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LOS FELICES OCHENTA

de  Rogelio San Luis

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“LOS FELICES OCHENTA”

Farsa de humor en dos actos, y no sexuales, original de

 Rogelio San Luis

rogeliosanluis@yahoo.es

A mis hijas Inés y Alejandra.

 

PERSONAJES

(Por orden de aparición)

AURORA

PILI

LOLITA

CHICHO

LUPE

RAFA

TOMÁS

ARTURO

LEONCIO

CARMEN

 

La acción, en una gran ciudad.

Época, actual.

Lados, los del espectador.

 

 

ESCENARIO

Un jardín florido ocupa la mayor parte del escenario. Muchos árboles en el foro y en los laterales.

Segundo término y frente al público: Un columpio en la izquierda; un tobogán en el centro; y un balancín, paralelo al proscenio, en la derecha.

Bancos distribuidos por el primer término y resto de la escena.

A la izquierda y oblicuo a este jardín, sobre un entarimado, un elegante dormitorio.

En el foro, y frente al público, cama matrimonial. Dos mesas de noche con sus lamparitas.

Segundo término: Una coqueta en la izquierda y un armario en la derecha.

Primer término: Una puerta en la izquierda, dos butacones en el centro y un balcón en la derecha.

Lámpara en el techo.

Teléfono en la pared, a la izquierda.

Demás cosas que exija la acción.

 

 

ACTO PRIMERO

(Se alza el telón mientras se escucha “La primavera” de Vivaldi. LUZ EN EL JARDÍN.. Las doce de la mañana de un soleado día de primavera. Se oye el trino de los pájaros. En escena: AURORA, PILI, LOLITA, CHICHO, LUPE y RAFA.

AURORA, ochenta años. Baja y delgada. Se encorva considerablemente. Pelo corto y teñido. Muy presumida y cursi. Viste jersey y pantalón.

PILI, ochenta y dos años. Estatura normal y muy delgada. Arrastra bastante los pies al caminar. Melena larga y blanquísima. Dulce y soñadora. Viste un traje de colores vivos. Un gran lazo en el pelo. Audífono en el oído derecho.

LOLITA, ochenta y un años. Baja y regordeta. Pelo canoso muy arreglado y sin estridencias. Ligera de movimientos. Usa gafas. Absorbente y poseída. Viste un traje largo. Mantón de estambre sobre sus hombros.

CHICHO, ochenta años. Bajo y delgado. Cuatro pelos que peina con esmero. Camina con dificultad y empaque. Usa gafas antiguas. Presumido y cascarrabias. Viste un traje veraniego sin corbata. Un clavel en el ojal. Visera ladeada.

LUPE, ochenta y dos años. Estatura normal y enjuta. Gran movilidad. Excesivamente maquillada y pelo teñido a la última. Muy locuaz. Viste blusa, minifalda y botas altas.

RAFA, ochenta y dos años. Alto y fuerte. Lucha constantemente por andar erguido e hinchar el pecho. Está calvo. Gafas modernas. Jovial y optimista. Viste pantalón vaquero y camisa a cuadros.

LUPE, se balancea dichosa en el columpio. AURORA y PILI, en el centro del primer término, le dan felices comba a RAFA, que salta a la cuerda con grandes facultades. LOLITA y CHICO, al margen de todos, se mueven alegres en el balancín. Cesa la música. Cantando.)

AURORA y PILI.-Rey, rey, cuántos años viviré. Ciento treinta no lo sé. Ochenta y dos, ochenta y tres, ochenta y cuatro, ochenta y

(Siguen. Se detienen en el balancín.)

LOLITA.-Te lo juro, Chicho. Yo no soy una menor. Tengo ochenta años como tú. Lo hago por rejuvenecer. Tengo... ochenta y... uno.

CHICHO.-¿Ochenta y uno? ¡La edad ideal de la mujer!

(Se mueven.)

AURORA y PILI.-Ciento treinta, ciento treinta y uno, ciento treinta y dos

AURORA.-Has pandado, majo. ¡Qué pocas facultades! Muy pronto tienes el infarto de huésped.

(Se acerca.)

LUPE.-Al pobre, no hay más que verle, no le queda ni medio siglo.

PILI.-No seas exagerada, Lupe. Sus huesos ya no pueden ni con un año bisiesto.

RAFA.-¡Sois unas estrechas! Fiscalizarme los años... ¡Tengo cuerda para ahorcar a La Muerte!

(Hace mutis por la izquierda. Dejan caer la cuerda. Fuman las tres. Lentos.)

LOLITA.-No tengo ninguna prisa por casarme. Yo no me dejo engatusar, como otras, por el primer hombre que sólo desea lujurioso mi jubilación.

CHICHO.-Eres una mujer completa. ¡Tienes una jubilación como yo! ¡¡Son dos jubilaciones!!

(Rápidos. AURORA tose. Le dan unas palmadas en la espalda y le pasa la tos en el acto. Se sientan en un banco del centro.)

AURORA.-Gracias, niñas... ¡Llevo unos días...! Si os lo cuento no me lo vais a creer. Yo, que he sido como un reloj toda mi vida, pues... ¡Este mes no me vino la regla!

