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LA MISMA HERIDA

de  Adrián Di Stefano

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

“LA MISMA HERIDA”

 (Inspirada en la vida de Frida Khalo)

De Adrián Di Stefano

 adriandistefano@gmail.com

 

Personajes por orden de aparición:

 

MAGDA, pintora

JUAN DIEGO, su esposo, pintor

LUPE, anterior esposa de Juan Diego

LAUTARO, asistente de Juan Diego

NADIA, modelo de Juan Diego

TINA, hermana de Magda

DAVID, político exiliado de Rusia

CHAVELA, amiga de Magda

 

EN ESCENA ESTA EN UN PRIMER PLANO “JUAN DIEGO” PINTANDO SOBRE UNA TELA APOYADA EN UN ATRIL. “MAGDA” ESTA PARADA DETRÁS CON UN CUCHILLO TOMADO POR AMBAS MANOS. SU SITUACIÓN FÍSICA ES DESESPERANTE. EL ÁMBITO SEMEJA UN LOFT DESPROLIJO, RARO Y CAUTIVANTE. PLANTAS Y JAULAS ABIERTAS QUE ESPERAN LA VISITA DE PÁJAROS QUE DEAMBULAN, ENTRAN EN BUSCA DE ALIMENTO Y VUELAN EN LIBERTAD. LA MULTIPLICIDAD DE CUADROS NOS UBICA EN LA CASA/ESTUDIO DE DOS PINTORES ABSORTOS EN SU MUNDO.

 

ESCENA I:

MAGDA.-    ¿Vendrás conmigo?

JUAN DIEGO.-    (SIN PRESTARLE ATENCIÓN) ¡Sí!

MAGDA.-    ¿Puedo confiar en ti?

JUAN DIEGO.-    (LE DIRIGE UNA MIRADA DESAFIANTE) ¿Por qué me lo preguntas?

MAGDA.-    ¿Por qué me contestas con otra pregunta?

JUAN DIEGO.-    ¡Basta! Cien veces me lo has preguntado. Noventa y nueve veces te he respondido y no te alcanza. Y a mí me alcanza con una sola pregunta. Respóndeme una sola vez y yo volveré a decir noventa y nueve veces: ¡sí!

MAGDA.-    Tengo miedo. Un miedo solo que no se calma con cien respuestas. Si pudiera volver atrás mi historia…

JUAN DIEGO.-    Volvería a ocurrir lo mismo. Una sola vida te corresponde a la vez. Y en cien vidas me has preguntado cien veces lo mismo. Lo que hace cien mil respuestas. Y solo en una de ellas he cambiado el curso de la historia.

MAGDA.-    Te lo pregunto porque no estoy segura. Nunca lo estuve. Y hoy, ahora menos. El pensamiento de la acción es uno. La acción del pensamiento otro. Y si lo uno lleva a lo otro, lo otro encuentra otros pensamientos.

JUAN DIEGO.-    ¡Tomate un día más! Deja para mañana y vive la felicidad de un día más.

MAGA.-    ¿En este estado?

JUAN DIEGO.-    Vive el estado del pensamiento. Vuelca en el lienzo como lo has hecho siempre. Aún en los peores momentos. Que son en los que más has creado.

MAGDA.-    ¿Qué paradoja no? Tener que sufrir para poder crear. Tener que  crear para no sufrir tanto. O no darme cuenta que estoy sufriendo. Pero todo tiene un fin. ¡También el arte!

JUAN DIEGO.-    ¡El arte no tiene fin! Es un medio que transporta al infinito.  Has querido trascender…

MAGDA.-    No lo quise. Me quiso. Yo solo me dejé llevar como una hoja es llevada por el viento. Con la ilusión de poder ser viento.

JUAN DIEGO.-    ¿Tomaste el remedio?

MAGDA.-    Ya no lo necesito; solo me necesito a mí misma.

JUAN DIEGO.-    ¿Qué vas a hacer?

MAGDA.-    ¡Lo que sienta!

JUAN DIEGO.-    Bueno, ¡hazlo de una vez! (MAGDA LEVANTA CON AMBAS MANOS EL CUCHILLO CUANDO ESTANDO DETRÁS DE JUAN DIEGO NO PUEDE SABERSE A CIENCIA CIERTA SI LA INTENCIÓN ES CLAVÁRSELO A ÉL O A ELLA MISMA. SE PROVOCA UN APAGÓN.

 

ESCENA II:

CUANDO VUELVE LA LUZ HAY EN ESCENA HAY UN JOVEN PINTANDO. ROMPE LO QUE ESTA HECHO Y TIRA LA HOJA. SE LEVANTA Y BUSCA DONDE ESCONDER LA MISMA.

LAUTARO.-    Es inútil, igual se va a dar cuenta. (LO TIRA EN EL CESTO) Una y otra vez cometo el mismo error. No me puedo concentrar. Es que nadie lo podría hacer… (LLAMAN A LA PUERTA. HABLA COMO PARA EL INTERIOR) ¡Voy yo!... (ENTRA LUPE, ESPOSA DE JUAN DIEGO)

LUPE.-    ¿Esta acá?

LAUTARO.-    No, salió hace un rato y aún no volvió.

LUPE.-    ¿Dijo que iba a volver?

LAUTARO.-    Si, lo estoy esperando.

LUPE.-    ¿Salió solo?

LAUTARO.-    Si.

LUPE.-    Perdona que te esté interrumpiendo.

LAUTARO.-    No es nada. Señora, solo que necesito terminar esto antes que llegue.

LUPE.-    ¿Y aún no lo has empezado?

LAUTARO.-    Lo empecé varias veces. Pero nada me convence.

LUPE.-    Concéntrate y déjate llevar. ¿No sabes si dejó ahí dentro su valija?

LAUTARO.-    No, vi que se la llevó.

LUPE.-    No sé por qué aún le sigo pidiendo que haga lo que sé que no va a hacer.

LAUTARO.-    ¿Necesita algo?

LUPE.-    No, ¡hijo! Deja y sigue con lo tuyo. Volveré mas tarde y espero después que él.

LAUTARO.-    Le diré que vino.

LUPE.-    No, dile que ya sabe lo que tiene que hacer. (SALE)   

LAUTARO.-    ¡Si usted supiera!... (ENTRA JUAN DIEGO DE INTERIOR, EN APARIENCIA MUCHO MÁS JÓVEN CON ROPA DE ESTAR PINTANDO)

JUAN DIEGO.-    ¿Cómo va eso?

LAUTARO.-    Estuvo su esposa.

JUAN DIEGO.-    ¿Recién?

LAUTARO.-    Si, la traté de contener. No intentó siquiera pasar, pero preguntó si su valija estaba dentro. Me dijo que le dijera…

JUAN DIEGO.-    ¡Que ya sé lo que tengo que hacer!... (MIRA EL CESTO) Hoy has roto menos hojas que ayer.

LAUTARO.-    No logro concentrar mi atención.

JUAN DIEGO.-    Pero ¿qué te distrae?

LAUTARO.-    No sé…

JUAN DIEGO.-    Ve a tomar un poco de aire. Un buen trago y lo intentas de nuevo. ¡Toma! (LE DA DINERO) Te lo has ganado nuevamente. (SALE EL JOVEN. JUAN DIEGO SE SIRVE ALGO. SUENA EL TELÉFONO.  ATIENDE)

JUAN DIEGO.-  ¡ Hola!... Sí, con el estudio… No, en ese plazo es imposible cumplir. Necesito dos días más… ¡Entonces no se hace! (CUELGA. VUELVE A SONAR EL TELÉFONO. ATIENDE ENOJADO) ¡Hola!... Si, perdón; es que recién me han hecho enojar… Si, esta acá. Tendrá para un rato… Se lo transmito… Bueno… la llamo… ¡Nadia!... Ponte algo y ven…

NADIA.-    (ENTRA CERRÁNDOSE LA BATA) ¿Qué pasa?

JUAN DIEGO.-    ¡Atiende!

NADIA.-    ¡Hola!... ¡Ya sé!. Si… es que tengo para un rato… Sí, estoy  desnuda… (JUAN DIEGO QUE ESCUCHA SALE) ¡Basta! Estoy trabajando y no quiero que me llames aquí. No tiene nada de malo… ¡está bien! (ENTRA JUAN DIEGO Y LE DA ALGO DE COMER EN LA BOCA) No vengas, ¡voy yo para allá! (CUELGA)

JUAN DIEGO.-    ¡Lo de siempre!

NADIA.-    Si, tendrías que pintarlo desnudo a él.

JUAN DIEGO.-    No es lo mismo (LA ACARICIA) El desnudo es un arte, no un juego.

NADIA.-    ¿Seguimos jugando?

JUAN DIEGO.-    No, basta por hoy. Debo terminar mi trabajo y no es precisamente un juego.

NADIA.-    (YENDO A SERVIRSE ALGO) ¿Te dije que a ese cuadro le falta vida?

JUAN DIEGO.-    No, ¿a qué te refieres?

NADIA.-    No tiene luz. La claridad que le diste no es suficiente. Esta apagado y confuso.

JUAN DIEGO.-    ¿Y desde cuando eres una crítica de arte?

NADIA.-    Desde que me elegiste de entre todas tus pretendientes.

JUAN DIEGO.-   Yo no te elegí. Te elegiste sola.

NADIA.-    No opusiste resistencia. Algo debo tener.

JUAN DIEGO.-    (LA MIRA PROVOCATIVAMENTE) Desde luego que lo tienes.

NADIA.-   No me refiero a eso. Tengo muchas cualidades y tú lo sabes.

JUAN DIEGO.-    Desde luego que las tienes (CON DOBLE INTENCIÓN).

NADIA.-    ¡Basta! ¡Estoy hablando en serio!

JUAN DIEGO.-    ¿Me has visto reír?

NADIA.-    Lo haces por dentro. Contigo es imposible. ¡No sé por qué acepté todo esto! (SALE JUGANDO CON EL CONTENIDO DE SU COPA Y EL ROSTRO DE ÉL. EL LE SONRIE Y LA MIRA SALIR. GOLPEAN LA PUERTA. VA HACIA ALLÍ).

JUAN DIEGO.-    Es que hoy no van a dejarme trabajar. (EN OFF) ¿Te conozco? Pasa. (ENTRA MAGDA TAMBIÉN EN APARIENCIA MÁS JÓVEN CON UNAS TELAS EN LOS BRAZOS).

MAGDA.-    No, no creo. Quería mostrarle mis pinturas. (LAS TIENE AFERRADAS A ELLA)

JUAN DIEGO.-    ¿Y para eso has venido a mi casa?

MAGDA.-    Sí.

JUAN DIEGO.-  ¿Tus padres lo saben?

