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LA DIVA EN LA OCTAVA CASA

de HÉCTOR SANTIAGO

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

CICLO:   CRÓNICAS CONTEMPORÁNEAS

(XVII)

 

LA DIVA EN LA OCTAVA CASA

FARSA

SEIS ESCENAS

 HÉCTOR SANTIAGO

santiago725@verizon.net

© HÉCTOR SANTIAGO 2003

DERECHOS RESERVADOS

 Estrenada en Havanafama Teatro Estudio Miami, Florida, 26 de Agosto de 2007

                                             La Diva: Ángel Lucena

                                             Secretario: Yesler de la Cruz

                                             Dirección: Juan Roca.

                                            

                                            ¿Vuelve el polvo al polvo?

                                            ¿Vuela el alma al cielo?

                                            ¿Todo es vil materia,

                                            Podredumbre y cieno?

                                            ¡No sé; pero hay algo

                                            que explicar no puedo,

                                            que al par nos infunde

                                            repugnancia y miedo,

                                            al dejar tan tristes,

                                            tan solos a los muertos!

                                            Rimas. Gustavo A. Bécquer

 

                                            En la Octava Casa Zodiacal

                                            Que pertenece a Plutón

                                            Es donde reina la Muerte…

 

                                           PERSONAJES: LA DIVA

                                                                    SECRETARIO- DIVA II

                                           ACCIÓN Casa de la Diva.

                                           ÉPOCA: Contemporánea.

 

ACTO ÚNICO

 

-ESCENA PRIMERA-

 El escenario está dominado por la gran cama barroca con el baldaquín con cortinas que se convertirá en muchos sitios, una silla ampulosa, mesa, y otras cosas. Al fondo hay una ventana clausurada totalmente velada, puerta de closet con enorme candado, a un lado puerta hacia el pasillo de la calle. Las paredes están llenas de los cuadros de la Diva y los carteles de sus películas en su Época de Oro, inmenso reloj detenido y un visible almanaque amarillento. En los espejos como reflejos cuando se mire están pegadas las máscaras que reproducen su rostro juvenil de la Diva y uno solo está cubierto por un paño. En otro sitio penden guantes, joyas, y vestidos a la moda de la década 40-50. En el proscenio está la grabadora, cámara de cine, micrófonos, luces, etc. Cada escena está enlazada por Los boleros y canciones que se escuchan también serán de los años 40-50.

En la cama con las cortinas descorridas yace la Diva con los brazos cruzados sobre el pecho, viste una bata cargada de lazos, cintas y plumas, la cubre una tela transparente. Luce muerta. Junto a la cama la campanilla de llamar a la servidumbre y el bastón. En la oscuridad el bolero acompaña a la luz sobre la cama. Tocan a la puerta, Afuera con aldabonazos tocan a la puerta, espera, se escucha el chirrido  al abrirse. Se hace más luz con la entrada del Secretario, que aunque viste de traje está maquillado exactamente como la Diva, que trae los  papeles y el álbum, tímido, maravillado, sorprendido mirándolo todo, caminando precavido lento con miedo a romper algo. En la cama la Diva se mueve y gruñe. El Secretario se asusta dejando caer el álbum. La Diva se yergue.

DIVA:  ¿Quién se atreve a molestarme? (El Secretario la mira tembloroso. La Diva se descubre, aireándose el pelo coquetonamente.)

SECRETARIO: ¡Perdóneme Señora!

DIVA: ¡Diva! ¡No se le olvide! En este país habrá muchas pretendidas Señoras y rameras conocidas… ¡Pero sólo hay una Diva! ¡No se le olvide!

SECRETARIO: Perdóneme Diva, es que no sabía…

DIVA: ¿Quién es usted? ¿Qué hace en mi casa? ¡Maldito sea! ¿Es un periodista? ¡Debe ser uno de esos desgraciados paparazzi! (Se cubre el rostro.) ¡Fuera! ¡Llamaré a la policía! ¡Son una plaga desgraciados! ¿Cómo se atreve… ¡Debe haber saltado el muro… ¡Se coló por alguna ventana… \

SECRETARIO: Una criada me abrió la puerta.

DIVA: ¡Seguro que chantajeando a la servidumbre! ¡Los voy a botar a todos desgraciados! ¡Son capaces de cualquier cosa con tal de poder vender mi foto… (Le lanza una almohada.)

SECRETARIO: ¡No! ¡Le juro que yo… ¡Créame señora!

DIVA: ¡Diva!

SECRETARIO: ¡Créame Diva que no soy ningún periodista! ¡Mire! (Mostrándole la carta.)

DIVA: ¡No se me acerque! ¡Policía, policía…

SECRETARIO: ¡Me envío la agencia de empleos! ¡Soy el secretario que pidió! ¡Aquí están mis credenciales!

DIVA: ¿Entonces qué hace ahí como un estúpido mirándome? ¡Cálceme, atiéndame… ¡Quiero levantarme!  

SECRETARIO: ¡Si Diva! (No muy seguro qué debe de hacer vacila.)

DIVA: ¡Estúpido! ¡Hoy es lunes… (Señalándoselas.) ¡Me calzo con las chinelas rojas, visto la bata roja, luzco los rubíes…   

SECRETARIO: ¡Sí Diva! (Coge todas esas cosas y las lleva a la cama.)

DIVA: ¿Cómo se atreve? ¡Sólo el espejo puede ver mi cuerpo! ¡Déme esas cosas! Yo me basto para vestirme. (Se las arrebata y cierra las cortinas. Él se aparta presuroso.)

SECRETARIO: ¡Perdóneme! Es que estoy tan nervioso… ¡Verme aquí… ¡Atendiéndola… ¡La Diva en persona!…  ¡La más grande figura y hermosa mujer que ha dado este país! (Mientras la cama se estremece con sus esfuerzos para vestirse él mira fascinado las cosas de la sala.) Si supiera cuánto influyó en mi vida… Aquel día que siendo un niño mi madre me llevó al cine… ¡Y allí estaba… ¡Radiante, poderosa, triunfal… No pude dormir. Desde entonces he vivido adorándola me prometí que… Y también desde entonces supe que yo… ¡Y ahora estoy aquí! ¡Esto es un milagro!

DIVA: (Abre la cortina.)  ¡No se quede ahí como un idiota! ¡Ayúdeme… (El Secretario corre a la cama y

tomándola del brazo la baja, ella le señala el bastón,. Él se lo da. La Diva descubre que el público la mira.) ¿Quién le dijo que necesito ayuda? (Bota el bastón.) ¡Me basto a mí misma! (Se zafa de su mano.) ¡Ya quisieran mis enemigos verme hecha una inútil! (Da unos pasos tambaleantes pero lo fulmina con la mirada cuando pretende ayudarla. Mira fugazmente al público. Se agarra a un mueble, respira profundo y comienza a caminar señorialmente, se sienta en luna silla arreglándose, lo descubre.) ¿Qué hace aquí… ¿Quién es…

SECRETARIO: Le dije que la Agencia…

DIVA: (Pensativa.) ¿La Agencia?

SECRETARIO: ¿No recuerda que le dije que la Agencia de empleos…

DIVA: (Mirando fugazmente al público.) ¡No tiene que repetírmelo! ¿Le explicaron…

SECRETARIO: ¡Todo! No sabe qué honor…

DIVA: ¡Déjese de baboseadrías! Si me agrada le daré una buena paga. Pero antes necesito estar bien segura… ¡Hable!

SECRETARIO:  ¡Nació en el año de mil novecientos…

DIVA: ¡No, no, no… (Busca que tirarle y le lanza la chinela.) ¡Nada de siglo, años, meses, días, horas, ni fechas… ¡Yo nací sin tiempo alguno! ¡Soy la mujer ansiada que siempre ha existido, la belleza que no se apaga… ¡Soy inmortal!

SECRETARIO: ¡Perdóneme! (Ella levanta el índice autoritaria.) ¡Perdóneme Diva! Le juro que aprenderé pronto… (Toma la chinela y se le va acercando temeroso a ponérsela, ella lo ignora y alza el pie, él se arrodilla y la calza.) ¡Todavía tiene la piel… (Ella lo mira.) ¡Siempre ha tenido esa hermosa piel nacarada! (Ella sonríe y le señala el  cepillo. El la peina fervorosamente.) Nació al sexto día junto con la creación del mundo… (Ella sonríe satisfecha.) Fue primero que la misma Eva… Los mismos ángeles se quedaron mudos con su belleza… Semiramis, Dalila, Jezabel, Helena de Troya, Venus, Cleopatra… Siempre le tuvieron envidia…

DIVA: ¡Y otras ramerass que ni menciones!

SECRETARIO: Se llamó Fernanda María Inés Alba Lago Medina… Pero el mundo la conoció simplemente como la Diva… Creció en un oscuro pueblecito de provincias… Que pronto le quedó estrecho a sus ambiciones… Pero primero tenía que zafarse del grillete provinciano, a. Así que se casó, tuvo un hijo y ya independiente se vino a la capital…

DIVA: ¡Jurándome que un día la vería a mis pies besándomelos como perros falderos…

SECRETARIO: ¡Lamiendo las huellas que dejaban sus pasos!

