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LOCA

de  Magda Guarido

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

LOCA

Autora: Magda Guarido.

magdaguarido@gmail.com

 

 

PERSONAJES:

Yolanda

Psiquiatra

Alicia

Enfermero

 

              

La historia nos narra el sentimiento de amor visto desde varios puntos de vista. Yolanda, una joven que ha perdido el amor de su vida y que no quiere vivir sin él. Alicia, que vive en su mundo de cuento, esperando a un príncipe que la rescate, pero que en el fondo no es tan ingenua. El Psiquiatra, que nunca se había enamorado hasta que conoce a Yolanda, su paciente. Y por último el enfermero que aún sin ser un papel relevante en la historia, forma parte de las experiencias de los tres personajes anteriores.

 

 

 

SE ILUMINA UNA LUZ TENUE MIENTRAS SE ABRE EL TELÓN, ESTÁ YOLANDA SENTADA EN UN ASIENTO ALTO

 

(Entra un enfermero con Alicia, ésta lleva una camisa de fuerza. El enfermero la deja sentada en el centro del escenario, Yolanda está sentada en la butaca alta, se ve a las dos chicas con camiseta grande blanca y culote blanco, están descalzas y despeinadas)

 

YOLANDA: Aquí me encuentro, en lo que yo llamo el vértice de mi vida, el vértice de aquello que debió haber sido y que no es…  

(Silencio. Se baja y se sienta en la banqueta pequeña)

Desde éste punto se ve todo mejor, o quizás, yo lo veo todo mejor, la verdad es que no lo sé.

(Silencio. Se levanta y se sienta en el suelo).

Pero ya hace mucho que entendí que todo había terminado y que me quedaba sin tus besos.

(Silencio. Se estira barriga abajo en el suelo y gira dos veces sobre su cuerpo. Se da la vuelta poniéndose con los pies hacia el público y levanta el tronco y la cabeza).

Sólo sé que desde que te fuiste no vivo, que desde que te fuiste paso mi vida en vilo, y que ya estoy harta, estoy harta de caminar con rumbo desconocido, viendo siempre las mismas caras que te dan el pésame sin saber bien lo que te pasa, que te dan consejos que se pierden en el viento y te ofrecen su hombro ciego sin compartir realmente tu pena.

 

ALICIA: No todo es pena y lamentación; ni son besos sin sabor. No todo es locura…

 

YOLANDA: ¿Locura? ¿Quieres saber lo que es una locura? Que nos hagan creer que los viejos ya no sirven, que ya no tienen mas nada para dar que su sabiduría nada vale que dejarlos morir no es igual que matar. Que si eres joven estarás bien, si no bebes, si no fumas, si no protestas, pero si haces lo contrario eres un delincuente y que nos molestas
Que si gritas en una manifestación y encima llevas un pendiente no está mal que te pegue un policía: un golpe no despelleja
Que por naturaleza los fuertes sobre los débiles deben mandar y eso es igual a que los hombres sobre las mujeres deben gobernar.
Que estamos solos en el basto, bastísimo universo y su inmensidad y que de tanta soledad y frío la luz no puede contra la oscuridad.

 

(Entra el enfermero y le da una pastilla con un vaso de agua a Alicia “”recordemos que esta con la camisa de fuerza””. Al terminar Alicia habla)

 

ALICIA: (Al enfermero)  ¿Me besas? Quiero saber a que saben tus labios.

 

ENFERMERO: No es apropiado, lo siento.

 

ALICIA: Nadie lo sabrá, será nuestro secreto.

 

ENFERMERO: Eres preciosa Alicia… ¿por qué me obligas a ponerte la camisa?

 

ALICIA: Quizás porque todavía no he encontrado mi caballero.

 

(El enfermero besa en los labios a Alicia y al levantarse le da otro beso en el cabello)

 

ALICIA: ¡Son dulces!.. Como tú. Gracias.

 

(El enfermero se marcha y suena la canción del Cant dels ocells, Yolanda no se mueve).

 

LA LUZ SE CENTRA EN ALICIA

 

ALICIA: (Empieza la música mientras habla y detrás Yolanda baila) ¿Dónde está el horizonte de la cordura? Hoy verán sobre éste escenario, que la cordura es un hilo de seda débil y frágil, muy fácil de romperse, donde el amor, el desamor y el abandono, provocan un vacío en el alma y en el corazón. Perdiendo así todos los valores de la vida. Yo ya vivo en un agujero negro y sé que de él no saldré, ¿qué más me da?, la vida para mi ya no tiene sentido, Además con éstas correas que me atan… ¡Odio éste lugar!

 

FUNDIDO - LUZ SOBRE EL PSIQUIATRA

 

(Se ve a un hombre con bata blanca sentado en una mesa, está escribiendo.)

 

PSIQUIATRA: Paciente, Yolanda Lares Vega, 22 años de edad. Ingresada lunes 21 de febrero referida desde la sección de urgencias. Ingresa con un ataque de ansiedad y alta ingesta de medicamentos. Primera evaluación: La paciente muestra desapatía con la vida, se muestra reacia a la conversación conmigo y no se abre a compartir emociones y sensaciones de su desgarro interior. Un amor le abandonó  y ello la está arrastrando a la propia muerte.

 

Alicia Fernández García, paciente de 27 años con un grave trastorno de personalidad. Varios intentos de suicidio a lo largo de los últimos tres meses, el  último hace dos semanas utilizando material robado de la enfermería. Diagnosticada como posible síndrome de Peter Pan, combinada con brotes esquizofrénicos.

Debe estar bajo vigilancia y control de habitación diaria.

 

YOLANDA: (Camina dentro de su espacio, alrededor de las banquetas, etc.)

 Ayer te ví, estabas en la parada del autobús, como todos los días, con tu clásica chaqueta tejana y tus vaqueros ceñidos, ¡qué guapo estabas! En la mano llevabas la carpeta forrada con las fotos que recortas de las revistas de música, esas pequeñas fotos de Paulina Rubio y Rihanna  y otras cantantes famosas y el macuto de tela a cuadros colgando.

Te acompañaba Carlos, ése inseparable amigo tuyo que yo no soporto, aunque desde que no estás se ha convertido en mi ángel de la guarda, me pregunta constantemente como estoy, si necesito algo o simplemente se sienta a mi lado en el patio, nos miramos y con una sonrisa se pone a leer sus apuntes sin moverse. Me acerqué y vi tus ojos color miel, y tu pelo pincho que untas de gomina cada mañana. Subimos al autobús del instituto y estuvimos hablando de cosas sin importancia: el tiempo, la ropa, la pesada de Inés que no me deja ni a sol y a sombra porque le gusta Carlos… Al bajar tropecé y me sujeté a tus hombros y tú no te enfadaste, simplemente te giraste y preguntaste:

-    ¿Estás bien?

