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LA SUERTE O DESGRACIA NO ES CARA O CRUZ

de  ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“LA SUERTE O DESGRACIA NO ES CARA O CRUZ”

Farsa en dos actos, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

TERESA

PEDRO

MATEO

MARINA

ESTHER

ACTO PRIMERO

(Se alza el telón. Lados, público. Banco de un jardín en el centro del foro. La escena vacía. Por la derecha entra TERESA. Veinticinco años. Guapa, esbelta y atractiva. Seria, sensata y soñadora. Viste elegantemente sencilla. Trae un periódico en la mano. Se sienta en el banco. Queda pensativa. PAUSA. Para sí.)

TERESA.-La de vueltas que da la vida. Lo que menos esperaba es estar aquí; en este país latinoamericano. Me gusta. ¡Es hermoso! Y se puede decir que he venido con lo puesto. ¡No lo he pensado más! Un pasaje de avión… ¡Y aquí estoy, con unos insignificantes ahorros, en la excursión que podría ser la mejor o la peor de mi vida! Tenía que decidirme; tomar esta determinación. En España, mi vida hasta ahora ha sido cómoda; sin mayores problemas. Hija de empleados que se defienden y viven sin agobios. El tiempo pasa  tan rápido… Tempus irreparabile fugit. El tiempo huye irreparablemente. Así era un ejercicio de redacción en el colegio. Llevé bien el bachillerato; me defendí en la universidad y salí airosa de ella con el título de licenciada en Económicas. ¡Qué momento! Parecía que me iba a comer el mundo; que todos los puestos de trabajo se postrarían a mis pies. ¡Qué equivocada estaba! Era tan difícil encontrar uno adecuado y fijo. Ganar unas oposiciones… ¡Éramos miles para uno inestable! Así lo que pensaba desesperadamente… ¡Es mejor que lo sorteen! ¡Háganos tener ilusión por unas horas! ¡Es nuestro premio gordo de Navidad! ¡Nada! Mi número no creo que entrase en el bombo! El desánimo me invadió. Mis padres me animaban… Ya llegará tu momento, hija. Son de una ingenuidad… Levantarse un día y otro día y seguir ociosa… ¡No lo soportaba! ¡Me humillaba vivir sin hacer nada! La única oportunidad… Servir copas los fines de semana en una cafetería. La reacción de mis padres era ridícula… ¡Se avergonzaban! Sus consejos… No necesitas llegar a eso. Podemos seguir sosteniéndote. La vida nocturna es altamente peligrosa. Llegan alegres a la barra, beben más, te toman por una cualquiera y son capaces… ¡Ja, ja, ja! Como si no estuviese  de vuelta de todo eso… Siempre he sido una mujer normal. Un par de novios que no acababan de llenarme; alguna aventura de vez en cuando sin que me creasen adicción. ¡No lo pensé más! Es triste permanecer en el mundo y ser una extraña en el mapa que te ha tocado vivir. Pensé en la emigración de mis antepasados. Ellos, sin conocimientos, llegaron en un barco a América. No tenían nada y regresaron con dinero, un coche lujoso y una dentadura horrorosa de oro. Así que lo comenté con mis padres… ¡Se asustaron! Los tiempos han cambiado; la emigración ya no es como antes. ¡Qué equivocada estás! Era difícil que cambiase de opinión. Ellos… Regresarás desengañada. Tennos al corriente de tus pasos. Siempre tendrás la casa de tus padres. Esta hija nuestra… Estoy tranquila; no veo el problema. Siempre encontraré algo sencillo para no morirme de hambre y poco a poco… ¡Soy libre! ¡Mi vida comienza hoy! El azar es tan veleidoso… ¿Me realizaré como ser humano? El futuro lo dirá. Ahora sueño que aquí se abrirán dificultosas las puertas. Estoy en lo mejor de mi vida con estos veinticinco años. Me divertiré con chicos… Tal vez alguno será el que siempre he soñado. ¡Vivamos!

(Por la izquierda entra PEDRO. Cuarenta años. Alto, fuerte, decidido. Agradable, elegante, sociable. Viste un moderno traje. Gafas oscuras. Va hacia el banco.)

PEDRO.-Señorita… ¿Me permite?

(Apartándose.)

TERESA.-No faltaba más.

(Se sienta.)

PEDRO.-Muchísimas gracias.

(Quedan pensativos y miran al centro. UN MOMENTO.)

Buen día.

TERESA.-Tan soleado.

PEDRO.-Me llamo Pedro.

TERESA.-Yo Teresa.

(Se dan la mano.)

PEDRO.-Encantado.

TERESA.-Mucho gusto.

PEDRO.-Soy español.

TERESA.-¡Qué coincidencia! Soy española.

PEDRO.-Procedo del centro.

TERESA.- Y yo del Norte.

PEDRO.-Si le parece bien… ¿Nos tuteamos?

TERESA.-Por mí…

PEDRO.-Es cierto que soy mayor que tú.

TERESA.-Hoy día…

PEDRO.-Tienes razón.

(Se miran. PAUSA.)

TERESA.-¿Acaso…? ¿Emigrante?

PEDRO.-No. Tengo negocios en varios sitios de América.

TERESA.-¡Vaya! ¿Estoy ante un triunfador?

PEDRO.-Modestia aparte… ¡No me va mal!

TERESA.-¡Qué suerte! Yo… Llegué ayer. ¡Ja, ja, ja! Voy a comenzar mi emigración.

PEDRO.-¡Te deseo mucha suerte!

TERESA.-Eres un hombre muy amable. Soy consciente de que esto es muy difícil

PEDRO.-¡Lo es! No voy a desengañarte.

TERESA.-¡En absoluto! Es lo que me imagino.

PEDRO.-Lucha! ¡No te entregues! ¡Nunca desmayes ante las normales contrariedades!

TERESA.-¡Gracias por tus consejos! Soy fuerte y haré todo lo que esté en mi mano.

PEDRO.-¡Así! ¡Así debes actuar! ¡Me gustan tus claras ideas!

TERESA.-¡Es lo sensato! Encontrar un empleo sencillo y divertirme; conocer gente. Porque los emigrantes de antes… Ser esclavos toda la vida para disfrutar sus frutos con los achaques de ancianos.

PEDRO.-¡Un gran error! Eran otros tiempos.

TERESA.-Me parecen tan absurdos… ¡La mentalidad ha cambiado!

PEDRO.-¡Y tanto!

TERESA.-Por eso la juventud actual… ¡No vamos a coger su relevo!

(Se levanta.)

PEDRO.-Teresa… Me he sentado aquí un momento a descansar. Tengo tanto trabajo…

(Se levanta.)

TERESA.-Por mí… ¡No te demores!

(Le extiende la mano.)

PEDRO.-Te deseo lo mejor. No sé si nos volveremos a ver o no. Esto es tan grande…

(Le da la mano.)

TERESA.-Y a ti que te sigan yendo las cosas tan bien.

(Se sueltan.)

PEDRO.-¡Muchísimas gracias! Adiós…

TERESA.-Adiós, Pedro.

(Mutis de él por la derecha. Para sí.)

Un buen hombre. Tan correcto… Siempre pensando en sus grandes negocios. Es mayor para mí. Ahora eso… Carece de importancia. Me gusta. Pero si está casado…

(Mutis por la izquierda. UN MOMENTO. Vuelve a entrar por el mismo término.)

Los días pasan veloces. ¡Mis ahorros disminuyen! ¡Debo empezar a trabajar cuanto antes!

(Se sienta en el banco.)

Trabajos hay…

(Lee el periódico.)

Tan variados… Se necesita… Chica para servir copas los fines de semana, gana tu vida en el mejor de los bares, la cafetería que sueñan todos, el Rey de copas, la noche es larga mientras nos deleitamos con una copa y otra… ¡Qué horror! ¿Es que aquí solamente hay la industria de beber, beber y apurar… ¿Es esto el tesoro de los emigrantes? Para esto… ¡Me hubiese quedado en casa!

(Por la derecha entra ensimismado PEDRO. Se levanta.)

¡Hola, Pedro!

(Confuso.)

PEDRO.-Ese… es… mi… nombre.  Señorita… Perdone; no recuerdo…

(Solitaria.)

TERESA.-Puede que me haya equivocado. Fue, más o menos, hace un mes. Hablamos en este jardín. Era un banco como este.

PEDRO.-No se lo discuto. Trabajo tanto… Se conoce a mucha gente…

TERESA.-Soy una emigrante española del Norte. Comentamos acerca de la emigración de ahora… Ya no son esclavos ni se preocupan por una fortuna. Con tener para vivir y divertirse…

PEDRO.-Tengo una ligera idea. Usted… Tú… ¡Teresa!

TERESA.-Ay, qué alegría. Ya soy alguien. ¡Ja, ja, ja! ¡Ya conocen mi nombre en este país! No estoy sola. ¡Me considero importante!

(Le ofrece la mano.)

PEDRO.-¿Cómo te encuentras? ¿Has encontrado trabajo?

TERESA.-¡Ni uno!

PEDRO.-Al principio… A mí me sucedió igual. Tuve que pedir limosna. ¡Y con mucha honra!

TERESA.-Cruzar un océano para mendigar… Tendrías más clientes con los conocidos de nuestra tierra.

(Se sienta.)

Siéntate, por favor. Aunque sea un segundo. ¡No voy a robar tu tiempo!

(Se sienta.)

PEDRO.-Un minuto tan solo.

(Feliz.)

TERESA.-¡Un minuto contigo! ¡Qué emoción!

(Extrañado.)

PEDRO.-Yo…

TERESA.-Se lo dirás a tantas…

PEDRO.-¡Te equivocas! Soy un hombre honesto.

TERESA.-Si estás casado…

PEDRO.-Siempre he sido así. ¡Soy muy serio!

TERESA.-Pero alguna aventura…

PEDRO.-¡Nunca!

(Le enseña una foto.)

¿Te gusta?

TERESA.-¿Tu esposa?

(Orgulloso.)

PEDRO.-¡¡Sí!! ¿Qué te parece?

TERESA.-¡Es una belleza!

PEDRO.-Y tan buena…

(Le enseña dos fotos más.)

Mira estas.

TERESA.-Un niño y una niña. ¡Tienes de todo!

(Contento.)

PEDRO.-¡Nuestros hijos!

TERESA.-Me lo figuraba.

(Se las devuelve.)

