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  TRES HOMBRES LIMPIOS

de ANTONIA BUENO

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

TRES HOMBRES LIMPIOS

  de

Antonia Bueno

yo1252@yahoo.es

PERSONAJES

 

ENRIQUE (64 años)

EL QUIQUE (29 años)

SR. REINA (54 años)

 

 
ACCIÓN

 

Son las 12 de la noche del 31 de Diciembre del año 1999.

Don Enrique Criado Reina está a punto de cumplir 64 años y ser juzgado

por graves delitos.

Conecta su ordenador para escribir el prólogo de sus Memorias exculpatorias,

pero los ordenadores se bloquean por efecto del Y2K

y descubre horrorizado que ha perdido toda la memoria.

El ordenador está LIMPIO (vacío, inútil, muerto)

Enrique ahora no tiene nada.

Es un hombre sin MEMORIA.

Tantos meses reconstruyendo su biografía, limpiando su imagen...

Creando un simulacro de vida ética, humanizada, intachable.

Necesita recuperar su PERFIL PERSONAL.

Porque ahora no es más que un hombre plano, sin dimensión, un rostro en 2D...

Sólo un triunfador sin escrúpulos, condenado por la justicia.

 

ESPACIO ESCÉNICO

 

La acción se desarrolla en una habitación.

¿Es la casa de Enrique?

¿O es su mente?

¿O su alma?

 

El espacio por tanto, puede ser metafórico, sugerido.

¿Un espacio vacío, limpio... como a él le gustaría estar?

¿Una gran pantalla de ordenador donde van sucediéndose las imágenes?

¿Un enorme holograma?

¿Un simulacro?

 PRÓLOGO

  

     (Oscuridad. Rumor de un ordenador conectándose.)

 

VOZ DE HOMBRE- ¡Llegó la hora de tirar de la manta!... Sí, ese será un buen slogan. ¡Cojonudo!

  

     (Ruido de muchedumbre festiva. Suena el barullo previo a las 12 campanadas de Nochevieja, transmitidas desde la Puerta del Sol. Se oye una seductora voz femenina procedente de un aparato de televisión)

 

VOZ DE MUJER- ¡Feliz nuevo año y feliz nuevo siglo! ¡El futuro está a punto de comenzar! Para todos ustedes, que han decidido comenzarlo con nosotros, nuestra cadena ha preparado una programación excepcional.

 

VOZ DE HOMBRE- Ya sólo queda escribir el prólogo. Unas cuantas líneas contundentes...

 

VOZ DE MUJER- Espero que la emoción del Milenio no se les haya subido a la cabeza, y hayan tomado las debidas precauciones... Les hemos venido avisando cada día del fatídico Efecto 2000, que puede destruir su disco duro y borrar irremediablemente la memoria de su ordenador... (El tono informativo va transformándose en burlesco) Pero, en fin, ya sé como sois los hombres... Sobre todo tú, Enrique... Sí, te hablo a ti, Enrique Criado Reina... Sé que me estás oyendo, no te hagas el sueco. ¿Has tomado las medidas oportunas? ¿O has vuelto a...?

 

     (Mientras habla la locutora, el agradable ruido cotidiano del ordenador va embrollándose, hasta convertirse en un ruido infernal que se mezcla con la baraúnda del jolgorio festivo. Estruendo de explosión. La voz de la locutora se alza hiriente y majestuosa sobre la catástrofe)

 

VOZ DE MUJER- ¿Lo ves?... ¡Te lo advertí!...

 

     (Alguien apaga la televisión con furia. Silencio total. Se oye una blasfemia proferida con toda su alma por una voz masculina)

 

VOZ DE HOMBRE-  ¡Me cago en la madre que te parió!

 ESCENA I

 

ENRIQUE Y EL EFECTO 2000

1 campanada...

 

 

     (Suena una campanada. Se escuchan los primeros acordes del tema de los Beatles: “When I´m sixty four”. Va iluminándose el espacio, donde un hombre de unos 60 años zarandea un ordenador portátil. Enrique, tras descargar su ira con inútiles resultados, decide cambiar de táctica)

 

ENRIQUE-  Vamos, bonita, no me dejes así. ¿Qué te he hecho yo? ¿Acaso no te he tratado bien durante todos estos meses? Sabes que hemos sido inseparables... Solos tú y yo... Contemplándonos... acariciándonos... Venga, corazón, vida mía... No me dejes colgado... Sólo te tengo a ti... Tú conoces todos mis secretos... Mis verdades y mis mentiras... Me conoces más que nadie... y sabes escucharme... y comprenderme... (Furioso le atiza un puñetazo) ¡Hostias, no puedes hacerme esto! Claro... Estoy en tus manos... ¡Eres igual que todos! ¡Tú también me has vendido! ¡Zorra! (Pasea nervioso por la habitación, hablando consigo mismo) Tantos meses escribiendo mis Memorias... Dignificando mi imagen... (Desvalido) Ahora dirán lo que quieran de mí... Me condenarán, me repudiarán... Echarán sobre mí todas las culpas... Caerá sobre mí el peso de la ley... y me aplastará sin piedad... ¡Cuando había decidido tirar de la manta!... (Se detiene, confuso) ¿De la manta?... ¿De qué manta?... No sé ni lo que me digo. Estoy poniéndome nervioso. No es momento de perder la cabeza. (Recordando con desolación) ¡Queda menos de una semana para... el gran día! Sí, mi oportunidad de defenderme... (Aumenta su nerviosismo) ¿O no?... Creo que no es de defenderme, sino... ¡de condenarme!... ¡Una semana...! (Atemorizado) Tengo que hacer algo... inventar lo que sea... fingir... dilatar... ganarle el pulso al tiempo... (Confundido) Y ahora... ¿Qué hago? ¿Qué digo? ¿Quién soy realmente? ¿Cuál es mi perfil? ¿Dónde está mi pasado... mi pasado limpio?... Sólo recuerdo atrocidades, desatinos... Tiene que haber algo más... No puede ser todo tan sórdido... Quiero salir de esta pesadilla. (Zarandeando de nuevo al ordenador) ¡Necesito mi memoria! ¡Devuélveme la memoria perdida! ¡Dámela o te la arranco a hostias! Soy capaz de todo... ¡De todo, me oyes! (Clamando a los cielos) ¡Daría mi alma por recuperar mi memoria! ¡Mi memoria limpia! ¡Mis Memorias!...

 

     (Se va la música de “When I´m sixty four”. Enrique lloriquea hundido. Canta la Canción de "UN HOMBRE LIMPIO", con música de “Help”)

 

                        ¡Ay! No tengo memoria.

                        ¡Dios! ¿Dónde están mis Memorias?

                        ¡No! No puede haberme pasado... ¡A mí!

                       

Llevaba meses escribiendo sin parar

unas memorias exculpatorias para poder limpiar

todas las faltas que me quieren achacar

como chivo expiatorio del orden social.

 

                        No he sido más que un hombre utilizado

                        por las leyes inflexibles del mercado.

Todo lo tenía aquí grabado.

Lo perdí. Todo lo perdí.

 

                        Miro al pasado y sólo puedo recordar

                        una serie de atropellos a la honestidad.

                        Yo no pude ser tan malo, no puede ser verdad.

                        ¡En mis Memorias explicaba otra realidad! 

 

                        Sé que yo he dejado en la estacada

                        a mucha gente que llamaba camarada,

                        pero esa es la ley de la manada.

                        Un lobo soy como los demás.

 

                        Yo no fui siempre así, hubo un buen chaval

                        que se llamaba como yo y era un tipo legal.

                        ¿Qué es lo que sucedió? ¿Qué me pudo pasar

                        para llegar a cometer tanta atrocidad?

 

¡Ay! Si él estuviera aquí a mi lado,

                        limpiaríamos las huellas del pasado.

Yo sé que aquel joven era honrado.

                        Pero yo... yo soy... ¿Quién?

                        Soy ¿quién?

                        Soy ¿quién? ¡Ay!

 

ESCENA II

 

EL RETORNO DEL QUIQUE

2 campanadas

 

 

     (Suenan 2 campanadas. Se oyen unos acordes de guitarra eléctrica. Es el comienzo de la canción de Karina: "Buscando en el baúl de los recuerdos". Aparece el Quique, un joven de veintitantos años. Lleva el pelo de "melenudo", va vestido de "ye-ye": pantalones campana, camisa ceñida con cuello de grandes picos y zapatos de punta. Toca una guitarra que lleva colgada. Canta)

 

QUIQUE-       Buscando en el baúl de los recuerdos, uh, uh, uh,

                        cualquier tiempo pasado nos parece mejor.

                        Echar la vista atrás es bueno a veces...

 

     (Mirando desconcertado a su alrededor) ¿Qué hago yo aquí? (Encarándose enfadado a Enrique) ¿Quién es usted? (Confuso, toca unos nuevos acordes. Enrique se ríe complacido, mientras le observa. Quique deja de tocar enfadado. Entre dientes) Me ha secuestrado un viejo loco...

 

ENRIQUE- (Cogiéndole familiarmente del hombro) Pero chaval, ¿es que no me reconoces? (Con un guiño de complicidad) ¡Soy yo!...

 

QUIQUE - ¿Cómo?

 

ENRIQUE - Bueno... ¡Fui tú!

 

QUIQUE- ¿Está usted majara?... (Desesperado) ¡Cómo me ha traído este tío aquí! ¡Tengo que volver!

 

ENRIQUE- ¿Tú sabes dónde estás?

 

QUIQUE- (Ofendido) ¡Estaba en el concierto! ¿No sabe que era vital para mí?... Bueno, ¡qué va usted a saber!

 

ENRIQUE- (Adoptando un aire de resignación) En fin, me imaginaba que iba a ser difícil... Pero estoy preparado.  (Se pone a caminar despacio, mirando a su alrededor con embeleso. Su actitud es furtiva como si intentara esconderse) Atardece en la colonia de hotelitos, al otro lado de la línea del tranvía, frente a mi barrio de bloques de protección oficial... Huele a césped en estos jardines que yo nunca he pisado... más que con la imaginación. Tras las puertas barnizadas se esconden mujeres desnudas bajo sus batas de seda... Esperan mi asalto, retorciéndose de deseo, pidiéndome que me las tire... una tras otra... mientras gimen de placer...

 

QUIQUE -  ¿Cómo sabe usted eso...? Es sólo una fantasía secreta... Jamás he hablado a nadie...

 

ENRIQUE - Me las tiro encima de las mesas de caoba barnizadas...

 

QUIQUE- Encima de las mesas de caoba...

 

ENRIQUE- Envueltas en los cortinajes de terciopelo...

 

QUIQUE Y ENRIQUE- (Al unísono) Mientras sus codiciosos maridos se demoran en el consejo de administración...

 

QUIQUE- (Enardeciéndose con la evocación, continúa solo) Sus codiciosos y cornudos maridos, que no sirven ni para calentar sus propias camas.

 

EMRIQUE- Siempre pensando en el dinero...

 

QUIQUE- Siempre pensando en el negocio...

 

ENRIQUE- Siempre ausentes...

 

QUIQUE- ¡Pero yo voy a ser distinto!

 

ENRIQUE- Yo voy a cambiar todo eso...

 

QUIQUE Y ENRIQUE- (Al unísono) ¡Yo voy a ser un verdadero triunfador!.

 

QUIQUE- ¿Tú?...

 

ENRIQUE- Yo. Aquí me tienes. Tu fantasía hecha realidad.

 

QUIQUE- Pero...

 

ENRIQUE- Te he llamado. Te necesito.

 

QUIQUE- (Confundido aún, observando estupefacto al viejo Enrique) Pues... No sé... Aquí estoy.

 

ENRIQUE- (Emocionado) Hace... tanto tiempo... ¡Qué frágil es la memoria!

 

QUIQUE- (Aceptando la situación) En fin, por lo que veo, las cartas están echadas. Vamos, macho, déjate de sentimentalismos. Estamos en familia...

 

     (Se observan. El recelo de Quique se transforma en alegría. Se abrazan)

 

ENRIQUE- ¡Quique!... Estás igual.

 

QUIQUE- Pues tú no, macho. Tú has cambiado... ¡la hostia!. ¡Vaya, vaya! Déjame echarte un vistazo... (Observándole con detenimiento) Don Enrique...

 

ENRIQUE- (Molesto) ¿Qué pasa?... ¿No te gusto?

 

QUIQUE- No, no es eso... Es que me pareces... raro. Bueno... que no me identifico contigo. ¡Vaya, que no me veo!

 

ENRIQUE- Siempre fuiste un poco cegato. Acuérdate...

 

QUIQUE- (Cortándole) ¡Mira quién fue a hablar! ¡El abuelete cuatroojos!

 

ENRIQUE- ¡Más respeto, chaval! No te he traído hasta aquí para que me insultes.

 

QUIQUE- (Haciendo además de irse) Vale, vale. Pues me largo y santas pascuas.

 

ENRIQUE- (Con fingida aflicción) ¡Tú también, Quique!... ¡Bastantes vejaciones estoy sufriendo últimamente!

 

QUIQUE- (Se deja enternecer) Está bien. Me quedo. Si hay que echar una mano, aquí está el Quique. Ya sabes, ¡qué te voy a explicar!... ¡Total, ya, de perdidos al río!... Pero, con una condición.

 

ENRIQUE- ¿Cuánto quieres?... Ahora ando un poco justo... (Rebuscando en su bolsillo)

 

QUIQUE- ¡Me estás ofendiendo, macho! ¡Pues sí que hemos cambiado!... ¡Pero, un huevo!

 

ENRIQUE- Perdona, Quique...

 

QUIQUE- O sea, que... esto es lo que me espera...

 

ENRIQUE- Yo...

 

QUIQUE- Sabes lo que te digo, que estoy por tomarme un ácido y quedarme colgado por ahí para siempre.

 

ENRIQUE- ¡No, eso no! ¡Por Dios! Te queda mucha vida por delante.

 

QUIQUE- ¿Para qué?... Para aprender a ser un canalla. (Enrique baja la cabeza, humillado. Quique se da cuenta de que ha sido demasiado duro. Le coge del hombro con camaradería) Bueno, venga... Nos estamos pasando de rosca. No estamos aquí para discutir, ¿no?

 

ENRIQUE- Gracias, Quique. Sabía que podía confiar en ti.

 

QUIQUE- Pues yo en ti... no sé. Tendré que andarme con ojo, no sea que me la cueles en cualquier momento. ¡Pero, anímate hombre! ¿Sabes cual es la condición que te pido? (Enrique le da a entender que pida lo que quiera) Hazme un favor... ¡Borra de tu coco esa horterada musical que me has colocado! Sabes de sobra que nuestro sonido es otro.

¿Ya no recuerdas que vamos a revolucionar las cuarenta y cinco revoluciones?

 

ENRIQUE- (Asustado) ¿Revoluciones?...

 

QUIQUE- Progresiones armónicas insólitas, yuxtaposiciones bitonales, modulaciones cromáticas... (Quitándose la guitarra y ofreciéndosela a Enrique) ¿Quieres... probar?

 

ENRIQUE- (Cogiéndola con añoranza) ¿Puedo?

 

QUIQUE- ¡Claro, tío! Es tuya. Aunque, después de lo de hoy,  no sé por cuanto tiempo...

 

ENRIQUE- La Hoffner... de segunda mano... (Se coloca la guitarra y comienza reverencialmente a dar los acordes de "Day tripper". Su viejo cuerpo va irguiéndose y cobrando el ritmo sincopado de la música) Como la de...

 

QUIQUE- Sí, igualita a la de ellos... Me ha costado una pasta. Bueno, ya sabes...

 

ENRIQUE- (Acariciándola) Puro terciopelo...

 

QUIQUE- ¡Joder, macho! Podías haberte esperado hasta mañana. Esto no se hace... Un día como hoy...

 

ENRIQUE- ¿Qué día es hoy?

 

QUIQUE- ¡Que qué día es hoy! ¡El día clave! Pero... ¿Cómo puedes haberlo olvidado? Hemos pasado meses preparando este día.

 

ENRIQUE- Hace calor...

