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¡PEPE, LA NIÑA ESTÁ EMBARAZÁ!

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡PEPE, LA NIÑA ESTÁ EMBARAZÁ!

 

(Entremés)

 

De: Raimundo Francés

bea45azul@yahoo.com

Duración aproximada: 18 minutos

 

(El autor se permite simular literalmente el lenguaje propio de la gente sencilla del sur para así imprimir mayor gracejo a las expresiones de los protagonistas de la obra)

 

Como siempre, Pepe, se encuentra leyendo su periódico favorito, con su bata, acomodado en su sillón con los pies reposando en la mesita. Llega Loli con una gran noticia, de la que Pepe, como es habitual se mofa, sobre todo porque apenas cree lo que le dice su mujer.

 

LOLI  - ¡Pepe, te has enterao?

 

PEPE – Sí, el Betis ha perdío, como siempre, pero esta vez, la culpa la ha tenío el árbitro, ¡que es un hijo puta! ¡Estaría comprao!

 

LOLI - ¿Qué estás hablando, so burro! Yo me refiero a lo de mi hija.

 

PEPE - ¿Ah, lo de tu hija? ¡No me digas que ya ha aprobao el último curso de bachillerato! ¡Ya era hora, coño! Ya estaba yo pensando que le iba a tener que echar una mano.

 

LOLI  - ¡Que no Pepe, que no es eso!

 

PEPE - ¿Ah, no? Po, hija, como no sea que haya mandao al novio a hacer unas pocas de puñetas, que no hay un novio que le dure más de un mes y medio...

 

LOLI  - ¡Al contrario! Ahora es cuando ya no puede echar al novio de casa, ni con agua hirviendo.  

 

PEPE - ¿Ah, no? ¿Y eso, por qué?

 

LOLI - ¡Porque está embarazá!  

 

PEPE - ¡Ah, bueno! Eso es una cosa que le pasa a las mujeres (Ahora, mirándola con cara de sorpresa) ¡Qué está qué?

 

LOLI – Ya te lo he dicho. Y además, creo que está por lo menos de tres meses, si no de cuatro.

 

PEPE - ¡Toma ya! Oye, ¿y eso tiene cura?

 

LOLI  - ¿Cómo que si tiene cura? ¿Pero qué te has creío, que un embarazo es como un  virus de  gastroenteritis, o algo parecío?

 

PEPE – Algo parecío. Solo que el embarazo siempre dura lo mismo. Nueve meses.

 

LOLI  - ¡Hay que ver cómo te tomas tú las cosas, eh?

 

PEPE – Casi siempre, con un poco de bicarbonato detrás. Así es como se digieren mejor.

 

LOLI  – Po, esto es mu serio. Y yo estoy ahora mismo, que no sé si esto es bueno, es malo, o si es pa coger a la niña y decirle dos barbaridades. Pero claro, dicen que a las embarazadas no hay que darles disgustos porque todo eso lo sufre el feto, ¿no?

 

PEPE - ¡Por supuesto! ¡Todo va a parar al feto! ¿Tú no sabes lo que hacían las griegas de la época de Elena? Pues, se acostaban mirando a las imágenes de Adonis y de los atletas griegos. Así los niños, salían to cachas. ¡Ea, niño!, ¡de gladiador, picha,  a jugar con los leones!

 

LOLI  - ¿Y qué me quieres decir con eso?

 

PEPE - ¿Qué va a ser, mujer? Que le digas a tu hija que se acueste tó los días delante de un poster de Ronaldiño, a ver si la criaturita sale un buen pelotero y nos saca a tós de pobres.

Ya que se ha queao preñá sin pedir ni permiso, por lo menos una compensación, ¿no?

 

LOLI - ¡Desde luego...! Hay veces que no sé si hablo con mi pareja, o con un animal del zoológico de Jerez. ¡Qué poca sensibilidad!

 

PEPE - ¡Hombre, en el zoo de Jerez es donde había que meter a tu niña! ¡Mira que quedarse preña! ¡Como no entra gente ya en esta casa! Que si el novio de tu niña, que si el novio de la otra, que si el compañero del novio, que si la amiga de la otra niña. ¡Coño, si esto parece la casa de la juventud!

 

LOLI  – O sea, que pa ti, un nieto mío es como si fuera un bulto, ¿no?

 

PEPE - ¡Hombre, tanto como un bultito no! Pero, vamos, que pa hacerte abuela ya, con lo bien que estábamos nosotros, por lo menos te tenía que haber pedío permiso, ¿no?

