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HARPÍAS

de Jorge Moreno
 

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

 HARPÍAS

De Jorge Moreno

jmpieiga@hotmail.com

ACTO ÚNICO

 

A telón bajado, se escuchan los primeros compases del himno alemán. Instantáneamente, aparece MARTIN –viste con tonos grisáceos-, quien va recorriendo el patio de butacas, cantando, con una mano sobre el corazón.

 

MARTIN.-(Canta, pues.)

 

 

En mi patria, la cerveza puede –o no- llevar alcohol.

En mi patria, el gladiolo es, sin duda, un tipo de flor.

Es el agua incolora, inodora y sin sabor.

En mi patria todo es obvio:

altas montañas y muy brillante sol.

En mi patria todo es obvio:

este gobierno tiene su oposición.

 

 

(Cuando parece que el momento musical ha finalizado, vuelven los primeros acordes del himno, a los que MARTIN recibe efectuando el saludo romano. Canta de nuevo, convencido, enérgico –se observa un evidente cambio de actitud por parte del personaje. Al mismo tiempo, se observa un siniestro brazalete en una de sus mangas. ¿Qué simboliza esa extraña cruz?)

 

 

En mi patria, la obediencia es un signo de distinción.

En mi patria de hombres nuevos se bendice la represión.

Es la guerra bella y pura.

Es la muerte una canción.

En mi patria todo es obvio:

todo se acata sin mayor discusión.

En mi patria todo es obvio

y un ser divino es nuestro dictador.

 

 

(Cesa la melodía. MARTIN hace chocar los tacones de sus botas y se dirige al escenario, donde el telón ha desaparecido, dejando ver una estancia agobiante donde un retrato de Federico el Grande lo domina todo.)

 

 

MARTIN.-(Hacia el escenario.) Frau Junge! Frau Junge!

 

 

(Surge, por un lateral, la figura de FRAU JUNGE, la secretaria del tirano. Viste sencillamente, sin alharacas –tal vez una blusa oscura con topos blancos y falda a juego por debajo de las rodillas-. Porta cantidades industriales de papel.)

 

 

FRAU JUNGE.-Jawohl, mein Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers!

 

MARTIN.-(Ya en el escenario.) Guten Morgen, Frau Junge!

 

FRAU JUNGE.-Guten Morgen, mein Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers!

 

MARTIN.-Wie geht es Ihnen, Frau Junge?

 

FRAU JUNGE.-Danke, mir geht es sehr gut, mein Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers !

 

MARTIN.-Und Ihr Mann, Frau Junge?

 

FRAU JUNGE.-Er bleibt tot an der Front. Sein Zustand hat sich gar nicht verändert, mein Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers !

 

MARTIN.-Und Ihre Kinder, Frau Junge?

 

FRAU JUNGE.-Ich habe keine Kinder, mein... (respira profundamente) Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers !

 

MARTIN.-...De lo cual yo me alegro. (Pausa.) ¿Noticias?

 

FRAU JUNGE.-Las de siempre.

 

MARTIN.-¿Guerra?

 

FRAU JUNGE.-La de siempre.

 

MARTIN.-¿Moral?

 

FRAU JUNGE.-Como siempre.

 

MARTIN.-¿Y eso es...?

 

FRAU JUNGE.-Pétrea.

 

MARTIN.-¿Y eso es... ?

 

FRAU JUNGE.-De piedra.

 

MARTIN.-¿Por tanto... ?

 

FRAU JUNGE.-A prueba de bomba.

 

MARTIN.-Hum. ¿Humor negro para los tiempos que vivimos, Frau Junge?

 

FRAU JUNGE.-Humor ario, señor.

 

MARTIN.-Bien. Bien. Sin disidencias.

 

FRAU JUNGE.-Disidencias... las justas.

 

MARTIN.-Las disidencias permitidas por la ley... que, al ser permitidas... dejan de ser disidencias.

 

FRAU JUNGE.-Ajá.

 

MARTIN.-¿Lo ve, Frau Junge? ¡El sistema funciona!

 

FRAU JUNGE.-A pesar de los pesares.

 

MARTIN.-Aplicando la lógica, la fría lógica, la gélida lógica, la... pétrea lógica... no hay pesar que valga.

 

FRAU JUNGE.-No. No lo hay.

 

MARTIN.-¿Lo ve, Frau Junge? ¡El sistema funciona!

FRAU JUNGE.-A pleno rendimiento.

 

MARTIN.-¿Orden del día?

 

FRAU JUNGE.-No hay orden del día.

 

MARTIN.-¿No hay orden del día?

 

FRAU JUNGE.-No hay orden del día.

 

MARTIN.-¡Imposible!

 

FRAU JUNGE.-No hay orden del día. Al igual que ayer. No hay orden del día. Ni del día de hoy ni del día de ayer.

 

MARTIN.-Entonces... ¿es grave?

 

FRAU JUNGE.-Se lo dije.

 

MARTIN.-¿Cuándo?

 

FRAU JUNGE.-Cuando le dije que no había noticias. La única noticia es... la ausencia de noticias.

 

MARTIN.-Entonces... es grave.

 

FRAU JUNGE.-Se lo dije.

 

MARTIN.-¿Qué dicen los médicos?

 

FRAU JUNGE.-Nada.

 

MARTIN.-¿Nada?

 

FRAU JUNGE.-Nada.

 

MARTIN.-¡Que los arresten!

 

FRAU JUNGE.-Ya se ha tomado esa decisión.

 

MARTIN.-¡Que los fusilen!

 

FRAU JUNGE.-Ya se ha tomado esa decisión. He ahí la causa de que no digan nada.

 

MARTIN.-¿Lo ve, Frau Junge? ¡El sistema funciona!

 

FRAU JUNGE.-Jawohl!

 

MARTIN.-Y... ¿quién ha tomado esas decisiones?

 

FRAU JUNGE.-(Señalando hacia arriba.) Él, por supuesto. El sistema funciona.

 

MARTIN.-Jawohl!

 

FRAU JUNGE.-Suyo es el Reino, el Poder y la Gloria.

 

MARTIN.-Por los siglos de los siglos.

 

FRAU JUNGE y MARTIN.-(Brazo en alto.) Amén.

 

MARTIN.-(Tras una pausa.) Así pues... le quedan destellos del gran hombre que fue.

 

FRAU JUNGE.-Cada vez menos.

 

MARTIN.-Y la situación no ayuda.

 

FRAU JUNGE.-Cada vez menos. Más bien al contrario.

 

MARTIN.-¿Lo sabe el enemigo?

 

FRAU JUNGE.-Pienso que no.

 

MARTIN.-Pero no está segura.

 

FRAU JUNGE.-El enemigo no informa acerca de sus pesquisas.

 

MARTIN.-...Parece lógico.

 

FRAU JUNGE.-La lógica pétrea de la que hablaba, señor...

 

MARTIN.-(Para sí mismo, en voz queda.) ...El sistema funciona...

 

FRAU JUNGE.-...La gélida lógica...

 

MARTIN.-¿Y el resto del gabinete? ¿Lo sabe el resto del gabinete?

 

FRAU JUNGE.-No me consta.

 

MARTIN.-¿Perdón...?

 

FRAU JUNGE.-Unos vienen, otros van... Ninguno se detiene.

 

MARTIN.-Compréndalo, Frau Junge... Es el nerviosismo.

 

FRAU JUNGE.-El nerviosismo... y los bombardeos.

 

MARTIN.-Y la peste.

 

FRAU JUNGE.-Y el olor a muerte.

 

MARTIN.-Y el tufo a derrota.

 

FRAU JUNGE.-¿Derrota? ¿Vamos a perder ?

 

MARTIN.-No es oficial, pero...

 

FRAU JUNGE.-¡Vamos a perder!

 

MARTIN.-Le repito que aún no es oficial. Hasta que lo confirme el Ministerio de Propaganda, no hay novedades al respecto.

 

FRAU JUNGE.-¿Y en qué momento lo confirmará?

 

MARTIN.-No se preocupe, Frau Junge. Se dará cuenta.

 

FRAU JUNGE.-¿Cómo?

 

MARTIN.-En ese preciso instante habrá un soldado enemigo apuntando a su hermoso rostro con una bayoneta reluciente.

 

FRAU JUNGE.-¿Y si somos nosotros –por un casual- los que ganamos la guerra?

 

MARTIN.-En tal caso... será su reluciente rostro el que apunte a una hermosa bayoneta del enemigo.

FRAU JUNGE.-¡Vamos a perder!

 

MARTIN.-Nein!

 

FRAU JUNGE.-¿Qué será del país?

 

MARTIN.-Ya no hay país. (Silencio dramático.) Asómese a la ventana, Frau Junge.

 

FRAU JUNGE.-No puedo. Por los bombardeos, la peste, el olor a muerte... en el búnker no hay ventanas...

 

MARTIN.-Señal inequívoca de que ya no hay país.

 

FRAU JUNGE.-¿Es usted pesimista?

 

MARTIN.-(Tras un silencio.) En la época que nos ha tocado vivir... un optimista es alguien excéntrico. Yo soy un tipo corriente. Monótono. Un aburguesado. Del montón.

 

FRAU JUNGE.-¿Doy parte de su llegada?

 

MARTIN.-Nunca me he ido.

 

FRAU JUNGE.-¿Se irá?

 

MARTIN.-No creo que me dejen.

 

FRAU JUNGE.-¿Le comunico al Führer que sigue usted aquí?

 

MARTIN.-¿Está ella con él?

 

FRAU JUNGE.-(Asiente.) ...También se queda.

 

MARTIN.-¿Voluntariamente?

 

FRAU JUNGE.-...El amor...

