencia! ¿Lo partisteis por la mitad?

NEREA.-No pasaron de sueños que se desvanecían. La amistad crecía entre las dos como una risueña primavera. El deseo nos llamaba como si viniese a sustituir la atracción por el primer hombre.

DIANA.-Algo tan natural…

NEREA.-La endiosaba como un ser extraordinario y comprendía que ella me consideraba muchísimo como si hubiésemos nacido la una para la otra.

DIANA.-Cuando llega el amor…

NEREA.-Nos amábamos como dos adolescentes inexpertas y buscábamos ansiosas la perfección.

DIANA.-¿La lograsteis?

NEREA.-Muy pocas veces. La mayoría de ellas, no pasaba de ser un delicioso juego. Las dos éramos muy sociables, teníamos amistades de chicas y chicos y a nadie se le ocurría pensar que entre las dos había un encantador secreto que nos unía.

DIANA.-¿Con mucha pasión?

NEREA.-¡Sí! La edad nos la ofrecía en bandeja de plata. Y al final del curso…

DIANA.-¿Os seguiríais viendo?

NEREA.-Nos despedimos tristes; nos besamos como si cada una estuviese en la misma estación y fuese a coger un tren distinto. Veraneábamos en lugares diferentes. Los primeros días estaba todo el tiempo en mi mente; soñaba con ella.

DIANA.-¿Duró mucho el recuerdo?

NEREA.-¡Menos de lo que pensaba! El ambiente era grande, la juventud nos llamaba a su banquete, los chicos me gustaban como nunca. Con un novio aprendí, lo que es amar y ser amada.

DIANA.-¿Estuviste mucho tiempo con él?

NEREA.-Menos de un año. Son relaciones en las que no hay una estabilidad y rompe cuando menos lo esperas.

DIANA.-Pero las chicas… ¿Te seguían gustando?

NEREA.-Ya no; era otra. Tuve algunos pretendientes; me divertía con todos. Buscaba ese hombre que sabes que llegará cuando menos lo esperes.

DIANA.-¡Tu príncipe azul!

NEREA.-Más o menos. Si nos quitan esa ilusión es como perder un trozo de esperanza.

(PAUSA.)

DIANA.-¿Supiste algo de aquella chica?

NEREA.-¡Coincidimos una vez! Paseábamos con nuestros maridos. Besos, presentaciones. Ella estaba embarazada. Entramos los cuatro en una cafetería a tomar algo. Conversaciones de alegría que se hacen monótonas. Yo creo que las dos pensábamos que lo nuestro no había ocurrido nunca. No nos volvimos a ver más.

DIANA.-También nosotras…

NEREA.-Nuestros amigos eran amigos de siempre. Ellos nos presentaron y enseguida nació una amistad normal.

DIANA.-¡Cómo nos divertíamos! Paseos, bares, bailes, viajes, conocer mundo, nuestras diarias llamadas por teléfono.

NEREA.-Y, sobre todo, el nacimiento de Sonia.

DIANA.-Cómo me alegró desde el primer día. ¡Deseaba tener otra como ella! Por más que lo intentábamos… La veía crecer y la ilusión se convertía en una nube oscura. Siempre la he querido como a una hija.

NEREA.-Nuestras conversaciones normales de dos matrimonios felices. Las charlas de dos esposas enamoradas.

DIANA.-A veces, comentábamos sus pequeñas manías.

NEREA.-¡Nos reíamos tanto!

DIANA.-Nuestras riñas. Hoy discutí con él. ¡Está insoportable!

NEREA.-Él y yo ya nos reconciliamos. ¡Espero que dure mucho esta nueva luna de miel!

DIANA.-¡Grandes recuerdos que se fueron y perduran en nuestras memorias!

NEREA.-¡Ellas construyeron el álbum de fotos y palabras de felicidad

(PAUSA.)

DIANA.-El amor  va decreciendo…

NEREA.-La pasión disminuye.

DIANA.-Amar es como un trámite o la obligación de fichar en una oficina.

NEREA.-Hay que hacerlo ahora. ¡Mañana hará un mes!

DIANA.-Ellos han cambiado. ¡Parecen otros! Nunca presumieron de forma tan ridícula.

NEREA.-No sé qué se creerán. ¡Retornan a una tardía adolescencia!

DIANA.-Te ves sola en esa extraña época.

NEREA.-Es como si sombras que no esperabas, cerrasen las puertas al futuro.

DIANA.-Miro para ti y no estoy sola.

NEREA.-Encuentro en tu presencia a la mejor amiga.

DIANA.-El cuerpo se transforma. ¡Ya no es el de antes!

NEREA.-Vuelven, con fuerza, atracciones que estaban sepultadas.

DIANA.-Nos miramos de forma tan distinta…

NEREA.-Intentamos disimular en este hallazgo.

DIANA.-¡Es inútil!

NEREA.-¡Vuelve la identidad que nunca se alejó de nosotras!

DIANA.-¡Te agrada que sea así!

NEREA.-¡Admites orgullosa tan placentera realidad!

(Se levantan.)

DIANA.-¿Te apetece salir?

NEREA.-¡Lo estoy deseando!

DIANA.-¡Celebremos nuestro primer día de libertad!

NEREA.-¡La vida nos espera juntas!

(Mutis por el foro. Se oye abrir y cerrar la puerta. UN MOMENTO. Se escucha nuevamente abrir y cerrar la puerta. Por el foro entran LUIS y EMILIO. Han bebido y están alegres.)

LUIS.-¡¡Qué noche!!

EMILIO.-¡¡Hacía tiempo que no disfrutaba tanto!!

LUIS.-¡No eché en falta la compañía de Nerea!

EMILIO.-¡Ni yo la de Diana!

LUIS.-¡¡El mundo es nuestro!!

EMILIO.-¡¡Somos libres!!

LUIS.-Seguiremos preocupándonos esmeradamente de nuestros matrimonios. ¡¡Ja, ja, ja!!

EMILIO.-¡¡Ja, ja, ja! Somos tan responsables.

(PAUSA.)

LUIS.-¡Qué éxito tengo con todas!

EMILIO.-¡Me comían! ¡Haré un seguro de vida porque acabar en el estómago de una admiradora…!

LUIS.-Cenamos tranquilamente. ¡La bebida nos alegraba!

