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“LOS DIAMANTES” DE MARBELLA

de RAIMUNDO FRANCÉS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

 

“LOS DIAMANTES” DE MARBELLA
 

Sainete

 RAIMUNDO FRANCÉS

bea45azul@yahoo.com

 

© Raimundo Francés (Reservados todos los derechos)

 

Protegido por la ley de Propiedad Intelectual aprobada por Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de Abril.

 

Queda prohibida, sin la autorización escrita del titular del copyright, la reproducción parcial o total de este libro, por medio o procedimiento alguno, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático. También, será denunciada la distribución de ejemplares del mismo en régimen de alquiler o préstamo.

 

Asimismo, queda prohibida, sin la autorización del titular del copyright, la representación en escena de alguna de las obras contenidas en este libro. Podrá solicitarse dicha autorización directamente al autor.

 

 

  “LOS DIAMANTES” DE MARBELLA   
 
(Sainete)
 

 

Original de: Raimundo Francés
 
Duración total aproximada:  100 minutos
 
Sainete en dos actos.
 
 

 

Personajes:

Se trata de una obra de comedia inspirada en una familia muy peculiar. Son cinco hermanos de actividad muy dispar, y una hermanastra, todos herederos y propietarios de un supuesto edificio convertido en un pequeño pero coquetón restaurante de Puerto Banus, de nombre “LOS DIAMANTES” , cuyos beneficios se reparten entre todos, pero que dirige y mantiene  no sin gran esfuerzo y esclavizada de por vida,  INMACULADA, la hermanastra,  solterona, madurita, pero aún atractiva, quien convoca a los demás miembros para comunicarles dos  noticias importantes que afectarán  a su futuro, y al de “Los diamantes”

 

 Uno de los hermanos, CRISTÓBAL, es agente de tráfico, el otro, PEDRO PABLO, es sacerdote. Le siguen, TERESA, que es monja; luego va EVARISTO,  gay “de profesión”; y la más joven, VIRGINIA, que, por no dar ni golpe, y aprovechando su magnífico físico, se dedica a la prostitución “por encargo”.

 

También interviene una muchacha de servicio FATIMA, una joven marroquí, empleada de hogar en la vivienda de Inmaculada.  

 

Y finalmente, aparece ABDULAH, un jeque árabe de mediana edad,  que al conocer a Inma, estando de paso por Marbella, quedó prendado de ella y la pide  en matrimonio.

 

Escenario: El clásico. Con una o dos piezas de sofá y dos butacones de orejeras a los lados, no situados lateralmente sino abiertos un poco al público. En medio, una mesita donde se sirven los cafés.

 

Vestuario: Lógicamente, el personaje de Agente de Tráfico deberá vestir su uniforme (O uno muy bien simulado). Asimismo, la monja y el cura, aunque no necesariamente con el hábito tradicional. El actor que interpreta al joven homosexual vestirá con ropa apropiada (pantalón ajustado, camisa floreada por fuera, collares, varias pulseras, pendientes, y si es posible algún tatuaje llamativo. Lógicamente este actor deberá hace bien el papel de afeminado en sus expresiones, y amaneramiento).

 

El personaje de la prostituta deberá ser representada por una actriz relativamente joven, muy maquillada, con cabellera llamativa, que luzca generosamente el escote y sus piernas, y siguiendo la moda, con el ombligo al aire, una correa ancha y suelta,  siendo su atuendo en general el que corresponde a una “profesional” de la vida fácil.

 

 Inmaculada vestirá con ropa normal, aunque, sería conveniente que su busto y sus curvas  queden algo señalados para que den la sensación de “mujer hermosa”. La sirviente vestirá de oscuro (azul marino o negro) con un discreto delantal blanco dando aspecto de “muchacha” de servicio. El personaje del árabe podrá interpretarlo cualquier actor debidamente maquillado. Vestirá al principio con ropa informal, con unos pantalones corrientes y una camisa de mangas largas. En su aparición final, cambiará su indumentaria a la clásica de un “jeque” de Los Emiratos)     

 

Es obvio que el director del grupo teatral podrá, a su conveniencia y basado en su experiencia, modificar cualesquiera de estos supuestos respecto al vestuario y los  elementos de la decoración, así como su disposición en el escenario, en función del espacio, luminotecnia, acústica, etc.

 

Al abrirse el telón, se encuentra Inmaculada arreglando un poco la mesita para los cafés y poniendo los cojines en su sitio, hasta que aparece el primero de los hermanos. Mientras ella, hace su monólogo de introducción.

                                           

 

ACTO PRIMERO

 

INMACULADA – La corrida de esta tarde es de miura. ¡Pero aquí estoy yo!, dispuesta a cortar dos orejas y rabo, y si todo sale como yo espero, confío en salir a hombros, por la puerta grande. 

 

(Se oye un timbrazo de llamada a la puerta)

 

INMA -  ¡Fatima! ¡Anda! Abre la puerta, que ya está ahí el primero de la tarde.

 

(La sirvienta cruza el escenario y se dirige a abrir la puerta. Entra Cristóbal, simulando muy mal humor)

 

CRISTÓBAL – (Quitándose la gorra y retocándose el peinado)  Espero que me hayas llamado para algo importante, porque yo debería estar ahora parando camiones, y haciendo la prueba del alcohol para poner multas, de trescientos para arriba,que es mi obligación.

 

INMA - ¡Anda, anda! Siéntate y no multes tanto, que no ganamos en este país para pagar tanto bolígrafo. Y a ver si tendré que hacerte yo a ti la prueba esa del alcohol,  que no has hecho más que entrar y ya me ha venido el olorcillo a “anís del mono” que parece lo llevaras de perfume.

 

CRISTÓBAL – Eso será que se me ha pegado en la Venta esta mañana, que tú sabes que allí paran muchos jardineros, y algunos obreros, que toman carajillos de anís muy cargados para coger fuerzas. ¡Bueno! Pues... tú dirás...

 

INMA – Si no te importa, espera un poco a que lleguen los demás.

 

CRISTÓBAL - ¡Vaya, hombre! ¡Ni que esto fuera un pleno del ayuntamiento! Está visto que la puntualidad hoy ya está pasada de moda, y ha quedado para la policía de tráfico... ¡y pare usted de contar!

 

 Es lo que yo digo, que este país, ya, no es lo que era.  

 

(A esto, suena de nuevo el timbre de la puerta)

 

INMA - ¡Fatíma!  Abre la puerta que ahí está el segundo.

 

(Fatima cruza de nuevo el escenario y abre la puerta. Entra Pedro Pablo, con paso lento,  y como si continuara leyendo una especie de misal que lleva en las manos)

 

PEDRO PABLO – La paz del señor sea con vosotros, hermanos míos.

 

INMA – ¡Hola, Pedro Pablo! Y con tu espíritu. ¡Anda, anda! Siéntate, que ya pronto estará el café.

 

PEDRO PABLO - ¡Hola, Cristo! No sabes cuanto me reconforta tenerte de nuevo en mi presencia. 

 

CRISTÓBAL - ¡Mira, “Pepa”! ¡Te he dicho mil veces que no me llames Cristo, que yo soy Cristóbal, y además de otras cosas, no sé, pero precisamente de santo, no tengo nada!

