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las JUNTAS

de Alejandro Ezequiel Formanchuk

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

Las Juntas

  

De Alejandro Ezequiel Formanchuk

mariscal1998@yahoo.com

 

Pieza teatral en un acto

 

Personajes

 

Hombre

Bañista

Mujer 1

Mujer 2

Mujer 3

 

 

Escena

 

El Hombre está parado delante de una pared llena de azulejos blancos o celestes, como los de un baño. Tiene un lápiz labial rojo en la mano. A la derecha hay un Bañista, que viene a ser un hombre delgado, con short de baño, que se lava el cuerpo con una esponja dentro de una palangana de metal. Durante los primeros instantes de la obra, ésta será la única acción y por lo tanto sólo se escuchará el ruido del agua que chorrea. Luego el Bañista se detiene y reina el silencio, la soledad.

 

Vale una pequeña aclaración antes de comenzar: La altura a la que se refieren los personajes a lo largo de la obra no es la normal, es decir, la que está hacia arriba, sino que en este caso será una altura hacia adelante. De este modo, la pared cuadriculada se convierte en el piso y la platea en el cielo.

 

 

HOMBRE:         Cuando era chico vi una mujer que se había tirado de una ventana, del sexto o séptimo piso. Quedó boca abajo así mirando para un costado despeinada parecía que se movía pero no, estaba inmóvil con su ropa era mi imaginación… La ropa parecía vieja, inútil es la palabra. ¿Por qué será que las cosas que llevan los muertos también parecen muertas? El vestido esos zapatos me acuerdo como si fuera hoy, las medias los aros… todo, todo lo que tenía… incluso el reloj… Una tristeza me dieron esas cosas, algo que nunca llegué a… esas cosas que tenía ese collar atado al cuello los zapatos la pulsera… Ella tenía los labios pintados ¿para qué?, ¿para qué se pintó los labios? No puedo explicar la tristeza que me dio ese rojo inútil cubriendo esos labios muertos… ese gesto de belleza para nadie o para ella que ya era nadie… una coquetería sin sentido…

Cuando volví a casa escribí algo, esto, mi primera cosa:

 

“Ese pobre rojo en los labios

tan muertos

en un cuerpo que cayó del cielo

sin alitas de ángel

el rojo

pobre rojo de un ángel que se cayó”

 

Me la quedé mirando. De pronto se llenó de gente la rodearon, un circulo de curiosos que se tapaban la boca, miraban y miraban fijo a la mujer comentaban mucho por lo bajo alguien oí decir que dijo que era domingo y que eran las 6 de la tarde y que entonces bueno… Yo era chico, no tan chico, pero ya sabía eso del domingo y la soledad y la muerte… esas teorías… Domingo. Soledad. Muerte.

A la muerte también la conocía: en tres años se me habían muerto tres gatos uno por año como si se hubieran puesto de acuerdo. Esas muertes me habían preparado para ver la “muerte mayor”, la de un hombre, que yo pensaba que era algo mayor que un gato, que valía más, pero no sé por qué lo pensaba porque a mis gatos los quería mas que a mucha gente incluso que a mis tíos.

En el tumulto un vecino gritó: “¿De quién es este chico?”, y me di cuenta de que “ese chico” era yo. Nadie dijo nada. Siguieron mirando. Él repitió: “¡No puede estar viendo esto! ¡Que alguien lo saque!”. Pero nadie dijo nada yo no era de ninguno de ellos así que me quedé mirando.

En ese momento me sentí solo, me sentí el rojo de los labios…

(Se deja caer contra la pared. Recorriendo con sus manos las juntas entre los azulejos) Aplastada contra el piso sin alitas de ángel con su ropa muerta despeinada me la quedé mirando y de pronto las juntas, las juntas entre las baldosas se empezaron a llenar de sangre como si corriera un río cuadriculado… La sangre le nacía de la cabeza y se abría como un delta por las juntas… se abría para un lado para el otro un árbol de ramas espesas y líquidas… un inmenso árbol sin hojas… Un río, un río caliente de sangre hasta el río frío manchando todas las baldosas…

 