EMILIO.-Fuimos a bailar mientras la música llevaba en una nube nuestros problemas.

LUIS.-Hicimos amistad con dos chicas.

EMILIO.-¡Cómo están!

(Habla cada uno con una imaginaria.)

LUIS.-¿Vamos a la barra?

EMILIO.-¿Qué tomáis? El trato nos daba confianza.

LUIS.-¿Me acompañas a un hotel?

EMILIO.-¿Prefieres tu apartamento?

LUIS.-¡Joder! Lo que menos esperábamos…

EMILIO.-Parecían tan liberadas.

LUIS.-¡Nos ofrecieron un cepillo con la imagen de San Gregorio!

EMILIO.-Si quieres salvar tu alma, echa antes doscientos euros. ¡Un timo!

LUIS.-El deseo desapareció de mí.

EMILIO.-Yo me olvidé del que tenía.

LUIS.-La mía alzaba los brazos como queriendo alcanzar el cielo: ¡¡Milagro!! ¡¡Milagro!! ¡¡Milagro!!

EMILIO.-Pues mi conquista… ¡¡Qué grande eres, San Gregorio!! Vuelve cuando quieras.

LUIS.-¿Crees que eran religiosas o unas chicas de reputación dudosa?

EMILIO.-¡Hombre…! Me pones en un aprieto.

(PAUSA. Tristes.)

LUIS.-Estoy deseando que regresen.

EMILIO.-¡Y yo!

LUIS.-Extraño tanto a Nerea.

EMILIO.-Me siento huérfano sin Diana.

(Se oye abrir y cerrar la puerta. Se tornan contentos. Voces bajas.)

LUIS.-¡Ahí están!

EMILIO.-¡Han vuelto!

(Por el foro entra SONIA. Dieciocho años. Estatura normal, guapa, moderna. Alegre, agradable, muy sociable. Viste informal. Están serios. Los besa en las mejillas.)

SONIA.-Hola, Emilio. ¿Cómo estás, papá?

EMILIO.-Por aquí.

LUIS.-Pasando el rato.

SONIA.-¿Diana y mamá?

LUIS.-Salieron.

EMILIO.-Como les apetecía…

SONIA.-Normal.

LUIS.-¿Y tú?

EMILIO.-¿Qué tal lo has pasado?

SONIA.-¡Fenomenal! Un ambiente de juventud. ¡Una noche completa!

LUIS.-¿Con tu novio?

SONIA.-Me parece que era él.

EMILIO.-La duda…

SONIA.-¡Ja, ja, ja!  Al llevar juntos diez días… Ay… ¡Estoy cansadísima! Buenas noches. ¡Voy a dormir!

(Se dispone a hacer mutis. Avanzan hacia ella.)

EMILIO.-¡Sonia!

LUIS.-¡Hija!

(Se vuelve.)

SONIA.-Decidme.

EMILIO.-¿Ves algo en extraño en mi mujer y tu madre?

SONIA.-No.

LUIS.-Es que las dos…

EMILIO.-Son… Son…

LUIS y EMILIO.-¡Lesbianas!

SONIA.-¿Aún os enteráis ahora? ¡Estáis muy atrasados!

(Mutis por el foro. Tristes.)

LUIS.-Los maridos siempre somos los últimos en enterarnos.

EMILIO.-Marcho a la soledad del hogar.

(Mutis por el foro. Se oye abrir y cerrar la puerta. Se echa encima de la cama. Baja la luz.)

LUIS.-Yo también me quedo solo… ¡Velando el cadáver de una historia de amor!

(Rápidamente cae el

TELÓN

ACTO SEGUNDO

(Se alza el telón. Crece un poco la luz. Sobre la cama y vestido, duerme profundamente LUIS. La luz sigue creciendo hasta verse normalmente. Se oye abrir y cerrar la puerta. Por el foro entra NEREA. Para sí.)

 NEREA.-¡Cómo duerme!

(Alza la voz.)

¡Despierta, Luis! ¡¡Despierta!!

(Se despereza.)

LUIS.-Quién… Yo…

(Se tira de la cama.)

¡Qué alegría, Nerea!

(Va a besarla y ella se aparta.)

NEREA.-¡Esos impulsos…!

LUIS.-¿Es que me niegas tus labios?

NEREA.-Dejemos las cosas como están.

LUIS.-¿Acaso has decidido no quererme?

NEREA.-No. Eres mi marido. ¡El padre de nuestra hija!

LUIS.-Si supieras lo que te eché en falta…

NEREA.-¿A mí? Pues dormías profundamente.

LUIS.-Pasaban las horas y el insomnio impedía que cerrase los ojos en su terrible silencio. ¡Al final tuve que tomar un somnífero! Tardabas tanto…

NEREA.-Debes mentalizarte. ¡No soy tu esclava! Los tiempos han cambiado. En nuestro cariño hubo su principio y su final. ¡Nada es eterno! ¿Tiene algo de particular que pase felizmente la noche con mi pareja?

LUIS.-¿Y yo qué soy de ti?

NEREA.-¿Es que te has olvidado? ¡¡Mi esposo oficial!!

LUIS.-En ese caso… ¡Sigamos como antes! ¡Normalicemos nuestra situación!

(Le besa una mejilla.)

NEREA.-Por mí…

LUIS.-¿En la mejilla nada más?

NEREA.-¿Te parece poco? ¡Es un beso de amigo!

LUIS.-Y… ¿Nuestras relaciones?

NEREA-Actualmente… A mí con hombres… ¡Ni que antes fueran tantas!

LUIS.-El veintisiete de marzo de hace ocho años…

NEREA.-¡Ya no me acuerdo!

(PAUSA. Nostálgico.)

LUIS.-Era todo tan hermoso.

NEREA.-Siempre lo mismo. ¡No paras! Desde que he llegado, pidiéndome cosas. ¿Te he exigido alguna?

LUIS.-¡Me has negado todas!

NEREA.-¿Te molesta que sea así?

LUIS.-¡Mujer…! Alegrar no me alegra.

NEREA.-Lo más importante de cada persona es ser libre. ¿No estás de acuerdo?

LUIS.-Totalmente.

NEREA.-¡Yo lo soy y tú puedes tener toda la libertad del mundo! ¿Te parece mal mi forma de proceder?