 

INMA - ¡De eso sí que estoy segura!

 

 Habría que escuchar las maldiciones que te echará más de un pobre camionero, después que le pongas un multazo por llevar la rueda de repuesto un poco vacía, que a ti te gusta ensañarte con los que venimos a este mundo solo para currar, y nos pasamos la vida sudando como condenados.  

 

CRISTÓBAL - ¡Pues te equivocas, cabeza de foca, que aquí, el que viste y calza, para y sanciona a todo el que se pase una simple rayita, aunque se trate del mismísimo Jesús.  ¡No sería la primera vez!

 

PEDRO PABLO - ¿Te refieres a Jesús, nuestro señor?  

 

CRISTÓBAL - ¡Anda, hombre! ¿Pero tú que te has creído, que tu jefe también va por ahí conduciendo un BMW ? Yo creía que solo sabía montar en burro.

 

Me refiero a Jesús, el torero, el Jesulín ese de Ubrique, que el día que torea y sale en la tele, mi mujer ni me hace el café ni se mueve del sofá. Ahora, que ya te contaré, si algún día me lo cruzo en la carretera, y veo que se ha pasado los ciento veinte... que estos torerillos se han creído que a nosotros también nos pueden torear como a esos pobres animalitos...  

 

INMA - ¡Anda, calla, Cristobita! Conmigo no te hagas el honrado, que por delante de tus bigotes pasan cada media hora un montón de furgones de esos de mensajería y de transporte urgente, corriendo más que el AVE, y no tienes cojones para pararlos y cascarles una buena multa.

 

¡Claro! Es que si esos furgones no existieran, y sobre todo, si no fueran a esa velocidad, en tu casa no habría jamones hasta en el tambor de la lavadora. ¿Verdad Cristobita?  

 

 Tú siempre decías, que menos mal que te invitan a desayunar en las ventas, porque con tu sueldo no te llega ni para un cortao de máquina.

 

 Todavía me acuerdo de cuando te casaste y te compraste el pisito, que te ibas a la carretera a hacer tu servicio con un termo de café de pucherote y dos tortas de Inés Rosales. 

 

Pero los camioneros, como no pueden regalarte jamones, ni siquiera un choricito de Guijuelos, seguro que te ven, y te echan cuatro  maldiciones.  

 

PEDRO PABLO - ¡Hombre, Cristo! A lo mejor, la hermana Inma lleva razón... El señor nos enseña a ser justos y bondadosos con todos por igual, y sin esperar nada a cambio...    

 

CRISTÓBAL – ¡Contigo no va la cosa, “Pepa”! Y haz el favor de llamarme por mi nombre.  ¡Vamos! que tan difícil no es. Digo yo...  

 

PEDRO PABLO - ¡Bueno, hijo mío, perdona! Que no es para ponerse así.

 

CRISTÓBAL – ¡Pues no me gusta nada que me llaméis Cristo!

 

PEDRO PABLO - ¡Vaya, hombre! ¿Acaso crees que a mi me gusta que me llaméis “Pepa”?

 

CRISTÓBAL – Pues te tienes que aguantar, porque te llamamos así por respeto a nuestro padre que fue quien te lo puso, cuando vivíamos en Algeciras.  

 

PEDRO PABLO – Sí, pero eso es porque mi nombre era muy largo, y él, que tenía la manía de cortar los nombres desde que vino de América, que tú sabes que allí, por ejemplo, si te llamas Penélope, te llaman “Pe”, pues en vez de llamarme Pedro Pablo, empezó a decirme “Pe-pa”, pero eso sí, con el cariño de un auténtico padre. 

 

CRISTÓBAL – Es que llamar a un individuo Pedro, y después Pablo... ¡tiene guasa!, con lo largo que es eso. ¡Vamos! A mí me enseña un camionero el carné y veo que se llama como tú, y por no tenerlo que escribir varias veces, lo dejo pasar. 

 

PEDRO PABLO – Con lo flojo que eres, no me extrañaría nada.

 

Además, que mi nombre merece un respeto, porque es un nombre de lo más cristiano, ya que nos recuerda a dos de los más fieles e importantes apóstoles de nuestro señor.   

 

CRISTÓBAL - ¡Pero no es lo mismo! El nombre de Cristóbal, se dice así, de un suspiro, y sale así, como el que no quiere la cosa. Pero llamar a una persona nada menos que con dos nombres, y tenerlos que escribir, uno detrás del otro, y ahora, con la crisis, eso... eso es  una pérdida de tiempo... y de tinta...   ¡y de todo!

 

PEDRO PABLO – Sí, sí. Os lo perdono porque solo me llamáis “pepa” en reuniones de familia, pero como algún día se os escape a alguno llamarme así, en público, a ese lo excomulgo y lo encomiendo a los demonios.

 

INMA - ¡Ya estamos otra vez! ¿Queréis dejar ya la discusión? Es que esto de tener en la familia a un representante de la ley, y a otro de la iglesia...

 

CRISTÓBAL – Sí... ¡Pero no compares! Yo defiendo cómo deben conducir las personas, para garantizar la seguridad y la vida de todos.

 

PEDRO PABLO - ¡Mira éste! ¡Y yo defiendo cómo se deben conducir las almas de todos! ¡A ver qué es más importante!

 

CRISTÓBAL - ¡Anda ya, hombre! ¿Qué sabrás tú lo que es conducir? Si lo único que has conducido tú en tu vida es la procesión de la borriquita.

 

¡Y el dinerito del cepillo! (Haciendo un gesto sugerente con las manos como sumergiéndolas)  ¡Que Dios sabrá hacia qué cajón lo conduces...!  

 

INMA - ¡Bueno! ¡Ya está bien, coño! ¡Para una vez que os veis al año, y siempre discutiendo! Dejad vuestras ideas para los asuntos que os tengo que exponer, que ya luego tendréis ocasión para pelearos.  

 

PEDRO PABLO – Y ya que lo dices, ¿se puede saber a qué viene esta reunión tan “familiar”? Porque te recuerdo que yo ahora debería estar en el confesionario, que he dejado allí algunas ovejitas rezando, y no se van de la iglesia hasta que yo vaya y les de la palmadita con la absolución. (Haciendo el clásico gesto con la mano derecha)  ¡Hala!

 

INMA – Si no te importa, esperemos a los demás. Pero que sepas, que el motivo de esta reunión es muy serio y trascendental. De no serlo, no os habría molestado, que estáis todos muy... digamos “muy ocupados”.

 

Y por supuesto, yo tampoco me habría molestado en perder el tiempo escuchando vuestras tonterías, con el trabajo que da “LOS DIAMANTES”, aunque sea un modesto restaurante con “menú del día”.

 

(A esto suena el timbre de la puerta nuevamente)

 

INMA - ¡Fatima! Abre la puerta que ahí está el tercero de la tarde.

 

(Fatima abre la puerta y entra la monja, cojeando un poco y  con sus manos entrelazadas y la mirada algo hacia abajo)

 

TERESA – Siento haberme retrasado. Es que tengo artrosis en una rodilla, y con este dolor tan grande, no puedo caminar muy de prisa. Confío en que Cristo me lo tenga en cuenta.