 

QUIQUE- Es dos de Julio. ¡Cómo no va a hacer calor en Madrid! Y más con toda esta gente abarrotando la plaza... y sobre todo, los alrededores. ¡Pero nosotros estamos dentro!... Bueno, estábamos... hasta hace sólo unos instantes. Preparándonos para el momento de gloria.

 

ENRIQUE- ¡Quique y los Limpios!

 

QUIQUE- Con el trabajo que me ha costado liar a los Pekenikes... para que consiguiesen enchufarnos como teloneros. ¿Lo entiendes?... ¿Vas recordando?

 

ENRIQUE- Las Ventas... Las ocho y media de la tarde...

 

QUIQUE- Para que liasen a los de Fonogram y a los de Zafiro...

 

ENRIQUE- Y a los de Movieplay... Y a los de Discophon...

 

QUIQUE- Incluso a los de Hispavox... Sí, macho... Allí acabo de dejarlos a todos, por tu culpa, sentados en la pista, rodeados de enjambres de fans, dispuestos a escuchar el concierto... Dispuestos a escucharnos ¡a nosotros!... Seguro que les molábamos, que nos grababan un single... ¿Entiendes?... ¡La fama! ¡El éxito!

 

ENRIQUE- ¡Qué iluso!... Y todo eso sólo con la música...

 

QUIQUE- ¿Qué quieres decir?

 

ENRIQUE- Nada... Ya lo irás aprendiendo. (Escuchando aplausos) Torrebruno ha terminado la presentación...

 

QUIQUE- Yo salgo del camerino y camino por el pasillo...

 

ENRIQUE- (Abrazando la guitarra) Está tan excitada que parece que van a estallarle todas las cuerdas...

 

QUIQUE- Ya puedo ver el ruedo de Las Ventas hirviendo de gritos...

 

ENRIQUE- Hay una puerta cerrada a mi izquierda...

 

QUIQUE- Detrás está él...

 

ENRIQUE- Lennon... Ensayando “Love me do”...

 

QUIQUE- Básicamente una armónica y palabras de una sílaba... O eso sería si la cantásemos tú o yo... (Tararea el inicio del tema  “Love me do”)

                   Love, love me do.

                   You say I love you.

       I knoooooow:

 

ENRIQUE- (Se añade a Quique cantando)      

        ¡Yes, I love you!... Ellos la han colocado entre las veinte primeras.

 

QUIQUE- Los Beatles... Los dioses... ¡Ahh!... ¡Mira que llamarles escarabajos!... Están tan cerca que puedo olerlos... ¡Esto es como un sueño! Me acerco al portón... Todo huele a triunfo...

 

ENRIQUE- A rugidos...

 

QUIQUE- Tan sólo unos pasos a la gloria... Y, de repente, ahí estás tú... Llamándome...

 

ENRIQUE- Te necesitaba, Quique...

 

QUIQUE- Tu figura llorosa interponiéndose en el marco del portón lleno de atardecer... de aullidos... Tu vieja figura tapando para siempre la salida de esa puerta que me conduciría a la gloria...

 

ENRIQUE- ¿Tan viejo parezco...?

 

QUIQUE- Sabes, macho que nosotros no estamos contra los viejos... sino contra todo lo que les hace envejecer

 

ENRIQUE- Gracias, Quique...

 

QUIQUE- ¿Quién sabe si no era mi destino?

 

ENRIQUE- (Sorprendido) ¡Eso podría haber cambiado el rumbo de mi vida!...

 

QUIQUE- Sí, pero has tenido que joderla, tío... La culpa es tuya.

 

ENRIQUE- ¡Culpa! No me hables de culpas tú también.

 

QUIQUE- Vale. Me llamaste... la jodiste... ¡Pues, aquí estoy! Pero a mí no me vengas ahora con reclamaciones. A lo hecho... pecho. (Silencio. Mira a su alrededor con curiosidad) ¡Así que éste es el futuro!... Vaya, vaya... Creo que va a ser divertido. En principio huele igual. Veo que seguís vivitos y coleando... que no habéis tirado ninguna de esas bombas... (Observando a Enrique) Y que me queda cuerda para rato. (Da un rasgueo en la guitarra que aun lleva colgada Enrique)

 

ENRIQUE- Quique, estoy muy preocupado. No es cosa de broma... ¡La que se nos va a caer encima!...

 

QUIQUE- (Dejando de tocar) ¡Eh! ¡Alto ahí! Se nos va, no. ¡Se te va! A mí no me líes en tus cosas.

 

ENRIQUE- (Para sí) Ya te liarás tú solo, no te preocupes.

 

QUIQUE- (Intenta romper el hielo. Se acerca al ordenador portátil y lo contempla con extrañeza) ¿Qué es este trasto, macho? ¡Vaya maletín de lujo!...

 

ENRIQUE- Es... (Desolado) Era mi portátil.

 

QUIQUE- ¿Tu qué...?

 

ENRIQUE- Mi ordenador...

 

QUIQUE- ¿Cómo? No capisco.

 

ENRIQUE- Mi herramienta... ¡Era lo mejor del mercado!... Me costó más de medio kilo. (Acariciándolo con nostalgia)

 

QUIQUE- ¿Eh?...

 

ENRIQUE- (Traduciéndole a terminología de los sesenta) Medio millón de rupias.

 

QUIQUE- ¡Quinientas mil castañas!... (Atónito) ¡Vaya! Conseguiste tirar a la basura la llave inglesa. Pasaron a la historia las tuberías y las llaves de paso...

 

ENRIQUE- (Evocando vagamente) Los codos...

 

QUIQUE- Los grifos... los sifones...

 

ENRIQUE- Los atascos...

 

QUIQUE- Bueno, no nos faltan chapuzas. (Sorprendido) ¿No me digas que...? ¡Lo conseguiste! ¡Lo sabía, lo sabía! Choca esos cinco. (Reconviniéndole) Espero que haya sido con la música.

 

     (Se estrechan la mano efusivamente. Cantan la Canción "DOS HOMBRES LIMPIOS" con la música de "Get back")

 

ENRIQUE-     Soy un desahuciado,

                        soy un condenado,                                                          

                         mis Memorias olvidé.

 

QUIQUE-       Yo soy un moderno.

                        Yo soy fontanero.

                        De los sesenta llegué.

                       

ENRIQUE-     Quizás. Quizás.

                        tú puedas ayudarme Quique.

                        Quizás. Quizás

                        me ofrezcas una solución.

 

QUIQUE-       Quizás. Quizás.

                        Quizás pueda ayudarte Enrique.

                        Quizás. Quizás.

                        Hallemos una solución.

 

ENRIQUE-     ¡Por favor!

No sé quien he sido,

                        Qué me ha sucedido.

Si fui bueno o fui un cabrón

 

QUIQUE-       Si eso está en mi mano,

no sufras, hermano.

Tu problema se acabó.

 

ENRIQUE-     Jamás, jamás

                        Podré olvidar tu gesto, Quique.

Será genial

Tener tu colaboración.

 

QUIQUE-       ¿Qué más? ¿Que más

haré para ayudarte, Enrique.

                        ¿Qué más? ¿Que más

                        podríamos hacer los dos.                    

                       

ENRIQUE-     Limpiar, limpiar

Mis memorias corruptas.

Limpiar, limpiar

Que no quede ni un lamparón.

           

LOS DOS-      Somos dos hombres limpios,

                         we are two clean men.

                        Un historial sin mancha,

Pero yo soy... ¿Quién?

 

     (Dejan de cantar.)

 

ENRIQUE- (Preocupado) ¡Un historial sin mancha...! ¡Tenemos que actuar rápidamente! Creo que aún podremos llegar a tiempo. (Con una mezcla de decisión y súplica) Lo siento, Quique, pero también vamos a necesitarle... a él.

 

QUIQUE- ¿A él?... ¿Quién es él?

 

ENRIQUE- (Aparentando confusión) No sé...

 

QUIQUE- ¿No te acuerdas de nada... o no quieres acordarte... de algunas cosas? Bueno, parece que mi misión va a ser refrescártelas.

 

ENRIQUE- Tenemos que verle, Quique. Fue con él con quien empezó todo.

 

QUIQUE- ¿Todo... qué? ¿Qué empezó? ¿La pérdida de tu memoria?

 

ENRIQUE- No... La pérdida de mi verguenza.

 

QUIQUE- Pues ahí ya no puedo ayudarte... Yo tengo mis límites. Mi frontera son los sesenta.

 

ENRIQUE- Tiene que ser... Reina. (Vagamente) El señor Reina...

 

QUIQUE- ¿Quién?...

 

ENRIQUE- (Simulando recordar de repente) Don Enrique Criado Reina... el ejecutivo agresivo.

 

QUIQUE- (Sorprendido) ¿Nosotros... un ejecutivo?

 

ENRIQUE- Un puño... Y una rosa.

 

QUIQUE- (Irónico) ¡Qué bonito!... ¡Y qué cursi! (Apenado) Yo ya no estaré... (Recobrándose) Prefiero mi década prodigiosa. Prefiero la esperanza a la decepción.

 

ENRIQUE- La esperanza... (Con una ráfaga de lucidez) "El Contes”

 

QUIQUE- ¿Quién?

 

ENRIQUE- El Enrique rebelde... El contestatario, como decíamos... Ese vendrá cuando tú te vayas.

 

QUIQUE- ¿No podré llegar a conocerle?

 

ENRIQUE- Ya sabes... Son las leyes del tiempo.

 

QUIQUE- (Esperanzado) ¡Estoy preparándole el camino con mi revolución musical! (Con pena) ¿Y "El Contes”... se marchará cuando llegue Reina?... Una lástima. Me habría gustado conocerle. Creo que será un buen tipo.

 

ENRIQUE- Sí... Creo que lo fue.

 

QUIQUE- Van a tocarle los tiempos de la muerte del abuelo... Porque ese, ¡seguro que se muere de viejo!

 

ENRIQUE- ¿Del abuelo? ¿De qué abuelo? ¿Del mío? ¿Del nuestro?

 

QUIQUE- Bueno... De todos los españoles. Ahora es padre de familia y pesca salmones y perdices en el Nodo.

 

ENRIQUE- ¡Ah, ese!... Estoy hecho un lío... Reina nos ayudará a colocar las piezas que faltan en el rompecabezas... (Sobresaltado) ¡Reina!... ¡Tenemos que darnos prisa o todo se echará a rodar!

 

QUIQUE-  Bueno, pues llámale, igual que hiciste conmigo. (Burlón) Me encantará conocer a ese menda.

 

ENRIQUE- (Desolado) Es un tipo tan ocupado, que no sale de su despacho.

 

QUIQUE- (Con decisión) Pues, ¡qué remedio! Tendremos que ir a buscarle.

 

ENRIQUE- ¿Buscarle?... ¿Adónde?

 

QUIQUE- ¿Adónde va a ser?... ¡A su tiempo!

 

ENRIQUE- Pero... ¿cómo?

 

QUIQUE- Con un billete como el mío. Sin ideas preconcebidas. El universo es la chistera de un mago... Va a ser divertido... Déjate fluir... Let´s go...

 


 

ESCENA III

 

EL SEÑOR REINA Y EL CAMBIO

3 campanadas...

 

    

     (Suenan 3 campanadas. Un teléfono móvil aúlla con la sintonía del comienzo de "She loves you". Cesa la música. La voz de un hombre contesta con autoridad, hablando con otra persona, supuestamente su secretaria)

 

VOZ DE HOMBRE- ¡María Pilar! ¡No estoy para nadie!... (Enfadado) ¿Cómo se te ocurre decirle a dos desconocidos que les concederé una entrevista?. ¡No sé quién diablos son! ¡Diles que vengan en otro momento... Que llamen antes... Y, luego, como siempre, te los quitas de encima... ¡Sabes que tengo la agenda a tope!... ¡No tengo tiempo para nadie!... (Escuchando a su secretaria, totalmente enfurecido) ¡Cómo!... ¿Que ya están aquí?... ¡Que me esperan en mi despacho!... (Amenazador) Después hablaremos tú y yo...

 

     (Aparece en escena un alto ejecutivo de unos 50 años. Va impecablemente vestido, el pelo engominado, un traje de calidad, lleva una carpeta con papeles en la mano, además del móvil, que vuelve a berrear de nuevo)

 

REINA- (Con cordialidad fingida) Disculpen. (Contesta al móvil. Cesa de nuevo la música) ¿Sí?  (La cara del ejecutivo se demuda. Retirándose discretamente a un rincón, habla con alguien que le transmite una noticia inesperada y demoledora) ¡No!... ¡No es posible!...¿Una investigación?.... Pero, ¡a quién coño se le ha ocurrido!... ¡Ah! Claro, ha sido el cabrón del juez ese... Pero... ¿Cómo se ha enterado? Estaba todo bajo control... Hasta ahora han estado tragando sin problema... (Mirando los documentos que trae en su mano) Hay que deshacerse inmediatamente de estos papeles... Habíamos quedado en que me mandabas los... otros... (En un susurro desesperado) los falsos... Tenemos que buscar una solución. Inventa algo... Lo que sea... ¡Y rápido! ¿Sabes que nos jugamos el tipo?... ¡Coño! (Dándose cuenta de que los dos extraños le observan, corta con su interlocutor telefónico) Llámame en cinco minutos. Ahora no puedo hablar. (Desconecta el móvil y se dirige, intentando disimular su desazón, a los dos visitantes, aunque su atención está prácticamente centrada en los documentos, que parecen quemar su mano) Buenos días. ¿Con quién tengo el gusto? (Enrique y Quique le miran estupefactos. El intruso no parece asombrarse de nada, tan absorto como está en su recién descubierta tragedia) Perdonen, pero no voy a poder atenderles... Un imprevisto... (Descubre el ordenador portátil en manos de Quique  y se dirige a él aliviado, ignorando al viejo Enrique con su guitarra psicodélica) Ah, disculpen. Son ustedes los que me traen los documentos que estaba esperando. (Intentando hacerse con el maletín del ordenador) ¿Me permiten?

 

ENRIQUE- (Interponiéndose en su camino) ¡Alto ahí! Este ordenador es mío. (Protegiéndolo con fervor)

 

REINA- ¿Ordenador?... (Señalando confuso el maletín) ¿Aquí?

 

QUIQUE- Yo tampoco lo entiendo, no te preocupes. Es cuestión de... tiempo.

 

REINA- (Perplejo) ¿Cómo?...

 

ENRIQUE- (Nervioso) No hemos venido a hablar de ordenadores. ¡Bastantes problemas acaban de darme! (Encarándose al ejecutivo) Hemos venido a hablar de que usted... de que tú...

 

QUIQUE- ¡Vamos, macho! Vas bien, ánimo.

 

REINA- Bueno, miren, ustedes me disculparán... Pero, si no son los que vienen a traerme... (Con complicidad, señalando el maletín del ordenador y los papeles que lleva en su carpeta) En fin, ya me entienden...

 

ENRIQUE- Te entendemos demasiado bien, compañero.

 

QUIQUE- (Mordaz) Aunque no somos tus... secretarios, conocemos tus secretos. (Señalando a Enrique) Al menos, éste. Yo sólo soy su... aprendiz. El maestro es él.

 

REINA- (Estupefacto) No comprendo... No puedo...

 

ENRIQUE- (Verbalizando el pensamiento de Reina)  No puedo perder el tiempo con este par de pringaos. Y más en estos momentos... A ver como me los quito de encima. ¡Y ese incompetente del Gordo...! ¡El embolao en que me ha metido! Me va a oír. En cuanto despache a éstos...

 

QUIQUE- (Aplaudiendo a Enrique) ¡Cojonudo, macho! ¡Lo tuyo es cojonudo! ¡Mola de alucine!... Eso es lo que te salva.

 

REINA- (Cortante) ¡Ya se están ustedes largando! (Vuelve a coger el móvil y hace una llamada) María Pilar, haz el favor de hacer pasar a la siguiente visita. Estos señores ya se van.

 

ENRIQUE- (Ofendido) ¡Eso es lo que tú te crees!