-    Sí gracias, lo siento mucho -respondí a la vez que se hacía un nudo en mi garganta.

-    No te preocupes, apóyate siempre que lo necesites, y si quieres, mañana te doy la mano para bajar –añadiste con una sonrisa pícara.

 

(Entra el Psiquiatra en la Sala mientras ella habla y él camina por detrás suyo guardando las distancias y escuchando su diálogo. Alicia Se levanta del suelo y empieza a caminar por la sala cabizbaja y balanceando los brazos.).

 

YOLANDA: De repente abrí los ojos de nuevo y volví a ver la oscuridad envolviéndome. Ya no me quedan lágrimas, ya no me quedan lamentos, lo único que tengo es Charlie, esa vieja rata de laboratorio que salvamos de aquel experimento ¿lo recuerdas? (se sube a la banqueta más alta). Que pequeño se ve todo desde aquí, aunque supongo, que tú todavía lo verás más pequeño todo,

¿Qué hace aquí?, no es bien recibido en mi habitación… Ya me castiga suficiente la vida.

 

(Alicia, que caminaba por la sala se acerca al Psiquiatra y mira por encima de su hombro sin decir nada)

 

PSIQUIATRA: ¿Necesitas algo Alicia?

 

ALICIA: (Mueve la cabeza de lado a lado y se queda mirando a la cara del psiquiatra)

 

PSIQUIATRA: ¿Quieres ir a tu habitación?

 

ALICIA: No, ahora no quiero ir.

 

PSIQUIATRA: ¿Entonces que quieres?

 

ALICIA: (Le susurra algo al oído)

 

PSIQUIATRA: (Echa mano a su bolsillo y le da un caramelo) ¿Está bien así?

 

ALICIA: ¡¡si!! Además es del sabor que me gusta (le da un gran abrazo al doctor)

 

(Yolanda se levanta lentamente y anda hasta mitad del escenario, se queda de espaldas de pie)

 

(Alicia anda alrededor de Yolanda mientras hablan y Yolanda gira con ella)

 

ALICIA: (Se acerca a Yolanda). Nunca nos dijeron que la vida era fácil, nunca nos prometieron el cielo a cambio de nada. Nunca dijeron que no hay ley que nos condene o nos libere del sufrimiento. Escucha cuando te digo, que cualquier esfuerzo vale la pena, que todo aquello que consigas con tu propio esfuerzo tendrá un valor superior a cualquier cosa.

 

YOLANDA:   En ésta vida somos viajeros llevando todas nuestras pertenencias en una maleta que llamamos cuerpo, y en él guardamos todas nuestras penas y alegrías, nuestras ilusiones y pasiones, pero también nuestros fracasos y nuestras desdichas.

 

ALICIA: A lo largo del camino nos encontramos con otros viajeros, e incluso algunos, acaban siendo compañeros de viaje. Pero pase lo que pase hay que seguir caminando, detrás de nosotros vienen muchos más, los mismos que tenemos delante.

Una vida, ¿La tomas o la dejas?...

 

YOLANDA: ¡la dejo!

 

ALICIA: La puedes vivir disfrutando de cada momento, recogiendo los frutos que tu mismo vas cultivando y viviendo al límite cada segundo de tu vida...

Tú y solo tú, eres dueña de tu vida.

 

(Alicia se sienta en la banqueta alta). (Yolanda entra en la zona del doctor y se sienta en la silla)

  

YOLANDA: Lo he pensado mucho y creo que es mi único camino, así terminará mi sufrir. ¿Quién se va a dar cuenta de mi ausencia? ¿Mis padres? No… Están demasiado ocupados con sus cosas, sus trabajos, sus planes, no les importan para nada los problemas que pueda tener su hija. ¿Mi hermano?, creo que no sabe ni que existo. Creo que el único que me echaría en falta sería Charly…

 

PSIQUIATRA: Javi ya no está, debes superarlo. No hay opciones cuando la vida llega a su fin, no dejes que su ausencia te lleve a lo oscuro.

 

(Yolanda se echa a llorar, para y se queda mirando fijamente al psiquiatra)

 

YOLANDA: Ya es tarde, me he instalado en la oscuridad y aquí me siento segura. ¡Mira! Ya me has hecho llorar de nuevo, ¿es que no te vas a cansar de amagarme la vida? (Se pone a mirar al fondo de la sala)

¿O ya no te acuerdas de lo que me hiciste en segundo curso? Yo iba con Merche, aquella niña pelirroja que vivía en mi calle. Tú subías con tus amigotes y vuestros roñosos monopatines, al cruzarnos os reísteis de nosotras y cuando ya os teníamos a la espalda empezasteis a tirarnos huevos y bombas fétidas. ¡Claro, al día siguiente me pediste perdón!... Aunque la tonta soy yo, siempre te perdonaba tus tonterías, siempre volvías a engañarme otra vez…

                                            

(Yolanda se deja caer al suelo de rodillas y con la cabeza gacha. Hace una Pausa y levanta lentamente la cabeza mientras alborota su cabello, se levanta del suelo lentamente y camina por el espacio se dirige hacia su zona y el psiquiatra le sigue)

 

Mira, aún guardo la carta (saca de detrás suyo, la tenía dentro del pantalón corto) que me mandaste en segundo de la E.S.O., está algo vieja y rota, pero me hizo tanta ilusión que no puedo deshacerme de ella…

 

(El trozo de la carta la puede leer directamente del papel si se quiere)

(Mientras el Psiquiatra se sitúa detrás de las dos banquetas de pie, los tres actores siguen a la Loca con su mirada y escuchan)

 

Querida Yolanda:

 

   Ya sabes quién soy, quería decirte lo bonita que estás cada mañana al llegar al colegio. Me gusta contemplar desde mi asiento como mueves tu pelo, a veces, con el sol, se entreven algunos cabellos castaños brillar y me encanta ver como sonríes cuando alguno de nuestros compañeros hace payasadas y es castigado por la señorita Angelina. Hace muchos años que nos conocemos, y aunque he sido algo revoltoso y a veces, incluso he sido desagradable contigo, me gustaría pedirte algo, algo importante para mí… ¿Quieres ser mi novia?

 

Espero que me digas algo cuando salgamos al patio, te espero detrás del muro de la fuente.

 

Tu admirador secreto.

 

(Alicia se levanta por la derecha, anda de espaldas al público hasta la mitad del escenario y se sienta en el suelo).

