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Homo eróticus

de Víctor Antero Flores

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

Homo eróticus

(Teatro)

 Víctor Antero Flores

 victor_afz@hotmail.com

 

Obra publicada en la antología de Teatro Saltillense, compilación del taller de dramaturgia de Enrique Mijares en 2007.

 

 

PERSONAJES:

Juan: 35 años.

Petra: 30 años.

Neto: 35 años.

Mesera: 25 años.

Sofía: 45 años.

 

 

1

Cuarto de hotel. En la cama Juan y Sofía terminan de hacer el amor.

SOFÍA: Nunca pensé que iba a terminar en la cama con un muchachote como tú.

JUAN: Lo dices como si fuera tu primera vez.

SOFÍA: Nunca lo había hecho con alguien más joven que yo. Además resultaste buen amante.

JUAN: Es fácil con una mujer guapa.

SOFÍA: Y eso que soy más vieja que tu esposa.

JUAN (La besa): En realidad te ves más joven.

SOFIA: A veces me dicen que si soy hermana de mi hija.

JUAN: No sabía que tuvieras una hija.

SOFÍA: Tengo dos. La mayor ya tiene dieciocho años y la menor siete.

JUAN: Mi mayor ilusión es ser papá... Tres años de casados y a penas estamos hablando de tener el primero, aunque te confieso que me siento viejo para criar un hijo.

SOFÍA: Eres joven...

JUAN: Tengo treinta y cinco. Si me tardo más voy a ser un padre ruco. Mi papá me llevaba cuarenta años... nunca congeniamos.

SOFÍA: Eso no tiene nada qué ver. Mi hija y yo somos amigas.

JUAN: Depende de cómo son las personas.

SOFÍA: Tú serías un buen padre. Eres del tipo educado, comprensivo, paciente y te gusta ir a bailar. Sí te sale reventado vas a tener que comprenderlo.

JUAN: Iremos juntos a La Mancha. Le enseñaré a bailar y a ligar...

SOFÍA: Presumido, hasta crees que saliste bueno para las dos cosas.

JUAN: Sólo para bailar.

SOFÍA: Mentiroso. Mira dónde me tienes.

JUAN: En serio, no soy bueno para esto.

SOFÍA: A mí no me engañas, don Juan.

JUAN: A don Juan no le daba cruda moral.

SOFÍA: ¿Y a ti sí?

JUAN: Al principio. Ahora estoy más tranquilo.

SOFÍA: Conozco hombres que nunca tienen remordimientos.

JUAN: A lo mejor no lo dicen.

SOFÍA: A mí no me da culpa, no hay por qué. No estoy haciendo nada malo.

JUAN: Sólo me sentía incómodo. Hay cánones sociales... tu sabes como te educan algunas mamás.

SOFÍA: No hagas caso de lo que dice tu mamá.

JUAN. Lo mismo dice Neto.

SOFÍA: No te preocupes tanto. Vive y ya.

JUAN: Hay un cambio muy fuerte en mi vida.  Estoy al principio de algo grande. Ni yo mismo me reconozco. A veces me digo... Juan, éste no eres tú.

SOFÍA: Si yo escribiera mi vida saldría una buena telenovela. No tienes idea de lo que me ha pasado.

JUAN: Supongo que con el tiempo me iré sintiendo mejor.

SOFÍA: Yo soy tu amiga. No te voy a exigir nada y espero que tú no me exijas nada.

JUAN: Tal y como lo acordamos. Conmigo ya sabes, sólo quiero dar algunos pasitos en la pista, otros en la cama.

SOFÍA: Tu mujer no te va a perdonar esta.

JUAN: Mi mujer ya sabe que estoy aquí contigo.

SOFÍA: No creo que sea de mente tan abierta.

JUAN: Le puse las cartas sobre la mesa, ella decide si está de acuerdo.

SOFÍA: De ser posible sería genial.

JUAN: Todos tenemos una intimidad, una libertad y una autonomía... ¿porqué tiene todo eso qué acabarse con el matrimonio?

SOFÍA: Seguro que le cayó como pedrada tu sinceridad.

JUAN: Sí, pero el que se estaba haciendo güey era yo. No me descubrí desde el principio, por lo mismo de las reglas sociales... pero ahora que no tengo nada que ocultar, qué ligerito me siento.

SOFIA: Me gustan los hombres honestos, aunque tú eres el primero que conozco. Creo que vamos a ser buenos amigos.

JUAN: Amigos... Lo que más me gusta de ti es que bailas bien rico.

SOFÍA: Yo no tengo miramientos para bailar o coger. Salgo con un hombres casados, y lo saben.

JUAN: En santa paz. Qué a todo dar.

SOFÍA: ¿Como bailas eres en la cama?

JUAN: Soy buen bailarín. Hay que ir a La Mancha todos los fines de semana.

SOFÍA: Dejaste algunas muchachas pendientes... la chica que estuvo bailando con nosotros, por ejemplo.

JUAN: Se ve que me trae ganas.

SOFÍA. Y tú a ella.

JUAN: Es cierto.

SOFÍA: Se te iban los ojos, parecías lobo.

JUAN: Eso les encanta a ustedes, que las miren.

SOFÍA: ¿Y a quién no?

JUAN: Me gusta estar así. Hoy no me preocupa nada.

SOFÍA: ¿Y los telefonazos?

JUAN: Esos me valen madre.