La niña se parece a su madre y el niño a ti.

(Las guarda.)

PEDRO.-Todos coinciden en la misma apreciación. ¿Te das cuenta ahora de que no me vayan las diversiones frívolas y piense únicamente en prosperar para ellos?

TERESA.- ¡Lo contrario sería un suicidio!

(Se levanta.)

PEDRO.-Disculpa…Tengo que irme.

TERESA.-¡Hombre! Tan pronto…

(Se sienta.)

PEDRO.-Tu amabilidad merece este sacrificio.

(Coqueta.)

TERESA.-Gracias.

(Se miran. PAUSA.)

Estuve mirando la prensa; la sección de trabajos. ¿Es que aquí solamente se vive de servir copas? Para esto…

PEDRO.-Tan poco es para hacerse ilusiones. Son dos horas nada más. Estos tiempos son muy malos. Afortunadamente, tuve suerte de coincidir con una época próspera.

TERESA.-Y yo, en aquel tiempo, era tan niña… Con lo bien que estaba en España. ¡Estudia para acabar así! ¡¡No quiero resignarme en la miseria!!

(Curioso.)

PEDRO.-¿Has estudiado?

TERESA.-Soy economista. Mis padres querían que hiciese Filosofía y piano. ¡Qué ideas tan obsoletas! Pero yo… ¡Siempre he sido muy práctica!

PEDRO.-¿Qué tal has llevado la carrera?

TERESA.-Sin ánimo de vanagloriarme… ¡Todos sobresalientes y matrículas! ¡Y ya me dirás para qué me han servido!

(Se concentra.)

PEDRO.-Estaba pensando…

(Ilusionada.)

TERESA.-¿¿Qué??

PEDRO.-Necesito, en España, un hombre o una mujer que sea eficiente para que me lleve la parte administrativa y dirija un equipo competente. Esa persona será formada hasta saber actuar sola.

(Dichosa.)

TERESA.-¿Insinúas que me acaba de tocar la lotería?

PEDRO.-¡Creo en ti! Y es difícil que me equivoque. Es cierto que soy el director general y, delante de los demás, deberás tratarme de usted. No creo que eso te humille.

TERESA.-¡No! ¡No! ¡Qué va! ¡Todo lo contrario! ¿Estaré bien retribuida?

PEDRO.-¡Por supuesto! Tu responsabilidad es de una gran categoría.

(Se levanta y se pone de rodillas.)

TERESA.-Te lo pido como una caridad. Por favor… ¡Quítate lo zapatos y calcetines!

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿Yo…? ¿¿Para qué??

(Triste.)

TERESA.-No me niegues ese capricho. ¡Me gusta! Intenta complacerme.

PEDRO.-Bueno….

(Se quita rápido zapatos y calcetines.)

A mi esto… ¡No estoy para perder el tiempo!

(Le besa los pies muy agradecida.)

TERESA.-¡¡Gracias!! ¡¡Muchísimas gracias, Pedro!! ¡¡Todo lo que pueda hacer por ti es poco!! ¡¡Has conseguido el triunfo de una emigrante!!

PEDRO.-Antes emigré yo y sé en el infierno en que se vive.

(Le besa más fuerte los pies.)

TERESA.-¡¡Qué bueno!! ¡¡Qué bueno eres!!

PEDRO.-¡Pero déjame de besar los pies!

(Se dispone a ponerle los calcetines.)

TERESA.-Ahora…

(Se levanta.)

PEDRO.-¡No!

(Pone rápido los calcetines y zapatos.)

¡Eso nunca! ¡Los calcetines y zapatos los pongo yo!

TERESA.-¡Qué bien lo haces! ¡Tú sabes hacer de todo!

PEDRO.-¡¡Ya está!! El próximo jueves, día dieciocho, te espero en la cafetería “Nuevos horizontes” de Madrid, a las siete en punto de la tarde.

(Le extiende la mano.)

Teresa…

(Cohibida.)

TERESA.-Debo decirte…

(Baja la mano.)

PEDRO.-Te escucho.

TERESA.-Venía con unos ahorros… Como iban disminuyendo…, mañana estaba decidida a servir copas. Si pudieses anticiparme el regreso nada más en el avión… ¡Me lo descontarías de las ganancias con mi primer sueldo.

PEDRO.-¿Es eso lo que te preocupa?

TERESA.-Pues sí. No he aprendido a volar y como no me salen alas…

PEDRO.-¿Estás impaciente por algo tan insignificante?

TERESA.-La verdad… Es para estarlo.

PEDRO.-Ya trabajas a mis órdenes. ¡Te he admitido en mi empresa! ¿Voy a abandonarte?

(Saca un montón de billetes del bolsillo. Entusiasmada.)

TERESA.-¡¡Oh!!

PEDRO.-No solo te crecerán las alas, como un ángel, para adquirir el billete de avión sino que, desde ahora mismo, te alojarás en un hotel de primera y tendrás para ropa y tus gastos. ¡En mi importantísima sociedad, cuidamos mucho la imagen. ¡Toma!

(Coge el dinero.)

TERESA.-¡¡Muchísimas gracias, Pedro!! ¡Te lo devolveré enseguida!

PEDRO.-¿Devolver? ¡No es un anticipo! Considéralo como una comisión por un acto de servicio. ¡Trabajamos así con nuestra selecta plantilla!

TERESA.-¡¡Muy agradecida!! ¡¡Agradecidísima, Pedro!! ¡¡Has hecho triunfar a la que soñaba con las manos vacías!!

PEDRO.-¡Mujer…!

TERESA.-En Madrid, ¿sabes? No me conoce nadie de la familia ni ninguna amistad. De momento, seré silencio. Si anunciase mi regreso o me personase al llegar, todos pensarían que era la vuelta de una emigrante fracasada. ¡Tengo mi orgullo! No volverán a verme hasta que me desenvuelva en mi gran puesto de trabajo.

PEDRO.-Eso, como comprenderás, lo dejo a tu elección.

(Le extiende la mano.)

Teresa… Hasta el jueves a las siete de la tarde. ¡Soy muy puntual!

(Se la estrecha contentísima.)

TERESA.-Lo seré, Pedro. ¡Conozco el sitio!

(Mutis rápido de PEDRO por la izquierda. Contempla feliz el dinero en sus manos.)

¡Qué afortunada he sido! ¡He triunfado enseguida en la tan difícil emigración!

(Va al límite de la derecha. Acciona)

¡¡Taxi!! ¡¡Taxi!! ¡¡Lléveme al mejor hotel de esta ciudad!!

(Mutis por el término. Desaparece el banco y, en el primero izquierdo, hay una elegante mesita con sillas. UN MOMENTO. Por la izquierda entra TERESA. Viste muy elegante y se sienta en una silla frente al público. Al frente y para sí.)

¡Ya he llegado!!

(Mira el reloj.)

Son las siete de la tarde menos diez minutos.

(A un personaje imaginario.)

 Un refresco, por favor. Gracias.

(Simula beber.)

Me siento tan emocionada. El hotel era maravilloso. ¡Qué lujo! Tuve un éxito… Cómo me miraban mayores y jóvenes. Fui de compras. Adquirí la ropa que siempre deseas. ¡Me parece imposible estar aquí! Nunca, nunca olvidaré lo bien que me ha tratado la vida. ¡Me parece imposible!

(Por la derecha entra rápido PEDRO. Se levanta sonriente. Voz baja.)

¡Ahí está!

(Le ofrece la mano.)

PEDRO.-Teresa… ¡Bienvenida!

(Se la estrecha.)

TERESA.-¡Bien hallado, Pedro! ¡Ja, ja, ja! ¡Ya estoy aquí!

(Se sienta.)

PEDRO.-Vienes muy elegante. Así me gusta ver a la gente de mi empresa.

TERESA.-Gracias.

(Se sienta. A un personaje imaginario.)

PEDRO.-Un café solo. Está bien. Cobre lo de la señorita y lo mío. Quédese con el resto. Sí, sí. ¡De nada!

TERESA.-Eres muy espléndido con tus propinas…

PEDRO.-¿Yo…? En mí es algo tan natural…

(Simula tomar el café.)

¡Riquísimo! ¿Qué tal el viaje?

TERESA.-¡Fantástico! Iba, entre las nubes, como la que ve más próximo el paraíso.

PEDRO.-No exageres. Tengo por norma ofrecer su oportunidad a las personas que se lo merecen.

TERESA.-¡Es muy arriesgado lo que haces! Únicamente hemos tenido breves conversaciones. Apenas me conoces.

PEDRO.-Me considero seguro e intuitivo. Hasta ahora, nunca me he equivocado. No creo que tú seas la excepción.

TERESA.-Espero no decepcionarte.

(Se levanta.)

PEDRO.-¡Es el momento!

(Se levanta contenta.)

TERESA.-¡Hoy comienza mi halagüeño e inesperado futuro!

PEDRO.-Como trabajarás aquí, residirás en un céntrico y elegante apartamento. ¡Te gustará! Voy a enseñártelo.

(Asombrada.)

TERESA.-¿También? Si yo… Tenía pensado alquilar otro con lo que ganaría. No sería tan bueno como este. ¡Me parece un abuso!

PEDRO.-Piensa que siempre presumo de tener un personal elitista.

(Emocionada.)

TERESA.-¡No se puede aspirar a más!

(Le muestra unas llaves.)

PEDRO.-¿Ves estas llaves?

TERESA.-Sí…

PEDRO.-Extiende la palma de la mano.

(Ella lo hace.)

TERESA.-No vas a decir que…

(Deja caer las llaves en su palma.)

PEDRO.-Ya puedes abrirlo. ¡Es tuyo! Lo estrenarás.

TERESA.-Ay, estoy viviendo como en un cuento de hadas. ¡Jamás en mi vida…!

PEDRO.-Piensa que la suerte surge. Nunca se encuentra en un cubilete de dados. Te daré las direcciones del apartamento y la empresa para que mañana acudas a tu trabajo.

TERESA.-Me da un no sé qué ir sola al apartamento. ¡Me emociona tanto…!

PEDRO.-¿Reaccionar así? ¡Es algo natural!

TERESA.-¡Por favor, Pedro! ¡Acompáñame! ¡No me dejes sola! Ahora nada más. Estoy muy nerviosa por tantas alegrías inesperadas.

(Tajante.)

PEDRO.-¡Mi gente debe saber defenderse sola!

