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FUE ELLA

de  Raquel Calabuig Ferre

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

FUE ELLA

Por Raquel Calabuig Ferre

 ratakeli@outlook.com

PERSONAJES:

TERESA- Mujer de 45 años

SOFIA- Mujer de 35 años

MIRIAM- Mujer de 25 años

GASPAR- Conserje

RUBEN- Comisario (Indiferente mujer/hombre)

OMAR- Agente (Indiferente mujer /hombre)

 

ESCENA I

 

El escenario se convierte en un velatorio. Un hombre en un ataúd rodeado de mujeres, vestidas todas de negro y llorando. Puede estar un único foco de luz iluminando la escena.

TERESA-¡Ramón! ¡Ramón! ¿Cómo me has dejado así? ¡Ramón!

SOFIA- ¡Ay pobre Ramón! Con lo bueno que era…

MIRIAM- ¡Ayyyy! ¡Qué lástima!

TERESA- Ayer mismo en el trabajo tuvimos una gran discusión, era tan…tan… impaciente.

SOFIA- Ayer no tuvo un gran día, no. Vino enfadado del trabajo y tuvimos una gran pelea, al final se fue al gimnasio a pasar la tarde.

TERESA- Esta mañana me he enterado que ha muerto y estoy destrozada, me siento tan culpable.

SOFIA- No se preocupe…la culpa es mía… lo puse muy nervioso, fue una discusión muy acalorada. Por cierto… ¿han dicho de qué se ha muerto?

TERESA- No.

(Miriam empieza a  llorar)

MIRIAM- ¡Ayyyy ¡ ¡Qué lástima! Estuvimos en el  gimnasio y estuvo haciendo musculación. Lo estuve incitando para que se pusiera más peso. Fue al sacar el gancho de uno de los aparatos cuando le cayó la pesa sobre un dedo del pié.

TERESA- ¡Pero de eso no se moriría!

MIRIAM- ¡Ayyyy! No, pero se levantó de golpe y se dio contra las pesas de halterofilia que estaban detrás. Cayó en segundos al suelo.

TERESA-  ¿Murió de eso?

MIRIAM- ¡No! El pobre aún se levantó. Le ofrecieron agua. Se puso a beber y del ansia se atragantó y se empezó a ahogar… tuvieron que hacerle la respiración artificial. Lo pasó fatal.

TERESA- Entonces… ¿Cuándo murió?

MIRIAM- Pues la verdad…no lo sé. Supongo que esta mañana o anoche, porque si ayer lo vimos todas…

TERESA- (Empieza a abanicarse) Me encuentro mal. Me estoy mareando. Un momento que voy al baño. ¿Me pueden sujetar la chaqueta?

MIRIAM- Si, claro, vaya.

(Teresa sale de escena por la derecha del escenario. Mientras por la izquierda entra un hombre, supuesto personal de la funeraria por bambalinas, Miriam y Sofía lo miran)

GASPAR- perdonen señoras… ¿Cuál de ustedes es la mujer del difunto?

(Miriam niega con la cabeza)

SOFIA- Yo…yo no.

GASPAR- Entonces… tendrán que salir ya. En poco tiempo nos llevaremos el cuerpo.

SOFIA- Déjenos un poco más, por favor.

GASPAR- Les ruego que salgan cuanto antes. Unos minutos más. Gracias.

MIRIAM- ¿Buscan a su mujer?

GASPAR- Si, si.

MIRIAM- Y… ¿no ha venido al velatorio?

GASPAR- No, no sé. Supongo que estará en algún lugar haciendo más papeles. Ahora la buscamos, no se preocupen. Buenas tardes señoras.

(Sale de escena, Miriam y Sofía se miran, no dicen nada y  lloran delante del fallecido. Entra Teresa en escena)

SOFIA- ¿Ya está mejor?

TERESA- Si, gracias… me he mojado sólo un poco la cara.

MIRIAM- ¿Es  usted su mujer?

TERESA- No.

(Sofía y Teresa se miran)

TERESA- ¿Por?

MIRIAM- Nos acaba de preguntar el de la funeraria si éramos nosotras.

TERESA- ¿Su mujer? (pregunta extrañada) Y… ¿dónde está?

SOFIA- No sé…nunca me dijo que estuviera casado…

TERESA- Ni a mi…Era hombre poco hablador.

SOFIA- Es cierto… pero lo conozco algún año ya. Debería haberlo sabido.

MIRIAM- Cómo dijo usted que vino enfadado del trabajo… pensé que a lo mejor era usted su mujer. (Dice refiriéndose a Sofía)

SOFIA- Pues no. Solo somos amigos. Venía a casa asiduamente, tenía hasta las llaves, ayer vino a… a ponerme un cuadro a primera hora de la mañana… ¡era tan atento!

MIRIAM-  Ya, un cuadro…

(Sofía baja la cabeza avergonzándose)

TERESA- Y… ¿usted de que lo conocía? (dice mirando a Miriam)

MIRIAM- Pues… del gimnasio… claro está… era alumno mío, eso… y… ¿usted? (dice refiriéndose a Teresa)

TERESA- Como bien he dicho antes, trabajábamos juntos. Yo era su secretaria.

MIRIAM- Ya… ya… secretaria.

(Entra a escena el comisario Rubén y su acompañante el Agente Omar)

RUBEN- Buenas tardes señoras. (Les da la mano, Omar realiza el mismo gesto)

TODAS- Buenas tardes.

RUBEN- A ver que me presente. Soy el comisario Rubén, este el Agente Omar. Soy el que las ha avisado personalmente de la defunción de este hombre.

TERESA- Ahhh, encantada. Díganos.

RUBEN- ¿No les parece extraño que sólo estén ustedes tres aquí?

MIRIAM- Hombre… pues sí que es extraño, si. Supongo que tendría más familia y gente que lo quisiera.

RUBEN- A ver que les explique un poco como está el tema: este hombre ha sido asesinado.

TERESA- ¿Asesinado?

RUBEN- Si, asesinado.

MIRIAM- Y… ¿cómo ha sido eso?

RUBEN- Al parecer este hombre se acostó en su cama por la noche y… ya no volvió a despertar.

MIRIAM- Pero… ¿entonces ha sido asesinado o ha sido muerte natural?

RUBEN- Ha sido asesinado, con un cuchillo jamonero. Su cuerpo apareció sobre la cama, con una herida en el cuello y con un cuchillo atravesándole el pecho. En la cocina, el jamón empezado con dos platos sobre la mesa y dos copas de vino. Nos llamó su conserje porque no había acudido a trabajar.

SOFIA- ¡Por Dios! Qué muerte tan horrible!

TERESA- Pero… ¿Qué tenemos nosotras que ver en todo esto?

RUBEN- Por ahora nada.

SOFIA- Ah

RUBEN- Si…no fuera porque este hombre el día anterior a su muerte, osea, antes de ayer, había llevado un maletín a su gestoría preparando su herencia, en donde constaba en varios sobres, el nombre y apellidos de ustedes tres.

MIRIAM- ¿En serio?

RUBEN- Completamente

SOFIA- Entonces… ¿nos ha dejado su herencia?

RUBEN- Lo desconozco.

TERESA- ¿Y qué pone en los sobres?