 

 

 

Tres días antes

Noche, exterior de casa. Son las tres de la mañana y Juan llega buscando en su bolsillo las llaves de la puerta. Luz en la ventana. La puerta se abre. Sale Petra y le arroja una olla con agua en la cara. La olla choca en su cabeza y él se tambalea.

JUAN: Ay, está caliente...

PETRA: No te hagas. Bien que sabes.

JUAN: No sé de qué hablas.

PETRA: ¡Me dan ganas de darte otro! Yo que te tenía tanta confianza y mira con qué me sales.

JUAN: ¿Con qué?

PETRA (Hace un desplante): No me hables.

Petra intenta entrar en la casa.

JUAN: Espérate, Petra. Explícame. De perdido dime por qué.

Se miran.

PETRA: ¿Quién es Sofía?

JUAN: No sé. No conozco a ninguna Sofía.

Petra lo cachetea. Él recula tratando de librase del ataque.

PETRA: ¿Como que no sabes?

JUAN: Me pegaste...

PETRA: Tú estabas con ella en la disco esa naca a la que vas.

JUAN: Fui con los amigos del trabajo. Cumplió años el Neto...

PETRA: ¿Cada fin de semana?

JUAN: Ha habido otras salidas. Siempre te lo he dicho.

PETRA: Lo que no me dices es que siempre vas con la misma vieja. Ya me advirtieron.

JUAN: No entiendo nada. Jamás me había pegado nadie... ¡Ahora me dices qué chingados te traes!

PETRA: Me hablaron por teléfono. Me dijeron que andas con una vieja que se llama Sofía.

JUAN: No ando con nadie...

PETRA: Que la ves cada fin de semana en esa disco y que te vas con ella.

JUAN: Es mentira...

PETRA: Me habló una mujer. Seguramente te conoce.

JUAN: ¿Una mujer? O sea, te habla una desconocida, te dice esas cosas de mí, ¿y le crees?

PETRA: Si habló es porque te conoce, y me conoce.

Hasta me dio el número telefónico de la tal Sofía... Y le hablé. De seguro ya lo sabes. Por eso te viniste hecho madre para la casa. Nomás le llamé y llegaste.

JUAN: Ya era tarde... y no sé quién es Sofía.

Petra saca un celular y marca.

 

PETRA: Ya me colmaste con tus mentiras... Le voy a decir que estás aquí. A ver cómo te cae...

JUAN: Está bien, llama. A ver si así se aclara todo este desmadre.

PETRA (Al teléfono): Mi esposo ya llegó, pero dice que no conoce a ninguna Sofía. Ah, ándele. Al menos que sea por eso... ¿entonces usted no...? Sí, pues esta persona que me habló me dijo... seguramente... sí, a lo mejor. Siempre hay personas mal intencionadas.  Claro, claro. Sí, de eso se trata... quién sabe quién podría ser. No sabe que coraje siento... (Cuelga) ¿No que no la conocías? Estuviste bailando con ella y no te acuerdas.

JUAN: Bailé como con  tres. No me acuerdo de que alguna se llamara así.

PETRA: Pero a esta sí te la llevaste en el carro.

JUAN: Yo le di un aventón al Neto y a una de las chavas... pero se llamaba Ana.

PETRA: Ana... Ana Sofía.

JUAN: No me dijo su nombre completo.

PETRA: ¿Sales cada fin de semana con ella y no sabes como se llama?

JUAN: La llevé a su casa, igual que la semana pasada. Solamente fueron dos veces. Trabaja acomodando a los clientes en las mesas, como vamos seguido ya nos conoce y se ha portado bien conmigo.

PETRA: Me cambias por una mesera.

JUAN: Claro que no... ¿Bueno, pues qué te traes? ¿Qué te dijo esta Ana... o Sofía o como sea?

PETRA: Que ella es una señora que no se mete en líos. Que seguramente tú tienes muchos enemigos y que se siente muy mal de que la hayan involucrado.

JUAN: Pinche gente de Saltillo sin qué hacer...Yo tengo derecho a divertirme, a salir con mis amigos en sagrada paz. No me voy a reprimir sólo para darle gusto al qué dirán.

PETRA: Si sabes que la gente te conoce, ¿para qué te expones?

JUAN: No estaba haciendo nada malo. Que no jodan.

PETRA: Tú sí puedes salir con tus amigotes y con esas viejas... ¿pero a mí cuándo me sacas, eh? ¿Cuándo?

JUAN: Sí te he sacado.

PETRA: Pocas veces. Prefieres bailar con otras que conmigo.

JUAN: Ya hemos hablado de esto. No sé de dónde sacaste la idea de que a mí no me gusta bailar contigo.

PETRA: Desde esa vez en que no quisiste porque te molesta el punchis punchis.

JUAN: Es basura. Prefiero la música de salón, la salsa...

PETRA: Pues a mí no me pasa esa música.

JUAN: Por eso acordamos salir cada quién con sus cuates. Tú puedes salir cuando quieras con tus amigas.

PETRA: Para que luego te pongas celoso como la vez que me trajo Francisco.

JUAN: Dijiste que te ibas a tomar un café y llegaste a las tres de la mañana.

PETRA: Trataba de que él te acomodara en un buen puesto. Como saliste vociferando echaste todo a perder.

JUAN: Será el sereno...

PETRA: No me dejas apelar a las buenas costumbres y además piensas mal de mí.

JUAN: Pensé mal de él.