TERESA.-Lo sé… Tienes razón… ¡Sé comprensivo! No volveré a molestarte más. ¡Te lo juro!

PEDRO.-¡Has ganado!

TERESA.-¡Gracias!

(Señalándole cortés la izquierda con la mano.)

PEDRO.-Distinguida, señorita…

TERESA.-¡Admirado caballero!

(Mutis de los dos por el término. Desaparecen mesita y sillas. En el foro, se oye el ruido de una llave. Entra dichosa ella. La sigue él que cierra la puerta. Entusiasmada.)

¡¡Esto es un palacio!!

(Guarda las llaves.)

PEDRO.-¡Algo muy sencillo!

TERESA.-¡¡No le falta nada!! ¡¡Tan completo!! ¡¡Muy amplio!! ¡¡Extraordinarios muebles!! ¡¡Artísticos cuadros!! ¡¡Importante biblioteca!! ¡¡Esculturas!! ¡¡Un piano!! ¡¡Magnífico televisor!! ¡¡Vídeo!! ¡¡Grabadora!! ¡¡Preciosa radio!! ¡¡Gran alfombra para volar al país de los mil sueños!! ¡¡Tan oriental…!!

PEDRO.-Si quieres algo más…

TERESA.-¿¿Más?? ¡¡Eso no existe!!

PEDRO.-¡Pide! ¡Pide!

TERESA.-¡¡No soy ambiciosa!! ¡¡No merezco tanto!!

(Señala a la derecha.)

PEDRO.-Te enseñaré la cocina y el baño.

TERESA.-¡Lo estoy deseando!

(Mutis de los dos por la derecha. Por el centro del foro entra una cama grande con ropa y, en cada límite del primer término, un sillón. UN MOMENTO. Por la derecha entran los dos.)

¡¡Qué cocina!! ¡¡Qué baño!! ¡¡Tan buen gusto¡¡Y hay de todo para el aseo y la despensa llena!!

PEDRO.-Este… ¡Es tu dormitorio!

TERESA.-¡¡Me encanta!! ¡¡Con una cama así…!! ¡¡No se precisa tomar un somnífero ni poner el despertador para ser puntual,

PEDRO.-Cualquier cosa que necesites…

TERESA.-¡No lo creo! ¿Es que puede faltarme algo?

PEDRO.-Te he dado la dirección de la empresa. ¡Exijo la puntualidad! Hasta mañana.

(Se dirige a la izquierda. Le sigue.)

TERESA.-¿Te vas?

(Se vuelve.)

PEDRO.-Me espera mi esposa e hijos. ¡Soy tan feliz con ellos! ¡Son todo para mí!

TERESA.-Lo comprendo. Hoy me encuentro tan extraña… Me han sucedido tantas cosas… Siéntate un momento… Déjame que te hurte unos minutos de tu valioso tiempo… Te estoy tan agradecida…

(Se sienta en el sillón izquierdo.)

PEDRO.-Si son unos segundos…

(Se sienta en el sillón derecho.)

TERESA.-Necesito tanto tu compañía…

(Confuso.)

PEDRO.-¿¿La mía…??

TERESA.-Tu presencia al conocerte en aquel jardín del extranjero. ¡Estaba totalmente desesperada! ¡No veía ninguna puerta de salida! Si supieses lo que pensaba… Mi fracaso total como emigrante. Todo era oscuridad que me envolvía. Mi única salida… ¡¡Era dejar de ser!!

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿¿Cómo?? ¿¿Cómo se te ocurre pensar en eso??

TERESA.-Pero llegaste tú y era como si comenzase a respirar un aire fresco. Me empecé a sentirme fuerte para comenzar a luchar contra la adversidad. Después… Al facilitarme el empleo, el hotel, el avión, vernos aquí, este gran apartamento… ¡Mis sentimientos son otros!

(Extrañado.)

PEDRO.-Dices… ¿Otros…?

(Va decidida hacia él.)

TERESA.-¡Eres todo para mí!

(Se levanta asustado.)

PEDRO.-Yo…

TERESA.-¡No temas! Siempre he sido responsable. Hay algo, dentro de mí, que me aproximan para pagarte, con alma y cuerpo, lo que me has dado.

PEDRO.-¿Hablas de entregarte a mí?

TERESA.-¡¡Sí!!

PEDRO.-Estoy casado, tengo hijos, amo a mi mujer. ¡Sería una locura!

TERESA.-¡No voy a destruir un matrimonio! Es solamente hoy. ¡Ahora! Una aventura de un momento como tendrías de joven  y que también me sucede a mí. Algo tan normal… ¡Sería el obsequio de toda mi gratitud!

PEDRO.-¡¡No puede ser!!

TERESA.-¿Acaso me tienes miedo?

PEDRO.-¡Debo marcharme!

(Seductora)

TERESA.-¿Es que no te gusto como mujer…?

PEDRO.-¡Déjame!

(Lo acaricia.)

TERESA.-¡Me atraes tanto, cielo mío!

(Se separa.)

PEDRO.-¡No insistas!

(Se echa encima de la cama. Dulcemente.)

TERESA.-Ven.

PEDRO.-No me atrevo.

(Decidida.)

TERESA.-¡¡Ahora!!

(Va temeroso hacia la cama.)

PEDRO.-Tus… exigencias…

(Altiva.)

TERESA.-¡Vete! ¡¡Me desprecias!!

(Corre hasta la cama.)

PEDRO.-¡¡Nunca!!

TERESA.-Mi adorable Pedro…

(Le ofrece los labios.)

¡¡Bésame!!

(La abraza y besa con fuerza.)

PEDRO.-¡¡Me gustas!! ¡¡Me gustas mucho!!

(Lo abraza fuertemente.)

TERESA.-¡¡Y tú a mí!!

(Va bajando la luz hasta convertirse en penumbra. UN MOMENTO. Luz normal. Están sentados e n la cama y se miran serios. PAUSA.)

Ay… ¡Ha sido maravilloso!

PEDRO.-¡¡Otra vez!!

TERESA.-¡No puede ser! Ha sido mi regalo que se llevó el viento. El premio que, en el fondo, deseabas. La realidad es otra. ¡La vida sigue y nos muestra su sonrisa! Te esperan tu mujer e hijos y a mí… ¡Un porvenir que ha cambiado totalmente mi existencia!

(Le coge las manos.)

PEDRO.-Tienes unas manos como una diosa.

TERESA.-Estate quieto.

PEDRO.-Un cuerpo que deseo tanto…

TERESA.-Tranquilízate.

PEDRO.-¡Vuelve a ser mía!

TERESA.-Dices unas cosas…

PEDRO.-¡Teresa!

TERESA.-¡Pedro!

(Se abrazan y son dos estatuas inmóviles. UN MOMENTO. Se separan.)

El tiempo pasa. ¿A qué hora vamos a ir al trabajo?

PEDRO.-Tanto trabajo… Viajes… ¡Soy un ser humano y no una máquina! ¿No piensas que preciso unas vacaciones?

TERESA.-La decisión es tuya. Tú sabrás…

PEDRO.-Tengo un apetito… Voy a la cocina a tomar algo.

(Mutis por la derecha. Para sí.)

TERESA.-A mí el estómago… ¡Voy a acompañarlo!

(Mutis por la derecha. UN MOMENTO. Por el término, entran dichosos y cogidos de la mano.)

PEDRO.-¡Me siento flotar en una nube!

TERESA.-¡La cocina también se convirtió en un nido de amor!

PEDRO.-Ya hemos pasado una semana juntos.

TERESA.-Te extrañará la familia… Los trabajadores…

PEDRO.-Viajo tanto…

(Decidida.)

TERESA.-Esta situación… ¡Debemos acabar con ella! ¡¡Es el momento de poner punto final!!

(Le suelta molesto la mano.)

PEDRO.-¡¡Nunca!!

(Asombrada.)

TERESA.-¿¿Cómo??

PEDRO.-¡¡Deseo seguir contigo!!

TERESA.-¡¡No puede ser!!

PEDRO.-Si supieses lo que me sucede… ¡Te amo! ¡¡Estoy locamente enamorado de ti!!

TERESA.-¡Es pasión! ¡¡Tu mujer te espera!!

PEDRO.-¡¡Me divorciaré de ella!! ¡¡Me casaré contigo!! ¿¿Es que no te atrae ser la señora de un acaudalado empresario??

TERESA.-¡¡Seré tu siempre agradecida empleada!! ¡¡Jamás tu ambiciosa esposa!!

PEDRO.-¿¿Voy a perderte?? ¿¿No volver a verte más??

TERESA.-¡Sentiría un vacío tan grande!

(Pasea rápido por la escena.)

PEDRO.-¡¡Los dos nos queremos!! ¿¿Qué vamos a hacer??

TERESA.-No sé.

(Deja de pasear.)

PEDRO.-¡¡Piensa!! ¡¡Ayúdame!! ¡¡Sabes hacerlo!!

TERESA.-En este momento…

(Se miran. PAUSA.)

PEDRO.-¿Para qué te conocería? Vivía tan feliz sin ti.

TERESA.-¿Quiere decir que debo renunciar a mi empleo o casarme sin amor?

PEDRO.-¡No voy a contraer matrimonio con una que no me quiere!

TERESA.-¿Entonces?

PEDRO.-¿¿No adivinas la respuesta??

(Desesperada.)

TERESA.-¿¿Volver a ser emigrante??

PEDRO.-¡Tú lo has elegido!

(Le suplica de rodillas.)

TERESA.-¡¡No!! ¡¡No, Pedro!! ¡¡No hagas eso!! ¡¡No te vayas de mi lado!! ¡¡Te necesito!! ¡¡No me dejes en el arroyo!!

PEDRO.-¡¡Levántate!! ¡¡Me da pena verte así en tu derrota!! ¡¡Deja de humillarte!!

(Se levanta miedosa.)

TERESA.-¡Por lo que más quieras…! ¡Yo querría…!

PEDRO.-¿El empleo que te ofrecí?

TERESA.-¡Es normal!

PEDRO.-¿Eres insensible a que yo me haya enamorado de ti?

TERESA.-No es eso…

PEDRO.-¿Tengo la culpa de mis sentimientos?

TERESA.-No…

PEDRO.-¿Entonces…?

(Lo mira seria. PAUSA.)

TERESA.-No niego de que no me gustes. ¡Te he cogido afecto por tu gran bondad! ¡Comienzas a ser algo en mi vida!