 

CRISTÓBAL – (Dispensando a su hermana solo una ligera mirada de indiferencia) ¡Oye, hermana! Yo no tengo que tenerte en cuenta nada.  Y te dije el año pasado, aquel día en que nos vimos, que no me llames Cristo, que yo soy Cristóbal, ¡coño!

 

TERESA – Sí, pero no me refería a ti, hermano. Yo he querido decir “Cristo” nuestro señor.

 

INMA – Ya estamos otra vez... ¿Queréis dejar de discutir? ¡Menos mal!, que solo nos reunimos una vez al año, porque esto, en lugar de un encuentro familiar más bien parece... una moción de censura.   

 

TERESA – Hermana, supongo que me habrás llamado para algo importante, porque he dejado mi celda sin limpiar. Y a las ocho tengo eucaristía. Que tú sabes que yo haré siempre lo que quiera Cristo.

 

CRISTÓBAL - ¿Lo que yo quiera? ¡Por mí, como si te quieres tirar por el barranco de Despeñaperros! Que no sabéis hacer otra cosa que rezar, ¡coño!

¡A ver cuando le pides a tu amado jefe que no haya más accidentes en la carretera, joder! ¡Que no pasa un día sin que haya unos cuantos muertos!

 

 ¡Y lo que nos hacen trabajar! Ambulancia para acá, coche grúa para allá... ¡Que no sales de uno, y ya te están llamando para otro!

 

 ¡Lo que yo digo...!,  que en este país está todo el mundo medio loco, y la gente ya no sabe ni conducir.    

 

TERESA – Sí, pero si no fuese por nuestras oraciones, ¿qué sería de las almas de esos pobres desgraciados?,  ¿eh?

 

PEDRO PABLO - ¡Muy bien dicho, hermana Teresa!

 

INMA - ¡Ya está bien! Ya pronto estaremos todos, y podremos empezar.

 

CRISTÓBAL - ¿Has dicho todos? ¿Ah, pero el marica viene hoy también?

 

INMA – También. Y no te burles de tu hermano, que aunque no de un palo al agua, él no tiene culpa de ser como es.

 

TERESA – Todos somos hijos de Dios, y hermanos de Cristo, sin importar la inclinación.

 

CRISTÓBAL – Sí, pero es que este hermanito nuestro, está ya tan inclinado, tan inclinado... que un día  se va a salir de la ruta, y como hace aguas hasta por las bujías, del guarrazo que se va a pegar voy a tener que llamar al juez, al forense, y llevarlo en ambulancia a Corporación Dermoestética, para que lo recompongan un poco.   

 

(Suena el timbre de la puerta)

 

INMA - ¡Mira! Hablando del rey de Roma...

 

¡Fatima! Abre la puerta, que ahí llega el cuarto de la tarde.

 

(De nuevo, Fatima cruza el escenario y abre la puerta. Entra Evaristo, saludando y  andando con las piernas muy pegaditas, y ya en medio del escenario se para brúscamente haciendo algún gesto afeminado de sorpresa con los brazos)

 

EVARISTO - ¡Buenas!  ¡Uy, por Dios! ¿Esto qué es? ¿Una reunión de familia, o un golpe de Estado?    

 

INMA – No, precisamente; aunque de un golpe bien grandecito podría ir la cosa. ¡Anda, anda! Siéntate que te estábamos esperando.

 

EVARISTO – Yo estoy mejor de pie, que me duele un poco... (Haciendo un gesto de llevar la mano hacia las posaderas) ¡Bueno!, ¡eso mismo!

 

¡Pero oye...! (Simulando que cuenta los asistentes con el dedo), aquí falta alguien, ¿no?

 

PEDRO PABLO – Sí, hijo sí. Falta la oveja descarriada.

 

CRISTÓBAL - ¡Ah!, ¿Pero a la puta y archiputa de mi hermana, también la has llamado?

 

TERESA - ¡Por Dios, y por el amor de Cristo! No hables así, y no insultes a tu hermana, que lleva tu sangre.

 

PEDRO PABLO – Sí, hija, sí. Lleva la sangre de Cristo, pero esa sangre que lleva, la tiene ya un poco aguada. Yo diría que bastante corrompida por el pecado...

 

(Haciendo el gesto de la cruz) Yo pido cada día para que Dios la perdone.

 

CRISTÓBAL - ¿Quién? ¿Esa? , ¿Has dicho que esa golfa lleva mi sangre? ¡Ya quisiera ella!

 

EVARISTO - ¡Mira, Cristo! Tú, te callas, que tú tampoco eres de sangre azul... ¡Vamos! Que yo sepa... porque en aquellos tiempos, que no estaba todavía eso del  “ADN”, ni siquiera en Gibraltar, nadie podía saber quién era su verdadero padre... solo el putativo.  

 

¡Tú, fíjate en mí! Que yo me miro al espejo (simulando que está frente a un espejo, tocándose las caderas), y me acuerdo de vosotros, y me digo: ¿Pero cómo es posible que yo lleve la sangre de esa patulea tan rara?  ¡Ji, ji!

 

INMA - ¡No discutáis más, por favor! ¡Qué familia, por Dios! Siempre discutiendo.

 

EVARISTO – Es que todos llevamos la sangre de Cristo, ¿o no? Vamos... eso me dijeron...

 

TERESA – Di que sí, hermano.

 

CRISTÓBAL - ¿Otra vez? ¿Cómo os tengo que decir que no me llaméis Cristo? ¡Que yo me llamo Cristóbal! ¡Cojones!  ¿Por qué puñetas mis padres me pondrían Cristóbal?

 

EVARISTO - ¡Hijo! Es que cuando papá te vio nacer con esa cara de guardia de tráfico, que solo te faltaba el bigote, dijo: “¡Este va a ser guardia civil de tráfico, seguro!  Así que le tendremos que poner Cristóbal, para que acompañe siempre a los conductores. ¡Ji, ji!”

 

CRISTÓBAL - ¡Mira, Evaristo, tú, mejor te callas.

 

EVARISTO - ¡Mira, guardia! ¡A mí no me llames Evaristo, que ese es un nombre muy feo, que parece el nombre de uno de esos que ordeñan las cabras!   Ya os tengo dicho que para mi familia y para mis colegas, yo me llamo EVA ¡EVA, y punto!

 

PEDRO PABLO -  ¡Bueno, Inma! ¿Se puede saber ya a qué hemos venido?

 

INMA – Aún falta Virginia. Tan pronto llegue, empezamos.

 

(A esto suena el timbre de la puerta)

 

INMA - ¡Mira! ¡Ahí está! ¡Fatima! Abre la puerta que ya está ahí el quinto de la tarde.

 

CRISTÓBAL – Sí, hija sí. La que faltaba. Y con ella, ya está el encierro completo. ¡Hala! Que empiece la banda a tocar el pasodoble. ¡... no te digo!

 

VIRGINIA -  (Entrando) ¡Uy, mira! ¿Esto qué es? ¡Si parece un concurso de chirigotas!

Un guardia, una monja, un cura, un mariquita, y... (con retintín),  y para que no falta de nada, una solterona.

 

EVARISTO -  Sí, hija. Solo faltaba la putita, que eres tú.

