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EL FUEGO DE LOS MUCHACHOS EN FLOR

de  ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica.

 

“EL FUEGO DE LOS MUCHACHOS EN FLOR”

Farsa trágica en un acto, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

SONIA

PEDRO

ACTO ÚNICO

(Se alza el telón. Lados, público, En el centro del segundo término, banco de un jardín. La escena vacía. Por el segundo derecho, entra SONIA. Cincuenta y cinco años. Agraciada, atractiva, distinguida. Seria, segura, profunda. Viste elegante y natural. Va lenta y ensimismada hasta el banco y se sienta en el centro. Para sí.)

SONIA.-Ha nacido una primavera más. ¡Es el gran milagro de la naturaleza! Parece como si la vida nos pusiese mala cara y ahora nos comenzase a sonreír. ¡Algo así como volver a ser sus auténticas amistades! Personalmente, apenas vengo en otra estación. ¡Esto es como comenzar a sentirse otra! El incipiente calor que nos transforma, sus tenues rayos de sol que nos saludan con sus caricias, las flores que brotan y nos besan con su delicioso olor, el cantar de los pájaros que ensayaban el gran concierto en su escondite. El poder exclamar: ¡La existencia es bella!

Miro hacia atrás y prefiero regresar de sus instantes. ¡El presente es la única realidad! El pasado se fue y con él aprendimos! El futuro se torna en la única esperanza. ¿Dará o no un sentido para lograr lo que siempre se anhela? ¡Eso nunca se sabe!

(PAUSA. Enciende un cigarrillo.)

Tengo cincuenta y cinco años. ¡Me siento en la mejor edad! La salud y posibilidades económicas nos me hacen perder el sueño. Los recuerdos han dejado de martirizarme y en mi mente gozo con la plenitud del yo. Un trabajo que es necesario labrarlo día a día y ser fuerte en nuestro interior. El tiempo corre tanto… Estudios en colegio de hipócritas monjas, libertad en un instituto en el que descubres el amor como algo pasajero de dos o tres minutos, la universidad que te cultiva y eliges otro camino para realizarte acorde con tus gustos. Aventuras pasajeras en algún fin de semana. Un novio, otro… Ninguno me llenaba. Vives con el que preparaba oposiciones y las gana después de quedarse calvo. Me caso y el amor es como si ya estuviese todo dicho. La liberación del divorcio. Seres queridos que se van  y sentimientos que te dejan como un cigarrillo que se consume.

(Tira apagado el cigarrillo.)

Los hombres están al acecho de las divorciadas o viudas. Ellos creen que nos van a dar los que los otros no pudieron. ¡Qué ridículos son! Si todos se asemejan como almas gemelas. Surge un pretendiente acaudalado y muy débil. Es como un anzuelo agridulce. Pronto soy su cuidadora. Estaba tan malito… No tuvo ni fuerza para llevar sus cosas en una maleta que tenía. Me convertí en su heredera. Trajes de luto en el entierro y funeral. ¡Una gran ocasión para lucirlos! La verdad… ¡Merecía este homenaje póstumo! Ay. Prefiero olvidar todo. ¡Me veo tan vulgar! Cómo se pierde la llama de la vida.

(Por el segundo izquierdo, entra PEDRO. Dieciocho años. Alto, delgado, muy atractivo. Simpatía, muy sociable, inmadurez.  Viste deportivo. Se acerca al banco.)

PEDRO.-Buenas tardes, señora.

SONIA.-Buenas tardes, joven.

PEDRO.-Podría, si no le parece mal, sentarme a su lado.

(Se sitúa a la derecha.)

SONIA.-¿Parecerme mal? El banco no es de mi propiedad.

(Se sienta a la izquierda.)

PEDRO.-Muchas gracias.

(Los dos miran al frente. UN MOMENTO. Ahora se observan curiosos. Al coincidir sus ojos, miran rápidos para otro sitio.)

Perdone que la haya molestado.

SONIA.-Por favor.

(Indeciso.)

PEDRO.-Yo…

(Segura.)

SONIA.-¿Qué?

PEDRO.-No, nada.

(Le ofrece un cigarrillo.)

¿Gusta?

SONIA.-Gracias. Acabo de hacerlo.

(Enciende uno.)

PEDRO,.En ese caso… No le molestará el humo.

SONIA.-En absoluto. ¡Qué absurdos somos! Venimos al jardín a oxigenarnos y nos contaminamos con nicotina.

PEDRO.-Es cierto. ¡Debería estar prohibido fumar en los jardines!

(Maliciosa,)

SONIA.-Hay tantas cosas que no están prohibidas…

(Tímido.)

PEDRO.-Sí… Claro. Pues yo entré aquí un momento. Si me he sentado a su lado, como observará, es porque soy muy hablador. ¡Detesto la soledad! ¡No puedo estar callado!

SONIA.-Con los años, y perdona que te tutee, aprenderás a gozar cuando estés solo.

PEDRO.-No se lo discuto. También me puse a su lado…

(Tira apagado el final del cigarrillo,)

SONIA.-¿Cuál es el motivo?

PEDRO.-Me fijé enseguida en usted…

SONIA.-No sabía.

PEDRO.-¿La puedo tutear?

SONIA.-Hazlo tranquilamente.

(Le extiende la mano.)

PEDRO.-Me llamo Pedro. ¿Sabes?

(Se la estrecha.)

SONIA.-Y yo Sonia.

PEDRO.-Acabo de cumplir dieciocho años.

SONIA.-Deliciosa edad. ¡Es para sentirse propietario del mundo! Yo, como comprenderás, tengo bastantes más.

PEDRO.-¡No tantos, Sonia! Te veo, y no te parezca mal, de lo más atractiva.

SONIA.-¿De verdad?

PEDRO.-¡Sin lugar a dudas!

SONIA.-Gracias, Pedro. ¡Eres muy galante!

PEDRO.-Te lo dirán tantos…

SONIA.-No me quejo

PEDRO.-¡Te mirarán con unos ojos de deseo!

(Coqueta.)

SONIA.-Que yo sepa… Aún no soy invisible. ¿No crees?

PEDRO.-¡Ni muchísimo menos!

(Se miran. PAUSA.)

¿Me sucede algo tan extraño? ¡No lo puedo remediar!

SONIA.-¿Qué te pasa?

PEDRO.-¡Siempre me han gustado las mayores!

SONIA.-A tu edad… Es algo  normal.

PEDRO.-¿Te ocurría a ti lo mismo?

SONIA.-Puede.

(Sonriendo.)

La verdad. Es que ya no me acuerdo.

PEDRO.-¡Tampoco hace tanto!

SONIA.-¡Huy…!

(Se miran.)

Con tus años y como eres… ¡Tendrás tantas…!

(Cambia orgulloso.)

PEDRO.-¡¡No me puedo quejar!!

SONIA.-Nunca lo he dudado.

(Acciona.)

PEDRO.-¡Las tengo así! ¡¡A montones!!

SONIA.-No me coge de sorpresa.

PEDRO.-Desconozco el motivo, pero creo que tendré que hacerme un seguro para que no me secuestren.

(Sonriendo.)

SONIA.-Te van a salir muy caras las condiciones que te exija la compañía aseguradora 

PEDRO.-¿Qué importa? ¡Peor es perder la libertad!

SONIA.-¡No exageres!

PEDRO.-Rubias, morenas, pelirrojas, jóvenes, mayores, solteras, casadas, divorciadas… ¡No me dejan ni un segundo!

(Se torna irónica.)

SONIA.-Los hay que nacieron afortunados.

PEDRO.-A veces, pienso que solo me falta tener relaciones con una muerta si es que alguna no lo era.

SONIA.-Si no estás seguro… Por pobrar… Igual resucitan.

PEDRO.-¿Sabes que he llegado a pensar?

SONIA.-Si no me lo dices…

PEDRO.-¡¡Soy la obra maestra de Dios!!

SONIA.-¡Eso como mínimo!

PEDRO.-Horas y horas con todas. ¡Tengo que llevar un despertador! Perdona que no te pueda seguir atendiendo. Me están aguardando otras y como no me gusta quedar mal con ellas… ¡Espero que me perdones.

SONIA.-Ellas son muy comprensivas.

PEDRO.-¡Y cuando voy de putas…!

(Seria.)

SONIA.-Habla bien.

PEDRO.-Bueno, prostitutas.

SONIA.-¡No seas machista! Ningún hombre debe humillar a una mujer con el dinero.

PEDRO.-¿¿Yo?? ¡Tienes razón! ¡¡A mí no me cobran!!

(Irónica.)

SONIA.-Tienes un currículo…

PEDRO.-No me quejo y falta lo más importante. No sé si aceptaré  para no convertirme en su prisionero.

SONIA.-¿Se puede saber?

PEDRO.-¡Una admiradora quiere ponerme un piso de lujo!

SONIA.-¡Ja, ja, ja! Pedro, no tienes remedio.

