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¡VENGO DEL ‘FISIO’!

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“¡VENGO DEL ‘FISIO’!”

 (Entremés)

 (De mi colección “ENTREMESES DE LA CASA”)  

 Original de: Raimundo Francés

© Reservados todos los derechos.

bea45azul@yahoo.com

Duración aprox: 16 minutos

 

Como siempre, Puri llega a casa quejándose de algo. Pepe, se encuentra esta vez, esperándola, en su sofá, leyendo su prensa.

 

PURI - ¡Ay! ¡Vengo agotaíta! ¡Hay que ver la paliza que me ha dao’ el gachó!

 

PEPE - ¿A ti? ¿Que un gachó te ha dao’ una paliza? ¡Pero, eso cómo es? ¡Dónde está ese tío?

 

PURI - ¡Que no, hombre! Que me refiero al “fisio”, y no sabes la paliza que me ha dao’.

 

PEPE - ¿El físico? ¿Qué físico?

 

PURI - ¿Pero, de qué físico estás hablando, idiota? Te he dicho el “fisio”, o sea, el fisioterapeuta.

 

PEPE - ¡Ah, ya! Como decías que te había dado una paliza…

 

PURI – No. Una paliza, no me ha dao. Me ha dao… ¡un palizón!

 

PEPE - ¿Un palizón? ¿Y, por qué no me has llamao’? ¡Coño, con lo fácil que es! Trincas el móvil, que na más que lo usas pa hablar de gilipolladas, y me llamas, y me dices: ¡Pepe, que aquí, hay uno que me está dando una paliza!

 

PURI - ¡Ah, si? O sea, que te llamo… ¿y qué?

 

PEPE - ¡Joé! Por voy enseguía’, y a ese tío le digo yo cuatro cosas.

 

PURI - ¿Tú? ¿Tú, al fisio’?

 

PEPE - ¡Hombre, po’ claro! ¡Como si hace falta darle dos cachetás!

 

PURI - ¿Dos cachetás? ¿Tú, le vas a dar dos cachetás al fisio’? ¡Pero, hombre, Pepe! Si tú al lado del fisio’ eres como Pulgarcito al lado de Goliat. ¡Si tú no conoces al fisio’…!  Pero si el fisio’ mío es como si fuera Rambo, pero multiplicao’ por dos.

 

PEPE - ¿Tanto?

 

PURI – Tú no te haces ni la más mínima idea.

 

PEPE – Ya. Y yo, ahora, me pregunto una cosa. Que solo es una pregunta sin importancia, ¿eh?

 

 Que digo yo, que una bestia como esa… ¿cómo se permite darle una paliza a una señora delicada y respetable, como mi mujer?

 

PURI - ¡Hombre, Pepe! Po’, verás…Es que si no me deja como me ha dejao’, to’ eso que me ha hecho, no hubiera servío’ pa’ ná’. Comprendes ¿no?

 

PEPE – No.

 

PURI - ¿No? ¡Bueno! Verás… Es que primero te coge, y te dobla así… y luego así… como si estuviera doblando un cable de Telefónica, ¿no? Y luego, te hace así, y luego así… y me lleva las piernas con las rodillas que me dan en el hocico, que por poco no me doy un bocao’, y…

 

PEPE - ¡Para, para… eh? Que to esto me está oliendo a mí, un poco raro.

 

PURI – Y luego, me trinca la cabeza con las dos manos, y me dice… “¡suéltala, suéltala!” Y entonces, yo la suelto, así pa’ atrás, toa’ relajá’.  

 

PEPE - ¡Ojú, ojú…! ¡No, si verás…! ¡Lo que yo te digo!

 

PURI – Y después, me tumba, me levanta las piernas, me levanta el culete’, y me mete la mano por ahí abajo.

 

PEPE - ¿Por dónde?

 

PURI – Por ahí abajo.  ¡Bueno! Me va metiendo la mano con mucho cuidaito’, hasta que llega al sitio, donde está el punto ese…

 

PEPE - ¿Al sitio? ¿Al punto? ¿A qué sitio? ¿A qué punto?

 

PURI - ¡Hombre! Al punto ese…

 

PEPE - ¿Al punto? ¿No será al punto “G” ese, o como se llame, no?

¡Mira! Que no me importa que sea un Rambo de esos, que tú sabes que yo era policía, y si le enseño la placa,  ese se caga por las patas abajo. Que te lo digo yo.

 

PURI - ¡Anda, ya, Pepe! ¿Y qué vas a hacer? ¿Detenerlo? O le vas a poner una denuncia…

 

PEPE – Es que tú comprenderás, que yo no voy a permitir que un gachó, por mu físico que sea…

 

PURI – Fisio’. Se llama Fisio’…

 

PEPE - ¡Bueno! ¡Es igual! Pero eso de meterle mano a mi mujer… eso, no se lo consiento yo a nadie. ¡Vamos, por Dios! ¡Hasta ahí, podíamos llegar…!

