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EN EL DIVÁN DE FREUD, HABITAS TÚ

de  Rogelio San Luis

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

 “EN EL DIVÁN DE FREUD, HABITAS TÚ”

Farsa en dos actos, original de

 Rogelio San Luis

rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

(Por orden de aparición)

ISABEL

EMILIO

ADRIANA

 

La acción en una gran ciudad.

Época, actual.

Lados, los del espectador.

 

ESCENARIO

Elegante sala de estar.

En el primero izquierdo, una ventana.

En el segundo izquierdo, puerta.

En el tercero izquierdo, mueble bar y tocadiscos.

En el centro del foro, puerta de la calle.

En el tercero derecho, teléfono de pared.

En el segundo derecho, puerta.

En el primero derecho, gran espejo.

En el centro del primer término izquierdo, un sofá.

En el centro del primer derecho, otro sofá

Demás cosas que exija la acción.

 

ACTO PRIMERO

(Se escucha “Solamente una vez se ama en la vida…”. Se alza telón. Cesa la canción. Suena el timbre del teléfono. Por la derecha entra ISABEL. Cuarenta y cinco años. Alta y elegante. Muy guapa, esbelta. Agradable y segura. Viste un precioso traje. Lo coge.)

ISABEL.-¿Diga? Hola, querido. Ay, me encanta escucharte. Siempre tan ocupado con tu trabajo… ¿Qué deseas? ¿Hoy no vendrás a comer? Te sentará bien huir de la rutina diaria. No te preocupes por mí; aprovecharé el tiempo para hacer cosas pendientes en casa. Aunque te echaré tanto de menos… No verte como todos los días hasta la noche. ¿Y con quién vas a comer? ¿¿Con Pedro?? ¡Qué horror! Os pasáis todos los días hablando. Sí; ya sé que es tu gran amigo. Pero un día, otro… Y una siempre escuchando vuestra continua conversación. ¿Es que aún os queda algo por comentar? ¡Qué dos! ¿Acaso no tiene otra cosa qué hacer? Pues ya es mayorcito. No le vendría mal encontrar a una; casarse. Si no me incomodo, hombre. Es un decir. Tranquilo; pasadlo bien. Un beso. Adiós.

(Cuelga. Suena el timbre de la puerta de la calle. La abre. Se ve a EMILIO. Cincuenta años. Alto, delgado. Noble, sociable. Viste una sotana.)

EMILIO.-Buenos días, señora.

ISABEL.-Buenos días.

EMILIO.-Perdone que la moleste.

ISABEL.-Por favor… ¿Qué desea usted?

EMILIO.-Yo soy cura.

ISABEL.-Me he dado cuenta desde que lo he visto.

EMILIO.-La Iglesia, nosotros, tenemos un gran problema. Y todo desde la muerte de la última beata. ¡No acude nadie a los templos!

ISABEL.-Como comprenderá… Cada uno tiene el derecho de ir o no.

EMILIO.-¿Se da cuenta de lo que significa eso? Todos los sacerdotes sin clientes. ¿Qué vamos a hacer? ¡Acabaremos en el paro! ¡Una injusticia social! Entre nosotros. Y los sindicatos… ¡Nada! ¡No luchan por nuestros intereses!

ISABEL.-Soy comprensiva con los pensamientos de los demás. Estudié en un colegio de monjas. La mente evoluciona y ahora… No soy creyente. La religión ha dejado de ser un problema para mí. ¡Soy libre!

EMILIO.-Así piensa la mayoría. ¡Es terrible! ¡Dios nos coja confesados! ¡Acabaremos vendiendo todas las iglesias! ¡Terminaremos en la calle!

ISABEL.-¡Comprar una iglesia! Tienen tantas… ¡Es una gran inversión!

EMILIO.-¡Nos rebelamos a que eso sea nuestro final! ¡No lo consentiremos! Estamos dispuestos a hacer…

ISABEL.-¿Qué…? ¿Una revolución?

EMILIO.-¡Apostolado por las casas!

ISABEL.-Por eso usted viene aquí...

EMILIO.-¡Sí! Para ofrecerle nuestro producto. ¡Si ustedes no acuden a la casa de Dios, nosotros invadiremos sus hogares!

ISABEL.-Tanto como eso…

(La señala con el dedo índice.)

EMILIO.-¡¡Usted tiene un alma que salvar!!

(Molesta.)

ISABEL.-¿¿Está usted seguro?? ¡¡No lo creo!!

(Incomodados.)

EMILIO.-¡¡Me lo dice la fe!!

ISABEL.-¡¡Y a mí la verdad!!

EMILIO.-¿¿Me está llamando…??

ISABEL.-¡¡Mentiroso!!

(Agresivos.)

EMILIO.-¡¡Cómo arderá en el infierno!!

ISABEL.-¿¿Dónde está eso?? ¿¿Viven allí los bomberos??

EMILIO.-¡¡Respete mis ideas!!

ISABEL.-¡¡Y usted las mías!!

EMILIO.-¡¡Las suyas…!! ¡¡Son un error!!

ISABEL.-¡¡Váyase al diablo!!

(Lleva aterrorizado las manos a la cabeza.)

EMILIO.-¡¡No!!

(Cierra fuertemente la puerta. Va decidida hacia la izquierda. Se para pensativa. Abre rápida la puerta de la calle. No hay nadie. Amable.)

ISABEL.-Señor cura, señor cura… ¡Se ha ido!

(Aparece EMILIO. Sereno.)

EMILIO.-¿Preguntaba por mí?

ISABEL.-Dispense que antes me hubiese alterado.

EMILIO.-Estoy tan acostumbrado a estas reacciones… ¡Qué dulce cruz!

ISABEL.-¡Por favor! Pase usted y hablamos civilizadamente.

(Entra.)

EMILIO.-Muchísimas gracias.

(Cierra la puerta de la calle y le señala el sofá derecho.)

ISABEL.-Tenga la amabilidad de sentarse.

(Se sienta a la izquierda del sofá.)

EMILIO.-Muy agradecido, señora.

(Se sienta a la derecha del sofá.)

ISABEL.-Cuente, cuente usted todo lo que desee. Está usted en su casa.

(Solemne.)

EMILIO.-¡En un principio creó Dios el Cielo y la Tierra!

(Entusiasmada.)

ISABEL.-¡¡Oh!!

EMILIO.-¿Le gusta?

ISABEL.-¡Me encanta! ¡Ay! ¡¡Qué cuento más bonito!!

EMILIO.-Un poco de seriedad. ¡No se ría de la creación!

ISABEL.-Si me gusta… ¿Y qué más? ¿¿Qué más??

(Saca un cepillo.)

EMILIO.-Antes… ¡Tiene que dar una caridad!

ISABEL.-¡Pedir! ¡Pedir! Es lo único que saben hacer ustedes. ¡No piensan en los seres que se mueren de hambre!

(Guarda el cepillo.)

EMILIO.-¡Pobres! Se lo explicaré sin ánimo de lucro.

ISABEL.-¡Qué generoso es usted!

EMILIO.-Todo era silencio, oscuridad. Y de pronto… ¡Aparece Dios!

ISABEL.-¡Qué puntual!

EMILIO.-¡Hágase la luz! Y la luz fue hecha.

ISABEL.-Y Dios… ¿Cómo surge? ¿Estudió la carrera?

EMILIO.-Pues no sé. Debemos ser humildes. Creer en los doctores de la Santa Madre Iglesia.

(Se miran. PAUSA.)

ISABEL.-¿Usted que toma?

EMILIO.-Nada. ¡No se moleste usted!

(Se levanta.)

ISABEL.-No me haga ese desprecio.

(Va al mueble bar y coge dos copas y una botella de coñac.)

EMILIO.-Si le parece mal…

(Coloca las copas sobre un mueble, las llena y deja la botella al lado.)

ISABEL.-Ya verá usted qué coñac tan exquisito.

EMILIO.-Nunca lo he probado.

(Coge una copa.)

ISABEL.-¡Brindemos!

(Coge la copa y se levanta.)

EMILIO.-Brindar… ¿Por qué?

(Alzan las copas.)

ISABEL.-¡Por la verdad!

EMILIO.-¡Es la verdadera!

(Beben un trago.)

ISABEL.-¡Riquísimo!

EMILIO.-¡Me gusta!

(Se sientan donde estaban.)

ISABEL.-No puedo vivir sin el coñac.

EMILIO.-¡Cómo sabe apreciar lo bueno!

(Beben de un trago. Están animados.)

ISABEL.-¡Ay…! ¡Esto es vida!

EMILIO.-¡Que sea eterna!

(Le muestra la botella.)

ISABEL.-¿Otra copa, señor cura?

(Le ofrece la copa.)

EMILIO.-¡Llene! ¡Llene!

(Le llena la copa y después la suya. Deja la botella.)

ISABEL.-¡Disfrutemos! Para dos días que vamos a vivir…

(Beben. Comienzan a alegrarse.)

EMILIO.-¡Nunca me he sentido tan feliz!

ISABEL.-¡Es el mejor euforizante!

(Beben de un trago y dejan las copas. Muy animado.)

EMILIO.-¡Me dan ganas…! Siempre que usted quiera…

(Sorprendida y serena.)

ISABEL.-¿Yo? Ganas… ¿De…?

(Canta. Lo observa seria.)

EMILIO.-“Corazón santo / Tú reinarás. / Tú nuestro encanto / siempre serás.”.

(Le aplaude.)

ISABEL.-¡Bravo! ¡Muy bien! ¡Así se canta!

(Ríe.)

EMILIO.-¡Ja, ja, ja! Muchísimas gracias. ¡Ja, ja, ja! Si me viese cómo dirigía a mis feligreses… ¡Ja, ja, ja! Los señores entraban vestidos de etiqueta; las señoras de lujosos trajes. ¡Ja, ja, ja! Creían que estaban en la ópera.

ISABEL.-¡Tenía que ser fascinante!

(Se levanta embriagado.)

EMILIO.-¡Se lo digo y se lo repito! ¡Un auténtico milagro! ¡Para eso…! ¡Soy un elegido del Señor! ¡Él me llamó! ¡Ven y sígueme! ¡Le obedecí! ¡Ingresé en el seminario! ¡Es grande mi vocación! ¡Hay seres perversos! ¡Estáis equivocados! ¡La decisión fue mía! ¡Mía! ¡Mis padres no me enviaron por necesidad!

(Se sienta.)

ISABEL.-Si vamos a hacer caso de lo que dicen los demás…

(Se tranquiliza. La mira ilusionado. Ella lo observa seria. PAUSA.)

EMILIO.-Señora…

ISABEL.-Señor cura…

EMILIO.-Cuando Dios sonríe, nos encontramos con un ángel.

ISABEL.-¡Qué galante es usted!

(PAUSA.)

EMILIO.-Pienso, y usted perdone mi sana frivolidad, que tendrá usted muchos admiradores.

ISABEL.-No lo sé ni me preocupa. Soy una fiel mujer casada.

(Se levanta.)

EMILIO.-Es tarde. Debo irme. Ha sido un placer. Su marido no tardará en llegar. Aunque nuestras ideas son distintas, he tenido mucho gusto en conocerla.

(Le extiende la mano y ella no se la da. Se levanta.)