PEDRO.-¿Es que no me crees?

SONIA.-No me coge de sorpresa tu éxito con las chicas. Tu juventud, simpatía, inmensa imaginación, hacer una fiesta excesivamente optimista con tu privilegiada edad. El tiempo te hará cambiar. Ya sabes que los hombres… En amor y sexualidad, la mitad de la mitad.

PEDRO.-Respeto tus palabras.

(Triste.)

¡No miento!

SONIA.-Chico, no es para disgustarse, ¡Vive como quieras! ¡Tienes todo tu derecho a ser feliz! ¡La juventud es un loco y maravilloso sarampión que se cura con los años!

PEDRO.-No siento esa enfermedad.

SONIA.-Es lo normal en quien la padece.

(Se miran. PAUSA.)

PEDRO.-Te he contado algunas cosas de mi vida. Más o menos, comienzas a conocerme. Es cierto que hablo, hablo y no paro. Sin embargo, de ti… ¡No sé nada!

SONIA.-He contestado a todas tus preguntas.

(Decidido.)

PEDRO.-¿Tienes hijos?

SONIA.-Una chica de treinta.

PEDRO.-¡Ideal! Debe de estar… ¡Ja, ja, ja! ¡Tú mi suegra! No sé por cuál me decidiría.

SONIA.-Lo veo difícil.

PEDRO.-¿Tiene marido? ¡Es igual!

(Molesta.)

SONIA.-¡Pedro!

PEDRO.-Perdona.

SONIA.-Era tan calladita. Muy introvertida. Jamás salía con las amigas, desconocía ir a una discoteca, Siempre tan seria…

PEDRO.-¡Qué extraño!

SONIA.-Sin despedirse, un día desapareció. Pasaron días; no daba señales de vida. Al principio, me agradaba el cambio y que se divirtiese. ¡Ya iba siendo hora! Después, el temor se apoderó de mí. Temía que fuese secuestrada, maltratada, violada. ¡No! ¡No era eso! ¿¿Por qué lo haría??

(Preocupado.)

PEDRO.-¿¿Se suicidó??

SONIA.-¡¡No!!

PEDRO.-Está el mundo… Unas costumbres… Terribles adicciones… ¡La droga!

SONIA.-¡Deja la droga! Iba a dirigirme a la policía. ¡Estaba ella en la puerta!

PEDRO.-¡Qué alivio!

SONIA.-¡¡Vestida de monja de clausura!!

PEDRO.-Sería carnavales.

SONIA.-¡Sé serio!

PEDRO.-Dispensa.

SONIA.-Venía a despedirse. ¡Era como perderla para siempre! Nos besamos y se marchó dichosa.

PEDRO.-Si fue fiel a su vocación…

SONIA.-¡Eso me acabó consolando. Antes pensaba… ¡¡Ten hijos para que te los robe la Iglesia!!

(Se miran. PAUSA.)

PEDRO.-¿Estás casada?

SONIA.-Viuda desde hace cinco años.

PEDRO.-¡Eso ya ha caducado!

SONIA.-No hables así de él. Era tan bueno. ¡Un hombre completo! Le quería tanto…

PEDRO.-No te faltarán los que te deseen.

SONIA.-¡Y tantos! ¡¡Me clavan sus ojos que siento como cuchillos en mi cuerpo!!

PEDRO.-Alguna proposición…

SONIA.-Varias. ¡Las rechacé! No quiero compromisos. Actualmente… ¡Disfruto de  la paz que ha alcanzado mi mente!

PEDRO.-Es todo tan personal…

(Mira el reloj y se levanta.)

SONIA.-Perdona. Debo irme. He pasado un rato muy agradable con tu charla.

PEDRO.-Y yo con la tuya. ¿Coincidiremos alguna vez?

SONIA.-No sé qué decirte. Si no llueve, vengo un rato al jardín.

PEDRO.-Y si llueve… Traemos un paraguas…

SONIA.-Siempre con tus bromas. ¡Debes tomarte en serio! Te hablo como a un hijo.

PEDRO.-Tendré en cuenta tu consejo.

(Le extiende la mano.)

SONIA.-Pedro… Puede que nos veamos en cualquier momento.

(Le estrecha su mano.)

PEDRO.-Que sea pronto, Sonia.

(Mutis de SONIA por el segundo derecho. Para sí.)

¡Qué encanto de mujer!

(Mutis por el segundo izquierdo. UN MOMENTO Baja la luz y vuelve enseguida la de antes. Por el segundo izquierdo, entra PEDRO. Mira el banco. Para sí.)

Miro el banco y sigue vacío. He venido todas las mañanas a esta misma hora. La esperé y no la he vuelto a ver. ¡Es como si la hubiese tragado la Tierra!

(Por el segundo derecho, entra apurada SONIA. Traje elegante y largo. Sorprendida.)

SONIA.-¡Ah! ¿Eres tú? Te llamas… ¡Esta cabeza!

PEDRO.-Pedro, Sonia.

SONIA.-Es verdad. Llevo algunos días sin venir al jardín. Las ocupaciones…

PEDRO.-Me gustaría hablar un rato contigo. ¡Me llena tanto tu conversación!

SONIA.-Siempre gusta que las palabras de una agraden.

(Se sienta a la izquierda del banco.)

Pero un momento nada más. ¡Tengo una prisa…!

(Se sienta a la derecha del banco.)

PEDRO.-¡Qué pena! Deseo tanto que mis pensamientos lleguen a ti.

SONIA.-¿Quiere eso decir que, en este tiempo, tienes más aventuras que contarme? Soy tan curiosa.

PEDRO.-La realidad es que no he vuelto a tener ninguna más.

(Sorprendida.)

SONIA.-¿Has estado enfermo?

PEDRO.-¡Qué va!

SONIA.-¿Entonces?

(Cohibido.)

PEDRO.-Anhelo que mis palabras lleguen a ti, pero es como si hubiese un muro en mi garganta que lo impiden.

SONIA.-¡Tranquilo! Serénate.

(Coqueta.)

¿Acaso desconfías de mí?

PEDRO.-No, no es eso.

(Insinuante.)

SONIA.-¿Vas a negarme que lo sepa?

PEDRO.-Yo… Yo…

SONIA.-¿Qué…?

(Decidido.)

PEDRO.-¡Has entrado en mi mente y no puedo hacer que salgas de ella!

(Sonriendo.)

SONIA.-Con un pequeño esfuerzo…

PEDRO.-¡Imposible! Lo he intentado y sigues en mí.

SONIA.-A tu edad y con alguna admiradora que has tenido, es natural que te ocurra esto. Pronto lo olvidarás.

PEDRO.-¡No lo creo! ¡¡Eres todo para mí!!

SONIA.-¿Estás seguro?

PEDRO.-¡¡Segurísimo!! ¡Te deseo en cuerpo y alma!

(Pensativa y en voz baja,)

SONIA.-Lo que menos esperaba…

PEDRO.-¡Acéptame, Sonia! ¡¡Te quiero!!

SONIA.-Pedro… ¡Esto es una locura!

PEDRO.-¡¡Todo amor es la gran locura que mueve al mundo!!

(PAUSA.)

SONIA.-Es tan grande la diferencia de edad. ¿No te das cuenta de que pudo ser tu madre?

PEDRO.-¿Es que para amar se precisa tener la partida de nacimiento en la mano?

(Sonriendo.)

SONIA.-Siempre con tus ocurrentes frases.

PEDRO.-¿Para reírte de mí?

SONIA.-Ese no es mi estilo. Ya te dije que actualmente estoy tranquila y no quiero complicarme.

PEDRO.-¿Tuviste éxito con muchos?

SONIA.-No tantos, Más o menos como todas. Y ellos, según las costumbres exigidas por la sociedad de la época, me llevaban sus años.

PEDRO.-¿Nunca has sentido la atracción del fuego de los muchachos en flor?

SONIA.-Es posible que en la juventud como una fantasía que se diluía muy rápida. Las mujeres somos más prácticas.

PEDRO.-Vives, y no te parezca mal, en un mundo caduco y somnoliento del que no quieres despertar.

(Se levanta.)

¡Sigue dormida!

(Se levanta.)

SONIA.-¡Tu proceder…! ¿Pretendes a tus años darme lecciones?

PEDRO.-¡No las comprenderías!

(Molesta.)

SONIA.-¡Pedro…!

PEDRO.-¿Terminarías entregándote a mí?

(Tajante.)

SONIA.-¡¡No!!

(Decidido.)

PEDRO.-¡Mi respuesta sobra!

(Se vuelve y va rápido hacia  la izquierda. Corre detrás de él.)

SONIA.-¡¡No te vayas!!

(Se vuelve.)

PEDRO,-¿Qué quieres?

SONIA.-Si supieses, yo… También me siento muy alterada. Estoy dejando de ser lo que era.

PEDRO.-¿¿Por mí??

SONIA.-No sé. ¡No seas vanidoso! Por todo lo que me rodea.