BAÑISTA:        (Exprime la esponja y deja chorrear sonoramente el agua sobre la palangana) La muerte en el agua, sobre el agua, in the water… ¡Ah, qué cosa perfecta! No deja rastro. Nada. No se rompen baldosas, se hacen olas a lo sumo, un par de olas, olitas, pero no se mancha nada, no se llena de curiosos ni de círculos, se borra hasta el rojo de los labios. Todo se lava. En el agua nada ni nadie sangra, ni los peces… ¿los peces no tienen sangre, no? No, no, sangre no, un líquido tienen, una porquería. (Bajando hacia la platea) Si la vieja se hubiera tirado al agua en vez de a la vereda a lo sumo olas… Por eso prefiero el agua, por la limpieza… sangre roja y agua marrón… un rojo amarronado, un marrón rojizo… no será de lo mas limpio pero al menos es de lo menos sucio… igual no sangra… Agua, baldosas… la muerte siempre viene del cielo, ¿no? (Súbitamente agarra a la Mujer 1, que estaba sentada en la platea, y la lanza contra la pared, aunque en verdad tendríamos que decir que la “deja caer” ya que debe dar la impresión de que ella está cayendo hacia la pared. La Mujer 1 queda aplastada de boca contra la pared y el Bañista regresa a su palangana).

 

HOMBRE:        Me fueron a buscar. Pero yo no estaba. (Dibujando con el dedo a lo largo de las juntas de la pared el recorrido de lo que relata) Tacuarí y Brasil acá no estaba en mi casa pero ellas sí. Así que habrán venido por la 9 de Julio doblaron por San Juan después por Tacuarí le dieron derecho hasta Brasil seis siete cuadras frenaron zona liberada se prepararon subieron patada a la puerta esperaron esperaron me esperaron “las chuparon” de nuevo abajo al auto vendada por Brasil hasta el Parque Lezama Paseo Colón San Juan… (Su recorrido por la pared llega hasta donde está el cuerpo de la Mujer 1) ¡Ahí pudo ser, ahí se las pudieron llevar!

 

MUJER 1:         (Aplastada y de cara contra la pared) ¡El Atlético!

 

BAÑISTA:        ¡A hacer gimnasia, musculitos!

 

HOMBRE:        (Pinta sobre el cuerpo de la mujer una cruz roja que representa el cruce de las calles) Paseo Colón y San Juan.

 

MUJER 1:         (Tocándose la cruz) Acá. El Atlético. Paseo Colón y San Juan. Acá.

 

BAÑISTA:        (Sale de la palangana dando un gran salto) ¡Colón no pasea, navega! Y navega por el agua… (Salpica a la mujer) Y San Juan, Dios querido, está en el cielo, bien arriba… Mirándonos. (Señala su palangana y la platea) Agua y cielo, agua y cielo… combinación perfecta, ¿no les dije? (Baja a la platea, mirando la pared) ¡Me encanta mirar desde el cielo! Desde acá todo es otra cosa, un mundo más chico, casi como que no existe, a la distancia es como que las cosas no existen, ¡qué belleza es la distancia! Por eso siempre dicen eso de “aprender a tomar distancia”… En el colegio ya te enseñan a poner el brazo derechito, separarte de tu compañero, bien, por algo te lo enseñan… y de grande también, tiene otro sentido, pero se sigue diciendo, “aprender a tomar distancia de los problemas”… para verlos desde lejos, no meterse… para poder solucionarlos, ver los problemas a la distancia permite solucionarlos porque uno metido dentro del problema no ve nada, está enmarañado… Pero a la distancia uno ni siquiera se mete en problemas… Y no sólo eso, a la distancia tampoco se ven… sí, se pierde de vista, la vista… (Alejándose más del escenario) el problema desaparece, se vuelve más chiquito, chiquito, chiquito, chiquito (con cada “chiquito” la Mujer 1 se va haciendo una bolita)… más distancia más chiquito…

 

MUJER 1:         (Hecha una bolita. Al hombre) Un chiquito, un bebé. Andá pensando. Un bebé.

 

BAÑISTA:        (Regresando hacia el escenario) Un bebé es un problema chiquito. Los problemas de un bebé son problemas chiquitos. Por eso los bebes son felices. Por eso nadie quiere que un bebe crezca. Que se quede chiquito, calladito, feliz.

 

MUJER 1:         Andá pensando. Un bebé. Un chiquito.

 

BAÑISTA:        (Va hacia su palangana. Exprime la esponja y deja chorrear sonoramente el agua) Un bebe vive 9 meses en el agua. Y en algunos partos a las madres las sumergen en el agua para que el chico no sufra el impacto del aire. El bebé nace y la mamita está sumergida.