PETRA: Me gustaría que te comportaras con formalidad, con respeto hacia mí, así como yo soy contigo, que ni siquiera ando pensando en otros hombres. Pero tú sí puedes salir a parrandear y yo no... ¡Qué cabrón!

JUAN: Es distinto. Ese güey no me cae. Anda viendo nomás donde la mete. Las mujeres creen que un hombre las puede ver como amigas... Si uno tiene una amiga no la ve así como “cuatita”, la ve también como mujer. No creo que te haya llevado nomás para ver si me daba trabajo, a mí.

PETRA: ¿O sea que los hombres nomás tienen amigas para ver si se les hace con ellas?

JUAN: Sí... pero... digo no... no necesariamente... Depende...

PETRA: ¡Ándale! ¡Ya salió el peine!

Petra entra en la casa, da un portazo y pone los pasadores.

JUAN: Déjame te explico... no es como tú crees. (Saca las llaves y trata de abrir sin éxito) Petra... abre... (Pausa) ¿Petra?... (Saca su celular y marca). Neto... ¿me puedo quedar a dormir en tu casa?

 

 

3

Sala de un departamento.

Juan en un sillón, tiene una bolsa con hielo en la cabeza. Neto entra con un cartón de cervezas.

NETO: Bienvenido al club de los corridos.

JUAN: No te burles, Neto.

NETO: Lo que te pasó no es cosa del otro mundo. La cagaste y ya.

JUAN: Qué bruto fui.

NETO: No era por allí la explicación. Petrita es muy sensible. Sólo debiste decirle que todo fue un chisme.

JUAN: No quiso escuchar.

Neto le da una cerveza.

NETO: ¿Ya se te bajó el chichón?

JUAN: Lo que no se me ha bajado es el coraje.

NETO: El que le hablo a tu esposa te trae entre ojos.

JUAN: Fue una mujer.

NETO: Podría ser un hombre.

JUAN: Lo que no me explico es por qué lo hicieron. Gente ociosa.

NETO: Envidia. Varios le traen ganas a esta Ana.

JUAN: Quién sabe. La bronca es que ahora me siento culpable.

NETO: Sólo que te la hubieras tirado.

JUAN: No, hombre, ni siquiera lo intenté.

NETO: ¿Entonces por qué la culpa?

JUAN: No sé. No le hice nada.

NETO: A lo mejor es por eso. Se ve que le traes unas ganas a esa vieja...

JUAN: Ya no.  Si así pasó lo que pasó, ¿qué sería si me la hubiera llevado a un hotel?

NETO: Tú siempre has sido así como que muy educadillo. Cuando andabas de novio con Petrita, te invitábamos al reventón, ¿y qué decías? (Imitándolo) No, yo no bailo con esa chava, mi novia no se lo merece. Ibas a bailar, no a coger.

JUAN: No me lo recuerdes.

NETO: Pero ahora... eres el John Travolta de Saltillo.

JUAN: Últimamente tengo unas ganas de salir, de conocer mujeres... bailar me erotiza...  También quiero contentar a Petra, pero no quiero dejar de ir a bailar... Me apasiona.

NETO: ¿Ah, sí?

Neto va al estéreo y pone música de salsa.

NETO: A ver, baila.

JUAN: Así, como puñal no. Con una mujer...

NETO: Defínete, ¿lo que te gusta es bailar o las mujeres? Agarra la onda. Lo que más te gusta en la vida son la viejas.

JUAN: Pero... no como tú dices.

NETO: Te encantan, te las comes con los ojos.

JUAN: Soy hombre de una sola mujer.

NETO (Se carcajea): Tú no te ves cómo las gozas cuando las llevas a la pista.

JUAN: Cuando bailo no pienso.

NETO:¿Qué sientes al momento de tenerlas enfrente, así, moviéndose, cachondas?

JUAN: Es emocionante.

NETO: Allí está. Lo que te gustan son las mujeres.

JUAN: ¿A caso quieres que termine con Petra y me vaya de cabrón como tú? Me da miedo dañarla.

NETO: No te hagas güey. Ojos que no ven... Has estado llevando a Ana a su casa porque quieres con ella, pero no te atreves.

JUAN: Ella no me interesa.

NETO: No para algo serio, pero sí para un acostón.

JUAN: A veces he fantaseado...

NETO: No te conformes con eso.

JUAN: Las fantasías sirven para no ser infiel.

NETO: Seguro eres de los que se imagina estar con otra mujer cuanto coge con su esposa.

JUAN: No tiene nada de malo.

NETO: Es deshonesto... hasta contigo mismo. Ya salte del closet.

JUAN: Ni que fuera joto.

NETO: Salte como heterosexual. Acepta que te gustan las mujeres y que te gustan todas.

JUAN: Algunas.

NETO: Por lo menos a las bonitas y las buenas.

JUAN: ¿Y qué haría yo con tanta vieja?

NETO: Lo que tanto te has estado imaginando con Anita.

JUAN: Vine a pedirte consejo no a oír tus tarugadas.

NETO: Está bien, me callo.

JUAN: Lo que pasa es que no sé qué hacer.

NETO: Por eso me divorcié. Lola era aprensiva, me tenía entre dos tierras, la del dinero y la de la moral. Mira, a mí también lo que más me apasionan son las mujeres, cuando me casé pensé que ya debía alejarme de esos trotes, pero no, compadre, el que es cabrón, seguirá siendo cabrón. La bronca es que no nos atrevemos a presentarnos tal y como somos. No, aún hay demasiada represión social... lo malo es que luego uno comienza salir a escondidas con otras mujeres... Mira, deja pasar unos días y si ella no te habla, háblale tú.

