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LA PLOMERA DESCUBIERTA

de  ADRIÁN DI STEFANO

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

“LA PLOMERA DESCUBIERTA”

 de ADRIAN DI STEFANO

adriandistefano@gmail.com

 

Personajes (Por orden de aparición):

Héctor

Anacleta, Su novia

Troilo, el novio de

Manuela, la Plomera.

 

 

LA ACCIÓN TRANSCURRE EN EL LIVING COMEDOR DE LA CASA DE PEDRO. ÉL ES UN TÍPICO SOLTERO EMPEDERNIDO QUE AÚN EN SU MADUREZ NO HA SIDO “CAZADO” EN LAS REDES DEL MATRIMONIO.

UN GRAN DESORDEN DE ELEMENTOS PERSONALES ADORNAR EL YA DE POR SÍ DESORDENADO AMBIENTE, PERO QUE NO DEJA DE TENER BUEN GUSTO. MESA AMPLIA CON SUS SILLAS, SILLÓN DE DOS CUERPOS, CON SU MESITA AFÍN, BARGUEÑO, LÁMPARA DE PIÉ, MÓDULOS Y OBJETOS AFINES DECORAN CON REFINADO ESTILO.

AL INICIAR LA ACCIÓN EL AMBIENTE SE ENCUENTRA EN PENUMBRA A TIEMPO QUE SE ESCUCHA UN DESPERTADOR QUE NOS INDICAQUE ES DE MAÑANA Y EL DUEÑO DE CASA SE ESTARÁ LEVANTANDO.

LA DISPOSICIÓN DEL AMBIENTE SE COMPLETA CON INGRESOS LATERALES QUE COMUNICAN LA ENTRADA A LA CASA, DORMITORIO, BAÑO, COCINA Y HABITACIÓN DE SERVICIO.

HÉCTOR ENTRA POR DORMITORIO EVIDENTEMENTE MUY DORMIDO AÚN CRUZANDO LA ESCENA NO SIN TROPEZARSE CON ALGÚN ELEMENTOS DESPROLIJAMENTE UBICADO EN UN LUGAR INAPROPIADO. SE RECOMPONE Y SALE POR LA HABITACIÓN DE SERVICIO. AL INSTANTE INGRESA NUEVAMENTE Y SALE POR BAÑO COMO SI SE HUBIERA EQUIVOCADO LA SALIDA. EN UN TIEMPO MUY BREVE ENTRA Y COMO SORPRENDIDO Y CONFUNDIDO VA HACIA EL INTERRUPTOR Y ENCIENDE LA LUZ. CORROBORA QUE ESTA EN ORDEN LA ELECTRICIDAD. SALE POR HABITACIÓN DE SERVICIO E INGRESA CON UN BALDE DIRIGIÉNDOSE A LA COCINA CON LA EVIDENTE INTENCIÓN DE LLENARLO. SALE POR COCINA Y VUELVA A ENTRRAR ESPERANDO QUE EL BALDE SE LLENE. SE DIRIGE HACIA EL PERCHERO EN DONDE SACA DE SU CARTERA UN TARJETERO BUSCANDO UNA TARJETA, LA QUE ENCUENTRA A TIEMPO QUE SALE POR COCINA Y VUELVE A ENTRAR CON EL BALDE LLENO. CRUZA LA ESCENA MIRANDO LA TARJETA. SALE POR BAÑO Y SE ESCUCHA EL RUJIDO DEL AGUA VOLVÁNDOSE EN EL INODORO MIENTRAS VUELVA A ENTRAR NO SIN DE DEJAR PRESTAR ATENCIÓN A LA TARJETA.

HÉCTOR.- ¡Qué raro! Bueno, salgamos de duda. (MARCA UN NÚMERO EN EL TELÉFONO Y ESPERA. EVIDENTEMENTE ESCUCHA UN CONTESTADOR Y RESPONDE) Si… bueno, le está hablando Héctor, de la calle San Cristóbal quinientos diecisiete. Si no le queda registrado este número, el mismo es ciento cincuenta y tres, cuatro

cinco siete, dos nueve dos ocho. Necesito, si es posible, sus servicios en forma urgente ya que no sé por qué motivo no tengo agua en mi baño. Gracias. (CUELGA). Seguro voy a tener que llamar de nuevo. Estos plomeros se hacen desear y no te queda otra que insistir. Y no va a ser este… o esta, la excepción… (SALE POR BAÑO, ENTRA CON UNA TOALLA Y SU CEPILLO DE DIENTES Y DENTÍFRICO. SALE POR COCINA A TIEMPO QUE SUENA SU CELULAR. ENTRA CON SU CEPILLO EN LA BOCA Y  ATIENDE. NO PUEDE HABLAR CORRECTAMENTE) ¡Hola!... sí, soy yo… No,

disculpe, es que justo me estaba lavando los dientes… ¡Ah! Bueno… Si, si, ya puede venir. La espero… en diez minutos, bueno la espero… Qué suerte que está cerca… No sé, no tengo agua en el baño… Si, en la cocina sí… Será algún caño tapado… ¿Me lo podrá destapar si es eso?... Y si, es una complicación no poder usar el baño. Por eso me estaba lavando los dientes en la cocina, justo cuando usted llamó, y tuve que tirar un balde de agua en el… bueno, usted sabe… y con esta temperatura no poder darse un baño para no estar tan caliente… digo, para que uno pueda equilibrar la calentura, o sea la temperatura del cuerpo… ¿Cómo?... ¡Ah! SÍ, claro, la estoy entreteniendo… Bueno, la espero… (CUELGA) ¡Una plomera! Qué raro. Después de todo, las mujeres boxean y nos equilibraron en todo. Solo que voy a tener que cuidarme en lo que digo… (SALE POR COCINA Y VUELVA A ENTRAR CON LA TOALLA SECÁNDOSE EL ROSTRO Y MANOS) Tendría que acomodar un poco. Ya empecé mal… “Me podrá destapar el caño”… ¡Qué animal! Después de todo ya estará acostumbrada. (SUENA EL TIMBRE DE CALLE) ¿Ya está acá? Esta mina es más rápida que una bombera. Voy a tener que acostumbrarme a cambiarle el género a todo. Policía ya es femenino. Policío no es nada. Astronauta también. Al final las minas copan (MIENTRAS HABLA VA ACOMODANDO ALGUNAS COSAS) Azafato, albañila, lustrabotos (VUELVE A SONAR EL TIMBRE) ¡Uy!, la estoy dejando de plantado. ¡Plantada! A ver si se pianto. ¡Pianta! Pronto; qué lío me voy a hacer… (SE DIRIGE AL CONTESTADOR DEL TIMBRE Y PULSA) ¡Pase!... Por las dudas no la tuteo. ¡Tutea! Me la imagino con espaldas de rinoceronte, manos de orangután, patas de hipopótamo y cara de perro buldogs… De esas que te ponen una mano encima y te esconden. (ENTRA ANACLETA, SU NOVIA)

ANACLETA.- ¿Estas gracioso que no me tuteas?

HÉCTOR.- ¡Anacleta!

ANA.- ¡Ana! Guardate el cleta. ¿Estabas hablando solo? ¿A quién vas a llevar al zoológico?

HÉCTOR.- ¿Qué pasó que viniste tan temprano?

ANA.- ¿Te olvidaste que me tenés que acompañar?

HÉCTOR.- ¿Dónde?

ANA.- ¿Con qué desayunaste? Primero me tratás de usted; haces una selección de animales a quienes vas a visitar, porque claro, hay que acordarse de los parientes; y después te hacés el olvidadizo de tus compromisos pre matrimoniales. Si querés voy sola al curso y después te cuento lo que me aconseja el cura para el buen desarrollo de nuestra vida en común, luego de darnos la bendición y preguntarnos si nos queremos por esposos, cuando ya el juez nos casó sin cursos de aprendizaje. O voy con otro, total no te conoce.

HÉCTOR.- ¿Pero no era a la noche?

ANA.- Vos pediste a la mañana no sé por qué.

HÉCTOR.- ¡Es que tengo problemas con el caño!

 

ANA.- ¿Le digo eso al párroco? Mire, Señor Obispo: mi futuro marido tiene el caño obstruido. Hay que tener mucha fuerza para soplar y destaparlo. ¿No me ayuda usted que tiene grandes pulmones? Míreme a mí tan chiquita. ¿Cómo hago? Si yo soplo a lo sumo puedo apagar una vela.

HÉCTOR.- ¡Anacleta!

ANA.- ¡Ana!

HÉCTOR.- Ana, en serio. Está por venir una plomera…

ANA.- Un plomero querrás decir. ¿Qué te pasa hoy? ¿Te dura la borrachera de anoche?

HÉCTOR.- Anoche no me emborraché-.

ANA.- Entonces vas a tener que cambiar la batería porque ya no te carga más. O mantenete enchufado todo el tiempo…No vas a poder ir muy lejos. O conseguite un bicho como los de Avatar.

HÉCTOR.- estamos en problemas. Ana, n o me puedo mover de acá.

ANA.- Desenchufate Héctor, no podemos faltar. Te aseguro que no tengo muchas ganas de ir, pero es el último curso y si no vamos nos van a dar la extremaunción antes de bautizarnos. Y yo me quiero casar por Iglesia.

HÉCTOR.- ¿No podés ir vos y yo te alcanzo? Ya debe estar por llegar. Sabés que los plomeros son muy cumplidores.

ANA.- ¡Qué! ¿De dónde sacaste eso? Vienen después de dejarte plantada cinco veces por lo menos. Y lo hacen tres horas después. Te muestran el diploma para que veas que son matriculados. Te cobran por adelantado; empiezan el trabajo, lo dejan por la mitad, cruzan para empezar otro, te sacuden, te vacunan y te…

HÉCTOR.- ¡Voltean! Estás hablando por despecho porque tu anterior novio era plomero y… bueno. Te hizo todo eso antes de ser novio. Y mirá como terminó.

ANA.- ¡No! Yo lo dejé porque no hizo todo eso.

HÉCTOR.- ¿Qué no hizo? Venime ahora a decir que…

ANA.- Te digo que yo lo dejé porque vos me hiciste todo eso.

HÉCTOR.- Yo nunca te dejé plantada… (GESTO DE ELLA) Nunca te hice esperar tres horas… (GESTO DE ELLA) No te mostré, no te cobré y terminé lo que empecé. Y además no te… bueno… ¿Yo te sacudí acaso?… (MISMO JUEGO) ¿Te vacuné?... (MISMO JUEGO) ¿Te…?

ANA.- ¡Me recontra volteaste! Y ahora tenés que venir conmigo al curso pre matrimonial o muestro mi diploma y no te va a gustar verlo. Así que Héctor, dale que vamos a llegar tarde.