 

MARTIN.-Oh, vamos, Frau Junge...

 

FRAU JUNGE.-Es el amor, señor.

 

MARTIN.-Tiene que tratarse de otra cosa.

FRAU JUNGE.-Es el amor.

 

MARTIN.-El interés... El miedo... Tal vez el sexo. Pero no el amor. No. El amor, no.

 

FRAU JUNGE.-Ella lo ama.

 

MARTIN.-Ella se interesa por él... Le teme... Tal vez se lo folle. Pero no lo ama. No. No lo ama, no.

 

FRAU JUNGE.-Ella es mujer. Él, hombre.

 

MARTIN.-Ha dado en el clavo, Frau Junge: Ella es una simple mujer; él... no es un hombre simple.

 

FRAU JUNGE.-No he querido decir eso.

 

MARTIN.-Lo ha sugerido, no obstante.

 

FRAU JUNGE.-Nein!

 

MARTIN.-Pierda cuidado, Frau Junge... El sistema funciona. ¿Recuerda?

 

FRAU JUNGE.-(En perfecto alemán.) ...Ja. (Aparte.) ...Eso es lo que me preocupa...

 

MARTIN.-¿Qué susurra?

 

FRAU JUNGE.-Nichts.

 

MARTIN.-Hable alto. ¿Qué susurraba?

 

FRAU JUNGE.-Que mi lealtad es indestructible.

 

MARTIN.-Repítalo.

 

FRAU JUNGE.-Mi lealtad es indestructible.

 

MARTIN.-¡Más alto!

 

FRAU JUNGE.-¡Mi lealtad es indestructible!

 

MARTIN.-¡Como un perfecto androide!

FRAU JUNGE.-(Alarido.) ¡MI LEALTAD ES INDESTRUCTIBLEEEEEEE!

 

MARTIN.-Va progresando. Aunque... debe encontrar el punto intermedio entre la lealtad absoluta y el servilismo repugnante.

 

FRAU JUNGE.-¿Y llegaré a ser una máquina?

 

MARTIN.-Si no la destruyen los bombardeos, sí.

 

FRAU JUNGE.-Danke schön. Me ha hecho muy feliz.

 

MARTIN.-Era mi propósito.

 

FRAU JUNGE.-(Ruborizada.) Lo sé.

 

MARTIN.-Frau Junge...

 

FRAU JUNGE.-Jawohl, mein Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers.

 

MARTIN.-Abrevie, abrevie...

 

FRAU JUNGE.-¿Sí, señor?

 

MARTIN.-...Mejor.

 

 

(Una sonrisa complacida por parte de ella.)

 

 

Tráigame el orden del día. En mi calidad de Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers... he de firmarlo.

 

FRAU JUNGE.-No hay orden del día, señor. No hay orden del día.

 

MARTIN.-(Respira hondo, un tanto molesto.) Frau Junge... Que estemos perdiendo irremisiblemente la guerra, que los tanques enemigos se encuentren a dos podridas manzanas de aquí, que el líder descuide sus obligaciones o que haya desaparecido cualquier atisbo de autoridad... no le exime a usted de cumplir con la Patria.

 

FRAU JUNGE.-Yo...

 

MARTIN.-¡Somos androides, Frau Junge ! ¡Androides... prusianos ! Por si el hecho de ser androides a secas le parece poco. ¡Prusianos!

 

FRAU JUNGE.-Jawohl, señor !

 

MARTIN.-A grandes males, grandes remedios. Improvise un orden del día. ¿Punto primero...?

 

FRAU JUNGE.-(Se lo piensa.) ¿Qué tal... “examen y aprobación, en su caso, de las cuentas anuales”?

 

MARTIN.-Brillante. Prosiga. ¿Punto segundo...?

 

FRAU JUNGE.-¿”Análisis de las últimas operaciones militares”?

 

MARTIN.-Suena excelso. ¿Ha habido... “operaciones militares”?

 

FRAU JUNGE.-No por nuestra parte. El enemigo, que se esmera...

 

MARTIN.-Deliciosamente irónico. ¿Hay un “punto tercero”?

 

FRAU JUNGE.-Mmmmmmmmmmm. ¿“Ruegos y preguntas”?

 

MARTIN.-Podría pasar. Pero no pasa. Ni ruegos, ni preguntas.

 

FRAU JUNGE.-¿No hay “punto tercero”, pues?

 

MARTIN.-Dejémoslo en... “imposiciones sin derecho a réplica”.

 

FRAU JUNGE.-Gut.

 

MARTIN.-¿Ha tomado nota?

 

FRAU JUNGE.-Lo tendrá sobre la mesa de su despacho en cuanto consiga una máquina de escribir.

 

MARTIN.-Mi despacho se ha volatilizado –una granada rusa- y las máquinas de escribir se emplean en el esfuerzo de guerra.

 

FRAU JUNGE.-Es un paso atrás en las condiciones laborales de las secretarias.

MARTIN.-...Aunque un paso adelante en la búsqueda de la victoria.

 

FRAU JUNGE.-Que Dios le oiga, pero... una máquina de escribir... poco puede aportar al esfuerzo bélico.

 

MARTIN.-Mucho debe aprender, Frau Junge. Las teclas de una máquina de escribir son perfectas armas arrojadizas, balas en potencia... Y el tabulador, ensartado en una bayoneta, llega a... intimidar -si se mira de lejos.

 

FRAU JUNGE.-(Realmente impresionada.) Cuántos misterios encierra el mundo castrense.

 

MARTIN.-“Una máquina de escribir: un enemigo asustado”. Ése es el lema.

 

FRAU JUNGE.-Hermoso. Tomaría nota. No obstante, mi máquina de escribir ha desaparecido.

 

MARTIN.-A estas horas, su máquina de escribir combate en el frente oriental. A dos podridas manzanas de aquí. Remítale un telegrama de vez en cuando, para que sepa que no la olvida. Usted evolucionará hasta convertirse en una perfecta máquina de perfectos engranajes y... quién sabe: si su máquina de escribir sobrevive... si la guerra termina... se encontrarán en disposición de retomar sus flirteos.

 

 

(Unos aviones sobrevuelan el lugar. El ruido de sus motores va acrecentándose.)

 

 

Escuche.

 

 

(Ella obedece. Breve mutismo.)

 

 

Más máquinas. El siglo de las máquinas.

 

FRAU JUNGE.-No ha sonado la sirena.

 

MARTIN.-A estas horas, el encargado de la sirena de alarma combate en el frente oriental. A dos podridas manzanas de aquí.

(Se aleja, poco a poco, el ruido de los aviones.)

 

 

FRAU JUNGE.-Se van.

 

MARTIN.-Al frente oriental, con su máquina de escribir y el encargado de la sirena de alarma, que, a estas horas, (señala hacia arriba) combaten contra ellos.

 

 

(Se extingue el fragor de los motores aéreos. Entra EVA. Falda larga, blusa a cuadros, permanente, maquillaje ostentoso...)

 

 

EVA.-¿Habéis oído?

 

MARTIN.-(Un taconazo.) Fräulein Braun...

 

FRAU JUNGE.-(Levísima inclinación de cabeza.) Señorita Braun...

 

EVA.-¡Eran aviones !

 

MARTIN.-A falta de una confirmación oficial... sí: eran aviones.

 

EVA.-¡Me encantan los aviones!

 

MARTIN.-Me reconforta su entusiasmo.

 

EVA.-¡Tan cerca de la luna! ¡Tan cerca del sol!

 

MARTIN.-...Tan cerca...

 

EVA.-¡Jóvenes pilotos aguerridos!

 

MARTIN.-...Demasiado cerca...

 

EVA.-¡Me chiflan!

 

MARTIN.-Volverán.

 

EVA.-¿De veras?

 

MARTIN.-Oh, sí.

EVA.-Ojalá estés en lo cierto, Martin. (Suspiro.) Ah; los aviones... El ruido de sus motores me distrae. Este búnker es tan tan soporífero... Con ellos, sueño... Imagino que vuelo a su lado... Sin motor, sin ayuda... Y que los pilotos sonríen y responden a mis saludos. Y yo sigo volando. ¡Vuelo! ¡Vuelo! (Imitando el sonido de un aparato.) ¡Bruuuum!

 

 

(MARTIN y FRAU JUNGE intercambian miradas.)

 

 

(Tristeza repentina.) Lástima que a Adolf ya no le guste volar. Sólo tiene ojos para mapas, estrategias, generales, judíos, generales judíos...

 

MARTIN.-La responsabilidad le abruma, Fräulein Braun.

 

EVA.-¡Pero yo quiero volar! ¡Como los americanos! ¡Como los rusos!

 

MARTIN.-...Como los buitres...

 

EVA.-¡También! ¡Quiero volar! ¡Quiero volar!

 

MARTIN.-Estudiaremos el caso.

 

EVA.-¡Rápido, Martin! ¡Rápido! ¡Antes de que vuelvan! (Se mueve por la estancia.) ¡Bruuuuuum! ¡Miradme! ¡Soy un buitre! ¡O un americano! ¡Bruuuuuuum!

 

MARTIN.-(Carraspea.) Le recomiendo que baje la voz, Fräulein Braun...

 

EVA.-¡Bruuuuum!

 

MARTIN.-Es conveniente que... hablemos en voz baja...

 

EVA.-¡No! ¡Que me oigan los aviones! (A dichos “aviones”.) ¡Holaaaa!

 

MARTIN.-Esos aviones son nuestros... contrarios.

 

EVA.-¿Por qué?

 

MARTIN.-(Enorme titubeo.) Es... la vida, que... nos lleva por... caminos distintos.

 

EVA.-¿Por qué, Martin?

MARTIN.-Es la guerra, señorita.