PEDRO.-¿A qué te refieres?

SONIA.-Temo perder la paz, ahogarme en el fracaso, ser víctima de los prejuicios que construyeron un mundo obsoleto.

PEDRO.-¿Te preocupa pensar así?

SONIA.-Cada vez menos.

PEDRO.-En ese caso…

(PAUSA.)

SONIA.-Cuando te contemplé por primera vez, sentí algo tan extraño. Pienso al contarlo, confusión conmigo misma.

PEDRO.-¡No te reprimas!

SONIA.-Tu presencia, tu adorable juventud, tu mirada de deseo que recorrió todo mi cuerpo, fueron como el flechazo de un rayo que me despertaron del letargo en que vivía.

PEDRO.-¡Es curioso! Al verte, sentí algo parecido. Por eso, deseé sentarme a tu lado. El ensueño de ir deleitándome con cada lugar de ti, me hizo descubrir a la mujer madura y darle prioridad de las que pintan por primera vez sus labios. Pronto evoqué la frase de Oscar Wilde: “Las jovencitas con insoportables. O saben demasiado, o no saben nada”.

SONIA.-No puedo pensar igual de los jovencitos. ¡El amor no tiene edad y se halla en cada mente!  Miro hacia atrás y, desde niña, recuerdo que eran ellos los que avivaban mi pasión. Renunciaba una y otra vez a su hechizo. ¿Entregarme a recién nacidos como les llamaban? ¡Había que olvidarlos como el gran delito de la mujer! Los cánones que imperaban nos juzgaban como a unas viciosas o violadoras de menores. ¡Quiero romper con esas nefastas costumbres! Acaba de aparecer el tranvía que siempre deseé. ¡No lo voy a dejar escapar!

PADRO.-Cómo me llenan tus palabras. ¡Es verse abrir las puertas de mi propio paraíso!

(Muy ilusionados.)

SONIA.-Pedro…

PEDRO.-Sonia…

(Se abrazan fuertemente y se besan.)

SONIA.-¡Te quiero!

PEDRO.-¡Eres todo para mí!

(Están así un momento. Se separan molestos.)

SONIA.-¡Oyes?

PEDRO.-Sí.

SONIA.-¡No hay derecho!

PEDRO.-¿Vamos a dejar de ser libres?

SONIA.-¡Cuánta agresividad!

PEDRO.-¡Es intolerable!

SONIA.-Que si el jardín se convirtió en la casa cuna.

PEDRO.-Que ahora pusieron una guardería en él.

(Agresivo.)

¡Me dan ganas!

SONIA.-¡Serénate! ¿Vamos a complicarnos por unos comentarios ridículos?

PEDRO.-Sería darles una importancia que no tienen.

SONIA.-Sienten una envidia por nosotros…

PEDRO.-Como hacemos tan buena pareja. ¡Es como haber nacido el uno para el otro!

(Le coge la mano y caminan lentos hacia el primer término.)

Los dos cogiditos de la mano.

SONIA.-¡Nadie las separará!

(Saltan felices.)

PEDRO.-¡¡Somos jóvenes!!

SONIA.-Tú y yo… ¡¡Inmensamente jóvenes!!

(Se paran y sueltan.)

PEDRO.-¡Acabamos de nacer al amor!

SONIA.-¡Un amor que nunca conocerá la muerte!

(Le coge fuerte del brazo y se arrima.)

Déjame cogerte del brazo como si fueses mío.

PEDRO.-¡Encantado! ¡Nuestros cuerpos buscan aproximarse más y más.

(PAUSA.)

SONIA.-Me apetece ir a bailar a una sala de fiestas lujosa. ¿Te animas?

PEDRO.-¡Lo estoy deseando!

(Baja la luz y la escena la ilumina una elegante sensualidad.)

SONIA.-¡Ya estamos en ella! ¿Qué te parece?

PEDRO.-¡Todo lo que la ensalce es poco!

SONIA.-¿Te fijas?

PEDRO.-¿A qué te refieres?

SONIA.-¡Qué asco! También aquí… ¡Somos víctimas de las murmuraciones!

PEDRO.-Por mí… ¡Que sigan murmurando!

(Se oye el tango “Corrientes”  en la voz de Carlos Gardel. Se cogen y lo bailan, como dos virtuosos, por el primer término. UN MOMENTO. Cantan,)

SONIA.-“Corrientes, tres cuatro ocho”.

PEDRO.-“Segundo piso ascensor”.

(Se separa.)

SONIA.-Me encuentro tan incómoda.

PEDRO.-¿Qué te pasa?

SONIA.-Un segundo.

(Se quita con gran rapidez el traje largo, que deja caer, y aparece con otro negro con una abertura en la falda larga. Brazos y espalda desnudos. Asombrado.)

PEDRO.-¡Estás divina!

(Coqueta,)

SONIA.-¿Te parece…?

PEDRO.-¡Sabes que sí!

(Se cogen y bailan sensualmente con gran estilo por el primer término. Cantan.)

SONIA.-“Y todo a media luz”.

PEDRO.-“A media luz los dos”

(Juntan sus labios. UN MOMENTO. Cantan.)

SONIA,.”A media luz los besos”.

PEDRO.-“A media luz tú y yo”.

(Cesa la música. Se pone con gran rapidez el traje que quitó. Vuelve la luz de antes.)

SONIA.-¡Que gran momento!

PEDRO.-A tu lado, todos los instantes son encantadores.

SONIA.-En una isla, seríamos felicísimos dos.

PEDRO.-Conseguiríamos unir plenamente nuestras vidas sin escuchar absurdos comentarios.

SONIA.-¡Nuestro amor irá construyendo la ansiada isla que cobija a cada pareja!

(Se miran. PAUSA.)

PEDRO.-¡Estabas tan atractiva bailando el tango!

SONIA.-¿Te gustaba?

PEDRO.-¡Sabes que sí! Mis deseos manaban por todo mi cuerpo hasta perderse en ti.

(La coge por la cintura.)

¡Eres toda pasión en un remanso de paz! Caminemos cada vez más cerca.

(Caminan muy lentos hacia la derecha. Se para.)

SONIA.-¿Te apetece venir hasta mi casa?

(Entusiasmado.)

PEDRO.-¡Oh, sí!

(Coqueta.)

SONIA.-Tomaremos un café.

(Sonriendo.)

PEDRO.-¿Un café nada más?

SONIA.-Tienes unas exigencias…

(Mutis así y de los dos por el primero derecho. Por este término, entra PEDRO. Para sí.)

PEDRO.-¡Riquísimo el café! ¡Qué sorpresas da la vida! ¡No sabía lo que era estar enamorado! Ella también lo está de mí! Los dos coincidimos en nuestros deseos. ¿Se pude pedir más a la existencia? ¡Nunca pensé en tener la felicidad entre mis manos! Ahora… ¡Se aproxima el instante en que nuestros sueños se hagan realidad! Me parece imposible.

(Por el primero derecho, entra SONIA. Dejó el vestido y puso una elegante bata. Insinuante.)

SONIA.-¿En qué piensas?

PEDRO.-¡En ti! ¿Y tú?

(Sonriendo.)

SONIA.-Tengo tan mala memoria…

(Se sienta a la derecha de un sofá muy confortable en centro del segundo término y cruza provocativa las piernas.)

PEDRO.-¡Qué bien te sienta la bata!

SONIA.-Me encuentro tan cómoda con ella en casa.

(Cohibido.)

PEDRO.-Claro… Es natural…

SONIA.-Cariño… Siéntate a mi lado. Me siento tan lejos de ti…

(Va decidido y rápido hasta el sofá.)

PEDRO.-¡No es para dudarlo!

(Se sienta en el centro.)

SONIA.-Ahora… Me encuentro tan bien acompañada…

(Deseoso.)

PEDRO.-¡Tienes unas hermosas piernas!

SONIA.-No sabía.

(Se las acaricia discretamente.)

PEDRO.-¡Cómo estás, niña!

(Le coge las manos.)

SONIA.-Eres tan decidido…

PEDRO.-Ante una cosa como tú…

(Lleva las manos hasta sus mejillas.)

SONIA-¡Acaríciame! ¡Dime cosas bellas!

(La acaricia emocionado.)

PEDRO.-¡Eres la cosa más bonita del mundo! ¡Mis manos descubren los más maravillosos paisajes en tu carne!

SONIA.-¡Qué galante eres!

PEDRO.-Me encantaría que este instante nunca tuviese su final.

SONIA.-¡No lo tendrá jamás!

PEDRO.-Que siempre fuese creciendo más y más y más nuestro inconmensurable amor.

SONIA.-Así va a ser.

PEDRO.-El deseo me invade y enmudece. No tengo palabras que puedan llegar a ti.

(Autoritaria.)

SONIA.-¡¡Bésame!!

(La coge los brazos.)

PEDRO.-¡Sí, mi vida!

(La besa fuertemente.)

¡Soy esclavo de tus sabrosos labios!