ISABEL.-No tenga prisa. Hoy no vendrá a comer y trabajará hasta la noche. Me siento tan sola…

(Miedoso.)

EMILIO.-Perdone, tengo que hacer cosas. ¡Rece mucho por su conversión!

(Va hacia la puerta de la calle.)

ISABEL.-Espere.

(Se vuelve extrañado.)

EMILIO.-Yo…

(Va hasta el tercero izquierdo.)

ISABEL.-¡Me entusiasma bailar! ¿Y a usted?

EMILIO.-Jamás he bailado en mi vida. ¡Líbreme Dios! Soy un casto sacerdote.

ISABEL.-¿Le gustaría hacerlo conmigo?

EMILIO.-¡¡No!!

(Insinuante.)

ISABEL.-¿Va a hacerme ese desprecio…?

EMILIO.-Si sólo es una pieza…

(Acciona el tocadiscos y se escucha “Solamente una vez se ama en la vida…”)

ISABEL.-¿Me sacas a bailar?

(Va hacia ella.)

EMILIO.-Comprenda, señora. Lo hago muy mal.

ISABEL.-Yo te enseñaré. ¡Cógeme!

(La coge torpemente y baila muy separado y como un ser ridículo.)

EMILIO.-Peor no puedo bailar.

(Van así al centro de la escena y sin dejar de bailar.)

ISABEL.-¡Qué modesto eres! Jamás he visto a nadie bailar tan bien como tú.

(Muy ilusionado.)

EMILIO.-¿¿De verdad, señora??

ISABEL.-¡Totalmente cierto, señor cura!

(Él baila muy bien y continúa separado.)

EMILIO.-Son sus palabras las que dan seguridad. ¡Me siento distinto!

ISABEL.-¿Te gusto?

(Asombrado.)

EMILIO.-Pues…

ISABEL.-¿Por qué mientes? ¿Por qué tratas de engañarte? ¡Soy una gran pasión para ti!

EMILIO.-Me agrada; no lo niego. Pero estoy tan lejos de sus palabras...

ISABEL.-¡Abrázame fuerte!

EMILIO.-No sé.

ISABEL.-¡Hazlo!

(La aprieta y crece la música. Bailan como una pareja apasionada. PAUSA.)

EMILIO.-¡Qué atractiva es usted, señora! ¡Una auténtica tentación!

(Le pone su cara en la de él.)

ISABEL.-¡Eres un cura irresistible!

EMILIO.-¡Exagera! Soy tan humilde.

(Le ofrece los labios.)

ISABEL.-¡Bésame!

EMILIO.-¿Cómo se hace?

ISABEL.-Cariño…

(La besa fuertemente. Se paran ausentes de todo. UN MOMENTO. Cesa la música. Se separan. Extrañado.)

EMILIO.-¿Dónde estoy?

(Le coge una mano.)

ISABEL.-¡Ven, mi amado señor cura!

EMILIO.-¿Adónde? ¡No me lleve a las puertas del infierno!

ISABEL.-¡Nos aguarda un lecho de amor!

(Retira su mano.)

EMILIO.-Yo, señora, tengo unas ideas eróticas tan extrañas…

ISABEL.-¿Cuáles?

(Se sienta en el centro del sofá izquierdo.)

EMILIO.-¡Venga a confesarse!

(Va molesta hacia delante de él.)

ISABEL.-Pero… Es que yo no me confieso. Sus pensamientos son muy raros.

EMILIO.-¡Arrodíllate, hija!

ISABEL.-¡No quiero!

EMILIO.-¡¡Obedece!!

(Se arrodilla y entrelaza las manos.)

ISABEL.-Bueno… ¡Ja, ja, ja! Soy tan curiosa…

EMILIO.-¡¡Comienza!!

(Sorprendida y cambiada.)

ISABEL.-Ave María Purísima.

EMILIO.-Sin pecado concebida. ¿Qué tiempo hace que no te confiesas, hija?

ISABEL.-Tengo muy buena memoria, pero tanta…

EMILIO.-¿De qué pecados te acusas?

ISABEL.-¿Yo? ¡De ninguno! Tengo la conciencia muy tranquila.

EMILIO.-¿Soltera? ¿Casada? ¿Divorciada?

ISABEL.-¡Casada! Todas cometemos equivocaciones.

(Muy excitado.)

EMILIO.-¿Haces algo para evitar el embarazo?

ISABEL.-Sí. Lo normal.

EMILIO.-¿¿Cuántas veces??

ISABEL.-¿Diarias?

EMILIO.-¡¡Oh!!

ISABEL.-¿Cada tres años?

EMILIO.-¿Tanto? Yo te daría a ti…

ISABEL.-¿La absolución?

(Se levanta y la coge por los brazos.)

EMILIO.-¡¡El paraíso!!

(Se levanta entusiasmada.)

ISABEL.-¡¡Lo estoy deseando!!

EMILIO.-¿¿Dónde?? ¿¿Dónde es??

(Señala la puerta izquierda.)

ISABEL.-¡¡Ahí!! ¡¡Ahí!!

(La coge por los hombros y la lleva rápido hasta este término.)

EMILIO.-¡¡No puedo perder más tiempo!!

(Mutis así de los dos por la izquierda. UN MOMENTO. Por este término  entra incomodada ISABEL.)

ISABEL.-¡Qué horror! ¡Esto es terrible!

(Por la izquierda entra serio EMILIO.)

EMILIO.-Es algo de lo más natural.

(Se quita la sotana y la deja sobre el sofá derecho. Viste un elegante traje.)

ISABEL.-Sinceramente… ¡No lo creo!

EMILIO.-Nunca te he mentido. ¡Sabes cómo soy!

ISABEL.-¿Para qué asistiría aquel día al cementerio?

EMILIO.-¡Fue el más maravilloso de los entierros!

ISABEL.-Cada vez que lo recuerdo. Mi abuela había muerto. Pedía dichosa ir a su sepultura.

(Deja la botella en su sitio.)

EMILIO.-Me disponía a darle la bendición. De pronto… Una señora se marea. ¡Me muero! ¡¡Un cura!! ¡¡Un cura!! Me acerque a ella; Pensé que la estaba confesando. Mi impulso… ¡Y la señora resucitó! Me aplaudisteis. Gracias, muchas gracias.

ISABEL.-Me miraste sonriente. Me pareció que tus ojos habían descubierto el mundo.

EMILIO.-¡Qué hermosa estabas! Nos enamoramos; dejé el sacerdocio.

ISABEL.-¡Nos casamos! Querías pasar la luna de miel en un confesionario.

EMILIO.-¡Es el mejor afrodisíaco!

(Coge las copas.)

ISABEL.-Tuvimos hijos, nos sacrificamos por ellos. Hoy son alguien en sociedad. ¡Todo esto está muy bien! Pero que cada vez que nos amemos tengamos que interpretar esta escena y tú poner la sotana… ¡No es un anticonceptivo!

(Mutis por la derecha. Va decidido al teléfono. Lo va a coger. Suena su timbre. Lo coge contrariado.)

EMILIO.-¿Diga? ¡Pedro! ¡Mi querido gran amigo! Te iba a llamar. Al sonar el timbre, pensé que nos molestaría otra persona. ¡Qué alegría! Recuerdo cuando dejé de ser cura al conocer a Isabel. Coincidimos en aquella cafetería y, desde ese momento, la amistad fue creciendo entre nosotros. ¡Cómo me animabas a que me casase! Sí, ya lo sabes, somos los dos cada vez más felices. ¡El matrimonio es maravilloso! Pero tú no lo acabas de comprender. Siempre con tus libros, tus estudios. ¡Vive plenamente! Si hay cada una… Yo porque he encontrado una esposa extraordinaria. Si no fuese así… ¡Te lo juro! ¡¡Tendría una colección de ellas!! ¡Decídete, hombre! Sal de tu oscuridad y encuentra la felicidad en la luz. ¿Comer juntos mañana? Estoy muy ocupado. Más adelante. Además… ¡Ja, ja, ja! No hay nada como las comidas caseras.

(Por la derecha entra ISABEL. Voz baja.)

ISABEL.-¿Hablas con Pedro?

(Tapa el micrófono con la mano. Voz baja.)

EMILIO.-Sí…

ISABEL.-Qué barbaridad. ¡Nacisteis con el teléfono al oído!

(Retira la mano del micrófono. Voz normal.)

EMILIO.-Hablaba con Isabel. Perdona. ¿Quieres hablar con ella? Te llamo después. Hasta luego.

(Le pasa el teléfono a ella que coge. Voz normal.)

ISABEL.-Hola, Pedro. ¿Cómo estás?

(EMILIO coge ilusionado la sotana y se la muestra contento a ella.)

Sí; yo también me encuentro bien. Gracias

(EMILIO, contento y de puntillas, va sigiloso hacia la izquierda.)

Con el marido que tengo… ¡Nunca he soñado ser tan feliz!

(Mutis de EMILIO por la izquierda.)

VOZ DE HOMBRE.-¡Pienso tanto en ti…!

(Apasionada.)

ISABEL.-¡Y yo en ti, cariño!

VOZ DE HOMBRE.-Me gustaría estar siempre a tu lado.

ISABEL.-No insistas, Pedro. ¡No puede ser!

VOZ DE HOMBRE.-¡Te quiero mucho!

ISABEL.-¡Eres la razón de mi vida!

VOZ DE HOMBRE.-¡Decídete!

ISABEL.-¡Es imposible!

VOZ DE HOMBRE.-¡Mi vida!

ISABEL.-¡Te quiero!

VOZ DE HOMBRE.-Te deseo tanto…

ISABEL.-Lo que daría por ser tuya.

VOZ DE HOMBRE.-¡Sentir el sabor de tus labios!

ISABEL.-¡Me enloqueces!

(Por la izquierda, ajeno a ella, entra contento EMILIO. Dejó la sotana. Se para y la observa confuso.)

VOZ DE HOMBRE.-¡Has hecho que el amor naciese en mí!

ISABEL.-¡Pedro! ¡Nunca te olvidaré!

(Va indignado hasta ella.)

EMILIO.-¿¿Cómo?? ¿¿Es cierto lo que escucho??

(Se aparta asustada.)

ISABEL.-¡Qué va! Piensas cada cosa… ¡Son bromas!

(Le coge el teléfono.)

EMILIO.-¡Pedro! ¡Miserable amigo! ¿Es que Isabel y tú…?

VOZ DE HOMBRE.-¿Qué dices, mi gran amigo Emilio? Era un juego muy gracioso.

(Le coge el teléfono.)

ISABEL.-¡Se incomodó! ¡Ja, ja, ja! Creía que lo nuestro era de verdad.

VOZ DE HOMBRE.-¿Hacerle eso? ¡Por favor! Somos personas muy dignas.

(Le coge el teléfono.)

EMILIO.-Disculpa mis palabras, Pedro. Estaba ofuscado. ¡No quiero perderte como amigo!

VOZ DE HOMBRE.-No tiene importancia, Emilio. Hasta otro momento. Un abrazo y saludos a Isabel.

(Le coge el teléfono.)

ISABEL.-Saludos, Pedro.

VOZ DE HOMBRE.-Adiós.

(Cuelga.)