LUPE.-¡Jolines!

PILI.-¿Cómo dices? Cuando no tengo bien colocado el audífono, oigo cosas tan extrañas...

(Lentos y hastiados.)

CHICHO.-Ya son dos meses de casados, Lolita, y todavía no estás embarazada.

LOLITA.-El ginecólogo me dijo que en cualquier momento... Mira, mira al cielo. Puede aterrizar la cigüeña...

(Lo hacen. Por la izquierda entra TOMÁS. Ochenta y tres años. Estatura normal y muy delgado. Pelo blanco. Poca vitalidad y arrugado. Gafas redondas para una gran miopía. Triste y decaído. Viste de luto riguroso. Sombrero. Se sienta en el columpio y se balancea sin fuerzas.)

AURORA.-¡No! ¡Yo no he hecho nada! Me acuerdo perfectamente... No creáis que padezco de arteriosclerosis. La otra noche... Tuve un sueño erótico... Empujaba la silla de ruedas de un tetrapléjico. De pronto, se levantó y...

(Tira el cigarrillo.)

¡Lupe! ¡Pili! ¡No me dejéis! ¡Llevadme a maternidad!

(La levantan. Se apoya en ellas.)

PILI.-¿Tan pronto? El paralítico llegó y besó el santo.

LUPE.-Para otra vez, Aurora... Yo tomo la píldora delante de todo el mundo y nadie sospecha nada. Creen que es para la tensión arterial.

(Mutis de las tres por el foro. Por la izquierda entra RAFA. Le ofrece un cigarrillo.)

RAFA.-¿Te acelero el cáncer, optimista?

TOMÁS.-Ahora... Acabo de enterrar a mi mujer. ¡Yo no, claro! Y tengo la sensación de que la pobre se ahoga con el humo.

(Enciende un cigarrillo.)

RAFA.-Os complicáis la vida... ¿Quién te dio vela en ese entierro? Aquí me tienes, resistiendo, soltero y sin compromiso. Hago felices a todas. ¡Las tengo así! ¡A montones! Tal vez, en la vejez, siente la cabeza y pique el anzuelo. ¡Ja, ja, ja! ¡Pero in articulo mortis, macho!

CHICHO. Todas  las cigüeñas llevan un bebé en el pico. ¡Aquélla! ¡Cógela! ¡Es una niña igualita a ti!

LOLITA.-¡Ya está! ¡Ya es nuestra! Ven, mi vida. ¡Es una preciosidad!

CHICHO.-¡Qué pena! A la niña la ha robado un buitre.

(Se balancean derrotados.)

TOMÁS.-Y ayer... ¡Ayer! A sus ochenta años... Se fue repentinamente mientras terminaba una novela de aventuras. Si no padecía de nada... Los médicos, al hacerle la autopsia, dijeron que iban a estudiar su caso.

(Se enjuga las lágrimas con un pañuelo negro.)

No, Rafa. Las mujeres ya han acabado para mí. Si no fuese por la necesidad fisiológica...

RAFA.-Ingenuo... Hace unos meses me desahuciaron. ¡No soportaba aquellas vacaciones en Cuidados intensivos! Me vestí, bajé las escaleras de puntillas con los zapatos en la mano, me calcé en la calle y le guiñé un ojo al sanatorio. Llegué al jardín y me surgió una bisabuela... ¿Qué?

(Lo empuja.)

¿Te pongo en órbita?

(Sale del columpio.)

TOMÁS.-¡No! ¡No! ¡Se escandalizarían los vecinos!

(Guarda el pañuelo. Por el foro entran AURORA, LUPE y PILI. Bajo.)

AURORA.-¡Ah! Ya me veía haciendo la prueba de la rana.

RAFA.-Os voy a presentar a Tomás. Come crudas a las muchachas en flor.

AURORA, LUPE y PILI.-¡Qué miedo!

(Besos en las mejillas. Sale del balancín.)

CHICHO.-¡Nuestra luna de miel es un infierno! ¡Yo no puedo pasarme la vida persiguiendo a las cigüeñas! Jamás se acordarán de ti. ¡Me llevas un año!

(Sale del balancín.)

LOLITA.-Me hablas así porque soy huérfana. ¡Ay, si llego a tener padres! Cogería las maletas y me iría a vivir con ellos. ¿No has pensado que puedes ser tú el que espantas a las cigüeñas? ¿Por qué no haces un análisis?

CHICHO.-¡Ahora mismo, mujer!. El analista va a diagnosticar sólo con verme el tipo.

(Mutis de los por la derecha.)

LUPE.-Compréndelo, Tomás. Hace dos años que estoy viuda. Las primeras horas fueron terribles. Hasta tuve que tomar media pastilla. Pero al otro día... La familia me encerró en una residencia lujosa. ¡Huí! Subí al tren con una fiambrera, como cuando vas de excursión, y vine aquí a disfrutar de mi primavera. Chico, si encontrase un hombre con porvenir...