HÉCTOR.- Ana, te digo que va a venir la plomera… (ANTE GESTO DE ELLA) Bueno, el plomero. No tengo agua en el baño y como es cierto lo que decís, una vez que logro ubicar a la… al plomero que me dijo que ya viene, no me puedo ir…

ANA.- ¡Héctor! 8SUENA EL TIMBRE DE CALLE)

HÉCTOR.- ¡Viste! No te mentí. Solo que no te enojes si cuando entra te sorprende. Yo no tengo nada que ver. Nunca me imaginé que… y no la busqué a propósito.

ANA.-  ¿A quién?

HÉCTOR.- A… la plomera.

ANA.- Mirá, Héctor… voy a abrirle. Pero si esto es una broma de mal gusto de tus amigos o alguna trampa tuya, te aseguro que vamos a hablar muy seriamente.

HÉCTOR.- Ana, andá al baño y abrí las canillas.

 

ANA.- Las canillas te voy a reventar si te estás haciendo el piola. Y te conviene estés cambiado cuando vuelva. (SALE POR PUERTA DE ENTRADA. QUEDA SOLO HÉCTOR YENDO Y VINIENDO)

HÉCTOR.- ¿Cómo le explico que…? ¿Qué le digo? “Ana, tenía el caño tapado y ella me dijo que me lo destapa”…”Vos no sabés hacerlo y ella tiene experiencia en caños tapados”… “Cuántas veces te dije que practicaras y vos nada”…”Algún día lo voy a hacer”…”Y bueno, yo lo necesitaba ahora”…”No podía esperar”… ¡Me mata! Y en mi lápida va a poner: “Aquí yace el caño de Héctor”… ¿Qué le digo, cómo le explico? Ayudame San Petersburgo. ¡Si salgo de esta me hago comunista!... ¿Qué tendrá que ver?...

Pero no importa, por algo hay que pedir y algo hay que ofrecer. (ENTRA ANA CON TROILO, EN REALIDAD APARENTANDO SER PLOMERO Y PRESENTÁNDOSE COMO TAL. ES UN HOMBRE CON CUERPO DE FISICOCULTURISTA O BIEN FORMADO, DE ASPECTO TOSCO Y SOMBRÍO).

ANA.- (CON MARCADA INTENCIÓN) ¡Héctor, te presento a Troilo! La… perdón, el plomero que estabas esperando.

HÉCTOR.- Pero…

TROILO.- ¿Pero qué?

HÉCTOR.- No, nada. Solo que cuando llamé y hablé por teléfono con usted, bueno, me pareció que no era usted, la voz de quien me habló era más… era distinta, digo distinto.

TROILO.- ¡Era yo!

HÉCTOR.- Si, claro. Bueno, ya está acá.

ANA.- Héctor, te dejo con el plomero. Pero en todo caso, déjalo trabajando si no termina antes, y venite que te espero en la Iglesia. No te entretengas conversando con el plomero; déjalo trabajar con tu caño roto y apurate. (A TROILO) Sabe, hoy tenemos el último curso pre matrimonial y no podemos faltar. Usted no se va a molestar si él lo deja un rato solo. Es un rato nomás.

TROILO.- No hay problema, señora. Soy de absoluta confianza. Le aseguro que donde voy, vuelvo y la gente queda encantada conmigo. Y seguramente cuando vuelve ya va a estar arreglado el problema.

ANA.- ¡Viste! Ya le veía yo cara de un plomero responsable. Dale, Héctor, mostrale el problema y apurate. (SALE POR PUERTA).

TROILO.- ¿Cuál es el problema?

HÉCTOR.- Mire, Troilo. No sé qué pudo haber pasado, pero no sale agua de la canilla de la pileta ni de la ducha. No me fijé del depósito del inodoro, pero imagino que es lo mismo. Parece como si el agua no llegara al baño. Como si se hubiera tapado un caño. (MIENTRAS LE EXPLICA ESTO, TROILO EMPIEZA A SACAR DE SU VALIJA Y UBICAR SOBRE LA MESA LOS EXCESIVOS ELEMENTOS QUE TRAJO ALGUNO DE LOS CUALES NO TIENEN NADA QUE VER CON SU PROFESIÓN, A SABER: CRIQUET DE AUTO, SERUCHO, MARTILLO, LLAVE CRUZ, TERMO, ETC.)

TROILO.- ¿Me puede calentar agua? Total, en la cocina me dijo que agua tiene.

HÉCTOR.- Si, claro. Se ve que estuvo arreglando el auto y se trajo todo para acá.

TROILO.- No tengo auto.

HÉCTOR.- No, yo decía por…

TROILO.- ¿Me va a calentar el agua?

HÉCTOR.- Si, por supuesto. Ya vengo. Lo dejo solo un momento. Pongo a calentar el agua y vuelvo.

TROILO.- Mejor quédese allá para controlar que el agua no hierva. Si no se me lava el mate muy rápido. Y a mí me gusta chupar mucho el mate. ¿O acaso usted chupa dos o tres bombilladas y listo?

HÉCTOR.- No, tiene razón. Los plomeros siempre tienen razón. Lo caliento… (TROILO LO MIRA RUDAMENTE) al agua y vengo. (SALE POR COCINA. TROILO CON TODAS LAS HERRAMIENTAS QUE PUEDE AGARRAR SALE POR BAÑO. ENTRA SIGILOSAMENTE HÉCTOR COMO PARA VER QUÉ ESTÁ HACIENDO TROILO EN EL BAÑO, A TIEMPO QUE COMO PERCIBE QUE ESTÁ POR ENTRAR, VUELVE A SALIR POR COCINA. ENTRA TROILO A LLEVARSE EL RESTO DE LAS COSAS Y

CON AIRE SOSPECHOSO SE DIRIGE A LA PUERTA DE LA COCINA HABLANDO HACIA ADENTRO)

TROILO.- ¿Me está controlando el agua, no?

HÉCTOR.- (EN OFF) Si, Troilo. Quédese tranquilo que estoy controlando que el agua no hierva.

TROILO.- Por el baño despreocúpese que ya estoy revisando todo. (SALE POR BAÑO. ENTRA HÉCTOR CON EL TERMO QUE SE HABÍA LLEVADO CONSIGO)

HÉCTOR.- ¡Qué bien! Ya está el agua bien a punto. (DEJA EL TERMO SOBRE LA MESA Y SE DIRIGE AL BAÑO)

TROILO.- (EN OFF) ¡No entre!

HÉCTOR.- Pero es que no le mostré…

TROILO.- (EN OFF) ¿Y usted cree que yo necesito que me lo muestre? (ENTRA)

HÉCTOR.- No, claro. Si es plomero seguro se da cuenta cual es el problema.

TROILO.- Prepáreme un mate mientras, si no le molesta.

HÉCTOR.- No, para nada. De paso lo acompaño con alguna que otra culpadita…

TROILO.- No me gusta que chupen de la misma bombilla que chupo yo. ¿Tiene edulcorante?

HÉCTOR.- ¡No! Y por eso esta pancita. Mucho postre, mucho pan y mucha azúcar.

TROILO.- Me le pone na cucharadita. Ya vuelvo. Encontré uno de los problemas.

HÉCTOR.- ¡Qué suerte! Así no hace falta que lo deje solo y llego a tiempo al curso. Estos curas… (MIENTRAS HABLA TROILO SALE Y LO DEJA HABLANDO SOLO) No, claro. Lo estoy entreteniendo y la verdad a quien le importa lo que piensas los curas. Yo mientras le preparo el mate y se lo llevo.

TROILO.- (EN OFF) ¡No! No entre que puede golpearse. Ya salgo.

HÉCTOR.- ¡Que me puedo golpear! Claro, debe haber empezado a salir agua y yo sin darme cuenta debo haber dejado abiertas todas las canillas.

TROILO.- (ENTRANDO CON EL LAVATORIO EN LAS MANOS) Este lavatorio por lo pronto lo tiene que cambiar.

HÉCTOR.- ¿Se rompió? Pero si es nuevo. Hace muy poco cambié todo…

TROILO.- Bueno, pero está rajado y ya no sirve más. Se lo voy dejando por acá mientras traigo más cosas.

HÉCTOR.- ¿Qué trae más cosas? Tómese un casi amargo.

TROILO.- ¡Gracias! (LO HACE Y SALE)

HÉCTOR.- (HABLANDO CONSIGO MISMO) ¿Qué más va a atraer? Y lo peor es que no me deja ver lo que está haciendo… (HABLANDO  HACIA EL INTERIOR DEL BAÑO) ¿No necesita que le dé una mano?

TROILO.- (EN OFF) ¡No! Yo puedo solo. Usted cébese otro mate y vaya con su esposa que yo me ocupo de todo.

HÉCTOR.- Hay tiempo. Imagino que cuando se haga tarde mi casi señora me va a llamar seguramente y la Iglesia está en la otra cuadra.

TROILO.- (ENTRANDO CON EL INODORO EN LAS MANOS) Esto lo va a tener que cambiar también.

HÉCTOR.- ¿Pero también se rompió?

TROILO.- ¿No notaba nada raro cuando tiraba de la cadena?

HÉCTOR.- ¡No! El agua corría normalmente.

TROILO.- Bueno, pero lo va a tener que cambiar también. ¿Y…?

HÉCTOR.- ¿Y qué…?

TROILO.- ¡El mate!

HÉCTOR.- ¡Ah, sí! (LE CEBA UN MATE Y SE LO DA) Acá tiene. El trabajo seca la garganta.

TRIOLO.- Se lo dejo por acá. (DEJA EL INODORO EN EL PISO) Voy por más cosas…

HÉCTOR.- ¿Va a traer más cosas?

TROILO.- El trabajo hay que hacerlo a fondo. O no se hace. Ya vuelvo. (SALE POR BAÑO. VUELVE A ENTRAR) Y no se asome. Me molesta que controlen lo que hago mientras lo estoy haciendo. (SALE)

HÉCTOR.- No, si no tenía la intención de hacerlo (HABLANDO SOLO) Si total se está trayendo el baño acá… (SE SIENTA EN EL SILLÓN) Bueno, esperemos. Seguro que un rato nomás me despierto y me doy cuenta que aunque todo parece muy normal, muy real, no es más que una pesadilla y listo. Es cuestión de hacer fuerza para despertarme. Vamos Héctor, arriba, te quedaste dormido viendo una peli de terror cuando sabés que te hace mal. Y siempre que lo hacés terminás soñando cualquier disparate. Ya va a sonar el despertador. A concentrarte… (SUENA EL TELÉFONO) ¡El despertador!... ¡Qué dije!... Ah, no. Es el teléfono… (ATIENDE) ¡Hola!... Si, lo estoy pasando de maravillas… (MIENTRAS HABLA POR TELÉFONO ENTRA TROILO CON LA GRIFERÍA Y UNOS AZULEJOS EN LAS MAN OS, LO QUE COLOCA JUNTO AL RESTO DE LAS COSAS DEL BAÑO, NO SIN DEJAR DE CEBARSE UN MATE Y BEBERLO, MIENTRAS LO OBSERVA COMO HABLA) No, todo bien por acá…Es cuestión de unos minutos. Parece que era una tontería lo del agua. Tenías razón, no había motivo para preocuparse y el plomero por suerte dio en la tecla. Si… no, no creo que gaste mucho y él espero que como es poco lo que tiene que hacer no me cobre mucho… ¿Qué?... Ah, entonces no hace falta que vaya, pero si… ¿Qué no toman lista porque confían en la gente?... ¿Y de qué hablaron esta vez?... ¿De sexo?... ¿No habrás hablado vos, no?... Dame un segundo… (A TROILO) Perdón, pero mi señora habla mucho y… ¿Necesita algo?