RUBEN- Lo desconozco, pero deja instrucciones sobre su apertura y aunque no se lo crean…les propone una especie de juego.

SOFIA- ¿Un juego?

MIRIAM- ¿A las tres? ¡No pensaba que fuera tan macabro!

RUBEN- Si. Tengan. (Saca un maletín y de su interior tres sobres, cada uno cerrado con el nombre de cada una de ellas y se lo entrega): Miriam, Teresa, Sofía. Las instrucciones se las comunico yo y siguiendo las mismas, comienza el juego.

SOFIA- ¿Qué juego?

RUBÉN- En principio irán al domicilio del difunto en el día de mañana, cada una a la hora indicada en el exterior del sobre: ni un minuto antes, ni un minuto después de esa hora,  tocarán al timbre y yo mismo les abriré. Al momento de la llegada procederán a su apertura y realizarán las pautas marcadas.

MIRIAM- Y… ¿no puede usted abrir los sobres y hacerlo por nosotras? Me parece que ninguna de nosotras está para juegos.

RUBÉN- No. Es su testamento. Yo solo quiero que abran su sobre, lean y yo ya me encargaré de comprobar si me sirve algo para el procedimiento.

TERESA- Esto es muy extraño…no me gusta nada.

RUBEN-- A mi tampoco señora…a mi tampoco. Tengan ustedes…. un buen día dadas las circunstancias. Les doy el pésame y  nos vemos mañana.

MIRIAM- ¡Un momento! ¿Dónde está la mujer de Ramón? El hombre de la funeraria nos preguntó por ella.

RUBEN-- ¿Cómo?

SOFIA- Si. Entró un hombre preguntando por su esposa-

RUBEN—Eso… eso es algo que yo…me reservo. Buenas tardes.

TERESA- ¡Un momento!... ¿Sospechan de alguien?

RUBEN- Señora, no tenemos certezas ahora mismo, sospechas…muchas.

(Sale el comisario Rubén junto con Omar de escena)

SOFIA- Que tipo tan raro. Bueno, señoras…por lo que veo… creo que tenemos bastantes cosas en común todas nosotras…

MIRIAM- Si, creo que sí. Me parece que tendremos que presentarnos: yo soy Miriam.

TERESA- Muy bien. Yo soy Teresa.

SOFIA- Yo Sofía. Bueno pues… Con su permiso voy a salir ya y nos vemos mañana. Estoy un poco mareada y después de lo que ha dicho el comisario, creo que necesito descansar. Perdónenme. Que descansen ustedes también y… hasta mañana. Chao.

MIRIAM- No, si yo también me voy. Salgo con usted.

TERESA- Yo me quedo hasta que me tiren… tengo que llorar la pena.

(Las otras dos salen de escena mientras le dirigen miradas a Teresa)

 

                                               ESCENA II

 

TERESA- (Se acerca al féretro) ¡Hijo de puta! ¡hijo de la grannn puta! ¡Qué ganas tenía de decírtelo! Dos años acostándote conmigo y luego me entero que hacías lo mismo con Begoña, la cabrona de los zapatos rojos…, y… ahora me entero de que estabas casado. Sinvergüenza… ¿sabes? ¡Me sobran tíos como tú! ¡Tengo clase suficiente para estar con quien a mi me dé la gana! ¿Te enteras? ¿Te enteras? (se desploma de pena, le toca la cara)…. ¿Cómo pudiste hacerme eso? Y… ¿casado? ¿Casado con quién? ¿Dónde está tu mujer? ¿Dónde está tu mujer fantasma? ¡Quiero que vuelvas! ¿Me oyes? Siiii, para hacerte ¡sufrir! ¡Cabrón hijo de la gran puta! (se derrumba llorando sobre él. Al poco se incorpora, como volviendo a la realidad). Ahora me voy… ya no tengo nada que hacer aquí…así te pudras en el infierno… nada de lo que pase mañana cambiará las cosas: ya has muerto. (Da media vuelta y se  va fuera de escena).

(Se oye una música triste de fondo, dura unos segundos, para dar paso a Sofía que entra de nuevo en escena y se dirige al fallecido).

 

                                               ESCENA III

 

SOFIA-  ¿Esta? ¿Esta era tu venganza? ¿Así querías que acabáramos la discusión? ¿Esto significa que tienes tú la razón? ¡Ahora entiendo porqué siempre te tenías que ir a dormir a casa! ¡Ahora entiendo porqué no me querías dar más ayuda de la que me dabas! ¡Estabas casado! Y yo que pensaba que era la única…, y esas…esas mujeres que estaban aquí contigo antes… no me huelen bien… ¿no me la estarías pegando con ellas también? ¿no? Mira Ramón que te he aguantado mucho ¿eh?, que he tenido mucha paciencia contigo. Yo que pensaba que ya te tenía agarrado… un hombre  con clase, rico, síii, rico,  Ramón, con dinero. Sobre todo dinero… a mí el amor ya no me importa, me importaba mas tu dinero, si, si… ahora que estás muerto te lo digo… tu dinero. Con el trabajo que tenías podrías habernos mantenido y yo ser una mujer con clase, dedicarme a mis aficiones, sin tener que trabajar. Pero…no quisiste nunca… en los cinco años que estamos juntos jamás me planteaste el casarnos. Por eso ayer discutíamos ¿eh? Porque te pedí más, muuucho más, pero tu…tu todo era ponerme excusas… te merecías morir. Has sido cruel estos años, viendo como me moría de hambre sin darme ni un mendrugo de pan. ¡Bastardo!. Ahí te quedas solo, ¿me has oído? ¡Solo! se te comerán los gusanos y tu dinero se quedará en manos de no se sabe quién! … ¿Un sobre? ¿Un juego? Cabrón. (Le escupe y se va).

(Se oye una música triste de fondo, dura unos segundos, para dar paso a Miriam que entra de nuevo en escena y se dirige al fallecido).

 

ESCENA IV

 

MIRIAM- ¿Qué pasa tronco? Me dejaste flipada. Casi te da un yuyu  ¿eh? No me trajiste la pasta. Me prometiste que me la traerías ayer y me cabreé mucho… a ver si te enteras de que a Miriam no se le toma el pelo… ¡jamás! Sabes que necesitaba el dinero, ¿Casado? ¡Qué cabrón que eres! ¿Con cuantas más estabas? ¿Tres? ¿Cuatro? ibas sobrao ¿eh? Siiii, en todo ibas sobrao… sisi… eras bueno tío, eras bueno en la cama. De verdad que si (sonríe maliciosamente, toca con sus dedos el cuerpo del fallecido). Pero… a Miriam no se le engaña… llevo un año esperando tu promesa de ayudarme, de darme el dinero que me hace falta para montarme un gimnasio por mi cuenta, todo eran largas y largas… así me tenías pillada ¿eh? te mereces estar muerto. La pena es que no haya sido al final en el gimnasio. Me hubiera gustado verte morir delante de mi… pero…no pudo ser. Qué pena no poder ya disfrutar de tus encantos….pero nene…se te ha acabado el tiempo… descansa con los gusanitos… pero no sin antes dejarme decirte que eres un hijo de la grannnnndísima puta. Mañana leeré tu sobre sólo por curiosidad… sea lo que sea el contenido tu… ya estás muerto.