DIVA: ¡Continúa…

SECRETARIO: Sentada en una plaza la descubrió un fotógrafo de modas y…      

DIVA: ¡Eso no me gusta! ¡Es muy simple! ¡Al público hay que darle romanticismo, sabor, ilusiones, fantasías…

SECRETARIO: Se probaba unos diamantes en una joyería… (Ella niega.) ¡La habían invitado a una fiesta lujosa… (Igual.) Iba en un yate cuando…

DIVA: ¡No, no… ¿No dices que lo sabes todo de mí? ¿O me estás engañando para que te de el trabajo? SECRETARIO: ¡Oh, no! ¡Le juro Diva…

DIVA: Entonces debes recordar aquella película que me hizo loa Diva que soy… (El Secretario la mira sin comprender.) ¡Idiota! “¡La Diosa Desnuda!” ¡Nunca este país vio nada igual! Los hombres dormían ante los cines para ser los primeros en ver mis hombros al descubierto. Era cuando un pedazo de cuerpo lo sugería todo. ¡Y ahora el atajo de aficionadas, rameras que se creen estrellas, ni desnudas lo pueden lograr… ¡Puercas de orillas!… ¿No recuerdas cuando…

SECRETARIO: ¡Es que yo todavía no había… (Ella lo fulmina con la mirada.) … son tantas películas maravillosas…

DIVA: ¿Me vas a decir que precisamente “La Diosa Desnuda”…

SECRETARIO: ¡Oh, no! Las he visto todas…

DIVA: ¡Mira que si me estás engañando…

SECRETARIO: Recuerdo como la brisa entraba al estudio del escultor moviendo las cortinas de sedas blancas. Y en el medio… ¡Como una aparición… Posando arrodillada sobre un pedestal…

DIVA: Podríamos utilizarlo para mi biografía… Pero aun es muy pobre.

SECRETARIO: ¡Ya sé! Entonces sería…  No deseaba que su vida fuera lavar calzoncillos ni calentar cazuelas, dueña y señora de su destino. Así que se casó, tuvo un hijo y ya independiente vino a la capital buscando abrirse camino, jurándose que un día la capital, el país, el mundo entero, caería a sus pies besándoselos como falderillos. (Ella suelta una carcajada y hace una señal obscena con el dedo.) Jurándose que un día la vería a sus pies besándoselos como perros falderos. ¡Cruzaba una plaza cuando el automóvil del famoso escultor Alejandro del Castillo la atropelló… (La mira y ella asiente para que continúe.) Al visitarla en el hospital descubrió rendido ante de su radiante belleza… (Ella le señala la grabadora que él enciende.)  (Igual.) Alejandro del Castillo comenzó a visitarla todos los días, hasta que un día fascinado… (Ella niega con la cabeza.) ¿Impetuoso? (Igual.) ¿Entusiasmado? (Igual.) ¿Embrujado? (Ella asiente.) Embrujado cayó de rodillas pidiéndole que posara para una estatua… (Ella aplaude excitada.) La cual fue colocada puesta en un importante parque de la ciudad… Pronto las multitudes acudían a mirarla maravillados… ¡Todos querían conocer a la hermosa modelo! Los hombres la acosaban… Prometían darle lo que pidiera, pero no era suficiente y sabía esperar… Le ofrecían lo que quisiera… Un acaudalado productor le ofreció su primera película… ¡Comprendió que era la gran oportunidad que aguardaba!… Alejandro del Castillo, rabiosamente enamorado, celoso, queriéndola sólo para él le rogó que fuera su esposa, lloró echado en su regazo sus pies, le ofreció todas sus riquezas… Pero no nada la detuvo y comenzó a rodar  “La Diosa Desnuda”. ¡Fue un éxito  inmediato! El mismo día de su estreno Alejandro del Castillo se ahorcó…

DIVA:  Como escultor tenía el pulso firme para el mármol… ¡Pero como hombre era debilucho con la carne! ¡Y a mí los hombres debiluchos… ¡Es falso lo que dijeron las harpías que su muerte no me importó! ¡Envié unas flores a su velorio y hasta le encargué una misa! Si no pude asistir a la funeraria ni a su entierro, es porque estaba ocupada promocionando la película; dando entrevistas, posando para fotos, dándole de comer a la insaciable curiosidad del público, cayendo en brazos de cada hombre, convirtiéndome en espejo de todas las mujeres…

SECRETARIO: ¡Le siguieron “Pecadora”, “La Devoradora de Hombres”, “La Fiera” Dueña”, “La Mujer sin Alma”, “Labios Crueles”, “La Cortesana”, “Pecadora”, “Doña Araña”, “Cabaret Maldito”, “La Venus  de hierro” y tres veintenas títulos más…

DIVA:  (Aplaudiendo.) ¡Muy bien, muy bien… ¿Y qué sabes de mis intimidades?

SECRETARIO:  ¡Se casó con Armando Maldonado, el famoso compositor que le escribió el bolero “La Diva”, por el cual fue pronto conocida por todos… ¡Con el galán de películas Antonio del Río… ¡Con Roberto Carril el hijo del Presidente de la República… ¡Con el famoso pintor Lecroix… ¡El playboy Hugo del Recio… ¡El multimillonario jeke petrolero Hassim Mohamad… ¡El potentado griego Christophoros Mikonos… Además se le ha vinculado  amorosamente con…

DIVA:  (Apaga la grabadora.)  ¡Deja las habladurías para mis enemigos… ¡Partida de segundonas envidiosas, y resentidos que no me pudieron arrastrar a sus camas!

SECRETARIO:   ¿Satisfecha? (Ella alza el índice.) ¿Satisfecha Diva?

DIVA: ¡Casi… ¡Soy muy exigente, creadora, perfeccionista… ¡Nunca permití que ningún imbécil manipulara mis cosas! ¡Yo misma cree a la Diva, le di vida, la hice un mito, y la he mantenido durante tantos… ¡La he mantenido y basta! 

SECRETARIO:  En su novela Hugo del Recio Esteban Maldonado, dijo que usted sólo se complacía consigo misma…

DIVA:  ¡Esteban Maldonado es un maldito amujerado, que prefirió difamarme a enfrentarse conmigo! Además eso no explica nada…

SECRETARIO:  Un día se inclinó a mirarse en un lago. Y, ¡Oh prodigio! ¿Quién era aquella hermoso aparición en la superficie que la miraba intrigada? Metió la mano en el agua para acariciarla, y al ver que la rompía en ondas la sacó presurosa, entristecida de romper tan maravillosa visión. Desde entonces se enamoró de su belleza…

DIVA:  (Aplaude.) ¡Muy bien! Pero aun no basta. Necesito asegurarme que eres la persona correcta. ¿Trajiste los papeles que le pedí a la agencia?

SECRETARIO:  El certificado de salud… (Ella lucha por leerlo acercándolo y alejándolo. El busca y coge de una mesa unos espejuelos. Ella mira al público.)

DIVA:  ¡Idiota! ¿Qué haces?

SECRETARIO:  Yo… pensaba… creí… (Lo oculta rápidamente.) ¡Perdóneme Diva! No se moleste. ¡Permítame! (Lo toma y lee.) Cien por ciento de salud, ninguna enfermedad crónica ni hereditaria, ningún padecimiento visible, visión veinte veinte…

DIVA: ¿Y la sangre… ¡La sangre, la sangre…

SECRETARIO:  ¡Limpia, ni gota de anemia!

DIVA: ¡Acércate! (Toca su rostro.) ¡Tienes una piel sedosa de melocotón, ni una arruga, llena de vida! (Mira al público y lo rechaza.) ¡Claro que no como la mía!

SECRETARIO:  ¡La Diva nunca se repite! (Ella sonríe coqueta.)

DIVA:  ¡Bien, bien! Ahora háblame de tu experiencia como yo…

SECRETARIO: ¡Aquí están los recortes de periódicos, y las fotos… (Le muestra el álbum.) Esto es en el cabaret “La Jungla”…

DIVA: ¿Ese antro? ¿Cómo te atreves…

SECRETARIO: ¡Perdóneme! (Se calla abochornado. Ella le hace señal para que continúe.) ¡Aquí estoy  en la portada de la revista “Farándula”!

DIVA: ¡Revista de chismes de segundonas!

SECRETARIO: Míreme actuando en el teatro “Variedades”…

DIVA: ¡Nunca me hubiera puesto ese vestido de ramera! ¡Dios mío y ese maquillaje…

SECRETARIO:  Eso fue cuando comenzaba… ¡Después vi todas sus películas, compré su disco, coleccioné sus fotos, guardé cada recorte de prensa, copié sus vestidos, conseguí que fuera su propio su peluquero quien me arreglara las pelucas, encargué exactas copias imitaciones de sus joyas… Aquí estoy cinco años después… ¡Me están entregando el trofeo como la mejor Diva travestí del año!

DIVA:  ¡Casi! ¡Qué perfección!