ISABEL.-¡Cómo te complicas la vida, esposo mío!

EMILIO.-Perdona, Isabel.

ISABEL.-¡Tranquilo, Emilio! Estos hombres…

(Mutis por la izquierda. EMILIO queda pensativo. UN MOMENTO. Se comienza a oír, lento y sin fuerza, el tictac del reloj. Para sí.)

EMILIO.-¡Qué susto tan grande! Por un momento creí… ¡No! ¡No podría ser! Ella me quiere; él es mi mejor amigo. El tiempo, como el tictac del reloj, me saluda sonriente cada día. Me envuelve en sus horas y sueño la felicidad que nunca huirá de mí.

(Por la izquierda entra ISABEL. Crece el tictac.)

ISABEL.-Dura tan poco un día… Cada uno guarda sus horas, minutos y segundos en una maleta y nos dice adiós para siempre.

EMILIO.-Ellos nos participan que estamos vivos. Nos sumergimos en sus sonidos y nos sentimos dichosos. ¿No lo ves así?

ISABEL.-Todo es una costumbre.

(Crece el tictac.)

EMILIO.-¿Acaso has dejado escapar la inmensa felicidad que nos une?

ISABEL.-No. A veces me encuentro contenta.

EMILIO.-¿¿Y otras??

(Se oye fuerte  el tictac. Incomodada.)

ISABEL.-¡Esto es insoportable! Un día, otro día… ¡Siempre! ¡¡Estoy de tu sotana..!!

(Crece el tictac.)

EMILIO.-¡Te lo dije siempre! ¡Fui sincero contigo! ¡¡No puedo superar el trauma!!

(Se miran. PAUSA.)

ISABEL.-Despertar y ver un cura al lado de la cama…

EMILIO.-¡¡Soy tu marido!!

(El tictac es muy fuerte.)

ISABEL.-¡¡Lucha!!¡¡Sé tú!!

EMILIO.-¡¡Me es imposible!!

ISABEL.-¡¡Estamos perdiendo la vida!!

EMILIO.-¡¡Adáptate  a ella!!

(El tictac inunda la escena. Los personajes, sin poder hablar, mueven la boca y manos. UN MOMENTO. Voces altas.)

ISABEL.-¿¿Qué dices??

EMILIO.-¡¡No te entiendo!!

ISABEL.-¡¡Deja de ser silencio!!

EMILIO.-¡¡Habla!!

(Llevan desesperados las manos a la cabeza.)

ISABEL.-¡¡Es terrible este ruido!!

EMILIO.-¡¡Los relojes martirizan mi mente!!

(Deja de escucharse el tictac. Se miran serenos.)

ISABEL.-Oía…

EMILIO.-Yo también.

ISABEL.-¿Sería verdad?

EMILIO.-Fue una extraña pesadilla.

ISABEL.-No sé. El tiempo clava las agujas del reloj en nuestro cuerpo.

(Mutis por la derecha. Se sienta en el centro del sofá derecho. Se siente feliz. Para sí.)

EMILIO.-Cada segundo es una caricia de la existencia.

(Por la derecha entra decidida ISABEL. Trae una maleta en la mano y se dirige a la puerta de la calle.)

ISABEL.-Te dejo la llave encima de la mesa. Adiós.

(Se levanta sorprendido.)

EMILIO.-¿¿Cómo?? ¿¿Adónde te diriges??

(Se para.)

ISABEL.-Al mundo que me llama.

(Va hacia ella.)

EMILIO.-¿¿Te vas para siempre?? ¿¿Vas a dejarme solo??

ISABEL.-¡¡Sí!!

EMILIO.-¡¡No puedes hacerme eso!! ¡¡Te quiero con toda mi alma!!

ISABEL.-Ya es tarde.

EMILIO.-¿Te espera Pedro?

ISABEL.-No sé.

(Muy triste.)

EMILIO.-Hacerme eso lo dos… ¡No hay derecho! ¡¡Desgraciados!!

ISABEL.-No debes expresarte así. Sé elegante. ¡Nadie te ha ofendido!

EMILIO.-¡Recapacita!

ISABEL.-¡Lo tengo muy bien pensado!

(Se pone delante de la puerta. Decidido.)

EMILIO.-¡No te irás! ¡¡Antes pasarás por encima de mi cadáver!!

(Muy amable.)

ISABEL.-¿Me haces el favor?

(Le abre indignado la puerta.)

EMILIO.-¡¡Vete!! ¡¡Vete!! ¡¡No vuelvas más!!

ISABEL.-Muchísimas gracias.

(Mutis por el foro. Molesto.)

EMILIO.-Comportarse así… ¡Ni una palabra de ánimo!

(Se ve a ella.)

ISABEL.-Perdona… Me había olvidado.

EMILIO.-¿Qué?

ISABEL.-¡Suerte!

EMILIO.-¡¡Fuera!!

(Le cierra fuerte la puerta. La abre rápido.)

¡¡No!! ¡¡No hagas eso!! ¡¡Vuelve!! ¿¿Me escuchas??

(Cierra desolado y sin fuerza la puerta.)

Se ha ido. No la volveré a ver más.

(Va lento y derrotado hasta el sofá izquierdo. Se sienta y llora.)

La quería. ¡Era todo para mí! Al faltarme ella… ¿Qué voy a hacer? ¡Nada! No me hace ilusión seguir viviendo. ¡La muerte es mi única esperanza! Dejaré de ser; me volveré silencio entre la nada. Si sólo es…

(Se levanta ilusionado.)

¡Lo tengo decidido! Si es algo insignificante; sin importancia. No comprendo cómo la gente le tiene miedo al suicidio. ¡Es el acto más racional que puede realizar un ser humano! Entraré en la habitación; me acostaré. Tomaré aquella pastillita sin contraindicaciones para no seguir vivo. ¡Riquísima! Llegaré a los sombras… ¡Con buen sabor de boca!

(Mutis por la izquierda. La luz comienza a bajar trágicamente. Falta poco para la oscuridad. UN MOMENTO. La luz comienza a crecer alegremente hasta volver como antes. Entra contento. Viste la sotana.)

Eso de tomar la pastilla. ¿Y si no me hace efecto? ¡Me podría hacer daño! No tengo prisa. Tendré que pensado detenidamente; buscar la manera perfecta. ¡Mi obra de arte! ¡Ja, ja, ja! ¡Sigo vivo! ¡Puedo ver mi cara en todos los espejos!

(Va hasta el espejo y se sorprende.)

Pero… ¿Cómo estoy así? ¡Yo vestido con la sotana! Si no la puse…

(Va al centro de la escena.)

Va conmigo. ¡Está dentro de mí! ¡¡Maldita sotana!! Ella, solamente ella, es la causa de mis infortunios. ¡Me persigue! ¡No puedo liberarme de ella. ¿Y así? ¿Vale la pena seguir? ¡No puedo! ¡No puedo más! ¡¡Me atormenta la existencia!! Oh, muerte, ven a mí y que en mis pensamientos exista la paz.

(Va a la ventana y la abre. Observa feliz.)

Es tan bonita la vida… ¡El mejor invento sin patentar! El Sol ilumina los pasos de la humanidad. Todos caminan dichosos; protagonizan este milagro. Y unas chicas… Y uno… ¡Tiene que continuar marginado en esta inmunda cárcel! Qué porvenir. ¡Me rebelo! ¡¡Romperé sus cadenas!!

(Pone decidido un pie fuera de la ventana. A la gente.)

¿Qué les sucede? ¿Por qué me miran así? ¿Es que no tienen otra cosa que hacer? Es algo íntimo, muy personal. ¡Sí! ¡¡Un hermoso suicidio completísimo!! Es algo corriente, natural. ¡Al alcance de todos los bolsillos! ¿Les sorprende…? ¿Por qué soy cura? ¿Acaso un cura no tiene derecho a hacerlo? ¿No es un hombre como los demás? Un sacerdote, desde un décimo piso, desconoce la ley de la gravedad. ¡Va directamente al cielo! Con decirles que algunos utilizan el avión para llegar antes… Y ahora…

(Pone el otro pie fuera de la ventana y se agarra al balcón.)

¡Ya está! Falta poco. ¡No se asusten!

(Canta.)

“Cantemos al amor de los amores…”. Siento. ¡Me encuentro mal! Me mareo… ¡Ay!

(Se da la vuelta y se agarra fuerte al balcón. Deja de verse. A la gente.)

¡Deben acostumbrarse, señoras y señores! ¡¡El primer cura suicida en público!! No creo que me canonicen. ¿Subir a los altares y sacarme en procesión agarrado a una ventana? Nunca se sabe. Podría ser el santo abogado de los desesperados. A la una, a las dos y a las… ¡tres! ¡¡Más difícil todavía!!

(Va a soltar las manos. Se agarra muy fuerte y va subiendo. Se ve su cabeza.)

¡No! ¡Qué miedo! ¡Me falta valor! Cualquier día…

(Sigue luchando para entrar en su casa.)

¡Así! ¡Un esfuerzo más! ¡Muy bien! ¡Ya he retornado de este viaje sin destino!

(Entra. Quita la sotana y viste el traje. Coge la sotana por los hombros como si fuese un personaje.)

¡Ella es la culpable! ¡Voy a tratarla…!

(La pone delante de la ventana.)

¡Adelante! ¡Un paso al frente! ¿No te decides? ¡Tendré que arrojarte al vacío! ¡¡Feliz viaje!!

(Se dispone enojado a tirarla por la ventana. La sotana huye de él y pasea por lo alto de la casa como un muñeco. Muy sorprendido.)

¿¿Cómo?? ¿¿Has huido de mí?? ¡No te lo consiento! ¡¡Vas a conocerme!!

(La persigue por todo el escenario y escapa de él. Se prolonga la escena. UN MOMENTO.)

¡¡Obedece!! ¿¿Me has oído?? ¡¡Ven a mí!! ¡¡Arrójate ahora mismo por la ventana!! ¡¡Mira que soy capaz…!! Cojo la escopeta y… ¡Voy de caza! ¿Te quieres reír de mí? ¡Conmigo no se juega! ¡¡Ahí!! ¡¡Ahí tienes la ventana!! ¡¡Destrúyete de una vez!! ¡¡Bastante daño me has hecho!!

(La sotana va hasta la ventana. Corre detrás de ella y va a empujarla.)

¡¡Adiós!!

(La sotana comienza a elevarse y deja de verse. Se asoma asombrado.)

Asciende… Asciende… ¡Va a llegar directamente al cielo!

(La sotana se ve caer muy veloz. Feliz.)

¡Es su final!

(Cierra la ventana y se mira en el espejo.)

Me he liberado para siempre de ella.¡Me siento libre! ¡¡Soy yo!!

(Va dichoso al centro de la escena.)

¡Hoy comienza mi vida! Es como si volviese a nacer. La calle me espera. ¡El mundo es mío!

(Abre decidido la puerta de la calle. Va a salir y se para. Cierra triste la puerta. Va lento hasta el primer término.)

Ella se fue hace tres días. ¡La sigo queriendo tanto…! Ya es tarde. Le alegraría mucho que la sotana dejase de existir. ¿Dónde? ¿Dónde estás?  Isabel… ¡Te amo! Te has ido… ¡Y yo sigo pensando en ti!