JUAN: No voy a saber qué decirle.

NETO: Dile la verdad, que te apasiona erotizarte con las mujeres mientras bailas y de paso que también te puedes llevar una que otra a la cama.

JUAN: Estás loco. Me acaba de dar con una olla por una habladuría, ¿quieres que me pase el coche por encima?

NETO: Pues entonces mantente en que todo fue un chisme. Llévale flores. Si quieres yo te hago el paro. Le hablo como por casualidad y le digo que eres bien mandilón. Luego la invitas a cenar. Y tal vez puedas ponerle algunas cartas sobre la mesa.

JUAN (Haciendo un recuento): Flores, cena, baile...

NETO: Le va a gustar.

JUAN: ¿Y si no?

NETO: Bueno, pues aquí hay más cerveza y más hielo... para el chichón.

 

 

 

4

Interior de restaurante. Música suave.

Petra y Juan están en una mesa. Ella tiene unas flores en la mano.

JUAN: Mira, tenemos buena vista.

PETRA: Está lloviendo.

JUAN: A mí me gusta... se ve como en los cuadros de calles lluviosas.

PETRA: Aburridos.

JUAN: Y el mesero que no viene.

PETRA: ¡Mesera!, ¡mesera!

JUAN: Se ve mal que grites así.

PETRA: Los que se ven mal son los hombres casados que salen a ligar.

JUAN: Me gustaría que confiaras en mí

PETRA: No debería... Aunque Neto ya me estuvo diciendo lo bueno y lo educado que eres.

Llega la mesera, joven, sensual, con bonitas piernas.

MESERA: Nuestra especialidad el Filete Mignon. Pero también tenemos diferentes cortes de carne para escoger.

PETRA: Tráigame algo donde poner estas flores.

MESERA: Tenemos un bonito florero para las ocasiones especiales.

PETRA: Tráigalo.

MESERA: Tenemos un platillo para enamorados exquisito. Perdices en pétalos de rosa.

PETRA: Espero que sea el más caro del menú.

MESERA: Es algo que vale lo que cuesta. Les va a gustar.

PETRA: Ese para mí está bien. Y al señor le trae lo mismo.

MESERA: Les ofrezco Champaña Francesa. Si prefieren vinos tintos para acompañar la carne les recomiendo el Rutini Cabernet-malbec, Caballero de la Cepa o un Saint Felicien.

PETRA: La Champaña.

MESERA: Les dejo aquí la carta de los postres, les aconsejo probar el Cheesecake de limón y los besos de chocolate. Si necesita algo más, el señor puede llamarme, estoy en la barra. (Se aleja).

JUAN: Va a salir carísima la cena.

PETRA: Haz un sacrificio por nuestra reconciliación.

JUAN: Me dejas sin dinero todo el fin de semana.

PETRA: ¿Gastas en antros, pero no en sacar a tu esposa?, tacaño.

JUAN: Mejor hablemos de otra cosa.

La música cambia a un bolero.

JUAN: Vamos a bailar.

PETRA: A ti no te gusta bailar conmigo.

JUAN: Te estoy invitando.

PETRA: Tú siempre bailas con otras.

JUAN: ¿No puedes callarte y bailar nada más? Como si yo bailara a fuerzas contigo...

PETRA: Pues yo creo que sí.

JUAN: Si te sigues poniendo en ese plan entonces me voy a sentir forzado a bailar para contentarte y eso sí apesta. Yo bailo por gusto con quien quiero. No lo eches a perder.

Se levantan y bailan.

PETRA: No me gusta esta música.

JUAN: Es que no has aprendido a sentirla. Lleva el ritmo, despacio... como un barco sobre las olas... se deja llevar... se bambolea... no opone resistencia.

PETRA: Me siento rara.

JUAN: Me jalas como si fuera una mecedora... aligérate, yo te llevo.

PETRA: Es que es aburrido.

JUAN: Siente el romance. Escucha la letra...

PETRA: Es muy empalagosa.

JUAN: Hay que mostrar un poco de erotismo en el baile.

PETRA: No, qué pena. Como voy a mostrar lo que hacemos en la cama.

JUAN: En la cama eres bastante rígida.

PETRA: Los hombres piensan que el sexo es para deschongarse.

JUAN: Y si no, ¿para qué?

PETRA: Para estar en pareja...

JUAN: Para disfrutar en pareja... cosa que tú no haces.

PETRA: Claro que sí. Pero no cuando tú sales con tus cosas raras.

JUAN: Probar diferentes posiciones no son cosas raras.

PETRA: Eso es de prostitutas.

JUAN: Nunca me has dicho dónde te gusta que te toque.

PETRA: ¿Para qué?

JUAN: Para hacerte gozar.

PETRA: Con lo que hacemos me doy por satisfecha.

JUAN: Y creo que jamás has tenido un orgasmo.

PETRA: Eso no me parece importante.

JUAN: De perdido fíngelo. Si tú demostraras tantito placer a la hora del sexo, eso nos excitaría más.

PETRA: Nomás estás pensando en eso... Somos los únicos que bailamos. No quiero seguir haciendo el oso en frente de toda esta gente.

JUAN: Bailar como si nadie te viera.

PETRA: Pero me están viendo.