(Se besan apasionados.)

SONIA.-Tus besos me excitan como nunca he sentido.

PEDRO.-Me estas poniendo…

(Como antes,)

SONIA.-¡¡Abrázame con la fuerza que sabes!!

(La abraza y besa muy fuerte.)

PEDRO.-¡¡Vida mía!!

SONIA.-¡¡Así!! ¡¡No me dejes!!

PEDRO.-¡¡Nunca!! ¡¡Estaré siempre a tu lado!!

SONIA.-¡¡Te deseo!! ¡¡Te deseo mucho!!

PEDRO.-¡¡Eres la razón de mi existencia!!

(Se suelta y suelta decidida el pelo. Confuso)

¿Qué haces…?

SONIA.-Vivo el preludio de nuestra dulce sinfonía.

(Se aproxima más.)

PEDRO.-¡Será maravillosa!

SONIA.-Falta tan poco…

PEDRO.-Me tarda tanto…

(Sube discreta la bata. Entregada.)

SONIA.-¡¡Soy tuya!!

(Se echa apasionado encima de ella.)

PEDRO.-¡¡Vas a conocerme!!

SONIA.-¡¡Sé que no me decepcionarás!!

(Ofuscado y en voz baja.)

PEDRO.-No…

SONIA.-Pareces otro…

(Sale rápido y miedoso del sofá.)

PEDRO.-¡¡Me invade el terror!! ¡¡Cuánta angustia!! ¡¡Me ata de pies y manos!!

(Sale seria y sorprendida del sofá.)

SONIA.-¿Eres primerizo?

PEDRO.-¡¡No!! Qué va. Es algo que me inutiliza tanto.

SONIA.-¿Lo puedo saber?

PEDRO.-Me da tanta vergüenza decirlo.

(Le acaricia tierna.)

SONIA.-Yo te ayudaré.

(Ilusionado.)

PEDRO.-¿De verdad?

SONIA.-¡Confía en mí!

PEDRO.-Es algo muy desagradable. ¡No te lo puedes imaginar!

(Tajante,)

SONIA.-¡¡Cuenta!!

(Sumiso y muy nervioso.)

PEDRO.-Cuando tenía tres años, mi padre murió. Apenas recuerdo sus gratos cariños. El tiempo pasó y me convirtió en un ser triste que me cobijaba en mi madre como único puerto seguro a la soledad de mi naufragio. Al llegar a los doce años, mi madre comenzó a vivir con otro. Era educado, sensato culto. Anidó en mí una gran ilusión. Pensaba que con la llegada de él, volvería mi alegría y esperanza. ¡Qué equivocado estaba! A él, únicamente le interesaba estar a solas con mi madre y me miraba hoscamente igual que a un estorbo en su vida.

SONIA.-Habías perdido lo que más te llenaba.

PEDRO.-Sí. Pronto acabó aquella luna de miel de los dos. Empezó a beber, se emborrachaba, La humillaba con dejarla. Mi madre le suplicaba que no la abandonase y dejara el alcohol.

SONIA.-A veces, ser tan condescendiente…

PEDRO.-¡Y tanto! Su respuesta fue maltratarla, agredirla despiadadamente como un ser feroz.

SONIA.-¡Qué hijo de puta! ¿Por qué no lo denunció y lo echó de casa?

PEDRO.-¡Es lo que no acabo de entender! Era como si hubiese perdido la cabeza por aquel miserable monstruo.

SONIA.-¡Qué incauta!

PEDRO.-Yo lloraba, lloraba, lloraba… Me dirigía aterrorizado a él. Por caridad, señor, deje de agredirla. ¡No trate así a mi madre!

SONIA.-¡Qué pena!

PEDRO.-Ahora… Viene lo peor. ¡No me atrevo! ¡¡No tengo fuerza para seguir!!

(Enérgica.)

SONIA.-¡¡Hazlo!!

PEDRO.-¡¡No puedo!!

SONIA.-Mi amor… ¡Inténtalo!

PEDRO.-Bueno… Él no me tomaba en serio y me respondió: ¡Eres tan guapa como una mujer!

(Muy sorprendida,)

SONIA.-¿¿Cómo??

PEDRO.-Así fue. Mi madre le increpó: ¡No trates así a mi hijo! Y él. ¿Tu hijo? Recuerdo los versos de Lorca: “El que escribe nombre de niña en la almohada o se viste de novia en la oscuridad del ropero”. Ella le llamó infame.

SONIA.-¡Demasiado benigna! ¡¡Difamar así a un hijo!!

PEDRO.-Reaccionó como un loco a la respuesta de mi madre: ¿Yo infame? Si soy un angelito del cielo que está de vacaciones. ¡Vas a conocerme! Le ató las manos y los pies. ¡La dejó inmóvil en un sillón!

SONIA.-¡¡Desgraciado!!

PEDRO.-Ella gritó socorro y él le puso un pañuelo en la boca. ¡Estaba indefensa!

SONIA.-¡¡Un canalla!!

PEDRO.-Seguía agresivo, no se podía contener.¡El miedo me invadía totalmente!  Cerró con llave la puerta del piso. Se dirigió sonriente a mi madre: Desde tu privilegiado sillón, vas a presenciar un hermoso espectáculo. Ella luchaba por hablar y no podía. Yo intentaba escapar o desatarla y todo mi cuerpo temblaba como si estuviese inútil.

SONIA.-¡¡Qué horror!!

(Miedoso.)

PEDRO.-Me gustaría seguir, Sonia, pero me falta valor.

(Exigente.)

SONIA.-¡Quiero saber todo, Pedro! ¡¡Te pido conocer este final!!

PEDRO.-¡Ay! ¡Me ahogo! ¡¡No puedo!!

SONIA.-¡¡Tienes que poder!!

(Derrotado.)

PEDRO.-Él se acercó a mí sonriente. Eres muy hermosa, nena. ¡Que favorecida estás con tu  traje de novia. ¿Te quito tus braguitas blancas para consumar nuestro gran amor? ¡Lo estás deseando!  

SONIA.-¡Maldito malvado!

PEDRO.-Lloraba ante aquellas inesperadas palabras. Le respondí suplicante: Por favor, le ruego. No me hable usted así. Soy un niño como todos. Siempre me han respetado. No se preocupó  de lo que le contesté. Me dio un fuerte puñetazo y caí al suelo. Me desnudó y se echó encima de mí.

SONIA.-¡¡Canalla!!

PEDRO.-Me sodomizó y besaba apasionado. El dolor y el asco invadían mi vencido ser. Quedé sin ropa en el suelo como si mi cuerpo asistiese a su propio funeral.

(Lleva horrorizada las manos a la cara.)

SONIA.-¡¡Me es imposible definir a este despreciable animal!

PEDRO.-¡Ni yo! Si todo hubiese acabado ahí…

(Muy afectada.)

SONIA.-No me vas a decir que después…

PEDRO.-Desató a mi madre y le quitó el pañuelo de la boca. Ella enloquecida no paraba de insultarle. Me acerqué desnudo, no sabía cómo reaccionar. Ella le dijo: Citaste a Lorca, pero se te olvidó decir: “Asesinos de palomas” ¡¡Eso es lo que eres!!

SONIA.-¡Muy bien contestado a esa bestia inmunda!

PEDRO.-¡¡Cómo reaccionó!! ¿Me has llamado asesino? ¿¿Te das cuenta de lo que significa esa palabra? ¡Me calumnias! ¡¡No he asesinado a nadie!! Cogió un cuchillo y se lo clavó en el vientre. ¡¡Llámamelo ahora!!

(Aturdida.)

SONIA.-¡¡No!! ¡¡No!! ¡¡No!!

PEDRO.-Abrió la puerta, tiró la llave y huyó. Me acerqué a ella. Estaba en el suelo, como si flotase en un río de sangre. Quise levantarla y no pude. Sus ojos se cerraron. ¡Habla! ¡¡Habla, mamá!! Estaba muerta.

SONIA.-Lo que menos imaginaba… ¡Que tortura tan grande llevas dentro!

PEDRO.-¡Sí!

SONIA.-¿Qué hiciste después?

PEDRO.-Me vestí y fui a casa de mis tíos. Menos lo que me hizo, les conté todo. Actualmente, vivo con ellos. No tienen hijos, Me tratan afectuosamente. No me falta nada. Me pagaron estudios y ahora la universidad. Soy uno más de la familia.

SONIA.-¿Se sabe algo del maltratador, violador y asesino?

PEDRO.-Lo detuvieron en un aeropuerto cuando iba a fugarse al extranjero. Al no figurar lo mío en el sumario, su condena fue leve. Comentan  que se quitó la vida en la cárcel.

SONIA.-¡¡Merecía la perpetua, aunque el mundo ha quedado más limpio!! ¿Sabe alguien algo de lo tuyo?

PEDRO.-¡Nadie! ¡Solamente tú! Pensé en acudir a un psicólogo o psiquiatra. ¿¿Para qué?? ¡Me avergonzaba contar lo mío!