(Suena el timbre de la puerta de la calle. Abre. ISABEL está seria con la maleta.)

ISABEL.-Hola.

(Sorprendido.)

EMILIO.-¡Isabel!

ISABEL.-¿Puedo pasar?

EMILIO.-Estás en tu casa.

(Entra, cierra la puerta y deja la maleta en el suelo.)

ISABEL.-No puedo vivir sin ti.

(Se abrazan.)

EMILIO.-¡Vida mía!

ISABEL.-¡Mi querido Emilio!

(Se sueltan. Coge la maleta.)

Extrañaba tanto el hogar…

(Mutis por la derecha. Alza la voz.)

EMILIO.-¡Vuelves a llenarlo!

(Por la derecha, y sin la maleta,  entra ISABEL y se sienta a la izquierda del sofá derecho.)

ISABEL.-Deseaba volver a estar contigo.

(Se sienta a la derecha del sofá derecho.)

EMILIO.-Este instante debería ser maravilloso y me siento tan triste…

ISABEL.-¿Por qué, amor mío?

EMILIO.-¡Me engañaste con mi mejor amigo!

ISABEL.-¡No es cierto!

EMILIO.-¿Es que te ha decepcionado?

ISABEL.-¡Me ofendes! ¡No he ido a su casa!

EMILIO.-¿Dónde estuviste estos días?

ISABEL.-Paseaba por la ciudad. Pasaba la noche en un hotel.

(Se levanta molesto.)

EMILIO.-¿¿Con Pedro??

(Se levanta indignada.)

ISABEL.-¡¡No lo he visto!!

EMILIO.-¿¿Seguro??

ISABEL.-¡¡Sí!!

(Se miran serios. PAUSA.)

EMILIO.-Pero antes…

ISABEL.-¡Nada! Me sentía confusa. Tus escenas de sacerdote… ¡Estaba harta!

(Se sienta contento.)

EMILIO.-La sotana no existe. La tiré por la ventana. ¡Ya no la veremos más! ¡¡Ha dejado de atormentarme!!

(Se sienta ilusionada.)

ISABEL.-¡Qué alegría tan grande!

(Se miran felices. PAUSA.)

EMILIO.-Pedro ha muerto y he nacido yo.

ISABEL.-¡Tú me despiertas a la vida!

(Él va al mueble bar y coge dos copas y una botella de coñac. Coloca las copas sobre un mueble, las llena y deja la botella al lado.)

EMILIO.-Procede celebrarlo. Nuestro exquisito coñac.

(Coge una copa y se levanta.)

ISABEL.-¡Brindemos!

(Coge la otra copa.)

EMILIO.-¡Hoy es un gran día!

(Alzan las copas.)

ISABEL.-¡Por nuestro amor!

EMILIO.-¡Para que nunca nos abandone!

(Beben un trago y se sientan donde estaban.)

ISABEL.-¡Me encanta!

EMILIO.-¡Delicioso!

(Beben de un trago. Están animados.)

ISABEL.-¡Ay…! ¡Esto es vida!

(Le muestra la botella.)

EMILIO.-¿Otra copa, cariño?

(Le ofrece la copa.)

ISABEL.-¡Llena! ¡Llena!

(Le llena la copa y después la suya. Deja la botella. Beben. Comienzan a alegrarse)

EMILIO.-¡Jamás me he sentido tan feliz! Si no llegas a volver…

ISABEL.-¡Ja, ja, ja! Dices unas cosas… ¡Nunca me he ido!

(Beben de un trago y dejan las copas. Coge la botella y la pone en el mueble bar.)

EMILIO.-¡Qué animado estoy! ¿Bailamos?

(Se levanta.)

ISABEL.-¡El cuerpo me lo pide a gritos!

(Acciona el tocadiscos y se escucha “Solamente una vez se ama en la vida…”. Va hacia ella.)

EMILIO.-¡Ven!

(Se cogen y bailan apasionados en el centro de la escena.)

ISABEL.-¡Me siento dichosa en tus brazos!

EMILIO.-¡Ofréceme tus labios!

(Lo hace.)

ISABEL.-¡Son tuyos!

(La besa fuertemente. Se paran ausentes de todo. Cesa la música. Se miran soñadores. UN MOMENTO. Suena débil la canción. Bailan lentos hacia la izquierda. Voces bajas.)

EMILIO.-Cuando nos conocimos bailaba muy mal.

(Va creciendo la canción.)

ISABEL.-Recuerdo…

EMILIO.-Tú me fuiste enseñando. Y ahora…

ISABEL.-¡Nadie sabe bailar tan bien!

(Mutis así de los dos por la izquierda mientras suena muy fuerte la música. UN MOMENTO. Cesa la canción. Por este término entra él. Voces normales. Alegre.)

EMILIO.-¡Siempre juntos los dos!

(Por la izquierda entra ella. Seria.)

ISABEL.-¡Sí! Vuelvo enseguida.

(Abre la puerta de la calle y, cerrándola, hace mutis por el foro. Él coge las copas y hace mutis por la derecha. Suena el timbre de la puerta de la calle. Entra por el mismo término y abre la puerta. Es ADRIANA. Cuarenta y cinco años. Estatura normal y elegante. Atractiva, discreta. Sensible y soñadora. Viste un sencillo traje. Sonriente.)

ADRIANA.-Buenas tardes, Emilio.

(Sorprendido y contento.)

EMILIO.-¡Buenas tardes, Adriana! Pasa, por favor.

(Entra y él cierra la puerta.)

ADRIANA.-Muchísimas gracias.

EMILIO.-¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué es de tu vida?

(Van al centro de la escena.)

ADRIANA.-No sé.

(Extrañado.)

EMILIO.-¿¿Cómo??

ADRIANA.-Dormía con mi marido. Lo hacen muchos matrimonios.

EMILIO.-Eso me dijeron.

ADRIANA.-Desperté y… ¡No estaba!

EMILIO.-Se perdería en el sueño.

ADRIANA.-¡Imposible! Él me hablaba.

EMILIO.-Siendo así…

ADRIANA.-Pero vivir con una marido que no ves… ¿Para qué lo quiero? Al principio, me hice la ciega. ¡Qué bien me trataba! Me ayudaba a cruzar la acera. Tan atento… ¡Fuimos muy felices! Llega un momento… ¡No podía más! Yo así no sigo contigo. ¡O cambias o cada uno por su lado! ¿Me comprendes?

EMILIO.-Sí… ¡Muy sensata!

ADRIANA.-¡Nos divorciamos! Lo pasé mal, no lo niego. Después… Te acostumbras. ¡Eres libre! Lo peor…

EMILIO.-¿No puede olvidarte?

ADRIANA.-¡Se niega a pagarme mensualmente el dinero que me corresponde! Tengo que vivir de mis clases.

EMILIO.-Lo lamento, chica. ¡Qué hombre! No merecía casarte contigo. ¿Dónde lo conociste?

ADRIANA.-Me hacía gran ilusión vestirme de novia. Fui así hasta el reclinatorio del altar mayor de una iglesia. Me preguntó el cura: ¿Y el novio? Lo está pensando. Un señor, vestido de etiqueta, se puso a mi lado. ¡Mi corazón latía…! Me ofreció una alianza. ¿Te gusta? No me pude contener: ¡Sí, quiero! Y el cura, que sabía bendecir, a su especialidad: Yo os declaro marido y mujer en el nombre…

EMILIO.-¡Hermosa historia de amor!

ADRIANA.-¡Y fuimos de viaje de novios a una pensión enfrente de mi casa!

EMILIO.-¡Qué gran aventura!

ADRIANA.-Como no habíamos traído ropa, salíamos a pasear con el uniforme conyugal. ¡Unos aplausos…! La luna de miel, bien; charlábamos para conocernos. Pero al regresar a mi casa la primera noche… ¡Desperté y mi pareja era su voz!

EMILIO.-Pobre, un litro de lágrimas. Estas cosas son tan corrientes… ¡Te deseo toda la suerte del mundo!

ADRIANA.-¡Muchísimas gracias! Ahora con mi experiencia…

(Le señala el sofá izquierdo.)

EMILIO.-Pero siéntate, mujer.

(Lo hace en la parte izquierda.)

ADRIANA.-Muy amable.

EMILIO.-¿Qué tomas? ¿Una langosta? ¡Es un crustáceo!

ADRIANA.-En este momento… No me apetece nada. Más tarde…

(Él se sienta en la parte derecha. Se miran. PAUSA.)

EMILIO.-Te recuerdo cuando éramos jóvenes.

ADRIANA.-Parece que fue ayer.

EMILIO.-Visitaba con frecuencia a tu padre. Coincidíamos muchas veces.

ADRIANA.-Sí… Era como si fuésemos de la familia.

EMILIO.-Si he de ser sincero… Tu presencia me llenaba.

ADRIANA.-Lo sé. A mí me sucedía igual.

EMILIO.-Un día estuve por decirte…

ADRIANA.-¡Ja, ja, ja! ¡Lo estaba deseando!

EMILIO.-Cosas de la edad.

ADRIANA.-El tiempo es una incógnita.

EMILIO.-Dejé de visitaros. Mi vida cambió tanto…

ADRIANA.-Cada día me surgían cincuenta pretendientes.

EMILIO.-Me divertí con tantas… ¡Me casé!

ADRIANA.-Era muy guapa.

EMILIO.-¡Lo sigue siendo!

ADRIANA.-Sí…

EMILIO.-¡No puedo vivir sin ella!

ADRIANA.-Sufrirás tanto…

EMILIO.-¿Yo? ¡Soy plenamente feliz!

ADRIANA.-Te contradices.

EMILIO.-Nunca he sido más auténtico.

ADRIANA.-¿No puedes vivir sin ella y eres plenamente feliz?

EMILIO.-Si es todo para mí y me corresponde.

(Se levanta molesta.)

ADRIANA.-¡Emilio! ¡Intenta razonar!

(Se levanta incomodado.)

EMILIO.-¡Lo hago tan bien como tú, Adriana!

ADRIANA.-La gente habla, habla, habla…

EMILIO.-¿Qué dice?

ADRIANA.-Ella se fue con otro.

EMILIO.-Es cierto.

ADRIANA.-Tu mejor amigo.

EMILIO.-Lo era. ¡Nunca se aproximó a él!

ADRIANA.-¿Estás seguro?

EMILIO.-¡Completamente!

ADRIANA.-Afirmarlo con esa rotundidad…

EMILIO.-¡Me ofendes!

ADRIANA.-¡No lo pretendo!

(Se miran. PAUSA.)

EMILIO.-La verdad…  Isabel me abandonó, pero no es cómo lo cuentas.

ADRIANA.-Es lo mismo. ¡Estás solo! He venido a acompañarte.

EMILIO.-¿Para qué? Ella me quería y no se atrevió a serme infiel. Dudó unos días en la frialdad de un hotel. ¡Regresó a mi lado! Somos tan dichosos…

ADRIANA.-¿Vive contigo? ¿Dónde está? ¿¿Dónde se encuentra?? ¡¡Yo no la veo!!

EMILIO.-Salió hace un momento.

(Decidida.)

ADRIANA.-Emilio… ¡Es muy duro lo que debo decirte!