 

QUIQUE- (Revolviéndole al atónito Reina el pelo engominado) ¡Vamos, macho, espabila!... ¡Que no te enteras, Contreras!

 

REINA- (A Quique) ¿Y usted quién es? ¿Vienen juntos?... (A Enrique) ¿Y esa... guitarra?

 

ENRIQUE- Yo soy... tú.

 

QUIQUE- Somos tú.

 

ENRIQUE- (Ofreciéndole la guitarra que lleva colgada) Es tuya

 

REINA- (Desconcertado) No, no es posible. Anoche me pasé con la coca. (Pasea nervioso) Tengo que controlarme... Control, control, control. (Confuso) Pero, no, no ha podido ser la cocaína... Cuatro o cinco rayitas de nada... ¿Habrá sido la nicotina? Estoy fumando demasiado últimamente... Bueno, no llego a las tres cajetillas... (Dubitativo) O tal vez la codeína... ¡Esta cabeza!... (Con nerviosismo creciente) O la morfina... o la cafeína... o las anfetaminas...  (Descubriendo la posible causa. Se toca con ansiedad el corazón) No... ¡Ha sido la digitalina! Este corazón me va a matar... Tengo que tomarme las cosas con más calma... aprender a relajarme... (Intenta hacer unas respiraciones profundas, que no consiguen ningún resultado. Ellos continúan allí.) ¡El peyote! ¡Eso es! Este último viaje a Méjico me timaron... ¡Peyote de efecto retardado!... ¡Con la pasta que me costó! ¡Eso me pasa por tratar con mindundis, con aborígenes! (A los otros dos, intentando reírse de la situación) Nada. No pasa nada. Vosotros no sois nadie... Así que ya os estáis largando. (Intenta buscar en sus bolsillos) ¿Dónde coño habré puesto el Rohypnol... y el Seconal...y el Amital... y el Nembutal...? (Para sí, cerrando los ojos) ¡Será posible! Bastantes problemas tengo en este momento, como para pensar en chorradas...

 

      (Quique coge la guitarra y toca los acordes de una canción de los Beatles. Reina escucha estupefacto. Sin abrir los ojos, se tapa los oídos)

 

ENRIQUE- (Acercándose a Reina) Compañero...

 

QUIQUE- (A Enrique) Es inútil. Creo que es un caso perdido.

 

ENRIQUE- (Al oído de Reina) Son bonitos tus sueños, ¿no? (Enérgico) ¡Pues, despierta, coño! ¡Que nos jugamos el pellejo! (Reina abre los ojos sobresaltado)

 

QUIQUE- Siempre fuiste un dormilón. (Burlón, a su oído) Y un cagueta...

 

     (Suena de nuevo el teléfono móvil con la sintonía de "She loves you". Reina lo apaga automáticamente)

 

REINA- Yo no he sido...

 

ENRIQUE- ¡Claro! ¡Ha sido el gato!

 

QUIQUE- Él se ha meado en la cama...

 

ENRIQUE- (Burlón) Péguele a él, señor juez... A mí no.

 

REINA- (Atribulado) ¡Yo no he sido el culpable!... Se trata de una confusión... Yo soy un hombre honrado... Yo soy un hombre limpio... 

 

ENRIQUE Y QUIQUE- ¡Yo soy un niño bueno!

 

     (Reina mira con estupor a los dos hombres, que le contemplan con una mezcla de afecto y complicidad. Coge la guitarra que lleva colgada Quique, la acaricia con nostalgia y colgándosela, comienza a dar los primeros acordes. Cantan con la música de "Girl")

 

REINA-         Sé que no siempre fui rico ni valiente,

                       que subí pisando a muchos sin piedad.

                       Mi pasado lo anulé completamente.

                       Construí esta nueva personalidad.

 

QUIQUE Y ENRIQUE- ¡Oh, Reina!... Reina...

 

REINA-          Ahora soy un fontanero diferente.

                        Arrojé la llave inglesa en un rincón.

                        Ya no arreglo las chapuzas de la gente,

                        ahora ya sólo trabajo a comisión.

 

QUIQUE Y ENRIQUE- ¡Oh, Reina!... Reina...

 

REINA-          Me hice un traje de diseño,

hice un pacto con la prisa.

 

QUIQUE Y ENRIQUE- Uh, uh.

 

REINA-          Me deshice de mis sueños

                        y cambié hasta de camisa.

.

QUIQUE Y ENRIQUE- Uh, uh, uh, uh.

 

QUIQUE Y ENRIQUE- ¡Oh, Reina!... Reina...

 

QUIQUE-       Si la música era el norte de tu vida,

                        la razón de tu diario subsistir.

                        ¿Cómo diablos has podido abandonarla?

                        Tú ya... no, no te pareces nada a mí.

 

QUIQUE Y ENRIQUE- ¡Oh, Reina!... Reina...

 

     (Reina rompe la canción y se atreve a mirarles a los ojos por vez primera)

 

REINA- Yo os he visto antes.

 

QUIQUE- En tu recuerdo complaciente.

 

ENRIQUE- En tu terror inconfesable.

 

QUIQUE- Soy tu juventud. (Burlón) Colorista y cateta... Acabo de licenciarme.

 

REINA- (A Quique) Creo que... te licenciaste hace mucho tiempo...

 

ENRIQUE- (Asintiendo) Demasiado. (A Reina) Casi un lustro ¿No?

 

QUIQUE- (Desconcertado) ¿Sí? (Coge de nuevo la guitarra que lleva colgada el ejecutivo y le pasa el ordenador) Cuando los muertos jóvenes, los muertos coloristas y horteras despertamos, creemos que de nuevo llegó la primavera... que aún queda mucho para el próximo invierno. (Da unos acordes, luego para confuso)

 

ENRIQUE- (Coge su ordenador de las manos de Reina, cambiándoselo por la carpeta de los papeles comprometedores. Lo acaricia) Cuando los muertos viejos, los muertos grises y desmemoriados despertamos, creemos en la pesadilla de la muerte.

 

REINA- (Turbado. Contemplando de nuevo los documentos que parecen quemarle en su mano) Cuando me despierto, creo que sigo soñando. Luego me tomo un café cargado e intento sonreír. (Mirándoles y reconociéndoles) Lleváis razón... Somos un Enrique troceado, hecho pedazos... por culpa del tiempo...

 

ENRIQUE- ¿Por culpa... del tiempo?... (Coreado por los otros dos, canta la canción "TRES HOMBRES LIMPIOS" con la música de "Michele")

 

Quique... vivió

                        unos años llenos de color

e ilusión.

Reina... cumplió

otra etapa llena de tesón

y de ambición.

Enrique, Enrique, Enrique.

¿Quién demonios soy yo?

 

ENQUIQUE-       Has sido un idealista,

un cantante pop, un gran bajista,

y un soñador.

 

ENRIQUE-     Eso pasó

                        hace tanto que no sé si aquel

                        pude ser yo.

Enrique, Enrique, Enrique.

¿Quién demonios soy yo?

 

REINA-          Has sido un líder nato,

astuto en tratos, trepa innato

y un tiburón.

 

ENRIQUE-     Vosotros...

                        Vosotros, tan sólo vosotros

seréis mi solución.

                        Porque tenéis la llave

                        de las Memorias sin las cuales

                        no habrá perdón.

 

QUIQUE -      Te enseñaré

                        mil maneras nuevas de crear.

                       

REINA-          ...Y falsificar.

                       

ENRIQUE-     ¡Quiero ser un hombre limpio!

 

QUIQUE Y REINA- ¡Somos tres!

 

LOS TRES-      We are three... three clean men.

 

     (Los tres hombres dejan de cantar y se funden en un abrazo)

 

QUIQUE- Bueno, ¿Y ahora, qué?

 

ENRIQUE- Creo recordar que... encontrábamos alguna solución.

 

REINA- (Esperanzado. Aferrándose a sus documentos) ¿En serio? ¿Voy a poder librarme de este embrollo?

 

QUIQUE- Bueno, para eso estamos aquí... ¿No?

 

REINA- (Burlón) Pues, ya que eres el listo del trío, tú nos dirás, chaval...

 

QUIQUE- ¡Vale, vale! Tranqui...

 

ENRIQUE- Tenemos que hacer desaparecer estos documentos comprometedores... Porque son la base de toda la acusación. La prueba fundamental que no ha parado de buscar el juez instructor.

 

REINA- ¡Lo sabía! ¡Se me ha caído encima el sombrajo!

 

QUIQUE- Bueno... Tal vez todavía estemos a tiempo.

 

REINA- Sí,  pero ¿cómo?...

 

QUIQUE- Muy sencillo... ¡Vamos a quemar esos papeles!

 

REINA- Es una idea...

 

QUIQUE- Venga, pues que alguien traiga un mechero o cerillas. (Rebusca en sus bolsillos. Saca una caja. Triunfal) ¡Aquí están! (Enciende una y le quita a Reina los documentos, dispuesto a quemarlos)

 

ENRIQUE- (Impidiéndoselo, vuelve a recuperar los documentos) ¡Alto ahí!

 

QUIQUE- ¿Qué pasa?...

 

ENRIQUE- No nos conviene.

 

QUIQUE- ¿Por qué no?

 

ENRIQUE- Quizás los necesitemos... ¡Sí! Utilizados de... otra forma... pueden serme muy útiles en el futuro. (Le sopla la cerilla)

 

QUIQUE- Pero, bueno. ¿De qué van esos papeles? Vosotros lo sabéis, pero yo estoy in albis. Si me lo contáis, tal vez pueda ayudaros.

 

REINA- (Dubitativo) Son... papeles financieros.

 

ENRIQUE- Quique, son documentos complejos...

 

REINA- El partido es una máquina devoradora de dinero...

 

ENRIQUE- Algo había que hacer.

 

QUIQUE- (Gritando indignado) ¡No me jodáis! ¡Habéis hecho un desfalco!

 

REINA- (Mandándole callar) Shhhhhh.... No hace falta irlo pregonando por ahí.

 

ENRIQUE- Bueno... en realidad no ha sido un robo.

 

QUIQUE- ¡Ya!... Una pequeña comisión... irregular.

 

REINA- ¿Lo ves? Sabía que no lo entenderías.

 

ENRIQUE- (Ladino) Quique, yo te lo explicaré... Se trata sólo de un... desvío monetario. Es como el desvío de agua en una cañería. Si la cañería principal necesita limpiarse, hay que hacer un puente... pasar agua de la cañería principal a otras... auxiliares...  Seguro que lo entiendes.

 

QUIQUE- ¿Entender qué?... ¿Qué te patinan las neuronas, Henry?... ¿O que eres un cabrón?

 

ENRIQUE- (Asustado) Henry... ese nombre me resulta familiar... (Con horror) Así me llamaban los compañeros del chabolo...

 

REINA- (Lloriqueando) ¡Lo sabía, lo sabía!... Me espera el trullo...

 

QUIQUE- Te lo habrás buscado tú, macho. (Reina le mira furibundo) Y no me mires así. Yo no tengo la culpa. Yo soy un buen chico... (Ufano) Aún no me he convertido en ti.

 

REINA- ¡El talego, no! ¡Por Dios!... ¡Hay que hacer algo!... ¡El talego no!

 

ENRIQUE- (Tomando las riendas) No discutáis y vamos a organizar un plan... Los tres juntos podemos dar con la solución que haga cambiar el rumbo de los acontecimientos.

 

QUIQUE- ¡Hostia, macho! ¡Ya lo tengo! (Irónico) Aunque no sé si os lo merecéis.

 

ENRIQUE- Suéltalo, Quique. (Congraciándose con él) Tú siempre fuiste un tipo imaginativo.

 

QUIQUE- ¡Está cantao!: Yo cojo estos papeles... me vuelvo por donde he venido... y aquí paz y después gloria.

 

REINA- (Esperanzado)¡Claro, así esos papeles... no existirán! ¡No habrán existido nunca! (A Enrique) ¿Qué te parece?

 

ENRIQUE- ¡Que estáis sordos o gilipollas los dos! ¿No os acabo de decir que puedo utilizarlos a mi favor?... Veo que no puedo hacer carrera con vosotros.

 

REINA- (Ofendido) Pues, usted nos dirá, don Enrique. El tiempo apremia.

 

ENRIQUE- ¡Necesitamos ir a un Banco de Memoria!

 

QUIQUE- ¿Qué?...

 

ENRIQUE- Sí, hombre, una especie de... archivo electrónico del pasado que hemos inventado en el futuro. Allí hay un montón de expedientes con datos de personas de todos los pelajes...

 

QUIQUE- ¡Ah!... Buscamos un primo que esté limpio, le endosamos nuestra... ¡vuestra basura!... Cogemos sus méritos y salimos pitando. ¡Muy ingenioso!

 

REINA- (Preocupado) Pero, estamos a finales de los ochenta... ¿Existen ya los Bancos de Memoria?

 

ENRIQUE- No, claro... Eso debe estar aún en pañales. Pues, no sé...

 

QUIQUE- ¡Cómo han cambiado las cosas en poco más de... veinte años!

 

REINA- (Cariñoso, cogiéndole del hombro y removiéndole la melena) ¡Ay, Quique, Quique! .Ni te lo imaginas. Estamos en plena era del Cambio... Ya te irás dando cuenta... (Con complicidad a Enrique) Atruena la razón en marcha...

 

ENRIQUE- (Burlón) ¿Es el fin de la opresión?

 

QUIQUE- ¿Queréis contarme de qué narices estáis hablando?

 

ENRIQUE- (Resolutivo) ¡En fin! Creo que puede ser la solución. (Con determinación) ¡Vamos! ¡Os invito a visitar el nuevo siglo! (Comienza a crecer la música del tema "Day tripper", mientras se hace el oscuro)

 

 


 

ESCENA IV

 

EL TUNEL DE GUSANO

4 campanadas...

 

 

     (Suenan 4 campanadas. Todo permanece oscuro. Sobre la música suena un golpe)

 

QUIQUE- ¡Maldita sea! ¡Cómo se me haya roto la guitarra!...

 

REINA- ¿Qué ha pasado?

 

QUIQUE- Nada... Que estamos otra vez de viaje.

 

REINA- ¿De viaje?... ¿Adónde?

 

QUIQUE- Pues, al futuro. ¿Adónde va a ser? ¡Ya te lo ha dicho el viejo!

 

REINA- ¿¿Qué??

 

QUIQUE- Lo que te digo... ¡Un cagueta!

 

REINA- ¡Tú y yo vamos a tener más que palabras!...¡Mocoso!

 

QUIQUE- Habráse visto una reinona igual...

 

REINA- ¡Cállate, hortera! ¡O te arranco esas greñas mugrientas!

 

QUIQUE- ¡Ay, qué risa, tía Felisa!

 

ENRIQUE- Está visto que no podéis estar juntos. Os lleváis como el perro y el gato.

 

QUIQUE- (Burlón) Miauuu...

 

REINA- (Irritado) ¿Dónde estás, cabrón?... ¡Como te pille!...

 

ENRIQUE- (Mandándoles callar) ¡Shhh! ¿Queréis callaros de una puñetera vez?...

 

     (Suenan unos rasgueos a la guitarra, similares a los de Jimmie Hendrix)

 

QUIQUE- (Entusiasmado) ¡Vaya!... ¡Esta sí que es buena! ¡Es justo el sonido que estaba buscando!

 

REINA- (Continuando con su preocupación) ¿Pero, qué es esto? ¿Dónde coño estamos?

 

ENRIQUE- No seas impaciente... Creo que... estamos en un agujero negro.

 

REINA- ¡¡ Un qué!!...

 

QUIQUE- (Consigue  un nuevo rasgueo chirriante con aires psicodélicos) ¡Total!

 

ENRIQUE- Quique, eso es bueno... Consérvalo.

 

QUIQUE- ¡Sí, es bueno, muy bueno! ¡¡Guau!!

 

     (Se oye un extraño sonido, como un gran viento cargado de electricidad)

 

REINA- Lo que yo decía, el peyote... ha sido el maldito peyote.

 

ENRIQUE- Estamos atravesando... un túnel de gusano.