 

                                               ESCENA V

 

(Es el día siguiente. El escenario es el salón de una casa. Entrada al salón por el fondo izquierdo, delante en mitad izquierda una mesa con cuatro sillas. A la derecha un sofá y una mesita El comisario Rubén se encuentra sentado en una silla, apoyado el codo sobre la mesa y  fumando un cigarro. A su lado su Agente Omar con una libreta y un bolígrafo sobre la mesa).

OMAR- Es la hora. ¿Usted cree que vendrán?

RUBEN- Sin ninguna duda.

OMAR- ¿Cómo está tan seguro?

RUBEN- Porque son mujeres. Género femenino.

OMAR- ¿Qué piensa que va a pasar?

RUBEN- No lo sé.

OMAR- ¿Por qué les dijo que el muerto estaba casado?

RUBEN- ¡Ni se te ocurra volver a comentarlo! Eso es algo entre nosotros. Yo no les dije que el muerto estuviera casado. Fue aquel hombre que entró en el velatorio el que lo dijo. Yo, aproveché la equivocación.

OMAR- Y… ¿Quién era ese hombre?

RUBEN- Supongo que trabajaría para la funeraria, se equivocaría.

OMAR- Puede ser.

RUBEN- Ellas deben de pensar en todo momento que el muerto tenía mujer.

OMAR- ¿Por qué?

RUBEN-  Porque ellas pueden cometer errores. Vienen movidas por la incertidumbre y las dudas. No saben si tienen parte de la herencia ni conocen a la mujer.

OMAR- Entonces… ¿usted sospecha que alguna de ellas tres fuera la asesina?

RUBEN- Lo pienso.

OMAR- Y… ¿en qué se basa para sus sospechas?

RUBEN – Son las tres personas que mas relación al parecer tenían con el fallecido...

OMAR- Pero… ¡eso no es motivo suficiente!

RUBEN –A ver si va aprendiendo usted que en este trabajo no todo es lo que parece. Usted trate de tomar nota de todas las respuestas que les haga a mis preguntas y… aprender. La mentira es una base para sacar resultados.

OMAR- A sus órdenes.  Y… ¿cómo supo el nombre de las tres mujeres para escribir esas cartas, buscarlas y hacerlas venir?

RUBEN- Es fácil… un ordenador. Una página de red social y las conversaciones entre ellos. Tenía a tres mujeres principalmente en movimiento. El cabrón zumbaba con tres tías por lo menos. No le encontramos nada más fuera de lo normal, pero… una de ellas… estuvo aquí en la noche del crimen.

OMAR- ¿La puerta estaba forzada comisario?

RUBEN- No.

OMAR- Entonces… el asesino tiene llaves.

RUBEN- O le abrió el.

OMAR- Pero si hubiera pasado la noche con él, quedarían restos biológicos sobre la cama. Y no hay nada.

RUBEN- Efectivamente, querido Omar.

OMAR- Ufff, me siento como Wattson

RUBEN- Aún le queda camino para alcanzarle. Dígame una cosa…

OMAR- Si

RUBEN- ¿Cuál de esas tres mujeres le parece a usted más sospechosa?

OMAR- N…no sabría decirle… no son ninguna de las tres de mi agrado.

RUBEN- Dígame una.

OMAR- No se… Miriam

RUBEN- ¿Por qué lo piensa?

OMAR- Pues no se… quizás por su forma de hablar. Aún no tengo suficientes datos.

RUBEN- Podría ser.

OMAR- Y… ¿usted en qué piensa?

RUBEN- Ahora mismo en un bocadillo de tortilla de patatas con all i oli.

OMAR- En serio.

RUBEN- Una buena investigación no se puede dejar llevar por apreciaciones personales señor Omar.

OMAR- Ya… pero usted me preguntó…

RUBEN- Limítese a observar… a estudiar detenidamente la persona que tiene delante: sus gestos, su olor, su expresión… dice mucho de una persona. Hoy hará un buen entrenamiento. Subirá al grado de maestría: sakamoto.

OMAR- No se burle usted de mí, comisario.

RUBEN- Jajaja, ¡Ayyyy! ¡Juventud! Divino tesoro.

OMAR- ¿Qué tipo de preguntas les ha puesto? ¿Les va a decir cuando acabe que lo de los sobres es falso?

RUBEN- ¡Es usted muy impaciente! Todo a su tiempo… todo a su tiempo…lo tengo todo tan enlazado que cuando acabe con las tres, sabré quien ha sido.

OMAR- Las diez en  punto.

(Suena el timbre de la puerta)

RUBEN- Vaya a abrir Agente Omar. Vaya a abrir.

(Omar se levanta y se dirige a la puerta situada al fondo izquierdo del escenario, abre.)

OMAR- Buenos días señora.

SOFÍA- Buenos días. ¿Puedo pasar?

RUBEN- (Se levanta y le da la mano).Buenos días señora. Puede usted sentarse. Está en su casa.

(Sofía se quita la chaqueta y se sienta en el sofá. El comisario y el Agente se vuelven a sentar en las sillas).

SOFIA- Gracias. La, la verdad es que estoy un poco nerviosa.

RUBEN- Relájese, será poco tiempo. Si acaso unas preguntitas antes de empezar. Así nos vamos conociendo.

SOFIA- Adelante.

RUBEN- Su nombre completo.

SOFIA- Sofía Martínez Sánchez

RUBEN- ¿Edad?

SOFIA- Treinta y cinco años.

RUBEN- ¿En qué trabaja usted Sofía?

SOFIA- Ahora mismo no trabajo. Estuve trabajando hasta hace unos meses en una empresa de limpieza, pero se me acabó el contrato y me echaron.

RUBEN- ¿Qué ingresos percibe en la actualidad?

SOFIA- Pues… estoy cobrando del paro, pero dentro de poco ya se me acaba, la verdad es que estoy un poco apurada.

RUBEN- El fallecido, ¿le prestaba alguna ayuda?

SOFIA- ¿Ayuda de qué tipo?

RUBEN- Económica, claro.

SOFIA- Ehhh… bueno, el me ayudaba cuando podía.

RUBEN- Tengo entendido que era un hombre muy rico, con un gran capital.

SOFIA- Ssi, si, lo era, pero no era muy dador, era más bien…tacaño.

RUBÉN- ¿Tacaño? (mira a Omar que está tomando notas, de reojo)

SOFIA- Si. El sabía mi estado económico pero cuando me veía mal era yo la que tenía que pedirle ayuda. El me daba algo todos los meses… pero no tenía suficiente, ya saben… pagos y mas pagos, el préstamo, agua, luz… ufff

RUBEN- ¿Cuánto tiempo llevaba de relación con el fallecido?

SOFIA- ¿Quién le ha dicho que tuviéramos una relación?

RUBEN- Señora… que no nací ayer…por favor… (Omar lo mira asustado. Rubén saca un bloc de notas de su bolsillo).

SOFIA- Está bien…cinco años aproximadamente.

RUBEN- (Mira su bloc) Según mi información el fallecido le ingresaba a usted desde hace aproximadamente cuatro años la cantidad mensual de dos mil euros. Hay movimientos de su cuenta a la suya.

SOFIA- Ehhh. Si, si

RUBEN- Y con esta cantidad… ¿no tiene para vivir y mantenerse usted?