 

(Mira  al psiquiatra, se acerca, le acaricia la cara muy lentamente)

 

YOLANDA: Gracias.

 

PSIQUIATRA: (Se la queda mirando y mantiene un silencio corto) No te confundas…, (coge las dos manos) yo no soy Javi, no puedes volcar en mi tus esperanzas. Además, no entiendo ese amor tan profundo, no te entiendo porque yo nunca he tenido el placer de sentirme así.

 

YOLANDA: Aún recuerdo la explosión que hubo dentro de mi en el momento en que leí “¿quieres ser mi novia?” La mirada se me lleno de lágrimas de alegría, miré de reojo y ahí estabas tú, observándome. Me puse colorada como un tomate y sonreíste con esa risa pícara que tanto me gustaba. Hemos estado seis años saliendo juntos, han sido muchos los momentos que guardo en el recuerdo, muchas situaciones divertidas y también, por supuesto, muchas peleas… Como aquella en la que yo pensé que me habías puesto los cuernos con Virginia, esa rubia que trabajaba en la panadería de al lado del instituto. Los celos hicieron mella en mí, aunque sabes que no solía estar celosa, pero esa… ¡Esa! Tenía una fama de lagarta que no pude aguantarme, además ¡tú siempre estabas metido en esa panadería! ¿Por qué? ¿Para provocarme?

 

PSIQUIATRA: (Sigue sentado en la banqueta) Dime Yolanda, ¿qué sentías cuando veías a Javi en aquella panadería? Aquellos celos, ¿crees que eran infundados o realmente tú pensabas que Virginia podía quitarte al amor de tu vida?

 

YOLANDA: En realidad no lo sé…, supongo que yo confiaba en él, nunca me había dado motivos de que pudiera estar celosa… Pero no lo pude evitar.

 

PSIQUIATRA: (Sigue sentado) ¿Sientes la misma sensación ahora? ¿Cómo son tus días aquí en el hospital? Me han dicho las enfermeras que has dado algunos problemas, que por las noches cantas y por el día no sueles obedecer.

 

YOLANDA: Llevo varios días sin comer, sin dormir, sin hablar. Mi madre dice que se pasará, pero yo sé que no. Nadie vendrá. Por las noches canto canciones de cuna, a mis compañeras les gustan y les ayuda a dormir.

 

PSIQUIATRA: (Se levanta y se acerca a Yolanda) Te daré medicación para que te ayude a dormir.

 

YOLANDA: No gracias, quiero sentir…, mi dolor es ya el único hilo que me une a Javi, no quiero separarme de él.

 

PSIQUIATRA: (Firme y autoritario) Si, las tomarás o me obligarás a tomar medidas más estrictas.

 

YOLANDA: ¿Me atará? ¿Cómo a la pobre Alicia?

 

PSIQUIATRA: Alicia intentó hacerse daño.

 

YOLANDA: Nadie debe vivir atado.

 

PSIQUIATRA: ¿Fuiste tú la que la desataste?

 

YOLANDA: Si.

 

PSIQUIATRA: Eso no se puede repetir.

 

YOLANDA: (Desafiante) Ni los animales deberían estar cautivos, los seres humanos deberíamos poder expresar lo que sentimos y pensamos sin reproches ni juicios

 

PSIQUIATRA: (Mira a las dos chicas y señala a Alicia firme con el brazo extendido) Alicia puede ser peligrosa para ella misma y para los demás.

 

(Se sube a la banqueta de delante del doctor y habla al techo)

 

YOLANDA: Desde éste manicomio te hablo para que me oigas bien, alto y claro. Para que escuches de nuevo mi voz y no la olvides. (Se baja de la banqueta y va bajando el tono de voz). SILENCIO. (Grita de nuevo) Pronto estaré junto a ti, SILENCIO (vuelve a bajar la voz) y podremos volver a vivir momentos interminables. Ya sabes…, Recuerdas… Era mi dieciséis cumpleaños e hicimos una fiesta ¿te acuerdas ahora? Lo estábamos pasando bien pero David lo estropeó cuando discutió con Paula, todo el mundo se sintió mal por la escenita y empezó a marcharse; al final nos quedamos solos bailando aquella canción de Chayanne. Poco a poco las caricias ya no eran un juego de niños, sino todo lo contrario; nos fuimos dejando llevar por la pasión del momento. Encendí la lamparilla de la mesa de centro y pusimos música muy suave. Minutos después estábamos sin camiseta, yo acariciaba tu espalda, tú desabrochabas mi pequeño sujetador. Entonces escuchamos el motor del coche de mi padre, ¡que susto nos dimos! Los dos corríamos buscando nuestra ropa, tuvimos el tiempo justo de vestirnos y entonces mis padres entraron.

 

(Alicia se gira sobre su culo y mira hacia el público)

           

ALICIA: (Con tono infantil y arrastrándose sobre el culo hasya el lado de Yolanda) ¿Cómo era Javi?

 

YOLANDA: Lo más bonito que mis ojos habían visto nunca, aunque a mis padres nunca les gustó, decían que era una mala influencia  para mi. Era dulce y amable, y nunca tuvo una palabra más alta que la otra para mi; allí donde fuéramos la gente nos envidiaba por el amor que rebosábamos. Yo era feliz…, él era feliz.

Pero a ti que te importa, déjame.

 

ALICIA: ¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?

 

YOLANDA: Seis años.

 

ALICIA: A mi me hubiese gustado tener un amor así, pero mis amores siempre han sido efímeros. Todavía no ha llegado mi príncipe.

 

YOLANDA: Vives en un mundo utópico.

 

ALICIA: ¡¡¿Y qué?!! ¡¡Es mi mundo!!

 

PSIQUIATRA: ¡¡Alicia por favor!! Silencio.

¿De los seis años, que es lo que más recuerdas? ¿Con que te quedas?

 

YOLANDA: Me quedo con el primer día que hicimos el amor. Los dos éramos vírgenes y recuerdo que nos daba miedo equivocarnos o hacernos daño, pero todo fue como una balsa de aceite. Estábamos en la playa, durante las fiestas, los amigos habían bebido mucho y más de la mitad de ellos estaban o dormidos o con sus parejas perdidos por ahí, encontramos una pequeña cueva entre las rocas de la cala, fue impresionante ver sus ojos brillando a la luz de la luna…, y escuchar un susurro llamado te quiero.

 

ALICIA: (Se levanta lentamente y anda hacia la loca mientras habla, se quedan las dos cara a cara) Mirar y verse a uno mismo cada día, es bonito es la belleza que esconde el hacer diferente y brillante cada nuevo día.

 

YOLANDA: Ese momento será irrepetible.