AURORA.-¡Es lo mejor!  Desde pequeñita viví enjaulada en un convento. Unas costumbres... No dejaban llevar un hombre a la celda. Día y noche rezando a los de siempre. No quise quedar para vestir santos, que me  enterrasen al lado de la madre abadesa. ¡Tengo que hallar mi príncipe azul!

TOMÁS.-A mí...  sólo me queda encargar una muñeca hinchable, semejante a ella, para resistir esta soledad que me va a llevar a la tumba.

PILI.-Soledad la mía. Me dejaron en cueros en el torno de la inclusa. ¡Me traumaticé ante mis compañeras abandonadas con un conjunto de estambre! Luché por superar mi complejo. Deseaba enseñarme con la mejor ropa. Logré ser modelo. ¡Ay el día que un hombre me lleve en brazos al lecho nupcial...! Me encontraré a mí misma. Me entregaré a él... ¡completamente desnuda!

(Por la derecha entran CHICHO y LOLITA.)

LUPE.-Lolita, Chicho... Aquí tenéis a Tomás. Acaba de guardar a su mujer en un ataúd y se le ocurrió ponerse de luto.

(Beso en las mejillas y apretón de manos.)

LOLITA.-¡Qué susto! Creí que habían crecido mis cataratas.

CHICHO.-Los hay que nacieron de pie, amigo. A ver cuándo me das la receta.

PILI.-Niños, ¿jugamos al escondite y el que pierda paga los cubas- libres?

(Sortea.)

RAFA.-Botón botón, de la bota botera, chirivitón, ¡fuera! ¡Pandas, Tomás!

(En un banco del primero izquierdo.)

TOMÁS.-Uno, dos, tres, cuatro

AURORA.-Y pensando en lo que haces. Igual crees que son ovejitas... ¡y echas unas cabezadas!

(Mutis de puntillas. PILI y LOLITA por el foro. RAFA y AURORA por el tercero izquierdo. CHICHO y LUPE por el tercero derecho. )

TOMÁS.-...Setenta y nueve, ochenta... ¡Ochenta y uno! Detrás de la panda no quiero ninguno. ¡Voy!

(Se asoman y retiran rápidas.)

PILI y LOLITA.-¡Cucú!

(Desde dentro.)

LUPE.-¡Coño, Chicho! ¡Ya está bien de dar pellizcos!

(Asomando y retirando rápido las manos.)

CHICHO.-¿Verdad que no?

(Desde dentro.)

AURORA.-Rafa, quitas la mano o llevas una...

(Asomando y retirando rápido la cabeza.)

RAFA.-¿Qué manos?

(Se muestran un poco y se retiran.)

PILI.-Encanto...

LUPE.-¿Quién te va a querer a ti?

TOMÁS.-Ya sé...

(PILI y LUPE se intercambian rápidas y de puntillas.)

Pili al fondo y Lupe a la derecha.

(Se exhiben.)

LUPE.-¿Estás seguro?

PILI.-¿No hay una pequeña equivocación?

(Se retiran. LOLITA con AURORA y RAFA con CHICHO se intercambian lentos y de puntillas.)

TOMÁS.-Creo...

 (Los seis se muestran un poco. Por el primero derecho entra ARTURO. Cuarenta años. Alto, fuerte, elegante. Deportivo y don de gentes. El triunfador de nuestros días. Viste un traje impecable. Se sienta en un banco de este término, enciende un cigarrillo y observa ensimismado a los viejos.)

AURORA.-¡Chicos! ¡Las doce y cuarto! ¡Ya ha llegado el de la guardería infantil!

(Con unos exagerados prismáticos.)

TOMÁS.-Los llevo al cine sino... sólo veo al acomodador.

(LUPE se esconde.)

RAFA.-¡Ahora!

(Semejantes a las imágenes de una cámara lenta, y como en una pantomima, TOMÁS corre hacia la panda mientras los demás intentan adelantarlo.) 

TOMÁS.-¡Os he cogido! Por Rafa, Aurora, Chicho, Pili y Lolita. ¿Y Lupe? No encogería...

((Mira con los prismáticos. Dando palmas.)

RAFA, AURORA, CHICHO, PILI y LOLITA.-¡Que salga de la panda! ¡Tomás que salga de la panda!

(Por el primero derecho entran LEONCIO y CARMEN. Él cincuenta años. Bajo y delgado. Gafas y bigotito. De pocas palabras, autoritario. Siempre ha hecho lo que ha querido. Viste muy clásico. Ella treinta y dos años. Hermosa y esbelta. Segura de sí misma. Nació para  el primer término. Viste elegante. Abrigo de pieles. Joyas. Miran sorprendidos a Arturo que continúa ensimismado. Contrariedad en los viejos que siguen haciendo su vida. A ella.)

LEONCIO.-Jamás podría imaginar que su marido abandonase todas las mañanas, y a la misma hora, su despacho para sentarse... ¿Cómo se llama esto?

CARMEN.-Jardín, don Leoncio.

LEONCIO.-Qué palabra más rara... ¡Me parece inmoral!

(Por el foro entra LUPE. Su cara es blanca como la nieve.)