SONIA.-Me tienes hablado de tus numerosas conquistas con chicas…

PEDRO.-Al llegar la adolescencia, sufría cuando se comentaba algún tema de homosexualidad. Temía sonrojarme como si me culpase erróneamente de haberlo sido y alguien llegase a pensarlo que lo era. Por eso inventé una desequilibrada personalidad de un gran hombre viril como defensa.

SONIA.-¿Has tenido relación con una mujer?

PEDRO.-Soy un hombre erecto y apasionado. Cuando el pasado vuelve a mi mente, todo se derrumba como un castillo de naipes.

SONIA.-Comentaste de tus relaciones con prostitutas.

PEDRO.-¡Es tan fácil…! Andas de copas con amigos. Te sientes alegre, la imaginación se desborda. Estás deseando acostarte con una. Llegamos a un local y cada uno busca la suya. Te pide pagar por adelantado. Lo haces. He vencido al enemigo con el alcohol y el pasado no es un obstáculo, pero sí la bebida que te inutiliza. La señorita lo ve como la cosa más natural. Te despides de ella  y te vas sin el dinero que le diste.

(Se miran. PAUSA.)

SONIA.-¿Te acercaste a mí en el banco del jardín por ser una mujer madura?

PEDRO.-Sabes que tengo atracción por ellas como tú por los jovencitos.

SONIA.-¿Has pensado que esa predilección podría ser por la ausencia de tu madre?

PEDRO.-Es posible… No te lo discuto. Claro que donde esté una mujer hecha y derecha…

SONIA.-¿Te han servido para algo? ¿Haces de la imaginación cada amor? ¡Estás enfermo! Debes quitar de la cabeza todo lo que me has contado y te tortura para ser un hombre libre. ¡La solución es que te trate un especialista!

PEDRO.-Por no perderte, ¡acudiré hoy mismo al psiquiatra!

SONIA.-¿Qué conseguirás con eso? ¡Nada! Te recetará psicofármacos y te comportarás con nosotras como cuando te animas con el alcohol.

(Angustiado.)

PEDRO.-Entonces… ¡Dime! ¿Qué debo hacer? ¿¿Es que no hay nada para mí??

(Serena.)

SONIA.-Por tener un título universitario, estudié Psicología clínica. No me llenaba. Jamás la ejercí y me dediqué a otras cosas. ¡Siempre amé el teatro! Me entusiasmó conocer el Psicodrama del sudamericano Doctor Moreno. ¿Quieres que lo emplee como terapia?

(Muy ilusionado.)

PEDRO.-¡¡Ahora mismo!! ¡¡Deseo salir inmediatamente de esta cárcel que no me deja vivir!!

SONIA.-Acércate, Pedro.

(Lo hace y lo coge por los abrazos.)

PEDRO.-¿Qué vas a hacer?

SONIA.-Nada

(Le mira profundamente y coinciden los ojos de ambos.)

Te encuentras solo en un banco del jardín. Es una mañana maravillosa. El sol acaricia tu cuerpo, los pájaros cantan para ti, las flores te regalan su perfume. Estás asistiendo a la invención del mundo. Tienes paz, una inmensa paz. Te entra el sueño. Mucho sueño. Duerme. Así. Sigue durmiendo.

(Le cierra los ojos. Está hipnotizado.)

VOZ DE ELLA.-¡No, amor mío! ¡¡No me pegues más!! ¡Desátame de pies y manos!! ¡¡No!! ¡¡No!! ¡¡El pañuelo en la boca no!!

(PEDRO abre  los ojos.)

PEDRO.-Su compañero la ha agredido brutalmente. La ha atado de pies  manos. Está muda con un pañuelo dentro de su boca. ¡Es terrible presenciar esta horrible situación!

SONIA.-¿Vas a consentir que traten así a tu madre?

(Sin fuerzas.)

PEDRO.-No puedo hacer nada ante un hombre mayor. Soy un niño de doce años.

SONIA.-¡No es cierto! Tu padre murió, has crecido y tú debes cuidar de ella. ¡¡Defiéndela!!

(Va decidido hasta el personaje imaginario.)

PEDRO.-¡A mi madre no le toca! ¡¡No vuelva nunca más a ponerle la mano encima!!

VOZ DE ÉL.-¡¡Ja, ja, ja!! La nena linda me amenaza. ¡Estás deseando ser mi novia y sentir conmigo un inmenso placer.

(PEDRO cae al suelo como si le empujasen.)

SONIA.-La pareja de tu madre te ha tirado al suelo y se va echar encima de ti para violarte. ¡¡No lo puedes tolerar!!

(PEDRO se levanta rápidamente y va enérgico hasta el personaje imaginario.)

PEDRO.-¡Me vuelve a intentar violar y queda inútil de una hostia! ¡Me gustan las mujeres! Si prefiere los hombres, busque uno de su edad y no desgracie a menores.

(Simula abrir la puerta.)

¡Fuera! ¡¡Fuera de esta casa!! ¡¡No quiero verle más!!

(Simula cerrar la puerta.)

SONIA.-¿Vas a dejar atada a tu madre? ¡Libérala! ¡¡Ella está muy orgullosa de ti!!

(Va hasta el personaje imaginario de ella. Simula quitarle el pañuelo de la boca y desatarla de manos y pies. Cierra los ojos. Le coge como antes y le mira profundamente.)

Has dormido mucho. Te hallas muy relajado. El Sol camina hacia su ocaso. Está llegando la noche. Despierta. Despierta lentamente. Así.

(PEDRO abre los ojos.)

Muy bien.

(Despierta extrañado.)

PEDRO.-¿Dónde estoy?

SONIA.-Has viajado de la mano de la hipnosis.

PEDRO.-No sabía. Ay, estoy distinto. ¡Siento algo extraño en mi mente.

SONIA.-¿Qué es? ¡Dímelo, corazón!

PEDRO.-Mi cabeza es distinta. ¡Mucho más ligera! Es como si huyesen de ella todas las cosas que me mortificaban.

SONIA.-¿Temes al compañero de tu madre?

PEDRO.-¡En absoluto! Me he olvidado cómo era. ¡Lo puse de patitas en la calle!

SONIA.-¿Recuerdas  ser víctima de su violación?

PEDRO.-¿¿A mí?? ¡Jamás lo ha hecho! Lo intentó, pero cogió miedo cuando, lo amenacé.

SONIA.-¿Te sientes libre para el amor?

PEDRO.-¡Totalmente! ¡Mi amor y pasión, querida Sonia, eres tú! ¡¡Me gustas tanto!!

SONIA.-¡¡Y tú a mí!! No puedo vivir sin estar a tu lado.

(Se besan fuertemente.)

PEDRO.-¡¡Gracias, Sonia!!

SONIA.-¡¡Qué feliz me haces, Pedro!!

(Se miran dichosos. PAUSA.)

Claro que lo de tu madre…

PEDRO.-Sí; había sido muy desgraciada con ese monstruo, pero ahora…

SONIA.-¿Qué…?

PEDRO.-¡Vive muy feliz sola!

(Extrañada.)

SONIA.-¿¿Vive??

PEDRO.-¡Afortunadamente! ¡¡Y que sea por muchos años!! Yo mismo le quité el pañuelo de su boca y la desaté de pies y manos. Si vieses lo que me lo agradeció. ¡Es tan buena!

SONIA.-Cuando me contaste todas tus desgracias, el final de ella era otro… ¡La había asesinado su pareja!

PEDRO.-Si quieres que te diga la verdad, no recuerdo haberte dicho nada.

(Molesta.)

SONIA.-¡Tu madre está muerta!

PEDRO.-¡Desvarías!

SONIA.-¡Digo la verdad!

PEDRO.-¡Te equivocas! Hace muy poco, acabo de hablar con ella.

SONIA.-¡Ay, Dios mío, qué porvenir tengo como psicóloga para el Psicodrama!

PEDRO.-Dices unas cosas… ¡No acabo de comprenderte!

SONIA.-El Psicodrama es como el teatro. El autor escribe una obra y los personajes pueden rebelarse contra él.

PEDRO.-Puedes intentarlo nuevamente. La creación se presta a muchos cambios para engrandecerla. ¡Hipnotízame otra vez!

SONIA.-¡No voy a hacerlo! Pienso en el escéptico que va a Lourdes y suplica: “Virgencita, déjame como estoy”. Procuro solucionarlo, ¡y apareces con un bisabuelo y una hija! A mis años…

PEDRO.-¡No es para complicarse! La función del psicodrama ha tenido un final feliz. ¡Nadie ha muerto y ha conseguido que te ame sin ningún problema como antes!

(Coqueta.)

SONIA.-¿Estás seguro?

PEDRO.-¡Segurísimo!

SONIA.-Por probar…

(Apasionados.)

PEDRO.-¡¡Ven a mí!!

SONIA.-¡¡Ámame hasta la extenuación!!