LUIS.-Lo que menos esperaba…

NEREA.-La solución es fácil. Tú vas por tu lado y yo por el mío.

LUIS.-¡¡Eso no!!

NEREA.-En ese caso… Nuestras formas de convivencia están muy claras.

(Triste.)

LUIS.-Desgraciadamente…

(Animándolo.)

NEREA.-¡Pero…! ¡No es para ponerse así! ¡Alégrate! ¡Procura estar contento! ¡¡La vida es bella!! Intenta pasarlo lo mejor posible. ¡No te prives de nada! ¡Cumple tus caprichos! Eres un hombre atractivo y agradable. Cuando precises mis consejos, tienes en mí a tu mejor amiga.

LUIS.-Siendo así… ¡Muchísimas gracias! ¡No sé con qué pagártelo!

NEREA.-¡Aquí estamos! Para ayudarnos los unos a los otros.

(PAUSA.)

LUIS.-Lo que no sabía es que Sonia está enterada de lo vuestro.

NEREA.-¿Tiene algo de particular? ¡Quererse no es delito!

LUIS.-Nuestra hija es tan joven…

NEREA.-Piensa que no le va a crear ningún trauma.

LUIS.-¿Por qué no lo comentasteis con nosotros?

NEREA.-¿Para qué disgustaros o complicaros? Son cosas de mujeres. Nosotras nos comprendemos mejor.

LUIS.-No habrá más remedio que saber adaptarnos a algo tan inesperado.

NEREA.-Me parece lo más sensato.

(Suspira dichosa.)

¡Ay! ¡Qué enamoradas estamos, Diana y yo!

LUIS.-¡Enhorabuena!

NEREA.-Muchas gracias. ¡Es completa! ¡Me tiene loca. ¿Verdad que he sabido elegir?

LUIS.-A mí, entre nosotros, siempre me ha gustado.

NEREA.-¡Tiene un no sé qué!

LUIS.-No te lo niego.

NEREA.-¡Me parece imposible que sea mía! Cuando alcanzas la dicha, con otro ser, temes perderlo. ¡Sientes celos!

LUIS.-No te preocupes, Nerea. ¡Diana es una mujer seria!

NEREA.-¿De verdad? ¡No me engañes!

LUIS.-¡Mujer…! Con Emilio siempre lo ha sido.

NEREA.-¡Totalmente!

LUIS.-Y en lo sucesivo… ¡Será la misma!

(Preocupada.)

NEREA.-¿Tú crees que le va a ser fiel a Emilio?

LUIS.-¡Es su marido!

NEREA.-¡No! No me puede hacer eso. ¡No se lo permitiría en la vida!

(Suena el timbre de la puerta. Mutis de LUIS por el foro. Vuelve a entrar, dejándole el paso a DIANA y EMILIO. Ellos se dan la mano.)

LUIS.-Emilio… Me alegro de saludarte.

EMILIO.-¿Qué es de su vida, Luis?

(DIANA va a besar la mejilla de NEREA.)

DIANA.-¡Pero si está aquí mi amiga Nerea!

(La rechaza molesta.)

NEREA.-¿Cómo te atreves?

(Sorpresa en los demás.)

DIANA.-Reaccionas de una manera.

LUIS.-No os entiendo.

EMILIO.-¿Tenéis algún problema?

(Llorosa.)

NEREA.-¡Me engañas con tu esposo! Hacerme eso… ¡No te lo perdonaré nunca más!

DIANA.-¿Que yo no soy una adúltera con el que me casé?

EMILIO.-¡Ya me gustaría que fuese así!

LUIS.-¿Eso quiere decir que tú y yo estamos en la misma situación? Yo pensaba…

EMILIO.-Un error lo tiene cualquiera.

NEREA.-Perdona, Diana, que te haya considerado una mujer honrada. Como en sociedad debemos interpretar el papel de ser lo que no somos…

(Contentas.)

DIANA.-Me alegra que tus inseguridades te obliguen a comportarte así. Eso quiere decir… ¿Verdad?

NEREA.-¡Sí, mi vida!

(Se besan y abrazan apasionadamente.)

LUIS.-Habrá que acostumbrarse.

EMILIO.-Otra solución…

(Se separan.)

DIANA.-¡Malditos prejuicios sociales!

NEREA.-Por una mala educación… ¡Somos las únicas que quedan!

DIANA.-¡Todas se liberan! ¡Salen del armario! ¡Son libres!

NEREA.-¡Deseo tanto ese momento! ¡No tenemos nada que ocultar!

(Preocupados.)

LUIS.-¡No! ¡Jamás! ¡Sigamos con hasta ahora!

EMILIO.-¡A la gente le gusta tanto murmurar…!

NEREA.-Es una tortura jugar al escondite con la naturaleza.

DIANA.-No deberíamos estar sordos a su fuerza que mueve al mundo.

EMILIO.-¡Continuad así!

LUIS.-¡Somos personas ejemplares!

DIANA.-Eso es lo que me molesta. ¡Fingir!

NEREA.-¡Es engañarnos a nosotras mismas!

EMILIO.-Son mentiras piadosas.

LUIS.-Algo sin importancia.

(Ellos se sientan en unas sillas y hablan ajenos a todo.)

NEREA.-La vida juega con una… Empiezas con unos juegos en la adolescencia.

DIANA.-Pronto te muestran un indicador para decirte que ese no es el camino.

NEREA.-También te gustan ellos y crees que ahí está la verdad.

DIANA.-Te casas y te acostumbras a ser la señora de como si no tuvieses derecho a tener tu propia identidad.

NEREA.-Unas son felices, otras vuelven a sentir como antes.

DIANA.-Algunas se engañan diciéndose que son bisexuales y sus aventuras lesbianas se reducen a masturbarse con vídeos pornográficos o a alguna esporádica relación, entre sombras, con otra mujer.

NEREA.-El lecho conyugal es como un ataúd sin rumbo.

DIANA.-Dejan de interesarte los hombres y sentimos que nuestra auténtica sexualidad crece y crece. ¡Somos nosotras!

NEREA.-Unas acaban siendo ellas y se realizan como la cosa más natural. ¡El mundo puede ser nuestro!

DIANA.-Otras encuentran un remedio como nosotras y, en el fondo, no ignoramos que nuestra conducta es como prostituirse una misma.

(Se levantan. Voces bajas.)