JUAN: Olvídalos... La forma más elegante de portar un traje es moviéndote como si trajeras pijama.  Deja esa rigidez, suelta la cintura...relájate... Ahora pégate más... ¿sientes como se mueve mi cuerpo...? déjate llevar por eso.... más, más la cintura.

Ella se pega a él y baila con más sensualidad.

La mesera pone los platillos en la mesa. Se acerca a ellos. Toca el hombro de Juan.

MESERA: Señor, ya están listos sus platillos.

JUAN: Enseguida. (Sigue bailando).

MESERA: Es que el restaurante no tiene permiso para bailar.

PETRA (Deteniendo el baile): Por eso nadie bailaba..

JUAN: Qué lástima. (Van a la mesa).

MESERA (A Juan): Oiga. Yo lo conozco.

JUAN (Viendo de reojo a Petra dispuesta al enojo): No creo. Es la primera vez que venimos aquí.

MESERA: Usted es el bailarín.

JUAN: Soy programador de computadoras.

MESERA: Lo he visto en el Crazy Horse.

JUAN: He ido un par de veces.

MESERA: Mis amigas y yo vamos cada fin a ver nada más cómo baila. Su esposa y usted son maestros... (A Petra) de hecho se ve más joven así de cerca.

PETRA: Soy más joven.

JUAN: A lo mejor nos confunde.

MESERA: De todos modos los felicito. Que disfruten la cena.

PETRA: A mí me trae un té de manzanilla, para el estómago.

La mesera se retira.

PETRA: Vaya que eres conocido y famoso.

JUAN: Fue una coincidencia.

PETRA: Bastante coincidencia. Tienes un don especial para las meseras.

JUAN: Pero fíjate, si yo me estuviera portando mal en la disco, ella no diría nada...

PETRA: Porque pensó que la tipa esa con la que bailas era yo. La tratas como si fuera tu esposa.

JUAN: Fue un error de la mesera.

PETRA: Así las tratas a ellas... ¿les piden que se peguen?, ¿que muevan la cintura?, ¿que se dejen llevar?

JUAN: Por favor, Petra.

PETRA: Quiero irme.

JUAN: Está saliendo muy cara esta cena. Gasto todo mi dinero en ti, porque es contigo con quien quiero estar. Todo el interés que pudiera tener para otras mujeres está en la pista de baile. Créeme.

PETRA: Bueno, voy a hacer un esfuerzo, me quedo.

JUAN (Refiriéndose al paltillo): Esto está peor que la comida de Neto.

PETRA: A mí me parece buenísimo.

JUAN: El otro día hizo un pollo tan malo que hasta se veía verde.

PETRA: Neto estaba muy acostumbrado a que Lola le hiciera la comida.

JUAN. Pobre, a él sí le consumaron la intriga.

PETRA: Como si no lo conociera.

JUAN: Lola se puso celosa de la secretaria de Neto, hasta el punto de ponerle un investigador privado.

PETRA: Por eso lo descubrió.

JUAN: El investigador no sirvió más que para dos cosas.

PETRA: ¿O sea que no le encontró nada?

JUAN: Eso la puso como loca. Se aferró al chisme de un rajón que fue el que empezó toda la intriga.

La mesera llega y deja el té caliente sobre la mesa.

PETRA: Todos sabemos que Neto es muy mujeriego.

JUAN: Ahora puede salir con quien quiere.

PETRA: ¿Entonces se olvidó de Ella?

JUAN: Él tenía todo a nombre de Lola, por eso ella le quitó la blazer, la casa, los muebles. Ni con el fregadero pudo quedarse. Además lo dejó sin ver a su hijo dos meses, el pobre estaba que se lo llevaba el diablo. Incluso estuvo a punto de echarlo a la cárcel por bigamia... Nunca la va a olvidar por gacha. La detesta.

La mesera pasa frente a ellos y corre la cortina de un ventanal.

PETRA: Él se lo buscó.

JUAN: Fue una intriga... Ahora Lola no deja de mandarle mensajes al celular diciéndole que lo ama, que lo extraña, que es el amor de su vida...

PETRA: Eso es puro cuento.

JUAN: Yo he visto los mensajes.

PETRA: Se los envía él mismo.

JUAN. No tendría caso, ¿para qué lo haría?

PETRA: Para hacerse el muy chingón.

La mesera vuelve a pasar y coloca un cenicero en la mesa contigua.

JUAN: No conoces a Lola, es maquiavélica. Me manda a sus amigas para sopearme. Como si yo fuera tonto. Está bien loca...

PETRA (Se levanta): ¿Ah, sí? ¡Pues aquí te quedas!

Juan se levanta y la sujeta del brazo y trata de hacer que se siente de nuevo.

JUAN: ¿Te molestó lo que dije de Lola?

PETRA: Si quieres vete a baliar con la mesera. Le echaste unos ojotes...

JUAN: No entiendo. Ni siquiera la he volteado a ver.

PETRA: ¡La encueraste con la vista enfrente de mí!

JUAN: No me acuerdo.

PETRA: ¿La tenías a dos metros y ya se te olvidó? Ni siquiera sabes mentir.

JUAN: Es que, no sé... tal vez fue un acto inconsciente...

PETRA: Parecías lobo feroz. Si eso haces delante de mí, ya me imagino lo que harás cuando andas solo. Seguramente eres un pulpo cuando bailas con tus viejas. Pervertido.