 

REINA- (Horrorizado) ¿¿Un túnel del tiempo??

 

QUIQUE- No te preocupes... Yo he recorrido otro aún más largo. Y además... solito. Es cuestión de acostumbrarse.

 

REINA- Yo no quiero acostumbrarme. Yo lo único que quiero es volver a mi despacho... ¡Y deshacer este entuerto!

 

ENRIQUE- Es imposible.

 

REINA- ¡Es vital!

 

     (El sonido arrecia y los hombres precisan gritar cada vez más fuerte)

 

QUIQUE- (Continúa tocando novedosas estridencias) ¡Esto es igual que mis pesadillas de niño...!

 

REINA- (Evocando asustado) ...¡Aquella horribles pesadillas en que llamaba a mamá...!

 

QUIQUE- (Gritando) ¿Tú también la llamabas?

 

ENRIQUE- (Gritando por encima) ¡La llamábamos los tres!..

 

REINA- (Gritando aún más) ¡Pero no nos oía!

 

LOS TRES- (Con un aullido desvalido) ¡¡¡Mamáááá!!

 

     (El sonido se hace ensordecedor. Mezclados con el viento huracanado se perciben retazos de músicas, conversaciones, risas, anuncios...)

 

ENRIQUE- ¡¡Son los campos antigravitatorios!!

 

QUIQUE- ¡¡Parecen imanes gigantescos!!

 

REINA- ¡¡Imanes que se repelen!!

 

QUIQUE- ¡¡Como la opulencia y la honradez!!

 

ENRIQUE- ¡¡No miréis atrás!!

 

QUIQUE- ¡¡Por qué!! ¿¿Recuperaríais la decencia?

 

REINA- ¡¡No, eso nunca!!

 

QUIQUE-  ¿¿Nos convertiríamos en estatuas de sal??

 

ENRIQUE- ¡¡Algo asíííííí...!!

 

     (Bruscamente el estruendo desaparece. Tan sólo se escucha el ensordecedor sonido del silencio)

 

QUIQUE- ¿Estáis ahí, machos?

 

REINA- Creo... que sí.

 

ENRIQUE- Vamos, chicos. Ya hemos llegado.

 
 

ESCENA V

 

EL BANCO DE MEMORIA

5 campanadas...

 

 

     (Suenan 5 campanadas. La luz se hace de nuevo y nuestros tres hombres aparecen ante la fachada del Banco de Memoria, la cuarta pared que les separa del público)

 

REINA- (Observando a su alrededor) ¿Esto es el futuro?

 

ENRIQUE- Bueno, en realidad... esto es el presente.

 

QUIQUE- (A Reina) ¿Es que aún no se ha enterado... señor Reina?... Somos usted y yo los que estamos pasados... caducados.

 

REINA- Tú eres el que está pasándose de rosca desde hace mucho, chaval...

 

QUIQUE- Vale, vale. Siga usted disfrutando de su espejismo... Disfrute mientras pueda.

 

ENRIQUE- ¡Está cerrado! ¡Maldita sea!

 

QUIQUE- ¿Qué día es hoy… aquí?

 

ENRIQUE- (Mirando su reloj-calendario) ¡Claro! Hoy es Fiesta. ¡Noche Vieja del 99!

 

REINA- Dijiste que creías recordar que lo conseguíamos.

 

QUIQUE- El viejo tiene los tornillos flojos... (Buscando reconciliarse con Reina) Por eso estamos tú y yo aquí.

 

ENRIQUE- Dejaos de secretitos. Habéis venido a ayudarme... ¿No es así? (Quique y Reina asienten solidarios) Soy un hombre condenado... Os necesito. Sólo con vuestra ayuda seré un hombre limpio. ¡Nos convertiremos en tres hombres limpios!... El banco de Memoria es nuestra esperanza...

 

QUIQUE- De paso, podremos reparar los entuertos fabricados por tu coco delirante. ¡Joder, macho! Me haces cantar un tema que Karina... que yo sepa... aún no ha grabado en el sesenta y cinco... ¡Encima de que sabes... o deberías saber... que me empalaga esa cursi!... Sabes de sobra que a mí quienes me molan son los Beatles... Y el sonido Liverpool.

 

REINA- A mí me pones en la mano un teléfono móvil... ¡Si todavía no se han comercializado!... Y me colocas delante de las narices... en mi propio despacho... este ordenador portátil de última generación, cuando lo más moderno en el ochenta y nueve son esos maletones de batería con veinte megas y teclado numérico adicional...

 

QUIQUE- En cambio, conmigo vas y te quedas corto. Me vistes... ¡en plenos sesenta! con estas ropas horteras, pasadas de moda... que lo menos tienen cuatro o cinco temporadas... Mira estos pantalones... ¿Te parece decente?... ¿Y los zapatos de chúpame la punta?...

 

ENRIQUE- ¡Lo sé, lo sé!

 

REINA- O encontramos pronto una solución...

 

QUIQUE- O nos cargamos la lógica del tiempo...

 

REINA- ¡A mí qué coño me importa lo lógica del tiempo! Lo único que me importa...

 

ENRIQUE- (Cortándole) ¡Deja de lloriquear, compañero! ¡Estamos a lo que estamos! Mi salvación es también la tuya. ¿O es que todavía no lo entiendes?

 

QUIQUE- Tiene razón el viejo. Es de cajón.

 

REINA- (Recomponiéndose. Con avidez) De acuerdo. Pero, mientras tanto... podrías avanzar algún dato interesante... Como si ganaremos las próximas elecciones...

 

QUIQUE- (Apuntándose) O si conseguiré grabar algún disco...

 

REINA- (A Enrique) Venga, confiesa... A mí puedes decírmelo. ¿Cuánto tiempo más estaremos en el gobierno?

 

QUIQUE- ¿Llegaré a hacerme famoso con la música... antes de convertirme en un sinvergüenza?

 

ENRIQUE- ¡No me atosiguéis y ayudadme a pensar algo...!

 

QUIQUE- (Batiendo palmas y gritando) ¡Sereno, sereno!

 

REINA- (Deteniéndole avergonzado) Pero, ¡estás tonto!

 

QUIQUE- ¡Qué pasa!... Cuando está cerrada una puerta se llama al sereno, ¿no?

 

ENRIQUE Y REINA- (Al unísono) ¡No!

 

ENRIQUE- Quique, hace ya... mucho que desaparecieron los serenos.

 

     (Una voz contesta desde el interior del Banco de Memoria)

 

VIGILANTE- ¡Quién anda ahí! ¿Quiénes son ustedes? Otros borrachos... ¡Vaya nochecita!

 

     (Reina intenta adelantarse, pero Enrique le detiene y se dirige al vigilante con una cortesía casi empalagosa)

 

ENRIQUE- Buenas noches. Veníamos a... consultar unos documentos.

 

VIGILANTE- (Tajante) ¡Está cerrado!

 

ENRIQUE- Pero... se trata de un asunto muy importante.

 

VIGILANTE- Vuelvan mañana. 

 

REINA- (Sin poder contenerse) ¡No, mañana no! ¡Tiene que ser hoy! ¡Ahora mismo!

 

VIGILANTE- (Sarcástico) ¡Menuda curda!... A otros les da meona.

 

ENRIQUE- (Intentando recomponer el tono mesurado de la conversación) Mire usted... Es un asunto vital...

 

VIGILANTE- (Burlón) ¡Por un día... no creo que la vayan a palmar los tres!... Se les ve con buena cara... ¿Qué? ¿Celebrando en familia el milenio?

 

QUIQUE- (Da unos acordes. El vigilante tararea el tema) ¿Le gustan los Beatles?

 

VIGILANTE- Pues... (Animándose) Mis padres tenían todos los discos. Me dormían con "El submarino amarillo".

 

QUIQUE- (A los otros dos) Es uno de los nuestros. Le tenemos en el bote. (Al vigilante) ¿Y... qué? ¿No le gustaría escuchar alguna... de la primera época... (Da otros acordes)... en vivo?

 

VIGILANTE- Hombre... pues no me importaría.

 

REINA- (Confidencial a Quique) Tócale "El submarino amarillo". Si tenemos suerte y se nos duerme, entramos.

 

QUIQUE- (También confidencial a Reina) Pero, qué cafre eres, macho... Esa aún no puedo sabérmela... Como no se la cantes tú.

 

REINA- (Arrebatándole la guitarra ofendido) ¡A ver si te crees que no me acuerdo!

 

ENRIQUE- (Continuando su tono afable con el vigilante) Mire... Si nos deja pasar... la oirá mejor... ¿no le parece? (Observando la reacción del vigilante) No... no le parece.

 

     (Reina toca y canta "El submarino amarillo" de una manera un tanto sui géneris. Enrique hace los coros. Quique les observa admirado, añadiéndose a los últimos)

 

REINA-          Conocí a un capitán

                        que en su juventud vivió en el mar.

                        Y su hogar fue la inmersión

                        y amarillo él muy bien pintó...

 

ENRIQUE-     Amarillo el submarino es,

                        amarillo es, amarillo es.

 

QUIQUE -      Amarillo el submarino es,

                        amarillo es, amarillo es.

 

VIGILANTE- (Cortándoles) Bueno, muchas gracias por el villancico. Adiós, buenas noches.

 

REINA- ¡Cómo que buenas noches! ¡Buenas lo serán para usted!

 

VIGILANTE- Oiga, que porque me hayan dado la murga un rato, no tienen derecho...

 

QUIQUE- ¡La murga!... ¿Será posible?... ¿Qué es lo que escuchan ahora ustedes, eh?...

 

VIGILANTE- Bueno, ¿qué es lo que quieren? ¿Qué llame a la policía?

 

REINA- (Asustado) ¡No! ¡A la policía, no!

 

ENRIQUE- Lo que queremos es tan sólo... consultar unos documentos.

 

VIGILANTE- ¡Hay que joderse con los documentos! Pero, vamos a ver: ¿Qué documentos quieren ustedes consultar?... A lo mejor puedo ayudarles.

 

     (Los tres se miran, preguntándose. A Quique se le ocurre una idea)

 

QUIQUE- (A los otros dos, confidencialmente) ¡El Baldo! (Ante la extrañeza de sus compañeros) Sí, ¡claro! Pero ¿ya no os acordáis de él? El Baldo... El Baldomero. Era el más primo del barrio. Seguro que tiene un historial sin mancha.

 

REINA- Bueno, con las manchas en los pantalones... (Riéndose) de las patadas en el culo que le dábamos. Pobre Baldomero.

 

ENRIQUE- ...Baldomero Quintanilla... ¡Menudo cabrón! (Los otros dos le miran extrañados) Ahora es director del consejo de administración de una de las constructoras más potentes. Subió pisando al que hizo falta. Le han puesto varias demandas por "irregularidades contables"... pero ahí está.

 

QUIQUE- ¡Vaya con el Baldo!

 

REINA- Querría vengarse de las patadas en el culo.

 

VIGILANTE- ¡Bueno!... ¿Qué? ¿Les ha gustado esta puerta?

 

ENRIQUE- (Intentando la última jugada) Mire usted. Necesitamos el historial de un hombre bueno. Estamos llevando a cabo un Proyecto de...

 

REINA- (Encontrando la ocurrencia feliz) ¡Beatos del Milenio!

 

ENRIQUE- Sí. Eso es. Sabemos que ha habido muchos hombres íntegros, legales, honestos...

 

REINA- Pero, nosotros necesitamos encontrar al mejor...

 

ENRIQUE- Al más honrado...

 

REINA- Al más meritorio...

 

ENRIQUE- Al más limpio. Ese será nuestro hombre.

 

     (El vigilante estalla en carcajadas)

 

VIGILANTE- ¡Pero... es que ustedes creen todavía en milagros!... ¡En este Banco de Memoria sólo existen historiales de gente normal! ...¡Es decir... de hombres como ustedes o como yo! Si quieren buscar santos... ¡Vayan a la iglesia y búsquenlos en los retablos!... ¡Habráse visto esperpentos iguales! (Sigue riéndose sin freno)

 

ENRIQUE- (Profundamente ofendido) En este puto país es siempre lo mismo... ¡Imbéciles! ¡Incompetentes! Luego dicen que si uno se aprovecha... Que si es un canalla sin escrúpulos... ¡Si es que te lo ponen a huevo! (Entusiasmado por la idea que acaba de alumbrar su cerebro) ¡Pero, cómo no se me había ocurrido antes! ¡Es un plan genial! ¡Inmejorable!... Se van a enterar de lo que vale un peine. (Riéndose complacido) Está bien... Lo haré a mi modo. ¡Vamos allá! (Chasquea los dedos con decisión)

 

     (La risa del vigilante va creciendo hasta transformarse en un estruendo mientras todo se apaga)

    

 

 


 

ESCENA VI

 

EL GOLPE

6 campanadas...

 

 

     (Suenan 6 campanadas. Se oyen unos disparos. Una voz desabrida grita con autoridad)

 

VOZ TEJERO- ¡Al suelo! ¡Todos al suelo!

 

     (Nuestros tres hombres se tumban. Quique y Reina están desconcertados. El viejo Enrique observa tranquilo la escena y aguarda acontecimientos)

 

QUIQUE- Pero, bueno. ¡Este vigilante se ha vuelto majara!

 

REINA- (Dándose cuenta de donde han ido a parar) No, Quique... No es el vigilante.

 

QUIQUE- ¿Qué pasa?

 

REINA- ¡Lo que nos faltaba!

 

QUIQUE- (Levantando la cabeza y observando) ¿Qué es esto?

 

REINA- Hemos vuelto a los ochenta.

 

QUIQUE- ¡Hostias, macho! ¿Este es otra vez tu tiempo? ¡Menuda vuelta para llegar al mismo sitio!

 

REINA- ¡Qué va a ser el mismo sitio!... Esto pasó hace ocho años... de mi tiempo.

 

QUIQUE- ¿Será otro patinazo de aquí el matusalén?... (Contemplando con una mezcla de desdén y desconcierto al viejo Enrique, que le devuelve la mirada)

 

REINA- Ocho años ya... ¡Vaya susto! Creíamos que todo volvía...

 

QUIQUE- ¿Volvía...? ¿El qué?

 

REINA- Las tinieblas de otra época.

 

QUIQUE- ¿Te refieres a la mía? A mí no me parece tan oscura.

 

REINA- Menos mal que llegamos nosotros...

 

QUIQUE- Pero... ¿Quiénes sois vosotros?... ¿Y quienes son ellos?

 

VOZ TEJERO- No va a pasar nada. Esto no es contra ustedes ni contra nadie, sino contra el sistema. Hay que reparar esta situación insostenible. España no debe romperse. No lo permitiremos.

 

QUIQUE- Pero... ¿De qué habla?... ¿Dónde estamos?... ¿Qué hacen aquí los de los tricornios?... (A Enrique) ¿Por qué nos has traído aquí?

 

REINA- No puedes dejarnos tirados en este bucle del tiempo... ¡No juguemos con fuego, no sea que todo se dé la vuelta y la jodamos!

 

ENRIQUE- No os pongáis nerviosos, no os preocupéis. No va a pasar nada. ¡Os lo aseguro! Lo tengo todo bien calculado. Mi plan es impecable.

 

REINA- (Mirándole estupefacto) ¿Qué dices? ¡Estás loco!

 

QUIQUE- (Levantándose, planta cara a los golpistas, rasgueando con rabia su guitarra) Haz el amor y no la guerra.

 

    (Suena un tiro. Los tres hombres se tiran al suelo de nuevo)

 

ENRIQUE- (A Quique) ¡Serás cretino! ¿Te he pedido yo que intervengas?... Pues, entonces... ¡Métete la lengua en el culo y espera a actuar cuando yo te diga! (A Reina) Vamos, compañero, es tu turno.

 

VOZ TEJERO- ¿Quién coño son ustedes?

 

REINA- (A Tejero) ¿No se acuerda? Hemos hecho un pacto. Ustedes tendrán la porción del pastel que les corresponda... pero, todo a su tiempo.

 

QUIQUE- ¿Nosotros, un pacto con estos mendas?