 

EVA.-(Un trasunto de Scarlett O´Hara en la primera escena de “Lo que el viento se llevó”.) Qué tontería. Guerra, guerra, guerra... La guerra nos agua las fiestas esta primavera. Estoy tan aburrida que me muero. Si vuelves a pronunciar la palabra “guerra” entro al dormitorio y te doy con la puerta en las narices.

 

MARTIN.-No quisiera llegar a esos extremos. Demasiados extremos...

 

EVA.-¡Pues no me provoques! ¡...Y haz que vuele!

 

FRAU JUNGE.-¿Incluyo esa petición en el orden del día, señor?

 

MARTIN.-Aguarde.

 

EVA.-¡Es una orden!

 

MARTIN.-Fräulein Braun... Los alemanes sólo acatamos órdenes de nuestros superiores o de agitadores con labia... y, con todos los respetos... no la incluyo a usted en ninguno de los dos grupos.

 

EVA.-¡Hablaré con Adolf!

 

MARTIN.-Hágalo. A él sí que lo incluyo en ambos grupos.

 

EVA.-Lógico.

 

FRAU JUNGE.-...Gélida lógica...

 

EVA.-Él está en todas partes: aquí y allí; en su despacho y en mi mente; en el corazón del pueblo y en el hígado de los extranjeros... ¡Como los aviones! ¡Bruuuum!

 

MARTIN.-...Como los buitres...

 

FRAU JUNGE.-Con su permiso, mein Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers, no incluiré tal expresión en el orden del día.

 

MARTIN.-...Un detalle, Frau Junge.

 

EVA.-(A lo suyo.) ¡Bruuuuuuuuuuum! ¡Vuelo! ¡Surco los cielos!

MARTIN.-Lo tendrá difícil. Esquivar los cañones antiaéreos, esquivar el trasiego de aparatos, esquivar la lógica...

 

FRAU JUNGE.-...La gélida lógica, insisto...

 

EVA.-¡He dicho que vuelo... y vuelo! ¡Y si no vuelo... volaré! Junto a mi amor.

 

MARTIN.-Frau Junge... le doy la razón que no le di antes: era el amor.

 

FRAU JUNGE.-L´amour... L´amour...

 

MARTIN.-Le rogaría que evitase dialectos hostiles con el Reich.

 

FRAU JUNGE.-Die Liebe... Die Liebe...

 

EVA.-Ja ! Die Liebe... ¡Die Liebe! ¿Te has enamorado alguna vez, Martin ?

 

MARTIN.-Soy germánico.

 

EVA.-¿Es que el amor no penetra en el corazón de un buen germano?

 

MARTIN.-Nein. No, si el germano se halla en guerra.

 

EVA.-¡La guerra! ¡La guerra! La guerra... ¿contra quién?

 

MARTIN.-Contra mí mismo.

 

FRAU JUNGE.-¿Una guerra civil?

 

MARTIN.-(Asiente.) ...Otro conflicto más. ¿A quién le importa? No han terminado de retirarse los cadáveres provocados por una bomba... cuando la siguiente cae, acompañada de una bomba mayor... E, inmediatamente, continúa la racha. Bomba tras bomba. Y, por encima de las bombas... los aviones. Sus aviones, Fräulein Braun.

 

EVA.-(Feliz.) ¡Sí! ¡Aviones! (Brazos en cruz.) ¡Bruuuuuuuuuuuuuuuum!

 

MARTIN.-Busque... Busque consuelo en la euforia. Euforia entre ruinas.

 

EVA.-¡Sí! ¡Entre ruinas! ¡Bruuuuum!

 

MARTIN.-(A EVA.) Aún sobreviven personas eufóricas. Usted es la constatación de un hecho.

 

FRAU JUNGE.-(Sincera extrañeza.) ¿Aún sobreviven personas?

 

EVA.-(En otro mundo.) Se acerca el verano. Adolf y yo lo pasaremos fuera de la capital, lejos del estruendo de la gran ciudad y los disparos. En la costa. No importa cuál. Una costa. Allí nos sumergiremos en aguas cristalinas, rememorando nuestra historia de amor, recordando aquel primer día... Aquel primer día, hace catorce años, en el estudio fotográfico de Heinrich Hoffmann. (Suspira.) Él se acercó y me dijo, marcial: “Guten morgen”. “Guten morgen”, respondí yo, coqueta, desde lo alto de una escalera que conducía a ninguna parte. “¿Qué hace, señorita?” “Trabajo”. “Hace usted muy bien. El trabajo la hará libre”.

 

MARTIN.-Típico del Führer.

 

EVA.-El trabajo no me hizo libre, no. ¡Me ató a él! Pero... ¡qué atadura maravillosa! Desde aquel preciso momento supe que no cejaría en el empeño de conseguir un beso por parte de aquel hombre tan moreno, tan entrañablemente bajito... tan superior. (Pausa.) El beso todavía no ha llegado. ¡Llegará! Estoy segura de ello. Adolf me quiere. Me quiere... a su manera. Él es así. Y un beso no lo es todo en la relación de pareja. Sabré esperar. Sabré seguir a su vera. Si no me besa, será por razón de Estado. Él es muy responsable con sus cosas. Y si me besa... Ay, si me besa... Dicen que lo bueno se hace esperar... ¡pues el beso de Adolf –en el supuesto de que llegue a mis labios, a mis mejillas o a mi frente- será...! ¡...el acabose! ¡Una ópera de Wagner! ¡Un auténtico horno crematorio en mi piel!

 

MARTIN.-Gráfico.

 

FRAU JUNGE.-Poético.

 

EVA.-Racial.

 

MARTIN.-(Carraspeo.) Fräulein Braun...

 

EVA.-Martin... no sabes lo que te pierdes. Su amor es EL AMOR con mayúsculas. Ese hombre es capaz de dar tanto amor...

 

MARTIN.-Alemania entera conoce las virtudes amatorias del Führer, Fräulein Braun.

 

EVA.-(Preocupada.) ¿Sí?

 

MARTIN.-(Asentimiento.) Arios, mestizos, católicos, luteranos, judíos... La nación elogia su talante. Una parte de ella, por convicción... La otra, por cojones.

 

EVA.-¡Grosero!

 

MARTIN.-Grosero, no: gráfico.

 

FRAU JUNGE.-Poético.

 

EVA.-...No sé. Ya sabéis que a mí la política no me interesa.

 

MARTIN.-Ajá. Los aviones han barrido cualquier interés espurio. Suyo y del gran líder. (Refiriéndose a éste.) ¿Duerme?

 

EVA.-(Chasquea la lengua.) Adolf no duerme. Sueña despierto.

 

MARTIN.-Una eterna pesadilla.

 

EVA.-Divide su tiempo entre mapas, estrategias, generales, judíos, generales judíos, su perra y yo.

 

MARTIN.-Halagador.

 

FRAU JUNGE.-¿Poético?

 

MARTIN.-Halagador, en efecto. ¿Dedica parte de ese tiempo a las tareas gubernamentales? ¿Consulta con su perra? ¿Consulta con usted, Fräulein Braun? ¿Consulta con la almohada?

 

EVA.-No se mueve.

 

MARTIN.-¿Perdón...?

 

EVA.-No se mueve.

 

MARTIN.-Sea más explícita.

 

EVA.-Se mantiene inerte, sobre las sábanas... Con los ojos abiertos de par en par y las piernas rígidas. Yo creo que piensa en mí y que ese pensamiento lo paraliza. (Risa estúpida.)

MARTIN.-Síntomas confusos.

 

FRAU JUNGE.-Lo dicho: es el amor.

 

EVA.-(Extática.) ...Die Liebe...

 

MARTIN.-El amor... o hipotermia aguda.

 

EVA.-(Furiosa.) Die Liebe!

 

MARTIN.-(Evitándose problemas.) Va a ser eso, sí...

 

EVA.-Para completar la felicidad que nos embarga... ¡sólo resta un avión! Martin... ¡consigue un avión para tu Führer y su pequeña Fotze!

 

MARTIN.-No está en mi mano conseguir un avión.

 

EVA.-¡Consíguelo! Tú siempre has cumplido con tus objetivos. Plantéate mis deseos como uno de tus objetivos. Consigue un avión, Martin.

 

MARTIN.-Entablaré negociaciones con los ejércitos enemigos. A ellos les sobran los aviones.

 

EVA.-(Gritito.) ¡Te quiero!

 

MARTIN.-Frau Junge...

 

FRAU JUNGE.-¿Señor...?

 

MARTIN.-Anote: “Entablar negociaciones con el enemigo con vistas a procurarse un avión para que nuestro Führer y su pequeña doncella inmaculada se den un garbeo por lo que antes era Berlín. Nota importante: lograr de los rusos un alto el fuego durante el tiempo que dure el paseo aéreo de las ilustres personalidades susodichas. Firmado... el gilipollas de turno”.

 

EVA.-¡Bieeen! Eres un sol, Martin. (Lo besa.)

 

FRAU JUNGE.-...“Führer” es con diéresis, ¿verdad?

 

EVA.-(Yendo hacia la salida.) Correré a avisar a mi Schwanz.

 

MARTIN.-Corra. Le subirá la moral el saber que usted se ocupa de los asuntos trascendentes.

 

EVA.-Hago lo que puedo, Martin.

 

MARTIN.-Como todos, Fräulein Braun. Como todos.

 

 

(EVA sale.)

 

 

Frau Junge...

 

FRAU JUNGE.-Me he dado cuenta, mein Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers.

 

MARTIN.-En tal caso... no es necesario que hurgue en la herida por la que sangra el Reich.

 

FRAU JUNGE.-La culpable es ella. No hay duda. Ni amor... ni cuentos chinos.