PEDRO.-¿Lo ves? ¡Nos atraemos mutuamente!

TERESA.-Es posible…

PEDRO.- En ese caso… ¡¡Decídete!!

(Serena.)

TERESA.-¡Lo acabo de hacer!

(Decidido.)

PEDRO.-¿¿Seguirás conmigo?

TERESA.-¡¡No!!

(Le señala al lateral izquierdo.)

PEDRO.-¡¡Vete!! ¡¡Márchate!! ¡¡No quiero volver a verte más!! ¡¡Desaparece cuanto antes!!

(Se dirige lenta al término.)

TERESA.-¡Será lo mejor! A veces, los sueños enajenan. ¡Soy muy digna!

(Enojado.)

PEDRO.-¡¡Eres…!!

(Se vuelve seria.)

TERESA.-¿Qué…?

PEDRO.-¡Prefiero silenciar la palabra!

(Molesta.)

TERESA.-¡Me estás ofendiendo! ¡¡No puedo tolerarlo!!

PEDRO.-¡¡Una intrusa en mi existencia!!

TERESA.-¡¡No es cierto!!

PEDRO.-¡¡Sí!!

(Se miran molestos.)

¡Nuestra esperanza ha muerto!

TERESA.-¿Estás seguro…?

PEDRO.-¡Otra cosa…!

(Se miran serios. Tierna.)

TERESA.-Todo tiene solución.

PEDRO.-¿Qué sugieres?

TERESA.-Tú y yo…

PEDRO.-¿Qué…?

(Se acerca a él y lo acaricia.)

TERESA.-¡Hemos nacido para no separarnos!

PEDRO.-¿¿Cómo??

TERESA.-Cuando deseamos lograr algo, hay que perder una parte para conseguir la otra.

PEDRO.-¿Insinúas que debo repartirme?

(Fríamente.)

TERESA.-Más o menos. Tú sigues como estás con tu esposa y tus hijos. Yo acudo al trabajo y no dudo en un rápido y buen ascenso.

PEDRO.-¿Y… nosotros?

TERESA.-Estaré siempre a tu disposición en este apartamento.

(Indignado.)

PEDRO.-¿¿Quieres decir que te conformas con ser mi amante??

TERESA.-Ponle el nombre que quieras.

PEDRO.-¿¿Te das cuenta de lo que me propones??

TERESA.-Sí… No es tan difícil.

PEDRO.-¡¡Lo que menos pensaba de ti…!!

TERESA.-Ignoraba que fueses tan virtuoso. No creo que una infidelidad, por ambas partes, se convierta en un problema. Hoy día…

PEDRO.-Yo, que te quería para mí solo, ¡¡quieres que te comparta con mi mujer! Hay cosas que uno no acaba de entender.

(Sonriente.)

TERESA.-¡Cómo te complicas!

(Decidido.)

PEDRO.-¡¡Me niego a semejante proceder!!

(Tranquila.)

TERESA.-Si lo prefieres así…

(Se dispone a hacer mutis por la izquierda. Corre detrás de ella. Desesperado.)

PEDRO.-¡¡Teresa!!

(Se vuelve.)

TERESA.-¿Precisas decirme algo?

PEDRO.-¡Cumpliré tus deseos!

(Aliviada.)

TERESA.-¡Al fin actúas como un hombre sensato!

(Va al centro de la escena. La sigue. Se miran. PAUSA. Muy serio.)

PEDRO.-¿Piensas en lo que te has convertido?

TERESA.-¿Tú qué crees?

PEDRO.-Te conocí en el extranjero. Buscabas desesperadamente trabajo con los bolsillos vacíos. Te ayudé y te traje a nuestro país con un buen trabajo. Al ir aproximándonos, nuestras charlas se convirtieron en deseo.

(Sonriente.)

TERESA.-No sabía. Se entera una de cada cosa…

PEDRO.-Nació el amor. ¡No podíamos vivir sin estar juntos! Mi matrimonio se iba hundiendo en el más profundo de los basureros. Tu solución intentaba arreglarlo. Serías mi amante a cambio de vender tu cuerpo por un triunfo en la empresa. ¿Sabes en lo que te has convertido? ¿Conoces su nombre?

TERESA.-Sí. Puta. No es tan difícil…

(PEDRO se va transformando como si se convirtiese en un hombre feroz.)

PEDRO.-¡Siento…!

TERESA.-¿Qué te ocurre…?

PEDRO.-¡¡No sé!! ¡¡Es como si dejase de ser yo!! ¡¡Soy otro!!

TERESA.-¡¡No has cambiado!! ¡¡Tranquilízate!! ¡¡Volverás a ser tú!!

PEDRO.-Es todo esto tan extraño. ¿Existimos o estamos muertos? ¿Vivimos la realidad o nos manejan como a personajes en una función de teatro?

TERESA-Comienzo a dudarlo.

PEDRO.-Creía en ti. Comenzaba a llenar mi vida con una ilusión nueva. ¡Era todo tan maravilloso…! Me iba liberando del personaje que me atormentaba. ¡No se puede luchar contra el destino! ¡¡Es imposible enfrentarse contra nuestra propia naturaleza!! No somos sueños en el que interpretas lo que más te agrada. Cuando te oí hablar de prostituirte conmigo…

TERESA.-¡¡Calla!!

PEDRO.-¡¡No puedo!! ¡¡Has reaccionado igual que muchas!!

TERESA.-¡¡No te lo consiento!!

(Se miran distantes. PAUSA.)

PEDRO.-Mi historia no era esa. Quise ser actor de una persona digna. ¡El gran ser honesto y dadivoso! ¡¡He perdido!!

(Asustada.)

TERESA.-¿Cuál es… la verdad de… ti? ¡Quítate la máscara!

PEDRO.-Un desgraciado que buscaba en el extranjero chicas para vivir de su prostitución. Cada una era una gratificante aventura hasta que se convertían en mercancía para los demás.

(Moviéndose aterrorizada por la escena.)

TERESA.-¡¡Quiero huir de esta maldita cárcel!! ¿¿Dónde está la puerta? ¡¡Ahora no la veo!!

PEDRO.-Solo es visible para los futuros clientes. ¡Has caído en mi despiadada ratonera! ¡¡No puedes escapar!!

(Se para.)

TERESA.-¡¡Mira que grito!!

(Grandes carcajadas.)

PEDRO.-¡¡Ja, ja, ja!!

(Muy fuerte.)

TERESA-¡¡Socorro!!

(Le da un fuerte puñetazo y la tira en el suelo.)

PEDRO.-¡¡Zorra!!

(Llora dolorida)

TERESA.-¡¡Ay!!

(Se levanta dificultosa.)

¡Pedro… ¡ ¡¡No me pegues más!!

(Le da una fuerte patada en el vientre y vuelve a caer al suelo.)

PEDRO.-¡¡Vientre para parir culebras!!

(Llora con fuerza)

TERESA.-¡¡No!! ¡¡Ten piedad!! ¡¡No me trates así!!

PEDRO.-¡Ahora! ¡¡El que manda en tu vida soy yo!! ¿¿Lo entiendes??

(Totalmente humillada.)

TERESA.-Soy… tuya.

PEDRO.-¡Ingenua! ¿Mía? Una esclava más. ¡¡Eres de todos!!

TERESA.-Lo que tú ordenes.

(Autoritario.)

PEDRO.-¡¡Levántese y tráteme respetuosamente de usted!!

(Se levanta con dificultad.)

TERESA.-Sí, señor jefe.

PEDRO.-¡¡Le está prohibido salir de este apartamento!!

TERESA.-¡Lo que usted ordene, señor!

PEDRO.-¡¡Jamás podrá contar su cautiverio a sus clientes!!

TERESA.-¡Siempre a su servicio, señor!

PEDRO.-¡¡Ni cogerles una propina o un obsequio!!

TERESA.-¡Así obraré siempre, señor!

PEDRO.-¡¡Deberá actuar con ellos de lo más amable!!

TERESA.-¡Es mi obligación, señor!

PEDRO.-¡¡Olvídese de que tiene sentimientos!!

TERESA.-¡Mi memoria los eliminará, señor!

PEDRO.-¡¡Ellos serán sustituidos por una sabia interpretación de afectos!!

TERESA.-¡Lo irreal es el mejor antídoto de la sensibilidad, señor!

PEDRO.-¡¡Todos deberán ver en usted una señorita exquisita y de sanas costumbres!!

TERESA.-¡Lo haré sin el menor esfuerzo, señor!

PEDRO.-¡¡Le deseo mucha suerte en su trabajo y que logre  un brillante porvenir!!

TERESA.-¡Mis palabras no llegan para agradecérselo, señor!

(Se miran serios. PAUSA.)

PEDRO.-Observo, Margaret y así será su nombre artístico, que tiene una herida en la cara y dolor en el vientre.

TERESA.-Espero, don Pedro, que muy pronto desaparecerán.

PEDRO.-Margaret, acuda inmediatamente al baño para ponerse tentadora y sexy.

TERESA.-¡Encantada, don Pedro!

(Mutis por la derecha. PEDRO pasea rápido  y feliz. UN MOMENTO. Por el término entra ella sin señales de agresión, bellísima y con un vestido muy sensual. Se exhibe y para. Satisfecho.)

PEDRO.-¡Perfecta, Margaret, para entrar en escena! Lo que me cuesta desde que la conocí. Su trabajo deberá amortizarlo.

(Mutis por la izquierda. Ella se siente feliz y salta alegre. Por la izquierda entra tímido MATEO. Cincuenta y dos años. Serio, amable y correcto. Viste muy elegante.)

MATEO.-¿Es… aquí.., Margaret…?

TERESA.-¡Estás en tu casa!

(Rápidamente cae el

TELÓN

ACTO SEGUNDO

(Él avanza cohibido hacia ella)

MATEO.-Señorita…

TERESA.-Desde que nací.

(Confuso.)

MATEO.-Perdone. Yo…

TERESA.-¡Ja, ja, ja! Pero tú… ¡Alégrate! ¡¡Seremos muy felices!!

MATEO.-Lo intentaré. Para mí es tan difícil…

TERESA.-¿Es la primera vez?

MATEO.-Sí.

TERESA.-No lo tomes como un problema. El ser humano es tan complejo… Piensa que la castidad es algo vergonzoso.

MATEO.-¡No es mi caso!

TERESA.-¿Entonces…?

(Llora.)