MAGDA.-   No. Solo rindo cuentas a mi alma. Quiero que me digas si son buenos mis trabajos, si sirvo para la pintura. Es muy importante para mí su opinión.

JUAN DIEGO.-  Si, pero es que yo estaba ocupado, y eso requiere un tiempo de atención. (DIRIGIÉNDOSE INCONSCIENTEMENTE A CORRER LA CORTINA DEL INTERIOR EN DONDE ESTABA PINTANDO). Si me das tu dirección, con todo gusto en mi tiempo libre iré a verlas donde las tengas…

MAGDA.-    Las traje conmigo…

JUAN DIEGO.-    (SIN OIRLA) Pero ten presente que será solo mi opinión. Aún a pesar de ella, tú debes hacer lo que sientas. Estudiando y dedicándole tu vida a la pintura, si es tu vocación podrás hacer de tu gusto, una profesión. (NOTA LOS CUADROS EN SUS BRAZOS)

MAGDA.-    Es que no quiero perder tiempo…

JUAN DIEGO.-    Hija, ya veo. Pero nunca se pierde tiempo cuando uno se dedica a lo que lo apasiona. Déjate llevar por tu instinto. Él nunca se   equivoca. Eres mujer y con eso tienes una gran ventaja. Solo el tiempo te dará la respuesta que necesitas.

MAGDA.-    Me gusta mucho oírle hablar. Parece un sabio.

JUAN DIEGO.-    No, hija, nada de eso. Solo me brotan las palabras del alma cuando puedo hablar con libertad. Es cuestión de no retener ningún pensamiento, idea o sentimiento. Y expresarlo sin miedo. A mi edad, si no aprendes a vivir en libertad, entonces sí, has perdido tiempo. Y ese tiempo perdido, te aseguro no se recupera más.

MAGDA.- Le pido disculpas; usted estaba ocupado y yo vine a interrumpirlo.

JUAN DIEGO.-    Ya lo has hecho y lo hecho, hecho está. No lo podrás remediar. Y tu disculpa, está aceptada por cierto, y la podrás acrecentar.

MAGDA.-    Dígame cómo.

JUAN DIEGO.-    Pues sencillamente, saliendo por dónde has entrado… (SALE. VUELVE A ENTRAR) No lo has tomado a mal, ¿no?

MAGDA.-    No, al contrario. ¡Tiene un modo muy elegante de decirme que me vaya!

JUAN DIEGO.-    En realidad, si no hubieras venido no tendrías ahora que irte. Así que una cosa es consecuencia de la otra.

MAGDA.-    ¿Me dejaría pasar al baño?

JUAN DIEGO.-    Por supuesto. ¡Es por ahí!

MAGDA.-    ¡Permiso! Es un momento nomás.

JUAN DIEGO.-    Tomate el tiempo que necesites (ELLA SALE. ÉL SE QUEDA MIRANDO POR DONDE SALIÓ. SE SIENTE INTRIGADO POR SUS CUADROS Y CASI SIN DARSE CUENTA SE DIRIGE A ELLOS Y LOS OBSERVA. SU ACTITUD DEMUESTRA SATISFACCIÓN. EN ESE INSTANTE ENTRA ELLA Y SE QUEDA ESPECTANTE. HAY UNA MARCADA PAUSA)

MAGDA.-    Ya me voy…

 JUAN DIEGO.-    (AL DARSE CUENTA DE LO QUE OCURRIÓ) ¡Perdón! Me sentí intrigado y no lo pude evitar.

MAGDA.-    Al contrario, ¡me halaga!

JUAN DIEGO.-    Discúlpame, no debí hacerlo. Ahora me siento obligado a hacerte un comentario y no era esa mi intención.

MAGDA.-    No, no se sienta así. No tiene por qué decir lo que no piensa.

JUAN DIEGO.-    Espérame un momento. (SALE POR DONDE HABÍA ESTADO ANTES TRABAJANDO. ELLA QUEDA SOLA Y TAMPOCO PUEDE EVITAR ACERCARSE AL LUGAR POR DONDE SALIÓ. SE ASOMA Y MIRA PARA ADENTRO. SE SOBRESALTA Y SE APARTA. PAUSA. ENTRA ÉL Y SE QUEDAN MIRÁNDOSE. HAY UN SILENCIO TENSO QUE NINGUNO SE ANIMA A EVITAR).

MAGDA.-    ¡Ya mi iba! Discúlpeme por haber venido. (SE DIRIGE A LA PUERTA DE SALIDA).

JUAN DIEGO.-    ¡Tus pinturas son buenas! (ELLA SE DETIENE. LO MIRA) Tienes talento y futuro. Depende de ti que lo acrecientes.

MAGDA.-    ¡Gracias!

 JUAN DIEGO.-    Yo no hice nada porque lo tuvieras. Discúlpame por haberme metido en tu intimidad.

MAGDA.-    ¡Y yo en la suya! (AMBOS QUEDAN IMPACTADOS POR LA LECTURA DE ESTA FRASE. ENTRA NADIA LISTA PARA SALIR)

NADIA.-    Te dejo en buena compañía…

JUAN DIEGO.-    (INQUIETO TRATA DE PRESENTARLAS) Ella es Nadia y ella es…

MAGDA.-    (RAPIDO) ¡Magda!... (SE SALUDAN ALGO INCÓMODAS)

NADIA.-    ¡Que tengas suerte! Por lo que hayas venido. ¿Me llamas?

JUAN DIEGO.- ¡Claro!...(NADIA SALE. PAUSA) ¿Te ibas?...

MAGDA.-    ¡Eh! Sí… ya me voy… Perdón si…

JUAN DIEGO.-    ¡No hay cuidado! ¿Te ocurre algo?

MAGDA.-    Es que, no se…, siento como una fuerza que no me permite alejarme. Es muy difícil de explicarlo.

 JUAN DIEGO.-    Esa fuerza interior que hoy no puedes explicar, la tienes desordenada y descontrolada. Pero es muy fuerte. Si logras encausarla, podrás llegar donde desees.

MAGDA.-    Me gusta oírle hablar… Ya se lo había dicho ¿no? ¡Pero es que sus palabras no parece que las estuviera diciendo usted!

JUAN DIEGO.-    ¡Hija! Gracias por lo que me toca. No me rebajes tanto…

MAGDA.-    No me mal interprete. Es como si alguien o algo hablaran por usted, a quien le entrega su ser y quien por usted habla. Nunca antes lo había percibido y me quedaría horas escuchándole. ¡Perdone! Lo sigo interrumpiendo.

JUAN DIEGO.-    Esto ya no es más una interrupción. Es lo más parecido a un despropósito. Pero no te preocupes que no me enoja. Hablando contigo me siento raro y no alcanzo a descubrir lo que siento. Yo solo sé volcar en un lienzo las imágenes que me vienen a la mente desde afuera.

MAGDA.-    ¡Pero sus pinturas son palabras!

JUAN DIEGO.-    ¡Nunca antes me habían dicho eso!

MAGDA.-    No soy quien para opinar. Pero no se puede sacar los ojos de su obra. Y tienen una música especial.

JUAN DIEGO.-    ¿Música?

MAGDA.-    Si, solo hay que poner el corazón y oírla. Hay que ser muy sabio para poder transmitir todo eso.

JUAN DIEGO.-    No hija, no lo soy. Los jóvenes son sabios. Nosotros somos complacientes, ventajosos e hipócritas. Y muchas veces transmitimos la frustración de nuestras vidas y nos cerramos a escuchar a quienes vienen empujando y tienen todo para lograr lo que en el fondo no queremos que consigan. Es el dolor de quien sufriendo no quiere ver a otro reír.

MAGDA.-    Que rara sensación me transmiten sus palabras. Es como si pasado y presente se entremezclan. Escucharme a mí en otro tiempo con ansias de vivir pero a la vez mucho miedo…

JUAN DIEGO.-    ¡Será mejor que te vayas!

MAGDA.-    Siento haber venido, por ahora tener que irme.

JUAN DIEGO.-    ¿Cómo?

MAGDA.-    ¡Lo dijo usted antes!

JUAN DIEGO.-    No me sigas los pasos. Yo debo hacerlo. Pero como sigas envolviéndome te quedarás a vivir… ¿Por qué me miras de ese modo?

MAGDA.-    ¡No sé!...Lo imaginé en el tiempo.  Sus manos...

JUAN DIEGO.-    Mis manos ¿qué?

MAGDA.-    No me haga caso. ¡Solo sensaciones! 

JUAN DIEGO.-    A ti no te puedo imaginar quieta mucho tiempo.

MAGDA.-    Por fuera puedo estarlo, por dentro…

JUAN DIEGO.-    ¡Mientras tengas las manos libres!... Y el pensamiento…nada podrá detenerte. Solo tú misma. ¡Recuérdalo! Que tus manos sean como alas, que te permita ir donde la lógica no habite. ¡Vuela! Casa vez que una duda te detenga, ¡estarás negando cien certezas! (TRANSICIÓN) ¿Puedo ver uno de tus cuadros antes que te vayas?

MAGDA.-    ¡Claro!

JUAN DIEGO.-    ¡El que escondes!...  (DE CALLE ENTRA LUPE IRRUMPIENDO).

LUPE.-    (MUY ALTERADA) ¿Tampoco hoy vendrás a cenar? Claro, estás muy ocupado. ¿Has hecho lo que te pedí?

MAGDA.-    Perdón Señora, yo ya me iba. Es mi culpa, yo lo he interrumpido.

LUPE.-    Hija, tú no tienes la culpa. Hubiera sido otra. Es lo mismo.

JUAN DIEGO.-    Lupe! Por favor…

LUPE.-  Siempre lo mismo.

JUAN DIEGO.-   ¿No te parece que no es el momento ni el lugar para que sigas hablando? (SALE)

MAGDA.-    Señora, yo le juro…

LUPE.-    Nada, hija. Tú no tienes la culpa. Disculpa, él tiene razón. Pero no lo puedo evitar. Solo ten cuidado. Eres muy joven y no te dejes seducir. No sé qué le ven las mujeres. No sé qué le vi yo. Solo tiene talento para pintar. ¿Eso que tienes ahí es tuyo?

MAGDA.-    Si, precisamente se lo traje para que lo viera.

LUPE.-    ¡Déjame verlos!

MAGDA.-    Me pidió ver éste.

LUPE.-    Si eso te dijo por algo será. Si solo tuviera ojos para seducir con el arte… y vaya que tiene razón. Es realmente muy bueno.

MAGDA.-    Pensar que lo traje para que hubiera uno más. No tenía intención de mostrarlo.