(La abraza decidido.)

PEDRO,-¡Único amor de mi vida!

SONIA.-¡Te quiero mucho!

(Se besan.)

PEDRO.-¡He nacido para desearte!

SONIA.-¡Yo para complacerte en todo!

PEDRO.-Hoy es un día grande para mí.

SONIA.-Mereces que llegue este momento.

PEDRO.-¡Voy a convertirme en el hombre que creaste!

SONIA.-¡Te has hecho tú!

(Se inhibe.)

PEDRO.-Me siento atado.

SONIA.-¡Respira profundo!

(Lo hace débilmente.)

PEDRO.-¿Así?

SONIA.-¡Más fuerte!

(Lo hace.)

PEDRO.-¡He recuperado la serenidad!

(Abre rápida y decidida su bata.)

SONIA.-¡¡Mama!!

(Aproxima su boca.)

PEDRO.-¡¡Sí, mamá!!

(Se apaga y se enciende la luz. Ella ha cerrado la bata. Entusiasmados.)

SONIA.-¡Maravilloso!

PEDRO.-¡Algo extraordinario!

SONIA.-Ningún hombre me ha amado tan bien como tú.

PEDRO.-Siendo la mujer que hace realidad mis deseos…

(PAUSA.)

SONIA.-El tiempo está pasando, amor mío

PEDRO.-Cariño… Todas las hojas de su calendario llevan nuestra inmensa felicidad.

SONIA.-Adiós segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, un año.

PEDRO.-¡Seguimos tan enamorados como el primer día!

SONIA.-¡Nada nos separará!

PEDRO.-Ha sido una gran suerte encontrarte.

SONIA.-Y yo poder vivir con el amor de mi vida.

PEDRO.-¡Nadie nos separará!

SONIA.-¡Juntos! ¡Siempre juntos!

PEDRO.-¡¡El azar convirtió dos seres en uno!!

(PAUSA.)

SONIA.-Estoy pensando…

PEDRO.-¡Quiero saberlo!

SONIA.-Me sorprende la existencia de tu madre.

PEDRO.-¡La he salvado de ser asesinada!

SONIA.-¿Estás seguro?

PEDRO.-¡¡Sí!!

SONIA.-Tu subconsciente de traiciona.

PEDRO.-No te entiendo. Como no te expliques mejor…

SONIA.-Déjalo. Cosas mías. La psicología, a veces, las complica tanto.

PEDRO.-¡Has demostrado ser una gran psicóloga!

SONIA.-¡No tanto! Ha hecho lo que buenamente he podido.

PEDRO.-¡Me has curado de mi terrible muerte!

SONIA.-Nada más que para una apasionante aventura.

PEDRO.-¡Hay algo grande entre tú y yo!

SONIA.-El fuego, nuestro fuego, que no cesa y, cuando menos lo esperemos, se convertirá en ceniza.

PEDRO.-¡¡No lo creo!! ¿Acaso es mentira todo lo que nos decimos?

SONIA.-¡¡Es un carnaval erótico!!

(Sorprendido.)

PEDRO.-Comentas unas cosas…

SONIA.-El deseo, la pasión, lo placentero que va inventando hermosas palabras de dos seres enamorados.

PEDRO.-¿¿Es que no lo estamos??

SONIA.-¡¡No!!

PEDRO.-¡Yo te quiero como no he querido a ninguna!

SONIA.-¿Es que antes has querido a alguna?

PEDRO.-Bueno… Ya sabes.

SONIA.-¡¡No he nacido para ser tu psicóloga!! ¡¡Soy una mujer!!

PEDRO.-¡¡Y yo un hombre que te adora!!

SONIA.-Es lógico que pienses así porque lo tuyo de antes…

PEDRO.-¡No me lo recuerdes!

SONIA.-Tuviste que haber sufrido mucho.

PEDRO.-¡Prefiero no pensar en eso!

(PAUSA,)

SONIA.-Gracias a mí has salido del túnel que te oprimía. ¡Has visto la luz como el ciego que comienza a percibirla. Mas la realidad es otra…

PEDRO.-¿¿Cuál??

SONIA.-El ciego recupera la luz y todos son inmensos cuadros. ¡Un embriagarse continuamente con la naturaleza! ¡¡Colores y más colores!!

PEDRO.-Sí…

SONIA.-Pero la oftalmóloga que lo curó poseía el sentimiento de recuperarle por amor. Como psicóloga he hecho lo mismo. Ahora reaccionas y me haces reaccionar como la gran victoria de tu sexualidad en un mundo en el que no ha nacido tu vida sentimental.

PEDRO.-¡No lo creo!

SONIA.-¡¡Tú y yo no somos una pareja enamorada!!

PEDRO.-¡¡Qué equivocada estás!!

SONIA.-No puede haber amor entre una psicóloga y su paciente.

PEDRO.-¡Eso ya es historia!

SONIA.-¡Es actualidad! Te ves libre y estás dependiendo de mí.

PEDRO.-¿Pretendes destruir tu gran obra?

SONIA.-¡Quiero que esa obra la construyas tú!

PEDRO.-¿¿Cómo??

SONIA.-¡¡Viviendo!!

PEDRO.-¡Mi vida eres tú!

(PAUSA.)

SONIA.-Te he traído a mi casa. ¡Te ahogabas y te salvé!

PEDRO.-Es cierto.

SONIA.-Ahora eres libre. ¡Aprende a no ahogarte en tu libertad!

PEDRO.-¿Vas a echarme de tu casa?

SONIA.-¡Necesitamos decirnos adiós!

(Triste.)

PEDRO.-Tener que dejarte…

SONIA.-¡Lo superarás!

PEDRO.-No creo.

SONIA.-Existen muchas mujeres. Rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajas, gruesas, delgadas… ¡Todas están locas por ti!

PEDRO.-¡Eso era antes cuando trataba de defenderme!

SONIA.-Sigues siendo muy atractivo. ¡Ellas te esperan!

PEDRO.-No creo.

SONIA.-Les gusta un nombre sano como tú. ¡Serán tuyas! ¡Y ahora de verdad!

PEDRO.-Tengo un compromiso contigo.

SONIA.-¡Ninguno!

PEDRO.-¡Cómo me duele oírte hablar así!

(Le extiende la mano.)

SONIA.-Me alegro de saludarte, amigo.

(Suplicante.)

PEDRO.-¿No me das un beso?

(Decidida.)

SONIA.-¡¡No!!

(Mutis rápido por el primero derecho. Para sí.)

PEDRO.-Nunca me he encontrado tan solo.

(Mutis derrotado por el foro. UN MOMENTO. Por el tercero derecho, se ve a SONIA. Está de espaldas. Viste combinación blanca en la que transparenta sujetador y braga negros. Para sí.)

SONIA.-Él se fue. ¡Tenía que dejarlo! Aquella situación de los dos no acababa de llenarme. ¡No era el camino para llegar al verdadero amor! No sé si he cavado mi propia fosa o he matado a un amor tal vez inexistente.

(Hace mutis por el término y, de frente, aparece por el segundo derecho. Para sí.)

¡Es tan joven! Un auténtico niño inmaduro, pero me atrae tanto. ¿Qué será de él? ¿Cómo actuará al verse libre de mí?

(Hace mutis por el término. De espaldas, aparece por primero derecho. Para sí.)

Encontraría a tantas. ¡Oh, amor, que juegas con inventar torturas en cada mente! Si pudiera verte ahora mismo en la distancia.

(Hace mutis por el término. De frente, aparece por el primero izquierdo. Para sí.)

Tendré que acostumbrarme a vivir sin él. ¡Me cuesta tanto olvidarlo! Es tan confuso todo. ¡Yo lo creé y también lo he eliminado!

(Hace mutis por el término. De espaldas, aparece por el segundo izquierdo. Para sí.)

No sé lo que me sucede. ¡En mi vida, he sentido nada igual. ¿Serán celos? Es posible. La realidad… ¡Es que no puedo vivir sin él!

(Hace mutis por el término. De frente, aparece por el tercero izquierdo. Para sí.)

¡¡Pedro!! ¿¿Me oyes?? ¡¡Respóndeme desde donde estés!! Tenía que dejarte y me he equivocado. ¡¡Ven!! ¡¡Ven a mí!!

(Avanza hacia el centro de la escena y mira al foro. Para sí.)

¡¡Nada!! ¡¡No hablas!! ¡¡Te estás convirtiendo en un ser inexistente para mí!! ¡¡Y yo te deseo con todo mi cuerpo y alma!! Si me vieses… Me he puesto de lo más atractiva para ti. ¡Necesito que me ames con todas tus fueras! ¡¡Me niego a perderte para siempre!! ¡Ay, hacer de la ilusión una esperanza! Miro para la puerta que abandonaste y sueño que llegarás montado en un caballo blanco como el príncipe azul de un cuento de hadas.

(Se oye desde lejos el galopar de un caballo. Entusiasmada y para sí.)