TROILO.- No, solo avisarle que se rompieron unos cuantos azulejos…

HÉCTOR.- ¿Muchos?

TROILO.- ¿Quiere que le traiga todos?

HÉCTOR.- No hace falta, le creo…

TROILO.- Esos azulejos son viejos y no los va a encontrar por ninguna parte. Así que lo mejor es cambiarlos todos. Ahora hay unas cerámicas que son más prácticas.

HÉCTOR.- Esta bien. Siga porque después de todo no llegó todavía a los caños…

TROILO.- ¿Qué caños?

HÉCTOR.- Los que traen el agua fría y el agua caliente.

TROILO.- ¡Ah, sí! ¡Los caños! ¿Dónde los tiene?

HÉCTOR.- Y no sé. Deben estar dentro de la pared.

TROILO.- Bueno, voy a tener que romper la pared.

HÉCTOR.- ¿Y no puede fijarse antes si no puede ser e cuerito lo que había que cambiar?

TROILO.- Oiga, acá el que sabe soy yo no usted. ¿Le pedí que corte el agua?

HÉCTOR.- Y no…

TROILO.- Bien; al sacar la grifería no salió agua, así que el agua no llega. Así que como su caño debe ser muy viejo y está obstruido, hay que cambiarlo…

HÉCTOR.- (INTERRUMPIÉNDOLO) Disculpe… (HABLANDO POR TELÉFONO) Si,  Ana… Es que me estaba explicando… Ah, bueno. Ya voy. Esperame que me cruzo en seguida… (CORTA) Lo voy a tener que dejar solo un momento. ¿No se molesta? Tengo que ir a firmar el acta. Si bien no estuve, tengo que cumplir con ese requisito. Si no, no nos casan por Iglesia. Y ya están mandadas las invitaciones. En el camino de vuelta de paso  aunque es corto aprovecho para escuchar los consejos para nuestra futura vida sexual de casados… que no es lo mismo que de novios… Ya vuelvo, es un momento nada más.

TROILO.- Haga. Yo acá tengo para entretenerme por un rato.

HÉCTOR.- Ya vengo. No le dejo las llaves porque igual no va a salir. (SALE. TROILO QUEDA SOLO UN INSTANTE PENSATIVO. SE CEBA UN MATE Y LO TOMA)

TROILO.- Esto ya está frío. Tengo tiempo todavía… (SALE POR BAÑO. SE ECUCHAN RUIDOS VARIOS, ALGUNOS DE COSAS ROTAS. ENTRA CON LA CABEZA MOJADA Y UNA TOALLA SECÁNDOSE) Ahora sí que la completé. (SE ACERCA A LA SALIDA DEL BAÑO Y TIRA LA TOALLA HACIA ADENTRO) Es hora de irme. Tengo otros trabajos que hacer y no quiero ser sorprendido… Ay, no me di cuenta de sacar las cosas antes. ¿Cómo entro ahora? (SE DESCANZA Y ARREMANGA LOS PANTALONES) Ya sé… Me saco las medias y los zapatos y después me seco los pies. (ENTRA AL BAÑO, A TIEMPO QUE SE ESCUCHA COMO UN RUIDO DE IR CHAPOTEANDO SUS PASOS EN EL AGUA. ENTRA CON SUS ELEMENTOS) Menos mal que el baño está en un nivel más bajo que este comedor. En la casa anterior se inundó hasta la cocina. Acá mientras no se tape el desagüe, solo va a tener una bañadera tipo loft en el baño. (GUARDA TODO MIENTRAS HABLA SOLO. SE ESCUCHAN LAS VOCES DE HÉCTOR Y ANA POR ENTRAR) Ahí vienen y no hice tiempo a salir. ¿Habrá otra salida? Si hay, tiene que estar en… (INDICANDO CADA SALIDA) Ese es el dormitorio… por ahí no. Esa es la cocina… por ahí no. Tiene que ser por acá (SALE POR HABITACIÓN DE SERVICIO. ENTRAN ANA Y HÉCTOR)

HÉCTOR.- No me jodas. No pudo decirles eso. ¿No le habrás contestado, no?

ANA.- No, solo nos miramos entre todos. Algunos cuando me veían sola me ponían cara de asombro y hasta se imaginaron cosas agregándole un gesto de sorna que yo por supuesto les acentuaba como reafirmando lo que estaban pensando. Otros se creyeron que vos estabas finado antes de afinar la puntería.

HÉCTOR.- Esperá que llamo a… ¿Cómo se llamaba?

ANA.- ¡Trolo!

HÉCTOR.- ¡Troilo!

ANA.- Con ese lomo sería una picardía la falta de una vocal.

HÉCTOR.- (LLAMANDO HACIA LA PUERTA DE BAÑO) ¡Sr. Troilo!

ANA.- Voy a calentar agua. ¿Querés un té o un café? ¿Estuviste tomando mate?

HÉCTOR.- No me dejó.

ANA.- ¿No te dejó chupar de la bombilla? Bueno, ese es un buen indicio… (SALE POR COCINA)

HÉCTOR.- No contesta. Y no me deja entrar. Salir no pudo porque si no, no iba a poder entrar. Yo me asomo. A lo sumo me pegará un grito: “No entre”.

ANA.- (EN OFF) ¿Por qué?

HÉCTOR.- (ANTES DE SALIR) ¿Por qué, qué?

ANA.- (EN OFF) ¿por qué me pedís que no entre?

HÉCTOR.- No, eso me va a pedir Troilo a mí. Que no entre al baño.

ANA.- (EN OFF) ¡Ah!... Ahí voy.

HÉCTOR.- Yo entro igual. Con permiso, Sr. Troilo… (SALE POR BAÑO)

ANA.- (ENTRANDO CON TAZAS DE TÉ Y MACITAS) Vení Héctor, déjalo trabajar tranquilo. Tomemos algo y después le preparo algo a él. Preguntale de paso qué prefiere: si algo caliente o algo fresco...

HÉCTOR.- (ENTRANDO) ¡Algo caliente!...

ANA.- ¿Qué te pasa? ¿Por qué te quedaste mudo?

HÉCTOR.- (EN TODO EL DIÁLOGO SIGUIENTE GESTICULARÁ EN SITUACIÓN ANTES DE HABLAR) ¡Él…!

ANA.- ¿Troilo?

HÉCTOR.- ¡Baño…!

ANA.- Si claro, él está en el baño…

HÉCTOR.- (NEGANDO EN SU GESTICULACIÓN) ¡Está…!

ANA.- ¿No está en el baño?

HÉCTOR.- ¡Hecho…!

ANA.- ¿Hecho qué?

HÉCTOR.- ¡Pelota!

ANA.- ¿Qué Troilo está en pelotas? Si fuera a mi seguro me dejaba entrar. Bueno, eso creo.

HÉCTOR.- ¡No! ¡El baño está hecho pelota!

ANA.- No te entiendo.

HÉCTOR.- Asomate. Igual él no está. Vení, entrá conmigo para ver si lo que vi es cierto o lo estoy pesadillando. Pero hasta el borde para no mojarte. (SALEN AMBOS POR EL BAÑO. ENTRA SIGILOSAMENTE TROILO CON LA INTENCIÓN DE SALIR POR LA PUERTA DE CALLE. PERO UN GRITO DE ANA: “¡JODER!” LO ASUSTA)

TROILO.- ¿Estará en la cocina la otra salida? (SALE POR COCINA)

ANA.- (ENTRANDO) ¡No lo puedo creer!

HÉCTOR.- Yo sí. Me rompió todo.

ANA.- ¿Todo?

HÉCTOR.- Ana, no estoy para bromas. Y encima desapareció. ¿Qué hago ahora?

ANA.- Y, llamá a un plomero.

HÉCTOR.- ¿Me estás jodiendo? ¿Y este qué se supone qué era?

ANA.- Y digo yo: ¿Y si cortás el agua? La llave de paso estará en la cocina, seguro.

HÉCTOR.- Tenés razón. (INICIA MUTIS POR COCINA)

ANA.- ¡Pará! (ÉL LO HACE) ¿No te conviene cortar solo el baño? Si no, no vas a tener agua en la cocina.

HÉCTOR.- ¿Pero y cómo entro?

ANA.- ¡Hombres! Sacate los zapatos y las medias y arremangate y si querés los pantalones también y nadá.

HÉCTOR.- Siempre dije que las mujeres son más inteligentes y prácticas que los hombres. (SE SACA ZAPATOS Y MEDIAS Y SE ARROMANGA LOS PANTALONES E INICIA MUTIS POR EL BAÑO) Me sumerjo y salgo. Dame aire. (LA BESA)

ANA.- Dale loco. Apurate antes de dejar sin agua el tanque.

HÉCTOR.- Traeme las ojotas y las bermudas que están sobre la silla en el dormitorio (SALE HÉCTOR POR BAÑO Y ANA POR EL DORMITORIO. SE ASOMA TROILO Y SALE CON LA INTENCIÓN DE ESCAPAR PERO VUELVE A DETENERLO LA VOZ

EN OFF DE HÉCTOR “TE ENCONTRÉ”. TROILO SE VUELVE A METER EN LA HABITACIÓN DE SERVICIO)

ANA.- (EN OFF) ¿Encontraste a Troilo?

HÉCTOR.- (ENTRANDO CON UNA TOALLA Y SECÁNDOSE LOS PIÉS) No, encontré la llave. No entiendo por qué esta m ojada esta toalla. ¿Encontraste las ojotas y la bermuda?

ANA.- (ENTRANDO) Si, acá lo tenés. ¿Cortaste el agua?

HÉCTOR.- Sí. Pero no entiendo nada. El baño está destruido, el plomero no aparece y todo es un gran misterio.

ANA.- ¿Qué fue lo que te dijo?

HÉCTOR.- ¡Mirá! (POR LOS OBJETOS DEJADOS EN EL PISO) Todo roto y viste como quedó el baño. Bueno, lo que era un baño. ¿Pero qué pasó? ¿En dónde está?

ANA.- ¿No tenés su teléfono? Llamalo.