EMILIO.-Si todo sigue así…

LUIS.-Adaptémonos.

(Voces bajas.)

DIANA.-¡No podemos ser esclavas de un mundo ridículo!

NEREA.-Poco a poco.

(Voces normales.)

LUIS.-¡Qué bello resulta ver a la familia unida!

EMILIO.-¡Es la columna vertebral de la sociedad!

(Se miran. PAUSA.)

DIANA.-¡¡Tengo un capricho!!

LUIS.-Todo lo que esté en mi mano…

EMILIO.-O en la mía…

NEREA.-¿Se puede saber?

DIANA.-Sí; es algo natural. ¡Quiero tener un niño!

NEREA.-¡Me alegra la idea!

LUIS.-Yo… Como comprenderás…

EMILIO.-¡Estoy decidido a procrearlo!

DIANA.-¿Tú? La de años que hemos perdido inútilmente al intentarlo.

LUIS.-Llamar a un señor… ¡Pagarle por horas!

EMILIO.-¡No lo voy a consentir!

NEREA.-El modo más sano…

(A ella.)

DIANA.-Tú y yo nos queremos. ¡Estamos enamoradas! Todo hijo debe ser fruto del amor. Las dos iremos a un médico! Lo mejor es la fecundación in Vitro.

NEREA.-¡No hay tiempo que perder!

(Mutis de NEREA y DIANA por el foro. Se oye abrir y cerrar la puerta.)

EMILIO.-¿Voy a dejarla sola?

LUIS.-¡No podemos!

(Mutis de EMILIO y LUIS por el foro. Se oye abrir y cerrar la puerta. Por el foro entra ilusionada SONIA. Va al centro del primer término. Al frente y para sí.)

SONIA.-Me he enterado… ¡La Ciencia y Diana quieren tener un hijo! ¡¡No puedo perderlo!!

(Mutis por el foro. Se oye abrir y cerrar la puerta. UN MOMENTO. Por el foro entran contentas NEREA, que trae una calceta y SONIA, que trae ropa de bebé. Se sientan en las sillas y trabajan con estas cosas.)

NEREA.-¡Me hace esto tanta ilusión!

SONIA.-¡No hay nada que lo pague!

(Calcetando.)

NEREA.-¡Uno del derecho, otro del revés!

(Cosiendo.)

SONIA.-Coso por aquí… ¡Qué bien!

(Por el foro entra DIANA. Se nota bastante su embarazo.)

DIANA.-Así que trabajando.

NEREA.-Falta tan poco.

SONIA.-Cuando menos lo esperes…

DIANA.-¡Lo estoy deseando!

(Por el foro entran LUIS y EMILIO.)

LUIS.-¿Cómo te encuentras, Diana?

DIANA.-¡Muy bien!

EMILIO.-¿Te apetece salir a dar una vuelta?

DIANA.-Por mí… ¡Encantada!

(Mutis por el foro de DIANA, LUIS y EMILIO. Se levantan.)

NEREA.-¡Os acompaño!

SONIA.-¡Contad conmigo!

(Mutis de NEREA y SONIA, con la calceta y ropa, por el foro. Por el proscenio izquierdo, entran NEREA, que la coge del brazo LUIS y SONIA, que va a la derecha de ella. Madre e hija dejaron calceta y ropa.)

LUIS.-Hermoso día, querida esposa.

NEREA.-Ideal para tu adorable costilla.

SONIA.-Qué bonito hace tener a unos padres tan enamorados.

(Por el proscenio izquierdo, entra DIANA. Le da el brazo EMILIO.)

EMILIO.-Pasea tranquila, amor de mi vida.

DIANA.-A tu lado, extraordinario marido, todo es sosiego y paz.

(Simulan hablar con amigos imaginarios.)

¡Muchas gracias, Pilar! ¡Muy agradecida, Julia. ¡Llevo muy bien el embarazo!

EMILIO.-Claro que la cuidaré, amigas y amigos. ¡Mi mujer es todo para mí!

(Se acercan NEREA, LUIS y SONIA. Se unen a las conversaciones imaginarias.)

NEREA.-Diana está tan contenta… Su marido, como a mí el mío, no se cansa de mimarla.

SONIA.-¡No hay nada como las parejas unidas!

DIANA.-¡Gracias!

EMILIO.-¡Qué excelentes personas sois!

NEREA.-¡Ha sido un placer!

LUIS.-¡Hasta pronto!

SONIA.-¡Adiós a todos!

DIANA.-Parece que siento… El dolor aumenta… ¡Ha llegado el ansiado momento!

EMILIO.-¡Qué emoción! ¡Voy a ser padre!

NEREA.-¡Siempre serena, amiga!

SONIA.-¡Apurad!

LUIS.-¡Están ahí los coches!

(Mutis rápido por el proscenio derecho de DIANA, EMILIO, NEREA, LUIS y SONIA. UN MOMENTO.  En el forillo, pasean nerviosos EMILIO y LUIS.)

EMILIO.-¡Mucho tardan!

LUIS.-Tranquilízate. ¡Todo saldrá bien!

EMILIO.-¡Que no les suceda nada!

LUIS.-¡Seamos optimistas!

(Mutis por el forillo. Por el proscenio derecho entra DIANA en una cama de ruedas blanca. Siente un gran dolor. La empujan NEREA y SONIA. La dejan en el centro del primer término frente al lateral izquierdo.)

DIANA.-¡Ay! ¡Qué dolor! ¡¡Qué dolor más grande!!

NEREA.-¡Aguanta! ¡Un poco más! ¡Falta poco!

SONIA.-¡Estás siendo muy valiente!

DIANA.-¡Parece…! ¡Ahora…!

NEREA.-¡Sigue!

SONIA.-¡Ya!

(Se oye llorar a una niña. DIANA muestra felicísima una pequeña muñeca que está debajo de la ropa.)

NEREA.-¡Es una niña preciosa!

SONIA.-¡Se parece a ti, Diana!

DIANA.-¡Pobrecita! Lo importante es que esté bien.

(La pone en el pecho como si la amamantase. Por el foro entran contentos EMILIO y LUIS. Besan a Diana en una mejilla.)

LUIS.-¡Enhorabuena!

EMILIO.-¡El vivo retrato de mi madre! Era el hijo que más me parecía a ella.