(Preocupado.)

EMILIO.-¿Le ha sucedido algo? ¿Algún accidente??

ADRIANA.-No. ¡Ella vive con Pedro!

EMILIO.-¡Ja, ja, ja! Se te ocurren unas cosas. ¡Ja, ja, ja! Dice que vive... ¡Ja, ja, ja! Qué graciosa eres.

ADRIANA.-¡No trates de engañarte!

EMILIO.-¡Es mía! No te equivoques. ¡Totalmente mía!

ADRIANA.-¡Nunca volverá a poner los pies en esta casa!

(Preocupado.)

EMILIO.-¿Estás segura?

ADRIANA.-¡¡Sí!!

(Lleva las manos a la cabeza.)

EMILIO.-¡¡Dios mío!! No sabía que era tan voluble. ¡Sé que volverá!

(Por la puerta del foro, cerrándola, entra ISABEL. Trae un paquete. Corre a abrazarla. ADRIANA está seria.)

¡Cariño!

ISABEL.-¡Mi vida!

(Se separa.)

He comprado algo precioso. ¡Te gustará mucho!

EMILIO.-¡No lo dudo! Te voy a presentar a Adriana. Una amiga de la juventud. Vino a saludarnos.

(La besa. ADRIANA está sorprendida.)

ISABEL.-¡Encantada, Adriana! Mi marido me ha hablado mucho de ti.

(Mutis por la izquierda.)

EMILIO.-¿Te das cuenta ahora? ¿Ha regresado o no?

ADRIANA.-¡No la he visto!

EMILIO.-¿¿No la has visto?? Adriana… No te parezca mal. ¡Tu salud no está bien! Ahora comprendo que no vieses a tu marido. Tampoco es grave. Unas inyecciones de calcio…

(Por la izquierda entra ISABEL. Dejó el paquete.)

ISABEL.-Voy a pedir algo y cenamos aquí los tres. ¿Qué os parece?

EMILIO.-Me gusta la idea. ¿Verdad, Adriana?

ADRIANA.-¿De qué hablas, Emilio?

EMILIO.-De cenar aquí los tres. ¡Es deseo de mi mujer.

ISABEL.-¡Anímate, chica!  

(Va al teléfono y marca.)

ADRIANA.-¡No lo acabas de comprender!

(Al teléfono.)

ISABEL.-Soy la mujer de don Emilio. Envíenos para cenar…

ADRIANA.-¡Has inventado el regreso de Isabel!

EMILIO.-¿¿Yo?? ¡¡Deliras!!

(Deja descolgado el teléfono y va rápida hacia ella que está muy confusa.)

ISABEL.-¿¿Una invención?? ¡¡Soy su esposa!!

(Rápidamente cae el

TELÓN

ACTO SEGUNDO

(Se alza el telón. En escena ISABEL y ADRIANA. La primera está sentada en el centro del sofá izquierdo y la segunda en el centro del sofá derecho. Las dos miran seriamente al frente. UN MOMENTO. Para ellas.)

ISABEL.-¡Qué cena!

ADRIANA.-¡Una tortura cenar así!

ISABEL.-Le hablaba a Adriana y no me respondía. ¡No existía para ella!

ADRIANA.-Emilio se dirigía a Isabel y, por mucho que me esforzase, no la veía.

ISABEL.-Hacerme un desprecio en mi propia casa… ¡Qué poca sociedad!

ADRIANA.-Lo más insólito… ¡Los platos de ella se llenaban y desaparecían solos!

(PAUSA.)

ISABEL.-Al final, mi marido nos dijo que viniésemos a conversar aquí.

ADRIANA.-Después del café, Emilio estaba convencido de que tendríamos muchas cosas que decirnos.

ISABEL.-¿Cómo voy a charlar si no me responde?

ADRIANA.-¿Tiene sentido estar de tertulia con alguien que no ha venido?

(Van girando lentamente sus cabezas para verse y coinciden sus miradas.)

ISABEL.-¡Calla! Una educación…

ADRIANA.-¡No la veo!

(Vuelven rápidas sus cabezas. Por la derecha entra EMILIO.)

EMILIO.-¿Qué tal lo pasáis?

(Sonrientes.)

ISABEL.-¡¡Muy bien!!

ADRIANA.-¡¡Disfrutamos de un momento muy agradable!!

EMILIO.-¡No sabéis lo mucho que me alegro! Ahora vengo.

(Mutis por la izquierda. Se levantan molestas. Para ellas.)

ADRIANA.-¡Me voy!

ISABEL.-¡Lo mejor será acostarse!

(Serias.)

ADRIANA.-Marcharme sin despedirme de él…

ISABEL.-Puede parecerle mal.

(Se sientan y contemplan el frente como antes. UN MOMENTO. Se miran.)

ADRIANA.-Isabel…

ISABEL.-Adriana…

(Para ellas.)

ADRIANA.-No da señales de vida.

ISABEL.-¡Me ha hablado!

ADRIANA.-Esta mudez… No sé si estás ahí o no.

ISABEL.-¡Estoy!

ADRIANA.-Me enteré de que lo habías abandonado.

ISABEL.-Tengo entendido que os gustabais de jóvenes.

ADRIANA.-Sí; pero tengo una suerte, chica…

ISABEL.-Es verdad.

ADRIANA.-¿Qué hacemos en esta casa?

ISABEL.-¿Por qué coincidimos aquí?

ADRIANA.-En realidad no he venido. Soy una creación de sueños pasados.

ISABEL.-Él me ha convertido en el personaje que precisaba.

ADRIANA.-Entonces… ¿¿Ninguna de las dos somos reales??

ISABEL.-¡¡No!!

(PAUSA.)

ADRIANA.-Nos hemos convertido en dos seres de ficción.

ISABEL.-¡¡Sí!

ADRIANA.-Es todo tan extraño…

ISABEL.-Lo curioso es que ahora podemos comunicarnos.

ADRIANA.-¿Te das cuenta? ¡Esto es maravilloso! ¡¡Tenemos voz!!

ISABEL.-¡Algo extraordinario! ¡¡Las dos hemos dejado de ser silencio!!

(PAUSA.)

ADRIANA.-¡Qué grande es lo que compaña a cada mente! Qué pena. ¡Tú me ves y yo no puedo hacerlo!

(Muy asustada.)

ISABEL.-¡¡Ay!!

(Muy preocupada.)

ADRIANA.-¿¿Qué tienes, Isabel?? ¿¿Te ocurre algo??

ISABEL.-No puede ser. La vista… ¡No puedo verte! ¡¡Ha desparecido la luz de mis ojos!!

(Se levanta y va muy torpe hasta el centro del primer término.)

ADRIANA.-¿Dónde estás?

(Se levanta y va muy torpe hasta el centro del primer término.)

ISABEL.-Aquí.

(Intentan cogerse las manos.)

ADRIANA.-Si pudiese…

ISABEL.-Te busco…

(Se cogen casualmente y muy contentas las manos.)

ADRIANA.-¡Siento tus manos!

ISABEL.-¡Yo las tuyas!

(Se sueltan.)

ADRIANA.-Soy una sombra envuelta en los recuerdos.

ISABEL.-Pues una… Un ser inexistente creado por la soledad.

ADRIANA.-¡No somos nada!

(Sus ojos se buscan inútilmente. PAUSA.)

ISABEL.-Me gustaría caminar hacia el espejo.

ADRIANA.-¡Y a mí! ¿Cómo lo hago?

ISABEL.-Agárrate a mi brazo. ¡Ayudémonos!

(Busca dificultosa su brazo izquierdo y se agarra fuerte a él.)

ADRIANA.-¡Te he encontrado! ¡¡Muévete!!

(Caminan torpes, lentas y ciegas hacia el primero derecho.)

ISABEL.-Conocía antes tan bien la casa… Ahora… ¡No tiene puntos cardinales!

ADRIANA.-¡¡Sigue!!

(Extienden una mano.)

ISABEL.-No sé; no me sitúo. ¡Estoy prisionera del vacío!

ADRIANA.-¡No nos entreguemos! ¿Crees que has elegido el camino?

ISABEL.-Si pudiese responderte… ¡Soy una náufraga en este hogar!

ADRIANA.-¡Lo recorreremos todo! ¡¡Apura!!

ISABEL.-Sí…

(Se mueven rápidas.)

ADRIANA.-¡Llegaremos a él!

ISABEL.-Si fuese verdad.

ADRIANA.-¡No pierdas la esperanza!

(Están próximas.)

ISABEL.-Toda meta está tan lejos…

ADRIANA.-A veces… ¡No existen!

(Sus manos tropiezan con el espejo. Contentas.)

ISABEL.-¡Siento el frío del espejo!

ADRIANA.-¡Hemos llegado!

(Dejan caer sus manos y se contemplan ante él. PAUSA.)

ISABEL.-No me veo.

ADRIANA.-He perdido mi identidad!

ISABEL.-Los espejos nos roban nuestra imagen.

ADRIANA.-Jamás conseguimos encontrarla.

ISABEL.-Nos sumergimos en él como en el más hermoso de los mares.

ADRIANA.-¡Hasta ahogarnos en lo más profundo de sus aguas!

(Siguen ante el. PAUSA.)

ISABEL.-Tal vez no existamos…

ADRIANA.-¡Estamos muertas!

(Caen al suelo sin vida. UN MOMENTO. Van volviendo en sí. Para ellas.)

ISABEL.-Estoy en una isla oscura rodeada de soledad por todas partes.

ADRIANA.-El silencio me invade en un mundo sin límites

ISABEL.-Antes se hallaba…

ADRIANA.-No me sentía sola.

(Gritan.)

ISABEL.-¡¡Adriana!!

ADRIANA.-¡¡Isabel!!

ISABEL.-No responde.

ADRIANA.-No contesta

ISABEL y ADRIANA.-¡Me encuentro en la nada!

(PAUSA. Se tornan ilusionadas.)

ISABEL.-Estoy soñando la luz.

ADRIANA.-Invento la esperanza.

(Se van levantando.)

ISABEL.-¿Qué es?

ADRIANA.-¡No sé lo que me ocurre!

(Quedan ante el espejo.)

ISABEL.-Espero.

ADRIANA.-No es el momento de huir.

(Felices.)

ISABEL.-¿Qué veo?

ADRIANA.-Las sombras desaparecen.

ISABEL.-¡El espejo se mueve!

ADRIANA.-Es el mar que devuelve a los ahogados.

ISABEL.-Pero…

ADRIANA.-No es posible…

ISABEL.-¡Comienzo a ver mi rostro!

ADRIANA.-¡Recupero mi cara!

(Entusiasmadas.)

ISABEL y ADRIANA.-¡¡Soy yo!

(Se miran.)

ISABEL.-¡Adriana!

ADRIANA.-¡Eres la de antes, Isabel!

(Se besan.)

ISABEL.-Siempre tan guapa.

ADRIANA.-No pasa el tiempo por ti.

(Se miran. PAUSA.)

ISABEL.-Éramos dos seres irreales en la vida de un hombre.

ADRIANA.-Nos hemos convertido en mujeres de carne y hueso.

ISABEL.-¡Me invade nuestra personalidad!

ADRIANA.-¡Vuelvo a ser la misma!