SECRETARIO:  Tuve que trabajar bien duro… ¡Pero por usted cualquier cosa! Debo confesarle que cuando venía para acá tuve miedo…

DIVA:  No te adelantes, que todavía no ha llegado el momento de inspirarte nada…

SECRETARIO:  Es que… Pensé que quizás se pusiera brava cuando viera todo esto…

DIVA: ¡Imitar es la mejor manera de adular! ¿Y esto… (El quiere taparlo, ella le quita la mano.)

SECRETARIO:  Un recorte de periódico … sin importancia… Mejor no lo lea…

DIVA: ¡La Diva puede tener muchos secretos, pero los que la sirven no pueden tener ninguno… ¿Qué es?¡Habla!

SECRETARIO:  Fue cuando se dio el escándalo con el General Cárdenas…

DIVA:  ¿De qué hablas?

SECRETARIO:  ¡El General Dominguez!

DIVA:  ¡Yo qué sé… ¡Aquí los generales se dan como la hierba!

SECRETARIO:  (Mira alrededor y temeroso le susurra.) El que acabó con la revuelta de los campesinos en el sur...

DIVA:  ¡Ah, ese General Domínguez Cárdenas!

SECRETARIO:   Se alojaba en el cabaret del hotel “París” donde yo hacia un show en el cabaret mirando el show… Creía que yo… Usted…

DIVA:   ¿Trabajando en un cabaretucho? (Ríe.) ¡Ni en mis películas!

SECRETARIO:   Estaba borracho… No quiso creerle a sus amigos… Insistió en verme… Subí a su habitación para explicarle, pero no me dio tiempo… Me contó de cuando la encontró en Venecia…

DIVA:  ¡Muchas pistolas y medallas, pero cuando me veía como un falderillo movía la colita…

SECRETARIO:  ¡¿Colita?!

DIVA:   ¡No seas vulgar! Bueno… ¡Tus razones tendrás…

SECRETARIO:  No me dio tiempo a explicarle. ¡Llenándome de besos me tiró en la cama, impaciente me arrancó el vestido, se tiró sobre mí… Cuando me tocó y comprendió… Se levantó de la cama como endemoniado, gritando los insultos mas horribles que nunca había escuchado. Quise huir pero estaba en la puerta pistola en mano…

DIVA: ¿Y así creía ese salvaje que me iba a…

SECRETARIO:  ¡Diva pero era yo!

DIVA:  ¡Bueno… ¡Yo… ¡Tú… ¡Lo que sea! Así no se trata ni a mi copia…

SECRETARIO:  Cuando escuché el disparo me desmayé…

DIVA: ¡Salvaje ¡Bruto! ¿Te hirió?

SECRETARIO: No sé si deba… No quiero ofenderla…

DIVA:  ¡Es como hablar conmigo misma! ¿Qué sucedió?

SECRETARIO:   ¡Me desperté bajo entre sus  brazos!

DIVA:  ¡Esos son los machos que tenemos!

SECRETARIO:  ¡Fueron cinco años de pasión en su apartamento de “La Laguna”!

DIVA:  ¡Los suburbios son el mejor paraíso para lo prohibido!

SECRETARIO:  Siempre que usted aparecía en público, al otro día ordenaba el mismo vestido, las mismas joyas, sus perfumes… Me los daba para que me los pusiera y así debía esperarlo en la cama… ¡Lloraba declarándome su amor! Bueno, a usted, a la Diva... Nunca pude lograr que a mí…

DIVA: ¿Qué te creías? ¡Se acostaba conmigo!

SECRETARIO:  El mismo día en que usted se casó con Christophoros Mikonos, me llamó para decirme que  yo… Que usted era una… (Ella alza el dedo deteniéndolo.) Esa noche lo encontraron con un  disparo en el corazón… (Se cubre el rostro.)

DIVA:  (Descubriéndolo.) ¡Por los hombres no se llora!

SECRETARIO: ¡Pero yo la vi de luto en el noticiero cuando se murió…

DIVA:   Delante del público, las cámaras, los fotógrafos… Cuando eres la Diva no puedes jamás dejar de serlo, porque lo que le perdonan a cualquier mujer en mí nunca lo olvidan… ¡Sécate esas lágrimas! SECRETARIO:  Es que aunque la amaba a usted, y a mí me utilizaba como una piltrafa, dejándome en las sombras… Yo… yo… ¡Todavía lo amo! Hay días en que todavía me parece verlo todo ensangrentado tirado en la cama.

DIVA:  ¡Ah, los hombres! ¡Qué ovejas tan endebles, debajo de las pieles de lobos! Aprende de mí que siempre los he utilizado, y cuando ya no me han servido los he botado como un trapo viejo…  SECRETARIO:  ¡Menos Antonio del Río!

DIVA:  (Acariciándole el rostro complacida.) ¡Vas a ser mi mejor secretario! ¡A él sí lo amé con toda la sangre! ¡Por eso la desgraciada Pelona me lo arrebató! ¡Maldita! ¡Desde entonces ella y yo estamos en eterna batalla! ¡Mira que ese día le pedí que no se montara en el avión…

SECRETARIO:  ¡Corazonada de enamorada!

DIVA: Pero aprende que no te puedes quedar enredada en la telaraña del dolor. ¡Cuando estás rodeada de hormigas bravas tienes que ser araña! Después que me fotografiaron bastante con el luto me lo quité, me puse mi vestido más hermoso, mis mejores joyas y me fui a darle la vuelta al mundo…  ¡Después vinieron otros, otros, otros… ¡Y los que allá afuera, están esperando aunque sea por una mirada de desprecio…

SECRETARIO:  ¿Allá afuera? Yo no… (Ella le lanza una mirada fulminante.) Se dice que la mayoría ha comprado carísimo a la policía sus sitios en la acera, que hasta algunos ¡Algunos llevan llevan años esperándola bajo el sol, y hasta se dice que han pagado carísimo sus sitios en la acera! (Ella sonríe.)

DIVA: ¡Parecen un bando de zopilotes esperando por la víctima! ¡No sabes lo que es vivir acosada por los hombres! (Va a la ventana y grita.) ¡Se van a convertir en estatuas de ceniza, polvo que el viento se va a llevar, porque yo soy quien escoge quién me mira, quién me respira, quién siente cuando paso por su lado, a quién le regalo la limosna de mi sonrisa… ¡Yo, la Diva! (De pronto se agarra el pecho dolorosamente, va a decirle algo pero ve al público y le habla al oído. El le trae la pastilla y el vaso con agua. Cubriéndola con su cuerpo para que no vean que la toma. Después se retira, ella finge que termina de beber, él coge el vaso vacío que retorna a su sitio.) ¡Me has convencido! ¡Serás mi secretario por… (Calla.)

SECRETARIO:  ¿Por siempre?

DIVA: ¡Mientras me seas fiel por los siglos de los siglos!

SECRETARIO: No entiendo… En la Agencia me dijeron que usted cada año… (Ella alza el índice.) ¡Perdone! Tengo que acostumbrarme. (Mira el reloj paralizado.) Es que a uno lo casan con el tiempo… (Igual.) ¡Aprenderé a morderme la lengua!

DIVA:  El tiempo es una mentira… ¡Todo comienza y sigue con la Diva!

SECRETARIO:  ¡Amén!

DIVA: ¡Se nos hace tarde! ¡¡Hay que prepararlo todo! ¡Mi regreso a la pantalla tiene que ser en  grande! ¡Hasta el más mínimo detalle tiene que ser perfecto! ¡El mundo entero tiene sus ojos sobre mí! ¡Y ese atajo de rameras e imitadoras, deben haber mandado sus espías como un bando de cuervos, revoloteando por todas partes a ver si pueden señalar algún defecto! (Se levanta con energía súbita.) ¡Pero con la Diva no hay quien pueda! (Apagón.)

-ESCENA SEGUNDA-

Penumbras. Luz al Secretario, que está sentado cortando las fechas de los periódicos que estruja y tira en una caja a sus pies.

SECRETARIO: Febrero siete, ocho, nueve… (Comprende que habla alto y mira con miedo hacia la cama. Susurra.) Diez, once, doce… (Tocan a la puerta. Sale y regresa con un cesto con flores.) ¡Sus adoradores no la olvidan! ¡Todos los días le envían sus flores puntuales como la mañana! (Toma una tarjeta que lee.) “Hermosa Diva; sueño con el día en que tan sólo te dignes a mirarme. Jesús Armando Morales del Valle” … ¿¡Jesús Armando Morales del Valle!? ¡El galán de “Corazones Ladrones”! (Suspira.) ¡Qué hombre! Y ayer fue Rafael Castillo, y antes Alejandro Lamadrid, Cesar del Toro… (Al oler las flores descubre el recibo que lee.) “Florería “El Girasol” cuenta número quinientos treinta, Señora Fernanda María Inés Alba Lago Medina, arreglo floral por valor de… (Queda pensativo. Corre a abrir una gaveta sacando las facturas.) “¡Florería “El Girasol”, “El Girasol”, “El Girasol”, “El Girasol”… (Lee.) “Sírvase ordenar su nuevo envío”. (Mira hacia la cama incrédulo, vuelve a revisarlos asombrado, desencantado los echa en la gaveta y la cierra. Deja escapar un suspiro resignado. Piensa. Marca un número en el teléfono. Susurra mirando hacia la cama) ¿Florería “El Girasol”? ¿Puede decirme quién ordena y paga la cuenta número quinientos treinta… ¡Comprendo… (Calla.) ¡Sí, estoy aquí, perdone! Quiero ordenar las flores de mañana para la Diva. Déjeme pensar… ¿Qué tal Emilio Alcorza… ¿El mes pasado? ¿Pedro Antonio León?, sí el joven cantante. Bien, mañana le envío el cheque… (En la cama la Diva toca la campana, cuelga rápido el teléfono. Se hace lentamente la luz. Va a la cama con la cortina corrida.) ¿Diva?