LUPE.-    Muéstraselo pero ten cuidado. Lo digo por tu bien… Dile cuando termine, que ya sabe lo que tiene qué hacer. (SALE)

JUAN DIEGO.-    (ENTRANDO) ¿Se ha ido?

MAGDA.-   Si, me pidió que le dijera…

JUAN DIEGO.-    Que recordara lo que tengo que hacer… Te había pedido ver tus cuadros.

 

MAGDA.-    Si, claro… (BUSCA ENTRE SUS CUADROS)

JUAN DIEGO.-    Ya sabes el que quiero. No lo escondas. 

MAGDA.-    No lo hacía. Pero se me ocurre el de menor valor.

JUAN DIEGO.-    ¡Es el que más tiene! Porque eres tú. Yo nunca pude ver mi realidad tan cruda. ¿Has estado encerrada alguna vez?

MAGDA.-    No, y espero no estarlo.

JUAN DIEGO.-    Si lo llegaras a estar, ¡qué no lograrás! No te lo auguro ni deseo, pero hija, me ha sorprendido mucho esta pintura, sin duda. Los sentimientos parecen tomar formas y colores.

MAGDA.-    ¡Y a mí la suya! (PAUSA. AMBOS QUEDAN ESPECTANTES)  ¡Me voy! Este ha sido uno de los momentos más intensos que recuerdo haber vivido.

JUAN DIEGO.-    ¡Vivirás muchos! Eres muy joven. Bueno, si me necesitas ya sabes dónde encontrarme. ¡No siempre estaré ocupado!

MAGDA.-    Espero no ser siempre tan inoportuna.

JUAN DIEGO.-    Lo has sido (VUELVE SOBRE SUS PALABRAS) Aunque siento que no ha sido tanto. Después de todo siempre estoy pintando.

MAGDA.-    ¡Quién pudiera hacerlo siempre!

JUAN DIEGO.-    ¡Búscalo! ¡Inténtalo! O tal vez la vida te encuentre a ti. De una u otra forma será. Podrás vivir intensamente la vida que te corresponda… Pero ¿no te ibas?

MAGDA.-    Tengo la sensación de haberme ido y vuelto muchas veces. Es hora que lo haga de veras. (PAUSA. SILENCIO FORZOSO EN DONDE AMBOS ESTAN INCÓMODOS SIN SABER QUÉ DECIR).

JUAN DIEGO.-    Muchas palabras para el encuentro y ninguna para la despedida. ¡Y no esta mal!

MAGDA.-    Es una manera de no despedirse. (SE SALUDAN Y SALE. ÉL SE DIRIGE AL ÁMBITO EN DONDE ESTABA TRABAJANDO Y HABLA COMO PARA ADENTRO

JUAN DIEGO.-    ¡Vístete! Seguiremos mañana… (SE DA CUENTA QUE NO HAY NADIE) ¿Dónde te has metido? ¿Cuándo se fue?...(SE QUEDA VOLVIENDO LA CABEZA POR DONDE ELLA SALIÓ. SE DIRIGE HACIA UN APARATO REPRODUCTOR DE MÚSICA Y LUEGO A APAGAR LA LUZ.

 

ESCENA III:

EN OSCURO, SE ESCUCHAN LAS NOTICIAS DE UN INFORMATIVO RADIAL: “AÚN NO SE CONOCE EL SALDO DE ESTE TERRIBLE ACCIDENTE. TAMPOCO LAS CAUSAS QUE LO PROVOCARON. LOS HERIDOS, ALGUNOS DE ELLOS DE GRAVEDAD, HAN SIDO DERIVADOS AL HOSPITAL CENTRAL. LOS MANTENEDREMOS INFORMADOS. EL LISTADO DE LOS HERIDOS LO DAREMOS A LA BREVEDAD”… JUAN DIEGO SE DIRIGE A APAGAR LA RADIO. QUEDA PENSATIVO Y ABSORTO EN SUS PENSAMIENTOS. GOLPEAN LA PUERTA. SALE CON UN RELATIVO ENTUSIASMO, CREYENDO TAL VEZ QUE ES QUIEN ESPERA SEA. VUELVE A ENTRAR COMO CASI DECEPCIONADO CON UNA CARTA QUE ABRE Y LEE. VUELVE A SENTARSE.

JUAN DIEGO.-    ¿Quién pudo escribir esto? No puedo sacarme de la cabeza a… (EN OTRO ÁMBITO, ESTA ELLA POSTRADA EN UN SILLÓN CAMA, TODO EL CUERPO COMO VENDADO, SOLO TENIENDO LIBRES, LA CABEZA, LOS BRAZOS Y LOS PIÉS. TIENE EN UNA MANO UN PINCEL Y EN LA OTRA UNA PALETA. ESTA PINTANDO SUS PIÉS).

MAGDA.-   (COMO REMEMORANDO) “Mientras tenga libres las manos”… Fueron sus palabras. Han sido premonitorias. Todo lo que me quedó libre lo estoy poniendo al servicio de mi pensamiento. Y tenía razón. Cuanto menos libre más valoro haberlo sido. Más vuela mi imaginación, más lejos voy. Pero no soporto esta armazón que me retiene. ¿Qué me pasó? ¿Por qué? Solo alcanzo a recordar de aquel maldito día, el paisaje en movimiento y la frenada brusca y las caras sorprendidas y angustiadas y nada más. Cierro los ojos y oigo aún los gritos mezclados con el crujir de hierros retorcidos. Cierro los ojos y no puedo apartar mi pensamiento de él…

JUAN DIEGO.-    (EN SU ÁMBITO). No puedo apartar mi pensamiento de ella… (SE LEVANTA) Hoy no puedo trabajar. No se qué siento aquí que me tira para atrás el pecho. (SACA UNA PASTILLA QUE LLEVA A SU BOCA Y SE SIRVE UN VASO DE AGUA)  Quiero ir ¡y no sé donde! ¿Por qué siento la opresión de estar encerrado cuando aquí dentro siempre sentí la libertad de no estarlo? (HABLA COMO PARA ADENTRO) Oye!

NADIA.-    (ENTRANDO) ¿Qué ocurre?

JUAN DIEGO.-   Busca a Lautaro y dile que venga. (ELLA SALE)

MAGDA.-   (EN SU ÁMBITO, TOCA UNA CAMPANITA. ENTRA TINA, SU HERMANA) Puedes venir Tina.

TINA.-    Si, hermana. ¿Qué quieres?

JUAN DIEGO.-    (EN SU ÁMBITO, ENTRA LAUTARO) Oye, ¿sabes quiénes son las víctimas del accidente?...

LAUTARO.-    ¿De qué accidente?

JUAN DIEGO.-    Pero ¿no te has enterado?

LAUTARO.-    No, no escuché nada.

JUAN DIEGO.-     ¡Olvídalo!...

LAUTARO.-    ¿Se siente bien?

JUAN DIEGO.-    ¿No has oído el informativo?

LAUTARO.-    No, estuve tratando de terminar el lienzo. Mejor dicho de empezarlo.

JUAN DIEGO.-    Pero ¿en qué mundo vives?

LAUTARO.-    Si no me alejo del mundo que vivo, no podré llegar nunca a buen término nada. Pero en verdad me cuesta creer que precisamente usted me diga eso. (SUENA EL TELÉFONO)

JUAN DIEGO.-    ¡Hola! Sí, soy yo Juan Diego... Ven a buscarlo… No, hoy no voy a estar ocupado; ven a la hora que quieras… Sí, ¡no voy a salir!... (CUELGA) No sé por qué…

MAGDA.-    (EN SU ÁMBITO) No sé ¿por qué me tuvo que pasar esto?

TINA.-    No pienses eso. A veces la fatalidad se ensaña con uno, sin saber por qué es así. Será el destino o una especie de predeterminación.

MAGDA.-    Estaba ese hierro descansando oculto para venir a despertarse en mí. Venir a lastimar mi invertida virginidad ya vencida, hasta atravesarme sin piedad. Y ahora este lienzo sin sentido para acorralar mi juventud. Tiempo muerto que no podré vivir en plenitud. ¡Manos y ojos libres! ¡Llanto partido!...

TINA.-    No digas eso. Has creado en este tiempo más pinturas que en todo tu anterior estado. Ni tu misma lo puedes creer…

JUAN DIEGO.-    (EN SU ÁMBITO, APAGANDO LA TELEVISIÓN) No sé por qué me imagino… Qué contradictorio sentimiento de necesitar alegrarme por el mal ajeno. Buscar que otro nombre ocupe su lugar. Lanzar al vacío a cualquier desconocido sin importarme quién. (SUENA EL TELÉFONO. ATIENDE) ¡Hola!... No, ¡no voy a comer!...Bueno, ¡tráeme algo acá!... No, mujer; ¡no es así!... (APARTA EL TUBO COMO PARA NO OIR LO QUE SUPONE ES UN GRITO) ¡No es así!... ¡No es lo que crees!... (CUELGA. SE MIRA CON LAUTARO) ¡Cásate!

LAUTARO.-    Ya lo haré. Se supone al menos.

JUAN DIEGO.-    ¿Necesitas algo?

LAUTARO.-    Me llamó.

JUAN DIEGO.-    ¿Y para qué?... ¡No me hagas caso!

LAUTARO.-    Más tarde vendré.

JUAN DIEGO.-    Hoy no… (LAUTARO SALE).

MAGDA.-    (EN SU ÁMBITO, TERMINANDO DE LEER UNA CARTA) Qué alegre coincidencia. Cuando haya cerrado el círculo de esta margarita, ya se habrá ido Manuel.

TINA.-    Tu novio me lo había dado antes de salir. No sabía que podía ser…

MAGDA.-    (COMO REFIRIÉNSOE AL CONTENIDO DEL SOBRE)  ¡Vete!... ¡Que seas feliz! ¡Que no recuerdes nada de mí!

TINA.-    ¿Quieres que te deje sola?

MAGDA.-    No, quédate, no me dejes sola.

TINA.-    Es hermoso lo que has hecho. ¿Lo vas a terminar?

MAGDA.-     Ya está terminado.

TINA.-    Pero le falta…

MAGDA.-    ¡Es así!

TINA.-    (LO MIRA Y NO LO ENTIENDE) Pero…

MAGDA.-    Tienes razón. Era una broma. No está terminado. (HABLANDO PARA SÍ) ¡Vete!... ¡Que seas feliz! Que mi dolor te acompañe y otros mares surquen tus playas. Otros vientos tu silencio...

JUAN DIEGO.-    (EN SU ÁMBITO, LEYENDO UN PERIÓDICO QUE ARROJA AL SUELO) ¡Yo no dije eso!... ¿Por qué cambiaron el orden de la frase? Y ahora salir a desmentir y explicar lo que es obvio y no es necesario saber lo que pienso. ¡Y nada cambiará mi opinión!