 

PURI – Es que como tú comprenderás, si no me toca ahí, en el sitio donde tengo eso, a mí no se me quita eso que yo siento, sobre todo por las noches, cuando me acuesto.

 

PEPE – ¿Cómo dices? ¡Oye, Puri! ¡Mira, Purita! Que hoy yo, no estoy yo pa esas bromas pesás’, ¿eh?

 

PURI – No, de bromas, ná’. Que esas cosas que me está haciendo a mí ese muchacho, no me las ha hecho nadie en mi vida.

 

PEPE - ¿Ah, no? ¡Vaya, hombre! Encima, el “manitas” ese le ha hecho unas cositas a mi mujer, que no se las ha hecho ni su marío’. Desde luego, ¿quién me iba a decir a mí, que a mi edad, mi mujer me iba a poner los cuernos, así, con un físico de mala muerte.

 

PURI – Fisio… fi- si- o. Fisioterapeuta.

 

PEPE - ¡Bueno, es igual!  Yo lo que sé es que como tú vayas otra vez a que te toque el tío ese, este que está aquí… ¡se divorcia!

 

PURI - ¡Pero, que no es pa’ tanto, Pepe! Porque tú sabes que los fisios’  tienen que tocar, porque si no…

 

PEPE – Sí, pero, por ese sitio, precisamente…

 

PURI - ¡Claro! ¿Por dónde quieres que me toque? ¡Por donde está el pinzamiento!

 

PEPE - ¿El qué? ¿El pensamiento? ¡Ah! Conque también te toca ahí, en el pensamiento, ¿no?  Lo que yo te digo…

 

PURI - ¡No! ¡Lo que tú dices, no! Lo que dice el médico. Que dijo bien claro que yo tenía un pinzamiento en la última vértebra, en el hueso sacro.

 

PEPE - ¡En dónde?

 

PURI – En el hueso sacro.

 

PEPE - ¿Pero qué sabes tú del hueso sacro ni ná’ de esas cosas, criatura? ¡Tú no sabes, ni lo que estás diciendo, mujer!

Las cosas sacras, son las que están en el Vaticano, y el hueso sacro será un hueso de Cristo, ¿no? Digo yo…

 

PURI – Po’ eso fue lo que me dijo a mí el médico. Y cuando el fisio’ vio la radiografía, también lo dijo. Me dijo: ¿Ves, Puri? Tú tienes el pinzamiento aquí, en el hueso sacro.

 

PEPE - ¿Ah, sí? ¡Vaya, hombre! ¡Qué puñetas sabrá el fisio’ ese de las cosas sacras!  ¡Si eso, pa’ aprenderlo, hay que pasar primero por el seminario!

 

¡Bueno! Y si se puede saber… ¿Dónde está el “huesesito” ese de los cojones?  

 

      (Puri se vuelve, y enseña la parte baja de la espina dorsal)

 

PURI – Aquí.

 

PEPE - ¿Ahí? ¿Ahí está el hueso ese? ¡Que casualidad, hombre!

El “huesesito” ese, sacro, o como sea, está ahí mismito. Pegaíto, pegaíto, a la autovía de Los Barrios, que conduce directamente al Estrecho de Gibraltar.

 

PURI - ¿Cómo dices?

 

PEPE - ¡Hombre! Exactamente, en el mismo estrecho, estar, no está.  Pero que, por lo menos, en La Línea de la Concepción, si está. ¡Vamos, que está justo al laíto’, a un saltito de ná’!

 

PURI - ¿Y qué?

 

PEPE - ¿Cómo que… y qué? ¡Que tú, me acabas de decir, que el Rambo ese te ha estao’ tocando ahí, y no mas lejos de ahí!

 

PURI - ¡Hombre, claro! ¿Dónde quieres que me toque? Po’, donde tengo yo el “pensamiento” ese.

 

PEPE - ¿Lo ves? Tú misma, te estás confesando. Que tienes el pensamiento puesto ahí abajo. Donde están toas las zonas prohibidas.  Y esa zona, no es precisamente la zona franca de Cádiz, ¿eh? Que ahí, puede llegar cualquiera, y descargar lo que le de la gana, que pa’ eso es una zona franca. 

 

PURI - ¡Pero, Pepe, por Dios! ¡Pero si llevo el pantalón puesto, hombre!

 

PEPE – Sí, pero para un Rambo como ese, un pantaloncillo de mala muerte, tiene que ser… como pa’ mí, un papel de fumar.

 

PURI - ¡Oye, Pepe! ¿Tú no estarás pensando lo que yo estoy pensando, no?

 

PEPE – Po, no sé lo que quieres que piense. Tu “pensamiento”… tus “partes bajas”… “el tocamiento”… ¡Vamos!  Más claro… ¡imposible!

 

PURI - ¡Que no, hombre! Que ese muchacho me toca solo en la vértebra, pa’ aliviarme.