LUPE.-¡Ay! ¡Muero jugando!

(Cae desmayada. Los viejos intentan reanimarla. ARTURO se levanta.)

¡LEONCIO.-¿Dónde se ha visto al mejor de los ejecutivos del país dar semejante ejemplo? ¡Don Arturo!

CARMEN.-Arturo...

ARTURO.-¡Ah! ¿Qué tal, don Leoncio? ¡Cómo me alegra verle por aquí! Hola, Carmen. También has salido a tomar el sol.

(Se sienta. Corre hasta la panda.)

LUPE.-¡Por mí y por todos mis compañeros!

(Limpia el color blanco de su cara. TOMÁS guarda los prismáticos. Grandes carcajadas de los demás viejos.)

ARTURO.-¡Cuánto tenemos que aprender de ellos... ¡Son felices! La respuesta al absurdo de nuestras vidas.

(Inquisitivo con el índice y alzando la voz.)

LEONCIO.-¡No puedo tolerar sus incongruencias! ¡¡Yo soy el Director General!!

(Los viejos, asustados, hacen mutis por el foro. Se levanta.)

ARTURO.-¡Oh! ¡Los espantamos!

(Corre hasta el foro.)

¡Eh! ¡Amigos! ¡Vuelvan ustedes! No les haremos daño. ¡Ay...! Ya se siente el calorcillo de la primavera...

(Se quita la chaqueta y corbata y las deja en un banco.)

LEONCIO.-¿Qué va a hacer insensato? ¡Qué vergüenza si lo viese algún cliente!

(ARTURO coge dos flores y las huele.)

CARMEN.-Hágase cargo, don Leoncio, tiene un agotamiento. Desde la muerte de nuestra hija...

(Les ofrece las flores.)

ARTURO.-Carmen, don Leoncio. Se respira la felicidad con su aroma.

LEONCIO.-¿¿Esto qué es?? ¡Qué asco! ¡Uf! ¡Huele que apesta!

CARMEN.-¡Son setas! ¡Setas venenosas!

(Las tiran.)

ARTURO.-¡El mundo es mío! Aquí no hay ruidos de máquinas ni motores. Escuchen cómo trinan los pájaros. ¡La Primera sinfonía de la naturaleza!

(Va creciendo el trino de los pájaros. Con el índice.)

LEONCIO.-¡Cállense! ¡Insolentes! ¡No soporto sus gritos!

(El trino es muy fuerte.)

¡¡Parece que va a estallar el mundo!! ¡¡Me explota la cabeza!!

(Lo sienta en un banco del centro y le afloja la corbata.)

CARMEN.-Relájese... Relájese un poco...

(Aprieta el nudo.)

LEONCIO.-La corbata no... Entonces me ahogo. Estos señores...

 ARTURO.-Son los pájaros, don Leoncio...; los que viven en los árboles.

LEONCIO.-¡Horrible! ¡El Apocalipsis! Me produjo una terrible jaqueca. ¡Y yo preciso mi mente libre para la Empresa!

(Ingiere una píldora exageradamente grande y el trino de los pájaros se oye como al comienzo. Se levanta curado.)

CARMEN.-Es mejor la química que la poética.

LEONCIO.-Me sucedió igual en un concierto. La orquesta rebuznaba con la Sexta Sinfonía de Beethoven. ¡Creí que me moría! Unos enfermeros entraron en el teatro y me llevaron urgentemente al sanatorio.

ARTURO.-Y ahora voy a cumplir un deseo insatisfecho... ¡Tirarme por el tobogán!

(CARMEN, que coge la chaqueta y LEONCIO la corbata, lo agarran y se las ponen.)

CARMEN.-¡No! ¡El tobogán, no! ¡Mancharía tu brillante hoja de servicios!

LEONCIO.-Volverá a encontrarse a sí mismo en su despacho. Los jardines son vertederos de basura. ¡No sé cómo la gente puede respirar en ellos!

(Le aprieta el nudo y echa la lengua.)

Si construyesen urbanizaciones en sus verdes...

CARMEN.-La Tierra tendría más dinero.

(Lo cogen por los brazos.)

ARTURO.-Por caridad. ¡Por el alma de sus difuntos! No me lleven al despacho... ¡Yo soy inocente1

LEONCIO.-Y si sigue mal... Más adelante, le concederé un día de permiso para que se recupere totalmente.

(Mutis de los tres por el primero derecho. Por el foro entran felices los viejos. TOMÁS fuma un cigarrillo.)

LOLITA.-¡Está el jardín desinfectado, chicos! ¡Cómo se nota que se acabó la invasión de los bárbaros!

(Se sientan en bancos del primer término. PILI, AURORA y LUPE a la izquierda. LOLITA y CHICHO en el centro. RAFA y TOMÁS en la derecha. Se oye baja “Las hojas muertas”. Va hasta ella.)

CHICHO.-Lupe, vamos a mover un poquito los esqueletos.

(Bailan apretados. Coge a Chicho.)

LOLITA.-Perdona, Lupe.

(Bailan separados en el centro. LUPE se sienta donde estaba. A Pili y Aurora.)