MAGDA.-    (EN SU ÁMBITO) ¿Es que ese espejo devolverá siempre lo mismo? ¿Cuántas veces lo he mirado? ¿Nada puede cambiar esta realidad? ¿Por qué puedo ver nada más que con los ojos? Necesito ver más allá. No puedo reflejar solo esta impotencia. Si no lo logro ver yo, no habrá quien lo logre. Y no puede acabarse la inmensidad en mi pequeñez. ¡No es lógico! ¿Lógico? ¿Cuándo me habló de lógica? No, no lo puedo aceptar. ¡Debo transgredirlo! (TINA SALE)

JUAN DIEGO.-    (EN SU ÁMBITO) ¡No es lógico!

MAGDA.-    (A PARTIR DE ESTE MOMENTO, COMIENZA UN DIÁLOGO IMAGINARIO, CADA UNO EN SU ÁMBITO) ¡No lo es!

JUAN DIEGO.-    Y entonces, ¿por qué me siento atrapado?

MAGDA.-    ¡Porque yo lo estoy!

JUAN DIEGO.-    ¡Debes vencerte!

MAGDA.-    Me debes ayudar. Sola no puedo.

JUAN DIEGO.-    Si, puedes. Y yo entonces podré romper la envoltura que te encierra y me acorrala.

MAGDA.-    ¿Puedo creer en ti?

JUAN DIEGO.-    ¡Hasta donde yo creo!

MAGDA.-    ¿Podrás ser fiel?

JUAN DIEGO.-    ¡Podré ser leal! (PAUSA)

MAGDA.-    ¡Acepto el desafío!

JUAN DIEGO.-    ¡Un pacto de lealtad empieza con la libertad! Y la debes asumir en toda su dimensión.

MAGDA.-    ¡Así me verás! ¿Vendrá? (SE APAGA LA LUZ DE SU ÁMBITO)

JUAN DIEGO.-    ¡Tú vendrás! (GOLPEAN EN LA PUERTA DE SU ENTRADA. SE DIRIGE COMO PARA ABRIR, EN OFF SE OYE SU VOZ:  ¡Hola! Pasa… ¡Te estaba esperando!... ¿Por qué has tardado tanto?... (SE PROVOCA UN APAGÓN)

 

ESCENA IV:

CUANDO VUELVE LA LUZ, HAN CAMBIADO ALGUNOS CUADROS. EN OSCURO SE OYE LA VOZ DE ELLA: “A ese mural le falta luz!” ÉL LE RESPONDE: “La tiene!” ELLA ENTRA SEGUIDA POR ÉL. AMBOS CON PINCELES EN LA MANO. ELLA SE SIENTA ANTE EL ATRIL, ÉL VA A SERVIRSE UNA COPA QUE LE OFRECE A ELLA QUE NO ACEPTA.

MAGDA.-    ¡No la tiene! La debes agregar. Le falta vida y provocación. (EL BUSCA UN CUADRO ENTRE VARIOS, ELLA TIENE DOS PINCELES, UNO EN LA BOCA Y EL OTRO EN LA MANO MIENTRAS RETOCA SU PINTURA)

JUAN DIEGO.-    No puedo lograr esa provocación que me pides. También el arte debe despertar una reacción donde aparentemente no la hay.

MAGDA.-    ¡No especules! Los corderos no reaccionan y así nos volvemos de tanto ir a favor de la corriente. Todo indica donde se debe ir, qué camino seguir, y a qué destino de ignorancia e impotencia como embobados,

embriagados o drogados iremos a parar. (SE DIRIGE A TOMAR LA BOTELLA. SE ACERCA DONDE ESTA ÉL, QUIEN LE SACA EL PINCEL DE LA BOCA, PARA QUE ELLA PUEDA BEBER DE LA MISMA BOTELLA UN LARGO TRAGO)

JUAN DIEGO.-    ¡Bailarás el baile más sensual cuando termines! (LLAMANDO PARA DENTRO) ¡Nadia! Ven un momento.

MAGDA.-    ¿Y por qué no? (SE DIRIGE AL TOCADISCO Y BAILA AL COMPAS DE LA MÚSICA. LO HACE CON NADIA EN CUANTO ENTRA. ÉL LA OBSERVA CON SATISFACCIÓN. NO DEJA DE BEBER MIENTRAS BAILA. AL FINALIZAR TERMINA CON UN BESO A ÉL, QUIEN APLAUDE) ¿Has visto cómo se pueden romper los límites? ¿Qué más da!

JUAN DIEGO.-    Nunca te había visto bailar. Y a ti tampoco.

NADIA.-    Aún los lienzos no se han hecho transparentes. Solo la ropa interior.

MAGDA.-    Dile lo que ves en ese cuadro.

NADIA.-    No tiene luz y no provoca.

LAUTARO.-    (ENTRANDO) Insisten con lo mismo. No hay caso.

JUAN DIEGO.-    Deja eso y dime: ¿qué ves en ese cuadro?

LAUTARO.-    Es provocador y tiene demasiada luz.

JUAN DIEGO.-    Gracias hijo. El ojo de un hombre ve lo que el ojo de una mujer ve cambiado.

NADIA.-    Pero el ojo de una mujer cambia el curso de las cosas.

MAGDA.-    Eres brillante. Pensé que solamente posabas y pasabas.

NADIA.-    Veme con los ojos de una mujer.

MAGDA.-    Pues ya lo estoy haciendo. Dime Lautaro: ¿Qué ves en mi mirada?

LAUTARO.-    Chispa, una furia contenida. Una mezcla de sabiduría y nervio que acobarda pero excita.

MAGDA.-    ¿Ves?

JUAN DIEGO.-    ¿Dónde has visto todo eso?

MAGDA.-    ¡No me has observado bien! ¡Me extraña que tus ojos no vean lo que otros ven!

JUAN DIEGO.-    Mis ojos están cansados.

MAGDA.-    Tu mente está cansada. Descorre la cortina y verás lo que no ves.

JUAN DIEGO.-    Acompaña dentro a Nadia y trata de descubrir cuál es el error.

NADIA.-    Ven y fíjate si no tengo yo razón. (SALEN AMBOS)

JUAN DIEGO.-    (TRANSICIÓN)   Me han pedido si lo podemos albergar aquí.

MAGDA.-    (PAUSA PESADA) Se te notaba con otro pensamiento dando vueltas. ¿A quién? ¿A él? (ÉL ASIENTE).

JUAN DIEGO.-    Recién hoy me lo informaron. Y no pude negarme.

MAGDA.-    Pero ¿te lo ha pedido el partido? Su exilio es muy riesgoso. ¿No lo vendrán a buscar?

JUAN DIEGO.-    ¡Puede ser! Pero debo correr el riesgo. Estará protegido y cuidado y su personalidad te va a atrapar.

MAGDA.-    Si ya has dicho que sí, no puedo yo decir que no. Solo que…

JUAN DIEGO.-   ¿Qué?

MAGDA.-    ¡Nada! Se me cruzó por la cabeza… (GOLPEAN LA PUERTA) Hoy no iba a venir nadie…

JUAN DIEGO.-    No pude negarme.

MAGDA.-    ¿Es él?

JUAN DIEGO.-    (ASIENTE CON LA CABEZA) Trátalo como… como puedas. (VA A ABRIR. ENTRA DAVID, DETRÁS JUAN DIEGO)

DAVID.-    (DE ASPECTO RUSO) Que tenga usted buenos días, señora. (LA BESA CEREMONIOSAMENTE).

MAGDA.-    Igualmente.

DAVID.-    David, a sus órdenes.

JUAN DIEGO.-    Sírvele un trago. Lo debes estar necesitando.

DAVID.-    Con ansiedad. Le agradezco esta deferencia. Más allá de lo obligado.

JUAN DIEGO.-    No es ninguna obligación. Es un honor.

MAGDA.-    Los dejo solos.

DAVID.-    No, por favor.

JUAN DIEGO.-    Voy a buscar más cosas. (SALE)

DAVID.-    Me habían hablado mucho de usted.

MAGDA.-    No es necesario ningún cumplido.

DAVID.-    De ninguna manera. Tienes una mirada muy especial. Es muy difícil no sentirse atrapado.

MAGDA.-   Podría afirmar lo mismo de usted.

DAVID.-   Despojémonos de formalidades. Pasaremos un tiempo juntos y va a ser necesario mostrarnos desnudos… (SE SIENTA) ¡Perdón!

MAGDA.-    (SORPRENDIDA Y DIVERTIDA) Las almas siempre lo están. Basta con saber verlas. La cáscara muchas veces no dice lo que oculta.

DAVID.-    ¿Y la tuya oculta algo?

MAGDA.-    Se me ocurre que no. Pero no puedo yo opinar.

DAVID.-    Pasaremos muy buenas veladas, sin duda. (ACERCÁNDOSE A UNO DE SUS CUADROS) ¿Por qué lo has cerrado?

MAGDA.-    Para ir en contra de lo que se espera.

DAVID.-    ¡Y no está nada mal! Solo que me has sorprendido. No lo esperaba en verdad. Tienes las variantes a flor de piel. Y no he visto hasta ahora que copies ningún recurso de los habituales. ¿De dónde viene tanta inspiración?

MAGDA.-    ¿Puede usted explicar la inspiración? Yo no podría. Da vuelta, anuncia su llegada, la recibes, la tomas, la adoptas o la dejas. No te pide nada a cambio. Solo tu compromiso y fidelidad. Alguna vez me lo han dicho y lo aprendí…

JUAN DIEGO.-    (ENTRANDO) Yo no hablé de fidelidad, sino de lealtad.

DAVID.-    Vaya, que pareja ideal.

MAGDA.-    Precisamente. Ser leal al instinto, fiel a los principios. ¡Única e irrepetible! Y me dejo llevar. O ves en mí, mi incomodidad o mí intransigente verdad. Tus ojos saben ver y de ellos adquirí mi verdad.

JUAN DIEGO.-    No dejas de provocar mi admiración. Cómo sin estudio, vences en tu afán de lograr la inmensidad.

MAGDA.-    ¡Tú lo eres para mí!

DAVID.-    Bueno, creo que es hora de ir a tomar un baño…

JUAN DIEGO.-    Es hora que vayas poniéndote cómodo. Esta es tu casa.

DAVID.-   Estoy infinitamente agradecido. Ojalá pueda devolver tanta generosidad. Magda, es un inmenso honor verte y lo seguirá siendo. (SALE).

JUAN DIEGO.-    ¿Qué te ha parecido?

MAGDA.-    Tenías razón. Es encantador.