DIVA:  ¿Quien va a ser idiota? (Cuando él la descorre la Diva está sometida a las torturas de los

tratamientos de belleza; puede estar conectada a los alambres de un aparato, enrollada en vendas, etc. La libera.)

SECRETARIO:  ¡Más hermosa y juvenil que ayer! (Ella lo empuja.) Quise decir que siempre… (Le pone las chinelas y la bata. Ella se sienta.) ¿Le traigo la crema de Cleopatra?

DIVA:  ¡Más tarde! ¡Ah, las flores!

SECRETARIO:  ¡Son de Jesús Armando Morales del Valle! ¡El galán más hermoso de esta temporada!

DIVA:  ¿Qué esperabas? Solamente me he dejado tocar por un hombre que no lucía como un Dios…

SECRETARIO:  El compositor Armando Maldonado…

DIVA:  ¡Qué talento! Lo que le faltaba por fuera le sobraba por dentro… Te puedo asegurar que cuando me cantaba nadie le aventajaba en hermosura…

SECRETARIO:  ¡Y Jesús Armando Morales del Valle…

DIVA:  No está mal, pero ahora los hacen a todos iguales como en una fábrica… muy peinaditos, bien vestidos, musculosos, impecables, cantando letras vacías, atormentando una guitarra, meneando el trasero… ¡Pero cuando te quedas a solas con ellos y tratan de abrir la boca! ¡Mejor sería que no tuvieran ni boca!

SECRETARIO:  A mí me gusta mucho Florinda…

DIVA:  ¡De la cintura para abajo buen par de busto y nalgas, pero un hueco en la garganta…

SECRETARIO:  ¿Ya desea… (La Diva le hace señal, él revisa la ventana, rincones, debajo de muebles, etc.)

DIVA:  ¡Cuantos desgraciados darían la vida por saber mis intimidades! ¿Seguros? (El asiente, le indica que se marche y él sale. Se toca lastimeramente el cuerpo, viendo que el Público la mira disfraza sus cansados movimientos, va a un espejo donde se mira en la máscara mientras se toca el rostro.) ¡La misma de siempre! Eres lo único con clase que le va quedando a este mundo vulgar, donde la fealdad lo va devorando todo lentamente, en el cual sólo vivimos para soñar lo que hemos perdido, donde la bestialidad aplasta flores, donde… ¡Ay, si no fuera por estas tapias que me protegen de la mala hierba que lo invade todo! (Entra el Secretario con la bandeja con la copa llena de un líquido rojo.)

SECRETARIO:  ¡Su elixir! (Ella se abalanza impaciente y bebe con prisa, suspirando satisfecha, lentamente cobra un vigor juvenil. El toma la copa y con un pañuelito la limpia. Ella radiante va a ponerse joyas sin prestarle atención. Curioso mira la copa, la huele, mete el dedo que prueba haciendo una mueca de asco.) Esto que bebe…

DIVA:  ¡No te importa! Te pago para que me sirvas y no para que hagas preguntas. (Suena el teléfono.) ¡El teléfono!

SECRETARIO:  Oigo, sí, su secretario… No, no es Galarza. Debió haber sido el que estaba antes

que yo. Me llamo Fernando Mario Inocencio Alba Lago Medina. (Ella sonríe.) ¿Quién llama por favor? ¿El “Nacional”? (Ella le señala un papel en la mesa que coge y lee.) “Son completamente falsos los rumores que circulan sobre la salud de la Diva. Pronto se hará llegar a los medios nacionales un certificado de su doctor, donde se atestigua que posee la fuerza y organismo de una adolescente. Hace unos meses nadó ininterrumpidamente durante una hora en la isla de Capri, siempre visita un exclusivo gimnasio en Barcelona, y pronto se irá de vacaciones a esquiar al Mont Blanc en Suiza”. Eso es todo lo que tiene que declarar… Bueno, su ausencia de la vida pública es porque está preparando su regreso a la pantalla. ¡No puedo decirle nada! En su momento la Diva dará una conferencia de prensa. ¿Qué… ¿Las declaraciones de Dolores del Prado?

DIVA:  (Arrebatándole el teléfono.) ¡Esa desgraciada esconde detrás de su disfraz de señora a una ramera celosa! (Cuelga.) ¡Maldita! ¡Tráeme la caja!

SECRETARIO:  ¡Cálmese que su corazón… (Ella lo fulmina con una mirada.) Su corazón no debe preocuparse de esa arpía…

DIVA:  ¡Tráeme la caja! (Resignado el Secretario busca la caja que pone en la mesa, la abre sacando una vela que enciende, un inmenso clavo, las muñecas de trapo que ella va nombrando, y ayudada por él les deja caer la esperma, las pincha con el clavo.) ¡Susana Marín, Enriqueta Palma, Emilia Marqués, Rosa Guízar, Marta Aguirre… ¡Aficionadas, imitadoras, estúpidas, orilleras! Hicieron lo imposible por aplastarme y a todas me di el lujo de encargarles un responso. ¿Ahora quién las recuerda… Y yo sigo aquí… ¡La eterna Diva! ¡Ni siquiera como animas dejaré que regresen! (El le da la última.) ¡Ah, y tú, desgraciada, la peor entre todas… (Pinchándola frenética.) ¡Maldita, maldita, maldita, maldita seas por siempre Dolores del Prado! (Queda desfallecida.)

SECRETARIO:  Debe descansar.

DIVA:  (Mirando furtivamente al público.) ¡Yo nunca me canso!

SECRETARIO:  Lo sé, pero no debe darles el placer de agitarse!

DIVA:  (Cogiendo la copa.) ¡Tráeme más!

SECRETARIO:  Pero…

DIVA:  Tú me imitarás pero aquí la Diva soy yo. ¡Haz lo que te digo! (El toma la copa y sale.) Es verdad que no se merecen que ni con el odio las saque de sus tumbas… (Palpa su rostro.) ¡No voy a botar mi dinero en la basura! (Suspira calmándose lentamente.) ¡Todos saben que regreso a la pantalla! Deben estar temblando… Cotorras repitiendo letras vacías, engañando a pobres lavanderas que pagan para verlas olvidando sus desgracias, obreros que se enamoran en la oscuridad de un cine, jovencitos que entre las soledades de sus dedos las reviven… ¡Pero cuando me vean sabrán de verdad lo que es ser cientos de mujeres en el cuerpo de una sola, despedazarse el alma llorando como otra, amar como una loba herida, poner toda la sinceridad en un beso falso haciéndolo verdadero, pasear la belleza entre la fealdad de un revolución sangrienta... ¡Muñeconas de consumo, caretas de emociones, ojos vacíos, palabras iguales! ¿Qué saben lo que es hacerse desear por miles sin bajarse la blusa, callada con los ojos decirlo todo, repetir una palabra y que suene siempre distinta? ¡Tiemblen que la Diva regresa! (Impaciente toca la campana. Entra el Secretario y le da la copa apenas mediada.) ¿Qué esto?

SECRETARIO:  Apenas queda un poco…

DIVA:  ¡No puede ser!

SECRETARIO:  ¡El refrigerador está vacío!

DIVA:  (Mirándolo profundamente.) ¡Ya se llenará! (Bebe. El se acerca a tomar la copa y secarle los labios con el pañuelito.) ¡Que hermoso cuello tienes!

SECRETARIO:  ¡Para imitarla mejor!

DIVA:  (Tocándoselo.) ¡Piel joven, tersa, llena de vida, venas anchas latiendo rítmicas… Un cuello tan fino que se podría quebrar con dos dedos… (El recula protegiéndose el cuello con las manos.) ¿Qué te pasa?

SECRETARIO:  (Tratando de controlarse.) ¡Nada, nada!

DIVA:  Es normal que todos a mí alrededor tiemblen, pero recuerda que aquí la única que se puede dar el lujo de mostrar emociones…

SECRETARIO:  Es que… (Se mira en una máscara del espejo.) Sentí un extraño ahogo pensando que llegará el momento en que todo se marchite, arrugue, dejaré de parecerme a usted…

DIVA:  No te preocupes que eso no va a suceder.

SECRETARIO:  Es lo natural…

DIVA:  ¡Ya te dije que no!

SECRETARIO:  ¿Cómo está tan segura?

DIVA:  ¡Sé lo que estoy diciendo!

SECRETARIO:  ¿Los otros secretarios…

DIVA:  ¡Hablamos de ti!