(La besa en las mejillas.)

SONIA.-¡Felicidades!

NEREA.-Cariño, ¡Me haces muy feliz!

DIANA.-Lo sé, mi amada Diana.

(Se besan en los labios.)

EMILIO.-Después traeremos las flores.

LUIS.-Y brindaremos con champán.

DIANA.-Estoy tan cansada…

NEREA.-Necesitas descansar.

SONIA.-Un día como hoy… ¡Se repite el milagro de la creación!

(NEREA y SONIA empujan la cama y hacen así mutis por el proscenio izquierdo. LUIS y EMILIO se muestran relajados.)

LUIS.-¡Ha aumentado la familia!

EMILIO.-¡Esperaba tanto esta visita!

LUIS.-Nunca es tarde.

EMILIO.-¡Al fin soy padre honorífico!

LUIS.-Menos es nada. Tu semen, ya lo sabes, no fructificaría.

EMILIO.-Ni ella lo autorizaría para el experimento. No voy a engañarme, Más o menos es una adopción científica.

LUIS.-Por lo menos… No tendrás problemas de chantajes paternos.

EMILIO.-No… ¡El ser vino de la nada!

LUIS.-¡Como todos!

(Por el foro entran contentas NEREA y SONIA.)

NEREA.-¡Está la niña para comerla!

EMILIO.-¡Por favor!

LUIS.-Tanto como eso…

SONIA.-¡Qué poco conocéis nuestras expresiones! Pensáis siempre lo peor. ¡No vamos a poner unos platos y convertirla en un aperitivo!

(Por el foro entra DIANA. Empuja un cochecito de bebé.)

DIANA.-¡Aquí está nuestra hija!

(EMILIO y LUIS van a mirarla. Alegres.)

EMILIO.-¡Una belleza!

LUIS.-¡Cada día la veo más guapa!

DIANA.-¡La mañana está espléndida!

NEREA.-¡Ni que la inventasen para que la niña conozca la calle!

SONIA.-¡Hay que llevarla de paseo!

EMILIO.-Por mí…

LUIS.-Me parece acertado.

DIANA.-¡No lo pensemos más! ¡Vamos!

NEREA.-Está bien abrigada.

SONIA.-¡Le sentará muy bien!

(Cohibidos.)

EMILIO.-Os acompañamos.

LUIS.-Es un día histórico.

(Mutis por el foro, empujando el cochecito, de DIANA, NEREA, SONIA, EMILIO y LUIS. Se oye abrir y cerrar la puerta. UN MOMENTO. Por el proscenio derecho entran todos como salieron y por el mismo orden.)

EMILIO.-¡La niña ha hecho su presentación en sociedad!

LUIS.-Así que la conozca… ¡Va a llevar una decepción!

NEREA.-Asustar a una inocente…

SONIA.-No procede, papá.

(Tierna.)

DIANA.-¡Tranquilos!

(Le ayuda a coger el cochecito.)

EMILIO.-Como padre de la criatura, debemos empujar juntos. ¡No es una hija de soltera!

(Va erguido y ridículo. Los demás lo observan confusos. UN MOMENTO.)

VOZ  FEMENINA 1.-¡¡Es un padre de verdad!!

VOZ FEMENINA 2.-¡¡Contribuye para que no se extinga la especie!!

VOZ FEMENINA 3.-¡¡Un gran semental!!

LAS TRES VOCES.-¡¡Qué hombre tan viril, amigas!! ¡¡Lo compro!!

(Fuertes aplausos. Dichoso.)

EMILIO.-¿¿Os dais cuenta?? ¿¿Oísteis sus gritos y aplausos?? ¡¡Todas las mujeres aplauden mi gesta!! ¡¡Quieren comprarme por un altísimo precio!!

(Sorprendidos.)

DIANA.-¿¿Qué gritos…??

NEREA.-¿¿Qué aplausos??

SONIA.-¡¡Nadie habla de comprarte!!

LUIS.-La gente, Emilio, pasa abstraída en sus cosas.

EMILIO.-¡¡Ja, ja, ja!! ¿¿Voy a creeros?? ¡¡Entiendo que vuestros oídos dejan mucho que desear!!

(PAUSA. Va a hasta el cochecito.)

NEREA.-Emilio… ¿Me haces el favor de dejar tu sitio?

(Se aparta.)

EMILIO.-Solo un momento, Nerea. La gente, ya sabes, puede pensar extrañamente. Hay mentes tan raquíticas.

(Coge el cochecito con DIANA. Dichosas.)

NEREA-¡Al fin!

DIANA.-¡Ella y yo…!

NEREA y DIANA.-¡¡Somos las madres de la niña!! ¡¡Es nuestra hija!!

(Voces muy bajas.)

LUIS.-Hablad bajo.

EMILIO.-Pueden oíros.

(Voces normales.)

SONIA.-¿Y la niña qué es mía?

NEREA y DIANA.-¡¡Hermana!

SONIA.-¡¡Oh!!

LUIS.-¿Y mía?

NEREA y DIANA.-¡¡La hermana de tu hija!!

EMILIO.-¡¡Os complicáis…!! ¿¿Y mía??

NEREA y DIANA.-¡¡Nada!!

EMILIO.-¡¡Eso no es así!! Nerea… Hazme el favor de dejarme el sitio que te ofrecí por un instante.

(Decididas.)

NEREA.-¡No!

DIANA.-¡Olvida!

SONIA.-¡No eres nadie!

LUIS.-¡Sé prudente!

(Decidido coge el cochecito y NEREA y DIANA se apartan. Grita frenético.)

EMILIO.-¡¡La niña es mía!! ¡¡Mía!! ¡¡La parió mi mujer!! ¡¡No me la robarán!!

(Cogen enérgicas el cochecito.)

NEREA.-¡¡La niña es fruto de nuestro amor!!

DIANA.-¡¡La he traído al mundo!!

LUIS.-¡¡No insistas!!

(Las aparta, coge el cochecito y corre con él por toda la escena.)

EMILIO.-¡¡Mía!! ¡¡Mía! ¡¡Mía nada más!! ¡¡Fue una loca aventura con una mujerzuela que se deshizo de ella!!

(Corren todos detrás de ella.)

NEREA.-¡¡Razona!!

DIANA.-¡¡Devuélvela!!