 

LOLI – Pero eso le puede ocurrir a cualquier mujer, Pepe.

 

PEPE – Sobre tó, a las que se abren de piernas y se bajan las bragas.  

 

LOLI  – No, hombre, no creo. Lo que pasa es seguramente la cogería en un descuido.

 

PEPE – Sí, sí, un descuidito de ná.  ‘’Mira chatitio, qué nubes tan bonitas, ¿verdad?” Y el chatito, mientras que ella se hacía la tontona mirando pa el cielo, él ni siquiera se acordó de ponerse la gabardina, por si llovía.  A eso le llamo yo un descuidito de ná.

 

LOLI  - ¡Ay que ver cómo te tomas tú estas cosas tan serias, eh?

 

PEPE – Ya te lo he dicho antes. Con bicarbonato, pa que no me dé ardentías. 

 

LOLI  – Total, que no te ilusiona mucho eso de ser abuelo.

 

PEPE - ¿A mí? Un momentito, eh? Mucho cuidao. ¡Que yo no soy abuelo de nadie!,¿eh?  Que yo me junté contigo pa disfrutar un poco de la vida, que los dos hemos trabajao lo nuestro, eh? Pero yo no te busqué a ti pa que me hicieras un abuelo, como esos que hay por ahí.

 

LOLI  - ¿Y qué tiene de malo ser abuelo?

 

PEPE – ¡Po qué va a tener, joé! Madrugar pa llevar al niño a la guadería, traerlo de la guardería, darle de comer porque tu hija se va al gimnasio, acostarlo en nuestro dormitorio pa que nos de el coñazo por la noche cuando tu hija se vaya con el novio a la discoteca, sacarlo todas las tardes cuando tu hija se vaya de crucero con el novio al Caribe, comprarle mucha ropita al niño porque tu hija está estudiando y el novio está en el paro... ¡To eso! ¿Te parece poco?

 

LOLI - ¡Hijo! Tó lo ves por el lao negativo. ¿Y lo bonito que es que el niño te diga esas cositas? ¿Y cuando te abre los brazitos como si tú en vez de ser su abuelo fuera su padre? ¿Es que eso no vale lo suyo?

 

PEPE - ¿Qué si vale? ¡Tú no tienes ni idea de lo que vale eso! Eso tiene que valer... por lo menos más de  quinientos euros al mes.  

 

LOLI  - ¡Desde luego! ¡Que materialista eres!

 

PEPE - ¿Materialista, yo? ¿Pero tú que te has creío, que un niño se cría así, como por arte de magia?

 

LOLI  - ¡Hombre! Algunos gastillos hay que hacer, yo no lo niego, pero ¿Para qué queremos el dinero? ¿Con quién mejor que con un nieto?

 

PEPE - ¡Ah, sí? Qué pena que mis abuelos no hubieran pensao igual que tú. Hoy yo, en vez de ser un jubilao de policía administrativo de la Comisaría, sería un retirao por lo menos de general pa arriba.  

 

LOLI – Sí, pero aquellos eran otros tiempos.

 

PEPE - ¡Por eso mismo! Fíjate si eran otros tiempos, que muchos hemos tenío que trabajar pa darle de comer a los padres, y ya de camino a los abuelos. ¡Mira, Lolita,  a mí no me hables tú de eso, que ya uno ha corrío lo suyo!

 

LOLI  – Hay que ver, la que estás formando por una... por una barriguita.  Que eso, hoy es una cosa corriente en las chavalas.

 

PEPE - ¿Corriente? ¿Tú tienes ovarios Loli?

 

LOLI  -  ¡Hombre, yo creo que sí, no?

 

PEPE – ¡Po, tócatelos! Corriente, dice. Una corriente es lo que les entra por ahí cuando están así, con las patas abiertas y con los ojos vueltos. Pero nunca piensan que cuando la avispa pica, casi siempre sale un bulto.  

 

LOLI  – Sí, pero no la voy a matar por eso, no?

 

PEPE - ¡No, claro que no! Pero a mí me gustaría saber qué te hubiera pasao a ti, si hubieras sío tú, con dieciocho años la que le hubieras dicho a tu madre y a tu padre : (Con gestos y tono de retintín) ‘’Mamá, papá, os traigo una noticia, estoy embarazá de mi novio”

 

LOLI  – Es que en aquellos tiempos, no podía pasarme eso porque yo, pa salir con mi novio, tenía que ir con mi hermano al lao. Eso pa empezar. Y en el cine, a oscuras,  se podía hacer de tó, menos quedarse embarazá, porque eso era... ¡tela de difícil! Aunque yo sé de una que se sentaba siempre en la última fila, que un día lo consiguió. Pero bueno...