 

MARTIN.-Locura y estulticia mental. Esta mujer es la puntilla.

 

FRAU JUNGE.-Aún es posible evitar la tragedia. Existen las conspiraciones... los envenenamientos... los golpes de Estado... la cobardía... Huyamos.

 

MARTIN.-(Chasquido de lengua.) Los androides no huyen.

 

FRAU JUNGE.-(Resignada.) ...Ni sienten, ni padecen... (Pausa.) En esta encrucijada que vivimos... añoro mi antigua educación budista.

 

MARTIN.-Usted no es budista, Frau Junge.

 

FRAU JUNGE.-Empiezo a añorar lo que no he vivido.

 

MARTIN.-Anomalías de la mente. No le dé más vueltas.

 

FRAU JUNGE.-Lo que usted diga, señor.

 

MARTIN.-Ah, Frau Junge...

 

FRAU JUNGE.-Ja?

 

MARTIN.-Después de la guerra...

 

FRAU JUNGE.-Ja?

 

MARTIN.-...Niéguelo.

 

FRAU JUNGE.-¿El qué ?

 

MARTIN.-Tiempo al tiempo.

 

FRAU JUNGE.-Jawohl, señor. ¿Usted lo hará así?

 

MARTIN.-A mí me lo darán hecho.

 

 

(Vuelve EVA, portando un gramófono. Es dichosa. Ubica el aparato en alguna parte. Lo pone en marcha.)

 

 

EVA.-(Llevándose el dedo índice a los labios.) ...Shhhh...

 

 

(Comienzan a sonar las notas de un himno nacionalsocialista. EVA da palmas. Aparece ADOLF. Viste abrigo militar con el cuello subido.  Saludo romano de MARTIN y FRAU JUNGE.)

 

 

MARTIN y FRAU JUNGE.-Ave, Führer!

 

ADOLF.-Eva, apaga ese trasto.

 

EVA.-(Tarareando el himno y dando palmas sin cesar.) La, la, la, la, la, la, lará...

 

ADOLF.-Eva...

 

EVA.-(Ni caso.) ...La, la, la, la, la, la, lará...

 

ADOLF.-(Estalla.) Stauffenberg! ¡Apágalo !

 

 

(Ella obedece ipso-facto.)

 

 

...Hostiaputa, qué alivio...

 

MARTIN y FRAU JUNGE.-(Repitiendo el saludo.) Ave, Führer!

 

ADOLF.-(Entre dientes.) ...El que va a morir os saluda.

 

 

(Estupefacción de MARTIN y FRAU JUNGE.)

 

 

EVA.-Bah. No lo toméis en serio. Se ha vuelto sombrío... con lo de los yanquis, los soviéticos y el temblor de la mano izquierda -que a mí me parece de lo más sexy.

 

ADOLF.-(Su mano izquierda tiembla.) ¡Mi mano izquierda no tiembla! (La sujeta con la derecha.)

 

EVA.-Vas a asustar a Martin y a Frau Junge.

 

ADOLF.-Llego tarde. Estaban asustados sin mí.

 

MARTIN.-Oh, nonono... Oficialmente, al menos... no.

 

EVA.-¿Por qué no has traído a Blondi contigo?

 

ADOLF.-Llegas tarde. Acabo de matar a mi perra.

 

EVA.-¿A Blondi? ¿Por qué?

 

ADOLF.-¿Por qué no?

 

MARTIN.-Sabia decisión, Mein Führer. Los animales distraen el ánimo guerrero del soldado.

 

ADOLF.-Son como las mujeres... y como el resto de los hombres: prescindibles.

 

FRAU JUNGE.-¿Anoto a su perra en la lista de bajas?

 

ADOLF.-¡No! Blondi traicionó a su Führer. No merece más que oprobio. Ella y sus descendientes. Y sus ancestros caninos. El árbol genealógico, entero. Frau Junge...

 

FRAU JUNGE.-¿Ja, oh, mi dios del Olimpo?

 

ADOLF.-Indague en los antecedentes familiares de la perra. Habrá judíos en una de las ramas. Me juego el cuello a que es así.

 

MARTIN.-(Como si la apuesta hubiera sido lanzada en serio en mitad de una partida de cartas.) No voy.

 

FRAU JUNGE.-A sus órdenes, Mein Führer... En el supuesto de que no hubiera antecedentes judíos... ¿los invento, según lo acostumbrado?

 

ADOLF.-Es lo que dicta la costumbre. Y ya sabe del cariño que dispenso a las tradiciones.

 

EVA.-(Sigue impactada por la muerte de la perra.) ¿Qué le has hecho a Blondi?

 

ADOLF.-Cianuro. En cápsulas. Ahí reside la traición que una perra, un ser vivo... prescindible... cometió con der Führer de die Führer.

 

EVA.-Pero... ¿qué hizo?

 

ADOLF.-(Pausa.) Yo sospechaba que el veneno del que dispongo para las emergencias y el aliño de los restaurantes hebreos no era verdaderamente mortal. De manera que decidí experimentar con Blondi. La perra murió en cuestión de segundos, quitándome la razón. Le quitó la razón al Führer, al capataz, al capitán, al caudillo, al cicerone, al conductor, al dirigente, al faro, al guía, al jefe, al líder, al piloto... A todos ellos. ¡Traidora!

 

MARTIN.-La voz de la justicia ha hablado.

 

ADOLF.-(Advierte la desazón de EVA.) Oh, cielo. Es otro cadáver. Otro cadáver, simplemente. ¿Vas a enfadarte conmigo por un número añadido a la estadística de los números sin nombre?

 

EVA.-Blondi... tenía nombre.

 

ADOLF.-Ahora... no.

 

MARTIN.-Sea pragmática, Fräulein Braun.

 

EVA.-(Pausa. Un tanto ida.) Ahora mismo... mi único deseo es... volar.

 

ADOLF.-Sigue la tontería.

 

EVA.-¡Volemos, Adolf!

 

MARTIN.-Mein Führer... si lo desea, Frau Junge y yo nos retiraremos.

 

ADOLF.-¡Ha habido retiradas de sobra!

 

EVA.-¡Volemos!

 

ADOLF.-Volaremos... en pedazos. ¿No te consuela?

 

EVA.-(Encogimiento de hombros.) Si es junto a ti... (Pausa.) ¿Junto a tus pedazos?

 

 

(Ruido lejano de aviones. Lejano estruendo de una guerra próxima.)

 

 

¿Oyes, Adolf? ¡Son aviones!

 

ADOLF.-(Preocupado.) ...Aviones...

 

MARTIN.-(Resignado.) ...Aviones...

 

FRAU JUNGE.-(Constatándolo, fríamente.) ...Aviones...

 

EVA.-¡Salgamos a verlos!

 

MARTIN.-Le recomiendo que permanezca bajo techo, Mein Führer. En concreto... bajo este techo de cemento armado.

 

EVA.-Oh, Martin... Déjanos disfrutar del espectáculo.

 

MARTIN.-Es un espectáculo que puede herir su sensibilidad.

 

EVA.-Ya soy mayorcita.

 

 

(Ruido lejano de explosiones. Sobresalto general.)

 

 

ADOLF.-(Murmullo.) ...Tannhäuser...

 

 

(Más detonaciones.)

 

 

FRAU JUNGE.-(Contando los estallidos.) ...Drei... Vier... Fünf...

 

EVA.-¿Ese ruido es... ?

 

MARTIN.-...Parte del espectáculo, Fräulein Braun. La percusión.

 

ADOLF.-Eva...

 

EVA.-(Atemorizada por los estallidos de fuera.) ¿Adolf...?

 

ADOLF.-...Ve al dormitorio. He de tratar asuntos de Estado.

 

EVA.-Sí, pero...

 

ADOLF.-Pero... ¿qué?

 

EVA.-...No son los aviones los que hacen ese ruido... ¿a que no? No son mis aviones. No, no lo son. Mis aviones sólo vuelan y vuelan junto a nosotros... junto a nuestros pedazos... Vuelan y vuelan y vuelan... y nunca aterrizan.

 

MARTIN.-...Grandes reservas de combustible, las de esos aviones...

 

ADOLF.-Al dormitorio, Eva...

 

EVA.-No. No son mis aviones.

 

ADOLF.-¡Al dormitorio! ¡Volando!

 

 

(EVA sale, dirigiendo una última mirada hacia arriba, buscando esos aviones.)

 

 

...Odio amarla.

 

MARTIN.-Comprendo, Mein Führer. Es un sentimiento inversamente proporcional al que experimenta por las razas inferiores. A éstas... ama odiarlas.

 

ADOLF.-Siempre tan certero, Martin.

 

MARTIN.-Me halaga, Mein Führer.

 

ADOLF.-Te miento.

 

MARTIN.-Jawohl.

 

ADOLF.-Frau Junge... déjenos a solas. Luego la llamaré.

 

FRAU JUNGE.-¿No necesita a alguien para transcribir las conversaciones?

 

ADOLF.-No conversaremos: nos tiraremos los trastos a la cabeza hasta hallar a un culpable.

 

FRAU JUNGE.-¿No necesita a alguien para catalogar los restos?

 

ADOLF.-Serénese, Frau Junge. Ocupará su lugar en la Historia. Después.

 

FRAU JUNGE.-¿No necesita a alguien para revisar los libros de Historia?

 

ADOLF.-(Respira hondo.) ...Tendrá su oportunidad. Se lo aseguro.

 

FRAU JUNGE.-A tus órdenes, oh, César de Césares. (Sale.)

 

MARTIN.-Una mujer eficiente.

 

ADOLF.-Un hombre en potencia.

 

 

(Se reduce el estruendo de la batalla.)