JUAN (Enojándose): ¿Qué quieres? ¿Que no mire a nadie? ¿Que te rinda culto? Nel, no eres ni santa ni virgen.

Petra toma la taza de té caliente y se la avienta en la entrepierna y sale.

JUAN: ¡Ah! ¡Me quemo!

Entra la mesera con una servilleta y trata de secarle el pantalón.

MESERA: Señor, ¿puedo hacer algo por usted?

JUAN: Sí, dame la cuenta... ¡Ay! Ni le muevas. (Se deja limpiar un poco).

La mesera le da la cuenta. Él paga.

MESERA: ¿No me va a dejar propina?

JUAN: Te regalo las flores. (Sale encorvado).

 

 

5

Sala. Casa de Neto. Hay un cartón de cervezas en el piso. Juan está tendido en un sillón tomando una cerveza y con una bolsa de hielo en la entrepierna. Neto, de pie, también toma cerveza.

NETO: La cagaste otra vez, mi estimado.

JUAN: A ella le encanta ponerse en el papel de víctima. Piensa que soy mujeriego, desobligado, mentiroso, un hombre abominable.

NETO: Quítale lo de abominable, lo demás es cierto.

JUAN: Échame porras.

NETO: Estoy seguro de que ella no te dijo eso.

JUAN: Pero lo piensa.

NETO: Lo piensas tú. Si te dieras un poco de permiso por lo menos te divertirías más.

JUAN: Me divierto bastante.

NETO: Si para ti sufrir es diversión, pos bueno. Se ve que te pelas por las mujeres, pero siempre frustras tu deseo.

JUAN: Yo sé hasta dónde quiero llegar con ellas.

NETO: Llegas hasta donde te deja tu miedo y te quedas con las ganas.

JUAN: Hablas como si fuera obligación tirarse a todas las viejas...  eso no se puede.

NETO: Claro que no, pero los hombres estamos sujetos a una condición natural, a un instinto animal que podemos ocultar, pero del que no podemos huir.

JUAN: Ahora hablas de instinto. Me suena a pretexto.

NETO: También es un buen pretexto. Las señoras de antes eran más sabias. Conocían al hombre tal cual es. Recuerdo a mi abuela decir: Mi marido tiene setenta y ocho años y no vino a dormir... pero es que él es hombre.

JUAN: Dios bendiga a tu abuela. Lástima que ese pensamiento no haya sobrevivido a los sesenta.

NETO: Pero el instinto, ese no cambia. Fíjate, el venado tiene un harén, se aparea con las hembras que están receptivas; el hombre está sujeto a las mismas reglas biológicas.

JUAN: Lo único que sé del venado es que los machos llevan los cuernos. Además el hombre no se parece tanto a esos animales. El hombre piensa.

NETO: Claro, alguna desventaja habría de tener el ser animales racionales. Pasamos por el orden del pensamiento, lo que tiene que pasar por el orden del “hágase pa’ acá”. Allí te va otra: En todo el planeta sólo hay dos especies que tiene sexo por placer: el hombre y los orangutanes. ¿Ves cómo embona todo? El hombre y el orangután pertenecen a la rama de los grandes simios.

JUAN: Lo mismo diría Petra.

NETO: Lo que quiero que entiendas es que no harías nada malo si exploraras un poco tu deseo con las mujeres.

JUAN: ¿Cómo le hiciste tú?

NETO: Lola ahora sabe quién soy yo. Me atreví a decirle que me gusta el ligue, que siempre me ha gustado y que no puedo evitarlo.

JUAN: Por eso te dejó.

NETO: Claro... podría ser una lástima... y duele, por los hijos. Pero por otro lado, qué bueno. Ya no tengo que esconderme para nada. Ya sabe cómo soy, no tiene nada de qué extrañarse.

JUAN: Es que no quiero lastimar a nadie.

NETO: ¡Ándle! Ese no eres tú. Esa frase es de alguien más. Yo creo que de tu mamá.

JUAN: No metas a mi madre.

NETO: O de tu papá. Yo creo que tu jefe era de esos rucos bohemios que decía: A la mujer ni con el pétalo de una rosa.

JUAN: No, qué va. Mi papá era misógino. Pero mi mamá siempre me decía: Pobre de la mujer que te toque, ojalá y le guste hacer la casa.

NETO: Por allí va la cosa. Seguro estaba en alguna de esas clases de superación personal.

JUAN: Ni me lo recuerdes. Traía esa cantaleta de “La dignidad de la mujer”. Lo peor era cuando se ponía a leer el libro de “Tus zonas erróneas”.

NETO: Juan, acabamos de descubrir el origen de tus miedos. La solución es: ya no le hagas caso a tu mamá. Olvídala. Literalmente: no - tengas - madre.

JUAN: Neto, eres veterinario, no psicoanalista.

NETO: Pero tengo razón. Ahora actívate... levántate.

JUAN: No empieces, me siento mal, me arden los “gumaros”.

NETO: Vamos a salir para que te distraigas.

JUAN: Me acaban de dar en la madre por andar en los antros... ¿y quieres que vaya por más?

NETO: Ya no tienes que pedirle premiso a nadie. Y tampoco tienes nada qué perder.

JUAN: No sé... tienes razón, pero... no traje ropa.

NETO: Yo te presto. Ándale ¡Arriba!...

Tocan la puerta. Neto va a abrir y entra Ana Sofía.

NETO: Aquí te buscan. Entra, guapa.