SONIA.-¡¡Nos pertenece!!

LUIS.-¡¡Ten sentido!!

(Las tres cogen el cochecito. Se miran. UN MOMENTO. Sueltan el cochecito.)

SONIA.-¡Qué vergüenza!

DIANA.-¡Ese espectáculo en la calle!

NEREA.-¡Lo que nos costó llegar a casa!

(Muy tristes.)

LUIS.-Por más que le dije…

EMILIO.-Yo…

(Coge el cochecito.)

DIANA.-La niña debe dormir.

(Mutis con el cochecito por el foro.)

NEREA.-No podemos comportarnos así.

SONIA.-Somos seres civilizados.

LUIS.-Soy de la misma opinión.

EMILIO.-A veces…, la vida no da cada sorpresa…

(Por el foro entra DIANA. Dejó el cochecito.)

DIANA.-¿Estáis más serenos?

(Molesta.)

SONIA.-¡¡No es cuestión de serenidad!!

NEREA.-¿Qué quieres decir?

DIANA.-¡Explícate!

LUIS.-Si actuamos como hasta ahora, demostraremos que somos seres ejemplares.

EMILIO.-¡Dos familias muy comprensivas!

SONIA.-¡¡Dos familias asquerosamente hipócritas!!

LUIS.-¿¿Eh??

EMILIO.-¡¡Niña!!

NEREA.-Sonia, hija, estoy de acuerdo contigo.

DIANA.-¡Tienes toda la razón!

SONIA.-Papá, Emilio, ¿veis normal que el amor escriba su punto final?

LUIS.-Sí.

EMILIO.-Es algo tan corriente…

SONIA.-Mamá, Diana, aceptáis que dos mujeres se amen como las infinitas parejas que hay en todos los lugares del mundo?

NEREA.-¡Tenemos nuestro legítimo derecho!

DIANA.-¡Somos consecuentes con nosotras mismas!

SONIA.-Entonces… ¿Por qué estáis viviendo este absurdo carnaval e interpretáis, en la farsa afectiva de los sentimientos, un papel que no es el vuestro?

NEREA.-Hemos crecido con unos principios tan obsoletos…

DIANA.-Vivíamos escondidas tras una máscara impuesta por una sociedad decadente.

SONIA.-Pienso que habéis cogido el tren de la libertad con un considerable retraso. ¡Nunca es tarde para subirse a él!

(Dichosas.)

NEREA.-¡Diana!

DIANA.-¡Nerea!

(Se abrazan fuertemente y se besan.)

NEREA.-¡Te quiero, amor!

DIANA.-¡Eres todo para mí!

LUIS.-Mientras los demás no se enteren…

EMILIO.-Si todo queda entre nosotros…

(Decididas.)

NEREA.-¡¡Deseo existir plenamente en la autenticidad de mi yo!!

DIANA.-¡¡Rompo para siempre la máscara con la que me disfrazaba!!

(Preocupados.)

LUIS.-Pero nosotros…

EMILIO.-¿Somos las víctimas de estos tiempos modernos?

SONIA.-¿Modernos? ¡Ha existido siempre! ¡Desde que dos mujeres se miraron por primera vez y se atrajeron! No es culpa de la Monarquía, Dictadura o República. Antes, mucho antes, dos mujeres piadosas se casaban en la primera misa de la mañana de una ciudad española pequeña para no ser reconocidas. Una se vistió de hombre y el cura les dio su bendición. Subieron a un barco con ropas femeninas. No era un crucero para una luna de miel. Se iban a América para que nadie las molestase. ¡Dos emigrantes unidas por la pasión!

NEREA.-No sabía.

DIANA.-Lo comprendo.

EMILIO.-Hay cada cosa…

LUIS.-Se exagera tanto…

SONIA.-Aquella boda fue la circunstancia de una época. ¡Ha llovido mucho desde ese oscuro tiempo! ¿Se va a seguir siendo personajes de ficción cuando ha caído el telón de la realidad? Retroceder ahora a los disfraces… ¡El teatro también es un compromiso de cada verdad!

DIANA.-¡Cierto!

NEREA.-¡Es así!

LUIS.-Hija, piensas de una manera…

EMILIO.-¡Ya aprenderá con los años!

SONIA.-La edad aporta sabiduría, pero también malicia como un caparazón de defensa. ¡Una coraza con arrugas! Resulta todo tan extraño… ¡Y la naturaleza creó a la mujer! Ella necesitaba al hombre y él a ella. Pero la naturaleza no es un reloj exacto que inventaron en Suiza. Tiene su ritmo perfecto, pero también su sorprendente lógica al bañarse en los infinitos mares de la imaginación. ¡Su silogismo perfecto es el amor! ¡¡No lo asesinéis!!

NEREA.-¡Hay que tomar una determinación!

DIANA.-¡Es el momento!

EMILIO.-Temo…

LUIS.-Me parece…

SONIA.-El sexo no es una placentera partida de ajedrez de blancas y negras. Existen tantos colores sin recurrir al machismo… Tampoco puede ser una pobre fantasía que solo serviría para escribir horribles melodramas o piezas pornográficas de mal gusto. Puede igualmente considerarse como el verso de Lorca que nos habla del niño que escribe nombre de niña en la almohada o se viste de novia en la oscuridad del ropero. ¡El sexo nos hace retroceder al primer día de la creación! ¡¡En él nació la vida!!

(Serias.)

NEREA.-¡Luis!

DIANA.-¡Emilio!

(Temerosos.)

LUIS.-Dime.

EMILIO.-¿Qué es?

NEREA.-¡Debes abandonar la casa!

DIANA.-¡Sobras aquí!

LUIS.-Si nosotros…

EMILIO.-No nos preocupamos de vuestras vidas.

LUIS.-Os permitimos que seáis libres.

EMILIO.-Que hagáis lo que a las dos os plazca.

(Enérgica.)

SONIA.-¡No sabia que tenían que contar con vuestra autorización!

EMILIO.-Lo sensato, Diana, es que vivamos en mi casa tú, la niña y yo.

LUIS.-Y en la mía tú, Sonia y yo.

(Señalan autoritarias el foro.)

NEREA.-¡¡Marchad inmediatamente!!

DIANA.-¡¡Abandonad ahora mismo este hogar!!

(Enojados.)

LUIS.-¿¿Cómo??