 

ENRIQUE- (A Reina) ¡Bravo, socio! Y ahora vamos a dar el siguiente paso. Tú estabas ahí... Entre el público.

 

REINA- ¿Cómo?

 

ENRIQUE- Tú fuiste el que...

 

REINA- (Nervioso) ¿El que... qué?

 

ENRIQUE- El que hizo frente a la situación. ¡El que salvó al país del golpe, coño!

 

QUIQUE- ¿De qué golpe?...

 

     (Reina escucha atónito. Empujado por una fuerza superior a su voluntad, avanza hasta el patio de butacas y bajando se mezcla entre el público)

 

VOZ DE TEJERO- ¡Vamos, hostias, abandonen la sala!

 

REINA- (Dirigiéndose al público en tono mesiánico) Señores, estamos en un país libre... Si alguien lo desea, puede irse, es libre de hacerlo. Pero nadie puede obligarnos.

 

     (Nadie se mueve. Silencio)

 

VOZ DE TEJERO- (Nervioso) ¡Esto no va con ustedes!

 

QUIQUE- (A media voz) Pues entonces, ¿con quién va, mamarracho?

 

VOZ TEJERO- ¡Quién habla ahí!... Pueden fumar si quieren.

 

QUIQUE- (Mordaz) Un buen porrito no vendría mal

 

VOZ TEJERO- ¡Que se callen, coño!...

 

ENRIQUE- (A Quique) Cállate, Quique, y no me jorobes el plan.

 

REINA- (Al público) No nos moverán. (A los agresores) Atrévanse a dispararnos a todos. (Cada vez más enardecido, al público) No tengan miedo... No van a hacernos nada... ¡Puedo garantizárselo!

 

VOZ DE TEJERO- A ver si vas a ser tú más bonito que los demás.

 

REINA- (Saca el móvil del bolsillo) ¿Ven ustedes esto? (Lo conecta. Se oye la cancioncilla “She loves you”)

 

VOZ TEJERO- ¡No me obliguen, joder!

 

REINA- Esto es un arma cargada de futuro.

 

VOZ TEJERO- ¡Déjate de poesías bolcheviques y no me calientes!

 

REINA- Desde aquí puedo llamar a todas las agencias internacionales... A la policía... Al papa... (Con sorna, al agresor) O incluso a tu mamá, para que te diga que un niño bueno no debe decir palabrotas...

 

QUIQUE- (Sorprendido) ¡Hostias!... Siempre pesé que eras un cagueta.

 

REINA- (Marcando un número. Habla al interlocutor con autoridad) ¿El elefante blanco?... ¡Que se ponga! (Le tiende el móvil a Tejero, con sorna) ¿No estabas esperando su decisión?

 

VOZ TEJERO- ¡Guarda ese aparato prodigioso o te vuelo los cojones!...

 

REINA- (A todos los congregados) ¡Un verdadero demócrata siempre está dispuesto a morir en defensa de la libertad!

 

ENRIQUE- ¡Así se habla, camarada!

 

     (Suena un rasgueo de guitarra, que se transforma en ráfaga de tiros, que se transforma en viento. Un viento fortísimo que arrastra a Enrique y Quique como un torbellino desde el escenario hasta el patio de butacas, donde se reúnen exhaustos al lado de Reina)

 

REINA- (Furioso, a Enrique) ¡Eso nunca ocurrió! ¡Yo nunca estuve allí! ¡Lo sabes perfectamente!

 

QUIQUE- (Irónico)¡Vaya!... ¡Qué lástima!

 

ENRIQUE- (A Reina) Calma, calma, hermano... Tal vez sí estuviste... ¿Por qué no?

 

REINA- Y si hubiera estado, me habría tirado al suelo el primero.

 

ENRIQUE- ¿Quién sabe?... (Los otros dos le miran desconcertados) ¿No destrozaron a culatazos las cámaras y velaron los carretes de fotos?... (Deja caer con picardía) ¡Sabe Dios lo que pudo pasar allí dentro!...

 

QUIQUE- (A Enrique) Te olvidas de un pequeño detalle... Tú siempre fuiste un cagueta. ¿O ya no lo recuerdas?

 

ENRIQUE- Sí, pero... (Con fingida ingenuidad) En esas situaciones... nadie sabe como puede reaccionar... Uno se lleva las mayores sorpresas... (Ladino) Un acto así... Un comportamiento tan ejemplar... diría mucho a nuestro favor en las Memorias.

 

QUIQUE- ¡Ah, claro!... ¡Ya!... Ya voy entendiendo por donde vas... Una maniobra como esa, limpia kilos de "irregularidades"... toneladas de mierda.

 

ENRIQUE- (Haciendo caso omiso a la actitud e Quique) ¿No lo veis, escrito en grandes titulares?... (Evocador) Enrique Criado Reina: El salvador de la democracia... El paladín contra la involución... Un demócrata para la posteridad...

 

QUIQUE- (A Enrique) Capitán Trueno, guarda tus mentiras para el juez. Con nosotros no las necesitas. ¡Y, desde luego, conmigo no cuentes para ayudarte en tus chanchullos!

 

ENRIQUE- Pero, ¿estáis ciegos?... ¿Es que no podéis ver el alcance de mi proyecto? (A Reina) Seguro que tú me entiendes, Reina... ¿No es preferible inventar un pasado glorioso... que desafiar a un presente acusador...?  (A Quique) En definitiva, Quique,  esto es... como inventar una nueva canción. Es cuestión de combinar las notas y que el resultado suene bien al oído.

 

QUIQUE- El lobo se disfraza de cordero y finge no haber devorado jamás una oveja.

 

REINA- (A Enrique) Creo que empiezo a entenderte. Si maquillamos las huellas... despistamos el rastro.

 

ENRIQUE-  (Satisfecho) Bueno, parece que la cosa comienza a enderezarse. ¡Entonces, convenido! Cada uno a sus puestos... Esto no es más que el principio. Este viaje no ha hecho más que empezar.

 

QUIQUE- Yo me largo. A mí ya no me necesitáis para nada. Formáis un buen equipo.

 

ENRIQUE- ¡Déjate de pamplinas. Quique! Tú eres fundamental en este proyecto. Tenemos que seguir creando nuevos temas... O mejor: Recreando viejos éxitos... Como hacíamos con los Beatles... ¿Ya no recuerdas? ¡Y para eso, tú eres el mejor!

 

QUIQUE-  Sí... Canciones de nuestra vida para el hit parade político. (Irónico) ¿Cómo las prefieren sus señorías, en ritmo binario o ternario?

 

REINA- (Nervioso) No olvidéis que tengo que volver cuanto antes...

 

ENRIQUE- No tengas prisa, compañero. Si mi plan sale bien, no tenemos de qué preocuparnos.

 

REINA- (Esperanzado) ¿Quieres decir...?

 

ENRIQUE- Sí. ¡Que hay que seguir reinventando, coño!. Que hay que jugar fuerte, que hay que ir a por todas.

 

REINA- ¿Qué...?

 

ENRIQUE- ¡Joder!... ¡Que hay que coger al toro de la Transición  por los cuernos!

 

QUIQUE- (Irónico) Y hacerle cantar un tango si es preciso... Siempre que eso convenga para emperifollar el pasado y lavar esas dichosas Memorias. ¡Me dais asco!  Ojalá todo esto no fuera más que una pesadilla y estuviera ya de vuelta en casa.

 

     (Quique cierra los ojos con furia, deseando que al abrirlos todo no haya sido más que un mal sueño. Un cornetín taurino atruena el paisaje. Se hace de nuevo la oscuridad)

 

 


 

ESCENA VII

 

LOS BEATLES EN LAS VENTAS

7 campanadas...

 

 

     (Suenan 7 campanadas. Se oyen los primeros acordes de “¡Qué noche la de aquel día!”. Un griterío de miles de voces, sobre todo femeninas, inunda el lugar, creciendo como una ola. El escenario se ilumina con potentes reflectores. Los Beatles comienzan a cantar)

 

QUIQUE- (Satisfecho, abre los ojos) ¡Uf! ¡Menos mal!... ¡Lo que me ha costado encontrar el camino de vuelta! Luchar contra el viejo tiene miga. Pero, afortunadamente, aquí estoy... ¡de vuelta en casita!...

 

ENRIQUE- (Observando a su alrededor) ¿Dónde coño hemos venido a parar? (Dándose cuenta, interpela acusador a Quique) ¿Quién ha decidido venir aquí?

 

QUIQUE- (Entusiasmado, coreando el tema, no se da por ofendido) ¿Es posible que ya no te acuerdes? (Ufano) ¿Creías que no lo conseguiría, eh?

 

ENRIQUE- (Con una mezcla de fastidio y nostalgia) Claro... Claro que me acuerdo... ¡Las Ventas! ¡Quique y Los Limpios!

 

QUIQUE- ¡Vaya viajecito! Bueno, chau y arrivederchi. (Agarra su guitarra y se dispone a irse disparado)

 

ENRIQUE- (Reteniéndole) ¡No, chaval! ¡Quieto ahí! No corras tanto. Todavía no hemos acabado...

 

QUIQUE- ¡Yo ya he cumplido de sobra mi parte en el contrato! ¡Me largo!

 

ENRIQUE- No te hagas ilusiones, Quique... Estamos aún en mitad del viaje. (Acusador) Y esta parada no corresponde al itinerario que me he trazado.

 

REINA- (Confundido) Pero... No puede ser... No hemos podido volver al sesenta y cinco.

 

QUIQUE- ¿Ah... no?... ¿Por qué no?

 

REINA- El viejo y yo... No podemos estar aquí contigo... los tres...

 

QUIQUE- ¡Cómo que no!... ¿Acaso no hemos estado en tu tiempo... y en el suyo?

 

REINA- Sí... pero esto es diferente.

 

QUIQUE- ¿Ah, sí?... ¿Por qué?

 

ENRIQUE- Tiene razón Reina. Él y yo tenemos ya las neuronas demasiado esclerotizadas...

 

QUIQUE- (Aspirando con deleite y disfrutando de su triunfo) Mirad... oled... ¿Acaso esto no es auténtico olor Liverpool?

 

REINA- También olía así otra noche... en mi tiempo... en el ochenta y nueve.

 

QUIQUE- (Profundamente decepcionado) ¿Entonces, ésta no es mi noche?...

 

REINA- (Conciliador) Es la que tú quieras, Quique...

 

QUIQUE- (Chasqueado) ¿Dónde estamos, entonces? ¿En tu noche?... ¿En la mía?... ¿Eso quiere decir... que no he conseguido volver?... ¿Que sigo amarrado a vosotros?...

 

REINA- (Observando al público) Está a tope.

 

ENRIQUE- No, no es cierto. Los mejores se han quedado fuera. (Mirando hacia la salida)

 

REINA- Cuatrocientas pesetas de entrada... es una pasta en el sesenta y cinco.

 

QUIQUE- (Recobrando el entusiasmo, mira a su alrededor) ¡No me jodáis! ¡Claro que es mi noche! ¡Estaba seguro! ¡No podía haberme equivocado! ¡Lo deseé con toda mi alma! ¡No podía fallar! (Señalando el escenario) Nosotros deberíamos estar ahí arriba...

(Acusador, a Enrique) Pero con tu puñetera manía de intervenir en el tiempo... ¡Ya han actuado los teloneros...!

 

REINA- ¡Qué dices de teloneros! Aquello pasó a la historia, Quique. Nosotros somos ahora los protagonistas de esta comedia...

 

QUIQUE- (A Reina, intentando buscar su complicidad contra Enrique) No, Reina. No te confundas. Tú y yo no somos más que comparsas.

 

REINA- (Confundido) ¿Igual que con los Beatles...?

 

QUIQUE- Igualito, macho. Aquí, la única estrella es él. (Señalando a Enrique)

 

REINA- (Confidencialmente a Quique) Así que tú crees... que nos está utilizando...

 

QUIQUE- Naturaca. Cuando ya no le sirvamos, nos dejará más tirados que una colilla.

 

REINA- ¿Tú crees?

 

QUIQUE- Tiempo al tiempo. En cualquier esquina... en uno de estos viajes... ¡Zas!

 

REINA- Pero, él no puede hacernos esa putada...

 

QUIQUE- ¿Ah, no?... Parece mentira que no le conozcas.

 

ENRIQUE- ¡Bueno! ¡Vale ya de cuchicheos! Se supone que vuestra misión es ayudarme, ¿no?... (A Quique, paternal) ¿Por qué te has empeñado en volver a tu tiempo, Quique?... ¿Acaso crees que aquí vamos a encontrar alguna pieza para nuestro nuevo rompecabezas?... (Cogiéndole afectuosamente del hombro) A lo mejor se te ha ocurrido algo genial que yo... ¡tonto de mí...! había pasado por alto. Vamos, estoy abierto a sugerencias... ¿Qué genialidad se te ha ocurrido?

 

QUIQUE- (Zafándose de Enrique) ¡Y yo qué sé, joder! ¡A mí no se me ha ocurrido nada que a ti pueda interesarte! Yo sólo sé que éste es... era... podía haber sido el día más importante de mi vida...

 

ENRIQUE- Hasta ahora.

 

QUIQUE- ¡Hasta cuando sea, tío listo! Y ya que no me has dejado actuar, déjame, por lo menos,  escuchar a los dioses...

 

ENRIQUE- (Intentando congraciarse con él) Quique...

 

QUIQUE- (Se contonea al ritmo de la música, intentando olvidar su amargura) ¡Por tu padre! ¡Enrique! ¡Please! ¡Déjame escuchar el concierto! No sé si será la primera o la última vez... Pero sé que será irrepetible.

 

REINA- Sí, los Beatles se separaron en los setenta.

 

QUIQUE- (Detiene su contoneo disgustadísimo) ¿De verdad, macho? No... no me lo puedo creer.

 

REINA- Bueno, y si te cuento lo que le pasó a Lennon...

 

QUIQUE- ¿Qué le pasó?... Vamos, afloja.

 

ENRIQUE- (A Reina) No se lo digas... Que siga disfrutando del concierto. (Para sí) Mientras yo preparo nuestro próximo destino.

 

QUIQUE- ¿Qué le va a pasar a John?...

 

REINA- Bueno... hace ya... nueve años...

 

ENRIQUE- (Corrigiendo) Veinte.

 

QUIQUE- (Confundido) ¿Nueve años de qué?... ¿Veinte años... desde cuando? Vale, me rindo. Allá vosotros con vuestros secretos. Pero ahora, dejad a este pobre comparsa alcanzar el nirvana... (Canturrea, moviendo su melena al son de sus ídolos) Y ya que estamos metidos en cambios... (Con decisión) Yo también podré alterar esta página de mi vida, construir mi momento de gloria, ¿no?... Luego tal vez me decida a seguir ayudándoos a arreglar vuestras miserias... ¡Ya veremos! (En un rapto de vehemencia salta al escenario)

 

REINA- (Avergonzado, a Quique) ¡Qué haces! ¡Baja aquí de una vez! ¡Nos van a echar! ¡Se va a ir todo a la mierda! (A Enrique) ¡Haz algo!              

 

ENRIQUE- (Observando complacido a Quique) Déjale. No le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Ya sabes que nunca le gustó.

 

     (Acaba "¡Qué noche la de aquel día!". Comienza a sonar el tema“Imagine”. Quique en el centro del escenario lo toca a la guitarra y lo canta ensimismado)

 

REINA-  (Abochornado) Que no, que no... que esa no la tocaron... que no la habían compuesto... que aún no... Que ese fue Paul en solitario... en el ochenta y nueve... En el Pabellón de los Deportes... Yo estaba allí... (Se tapa los oídos para no escuchar)

 

ENRIQUE- (Encendiéndosele una luz) ¡Y qué más da! ¿Te has vuelto escrupuloso de repente, señor Reina?... ¿No te das cuenta de que esto también puede ser aprovechable para... nuestras Memorias?

 

REINA- (Divertido, comprende el provecho que pueden sacarle a la situación) El maletilla de la música que se lanzó al ruedo del éxito...

 

ENRIQUE- El Cordobés del pop.

 

REINA - El auténtico creador de "Imagine"...