 

MUJER 1:         Un bebé.

 

BAÑISTA:        El bebé no llora cuando la mamita está sumergida. Chiquito, calladito, feliz…

 

HOMBRE:        (Derrumbado contra la pared. Vuelve a simular el recorrido de la sangre que le nacía a la mujer de su cabeza) Para allá, para allá, para el otro lado… el delta… el árbol… la sangre se abría siguiendo las juntas… y todo dependía del dibujo de las baldosas… y en esta ciudad las baldosas son todas distintas, incluso en una misma cuadra no hay dos baldosas… es imposible que haya dos baldosas de un mismo color o de un mismo tamaño, no hay, diez metros de una quince de otra en la esquina otra más otras más… Viajando en colectivo se ve mejor esto…  desde la altura mínima que brinda un viaje en colectivo… Las de esa vereda eran de las chiquitas…

 

MUJER 1:     Chiquito…

 

HOMBRE:        Las chiquitas cuadradas amarillas cuadriculadas están por todos lados, nueve cuadraditos en total tres por tres nueve. Hay otras también igual parecidas cuadradas pero rayadas, con rayas, esas tienen cinco rayas por baldosa pero cinco para un mismo lado… y amarillas también igual pero un poco marrones un poco más sucias bastante más sucias. Sobre esas baldosas se tiró la mujer.

 

BAÑISTA:        ¡Preocuparse por las baldosas! ¡Dónde se ha visto!

 

MUJER 1:         Preocuparse.

 

BAÑISTA:        ¡“Altura mínima”!

 

MUJER 1:         Mínima altura.

 

BAÑISTA:        ¡Será de Dios! (Levanta a la Mujer 1 de los pelos. Escudriñándola) Pero lógico que desde una altura mínima todo es imperfecto…

 

MUJER 1:         Único.

 

BAÑISTA:        Feo, sucio, poroso… Un insecto mirado a través de un microscopio se transforma en un monstruo antediluviano… Por eso nuestros ojos no son microscopios… si nosotros viéramos con microscopio nuestras almohadas descubriríamos que ahí viven millones de monstruos… ¡No podríamos dormir, ni vivir, ni pensar! (Bajando a la platea) Por eso la distancia es sabia, porque nos permite ignorar, olvidar… desde acá arriba podemos ser felices… (El hombre vuelve a recorrer las juntas. El bañista le grita) ¡Baldosas distintas! ¡Qué mierda importa! ¡Desde acá hasta las ciudades son iguales! (Agarra a dos mujeres más de la platea, la Mujer 2 y Mujer 3) ¿Qué ven de esa ciudad? Ahí, qué ven. Manzanas, cuadraditos, dibujos de calles, lucecitas, ¿qué son ahí?, ¿qué son?, líneas, rayas, hormigueros… las personas: puntitos, hormigas, cositas… Nada, no existen. Todos son nadie. (Las arroja y ellas también “caen” contra la pared, pero quedan aplastadas mirando de frente al público) Ustedes ahí, ahí abajo, a la distancia, son nadie. (Regresa a su palangana)

 

HOMBRE:        La primera vez que salimos juntos verdaderamente juntos fue a la Costanera, a ver salir los aviones…

 

MUJER 1:         Sí, a la Costanera…

 

HOMBRE:        Se veía un poco de río un poco de verde un poco de aviones un poco de ruido un poco de noche…

 

MUJER 1:         De ruido y de noche…

 

HOMBRE:         Esa fue la primera vez. Entre los aviones y el río.

 

MUJER 1:         Los aviones y el río…

 

HOMBRE:        Tuve la impresión de que en ese encuentro la veía poco, tan de noche, muy oscuro, sin luz para verla abiertamente y asegurarme de que era ella… Abrí los ojos, le dije. Los cerraba más. Yo los cerré también. Después, después también los cerré… No me mires. Sentí. Siempre me lo decía.

 

MUJER 1:         Sentí, sentí, sentí…

 

HOMBRE:         Y la sentía. Como ahora. Sin verla.