 

ALICIA: (Se sienta en la banqueta baja) Necesitamos un nuevo día, y un nuevo motivo para vivir. Es bello sentirse diferente cada vez que nos miramos al espejo y decirse a uno mismo “me quiero”.

Que gran belleza tiene el desconocido día que viviremos mañana...

Mirar al frente y no encontrar nada, no es como ver lo desconocido...

YOLANDA: ¿Y qué pasa cuándo es uno mismo el que quiere quedarse en esa parte desconocida de la vida, dónde nada importa? ¿Dónde ni tan sólo el latir de tu corazón escuchas? ¿Es qué tú nunca has sentido un latir tan fuerte en tu corazón que parecía que le iba a estallar el pecho?

 

PSIQUIATRA: Nunca como tú.

 

ALICIA: Es una lástima.

 

PSIQUIATRA: Lo sé. Siempre he querido poder sentir el amor en mi corazón, pero no ha llegado mi momento, no ha aparecido la mujer que revolucionase mi mundo y mi cabeza. El amor puede ser un arma de doble filo.

 

                                         SILENCIO                                                     

 

YOLANDA: (Yolanda se sitúa detrás del psiquiatra y le habla)

¿Que te dice el silencio en mitad de la nada?
¿El sueño, cuando suena a suspiro? ¿Quién escucha al viento, cuando no suena?

 

(Anda alrededor del Alicia)

 

Sonidos sin sentido que te dicen un todo, que te transportan a un viaje por tu yo interior, a conocer ese silencio que nos envuelve cuando estamos en soledad.

 

PSIQUIATRA: El silencio hace que nos reencontremos con nuestros propios pensamientos.

 

YOLANDA: ¿Escucha  el silencio cuando te avisa de tus miedos?

 

PSIQUIATRA: Sueña cuando en el silencio imagines una nueva vida. Sigue al viento, cuando te conduzca a nuevas experiencias, llenas de felicidad y de nuevas sensaciones, todo ello te hará crecer, te hará más sabia.

 

YOLANDA: El silencio, no siempre es mudo si transmite paz

 

PSIQUIATRA: A veces debemos saber escuchar, para comprender que nos está diciendo...

 

(El Psiquiatra se marcha y se sienta en su silla)

YOLANDA: Miro a través de una vista turbia, una mirada llena de dolor y tristeza, una mirada que me dice a través de las lágrimas que ya no estás.

Las lágrimas recorren mi cuerpo recordándome que hace poco eran tus dedos los que erizaban el bello de mi piel.
Mirando el espejo veo un rostro borroso que balbucea tu nombre, y de mi rota garganta salen palabras muertas, sin sentido y que unidas suenan a una triste canción del antiguo New Orleans.
El latir de mi corazón se contrae lentamente haciéndose más pequeño a cada segundo que pasa, creo que pronto dejará de latir... ¿pues de que sirve una vida sin ti?

 

ALICIA: (Mientras camina por el escenario y abraza a Yolanda) Agua que fluyes de las entrañas de la montaña, da de beber a este sediento que camina cual ermitaño. Me abandono ahora a tu suerte, para que hagas con mi sed lo que te plazca y entregues mi alma al guardián de las llaves del paraíso, porque... en mi vida, luché contracorriente, viví fatalidades compartí tristezas... pero jamás alegrías y nunca encontré el amor; amor que ansié toda mi vida, y por el que hubiese entregado la misma. 

 

YOLANDA: ¡¡Me aburres!!

 

ALICIA: A mi me aburre éste lugar.

 

YOLANDA: Lo daría todo por salir ¿y tú?

 

ALICIA: Sabes… El día que me sacaste la camisa de fuerza, acababa de intentarlo cortándome las venas.

 

YOLANDA: ¿Con qué lo hiciste?

 

ALICIA: (como una niña) Robé un bisturí de enfermería.

 

YOLANDA: Así que…,  ¿además de estar chiflada eres una ladrona?

 

ALICIA: Te ayudaré en tu cruzada.

 

YOLANDA: Yo no tengo una cruzada.

 

ALICIA: Si, contra ti misma…, contra el amor…, he escuchado tu dolor.

 

YOLANDA: En realidad es sólo contra mí… ¿¡Y a ti quién te ha dado permiso para escuchar mi dolor!?

 

(las chicas se quedan en sus lugares quietas)

 

(LA LUZ DE LAS CHICAS SE APAGA Y SE ENCIENDE LA DE LA MESA DEL PSIQUIATRA)

 

PSIQUIATRA: (Se coge a la mesa con las dos manos, baja la cabeza y habla)

Me he enamorado de una mujer que no debo, rompo mi juramento y veo en ella todo lo que nunca vi, su sufrimiento es mío, su dolor es mío, y su amor es de otro, aunque ese otro yace entre los muertos.

 

(Silencio y anda por el escenario)

 

Nunca conocí el sentimiento más antiguo y puro…, no recibí amor paterno, ni sentí amor de mujer, siempre caminando solo por los  senderos de la vida... Parece una vida triste, pero no lo fue; en mi soledad tuve paz, en mi clausura encontré la serenidad necesaria para tener una vida digna y tranquila, hasta hoy… 

 

(SE APAGA LA LUZ DEL PSIQUIATRA Y SE ILUMINA LA DE LAS CHICAS)

 

YOLANDA: Alicia una vez soñé.

 

ALICIA: ¿Qué soñaste?

 

YOLANDA: Reía, y mis risas se hacían cada vez más fuertes, llegaban a caerme lágrimas de alegría, las carcajadas despertaron al hombre que dormía junto a mi, y éste al contemplar mi felicidad se unió a mis risas.

Después preguntó ¿de qué nos reímos?, me quedé pensativa y le respondí:

-          Cariño, no lo sé, solo sé que a tu lado soy la mujer más feliz del mundo, que me siento una niña con zapatos nuevos y que sin ti la vida no tendría ningún sentido.

Mi amor tuvo sentido hasta que me abandonó.

 

ALICIA: No te abandonó, murió, no pudo elegir.

 

YOLANDA: Él se fue, ¡qué más da la causa! Lo que importa es el resultado, se alejó de mí. No sabía que dolía tanto, que rasgabas las entrañas y arrancaba cada lágrima como si fuese la última.

 

(LUZ GENERAL)

 

(Entra el enfermero, habla con el médico cogen unos papeles y entran los dos a la zona de las chicas).

 

EFERMERO: Alicia, ven conmigo, tenemos que hacer unos ejercicios terapéuticos.

 

ALICIA: ¿Teraqué?

 

ENFERMERO: No tengas miedo, será cosa de unos minutos, además te van a gustar, ¿Te gusta dibujar?