HÉCTOR.- Pero es que el teléfono… Claro, y vamos a ver quién me atiende… (MARCA EN SU TELÉFONO. ESPERAY ES EVIDENTE QUE LO ATIENDE UN CONTESTADOR) ¡Hola!... Habla Héctor, hoy hablé con usted y quedó en venir a ver mi baño y vino, pero… bueno, no era usted sino, bueno era… Y estuvo hasta le cebé mate; y cuando yo me fui lo dejé solo… sola, no, solo (CON EVIDENTE INTERCAMBIO DE GESTUALIDAD CON ANA). Y cuando volví ya no estaba… “estabo”. Y quería saber qué pasó. Si se fue… bueno, espero su respuesta… “respuesto”. Si me puede llamar. Yo ya volví, así que la espero… lo espero. (CORTA) Habrá que esperar. No queda otra.

ANA.- Por qué insistís en hablar como si fuera ella.

HÉCTOR.- Porque ya no sé quién es quién.

ANA.- Necesito ir al baño.

HÉCTOR.- ¡Anda… no, no vayas! Salvo que quieras ir ahí (POR EL LUGAR EN DONDE ESTÁN DEPOSITADOS LOS ELEMENTOS DEL BAÑO) No te lo aconsejo. Te dije que no me gustaba este departamento porque tenía un solo baño.

ANA.- Héctor, no puedo esperar.

HÉCTOR.- ¿Y qué querés qué haga? Subite a un banquito y hacé en la pileta de la cocina. O embocala en el agujero que dejó libre cuando  sacó el inodoro. La bañadera no la sacó. No hizo a tiempo así que hacé ahí. ¿Nunca hiciste en el mar o en una pileta?

ANA.- No seas asqueroso.

HÉCTOR.- ¿Yo asqueroso? Dentro de un rato voy a tener el mismo problema pero aún mayor y me va a recordar las épocas de Dixie.

ANA.- ¿Ya empezás con tu listado de mujeres?

HÉCTOR.- Sí. Una dálmata que llevaba al trabajo y hacías sus cosas en la oficina y cada vez que recibía a alguien me miraban con una cara hasta que se daban cuenta que yo  no tenía nada que ver.

ANA.- ¿Podés tocarle el timbre a algún vecino para que me deje ir al baño?

HÉCTOR.- Vení que le toco el timbre al de acá al lado, pero tapate los ojos porque está todo el día en pantuflas y calzoncillos.

ANA.- Acompañame y decile que no se haga el piola. (SALEN. SE ASOMA TROILO CON LA EVIDENTE INTENCIÓN DE APROVECHAR PARA PODER SALIR POR LA PUERTA DE ENTRADA A LA CASA)

TROILO.- En un descuido salgo (MIRANDO HACIA LA SALIDA Y VIENDO LO QUE HACEN ANA Y HÉCTOR) ¡Vamos! ¿Qué esperan para entra? Ahí va… (SUENA EL

TIMBRE DE ENTRADA Y EN SEGUIDA TROILO SE ESCONDE AHORA EN EL DORMITORIO. ENTRA HÉCTOR Y ATIENDE)

HÉCTOR.- ¡Sí!... ¿Quién?... Ah, bueno, pase. Ana no me lo va a creer cuando vuelva. Por fin se va a develar el misterio… Yo loco no estaba… (APARECE POR LA PUERTA DE ENTRADA MANUELA, LA VERDADERA PLOMERA. DE ASPECTO DESLUMBRANTE MÁS PROPIA DE UNA VEDETTE PERO SUMAMENTE RUDA Y AVASALLADORA.

MANUELA.- ¿Acá pidieron una plomera?

HÉCTOR.- Si, bueno; yo hablé con usted pero se le adelantó un plomero cuando yo esperaba una plomera, que es usted.

MANUELA.- ¿Cómo que se adelantó un plomero? ¿Entonces no me necesita?

HÉCTOR.- ¡Sí! Más que antes. Porque este señor plomero en lugar de arreglarme un problema de obstrucción que tenía, me terminó por romper todo y ahora tengo todo roto y obstruido.

MANUELA.- ¡Perdón! Empecemos de nuevo. Yo hablé con usted, ¿no es cierto?

HÉCTOR.- ¡Sí! Hoy hablamos.

MANUELA.- Y yo le dije que venía en un rato. Y acá estoy.

HÉCTOR.- Pero quiero explicar que mi novia recibió a otro plomero y lo hizo pasar pensando que era usted, porque no me creyó que yo había combinado con una plomera en lugar de un plomero. Y usted vio como son las novias de metidas. Y los dolores de cabeza que me trajo el que se haya metido. Y este señor, que se hizo pasar por usted, y que era bien distinto, por cierto; y que no sé cómo ni porqué se enteró que yo necesitaba una plomera, se le adelantó y, ¿mire lo que hizo? Y si se asoma al baño, que si me permite le quiero mostrar…

MANUELA.- ¿Es por ahí? (SEÑALANDO EL DORMITORIO Y AVANZANDO HACIA ÉL)

HÉCTOR.- No, ese es el dormitorio y si llega a entrar ahí y justo entra mi novia que fue al baño…

MANUELA.- ¿Pero entonces en el baño está su novia?

HÉCTOR.- ¡Sí!... No, en este baño no. En el baño del vecino. En este tal como está no podría hacer nada. Ya lo va a ver. Yo mientras si me permite entro un segundo al dormitorio porque me cambié de pantalón y no tengo pañuelo. Ya estoy con usted; mientras vaya entrando en el baño o lo que queda de él.

MANUELA.- Si lo que necesita es un pañuelo, ahí tiene uno. (POR UN PAÑUELO QUE ESTÁ ENCIMA DE LA MESITA) salvo que ese esté sucio.

HÉCTOR.- ¡Qué cabeza la mía! Con tantas emociones ya ni veo un simple pañuelo. Pasemos al baño. (SALEN POR EL BAÑO. SE ASOMA TROILO CON INTENCIÓN DE HUIR PERO ESCUCHA QUE ESTÁ POR ENTRAR ANA Y SE VUELVE A OCULTAR EN LA HABITACIÓN DE SERVICIO, NO SIN ANTES COMENTAR ALGO)

TROILO.- ¿Pero será posible que no me pueda ir? (SALE)

ANA.- (ENTRANDO) ¡Héctor! (ENTRA HÉCTOR DEL BAÑO)

HÉCTOR.- ¿A qué no sabés quién está en el baño?

ANA.- ¡El lagarto Pepe! Voy a la cocina a calentar agua (SALE)

HÉCTOR.- Pero oime… Quiero decirte…

ANA.- ¿Qué te hago?

HÉCTOR.- ¡Que algún día podrías oírme!

ANA.- ¡No te oigo!

HÉCTOR.- ¡Qué novedad!... ¡Es inútil! ¿Para qué les habrán puesto orejas a las mujeres? Y encima dos. Una boca es poco y dos orejas son multitud. Voy a ver en qué anda esta señorita que ni se cómo se llama. (SALE POR BAÑO. ENTRA TROILO QUE AL OIR A ANA VUELVE A OCULTARSE POR DONDE SE ASOMÓ A TIEMPO QUE ENTRA ANA.

ANA.- ¡Héctor! ¿Dónde dejaste el repasador que te compré?

HÉCTOR.- (EN OFF) En la habitación de servicio… (ANA SE DIRIGE HACIA AHÍ PERO NO LLEGA A SALIR) No, en el dormitorio. Si no lo encontrás en la otra habitación está el que me regaló tu madre que no lo quiero usar porque le tengo idea. (ANA SALE POR DORMITORIO. SE ASOMA TROILO.

TROILO.- Si no lo encuentra va a venir a esta habitación. Es mi oportunidad (SALE POR SALIDA, PERO VUELVE A ENTRAR) Cerrado con llave. ¿Y dónde la habrán puesto? (SE OYE LA VOZ DE ANA: “NO LO ENCONTRÉ”. TROILO SALE POR COCINA. ENTRA ANA)

ANA.- Así que aunque le tengas idea voy a usar el que te compró con tanto amor mi madre.

HÉCTOR.- (EN OFF) ¡Va a pasar algo!

ANA.- ¡Más todavía! (SALE POR HABITACIÓN DE SERVICIO. SE ASOMA TROILO.

TROILO.- ¿Dónde me meto? (SALE POR DORMITORIO)

ANA.- (ENTRANDO) ¿Me querías decir algo antes? Estoy en la cocina. ¿Qué estás haciendo en el baño? (SALE POR COCINA)

HÉCTOR.- (ENTRANDO CON MANUELA) ¡Ni te lo imaginás!

ANA.- (EN OFF) Claro; lo que me imagino no lo podés hacer. ¿Sabés algo del plomero?

HÉCTOR.- Del plomero no. Estará jugando a las escondidas. Pero de la plomera sí. (A MANUELA) Perdón, ¿cómo se llama?

MANUELA.- Manuela.

HÉCTOR.- Estoy con Manuela.

ANA.- (EN OFF) A tu edad.

HÉCTOR.- Ana, ¿podés venir?

ANA.- (EN OFF) Seguí solo.

HÉCTOR.- Ana, estoy acompañado.

ANA.- (EN OFF) La nueva moda.

MANUELA.- ¿Qué le pasa a su novia?

HÉCTOR.- ¡No oye!

MANUELA.- ¿Es sorda?

HÉCTOR.- Como si lo fuera.

MANUELA.- Me disculpa que traigo unas herramientas del auto. Ya vuelvo.

HÉCTOR.- La acompaño hasta la puerta para abrirle. (SALEN. ENTRA ANA CON UNA TAZA DE TE)

ANA.- Héctor… ¿Dónde te metiste? (ENTRA HÉCTOR VISIBLEMENTE MOLESTO, PERO NO POR LO QUE CREE ANA, SINO PORQUE NO PUDO LOGRAR QUE ANA VEA A MANUELA) Ah… ¿Querías?

HÉCTOR.- No, no es por eso mi cara. ¿No la escuchaste?

ANA.- ¿A quién?

HÉCTOR.- A Manuela.

ANA.- ¿Habla?

HÉCTOR.- Estaba con Manuela, la plomera.

ANA.- ¡Ah! Ahora caigo. Propio del humor barato tuyo y de tus amigos. Resulta que cuando hablabas de la “plomera” te referías a… Y “Manuela” reemplazaba a mamita. Bueno, al menos te arreglaste solo.

HÉCTOR.- Ana, ¿qué disparate estás diciendo? Manuela es la plomera que vino, estuvo conmigo en el baño, y ahora bajó a buscar no sé qué cosa a su auto.

ANA.- Héctor, ¿no te parece que por hoy ya es suficiente?

HÉCTOR.- Ana, te digo que la plomera estuvo acá.