 

 

MARTIN.-(Señalando hacia arriba.) Con ellas... con las mujeres... se va la guerra.

 

ADOLF.-Ya volverán. Ellas... y la guerra.

MARTIN.-Me complace volver a tratar con el Führer asuntos de Estado.

 

ADOLF.-No queda Estado.

 

MARTIN.-Oficialmente...

 

ADOLF.-(Cortando la exposición de MARTIN, con sequedad.) Martin... ¿qué piensas hacer?

 

MARTIN.-¿Respecto a...?

 

ADOLF.-¿Vas a escapar en el momento culminante?

 

MARTIN.-Hombre, Mein Führer... De manera oficial...

 

ADOLF.-Sí, sí. Conozco la propaganda: de cara a la opinión pública... lucharás a mi lado hasta el cataclismo. Aunque... en tu fuero interno... deseas que el tirano –osease: yo- desaparezca de una vez por todas, para así justificar tu huida a través de una ruta de escape formada por túneles infectos llenos de ratas.

 

MARTIN.-Nein. El túnel que he escogido está libre. Al menos... yo no he visto ratas. ...Que tampoco pasaría nada, si las hubiera. No atravesamos horas higiénicas, precisamente... Desde el comienzo del fin, los roedores forman parte de la dieta alemana. Un bocado apetecible. Bocato di cardinale, ahora que el caviar no existe. Bocato, ahora que tampoco existen más cardenales que los de la piel.

 

ADOLF.-(Impávido.) ¿Has escogido a tu compañero?

 

MARTIN.-Mi compañero eterno es mi Führer.

 

ADOLF.-Eso... oficialmente; pero... ¿en la práctica...?

 

MARTIN.-Huiré con Stumpfegger, Axmann, Kempka, Beetz, Naumann, Schwaegermann y Rach.

 

ADOLF.-(Irónico.) ¿Quiénes son los delanteros?

 

MARTIN.-Jugaremos a la defensiva.

 

ADOLF.-¿Va a quedarse alguien?

 

MARTIN.-El enemigo no se irá de buenas a primeras.

 

ADOLF.-...Ya.

 

 

(Después de unos segundos indecisos, ADOLF toma asiento, derrumbándose. Su mano izquierda tiembla.)

 

 

MARTIN.-¿Se encuentra bien?

 

ADOLF.-(Hablando en alemán.) ...Ja.

 

 

(Se miran.)

 

 

...Es la verdad... que duele.

 

MARTIN.-No estamos habituados a escucharla.

 

ADOLF.-Huye. ¿A qué esperas, Martin?

 

MARTIN.-Espero a Stumpfegger, Axmann, Kempka, Beetz, Naumann...

 

ADOLF.-¡Huye!

 

MARTIN.-He hecho un juramento.

 

ADOLF.-Han matado a Mussolini.

 

MARTIN.-La muerte llega al pobre y al rico, al opresor y al oprimido, al artista y al empresario...

 

ADOLF.-...a mí... (siniestro) y a ti.

 

MARTIN.-...Es probable.

 

ADOLF.-¿Morirías por mí?

 

MARTIN.-Moriría por la Patria. Oficialmente.

 

ADOLF.-¿Morirías conmigo?

MARTIN.-(Carraspea. Cambia de tema.) Los americanos han bombardeado la última fábrica de juguetes. ¿Militarizamos a los niños? Ya no tienen excusa para negarse a luchar.

 

ADOLF.-(Se incorpora.) ¿Bailarías conmigo?

 

MARTIN.-Mein Führer... Soy heterosexual.

 

ADOLF.-¿Bailarías ritmos africanos... conmigo?

 

MARTIN.-Mein Führer... Soy blanco.

 

ADOLF.-¿Bailarías ahora mismo... conmigo?

 

MARTIN.-Mein Führer... Soy torpe.

 

ADOLF.-Deja que la música te guíe.

 

MARTIN.-¿Qué música?

 

ADOLF.-La que no atiende a marchas militares. La que brota de tu corazón.

 

MARTIN.-¿La que brota de...?

 

 

(Se interrumpe al escuchar las primeras notas de “Lily Marlene”. Sorpresa. ADOLF sonríe. Se aproxima al otro personaje.)

 

 

ADOLF.-¿Lo ves?

 

 

(El tirano abre los brazos, invitando a MARTIN a compartir unos pasos de baile.)

 

 

MARTIN.-(Traga saliva.) Las... las mujeres... podrían volver, Mein Gott. Y... no quiero ni pensar... lo que pensaría el enemigo si nos descubre en actitudes tan... tan poco... nacionalsocialistas.

 

ADOLF.-El enemigo no piensa.

 

MARTIN.-...Si ésa es la doctrina de hoy...

 

ADOLF.-Martin, ¿me concede este baile?

 

 

(Tras unos últimos titubeos, MARTIN accede. Los dos hombres se juntan e inician un baile crepuscular. La melodía avanza, inmisericorde. ADOLF suspira. Después de un rato, el dictador trata de besar a su subordinado.)

 

 

MARTIN.-(Se separa de él.) Mein Führer!

 

 

(La música se interrumpe. Comienzan a oírse cañonazos.)

 

 

ADOLF.-Escucha. (Pausa.) Tu corazón, que se desboca.

 

MARTIN.-¿Es el amor?

 

ADOLF.-Es el amor.

 

MARTIN.-El amor y la guerra.

 

ADOLF.-Lo mismo da.

 

 

(El estruendo de los cañonazos va perdiéndose.)

 

 

MARTIN.-Adiós a las armas.

 

ADOLF.-No me rindo, Martin. El Führer no se rinde. ¿Se rindió Calígula? ¿Se rindió Stalin? ¿Se rindieron los grandes benefactores de la Humanidad? ¡Pues yo, tampoco! Si no puedo poseer el mundo... ¡os poseeré a vosotros!

 

MARTIN.-Yo ya soy suyo.

 

ADOLF.-(Ira.) Nein! (Pausa.) ¡No lo eres ! Y... si lo eres... lo eres con el tiempo justo. Huirás. Quizá te salves. Tú serás el último traidor. ¡Debería mandarte al infierno!

 

MARTIN.-¿Existe otro infierno?

ADOLF.-¡Debería ordenar que te fusilaran!

 

MARTIN.-Lo que mi amo y señor diga.

 

ADOLF.-¿Me eres fiel?

 

MARTIN.-Más que una casadera primeriza.

 

ADOLF.-Muere conmigo.

 

MARTIN.-Uh... Mein... César... estimo que con el baile hemos tenido suficiente.

 

ADOLF.-¡Nunca es suficiente! ¡Siempre es todavía! ¡Jamás es ya!

 

MARTIN.-...Ja, Mein Führer...

 

ADOLF.-(Silencio.) Hay días en los que la noche se presiente desde el alba, Martin. Hoy es uno de esos días.

 

MARTIN.-No es diferente a los demás: bombas incendiarias, enemigo a las puertas, escombros... gritos.

 

ADOLF.-(Gritando.) ¡YO NO GRITO!

 

MARTIN.-...Nein, Mein Führer...

 

ADOLF.-(Larga pausa.) Martin... ¿Crees que cuando se acerca el final...   –cuando sabes que se acerca el final- toda tu vida pasa ante ti en un segundo?

 

MARTIN.-Creo que... cuando se acerca el final... uno está tan ocupado tratando de evitarlo, que ni se da cuenta de lo que pasa ante él. ...Si es que pasa algo.

 

ADOLF.-Hace unas horas he tenido una experiencia metafísica. Estaba en la cama –fingiendo que dormía (porque Eva andaba cerca)- y así, manteniendo los ojos cerrados, me vi a mí mismo, de niño. Con mis pantalones cortos, con mi sombrero afeminado, con mi bigote mosca...

 

MARTIN.-...El niño angelical soñado por las madres alemanas...

 

ADOLF.-Era tan rico. Tan inocente. Tan superior a los demás niños. (Pausa.) ...Me vi junto a mi primer judío. ¿Sabes, Martin? Mi primer judío no era ni siquiera judío. No sé muy bien lo que era. No importaba. No era como yo. No era como nosotros. Fue un regalo de mi madre. Ah. Aún la recuerdo. Su cara ovalada, sus cabellos recogidos... sus ojos de loca. Mi pobre madre era sumisa, reservada, silenciosa... Estaba entregada al cuidado de su casa y de su familia. Me quería. Sé que querer constituye un signo de debilidad, pero a ella parecía no importarle. Y era aria. Te aseguro que era aria. Aria. (Pausa.) Procuraba satisfacer mis caprichos, Martin. Y yo, desde hacía meses, martilleaba a mis padres con la frase: (imita el tono de voz infantil) “¡quiero un judío!” (Con voz normal.) Compréndeme. Era el entretenimiento de moda, para los niños rubios y de ojos azules. Los pequeños de familia acomodada adquirían un judío de pura cepa. Los niños de clase media se tenían que conformar con un judío que tirara a gitano. Y los muchachos pobres se quedaban con los restos. O con algún negro despistado. En mi interior, ardía de rabia, porque mi padre consideraba que regalarme un judío puro –de los que vienen con barba incluida- suponía un dislate económico. Me negaba la diversión. Mi padre fue el primer hombre al que deseé purificar en las llamas del fuego eterno. Ante mi insistencia    –(voz infantil) “¡quiero un judío! ¡quiero un judíoooo!”- (voz normal) decidió golpearme los días laborables.

 

MARTIN.-...Como hoy.

 

ADOLF.-Sí. Hoy es uno de esos días.

 

MARTIN.-No es diferente a los demás. El país trabaja sin descanso desde que empezó la guerra. Los domingos fueron abolidos. Decreto mil novecientos treinta y nueve barra seis millones.