 

ALICIA: ¡Sí! ¿Le cuento una historia que me ha contado Yolanda?

 

ENFERMERO: ¿Yolanda te cuenta historias?

 

ALICIA: Siiiii, muchas veces…

 

ENFERMERO: Está bien, cuéntamela.

 

ALICIA: ¿Tienes princesa?

 

ENFERMERO: (Mientras se van) ¿Princesa?¿Eso a qué viene ahora? Alicia déjate de tantas tonterías.

 

ALICIA: (Lloriquea) Yo quiero ser tu princesa.

 

ENFERMERO: Siéntate y pongámonos a trabajar.

 

(Alicia y el enfermero se sientan en la mesa del médico y hacen unos ejercicios con juguetes y de dibujos. El Psiquiatra en una banqueta al fondo y Yolanda pasea y gesticula con las manos a medida que cuenta la historia, cuando cambian sus personajes hace voces)

 

YOLANDA: Bajo la ventana está María, sentada en su mecedora, como siempre, sin mediar palabra y mirando un punto perdido en su infinito. En el sofá, José, acaricia un gato inexistente, lo mira sonriente y le susurra al oído una dulce canción de cuna. Caminando por el pasillo está Eva, hiendo de un lado a otro, abriendo y cerrando las puertas de nuevo, buscando algo que nunca encuentra. En la pared, hace meses que hay un cuadro torcido que Luis insiste en intentar enderezarlo sin éxito.
De pronto se escucha una sirena y todos se miran. Eva, cierra la última puerta con suavidad; María, deja de mover la mecedora y se incorpora lentamente; Javier desiste en su particular lucha contra el cuadro; y José, deja cariñosamente su imaginario amigo en el sofá, le da un beso y una última sonrisa...

Entra el hombre de bata blanca y pregunta:
- ¿todo bien?
Todos asienten con la cabeza, pero sin mediar palabra. El hombre continúa:
- No os preocupéis chicos, todo irá bien.
María entonces lo mira y responde con una dulce voz...
- Quién es loco, cuerdo está y el cuerdo, es loco... Miedo me da ser loca en el mundo exterior, pues prefiero estar cuerda entre los muros de este manicomio.
José, Eva y Javier miran al hombre y le sonríen, cogen sus maletas y antes de cerrar la puerta, María, continúa:
- Y si algún día el cuerdo fuera loco... Cuídale amigo mío, como nos cuidaste a nosotros durante éste tiempo.

Y si consigo estar cuerda en este mundo de locos, siempre recordaré que te lo debo a ti...
María cierra la puerta con prudencia y desaparecen los cuatro por el camino.

 

PSIQUIATRA: (Se levanta de la banqueta) ¿Dónde has escuchado esto?

 

YOLANDA: En mi roto corazón.

 

PSIQUIATRA: ¿Y tú quién eres en esa historia?

 

YOLANDA: Soy Eva

 

PSIQUIATRA: ¿Y dime? ¿Qué buscas cuando abres y cierras las puertas?

 

YOLANDA: A Javi, sólo a Javi.

 

PSIQUIATRA: ¿Y qué encuentras?

 

YOLANDA: Un bosque, un bosque denso y frío.

 

PSIQUIATRA: (Extrañado) ¿Un bosque?

 

YOLANDA: Si.

 

PSIQUIATRA: Y…, ¿te adentras en el bosque?

 

YOLANDA: (Mira fijamente al Psiquiatra) El me habla.

 

PSIQUIATRA: ¿Qué te dice?

 

YOLANDA: Me está contando una historia.

 

PSIQUIATRA: ¿Quieres compartirla conmigo, igual que las compartes con Alicia?

 

(se sienta en una banqueta y coge una para ofrecérsela a Yolanda, los dos se sitúan delante a la izquierda del escenario)

 

YOLANDA: El árbol más alto se balanceaba al son del viento, era frágil y delgado, sus hojas habían caído pues el otoño había llenado de tristeza su tronco. El mayor miedo estaba en que se rompieran todas sus ramas durante un temporal, sentiría su corteza fría y desnuda, y pasaría mucho tiempo hasta llegar a tener nuevas ramas.

Llegó el temido temporal del invierno y sus miedos se hicieron realidad, todas sus ramas se partieron una a una, pero como sus raíces eran fuertes y fértiles, nacieron bonitas y gruesas ramas, en lugar de las frágiles que se habían roto, yo sin embargo no noto fuertes mis raíces, me estoy secando sin remedio.

 

(Alicia se escapa del enfermero y corretea por detrás del doctor, como si jugase a esconderse del enfermero)

 

ENFERMERO: Alicia, ¡ya basta! Estás molestando. Vuelve a la mesa.

 

ALICIA: (de niña) ¡¡Otra vez!!

 

ENFERMERO: Sí, y tengo que llevarte a terapia de grupo.

 

ALICIA: (de niña) ¿y Yolanda no va?

 

ENFERMERO: No, ella irá más tarde.

 

ALICIA: (de niña) No puedo dejarla sola.

 

ENFERMERO: Está con el doctor. No está sola. Vamos anda…

 

ALICIA: (Patalea enfadada como una niña pequeña) (Pasa delante del enfermero y se marchan los dos de escena)

 

PSIQUIATRA: (Acercándose a Yolanda) Yolanda tenemos que hablar seriamente.

 

YOLANDA: No quiero hablar, pero quiero que me responda algo… ¿cuánto tiempo a de pasar hasta que mi cuerpo se descomponga y mi mente abandone la cordura?

 

PSIQUIATRA: No dejaré que esto te pase.

 

YOLANDA: Entonces me tendrás muerta en vida, sin esperanzas, sin emociones, sin amor.

 

PSIQUIATRA: (Deja la libreta y los papeles sobre una banqueta) Yo he conocido el amor.

 

YOLANDA: (Se gira violentamente)  Me dijiste que nunca lo habías conocido. ¡¡Me mientes!! ¿Cómo puedo confiar en alguien que me miente?

 

PSIQUIATRA: (Intenta coger por los brazos a la chica y ésta se suelta) ¡No miento!. He conocido ahora el amor, sé cómo te sientes pues me he enamorado de ti y siento…

 

YOLANDA: ¿Se te desgarran las entrañas?, ¿te duelen los ojos de tanto llorar?, ¿Tienes en la garganta un nudo que te asfixia lentamente?

 

PSIQUIATRA: (Le grita) ¡Si!, siento todo eso, y se me seca el corazón de ver como te entregas a la muerte.