MATEO.-Estaba casado.

TERESA.-¿Murió? Pobrecita. ¡Tienes que llevarle flores!

MATEO.-¡Imposible!

TERESA.-Si la incineraron…

MATEO.-¿Cómo voy a llevarle flores si me dejó por otro? ¡Podría parecerles mal!

TERESA.-¡Hombre! Después de eso, llegar con un ramo a los dos… ¡No se acostumbra a hacer!

MATEO.-¡La quería y quiero tanto! ¡No hay agua en todos los mares que puedan superar mis lágrimas!

(TERESA, ensimismada, se sienta en el sillón derecho.)

¡Qué felices éramos! Lo que menos podía imaginar…. ¡Qué pena! ¡Qué pena tan grande! ¡Una pena inmensa!

(Se sienta en el sillón izquierdo. TERESA, que sigue igual, mira el reloj. Sin dejar de dirigirse a ella.)

Todas las mañanas me levantaba temprano. ¡De madrugada! Como me llegaban un par de horas de sueño… La despertaba y le llevaba el desayuno a la cama. ¡Cómo se ponía! Se incomodaba ¡No vuelvas a hacerme esto! Tengo que dormir para descansar y poder realizar las labores de la casa. Si es un café y pan fresco que bajé a comprarlo. ¡Te sentará bien! No te pude traer el periódico porque aún no había salido. A veces, ya sabes, dejan la primera página en blanco para adelantarse en una noticia, aunque no sea verdad. ¡Te prometo que, dentro de un rato, vuelvo a bajar! ¡¡No se te ocurra!! Ponerme ahora a leer el periódico… ¡Te enciendo la radio! ¡¡Déjame en paz!! No me comprendía… Una noche trajo a un señor muy amable. Yo creo que no se conocían y no me sentí celoso. ¡Era cierto! Estaba muerto de frío en la calle por arreglos en su casa. Si es por unos días… Todos deben tener un hogar. ¡Ponga mi abrigo! Es usted muy amable. ¡Duerman ustedes! ¡De ninguna manera! Donde duermen dos, duermen tres. Si yo apenas cierro los ojos para economizar. Dormí en el medio de los dos. ¡El señor era todo un caballero! Me levantaba a la misma hora de siempre. Bajaba a comprar el pan para todos y el periódico. Iba a leerlo a la sala. ¡Cómo dormían! Sonaba el despertador y seguían igual. ¡No procedía molestarlos! Acudía a trabajar. Así… Un día, otro día. ¡Era bonito! Fue una época dichosa. Terminaron de arreglarle la casa. ¡Me devolvió el abrigo! No se vaya usted tan pronto. Unos meses más… ¡Lo que escuché de ella…! Tienes todo el lecho para ti. Al fin he encontrado un hombre que no conozco ni me despierta. Eran buenas personas. ¡De las que te puedes fiar! Yo no lo considero un adulterio. ¡Los quiero! Pasaron las horas, los días, las semanas, los meses… ¡Me volvía loco sin ella! ¡Lloraba! ¡Lloraba! ¡Lloraba!

(Queda pensativo. PAUSA.)

¿Te molesto?

(Ella queda dormida. Alza la voz.)

¿¿Me oyes, Margaret??

(Confusa.)

TERESA.-¿Cómo…? ¿Decías…? Perdona. Me he quedado dormida un instante.

(Se levanta decidido y va preocupado hasta ella.)

MATEO.-¡Dormida, no! ¡Por favor! ¡Conozco sus consecuencias!

(Se levanta rápida.)

TERESA.-¡La culpa la has tenido tú!

MATEO.-¡No creo! ¡La mayoría te deja por no estar despierto! ¿No te parece?

TERESA.-Puede… ¿Cómo te llamas?

MATEO.-Mateo. Si no te gusta, lo cambio por otro.

TERESA.-Déjalo por hoy. Con un poco de imaginación, resulta fino.

MATEO.-¿Verdad que sí? No deja de ser un consuelo. ¡Sufro tanto!

TERESA.-Así que te acostumbres… ¡Es mucho tiempo sin dormir! Los días se hacen muy largos.

MATEO.-La abstinencia es una virtud, pero todo tiene un límite. Por eso hoy… ¡Me he decidido!

TERESA.-¡Has hecho muy bien!

MATEO.-Y una mujer tan guapa. ¡Tan atractiva!

TERESA.-¡Qué galante eres!

MATEO.-¡¡No te falta nada!!

TERESA.-Eso dicen los estudiosos de la hembra.

MATEO.-¡Coincido con la sabiduría de ellos!

(Fingiendo.)

TERESA.-¡Me gustan los hombres como tú. ¡Me vuelven loca! Tan viril, elegantemente apasionado. ¡Algo para perderse en ti.

MATEO.-¡Ya será menos!

TERESA.-¡Que humilde eres!

MATEO.-Es posible, por las causas que conoces, que ahora sea retraído, pero antes y como tenía más tiempo… ¡La de veces…! ¡Era demasiado!

TERESA.-¡Te imagino y despiertas mi deseo! 

MATEO.-¡Ay!

TERESA.-¡Canalla!

(Se miran felices. PAUSA.)

MATEO.-¿Y tú? ¿Has sido siempre tan ardiente?

TERESA.-¡Una auténtica golfa! La oveja negra de la familia.

MATEO.-¡Ideal!

TERESA.-He tenido una gran educación. ¡Estudios en los mejores colegios! Claro que a mí, desde niña, me inclinaba por el placer. No era como otras amigas que iban con el primero que surgía. ¡No me llenaba eso! ¡Y cobraba! La mejor de las carreras. ¡Te diviertes y vives de eso! No la cambio ni por ingeniera de caminos. Y al tenerte al lado…

MATEO.-Eres tan bella y seductora… ¡Tus palabras me ponen!

(Exhibe poses sensuales.)

TERESA.-¿Te aburro…?

MATEO.-¡Todo lo contrario!

TERESA.-Me miras tan ilusionado… ¿Te gusto…?

MATEO.-¡Muchísimo!

TERESA.-Mateo…

MATEO.-¡Margaret!

(Se abrazan y besan fuertemente. UN MOMENTO. Se separan. Le coge una mano.)

TERESA.-¡El tálamo de amor nos está esperando!

MATEO.-¡Vamos a él!

(Van cogidos felices y se echan  encima de la cama.)

TERESA.-¡El barco comienza su travesía!

MATEO.-¡Naveguemos entre sus dulces olas!

(Se torna serio y queda pensativo. PAUSA.)

TERESA.-¿Qué te pasa, cariño?

MATEO.-¡No me acuerdo!

TERESA.-¡Hombre…! Si eso es como andar en bicicleta. Así que se aprende…

MATEO.-Lamento decepcionarte, pero ahora me he olvidado.

(Dulce.)

TERESA.-Yo te enseñaré.

(Sale de la cama. Pasea por lo ancho de la escena.)

MATEO.-Te juro… ¡Créeme! Antes lo sabía.

TERESA.-¡Respira hondo!

(Lo hace.)

¿Ya lo recuerdas?

MATEO.-¡No!

(Se para.)

Espérame. ¡Tendré que ir a comprar un libro! Si tienes alguno y me tomas la lección…

TERESA.-¡No lo precisas! Ha sido el choque emocional de la separación y el haber estado inactivo. ¡Mírame!

MATEO.-Te miro…

(Se sienta en la cama. Coqueta.)

TERESA.-¿Qué te dicen mis ojos? ¿Mi boca? ¿Todo mi cuerpo?

(Extrañado.)

MATEO.-Me hablan.

TERESA.-No sabía. ¿En español?

MATEO.-Sí… Como no sé idiomas… Porque llamar ahora a un traductor…

TERESA.-¿Puedo conocer qué te dicen?

MATEO.-Son voces que me llaman…

(Avanza lento hacia ella.)

En este instante… comienzo a acordarme… Es como si los conocimientos volviesen a mí…

(Le extiende los brazos.)

TERESA.-¡Ven!

(Corre hasta ella y la abraza apasionado.)

MATEO.-¡He vuelto a aprender la asignatura!

(Lo acaricia.)

TERESA.-¡Mi vida!

(Ansioso.)

MATEO.-¡Deseo amarte! ¡Ahora mismo! ¡No perdamos el tiempo!

TERESA.-Sin prisas… Disfrutemos del momento… ¡Nuestro gran deleite!

MATEO.-¡¡Ahora!! ¡¡Ahora!! ¡¡Ahora!!

(Se aparta molesta.)

TERESA.-¡Estoy harta de recibir órdenes!

MATEO.-¿Por qué reaccionas así?

TERESA.-Perdona. ¡Me molestan tanto las exigencias!

MATEO.-Primero me incentivas y después me abandonas. Tu comportamiento…

(Llora.)

TERESA.-Es que yo… ¿Sabes? ¡No he nacido para esto!

MATEO.-¡Eso lo decís todas las putas!

TERESA.-Por favor… ¡No me ofendas!

(Excitado.)

MATEO.-¡Vienes a mí o…! ¡¡Obedece!!

(Sale de la cama.)

TERESA.-¡¡No quiero!!

MATEO.-Hacerme esto… ¡Un poco de ética!

TERESA.-¡La tengo!

MATEO.-¡¡Es inmoral dejarme ardiendo!

TERESA.-Te pasará… ¡Una buena ducha…!

MATEO.-¿Es que acudo aquí a refrescarme?

TERESA.-¡Colabora!

MATEO.-¡Conmigo no se juega! ¡Vas a conocerme!

(Preocupada.)

TERESA.-¿Qué vas a hacer…?

(Sale de la cama.)

MATEO.-¡No tengo que darte explicaciones!

(Mutis rápido por la izquierda. Va hasta el término y observa. Para sí)

TERESA.-Este es capaz… ¡No lo veo! Si me…

(Corre miedosa hasta la derecha.)

¡Tengo miedo! Que no se le ocurra… ¡Vivir así!

(Por la izquierda entra serio PEDRO seguido de MATEO.)

PEDRO.-¡Margaret!

(Sumisa.)

TERESA.-¡Dígame, señor!

PEDRO.-Nuestro distinguido cliente la ha denunciado. ¡Comportarse así…! ¡Tendré que hacerle un doloroso expediente!

TERESA.- Nuestro distinguido cliente, señor, fue víctima de un ataque de amnesia en la escala diez y tuve que esmerarme para ayudarle. Eso me originó un gran esfuerzo y perdí la concentración.