 

MUJER 1:         Sentí, sentí, sentí…

 

HOMBRE:        Yo no estaba. Me fueron a buscar. Pero yo no estaba. (Retoma la última coordenada dibujada en el cuerpo de la Mujer 1. Va dibujando con el dedo el recorrido de lo que relata a través de las juntas de los azulejos, como si se tratara de un mapa) A lo mejor no estaban ahí, en el Atlético no, a lo mejor siguieron, siguieron con ellas por Paseo Colón claro Paseo Colón San Juan Directorio Hortiguera por Bonifacio Lautaro Alberdi luego Pedernera Falcón y Olivera, acá, (Pinta una cruz roja sobre el cuerpo de la Mujer 2) ¡Falcón y Olivera!

 

MUJER 2:         ¡El Olimpo!

 

BAÑISTA:        ¡Mitológico! ¡Greco-romano!

 

MUJER 2:         (Tocándose la cruz) Acá. El Olimpo. Falcón y Olivera. Acá.

 

HOMBRE:        O quizás siguieron, un poco más, ahí nomás, diez cuadras, sí, total estaban cerca, por qué no, por Falcón Acosta Avenida Segurola doblan en Mercedes Venancio Flores Lamarca. (Pinta otra cruz roja sobre el cuerpo de la Mujer 2) ¡Venancio Flores y Lamarca!

 

MUJER 2:         ¡Automotores Orletti!

 

BAÑISTA:        ¡Chapa y pintura! ¡Cacho, chapa y pintura al Falcon!

 

MUJER 2:         (Tocándose la cruz) Acá. Automotores Orletti. Venancio Flores y Lamarca. Acá.

 

HOMBRE:        (Continúa el recorrido con el dedo) O tal vez estaba completo…

 

BAÑISTA:        ¡No vacancy! ¡Qué le hagan la chapa en otro lugar que se nos cortó el gas acá y no anda el soplete!

 

HOMBRE:        …y las tuvieron que llevar a otro… Y siguieron por…

 

MUJERES:       (Las Mujeres 1 y 2 comienzan a decir los nombres de las calles en forma alternada mientras el Hombre sigue el recorrido con el dedo.) Venancio Flores Concordia Morón Helguera Belaustegui Nazca Camarones Caracas Arregui San Martín Raulíes Warnes Chorroarín Gutenberg Tronador Zarraga Superí Echeverría Cramer Pedraza Amenábar Jaramillo García del Río Comodoro Rivadavia Arcos Ruiz Huidobro 11 de septiembre Correa…

 

HOMBRE:        ¡Correa y Avenida del Libertador! (Pinta la cruz sobre el cuerpo de la Mujer 3)

 

MUJER 3:         ¡Escuela de Mecánica de la Armada! Acá. Correa y Avenida del Libertador. Acá.

 

BAÑISTA:        (Se refriega la cara con la esponja) ¡¡¡No existen los nombres!!! (Pausa. Señala hacia la platea) No entienden que desde arriba no se ven los nombres, no se ven los olimpos, los atléticos, las escuelas, los automotores… las personas no son nada, son cositas que se mueven, cositas indiferenciadas… y las cositas no tienen nombre ni boca ni labios… (Exprime la esponja y deja chorrear sonoramente el agua sobre la palangana)

 

HOMBRE:         “Ese pobre rojo en los labios

tan muertos

en un cuerpo que cayó del cielo

sin alitas de ángel

el rojo

pobre rojo de un ángel que se cayó”

 

MUJER 3:         Domingo.

 

MUJER 1:         Soledad.

 

MUJER 2:         Muerte.

 

BAÑISTA:        ¡A la distancia, allá, ustedes no tenían boca, eran un puntito sin nombre, nada, eran nada!

 

HOMBRE:        Cuando estábamos en la Costanera a veces me decía: nombrame. No me mires. Nombrame.

 

MUJER 2:         ¿Cómo me llamás?

 

MUJER 1:         ¿Cómo me llamo?

 

MUJER 3:         ¿Cómo me vas a llamar?

 

MUJER 1:         ¿Cómo?

 

MUJER 2:         ¿Cómo llamamos a los que nos llaman?

 

MUJER 3:         ¿A los que nos quieren?

 

MUJER 2:         ¿Amor, dulce amor, paz, corazón, amor, ternura, tierna ternura? ¿Los llamamos mamá, los llamamos papá, marido, mujer, hijo, hija? Nombrame, dale…

 

HOMBRE:        Dale. Nombrame. Así me decía.