 

ADOLF.-(Pausa. Retoma.) Mi padre me golpeaba de lunes a sábado. Viendo que aquel castigo no era suficiente para frenar mi obsesión judaica, amplió las palizas a los domingos y los días festivos sin excepción. No cedí. No lloré. Soportaba las palizas con estoicismo. En una de esas palizas llegó a arrancarme el bigote. Me ridiculizó. Martin... tú no me has visto sin bigote... ¡Dantesco! En él reside mi virilidad.

 

MARTIN.-Y la virilidad del Reich.

 

ADOLF.-No cedí, Martin. Como no cedo ahora. En la cama, con los ojos cerrados, me vi de espaldas a mi padre, mostrándole mi trasero germánico y gritando: “¡quiero un judío!” (Breve silencio.) ...No cedí. Pero el viejo tampoco cedió. No me consintió el capricho. Probé a calmar mi ansiedad con los negros, los gitanos y los comunistas... –no necesariamente en este orden-. No me calmaba. Tampoco cedía la ansiedad. Mi madre, mi pobre madre, mi madre aria... sintió lástima por su retoño. La única vez que he despertado la compasión de alguien, Martin. Ella se apiadó de mí y adquirió aquel judío que ni siquiera era judío. Mamá decía que sí lo era... aunque en estos asuntos no hay quien burle mi intuición. No era judío. Se parecía a ellos, pero no era judío. Le agradecí eternamente a mi madre aquel gesto. Fue mi bautismo racial. El hipotético judío no aguantó los primeros golpes. Se desplomó sobre el pavimento y empezó a suplicarme. No quería asumir su final. El final, Martin. El final... Estoy seguro de que a aquel cabrón se le pasó toda su vida por delante en cuestión de segundos. Toda su vida. Su existencia encaminada a servir de sparring en una calle austriaca.

 

MARTIN.-¿Lo dejó ir?

 

ADOLF.-¿Estás chiflado? Si lo hubiera dejado ir... ¡hoy aporrearía las paredes del búnker junto a cien millones de soviéticos!

 

MARTIN.-Ajá. Los exterminados tienden a ser rencorosos.

 

ADOLF.-(Asiente. Pausa.) Acabé con aquella bestia infrahumana. A patadas. El muy idiota se cubría el rostro empleando las manos. Se las cosí a puntapiés.

 

MARTIN.-El procedimiento de antaño.

 

ADOLF.-Una tradición. Y ya sabes del cariño que dispenso a las tradiciones.

 

MARTIN.-(Reprobatorio chasquido de lengua.) El cariño, Mein Führer... El cariño... Lo que le pierde es el cariño.

 

ADOLF.-(Sigue con la narración.) Las patadas abrieron paso. Las manos del falso judío cedieron. Pero yo no. Fui moldeando sus dedos hasta que se convirtieron en colgajos inanimados... animados por mis patadas. Podía escuchar sus falanges, crujiendo como el maíz. Falange a falange. Qué hermosa palabra:  “falange”. Me devuelve a la Antigua Roma.

 

MARTIN.-Para mí tiene un agridulce sabor español.

 

ADOLF.-Olé, Martin. Olé.

 

MARTIN.-Olalá.

 

ADOLF.-(Pausa.) Alcancé la cara del hijoputa. Taca, taca. Creo que ya estaba muerto. No gimió al perder sus dientes. No chilló al perder sus ojos. No berreó al sentir el frío del cañón en la sien. Estrené mi pistola con el puerco judío que no era judío, Martin. Una Lugger. Otro obsequio de mamá. (Confuso.) ¿O fue un obsequio de papá y la Lugger la estrené con otro?

 

MARTIN.-Los recuerdos de la infancia son brumosos.

 

ADOLF.-(Largo silencio.) Mi segundo judío era un comunista. Se rompió antes que el primero. Lo cosí a martillazos. Me volvía genial por momentos y quise establecer una ironía con el rojo: un martillo –símbolo bolchevique- acababa con él. Y porque no había un hoz a mano, que si no...

 

MARTIN.-Ah, los comunistas. Qué aburrido sería el mundo sin ellos.

 

ADOLF.-Mi tercer judío era palestino.

 

MARTIN.-¡Brillante!

 

ADOLF.-Una hermosa contradicción, sí. Respondió igual que los otros dos: súplicas y muerte. Bueno... éste falleció mirando a La Meca.

 

MARTIN.-¡Sublime!

 

ADOLF.-A partir de ahí... miles... cientos de miles... miríadas de judíos, de homosexuales, de comunistas... De idiotas, en suma. Adquirí experiencia. Gané confianza. Obtuve el título de matarife.

 

MARTIN.-El mejor.

 

ADOLF.-El mejor. Matarife de matarifes. Supe descubrir que todo mediocre lleva un matarife dentro. El populacho es mediocre. El populacho es una reunión de matarifes. Si A es igual a B y B es igual a C, A es igual a C.

 

MARTIN.-...La gélida lógica...

 

ADOLF.-Si un judío es igual a un negro y un negro es igual a un amarillo, un judío es igual a un amarillo. A=B, B=C, A=C.

 

MARTIN.-¿Y los arios?

 

ADOLF.-Los arios somos la D. No contamos en el silogismo. Nos situamos por encima. Por encima del silogismo y por encima de la lógica.

 

MARTIN.-El sistema funciona.

 

ADOLF.-(Silencio.) No, Martin. No temo a los judíos. Acabo con ellos como con las moscas. Y no temo a las moscas.

 

MARTIN.-Otro silogismo.

 

ADOLF.-Casi.

 

MARTIN.-Huy.

 

ADOLF.-La temo a ella.

 

MARTIN.-¿A la filosofía?

 

ADOLF.-A Eva.

 

MARTIN.-¿A la Eva del Antiguo Testamento?

 

ADOLF.-A la Eva del... “Nuevo Tormento”.

 

MARTIN.-¿Fräulein Braun?

 

ADOLF.-(Asiente.) ...Y, por extensión, a todo el género femenino.

 

MARTIN.-¿Incluso a las judías?

 

ADOLF.-El miedo a las judías lo oculto bajo el odio racial. Bajo el odio racial y bajo mi aprensión a las legumbres.

 

MARTIN.-Fräulein Braun es un corderillo. ¿Por qué ese temor repentino?

 

ADOLF.-Porque Eva quiere... (Se frena. Mira a un lado y a otro. Le tiembla la mano izquierda.)

 

MARTIN.-¿...Amor...? Pierda cuidado, Mein Führer. Todas se enamoran. Las mujeres... los corderillos... buscan el amparo del buen pastor.

 

ADOLF.-No es amor.

 

MARTIN.-¡Lo sabía! ¡Sabía que no era amor! Pediré cuentas a Frau Junge.

 

ADOLF.-Eva quiere... (baja la voz) eso.

 

MARTIN.-¿Eso?

 

ADOLF.-Eso.

 

MARTIN.-¿Estamos hablando de... eso?

 

ADOLF.-De eso mismo.

 

MARTIN.-(Pausa.) Pues... tíresela.

 

ADOLF.-No es tan fácil.

 

MARTIN.-Ficken ist gesund. Una prueba de resistencia. Veo más complicado aniquilar civilizaciones: cuesta dinero, es reprobable... y se suda.

 

ADOLF.-Y... en... eso... ¿no se suda?

 

MARTIN.-Pero se comparte el esfuerzo.

 

ADOLF.-Y... ¿no cuesta dinero? ¿No es reprobable?

 

MARTIN.-(Apurado.) Uh... Sí, sí... Pero... da gusto.

 

ADOLF.-Exactamente el mismo gusto que el poder.

 

MARTIN.-Hombre, Mein Führer, nein.

 

ADOLF.-(Angustiado.) Le tengo pánico a los colchones, Martin.

 

MARTIN.-Bórdeles una esvástica. La visión de la esvástica... relaja. Lo he leído en Mein Kampf.

 

ADOLF.-Los fluidos se entremezclan, los cuerpos se entrelazan, la sangre se agolpa en las sienes y los músculos se contraen en una orgía de esfuerzo inhumano. (Carraspea. Disimulo.) Lo he leído en la crónica deportiva. (Pausa.) Y el chirrido de los muelles, Martin...

MARTIN.-Pero da gusto.

 

ADOLF.-Qué horrible estruendo. Tan alejado de la música celestial que se interpreta en el frente. Las ametralladoras, los obuses... (relamiéndose con placer) los lanzallamas. ¡Floaaaash!

 

MARTIN.-Es... otra forma de hacer el amor.

 

ADOLF.-(Pánico.) ¿Hacer el amor? ¿Quién habla de hacer el amor?

 

MARTIN.-¡Lo sabía! ¡Sabía que no era amor!

 

ADOLF.-¡Hablo de la coyunda! ¡De la jodienda! ¡Del amancebamiento! ¡Hablo del coito! ¡De la chingada! ¡Del folleteo! ¡Del ñaka-ñaka! ¡Del toma y dale! ¡Del chunda-chunda! ¡Hablo del mete y saca! ¡Del “ooooh” y del “aaaaaaaaaaay”! ¡De la cópula! ¡De la penetración! ¡De los polvos! ¡Hablo del Reich en versión no tolerada! ¡Hablo de Alemania al desnudo!

 

MARTIN.-(Larga pausa.) Pues... tíresela. Ficken ist gesund.

 

ADOLF.-...Es fácil decirlo.

 

MARTIN.-Hacerlo es cuestión de cerrar los ojos.

 

ADOLF.-Eva quiere casarse.

 

MARTIN.-Razón de más para cerrar los ojos, Mein Führer.

 

ADOLF.-Le han entrado las prisas.