PEDRO.-¿Es cierto lo que dice mi productora?

MATEO.-Así es. Todos, como comprenderá, tenemos un mal momento.

PEDRO.-¡Carece de importancia! Si yo una vez…

MATEO.-¡Cuente! ¡Cuente!

TERESA.-¿Qué le sucedió, señor?

PEDRO.-¡Prefiero olvidarlo! Caballero… ¿Retira la denuncia?

MATEO.-¡Ahora mismo!

(Le muestra un documento.)

PEDRO.-¿Tiene la amabilidad de firmar aquí?

(Lo hace.)

MATEO.-¡Faltaría más!

(Se lo devuelve.)

PEDRO.-En ese caso, no puedo interrumpir la intimidad de ustedes. ¡Tienen mi autorización!

(Le hacen inclinaciones de cabeza.)

TERESA.-¡Muy agradecido, señor!

MATEO.-¡Es usted muy amable!

PEDRO.-Gracias, muchas gracias.

(Mutis por la izquierda. Se echa en la cama. Contenta.)

TERESA.-¡Vuelve! ¡Vuelve!

(Se echa a su lado.)

MATEO.-Perdona que intentase perjudicarte. Estaba tan animado…

TERESA.-La culpable fui yo. Una es tan caprichosa…

MATEO.-¿Amigos?

(Lo besa suavemente.)

TERESA.-¡Amigos!

(Los dos, y sin tocarse, miran felices al frente. Como si actuasen.)

MATEO.-¡Me gustas tanto!

TERESA.-¡Y tú a mí! ¿Apago la luz?

MATEO.-¡Prefiero recrearme en tu belleza!

TERESA.-¡Muy gentil!

MATEO.-Te observo y eres tan distinta a las demás chicas… ¡Extraordinaria!

TERESA.-Desde el primer instante que te contemplé, me dije: ¡Qué suerte he tenido al estrenarme!

MATEO.-¿¿Soy el primero??

TERESA.-¡Aquí sí!

MATEO.-¡Esto es histórico!

TERESA.-Y espero que no sea la última.

MATEO.-Por mí… ¡Encantado!

TERESA.-Si supieses lo dichosa que soy a tu lado.

MATEO.-¡Tan juntitos!

TERESA.-¡Dame todo tu amor!

MATEO.-¡Ha nacido para ti!

TERESA.-¡Sigue! ¡No me dejes!

MATEO.-¡Me olvidaría de todos los trenes!

TERESA.-¡Qué hermosas palabras!

MATEO.-Soy tan sincero…

TERESA.-¡Me haces sentir…!

MATEO.-Dicen que muchas de vosotras fingen; interpretan un papel.

TERESA.-¿Comentan eso? ¡Y de las que no son de la profesión!

MATEO.-No sabía…

TERESA.-Cuando se extingue la pasión y nos duele la cabeza…

MATEO.-La monotonía y la muerte del amor.

TERESA.-No es nuestro caso.

MATEO.-Nunca lo será.

(Apasionados.)

MATEO.-¡Ahora!

TERESA.-¡Sí!

(Se besan fuertemente.)

MATEO.-¡¡Margaret!!

TERESA.-¡¡Mateo!!

(Se tiran los dos de la cama.)

MATEO.-¡Eres única!

TERESA.-¡Jamás he conocido a un hombre como tú!

(Se miran disgustados. PAUSA.)

MATEO.-Dicen que todas las despedidas con tristes.

TERESA.-¡No creo! Sé que pronto volverás.

MATEO.-¿Estás tan segura?

TERESA.-Pocas veces me equivoco.

MATEO.-Cualquier día…

TERESA.-¡Te espero!

(Mutis de él por la izquierda y ella por la derecha. UN MOMENTO. Por la izquierda entran dos chicas. MARINA es rubia, estatura normal, atractiva. Habladora, agradable, noble. ESTHER es morena, alta, sexy. Seria, amena, sensible. Ambas visten elegantes y se les nota su inequívoca actividad. Molestas.)

MARINA.-¡¡Estoy de esto!!

ESTHER.-¡¡No me hables!!

MARINA.-¡Es peor que una cadena perpetua!

ESTHER.-Tienes razón. ¿Qué esperanza tenemos? ¡La pena capital no te hace soñar, pero te libera para siempre!

MARINA.-¡Un día! ¡Otro día!

ESTHER.-¡Esto es insoportable!

MARINA.-¿Cuál es nuestra libertad en este infierno?

ESTHER.-¡Ninguna!

MARINA.-Ese miserable nos engaña con unos minutos diarios de charla para no caer en la desesperación.

ESTHER.-¡El resto de los días…! Encerradas en nuestras celdas o sonriendo hastiadas a los cerdos clientes que llenan sus bolsillos.

(Ilusionadas.)

MARINA.-¿Cómo será la nueva?

ESTHER.-¡Estoy deseando verla

(Por la derecha, entra sorprendida TERESA.)

TERESA.-¿Ustedes…?

(Muy amables.)

ESTHER.-Tutéanos.

MARINA.-Estamos en las mismas condiciones que tú.

ESTHER.-¡Qué susto! Llegué a pensar… que también…

(Se miran serias. PAUSA. Se besan en las mejillas.)

MARINA.-Marina.

ESTHER.-Esther.

TERESA.-Teresa. No sabéis la alegría que me dais. Creí que la soledad era mi única compañía.

ESTHER,.Aunque son solamente unos minutos…

MARINA.-Menos es nada. La vida es tan…

TERESA.-¿Qué?

ESTHER.-¿Cómo?

MARINA.-¡Es que tengo que ponerle el nombre…!

(Sonríen tristes. PAUSA.)

TERESA.-Estaba en el extranjero; era emigrante.

MARINA.-Un hombre se cercó a mí. Me propuso un gran puesto en su negocio de aquí.

ESTHER.-Acepté, quería darle una gran alegría a mi familia cuando comenzase mi extraordinario trabajo.

TERESA.-El hombre era tan atractivo… Comenzó a gustarme. Fuimos pareja en esta oscuridad. Luchaba entre deshacer su matrimonio o ser su amante.

MARINA.-Poco a poco, fue apoderándose de mí. ¡Me estaba convirtiendo en una furcia!

ESTHER.-¡Era lo que buscaba! Adiestrarme, con su agresividad, para ser una más de las que trabajaban para él en este prostíbulo sin puertas ni ventanas.

TERESA.-¡Nuestras historias son iguales como un número más de cualquier prisionera!

MARINA.-¡Aguantar sus fuertes puñetazos! ¡Llorar miedosa por algo que ha nacido, sin querer, en tu cuerpo!

ESTHER.-¡El más terrible de los embarazos que llevamos cada una y nunca sabremos lo que es dar a luz a nuestra propia vida!

TERESA.-¡El muy hijo de puta!

MARINA.-¡El más miserable de los hombres!

ESTHER.-¡El asesino de nuestra humillada existencia!

(Se miran derrotadas. PAUSA.)

TERESA.-Fui tan feliz en mis estudios. Tuve novios. Me divertí con algunos. Pensar en estar atada toda una vida… ¡No se te pasa por la imaginación!

MARINA.-El colegio, la universidad… Es lo bueno de la juventud. ¡Pensar que el mundo es tuyo! ¡Que cumplir un año aún no viene en nuestro calendario que acabamos de estrenar. La loca aventura de un sábado noche o ese chico divertido de unos días y que no acaba de llenarte.

ESTHER.-Libros, conocimientos, exámenes que vas dejando y pronto recuperarás. El gran novio que te aburría y decidiste ser libre como un pájaro.

TERESA.-El país estaba mal. Emigraré y, con lo que sé, me abriré camino.

ESTHER.-¡El mundo está hecho a mi medida! La emigración espera por mí para darme su certificado de haber triunfado.

MARINA.-¡Hay que buscar naciones prósperas! Ellas te esperan, te llaman, te suplican. ¡Serás la mano que exhibas la antorcha de una gran civilización!

(Se miran tristes. PAUSA.)

TERESA.-Y la realidad…

MARINA.-Es esta.

ESTHER.-¡No existe otra!

(Asqueadas.)

MARINA.-¡Follar con tíos repulsivos para librarte de ser azotada y ahogarte en el río de tu propia sangre!

ESTHER.-¡Soportar, con el que está encima de ti, su cara de deleite mientras haces fuerzas para que los vómitos no huyan de tu boca!

TERESA.-Yo, hasta ahora, no he pasado por eso. Me ha tocado un hombre de unos cincuenta que es de lo más amable y educado.

MARINA.-¡Vaya! La niña se ha enamorado.

TERESA.-Tanto como eso…

ESTHER.-¿Se llama Mateo?

TERESA.-Pues… sí. ¿Lo conocéis?

MARINA.-Es el primero que te ofrecen para que adquieras seguridad. Pero después… ¡No sabes lo que te espera! ¡Lo más bajo! ¡Lo más nauseabundo!

TERESA.-¡Me rebelo!

ESTHER.-Ilusa.

MARINA.-No seas ingenua.

TERESA.-¡Lo estaba cavilando! ¡Lo tengo decidido! ¡Seamos tres en una! ¡O nos conceden la libertad como personas dignas o nos declaramos en huelga total hasta dejar de ser! ¡A ver quién pierde más! Nosotras… ¡Nunca tendremos nada! ¡Cada día seremos mujeres más putrefactas! ¡Un deleznable esperpento de la propia muerte!

ESTHER.-¡Me gusta la idea!

MARINA.-¡No lo pensemos más!

(Por la izquierda entra PEDRO. Autoritario.)

PEDRO.-¡Se ha terminado el recreo!

(Ellas se miran serias.)

ESTHER.-¿Qué dice?

TERESA.-Habla de un recreo.

MARINA.-No sé a que se refiere.

PEDRO.-¿¿Es que no me han oído bien o tengo que darles de hostias??

TERESA, MARINA y ESTHER.-¡¡Ja, ja, ja!!

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿¿Qué les sucede?? ¿¿Por qué se ríen así??

(Ellas avanza, con firme paso militar, hacia él.)

TERESA.-¡¡Nos declaramos en huelga de sexo!!

MARINA.-¡¡No volveremos, en este cautiverio, a acostarnos con nadie!!

ESTHER.-¡¡Su cruel negocio se ha terminado!!

TERESA, MARINA y ESTHER.-¡¡Despiadado!!