 

ENRIQUE - ...que luego se apropiaría y haría triunfar Mac Cartney.

 

REINA- El joven fontanero que llegó a la cumbre musical por sus propios méritos.

 

ENRIQUE - El artista autodidacta que no le debe nada a nadie.

 

REINA- El ídolo de las masas.

 

ENRIQUE- (Rebosante de satisfacción) ¡Sí señor! ¡Muy... pero que muy aprovechable!

 

     (Estallan en carcajadas cómplices y se ponen a cantar ambos añadiéndose a la voz de Quique. La música se hace cada vez más tenue, más deshilachada, hasta que deja de oírse. Nuestros personajes gesticulan sin que se escuche ningún sonido. Enrique vuelve a chasquear con decisión sus dedos. La oscuridad envuelve el paisaje como una sombra clandestina)

 


 

ESCENA VIII

 

LA HUELGA GENERAL

8 campanadas...

 

 

     (Suenan 8 campanadas. Comienza a escucharse el tema "Revolution", sobre el que va creciendo como una ola el griterío de una manifestación política de la época de la Transición)

 

QUIQUE- (Con el puño en alto, desde el escenario) ¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!...

 

ENRIQUE- (Observándole con interés) Eso es lo yo que decía... al principio de los setenta.

 

REINA- (Con el signo de la victoria, desde el patio de butacas) ¡Unidad, unidad!...

 

ENRIQUE- (Recordando satisfecho) Y esto otro es lo que decía... al final. (Dándose cuenta de que está en medio de ambos) En fin, creo que he conseguido aterrizar en mitad de la década... ¡Tal como pretendía! Franco debe haberse muerto ya... Espero no haberme desviado demasiado de mi objetivo.

 

     (Caen de todas partes octavillas. La música de "Revolution" deja paso a las sirenas de policía, que producen un tremendo jaleo, mezcladas con el griterío)

 

ENRIQUE- (Cogiendo un panfleto del suelo y leyéndolo) "Todos a la huelga. ¡Viva la huelga general!"... ¡Cojonudo! ¡Justo en la diana!

 

QUIQUE- (Desconcertado, baja el puño sin entender) ¿Qué demonios estoy haciendo? (Contemplando a Enrique, que sonríe satisfecho en el patio de butacas, le grita furioso) ¡Conque has vuelto a conseguirlo, viejo cabrón! ¡Me has arrancado de nuevo sin piedad de mi tiempo!... ¡Esta es la segunda vez que lo haces! ¡No tienes escrúpulos! ¡Conmigo no juegues, eh! ¡Te lo advierto! ¡Te advierto que de ahora en adelante te andes con ojo! (Observando el maremágnum a su alrededor) ¿Dónde cojones hemos venido a parar ahora?...

 

REINA - A la trena, como no nos demos prisa en salir jalando. (Mirando confuso el signo de la victoria de sus dedos, baja la mano con cautela)

 

QUIQUE- ¿Es otro golpe?

 

REINA- Es una carga de los grises.

 

QUIQUE- ¡Hostias! Pero... tú y yo no hemos hecho nada...

 

REINA- Eso dicen todos cuando les cogen.

 

ENRIQUE- (Dirigiéndose al público) No temáis, compañeros. La hora de aunar nuestros esfuerzos contra los continuistas del Régimen y conquistar parcelas de libertad ha llegado. La huelga general es nuestra arma definitiva para derrocar al búnker. (Levanta sus dedos con el signo de victoria) ¡Unidad, unidad!...

 

QUIQUE- (Baja al patio de butacas y se dirige a Reina) Larguémonos o van a darnos más palos que a una estera.

 

REINA- (Leyendo un panfleto) ¡Esta es la huelga general del setenta y seis! (A Quique) ¿Tú sabes qué pintamos aquí?

 

QUIQUE- ¿Yo?... Esta ya no es mi jurisdicción. ¡Como no lo sepas tú!

 

REINA- Yo no estuve. (Ante la mirada de Quique) Me quedé en casa... Trabajando. Me llevé papeles pendientes...

 

QUIQUE- ¡Muy bonito! Un esquirol en la familia.

 

REINA- (Defendiéndose) A las manifestaciones hay que ir armado... o no ir.

 

QUIQUE- Y tú... no ibas.

 

REINA- Quique, no me atosigues, ¡por Dios! (Mirando a Enrique) ¿Qué andará tramando el viejo?

 

QUIQUE- Ya nos ha metido en un nuevo fregao. ¿Te convences ahora? Él sabrá lo que anda escarbando en esta huelga para utilizar en sus Memorias. (Confidencial) Shhhh... Y no me llames por mi nombre. Creo que ahora soy el “Contes”.

 

REINA- ¿Así que el Quique pasó a la historia, no?...

 

QUIQUE- Shhhh... Bueno... No sé... Eso parece.

 

REINA- Menuda herencia me dejaste.

 

QUIQUE- (Retador) ¿Te crees que me iba a pasar toda la vida cantando a las flores de California?

 

REINA- (Soberbio) Por vuestra culpa, casi se echa todo a rodar.

 

QUIQUE- ¿Nuestra... tío listo?

 

REINA- Sí, vuestra... izquierdistas de las narices.

 

QUIQUE- ¡Vaya con el socialdemócrata!...

 

REINA- ¡Las huelgas no se ganan a ladrillazos!

 

QUIQUE- ¿Ah, no?... ¿Y cómo se ganan?

 

REINA- Bueno... A lo mejor no es preciso el enfrentamiento... Está la negociación.

 

QUIQUE- ¡No jodas que nos acabaste vendiendo!... ¡Esquirol de mierda!

 

REINA- ¡Izquierdista infantil!

 

     (Están a punto de llegar a las manos. Enrique les separa)

 

ENRIQUE- ¡Por Dios, no discutáis!... ¿Queréis saber por qué estamos aquí? Os va a parecer una idea insuperable. (Creando un silencio de suspense) ...¡Me esperan en la Moncloa! (Ante la mirada inquisitiva de los otros) ¡Sin mí no pueden firmar el Pacto por la Democracia!... ¡El esperado documento que sacará a nuestro país del oscurantismo y el caos! (Creciéndose) Yo represento a todas las facciones políticas de la oposición. El mes pasado nos reunimos en el Eurobuilding y constituimos la Plataforma de Organismos Democráticos. ¡Todos han confiado en mí su voto para esta crucial decisión!... Los comunistas, los socialistas, los sindicalistas, los democristianos, los catalanes, los vascos, los gallegos, los prochinos, los empresarios liberales, el clero aperturista... Hasta el Grapo me ha dado su beneplácito... Si todo sale según lo previsto, están dispuestos a soltar a Oriol y Urquijo, que secuestraron ayer. ¡Esta huelga general es la guinda del pastel! ¡Mi gran aportación como arquitecto del Proyecto Democrático! ¡Yo soy quien capitaneará al país en esta hora gravísima de la Transición!  ¡Sin mí, no hay nada que hacer! (Dispuesto a recibir su beneplácito) ¿Qué os parece?

 

     (Reina y Quique le contemplan atónitos. Vuelven a arreciar las sirenas de la policía y los gritos)

 

QUIQUE- (Mirando a su alrededor) ¡Que ahora sí que estamos jodidos! ¿Por qué no llamas a tus amigos de la Moncloa para que nos echen una mano?

 

REINA- Nos han cercado.

 

QUIQUE- (Tosiendo) Están tirando botes de humo...

 

ENRIQUE- (Al público, de nuevo) No os preocupéis, compañeros... Las fuerzas del orden también están de nuestro lado. Vamos a parlamentar.

 

QUIQUE- ¡Quédate tú y parlamenta lo que quieras! (Cogiendo a Reina) Nosotros nos largamos.

 

REINA- Pero... ¿Por dónde?

 

QUIQUE- Por aquel callejón... Parece que no hay nadie.

 

     (Reina suelta precipitadamente su carpeta con los papeles comprometedores en manos de Enrique; Quique le deja su guitarra. Ambos se alejan hacia el fondo del patio de butacas.)

 

ENRIQUE- (Asustado, con los brazos cargados) ¡Esperad! ¡No podéis dejarme aquí!... ¡Os necesito! (Con soberbia) ¡Está bien! ¡Largáos si os acojonan las dificultades! No creáis que sois imprescindibles. Puedo arreglármelas sin vuestra ayuda. ¡Disfrutaré yo solo de mi triunfo! ¡Que os den morcillas! (De repente se ve empujado por una gran fuerza hasta el escenario. El estruendo de sirenas y griterío desaparece. La luz cegadora de un interrogatorio le enfoca el rostro. El resto son tinieblas) Pero... Yo no he hecho nada. ¡Lo juro!... Yo soy un hombre de orden... ¡Estoy aquí para parlamentar con ustedes!... No puedo entretenerme mucho, porque me esperan. (Intentando ocultar la carpeta) ¿Estos papeles? Son... documentos... No tienen ningún interés... (Comienza a leer uno de los papeles) “El dinero es una mierda. Quemar dinero, robar los grandes almacenes es la pera.”... (Sorprendido, intenta explicarse) ¡Debe tratarse de una confusión...! (Es obligado a seguir leyendo) “Recuperar el dinero de los ricos es un acto sagrado y religioso. Gastarlo, un acto de amor y libertad. Por el pillaje se exprime la substancia profunda de la burguesía...” (Confuso) Pero... No... Esto no es mío... Nunca lo he visto antes... ¡Claro que no soy un subversivo! ¡Dios me libre!... ¿Un hippy?... No, la guitarra tampoco es mía... Me la han colocado también... (Aterrorizado) ¡No! ¡Eso, no!... ¡Les diré lo que quieran, pero, por favor no me hagan nada!... (Acusador) ¿Quieren saber la verdad?...  ¡Esta carpeta de documentos es de otra persona! ¡Un tal señor Reina! ¡Un ejecutivo sin escrúpulos!... ¡Un ambicioso sin freno! ¡Un crápula!...¡Ha sido obra de él y del otro! ¡El chico! ¡El de la guitarra! ¡Se llama Quique, alias “el Contes”! Seguro que lo tienen fichado. Cójanle a él y no a mí. ¡Han sido ellos! ¡Seguro! ¡Se han compinchado los dos contra mí! ¡Ellos me han cambiado los papeles! ¡Los míos eran de negocios... simples documentos de empresa!... ¡Yo no he tenido nada que ver! ¡Nuca tuve nada que ver! ¡Se lo juro!... (Lloriqueando) Mírenme... mírenme bien... Yo estoy con ustedes... Siempre he estado con ustedes... Yo soy de los suyos... Soy un hombre de orden... ¡No he sido yo! ¡¡No he sido yo!!... ¡¡Yo soy un hombre limpio!!...

 

     (Quique y Reina se han quedado observando la escena)

 

REINA- Llevabas razón, Quique. Este cabrón es capaz de vender a su propia madre.

 

     (Se dirigen pausadamente hacia el asustado Enrique)

 

QUIQUE- ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer, colega?...

 

REINA- ¡Te has traicionado a ti mismo! Eres tu propio Judas.

 

QUIQUE- Y por partida doble.

 

REINA- (Recordando) Por eso llegaron a casa una noche de primavera... La noche era tibia...

 

QUIQUE- Igual que éste (Señalando a Enrique)

 

REINA- La puerta no era muy firme...

 

QUIQUE - Ya te digo...

 

REINA- En la tele ponían “Reina por un día”...

 

QUIQUE- Y ya sabes quien era el acusador del Quique y del señor Reina esa noche.

 

ENRIQUE- (Acorralado) Os juro que no sé de qué me estáis hablando... Que no lo recuerdo.

 

QUIQUE- ¿Ah, no?... ¿No tienes una memoria prodigiosa?... ¿No eres capaz de recordar... hasta lo que no sucedió?...

 

ENRIQUE- Todo esto lo hago por vuestro bien...

 

QUIQUE- ¡Corta el rollo!

 

REINA- (Perdiendo la paciencia) ¡Vale ya! ¡Mi tiempo es oro y estás haciéndomelo perder con tus megalomanías seniles!

 

ENRIQUE- Así que eso es lo que te parezco... Un viejo loco.

 

QUIQUE- Yo ya no sé, macho, si estás loco o eres el más redomado de los canallas.

 

ENRIQUE- ¡Por Dios!... ¿Pero, no os dais cuenta del alcance de mis audaces maniobras? Con vuestra ayuda, pronto habremos rematado el proyecto...

 

REINA- (Estallando) ¿Ahora nos necesitas?... ¡Qué novedad! Creía que tú solito te bastabas y te sobrabas para cometer tus absurdos atropellos a la lógica histórica... y que nos has arrastrado contigo sólo para que aplaudamos tus proezas... Pues, por si no lo recuerdas... ¡No soporto ir de segundón!... ¡Nunca lo he soportado y nunca lo soportaré! Así que déjame volver a mis asuntos para que me maneje a mi antojo... ¡Sin que ni tú ni nadie me diga lo que tengo que hacer!

 

ENRIQUE- ¿Tú también, Reina?...

 

REINA- Sí, "Cesar". Yo también. ¡Yo siempre!

 

     (Un silencio embarazoso envuelve a nuestros tres hombres. Oscuridad. Un grito estremecedor desgarra el paisaje de la memoria. Es el grito de un preso, de un hombre preso de su pasado)

 

 

 


 

ESCENA IX

 

EL TRIPPY

9 campanadas...

 

 

     (Suenan 9 campanadas. Los tres hombres las escuchan sonar. Enrique parece absorto en un soliloquio. Quique y Reina se miran en silencio)

 

ENRIQUE- Nueve...

 

REINA- No cambies de tema, Enrique. ¡Esto es muy serio!... (Furioso) ¡¿Hasta cuando vas a tenerme rodando por ahí a tu servicio?!

 

QUIQUE- (A Reina) Tenemos que estar preparados. La cosa se está poniendo cada vez más fea.

 

REINA- (A Quique) Tienes razón... Pero, el cabrón nos tiene en sus manos. Por ahora hay que seguir bailando al son que nos toque.

 

QUIQUE- (A Reina) No me hables de música, creo que voy a acabar odiándola para el resto de mi vida.

 

ENRIQUE- (Continuando su soliloquio) Yo tenía nueve años... cuando volvieron los de la División Azul... (Acariciando su portátil) Creo que fue ese año cuando se fabricó el primer ordenador... (Sorprendido) Nueve por siete, sesenta y tres... ¡La edad que tengo!...

 

QUIQUE- (Aparentando afabilidad) Tenías. Si no me equivoco, en tu tiempo están dando las doce de la Nochevieja del Dos mil...

 

ENRIQUE- Entonces... ¿Voy a cumplir...? ¡Sesenta y cuatro!...

 

REINA- (También con falsa cordialidad) Estás a punto. (Haciendo de tripas corazón y tragándose su orgullo comienza a cantar “When I´m sixty-Four”)

                    When I get older losing my hair...

                    Many years from now...

 

ENRIQUE- (Continuando)

        Will you still be sending me the Valentine...

 

LOS DOS- Birthday greetings, bottle of wine.

 

QUIQUE- (Gratamente sorprendido) ¡La hostia! ¿Es también...?

 

REINA- Está a punto de salir al mercado.

 

ENRIQUE- Sesenta y cuatro años... ¿Cómo puedo ser tan viejo?... ¿Por qué esta noche?... ¿Por qué justamente hoy... nosotros tres?...

 

QUIQUE- (A Reina) Hay que seguirle el rollo. (A Enrique) Tú eres el cuerpo.

 

ENRIQUE- ¿Y vosotros... qué sois vosotros?

 

REINA- (En complicidad con Quique) Tal vez... tu alma... y tu espíritu. ¿No, Quique?

 

QUIQUE- ¡Ya lo tengo!... Somos una triada musical.

 

REINA- Sí, una combinación simultánea de tres sonidos.

 

ENRIQUE- (Animado) ¡Eso es! Una nota cualquiera con su quinta y su sexta ascendente.