(Van al centro de la escena.)

ISABEL.-Era mi marido.

ADRIANA.-Lo busco desde toda mi vida.

(PAUSA. Hastiada.)

ISABEL.-¡Estaba cansada de él! ¡No lo soportaba más!

(Soñadora.)

ADRIANA.-Me casé con otro sin quererle. ¡Ay! ¡Es el amor de mi existencia!

ISABEL.-¿Qué vamos a hacer?

ADRIANA.-¿Cuál será nuestro futuro?

ISABEL.-¡Me decepcionó el otro! ¡¡Conquistaré nuevamente a Emilio!!

ADRIANA.-Con tu pasado… ¡Él volverá a mí!

ISABEL.-¡¡Es mío!!

ADRIANA.-¡¡Me corresponde!!

(Agresivas.)

ISABEL.-¡¡No te lo consiento!!

ADRIANA.-¡¡Piensa lo que dices!!

(Va a pegarle.)

ISABEL.-¡¡Mira que soy capaz…!!

(Desafiante.)

ADRIANA.-¡¡Atrévete!!

(Señalan la puerta de la calle.)

ISABEL.-¡¡Márchate!!

ADRIANA.-¡¡Sobras!!

(Por la izquierda entra contento EMILIO. Ellas dejan de señalar y se sientan rápidas y felices. ADRIANA a la izquierda del sofá izquierdo e ISABEL a la derecha del sofá derecho.)

EMILIO.-¡Me alegro de veros tan entusiasmadas! Tendríais tantas cosas que deciros…

ADRIANA.-¡No lo sabes bien! Isabel es extraordinaria.

ISABEL.-No tanto como Adriana. ¡Es un ser deliciosamente encantador!

ADRIANA.-¡Cómo me halagan tus palabras!

ISABEL.-¡Y a mí las tuyas…!

EMILIO.-Sabía que congeniaríais. Por eso os dejé solas. ¿Tomáis algo?

ADRIANA.-¿Ahora?

ISABEL.-¡Más tarde!

EMILIO.-Será mejor. ¡La noche acaba de empezar! Es tan hermoso coincidir los tres… ¡Prologuemos las horas!

ADRIANA.-¡Ideal!

ISABEL.-¡Sublime!

EMILIO.-Resulta curioso. La casualidad hace que coincidamos. Las dos fuisteis tan importantes en épocas distintas de mi vida…

ADRIANA.-¡Para mí lo sigues siendo!

ISABEL.-¡Continúas siendo todo!

EMILIO.-Las hojas del calendario llevan presentes cada día…

(Los personajes se miran. PAUSA.)

ADRIANA.-¡Ven a mi lado!

ISABEL.-¡Siéntate conmigo!

(Confuso.)

EMILIO.-Yo…

ADRIANA.-¡Decídete!

ISABEL.-¡No lo dudes!

(Se sienta a la derecha del sofá izquierdo.)

EMILIO.-Comprende la cortesía, Isabel.

(Entusiasmada.)

ADRIANA.-¡Gracias, Emilio!

(Se levanta indignada.)

ISABEL.-¿Vas a hacerme esta humillación? ¡Te dejo!

(Se levanta asustado.)

EMILIO.-Perdona, Adriana.

(Despectiva.)

ADRIANA.-Por mí…

(Se sienta.)

ISABEL.-Pobrecita…

(Se sienta a la izquierda del sofá derecho.)

EMILIO.-Era ser amable con una visita, cariño. ¡Soy el único hombre en tu vida!

(Ríe sarcástica.)

ADRIANA.-¡¡Ja, ja, ja!! Oigo cada cosa… ¡¡Ja, ja, ja!!

EMILIO.-¿Por qué ríe?

ISABEL.-No sé. Acostumbrará a hacerlo a esta hora.

(A Adriana.)

EMILIO.-Esas risas… ¿Significan algo? Tu reacción…

ADRIANA.-Carecen de importancia. La humanidad es una colección de risas sin sentido.

(A Isabel.)

EMILIO.-Como comprenderás… Adriana fue algo normal en mi juventud.

ISABEL.-Lo sé, cariño.

ADRIANA.-Tanto como eso…

EMILIO.-¡Te quiero, Isabel! ¡Te necesito más que el aire

ISABEL.-¡Y yo a ti, mi vida! ¡Eres mi único amor!

(Se abrazan y besan fuertemente. UN MOMENTO.)

ADRIANA.-A veces la realidad…

(Se sueltan sorprendidos.)

EMILIO.-¿Qué dices, Adriana?

ISABEL.-¿A qué vienen esas palabras?

(Se levanta.)

ADRIANA.-¡Ella te dejó!

(Se levanta molesta.)

ISABEL.-¡Es cierto!

(Se levanta.)

EMILIO.-Crisis de pareja… Todas las tienen. Estuvo sola en un hotel. ¡Nunca me ha engañado!

(Sonriente.)

ADRIANA.-¿Seguro, Isabel?

(Decidida.)

ISABEL.-¡No!

(Muy sorprendido.)

EMILIO.-¿¿Cómo??

ADRIANA.-No es para alterarse.

ISABEL.-Tiene razón Adriana. ¡Relájate! No me llenabas. ¡Me gustaba otro!

EMILIO.-¿¿Es Pedro??

ISABEL.-¡¡Sí!! ¡¡No lo podía quitar de mi mente!!

ADRIANA.-¡Te lo dije, Emilio!

EMILIO.-¿¿Por qué lo abandonaste tan pronto?? ¿¿Era tan solo un capricho??

ISABEL.-¡Un fiasco! Comparado contigo…

ADRIANA.-Es para agradecérselo.

(Muy enojado.)

EMILIO.-¡¡Adúltera!! ¡¡Mala mujer!!

ISABEL.-¡¡Me estás calumniando!! Fue tan poco tiempo…

ADRIANA.-Chicos… ¡Sed civilizados!

ISABEL.-Porque lo de Pedro… ¡Un desastre como hombre! ¡¡No le deberías hablar más!!

EMILIO.-Claro…

ADRIANA.-Es lo que procede.

(Se sienta feliz.)

ISABEL.-Nunca es tarde para comenzar una nueva vida.

(Se sienta ilusionado.)

EMILIO.-¡Es cierto!

(Le coge las manos.)

ISABEL.-Vamos a ser tan felices… El mundo es nuestro.

EMILIO.-¡Al fin, amor mío! ¡Nadie nos separará!

(Suspira.)

ADRIANA.-¡Ay…! ¡Qué bonito es el amor!

(Se levanta desencantado.)

EMILIO.-¡¡No!! ¡¡No puedo!! ¡¡Me es imposible estar contigo!!

(Indiferente.)

ISABEL.-¿Reaccionas así? Por mí…

(Queda, ajena a todo, mirando al frente. Muy dulce.)

ADRIANA.-Emilio…

(Se sienta a la derecha del sofá izquierdo.)

EMILIO.-¡Nunca debí abandonarte, Adriana! Mi vida hubiese sido tan distinta…

ADRIANA.-Pues la mía… Sabes que me casé con uno que no conocía. ¡Eso no tiene nada de particular! Pero lo peor… ¡Es que nunca lo he conocido!

(Se miran muy contentos. PAUSA.)

EMILIO.-Adriana…

ADRIANA.-Emilio…

(Se cogen las manos.)

EMILIO.-¡Te quiero con toda mi alma! ¡¡Eres el amor de mi vida!!

ADRIANA.-¡La existencia sin ti no tiene objeto! ¡¡Hemos nacido el uno para el otro!!

(Se abrazan y besan fuertemente. UN MOMENTO. Se separan.)

EMILIO.-¡Es maravilloso estar a tu lado! ¡¡Nos amaremos!!

ADRIANA.-Lo malo… Isabel sigue ahí. Puede parecerle mal. Delante de ella…

EMILIO.-¿Qué vamos a hacer? Nunca me he imaginado…

ADRIANA.-¡Le hablaremos! ¡¡Debe saber la verdad!!

(Van delante de ella.)

EMILIO.-¡Isabel!

ADRIANA.-¡Amiga!

(Vuelve a ser ella.)

ISABEL.-¿Qué queréis? Qué raro. No sabía dónde estaba.

EMILIO.-Tenía que decirte…

ADRIANA.-Es para participarte…

ISABEL.-Vosotros diréis. ¿Alguna novedad?

EMILIO.-Adriana y yo estamos muy enamorados.

ISABEL.-¡¡Enhorabuena!!

ADRIANA.-Lo sensato… ¡Es que abandones la casa!

ISABEL.-¿Yo? Podéis ir vosotros a otra.

(Altivo.)

EMILIO.-¡¡Yo no me marcho de aquí!!

ADRIANA.-¡Hazlo por mí!

ISABEL.-¡¡No molestéis!

(Queda, como antes, ajena a todo y mirando al frente. Van preocupados al centro de la escena.)

EMILIO.-Hay que hacer algo con ella.

ADRIANA.-En este momento… ¡No sé!

EMILIO.-¡¡No quiero verla delante!!

ADRIANA.-¡¡Antes pasará por encima de mi cadáver!!

EMILIO.-¡Me gusta la idea!

ADRIANA.-Emilio… Es un decir.

EMILIO.-Preciso que se desvanezca de mi vista. ¡No quiero fantasmas en mi mente!

ADRIANA.-Amor mío… ¡Me tienes a mí!

EMILIO.-Entonces… ¡Hazla desaparecer!

ADRIANA.-¿¿En un saco??

EMILIO.-Te pido algo más. ¡¡Mátala!!

(Asombrada.)

ADRIANA.-Nunca lo he hecho con nadie. ¡Compréndelo! ¡¡Me falta experiencia!!

EMILIO.-Todo es empezar. ¡Nadie nació sabiéndolo!

(Humilde.)

ADRIANA.-Si es por nuestra felicidad… ¡Lo haré! Pero mis conocimientos son tan limitados…

(Saca un puñal del bolsillo.)

EMILIO.-¿Te gusta? ¿Qué te parece?

ADRIANA.-La verdad… Es muy bonito.

(Asustada.)

¡Un puñal!

EMILIO.-Intenta persuadirla. Si no se va… ¡Clávaselo! Toma.

(Se lo da. Lo coge.)

ADRIANA.-Gracias.

EMILIO.-¡¡Ahora!!

(Guarda el puñal en un bolsillo.)

ADRIANA.-Por no contrariarte…

EMILIO.-¡Suerte!

(Va hasta Isabel. Él observa.)

ADRIANA.-¡Isabel!

(Deja de estar ajena a todo y se levanta contenta.)

ISABEL.-¡Adriana! ¡Qué alegría!

ADRIANA.-Sabes que Emilio y yo nos queremos.

ISABEL.-Sí… ¡No sabéis lo que me agrada!

ADRIANA.-Comprende que no vamos a vivir los tres juntos. ¡La pareja son dos!

ISABEL.-¿Dos? A veces… Sí.

(Decidida.)

ADRIANA.-Lo mejor para todos es que te vayas. ¡Es lo que procede!

(Enérgica.)

ISABEL.-¡¡He dicho que no me iba de aquí!!

EMILIO.-Isabel… ¡¡Razona!!

(Se vuelve.)