 

MARTIN.-Es por la guerra.

 

ADOLF.-Y por los rusos.

 

MARTIN.-Y por los trastornos propios de la edad.

 

ADOLF.-Aún es joven.

 

MARTIN.-Muchas ancianas vivirán más que ella.

 

ADOLF.-Lo he dispuesto. Nos casaremos hoy.

 

MARTIN.-Mejor así... ya que no habrá mañana.

ADOLF.-¿Querrás ser mi testigo?

 

MARTIN.-¿Es una orden?

 

ADOLF.-¿Obedecerías?

 

MARTIN.-¿Es una orden, entonces?

 

ADOLF.-Lo es.

 

MARTIN.-¡Jawohl, Guía de Occidente!

 

ADOLF.-Después del matrimonio, aguarda tras la puerta. Querré consultarte.

 

MARTIN.-¿Acerca del amor ?

 

ADOLF.-Acerca de la coyunda, de la jodienda, del amancebamiento... Acerca del coito, de la chingada, del...

 

MARTIN.-Acerca del honor del macho.

 

ADOLF.-Ve a por tus mejores galas.

 

MARTIN.-Mis objetos de valor están en Suiza.

 

ADOLF.-¿Qué hacen allí?

 

MARTIN.-Me esperan.

 

ADOLF.-Vete, Martin.

 

MARTIN.-¿Puedo huir?

 

ADOLF.-Tras la boda. Tras la coyunda.

 

MARTIN.-Tras la puerta.

 

ADOLF.-Vete.

 

 

(MARTIN hace chocar los tacones de sus botas, marcialmente. Levanta el brazo. Va a salir. Se detiene.)

MARTIN.-Ah, Mein Führer...

 

ADOLF.-Ja?

 

MARTIN.-Dígale cosas bonitas.

 

ADOLF.-Soy especialista en demagogia.

 

MARTIN.-Ellas se lo creen. También son parte del pueblo.

 

 

(ADOLF asiente. Nuevo saludo marcial de su subordinado.)

 

 

ADOLF.-(Pausa. Vista al frente.) Con cuánto gozo pronunciaría un último discurso antes del “sí, quiero”. Con cuánto orgullo me dirigiría a los míos  –a los que todavía son míos- y exclamaría:

 

 

(Carraspeo. Durante el discurso siguiente, se escucharán los acordes de “Pompa y circunstancia”, de Elgar.)

 

 

“¡Compatriotas, hombres y mujeres hombrunas! Nosotros, los nacionalsocialistas, los nacionalistas, los socialistas... los “istas”... los... sufijos... formulamos por primera vez públicamente la pregunta al mundo que pretendemos conquistar: ´¿Quién es el culpable de la guerra?´ Responder a esta cuestión es una empresa arriesgada. Alguien dirá que los culpables de la guerra somos nosotros mismos, los belicosos, los asesinos organizados. Esta mentira es, sencillamente, monstruosa. Preguntamos: ´¿debe haber guerras?´ El pacifista, el cobarde, el gallina... responde: ´¡No!´ Él declara en especial que las disputas en la vida de los pueblos son solamente la expresión del sojuzgamiento de una clase humana por la burguesía que en ese momento gobierna. (Pausa.) No pienso repetirlo. No podría. (Pausa. Con nuevos bríos.) En caso de efectivas diferencias de opinión entre los pueblos, el pacifista, el rompecojones... afirma que debe decidir un ´tribunal de paz´. Pero deja sin respuesta la pregunta acerca de si los jueces de este tribunal arbitral también tendrían el poder de hacer comparecer siquiera a las partes ante los estrados. Y, ante eso, yo digo: (Pedorreta. Pausa.) La prensa mundial democrático-marxista-judía ha hecho de los fascistas, de los racistas... de la gente de bien, en suma, una víctima de su política de alianzas. Decían: ´¡Bárbaros! ¡Pensad en la humanidad! ¡Sed humanos!´ ¡Pero con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos! Ahora bien, ¿qué culpa tenemos de la guerra los que la preconizamos? ¡Ninguna! Sólo interpretamos los deseos del pueblo... y, como buenos intérpretes... ¡malinterpretamos! ¡Hablad claro! ¿Queréis guerra? ¡Tendréis guerra! ¿Queréis paz? ¡Tendréis guerra! Porque... sin guerra... no hay, seguidamente, paz. ¡Del conocimiento viene la voluntad de resurgir! ¡Resurgir para destruir y volver a surgir! ¡Sin hundimiento no hay surgimiento! ¡Sin vosotros no hay yo! ¡Dios salve a la... guerra! ¡Alabado sea... yo!”

 

 

(La melodía  ha alcanzado su apogeo. ADOLF saluda. Vuelve FRAU JUNGE. La música desaparece, de súbito.)

 

 

FRAU JUNGE.-¿Da su permiso, oh, mi amo y señor, dador de vida, quitador de vida y dador de muerte?

 

ADOLF.-Adelante, Frau Junge. Hablaba conmigo mismo.

 

FRAU JUNGE.-Hay novedades.

 

ADOLF.-¿Novedades?

 

FRAU JUNGE.-Ja.

 

ADOLF.-¿La guerra ha dado un vuelco? ¿Una epidemia de tifus entre los ejércitos enemigos? ¿Eva ha renunciado al sexo?

 

FRAU JUNGE.-Nein.

 

ADOLF.-¿Qué? ¿Qué?

 

FRAU JUNGE.-Estamos solos.

 

ADOLF.-¿Solos?

 

FRAU JUNGE.-Ja.

 

ADOLF.-¿Quiénes?

 

FRAU JUNGE.-Usted -Mein Führer-, Fräulein Braun, el Chef der Parteikanzlei der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei und Sekretär des Führers y yo.

ADOLF.-(Extremo abatimiento.) ...Solos...

 

FRAU JUNGE.-Bueno... y el enemigo.

 

ADOLF.-¿Han desertado?

 

FRAU JUNGE.-Compréndalos, oh, mi César... El ruido de las bombas está cada vez más próximo.

 

ADOLF.-¿Y mi guardia personal?

 

FRAU JUNGE.-Se ha pasado a la acera de enfrente.

 

ADOLF.-¿Homosexuales?

 

FRAU JUNGE.-Homosexuales y traidores.

 

ADOLF.-¿Y los centinelas?

 

FRAU JUNGE.-Vigilando las entradas y salidas.

 

ADOLF.-Menos mal.

 

FRAU JUNGE.-Vigilando las entradas y salidas para evitar que abandonemos el refugio. Se han pasado al otro lado.

 

ADOLF.-¿Y los funcionarios?

 

FRAU JUNGE.-Funcionando... en el otro lado.

 

ADOLF.-¿Y los generales?

 

FRAU JUNGE.-Dirigiendo las operaciones... desde el otro lado.

 

ADOLF.-¿Y Dios?

 

FRAU JUNGE.-¿Quién...?

 

ADOLF.-(Resignación.) En la acera de enfrente, seguro.

 

FRAU JUNGE.-Probable.

 

ADOLF.-(Toma asiento, casi derrumbándose.) Es tan triste cuando lo piensas. ¡Por qué viviré aún!

 

FRAU JUNGE.-...El metabolismo, la complexión física...

 

ADOLF.-...Et tu Brute...

 

FRAU JUNGE.-Latín.

 

ADOLF.-Ahora ya no se trata de luchar, porque ya no tenemos por qué luchar.

 

FRAU JUNGE.-Lucidez.

 

ADOLF.-Es el final.

 

FRAU JUNGE.-Die Ende.

 

ADOLF.-Es hora de redactar mi testamento, Frau Junge. Tome nota.

 

FRAU JUNGE.-No hay papel. No hay máquina de escribir. No hay ganas. No hay nada.

 

ADOLF.-Tome nota mentalmente. Mantengamos las apariencias hasta que todo acabe.

 

FRAU JUNGE.-Escucho.

 

ADOLF.-Al final de mi vida –coma-, he decidido casarme con la mujer que –coma-, después de muchos años de verdadera amistad –coma-, ha venido a esta ciudad por voluntad propia –coma-, cuando ya estaba casi completamente sitiada –coma-, para compartir mi destino...

 

FRAU JUNGE.-Me enorgullece su proposición de matrimonio –coma-, Mein Führer –coma-, aunque –dos puntos-: eins) el luto me hace más escuálida –punto y coma-; zwei) ¿compartir su destino?

 

ADOLF.-Me refiero a Eva.

 

FRAU JUNGE.-Ah. Pobrecilla. Tan joven.

 

ADOLF.-Calle y apunte.

 

FRAU JUNGE.-Mentalmente. (Cierra los ojos.)

 

ADOLF.-Léame lo que tenemos.

 

FRAU JUNGE.-Que la quiere mucho y bla, bla, bla.

 

ADOLF.-(Reemprende el dictado.) ...para compartir mi destino –punto-. Es su deseo morir conmigo como mi esposa –punto-. Esto nos compensará de lo que ambos hemos perdido a causa de mi trabajo al servicio de mi pueblo           –coma-, ese grupo de cabrones malnacidos... (Pausa.) Esto último no lo apunte. Es un desahogo.

 

FRAU JUNGE.-Desahóguese, desahóguese.

 

ADOLF.-Mis posesiones –coma-, en cuanto valgan algo –coma-, pertenecen al Partido        -coma-, y si éste no existiera –coma-, al Estado   –punto-. Si el Estado también queda destrozado –coma-, en ese caso no son precisas instrucciones de ninguna clase –punto-. (Pausa. Suspira.) Lo que hay que hacer para pasar a la Historia... Lo que hay que dictar...

 

FRAU JUNGE.-Que se lo digan a las secretarias de quienes pasan a la Historia.