LUPE.-¡Qué mujer! ¡Ésta es de las que creen que le van a comer el marido.

(A Chicho.)

LOLITA.-Ya me dirás que tiene esa descarada que no tengamos las demás.

TOMÁS.-No, Rafa. Yo no bailo el día de su entierro. Y después... querrás que vayamos a los toros.

(LUPE, AURORA y PILI se acercan a Tomás.)

AURORA.-Deja descansar al cadáver y decídete por una...

TOMÁS.-Si sólo es una pieza...

(TOMÁS y AURORA bailan separados en la derecha. Se sienta en un banco.)

PILI.-¡Caramba con la mosquita muerta! Salió del convento y ha venido Dios a hacerle una visita.

(Enciende un cigarrillo. A Lupe.)

RAFA.-Yo contigo bailaría hasta una marcha fúnebre.

(RAFA y LUPE bailan muy juntos en la izquierda. Se suelta.)

CHICHO.-¡Ay, si tuviese la suerte de enviudar...!

(Lo agarra.)

LOLITA.-¡Nunca me verás en el cementerio!

(Lo deja.)

LUPE.-¡Anda y que te den linimento, guapo! Sé de memoria tus intenciones.

(Va hacia Pili. RAFA se tira contrariado por el tobogán.)

TOMÁS.-Bailas muy bien...

AURORA.-¿De verdad...?

TOMÁS.-Bailas mejor que las golondrinas en el aire...

AURORA.-Exageras...

(Acercándose.)

TOMÁS.-¡Jamás he visto a ninguna bailar como tú!

(Entusiasmada.)

AURORA.-¡Eso se lo dices a todas las hembras!

(Crece la música.

OSCURO

(LUZ EN EL DORMITORIO. Las doce de la noche del mismo día. Las dos lamparitas están encendidas. ARTURO a la derecha de la cama, agotado y ensimismado, pone el pijama. UN MOMENTO. Por la puerta, cerrándola, entra CARMEN. Una bata sobre el camisón. Comprueba si el balcón está cerrado.)

CARMEN.-Tenemos el mundo en las manos, Arturo. Sólo echo en falta... ¡comprar un solar en el cielo! Construimos un palacio en él y alternamos, con la aristocracia de allí, los fines de semana.

(Va a la coqueta y se retoca ante el espejo.)

Ya me estoy viendo, fotografiada con un santo, en una revista de sociedad.

ARTURO.-Es posible...

CARMEN.-Y como sea generoso... Lo invitamos aquí unos días... ¡Y el gachó nos hace un milagro!

ARTURO.-Lo normal...

(Se quita la bata y se acuesta a la izquierda de la cama.)

CARMEN.-¡No te entiendo! Esta mañana huyes del despacho para ir a respirar al jardín. En la cena de trabajo, así que hablaron de negocios, comienzas a dormir plácidamente. Ahora...

(Se mete en la cama, a la derecha.)

ARTURO.-Estoy muy cansado... ¡Terriblemente cansado! Si descanse dentro de un ataúd, me levantaría más fresco.

(Besándola.)

Buenas noches, Carmen.

CARMEN.-Hasta mañana, cariño.

(Apaga su lamparita y se vuelve hacia la izquierda. Se estira feliz.)

ARTURO.-¡Ah...!

(Se vuelve.) 

CARMEN.-No, Arturo; no insistas. ¡Para el próximo año! Ahora no vamos a hacer el amor.

ARTURO.-¡No tengo tiempo!

(Le coge las manos.)

Cuánto deseo jubilarme, ser un viejecito, no tener más preocupaciones... Y desde ese día, Carmen... ¡Desde ese día! Haremos el amor a todas horas.

(Abrazándolo.)

CARMEN.-¡Claro! Comprendo tu sacrificio. ¡Con lo que te cuesta dominar tu pasión para que prosperemos!

(Se queda dormido en los brazos de ella.)

¡Arturo! ¡¡Despierta, Arturo!!

ARTURO.-¿Qué...? ¿Qué es...?

CARMEN.-Te has quedado dormido sin darle cuerda al despertador. Y mañana, ya sabes, tienes esa reunión tan importante.

(ARTURO coge un despertador, exageradamente grande, de su mesa de noche y le da cuerda..)

ARTURO.-Fíjate si mañana siguiese dormido a las siete... ¡Sería el fin del mundo! Es una reunión tan trascendental...

(Deja el despertador en su sitio.)

¡Bah! Una reunión tan asquerosa como las demás. ¡Cómo envidio a los viejecitos del jardín!

CARMEN.-¡Estás muy lejos de ellos!

(Le vuelve la espalda y duerme.)

ARTURO.-Mañana no tendrán reuniones trascendentales. Jugarán continuamente. Y yo, infeliz ejecutivo, tengo que esperar muchos, muchos años, para tirarme insistentemente por el tobogán.

