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LA DUDA

de Ana A. Millás Mascarós

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

La duda

Ana A. Millás Mascarós

 

 anamillas@hotmail.com

 

PERSONAJE: Juan.

 

JUAN             - (Hablando por el teléfono móvil) Sí, cariño sí… No te preocupes y pásalo bien… Sí ya he visto que me has dejado la cena en el microondas… No tenias que haberte molestado… ¡Muy simpática!… (Molesto, corta la comunicación y se guarda el móvil en el bolsillo) Creo que estarán de acuerdo conmigo en que las mujeres son un raro misterio… La mía, últimamente, debe andar maquinando que hacer conmigo… Sí, como lo oyen... Hace unos días tuvo un arrebato y, desde ese momento, tengo la sospecha de que intentó deshacerse de mí… No, no crean que únicamente es una forma de hablar. No, que va… Les voy a contar el caso para que lo vean más claro…

Trabajo en un taller mecánico y, además de acabar reventado, muchas veces llego a casa con más grasa en las manos que los voluntarios que se afanaron recogiendo el fuel vertido por el puñetero Prestige, y que acabó estrellándose ante la Costa da Morte…

Bueno, a lo que iba. (Pausa) La otra noche, apenas puse un pie en el salón, allí estaba Ana de punta en blanco esperándome para salir a cenar… Malditas las ganas que yo tenía de hacerlo... A bocajarro me dijo: (Imitando la voz de su mujer) “Ponte las pilas que la reserva es para las diez”… Se puso hecha una fiera por la cara de idiota que se me debió quedar… ¡Reserva! ¿Qué reserva?… ¡Vaya marrón!… Habíamos quedado con unos amigos para celebrar su aniversario de boda, y yo lo había olvidado… Acababa de cometer un crimen imperdonable porque, según ella, no podíamos hacerles el feo de no asistir… Con buenos modos le pedí que les llamara y nos disculpara alegando que estaba enfermo… Como ya pueden suponer de nada sirvió mi sugerencia… Ella, erre que erre, continúo es sus trece... No estaba dispuesta a mentir, y mucho menos por mí que nunca me sacrifico por ella… (Pausa) Me tiró en cara que hacía meses que no salíamos… Claro está que el culpable de ese hecho, como de tantos otros, únicamente era yo… Llegados a este punto su furia se acrecentó. Cayó en la cuenta de que aquella noche retransmitían un partido de liga y me monto un poyo de cuidado… (Imitándola) “Si tuvieras cuarenta de fiebre te excusaría pero, que me dejes plantada por un partido es una grave ofensa”… Y, como yo todavía no había metido la pata lo suficientemente hondo, no se me ocurrió otra cosa que alegar que ese no era el motivo… Tuve la brillante idea de decirle que me dolía la cabeza y a ella le faltó tiempo para tildar mi excusa de lamentable y poco imaginativa: (Imitando la voz de ella) “¡No me vengas con milongas! Seguro que escucharas el partido, con el sistema “prologic-sorraund” a toda caña”… (Irónico) ¿Es que se puede escuchar de otra forma, cariño? Me atreví a argumentar… ¡Dios, cómo se me ocurrió replicarle!… Acto seguido me lanzó un ultimátum: “Está bien, tú ganas. Ya que así lo prefieres quédate a ver como un puñado de “tíos” pierden el culo por pegarle patadas a un balón”… No me lo podía creer se había acabado la discusión y me iba a dejar tranquilo… ¡Error!… Creí que aquello se había acabado y estaba listo… Se encamino hacia la puerta de la calle y osé preguntar, únicamente por cortesía: ¿Dónde vas?… ¡Tonto de mi!… Le proporcioné el pie para que me diese la puntilla: “A partir de hoy todo va a cambiar”… ¿Qué iba a cambiar? ¿Acaso desde ese día discutiríamos por teléfono?… Enseguida ella resolvió mi duda: “Todavía no tengo decidido qué voy a hacer de ahora en adelante, pero de momento, me voy a cenar con nuestros amigos”… Juro, que casi pego un brinco de contento y eso hubiese sido lo más correcto… ¡La tele para mí sólo, pensé! Pero, en lugar de hacerlo, la desafié… ¡No serás capaz!… Doble error por mi parte… “Qué poco me conoces”… Me replicó muy ufana… (Aseverando) ¡Nada, lo puedo jurar! No la conozco, nada… Iba embalada y aprovechó la ocasión para darme un buen repaso… Comenzó tirándome en cara mi egoísmo y mi falta de tacto… (Imitándola) “Quiero que sepas que para celebrar mi próxima emancipación, esta noche pienso disfrutar de todo lo que ésta quiera depararme”… Aquello me sonó a infidelidad pero, seguro de que tan sólo se trataba de una bravuconada, lejos de contenerme, continué tirando con bala… Oye, Ana ¿eso de la emancipación tiene algo que ver con el divorcio?… ¿Qué dije?… (Al público) Lo acaban de oír, ¿no? Lo dije usando esas mismas palabras… Pues a ella le sentó como una bomba… (Imitando la voz femenina) “¡No seas simple!… Por el momento, lo único que pienso es pasar de tus tonterías futboleras y disfrutar de la velada”… Me había “asustado”… Porque la verdad es que resultaría un número explicarle a todo el mundo que íbamos a pedir el divorcio alegando incompatibilidad de aficiones, y así se lo dije... ¡Tercer error de la noche!… Su respuesta me dejo helado: “Mejor que ahora te lo tomes a pitorreo. Quizás, más pronto de lo que piensas tendrás otros motivos más “graves” que alegar”… ¿Qué quiso decir con aquella frase digna de la más mala de la película? (Pausa) Después, de aquellas inquietantes palabras, se marchó dejándome más plantado que un “ninot” de falla valenciana… Al rato de estar viendo el partido llamaron a la puerta… ¡Qué suerte la mía!… Estaban haciendo promoción de una nueva pizzería en el barrio y un repartidor me obsequió con una pizza… Empezada la segunda parte y, absorto en una magnifica jugada de mi equipo, distraídamente, cogí una generosa porción, que me lleve directamente a la boca… Al mismo tiempo que marcaban… Me atraganté… Me faltaba el aire, no podía respirar con normalidad… ¡Joder! La maldita pizza llevaba anchoas y yo les tengo una alergia tan galopante que inmediatamente me salen ronchas por todo el cuerpo y me ahogo… (Pausa)