ANA.- Bueno, ¿Y entonces? Ahora decime que el plomero está jugando a las escondidas. Que está acá… (POR LA HABITACIÓN DE SERVICIO) No, está acá… (POR LA COCINA) O mejor, está acá… (POR EL DORMITORIO). AMAGA SALIR POR AHÍ, PERO NO LO HACE) Y lo voy a buscar y lo voy a traer acá y nos va a tener que explicar qué demonios hizo, por qué lo hizo, qué va a hacer ahora y sobre todo, y muy sobre todo: ¡quién es…!

HÉCTOR.- Ana, tranquilízate y escúchame.

ANA.- No, vos escúchame a mí. Por hoy lo justifico y perdono. Yo tampoco quería ir al curso pre matrimonial aunque había que hacerlo. Pero si algo parecido tenés previsto hacer para el día de la boda con un electricista que ya de por sí es femenina su identificación, no te lo aconsejo. Porque de venir el o la electricista, te enchufo un cable de tres ochenta en el inodoro (PAUSA)

HÉCTOR.- ¿Terminaste?

ANA.- ¡Sí!

HÉCTOR.- Ana, te juro que no tengo nada que ver. No sé y no entiendo por qué está pasando todo esto.

ANA.- (CON INTENCIÓN DE CAMBIAR DE TEMA Y EL CLIMA DE LA CONVERSACIÓN) Se me enfrió el té.

HÉCTOR.- Vení, vamos a la cocina que te lo caliento y te aclaro lo que puedo de todo esto. (SALEN POR COCINA. SE ASOMA TROILO Y SE DIRIGE A LA SALIDA. AL INTENTAR SALIR ENTRA MANUELA Y SE ENFRENTAN. TENSO Y PROLONGADO SILENCIO)

MANUELA.- ¿Qué haces vos acá?

TROILO.- Bajá la voz que te van a oír.

MANUELA.- ¿Qué haces vos acá, te pregunté?

TROILO.- Buscaban un plomero.

MANUELA.- Vos no sos plomero. La plomera soy yo y a mí me llamaron. ¿Otra vez estuviste…?

TROILO.- ¡No!... Bueno sí.

MANUELA.- ¿Y este despelote lo hiciste vos? Rompiste todo.

TROILO.- ¡No!... Bueno sí. Lo quise arreglar y se rompió solo. Sabés que tengo las manos fuertes.

MANUELA.- Vos no sos plomero. Sos un plomo y esto se terminó. Es la última vez que me lo hacés.

TROILO.- Pero oíme, Manuela…

MANUELA.- (ARRASTRÁNDOLO) No, oíme vos. Me conociste siendo plomera. Te gustó que fuera plomera. Porque te aprovechaste cuando te estaba arreglando el caño. Y después te creíste que los demás iban a hacer lo mismo que vos. ¡Y no!... No es así. Porque

no a todo el mundo le voy a destapar el caño como te lo destapé a vos. Y quiero que me dejes seguir destapando caños.

TROILO.- ¡Ves que reconocés que te gusta!

MANUELA.- ¡Si, me gusta! ¿Y qué hay con eso? Y lo sé hacer. ¿O acaso a vos no te destapé bien el caño? Sé lo que hago y lo voy a seguir haciendo. Te guste o no te guste.

TROILO.- A mí me gustó, pero…

MANUELA.- ¡Pero nada!

TROILO.- Pero…

MANUELA.- ¡Troilo! Esto que hacés es una locura. Porque ahora voy a tener que arreglar todo esto sin cobrarles, por el remordimiento que siento y porque me siento culpable. Y ahora te vas.

TROILO.- ¿Y qué les vas a decir?

MANUELA.- Que el energúmeno de mi novio es tan imbécil que me quiere ayudar y no hace más que romper todo. Y ni se te ocurra quedarte en la esquina para ver cuánto tardo. Porque por tu grandísima culpa, como verás tengo para un largo rato. Con un turno no me va a alcanzar.

TROILO.- Manuela, no hagas chistes pesados.

MANUELA.- Vos sos un chiste hecho persona.

TROILO.- Manuela, yo te quiero…

MANUELA.- Bueno, no me quieras tanto.

TROILO.- No, no me entendés. También te quiero, pero te decía que te quiero…

MANUELA.- ¡Troilo, serenate!

TROILO.- No puedo. Te veo y me agarran ganas… Me agarra el ataque y no me puedo contener. Me provocas una incontinencia sexual. Dale, vamos al baño que ahí seguro no entra nadie.

MANUELA.- ¿Pero, vos estás loco?

TROILO.- Si, por vos. No lo puedo controlar. Yo me escondo en el baño y te espero. (SALE POR BAÑO)

MANUELA.- ¡Troilo!... (ENTRAN ANA Y HÉCTOR Y SE SORPRENDEN CON LA PRESENCIA DE MANUELA)

HÉCTOR.- ¿Estuvo Troilo acá?

MANUELA.- No, yo le grité a usted al entrar “Entro…”

HÉCTOR.- Perdón (LAS PRESENTA) Ana, mi… bueno, casi esposa… Manuela la… plomera.

ANA.- ¡Ah! La plomera. (DISGUSTADA CON HÉCTOR POR EL ASPECTO DE MANUELA) ¡La plomera! Mucho gusto.

MANUELA.- ¡encantada!

ANA.- Así que usted es la plomera.

MANUELA.- Si, señorita, perdón, casi señora.

ANA.- ¿Y usted vino a destaparle la cañería a mi casi marido?

HÉCTOR.- Que soy yo. La sorpresa de mi casi mujer, es porque antes que usted vino un plomero, en su nombre, que no era usted sino un plomero.

MANUELA.- ¡Un plomero!

ANA.- Si, claro; un plomero. Porque los plomeros son siempre hombres.

MANUELA.- No siempre. Algunos se dicen ser plomeros, pero no lo son.

HÉCTOR.- Bueno, este que vino decía ser pero en verdad no me convenció.

ANA.- A mí sí. Y como era de esperar, le rompió todo.

MANUELA.- Si, ya veo.

ANA.- A mi marido.

MANUELA.- Me di cuenta.

ANA.- ¿Le mostró?

MANUELA.- En cuanto entré él me lo mostró.

ANA.- ¡Ah, claro! Él se lo mostró. Y bueno, ahora ya no hay más nada para romper.

MANUELA.- No, ahora hay que reconstruir y arreglar.

HÉCTOR.- Ana, ¿no ibas a ir al baño del vecino de nuevo?

ANA.- No, voy a ir a éste y veo como me las arreglo.

MANUELA.- ¡No!... Es peligroso. Puede ocurrir algo grave en el estado que su plomero se lo dejó.

HÉCTOR.- No, no es mi plomero. Usurpó su lugar y no voy a decir que lo prefiero.

ANA.- Claro, la preferís a ella.

HÉCTOR.- Bueno, al menos no me rompió nada. (FESTEJA SU PROPIO CHISTE LO QUE NO ES CORRESPONDIDO POR ELLAS) Claro, qué va a romper si está todo roto.

MANUELA.- Ustedes hagan lo que tengan que hacer que yo me ocupo del baño y la reconstrucción de todo esto. Los azulejos quedarán para más adelante ya que yo no me doy maña para eso.

HÉCTOR.- No se preocupe. Igual teníamos previsto cambiar toda la pared y el piso por esos ceramicones grandes que vienen ahora. Lo importante es ver si puede solucionar el tema del agua y reubicar los sanitarios y griferías que si necesita que le dé una mano, yo me quedo.

ANA.- ¿Vos te pensás quedar?

MANUELA.- No hace falta. Yo puedo sola. Si no le pido a su “plomero” que me ayude.

HÉCTOR.- Claro, si estuviera. Al menos podría servir para eso. ¿Dónde estará ahora, no?

ANA.- ¿Le diste el nombre, a ver si lo conoce?

HÉCTOR.- Troilo me dijo que se llama.

MANUELA.- ¡Troilo! Qué nombre más raro. No me imagino un plomero llamado Troilo.

ANA.- Bueno, yo tampoco me imagino que Manuela fuera el nombre de una plomera. Y sin embargo acá está, como está Troilo.

HÉCTOR.- ¿Dónde está?

ANA.- Digo que estuvo acá.

MANUELA.- Porque ahora no está.

HÉCTOR.- Aunque podría estar por un rato; la ayuda a llevar todo para allá y se va.

MANUELA.- Pero no está.

HÉCTOR.- Así que entonces me obliga a ser caballero y llevarlo yo.

MANUELA.- ¡No!... Todavía no. Primero tengo que ver todo, y eso me va a llevar un rato. Yo entro sola y ustedes dejen todo en mis manos y estén tranquilos. Hoy vuelve a funcionar todo como siempre.

ANA.- Vení, acompañame. (POR HÉCTOR) Y dejala trabajar tranquila.

HÉCTOR.- Peso esas cosas son muy pesadas.

MANUELA.- Vaya tranquilo. Primero tengo que ver todo, como le dije para ver por donde empiezo.

HÉCTOR.- Si necesita algo pégueme un grito porque el departamento del vecino está acá al lado y hoy, vio que las paredes parecen de cartón. Se escucha todo. A veces en el dormitorio que linda con el dormitorio de ellos, se… bueno, usted me entiende. Y no te podés dormir.

ANA.- ¿Pensás seguir mucho tiempo más contando las intimidades propias y ajenas?

HÉCTOR.- No, porque vos…

ANA.- ¡Héctor!

HÉCTOR.- Bueno, a veces gritás, como ahora.

MANUELA.- Con tal de abaratar todo, se hace cada vez más endeble. (POR LAS COSAS QUE ESTÁN EN EL PISO) En esto se nota. No en estas que son antiguas, sino en las que uno consigue cuando las tiene que cambiar. Todo de plástico que no dura nada. Y las griferías ni le cuento.

ANA.- ¡Héctor!... No le cuentes a ella que lo sabe más que vos. Haga lo suyo que nosotros hacemos lo nuestro.

HÉCTOR.- Ya volvemos. (ANA SACA A HÉCTOR A LOS EMPUJONES. QUEDA SOLA ANA A TIEMPO QUE SE ASOMA TROILO)

TROILO.- ¿Se fueron? Dale, vení. Es un minuto.

MANUELA.- ¿Y por un minuto vos te crees que…?

TROILO.- Es un decir. Dale vení que no aguanto.

MANUELA.- ¿Vos estás loco? Encima que les rompiste todo querés aprovechar el espacio vacío…

TROILO.- Te prometo que no lo hago más, pero ahora estoy terrible. Me voy en seguida. Te entro todo esto y te entro…

MANUELA.- No me entrás nada. Te rajás ya mismo que van a volver. Mirá si en el baño de un cliente…

TROILO.- Tenés razón. Vamos al dormitorio. (SE OYE EN OFF LA VOZ DE HÉCTOR: “YA VUELVO ME OLVIDÉ ALGO”…)

MANUELA.- Ahí vienen. Metete en el dormitorio.

TROILO.- ¡Mejor, en el dormitorio!...

MANUELA.- Y no hagas ruido que se escucha todo.

