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HABITACIÓN DE HOTEL
(Como en un cuadro de Hopper)

de  Salvador Enríquez

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

HABITACIÓN DE HOTEL

(Como en un cuadro de Hopper)

(Teatro mínimo)

De Salvador Enríquez

editor@noticiasteatrales.es

Premiada en el XIX Certamen de Teatro Mínimo “Rafael Gurrero” 2018

(Chiclana – Cádiz – España)

 

 

Reservados todos los derechos. El autor o su representante legal, la Sociedad General de Autores y Editores de España, son los únicos encargados de autorizar la representación, lectura pública, adaptación o traducción de esta obra.

Registro Propiedad Intelectual: 16/2016/4414

Breve sinopsis:

Una mujer –el personaje del cuadro de Edward Hopper- cuenta en primera persona los motivos de su llegada al hotel, un lugar solitario, frío, pero que para ella puede significar el inicio de un camino nuevo. Con la ayuda de una guía de trenes traza su futuro mientras escribe una carta a “él” y la concluye con un gesto, mezcla de ironía y desprecio.

 

Personaje:

 

UNA MUJER (entre 45 y 50 años)

 

 

Escena (Términos del público):

Una habitación de hotel, la pared del primer término y la cómoda de la derecha constriñen el espacio, mientras que la gran diagonal de la cama dirige nuestra mirada hacia el fondo, donde una ventana abierta nos convierte en voyeurs de lo que sucede dentro. Es de noche. La figura de la mujer que entrará en escena contrasta con la frialdad de la estancia, en la que predominan las líneas netas y los colores brillantes y planos, avivados por la fuerte luz cenital.

Una mujer entra por la derecha, sobre un sencillo vestido largo lleva un abrigo, se cubre la cabeza con un sombrero tipo “casquete”. Porta una maleta y un bolso de mano. Todo muy de los años 40. Aspira profundamente, suelta la maleta y el bolso junto a la butaca, se quita el abrigo, el vestido, los zapatos y las medias, quedando en combinación. Se sienta, ensimismada, en la cama. Está cansada. (1)

UNA MUJER.- (Mirando a su alrededor) ¡Uf! Esto es lo más parecido a un cuadro de Hopper: la frialdad de las paredes, la sencillez de los muebles,  el silencio, la soledad… (Pausa) En el fondo, sin buscarlo, quizá he tenido suerte, siempre tuve una verdadera obsesión por las obras de Edward Hopper. Desde que vi su cuadro “Nighthawks” o “Noctámbulos”, en el que hay cuatro personas sentadas en un bar urbano por la noche, hasta su “Despacho en la ciudad” o sus interiores en hoteles y viviendas, sentí una especie de atracción fatal hacia el pintor o mejor, hacia sus obras. Me angustia verlas pero, a un tiempo, me producen cierta relajación.

Quizá sea esta la relajación que necesito ahora, después de lo ocurrido. (Abre la maleta y saca un pequeño libro, es una guía de trenes, que abre con impaciencia) Espero que esta guía esté actualizada, necesito saber qué trenes y cuándo pasan por esta ciudad. (Pausa) Bueno… tampoco es una necesidad imperiosa el salir de aquí, puedo estar un par de días… sin embargo creo que lo mejor es poner tierra por medio. No sé qué hará él ahora… si se habrá sentido liberado al marcharme yo o si denunciará mi desaparición. A lo mejor lo primero es más acertado, creo que estaba tan aburrido de mí como yo de él. Aquello de “hasta que la muerte os separe” podía haber cambiado por “hasta que la otra os separe” o… “hasta que el otro os separe” que también sería válido. (Sonríe con cierta amargura). Pero… si denuncia mi desaparición… ¿podrá buscarme la policía? (Sigue consultando la guía de trenes). Tal vez podría tomar este tren mañana… iré hasta el final del trayecto que es bastante lejos… y allí comenzar de nuevo... y él ¡que siga con la otra! (Ríe con nerviosismo) y a ver si es feliz; yo, por  mi parte, estoy en muy buena edad de ser feliz, muy feliz, aún estado sola o, precisamente, por ello.

Tal vez, (Dudando) para evitar que denuncie ante la policía mi supuesta desaparición, él nunca entenderá que ha sido una huida, debería escribirle una carta sin remite y dejarla en correos minutos antes de salir el tren de mañana. Así, cuando vea en el sobre el lugar en el que la he depositado yo estaré lejos.

Vamos a ver (Saca de la maleta un cuaderno y pluma y, sentada en la cama, escribe mientras dice en voz alta el texto):

¿Sabes? Normalmente una carta se empieza diciendo “Querido” o “Querida”, pero no es el caso. No te odio, pero me eres indiferente y, naturalmente, de “querido” nada de nada. Inesperadamente me encuentro en un lugar con el que siempre soñé, un lugar que me recuerda a uno de mis pintores favoritos: Edward Hopper… pero debes saber   que Hopper pintó a mediados del siglo pasado y estamos en el siglo XXI… los tiempos han cambiado. Claro que ¡para qué te digo esto! Nunca supiste si me atraían la soledades de Hopper o la “Latas de sopa Campbell” de Andy Warhol. (Deja de escribir y se levanta de la cama. aunque lo que interpreta hasta el final se debe de entender que es lo que va escribiendo en la carta).

Nunca, o al menos en los últimos años de convivencia, intentaste conocer mis gustos, mis deseos, mis aficiones, mis sueños… A ti solo te interesaba la mujer, la hembra, poder lucirla en sociedad, como si fuera un trofeo, acostarte con ella, y que te tuviera limpias y bien planchadas las camisas para estar elegante en tu puesto de ejecutivo… donde coqueteabas con unas y con otras… de esas que usan lencería fina y no una combinación como la que yo llevo ahora. ¿Crees que no sabía de esos coqueteos? Bastaba acompañarte a una cena empresarial para detectar sonrisitas, guiños, freses con doble sentido… y tú pensabas que yo era tonta, que iba por el mundo como las maletas…

Tú querías eso: una mujer que no preguntara qué hacías en tus largas ausencias, en aquellos viajes que decías que eran de negocios, que no se interesara por lo que estabas pensando en tus largos e incómodos silencios durante las comidas… o cuando hacías como que mirabas la televisión…

Una infidelidad a lo mejor se puede perdonar, aunque no olvidar, pero es mucho más dramática la indiferencia entre dos personas que, un día, decidieron convivir. Peor aún la violencia. Aquella mano que me alzaste una noche fue el final. Por eso lo mejor es poner tierra por medio, sin dramas. Pero… estás tan endiosado, tan creído de tu valor y supremacía, que nunca cupo en tu cabeza la posibilidad de que yo me marchara como he hecho.

 (Se sienta en la cama nuevamente, escribe unas líneas, hace una pausa y se queda pensativa. Va al centro del escenario con la carta en las manos) Aunque… bien  pensado ¿qué sentido tiene enviarte esta carta? ¿Tranquilizar tu conciencia? Mejor que vivas, que sigas viviendo, en la ignorancia… como siempre viviste. (Rompe la carta en mil pedazos y los lanza al aire al tiempo que hace un contundente “corte de mangas”)

OSCURO

(1)     La descripción que se hace de la escena y del personaje es una adaptación de la que hace del cuadro Paloma Alarcó, conservadora del Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid), quienes han autorizado el uso del texto y de la imagen exclusivamente para este monólogo .

 Madrid, diciembre de 2015

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