 

PEPE - ¡Claro, claro! Pa’ aliviarte…

 

PURI – Pa’ hacerme estiramiento, y así, se me va quitando el dolor ese que me trae a mal traer.

 

PEPE - ¡Bueno! ¿Sabes qué te digo? Que el jueves, si quieres ir al fisio’ ese, yo voy contigo.

 

PURI – Por mí… Pero, con lo raro que tú eres, a lo mejor no te va a gustar, ¿eh?

 

PEPE - ¿Lo ves? ¡Eso es lo que tú quieres! Quedarte sola con el fisio’, pa que te toque en el “pensamiento” ese, y en tus partes sagradas, que tú misma lo has dicho, que no lo he dicho yo.

 

PURI - ¡Que no! Que a mí me da lo mismo que vengas tú, como si no vienes. Que a mí, me toca el fisio’ pero mu suavemente, y na más que en el sitio donde duele.

 

¡Oye, Pepe! ¡Tú, no estarás celoso, no?

 

PEPE - ¿Celoso! ¿Celoso, yo? ¡Anda, ya!  Por mí… ¡como si te vas con el fisio’ ese en un crucero al Caribe! Y ya puesto, te quedas allí con él, en Santiago de Cuba, pescando lisas mojoneras con una caña.

 

PURI - ¿Yo? ¿Con el fisio’? ¡Qué más quisiera yo!

 

PEPE - ¡Oye, por cierto! Me tengo que llegar un momentito a El Hogar, porque creo que están organizando un crucero pa’ nosotros, los mayores.

 

PURI - ¿Ah, si? ¡No me digas! ¿Y cuándo nos vamos?

 

PEPE - ¿Cómo que… nos vamos? Será… ¿Qué cuando me voy, no?  

 

PURI - ¿Cómo? ¿Tú, solo?

 

PEPE – No. Yo solo no. Con la gente de El Hogar.

 

PURI - ¿Y yo no?

 

PEPE - ¡Pero, Puri! ¿Tú, cómo vas a venir? ¿No ves que te tienes que quedar aquí pa’ poder ir a las sesiones esas del fisio’ ese?

 

PURI - ¡No, hombre! Que yo le puedo llamar, y decirle que deja las sesiones pa’ otra fecha del mes que viene.

 

PEPE - ¿Pero qué dices, criatura? ¿Tú no sabes que pa’ poderte curar del “hueso sacro” ese, tienes que pasar por toas las sesiones? Tú no puedes faltar, mujer. Porque lo primero, es lo primero. Así que, después de comer, a ver si me vas preparando una maleta en condiciones pa’ el viaje.

 

PURI - ¿Una maleta? ¿Pa’ ti?

 

PEPE - ¡Hombre! ¿Pa’ quién va a ser? ¡Pa’ mí! Y no te olvides de meter un bañador pa’ la piscina, un chándal  pa’ los masajes, y toas esas cosas.

 

PURI - ¿Cómo… pa los masajes…?

 

PEPE - ¡Claro, criatura! ¿Tú no sabes que un barco de crucero es como un hotel de cinco estrellas? Allí tenemos de tó’. Y un “spa” de categoría. Con un par de chavalas de esas filipinas, que te dan unos masajes, con un completo, que le llaman, que te dejan como nuevo.

 

PURI - ¿Nuevo? ¡Nuevo te voy a dejar yo! Mejor dicho, te van a tener que hacer de nuevo, porque te voy a dejar descompuesto pa’ siempre. Conque, crucerito ¿eh? Espérate ahí, que voy un momento a la cocina.

 

           (Pepe empieza a temblar)

 

PEPE - ¡Bueno, Puri! Que digo yo… Que si tú quieres, le digo a Enrique, que en el crucero, que no me incluya a mí, en eso de los masajes, no me vayan a dejar peor de lo que estoy. Que, pensándolo bien, ya no está uno pa’ tanto jaleo.

 

PURI – No, si no te preocupes, que el jaleo ya te lo doy yo. Que te van a tener que recoger con pinzas de depilar. ¡Espérame aquí!

 

PEPE - ¡No, Puri! Estate quieta, que no pasa ná’, mujer. Que me voy a poner en lista de espera. Que hay mucha gente apuntá’, y a lo mejor, ya no queda ni una plaza pa’ mí.

 Que estas cosas, como las pagues por adelantao’, te las quitan de las manos.

 

¡Que ahora mismo vuelvo! ¡Que no tardo!

 

(Sale disparado, mientras se oye la voz de Puri, gruñendo)

 

PURI – A este le voy a dar yo un masaje en condiciones, pero no en el hueso sacro, que eso pa’ él, es pecado, sino en el hueso que tiene detrás justo de la cabeza. ¡Ven aquí, desgraciao’, no te vayas todavía, que te voy a dar un masajito fino filipino. Ya verás!

 

TELÓN

 

Fin.

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