 

QUIQUE- No, no somos una nota cualquiera... ¡Somos el pulso del universo! El universo es una estructura mágica... Un mandala. (Saca una cinta floreada y se la anuda a la frente) Concentrando nuestra atención en un solo punto... nos dejamos fluir hasta alcanzar el orgasmo cerebral... (Los otros dos le observan atónitos) ¿Qué pasa, colegas, que os ruboriza el muchachito? ¡Vaya, vaya! Ni que vosotros no hubierais estado en mi pellejo. (Rebusca en sus bolsillos) Tenía que estar por aquí. Juraría que lo metí en algún sitio... (Encontrando lo que buscaba) ¡Ah! ¡Aquí está! (Les muestra un canuto de hachís)

 

REINA- ¡No jodas, Quique! ¡Ahora sales con esas!

 

QUIQUE- ¡Afgano de la mejor calidad! Lo reservaba para después de la actuación... allí... (Con un gesto vago. Melodramático) De donde fui arrancado sin piedad de las garras de la gloria. (Dándole una palmadita cordial a Enrique, se lo acerca) Ahora, aquí nos vendrá de miedo.

 

ENRIQUE- (Cogiéndolo, lo aspira con deleite) ¿Crees que aún... me sentará bien?

 

QUIQUE- Mano de santo. (Con complicidad a Reina) A ver si así hacemos cantar al viejo. ¿Tienes fuego? (Reina le ofrece un lujoso mechero) ¡Madre mía!...

 

REINA- ¿Te gusta? Quédatelo.

 

     (Quique enciende el canuto y da la primera calada con placer, mientras acaricia el mechero. Ofrece fumar a Reina, que lo rechaza. Se lo ofrece a Enrique)

 

ENRIQUE- (Aspirando su calada con reverencia) ¡Pura seda!... (Continúa fumando complacido)

 

QUIQUE- (Sobresaltado por su descubrimiento) ¡Eso es!... (A Enrique) Ese puede ser el remate de tu proyecto, Enrique... El broche de oro para tus Memorias. (A Reina, guiñándole un ojo con complicidad) El fin de nuestro peregrinaje está al caer.

 

ENRIQUE- (Satisfecho) Sabía, Quique, que tú no me dejarías en la estacada.

 

QUIQUE-  ¿No quieres viajar?... (Reina le mira preocupado, Enrique con enorme interés) ¡Pues vamos a viajar de verdad!

 

ENRIQUE- Desembucha, muchacho.

 

REINA- (A Quique) Estás como una cabra.

 

QUIQUE- (A Reina) No seas lelo y sigue el juego. (A Enrique) ¡Tú te mereces lo mejor, socio!... Bueno, a lo que iba... El Johnny... ¿Os acordaréis de él, no?... Ha estado en Londres el año pasado... en el sesenta y cuatro... Allí ha visto lo último... Lo más in...

 

ENQUIQUE- (Impaciente) ¡Vamos, Quique, déjate de cotilleos y continúa!

 

QUIQUE- Se ha traído "de extrangis" algunas de esas cosas que se meten al cuerpo... Un día lo probamos por primera vez...

 

ENRIQUE-  (Recordando) Estábamos en aquel garaje sórdido...

 

QUIQUE- Bueno... no es tan sórdido... Ahí estamos creando nuestros mejores temas... (Saca de otro bolsillo una pastilla de LSD) ¡Zas!... Todo se iluminó cuando ella apareció... Os presento a la diosa...

 

ENRIQUE- (Las palabras llegan a su boca repentinamente) ¡Lucy para los amigos!

 

QUIQUE- ¿Qué dices?... ¡Bah! La repartiremos como tres buenos hermanos.

 

REINA- (Nervioso y reticente, a Quique) Deja ya este juego o nos saldrá el tiro por la culata.

 

ENRIQUE- Un trippy...

 

QUIQUE- (A Enrique) ¡Ahí le has dao, macho!... Un cartoncito... Una pastillita. ¡Ella nos guiará! ¡Tendremos un fin de fiesta de traca valenciana!... A fin de cuentas... ¿No estamos festejando la Nochevieja del Milenio?... ¡Hay que celebrar nuestro reencuentro!

 

     (Quique la parte en tres pedazos y se toma su porción. Les ofrece las otras dos partes. Reina se toma la suya. Enrique, después de dudar, acepta tomarla también )

 

ENRIQUE- (Comienza a sentir los efectos del LSD) Estábamos en un ensayo... La recibimos cantando. (Canta “Lucy in the sky with diamonds")

         Picture yourself in a boat on a river

                     with tangerine trees and marmalade skies...

 

REINA-       (Sumándose a la canción)

         Somebody calls you, you answer quite slowly...

 

LOS DOS-   (Cantando a dúo)

         A girl with caleidoscope eyes.

 

ENRIQUE-  (Empezando a alucinar) ¡Guau! (Continúa cantando)

         Cellophane flowers of yellow and green...

 

REINA-      (Comenzando a colocarse) ¡Mola de alucine! (Sigue cantando)

        Towering over your head...

 

LOS DOS-  (Cantando a dúo)

         Look for the girl with the sun in her eyes.

                     And she´s gone. 

 

QUIQUE- (Se saca de la boca su pedacito. Contemplando a los otros dos) Disfrutad... Disfrutad mientras podáis, cabrones ¡A ver si os perdéis por ahí en algún recoveco y le hacéis un favor a la humanidad!

 

ENRIQUE- ¡Este sí que va a ser un auténtico viaje! (Continúa cantando entusiasmado)

                     Lucy in the sky with diamonds

 

REINA-       (Añadiéndose al coro)

                     Lucy in the sky with diamonds

 

LOS DOS-  (Corean cada vez más excitados, mientras el ácido va haciendo su efecto)

                     Lucy in the sky with diamonds, ahhhh...

 

     (El cúlmen de la música coincide con un estruendo enorme. Enrique y Reina intentan entender lo que sucede, pero están demasiado absorbidos por su alucinación)

 

REINA- ¡Hostias! ¿Qué ha sido eso?

 

ENRIQUE- Parece una bomba.

 

REINA- ¿Y ahora... dónde estamos?

 

ENRIQUE- Creo que... en Madrid...

 

REINA- ¿Otro atentado de ETA?

 

ENRIQUE- No. (Escuchando el ruido de un avión) Es una pava alemana.

 

REINA- ¿Un junker?... 

 

ENRIQUE- Es el primero... pero vendrán más.

 

REINA- ¿Por qué?

 

ENRIQUE- La guerra... acaba de empezar.

 

     (Se escucha un grito desgarrador de mujer)

 

REINA- ¿Quién es esa mujer que grita?

 

ENRIQUE- Tu madre.

 

REINA- ¿Qué?

 

ENRIQUE- (En un rapto de lucidez) Estás a punto de nacer.

 

REINA- Creo que te equivocas... ¡La bomba está a punto de caer en esa casa!

 

ENRIQUE- (Su cuelgue no le impide darse cuenta de que Quique les observa impertérrito. Furioso, intenta vomitar la pastilla) ¡Quique, eres un hijo de puta! ¡Quiero cambiar mi vida, pero quiero seguir viviendo!... ¡Prefiero ser un cabrón que un hombre muerto!... ¿Me entiendes?... ¡Prefiero mis culpas... mis acusaciones!... ¡Prefiero la cárcel, la corrupción, el escándalo!... ¡Cualquier cosa antes que la nada! ¡Quiero mi vida! ¡Devuélveme mi vida! ¡¡¡Quiero nacer!!!

 

     (La estridente voz de una mujer, mezcla de gemido de parto y burla incontenible, llena de fluidos femeninos el paisaje alucinado de dos hombres que intentan luchar contra un destino ingrato que les niega el derecho a su corrupta  existencia)

 

 

 


 

ESCENA X

 

CONFESIONES DE UN TIBURÓN

10 campanadas...

 

 

     (Suenan 10 campanadas. Enrique consigue bajar de su viaje con el ácido y retomar el control de la situación. Reina está aún a medio camino)

 

ENRIQUE- (Acusador a Quique) ¡Muchacho, has llegado demasiado lejos!

 

QUIQUE- (Haciéndole cara) Todo tiene un precio. Son los riesgos del viaje.

 

ENRIQUE- (Zarandeando a Reina) ¡Despierta, coño! Tenemos tarea.

 

REINA- (Saliendo de su cuelgue) Enrique, primero...

 

ENRIQUE- (Cortándole) Acuérdate de Segundo.

 

QUIQUE-  ¡Vale ya de gaitas! ¡Deja de tocarme las pelotas!

 

ENRIQUE- (A Reina) Reina, tú sabes de qué estoy hablando.

 

REINA- (Tras un silencio) El secuestro fue realizado por quienes estaban encargados de mantener el Orden...

 

ENRIQUE- (Continuando) La consigna estaba clara: "En cualquier circunstancia, la forma de acción más aconsejable es la desaparición por secuestro"... Y esta es una magnífica circunstancia.

 

QUIQUE- Sois unos canallas. ¡Jamás! ¡Jamás me convertiré en vosotros!

 

     (Todo adquiere el tono de una detención irregular. Del  fondo va llegando triunfal "All you need is love")     

 

REINA- Marey también fue músico de joven... Tocó el saxo.

 

ENRIQUE- (A Reina) Vamos, ponle algo en la cabeza... No soporto su mirada acusadora.

 

QUIQUE- (Se arranca la peluca de melenudo) No hace falta. Prefiero estar descubierto y miraros a la cara para poder escupiros libremente (Se la arroja con furia)

 

ENRIQUE- Quique, lo hacemos por tu bien...

 

QUIQUE- ¿Por el mío? ¡Será por el vuestro, cabronazos!

 

REINA- (A Enrique) ¿Tú crees que es necesario todo esto?

 

ENRIQUE- (Transformando su enfado en exaltación) ¡Claro... Para liberar a alguien... Primero hay que secuestrarle! ¿No?

 

REINA- (Comprendiendo la jugada) ¡Ahora te entiendo, compañero! ¡Un golpe magistral! ¡La guinda del plan!... ¡Liberaremos a Segundo Marey!

 

ENRIQUE- ¡Seremos por tercera vez y de modo rotundo los garantes de nuestra democracia! (A Reina) ¡Vamos, quítale los zapatos y ponle la venda en los ojos! (Reina comienza a descalzar a Quique)

 

QUIQUE- (Asqueado) ¿Cómo habéis podido... llegar tan bajo?

 

ENRIQUE- Tal vez no hemos hecho más que cumplir tus deseos.

 

REINA- ¿No aspirabas a ser un auténtico triunfador? (Comienza a vendarle los ojos)

 

QUIQUE- (Confuso) Pero... no me refería a esto...

 

ENRIQUE- Compañero, las ideas, como los virus, pasan de un portador a otro.

 

QUIQUE- ¡Os odio!

 

ENRIQUE- Cuando odiamos a alguien no hacemos más que odiar lo que no nos gusta de nosotros mismos. Lo que no llevamos dentro, no nos inquieta

 

QUIQUE- (Indefenso, descalzo y con los ojos vendados) ¿Qué habéis hecho conmigo?

 

REINA- Nosotros no hicimos más que... activar tus virus.

 

ENRIQUE- Te enterramos junto con la vespa, el twist y la utopía... Y luego seguimos disparando...

 

REINA- Sobre los calientes setenta...

 

ENRIQUE- Los ochenta esperanzados... y los noventa amnésicos...

 

REINA- No dejamos títere con cabeza...

 

QUIQUE- (Aterrado) Habéis hecho una auténtica masacre...

 

ENRIQUE- Sí... Pero qué importa ya. ¡En este fructífero recorrido acabamos de convertirla en una limpia, muy limpia masacre!

 

    (Enrique y Reina contemplan al desvalido Quique, que yace a sus pies. La música de "All you need is love" se va deshaciendo también como un guiñapo)

 

ENRIQUE- (A Reina)  Mírale. Creía que podría con nosotros... ¡Ilusa juventud!... (A Quique) Intenta seguir evadiéndote al calor del rebaño... Pero, lo quieras o no,  tu destino es otro... más solitario... más alto. Sí, yo he perdido el pelo y el falso pudor... Y he ganado unos centímetros de cintura... y unos cientos de millones. ¡La vida cambia!

 

REINA- Eres un cínico.

 

ENRIQUE- ¿Y tú?... ¿Acaso no hace mucho que dejaste de ser Quique el ingenuo? ¿Acaso no hace ya tiempo que tienes que sonreír con cuidado... para que las comisuras no muestren tu triple dentadura de tiburón? (Observando al arrogante ejecutivo) Señor Reina... Otro tipo de... fontanero.

 

REINA- Siempre hay tuberías que desatascar.

 

ENRIQUE- Sí, la mierda atasca todos los conductos... Y tiene que haber alguien que haga el trabajo sucio.

 

REINA- El dinero te lo ponen encima de la mesa...

 

ENRIQUE- Sólo hay que alargar la mano... a los amigos...

 

REINA- Tengo muchos...

 

ENRIQUE- ...y buenos...

 

REINA- El cambio...

 

ENRIQUE- El negocio...

 

REINA- ...limpio.

 

ENRIQUE- “Clean Corporation”.

 

REINA- Las empresas de reciclaje de basuras...

 

ENRIQUE- La red de lavanderías... Como en las películas de serie negra.

 

REINA- ¿Me estás llamando mafioso, compañero?... Las empresas funerarias...

 

ENRIQUE- Las "em-pre-sas de com-pre-sas"... papel higiénico, y tampones...

 

REINA- Los abonos naturales... La cría de cerdos...

 

ENRIQUE- Cerdos “limpios” para exportar a la “limpia Europa”...

 

REINA- Las empresas "fantasmas"...

 

ENRIQUE- Con sus blancos y limpios sudarios...

 

REINA- ¡”Clean Corporation”! Un holding muy “limpio”.

 

ENRIQUE- ¡Sociedades instrumentales...!

 

REINA- Ya sabes... Siempre me gustó la música.

 

ENRIQUE- Tus nuevos conciertos son con la caja registradora...

 

REINA- Como Pink Floid. ¿No recuerdas “Atom heart mother”? (Tararea la música y el coro del comienzo)

 

ENRIQUE- (Le acompaña con la voz solista) Money... Ellos se burlaban del dinero...

 

REINA- (Cínico) Yo también...

 

ENRIQUE- No sólo del dinero... Nos hemos burlado de muchas cosas...

 

REINA- (Avergonzado) Lo de los residuos nucleares ya pasó a la historia...

 

ENRIQUE- No, compañero... no pasó. (Reina le mira inquiriendo) Africa está ahí al lado...

 

REINA- En algún lugar tenía que dejarlos... No se van a volatilizar así como así...

 

ENRIQUE- Claro... ¡Qué importan los “sucios” negros!... Si son negros es porque son unos guarros... ¿no?

 

REINA- Ellos en su sitio y nosotros en el nuestro.

 

ENRIQUE- Tenías que ver Madrid... No la reconocerías... ¿Te acuerdas de aquel sueño?...

 

REINA- Esa pesadilla... (Reviviéndolo) Miles de barcos van llegando...

 

ENRIQUE- Todos vienen del sur...

 

REINA- Abarrotados de gente oscura...

 

ENRIQUE- Desembarcan en nuestras playas...

 

REINA- Y caminan por nuestras carreteras...

 

ENRIQUE- Hasta llegar a las puertas de nuestras ciudades...

 

REINA- Entran sin llamar... Inundan las calles, las plazas...

 

ENRIQUE- Africa ahora está aquí, compañero... Vinieron a pasarnos la factura.

 

REINA- (Repentinamente inquieto) ¿Y Henry? ¿Qué pasó con él?... ¿Tuvo que ver... con lo de Africa?...

 

ENRIQUE- Nunca existió Henry, ni la cárcel...

 

REINA- Pero...

 

ENRIQUE- Sólo en tus pesadillas.

 

REINA- Entonces...

 

ENRIQUE- La justicia es lenta...

 

REINA- Y ciega...

 

ENRIQUE- No creas. Todo acaba saliendo a la luz. Hasta los muros más sólidos acaban derrumbándose.

 

REINA- ¿Qué quieres decir?