Hasta aquí parece una simple anécdota. Y así habría quedado también para mí de no ser porque al día siguiente Ana, con un deje de ironía, me preguntó que tal me sentó la cena… En ese momento no le di importancia pero, más tarde la pregunta no cesaba de darme vueltas en la cabeza. (Pausa) Comencé a sospechar en la posibilidad de que, a sabiendas de mi alergia y a modo de venganza ella me hubiese enviado la pizza… Y en ese supuesto la mala pécora esa noche, maliciosamente, trató de envenenarme… ¡Claro que esto no es más que una suposición mía!… (Pensativo, hace una pausa)

¡En fin ya ven!… (Buscando el consenso del público) ¿Tengo, o no tengo motivos para dudar de su intento por finiquitarme?… ¿Todavía no lo ven con claridad?… ¿Piensan que todo son aprensiones mías?… Entiendo… (Pausa) Bien, ¡quizás, esto les ayude a decidirse!… Recordarán que antes, cuando hable con ella por teléfono, la califique de “simpática” tras decirle que no debía haberse molestado preparándome la cena… El apelativo obedecía a que su réplica, de nuevo, me dejó “mosca”: (Imitando a la mujer) “Cariño, de ninguna manera podía permitir que te arriesgases comiendo pizza”…

 

(TELÓN)

 

Marzo, 2003

anamillas@hotmail.com

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