JUAN DIEGO.-   ¡Lo es! Pero volviendo a tu arte, no olvides que yo solo soy un puente entre tú y él. La espina que provoca tu dolor y creación. Y no es poco, por cierto. Pero el mérito es tuyo. Jamás imaginé que mi arrogancia permitiera que tan instruida alumna me superara.

MAGDA.-    ¡No compito contigo! Jamás lo haría. Tú eres grande y famoso. Tus obras trascienden la frontera del alma. Van más allá de la verdad. Es un grito de amor desesperado para calmar la sed de quien nada tiene y ocupar un lugar que nadie por ti, podría ocupar.

JUAN DIEGO.-    ¡Pero nunca mi obra llegó a tal profundidad!  Tú tienes el talento de unir la raíz al fruto a través de un camino individual. Este cuadro tuyo me ha conmovido. La conexión del más allá. Tiene pulso y late a corazón abierto. ¡Lo haré ver! ¿Cómo lo has llamado?

MAGDA.-    ¡Latido abierto! ¿Cómo has logrado descifrar su pulso?

JUAN DIEGO.-    ¡Es demasiado evidente! No sigue la estructura académica y despoja todo acercamiento que lo quisiera ocultar. Es llama viva. Vibra y sacude. Y reboza de esplendor dolido. Podría estar el día entero desmenuzando esta creación. Trascenderá tu vida; no tendría fronteras con el tiempo ni la distancia. Se premiará en silencio esta criatura. Despertará mil envidias y ya no serás la misma. Te verán en esplendor y sufrirás la ausencia.

MAGDA.-    ¡Uf! ¡No esperaba tanto de ti! ¡Te admiro! ¿Cómo puedes despojarte y entregarte tanto?...

JUAN DIEGO.-    Cuéntame el por qué de este retrato.

MAGDA.-    Si ya lo sabes. ¿O no lo has descubierto?

JUAN DIEGO.-    Quiero oírlo de tus propios labios.

MAGDA.-    Después del accidente, ya no fui la misma. Me sentí alejada. Mis amigos se habían apartado. Pensé que el crecimiento en años por aquellos meses de ostracismo, me habían sentenciado. ¡Y así fue! No sé qué invento de pretendida diferencia me seguía señalando. Ahora acrecentado por mí condición física de minusválida apariencia. Rasgos de distinción que me apartaron y que no soportaron. Siempre había sido distinta, pero ahora lo era más. Y lejos de abatirme y deprimirme, provocó mi reacción que nadie podría ya evitar. Mi tiempo libre se ocupó creando. Mi mente abierta no   cerró sus puertas. Mi avasallar no midió fronteras. Y me propuse vencer a toda costa. ¡Y tú eras mi norte! Te debía llegar a ti, para lograr mi fin. Y tú fuiste mi estrella, que despertó mi luz propia. Tú fuiste mi sol que iluminó mi esencia…

JUAN DIEGO.-    (PAUSA PROLONGADA. NO SABE QUÉ DECIR Y SOLO ATINA A ACERCARSE POR DETRÁS DE ELLA. LA GIRA Y BESA. SE DESPRENDE CON UNA EXCLAMACIÓN) ¡Déjame ver! (SE DIRIGE AL CUADRO Y LO OBSERVA) ¿Qué significa el número 13?

MAGDA.-    El número del tranvía con el que me accidenté. El número de pasajeros que allí estaban. La hora trece que recuerdo por unas campanadas de la Iglesia a la cual nos acercábamos. Trece meses de ostracismo. Trece capullos de una margarita. Trece años para ocultar mí perdida virginidad disimulada en los hierros que provocó mis trece heridas. Puntos de sutura. Operaciones sufridas y tal vez y por qué no: ¡mis trece vidas vividas!...

JUAN DIEGO.-    ¿Por qué trece? ¡Esto último es pura imaginación!

MAGDA.-    ¡Lo es! Solo esto último. Pero si te fijas, ¡serán las trece! (ÉL BUSCA EL RELOJ Y CORROBORA LA HORA)

JUAN DIEGO.-    ¡Sin lugar a dudas! A la misma hora, “la misma herida”…(LA LUZ SE DESVANECE)…

 

ESCENA V:

CUANDO VUELVE LA LUZ, MAGDA ESTA SENTADA IMAGINANDO TEJER UN PAÑO. SE DIRIGE HACIA UN SILLÓN, TOMANDO UN ALMOADÓN QUE UBICA DEBAJO DE SU VESTIDO. BUSCA UN ESPEJO Y SE MIRA COMO PARA VERSE EMBARAZADA.

MAGDA.-    ¿Podré?... Nada es más importante que él. Le cocinaré sus comidas preferidas. Mi tarea será de jornada completa. Mis trabajos quedan en segundo plano… (SALE LLORANDO HACIA EL INTERIOR. LA ESCENA QUEDA EN SILENCIO. SUENA EL TELÉFONO. ENTRA MAGDA QUE ATIENDE.) ¡Hola!... No ha llegado aún. ¿Cómo?... Si, en cuanto llegue se lo transmitiré. (DEJA EL ALMOADÓN. GOLPEAN LA PUERTA Y SALE A ABRIR. VUELVE CON TINA)

TINA.-    Quiere venir a verte. Me ha dicho que te tiene deparada una sorpresa. Algo que hizo especialmente por ti. ¿Y Juan Diego?

MAGDA.-    Ha salido. Lo han llamado de la Embajada.

TINA.-    Se ha confirmado.

MAGDA.-    Parece que sí.

TINA.-    Lo que daría por ir con ustedes.

MAGDA.-    ¿Y por qué no vienes?

TINA.-    Sabes que no puedo. Me vas a hacer mucha falta.

MAGDA.-    Estas más tiempo con Juan Diego que conmigo.

TINA.-    Porque tú te encierras.

MAGDA.-    Tina, te quisiera ver a ti. ¿Cómo están mis sobrinos?

TINA.-    Preguntan por su tía. ¿Por qué te has puesto ese vestido? Sabes que no te queda bien. Es muy amplio y no dibuja tu cuerpo. Juan Diego me dijo lo mismo.

MAGDA.-    Desde cuando se fija en mí. No deja de elogiar tu figura. Si no te conociera hasta podría llegar a pensar…

TINA.-    Déjate de tonterías. Sabes que los quiero y solo deseo que sean todo lo feliz que puedan. Y estoy seguro que este viaje les va a venir muy bien.

JUAN DIEGO.-    (ENTRANDO) ¿Cómo está mi cuñada? (HAY EN EL SALUDO DE AMBOS UN ALGO ESPECIAL. MAGDA LO PERCIBE).

TINA.-    Magda tiene algo para ti.

MAGDA.-    Te han llamado de la Embajada. (SE SALUDAN).

JUAN DIEGO.-    ¿Cuándo?

MAGDA.-    Recién.

TINA.-    Debo irme. Me están esperando en casa.

JUAN DIEGO.-    Espera que yo voy para ese lado y de paso te acompaño.

MADGA.-    Dile que la espero.

TINA.-    Después cuéntame cual fue la sorpresa.

JUAN DIEGO.-    ¡Vamos Tina! (SALEN AMBOS. QUEDA SOLA MAGDA             PENSATIVA. TOMA UN CUADRO Y LO TIRA. ENTRA DAVID)

DAVID.-    ¿Qué te ocurre?

MAGDA.-     ¡Nada! No lo había visto en todo el día.

DAVID.-  Estuve paseando. Me han sorprendido algunas expresiones de la gente. ¿Es que siempre reaccionan así?

MAGDA.-    ¿A qué se refiere?

DAVID.-    He visto gente muy pobre enfrentarse a otra gente algo menos pobre, aunque más de espíritu. Culpándose mutuamente de cosas que no son culpables. Me llena de impotencia no poder hacer nada.

MAGDA.-    Alguien saca provecho de esa pelea.

DAVID.-   ¿Lo dudas? ¿Qué te ha pasado?

MAGDA.-   Nada nuevo. ¿Quieres quedarte solo?

DAVID.-    ¡No! Me halaga estar contigo. Es una muy buena compañía. ¿Lo han llamado de la embajada?

MAGDA.-    Si recién. Ya es un hecho que viajamos por lo visto.

DAVID.-    ¿Irás con él?

MAGDA.    Debo hacerlo.

DAVID.-    Será una experiencia muy extraña. Deberás contarme luego cómo se las arreglan para sobrellevar una vida que tal vez sea placentera pero hueca y sin sentido.

MAGDA.-    Es indudable que le han ofrecido lo mejor.

DAVID.-    Eso tiene un precio y él sabe que lo va a tener que pagar. De una u otra manera. Y lo fácil que le resulte entrar no le va a resultar tan fácil cuando quiera salir. La libertad no tiene precio y cuando le hablen de libertad, pues no será tal. ¿Qué tienes?

MAGDA.-     Cuando hablas de libertad, me pregunto cuál es el límite de lo razonable. Cual es el grado de posesión que sentimos cuando creemos que algo nos pertenece. Mire esa jaula. Ahí siento que se cumple la verdadera esencia de la libertad. Cada pájaro puede entrar y salir cuando quiera. Y nada lo obliga a devolver lo que recibe. Agradece con el canto. Pero nosotros no hacemos lo mismo.

DAVID.-    Me has dado una gran ayuda.

MAGDA.-    Yo, ¿en qué?

DAVID.-    En encontrar el título del libro que estoy escribiendo. “La Revolución Permanente”.

MAGDA.-    Suena bien. Pero por qué lo asocias.

DAVID.-    Un pájaro depende de alguien superior que le propine alimento. Naturalmente y desde los tiempos ha sido así, hubiera podido hacerlo en independencia, como eje del circuito lógico de la vida misma. Pero tentado por la concentración de un alimento especialmente preparado, va en su    búsqueda y vuelve sabiendo que allí lo va a encontrar. Esa jaula abierta, me dio la exacta idea de la libertad. Siempre, en forma permanente. Como una revolución que altera lo que estuvo establecido. Tu espíritu lo alberga. El de Juan Diego también. Pero no va a encontrar allí jaulas abiertas. Podrá comer hasta el hartazgo. Pero no podrá volver. Y si lo hace, aquello que hizo, no quedará en pie.

MAGDA.-    El tiempo se detiene hablando contigo. La de hoy será una noche muy larga. Y estaré sola. ¿Qué tienes que hacer ahora?

DAVID.-   Si me propones algo, pues nada. Aceptar lo que sea.

MAGDA.-    Acompáñame hasta el paseo del huerto. Allí hay una persona exquisita que te encantará conocer. ¡Lautaro! (LLAMANDO HACIA INTERIOR)

LAUTARO.-    (ENTRANDO) ¿Señora?