ISABEL.-¡¡No me voy, Emilio!!

EMILIO.-En ese caso…

ISABEL.-¿¿Qué??

(Saca el puñal y la amenaza.)

ADRIANA.-¡¡Ha llegado el momento!!

(Tranquila.)

ISABEL.-Emilio… ¡Tiene un puñal! Es divertido.

ADRIANA.-¡¡Vete!!

ISABEL.-¡¡No!!

EMILIO.-¡¡No lo dudes, Adriana!!

ADRIANA.-¡¡Sí!!

(Va a apuñalarla y se inhibe. Triste.)

No sé.

(Incomodado.)

EMILIO.-¡¡No es tan difícil!!

(Ríe.)

ISABEL.-¡No sabe! ¡Ja, ja, ja! ¡Adriana tiene que aprender!

EMILIO.-¿¿Para matarte?? ¡¡No lo precisa!!

(Decidida a Isabel con el puñal.)

ADRIANA.-¡¡Tú lo has querido!!

(Se adelanta segura.)

ISABEL.-¡¡No tienes…!!

EMILIO.-¡¡Conságrate, Adriana!!

(Se lo clava fuertemente en el pecho.)

ADRIANA.-¡¡Muere!!

(Lleva la mano al pecho y sin fuerzas.)

ISABEL.-Sa… bía…

(Cae al suelo. Muere. Va hacia ella. Aplaude.)

EMILIO.-¡¡Bravo!! ¡¡Muy bien!!

ADRIANA.-A lo que se llega…. Antes… ¡No era asesina! No lo vuelvo a hacer más. ¡Toma el puñal!

(Lo coge y guarda.)

EMILIO.-¡Felicidades! ¡¡Estoy muy orgulloso de ti!!

ADRIANA.-¡Cómo exageras! Y Ahora… ¿Qué vamos a hacer con la muerta?

EMILIO.-No es un caso urgente. ¡Tiene toda la vida por delante!

(Le extiende los brazos.)

¡Ven a mí!

(Lo rechaza.)

ADRIANA.-¡No! ¡¡Antes tenemos que ocuparnos de ella!! La pobre…

EMILIO.-En este momento… No se me ocurre nada. A ella le agrada estar así.

ADRIANA.-Tienes unas ideas… Muere en un baile… ¡Y la dejas al lado de la orquesta!

(Coge a Isabel por la cabeza.)

EMILIO.-No me gusta contrariarte, cielo. Cógela por las piernas. Nuestra obligación es que no le falte nada.

(La coge por las piernas.)

ADRIANA.-Así está mejor. ¿Dónde la escondemos? Si tuvieses una caja de seguridad en un banco…

EMILIO.-¡Sin prisas! La dejaremos encima del sofá. ¡Ya quisieran muchos!

(La dejan encima del sofá derecho con la cabeza a la derecha.)

ADRIANA.-Mirándolo bien… ¡Nunca peor! Demostramos ser muy amables.

(Se miran dichosos delante de la muerta. PAUSA.)

EMILIO.-Adriana…

ADRIANA.-Emilio…

EMILIO.-¡Al fin solos!

ADRIANA.-¡Solamente tú y yo!

EMILIO.-¡¡Te quiero!!

ADRIANA.-¡¡No puedo vivir sin ti!!

(Se abrazan y besan fuertemente. Caen encima de Isabel. UN MOMENTO. Se sueltan.)

EMILIO.-¡Siempre juntos!

ADRIANA.-¡Nadie nos separará!

(Asustados.)

EMILIO.-¡Estamos…!

ADRIANA.-¡Qué miedo!

(Se levantan. A la muerta.)

EMILIO.-Perdona.

ADRIANA.-Una equivocación…

(Van al centro de la escena.)

EMILIO.-¡Nunca debimos distanciarnos!

ADRIANA.-¡Hemos nacido el uno para el otro!

(Se oye baja “Solamente una vez se ama en la vida…” Se miran felices. PAUSA.)

EMILIO.-¡Siempre he estado esperando este instante!

ADRIANA.-¡Yo creo que lo deseé desde antes de nacer!

EMILIO.-¡Acércate!

ADRIANA.-¡Cógeme en brazos!

(La coge en brazos.)

EMILIO.-¿Te encuentras bien así?

ADRIANA.-¡Me siento en el cielo!

EMILIO.-Isabel… La muerta. ¿Te acuerdas?

ADRIANA.-Sí… ¡Tengo muy buena memoria!

EMILIO.-Antes… Cuando salió… Me compró… ¡Te gustará mucho!

ADRIANA.-¡¡Qué emoción!!

(Mutis así de los dos por la izquierda. La canción se escucha muy fuerte. UN MOMENTO. Por la izquierda entran los dos cogidos de la mano. Él viste de obispo. Se miran exageradamente enamoradísimos. Caminan muy lentos. Se paran.)

EMILIO.-¡¡Maravilloso!!

ADRIANA.-¡¡No existen palabras!!

(Suspiran.)

EMILIO.-¡Ay…! ¡Esto es vida!

(Se suelta asustada. Por la muerta.)

ADRIANA.-¡Puede ser celosa!

EMILIO.-Si no mira…

ADRIANA.-Me ha gustado mucho su regalo. Y tan fino…

EMILIO.-Me dejó… Por una tontería. ¡Me excitaba poner la sotana de cura!

ADRIANA.-Lo comprendo. Era poco para ti. Con tus facultades… ¡Te ascendió a obispo!

(PAUSA.)

EMILIO.-Siempre he sido muy ambicioso.

ADRIANA.-¡Por eso te admiro! Constantemente superándote. ¡Un perfeccionista!

EMILIO.-¡Huyo de la vulgaridad! Amar en pijama…

ADRIANA.-¿Tú? ¡Nunca! Sigues así… ¡Y llegas a Papa!

EMILIO.-¡Dios te oiga!

(Se sientan en el suelo y en centro del primer término. Sus rostros son soñadores. PAUSA. Para ellos sin mirarse.)

ADRIANA.-¡Pienso en él! Emilio. Qué nombre tan bonito. Pronunciarlo dulcemente: Emilio.

EMILIO.-Nadie más que tú existes en mí. ¡Adriana! Pintaría con tu nombre todas las paredes del mundo. ¡Adriana! ¡Adriana! ¡Adriana!

ADRIANA.-Soy tan joven… Acabo de despertar a la luz. Él viene frecuentemente a hablar con mi padre. Me dice: Hola, chica. Adiós.

EMILIO.-He dejado el sacerdocio y visito la casa de su padre. Aprendo tanto de él… Me fijo en ella. ¡Cómo ha crecido! Está entrando en mí. Quiero olvidarla. ¡No puedo!

ADRIANA.-Estoy en cama. No puedo dormir. Su recuerdo no me deja. He dejado la ventana abierta. Si entrase… ¡Me entregaría a él!

EMILIO.-Ella no puede salir de mi cabeza. ¡Me he enamorado! Estoy delante de su casa y está abierta la ventana de su habitación.

ADRIANA.-¡Oigo pasos! Le espero. ¡Sé que vendrá!

EMILIO.-¡Qué difícil es subir! Me faltan fuerzas. ¡Debo intentarlo!

ADRIANA.-Tiene que ser él. Sube sin miedo. ¡Entra!

(Se miran.)

EMILIO.-Adriana…

ADRIANA.-Emilio…

EMILIO.-Pasaba por aquí. Vi la ventana abierta…

ADRIANA.-Me has dado un susto…

EMILIO.-¡Necesito hablarte!

ADRIANA.-Eliges unas horas…

EMILIO.-¡Te quiero! ¡No puedo vivir sin ti!

ADRIANA.-¿Tú? ¡Qué sorpresa! No sabía…

EMILIO.-Tú también me quieres. Lo observo en tus miradas. Si me correspondieses…

(Le coge las manos, se suelta y vuelve la cabeza.)

ADRIANA.-¡¡No!!

EMILIO.-Sufro tanto sin estar a tu lado. ¡No me abandones!

ADRIANA.-¡¡Calla!!

EMILIO.-Deseo tanto tus labios…

ADRIANA.-Lo nuestro es imposible.

EMILIO.-¡Amor mío!

(Va volviendo lenta su cabeza.)

ADRIANA.-¿Qué?

(Van a besarse. Desisten. Se levantan rápidos y dejan de estar soñadores.)

EMILIO.-¿En qué pensabas?

ADRIANA.-Nada de particular. ¿Y tú?

EMILIO.-Tampoco. La vida da tantas vueltas…

ADRIANA.-Fuimos un gran amor y volvemos a encontrarnos.

(Van hasta el espejo y se miran contentos.)

EMILIO.-Nuevamente los dos juntos.

ADRIANA.-¡Qué buena pareja hacemos!

(Se dirigen hacia la ventana.)

EMILIO.-Cuánto me alegra el volver a encontrarte. No te niego que Isabel, que en paz descanse, fue todo para mí. Pero su comportamiento últimamente…

ADRIANA.-Yo, ya ves, he fracasado con todos. Tal vez haya sido la culpable. Ahora… ¡No te escapas!

(Ríen. Él abre la ventana. Se asoman.)

EMILIO.-¡Qué bien me encuentro aquí!

ADRIANA.-¡Es como hacer más puro el aire que respiramos!

EMILIO.-Todos asomados contentos a sus ventanas.

ADRIANA.-La gente pasea dichosa por la calle.

(La acaricia.)

EMILIO.-¡Qué deleite tu cara!

ADRIANA.-¡Tus caricias me enloquecen!

(Sorprendidos.)

EMILIO.-Cómo nos miran los que están asomados y los viandantes.

ADRIANA.-Ya me dirás el motivo. La sociedad es tan extraña…

(Soñadores.)

EMILIO.-Pienso en aquella noche. Tus labios…

ADRIANA.-Te los ofrecí tan ilusionada…

(Aproximan sus labios. UN MOMENTO. Se besan y abrazan apasionadamente y ajenos a todo.)

VOZ DE UN HOMBRE.-¡¡Esto es inadmisible!!

VOZ DE UNA MUJER.-¡¡En los días de mi vida…!!

VOZ DE OTRA MUJER.-¡¡Se entiende con un obispo!!

VOZ DE OTRO HOMBRE.-¡¡Cómo está el clero!!

(Se separan y vuelven a la realidad.)

EMILIO.-Los vecinos son pacíficos. ¡Siempre tan callados!

ADRIANA.-¡Una gran suerte! No te enteras de que existen.

(Ella cierra la ventana. Van al centro de la escena.)

EMILIO.-Me apetecía salir. ¿Te animas?

ADRIANA.-Yo… Encantada.

(Por la muerta.)

Pero ella…

EMILIO.-Como comprenderás, no va a tener miedo a encontrarse sola.

ADRIANA.-Reacciona muy bien. Otras… ¡Mientras no se acostumbran…!

EMILIO.-Conocí un amigo joven… ¡Un caso! Murió y todas las noches tenía que estar su madre en el cementerio hasta que se durmiese. Así que transcurrió el tiempo… ¡Es otro! ¡Se independizó! ¡Es un difunto ejemplar!

ADRIANA.-Un muerto sin el amor de una madre… ¡No es nada! Es como si le faltase algo. ¡Pobre huérfano!