 

PEPE – ¡A mí me lo vas a decir!  Pero tú, imagínate, que en un descuido de tu hermano, que tú sabes que los novios entonces eran mu listillos y les decían a los cuñaillos, ‘’Anda, picha, toma dos reales y traéte dos cigarrillos ‘’ideales’’, uno para mí y el otro pa furmártelo tú” y mientras iba y venía con los ‘’ideales” ¡catapún chimpún... el chupinazo! Y después, toa la familia diciendo. ¿Pero eso cómo ha podío ser, hombre? ¡Pero, si eso es imposible!

 

Y le preguntan al hermanito: ¡Niño, pero tú donde estabas, titi? Y el niño, que dice: ¿Yo? ¡Pero si yo na más que fui un momentito a comprar dos cigarros de ideales!” Por eso mi padre decía siempre eso de que, ‘’en una guiñá se pierde hasta un barco”

 

LOLI  – Pero eso na más que le pasaba a tres o cuatro.

 

PEPE – Tres o cuatro que no veas la que formaban. ¡La de San Quintín! De momento, a la niña, una paliza. Dos meses sin hablarle toa la familia. ¡Ea! Encerrá en la casa. Y la lengua de la gente, pa que te voy a contar. Por un descuido de ná, por la calentura propia de la edad, la convertían enseguida en la putilla más tirá de toa la provincia. Y luego, a ver si el niño estaba dispuesto a casarse con la niña pa salvar el honor de la familia. Y si no quería, la niña había que mandarla al pueblo pa que pariera allí en casa de una tía. Y después, el recién-nacío iba a parar a un orfanato y la niña a un convento. ¡Manda huevos la cosa!

 

LOLI - ¡Y to eso por un kiki de ná!

 

PEPE - ¡No, de ná, no! Por un kiki en condiciones, con una entrada y una salía, como mandan los cánones, ¡qué coño!

 

LOLI  – Pero, hoy, ya la gente no va por ahí criticando como antes, y los bebés son recibidos con los brazos abiertos.

 

PEPE – Con los abrazos abiertos y con la libreta del BBV abierta también, ¡joé! ¡Mira que tiene, esta! Pero con la libreta de los abuelos, ¿eh? porque, como otra no hay...

 

LOLI  – Pero, Pepe, ¿No los vamos a dejar tiraos, no?

 

PEPE – No, son ellos los que se tenían que haber quedao tiraos donde metieron manos a la obra, sin pensar en las consecuencias.

 

LOLI  - ¿Y, ahora, qué hacemos?

 

PEPE - ¿Que qué hacemos? Yo no sé lo que tú vas a hacer, pero yo, de momento, me voy a la peña a tomarme un chicotazo, porque, si me quedo aquí a ver la cara de tonta que  pone tu niña, me van a entrar ganas de hacer las maletas.

 

LOLI  - ¡Ah, con que tú ahora, estarías dispuesto a dejarme a mí sola con el muerto, no?

 

PEPE - ¡Hombre, si naciera muerto, ya eso sería otra cosa! ¡Pero, qué dices tú? Si hoy las niñas, viven mu bien porque no tienen na que hacer, ni trabajar, ni ná, y las madres les daís to los caprichitos, pa que vivan mejó todavía. Si las madres son carajotas, que les lavan hasta las bragas.

 

LOLI  – Es que cuando tú te juntaste conmigo sabías que yo tenía dos niñas.

 

PEPE – Sí, claro, pero no tan calientes, cojones. Además, habiendo tantas cosas como hay hoy pa no salir con la zambomba, ¡Yo no me lo explico!

 

LOLI  – Sí, ya. Lo que yo te digo, un descuidito de ná.

 

PEPE – Po, prepárate, porque tú no tienes ni idea de lo caro que te va a salir el descuidito ese. De momento, a las revisiones, y comer, ahora tu niña va a comer más que una lima, vamos que  se te va a tragar hasta las pagas extraordinarias. Y como el novio, o sea, el padre de la niña, se quedará aquí muchas veces, tú lo tendrás que invitar a comer también. Después, la ropita de pre-mamá, las sillita, la cunita, y toas esas cositas. Y luego, cuando suelte la mercancía, ¡anda! ¡toma! ¡pa la abuela!  ¡Vamos, ni que el niño fuera tuyo cojones!

 

LOLI – Po, yo me creía que tú me ibas a acompañar de abuelo, Pepe.