¡¡Sí!! A lo lejos te encuentras en camino. El amor es la brújula en la que me encontrarás. ¡Avanza! ¡¡Sigue avanzando!!

(Crece el galopar del caballo. Para sí.)

¡Ya estás más cerca! El caballo, como símbolo de tu pasión, galopa hacia mí con todas sus fuerzas. ¡Ya estás cerca! ¡¡Muy cerca de mí!!

(Se oye muy próximo el galopar del caballo. Exultante y para sí.)

¡Estás llegando, Pedro! ¡¡Te falta muy poco para verme!! Voy a salir a tu encuentro para recibirte. ¡¡Bajarás del caballo y un beso nos volverá a unir.

(Va hasta la puerta del foro. El galopar del caballo es muy fuerte. Mueve su mano derecha.)

¡¡Hola, Pedro!! ¡¡Te veo!! ¡¡Te veo!! ¡¡Estás ahí!! He salido para recibirte. Perdona que te dijese que deberías dejarme. Tenemos reacciones extrañas. Te aguardo desde hace tanto tiempo…

(Cesa el galopar del caballo y retrocede destrozada hasta el centro de la escena. Para sí.)

¡No! ¡¡No era él ni regresaba montado en un caballo!! Está tan débil mi mente… ¿Qué le sucede para comportarse así? Tal vez sea el amor que, en su destrucción, crea historias inexistentes al huir de la realidad. ¡Estoy sola! ¡¡Terriblemente sola!! En mi cerebro, hay fantasmas que me invaden como si hubiese perdido la razón. ¡Es tan trágico todo! La esperé. Pensé que pronto volveríamos a estar juntos. Y ahora… ¡Debo enterrar dos vidas rotas!

(Mutis por el primero derecho. UN MOMENTO. Por el foro y cohibido, entra serio, PEDRO. Para sí.)

PEDRO.-He vuelto a la casa que tuve que dejar. Pasaba por aquí y entré

(Sonriendo.)

No hay nada como ser cortés. ¿Y ella? Parece que no hay nadie. ¿Le saldría algún pretendiente y todo nuestro pasado termina en el olvido. ¡Es algo de lo más natural!

(Alza la voz.)

¡Sonia! ¿¿Estás ahí??

(Por el primero derecho, entra seria SONIA. Viste como antes.)

SONIA.-Hola.

PEDRO.-Hola. ¿Qué es de tu vida?

SONIA.-Bien. ¿Y de la tuya?

PEDRO.-¡Magnífica! Pasaba por aquí y no dudé en venir a saludarte.

SONIA.-Gracias. ¿Qué tal te defiendes solo?

PEDRO.-¡Excelente! Los problemas, gracias a tu gran ayuda, han desaparecido de mí.

SONIA.-Tendrá a tantas…

PEDRO.-Alguna. No es el momento de exagerar. ¿Y tú?

SONIA.-De momento… No me preocupo. Espero que no me guardes rencor.

PEDRO.-¡En absoluto!

SONIA.-Te he curado y precisabas la libertad para ser tú y no la esclavitud de una psicóloga como si fuese tu madre,

PEDRO.-Así lo he comprendido. Los primeros días lo he pasado mal, pero así que fui cogiendo seguridad… ¡Todo viento en popa!

SONIA.-¿Te has enamorado?

PEDRO.-No. Me gustan, me entusiasman, pero un sentimiento de amor… ¿Para qué?

SONIA.-Todo llegará en su momento.

PEDRO.-Como observarás y a mis años, ¡hay tiempo!

(Se miran. PAUSA.)

SONIA.-¿Me recuerdas?

PEDRO.-A veces… ¿Y tú a mí?

SONIA.-En algún momento...

PEDRO.-Te veo ahora…

SONIA.-¿Qué sientes?

(Apasionado.)

PEDRO.-¡Estás tan atractiva!

SONIA.-Hacía tiempo que no escuchaba esas palabras.

PEDRO.-Es como si el amor súbitamente hubiese entrado en mí.

SONIA.-¿Nunca te ha pasado?

PEDRO.-¡Parece que te he querido por primera vez!

SONIA.-Pedro…

(Se abrazan y besan fuertemente.)

PEDRO.-¡Hoy hemos inventado nuestro amor!

SONIA.-¡Sí! ¡Nos esperaba!

(UN MOMENTO. Se separan.)

PEDRO.-¿Nuestro lecho de amor está en el mismo sitio?

SONIA.-¡Allí nos aguarda!

(Le besa. Van hasta el primero derecho.)

¡¡Pedro!!

(La besa y le da una palmada en las nalgas.)

PEDRO.-¡¡Sonia!!

(Mutis de los dos por el primero derecho. UN MOMENTO. Por este término, entra PEDRO. Para sí.)

¡El tiempo ha pasado! Jamás había pensado que ella y yo íbamos a ser tan felices. ¡No la cambio por ninguna mujer del mundo! ¡¡Ha nacido para mí!! Los dos viviremos felices por los siglos de los siglos. ¡Es nuestra feliz eternidad! Miro hacia atrás y todas aquellas conquistas de las que no conoces ni su nombre                               … ¡No eran nada! ¡¡Humo!! ¡¡Nada más que humo!! Algo pasajero y efímero en el que un instante de placer dura lo mismo que un fuego artificial que se desvanece en el aire igual que un juego de colores. Ella se va por su camino y yo por el otro con la seguridad de que todo ha terminado. Pero el amor que nunca muere… ¡Es tan distinto! Supone el sacrificio de dos seres que luchan cada instante por mantener viva la llama del cuerpo y alma. ¡Ni una pequeña lluvia o un gran diluvio podrán apagarla porque es la razón de la existencia que desafía al propio Sol! Tarda en llegar. ¿Y si hubiese desaparecido para siempre?

(Alza la voz.)

¡¡Sonia!! ¡¡Sonia!! ¿¿Dónde estás? ¿¿Te ha tragado la Tierra??

(Por el primero derecho, entra SONIA. Tiene ahora setenta y cinco años. Es una elegante dama antigua. Voz y movimientos débiles y torpes.)

SONIA.-Aquí estoy. ¡No te impacientes!

PEDRO.-Me cuesta tanto vivir sin estar ti.

SONIA.-Ya deberías estar acostumbrado. ¡Hace veinte años que vivimos juntos!

(Extrañado,)

PEDRO.-¿Tantos?

SONIA.-El tiempo es como las matemáticas. ¡Siempre ofrecen la cifra exacta!

PEDRO.-Tanto como eso…

SONIA.-Hablas así por la diferencia de edad que te llevo. Tú tenías dieciocho y yo cincuenta  y cinco. Si sumamos veinte… Ahora tienes treinta y ocho. Casi sigues siendo el mismo joven, Pero yo… Ya he cumplido setenta y cinco.

PEDRO.-¡Una niña!

SONIA.-Ya, ya. Las goteras de  la vejez ya habitan en mí. Mi voz ha perdido fuerza. Mis movimientos son torpes al caminar. Me duelen todos los huesos. Lo que se dice… ¡Toda una joya!

PEDRO.-¡Yo te veo como siempre!

SONIA.-Tanto como eso…

PEDRO.-Piensa que nuestra intensa luna de miel, aunque ha sido larga, se ha ido en un soplo. Ahora es el momento de planificar nuestra pareja.

(Confusa.)

SONIA.-¿¿Cómo??

PEDRO.-¡Ha llegado el momento de tomar la vida en serio! ¡Dejarnos de frivolidades!

SONIA.-Si yo… ¡He sido siempre seria!

PEDRO.-¡No te lo discuto! De lo contrario, nuestras vidas hubiesen tomado rumbos diferentes. ¡Hemos sido siempre dichosos! ¡Vivimos plenamente! Claro que tú con mi consentimiento…

(Muy digna.)

SONIA.-¿¿Qué insinúas?? ¿¿Es que yo andaba con otros y a ti no te parecía mal??

PEDRO.-¡No es eso! ¡¡No desvíes la conversación!! Siempre has sido una mujer honrada por eso seguimos y continuaremos juntos, pero entre nosotros…

(Preocupada.)

SONIA.-¿¿Qué??

PEDRO.-Hartarte de tomar anticonceptivos para no quedar embarazada…

(Sorprendida.)

SONIA.-¿¿Yo?? ¡¡Estás desvariando!!

PEDRO.-¡Disimula!

SONIA.-Si no los precisaba cuando te conocí, ¿los voy a necesitar ahora?

(Emocionado.)

PEDRO.-¡Eres tan joven, tan hermosa! ¡Una mujer adorable!

SONIA.-¿Lo sientes de verdad?

PEDRO.-¡Claro!

SONIA.-Y yo que empezaba a estar celosa de ti…

PEDRO.-¡No lo creo! El que tiene celos soy. Lo necesito tanto para permanecer siempre unidos. ¡Te lo pido de corazón!

SONIA.-¿El qué?