SOFIA- Ehhh, ya le he dicho que tengo muchos gastos, además… no creo que sea asunto de su incumbencia ni de su trabajo, el dinero que me daba Ramón.

(Omar saca un pañuelo y se seca la frente, Rubén se queda observándola unos segundos sin responder)

RUBEN- (Tras el silencio) Le invito a leer la carta. Puede usted abrirla y empezar.

SOFIA- (Lee). “Querida Sofía. En la hora que estés leyendo este texto estaré ya muerto. No quiero  que te quedes con la pena de mi falta. Por ello quiero compensarte por no haberme sincerado, por no decirte que estaba casado, por no decirte que tenía a otras, por no dedicarme a ti… quiero que busques en la librería un libro, un libro que se llama : “Me quedé en la puerta”. Busca en la página 144 y allí tendrás escrita una nota, con ello creo compensar mi muerte. Nos veremos más adelante…adiós Sofía”

RUBEN- Búsquelo.

(Omar permanece sentado observando y tomando notas. Sofía con el libro en la mano procede a buscar en la estantería. Lo encuentra, y busca la página ciento cuarenta y cuatro)

SOFIA- Página ciento cuarenta y cuatro, página ciento cuarenta y cuatro… (Comienza a buscar en estado alterado) ¡Ya lo tengo! ¡Ya lo tengo!... (De pronto le cambia la cara)

RUBEN- ¿Qué le pasa Sofía? ¿Qué pone? (mira a Omar de reojo)

SOFIA- ¡Será…!

OMAR- ¿Qué pasa?

SOFIA- Me dice: “Tienes una llave conocida escondida en el antepenúltimo libro que leíste. Con esa llave tendrás lo que tanto ansías…”

RUBEN- ¿Por qué se altera con esas palabras?

SOFIA- Porque...Porque…Porque no recuerdo que libro leí.

RUBEN- Y… ¿qué abre esa llave tan especial?

SOFIA- La caja fuerte donde guarda su dinero. Ramón no era amigo de meter el dinero en el banco. Metía poco y casi todo iba a la caja fuerte.

RUBEN- ¿Dónde está esa caja?

SOFIA- Era muy típico, la tenía detrás de este cuadro. (Señala un cuadro detrás del sofá)

RUBEN- Entonces él le dejaba toda su herencia a usted ¿no?

SOFIA- No…no se…no se…ahora no puedo pensar (se lleva las manos a la cabeza alterada). Bueno…sí que tengo que pensar, bueno me voy…,tengo que buscar el libro. Lo siento…me voy.

RUBEN- Usted no se va a ninguna parte señora…usted se queda aquí conmigo y me contesta un par de preguntas más.

SOFIA- S… si, si, dígame.

RUBEN- Entonces usted conocía la existencia de esa caja fuerte ¿no?

SOFIA- Si, si

RUBEN- ¿Cómo iba su relación últimamente?

SOFIA- Bueno… con muchos altibajos. Yo soy muy caprichosa y necesitaba dinero y el era muy rácano.

RUBEN- ¿Podría ser suficiente motivo para matarlo?

SOFIA- ¿Qué dice usted? ¡Por favor! ¡Jamás haría eso! Soy pobre pero honrada. Además si lo hubiera matado, ¿por qué no me quedé con su dinero en otro momento? Hubiera podido hacerlo cualquier otro día en cinco años.

OMAR- Cierto es, cierto…

RUBEN- ¡Cállese!

SOFIA-¿cómo sabía el que se iba a morir? ¿Metió la llave en mi libro para luego dejarse matar?   ¡Hombre por Dios!                                                                               

OMAR- Ahí tiene razón…

RUBEN- ¡Cállese! (refiriéndose a Omar) Pudiera ser, pudiera ser… ¿nunca le habló de ninguna otra mujer?

SOFIA- Jamás me dijo que estuviera casado. Solo hablaba de trabajo. Sí que es cierto que de su secretaria me hablaba bastante, al igual que de su conserje y amigo. Pero su vida parecía muy normal: Trabajo, gimnasio, casa. De vez en cuando venía a la mía o yo a la suya y ya está. Jamás hubiera imaginado que estuviera casado… Cabrón… ¡se merece estar muerto!

RUBEN- ¡Señora!       

SOFIA- Es lo que pienso. Ha sido un ser cruel.

RUBÉN- ¿Por qué? ¿Por qué no le ha dado más dinero del que le daba?

SOFIA- Perdóneme…voy al aseo un momento. Ahora vuelvo.

 

                                               ESCENA VI

(Omar se queda mirando al comisario)

RUBEN- ¿Qué pasa? Deje de mirarme.

OMAR- ¿Cree que vamos por buen camino?

RUBEN- ¿A qué se refiere?

OMAR- Que las respuestas que nos está dando esta mujer son muy obvias y convincentes.

RUBEN- Lo son. Pero puede estar haciendo un papel.

OMAR- ¿Me permite que le haga yo una sola pregunta?

RUBEN- Si le hace ilusión… ¡adelante!

(Entra de nuevo en escena Sofía. Se sienta)

OMAR- Déjeme que le haga una pregunta… ¿Me podría decir…?

(Llaman a la puerta)

RUBEN- ¡Qué lástima Agente! Abra, abra.

OMAR- No, un momento, sólo un segundo… dígame: ¿Me podría decir cuando están ustedes juntos quién cocina normalmente?

SOFIA- (Sopla) Normalmente cocina él. Es, perdón, era muy aficionado a la cocina y a mí se me da bastante mal.

OMAR- Y… puede recordar si el fallecido tenía algún jamón en la cocina?

SOFIA- Pues…si. Tenía uno ahora que lo dice, de ¡pata negra! Además me chocó verlo sin empezar en la cocina.  Decía que se lo había regalado su amigo. Era tan tacaño que ni me ofreció un trozo para probarlo, ya ve usted.

OMAR-  Y…

RUBEN- Eso ya han sido dos preguntas. ¡Qué tonterías! Vaya a abrir.

(Omar se levanta y abre a Teresa)

TERESA- Buenos días

TODOS- Buenos días.

(Rubén y Omar le dan la mano, Sofía permanece sentada)

TERESA- ¿Cuánta gente somos no?

RUBEN- La justa y necesaria.

SOFIA- ¿Yo tengo que estar aquí ahora o me puedo ir ya?

RUBEN- Usted se queda por ahora. Vamos a ver Teresa. Le voy a hacer unas breves preguntas antes de que abra el sobre.

(Sofía se sienta en el sofá)

TERESA- Dígame comisario.

RUBEN- Nombre completo

TERESA- Teresa San Martin San Juanes

RUBEN- ¿Edad?

TERESA- Cuarenta y cinco.

RUBEN- ¿Dónde trabaja usted?

TERESA- Soy secretaria en la empresa de arquitectos Solar y Cima-

RUBEN- ¿Cuál era su relación con el fallecido?

TERESA- Era su secretaria.

RUBEN- Bien. Ahora dígame cual era…su… otra relación con el fallecido.

TERESA- No le entiendo.

RUBEN- Sí que me entiende… usted estuvo ayer mismo en este domicilio.

(Omar levanta la cabeza de la libreta de notas mirando muy extrañado al comisario)

TERESA- Yo… bueno, si, estuve ayer aquí.

SOFIA- ¿Te acostabas con Ramón?