 

VIRGINIA -   ¡Y a mucha honra! Además, yo soy lo que soy, y no engaño a nadie. Pero tú, no eres ni esto, ni lo otro. Eres un sí, pero no.  Algo así como tu ídolo, que ni era blanco ni era negro. ¡Vamos, una cosa muy rara!   

 

PEDRO PABLO – (Haciendo un amago de levantarse) Bueno, si no dejáis de hablar de esas cosas tan vergonzosas, mejor me voy, a terminar de confesar a mis feligreses.

 

INMA – No, Pepa. No te vayas. Que ya, por fin, estamos todos los hermanos. Haced el favor de calmaros. Vamos a tomar un café. ¡Fatima! ¿Está ya el café?

 

FATIMA - (Asomándose) Siñorita Inma, lo serviré cuando usted disir. Pero aviso que está mucho caliente.

 

CRISTÓBAL – Sí, claro, aquí hoy, todo está muy calentito. Yo quiero uno solo, pero muy cargado, y si puede ser con unas gotitas de anís. ¡Hombre! Lo digo, porque no quiero quedarme dormido en la carretera, que se me puede escapar algún camionero, y después... pasa lo que pasa.  

 

TERESA – Yo, si no os importa, tomaré un vasito de leche, pura y sin mancha. Y si hay por ahí unas galletitas de las de “María”...  

 

PEDRO PABLO -  Yo tomaré un capu... ¡bueno! ¡eso! Un capuchino, pero no le pongas canela, que luego, estoy en el confesionario, y me sube para arriba una cosa así... y unos vapores... que tengo que dejar a mis feligreses allí plantados, y salir corriendo a tomar una ducha de agua fría, hasta que se me baje todo eso.      

 

EVARISTO - Yo, prefiero un “Bloody Mary”

 

INMA – ¿Un “blá” qué? ¿Pero, tú qué te has creído que mi casa es una discoteca? De esas cosas, aquí no tenemos.  

 

EVARISTO - ¡Hija! ¡Qué antiguas son estas solteronas! Entonces, que me traiga un “sol y sombra”. O mejor, un carajillo. ¡Bien fuerte!

 

(Al ver cómo le miran todos con cara de despecho, cambia de expresión y ahora prosigue pero con voz de timidez)  ¡Bueno...! Quiero decir, bien cargadito de anís, para que esté dulcecito, ¿no? Que el azúcar de la otra, es muy mala para ... para el azúcar, ¿no?

¡Ay! Ya no sé ni lo que me digo.   

 

VIRGINIA -  Yo, la verdad es, que no sé qué tomar a estas horas...

 

CRISTÓBAL - ¡Claro! Como te llevas toda la noche tomando... por todas partes, pues, ahora... estás ya como cansada...de tomar, ¿verdad?

 

INMA - ¡Bueno! ¡Ya está bien! ¡Que yo no os he convocado para que habléis de cochinadas, ni para que toméis un cocktail! ¡Coño! ¡Ni que esto fuera una fiesta de  cumpleaños!

 

EVARISTO - ¡Hija! Pues, tú dirás para qué, porque yo estaba en un “pub” con mis colegas, contando chistes, y la verdad es que no sé que hago aquí. Por cierto, os voy a contar uno de albañiles.

 

PEDRO PABLO - ¡Oye, Evaristo! No te consiento que cuentes chistes de esos tan guarros en mi presencia.

 

EVARISTO - ¡Que no, “pepa”! Que no es de esos guarros que te cuenta la gente en el confesionario.

 

 ¡Mira! “Un obrero en medio de una calle, en pleno agosto, a cuarenta grados, abriendo una zanja con pico y pala, con su pañuelo anudado en la cabezota y sudando como un condenado. Cuando se percata de que hay varios jubilados mirando como pega esos picotazos en el suelo, se detiene un momento, y mirando a los jubilados, con los brazos en jarra, les dice: ¡Esto es increíble! Llevo treinta años en esta empresa, y ya me han ascendido ocho veces. Y yo, me miro, y  me veo así, con el pico y la pala, con estos chorretones de sudor, y yo me pregunto: “¿Entonces, yo aquí... de qué estoy?”

 

¡Ji, ji, ji! ¡Qué bueno! , ¿verdad? ¡A qué es muy bueno!  ¿Cuento otro?

 

VIRGINIA - ¡No, hijo, gracias! Que de escuchar esos chistes, me suben también unos vapores...  

 

INMA - ¡Fatima! Café para todo el mundo.

 

VIRGINIA -  ¡Hala! ¡Ahí va, la solterona! Si quieres, bien, y si no, también. Con los dos ovarios puestos en la mesa... ¡Como se nota que eres la mandona de nuestro restaurante!  

 

INMA – ¡Desgraciadamente para mí, que estoy de “LOS DIAMANTES” hasta los mismísimos! ¡Y afortunadamente para ti, que, aunque sean modestos, te llevas los beneficios de mis sudores! Que yo podría decir lo mismo que ese pobre albañil...

 

Porque yo también soy una de las dueñas, por si lo has olvidado, y hay días que me doy unas palizas de trabajar, que yo misma me pregunto: ¿Pero yo aquí, de qué estoy?  

 

CRISTÓBAL - ¡Esta bien, hermana! No te vaya a entrar un ataque de histeria, de esos que les entra a las solteronas insatisfechas, y tenga yo que hacer uso de mi autoridad.  

 

INMA - ¡Bueno! ¡Está bien! Ya me calmo.  Ahora, nos vamos a tomar los cafés tranquilos, y luego os diré cual es el motivo de esta reunión tan entrañable, y tan familiar. Y os aseguro que es de suma importancia para  todos nosotros.

 

 (Ahora Fatima, va poniendo los café en la mesa)

 

INMA - Y mientras tomamos el café, pondré un poco de música para que nos animemos un poco. ¡Fatima! Antes de retirarte, pon la radio, por favor.

 

        (Mientras se cierra el telón, se oye de fondo la canción “contamíname”)

 

                                 FIN DEL PRIMER ACTO  

 

 

 

 

 

Comedia  “Los diamantes” de Marbella –  Cont.)

 

 

SEGUNDO ACTO

 

Al abrirse el telón, aparecen todos los personajes en su sitio, ya acabado el café, poniendo cara de aburridos, a la espera de que la hermana mayor, Inmaculada, se decida a explicarles para qué los ha convocado. Por fin, Inma, rompe el silencio.

 

INMA - ¡Bien! Os he reunido a todos para comunicaros dos noticias muy importantes. Una afecta a nuestro pequeño negocio de “LOS DIAMANTES”, ese restaurante del demonio, en el que me estoy dejando la vida. Y la otra, que afecta de lleno a mi futuro. ¿Por cual empiezo?

 

CRISTÓBAL - ¡Hombre! Yo creo que deberías de empezar por la peor, ¿no?

 

INMA - ¡Vale! Pues, la primera es que nos han quitado  “LOS DIAMANTES”  

 

EVARISTO – (Limándose las uñas y tarareando la canción de “contamíname”)

¿Qué has dicho? ¿Qué has perdido tus diamantes? No me extraña, porque las solteronas estáis siempre con la cabeza puesta en lo que yo me sé...

 

VIRGINIA - ¡Que no te enteras, Contreras! Que está hablando de “LOS DIAMANTES”, de nuestro restaurante, que nos lo han quitado. Que se ha perdido.    