 

ADOLF.-(Sigue.) Como ejecutor testamentario señalo a mi más leal camarada de Partido –coma-, Martin –punto-. Le otorgo plena autoridad para tomar toda clase de determinaciones –punto.

 

MARTIN.-(Volviendo, de improviso. Interesado.) ¿Me llamaba, Mein mío?

 

ADOLF.-Nein, Martin. Pero es igual. Tus malas artes son necesarias para afrontar con garantías este paso.

 

MARTIN.-¿...El matrimonio?

 

ADOLF.-Shhh... No hagas que me estremezca. Lo que no consiguieron millones de muertos, va a conseguirlo una ceremonia civil. El Führer tiene miedo.

 

FRAU JUNGE.-(Repite.) “El Führer tiene miedo...” ¿Punto... o coma? ¿...O punto y coma?

 

ADOLF.-Apunte.

 

FRAU JUNGE.-Apunto.

 

ADOLF.-(Dicta.) Mi mujer y yo hemos decidido morir para escapar a la vergüenza de la derrota o la capitulación –punto-. Es nuestro deseo que nuestros cuerpos sean quemados inmediatamente en el sitio en que he realizado la mayor parte de mi trabajo diario en el transcurso de estos doce años de constantes servicios a mi pueblo –coma-, ese hatajo de puercos desagradecidos –punto.

 

FRAU JUNGE.-¿Apunto eso?

 

ADOLF.-Apunte.

 

FRAU JUNGE.-Apunto.

 

 

(Ruido de aviones.)

 

 

ADOLF.-(Mirando hacia arriba.) Apunten...

 

MARTIN.-(Ídem.) ...Fuego.

 

 

(Vuelve EVA.)

 

 

EVA.-(Entusiasmada.) ¡Aviones, Adolf! ¡Avioneeees!

 

ADOLF.-(Para sí mismo.) Que el fin de los tiempos me coja confesado. (Adoptando un tono de voz infantil.) Huy. Qué bonitos, ¿eh?

 

MARTIN.-Fräulein Braun...

 

FRAU JUNGE.-Futura señora del amo del mundo...

 

EVA.-(Con sus cosas. A ADOLF.) Cuqui... ¡Me prometiste un avión!

 

ADOLF.-Y te lo regalaré, pequeñuela... ¿Cuál quieres?

 

EVA.-¡El más grande!

 

 

(Explosiones.)

 

 

ADOLF.-Acabemos con esto. Martin, cásanos.

 

EVA.-¿Casarnos? ¡Bieeeeeen!

 

 

(Más explosiones.)

 

 

MARTIN.-Mein Führer, no me siento capaz de...

 

ADOLF.-¡Cásanos, Martin! ¡Cásanos! Oficialmente, al menos. Eres el único funcionario disponible.

 

MARTIN.-Pero la ley del Reich...

 

 

(El impacto de una bomba en el exterior.  Alarma en los rostros de MARTIN y FRAU JUNGE.)

 

 

MARTIN.-(Hablandoatropelladamente.) TúAdolfaceptascomolegítimayariaesposaaEvasíaceptoytu EvaaceptascomolegítimoyariomaridoaAdánAdolfsíacepto Porelpoderquemeotorganlascircunstanciasylacasualidadyoosdeclaro FühreryesposadeFührerPuedebesaralanoviaotracosaesquequierahacerlo. Amén. Requiescat in Pace. (Toma aliento.)  ¿Me disculpa, oh, Jefe?

 

ADOLF.-Adiós, Martin.

 

MARTIN.-Auf Wiedersehen, Mein Führer. Nos veremos en la otra vida.

 

ADOLF.-Sí, sí... En la acera de enfrente... Ya lo sé.

 

FRAU JUNGE.-¿He terminado por ahora, Mein Führer?

 

ADOLF.-Ha terminado... por esta vida. Adiós, Frau Junge.

 

FRAU JUNGE.-Mañana por la mañana tendrá una copia del certificado de matrimonio en su despacho.

 

ADOLF.-¿En cuál de ellos?

 

FRAU JUNGE.-En el semiderruido.

 

ADOLF.-Estupendo.

 

 

(Un último saludo de ambos servidores del dictador. Éste y su “esposa” quedan solos. El ruido de los aviones y las bombas prosigue, aunque algo más atenuado.)

 

 

EVA.-¿Me regalarás ese avión?

 

ADOLF.-(Extrae unas cápsulas de sus ropajes.) Por supuesto, mi bombón teutónico. Y tanques... Y barcos... Y campos de concentración para que puedas jugar en ellos con tus amigos imaginarios... Mi imperio... para ti solita.

 

EVA.-(Tímida.) Y... ¿me darás un beso?

 

ADOLF.-(Muy incómodo.) Eva... ¿es imprescindible?

 

EVA.-Las parejas que se quieren se besan. Tú me quieres, ¿verdad, Adolf?

 

ADOLF.-Te... Te estimo.

 

EVA.-(Mohína.) ¡No me quieres! ¡No me regalarás un avión! ¡No me besarás!

 

ADOLF.-Te... besaré... si te tomas esto, caramelito. (Le muestra la cápsula.) ¿Un caramelo para mi caramelito?

 

EVA.-¡No quiero caramelos! ¡Quiero aviones! ¡Quiero besos!

 

ADOLF.-Eva... yo... quiero quererte, pero... dame tiempo.

 

EVA.-¿Cuánto?

 

ADOLF.-¡Maldita sea!

 

 

(Se abalanza sobre ella. La besa, durante unos segundos. Se separa.)

¿Querías sexo? ¡He ahí el sexo! ¿Querías guerra? ¡He ahí fuera la guerra! ¿Querías paz? ¡He ahí la paz de los cementerios!

 

EVA.-(Tras un silencio.) ¿Y el avión?

 

ADOLF.-Más allá.

 

EVA.-Vayamos más allá, entonces.

 

ADOLF.-¿Estás segura?

 

EVA.-Te quiero mucho, Adolf. Iré donde tú vayas.

 

ADOLF.-...Danke.

 

EVA.-Pero antes tienes que prometerme una cosa...

 

ADOLF.-Lo que desees, cabrita enloquecida. Excepto el sexo desenfrenado, evidentemente. Dame tiempo para eso.

 

EVA.-No quiero sexo.

 

ADOLF.-¿Ah, no? ¿No eres como las demás mujeres... un animal sediento de placer y destinado a procrear?

 

EVA.-(Muy inocente.) Nooooo... Soy muy joven. Ya habrá tiempo.

 

ADOLF.-Habrá tiempo, sí...

 

EVA.-Prométeme que se acabaron las conquistas y la sed de sangre. Sé bueno.

 

ADOLF.-No me pidas imposibles, Eva.

 

EVA.-¡No me quieres!

 

ADOLF.-¡Está bien! Te doy mi palabra de dictador populista. ¿Sirve?

 

EVA.-Sirve. (Le tiende la mano.) ¿Me das el caramelo?

 

ADOLF.-(Tras un pequeño titubeo.) Es... de fresa...

 

EVA.-No me gustan los de fresa.

ADOLF.-...o de limón, es indiferente. (Se lo ofrece.)

 

EVA.-¿De limón? ¡Bieeeeeen! (Lo toma y se lo introduce en la boca.)

 

ADOLF.-¿Agua?

 

EVA.-Nein. Me gusta saborearlo. Tragarse un caramelo sin saborearlo antes puede resultar peligroso. Me lo dijo mi madre. Mamá se preocupa por mí. Mamá me quiere. Me mima. Por algo es mi mamá. Porque me mima.

 

ADOLF.-Un silogismo espectacular.

 

EVA.-¿Un... qué?

 

ADOLF.-Olvídalo.

 

EVA.-(Saboreando el “caramelo”.) Mmmmmm. Qué rico. Pero me gustan más los de chocolate.

 

ADOLF.-Ahora es de chocolate, si lo prefieres.

 

 

(Ella sigue saboreándolo. Se miran a los ojos. Pausa.)

 

 

EVA.-¿Dónde está mi avión?

 

 

(EVA se desploma instantáneamente. ADOLF permanece inmóvil.)

 

 

ADOLF.-...Ahí. (Larga pausa.) Me has engañado, Eva... Cómo me has engañado... Pensaba que eras otra mujer, otra tentación, otra enviada del diablo... otra harpía en ese mundo de harpías tan alejado del sabio mundo del hombre: enérgico, avasallador... superior. Y no. No eras otra. Eras tú. Tú. Casi me entristece lo que ha pasado, fíjate. ¿Has encontrado tu avión? Me alegro por ti. Yo sigo buscando. No busco aviones, como creo que tú ya sabes. Busco remover el universo, transformarlo... hacerlo mío. El todo o la nada. Donde la nada es el todo. Donde las mujeres también sois soldados dispuestos a entregar su vida por la causa de la muerte. Donde los hombres ejercemos de auténticas harpías, de genios maléficos alados y de garras amenazadoras. Y, al igual que hace tu avión, volamos... Volamos en busca de las almas inocentes. Volamos en busca de personas como tú, Eva...

(Renovado estruendo de las bombas en el exterior.)

 

 

...Vienen. (Esgrime una pistola.) Un imperio que se acaba. Un imperio que, con su fin, crea, pare, da origen a nuevos imperios...

 

 

(Empieza a escucharse el himno nacional estadounidense, de fondo.)

 

 

Ja, Eva... Ja, mi harpía bondadosa...

 

 

(La música va imponiéndose.)

 

 

...Habrá nuevos imperios.

 

 

(Se introduce su cápsula particular en la boca y se lleva la pistola a la sien. El himno norteamericano, en su apogeo. Oscuro. Suena un disparo.)

 

 

TELÓN

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