(Abre la puerta de la calle.)

EMILIO.-Mi querida Adriana… ¡Cuando quieras!

(Lo coge del brazo.)

ADRIANA.-¡Sí, cariño!

(Va hacia él. Se para, vuelve la cabeza y mira a la muerta. Extrañado.)

EMILIO.-¿Has perdido algo?

(Deja de mirar.)

ADRIANA.-No; nada.

(La coge del brazo.)

EMILIO.-¿Vamos?

ADRIANA.-¡Ahora mismo!

(Mutis así de los dos por el foro y cerrando la puerta de la calle. UN MOMENTO. Se abre, rápida y sola, esta puerta. Por ella entran los dos. Él la coge del brazo y pasean lentos por la escena como si fuese una calle.)

EMILIO.-¡Cuánta gente!

ADRIANA.-Está la calle muy animada.

EMILIO.-¡Cómo te miran!

ADRIANA.-Pues a ti… Tienes un éxito…

EMILIO.-¡Te comen con los ojos! ¡Siento celos!

ADRIANA.-¡Y yo me muero de ellos! No sé qué les das a las chicas.

(Se sueltan incomodados.)

EMILIO.-¡Andarías con tantos…!

ADRIANA.-¿Quién? ¿Yo? ¡Esto es intolerable!

EMILIO.-¡¡Te pondrías delante de los cuarteles!!

ADRIANA.-¡¡Me estás ofendiendo!! ¿¿Quién fue a hablar?? ¡¡El propietario de un harén!!

EMILIO.-¡Siguen mirando!

ADRIANA.-¡No paran!

(La coge del brazo y saludan a personas imaginarias.)

EMILIO.-Beso a usted sus pies, señora.

ADRIANA.-No puedo quitarme los zapatos, distinguido caballero.

(Entre ellos.)

EMILIO.-¿Te apetece sentarte en la terraza de aquella cafetería?

ADRIANA.-¡Sí! Hay un gran ambiente.

(Se sientan en el sofá izquierdo.)

EMILIO.-Qué bien se está aquí.

ADRIANA.-¡Un sitio ideal!

(A un camarero imaginario.)

Un refresco.

EMILIO.-Una ginebra.

ADRIANA.-¡Utilizan prismáticos para vernos mejor!

(Simulando pagar al camarero imaginario.)

EMILIO.-Cobre usted y quédese con la vuelta.

ADRIANA.-De nada.

(Simulan beber.)

EMILIO.-¡Excelente!

ADRIANA.-¡Riquísimo!

(A personas imaginarias.)

EMILIO.-Que yo sepa, señor… Los obispos no pueden casarse.

ADRIANA.-¡Estamos muy enamorados!

(Simulan terminar las consumiciones y se levantan.)

EMILIO.-Es hora de volver a casa, cariño.

(La coge del brazo y se dirigen a la puerta del foro.)

ADRIANA.-¡Qué bien lo he pasado!

(Mutis así de los dos por el foro. Se cierra, rápida y sola, la puerta. UN MOMENTO. Por la puerta de la calle, cerrándola, entran los dos y se sueltan. Miran serios a Isabel.)

EMILIO.-Continúa ahí.

ADRIANA.-¡Qué horror!

EMILIO.-No iba a ir a una heladería. ¡Es al principio! Después te acostumbras.

ADRIANA.-Pero verla siempre… ¡Tiemblo!

(Se escucha bajo “Solamente una vez se ama en la vida…”. Se miran felices.)

EMILIO.-¡Adriana!

(Se cogen de la mano.)

ADRIANA.-¡Nuestra canción!

(Mutis así rápidos por la izquierda. Cesa la canción. UN MOMENTO. Entran contentos y sin cogerse.)

EMILIO.-¡La vida es bella!

ADRIANA.-¡Ay…! ¡Maravillosa!

(Miran el cadáver.)

EMILIO.-Algunos pobres seres…

ADRIANA.-¡No me lo recuerdes!

(Van a la derecha del foro. Se oye bajo “Solamente una vez se ama en la vida…”. Se miran sonrientes y van a cogerse de la mano. ISABEL recobra vida. Se arrodilla rápida en el sofá, quedando como una estatua y lo mira. Apartándose muy asustado.)

EMILIO.-¡¡No!!

(Cesa la canción. Sorprendida.)

ADRIANA.-¿Qué te sucede?

(La señala.)

EMILIO.-¡¡Isabel está ahí!!

ADRIANA.-¿Es que te has olvidado? ¡Vaya novedad!

EMILIO.-Pero esta vez… ¡Es distinto!

(Asombrada.)

ADRIANA.-¿¿Cómo??

EMILIO.-¡¡Está viva!! ¡¡Se arrodilló en el sofá!! ¡¡Me mira!!

ADRIANA.-Emilio…. ¡Qué cosas dices…! Permanece extendida en el sofá como cuando la dejamos.

EMILIO.-¿¿Es que no la ves?? ¡¡Tú tienes que visitar al oculista!!

ADRIANA.-Qué hombre. ¡Siempre igual!

(Va hasta Isabel. ADRIANA lo mira extrañada.)

EMILIO.-Isabel…

(Vuelve a ser ella y va hasta su lado.)

ISABEL.-Dime.

(Entusiasmado.)

EMILIO.-¡¡Estás viva!!

ISABEL.- ¡Sí! Que yo sepa… ¡Nunca me he encontrado muerta!

(Va hacia él.)

ADRIANA.-¿¿Con quién hablas??

EMILIO.-¡Ya te lo dije! Con Isabel. Dile algo; hablad un poco.

(La besa en las mejillas.)

ISABEL.-¿Cómo estás, Adriana? ¿Qué es de tu vida?

EMILIO.-Te acaba de besar, Adriana. Te ha preguntado cómo te encuentras. ¡Es muy educada!

ADRIANA.-¿¿Ella?? ¡¡Imposible!! ¡¡Se encuentra sin vida en el sofá!!

EMILIO.-¡¡No!!

ISABEL.-Déjala. Si no me ve…

ADRIANA.-¡Has vuelto a inventarla como antes! El tiempo ha asesinado el amor entre tú yo. ¡Qué desgracia tan grande!

(Llora. Se acercan a ella.)

EMILIO.-No te disgustes.

ISABEL.-Chica… Te complicas la vida…

ADRIANA.-¡No eres el mismo, Emilio! ¡¡Has dejado de quererme!!

(Mutis rápido por la derecha. Se miran. PAUSA.)

ISABEL.-¿Te sigue gustando?

EMILIO.-Sí…

ISABEL.-¿Seguro?

EMILIO.-La verdad… ¡He vuelto a pensar en ti!

ISABEL.-¡Y aquí estoy!

EMILIO.-Fui feliz con ella, no te lo niego, pero llega un momento en el que la ilusión desaparece. ¡Deja de tener sentido el vivir juntos! Recuerdos, nada más que recuerdos. ¡Un pasado que desaparece solo!

ISABEL.-¿Me añorabas?

EMILIO.-¡Mucho! ¡Muchísimo! ¡¡Eres todo para mí!!

ISABEL.-Mi querido Emilio…

EMLIO.-Adorada Isabel.

(Se besan y abrazan fuertemente. PAUSA. Se sueltan.)

ISABEL.-¡Me has despertado de un profundo sueño!

EMILIO.-Perdona… Todo es tan confuso… ¡Permanecías dormida para mí!

ISABEL.-¿Y ahora? ¿Pensarás siempre igual?

EMILIO.-¡Nunca cambiaré! ¡¡Eres todo en mi vida!!

ISABEL.-Dudaste tanto de mí…

EMILIO.-¿Tenía motivos?

ISABEL.-Las respuestas… A veces, nos conformamos con ellas y otras, no las creemos.

EMILIO.-El presente es nuestra única realidad. ¡Vivámoslo plenamente!

ISABEL.-Sí, Emilio. ¡Reconstruyamos día a día nuestro futuro!

EMILIO.-Al verte, comprendí todo. Empezaba a estar de ella… ¡Qué monotonía!

ISABEL.-La quisiste. ¡Y mucho! ¿Qué sientes ahora por aquel ser que idolatrabas?

EMILIO.-¡Odio! ¡Nada más que odio! ¡¡El más infinito de los odios!!

ISABEL.-No es cierto. Adriana está dentro de ti. ¡Vive en tu interior!

EMILIO.-¡Se ha ido para siempre!

ISABEL.-¡Volverá! ¡Su recuerdo no tardará en visitarte! ¡¡Dejarás de ser libre!!!

EMILIO.-¿¿Qué hago, Isabel?? ¿¿Qué hago??

ISABEL.-¡¡Mátala!!

(Por la derecha entra ADRIANA. Saca el puñal.)

EMILIO.-¿Te ilusiona? Es tan bonito…

ISABEL.-¡¡Decídete, Emilio!!

(Retrocede asustada mientras ISABEL, ajena a los dos, queda muerta sobre el sofá derecho como antes.)

ADRIANA.-¡¡No, Emilio!! ¡¡No lo hagas!! ¡¡Quiero vivir en ti!! ¡¡Somos el pasado que no muere!!

(Decidido para apuñalarla.)

EMILIO.-¡¡Ya es tarde!!

(Corre por la escena y él la sigue.)

ADRIANA.-¡¡Me necesitas!! ¡¡No intentes destruir tu hermoso sueño!!

EMILIO.-¡¡No te quiero!! ¡¡Amo a Isabel!! ¡¡Es todo para mí!!

(Le clava el puñal.)

¡¡Muere!!

ADRIANA.-¡Ay…!

(Cae muerta y guarda el puñal. Feliz.)

EMILIO.-Me he liberado de ti. ¡Eres silencio en mi mente! Isabel… ¿Dónde estás? Adriana ya no existe. ¡Hemos quedado tú y yo!

(Mira para Isabel y se horroriza. Va hacia ella.)

Pero… También estás muerta. ¡Habla! No respondes. Creí que había vuelto el amor de mi vida. ¡El futuro se ha ido!

(Va al centro de la escena y llora. Para sí.)

Qué solo estoy. ¡No soy algo en un mundo vacío!

(Coge a Adriana y la arrastra por las manos hacia el sofá izquierdo.)

Es tan triste todo. Mi pasado camina hasta su sepultura.

(La deja sobre el sofá izquierdo con cabeza en la izquierda. Va hasta la puerta del foro. Saca la vestimenta de obispo y la tira al suelo. Queda con su traje. Abre la puerta.)

¡Nada me oprime! Encontraré la luz en un lugar sin sombras!

(ISABEL y ADRIANA vuelven a la vida y, ajenas la una a la otra, van solemnes y frías con un puñal hacia él. Quiere huir y no puede. Suplica.)

¡¡Dejadme!!

(Lo apuñalan y cae. Guardan los puñales y quedan, como dos estatuas, mirando al frente.)

Somos… ¡Nadie!

(Muere. Se escucha “Solamente una vez nada más se ama en la vida…”. Va bajando la luz hasta verse solo el cadáver de Emilio y la puerta abierta. UN MOMENTO.

   Lentamente cae el

TELÓN

La Coruña, 28 de mayo de 2.012

FINAL DE “EN EL DIVÁN DE FREUD, HABITAS TÚ”

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