 

EVARISTO - ¿Qué se ha perdido? ¡Hija! Pues, yo he pasado por allí esta mañana y yo lo he visto donde siempre...

 

INMA – Sí, pero por poco tiempo. Ayer, recibí una llamada de FOMENTO diciéndome que la nueva avenida  pasa exactamente por allí y que tienen que derribarlo.

 

CRISTÓBAL - ¡Ya lo decía yo! Que nosotros no somos gente importante y han cortado por el punto más débil. Si el restaurante nuestro fuese del hijo de un ministro, o del alcalde de Marbella, o de Marujita Díaz, ya te diría yo por donde iban a trazar esa avenida...

 

INMA – Lo cierto es que no hay solución.

 

PEDRO PABLO – ¡Qué fatalidad! Ahora que ya el restaurante tenía su clientelita...

 

CRISTÓBAL – Sí, pero supongo que habrá una buena indemnización ¿no?

 

INMA – Sí, por supuesto. Nos dan dos millones.

 

            (Todos al unísono)  ¿Dos millones?

 

INMA - ¡Bueno! Luego, nos descontarán el IRPF, como es natural, y con algún que otro gasto, se quedará en un millón y medio larguito.

 

TERESA – Pues, oye. No está mal. Yo creo que debemos dar gracias a Jesús, por haber sido justo esta vez. Se nota que mis plegarias sirven para algo.

 

CRISTÓBAL – Estoy pensando, que con la parte que me toca, a lo mejor puedo retirarme y abrir una buena autoescuela, que es lo que siempre me ha gustado. Ya la estoy viendo. Se va a llamar “Autoescuela San Cristóbal”. ¡Bueno, no! Mejor quito eso de “San” y le pongo “Don Cristóbal”.

 

EVARISTO – ¿Y por qué no le pones mejor algo así como “Cristo, nuestro guía” que eso infunde como un poco más de respeto, ¿verdad? ¡Ji, ji!  

 

PEDRO PABLO – Por favor, dejaros de hacer chistes con nuestro señor, que os va a castigar.

 

La verdad, es que a mí también me va a venir bien ese dinerillo, porque tengo que hacerme un implante (Tocándose los dientes), y también hay que hacer una reformita en la sacristía; y todos sabéis que la iglesia es muy pobre, y no hay presupuesto para tanto...  

 

VIRGINIA - ¿Qué no hay presupuesto? Entonces, a lo mejor tú podrías explicarnos a donde va a parar esos cuarenta mil millones de pesetas que acaba de trincar la iglesia, del bolsillo de los españolitos, con la crucecita esa de la declaración de los cojones.

 

A mí me vendría bien que llamaras un momentito al Vaticano y preguntaras dónde invierten tanto dinero, Pepa, porque yo tengo unos ahorrillos, y como está la cosa, no se puede una fiar...  

 

EVARISTO – ¡Calla, niña! No hables del Vaticano, que esa gente dice que lo mío es una enfermedad. ¡Vamos! ¿Qué sabrán ellos? Pues anda que no hay curitas y hasta obispos “enfermos” por esos mundos de Dios.

 

INMACULADA - ¡Bueno! ¡Ya está bien! ¡Que hemos venido aquí a arreglar nuestros problemas, que esto no es un cónclave, coño!

 

CRISTÓBAL – Lleva razón nuestra hermana. Lo que importa es que vamos a cobrar un dinerito muy interesante, y adiós a “LOS DIAMANTES”, que ya ha cumplido con su misión, y borrón y cuenta nueva.

 

INMACULADA – Sí, sí. Sobre todo lo de la cuenta nueva... ¿verdad?

 

TERESA – Además, tenemos que admitir que “LOS DIAMANTES” se estaba ya quedando así... como un poco antiguo ¿verdad? Aunque confieso humildemente que yo no entiendo mucho de eso, ¿eh?

 

INMACULADA - ¡Hombre! Pues sí, algo antiguo sí que estaba. Por algo era el primero que se abrió en Puerto Banus. Lo echaré mucho de menos...

 

VIRGINIA - ¡Ok! ¿Y la otra noticia, esa que va a afectar a tu futuro, cual es? ¿Acaso te vas a meter en el convento con la hermana Teresa, como hacen todas las solteronas cuando se les pasa el arroz?

 

INMACULADA -  Pues, no, precisamente. Porque aunque no os lo creáis, me ha llegado la hora.

 

(Todos al unísono, y con cara de perplejidad) ¿Que te vas a morir?

 

INMA – No, morirme todavía, no creo. Pero mi estado va a cambiar radicalmente.

 

EVARISTO - ¿Tu estado? ¡Uy! ¡No me lo digas! ¡Ya está! Te ha trincado el repartidor del butano en el cuarto de baño, y en un descuido de nada, cuando te agachaste a poner la bombona, ¡Catapún Chimpún! ¡Y te ha dejado preñada!

 

PEDRO PABLO - ¡Evaristo! ¡Por favor! ¡No seas tan grosero!

 

INMA – Me voy a casar.

 

  (Todos al unísono)  ¿Qué te vas a qué?)

 

EVARISTO - ¿No te lo decía yo? ¿Lo ves? ¡Hija! Es que hoy día, no te puedes fiar ni de un repartidor de butano. Que cuando menos te lo esperas, te cogen desprevenida, ovulando... y ¡Zás! ¡Aquí te pillo, aquí te mato!

 

TERESA - ¡Hija! ¡Qué sorpresa! Y yo que pensaba que si un día dejabas el negocio te reunirías  conmigo en el convento, para trabajar por los demás, y entregada a Jesucristo...  

 

INMA – No, gracias, hermana. Tú sabes que no tengo vocación. Y ahora que me ha salido un novio, no pienso dejar pasar la oportunidad, y en vez de entregarme a tu amado Jesucristo, me voy a entregar a un hombre de este mundo, donde yo vivo ahora.    

 

CRISTÓBAL - ¡Hombre! Yo no creía que tú, a tu edad, ya... ¡Pero, bueno! Como dice el refrán... Nunca es tarde, si la furgoneta es buena. Tú ya me entiendes, ¿no?

 

VIRGINIA -  ¿Y se puede saber quién es... el afortunado?  

 

INMA - ¡Fatima! ¡Que entre ya!  

 

 (A esto, aparece ABDULAH, vestido de calle, aunque con un turbante, adornado con una “piedrecita” muy brillante, haciendo alguna que otra reverencia, mostrando cara de entusiasmo y un gran interés por conocer a la que va a ser su familia. Él solo habla “árabe”, pero Fatima hace de “intérprete”)

 

CRISTÓBAL - ¡Coño! ¿Esto que es? ¿El sobrero? Lo que faltaba ya para terminar una corrida tan... tan completita. ¡Bueno, hombre! Que toquen otra vez el pasodoble. 

 

INMA – Os presento a Abdulah, mi futuro esposo.

 

EVARISTO - ¡Oye, mira! No está mal el muchacho, ¿verdad? Oye, Mohamed, ¿y el camello? ¿Dónde te lo has dejado? Lo habrás dejado bien aparcado ¿no? Mira, que aquí, mi hermano no tiene compasión con nadie; y menos con los que tienen jorobas.