SECRETARIO:  ¡Pero ellos…

DIVA:  ¡Les pagué con creces para que pudieran comprarse cremas, se dieran masajes, alimentaran como reinas… ¿Te crees que los iba a dejar marchitarse, para que salieran allá afuera mostrándose destruidos a ese bando de paparazzis y envidiosas? Y ver al otro día los cuervos de fiesta en todos los periódicos, revistas, la televisión: “La Diva no cuida, ni les paga bien a sus secretarios”… y sabe Dios cuántas calumnias más.

SECRETARIO:  Pero nunca he visto en ninguna noticia que ellos…

DIVA: ¿No has leído en tu contrato la cláusula de silencio?

SECRETARIO:  En verdad no he tenido tiempo.

DIVA:  Unos se fueron a vivir a provincias, otros decidieron salir del país, el resto permanece en el anonimato… ¿Por que desearían traicionarme?

SECRETARIO:  ¡Le juro que yo jamás Diva… (Se miran intensamente. Resignado va a ella, pone las manos de ella en su cuello y cierra los ojos, ella se lo acaricia y hasta lo huele embelesada.)

DIVA:  ¡Lo sé, lo sé! (Reaccionando sale de su encantamiento.) ¡Prepara la entrevista! (Se sienta, él le arregla el pelo, revisa el maquillaje, llena el cuello de collares, etc. Ella pone un brazo en la silla y la mano en su mejilla tirando de su sien.)

SECRETARIO:  ¿Me permite una sugerencia? (Ella se encoge de hombros con desdén.) Ayer… Se quedó durante toda la filmación… sin moverse… No se ve… (Se decide.) …natural.

DIVA:  ¡Soy como soy!

SECRETARIO:  Está claro que usted es el estilo Diva, habla como Diva, se inmoviliza como Diva, mira como Diva, respira como Diva… Quizás si con sus manos… (Le pone unos largos mitones alzándole las manos hacia el Público.) Esas manos Divas tan tersas y expresivas, es un crimen no moverlas libremente como una brisa de primavera. (Ella se las mira sonriente.) Ese rostro Diva pudiera coquetear con la cámara. ¡Permítame! (Va cortando pedazos de cinta adhesiva que les pega en el rostro halándole la piel. Le trae un espejo de mano donde está pegada su foto juvenil, ella se mira satisfecha.) ¡Perdóneme si a veces me sobrepaso!

DIVA:  Eres un buen secretario. Quizás…

SECRETARIO:  ¿Extenderá mi contrato después de… (Ella alza el dedo.) La celebración de los Difuntos…

DIVA:  (Estremeciéndose se persigna.) ¡Te prohíbo…

SECRETARIO:  ¡Perdóneme Diva! A veces se me olvida que todo lo que tenga que ver con… Pero el hombre es un animal de costumbres y…

DIVA:  ¡Aquí no hay hombres! Sólo la Diva… (Lo mira.) Y su sombra…

SECRETARIO:  Es que desde que estoy sirviéndola todavía no hemos resuelto… (Susurrando.) Lo de las fechas… Y si algo es importante en una biografía…

DIVA: ¡Usa la cronología de mis películas, romances, premios, éxitos… ¡Con eso basta! ¡A trabajar! (El enciende luz sobre ella y con la cámara comienza a filmarla.)

SECRETARIO:  Diva. Deseamos comenzar este segmento de la entrevista preguntándole qué es la fama…

DIVA:  La fama es un sueño que persigues incontrolable, dispuesta a pagar el precio que sea necesario, te exige los más desesperados sacrificios… ¡Ah, pero cuando la logras! Es un veneno que te alimenta, una trampa donde reinas solitaria rodeada de todos, siempre alerta para que no se te escape porque tiene las alas de lo fugaz, por eso debes ser implacable para que no te la roben, luchar con garras y colmillos disfrutándola siempre. Pero cuando te has regodeado en ella descubres que no es nada; ¡humo, espejismos, vanidad… Pero ya no sabes vivir sin ella, eres su prisionera, esclava de sus mentiras. Y así tienes que seguir hasta que… (Con la mano tapa la cámara que él apaga.)

SECRETARIO:  ¿Qué sucede?

DIVA:  (Tocándose el cuello.) ¡Me siento desnuda! ¡Mi collar de zafiros! (El comienza a buscarlo, pero no lo encuentra desesperándose, hala el candado de la puerta.) ¡Apártate de esa puerta!

SECRETARIO:  Es que quizás algunas de las criadas guardó el joyero…

DIVA:  (Palpándose la llave al cuello para estar segura.) No hay manera de que nadie… ¡Es la última vez que te lo advierto! (Le tira algo.) ¡Apártate de esa puerta!

SECRETARIO:  ¡Perdóneme! (Encuentra el joyero.) ¡Aquí está! (Saca el collar.) ¡El famoso collar que le regaló Antonio del Río cuando se casaron! (Ella se incorpora desnudando su cuello para que se lo ponga.)

DIVA:  ¡El primero de todos los que le siguieron! Desde entonces no acepté a ningún hombre con las manos vacías…

SECRETARIO:  ¡Pero Diva… ¡Este collar…

DIVA:  ¡Pónmelo!

SECRETARIO:  ¡Dios mío! ¡Los zafiros… ¡Hay que llamar a la policía! (Se lo muestra.) ¡Es falso! Mi padre era joyero… Alguien…

DIVA:  (Mirando a la ventana, al Público.) ¡Cállate! (Se lo arrebata poniéndoselo. El mira las otras joyas y le muestra el joyero.)

SECRETARIO:  ¡Todo esto es… ¿Entonces los rumores de que había vendido…

DIVA:  ¡No los repitas!

SECRETARIO:  ¿Su inmensa fortuna… (Inesperado y loco el reloj se desata con sus campanazos.)

DIVA: ¡Páralo, maldito, rómpelo, destrózalo, despedázalo! (Se arma el aquelarre entre gritos y maldiciones. Él tratando de amarrar las manecillas del reloj con una cuerda. Ella coge un clavo de la caja y clava el almanaque. El silencia el reloj. Ella cae al piso desfallecida, la abraza y la va meciendo mientras canta como en una nana.)

SECRETARIO:  Acuérdate de la playa;

                            mi dulce sueño,

                            Diva bonita,

                            Diva del alba,

                            las rosas se sonrojaron

                            cuando pasabas,

                            acuérdate cuánto te amaba

                            Diva bonita, Diva del alba… (Apagón.)

-ESCENA TERCERA-

Penumbras. Afuera estallan flashes, ruidos de muchedumbre. El Secretario entra apresurado, tira la maleta al piso sentándose en ella agitado. Ya va cobrando la apariencia de la Diva. La Diva en su silla estudia el libreto, apenas sube la luz mira al Público y se quita rápidamente los espejuelos, se compone coquetonamente y asume su pose con la mano en el rostro.)

DIVA:  ¿Qué te pasa?

SECRETARIO:  Tuve que correr, saltar la tapia del jardín… Estaban subidos hasta en los árboles.

DIVA: ¡Desgraciados, piojos chupadores de noticias, calumniadores! ¡Matarían a su madre con tal de vender la noticia! Bueno, ese es el precio que hay que pagar cuando eres la Diva…

SECRETARIO:  Ya se corrió la noticia de su regreso, la publicación de su biografía… (Va a la ventana y mira afuera.)

DIVA: ¿Y mi romance con Ernesto de la Peña? (El la mira extrañado.) ¿Te lo tengo que recordar todo?

SECRETARIO:  ¡Claro que no Diva! ¡Es que son tantos hombres en su vida! Y los que hay allá afuera esperándola.

DIVA:  (Arreglándose coquetonamente.) ¿Cuántos son?

SECRETARIO:  ¡No pude contarlos!

DIVA:  ¿Para qué te pago?

SECRETARIO:  ¡Es una multitud hasta donde la vista se pierde! (Ella mira al Público sonriendo satisfecha.) ¡Productores, actores, galanes, directores, reporteros, políticos, modistos, peluqueros, negociantes, publicistas, editores…

DIVA:  ¡Las envidiosas deben estar que se las lleva el diablo! ¡Y todavía ni hemos comenzado a filmar la película! Recuerda que cuando comencemos no habrá descanso… ¡Te entregarás a mí en cuerpo y alma!

SECRETARIO:  ¡Me prometió que para el cumpleaños de mi madre… ¡Por favor Diva… ¡Después le prometo que no veré más la luz del sol! ¡Se lo juro!

DIVA:  ¡Bah! ¡Pese a todo llevas eso colgando… (Imitándolo.) “¡Se lo juro!” ¡Palabras de hombre!

SECRETARIO:  ¡No… palabras de la otra Diva! (Se echa a sus pies tomándole las manos.) ¡Tiene que creerme! ¡Jamás la engañaría! ¡Antes prefiero morirme!

DIVA:  ¡No te atrevas! ¡Te lo prohíbo! ¿Lo oyes bien… (Se zafa rehuyéndolo.) ¡Mal agradecido!

SECRETARIO:  ¡¡Diva!!