TROILO.- No, si yo no soy el que grita (SALE POR DORMITORIO)

MANUELA.- Pero, ¿qué decís?...

HÉCTOR.- (ENTRANDO) ¡Eh!... ¿Qué digo?

MANUELA.- Perdón, que te tutee.

HÉCTOR.- No hay problema. Al contrario. Es mejor si nos tuteamos. Si vas a ser la plomera de la casa es lógico que vos y yo… suena bien.

MANUELA.- Bueno. Antes se me escapó, pero si entramos en confianza, entonces vos y yo…

HÉCTOR.- (COMO EMBOBADO) ¡Eh!...

MANUELA.- Digo, que vos volviste y yo me di cuenta que no puedo sola.

HÉCTOR.- Yo la ayudo… te ayudo. Te puedo levantar… No, digo que puedo levantarte… Dame un minuto no más que saco algo del dormitorio (INICIA MUTIS QUE ES INTERRUMPIDO POR MANUELA)

MANUELA.- ¡No!... Yo te entretengo un segundo y te libero. Ayudame con esto que terminamos en seguida.

HÉCTOR.- Pero yo no tengo apuro. Hoy era un día perdido, por este tema del fastidioso curso y algunos trámites sin importancia que pueden esperar. Así que contá conmigo para todo el día. (SE ACOMODAN PARAGARRAR EL INODORO. SE ASOMA TROILO QUE ES VISTO POR MANUELA PERO NO POR HÉCTOR. GESTO DE APURATE A ELLA. ELLA SIN SER VISTO POR HÉCTOR GESTICULA SORPRENDIDA MEZCLA DE RETO Y ORDEN) ¡Eh!... ¿Me hablaste? (AL CREER QUE LA GESTICULACIÓN DE ELLA ES HACIA ÉL)

MANUELA.- ¡No!... Solo que me pareció que un mosquito me estaba revoloteando. Y parecía un moscón por lo grande e imprudente.

HÉCTOR.- Esperame que traigo algo fuerte que tengo contra los mosquitos y lo tengo en el dormitorio. (TROILO SE ESCONDE)

MANUELA.- ¡No!... No hace falta. Ya está. Si aparece lo aplaudo y listo. A los moscones hay que reventarlos así. Tengo una buena mano para sacarme los moscones de encima.

HÉCTOR.- (SE SIENTE ALGO MOLESTO POR EL COMENTARIO) Si, claro. Entiendo…

MANUELA.- No vayas a creer que mi comentario tiene algo que ver con vos. Como comprenderás es habitual que me tengo que defender sola contra los fastidiosos moscones, que por supuesto, no es tu caso.

HÉCTOR.- Bueno, me halaga que yo no sea un moscón para vos.

MANUELA.- ¿Qué te parece si entramos el inodoro, porque pesa un poco, y es lo más complicado de llevar?(CUANDO COMIENZAN A LEVANTARLO SE ASOMA NUEVAMENTE TROILO GESTICULANDO CON ELLA QUE ESTÁ UBICADA DE TAL MANERA QUE LO VE SIN QUE HÉCTOR LO PERCIBA, E INSISTIÉNDOPLE PARA QUE ELLA VAYA AL DORMITORIO. ELLA EN GESTOS SE NIEGA Y LE HACE SEÑAS PARA QUE SE VAYA. HÉCTOR DESCUBRE LOS GESTOS Y TROILO A REGAÑADIENTES SE ESCONDE)

HÉCTOR.- ¿Otra vez los moscones?

MANUELA.- Si, son muy fastidiosos. Pero ya se van a ir. Habría que dejar abierta la puerta o una ventana para que puedan salir y no molesten más. Si lo vuelvo a ver lo voy a reventar. (LO DICE CASI GRITANDO)

HÉCTOR.- Bueno, al menos lo asustaste con tu grito. Es evidente que yo tengo sangre agria, porque a mí no me molestan. Vos debes tener la sangre muy dulce y por eso te atacan a vos solamente. Debe ser un moscón hombre y de tonto es evidente que no tiene nada.

MANUELA.- Tenés razón. Es muy vivo. Pero ya lo voy a agarrar y se va a sacar las ganas de ser tan vivo. Porque lo voy a dejar muerto. (SALEN CON EL INODORO A CUESTAS. SE ASOMA TROILO QUE SIGILOSAMENTE INTENTA SALIR A TIEMPO QUE SE OYE LA VOZ DE ANA EN OFF: “MUCHAS GRACIAS”. SE ESCONDE ENTONCES EN LA HABITACIÓN DE SERVICIO. ENTRA ANA.

ANA.- ¡Héctor! (HÉCTOR Y MANUELA ENTRAN) ¿Qué hacías en el baño?

HÉCTOR.- Estaba apoyando… (ANTE LA MIRADA FULMINANTE DE ANA) el inodoro en el piso. No sabés lo que pesa.

ANA.- ¡Y si!... Es… muy pesado. (COMO DICIÉNDOSELO A MANUELA)

MANUELA.- Yo no podía sola.

ANA.- Me imagino. Y él le dio una mano.

MANUELA.- Y muy buena mano.

ANA.- (CON SORNA) “Muy buena mano”… Me imagino. Ya conozco su buena mano. Si sos tan amable me traés del dormitorio la carpeta de los invitados que voy a agregar al vecino.

HÉCTOR.- ¿Ahora?

ANA.- Si, ahora.

HÉCTOR.- Pero es que…

ANA.- (CON FURIA) ¡Ahora Héctor! (MANUELA ACOMPAÑA ESTE PEQUEÑO DIÁLOGO CON LA INTENCIÓN DE ESTAR A FAVOR Y EN CONTRA DE ESA DECISIÓN. HÉCTOR SALE Y MANUELA OPTA POR MANTENER UNA POSTURA RESIGNADA) ¿Le ocurre algo?

MANUELA.- No te preocupes. Ya me resigné. Perdón, te tutee.

ANA.- No hay problema.

MANUELA.- Pasa que con su… tu marido, o bueno casi marido nos tuteamos así, como de golpe.

ANA.- Si, me di cuenta. Ya se tutean. Entraron en confianza.

MANUELA.- Y ahora cuando entre, te quiero aclarar que yo… (ENTRA HÉCTOR CON UNA CARPETA)

HÉCTOR.- Sabés que buscando la carpeta lo encontré…

MANUELA.- Perdón, pero yo…

HÉCTOR.- ¡Eh!... Si, tenés razón, te estamos interrumpiendo. Es un segundo nomás, porque lo encontré…

MANUELA.- Como para no encontrarlo…

HÉCTOR.- No creas, porque es muy chiquito…

MANUELA.- ¿Te la mostró?

HÉCTOR.- Estaba a la vista.

MANUELA.- Bueno, entonces no te habrás sorprendido. Yo ya me acostumbré y a pesar de ser muy chiquita…

HÉCTOR.- ¿Entra bien?

MANUELA.- Yo ayudo un poco y se hace lo que se puede.

ANA.- Me quieren decir de qué están hablando.

MANUELA.- De…

HÉCTOR.- De la linterna miniatura que ella necesitaba para meter en el hueco del depósito del inodoro. Sabía que la tenía y mirá donde la vengo a encontrar.

MANUELA.- Pero entonces…

HÉCTOR.- Tomá. Tarde pero seguro. Por si la volvés a necesitar.

MANUELA.- Tenela vos. Te la pido. Es muy chiquita y la puedo perder.

ANA.- Si perdés la de él, no te va a costar mucho encontrarle una de repuesto. Chiquitas así son fáciles de encontrar. Si fuera una más grande iluminan y duran más.

MANUELA.- ¿Pero entonces no lo viste?

HÉCTOR.- ¿Al moscón? No, no lo vi. Así que para ahí no fue. Habrá volado a otra parte.

MANUELA.- ¿Pero cuándo? Es imposible que haya salido.

ANA.- ¿Había un moscón? ¿Otro?

HÉCTOR.- ¿Qué, vos también viste uno?

ANA.- ¿Todos los días está? ¿Dónde había dejado la carpeta?

HÉCTOR.- Debajo de la cama. Seguro se te cayó. Y antes de ahí busqué por toda la pieza y nada. ¿A quién se le puede ocurrir que pudiera estar debajo de la cama?
MANUELA.- ¿O sea que revisaste toda la pieza y el moscón no estaba?

HÉCTOR.- Te lo aseguro. ¿Mirá si buscando encontraba a Troilo en el dormitorio? ¡Ah! Ya nos tuteamos.

ANA.- conmigo también. No me iba a dejar afuera.

MANUELA.- ¿Dónde estará, no?

HÉCTOR.- ¿Quién?

MANUELA.- Digo, ese misterioso señor Troilo.

HÉCTOR.- En el dormitorio no está.

ANA.- ¿Y por qué había de estar?

MANUELA.- (ALGO TRANQUILIZADA POR LA NOVEDAD PERO CONFUNDIDA) Claro, ¿por qué había de estar?

ANA.- ¿Si querés podemos sumar al listado a Manuela y su… novio o marido?

MANUELA.- ¡Novio! Pero no le gustan las fiestas. Las emociones violentas lo perturban. Es muy sereno y casero. No le gusta salir y menos así en público.

ANA.- ¡Qué pena! ¿Porque en muy poco tiempo compartimos tantas cosas, no?

MANUELA.- Bueno, no lo somos. Solo entramos un poco en confianza y nada más. Pero te agradezco la gentileza. (TRANSICIÓN FORZADA) Y a propósito, ¿podemos seguir con la pileta?

HÉCTOR.- Si, claro. Vayamos ahora por la pileta. A ver si podemos recuperar el baño. (SALEN HÉCTOR Y MANUELA POR BAÑO. ANA SE QUEDA MIRÁNDOLOS)

ANA.- (HABLANDO COMO PARA DONDE SALIERON) Voy a preparar café. (SALE POR COCINA. ENTRA SIGILOSAMENTE UNA VEZ MÁS TROILO Y SE DIRIGE A LA SALIDA. ANTES DE SALIR ENTRA ANA Y LO SORPRENDE. TENSO SILENCIO) ¡Perdón!... ¡Apareció!

TROILO.- ¡Sí! Estuve siempre.

ANA.- ¿Cómo?

TROILO.- Digo, que nunca desaparecí. Solo que no me veían.

ANA.- Me va a decir que estuvo escondido…

TROILO.- No, simplemente no estaba a la vista de ustedes.

ANA.- Pero si salió a comprar algo nos hubiera dicho y se lo traíamos nosotros. El caso es que ahora…

TROILO.- ¿No habrán traído otro plomero, creyendo que yo me había ido?

ANA.- en realidad, plomero no. Pero…

TROILO.- Lo entiendo. Están en su derecho. No me conocían y no me di cuenta en avisarles que… No se preocupen. Él va a poder terminar lo que yo empecé. Por mis honorarios no hay problema. No es la primera vez que alguien termina lo que yo empiezo y se lleva los honores de mis logros.