 

MUJER 2:         (Va llegando al orgasmo) Así, decime, decí vos. María Paz… Paz, María… Dale, mi nombre. Nombrame. Por favor. Nombrame, así, sí, decí mi nombre, así, ahora, mi nombre, mi nombre, así…

 

HOMBRE:        (Extasiado) Ah, y ahí sonreía. Con los ojos cerrados con mis ojos cerrados y su nombre en mis labios mi nombre… Así la hacía sonreír. Con los labios. Nombrándola. (Las tres mujeres repiten sucesivamente el nombre de sus propios centros de detención. Las voces se elevan)

 

BAÑISTA:        (Se refriega de nuevo la cara con la esponja) ¡¡¡Les dije que no existen los nombres, carajo!!! (Las mujeres se callan)

 

HOMBRE:        Va a ser nena. Nena. Andá pensando un nombre, me dijo.

 

MUJER 3:         Va a ser nena. Andá pensando un nombre.

 

HOMBRE:        En el séptimo mes estaba.

 

MUJER 3:         Andá pensando. Es una chiquita.

 

HOMBRE:        La última vez que la vi no lo sabía no sabía que iba a ser la última. Nos encontramos a la salida de mi trabajo en un bar. Venite cuando salgo, le dije. Y vino. Nadie sabe qué se espera de un encuentro, auténticamente qué se espera…

 

MUJER 3:         Te espero en el bar.

 

HOMBRE:        Se espera el beso, el amor, compartir el mismo espacio y tiempo, vivir juntos, un pedazo de vida juntos, nadie sabe. La felicidad permanece inadvertida lo esencial de la felicidad las condiciones de la felicidad…

 

MUJER 3:         Voy al bar.

 

HOMBRE:        Vino al bar, charlamos, nos miramos, después volvió a casa y yo me quedé con unos amigos que me encontré de casualidad… Me quedo con ellos, andá que después voy.

 

MUJER 3:         Después vení.

 

HOMBRE:        Y después fui. Ahí es donde las cosas aferrada a las sábanas arrancada desgarrada se confunden la puerta abierta las luces prendidas tendría que decir todo roto quebrado desparramado…

La cama vacía y abierta. Mechones de pelo.

 

MUJER 3:         Andá pensando un nombre.

 

HOMBRE:        Un nombre. (Las mujeres vuelven a repetir el nombre de sus centros de detención)

 

BAÑISTA:        (Sale de la palangana) ¡Basta carajo! ¡Cierren la boca! (Las mujeres se callan) ¡Miren lo que es esto! ¡Lleno de cruces! ¡Cruces por toda la ciudad! ¡Pero ni que la ciudad fuera un…  (Agarra a la Mujer 2 y se la lleva hasta la palangana) ¡Pero veni! ¡Dale che! ¡Mirá cómo estás! ¡Mostrando todo! ¡Qué es esto!

 

MUJER 2:         Olimpo…

 

BAÑISTA:        ¡Pero dejate de joder! ¡El Olimpo no existe! Acá no hay nada, ¿sabés qué hay?, ¿sabés?, un shopping, un shopping hay ahora, luces dicroicas, gente linda que sale a divertirse, a comprar, a ser feliz, eso hay acá… (Le lava la cruz roja del cuerpo. Descubre la segunda cruz roja) ¡Y qué te hiciste acá!

 

MUJER 2:         Automotores Orletti…

 

BAÑISTA:        ¡Pero por favor! ¡Qué automotores ni ocho cuartos! Ahora acá hay un local de videojuegos, para los chicos, para la familia, juegos eléctricos, lucecitas, chispazos, gente feliz… (Le lava la segunda cruz roja del cuerpo) ¿Qué ponés esa cara? ¿Te saco las marcas y encima ponés cara? (Se acerca a las otras mujeres) ¿Y ustedes? ¡También! ¡Qué manera de afearse el cuerpo al pedo, che! ¡Chicas lindas y hacerse lastimar así! (Empieza a borrar la cruz de la Mujer 1)

 

MUJER 1:         Atlético…

 

BAÑISTA:        Acá no hay nada, se tiró todo abajo, hay una autopista, el progreso, Buenos Aires, vías rápidas… ¿entendés?, no hay nada… (Intentando borrar la cruz del cuerpo de la Mujer 3) ¿Y vos?