(Apaga su lamparita. OSCURO. SILENCIO. Una luz blanca ilumina a ARTURO, que duerme, y al despertador. Pesadilla de su sueño. Se oye muy fuerte el tictac del despertador. Despierta airado, en una metamorfosis de marioneta, coge una escopeta de debajo de la almohada y le dispara al despertador. Estampido. Cesa el tictac. Guarda satisfecho la escopeta donde estaba y duerme. OSCURO. Suena el despertador durante un momento. Enciende su lamparita, se levanta, para el despertador y pone la bata.)

CARMEN.-¡Las siete, Arturo! ¡Ya ha hablado el despertador! ¡Hoy vas a mover el mundo! ¡Obtendremos grandes beneficios! Ha subido tanto todo...

(Lo besa y zarandea.)

Buenos días, Arturo... Hay que despertar dormilón...

(Zarandeándolo cariñosa.)

Hay que despertar, dormilón...

(ARTURO se despereza. Sus movimientos son los de un anciano.)

ARTURO.-Tengo una pereza... ¡Ay! Otra vez el reuma.

CARMEN.-¿El reuma...?

ARTURO.-¡No soy capaz de incorporarme...! Voy a poner las inyecciones del mes anterior.

CARMEN.-No pusiste...

ARTURO.-¡Sí! Y una lavativa.

(Le hace una reverencia.)

CARMEN.-Don Arturo, lo aguardan a primera hora en su despacho.

ARTURO.-¡Qué bromista eres! ¿Trabajar? Hace tiempo que acabó aquella ingrata vida. ¡Resulta paradójico...! Siempre soñé con jubilarme para gozar plenamente de mi vejez. Y ahora que soy un anciano...

CARMEN.-¡Bebiste soñando...!

ARTURO.-Los achaques no me dejan hacer lo que me apetecía.

(Se sienta en la cama.)

CARMEN.-No desvaríes, Arturo. ¿Anciano tú? ¡Eres el mejor hombre de acción que hay en este país!

ARTURO.-No te rías de mí, hija. Y no me llames Arturo; llámame papá. Te sale así, sin querer, porque quieres llenar el vacío que dejó tu pobre madre.

CARMEN.-¡Lo que me faltaba por oír!

(La acaricia.)

ARTURO.-Sin embargo, no debes aislar tu juventud en la cárcel del tiempo. Tienes que elegir un buen novio, casarte, tener veinte hijos...

(Se levanta.)

CARMEN.-¡Qué falta de sentido! Decir que me case... ¿Te gustaría verme con un pretendiente?

ARTURO.-¡Hacedme abuelo!

CARMEN.-Por lo que más quieras... Tranquilízate, duerme un poco, descansa; te vendrá muy bien. Voy a llamar, ahora mismo, al médico.

(Coge el teléfono.)

ARTURO.-Otro día. Afortunadamente, me veo muy lúcido y sano.

(CARMEN lo cuelga.)

Como comprenderás... El cuerpo no puede estar como a los cuarenta años. Carmen, hija. ¿Me das unas friegas?

(Se pone de espaldas.)

CARMEN.-¿Unas... friegas? Claro sí... Todas las friegas que tú quieras... ¿Dónde es?

(Se destapa.)

ARTURO.-Ahí, ahí; en la región lumbar... ¡Donde siempre!

CARMEN.-¡Yo nunca he sido tu fisioterapeuta!

(Se las da.)

ARTURO.-¡Qué bien! ¡Cuánto alivio! ¡Unas manos milagrosas! La Virgen de Lourdes debe ir a una pasantía.

(Se agarra a ella y se levanta.)

CARMEN.-Mi vida... Los relojes no se olvidan de caminar.

(Ante el espejo.)

ARTURO.-¿Verdad que no se me notan los años? ¿Que estoy muy bien conservado?

CARMEN.-¡Por el amor de Dios, hombre! ¡Apura! Don Leoncio es muy puntual. Sólo duerme los domingos.

ARTURO.-¡Pobrecito...! Ahora le hacen todas las noches la cama en la nada.

CARMEN.-Quien no quiere razonar, hace de su locura una fiesta.

ARTURO.-¡Qué persona más autoritaria era! Siempre que me ordenaba algo, tocaba muy bien una corneta.

(Hace gimnasia.)

Uno... inspirar. Dos... flexión. ¡¡Uno inspirar!! ¡¡Dos flexión!!

(Abre el balcón.)

CARMEN.-¡Ábrele las puertas a la primavera!

(La luz de la mañana inunda la escena.)

ARTURO.-¡La niña rubia que pare con dolor la naturaleza! Los ángeles pintan sus mañanas con la paleta de colores del arco iris.

(Se asoma.)

CARMEN.-¡Qué hermoso día! Y todos... ¡Todos! Caminan dichosos a sus trabajos para pagar sus deudas a los bancos.

(Se asoma.)

ARTURO.-¡Extraordinario! Sólo hay viejecitos. ¡Han salido a celebrar la primavera!

(Apaga su lamparita.)

CARMEN.-De regalo... Alucinaciones en la calle.

ARTURO.-¡Yo no puedo pudrirme en esta prisión con mis achaques! ¡Puedo andar! ¡¡Tengo derecho a vivir los últimos días como ellos!!