 

PEPE – No, yo de abuelo, nada. Yo te iba a acompañar como si fuera un marío, pero pa abuelo me hubiera quedao donde estaba.

 

LOLI  - ¡Hombre! Yo sé de gente que mandan a sus niñas a Inglaterra.

 

PEPE - ¿A Inglaterra? ¿A Inglaterra pa qué?  ¿Pa ver el cambio de guardia?

 

LOLI  – No, hombre, Yo me refiero a que las mandan a librarse del feto, antes de que se haga grandecito. Que ya después...  

 

PEPE - ¡Sí, hombre! Y te va a salir más caro el collar que el perro. ¡Con lo caro que está Inglaterra, que pa entrar en un restaurant, antes tienes que pasar por el banco y pedir un préstamo! ¿Tú te imaginas, tu niña y el novio, allí, en un hotel, y la clínica, taxi pa acá, taxi pa allá, y luego la factura? ¡Vas a tener que hipotecar la casa, criatura!

 

LOLI – Es que hijo, me lo estás poniendo mu difícil. Entonces, ¿qué hago?

 

PEPE - ¿Qué vas a hacer chiquilla? Lo que tienes que hacer es hablar con el alcalde, que tú estuviste trabajando treinta años en el ayuntamiento,  y decirle que le busque un trabajito al novio de tu niña, aunque sea recogiendo basura.  Y así se entera de  lo que es traer un niño al mundo.

 

LOLI - ¿En la basura? ¿El padre de mi nieto recogiendo la basura? ¡Pepe, por Dios!

 

PEPE - ¡Hombre, si quieres, le puedes decir que lo ponga de teniente de alcalde!

 

LOLI – Pero, tiene que haber otras cosas, ¿no?

 

PEPE - ¡Claro, mujer! Está también, el concejal de Urbanismo, el delegao de Hacienda... ¡un montón de puestos buenos! Tó depende de la amista que tú tengas con el alcalde.

 

LOLI  – Pepe, te estás cachondeando. ¿Y en la oficina?

 

PEPE - ¡Hombre, eso sería una lotería! Total, si el chaval terminó el graduao. ¡quién sabe!

Oye, ¿El novio de tu hija maneja bien el ordenador?

 

LOLI – Po, yo lo he visto muchas veces jugando a matar marcianitos, o sea que de eso tiene que saber un poco, ¿no?

 

PEPE - ¡Seguro! ¿Y carné de conducir tiene?

 

LOLI  – Pues, yo creo que se iba a sacar el de la moto un día de estos.

 

PEPE – Entonces, no hay problema. Lo ponemos en una pizzería a repartir, que por lo menos con lo que saque de propinas le puede comprar al niño un pipo y dos biberones.

 

LOLI  - ¿Quién, el padre de mi nieta, repartiendo pizzas por la calle? ¡Tú estás loco!

 

PEPE – Bueno, mira, si quieres, le pones aquí a los dos una suite de esas,  y contratas un par de criados pa que de vez en cuando le laven los pies. Y yo, ahora, me largo, que aquí ya, que en esta casa no dan más que disgustos. Y esta noche me hago las maletas y me voy con mi hermana, que allí por lo menos, por las noches no me van a despertar los llantos de un niño chico. Que yo, ya , con los míos, me quedé ‘’jartito”.

 

LOLI  - ¡Ay, qué desgraciaita soy! ¿Quién me iba a mí a decir que por una barriga de ná, yo iba a quedarme hasta sin mi pareja? ¡Con lo bien que estábamos! Pero, es que por un hijo se hace lo que haga falta.

 

PEPE – (Levantándose) Pues, ¿tú sabes lo que decía a mí mi abuelo, el de la sierra,   que tuvo siete hijos y pasó ‘’jambre’’ pa pará a once trenes?  Decía, que como los niños de los ricos vienen con un pan debajo del brazo y los niños de los pobres con una zoleta,  ¡Que si no eres rico ni tienes un buen  cacho  de tierra, lo mejó que se puede hacer por los hijos es no tenerlos! ¡Ea, hasta luego, que vendré a por la maleta!

 

    (Sale por el aforo tirando el periódico sobre la mesa,  mientras que Puri, se queda pensativa y el telón se va corriendo)

 

LOLI -  ¿Quién sabe? A lo mejor tu abuelo, llevaba toa la razón del mundo. ¡Ay, qué abuela más desgraciaita soy!

 

                                             SE CORRE EL TELÓN

 

                                                       Fin  

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