 

MUJER 3:         Escuela de Mecánica de la Armada…

 

BAÑISTA:        (Con mucha calma la toma del brazo y la lleva para la palangana, donde vuelve a cargar con agua su esponja para comenzar a borrar la última cruz) Me vas a tener que acompañar, veni, sin miedo tontita.

 

MUJER 1:         En la Costanera le decía sentime.

 

MUJER 2:         Nombrame, ¿cómo me vas a llamar?

 

MUJER 1:         Sentime.

 

MUJER 2:         Nombrame.

 

HOMBRE:         Cayó.

 

MUJER 1:         (Gesto de silencio) Se calló.

 

MUJER 2:         Shhh…

 

BAÑISTA:        (Listo para comenzar a borrarle la cruz) ¿Y qué era esto?

 

MUJER 3:         Escuela de Mecánica de la Armada.

 

 

 

HOMBRE:         Sin alitas de ángel cayó y la vereda se manchó tanto… Al otro día a las seis de la mañana el portero del edificio baldeaba y baldeaba y no salía. Yo me iba al colegio. Tuvo que agacharse y frotar frotar frotar con bronca…

 

MUJER 1:         Domingo.

 

MUJER 2:         Soledad.

 

MUJER 3:         Escuela de Mecánica de la Armada.

 

BAÑISTA:        ¡Calláte te dije! ¡Y con qué te hiciste esto que no sale? (Comienza a frotar con impaciencia)

 

MUJER 2:         Dale, mi nombre, decilo.

 

MUJER 1:         Estoy embarazada.

 

MUJER 2:         Va a ser una nena.

 

BAÑISTA:        ¡Con qué te lo hiciste que no sale, pregunté!

 

HOMBRE:         Y frotaba frotaba frotaba pensé que iba a gastar las baldosas, que las iba a dejar finitas como un papel… No quería que quedara ni una sola gota de sangre pegada ni una huella un recuerdo… ¡Sangre de mierda!, gritaba.

 

BAÑISTA:        Ah, vos sos de las que no contestás… peor, peor…

 

HOMBRE:         Al mediodía cuando volví del colegio no quedaba ni una gota, nada, la gente caminaba por una vereda impecable, el portero había limpiado todo… casi todo… Domingo. Soledad. Muerte. (Las mujeres 1 y 2 comienzan a dibujarle cruces en el cuerpo) La cama vacía. Mechones de pelo. Cuando volví la vereda ya estaba limpia.

 

MUJER 1:         ¡Limpia!

 

MUJER 2:         ¿Limpia?

 

La mujer 1 toma el lápiz labial y le pinta los labios al hombre de manera grosera.

 

HOMBRE:         El portero había borrado todo pero yo me acordaba. De las juntas de los labios… de la sangre…

 

El Bañista tira al suelo a la Mujer 3 y trata de borrarle frenéticamente

la cruz montado encima de ella.

 

MUJER 1:         Ese pobre rojo en los labios…

 

HOMBRE:         De las ramas espesas y líquidas…

 

MUJER 2:         Tan muertos…

 

HOMBRE:         De la gente mirando…

 

MUJER 1:         En un cuerpo que cayó del cielo…

 

HOMBRE:         “¿De quién es este chico…?”

 

MUJER 2:         Sin alitas de ángel…

 

HOMBRE:         “Que alguien lo saque, no puede estar viendo esto…”

 

MUJER 1:         El rojo…

 

HOMBRE:         Me acordaba de la sangre cayendo…

 

MUJER 2:         Pobre rojo de un ángel que se cayó…

 

HOMBRE:         Y del portero frotando frotando gritando gritan…

 

BAÑISTA:        (Sin poder borrar la cruz) ¡Sangre de mierda!

 

 

 

(Las luces bajan)

 

 

 

 

Buenos Aires, 2004

mariscal1998@yahoo.com

  

·        Estrenada el 28 de Junio de 2004, bajo la dirección de Sebastián Gil Miranda, en la sala “La capilla” del Centro Cultural Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. La obra formó parte del ciclo “Teatro X la Identidad” de las Abuelas de Plaza de Mayo. Se representó hasta el 30 de agosto.

 

·        Representada el 20 de septiembre de 2004 en el Teatro Municipal Gregorio de Laferrere en Morón, provincia de Buenos Aires, Argentina.

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