 

Por cierto, tu camello llevará un GPS ¿no? Porque hijo, por esos desiertos tan grandes, sin una mala rotonda, y sin carteles, y sin un guardia para preguntar, ahí se pierde hasta Cristo, ¿verdad?   

 

PEDRO PABLO - ¡Calla, anormal! Que todos somos criaturas de Dios.

 

TERESA - ¡Bueno! En este caso, será criatura de Alá, ¿no?  

 

PEDRO PABLO -  ¡Oye, muchacho! ¿Y tú, de donde eres? ¿Y a qué te dedicas? ¡Vamos! Si es que te dedicas a algo...

 

ABDULAH  − ¡Andayá... abdelajá miajdá naji anji payá... ¡

 

INMACULADA – Fatima, traduce, por favor.

 

FATIMA – Siñor Abdulah dice que él venir de país árabe lejano de oriente, que está por  oriente medio... por ahí.   

 

CRISTÓBAL – (Sin mirar al árabe) No, verás. Si este nos va a dar ahora clases de geografía. ¡Ya, lo que faltaba!

 

PEDRO PABLO - ¿Y a qué has venido desde tan lejos? ¿A casarte con nuestra  hermana... Inmaculada?

 

VIRGINIA -  Nuestra hermana inmaculada  de momento, porque ya cuando se case con... con esto, de inmaculada ya... bien poco, ¿verdad?  

 

PEDRO PABLO - ¿Y a qué te vas a dedicar aquí muchachito? Porque supongo que no te habrá ocurrido llevarte a nuestra hermana a trabajar contigo cogiendo fresas en Lepe, ¿verdad que no?

 

 Porque tú seguramente estás allí en los invernaderos, ¿no? ¿O te dedicas, como dicen ahora... a la construcción?

 

EVARISTO - ¡Oye! A lo mejor te llamo para que me hagas una chimenea, que queda muy mona en el salón. Pero baratita ¿eh? Que voy a ser tu cuñada. Bueno... o algo así...   

 

CRISTÓBAL – Y supongo que no te querrás casar con nuestra hermanastra para que te mantenga  con la parte que le toca de la indemnización ¿no?

 

INMA – No. Por supuesto que no. Abdulah tiene sus propios negocios.   

 

CRISTOBAL  - ¿Quién? ¿Este? ¿Y esa tienda de “todo a un euro”, dónde la tiene? Por si tengo que echar un vistazo y hacer una inspección, que a mí me han soplado que detrás de esas tiendas...  

 

VIRGINIA - ¡Hermana! ¿Y tú te lo has pensado bien? Mira, que yo sé cómo se la gasta esta gente, ¿eh? (Haciendo un ligero gesto con las manos significando algo de gran tamaño)

 

Y tú, que estás todavía sin estrenar... ¡Mira que estos árabes en vez de “consumar” el matrimonio como Dios manda, lo que hacen es un pozo de perforación!  Que no se diga que no te lo he advertido con tiempo...   

 

EVARISTO - ¿Y este... Aladino, va a ser tu marido? ¿El padre de tus hijos? ¡Bueno, suponiendo que tú puedas tener enanos...!

 

INMACULADA  – Así es. Yo ya estoy cansada. Son ya muchos años trabajando en ese maldito restaurante, preparando todo, limpiando, ordenando, comprando, luchando con los camareros, con tanta carga de trabajo.  Ahora, cuando me case, me dedicaré al hogar,  a viajar... a la familia... ¡Vamos! Si es que viene...

 

CRISTÓBAL - ¿Y se puede saber para qué nos presentas al  Mohamed? Porque... ¡vamos! para casarte con este, no hace falta ni que nos llames. Digo yo...

 

INMACULADA – Abdulah ha venido para pediros mi mano. Es una costumbre de su país, y de su religión.

 

EVARISTO - ¿Tu mano? ¿Cuál de ellas? ¿Pero cortada, así con un serrucho? ¡Qué salvajada, por Dios!

 

VIRGINIA - ¡No seas bestia, animal! La está pidiendo en matrimonio.

 

TERESA - ¿Y con la edad que tú tienes, hermana, hace falta que nos pida permiso a nosotros?

 

ABDULAH -  ¡Avisiya, envuamajá, deyapadmaja, ijdipayá, ya!

 

INMACULADA – Fatima, traduce por favor.

 

FATIMA – Siñor Abdulah, dise que en su país, es una tradición pedir mano a familia. Él no poder faltar tradición suya. Eso ser como ley. Ser obligación.

 

CRISTÓBAL - ¡Ah, ya! Eso está bien. Pues, en ese caso, yo digo rotundamente... ¡que no!

 

EVARISTO – Yo, tampoco estoy de acuerdo con este matrimonio, porque si en este país no nos permiten casarnos a los gays, tampoco deberían permitírselo a las solteronas. O todos moros, o todos cristianos. ¿Verdad, pepa?

 

PEDRO PABLO - ¡Hombre! Si puede ser todos cristianos, mucho mejor. Yo, sintiéndolo en mi corazón, tengo que decir... que no. ¿Cómo voy a permitir que mi hermana se case con un hereje? ¿Con un siervo del Mahoma ese? ¡Sería lo último!

 

INMA - ¡Increíble! Eso es lo que me aman a mí mis hermanos. ¡Bueno, Virginia! ¿Y tú, qué dices?

 

VIRGINIA - ¿Yo? Hija, es que ya te dije antes, que lo que quiero es evitarte un disgusto, un desgarro brutal, una sangría... Es que no quiero que sufras...

 

Tú entiéndeme. Si fuese un malagueño de El Palo, pues mira... pero un “mustafá” de estos... Yo no los quiero ni aunque me ofrezcan una mezquita con doce esclavas para hacerme la pedicura. Y todavía, si tuviese una mezquita...    

 

INMA – Entonces, no es necesario que siga. Aunque la hermana Teresa, que es la más prudentita, diga un “sí”, que no lo creo, ganaríais por un cuatro a uno. Y ahí, ya no vale... ni la prórroga.  

 

TERESA -  Por mí, que se haga la voluntad de Dios. Yo lo dejo en vuestras manos que entendéis más de estas cosas.

 

(Ahora, dirigiéndose a Fatima)

 

INMA – Fatima, dile a Abdulah, que con dolor de mi corazón, no hemos conseguido la aprobación de mi familia para nuestra boda. Que me quedo aquí, resignada al dolor, a mi destino, que siempre fue sufrir, trabajar sin descanso,  y no conocer la felicidad.

 

FATIMA – Nadenaya niablayá quiiskipayá ya. Niistih niijsi, kitivaya payá payá.  

 

ABDULAH – (Poniendo cara de circunstancias) Quiskipinaya, tristiya Abdulah. Nihdiya, embahijidijaya, tenantedijá aldeyá, aldeyá.

 

(Hace unas reverencias y sacando de sus bolsillo unas pequeñas cajitas envueltas en papel de regalo y con un lacito, las deja en la mesa)

 

FATIMA – Disir señor Abdulah que él lamentar mucho fracaso petición de mano, pero que dejar pequeño recuerdo para todos. Disir que marchar toda leche porque avión no esperar. Disir también que Alá proteja a toda familia de aquí.                     