SOFÍA: Si ayer no me encuentro a Neto no sé de ti.

JUAN: Pues ya te has de imaginar.

SOFÍA: Neto me dijo que tuviste un pleito con tu esposa.

JUAN: Y con violencia conyugal.

SOFÍA: (Levantando la bolsa de hielos) ¿Te dañó mucho, papito?

JUAN: ¡Deja! No es nada...

SOFÍA: Estás muy arisco. No pienses que yo tuve algo que ver con lo que pasó. Cuando tu esposa me llamó, yo lo que hice fue decirle la verdad.

JUAN: Si me hubieras dicho tu nombre completo desde el principio a lo mejor ni pasa nada.

SOFIA: Me da mucha pena que te haya dejado.

JUAN: A mí también... Oye, ¿y qué has escuchado en el Crazy Horse?

SOFÍA: Nada. Ya no trabajo allí. Dejé el negocio porque el dueño se puso muy payaso conmigo.

JUAN: Mira, el que me difamó te conoce, ya ves que le dio tu número de teléfono a mi mujer, algo debes de saber tú.

SOFÍA: El que estaba medio celoso de ti era el dueño... 

JUAN: Seguramente fue él. Pero ¿cómo consiguió mi número?

NETO: Va a estar cabrón que sepas quién fue.

JUAN: Se metió en lo que no le importa. Pensó que me daba una lección, pero a la que le partió su madre fue a Petra. Imagínate si tuviéramos hijos. Hubiera dañado a más personas de la que se imagina. ¿Pero por qué lo hacen?

NETO: Por  culos. Es obra de un patán.

JUAN: Todavía traigo el coraje atorado en la garganta. ¡Me pudre la impotencia!

SOFÍA: No dejes que te afecte. No vale la pena. Sal bailar para que no estés pensando en eso. ¿Quieres que yo te lleve?... ¿qué te rapte y te apapache?

NETO: Lo ves. Ella sí es inteligente.

JUAN: Yo ya no vuelvo al Crazy Horse, allí rajan.

SOFÍA. Pues los invito a La Mancha. Es un lugar nuevo donde se baila salsa.

NETO: ¡Órale, Juan!

JUAN: Pues vamos.

Suena el teléfono celular de Sofía.

SOFÍA: ¿Bueno?... ¿quién habla? ... (a Juan) Es tu esposa, dice que me vieron entrar aquí. Quiere hablar contigo.

NETO: Ya te pusieron sombra.

JUAN (Toma el teléfono): Hola... Sabes qué, otra vez te equivocas. Pero te prometo que a la próxima no te vas a equivocar. (Cuelga.)

NETO: ¿Qué te dijo?

JUAN: Que ahora sí me pescó en la maroma.

SOFÍA: ¿Nada más?

JUAN: Luego me la rayó.

SOFÍA: No hay por qué ser así. Un hombre se puede compartir.

NETO: Qué madriza te están dando, Juanito.

JUAN: ¿Saben qué? Me vale madre. Ya me cansé. Vámonos a La Mancha.

 

 

6

Interior de discoteca. Llegan Neto, Sofía y Juan. Hay música de salsa. La mesera está allí, pero no los ha visto.

NETO: Ya empezó el ambiente.

SOFÍA: Busquemos una mesa.

JUAN: Nada más déjame ver quién está.

SOFÍA: ¿Qué desconfiado?

NETO: Ya está ciscado.

SOFÍA: ¿Ves algún conocido?

Juan niega con la cabeza.

NETO: Eso es lo malo, cuando crees que nadie te conoce, suceden las cosas.

SOFÍA: Ya es demasiado pancho. Venimos a divertirnos ¿o qué?

NETO: Anita tiene razón. Ya que te valga.

JUAN: Cierto. Es más, que me vean, que sepan que se me resbala...

NETO: ¡Eso, cabrón!

JUAN: A lo que vinimos. (Jala a Sofía y la lleva a la pista. Bailan).

Neto va por la mesera y la lleva a bailar.

NETO: ¿Vienes sola?

MESERA: Con unas amigas, ¿y tú?

NETO: Con un amigo, el de allá.

MESERA: Sí, ya los he visto en el Crazy Horse. Tu amigo baila bien padre.

NETO: Sí, ya es famoso.

MESERA: Él nunca me ha sacado a bailar.

NETO: Pero estás bailando conmigo.

MESERA: Y esa chava, no es su esposa ¿verdad?

NETO: No, es una amiga.

MESERA: Entonces ya metí la pata. La confundí.

NETO: A ver, ¿cómo está eso?

MESERA: Yo soy mesera en el Pepper’s, Ayer por la noche él llegó con una señora; creo que era su esposa, y les dije que los había visto bailar en el Crazy y que ella se veía más joven... Pero no es la misma.

NETO: Tienes razón. Juan acaba de terminar con su esposa.

MESERA: Pero no fue por mí, ¿verdad?

NETO: Ya tenían problemas. La separación era inevitable.

MESERA: Quiero bailar con él.

NETO: ¿Qué pasó? ¿Qué no te lleno el ojo?

MESERA: Desde que lo vi bailar por primera vez me llamó mucho la atención.

NETO: De perdido baila conmigo esta pieza.

MESERA: ¿Y luego me lo presentas?

NETO: Ya lo conoces.

MESERA: Eso fue en otra situación. Ándale, para no sentirme tan mal.

SOFÍA (A Juan): Me encanta ver como disfrutas el baile.