TERESA- Yo… bueno… teníamos algo más que una relación laboral, si.

SOFIA- ¡Le está mintiendo comisario!

RUBEN- ¿Y eso? (mira a Omar de reojo)

SOFIA- Porque la que estuvo ayer aquí con Ramón fui yo.

RUBEN- ¿Y por qué no me lo ha dicho antes?

SOFIA- ¡No me lo ha preguntado!               

TERESA- No pudiste estar tú porque estuve yo. De hecho me dejé las gafas en su baño.

SOFIA- ¡Estás mintiendo! Ayer mismo en el velatorio dijiste que habíais tenido una discusión en el trabajo.

TERESA- ¡Por eso mismo! Vine por la tarde aquí para hablar y que quedara todo claro. No me gusta discutir, pero era un hombre muy nervioso.

OMAR- ¿A qué hora vino?

TERESA- Mmmm sobre las ocho más o menos.

SOFIA- ¿Sobre las ocho? ¿Sobre las ocho? .Yo vine a las siete… ¡Lo mataste tu!

TERESA- ¡Yo no lo maté!

RUBEN- ¡Un momento! ¡Un momento! Haya paz…haya paz… Aún queda otra mujer por venir. Tenemos el tiempo justo. Teresa. Abra el sobre.

(Teresa saca el sobre nerviosa y en el no hay ninguna nota. Sólo una llave)

TERESA- ¿Una llave? ¿Eso es todo?

(Sofía sonríe maliciosamente)

RUBEN- ¿Esperaba algo más?

TERESA- Pues… (Mira la llave detenidamente) ¡La llave!

(A Sofía se le apaga la sonrisa).

RUBEN- ¿Conoce esta llave?

TERESA- S…si… creo que es la llave de una caja fuerte que tiene Ramón en esta casa. Sí, estoy segura. Si… está…está… ¡detrás de este cuadro! ¡Vamos a ver!

RUBEN- Un momento, un momento… ¿sabe que puede haber en esa caja?

TERESA- N…no se… quizás dinero.

RUBEN- ¿Eso querría decir que se lo ha dejado en herencia a usted?

TERESA- No…no se.

SOFÍA- Yo también tengo llave de esa caja.

TERESA- No puede ser… sólo hay una llave. La tuya será falsa.

SOFÍA-   A mi me ha dejado una nota y la llave de la caja fuerte. Es la tuya la que es falsa.

TERESA- Mira guapa… para empezar… yo no sé qué tipo de relación tenías tú con Ramón, pero no sé si te has enterado de que Ramón estaba casado. Segundo: estaba conmigo.

SOFÍA- Conmigo también. (Le contesta enojada)

TERESA- Además… nos la estaba pegando con Begoña, una joven nueva de la empresa. Muy repelente. Muy joven… siempre con sus tacones altos y tan resabida…

RUBEN- ¡Caray con el Ramón!

SOFÍA- Hijo de p…¡tenía una de cada edad!

TERESA- Así es que si te parece, voy a abrir la cajita a ver que me ha dejado, porque sea lo que sea, bien está donde se encuentra. ¡Que se le coman los gusanos!

(Teresa procede a quitar el cuadro, momento en que Rubén la detiene)

RUBEN - ¡Pare usted! ¡Tengo una cosa que pedirles!

(Se le quedan las dos mujeres mirando)

RUBEN- Les agradecería que se quedaran tras la puerta mientras me entrevisto con la mujer que falta. ¿Les importaría hacerme el favor? (Les indica que se sitúen fuera de escena tras bambalinas, donde se supondrá que se encuentra la puerta de acceso del salón a las habitaciones).

OMAR- ¡Un momento! Señor comisario… ¿me deja hacer una pregunta?

RUBEN- Haga usted esa pregunta. (Le dice con tono de enfado)

OMAR- Señora Teresa… ¿es usted buena ama de casa?

TERESA- Yo trabajo Agente. No tengo mucho tiempo para dedicarme a la cocina. Tengo una mujer que me realiza las labores domésticas.

OMAR- Usted vino a las ocho de la tarde. ¿El fallecido la invitó a cenar?

TERESA- No. (Lo mira extrañada como preguntándose que qué tonterías pregunta ese hombre)

OMAR- Y… entró en la cocina en algún momento?

TERESA- Si, a tomar un vaso de agua.

OMAR- ¿Vió usted un jamón de pata negra?

TERESA- Si. Tapado con un trapo sin empezar. Pero… ¿A qué vienen esas preguntas? No entiendo…

OMAR- Nada más…muchas gracias… puede retirarse. Cuando salga cierre la puerta.

RUBEN- (Lo mira extrañado). Vaya… sí que está aprendiendo usted pronto Agente Omar.

(Las dos mujeres salen de escena)

RUBEN- Le he pedido ya varias veces que no haga preguntas tan tontas. Entiendo que quiera despistarlas, pero por favor… ¡pare!

OMAR- Perdone comisario.

RUBEN- Bien… bien… esto pinta bien

OMAR- ¿Está seguro comisario?

RUBEN- En breve tendremos la solución.

OMAR- Yo es que tengo algunas dudas que…

RUBEN- Agente Omar, casi que preferiría que se mantuviera un poco al margen de mi interrogatorio. Más que nada porque sus preguntas… permítame que le diga, no tienen nada que ver con lo que estamos buscando. Creo que le hacen falta más horas de prácticas. Usted limítese a tomar notas por si me hicieran falta más adelante.

OMAR- Es que yo estoy seguro de que…

(Suena el timbre de la puerta)

RUBEN- Hora exacta. ¡Magnífico! Abra usted, por favor. (Dice dirigiéndose a Omar)

MIRIAM- Buenas. ¿Se puede?

RUBEN- Adelante, adelante. Pase señora o…señorita… siéntese, haga el favor.

MIRIAM- (Se sienta en el sofá) Qué extraño es todo esto ¿no?

RUBEN- A mi me parece de lo más natural. Permítame que le haga una serie de preguntas antes de que abra el sobre.

MIRIAM- Adelante.

RUBEN- Nombre completo

MIRIAM- Miriam Heredia González

RUBEN- Edad

MIRIAM- Veinticinco.

RUBEN- Veinticinco, treinta y cinco, cuarenta y cinco…

MIRIAM- ¿Perdone?

RUBEN- Nada, nada…cosas mías… dígame. ¿De qué conocía usted al fallecido?

MIRIAM- Venía al gimnasio donde yo trabajo de monitora. Era un tipo simpático.

RUBEN- ¿No era un poco mayor para usted?

MIRIAM- (Se ríe) ¿Qué más da?

RUBEN- Si, imagino que le daría lo mismo dada las circunstancias ¿no?. ¿Qué conseguía un tipo como este yendo al gimnasio?

MIRIAM- No le entiendo

RUBEN- Además de sexo… ¿qué sacaba del gimnasio?

(Omar se le queda mirando extrañado)

MIRIAM- No le entiendo.

RUBEN- Este hombre tenía cuarenta y cinco años. Estaba casado, tenía por lo menos tres amantes. Y… ¿le daba tiempo de ir al gimnasio? Dígame qué tipo de beneficio tenía el.

MIRIAM- Sigo sin entenderlo

RUBEN- Dejémoslo… dígame… ¿cuándo fue la última vez que vio al fallecido?