MAGDA.-    Dile a Juan que voy a tardar. Que no me espere.

LAUTARO.-    ¿No le va a acompañar?

MAGDA.-    No, será mejor que vaya solo. (SALEN MAGDA Y DAVID. LAUTARO LOS VE SALIR. LUEGO SE DIRIJE AL TELÉFONO PERO LE INTEERUMPE LA ENTRADA DE NADIA)

NADIA.-   ¿Ya le vas a llamar?

LAUTARO.-    No, solo iba a… llamarle.

NADIA.-    Que fidelidad a toda prueba. Es admiración o complacencia.

LAUTARO.-    Es agradecimiento y respeto. No puedes ver la realidad fuera de tu propia iniciativa.

NADIA.-    Si, por supuesto que sí. Solo que me nace decir lo que pienso. Y no especulo con saber si esta bien, si es por algún bien.

LAUTARO.-    Veo que prejuzgué al juzgarte.

NADIA.-    Todos lo hacen, no te preocupes. Una se acostumbra a fuerza de costumbre y Se termina creyendo la realidad que otros ven. Es algo así como acumular conocimientos para que se vayan con uno. Sin poder modificar nada. Así que lo mejor entonces, es vivir bien. El tiempo que sea. El que corresponda. ¿No te animas a pintarme?

LAUTARO.-    (Pausa) No sé qué responder.

NADIA.-    Vamos. ¿Cuántas veces lo has deseado? Tu imaginación hará lo que tu experiencia no pueda. Si lo has hecho sin hacerlo tantas veces, te saldrá solo. Lleva a la acción lo que has pensado.

LAUTARO.-    Sería la primera vez que no rompiera lo que pudiera empezar.

NADIA.-    ¡Me halaga!

LAUTARO.-    Siempre tuve miedo que él viera el contenido de mis pinturas rotas. Ni te imaginas lo bien que estabas retratada.

NADIA.-    Es que…

LAUTARO.-    En forma constante. Como una misma herida. A flor de piel.

NADIA.-    No lo sabía. Nunca me lo hubiera imaginado. ¿Y por qué no me lo dijiste?

LAUTARO.-    No pude. No me animé. Es muy difícil mostrarse a llaga viva. Y ser complaciente con él, me permitía estar a tu lado, al menos de alguna manera. No me hagas hablar más. Déjame mostrarte lo que puedo lograr de ti… (PAUSA).

NADIA.-    Ven. Oiremos si alguien entra. (AMBOS SALEN. LA ESCENA QUEDA DESIERTA POR UN INSTANTE. SIN HACER RUIDO ENTRAN JUAN DIEGO Y TINA. ELLA ESTA ALGO TAMBALEANTE. ÉL TAMBIÉN PERO LO DISIMULA MÁS)

TINA.-    No hagas ruido. Quiero que me digas acá al oído lo que me dijiste hace un rato.      

JUAN DIEGO.-    ¿Qué juego es este?

TINA.-    No es ningún juego. Solo un motivo de excitación más. No hay nadie, pero puede romperse ese silencio en un instante y eso provoca un estar atento y con los sentidos a flor de piel.

JUAN DIEGO.-    Eres encantadora. Date vuelta. (LE TAPA LOS OJOS CON UN PAÑUELO) Solo tus oídos verán. (SE LE ACERCA Y MURMURA ALGO. ENTRA MAGDA Y LOS VE A TIEMPO QUE SE PROVOCA UN APAGÓN.

 

ESCENA VI:

EN OSCURO SE OYEN COSAS QUE CAEN Y ROMPEN EN EL SUELO. AL VOLVER LA LUZ ESTA MAGDA DISCUTIENDO CON SU HERMANA TINA. UNA SIGUE A LA OTRA.

MAGDA.-    ¡Vete! No me digas nada.

TINA.-    Escucha Magda, no es lo que piensas.

MAGDA.-    Tina, por favor, al menos no me fastidies. Me cuesta creerlo de ti, pero no me lo contaron, lo he visto con mis propios ojos. ¿Qué más quieres?

TINA.-    Solo quiero que me escuches.

MAGDA.-    Pero ¿qué me puedes decir? Solo déjame sola y llévatelo bien lejos.

TINA.-    Si tan solo me dejaras hablar.

MAGDA.-    Es peor. Déjalo así. No es culpa tuya. Ya me lo dijo alguna vez su esposa. Yo sabía que tarde o temprano íbamos a ser socias en la desgracia. Y te lo auguro también a ti. Ese es mi castigo y lo será el tuyo. Y mientras tanto él nos disfruta. Pero ya no más a mí. Sigue tú con él.

TINA.-    No es como dices. Solo fui cómplice de un juego. Riesgoso pero sin la intención que tú le agregas.

MAGDA.-    Pero no fastidies mi inteligencia, por favor. Eres mi hermana y nos conocemos de chicas. Nos conocemos demasiado y siempre has estado a la espera de mis pérdidas. Y siempre has sacado provecho.

TINA.-    Me ofendes sobremanera con lo que dices. Si dices siempre, solo agrega, que estuve a tu lado, tratando de ayudarte.

MAGDA.-    ¿De esa manera? Pues no lo hagas más.

TINA.-    Déjame explicarte y luego decide lo que quieras. (EN TODA ESTA ESCENA MAGDA NO HA DEJADO DE IR DE UN LADO A OTRO, ARROJANDO ALGUNOS OBJETOS, QUE EN ALGÚN CASO TINA LEVANTA) Bebí de más y eso lo admito y me dejé llevar por un juego de seducción. Pero nada más. Discúlpame, no me di cuenta hasta donde llegaba.

MAGDA.-    ¿Lo dices en serio? Yo vi como lo miraste siempre. Cómo lo buscabas siempre. No me puedes engañar. Es que no te alcanza con estar plena. Quieres cambiar de cuerpo. No te lo aconsejo. No sabes lo que es disimular un dolor profundo que no me calma ni aún cuando duermo. No sabes el dolor que sobrellevo en el alma, por no tener todo lo que tú tienes. Y lo poco que me pertenece también eso me lo quieres quitar. Pues llévatelo y que te haga provecho. Y si quieres mis pinturas pues también tómalas. Y déjame sola con mi alma. (QUEDA ACURRUCADA EN EL SUELO. TINA LA OBSERVA EN SILENCIO HASTA QUE SALE. EN CUANTO LO HACE ENTRA CHAVELA, MUJER MAYOR CON UN PAÑUELO QUE LE CUBRE LA CABEZA. ES UN PERSONAJE ESPECIAL. SU HABLAR DENOTA UN DEJO DE MISTERIO Y NOSTALGIA.

CHAVELA.-    (ACERCÁNDOSE HASTA LLEGAR CASI A ACARICIARLA. LE HABLA EN FORMA CANTURREADA) Ay que dolor, en mi alma, llorona. ¡Llorona! Por Dios, ¡no sufras! ¡Ay! Del dolor de tu cuerpo, llorona. ¡Llorona! Llanto de espuma. La bruma de tu cabello,     llorona, que sale, de tus entrañas. La risa que no se asoma, llorona; se calla con vos de rabia. ¡Ay! De mi llorona, llorona, llorona, ya verte calma. ¡Ay! De mi llorona, llorona, llorona, que verte… Ven a mis brazos, ¡mujer! (MAGDA QUE CON EL CANTO SE FUE INCORPORANDO, LA ABRAZA).

MAGDA.-    ¡Chavela! Que gusto me da verte.

CHAVELA.-    ¡A mí también hija! ¿Qué te anda pasando? ¿Lo de siempre?

MAGDA.-    Ya sobrepasa todos los límites. Lo he sorprendido con mi hermana y… pero no me hagas caso. ¿Cuándo llegaste?

CHAVELA.-    Tengo la sensación de no haber llegado aún. No haberme ido nunca. De estar donde no estuve y no haber querido haber estado.

MAGDA.-    Sabías que iba a ocurrir así.

CHAVELA.-   Desde ya. Como tú sabías cual iba a ser tu historia. Pero ¿habrías vivido otra vida? De repetirse, ¿cuántas veces hubieras elegido otra distinta?

MAGDA.-    Ninguna. No te hubiera conocido de ser así. Todo está relacionado con todo. Y ningún eslabón puede modificarse. De nacer de nuevo, sin darme cuenta estaría repitiendo exactamente todo igual. ¿Cuál es entonces el sentido de la libertad?

CHAVELA.-    Solo migajas de actos intrascendentes. Pequeñas sutilezas sin destino. Brisas que ni siquiera mueven hojas. Es algo así como una raíz bien honda, que deja crecer pero no suelta ninguna de sus ramas… Pero ¿es que se ha decretado la ley seca?

MAGDA.-    De ninguna manera. No te pregunto cuál color prefieres. Por empezar lo haces con el que venga.

CHAVELA.-    De menor a mayor hija. Que el piso es uno y no ha de cambiar.

MAGDA.-    ¿Sabes que nos vamos?

CHAVELA.-    Algo había oído al respecto. ¿Cuándo?

MAGDA.-    En unos días.

CHAVELA.-    Deberemos ganarle al tiempo entonces. Esta noche he invitado a unos amigos. Y voy a estar esperándote.

MAGDA.-    Pues ahí estaré. ¿No te sientas?

CHAVELA.-    Los primeros tragos se beben de pie. Los segundos de sentado. Los terceros ya ni te acuerdas. Pero para poder seguir esta noche, mejor déjame de pie. ¿Qué piensas hacer?

MAGDA.-    No lo sé. Me duele haberme disgustado con mi hermana. Y en cuanto a él, ya hace rato que un pacto de silencio nos gobierna. Sabe que no me es indiferente David como sabe que estás tú y muchos otros fantasmas.

CHAVELA.-    Nunca me imaginé poder serlo. Aunque en verdad, no estoy muy lejos.

MAGDA.-    Sabes que no me refería a ti.

CHAVELA.-    No me falta mucho. Prometo avisarte.

MAGDA.-    No tendrás que esperarme mucho allá arriba o donde sea.

CHAVELA.-    ¡Bien abajo mujer! Arriba no me quieren. Mi canto es bien bajo.

MAGDA.-    Mis pinturas también.

CHAVELA.-   ¡No! Tus pinturas son bien altas. Y llegarán bien lejos.

MAGDA.-    Tu canto también. Espera que voy a mostrarte mi último trabajo (SE DIRIGE AL INTERIOR, EN DONDE SOLO LLEGA A ASOMARSE. NO ENTRA AL SORPRENDERSE) Esto sí que no lo esperaba.

CHAVELA.-    ¿El qué mujer?