EMILIO.-¿¿Cuál es vuestra intención??

(Sin señalar.)

SONIA.-El amor precisa su intimidad.

NEREA.-¿¿Es que no lo habéis oído??

DIANA.-¿¿Tenemos que repetíroslo??

(Se sientan rebeldes en dos sillas.)

LUIS.-¡¡Yo no abandono mi casa!!

EMILIO.-¡¡Me niego a dejar en ella a mi mujer e hija!!

SONIA.-Emilio… Tanto como a tu mujer e hija…

EMILIO.-¡¡Calla!!

LUIS.-¡¡Sonia…!!

(Con voz fuerte.)

NEREA.-¡¡Fuera!

DIANA.-¡¡No os quiero ver más!

(Se levanta.)

LUIS.-Acompáñame, Emilio.

(Se levanta.)

EMILIO.-Tengo que coger una cosa que me había olvidado.

SONIA.-¡¡La pistola, no!!

DIANA.-¡¡Eso nunca!!

NEREA¡¡Pasarán antes por encima de nuestros cadáveres!!

LUIS.-¡¡Apura!

EMILIO.-¡¡Vamos!!

(Avanzan rápidos hasta el foro. NEREA, DIANA y SONIA se ponen raudas ante este término.)

NEREA.-¡¡No se os ocurra!!

DIANA.-¡¡Olvidad vuestras intenciones!!

SONIA.-¡¡Obedeced pacíficamente!!

LUIS.-Tengo que coger un pijama.

EMILIO.-Y otro para mí.

NEREA.-¡Compradlo!

DIANA.-¡Están muy económicos!

SONIA.-¡Podéis alquilarlos!

(Tranquilos.)

EMILIO.-No es nuestra intención ser agresivos.

LUIS.-Dialoguemos como personas sensatas.

(Se separan pacíficas.)

SONIA.-En ese caso…

NEREA.-Dejadnos serenamente.

DIANA.-No impidáis nuestra felicidad.

(Tristes.)

LUIS.-¿Quiere eso decir…?

EMILIO.-¿Ya no nos volveremos a ver más?

NEREA y DIANA.-¡¡No!!

(Se aparta y a Luis.)

SONIA.-Yo pienso verte. ¡Eres mi padre! Y te enseñaré una foto de lo que ha crecido mi hermana.

(Suplicantes y de rodillas ante sus esposas.)

LUIS.-¡No nos abandonéis! ¡Os lo suplicamos! ¡No nos dejéis solos!

EMILIO.-¡Vivamos juntos! ¡Os necesitamos! ¡La niña precisa una educación virtuosa!

(Mutis por el foro de NEREA, DIANA y SONIA. Se oye abrir la puerta. Confusos.)

LUIS.-¿Se han ido?

EMILIO.-No sé.

(Los dos hacen mutis por el foro. Se oye cerrar la puerta. Las tres entran contentas por el foro.)

DIANA.-¡Se respira libertad!

NEREA.-¡Estamos solas!

SONIA.-¡Hoy comienza nuestra vida!

(Mutis por el foro. PAUSA. Se miran felices.)

NEREA.-¡Diana!

DIANA.-¡Nerea!

(Se abrazan y besan fuertemente.)

NEREA.-¡Te quiero con toda mi alma!

DIANA.-¡La vida sin ti no tiene objeto!

(Se separan.)

NEREA.-Me parece imposible el haber llegado a este momento.

DIANA.-No es un sueño, cielo, sino la realidad que siempre hemos deseado.

(Sonriente.)

NEREA.-¿Eres de carne y hueso?

(Coqueta.)

DIANA.-No sé.

(Sonriente.)

NEREA.-¿Tal vez el dulce pensamiento que anhelo esté siempre a mi lado?

(Coqueta.)

DIANA.-Puede que sí, puede que no.

NEREA.-¡Es una existencia tan hermosa!

DIANA.-¡Algo que nos llena plenamente!

NEREA.-Solamente tú y yo.

DIANA.-¡Y nuestras hijas!

(PAUSA.)

NEREA.-Nos han costado tantos sudores llegar hasta este instante.

DIANA.-Ha sido una continua batalla en la nos sentíamos perecer ante tanto obstáculos.

NEREA.-Nos casamos tan enamoradas de nuestros ex maridos…

DIANA.-Ambos matrimonios nos hicimos amigos como tantos.

NEREA.-En estas convivencias, muchas veces los sexos distintos buscan a la otra pareja.

DIANA.-O, como fue nuestro, se atraen las del mismo sexo.

NEREA.-¡Pensaba en lo que me sucedía y lo encontraba imposible! ¡Tenía que olvidarlo!

DIANA.-Por más que intentaba hacerlo, el deseo crecía cada vez más y más. ¡Era una metamorfosis del cuerpo y sentimientos que nos hacía ser diferentes!

(PAUSA.)

Mientras veíamos a otras mujeres que se querían y amaban como la cosa más natural.

NEREA.-¡No nos atrevíamos! ¡Temíamos dar ese paso!

DIANA.-Nuestros maridos eran excelentes; tú tenías una hija.

NEREA.-¡La sociedad nos obligaba a no ser fieles a nosotras mismas.

DIANA.-¡Pero la pasión…! Ese algo oculta inherente a nosotras que jamás nos deja y se desarrolla más ante las dificultades.

NEREA.-Por eso, aquella vez surgió espontáneamente. Pensábamos que un solo movimiento de la mano produciría una descarga eléctrica y no la satisfacción de hacer realidad el amor.

DIANA.-No veíamos a escondidas. Un año, dos, tres…

NEREA.-¡Nos culpábamos de estar cometiendo un delito y nada nos podría detener!

DIANA.-Nuestros esposos, aquellos que antes había sido todo para nosotras, se iban convirtiendo en invisibles. ¡Hasta dejar de verlos como hombres con rostro!

NEREA.-¡Estaban muertos!

DIANA.-Fuimos descubiertas y no nos cogió de sorpresa porque sabíamos que lo nuestro tendría que salir  inexorablemente a la superficie.

NEREA.-Comienza el desastre de ver cómo dos matrimonios se convierten en ruinas. ¡Olemos mal! ¡¡Apestamos!!

DIANA.-Las cadenas nos oprimen y nos falta valor para mostrarnos al mundo real. ¡Veíamos tan cerca la derrota…!