(Pausa técnica, se quedan uno de espaldas al otro con la mirada perdida y Yolanda empieza a contar la historia)

 

YOLANDA: Cada tarde, al salir de la escuela, Javi, corre hasta casa de don Ramón. Don Ramón, es el primo de su padre, un señor de pelo cano, rizado y muy denso, de mirada firme y una gran sonrisa que se dibuja de lado a lado de mandíbula cada vez que ve llegar al chiquillo.

Hoy, "tito Ramón", como Javi le llama cariñosamente, ha preparado un gran taco de madera en el centro del taller.

Don Ramón prepara con cuidado sus herramientas, acerca el taburete y cautelosamente empieza a tallar. Los primeros golpes son bruscos y parece no tener sentido, pero, poco a poco, se van diferenciando las primeras formas.... ¡parece un caballo!, piensa Javi, pero espera y juega a adivinarlo realmente. Han pasado tres horas ya, si, realmente es un caballo, ahora que utilizaba herramientas más pequeñas para darle mejores formas y profundizar en sus detalles se distingue a la perfección...

Al cuarto día, el caballo esta totalmente terminado, barnizado y colocado sobre una tabla curvada, sentó a Javi sobre el caballo y dijo:

- Solo faltaba un jinete digno de este caballo.

Esa historia me la contó un día, cuando veíamos a los niños jugando en el parque.

 

PSIQUIATRA: Yolanda…

 

YOLANDA: Déjeme…, quiero estar sola con Javi

 

(El médico se sienta en la mesa)

 

YOLANDA: (Camina unos segundos y habla hacia el cielo) ¿Por qué?..., ¿Por qué tú? ¿Qué pasará con nuestros planes? ¿Con nuestros hijos?, aquellos que ya nunca tendremos y de los que tanto habíamos hablado.

¡¡Escucha!!, que cruel ha sido la vida ¿verdad?

(se acerca a la mesa y le grita al psiquiatra) ¡ODIO LA VIDA!, ¡¡LA ODIO!!

(se aleja de la mesa) Javi, tengo el sabor de tus besos en mis labios, soy frágil ahora sin ti, pues todo está roto en mi interior

 

PSIQUIATRA: Te quiero Yolanda, no sé que ha pasado, sólo puedo decir que te quiero. (Se levanta y se acerca hacia ella)

 

YOLANDA: (Se acerca a él y lo va golpeando en el pecho con las dos manos, cada frase un golpe) ¡¡Tú no sabes lo que es amar!! ¿A qué vienes? ¿Pretendes aprovecharte de éste corazón herido que llora por otro amor? ¿Díme?

 

PSIQUIATRA: (Mete las manos entre los brazos de ella y los baja de golpe) ¡No!, me gustaría ser yo mismo el que provocase tanto amor en tí, pero justamente porque no soy yo, aún me duele más verte así.

 

YOLANDA: ¿Así? ¡Así! Tú no sabes nada… ¡¡Nada!! Como dice una canción, amor se llama al juego donde un par de ciegos juegan ha hacerse daño…

 

PSIQUIATRA: Soy tu médico, te conozco. Nuestras sesiones me han hecho ver tu interior…

 

YOLANDA: (Le corta y llora) ¡¡Muérete!!

 

PSIQUIATRA: (se levanta y va rápidamente a abrazar a Yolanda) (La abraza por la espalda Moriré entonces, pero antes de hacerlo, deja que vea la 
luz de la sonrisa que nunca tuve en mis labios, muéstrame que el cielo 
existe y abandóname a mi suerte después. (La gira y la abraza de frente)
No tengo miedo de morir, pues tampoco lo tuve de vivir, sabiendo que 
algo estaba ya muerto en mí... (Intenta besarla y Yolanda lo abofetea)
Dame la oportunidad de vivir lo que tú has vivido, lo que has sentido amando a Javi. (se aleja de ella dándole la espalda)él ya no está, yo estoy aquí.

 

YOLANDA: No puedo (dejando caer las lágrimas por su rostro) no te das cuenta, yo ya no siento, estoy hueca (se acerca a él), no ves que si estás cerca de mí nos hundiremos juntos y no quiero cargar con más peso en mi viaje hacia el infierno.

 

PSIQUIATRA: ¡¡Qué más da!! Sólo te necesito a ti.  (Se sienta en la banqueta pequeña hace una pausa y empieza a contar la historia) Un borracho miraba su copa en la barra del bar, y observaba como despacio se iba vaciando.

No encontraba el motivo del vacío que le había echo llegar a ese bar, buscaba entre sus recuerdos una causa que le motivara a dejar la copa...  nunca la encontró.

 

(Ella se sienta a su lado en el suelo y le escucha detenidamente)

 

Guardó en su corazón odio y rencor toda su vida, por algo que le sucedió en la adolescencia. Cargaba sobre la vida toda su rabia y dolor, muriendo lentamente dentro de aquel whisky, sin darse cuenta que el tiempo pasaba lentamente y que copa tras copa se perdería entre las tinieblas de la melancolía.

Se acercó una dulce mujer que le habló al oído, él levantó la mirada y la observó, era la mujer más bella que jamás había visto, ella le puso la mano en el hombro y él, la apartó, la mujer se fue y al llegar a la puerta del bar le resbalaba una lagrima por sus mejillas, desapareció entre la gente de la calle, él siguió bebiendo...

Tres años después un cadáver era enterrado en silencio, sin nadie que llorara su muerte.

Años más tarde una anciana se acercó al lugar, dejó una simple rosa y se fue, en la puerta del cementerio se giró y una lagrima caída por sus mejillas... Desapareció entre los árboles que rodeaban el campo santo.

Aquel hombre era mi padre…, y ella… mi madre.

 

YOLANDA: (anda a cuatro patas hacia detrás) ¿Qué quieres decir con eso? ¡Yo no bebo!

 

PSIQUIATRA: (se agacha con una rodilla en el suelo, dejándola a ella en primera línea de vista al público) Que aquel que se abandona a la suerte del destino, acaba en manos de la muerte, pero siempre quedará alguien que llore una lágrima por el. Yo seré, si es necesario, aquella persona que guarde su última lágrima por ti. (Le ofrece la mano para levantarse)

 

YOLANDA: (le da la mano y se levanta del suelo) No quiero un perrito faldero…, ni un guardián protector. (Se acerca y lo golpea en el pecho) No quiero volver a amar, no me lo permitiré. Mi fidelidad es con Javi y hasta la muerte estaré amándole.

 

PSIQUIATRA: Entonces sólo seré alguien que te ama en la distancia.

 

YOLANDA: ¡¡No!! No sabes lo que dices. ¿Por qué me amas?

 

PSIQUIATRA: ¿Acaso tu sabes porqué amabas a Javi?

 

YOLANDA: ¡No!