(Coge rápido del armario un pantalón, una camisa y un jersey deportivos. CARMEN, al mismo tiempo, coge rápida, y también del armario, el traje, la camisa y la corbata de Arturo.)

CARMEN.-¿Por qué coges esa ropa deportiva? Ten juicio. Pon un traje como todos los días. No sabrán quién eres tú.

(Deja la ropa encima de la cama.)

ARTURO.-¡Voy a cumplir el sueño de mi vida! ¡Disfrutar plenamente de mi jubilación! Desde ahora... ¡El Sol está mis manos!

CARMEN.-¡Ve a tu despacho! ¡Ve solamente esta mañana! ¡Es de gran interés tu actividad de hoy!

ARTURO.-¡Ja, ja, ja! ¡Me troncho de risa! Querer que adorne un despacho como una antigüedad... Carmen, hija; tengo que vestirme. ¿Me dejas solo?

(Deja la ropa encima de la cama.)

CARMEN.-Maldita lucha... ¡Se ha derrumbado el edificio de nuestra ilusión!

(Va al teléfono y marca. Coge un bastón de debajo de la almohada.)

ARTURO.-El bastón es el mejor amigo del viejo.

(Bajo.)

CARMEN.-¿Don Leoncio?... Soy Carmen, la mujer de Arturo... Estoy desesperada. Mi marido... se encuentra muy mal. ¡Está como un cencerro! Dice que... es un viejecito.

(Coge su ropa y, apoyado en el bastón, se dirige encorvado hacia la puerta.)

ARTURO.-¡La vida la inventó también un anciano!

CARMEN.-¡¡No!!

(Lleva las manos a la cabeza y queda suelto el teléfono.)

¡Tu mente la ha invadido la locura!

ARTURO.-Bueno, tendré que ir a vestirme al cuarto de baño... No creo que haya cocodrilos.

(Mutis por la puerta. PAUSA. Al teléfono.)

CARMEN.-Y ahora... Ahora... Sin más ni más, don Leoncio..., ¡camina apoyado en un bastón!

OSCURO

(LUZ EN EL JARDÍN. Poco tiempo después. AURORA y TOMÁS, en un banco del centro del primer término, están abrazados en un beso largo y ajenos a todo. LOLITA, CHICHO y PILI por el lateral izquierdo; y LUPE y RAFA por el lateral derecho; asoman sorprendidos sus cabezas. UN MOMENTO. Se separan y se miran dichosos. Insinuante y voces bajas.)

AURORA.-Sé un sitio... Aquí al lado... Es lo más económico.

TOMÁS.-¡Me da mucha vergüenza! Piensa que todavía fue ayer... Aún puede levantarse.

(Los demás se ocultan. Lo levanta.)

AURORA.-¡No puedo dominarme! ¿Vas a negarme este pequeño capricho...?

(Cogidos de la mano y de puntillas, hacen mutis por el foro. Por la izquierda entran LOLITA, CHICHO Y PILI; y por la derecha, LUPE y RAFA. Se dirigen al foro.)

PILI.-¡Qué atraco! Les diremos que elijan otro gallinero. Nos expulsarían del jardín. Procede repartirnos y el que los encuentre que grite:  ¡Van a coger una pulmonía! ¡¡Y acudiremos todos!!

(Mutis. CHICHO y RAFA por el foro. LUPE por la izquierda. LOLITA y PILI por la derecha. UN MOMENTO. Desde dentro.)

RAFA.-¡¡Van a coger una pulmonía!!

(SILENCIO LARGO.  Por el foro entran decepcionados PILI, RAFA, LUPE, CHICHO y LOLITA.)

CHICHO.-¿Creíais...? ¡Que Aurora sabe latín! Lo llevó a un hotelito y salen de él lo mismo que entraron: cada uno por su lado.

(Por el foro entra AURORA.)

AURORA.-Pues... Todo perfecto.

LUPE.-¿Vienes... del convento?

AURORA.-¿Cómo...? No me abren allí la puerta. ¡Ah! Hoy he puesto una marca en el calendario. ¡Soy plenamente feliz!

CHICHO.-Evidente...

LOLITA.-¿Y... Tomás? ¿Aún... respira?

AURORA.-Teme venir aquí. ¡Está traumatizado! Siente un complejo de culpabilidad.

(Va al foro. Los demás se juntan en el primer término. Bajo.) 

RAFA.-.-Debió de quedar mal... ¡Es mucha mujer para un enclenque como él!

AURORA.-¡No permitas que murmuren! Algún día tendrás que salir del cascarón.

(Por el foro entra TOMÁS. Puso un traje a la última de un color azul muy fuerte. Corbata, sombrero y zapatos haciendo juego.)

PILI.-¡Le han tocado con una varita mágica!

AURORA.-Tuve que llevarlo, a la fuerza, a los grandes almacenes al lado.

(Lo coge del brazo..)

Chicos... ¡He encontrado mi príncipe azul!

(Los demás se cogen por las manos, hacen una rueda y saltan alrededor de ellos. Por la derecha entra, encorvado y apoyado en el bastón. ARTURO. Viste su ropa deportiva.)