MIRIAM- Ayer

RUBEN- (Mira a Omar) ¿A qué hora?

MIRIAM- De cinco a seis vino al gimnasio y luego…

RUBEN- Luego imagino que fueron a su domicilio.

MIRIAM- Pues no.

RUBEN- ¿No?

MIRIAM- No. Se fue él solo. Luego a las diez vino al gimnasio a verme y pedirme disculpas, pero ya era tarde.

RUBEN- ¿Disculpas de qué?

MIRIAM- Quedamos en que me prestaría un dinero y no me lo dejó. Discutimos y se marchó. Luego a esa hora volvió. Pero no tenía ganas de hablar con él y se fue.

RUBEN- ¿Se fue solo?

MIRIAM- Si. Pero alguien le llamó por teléfono mientras hablaba conmigo.

RUBEN- ¿Supo quién era?

MIRIAM- No, no lo oí. Pero tenían una discusión acalorada.

RUBEN- Ajá…

MIRIAM- ¿Qué ocurre comisario?

RUBEN- Nada, nada… dígame… ¿usted vino posteriormente ayer a esta casa?

MIRIAM- Mmmmm sí. Vine sobre las once de la noche. Vine a ver si aclarábamos el tema y finalmente me soltaba las perras.

RUBEN- Y… ¿lo consiguió?

MIRIAM- No. Volvimos a discutir.

RUBEN- ¿Acaloradamente?

MIRIAM- Si, bueno…

RUBÉN- ¿Se amenazaron con algún instrumento?

MIRIAM- Bueno… si… ¡va! ¿Para qué le voy a mentir? Si, cogí un cuchillo de la cocina para asustarlo. Pero no lo maté yo.

RUBEN- Lo sabía.

MIRIAM- ¿Cómo lo supo?

RUBEN- Evidentemente…tenía sus huellas el cuchillo jamonero.

MIRIAM- Eso no sería sospechoso… si todas hemos venido a su casa en algún momento. Más de una vez he cogido algún cuchillo. Y anoche no cogí el jamonero, cogí uno de diario.

 (Rubén se pone nervioso y se pone muy serio)

RUBEN- Nada, nada… Omar, haga entrar a las otras mujeres al salón por favor.

(Omar se levanta y sale de escena haciendo entrar a las otras dos mujeres, que entran de nuevo saludando a Miriam con un saludo cortés)

SOFIA- Hola

MIRIAM- Hola.

RUBEN- Siéntense, hagan el favor.

(Se sientan)

RUBEN- Tengo que decirles que la señorita Miriam fue al parecer la última que vió con vida al fallecido. Su discusión fue acalorada llegando a sacar un cuchillo de cocina. ¿No es así señorita Miriam?

MIRIAM- Bueno…dicho así parece que esté confirmando que lo maté yo.

SOFIA- Me parece que no quedan muchas dudas sobre quién lo mató.

TERESA- Ahí tiene a la asesina.

MIRIAM- Pues vaya… yo pienso que fue usted quién lo mató.

TERESA- ¿Quién? ¿Yo?

MIRIAM- Si, claramente.

TERESA- ¿y eso?

MIRIAM- Usted es su secretaria. Estaba día a día compartiendo su trabajo, sus confidencias y su cama… sabía perfectamente sus horarios y sus cuentas. Lo único que desconocía es que estaba casado. Ayer en el velatorio cuando entró ese hombre de la funeraria preguntando por su mujer, usted no estaba y cuando volvió, al preguntarle si era usted su mujer, hizo un ademán sospechoso. Es usted quien lo ha matado, señora.

TERESA- ¡Qué tonterías! Sabe perfectamente que me sentí indispuesta. Lo único que le doy la razón es que cuando me dijo que estaba casado casi me quedo sin respiración. Pero jamás hubiera yo matado a Ramón ¡jamás!

SOFIA- Mmmm

RUBEN- Siéntense… Veamos, señorita Miriam. Abra su sobre.

(Miriam abre su sobre. Saca una llave y una nota)

MIRIAM- La llave del misterio… (Dice con tono irónico).

SOFIA- Pero si…

RUBEN- ¡Cállese señora! (dice refiriéndose a Sofía)

MIRIAM- Veamos que nos dice la nota: “Hola Miriam. Si lees esta nota estaré ya muerto. Supongo que estarás sufriendo porque sé que me querías demasiado…” ¡pobre desgraciado! “… para compensar tu pena he pensado que lo mejor sería hacerte feliz y dejarte algo que deseas hace tiempo. Abre lo que tú ya sabes con la llave y todo será tuyo”

TERESA- ¿Será cabrón?

MIRIAM- No tengo ni idea a qué se refiere.

SOFIA- ¿Seguro que no?

MIRIAM- No

SOFIA- Nosotras tenemos una llave igual a la tuya.

MIRIAM- Y… ¿Qué abre?

RUBEN- Díganoslo usted.

MIRIAM- Yo lo diría… si supiera que abre.

TERESA- ¿Te estás haciendo la tonta, guapa?

SOFIA- Sabes de sobra que la llave abre la caja fuerte que Ramón tenía aquí en su casa.

MIRIAM- Ahhhhh…¡mira qué bien! Eso supone que me ha dejado el dinero que le pedí… en el fondo no era tan mal tío. ¿Dónde está esa caja fuerte?

RUBEN- Detrás de usted.

MIRIAM- ¿Dónd..? ahhh, ¡que original! ¿Detrás del cuadro?

SOFIA- ¡Qué bien se hace la tonta la niña esta!

TERESA- A ver… un momento. Sigo sin entender nada… Rubén me dijo la existencia de esa caja fuerte, pero sólo me dijo que hubiera una llave. No entiendo cómo es que hay dos copias más.

RUBEN- A lo mejor este juego es para ver cuál de las tres llaves abre la caja fuerte… ¿no les parece?

OMAR- Perdóneme señor comisario que me entrometa de nuevo. Déjeme que le haga una pregunta a la señorita Miriam.

(Rubén hace el ademán de descontento, pero con gestos le cede la palabra)

OMAR- Dígame señorita Miriam: ¿Cómo le gustaba al fallecido la carne?

MIRIAM- ¿Perdón?

OMAR- ¿Qué cómo le gustaba la carne? ¿Cruda, hecha, semi..?

MIRIAM- Pues… no recuerdo…

OMAR- Cuando usted fue a su domicilio… ¿El fallecido ya había cenado?

MIRIAM- Pues… no lo sé. Creo que no. No recuerdo haber visto la cocina con trastos por en medio.

OMAR- Y… dígame… ¿Cuando vió usted por última vez al fallecido notó alguna herida en su cuello?

MIRIAM- No, que yo recuerde.

OMAR- ¿Tenía algún tatuaje en su cuerpo?

MIRIAM- Tenía un pequeño tatuaje en el cuello.

OMAR- ¿Puede que…?

RUBEN- ¡Basta ya Agente Omar! y déjeme seguir con la investigación. A ver: estábamos con que no entendían porque había dado a cada una de ustedes una copia de la llave de la caja fuerte.

(Rubén queda al margen a partir de ahora de la conversación. Al igual que Omar comienza a tomar anotaciones).

MIRIAM- ¿La mujer de Ramón está de acuerdo con este juego?