PEDRO.-¡¡Tengamos un hijo!!

(Asombrada.)

SONIA.-¿¿Qué dices?? ¿Tu cabeza ha perdido la razón o vives en la más absoluta niñez?

PEDRO.-¡Te pido algo sublime en el amor! Y si terminásemos cada uno por su lado, ¡nada de recurrir al juez! ¡Somos personas civilizadas! Te pasaría una considerable cantidad de dinero mensualmente para que no os faltase nada y yo vendría por él los días que acordásemos y lo llevaría a pasear. Eso, claro está, siempre que nuestro amor dejase de existir. De lo contrario, ¡qué inmenso deleite llevar a nuestro primer hijo en su cochecito!

SONIA.- ¿¿El primero??

PEDRO.-¡Naturalmente! Por mí… ¡Hasta seis…!

SONIA.-Pedro, mi vida, admite la realidad. Si por mi edad no podíamos tener hijos cuando nos conocimos, cómo los voy a tener después de veinte años?

PEDRO.-No sabía.

SONIA.-¡Hoy se aprende antes que el silabario!

PEDRO.-Tampoco pasa nada. ¡Los dos estamos en plenitud de facultades! Con decir que das a luz a nietos. Todos lo verán como algo muy sensato.

(Muy molesta.)

SONIA.-¡¡Tienes días…!! ¡¡Dices unas cosas…!!

(Tierno.)

PEDRO.-Nadie es perfecto, querida Sonia. ¡Es el milagro de nuestro amor! ¡¡Te veo cada día más bella!!

(Halagada.)

SONIA.-¿De verdad?

PEDRO.-¡Sí! ¡No se nota los años que te llevo!

SONIA.-Gracias. ¡Eres todo un caballero!

(PAUSA.)

PEDRO.-¡Tú has dejado de cumplir años!

SONIA.-Qué más quisiera yo.

PEDRO.-¡Es más! Cada doce meses, disminuyes un año.

SONIA.-No creas que hago como algunas.

PEDRO.-¡Lo tuyo es una realidad! No haces trampas con el tiempo. Llega tu cumpleaños… ¡Y desaparece una velita de tu tarta!

SONIA.-Si la vida fuese un juego de magia…

PEDRO.-Los sentimientos la crean. ¡Nada por aquí, nada por allá! ¿Dónde está esa velita, señoras y señores? ¡Es tan fácil! Al llegar mi cumpleaños, se encuentra en mi tarta.

(Nostálgica.)

SONIA.-Hermosas palabras de consuelo.

PEDRO.-¡No te niegues a vivir la más imaginativa de las realidades!

SONIA.-Por mí… Aceptaría encantada ese juego.

PEDRO.-¡Lo lograremos! ¿Cuántos años tenemos ahora?

SONIA.-Tú treinta y ocho y yo setenta y cinco. ¡Te llevo algunos!

(Como un mago.)

PEDRO.-¡¡El tiempo pasa, señoras y señoras!! ¡¡Le enseñaron a hacer siempre lo mismo!!Pero hoy es distinto. Le hemos mentalizado para que tú los disminuyas y yo los aumente. ¡¡Pasa!! ¡¡Pasa! ¡¡Continúas pasando!! Han  transcurridos veinte años nada más. ¿¿Cuántos tenemos ahora?? ¿Ella noventa y cinco y yo cincuenta y ocho?

SONIA.-¡Nada de eso! Efectivamente, él cincuenta y ocho, pero yo… ¡Cincuenta y cinco años!

(Al público.)

PEDRO.-¡¡Número conseguido, señoras y señores!!

(Vuelve a la obra.)

¿Te das cuenta, Sonia? ¡El amor nunca nos ha abandonado! ¡¡Te llevo tres años nada más!! ¡Somos como dos almas gemelas! ¡¡Hemos nacido el uno para el otro!! Mi madre también se encuentra joven como tú. Le he hablado de ti y va a venir a esta casa a conocerte.

(Asombrada.)

SONIA.-¿¿Tu madre en nuestra casa??

PEDRO.-Sí… Si te molesta su presencia, le diré que no venga.

SONIA.-No…

(Se sienta dolorida a la izquierda del sofá.)

Me siento mal. Tengo… dolorido… todo… el… cuerpo…

(Va muy preocupado hacia ella.)

PEDRO.-¿Qué te pasa? ¿Qué sientes? ¡Te llevaré inmediatamente al médico!

SONIA.-Deja; no te preocupes. Parece que me encuentro mejor. Si no es nada.

PEDRO.-¡Te estás recuperando, amada Sonia! ¡Me has dado un susto!

SONIA.-Sentía que la vida huía de mí. Corría, corría  hasta que logré tenerla entre mis manos.

PEDRO.-¡Todo volverá como antes!

SONIA.-¡Ya ha vuelto! Soy tan joven. ¡No puedo abandonar la existencia a los cincuenta y cinco años!

PEDRO.-¡¡Ha vuelto a nacer nuevamente nuestra felicidad!!

SONIA.-¡Estamos en lo mejor de la vida! ¡¡No podemos desertar de ella!!

(Se levanta.)

PEDRO.-¿Qué vas a hacer?

SONIA.-¡Sentirme otra vez yo!

(Camina.)

Doy un paso... Otro... ¡Es tan bello verse libre!

(Se muestra mareada.)

No sé explicarlo. ¡Es como si todo girase a alrededor de mí!

(Él extiende las manos sin llegar a tocarla y ella cae muerta. Desesperado.)

PEDRO.-¡¡No!!

(Se inclina ante ella y pone su oído en su corazón.)

¡Su corazón es mudo! ¡¡Está muerta!!

(Se levanta horrorizado.)

¡Se ha ido! ¡¡Se ha ido para siempre!! Y yo… ¡Me he quedado solo en mi oscura noche! La miro... ¡¡Que horror!! La sangre fluye de su cuerpo sin vida. ¡Sangre! ¡Mucha sangre! Es una isla muerta rodeada de sangre por todas partes. Intento recordar… ¿Quién es? ¿A quién veo? ¡Es mi madre a la que aquel monstruo la asesinó con un cuchillo! Mi mente se libera al recordarla. ¡Pobre mamá!  Me has dejado durante tanto tiempo. Ahora vuelves a existir como algo que se fue al reencontrarte. ¡Te quería tanto! Conocí a Sonia, ¿sabes? ¡Ella ocupó tu lugar cuando te alejaste de mí al abandonar este mundo de vivos y muertos hacinados.

(PAUSA.)

Pero… ¡Has dejado de sangrar! Ya no eres tú. Te miro fijamente y la realidad me muestra la imagen de Sonia. ¡Ella está en su lugar! Era tan atractiva, la quería tanto y se acaba de ir sin quedar de vernos ningún día. Ahora… ¡Ella vivirá en mí! Ven a mis brazos, amor de mi vida. ¿No quieres? ¡Te necesito!

(Coge su cadáver, que está rígido,  y la pone delante de él.)

Hola, adorada Sonia. ¿Qué cuentas? ¿Qué es de tu vida? Te veo muy callada. Deseo que alegres mi vida como siempre. ¿Bailamos? ¿Verdad que lo estás deseando? ¡Sabía que responderías con un alegre sí!

(Baila un vals sin música por todo el escenario con ella mientras su cuerpo continúa inerme.)

¡¡Bailemos, Sonia!! ¡¡Dejémonos llevar  por la música de Strauss!! ¡¡Nuestro vals!! ¡¡El Danubio azul!!

(Mutis así de los dos por el primero derecho. Por el foro entra PEDRO y se sienta contento a la derecha de un banco del jardín en el centro del según término. Para si.)

¡Ha llegado la primavera! Es como si resucitase la naturaleza después de un triste invierto! Los pájaros visten de etiqueta para ofrecernos el concierto de la más extraordinaria de las sinfónicas.

(Por el foro entra SONIA. Viste como al principio y tiene cincuenta y cinco años. Va hacia el banco.)

SONIA.-Perdona que te moleste, hermoso joven. ¿Me puedo sentar?

PEDRO.-Por mí… ¡Encantado! El banco no es de mi propiedad.

(Se sienta a la izquierda del banco.)

SONIA.-Gracias. ¡Eres muy amable!

PEDRO.-Te miro, te miro… ¡Qué parecido con ella!

SONIA.-Te llevo tantos años…

PEDRO.-¡Siempre me han gustado mayores que yo!

SONIA.-Y a mí más jóvenes.

(Se oye el tango “Corrientes”.)

PEDRO.-¿Bailamos?

SONIA.-¡Me encantaría!

(Se aprietan de la mano y van hasta el primer término. Se cogen y bailan deseosos. UN MOMENTO. Cesa la música. Ahora lo bailan felices y con perfección como si se buscasen. UN MOMENTO.

    Lentamente cae el

TELÓN

La Coruña, 7 de mayo de 2.019

FINAL DE “EL FUEGO DE LOS MUCHACHOS EN FLOR”.

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