 

(Abdulah se retira culeando y haciendo reverencias hasta desaparecer. Los demás, quedan indiferentes, aunque Inma, se lleva las manos a los ojos, simulando que llora porque pierde la gran oportunidad de su vida)

 

PEDRO PABLO – Hermana, no deberías llorar, porque hemos obrado con la mejor intención. ¡Sabe Dios de lo que te hemos librado!

 

¿Y esta chorradita que nos ha dejado el morito, qué será?

 

EVARISTO – A ver, a ver. Seguramente será una tontería de bisutería de su tienda de “un leuro”.

 

(Evaristo, no puede reprimir su curiosidad y abre la cajita. Cuando ve una piedra tan brillante, pone cara de sorpresa)

 

¡Oye! ¡Mira! ¡Hay que ver las imitaciones tan buenas que hacen hoy! ¿Verdad, hermana? Si se parece a un diamante de esos de las minas del rey Salomón, ¿verdad? Con su brillito y todo...

 

CRISTÓBAL – A ver. Déjame ver lo que vende el moranco este de los cojones. ¡Coño! Si yo diría que esto es... ¡vamos, que esto es... un diamante!

 

        (A esto, todos se vuelcan sobre la mesa para coger su cajita y abrirla con ansiedad)

 

VIRGINIA - ¡Ay, Dios! Que esto es un diamante también.

 

PEDRO PABLO – Yo no entiendo mucho, porque nunca estuve en el Vaticano,  pero yo diría que sí, que esto es una piedra de esas. El señor ha hecho justicia, hemos perdido “LOS DIAMANTES” de Marbella, pero del cielo nos han caído los diamantes de Arabia.

 

CRISTÓBAL - ¡Oye, Inmaculada! ¿Cómo explicas tú esto? ¡Pero si cada piedra de esta tiene que valer una fortuna! Si con lo que me den por esto en Gibraltar... puedo abrir, no digo ya una gran academia... ¡yo puedo crear una cadena de franquicias!

 

INMACULADA – Ya os dije que Abdulah tiene sus propios negocios.

 

PEDRO PABLO – Sí, ¿pero qué negocios?

 

INMA – Pues, los normales... Campos de petróleo, minas de diamantes, joyerías de lujo por todo el mundo... en fin, esas cosas que tienen los jeques árabes de Arabia.

 

VIRGINIA - ¿Jeque Árabe? ¿Qué ese mohamed es un...? ¡Hija! ¡Qué tontísima eres! ¿Y ha venido a pedir tu mano, y no se la has dado? ¿Tú eres jilipollas, o qué?

 

PEDRO PABLO - ¡Hermana! Creo que has cometido un grave error rechazando a ese buen hombre, que sin duda es un hombre generoso, digno hijo de Alá. ¡Perdón! He querido decir, digno hijo de Dios.  

 

EVARISTO - ¡Inma! A mí me sale un partido de esos y me voy con él aunque sea a rascarle la espalda. ¡Hija, por Dios, qué retrasada eres! ¡Es que no vales nada más que para trabajar en los restaurantes fregando cacerolas!

 

Lo que yo digo, que la que nace para solterona, será solterona toda su vida, porque el día que aparece un marido por la puerta, ella sale corriendo como si hubiera visto una anaconda.    

 

INMACULADA - ¿Corriendo? ¿Corriendo yo? ¿Acaso he sido yo la que lo ha rechazado? ¡Habéis sido vosotros! Que sois como... como unas alimañas, sin sentimientos. ¡Que me habéis robado la oportunidad de ser feliz una vez en mi vida!

 

CRISTÓBAL – Un momento. Tranquilos. Que todo tiene solución. Dejadme a mí, que soy una autoridad. ¿A dónde dijo el Mohamed que iba?

 

FATIMA – Hombre con turbante disir que avión no esperar. Que aunque sea sin mano de Inmaculada, él marchar para aeropuerto toda leche.

 

VIRGINIA - ¡Claro! Va camino del aeropuerto de Torremolinos.

 

INMA – Ya sé lo que estáis pensando. Seguro que os vais a meter todos en el coche patrulla de Cristo, y vais a salir cagando leches hasta el aeropuerto, a pillar a Abdulah antes de que embarque, para decirle que le concedéis mi mano. ¿Me equivoco?

 

PEDRO PABLO - ¡Oye, hermana! Creo que no eres tan tonta como yo pensaba. ¿Verdad que no, Cristo?

 

CRISTÓBAL - ¡No perdamos tiempo! Al coche patrulla todo el mundo. Quiero decir todos, menos Inma, que preferirá quedarse, y esperar a que su amado sea el que venga a declararse, de rodillas, como se ha hecho toda la vida, ¿no?

 

Tú no te preocupes, hermana, que a ese te lo traemos aquí a sellar el compromiso, como Cristo que me llamo.... Bueno... como Cristóbal, que me llamo.  

 

INMA – Bueno. Haced lo que creáis más conveniente. Además, hoy sin falta, tengo que hacer unas gestiones y mandar un fax. Por cierto, antes de salir, dejadme todos vuestra documentación, que tengo que sacar fotocopias para enviarlas por fax a Fomento, y dejadme vuestra tarjeta bancaria para dar los datos y así os puedan transferir la parte de la indemnización.

 

               (Rápidamente todos se apresuran a dejar a Inma, los DNI, la VISA, y hasta la cartera)

 

PEDRO PABLO – Inma, yo no suelo llevar el DNI, porque la verdad sea dicha ¿quién le va a pedir la documentación a un cura? Te puedo dejar lo único que llevo, el carné de conducir, por si te vale...  

 

VIRGINIA – Oye, Inma, ¿Yo también tengo que dejarte el DNI? Es que, teniendo en cuenta lo que yo soy... y con esta pinta...

 

INMA - ¿Pero quién te va a pedir a ti el DNI, so tonta? ¿Acaso no vas acompañada de  un Agente del Gobierno, y nada menos que con medio Vaticano en persona? ¡Por Dios! Tú, déjame el DNI, que no te va a hacer falta para nada.

 

    (Al final todos acceden gustosamente a dejar sus documentos, antes de salir corriendo)

 

EVARISTO – (Dando saltitos) ¡Uy, qué emoción! ¡Hoy es mi día de suerte! ¡Vamos, vamos! Oye Cristo, ¿tú puedes meterle caña al coche patrulla, verdad? Porque como eres guardia de Tráfico...

 

CRISTÓBAL – A ciento ochenta, y con la sirena puesta.  ¡Vamos!  Inma, ve llamando a un cura para que os case hoy mismito. ¿Qué coño un cura? ¿Y  “pepa”,  entonces, para qué está aquí? ¡Hasta luego!

 

        (Sale Cristóbal colocándose la gorra y todos detrás)  (Pausa de unos segundos)

 

INMA – (Usando su móvil y marcando) Abdulah, ya puedes subir, y dile a tu chófer que venga a la puerta a recoger las maletas que las tengo listas. Fatima, retira esto y vuelve que tengo que comunicarte algo.