DIVA:  Estoy cansada de dejar entrar gentes en mi vida y que me paguen pasándose al lado de La

Pelona… (Alza el puño.) ¡Desgraciada, eterna enemiga, ladrona! (Frenética comienza a buscar. El trata de calmarla pero no puede.) ¡Maldita, sé que estás escuchándome, lista a saltar en cualquier momento para atacar, sal de tu escondite, llénate de vergüenza y déjate ver, ¿te crees que voy a temblar?, ¡sólo eres unos patéticos huesos!, ¡apestas a carroña mientras una gota de mi perfume vale cientos de dólares! (Se detiene exhausta. Grita.) ¡Judas! (Se tambalea. El Secretario corre a sostenerla pero mirando furtivamente al Público lo rechaza, se agarra de un mueble.) Nunca me has visto echar una lágrima en público y quieres vencerme dejándome sola… (Alza el puño.) ¡Pero no podrás! ¿Me escuchas desgraciada? ¡Saca tus huesos a la calle y mira todos los que me esperan! (Al Secretario.) Y tú… ¡Si alzo un dedo vendrán ante mi puerta todos los aspirantes a secretarios del mundo!, lamerán el piso por donde camino, no se atreverán a pedirme nada, ni a contradecirme… Y si es preciso cogeré una tijera y bajándoles los pantalones… (De nuevo imitándolo.) “¡Se lo juro!”… Desde que nací en un mundo de hombres, respirando el aire de los hombres, evadiendo las trampas de los hombres, atrapada en las leyes de los hombres, compartiendo las camas de los hombres… Estoy escuchando “juramentos” de hombres… (Señalándolo.) ¡Limpiándome mierda de los hombres!

SECRETARIO:  ¡¡Noooo… ¡Soy la Diva… ¡La Diva… (Desesperado abre la maleta y torpemente se va poniendo un vestido, peluca, collar, etc. Ella lo mira asombrada mientras se transforma en ella, se irá interesando y se sienta a mirarlo. El enciende la luz de la filmación, pone en la grabadora la música de la danza exótica que baila, de pronto se detiene y la apaga.) “¿Qué haces aquí? ¡Vete, no quiero verte! Sí, soy una cabaretera y a mucha honra. Prefiero ser la reina del Salón Chino a la esclava escondida en tu apartamento. ¡Aquí el mundo está a mis pies pero… pero…

DIVA:  “… allá era yo quien estaba a tus pies”.

SECRETARIO:  “Allá era yo quien estaba a tus pies y no he nacido para ser sombra. (Carcajada.)

DIVA:  ¡Mira a la cámara!

SECRETARIO:  ¿¡Amor!?

DIVA:  ¡Ponle más desprecio!

SECRETARIO:  ¿¡¡¡Amor!!!? Esa palabra tenía algún significado cuando salía del colegio y me encontraste…

DIVA:  (Entrando en el papel.) ¡Permítame señorita!

SECRETARIO:  ¡Santa!

DIVA:  Hermoso nombre. ¡Mucho gusto! ¡Juan Manuel del Castillo!

SECRETARIO:  ¿El famoso senador…

DIVA:  ¡Más asombro y admiración!

SECRETARIO:  ¿El famoso senador que aparece tanto en los periódicos?

DIVA:  Señorita Santa ante usted soy un simple hombre… ¿Me permite invitarla…

SECRETARIO:  ¡Con un mango me compraste! ¡Ah, pero si fuera ahora, no te alcanzaría todo lo que robas en el senado…

DIVA:  (Abrazándola apasionado.) ¡Eres mía, solo mía, te amo Santa! (La besa. Lo aparta.)

SECRETARIO:  ¡Págame, quiero lujosos vestidos, pieles, cúbreme de joyas, dinero en el banco,  una mansión en San Agustín, un carro, tírate a mis pies besándolos, dime que tu esposa es la verdadera ramera, que la desprecias, que odias a todas esas señoras de la alta sociedad, que sin mí no puedes vivir, que soy tu Santa!

DIVA:  (Aplaude al borde de las lágrimas.) ¡Bravo, bravo, bravo… ¡¡Diva!!

SECRETARIO:  (Besando sus manos emocionado.) ¡Dios la bendiga Diva!

DIVA:  (Transformada.) ¡Déjate de baboserías! (Se aparta exasperada.) Está bien… Te dejaré ir a tu pueblo. ¡Pero después te encerrarás aquí a cal y canto!

SECRETARIO:  ¡Gracias Diva! ¡El cumpleaños de mi madre es algo tan especial!

DIVA:  ¡Tonterías! Cuando uno nace no debían ni de hacerle certificado de nacimiento. Nunca he comprendido cómo se puede festejar que te estás poniendo viejo. ¡Arreglas tu casa, le llenas las panzas a todos tus invitados, te gastas una fortuna, para que te cuenten una arruga más, cómo te encorvas, todo lo que se te cae, se marchita… Los enemigos salen satisfechos sabiendo que te va quedando menos, menos, menos…

SECRETARIO:  Es que si todos fuéramos eternamente jóvenes como usted Diva…

DIVA:  ¡Bueno dejemos al mundo con sus estupideces! Ya veo que trajiste tus cosas. (Acercándose le mira la copia del collar de zafiros.) ¿Y eso?

SECRETARIO:  Lo encargué a un joyero…

DIVA:  (Tocándose el suyo.) ¡Se ve a la legua que es una burda imitación! ¡Pareces una… ¡Ni pienses que te lo voy a permitir! (Le arranca la peluca, joyas, obligándolo a quitarse el vestido. El se agacha sacando de la maleta otros vestidos, pelucas, zapatos, que ella le quita y bota. Destapa el perfume, ella recula asqueada.) ¿Cómo te atreves? ¡Jamás me echaría esa agua apestosa! (Camina pateando las cosas en el piso.) ¡Basura, basura, basura! ¿Cómo puedes pensar que la Diva…

SECRETARIO:  Si supiera las veces que he dejado de comer para comprar estas cosas.

DIVA:  ¡Mi vida no es show de falsas mujeres! ¡Tengo que hacer algo! ¡Ya sé! Trae mi vestido rosa, el lila, el verde… ¡Muévete! (El sale corriendo. Afuera se escucha a la gente, precavidamente va a la ventana, apenas mueve la cortina desde afuera un flash la ciega, da un grito y avanza tanteando ciegamente hasta agarrarse a la cama. El entra con los tres vestidos.)

SECRETARIO:  ¿Se siente mal?

DIVA:  ¡Yo siempre estoy bien! (Se recompone. Le prueba los vestidos poniéndoselos por delante.)  ¡El lila! (Se lo da.) ¡A ver! (El lo modela caminando.)

SECRETARIO:  ¿Qué le parece?

DIVA:  Quizás si ensayamos bien duro… 

SECRETARIO:  ¡No me detendré hasta haber refinado cada detalle!

DIVA:  ¡Más te vale! Es la Diva la que va a salir por esa puerta…

SECRETARIO:  ¡No sabe qué honor me hace!

DIVA:  Es tu trabajo.¡Tu mejor show para engañar a los malditos paparazzi y que no me persigan a todas partes! Quizás te eche algunos de mis perfumes… (El aplaude complacido.) Aunque sea por unas horas no se vería mal mi collar en tu cuello… (Nuevamente instintivamente él se protege el cuello.) ¡Bueno a trabajar!  ¿Te acordaste de conseguir…

SECRETARIO:  ¡El mismito Manuel Felipe del Salto!

DIVA:  ¡Ese nombre no me dice nada! ¿Al menos puede abrir la boca?

SECRETARIO:  ¡Y qué boca… un durazno en primavera… Es el galán de moda. DIVA:  ¡Yo sí sé lo que es un galán! Ahora con el maquillaje, el pelo engomado, les quitan la camisa, las nalgas apretadas… ¿Qué hace? 

DIVA:  “Los ricos tambien lloran”… Ha roto todos los records de teleaudiencia. Donde quiera que va levanta tumultos… (Ella lo mira.) ¡Como usted! ¡Mejor pareja no puede haber!

DIVA:  ¿Es de confianza? No quiero que después venda los chismes a una revista escandalosa.

SECRETARIO:  A él más que a nadie le interesa… ¿Quiere más publicidad que lo vean del brazo de la Diva?

DIVA:  ¡Como tantos otros! Se creían que me utilizaban mostrándome y yo era quien los utilizaba.

SECRETARIO:  ¡No se puede tener piedad con ellos! Todos vienen por lo mismo y después… las excusas, el olvido… Una pieza más que anotar en la lista de la cacería. ¡Desgraciados!

DIVA:  (Aplaude.) ¡Bravo! Parece sacado de “La Mujer sin Alma”.

SECRETARIO:  Ni me di cuenta…

DIVA:  ¡Ya sientes mi cólera, te llena mi asco, manejas mi ambición…

SECRETARIO:  ¡No me atrevería a tanto Diva!

DIVA:  Entonces digamos que soy yo la está respirando tu aire, hablando con tu voz, entrando en tu piel, ese cuello va siendo mi cuello… (El se estremece temeroso pero al ver cómo la mira finge sonreír.)  SECRETARIO:  ¡Gracias Diva!