(Les da un puñetazo muy fuerte a cada una. Ellas luchan por sostenerse en pie.)

PEDRO.-¡¡Tomen!! ¡¡Más!! ¡¡Desagradecidas!!

TERESA.-¡¡Ay!!

ESTHER.-¡¡Qué dolor!!

MARINA.-¡¡Ser sin entrañas!!

(Rápidamente, ata las manos a cada una y hace mutis por la izquierda. Voces débiles y llorosas.)

TERESA.-Perdonad.

MARINA.-Es nuestro deber.

ESTHER.-Se ha ido, pero nuestras manos continúan atadas.

(Por la izquierda entra PEDRO. Trae un látigo en la mano Ellas tiemblan..)

PEDRO.-¡Estamos en un circo! Las palomas blancas de él se han vuelto feroces. ¡Y tengo que amaestrarlas! ¡Debe seguir mi gran espectáculo!

(Avanzan aterrorizadas.)

MARINA.-Obedeceremos.

ESTHER.-Es nuestro deber.

TERESA.-Perdone.

PEDRO.-Querer organizar una huelga… ¡Ignorantes! ¡¡No me conocéis y vais a saber quién soy!!

(Golpea el látigo en el suelo. Ellas retroceden desvalidas.)

TERESA.-¡¡No!!

ESTHER.-¡¡Con el látigo no!!

MARINA.-¡¡No me flagele!!

(Va decidido hacia ellas y les da, con saña, fuertes latigazos. Ellas gritan y se cubren con las manos.)

PEDRO.-¡¡Hablad ahora de una huelga!

TERESA.-¡¡Ay…!!

PEDRO.-¡Hablad!

ESTHER.-¡¡Ay…!!

PEDRO.-¡¡Llevadla a la práctica!!

MARINA.-¡¡Ay…!!

(Les da más latigazos.)

PEDRO.-¡¡Zorras!! ¡¡Una huelga de sexo!! ¡¡Ja, ja, ja!! ¡¡Desagradecidas!! ¡¡Les ofrezco gratis lo que les gusta y deleita con locura!! ¿¿Así me lo pagan ustedes??

MARINA.-¡¡No nos torture más!!

TERESA.-¡¡Esto es demasiado!!

ESTHER.-¡¡Es imposible soportar tanto dolor!!

(Deja el látigo.)

PEDRO.-¡Al fin han comprendido la lección! ¡¡Cuánto talento!! ¡¡Se han convertido en mansos animalitos!!

(Tristes.)

TERESA.-¡Muchas gracias, señor!

ESTHER.-¡Mi gratitud, señor!

MARINA.-¡Siempre agradecida, señor!

PEDRO.-¡¡Extiendan sus manos!!

(Las chicas lo hacen. Las va desatando.)

Dejaré sus manos libres. Es un derecho humano. ¡Las precisan para el trabajo!

(Deja caer las ataduras que va dejando en el  suelo. Coge el látigo.)

¡El recreo ha terminado!

(Mutis por la izquierda. Ellas se despiden y la besan en las mejillas.)

MARINA.-Resignación, Teresa.

TERESA.-Pedir suerte es una utopía.

ESTHER.-¿Vale la pena soportar esta realidad?

TERESA.-¡Nunca! Es inhumano!

MARINA.-¡Es terrible continuar así!

(Mutis de MARINA y ESTHER por la izquierda. Mira al frente. Para sí.)

TERESA.-¡Me niego a seguir viviendo! Deseamos la existencia cuando eres libre y te consideras su único propietario como el que posee el tesoro de más valor. Cuando lo has perdido, qué objeto tiene seguir vivo? ¡Ninguno! Ser víctima del mayor dolor y sentir que él corroe tu cuerpo y mente hasta destruirte totalmente  con sus agresivas garras. Si tuviese el veneno más asqueroso lo tomaría como el que clava su puñal para dejar que la sangre te convierta en silencio al salir de tus venas. ¿Es que puede  haber algo peor que la humillación que nunca muere? ¡Mil veces morir a soportar esto! ¡Me rebelo a ser víctima de lo que no tiene cura!

(Extiende la palma de la mano.)

Señora, caballero, niño. Un poco de veneno, por favor. ¡La nada es la mayor de las caricias!

(Deja de abstraerse. Por la izquierda, entra alegre MATEO.)

MATEO.-¡Margaret!

TERESA.-¡Tú!

(Corre hacia él y va a abrazarse. Por la izquierda, entra PEDRO y se pone en el medio de los dos.)

PEDRO.-¡Un momento!

(Extrañados.)

TERESA.-Esto…

MATEO.-¿Qué sucede?

PEDRO.-Don Mateo… Sé que le gustan mucho las chicas jóvenes. Tengo una para usted… ¡No se puede imaginar lo que le va a agradar esta gran sorpresa!

(MATEO se emociona. TERESA se torna triste.)

MATEO.-No sabía. ¡Siempre la novedad es un incentivo!

PEDRO.-¡Venga conmigo, don Mateo!

MATEO.-No es que la desprecie, don Pedro, pero he quedado muy satisfecho de Margaret.

(TERESA retrocede seria.)

PEDRO.-¡Imposible! Margaret no tardará en estar ocupada y aprovecha esta ocasión…

MATEO.-¡Me niego!

(Sorprendido.)

PEDRO.-¿Cómo?

MATEO.-Lo que ha oído. Vengo con una ilusión y si me la niega, lamento que deje de visitar su casa en lo sucesivo.

PEDRO.-¡No se ponga usted así, distinguido cliente! Margaret ha tenido mucho éxito. Tuve que subir su precio. Lo hago por no causarle un perjuicio. Velo por su economía.

(Le muestra unos billetes.)

MATEO.-Si es por dinero…

(Los coge satisfecho. Ella disimula su satisfacción.)

PEDRO.-Nunca discuto con los buenos clientes.

(Lo guarda y hace mutis por la izquierda. Se miran felices. PAUSA.)

TERESA.-Mateo…

MATEO.-Margaret…

TERESA.-Eres tan amable conmigo…

MATEO.-Lo mereces. He venido muchas veces aquí, pero jamás he encontrado una chica como tú.

TERESA.-Si yo… Soy una más.

MATEO.-Para mí… ¡Eres todo!

TERESA.-Gracias. Yo también he visto en ti un hombre distinto. ¡Me llenaste tanto!

MATEO.-¿De verdad?

TERESA.-Si. Ven al lecho. ¡Nos espera!

MATEO.-¿Crees que he pagado para eso?

TERESA.-¡Ah! ¿No?

MATEO.-El otro día, salí de aquí tan cambiado… Siempre pensando en ti. ¡No podías salir de mi cabeza! ¡Deseaba volver a verte! ¡Estar a tu lado!

TERESA.-A veces… La mente comete tantos errores con simples emociones.

MATEO.-¡No es mi caso! Siento por ti…

TERESA.-¿Qué?

MATEO.-Algo que no sé expresarme. En este momento, desconozco la palabra exacta. Y me encuentro a gusto en esta nueva sensación.

TERESA.-Como comprenderás, me halaga haber ilusionado a un gran cliente como tú.

MATEO.-¡No es eso!

TERESA.-¿Entonces…?

MATEO.-¡Te quiero, Margaret! ¡Me he enamorado de ti!

TERESA.-Dices unas cosas… El tiempo hará que me veas en mi realidad.

MATEO.-¿Tu sientes algo por mí? ¡Di la verdad!

TERESA.-Si te refieres al amor… ¡No! Te aprecio como un hombre grato y un buen amante. Otra cosa…

MATEO.-¿Me desprecias porque te doblo la edad? ¡Comprendo que he ido demasiado lejos!

TERESA.-¿Por eso? Te veo joven. ¡Estás en lo mejor de tu vida!

MATEO.-¡Como me llenan tus palabras! Cuando te conocí, estaba muy disgustado. ¡Te conté lo de mi mujer! Al verte, es como si me hubiese liberado de ella. ¡Solo me preocupas tú!

TERESA.-Debes olvidarme, Mateo. Lo que nace con tanta vehemencia, también desparece con la misma fuerza.

MATEO.-¡Siempre estarás en mí!

TERESA.-Si fuese verdad…

MATEO.-¡Encantadora Margaret…!

(Corren y se abrazan con fuerza.)

TERESA.-¡Amado Mateo!

(UN MOMENTO. PAUSA. Se separan.)

MATEO.-Lo tengo pensado; ¡lo he decidido! Te sacaré de aquí; de este antro que huele a flores artificiales y se respira la más abyecta infección que nos ahoga.

TERESA.-¡No sabes lo que te lo agradezco! Vivir contigo, siempre a tu lado, sería la mayor de las ilusiones. Verme libre y constantemente segura como un hombre como tú. Volver a ser la mujer honesta que siempre he anhelado ser con un trabajo digno. Es para mí y demás compañeras, algo tan difícil…

MATEO.-¡Te necesito como el aire! ¡Olvídate de las demás, Margaret!

(Baja la voz.)

TERESA.-¡No soy Margaret! El despreciable jefe me bautizó, con ese nombre, para que interpretarse el papel con el que me conociste. Me llamo Teresa.

MATEO.-¡Un nombre tan bello como tú!

TERESA.-¡Gracias, Mateo!

(Acciona.)

 ¡Chis! Habla bajo. El malvado dueño de mi cuerpo y alma podría oírnos. ¡Sería mi final!

(Baja la voz.)

MATEO.-¡Te defenderé, Teresa! ¡Volverás a ser tú!

TERESA.-¡Es tan fuerte y poderoso! Tengo con él una deuda tan grande… ¡Son tantos los intereses! No siendo nada, valgo tanto. ¡Me niego a ser una vil mercancía!

MATEO.-Yo pagaré todo y dejarás de ser su esclava.

TERESA.-¡No lo aceptará! Me dejará abandonada en el arroyo cuando mis años vayan destrozando mi piel.

MATEO.-¿Por qué te encuentras en esta situación? ¡Quiero saberlo!

TERESA.-Era una mujer normal y de aceptable familia. Terminé mis estudios; me licencié en Ciencias Económicas. El país estaba mal; los empleos eran cada vez más difíciles. Podrías elegir, durante un fin de semana, servir copas detrás de una barra o vegetar de hastío. ¡Decidí emigrar! Con mis conocimientos, soñaba abrirme camino. Se acercó a mí. Fingió ser elegante, casto, amante de su familia y propietario de una gran industria que decía dirigir. Me ofreció un importante puesto en aquella inexistente empresa y corrió con todos mis suntuosos gastos.