 

(Ahora toma una carpeta y unas llaves de debajo de uno de los cojines. Vuelve Fatima)

 

INMA – Fatima, por haberme ayudado estos años, y haberme sido fiel en todo, este piso para ti. Aquí tienes las llaves y este documento donde dice que te lo he cedido para siempre. (Fatima se emociona y besa las manos de Inma varias veces, haciendo una especie de reverencia y dándole las gracias una y otra vez)

 

INMA – (Hablando en monólogo) Ya hemos cortado orejas y rabo. Ahora terminemos la corrida con salida a hombros, por la puerta grande, como un maestro de la lidia. Estos buitres van a saber quien soy yo. (Toma el móvil y marca un número)

 

INMA - ¿Policía? Sí, Agente, escúcheme bien, por favor. Es que estoy impedida y me paso el día en la ventana viendo todo, y a todo el que pasa por mi calle. Yo vivo enfrente de la famosa joyería “El Bello Oriente”. Acabo de ver algo muy extraño, y por eso les llamo.

 

Pues verá. Creo que ha habido un atraco. (pausa)  ¿Qué por qué creo que es un atraco? Verá: Han salido varios individuos de la joyería con paso muy ligero, casi corriendo,  y cada uno con algo en la mano. Y lo extraño es que se han metido corriendo en un coche patrulla de la guardia de Tráfico. ¿No le parece raro?

 

¡Claro! Lo mismo digo yo. ¿Que cómo iban vestidos? Pues verá: Uno de ellos iba disfrazado de sacerdote, otro de guardia de tráfico, una mujer iba disfrazada de monja, otra iba como si fuese una “fulana”, y otro hombre, algo más joven, parecía un homosexual, con ropa de colores llamativos, con mucha bisutería colgando del cuello, de las orejas, y con andares muy evidentes.

 

 Pues no sé, pero por la dirección que han tomado es como si fuesen hacia el aeropuerto. ¡Vamos! Yo me atrevería a asegurar que se trata de un atraco de los mafiosos esos que anda por ahí, y que seguramente intentarán huir en avión a Italia, o a Portugal. No sé.

 

¿Qué van a enviar dos coches de policía enseguida? ¿Qué van a dar aviso a los de Aduanas del aeropuerto para que estén preparados? ¡Ya!

 

De nada, inspector. Que sepa que lo único que trato es colaborar con la policía y con la justicia, que ya estamos hartos de atracos y fechorías de esos desalmados. ¡Menos mal, que yo no puedo salir de casa!, porque no iría tranquila a ningún sitio.

 

  Adiós, inspector. A mandar.  (Cuelga y se ríe a carcajadas)

 

¡Ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Ay qué risa, Dios mío! ¿Te imaginas Fatima? ¡Ja, ja! Cuando lleguen

al aeropuerto y les estén esperando alli... Lo primero que harán es registrarlos a todos, y les encontrarán los diamantes.

 

 ¡Ja, ja! Y luego cuando el “pepa” les diga, ¡Oiga, que soy un representante de Cristo en la tierra! ¡Ja, ja! El de Aduanas le va a decir: ¡Mira este! ¡Y yo soy Felipe II!

 

 Y cuando la otra diga “Yo soy una monjita piadosa y temerosa de Dios, y no soy capaz de hacer nada malo”

 

 Y cuando el otro diga “Yo soy un agente de la Ley” ¡Ja, ja, ja!

 

 Lo más gracioso, será cuando les digan ¡A ver! ¡La documentación! ¡La quiero ver enseguida sobre la mesa!

 

  ¡Ja, ja, ja! ¡Ay, que me parto! ¡Ay, qué pena! ¡Lo que me estoy perdiendo!

 

¡Pero, Fatima, si eso sería para grabarlo y mandarlo a la tele! ¡Es que con esa grabación, seguro que ganaba un concurso!

 

FATIMA – “Siñora”, si quiere, yo poder llamar Telecinco y mandar paparazzi a aeropuerto para grabar gran momento ese...   

 

INMA - ¡Hombre! Supongo que al final, todo se aclarará, pero hasta que llegue ese final, dos o tres días por lo menos durmiendo en Alhaurín de la Torre les va a venir estupendamente. Y cuando la tele de la noticia y la gente vea sus caras, la vergüenza que van a pasar será... ¡Bueno! Será como para ponerse delante del AVE.

 

FATIMA - “Siñora”, creo que AVE no “sirvir” para suicidio. Yo enterar que AVE tener “sinsores” que detectan personas en via, y no poder atropellar.

 

 INMA - ¡Bueno, mujer! Pero supongo que, por lo menos, te puedes subir al AVE y a cien kilómetros de Madrid, te puedes tirar por la ventanilla, ¿no?  

 

Y ya cuando los abogados consigan sacarlos de chirona, y les pasen la minuta, ellos creerán que con la indemnización que van a coger del restaurante no habrá problemas para pagarles. ¡Ja, ja, ja! Y los muy idiotas,  no se molestaron en averiguar la valoración de nuestro restaurante de mierda, la que me dijeron los de Fomento.

 

FATIMA – “Siñora”, ¿No eran dos millones?

 

INMA – Sí, hija, sí. Pero no de euros. Dos millones... ¡de pesetas! ¡Ja, ja, ja! ¡Ji, ji, ji!

 

A ver si te has creído que  Fomento es la Lotería Primitiva, que por un euro te da cinco millones. Ellos te dicen que te están pagando por el terreno del restaurante nada menos que el doble de su valor catastral. ¡Ja, ja, ja!

 

Cuando mis hermanos se pongan a repartir... ¡ni para comprarse un TDT!  Van a tener que poner dinero encima.

 

¡Se lo merecen! Por truanes, por explotadores, por haber vivido a costa de mis sudores tanto tiempo, por malos hermanos, ¿Qué digo, “hermanos”? Será “hermanastros”; y por egoístas,  y por todo lo que me han hecho sufrir.

 

               (Entra Abdulah, y Fatima sale y vuelve de inmediato con dos maletas que acerca a los bastidores donde supuestamente está la puerta de entrada)

 

INMA – Abdulah, querido. Ya podemos marcharnos. ¡Ay, Dios, cuanto me he reído! ¡Si supieran mis hermanitos que esos diamantes son de una de las ochenta joyerías que tú tienes por el mundo entero! ¡Y que irán de vuelta a las vitrinas de la joyería “El Bello oriente” de Marbella!  ¡Ja, ja! ¡Ja, ja, ja!

 

ABDULAH – (Con algo de acento)   Vamos, amada mía. Pronto te haré mi esposa. Y vivirás como una reina, allí en mi palacio de Miami, bajo bello cielo de estrellas.  

 

(Inma, se agarra al brazo de Abdulah, y empieza a andar mientras que hace un comentario)

 

INMA – Sí, amado mío. Me harás muy feliz haciéndome tu esposa. Pero, que sea para siempre ¿eh?

 

           (Van saliendo del escenario dando la espalda al público, mientras se va cerrando el telón. Mientras Inma sigue hablando con una sonrisa pícara)  

 

INMA - ... que ya te habrás dado cuenta cómo me las gasto, ¿eh? Y a ti, ya te habrán dicho que a las españolas no nos gusta eso de compartir marido con nadie, ni aunque sea en un harén de lujo, ni porque tenga cinco estrellas.

 

(Ahora, volviendo la vista al público)

 

  ¿Verdad que no? Ja, ja. ¡Ja, ja, ja!  

 

SE CIERRA EL TELÓN

 

FIN

 

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