ANA.- No, por favor; no se ofenda. No hay ningún él, pero el caso es que yo lo hubiera preferido a usted, siendo él.

TROILO. Me halaga, pero no la entiendo.

ANA.- ¡Eh! Usted vio; cuando los hombres se meten y quieren resolverlo todo. En este caso se metió un hombre, pero quien lo reemplazó no fue un hombre.

TROILO.- ¿Un plomero…? Uhm!... ¡Qué raro! ¿Quién diría, no? Pero en cuanto a los hombres, los que lo son, perecen todos iguales, pero no lo son. Se lo aseguro. Yo por ejemplo, trato de ser distinto, pero viste que es muy difícil… Perdón, te tutee sin darme cuenta. Es que me pareciste muy, así como muy, muy…

ANA.- A mí también me pareciste muy…

TROILO.- ¡Muy! ¡Somos muy!... Pero bueno, el caso es que ahora yo estoy de más.

ANA.- ¡No! No te sientas así. Nosotros estamos en falta y ahora yo no sé cómo…

TROILO.- el dinero es lo de menos. Hay cosas que no tienen valor y en este caso lo que importa es el orgullo herido. Es como si el trabajo de uno no se tuviera en cuenta y uno invierta, siembre y otro se beneficia con esa cosecha. Si el que vino vio que otro había empezado no debería haber aceptado el trabajo.

ANA.- Tenés razón, pero como vio todo roto…

TROILO.- Es cierto. Te rompí todo, digo que le rompí todo al hombre… ¿era tu marido?

ANA.- ¡Novio! Casi marido porque en unos días nos casamos. Vos sos casado, así que sabés que los días previos a ese paso te ponen muy ansioso, nervioso.

TROILO.- No, no lo viví, así que me lo puedo imaginar, pero no lo experimenté.

ANA.- ¡Ah! Tenés cara de casado, porque se te ve tan equilibrado, sereno, maduro. No te imagino alterado por alguna urgencia digamos, así como sexual, como lo que le pueden pasar a los novios que no conviven y en una de esas pasan días y no tienen oportunidad…

TROILO.- No, nunca me agarra. Pero, bueno, quien no tiene alguna vez una urgencia que no se pueda controlar o algo que te provoca una explosión uterina y por algún lado tiene que salir… Pero mirá de lo que estamos hablando. Perdoname la confianza, pero es lo que hablábamos antes. Me pareces muy…

ANA.- ¡Muy!...

TROILO.- Sabés que con tanto ir y venir necesito ir al baño.

ANA.- ¿Sí? Pasá por acá… No, el caso es que no creo que hayan terminado.

TROILO.- (AL VER QUE NO ESTÁN LOS SANITARIOS Y LA GRIFERÍA EN EL PISO) ¡Ah! El nuevo plomero lo llevó para adentro.

ANA.- No, mi… casi marido se lo llevó…

TROILO.- ¿Pero no se pudo ocupar?…

ANA.- El que no era él, era…

TROILO.- ¿Y no fue él quien fue?...

ANA.- ¡No… si! Fue él pero no era él…

TROILO.- Te entiendo. Él no era él. Y entonces no era quien fue.

ANA.- ¡Sí… no! Él fue pero no fue él… Qué lío estamos haciendo. Vení que le hablo al vecino para que te permita ir a su baño.

TROILO.- Me parece mejor. Y después la seguimos para saber si él es o no es él (SALEN ENTRETENIDOS CON ESE ACERTIJO. ENTRAN HÉCTOR Y MANUELA)

HÉCTOR.- ¡Qué mano tenés! Y qué rapidez. Me dejaste sin palabras. Jamás me imaginé que una mujer podía tener esa virtud.

MANUELA.- Te diste cuenta como se prejuzga.

HÉCTOR.- Debo reconocer que superaste todo lo conocido. Y con una delicadeza propia de una absoluta profesional.

MANUELA.- ¡Me halaga! Cuando una le pone sentimiento a lo que hace el resultado no se hace esperar.

HÉCTOR.- Pero además diste en el punto justo. Tendríamos que tener más confianza para expresarte la comparación más acertada con relación a una mujer.

MANUELA.- No es cuestión de confianza. Además me lo imagino. Por otro lado vos desde un primer momento me pareciste muy… muy…

HÉCTOR.- Sí, es cierto. Vos también a mí, me pareciste como muy… muy… A ninguno de los dos nos sale el término. Pero es eso: ¡Muy! (ENTRA ANA)

ANA.- ¡Qué bien me hiciste quedar!

HÉCTOR.- ¿Qué?

ANA.- Esa manía tuya de hacer lo que se te ocurre sin medir las consecuencias.

HÉCTOR.- ¿Pero de qué estás hablando?

ANA.- De Troilo.

HÉCTOR.- ¿Qué pasó? ¿No me digas que apareció?

MANUELA.- ¿Apareció?

ANA.- Sí, apareció. Y no supe qué decirle.

HÉCTOR.- ¿Cómo que no supiste qué decirle?

ANA.- ¡No!

HÉCTOR.- ¿Y él qué te dijo? ¿Qué explicación te dio?

ANA.- Nada. Lo comprendió porque es un caballero. Y eso me descolocó más. Y todo por tu culpa.

HÉCTOR.- ¿Por mi culpa?

ANA.- Claro, porque no podías esperar. Tenías que hacerlo todo en forma atolondrada. Siempre el mismo apurado. Para todo.

HÉCTOR.- Yo no me apuro siempre. Y además te cuento que ella lo resolvió con una rapidez asombrosa. Me gustaría saber si él caballero como vos decís, lo hubiera resuelta de la misma manera.

ANA.- ¿Y eso te parece bien? Él se hubiera tomado un poco más de tiempo, pero al no apurarse hubiera cuidado todos los detalles. Que no sé si al hacerlo tan apurado es igual. Se le nota que se toma su tiempo para todo…

MANUELA.- (COMO EN APARTE) ¡No crea!

HÉCTOR.- Claro, no creas todo lo que te dicen. Una cosa es la imaginación de lo que presuponés y otra cosa son los hechos. Yo pude ver que ella fue rápida, pero también que fue precisa y justa. Tendrías que haber visto la mano que tuvo para destapar, encontrar el punto justo, y hasta apretar sin romper y poner todo donde lo debía poner. Nadie lo hubiera hecho mejor. Yo ni hablemos.

ANA.- Porque vos no sos un especialista. Pero él, lo hubiera hecho igual o mejor, pero no le dimos tiempo. Y vos (POR MANUELA) deberías haber respetado su trabajo y dejarlo hacer a él.

MANUELA.- Viendo el estado en que había dejado todo no pareció muy profesional. Romper se nota que sabía romper pero no todo es romper. También hay que tener mano…

HÉCTOR.- Y ella la tiene. ¿Y ahora dónde está?

ANA.- en el baño del vecino.

MANUELA.- ¡No! ¿También va a romper todo ahí?

ANA.- ¿El vecino te dijo que tenía algún problema?

MANUELA.- ¡No!

ANA.- ¿Eh? No, solo necesitaba ir al baño.

HÉCTOR.- Bueno, ahora gracias a ella, ya puede ir a nuestro baño. Solo queda ver lo de los azulejos que igual los iba a cambiar por los baldosones.

MANUELA.- Yo me voy antes que llegue. Es algo incómodo que nos encontremos acá. Ustedes sabrán explicarle mejor que yo lo que pasó.

HÉCTOR.- (A ANA) ¿Querés ver cómo quedó?

ANA.- No hace falta. Con que vos estés conforme es suficiente.

HÉCTOR.- Más que conforme. Con decirte que no le voy a discutir lo que tenga que pagarle.

ANA.- Espero pienses lo mismo cuando tengas que pagarle a él, lo que no pudo hacer. Porque le vas a tener que pagar.

MANUELA.- ¿Qué le va a tener que pagar? Pero si solo…

ANA.- Hizo solo eso porque no le dejamos hacer más. Pero le vas a tener que pagar como si lo hubiera terminado.

MANUELA.- ¡Es el colmo! Encima le pagan. Miren; yo quiero decirles que en verdad…

HÉCTOR.- (A ANA) ¿Te dás cuenta lo que lográs? Ahora ella está condicionada y tiene que pensar que pagamos dos veces el trabajo.

MANUELA.- No, no es eso. Solo que…

ANA.- Los dos tienen el mismo derecho. Uno lo empezó y la otra lo terminó.

MANUELA.- No, no me entienden. El hecho es que… (APARECE POR LA PUERTA DE ENTRADA TROILO. SE PRODUCE UN SILENCIO MUY INCÓMODO)

ANA.- ¡Ah! Qué suerte que llegaste.

HÉCTOR.- ¿Lo tuteas?

ANA.- Como vos a Manuela. (TROILO Y MANUELA SE QUEDAN MIRÁNDOSE) ¿Se conocen?

HÉCTOR.- No sería extraño. Después de todo son del mismo gremio.

TROILO.- Pero qué extraño. ¡Una mujer plomera! Nunca me lo hubiera imaginado

MANUELA.- ¿Nunca oyó hablar? ¡Qué raro no!

TROILO.- Es una profesión de hombres.

MANUELA.- No tiene por qué. Hay hombres que son muy inútiles para estas tareas. Todo es cuestión de práctica y costumbre.

HÉCTOR.- Y te puedo segurar que ella tiene unas manos perfectas para manipular los caños y los agujeros.

ANA.- Me imagino. De todas maneras hay que reconocer que por algo, es habitual que los hombres sean quienes manipulen… lo que manipulan. Y Troilo pareciera que nació para eso. Uno le ve sus manos y se percibe lo que pueden hacer.

TROILO.- Bueno, al decir de ustedes hasta podríamos ser una pareja de plomeros. ¿Y no estaría mal, no? Yo empiezo el trabajo y ella lo termina.

MANUELA.- ¡Claro! Porque él nunca lo podría terminar. Diríamos que lo terminaría ni bien lo quisiera empezar.

HÉCTOR.- Se diría que acá pasó eso. Él lo empezó y ella lo terminó.

ANA.- Yo diría que aunque debería defender a mi sexo, él lo hubiera terminado muy bien. Se le nota en modo de hablar. Lo hace con seguridad.

HÉCTOR.- sin embargo y no es por tirarme contra los de mi sexo, dudo mucho que lo hubiera terminado con la precisión, la armonía y la perfección con que ella lo acabó. Lo

más parecido a un… (SE MIRAN ENTRE TODOS) ¿Quieren tomar algo? ¿Algo caliente? ¿O mejor algo para refrescar?

ANA.- ¿Qué preferís Troilo?

HÉCTOR.- ¿Qué preferís Manuela? (PREGUNTANDO AL MISMO TIEMPO)

MANUELA.- Algo fresco. No mejor algo caliente.

TROILO.- Algo caliente. No mejor algo fresco. (LO DICEN AL MISMO TIEMPO)

HÉCTOR.- Casi se ponen de acuerdo.