MAGDA.-    Nada. Solo que pondré una música para alegrar un poco este ambiente (LO HACE. SUENA UNA MÚSICA BIEN FUERTE)

CHAVELA.-    Oye, ¿desde cuándo escuchas la música tan fuerte?

MAGDA.-    Desde que se tiene que escuchar bien lejos.

CHAVELA.-    La van a oír hasta los muertos.

MAGDA.-    Solo está dirigida a los vivos. Ya los verás aparecer.

CHAVELA.-    ¿Juan Diego está por venir?

MAGDA.-    Hubiera estado bien. No le hubiera venido nada mal si hubiera estado acá.

CHAVELA.-    Estas jugando con algún misterio que no lo logro develar.

MAGDA.-    Déjalo así. Aguarda. (LLAMANDO HACIA ADENTRO)  ¡Lautaro! Al ritmo que vamos, no llegaremos a la noche en pie. (ES PORQUE SIGUEN BEBIENDO. ENTRA LAUTARO VISIBLEMENTE AFECTADO)

LAUTARO.-    ¿Señora?

MAGDA.-    ¿No has visto a Nadia?

LAUTARO.-    Si, está dentro. ¿Quiere que la llame?

MAGDA.-    No, deja. Dile que está invitada a una fiesta esta noche. Y tú también si quieres. (A CHAVELA) ¿Es posible? Se lo han ganado. (A ÉL) ¿La conoces?

LAUTARO.-   No, Señora.

CHAVELA.-    Si ella dice que se lo han ganado, pues serán muy bienvenidos.  Mi nombre es Chavela. Lautaro, eres muy guapo.

LAUTARO.-    ¡Gracias señora!

MAGDA.-    Vete y arregla todo dentro que debe estar por llegar Juan Diego.

LAUTARO.-    Si, señora (SALE)

CHAVELA.-    Oye, dime…

MAGDA.-    Menos pregunta Dios y perdona. Merece un brindis (BEBEN. ENTRA JUAN DIEGO. ESTA ALGO MOLESTO)
JUAN DIEGO.-    Hola Chavela, ¿cómo estás?

CHAVELA.-    Bien Juan Diego. Qué gusto en verte.

JUAN DIEGO.-    Salimos en una semana. Estaremos un tiempo prolongado. Están tus cosas en orden.

MAGDA.-    Tanto como las tuyas.

JUAN DIEGO.-    Esta noche vienen de la Embajada.

MAGDA.-    Pues esta noche no estaré.

JUAN DIEGO.-    Debes estar.

MAGDA.-    Pues el aviso llegó tarde. Ya me he comprometido.

CHAVELA.-    Mira que…

MAGDA.-    (INTERRUMPIÉNDOLA) Te acompaño Chavela. No sea cosa que llegues tarde.

CHAVELA.-    Hasta luego Juan Diego. Ya vendré con más tiempo.

JUAN DIEGO.-    Te espero. (SALEN AMBAS. QUEDA SOLO JUAN DIEGO. ENTRAN LAUTARO Y NADIA. ÉL SE SORPRENDE PERO NO ACUSA EL IMPACTO) ¿Ya se van?

NADIA.-    Si, me espera mi novio.

LAUTARIO.-    ¿Necesita algo?

JUAN DIEGO.-    No, vayan nomás. (AMBOS SALEN. ESTA ABSORTO CON UN PENSAMIENTO QUE LO ACORRALA. MARCA UN NÚMERO) ¡Hola!... Sí, pero no sé por qué tengo un mal presentimiento. No… Todo lo que he pedido lo han concedido… Y me sorprende que  precisamente a mí me hayan pedido ese trabajo… Si, el mural del edificio principal… en el hall de entrada. Es realmente imponente… Hay algo detrás de todo esto y no logro descifrarlo… ¡Ya te contaré! (CUELGA. SE SIRVE UN TRAGO. ENTRA SU ESPOSA. ¿Qué haces aquí?

LUPE.-    Te estuve llamando todo el día y no me has atendido.

JUAN DIEGO.-    ¿Tengo que hacerlo por algún motivo?

LUPE.-    No es por mí que te llamaba.

JUAN DIEGO.-    Estuve todo el día ocupado. Aún ahora lo estoy.

LUPE.-    Pero es que te necesito. No puedo resolverlo yo sola.

JUAN DIEGO.-    Hazlo como puedas. (LUPE ARRANCA PARA IRSE) ¿Cuánto necesitas?

LUPE.-    No es solo por el dinero. Si tú le hablas, detienen todo.

JUAN DIEGO.-    ¿Cuándo y dónde los puedo encontrar?

LUPE.-    Te esperan en la oficina de ellos.

JUAN DIEGO.-    Diles que vengan acá. Que solo me llamen antes.

LUPE.-    ¡Gracias! (ROMPE EN LLANTO)

JUAN DIEGO.-    Deja mujer. No empieces como de costumbre.

LUPE.-    Solo me pregunto por qué.

JUAN DIEGO.-    Ni yo podría responderlo. Es una fuerza que me impulsa a degradar el cuerpo. Como una neurosis obligada y necesaria. No me hagas caso.

LUPE.-   (SE LE ACERCA. LO BESA) Sabes que te estaré esperando siempre. (SALE. AL QUEDAR SOLO TOMA UNA BOTELLA Y BEBE. ENTRA EN SILENCIO TINA. EL LA PERCIBE.

JUAN DIEGO.-  ¡Tardaste demasiado! (SE PROVOCA UN APAGÓN).

 

ESCENA VII:

(EN OSCURO SE ESCUCHA EL INFORMATIVO RADIAL: “HOY RETORNA AL PAÍS EL AFAMADO MURALISTA JUAN DIEGO Y SU DIGNA ESPOSA MAGDA. LUEGO DE SU ESTADIA EN NEW YORK EN DONDE YA ES PÚBLICO SU DESENCUENTRO CON EL MAGNATE MRS. ROCKFELLER.  NO SE SABE AÚN LA SUERTE QUE CORRIÓ EL MAGNÍFICO MURAL QUE HA REALIZADO, PERO SE TEME LO PEOR…” A MEDIDA QUE VUELVE LA LUZ, SE VEN LOS MUEBLES QUE DECORABAN EL AMBIENTE TODOS CUBIERTOS CON MANTAS BLANCAS. ENTRAN JUAN DIEGO Y MAGDA VISIBLEMENTE DESMEJORADOS. SUS PASOS SON LENTOS Y VAN RETIRANDO LAS MANTAS DE LOS MUEBLES.

JUAN DIEGO.-    No pensé que tan pronto lo íbamos a destapar.

MAGDA.-    Hubiera sido lo mismo no cubrirlas.

JUAN DIEGO.-  No te costó acostumbrarte a la buena vida. Lo has disfrutado aunque haya sido una estadía corta.

MAGDA.-    He hecho lo que pude. Tú tampoco te veías muy molesto. Creí que ibas a aceptar quitar del mural esa imagen para ellos tan agresiva.

JUAN DIEGO.-    Una cosa es aceptar la comodidad de una vida placentera. Otra no poder expresar lo que siento y creo. En el arte nunca fui cómodo ni servicial. Ya lo sabían que iba a ser así. ¿Es que me llamaron para modificar mi pensamiento y usarlo como propaganda?

MAGDA.-    Debes agradecer poder contarlo. Ya David me lo había anticipado. Y se cumplió a rajatabla su pronóstico. Solo que él creyó que no ibas a poder salir.

JUAN DIEGO.-    Lo lamento mucho por él. Ese es el mayor dolor que tengo. No haber podido estar acá cuando…

MAGDA.-   No hubieras podido hacer nada.

JUAN DIEGO.-    ¿Cómo estás tú?

MAGDA.-    Muy dolorida. Ya no me calman ni los medicamentos. (BEBE CON ALEVOSÍA)

JUAN DIEGO.-    No bebas tanto.

MAGDA.-    Es lo único que me calma. Estar ajena a todo.

JUAN DIEGO.-    Como en nuestro viaje. Creíamos notable el viaje, y nos ilusionamos con él. Pero la vuelta ha sido lamentable. Como lo será cuando luego de ese fingido viaje vuelvas en sí. No podrás quedarte por mucho tiempo sin volver. Y cada vez será peor.

MAGDA.-    Extraño a mi hermana. Ya sé que tu también. Si tan solo pudiera abrazarla. Cómo desearía poder envejecer.

JUAN DIEGO.-   ¿Envejecer?

MAGDA.-    ¡Sí! No tener la obligación de vivir más, después de haber vivido todo. No será ese mi caso. Tengo los días contados y tú lo sabes.

JUAN DIEGO.-    No digas eso.

MAGDA.-    ¿Por qué los provocaste? (PAUSA TENSA. PROLONGADA. JUAN DIEGO TIENE TEMOR DE HABER SIDO DESCUBIERTO) Dime la verdad.

JUAN DIEGO.-    Sabes que lo debía hacer. Es lo que sentí que debí hacer.

MAGDA.-    ¿En su propia casa? ¿En un trabajo abonado por ellos? ¡No! Si aceptaste ir allá y trabajar para ellos, no fue para tu hicieras lo que quisieras. No hubieras ido.

JUAN DIEGO.-   No podía dejar pasar la oportunidad. ¿No hablan de pluralidad de ideas acaso? ¿Donde está la libertad? Me contrataron para pintar dejándome llevar por mi inspiración, que es lo que ellos querían de mí. Si al empezar no me dieron ninguna idea por qué lo hicieron cuando ya estaba terminando.

MAGDA.-   Te lo iban advirtiendo. No imaginaron que lo ibas a hacer igual. Y te pidieron que lo cambiaras. Pues ahí tienes el resultado. Ya seguramente no habrá quedado nada. Pero hubo otro motivo…

JUAN DIEGO.-    Porque había de haberlo. No vino nadie a recibirnos. Igual que si hubiéramos perdido una guerra e ignorándola pareciera que no existió. Un falso orgullo ¿no? Nos estaremos quedando muy solos.

MAGDA.-   ¡Por qué le temes a la soledad? Nunca se está solo del todo. Te asomas y el barullo de la gente te distrae. El silencio de la noche es pesado, es cierto. Pero pasa y vuelve a amanecer. ¡Si amanece!

JUAN DIEGO.-    Llama a tu hermana. Ya debe saber que hemos vuelto.

MAGDA.-    Llámala tú. Le hará mejor tu llamada.

JUAN DIEGO.-    ¡No! Es a ti a quien quiere oír. (MARCA UN NÚMERO Y LLAMA) ¡Hola!... Espera un momento. (LE DA EL TUBO A MAGDA QUIEN DUDA EN HABLAR PERO AL FINAL ACCEDE)

MAGDA.-    ¡Hola!...Si, ven… (CUELGA) Viene hacia acá.