 

PSIQUIATRA: Entonces…

 

YOLANDA: Lo de Javi fue algo instantáneo.

 

PSIQUIATRA: algo parecido me ha pasado contigo, solo que yo te he ido conociendo poco a poco por dentro, y eso ha hecho que te ame tanto que me duela.

 

YOLANDA: Si, el amor es dolor.

 

PSIQUIATRA: No tiene por qué serlo

 

YOLANDA: Te pido que me olvides. Nunca conseguiría amarte.

 

PSIQUIATRA: No puedo.

 

YOLANDA: Es un amor que nunca será correspondido.

 

PSIQUIATRA: Lo sé.

 

YOLANDA: ¿Entonces por qué insistes?

 

PSIQUIATRA: Deja que te abrace sólo un instante (la abraza)

 

YOLANDA: (Mantiene esa posición unos segundos) Recuerda esa sensación, pues será lo único que tendrás de mí.

 

(El Psiquiatra se va y se sienta en su mesa)

 

YOLANDA: ¡¡Javi!! ¡¡Mi amor!!, mi único amor, ¿dónde estás?

¡Llévame contigo! ¡No ves lo mucho que te quiero¡ Entre éstas cuatro paredes me abandono.

 

(Empieza a rodar por las paredes)(Entra Alicia jugando como una niña, se queda mirando a Yolanda y se queda escuchándola?

 

YOLANDA: Busco una salida que nunca encuentro, un resquicio de luz en ésta locura que me atraviesa y no me deja. Mis dedos palpan el vacío que hay a mi alrededor.

 

(Se tira al suelo y anda a gatas hacia el público)

 

YOLANDA: Me veo inmersa en un mar de dudas, arrastro mi cuerpo por el averno mundo de las sombras perdidas.

¿Dónde está? ¿Qué es el amor, si cuando falta mata?...

¡¡Javi!!..., Me abandonaste como el que abandona a un perro hambriento en la puerta de un colegio, ni siquiera dijiste adiós, simplemente te fuiste y la noticia llegó a mis oídos como la explosión de viento en un tifón.

¡¡Te quiero y te odio!! ¡¡Quisiera olvidarte!! Quisiera que mi felicidad no dependiera de que estés aquí a mi lado. Quisiera amarme y valorarme lo suficiente como para ser capaz de luchar por mí misma, pero no lo consigo, el dolor es más fuerte que mi voluntad.

 

(juega con su cuerpo haciendo corporal en el suelo, Alicia la imita)

 

(Entra el enfermero con una bandeja con medicinas)

 

ENFERMERO: Yolanda, tómate tus pastillas.

 

YOLANDA: ¿Me das todo el bote?

 

ENFERMERO: Por supuesto que no, ¿para qué lo quieres todo?

 

YOLANDA: Para… ¡¡No quiero más pastillas!! ¡¡No quiero vivir anestesiado!!

 

ENFERMERO: Debes tomártelas.

 

ALICIA: (canturreando) No, no, no… no, no, no…

 

YOLANDA: ¡¡Qué no!! (golpea la bandeja y le tira las medicinas)

 

ENFERMO: Por favor, no me obligues a dártelas a las malas. (Recoge todo)

 

(Yolanda corre por el escenario y se queda en una esquina).

 

ALICIA: (Como una niña que se chiva) Yolanda se porta muy mallllll

 

YOLANDA: ¡¡¡Cállate ya pesada!!!

 

ENFERMERO: Alicia, por favor, pórtate bien, o habré de castigarte.

 

YOLANDA: No conseguirás que me tome nada, no quiero nada, esas pastillas dáselas a otro…, (se gira y apoya las manos en la pared mientras se deja resbalar por ella riendo)

 

ALICIA: (Se acerca al enfermero) Dámelas a mí, ella está loca… Yo quiero pastillas…

 

(El enfermero le hace gestos para que le deje y se aleje)

 

ALICIA: (Burlándose de Yolanda) Loca, loca, loca…

 

YOLANDA: (Persigue a Alicia e intenta darle una patada en el culo, pero se la da al aire y Alicia le hace gestos de burla)

 

(El enfermero las separa y sienta a Alicia, Yolanda sigue hablando)

 

YOLANDA: Os pensáis que eso que nos dais nos hace mejorar, y es ¡mentira! Sólo nos dormís para que no os molestemos,  para que no nos demos cuenta de lo que sucede, ¡¡quiero morir!! ¿Tan difícil es de entender? ¡¡¡Morir!!!

 

ENFERMERO: Traeré al médico. (El enfermero se marcha)

 

YOLANDA: (Grita en dirección hacia donde se ha marchado el enfermero) ¡¡No le tengo miedo!! ¡¡¡Que se juzguen en mí los siete pecados capitales!!!

La lujúria Por todos esos pensamientos que tanto desee con Javi y que nunca pude llegar a alcanzar.

La gula Por mi deseo destructivo.

La avaricia Por quererlo todo de él, por pretender que sólo fuera para mi en la vida y en la muerte.

La pereza Por la imposibilidad de hacer de mi otra vez la que era. La incapacidad de aceptar y hacerme cargo de la existencia de mi mismo.

La ira Hacia Todo aquello que me rodea, por el odio que nace dentro de mi hacia todo y todos. Y por no querer controlar mi furia, mi dolor, mi venganza…

La envidia Por un deseo insaciable, por desear todo aquello que los demás tienen, y a consiguiente desear el mal al prójimo, y sentirse bien con el mal ajeno, por desearles su infelicidad para sentirme un poco menos rota.

La soberbia Porque yo soy un todo y nada puede estar por encima de mí, No me comprendes, ni tan siquiera puede imaginarse estar a mi altura.

¡¡¡Juzgadme entonces por todos ellos, porque soy culpable y mi castigo será la muerte en vida!!!

 

(Entran el médico y el enfermero, entre los dos cogen a Yolanda)

 

PSIQUIATRA: No nos lo pongas más difícil.

 

ENFERMERO: ¿Voy a por la camisa?

 

PSIQUIATRA: ¡No! De momento no.

 

ALICIA: ¡No quiere pastillas!

 

ENFERMERO: Tú callada Alicia, está fuera de sí doctor

 

PSIQUIATRA: ¡Abre la boca! (Yolanda le muerde los dedos) ¡¡Basta Yolanda!!

 

YOLANDA: (Hace como que escupe la pastilla)

 

(Alicia va corriendo a recogerlas y se sienta en una esquinita mirándolas)

 

ENFERMERO: ¡¡Doctor!!

 

PSIQUIATRA: ¡¡¡Qué!!!, Perdona, déjala…, luego miraremos de sedarla.