SOFIA- A la mujer de Ramón le importa un pimiento la caja fuerte. A ella no le debía interesar mucho su marido cuando ni siquiera acudió a su velatorio.

TERESA- Eso es cierto… cabrón…, dos años acostándome con él y jamás me dijo que estuviera casado. ¡Nadie de la empresa lo sabía!

MIRIAM- Pero… ¿es que no hablabais o qué?

TERESA- No era muy hablador. Llegaba, entraba en su despacho. Llevaba todos sus papeles y negociaciones y se iba. No tenía muchos amigos. Un hola y adiós a la gente y poco más. Era lo que más me gustaba de él: su personalidad tan arrolladora, tan serio, tan bien puesto… era un as para los negocios. Todos le temían y a la vez respetaban. Era como un triunfo poder llegar a lo más íntimo de este hombre. El único que tenía algo de trato más con él a parte de mi era Gaspar, el conserje, era homosexual, todas las mañanas le traía el periódico y un café descafeinado con leche sin lactosa y con sacarina, con una ensaimada. Entraba, hablaba un rato con él y se iba. Pero ayer por esa confianza, yo cometí un error…

RUBEN- ¿Cuál? (presta mayor atención)

TERESA- El conserje entró y nos pillo besándonos en el despacho… ¡qué mal momento pasé! Ramón me apartó de un empujón, el conserje se fue como no queriendo ver nada. Fue una situación complicada. Lo llevábamos totalmente en secreto. Ramón empezó a desvariar y a pegarme gritos por no haber cerrado la puerta. Discutimos acaloradamente y me fui perdiendo las formas de un portazo.

OMAR- Interesante

SOFIA- Cuando salía de trabajar muchas veces venía a casa. Nos habíamos conocido hace cinco años en una papelería del centro. El iba con su amigo el conserje. Comenzamos a hablar en la cola, y hice amistad, era un hombre bien puesto y se notaba que tenía clase. Le pedí el teléfono y comenzamos a hablar, hasta que un día lo invité a cenar a casa. Unas tostadas con pan, membrillo, queso blanco y cebolla caramelizada hicieron que comenzáramos nuestra historia. Cinco, cinco años… No llegaba el amor, pero pensé que sería una buena forma de prosperar y de tener un nivel de vida mejor que el que tenía.

TERESA- ¿Y lo dices así tan fríamente? ¡No lo querías!

SOFIA- ¿Y tú?

TERESA- Hombre…quererlo quererlo…tampoco…

SOFIA- Pues yo igual. Además… sólo venía a casa cuando él quería. Siempre tenía cosas que hacer… antes de morir discutimos, yo sabía que había algo que no cuadraba. Hombre rico, soltero, ¿no podía darse un poco más? Hijo de puta… ¡se merecía morir! ¡Así te pudras en el infierno! (mira hacia arriba alterada).

MIRIAM- Aún os quedáis cortas… también estuvo conmigo. Entre una y otra os la pegaba conmigo. La pobre de su mujer no sé cómo pudo aguantar esto.

SOFIA- ¿Lo mataría ella?

MIRIAM- Y… ¿dónde está? ¿Por qué ella no tiene llave de la caja fuerte?

TERESA- No está… igual se enteró de sus devaneos y desapareció. Quizás Ramón sintiera algo por alguna de nosotras y nos haya dejado su dinero en la caja.

SOFIA- Yo se que él me quería…eran cinco años conmigo. Supongo que me lo habrá dejado todo a mí.

TERESA- No estés tan segura. ¿Dónde iba a estar mejor su dinero que conmigo? Que sabría donde invertirlo? Que inocente es usted.

MIRIAM- ¿Para qué querría dejar el dinero a unas arpías chochas como vosotras? La juventud tiene sus ventajas. Yo le ofrecía la posibilidad de una inversión en un nuevo gimnasio. Yo iba a ser la dueña. Supongo que el dinero será para mí.

SOFIA- El tenía un futuro conmigo. Una estabilidad.

TERESA- ¿Estabilidad?

SOFIA- Si

TERESA- Señora, yo no sé su nivel económico, pero por lo que comenta…no sería muy boyante… Lo más fácil es que usted estuviera con el por su dinero. Como la otra… Evidentemente yo sabía la existencia de la caja fuerte. Al igual que ustedes, pero con la diferencia de que no iba con el por su dinero. Cualquiera de ustedes dos podría ser la asesina.

 Señor comisario… queremos abrir la caja.

MIRIAM- Si

SOFIA- Déjenos abrirla ya.

RUBEN- Ehhh… bien… intenten abrirla de una en una. Hagan el favor. Empiecen.

(Primeramente se acerca Teresa, la cual intenta meter la llave pero no entra)

TERESA- No, no puedo, no entra.

MIRIAM- Sabía que iba a ser para mí… déjame.

(Miriam intenta meter la llave pero tampoco puede)

MIRIAM- ¡No entra!

SOFIA- (Comienza a hacer gestos de alegría) ¡Tomaa!¡tomaa! ¡bienn!¡bienn! ¡Es mía!

(Las otras dos se sientan en el sofá desmoronadas)

RUBEN- Veamos… ha llegado el momento de proceder a la detención de una de ustedes como presunta asesina del señor Ramón Pechuán Alticio.

(Se quedan todas extrañadas)

SOFIA- Y… ¿A quién va a detener?

RUBEN-  (Se levanta) A la señorita Miriam.

MIRIAM- ¿Yo? ¿Por qué?

RUBEN- Todo encaja a la perfección: usted fue la última en ver al fallecido. Como así ha reconocido. La única que sacó un cuchillo. Usted misma ha dicho que discutieron acaloradamente. No creo que haya muchas dudas. Es un caso muy fácil.

MIRIAM- ¿Así? ¿Ya está? ¿Ya lo tiene usted tan claro? ¡Yo no lo maté! ¡Cuando me fui estaba vivito y coleando! ¡No me toque los…!

OMAR- Perdone que me entrometa comisario, pero Miriam no mató al fallecido.

RUBEN- ¿Cómo osa decirme eso en estos momentos, Agente?

TERESA- Alguien está abriendo la puerta.

(De repente entra Gaspar en escena)

GASPAR- Bu…, buenos días (entra lentamente, no se esperaba encontrar a nadie dentro)

SOFIA- Buenos días… ¿usted no es el de la funeraria de ayer? (pregunta extrañada)

MIRIAM- Si, sí que es…lo recuerdo muy bien.

TERESA- ¿Qué va a ser el de la funeraria? Este es Gaspar, el conserje y amigo de Ramón. ¿Qué tal, Gaspar? ¿Qué haces aquí? No sabía que tenías llaves.

GASPAR- Yo…es que… vine a ver si cogía alguna cosa que me había dejado por aquí.

OMAR- ¿Un jamón, por ejemplo? ¿Un móvil?

GASPAR- ¿Perdón?

OMAR- (Se levanta, saca las esposas y se las coloca a Gaspar) Aquí tienen al asesino.

GASPAR- ¡Está usted loco!

RUBEN- ¿Qué dice?

TERESA- ¿Está usted mal de la cabeza? ¿Cómo va a ser el pobre Gaspar? ¿Qué dice?

RUBEN- Explique lo que está diciendo y haciendo ¡ahora mismo!