JUAN DIEGO.-    Te dejo sola con ella.

MAGDA.-    ¿Dónde vas?

JUAN DIEGO.-    A dar una vuelta.

MAGDA.-    No tardes. Hoy me siento realmente muy mal. Y no quiero estar sola esta noche. (JUAN DIEGO SALE. AL QUEDARSE SOLA VISIBLEMENTE NERVIOSA SALE POR INTERIOR Y VUELVE CON UNA TELA PARA PINTAR. TOMA UN LÁPIZ Y COMIENZA A DIBUJAR ALGO. LO INTERRUMPE, ROMPE Y SALE CORRIENDO. AL QUEDAR SOLA LA ESCENA SUENA INSISTENTEMENTE EL TELÉFONO. LUEGO ENTRA TINA. AL ENCONTRARSE SOLA HECHA UN VISTAZO POR TODO EL AMBIENTE. VE LA TELA QUE TIRÓ MAGDA Y LA TOMA. SE QUEDA OBSERVÁNDOLA. SE SIENTA CON LA INTENCIÓN DE ESPERARLA. CHAVELA ENTRA Y LA VE)

CHAVELA.-    No esperaba verte a ti.

TINA.-    Vine a ver a mi hermana.

CHAVELA.-    No tengas culpa ninguna. Los impulsos que emanan del corazón no se pueden controlar. Son como un volcán que puede estar sereno por mucho tiempo, pero cuando comienza a despertar nada lo puede contener.

TINA.-    Me duele verla sufrir.

CHAVELA.-   No es culpa de nadie. El destino o como se llame juega pasadas inesperadas y solo se puede esquivar lo que no está predestinado.

TINA.-    Y sin embargo quien la ve, la envidia. Tiene una fuerza interior que subyuga y conmueve.

CHAVELA.-   ¿Te cambiarías por ella?

TINA.-    Solo de a ratos. Solo ella sabe lo que sufre en silencio.

CHAVELA.-    Te aseguro mucho más de lo que imaginas. No tiene tiempo de disfrutar lo meritorio de sus trabajos que ya se hunde en la peor pena. Y así deambula por los extremos de un péndulo. Y solo con su paz eterna y espiritual logrará llegar a su paz.

TINA.-    ¿La está buscando?

CHAVELA.-    Desesperadamente. Y vive muy de prisa lo que le queda de tiempo.

TINA.-    Pero entonces…

CHAVELA.-    Es absolutamente inexorable.

TINA.-    Aún así…

CHAVELA.-    En verdad no sé si es mejor perdurar. Pero si me ves, tal vez no pueda opinar ya que me han tocado las dos cosas. Vivir con intensidad y aguantar y luchar. Y a medida que se vinieron los años, ir viendo las cosas con la mirada presente. (ENTRA JUAN DIEGO. SE SORPRENDE CON LA PRESENCIA DE LAS DOS MUJERES)

JUAN DIEGO.-    ¿Cómo estás Chavela? ¡Tina! ¿Magda ha salido?

TINA.-    Cuando llegamos ya no estaba. ¿No sabes dónde ha ido?

JUAN DIEGO.-    No, salió después que yo.

CHAVELA.-    ¿No te dijo que iba a hacer?

JUAN DIEGO.-    No. Solo que no quería estar sola porque no se sentía bien. Le pedí que hablara contigo. Y que no lo haya hecho me inquieta. Ya vuelvo. Si viene Lautaro que me espere. Que no se vaya. (SALE)

CHAVELA.-    Tengo un mal presentimiento. Nunca lo había visto así.

TINA.-    No nos queda más que esperar. Nadie sabe donde pudo haber ido. Juan Diego sabe algo que no sabemos. Si tan solo pudiera hablar con mi hermana.

CHAVELA.-   Ni él lo está haciendo. Este viaje no lo debía haber hecho.

TINA.-    Solo aceleró los tiempos.  Nada hubiera cambiado su destino. (ENTRA LAUTARO)

LAUTARO.-    ¿Ha estado Juan Diego?

CHAVELA.-    Si, nos ha pedido que lo esperes.

LAUTARO.-    Ha ocurrido un accidente o algo lo provocó. Es en el puente y todos están buscando a alguien en el río. Hay un gran alboroto. (TINA Y CHAVELA SE MIRAN PREOCUPADAS. HAY UN GRAN SILENCIO. ENTRA LUPE NERVIOSA)

LUPE.-    ¿No está Juan Diego?

TINA.-    No, lo estamos esperando.

LUPE.-    Una mujer se tiró al río. La están buscando. No se sabe quién es pero por las descripciones que han hecho…

CHAVELA.-    ¿Qué se dice?

LUPE.-    ¡Nada! Esperemos tener la certeza de quien es.

TINA.-    No, no puedo creer que ella…

LUPE.-    Ella, ¿quién?

CHAVELA.-    ¡Magda!

LAUTARO.-    ¡Magda!

LUPE.-    Todos pensamos en ella. Y me temo que Juan Diego algo sabe.

LAUTARO.-    Creo que va a ser mejor que vaya en su búsqueda. Alguien lo tiene que haber visto. Y no son muchos lugares en que hoy puede estar.

CHAVELA.-    No ganas nada con salir. Es solo adelantarte por ansiedad. Si nos sirves algo fuerte al menos haremos un poco más placentera la espera. (LAUTARO LES SIRVE ALGO DE BEBER A LUPE Y CHAVELA, A TIEMPO QUE TINA SE SIRVE AGUA) Creo que en este momento no te vendría nada mal algo más a tono.

TINA.-    No Chavela, solo un poco de agua. La misma que la pudo haber bebido a ella.

LUPE.-    Yo lo venía presintiendo y se lo comenté a Juan Diego. Él no me quiso escuchar. Pero algo temía. Su vuelta de América no fue solo por su trabajo.

CHAVELA.-    ¿Tú dices?...

TINA.-    También yo me imaginé algo similar.

LAUTARO.-    En las últimas correspondencias de Juan Diego me aseguraba que volvería pronto y antes de lo que me imaginé ya estaban de vuelta acá.

CHAVELA.-    Ahora entiendo lo que me dijo Magda. Y ahora pudo imaginarse que con su partida lo libera del peso que le significa. Me cuesta creer que las dos figuras más prominentes y más significativas de este momento, estén viviendo un presente tan duro y doloroso. Cuánto se esconde en una sonrisa abierta. (ENTRA JUAN DIEGO MUY AFECTADO)

JUAN DIEGO.-    ¿Se sabe algo de Magda? Lautaro, ¿has oído algo?

LAUTARO.-    No, solo lo del accidente.

LUPE.-    ¿De dónde vienes?

JUAN DIEGO.-    Ya he arreglado lo tuyo.

LUPE.-    ¡Gracias!

TINA.-    ¿No has visto nada?

JUAN DIEGO.-    No, gente corriendo pero no quise preguntar por qué. ¿De qué accidente hablas?

CHAVELA.-    Alguien cayó o… se tiró al río.

JUAN DIEGO.-     Acaso creen…

CHAVELA.-    No, solo que nos preocupa su ausencia. (JUAN DIEGO SE DIRIGE A ENCENDER LA RADIO, ESCUCHAN EL INFORMATIVO: “YA SE SABE QUIEN HA SIDO LA MUJER ENCONTRADA EN EL RÍO. NO SE CONOCE AÚN CUAL FUE EL MOTIVO NI EL MODO EN QUE OCURRIÓ. SE TRATA DE… TINA APAGA BRUSCAMENTE LA RADIO. SE PROVOCA UN TENSO SILENCIO. SIN NOTARLO TODOS, APARECE POR LA PUERTA MAGDA. TINA ES LA PRIMERA EN VERLA Y LANZA UN GRITO DE SORPRESA. TODOS SE DAN VUELTA Y LA VEN Y SE PROVOCA UN APAGÓN.

 

ESCENA VIII:

CUANDO VUELVE LA LUZ CONCENTRADA EN UN PRIMER PLANO JUAN DIEGO ESTA PINTANDO SOBRE UNA TELA APOYADA EN UN ATRIL, COMO EN LA PRIMERA ESCENA. MAGDA ESTA PARADA DETRÁS CON UN CUCHILLO TOMADO POR AMBAS MANOS. SU SITUACIÓN FÍSICA ES DESESPERANTE.

 MAGDA.-    ¿Vendrás conmigo?

JUAN DIEGO.-    (SIN PRESTARLE ATENCIÓN) ¡Sí!

MAGDA.-    ¿Puedo confiar en ti?

JUAN DIEGO.-    (LE DIRIGE UNA MIRADA DESAFIANTE) ¿Por qué me lo preguntas?

MAGDA.-    ¿Por qué me contestas con otra pregunta?

JUAN DIEGO.-    ¡Basta! Es la última vez que me lo preguntas.

MAGDA.-    Tengo miedo. Y ya no puedo volver atrás mi historia.

JUAN DIEGO.-    Solo debes decidir si cambias el curso de la historia.

MAGDA.-    No estoy segura. Nunca lo estuve. Y hoy, ahora menos. El pensamiento de la acción es uno. La acción del pensamiento otro. Y si lo uno lleva a lo otro, lo otro encuentra otros pensamientos.

JUAN DIEGO.-    ¡Ya no puedes tomarte un día más!

MAGA.-    ¿Has visto mi estado?

JUAN DIEGO.-    Vi el estado de tu pensamiento. Has volcado en el lienzo lo mejor de ti aún en los peores momentos. Que son en los que más has creado.

MAGDA.-    Qué paradoja ¿no? Haber tenido que sufrir para poder crear. Tener que crear para no sufrir tanto. O no darme cuenta que estuve sufriendo. Pero todo tiene un fin. ¡También el arte!

JUAN DIEGO.-    ¡El arte no tiene fin! Es un medio que transporta al infinito. Has querido trascender…

MAGDA.-    No lo quise. Me quiso. Yo solo me dejé llevar como una hoja es llevada por el viento. Con la ilusión de poder ser viento.

JUAN DIEGO.-    ¿Tomaste el remedio?

MAGDA.-    Ya no lo necesito; solo me necesito a mí misma.

JUAN DIEGO.-    ¿Qué vas a hacer?

MAGDA.-    ¡Lo que sienta!

JUAN DIEGO.-    Bueno, ¡hazlo de una vez! (MAGDA LEVANTA CON AMBAS MANOS EL CUCHILLO CUANDO ESTANDO DETRÁS DE JUAN DIEGO NO PUEDE SABERSE A CIENCIA CIERTA SI LA INTENCIÓN ES CLAVÁRSELO A ÉL O A ELLA MISMA. SE PROVOCA UN APAGÓN.

FIN

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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