DIVA:  ¿Llamaste al Nacional?

SECRETARIO:  ¡A todos los periódicos! Por eso están allá afuera como perros alebrestados.

DIVA:  ¡Aves de rapiña esperando lanzarse sobre la carroña! Tras el estreno de la “Diosa Desnuda” no los necesitaba… La fama me seguía sola por donde iba, el público era quien la alimentaba, mis admiradores creaban el aura del estrellato en torno a mí...

SECRETARIO:  Es que los tiem… (Ella lo ira duramente.) Las cosas han cambiado.

DIVA:  ¡Yo sigo siendo la Diva! ¿No olvidas nada?

SECRETARIO:  Los guardaespaldas mantendrán a todos lejos mientras entro a la limousine, de allí iremos a la joyería para ver algunos diamantes, después me probaré algunos vestidos en la Mansión Dior, celebraremos una cena romántica con candelabros en el “Chateu Blue” y saldremos escondidos por el garaje. Después en la prensa del mundo entero… “Romance entre la Diva y el galán Manuel Felipe del Salto” “La Diva más hermosa que nunca” “La Diva sigue rompiendo corazones”… ¡No habrá un solo hombre en este país que no vuelva a amarla… Correrán a treparse sobre sus mujeres sin importarles lo desgreñadas que estén, si es necesario buscarán prostitutas y algunos como mi General… ¡Todos buscando hacerle el amor a la Diva con pasión y furia!

DIVA:  ¡Ese es el poder de la vágina en un país machista! ¡Ahora vamos a ensayar! (Toma el libreto que lee.) ¡No, no… ¿Cómo voy a regresar al cine con esta basura?

SECRETARIO:  Es el décimo que rechaza.

DIVA:  (Se lo tira.) ¡Como si fuera un millón! Sigue buscando, llama a los mejores agentes…

SECRETARIO:  ¿Qué les digo?

DIVA:  ¡Que es para la Diva! ¡Exígeles calidad, interés, algo distinto! ¡Necesito que las multitudes acudan a los cines, levantarlos de sus asientos… ¿Has pensado alguna vez cómo se le verían las costuras a este país, sin la droga del entretenimiento que les ofrecen? Les tapan la porquería de realidad que les imponen, no haciendo que la miren como es, si no que la imaginen cómo desearían que fuera; mitos, nubes, humos… Por eso yo, ¡la Diva!, soy una necesidad nacional… (Toma un abanico de plumas y se pasea teatralmente.) ¡En mí la criadita se siente Señora, la madre no tiene que vender su cuerpo, la anciana no siente hambre, los enfermos sin medicinas se curan conmigo, se olvida a los politiqueros robando, la policía corrompida por la droga, secuestros, asesinatos, las torturas sanan pronto, buscando una vida mejor nadie muere en los desiertos, no los explotan en tierras extrañas, creen en el sermón prometiendo que en el más allá la vida será mejor…

SECRETARIO:  (Aplaudiendo.) ¡Viva la Diva!

DIVA:  ¡Los mitos son la borrachera nacional! ¡Y aquí… ¡La bandera, la virgen y la Diva! (Tira el abanico que él coge. Se sienta.) Ahora sabes lo que necesito. No dejes piedra sin mover.

SECRETARIO:  ¿Y si llamo a Hollywood?

DIVA:  ¿Para que me pongan unas trenzas y en una plaza baile con castañuelas? ¿Sabes lo que me distingue de muchas de mis enemigas? Nunca contesté sus ofertas por mucho que me pagaran… Se podían con sus dólares limpiar el… Sin embargo ellas… ¡Indias de pacotilla, beautiful señoritas con mantillas en un balcón flirteando con un cowboy, meneando las nalgas para un Mister, semi encueras con frutas en la cabeza… ¡Y todavía se atreven a criticarme! ¡Desgraciadas!

SECRETARIO:  Quizás ahora que usted es adorada en todo el mundo…

DIVA:  ¡Siempre se atreverán! La altanera miopía no les permite vernos más allá de cómo creen que somos; ¡latin lover lujuriosa y fácil cuchicuchimamacita hot tamales rumbera con maracas consentida exótica bailando sobre tambores babalú del I Love Lucy… ¡Cualquier cosa que vaya a ser mejor lo soy en mi país! ¡Más nunca me los menciones!               

SECRETARIO:  Mientras esperamos a que aparezca necesitamos algo para mantener vivo el interés del público… ¡Un gancho publicitario! ¡Tengo una idea! Le pido que me perdone. ¡Pero escúcheme por favor… No, mejor no se lo digo, se pondrá brava… Me lo tiene prohibido… ¡Olvídelo! ¡No le he dicho nada!

DIVA:  ¿Me lo dices o no?

SECRETARIO:  Únicamente si puedo hablar libremente… Sabe que para usted sólo deseo lo mejor…

DIVA:  ¡Acaba de una vez! (El aparta de su cercanía cualquier objeto que pueda tirarle, se aleja cautelosamente.)

SECRETARIO:  Que el país le de un homenaje nacional…

DIVA:  ¿Qué hay de malo en eso? SECRETARIO:  (Rápidamente.) Porque crean que se murió… (Se esconde a toda prisa tras un mueble. Pausa. Saca la cabeza lentamente pero ella está en su pose de siempre simplemente mirándolo.) ¿Escuchó que dije “crean”… Todos sabemos que eso no pasará. Pero una simple llamada al “Nacional”…

DIVA:  ¡Los cuervos estarán de fiesta!

SECRETARIO:  (Emergiendo lentamente.) Sus admiradores saldrán en tropel de sus casas, la radio suspenderá su programación para sólo hablar de usted, la televisión pasará todas sus películas, en todos los cines levantarán monumentos, llenarán de flores el Panteón Nacional para recibirla, el mismo Presidente declarará luto nacional… Y entonces… ¡Aparecerá joven, eterna, hermosa, el país caerá a sus pies!

DIVA:  ¡Denunciaremos que fue una sucia maniobra de Dolores del Prado! (Carcajada.) ¡Nadie te creerá cuando lo niegues maldita…

SECRETARIO:  ¡Ella tendrá que irse del país! ¡Al fin la venganza que tanto ha esperado!       

DIVA:  ¿Tendré que… ¿Una funeraria, un velorio…

SECRETARIO:  ¡No! Solo la tenderemos por un rato en su cama rodeada de rosas de “El Girasol”, unos candelabros, le haremos unas fotos que enviaremos a todos los periódicos con una corta esquela… Después denunciaremos que fue un fotomontaje, asqueroso truco de algun paparazzi…

DIVA:  Hay que instalar más cerraduras, rodear la casa de guardaespaldas, no dejar a nadie entrar ni salir… (Se persigna.)

SECRETARIO:  No es nada tan serio. Más bien como un juego, otra película…

DIVA:  De acuerdo con el Zodiaco pronto entraremos en la Octava Casa de Plutón donde reside la Muerte… Se acerca la celebración de los Difuntos… El accidente de Alejandro del Castillo… (Se persigna mirando hacia la puerta con el candado.) ¡Son demasiadas cosas unidas por lo mismo!

SECRETARIO:  ¡No me va a decir que usted le tiene miedo a…

DIVA:  ¡No es a esa maldita!... Estaba de mi luna de miel con Roberto Carril en España… Siempre he sido devota de Santa Teresa de Ávila… Visitamos sus conventos, iglesias… ¿Sabes que todavía estaba caliente cuando le cortaron la cabeza para llevársela a otro convento, después un brazo, las piernas, una mano, los dedos, el corazón… ¡Fue una verdadera carnicería! (Estremecida se persigna.) En su tumba apenas hay unos huesitos. ¡Es horrible aquellas cosas resecas, negras, metidas en relicarios, huesos en copas de cristal…

SECRETARIO:  ¿Por qué me cuenta eso?

DIVA: ¿Y si me quedo dormida y entran mis seguidores creyendo… ¡Oh, no! ¡Júrame que no lo vas a permitir! Me parece sentir los cuchillos entrando en mi carne…

SECRETARIO:  ¡Cálmese!

DIVA:  ¿Cómo quieres que me calme mientras me destazan como a un puerco? ¡No! (Corre a la ventana asegurándose que está cerrada, él la sigue tratando de calmarla. Ella camina desesperada, abre una gaveta de la que saca un puñal que esgrime defensivamente, sube a la cama y corre la cortina tras la que se escucha su miedo.)

SECRETARIO:  ¡Dios mío y no queda más elixir! ¡Su corazón! ¡Por favor Diva! (Silencio. Mira alrededor desesperado.)

DIVA:  (Saca la cabeza por la cortina.) Los necesito. ¡Ve a buscarlos!

SECRETARIO:  ¿A todos?

DIVA:  ¡Me basto y sobro! (Desaparece. El ve la gaveta abierta y mira adentro, mira hacia la cama, vacila, finalmente extrañado saca los contratos.)