(Animándola.)

NEREA.-Los dados han caído de nuestro lado. ¡No han favorecido! ¡¡Olvidemos para siempre la sinrazón!!

(PAUSA.)

DIANA.-¡Somos libres, nos queremos! ¡Tenemos hijas! ¡El turbio pasado lo alumbra el mundo deseado!

NEREA.-¡Somos parejas! ¡Podemos vernos en todos los espejos y en los ojos de todos los demás!

DIANA.-¡Cada día te quiero más!

NEREA.-¡Y yo a ti!

DIANA.-El amor alcanzará su perfecto equilibrio e iremos descubriendo playas inalcanzables.

NEREA.-Tengo miedo.

DIANA.-Yo también.

NEREA.-Si me faltases, la pena me destruiría hasta dejar de ser.

DIANA.-Me sucedería igual.

NEREA.-No pensemos en eso. ¡Vivamos intensamente cada instante!

DIANA.-¡Nada nos debilitará!

NEREA.-Tengo un capricho. ¡Me hace mucha ilusión!

DIANA.-¿Cuál?

NEREA.-Pasearé a la niña en su cochecito e iré comentándole sobre la ciudad como si hablásemos juntas.

DIANA.-¡Es nuestra hija!

(Mutis de NEREA por el foro. DIANA se mira feliz en el espejo de la coqueta. Se ve contenta, por el pasillo, a NEREA con el cochecito. Se oye abrir y cerrar la puerta. DIANA deja de mirarse. Por el foro entra SONIA.)

SONIA.-¿Te encuentras a gusto, Diana? ¡Al fin en esta casa vivimos cuatro mujeres!

DIANA.-¡No te puedes imaginar lo dichosa que me siento!

SONIA.-¡Me sucede lo mismo! Y si puedo contemplar a una chica tan atractiva como tú…

(Extrañada.)

DIANA.-¿Qué dices…? No te comprendo.

(Seductora.)

SONIA.-¿De verdad…? Me has entendido perfectamente.

DIANA.-¡Eso quiere decir que tú…? ¿También…? Pero si tienes tantos chicos…

SONIA.-¿Y qué…? ¿Es un pasaporte para renunciar a vosotras? ¿A una cosa tan deliciosa como tú?

(Decidida.)

DIANA.-¡Niña! La edad te hace tan ardiente… Olvida lo que me has dicho. ¡No lo sabrá tu madre!

SONIA.-Ella se fue con mi hermana. La ciudad es grande. Tenemos tiempo…

DIANA.-¡No insistas! Tu madre y yo nos tenemos un amor intenso. ¡No somos mujeres para frivolizar con él!

SONIA.-¡Qué formalita eres! ¿Es que nunca has comprendido el deseo  que me inspiras? Será nuestro secreto.

DIANA.-¡No voy a entrar en tu juego! ¡Te prohíbo que me vuelvas a hablar así! ¡Lograrás que te echemos!

SONIA.-Hazlo… ¿Voy a abandonar la casa porque siempre sentiste poseer a una jovencita como yo?

(Indignada.)

DIANA.-¡Sonia! ¡¡Me estás calumniando!!

SONIA.-¿Por decir la verdad?

DIANA.-¡¡No fabules!!

SONIA.-¿Yo? Por llamar a las cosas por su nombre? ¿O desprecias mi juventud para gozarla? ¿Verdad…?

DIANA.-¡¡Calla!! ¡¡No sigas!! ¡¡Déjame!! ¡Hablas de una manera…! ¡¡No me tientes!!

SONIA.-¿Yo…? Pobrecita de mí. Te miro y todo mi cuerpo tiembla de pasión. ¡Ven a mí!

(Retrocede.)

DIANA.-¡No quiero!

(Avanza segura.)

SONIA.-Mentirosa…

DIANA.-¡No! Mira que…

SONIA.-¡¡Ahora!!

(Va a abrazarla. La luz baja hasta verse dos sombras unidas. UN MOMENTO. La luz va creciendo lenta hasta contemplar dos labios juntos. Suspiran ajenas a todo.)

DIANA.-¡¡Oh!!

(En el límite del foro, aparece NEREA con el cochecito.)

SONIA.-¡¡Ay!!

NEREA.-¡¡Desgraciadas!!

(Mutis sola por el foro. Se separan. Cohibidas.)

DIANA.-¡Era una broma…!

SONIA.-¡Pensar otra cosa...!

DIANA y SONIA.-¡Claro…!

(Por el foro, entra decidida NEREA. Coge a Sonia y le pone la pistola en la sien. Aterrorizada.)

¡No me mates, mamá!

NEREA.-¡Mala hija! ¿¿Te he parido para que destruyas mi verdadero amor??

DIANA.-¡¡No le quites la vida, Nerea!!

SONIA.-¡Fue ella!

DIANA.-¡¡Sonia me buscó!! ¡¡Te lo juro por nuestra hija!!

NEREA.-¡¡Guarras!! ¡¡Sois las dos iguales!! ¡¡No nombres a nuestra hija!!

(Coge la muñeca del cochecito y lleva las manos a su cuello.)

DIANA.-¡¡Suéltala, Nerea, o nuestra hija la acompañará!!

NEREA.-¡¡No le hagas daño, Diana, a la única inocente!!

DIANA.-¡¡Tú decides!!

NEREA.-¡¡Tú!!

(Llorando.)

SONIA.-¡¡Piedad!!

(Por el forillo entran LUIS y EMILIO.)

LUIS.-¿¿Qué vais a hacer?? ¡¡Estáis locas!!

EMILIO.-¿¿Por qué actuáis así?? ¿¿Cuál es la razón??

SONIA.-¡¡Defiéndeme, papá!! ¡¡Ayúdanos, Emilio!!

NEREA.-¡¡Quietos los dos!!

DIANA.-¡¡Ahora…!!

(LUIS y EMILIO avanzan hasta la puerta del foro.)

EMILIO.-¡¡Desistid!!

LUIS.-¡¡Cordura!!

(Los personajes quedan inmóviles como si fuesen una fotografía fija. La escena permanece así un momento.

Lentamente cae el  

TELÓN

La Coruña, 10 de marzo de 2.016

FINAL DE “EROS SE VISTE DE ROSA”.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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