JUAN: Si fueras mala bailadora no lo disfrutaría tanto.

SOFÍA: Ni bailo tan bien.

JUAN: Lo mejor es que me miras a los ojos... eso es lo esencial. No como las otras chavas que mientras bailan andan pajareando o contando los foquitos del techo. Si bailas con alguien, debes hacerlo con gusto, no por el compromiso de moverte y ya.

SOFÍA: Me gusta esa postura.

JUAN: Te invito a salir conmigo, en otro plan.

SOFÍA: Si no me raptas tú, te rapto yo.

JUAN: Bueno, ¿a qué hotel nos vamos?

SOFÍA: Al que tu quieras y puedas, papito.

Neto y la mesera van con Juan.

NETO: Juan, te presento a una amiga.

JUAN: Hola... tú eres la mesera del Pepper’s.

Cambian parejas y bailan.

MESERA: Quiero disculparme, la regué con tu esposa...

JUAN: No te preocupes, lo que ocurrió en el restaurante no fue tu culpa.

MESERA: ¿Y cómo sigues de tu quemada?

JUAN: Ya se me pasó. No fue nada.

MESERA: Por fin se me hace bailar contigo. ¿Por qué no me sacabas a bailar en la otra disco?

JUAN: No te había visto.

MESERA: Allí estaba. Y sí me viste, pero no te has de acordar.

JUAN: Te creo.

MESERA: Me encanta cómo me mueves.

JUAN: Es puro feeling. Siéntelo...  ¡Venga!

MESERA: Qué padre bailas.

JUAN: Te invito a salir el martes, pero en otro plan.

MESERA: Cuando quieras.

SOFÍA (A Neto): Vas a ver, le hiciste el paro a esa vieja.

NETO: No te pongas celosa.

SOFÍA: No son celos.

NETO: Ya sabes que Juan baila con todas.

SOFÍA: Sí pero qué feo de tu parte.

NETO: Es que yo quería bailar contigo.

SOFÍA: Mentiroso. Además yo quería seguir bailando con él.

NETO: Bueno, pues baila con él, allí está.

Sofía va y se pone a bailar con Juan. La mesera trata de no perder a su hombre. Bailan en trío.

Llega Petra. En cuanto la ve Juan detiene el baile.

JUAN: ¿Qué haces aquí?

PETRA. Recibí otra llamada y viene a ver si era cierto.

JUAN: ¿Ya para qué?

PETRA: Para cerciorarme de una vez por todas.

JUAN: ¿Y encontraste lo que buscabas?

PETRA: Sí.

JUAN: A Juan bailando con dos mujeres. ¡Qué gran pecado!

PERTA: Encontré a mi marido haciendo algo que no me gusta.

JUAN: Pues cuanto lo siento, porque a mí sí me gusta. Y ya lo sabes.

PETRA: Es que, no te quiero perder.

JUAN: No me pierdes. otra cosa es que me corras de tu vida por hacer lo que a mí me gusta.

PETRA: Todos piensan que pueden hacer lo que quieran.

JUAN: ¿Y si no? ¿A qué venimos? ¿A ser mangoneados? Pues no.

PETRA: Discúlpame...

JUAN: Y ya vete. Nomás de ver que vienes a recriminarme me angustias. Toma la resolución que tú quieras. Yo me voy a ir con Sofía a un hotel.

Suena el teléfono de Petra.

PETRA (Contesta): Diga... Imbécil, yo soy unas de esas tres rucas. No me dices nada nuevo, al rato se va a ir a un hotel con una amiga...

JUAN: ¿Otra vez tu chismoso anónimo?

PETRA: Está aquí... me dijo que mi marido estaba con tres rucas.

Con la mirada, Juan busca entre la gente de la disco al responsable.

JUAN: Méndiga basura humana, aquí le parto su madre. Ya nos fastidió la existencia y no está conforme todavía... (Gritando) ¡¿Dónde estás?, pinche rajón!

PETRA: No hagas eso. Todos te miran.

JUAN: Que me miren y que me conozcan. Yo no le escondo nada a mi mujer. (Vuelve a gritar) ¡Da la cara!

PETRA: No, Juan, no grites así.

JUAN: Y tú ya suéltame los tanates, yo soy el que los lleva puestos. Yo grito como se me da la gana. Es más, ya vete, ya no me molestes.

PETRA: Pero, es que... yo te quiero.

JUAN: Me quieres joder..

PETRA: Juan... tú eres el amor de mi vida. Nadie es como tú. Perdóname, eres bueno, eres lo mejor que me ha pasado.

JUAN: Mira, si me quieres, vas a tener que quererme como soy. A mí me gusta bailar y me gusta la mujer, no una, sino todas con las que se pueda. Ese es mi gusto, ya lo acepté. Yo soy así. Y si así me quieren pos qué bueno, si no, tú sabrás. Es más si quieres tráete al Francisco, a mí no me importa.

Juan, aprovecha el cambio de música, se pone a bailar con la mesera y con Sofía. Petra se les une haciendo un cuarteto. Siguen el juego de bailar todos al unísono, en el que ellas tratan de acaparar a Juan pero él toma y deja a cada una a su antojo

SOFÍA: Véngase con su mami.

MESERA: Muéveme.

PETRA: Vas a estar así mientras dure la moda de la salsa, ¿verdad?

JUAN: Voy a estar así, mientras estén de moda las mujeres.

Siguen bailando.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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