 

ENRIQUE- Algunos, antes de que acabe tu año. ¿No oyes ya temblar los cimientos?

 

REINA- No te entiendo...

 

ENRIQUE- Y un clamor se alzará: “¡Proletarios del mundo, perdonadnos!”.

 

     (Los tres hombres guardan silencio, un silencio preñado de certeza amarga)

 

ENRIQUE- Ahora que están reescritos debidamente los capítulos de mis Memorias... Ahora que la Transición me pertenece... Que nadie se atreverá a condenarme... Os dejaré marchar. 

 

     (Sobre las cínicas palabras va creciendo de nuevo con triunfante osadía el tema: "All you need is love", hasta inundarlo todo) 

 


 

ESCENA XI

 

PAUL EN EL PALACIO

11 campanadas...

 

 

     (Suenan 11 campanadas, que ahogan el tema de los Beatles)

 

ENRIQUE- (Acercándose a Quique, le retira la venda de los ojos) Lo siento, Quique. Era necesario. Ya sé que ha sido duro para ti. (Le entrega los zapatos) Nada hay más molesto para un hombre, que seguir el camino que le conduce a sí mismo. (A Reina) Señor Reina, de nuevo a casa. Billete en primera, de ida y vuelta.

 

REINA- (A Enrique) ¿Y qué vamos a hacer con éste?...

 

     (Quique comienza a calzarse los zapatos)

 

ENRIQUE- (A Reina)  Hoy es el concierto, ¿no?... El del Palacio de los Deportes. (Reina asiente) Pues, estaremos allí. (A Quique) Uno de ellos ha vuelto a Madrid.

 

QUIQUE- (Fingiendo indiferencia) ¿Uno de los dioses?...

 

ENRIQUE- Paul.

 

QUIQUE- (Ganado por la nostalgia) ¡El bueno de Paul!... Seguro que estará hecho un carroza.

 

REINA- Bueno, aún no ha cumplido los cuarenta y ocho.

 

QUIQUE- ¿Y los otros?

 

REINA- Andan... por ahí. Ringo ya es abuelo...

 

ENRIQUE- Menos John.

 

QUIQUE- (Olvidando sus propias preocupaciones) ¿Por qué? ¿Qué le ha pasado a John?

 

REINA- Va a hacer nueve años... de su muerte.

 

ENRIQUE- O veinte... Según se mire.

 

QUIQUE- (Disgustadísimo) Pero... No puede ser. ¡Eso es terrible!...

 

ENRIQUE- Esta noche estaremos en el concierto. (A Quique) Ahí es donde podrás encontrar el camino de vuelta.

 

QUIQUE- (Amargo) Ya... ¡Qué más da!... Ningún camino me llevará a otro sitio más que a acabar al final entrando en vuestro jodido pellejo...

 

     (Enrique chasquea los dedos satisfecho, para hacer su último número de magia a través del tiempo. Todo se tiñe de un resplandor rojizo. Un crepitar de llamas va creciendo)

 

REINA- No recuerdo que el concierto tuviese esta iluminación... ¡Huele a chamusquina!

 

QUIQUE- ¿Dónde está Paul?... ¿Dónde está el público?...

 

REINA- ¡Esto está ardiendo!

 

QUIQUE-(A Enrique) ¿A qué nuevo infierno nos has traído?

 

 ENRIQUE- No entiendo nada...  Juraría que mi cálculo era correcto.

 

     (Se oye la voz de un hombre que habla confidencialmente con otro. Su voz suena muy similar a la de Enrique, si acaso un poco más vieja, pero más enérgica)

 

VOZ HOMBRE- Estupendo. Todo ha salido según lo previsto. Toma. Esto era lo acordado... ¿No es así?... Larguémonos de aquí. Y recuérdalo bien: Nadie nos ha visto ni nadie sabrá nunca nada de este asunto...

 

ENRIQUE- (Interpelándole a voces) ¿Quién es usted?

 

VOZ HOMBRE- (Irritado en su desconcierto) ¡Hostias! ¿Qué hacéis aquí?

 

QUIQUE- (Observando a Enrique) Esa voz... me resulta familiar... demasiado familiar.

 

VOZ HOMBRE- ¿Cómo cojones habéis venido a parar aquí?

 

REINA- ¿¿Qué??...

 

VOZ HOMBRE- Reina, sigues siendo un imbécil.

 

QUIQUE- ¿Usted nos conoce?

 

VOZ HOMBRE- Os conozco, Quique, como si os hubiera parido.

 

ENRIQUE- (Aterrorizado por la posible respuesta) ¿Tú...?

 

VOZ HOMBRE- Sí, yo, Enrique. ¡Te has pasado de rosca!

 

ENRIQUE- ¿Así que... este es el futuro?... ¿Mi futuro?...

 

VOZ HOMBRE- Estarás orgulloso de mí. Acabo de dar un golpe genial. (Enrique escucha estupefacto) Vamos, Enrique... No te hagas ahora el estrecho. Conmigo no valen esos juegos. ¡Conozco más la mierda de tus entresijos, que tú mismo! (Riéndose a carcajadas) ¿No sabes que Madrid va a ser ciudad olímpica?... ¿Y que las ciudades olímpicas necesitan pabellones deportivos faraónicos?... ¿Y que los faraones necesitan constructores atrevidos?... ¿Y que los constructores atrevidos necesitan hombres implacables?...

 

     (El resplandor y el crepitar de llamas van creciendo. Suenan las sirenas de los bomberos cada vez más cerca. El viejo Enrique, inmóvil en mitad del incendio se tapa los ojos, horrorizado)

 

QUIQUE- Así que... esto es lo que nos espera. Es aún más sucio de lo que podía imaginar.

 

ENRIQUE- Os juro que yo...

 

REINA- ¡Déjate de juramentos!... Enrique, es un golpe magistral. ¡Enhorabuena!

 

ENRIQUE- ¿Tú crees?

 

REINA- ¡Pues, claro! Compañero, me siento orgulloso de ti.

 

QUIQUE- Me dais ganas de vomitar. (Intenta salir de allí)

 

     (Reina chasquea los dedos, como vio hacer a Enrique, pero no sucede nada. Angustiado vuelve a intentarlo de nuevo. El incendio se va desvaneciendo para ser sustituido por un redoble de tambores. Han vuelto al Palacio de los Deportes en el 89, la noche del concierto de Paul.  Los alaridos del público se mezclan con los alaridos de las fans del pasado, grabadas del anterior concierto de Las Ventas)

 

REINA- (Respirando tranquilo) ¡Lo hemos conseguido! De nuevo en casa.

 

ENRIQUE- (Destapándose los ojos) ¿Qué ha pasado?

 

REINA- Nada... Te quedaste dormido.

 

ENRIQUE- Tuve una pesadilla.

 

     (Suenan petardos y rumor de plataformas hidráulicas)

 

QUIQUE- ¡Hostias! ¡El suelo se mueve!... ¿Habremos vuelto al incendio?

 

ENRIQUE- ¿A dónde?...

 

REINA- (Cambiando la conversación) Mirad a Paul, flotando sobre nuestras cabezas... bañado en luz celestial...

 

     (Comienza el tema "The fool on the hill", coreado por la multitud)

 

QUIQUE- John siempre escribió en primera persona... Paul construye pequeñas historias... ¡Pero, vaya historias! (Corea ensimismado)

 

     (En unas pantallas gigantes se ven imágenes del anterior concierto de los Beatles)

 

REINA- Mirad esas pantallas... Tanta juventud... Tantas revoluciones perdidas... Tantos héroes desaparecidos...

 

ENRIQUE- ¡Ese es justamente el camino! A eso me refería. ¡Las pantallas! (A Quique) ¡Ahí tienes, Quique, tu atajo!

 

QUIQUE- (Con absoluta desconfianza)  ¿No será otro de tus chanchullos?... No me fío de ti ni un pelo. ¡Sabe Dios dónde demonios has decidido mandarme! (Cogiendo su guitarra) En fin, voy a intentarlo. Total... ¿Qué puedo perder?... Mientras pueda salir de esta cloaca... (Volviendo a ilusionarse) A lo mejor todavía llego a tiempo.

 

REINA- Tu concierto terminó...

 

ENRIQUE- ...Hace mucho.

 

REINA- Los Limpios ya han vuelto a casa.

 

ENRIQUE- Quique y Los Limpios... Cuando te recuperes del desmayo, no te acordarás de nada...

 

REINA- Sólo un ligero dolor de cabeza.

 

QUIQUE- (Furioso) ¡Pues no debería ser así! Me gustaría conservar todo esto grabado a fuego en la memoria... (Recordando asqueado) A fuego... Ójala sólo fuerais la pesadilla de un simple fontanero que vive para la música.

 

ENRIQUE- Vamos, Quique, lárgate ya o tu guitarra se transformará de nuevo en calabaza.

 

QUIQUE- (Inicia su salida. Se vuelve a ellos antes de desaparecer) Una última pregunta: ¿Qué hostias puedo hacer para vivir de la música... y no llegar a convertirme en vosotros?

 

REINA- ¿No te gustamos?

 

QUIQUE- La verdad es que preferiría no haberos conocido...

 

     (Enrique y Reina se miran cómplices)

 

ENRIQUE- Grabar una canción de éxito. ¡Pegar un pelotazo!

 

REINA- Si fuera tan sencillo...

 

QUIQUE- (Acariciando su guitarra) También a Lennon su tía Mimi le decía: "Eso de la guitarra está muy bien John, pero nunca acabarás ganándote la vida con ella". (Les contempla por última vez con alivio, al que se mezcla una extraña nostalgia)

 

ENRIQUE- La vida es bella... conduce con cuidado

 

REINA- Aprovecha tu ración de tiempo. El tiempo es un bien precioso... Aprovéchalo mientras puedas.

 

     (Quique se dirige a las pantallas, rasgueando en su guitarra el tema que suena: “The fool on the hill". Desaparecen él y la música. Se quedan solos Enrique y Reina)

 

ENRIQUE- Era un buen chico.

 

REINA- Y un buen músico... Podíamos haber conquistado el Hit Parade...

 

ENRIQUE- Pobre Quique... Nunca sabrá que Los Limpios no pasaron de ser un oscuro grupo... Un desconocido grupo más de los sesenta...

 

REINA- Uno de tantos que se quedaron en la cuneta... En el oscuro garaje del que nunca salieron... (Contemplando al viejo Enrique) ¿Qué vas a hacer tú ahora?

 

ENRIQUE- Nada... Vivir. Sólo vivir. Cuando me jubile... tal vez me haga hacker.

 

REINA- ¿Es un nuevo estilo musical?

 

ENRIQUE- Un nuevo estilo de vida. Hacker es el que entra ilegalmente en los sistemas y mira la información...

 

REINA- ¡Ah! Un mirón...

 

ENRIQUE- No, compañero. Mira la información... y después, ¿quién sabe? Tal vez interviene... Por ejemplo, contra Wall Street...

 

REINA- ¡Vaya! ¡Un hacktivista! El sabotaje electrónico como nueva forma de sabotaje político... Una limpia forma de purgar las culpas con el pasado... Suerte, compañero.

 

ENRIQUE- Hasta la vista... socio.

 

     (Comienza a desgranarse el tema "Hello goobye", acompañando la salida de Reina que se aleja aferrado a su carpeta con los documentos que el destino y la sabia manipulación del viejo Enrique han convertido en papel mojado)

 


 

ESCENA XII

 

DE NUEVO EN CASA

…y 12 campanadas

 

 

     (Enrique se queda solo. Suenan, reunidas al fin, las 12 campanadas de Fin de Siglo. Nuestro hombre se dirige al público, tratándoles como tal por vez primera)

 

ENRIQUE- Bueno, punto y final. Sí, señores, la justicia es lenta, pero todas las tortugas acaban alguna vez llegando a la meta. Cuatro mil millones en comisiones es mucho dinero... demasiado. No hay calcetín que pueda esconder tanta chatarra. Habrían acabado reventando las costuras... Por eso había que actuar rápido, sin dudas ni vacilaciones. ¿Qué les ha parecido?... ¡Genial!, ¿no es así?... (Observa la reacción de los espectadores) Mis Memorias ya están terminadas. Como han podido ver, no ha sido difícil. La labor de reescritura es un acto placentero... artístico... Quitar un poco de aquí y de allá... maquillar algunos sucesos... añadir otros que le den más gracia... más verismo... (Guiñando un ojo cómplice) ¡Qué importa, cuando el resultado es bueno,  cuando parece verosímil, cuando tiene garra, cuando la foto favorece al modelo!... Son las leyes del mercado. ¡Ahhh! Ha sido divertido, vivificante... Como recrear un viejo tema... Mejor, ¡un auténtico álbum!... ¡El álbum de la Transición! ¡Este sí que llegará al número uno!... Reina me ayudó con las letras, Quique compuso las músicas... Me fueron muy útiles. Pero ahora ya no les necesito... (Contempla complacido al público) Como a ustedes. Pueden irse a casa, señoras y señores. La función ha terminado. Váyanse a casa e intenten olvidar... ¿Que por qué les cuento todo esto?... (Confidencialmente) Ustedes… aún no existen. ¿Aún no se habían dado cuenta? (Se ríe ufano) Ustedes pertenecen al futuro, al nuevo siglo, al flamante siglo XXI. Ustedes no pueden hacer aún nada contra mí... ¿Se dan cuenta? ¡Absolutamente nada! Cuando puedan comenzar a reaccionar será tarde. ¡Hablen entonces con el juez! ¿Piensan que les creerá?... Inténtenlo. No hay problema: ¡La democracia me protege!... Y después de todo, ¿quiénes son ustedes, eh? Ustedes, en definitiva, no son nadie. (Irónico) Sólo... materia de teatro... pedacitos de sueño que pronto se desvanecerán en el aire... ¡zas!... sin dejar apenas rastro. Tal vez, hasta olviden que me han conocido. Hay tantas obras en cartel... Así es la vida. Acéptenlo si pueden. No se nieguen a la evidencia... ¡Vivan y dejen vivir! (Satisfecho) Pueden ustedes acusarme o condenarme en sus corazones... Sí, yo también lo haré... Y tal vez, hasta sea mi juez más severo. Pero, aún así, nunca podría autocondenarme... Porque mi expediente está aseado, inmaculado, cristalino, intachable,  limpio… ¡completamente limpio!

 

     (El viejo Enrique va irguiéndose, coge su portátil y lo conecta. El aparato empieza a funcionar. Suena “When I´m Sixty-four”. En la oscuridad se oye la voz de la locutora de televisión del comienzo)

 

VOZ DE MUJER- (Comienza hablando con la seriedad propia del rigor de un informativo) Abrimos el primer informativo del siglo con una noticia judicial: La Audiencia Nacional ha decidido dar por archivado el caso del conocido empresario Enrique Criado Reina, sobre el que recaía una grave acusación de cohecho, malversación de fondos públicos y falsificación de documentos. El Fiscal General del Estado ha detenido el proceso por falta de pruebas. Aunque en su momento se encontraron innumerables irregularidades, legalmente éstas no constituyen delito, de acuerdo con nuestro Código Penal… (La rigurosa voz va adquiriendo un tono chispeante, más propio de un programa del corazón) ¡Máxime, teniendo en cuenta un historial tan limpio como el que guió toda la vida del presunto acusado! Documentos inéditos, aparecidos recientemente, revelan el papel fundamental que don Enrique ocupó en nuestra Transición Democrática. ¡Ahora conocemos la verdad! Sólo ahora sabemos que sin él, sin su arrojo y ayuda inestimables, nada habría sido posible. ¡Sabe Dios qué nos habría deparado el destino!... (Directamente sensacionalista) ¡Así que, nuestra enhorabuena para don Enrique... que, si los análisis de audiencia no mienten, nos estará escuchando! ¡Feliz nuevo año... feliz nuevo siglo... feliz nuevo milenio! ¡¡El futuro ha comenzado!!

 

     (El tema "When I´m sixty four" crece como una ola sarcástica, inundando hasta el último recoveco de la Memoria)

 

 ¿FIN?...

 

Antonia Bueno  yo1252@yahoo.es

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