ANA.- Como nosotros que siempre estamos en desacuerdo.

HÉCTOR.- A veces nos ponemos de acuerdo.

ANA.- ¡A veces! Voy por algo fresco para vos (POR TROILO)

HÉCTOR.- Y yo por algo caliente para vos (POR MANUELA. SALEN AMBOS. VAN A INICIAR UN DIÁLOGO PERO SON INTERRUMPIDOS POR HÉCTOR QUE SE ASOMA) Y no me olvido que te tengo que pagar. (SALE. NUEVO INTENTO DE INICIAR UN DIÁLOGO Y SE ASOMA ANA)

ANA.- Y a vos también Troilo. Y nada de descuentos. Lo que te merecés por todo tu trabajo. Lo que hiciste y lo que me imaginé que podías haber hecho (SALE)

MANUELA.- ¡Yo te mato! Sos un caradura sinvergüenza.

TROILO.- Para Manu. Qué querías que le dijera que yo tengo de plomero lo que vos de manicura. Por lo menos zafamos.

MANUELA.- Zafamos un cuerno. Ahora les digo la verdad. Si encima te quieren pagar. Es inmoral. ¿Qué les vas a cobrar? Por romper todo.,

TROILO.- Yo no le rompí nada. Lo único que quiero es…

MANUELA.- ¡cortala! No vas a romper nada más. Ya lo rompiste todo.

TROILO.- Siempre puedo encontrar algo nuevo para romper. Esto no salió tan mal después de todo. No vas a decir que no soy un hombre de suerte.

MANUELA.- Lo más parecido a un gato. Siempre caés parado.

TROILO.- si, eso sobre todo siempre estoy.

MANUELA.- ¡Troilo! Sos un gato. Eso sos. Un gato alzado.

TROILO.- Y vos sos mi gata. Vamos al baño con cualquier excusa. No doy más.

MANUELA.- Pero será posible que tengas la lombriz solitaria del sexo. Vos debes tener algo que ver con el calentamiento global y el deshielo del perito Mariano Moreno.

TROILO.- ¡Eso es! Estoy globalmente recalentado. Te espero en el baño. Si no venís desarmo la canilla y el bidet.

MANUELA.- ¡Troilo! (SALE TROILO RÁPIDO POR EL BAÑO. ENTRAN ANA Y HÉCTOR CON BANDEJA, VASOS Y TAZAS)

HÉCTOR.- Acá está lo que trajimos. Nosotros los acompañamos con las bebidas frías y calientes que pidieron y de paso brindamos por esta amistad que se dio gracias a los caños rotos y los agujeros.

ANA.- ¿Y Troilo?

MANUELA.- Fue al baño. Y seguro se entretiene revisando todo. No puede con su genio.

ANA.- Lo dije. Parece un obsesivo de su trabajo. Se le nota que piensa más que en eso. Si para todo es así, ni me quiero imaginar lo que debe ser seguirle el tren.

MANUELA.- Yo sí me lo puedo imaginar… por ser de la misma profesión que él. Y les aseguro que no es nada fácil.

HÉCTOR.- ¡Claro! Solo el que está en lo mismo que uno entiende lo que le pasa al otro.

MANUELA.- ¿Y ustedes a qué se dedican?

ANA.- Yo soy proctóloga.

HÉCTOR.- Y yo ginecólogo.

MANUELA.- ¡Ah, claro! Y se están por casar…

ANA.- ¿Cómo tarda, no?

HÉCTOR.- Y estará ocupado. Fue una mañana muy larga. Y de muchas emociones.

MANUELA.- Es raro, porque no me dijo que estuviera tan necesitado. (SE ESCUCHA LA VOZ EN OFF DE TROILO: “MANUELA, PODÉS VENIR UN MOMENTO. ACÁ ENCONTRÉ UNA MANIJA ALGO FLOJA Y NO PUEDO SOLO”)

HÉCTOR.- Es lo que decía. Tiene que reconocer tu superioridad en la materia.

ANA.- ¡qué raro que no pueda resolverlo solo!

MANUELA.- Habrá que acostumbrarse a que los hombres no pueden solos. Que después se quejen. Ya vengo. Veo qué manija se aflojó y la endurezco en seguida si él no puede (SALE POR BAÑO. QUEDAN EN SILENCIO ANA Y HÉCTOR. SE MIRAN INCÓMODOS. SE SIENTAN, SE LEVANTAN; VAN Y VIENEN)

HÉCTOR.- Se le enfría el té.

ANA.- Se le calienta el refresco (LO DICEN AL MISMO TIEMPO) ¿Qué manija se habrá aflojado?

HÉCTOR.- Seguro la del agua caliente. Pero yo vi que apretara todo. Es raro.

ANA.- ¿Qué crees?

HÉCTOR.- No sé. Asomate.

ANA.- No, asómate vos. Mejor esperemos… Acercate a ver si se escucha algo.

HÉCTOR.- Pero pueden salir de golpe y qué les digo: “estaban tan silenciosos que pensamos que los tragó el inodoro” (SE ACERCA A LA PUERTA DEL BAÑO Y HABLANDO PARA AFUERA) Manuela, se te enfría el té. Después siguen.

MANUELA.- (EN OFF) Ya voy. Es un momento.

HÉCTOR.- Que voz rara. Como si le estuviera costando apretar la manija.

ANA.- (ACERCÁNDOSE A LA PUERTA DEL BAÑO Si vas a tardar Troilo, te traigo cubitos de hielo. Se va a calentar.

TROILO.- (EN OFF) No hace falta. La puedo tomar caliente.

ANA.- ¿Qué voz rara? ¿estará haciendo fuerza?

HÉCTOR.- Esperemos. Ya van a terminar. (PAUSA. SE MIRAN. SE SIENTAN Y LEVANTAN. EN UN MOMENTO DEL IR Y VENIR SE CHOCAN Y QUEDAN MUY CERCA)

ANA.- ¡Perdón!

HÉCTOR.- ¡Che, perdón a mí! Ni que fuéramos extraños. “Perdón, no es nada señora, fue sin querer, no se preocupe…” ¡Como tardan!

ANA.- (SE ACERCA A LA PUERTA DEL BAÑO) ¿Troilo, necesitan algo?

TROILO.- (EN OFF) Ya casi terminamos.

HÉCTOR.- (SE MIRAN CON ANA) Y si, qué voz rara.

ANA.- Como si estuvieran terminando. Bueno, la voz da la sensación que ya están por acabar.

HÉCTOR.- (SE ACERCA A LA PUERTA DEL BAÑO) Manuela, ¿necesita algo?

MANUELA.- (EN OFF) No, ya está, lo logramos. Costó pero con un poco de esfuerzo quedó como nunca. Ya vamos.

HÉCTOR.- Si es como dice, no se va a aflojar más. Algo es algo. Pagamos doble pero la manija bien dura y no se afloja más. (ENTRAN MANUELA Y TROILO VISIBLEMENTE AFECTADOS) ¿Costó mucho?

MANUELA.- Más de lo esperado.

ANA.- ¿Pero qué manija es la que se aflojó?

TROILO.- La del agua caliente.

MANUELA.- Y lo peor es que tuvimos que trabajar con el agua muy caliente, sin cortarla para ver si seguía perdiendo. Y casi nos quemamos de lo caliente que estaba.

TROILO.- Y en un momento nos quemamos, porque los dos teníamos las manos puestas, pero no la sacamos. Nos aguantamos. Y valió la pena.

ANA.- ¿Hay que ser muy valiente para quemarse y aun así seguir sosteniéndolo, no?

HÉCTOR.- ¡Lo que uno aprende de los plomeros!

ANA.- Bueno, Han trabajado mucho. Llegó la hora de la verdad.

HÉCTOR.- Pensar que todo estaba bien hasta ayer. Hoy de golpe todo se estropea y de nuevo todo vuelve a estar bien. (MIRÁNDOSE CON ANA) ¿Cómo en la vida, no?

MANUELA.- ¡Sí! Todo pasa por algo y pareciera que todo está encadenado con todo.

TROILO.- Qué bueno cuando las cosas parece que van a salir mal y salen bien. (A MANUELA) Hasta se merecerían que no les cobremos nada.

ANA.- No, eso no está bien.

MANUELA.- Si, eso es lo que vamos a hacer. Vinimos a destaparle un caño. Resolvimos la obstrucción. Y eso es lo que importa. A veces se ocultan los problemas, saltar por cualquier invidente y entonces hay que romper todo para rearmarlo nuevamente. Y vale la pena enfrentarlo.

HÉCTOR.- El que sabe… mejor dicho: la que sabe es una plomera y el que no, no sabe nada. Deberemos reconocer la supremacía de las mujeres. Siempre nos ganan por goleada. Y nosotros solo tocamos de oído.

TROILO.- Eso, tocamos. Y vamos a seguir tocando.

MANUELA.- ¡No, por hoy basta!

ANA.- ¿Por hoy? ¡Ah, claro! Fue una mañana muy agitada y se van a descansar.

TROILO.- ¿A descansar? Hay que seguir trabajando.

Manuela.- ¡Insaciable! No se conforma con nada.

TROILO.- ¡También! Como para conformarse.

MANUELA.- La seguimos en una nueva obstrucción.

ANA.- Después les mandamos la invitación. No nos fallen.

TROILO.- Ahí estaremos. Y de paso podemos hacer una inspección en los baños.

MANUELA.- ¡No! Nada de baños.

HÉCTOR.- ¡La idea fija! Y no está mal. Lo voy a poner en práctica.

ANA.- Son muy pocas cosas las que podes hacer en un baño.

TROILO.- No te creas. (A HÉCTOR) Después te paso algunas ideas.

MANUELA.- Nos vamos.

TROILO.- Mi invitación se la pueden mandar a ella, Seguro que nos seguiremos viendo. Ya conocemos la salida y en el tramo hasta la calle…

MANUELA.- Nos estamos viendo. (SALEN QUEDAN EN SILENCIO ANA Y HÉCTOR)

ANA.- ¡Quien te dice que entre ellos!... Y no tomaron nada.

HÉCTOR.- ¿Se enfrió el té?

ANA.- ¡Algo! ¿Y se calentó el refresco?

HÉCTOR.- ¡Algo! ¿Lo calentás? (POR EL TÉ)

ANA.- Si lo vas a tomar sí. ¿Te lo enfrío?

HÉCTOR.- ¡No! Con el té caliente es suficiente. Voy al baño y vuelvo.

ANA.- Yo voy a la cocina y vengo. (SALEN AMBOS POR COCINA Y BAÑO. QUEDA LA ESCENA VACÍA. Y VUELVEN A ENTRAR. CUANDO INICIAN UNA CORRIDA PARA ENCONTRARSE EN EL PUNTO MEDIO, SE PRODUCE EL APAGÓN FINAL)

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