 

YOLANDA: (Se aleja de ellos a empujones) ¡¡¡¡Fuera de aquí!!!!, ¡¡¡¡Fuera!!!!

 

(Se marchan de escena el psiquiatra y el enfermero)

 

YOLANDA: Que sorpresa verte Sra. Muerte no te esperaba tan pronto o mas bien confesaré que te tomaba por tonta. Llegaste en el momento justo, todos nos decían que la esperanza estaba acabada, que ha sido consumida por la oscuridad y la nada, que el amor no es tan fuerte, que siento que a pesar de ser hermoso, no es tan fuerte y gracias a usted señora demostraremos que estaban equivocados. A través de éstos ríos de sangre al mar del amor junto a Javi.

 

 (SE APAGA LA LUZ DE YOLANDA Y SE ENCIENDE LA DEL PSIQUIATRA)

 

PSIQUIATRA: Esta página la dedique a escribir mis sentimientos... esos que me empujan a los mas altos limites de la alegría... o a las profundidades de la tristeza.
No creo que tenga muchos dotes de poeta, por eso solo pretendo escribir palabras, talvez sin sentido.
Hoy me siento inspirado por el amor... o el desamor. No se que me sorprende más del amor: si las tonterías que haces, lo ciego que eres, la felicidad que te trae o por el contrario, las cruzadas en las que caes, como dejas de quererte a ti por querer mas a otra persona.
¿Que será el amor? ¿El quinto elemento? Porque Dios nos tuvo que amar mucho para crear un universo tan perfecto, un mundo tan inmensamente bello y un ser humano tan conjuntamente complejo.
A alguien le dije hace poco que el motor de toda felicidad completa es amar, amar todo lo que nos rodea. Y he aquí el dilema y la antitesis de todo lo que realmente quiero decir. He perdido el punto de mi monologo interior, no se que quiero decir o a quien se lo quiero dedicar. Hay pocas cosas que pueda escribir que no me delaten, así que lo admito, he traspasado los límites de mi profesión, soy un enamorado de un desamor. Yo que me pensaba que lo tenía todo controlado, ahora estoy con toda mi vida patas arriba por una mujer que nunca podrá amarme.

 

(SE APAGA LA LUZ DEL PSIQUIATRA Y SE ENCIENDE LA DE LAS HICAS)


(Alicia va a gatas y se acerca a Yolanda)

 

(Yolanda la empuja, la aleja de ella y se enzarzan en una pelea y ella coge a una por el pelo en el suelo)

 

YOLANDA: ¡¡No pienses ni por un segundo que ocuparás mi espacio!!

 

ALICIA: No lo pretendo, sólo escuche tu sufrir y venía a darte la solución a tu dolor.

 

YOLANDA: Ya he dicho que no tomaré más pastillas.

 

ALICIA: No son pastillas tonta…

 

(Dejan de pelear)

 

YOLANDA: ¿Qué me traéis entonces?

 

ALICIA: ¿Acaso importa ahora?

 

(Alicia alarga la mano y le da algo)

 

YOLANDA: (Se la queda mirando fijamente) ¿De dónde lo has sacado?

 

ALICIA: Eso que más da, lo que importa es que dejarás de sufrir y no derramarás más lágrimas. Para mi todavía queda tiempo, quizás llegue aquel príncipe esperado, en su caballo blanco y la crin al viento. Llevará una bonita capa, me cogerá de la mano y me sacará de aquí

 

YOLANDA:¿Ha llegado el momento? ¿Entrego entonces mi cuerpo a la tierra y mi alma al cielo?

Si el final está escrito, seguro que lleva esta fecha en su última página. 

y hoy que el jinete cabalga a mi alrededor, acepto mis culpas, soy culpable de  apartarme del camino de la vida para unirme a Javi… 

 

ALICIA: No debes sentirte culpable de nada, y yo soy el jinete que cabalga a tu alrededor, conmigo encontrarás tu camino hasta el amor infinito, no temas.

 

 YOLANDA: Alicia, No sé si podré hacerlo sola. (Se sienta en el suelo)

 

ALICIA: ¡¡Claro que puedes!!. No dudes y hazlo. Mira (Se sienta en el suelo junto a Yolanda y le corta la primera muñeca, luego le da el bisturí) Ahora tú, verás como será un viaje perfecto.

 

YOLANDA: (se corta la otra vena, sale el liquido rojo por sus muñecas. Alicia sonríe visiblemente mientras ve como muere desangrada)

 

ALICIA: (levanta con sus dos manos la cabeza de Yolanda) Espero que tu viaje sea corto y que encuentres a Javi (Se agacha y le da un beso en la frente)

 

(Entra el Psiquiatra con el enfermero y al verla corren hacia ella)

 

PSIQUIATRA: ¿Qué has hecho Alicia? ¡¡llama a la ambulancia!! ¡¡deprisa!! a

 

ENFERMERO: ¿Me llevo a Alicia a su habitación?

 

PSIQUIATRA: Sí, hazlo. Y vuelve a ponerle la camisa.

 

ALICIA: Pobre príncipe mío, que teme que me haga daño.

 

ENFERMERO: No hay tiempo de esto Alicia.

 

(El enfermero coge de los brazos a Alicia y se la lleva)

 

PSIQUIATRA: Yolanda, ¿Por qué te has hecho esto? ¿Por qué nos has hecho esto? Puedo aceptar una vida sin tu amor, pero no sin tu presencia.

 

(Silencio)

 

PSIQUIATRA: A veces nos aferramos y nos enamoramos de personas que no nos corresponden, o al contrario, de personas que nos aman, que sería lo correcto, pues el amor debe ir de dos vías.

No me preocupa que me hieran. Solo me duele ver que la felicidad de sentirme querido no está a tu lado y haber aprendido a amar sin ser egoísta, y quererte más de lo que me quiero a mí mismo.

Pobre el que no ama... infeliz ese que no siente la belleza de sonreír, cuando ve sonreír a su ser amado. Infeliz ese... y feliz yo y muchos otros que tenemos la capacidad de amar. Como dijo un gran sabio seguramente:
"He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame; solo convertirme en alguien a quien se puede amar. Lo demás depende de los otros."

 

(El Psiquiatra la va dejando en el suelo lentamente mientras le habla)


PSIQUIATRA: Amor... si no existes, entonces no existo, porque yo vivo en tí, por ti todo eso se creó, nació y creció... yo creo en tí ahora, y creo que donde quiera que estés, llegaras a mi.

 

(El Psiquiatra la besa en los labios y se marcha de espaldas sin dejar de mirarla)

 

MÚSICA FINAL

 

OSCURO FINAL

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