SECRETARIO:  ¡Contratos de la agencia! Pedro Díaz, David Galarza, Antonio Cruz, Andrés, Alberto, Manolo, Enrique… ¡No entiendo! Uno nuevo cada año… Si todos eran buenos trabajadores… ¿Por qué los cambia? ¿Por qué cuando traté de pedirles ayuda no pude encontrar a ninguno… ¡Mi contrato! (Lee.) “Llamar a la agencia después del Día de los Muertos para que envíen al nuevo secretario”. ¿¡Nuevo secretario!? ¡Pero me juró…

DIVA:  (Campanazos.) ¿Por qué te demoras?

SECRETARIO:  ¡Ya voy Diva! (Los regresa a su sitio cerrando la gaveta. Pone un bolero sensual en la grabadora y sale corriendo. Pausa. Entra con el carrito con las urnas funerarias.) Aquí están Diva.

DIVA:  (Descorre la cortina.) ¡Bienvenidos amores míos! (Se acuesta. El va poniendo una a una las urnas sobre su cuerpo.)

SECRETARIO:  ¡Alejandro del Castillo!

DIVA:  ¡Como te he estado esperando!

SECRETARIO:  ¡Roberto Carril!

DIVA:  ¡Cariño!

SECRETARIO:  ¡Lecroix, Hugo del Recio, Hassim Mohamed, Christophoros Mikonos…

DIVA:  ¡Abrásenme, bésenme, desnúdenme, ámenme… (El corre la cortina. En medio de los sacudiones de la cama él va al closet y comienza a luchar con el candado uniendo sus maldiciones a los gritos lujuriosos de ella. Va bajando la luz.) 

-ESCENA CUARTA-

La cortina de la cama está corrida. El Secretario tiene un delantal y un plumero, mientras limpia canta o tararea un bolero y da unos pasos de baile. De pronto la luz parpadea, etc., se escucha una música sacra.

DIVA:  ¡Fernando Mario Inocencio Alba Lago Medina!

SECRETARIO:  (Asombrado busca.) ¿Quién está ahí? (Se descorre la cortina. De pie sobre la cama rodeada de una luz brillante la Diva está cubierta por un largo velo blanco.) ¿Quién es usted?

DIVA:  ¿No me reconoces?

SECRETARIO:  No sé… Se parece… Pero ella… ¿Qué quiere?

DIVA:  ¡Irás a ver a todos los empresarios, agentes, productores, directores, les dirás que te envié yo; ¡Santa Diva! (El se persigna y cae arrodillado.) Les dirás que deben ayudarme para hacer la más grande película que el mundo jamás haya visto. Que quiero que aquí en mi casa hagan un estudio que visiten todos…

SECRETARIO:  ¡No me creerán!

DIVA:   Te daré una prueba que les mostrarás. Busca y encontrarás mis películas que me traerás…

SECRETARIO:  ¡Pero…

DIVA:  ¡Haz lo que te digo descreído! (El busca y va encontrando por todas partes las películas que echará en el delantal.)

SECRETARIO:  (Asombrado.) “La diosa desnuda” “La pecadora” “La esclavizadora de hombres” “La fiera” “Mujer sin corazón” “Labios crueles” “Pecadora de noche” “Doña araña” “Cabaret maldito” “La Venus de hierro”… Aquí están…

DIVA:  ¡Déjame tocarlas! Ahora ve y muéstralas…

SECRETARIO:  ¿Y la prueba?

DIVA:  ¡Déjame verlas! (El abre el delantal, caen las películas, en el delantal está la imagen de la Diva. Se escucha el Aleluya. Baja la luz.

-ESCENA QUINTA-

Entre las penumbras la Diva duerme en la cama con la cortina descorrida. El Secretario entra con el vaso y la pastilla, se detiene al verla profundamente dormida, se acerca lentamente, con desdén bota la pastilla y se va a marchar poniendo el vaso en una mesa. Intrigado, curioso, regresa a la cama, cuidadosamente mete la mano debajo de la almohada y descubre un puñal que mira con miedo devolviéndolo tembloroso a su sitio. Vacila, se decide, le saca delicadamente del cuello la cadena con la llave. Caminando sin hacer ruido va al closet, zafa el candado abriendo la puerta. Adentro se pueden ver, o cae la pila de esqueletos, mientras se cubre la boca apagando un grito de terror. Apagón rápido.

-ESCENA SEXTA-

Es el Día de los Muertos. Entre las penumbras la Diva va encendiendo las velas del altar, arreglando las flores, poniéndoles su comida.

DIVA:  Pasiones eternas, cosas, juguetes, esclavos que tantos placeres me proporcionaron, ustedes me atan a la vida, me obligan a seguir filmando esta larga película, actuando siempre a la Diva que no puede descansar, por que si lo hago…. (Se persigna.) ¡Jamás! Soy el cemento que mantiene unidos los sueños. ¡La reina de lo que todos llaman La Época de Oro! ¿Me escuchan atajos de rameras? ¡Oro, oro, oro… No crean que es fácil… Pero ustedes se lo merecen todo. ¡Amores míos! Sólo una vez al año la Octava Casa de Plutón se abre para dejarlos regresar, hacerse risas, recuerdos, amores… Después esa desgraciada de La Huesuda… (Se persigna.) … se los volverá a llevar para el silencio, la noche eterna… Pero nunca podré olvidarlos. Cada uno de ustedes dejó algo en mí… Sin ustedes he sido la Diva, pero sólo con ustedes he podido ser la hembra. Necesito esos cuerpos en mi cama, el calor de esos besos en mis labios, que se dejen torcer, virarlos al revés, poseerlos hasta que lloren, griten, ardientemente me pidan más… ¡El soñador Alejandro del Castillo!, tus rojos mameyes. ¡Mi pequeñín Armando Maldonado!, aquí están tus naranjas que tanto gustabas cuando caía el sol en la playa. ¡Antonio Del Río!, no olvidé tus ricos mangos. ¡Roberto Carril!, vuelve a disfrutar tu cerveza favorita. ¡Mi talentoso Lecroix!, ¿qué eras sin tu chocolate cada mañana? ¡Hugo del Recio, para el que no había cena sin un jugoso bistec! ¡Mira lo que te traje mi fogoso Hassim Mohamad!, tus habanos preferidos! ¡Ah, Christophoros Mikonos!, dabas la vida por un aromático café! ¿Ven que no les he olvidado los gustos? ¡Aquí está la Diva para amarlos hoy como siempre! (Se enciende y apaga intermitente la luz.) ¡Maldición, hoy que todo tiene que ser perfecto para ellos! (Espera, no sucede nada.) ¿Dónde estábamos? ¡Ah, el banquete… (Toma la copa vacía.) ¡Pronto podré beber con ustedes mi elixir! (Apagón.) ¿¡Qué es lo que pasa!?

SECRETARIO:  ¡Divaaaaaa… 

DIVA:  (Toma una vela del altar y busca.) ¿Quién me llama?

SECRETARIO:  ¡Divaaaaa…

DIVA:  ¿Qué estupidez es esta? ¿Quién está ahí?

SECRETARIO:  ¡Tengo sed! ¡Dame tu sangre Diva!

DIVA:  ¡Basta! ¿Dónde está ese desgraciado secretario? ¡Maldito! ¡Cuando más lo necesito! (Corre a una mesa donde pone la vela, toca la campana frenéticamente.)

SECRETARIO:  ¡Hemos regresado Diva!

DIVA:  ¡Fuera de mi casa! ¡Como seas tú Dolores del Prado…

SECRETARIO:  ¡Somos tus secretarios Diva!

DIVA:  ¡No puede ser! (Se hace la luz. Corre a la gaveta y saca el puñal.) ¡Atrévanse! (Entre las posibilidades que se le sugieren al Director puede ser que se descorra la cortina y en la cama están colgados los esqueletos, que caigan por la puerta sin candado, etc. el uso de clichés sonidos fantasmagóricos, humos, música, etc. Lo que provoca el terror de la Diva. Finalmente entra el Secretario cubierto por la fantasmal tela negra, lleva en una mano una copa idéntica a la suya y en la otra un puñal.)

SECRETARIO:  ¡Tu sangre Diva, tu carne; queremos la eterna juventud!

DIVA: ¡Aléjense, no puede ser, les saqué hasta la última gota para mi elixir, los convertí en cremas, les comí las glándulas, los convertí en tratamientos para ser por siempre hermosa, fuera, fuera, malditos…

SECRETARIO:  ¡Ahora es nuestro momento Diva, no puedes escaparte! (Llena de pánico corre dejando caer el puñal, él bloquea la salida a la puerta, trata de abrir la ventana en medio de sus gritos, él va acorralándola contra la cama, alza el puñal. Ella se lleva las manos al pecho y con un estertor cae muerta. El se quita el trapo y debajo está con la peluca, el vestido lila, etc., exactamente como la Diva en su época de oro. Arranca su máscara a un espejo y se mira arreglándose. Va a la puerta. Va bajando la luz quedando una sobre la Diva.) ¡El público espera a la Diva! (Abre la puerta y estallan los flashes de las fotos, saluda y tira besos, ovación. Sale.)

 

                                                                                    Telón

                                                                                    

                                                                                     New York-1-5-2003

                                                                                     New York-3-12-2004

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