OMAR- Les explico… (coge su libreta de anotaciones): Desde que hemos empezado el interrogatorio todas las preguntas han sido dirigidas a saber quien de todas ellas estaba interesada por el dinero del fallecido, para así tener una base para acusarlas.

Permítanme decirles que… todo ha sido una gran mentira.

MIRIAM- ¿Qué?

OMAR- Veamos: primeramente no existe ningún maletín. No existe ninguna herencia ni existe ningún juego.

TERESA- ¿Qué está usted diciendo?

OMAR- Todo ha sido una táctica hecha por el comisario a fin de desenmascarar a la autora de los hechos. Un admirable trabajo hecho pero con un simple fallo. Perdone comisario.

RUBEN- ¡Hable!

OMAR- El fallo principal ha sido que no hemos visto más allá del tema económico. Veamos: no hay mujer del fallecido.

SOFIA- ¿Qué no hay mujer del fallecido?

OMAR- No. Sin embargo hay… mujeres del fallecido: usted Miriam de veinticinco años, usted Sofía de treinta y cinco y usted Teresa de cuarenta y cinco. Además otra mujer joven que según han comentado (mira su libreta) era candidata o ya estaba en proceso de ser algo más de su queridísimo Ramón.

Pero… lo que ustedes me parece que no han sospechado nunca es que… Ramón era un poco … digamos… promiscuo.

SOFIA- ¿Qué está queriendo decir usted?

OMAR- Veamos: este señor, el señor conserje que según han comentado era homosexual, mantenía una relación con el fallecido.

MIRIAM- (Se ríe) ¡vamos hombre!

OMAR- Así es. Este señor era a todos los efectos conserje y… amigo del fallecido. Se veían en la oficina, en la calle, en… esta casa… ¿es o no cierto señor… (Mira su libreta) Gaspar?

GASPAR- Así es.

TERESA- ¡No puede ser!

OMAR- Así es. Este hombre ayer mismo –como usted bien indica doña Teresa- les pilló besándose en el despacho. Por eso vió que se fue. No porque se sintiera molesto con ello sino porque tenía “celos”. Acto seguido usted señorita Miriam, reconoce que cuando fue el fallecido al gimnasio discutieron y oyó que tenía una conversación acalorada por teléfono con otra persona. Esa persona era el señor Gaspar, que seguramente estaría quedando con él para esa misma noche.

Tanto doña Sofía como doña Teresa como la señorita Miriam, vinieron a esta casa ayer: una a las siete, otra a las ocho y la otra a las once, encontrando -según sus versiones- , el jamón sin abrir. Dadas sus dotes culinarias y su situación desesperada con el fallecido no las creo capaces de proceder a cortar jamón.

 Esta mañana, al observar el cadáver hemos podido comprobar que efectivamente había sido muerto con un cuchillo jamonero en el pecho así como que su cuello estaba herido… ¿por qué el cuello precisamente? Yo se lo voy a enseñar, observen el cuello de Gaspar.

(Omar procede a mostrar el cuello de Gaspar, donde se encuentra un tatuaje de dos palomas)

MIRIAM- ¡Es el mismo tatuaje que tenía Ramón en el cuello!

(Teresa y Sofía hacen gestos de sorpresa y horror)

OMAR- Gaspar quiso borrar la huella de su relación, por ello le hirió en el cuello para quitar el tatuaje.

Gaspar seguramente estaría cerca del portal durante la tarde, observando la entrada o salida del fallecido o igual lo siguió en sus trayectos al gimnasio o a casa de doña Sofía.  Posteriormente a la salida de la señorita Miriam llegó a casa del fallecido. Estrenaron el jamón… y comenzaron la discusión que llegaría hasta el fatal desenlace… ¿me equivoco señor Gaspar?

(Gaspar no responde)

OMAR- ¿No quiere contestar señor Gaspar? Seguramente tendremos huellas suyas en los dos vasos de vino que dejaron encima de la mesa. Y también saldrán las huellas de sus dedos en el cuchillo jamonero. Usted sí que es aficionado a la cocina. Sabía perfectamente cortar jamón. O saldrán sus llamadas en el móvil del fallecido…. ¿me equivoco señor Gaspar?

GASPAR-  ¡Esta bien! ¡Está bien! (se desmorona)

TERESA- ¡Gaspar!

GASPAR- Si, fui yo… teníamos una relación muy…muy especial. Creía que sólo estaba conmigo. Estaba a punto de pedirle que nos casáramos y… esta mañana… al entrar en el despacho y verlo con Teresa yo… perdí los nervios, me cegué… estuve toda la tarde llamándolo, quería hablar con el, pero él no me cogía el teléfono. Lo seguí. El se daba cuenta en todo momento. Cada vez veía más mujeres y cada vez me sentía más engañado, humillado. Al final me cogió el teléfono y quedamos en su casa. Intenté comenzar una conversación tranquila con él. Empezamos el jamón y el vino. Pero de repente él se puso nervioso y me dijo que lo nuestro tenía que terminar. Que no podía hacer que su futuro se fuera a la mierda por nuestra relación. Me cegué…me cegué… y en un momento de locura… cogí el cuchillo jamonero y… ¡lo siento! ¡Lo siento! (se pone a llorar).

MIRIAM- Y… ¿lo de preguntar por su mujer en el velatorio?

GASPAR- Me arrepentí tanto, me arrepentí tanto de lo que había hecho que salí corriendo de la casa. Al día siguiente llamé a la policía para decirles que no había venido a trabajar. Por la tarde en el velatorio solo quería despedirme de él…verlo… pero al veros ahí… fue lo primero que se me ocurrió para irme lo antes posible… fue un error. ¡Fue un error! ¡Lo siento! ¡Lo siento!

RUBEN- Agente Omar… tengo que arrodillarme a sus pies.

OMAR- No es necesario comisario. Todos nos podemos equivocar.

RUBEN- Será usted un buen policía. Este mérito es todo suyo. Gracias a usted este crimen está resuelto.

OMAR- Gracias a usted señor comisario. Sin sus preguntas y su juego hubiera sido difícil averiguarlo.

RUBEN- Señoras, señorita… este juego se ha terminado. Pueden ustedes irse tranquilamente. Perdonen por las molestias.

MIRIAM- ¡Lo podía haber investigado de otra manera! Es usted un sinvergüenza y un cabrón. Me da igual que sea Comisario.

RUBEN- En otras circunstancias hubiera procedido en consecuencia con usted. Hoy… no me siento con ganas. Disculpen ustedes las molestias. Buenos días. (Les señala la puerta. Las tres mujeres salen de escena)

RUBEN- Omar, este servicio ya está terminado. Vayamos a comisaría a dejar al detenido.

OMAR- A sus órdenes mi comisario.

(Mientras salen de escena hablan diciendo)

RUBEN- ¿Le apetecería a usted un bocadillo de jamón para almorzar?

OMAR- ¿Me invita usted?

RUBEN- Si claro… faltaría más… y a una cervecita también.

OMAR- Pero tiene que ser de pata negra.

RUBEN- No abuse Agente, el sueldo de comisario no da para tanto…

(Salen los tres de escena. Al momento entra en escena una mujer (podría ser Begoña), que sin hablar abre la caja fuerte, saca un maletín y se va.)

FIN

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