MATEO.-¡Qué desgraciado!

TERESA.-Cuando regresé, me encontré con un ostentoso apartamento. Tendría aquel brillante empleo, pero sus sentimientos… ¡Se había enamorado de mí! Se divorciaría de una desconocida esposa o sería su amante.

MATEO.-¡El muy cabrón…!

TERESA.-Me llenaba de amor hasta que se cansó de mí. ¡Cómo me trató! Vejaciones, agresiones, las más funestas humillaciones hasta tenerme horrorizada y sumisa para sus clientes. El terror se apoderó de mí. Era una muñeca derrotada. ¡Me había transformado en otro ser! ¡Ya no era yo! Mató mi esperanza de estar viva. ¿Para qué seguir y verme insignificante ante el espejo de una incesante prostitución donde hay que mostrar cara de placer y hacer esfuerzos para reprimir la del odio? Me había convertido en la más absurda de las angustias que nos oprimen. ¡Una mujer vestida lujosamente y que se desnuda a los hombres para ofrecerles su esqueleto. ¿Es esto sentirse viva?

MATEO.-¡Hablaré con él! ¡Regresarás al mundo libre conmigo!

TERESA.-¡No lo conoces bien! ¡No podrás con su terrible maldad!

MATEO.-¿Yo? Me hace frente y… ¡Soy capaz de matarlo!

(Muy preocupada.)

TERESA.-¡Qué suerte la mía! Maldita sea… Si lo matas, acabas en la cárcel. Y conseguir la libertad mientras tú eres ahora el prisionero…

MATEO.-¡No hará falta llegar a eso! El dinero, una vez más, abrirá todas las puertas.

TERESA.-Es que esto… Compréndelo, Mateo, me hace sentir…

MATEO.-¿Qué te sucede, Teresa?

TERESA.-¡Me veo convertida en un esclava en la que se lucha por su precio de verse libre! ¡Es repugnante!

MATEO. ¡Así es!

TERESA.-¡No!

MATEO.-Pero tú… ¡Alcanzarás la libertad para ti!

TERESA.-¡Te querré tanto! ¡Te estaré eternamente agradecido!

MATEO.-Al principio, pensé en denunciarlo. Que lo detuviese y quedaseis libres tú y tus compañeras, pero estos sitios… Tienen tantas influencias…

TERESA.-Las pobres… ¡Todas! Han seguido mis mismos pasos.

MATEO.-¡Existe un poder oculto en las cloacas de la sociedad! ¡Es muy difícil erradicarlo!

TERESA.-Haz lo que veas más sensato.

MATEO.-¡Confía en mí!

TERESA.-Eres lo único que tengo. ¡Qué desoladora es la fuerza del hombre que solo busca aniquilarnos!

MATEO.-Si supieses que también existen mujeres que actúan como invencibles rejas de estas oscuras celdas que no os dejan ver la luz.

TERESA.-¡No lo dudo!

(Queda pensativo. PAUSA.)

¿Qué planeas?

MATEO.-¡Grita! ¡Grita con fuerza por su nombre para que venga inmediatamente!

(Asustada.)

TERESA.-No me atrevo.

MATEO.-¡Decídete!

(Intentando superarse.)

TERESA.-¡¡Don Pedro!! ¡¡Don Pedro!!

MATEO.-Muy bien.

(Miran expectantes a la izquierda. PAUSA. Confusos.)

TERESA.-No viene.

MATEO.-No.

TERESA.-Oigo la fuerza de su silencio.

(Fingiendo y alzando la voz.)

MATEO.-¡¡Entrégate, Margaret!! ¡¡No me desprecies!!

(Por la izquierda entra PEDRO.)

PEDRO.-¿Qué le ocurre, don Mateo? ¿Algún problema?

MATEO.-He decido irme con Margaret. ¡Me casaré con ella!

(Preocupada.)

TERESA.-Ha sido idea de él, don Pedro.

PEDRO.-Siento decirle, mi buen cliente, que lo que busca es imposible. ¡La chica no saldrá de aquí!

MATEO.-¿Cuál es la causa para que usted lo impida?

PEDRO.-Usted sabe, don Mateo, que siempre me he caracterizado por ofrecerles las mejores mercancías a nuestros consumidores.

MATEO.-Es verdad. Nunca lo he puesto en duda.

PEDRO.-Estos exquisitos productos, como comprenderá don Mateo, no se encuentran fácilmente. A veces, tengo que dar la vuelta al mundo en su busca y su precio es tan elevado…

MATEO.-¡No hablo con usted sobre el valor de un ser humano porque es algo que no se compra ni se vende!

(Más animada.)

TERESA.-¡Así es, querido Mateo!

(Incomodado.)

PEDRO.-¿Qué se atreve a decir, Margaret? ¡No le he concedido la palabra!

(Humilde.)

TERESA.-Perdone, don Pedro.

MATEO.-¡Haga el favor de respetar a mi prometida o lo denuncio!

PEDRO.-No es para ponerse así, don Mateo. Las denuncias, y a veces para nada, generan tantas sorpresas. He invertido muchísimo dinero en ella, su cotización ha subido inmensamente por su extraordinaria calidad. Yo, en su caso, no insistiría. Para casarse, hay tantas mujeres libres y de sanas costumbres.

(Cohibida.)

TERESA.-Mateo… Me ofende.

MATEO.-¡¡Retire ahora mismo sus palabras!!

PEDRO.-Pero don Mateo… ¡No es para ponerse así! Alterarse por algo tan insignificante. Si yo deseo lo mejor para usted. ¡Ahora mismo voy a consultar la situación de Margaret. Un momento.

(Mutis por la izquierda. Voces bajas.)

TERESA.-Jugar con la libertad de esta manera…

MATEO.-Todo acabará bien, no te preocupes.

TERESA.-Me invade el miedo.

MATEO.-Tranquilízate. Estoy yo para defenderte.

TERESA.-Él es capaz de falsificar cantidades superiores a las que le debo. No te vas a arruinar por mí.

MATEO.-Nos falta muy poco para ver juntos la calle.

TERESA.-Eres tan bueno…

(Por la izquierda entra PEDRO. Voces normales.)

PEDRO.-No es por alarmarle, don Mateo, pero el precio de Margaret… ¡Es altísimo!

MATEO.-¿¿Cuánto??

(Irán alzando las voces.)

PEDRO.-¡¡Mil millones!!

MATEO.-¡¡Ya será menos!

(Asombrada.)

TERESA.-¡¡No sabía que una valiese tanto!!

PEDRO.-¡¡Me es imposible rebajar, don Mateo!

MATEO.-¡¡Hágalo ahora mismo!!

PEDRO.-Por ser para usted… ¡¡Cien millones!!

MATEO.-¡¡Rebaje!!

PEDRO.-¡¡Cincuenta mil!!

TERESA.-¡¡Tampoco soy un saldo!!

MATEO.-¡¡No juegue con la dignidad de las personas!!

PEDRO.-Pensándolo bien… Tengo a Margaret en tanta consideración… ¡¡No quiero deshacerme de ella!!

TERESA.-¡¡El muy…!! ¡¡Mateo…!! ¡¡Impídelo!!

MATEO.-¡¡Vámonos, Teresa!!

TERESA.-¡¡Siempre contigo!! ¡¡Eres mi luz que no se apaga!!

(La pareja se dispone a salir por delante de PEDRO. Saca una pistola y apunta a MATEO.)

PEDRO.-¡¡Don Mateo…!! ¡¡Conmigo no se juega!!

TERESA.-¡¡Socorro!! ¡¡Socorro!! ¡¡Socorro!!

MATEO.-¡¡Recapacite!!

PEDRO.-¡¡Es tarde!!

(Dispara. Por la izquierda entran rápidas MARINA y ESTHER. Cada una trae un palo muy fuerte. MATEO cae al suelo. Sin fuerzas.)

MATEO.-Usted…

(Se aproxima desolada a él.)

TERESA.-¡¡Mateo!

(Lleva las manos al pecho. MARINA y ESTHER, con las dos manos golpean airadas la cabeza de PEDRO que deja caer la pistola y se desploma muerto en el suelo.)

MARINA y ESTHER.-¡¡Tirano!!

MATEO.-No…

(Muere. Se inclina ante él y lo acaricia amorosamente.)

TERESA.-Su luz nunca alumbrará mis ojos.

MARINA.-Pobre Mateo.

ESTHER.-Su muerte no la compensan mil cadáveres de este ignominioso.

(Van hasta el cadáver de PEDRO y le escupen.)

TERESA, MARINA y ESTHER.-¡¡Repulsivo!!

(Decididas ante la izquierda.)

MARINA.-¡Huyamos inmediatamente de aquí!

(Quieren salir y no pueden. Baja la luz.)

ESTHER.-¡No hay libertad para nosotras!

(Coge la pistola y la pone en la sien.)

TERESA.-¡Antes que atormentada…! ¡¡No sé!!

(Se la coge.)

ESTHER.-¡A ver si yo…! ¡¡Tampoco!!

(Se la coge y examina.)

MARINA.-¡Déjamela! ¡No tiene municiones! ¡¡La última bala fue para Mateo!!

(La deja caer. Penumbra. Tocan las paredes con las manos.)

TERESA.-¡Seguimos aisladas del mundo!

MARINA.-¡No podemos hallar una salida!

ESTHER.-¡Somos las eternas humilladas!

(Van al centro del primer término. Al frente. Accionan, al mismo tiempo, con las manos.)

TERESA.-¡¡La desgracia…!!  ¡¡Nunca se encuentra en un cubilete de dados!!

MARINA.-¡¡Siempre!! ¡¡Siempre esta soledad que nos degrada!!

ESTHER.-¡¡Nuestra luz ha muerto!

(La escena se inunda de luz. A la izquierda y simulando dirigirse a hombres imaginarios.)

TERESA.-¡Pasad! ¡Pasad! ¡Estáis en vuestra casa!

MARINA.-¡Hola, apuesto caballero!

ESTHER.-¡Joven…! ¡Nos esperan horas de dicha!

(Lentamente cae el

TELÓN

La Coruña, 4 de mayo de 2.016

FINAL DE “LA SUERTE O DESGRACIA NO ES CARA O CRUZ”.

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