LOLITA, PILI, LUPE, RAFA y CHICHO.-¡¡Tomás!! ¡¡Tomás!! ¡¡Eres el no va más!!

ARTURO.-¿Me dejan jugar con ustedes?

(Los viejos se sueltan.)

 Por favor, no me desprecien. ¡Yo soy mayor que ustedes! Tengo... ochenta y siete años.

RAFA.-¡Tenemos la obligación de protegerlo! Pensad que el día de mañana nos veremos reflejados en su espejo. ¿Cómo te llamas, archivero del tiempo?

ARTURO.-En otro tiempo, me llamaban don Arturo. Pero así que jubilaron de ejecutivo... ¿Se dan cuenta? Me quitaron el don.

LUPE.-¡Tutéanos, hombre! Año más, año menos... Entonces a ti tendríamos que tratarte de excelentísimo.

PILI.-Me llamo Pili. Y estos golfos... Aurora, Tomás, Lupe, Lolita, Chicho y Rafa.

(Besa las mejillas de las mujeres y le da la mano a los hombres.)

ARTURO.-¡Si me encontrase tan joven como vosotros...! ¡Ay...! Desde que me jubilé estuve en la cama con mis achaques. Pero hoy... ¡Conseguiré tirarme por el tobogán!

(Cuelga el bastón en él y va subiendo.)

TOMÁS.-Sin prisas... Poco a poco... Qué gran alpinista...

ARTURO.-Amigos... ¡Ayudadme! Me voy a caer.

(Lo agarran.)

Así... Muy bien... No me soltéis...

(Lo sueltan y ríen.)

¡Siento vértigo! Compadeceos de este pobre anciano.

LOS VIEJOS.-¡A la una! ¡A las dos! Y a las... ¡¡tres!!

ARTURO.-¡¡Sin paracaídas!!

(Se tira. Le aplauden.)

LOS VIEJOS.-¡¡Bravo!!

ARTURO.-¡Lo he conseguido! ¡Me he quitado cinco años de encima! ¡¡Ya soy como vosotros!!

(Camina mejor. Coge el bastón. Por el primero derecho entra CARMEN. Viste, más o menos, como en el primer cuadro.)

CARMEN.-¡Arturo!

ARTURO.-Yo solo, Carmen. ¡De verdad! Me he tirado por el tobogán.

(En un macizo de la derecha.)

Enterraré el bastón en el jardín y brotarán piernas sanas.

CARMEN.-Debes poner el traje. ¡Don Leoncio está desesperado! 

ARTURO.-Os voy a presentar a mi hija. ¡Es como su madre! No ha olvidado que la pobre falleció con el disgusto de jubilarme.

(Los viejos, al unísono, le extienden sus manos a CARMEN que coge la de Arturo. Bajan, también al unísono, sus manos.) 

CARMEN.-¡¡Ven a trabajar!!

CHICHO.-¿Trabajas a tu edad? Acabarás con la caja a hombros en tu entierro. ¡Ahora comprendo que tengas tantos achaques.

(CARMEN tira de ARTURO que extiende la otra mano a los viejos.)

ARTURO.-No lo consistáis... ¡Quiere que me ponga a trabajar! No estoy para manifestarme el primero de mayo.

(Los viejos le agarran la mano y tiran de él.)

LOLITA.-¡No tiene derecho! ¿Es que le parece poco su jubilación?

(CARMEN lo suelta. ARTURO y los viejos dejan caer sus manos.)

CARMEN.-Ustedes... ¿Ustedes... también? No pueden... ¡No pueden... ser sus cómplices!

(Mutis por el primero derecho. Miran al término. SILENCIO.)

AURORA.-No hay quién entienda a los jóvenes. ¿Jugamos a las prendas? ¿Os apetece?

LOLITA.-¡Madre!

LUPE.-Lolita, hija, tú aprovechas bien el tiempo.

(Se sientan en el suelo, en el primer término, haciendo una gran rueda. LOLITA extiende una pañoleta en el centro. Dejarán sus prendas.)

AURORA.-Una estampa de San Antonio. Las casadas desean estrangularlo. Yo por ahora...

PILI.-Mi audífono para que estéis callados.

RAFA.-Mi carné de identidad. ¡Si no me conocen con la cantidad de años que me han visto...!

LUPE.-Las pastillas para la tensión arterial. ¿Te ríes, Rafa? Y anteayer le hicieron una vasectomía...

ARTURO.-Yo... mi reloj. Si ahora lo pierdo... Las horas las inventó un patrón para planificar la jornada laboral.

TOMÁS.-Los prismáticos. Como no los preciso... Veo a Aurora con los ojos cerrados.

CHICHO.-El libro que me dieron en el juzgado cuando me casé. No son las mil y una noches.

(Las guarda en la pañoleta.)

LOLITA.-A ver, una mano virginal...

(Los demás se acercan.)

La tuya, Tomás.

TOMÁS.-¡Un reloj de pulsera!

(Se lo da a Lolita. ARTURO retrocede y se sienta en el suelo. Los otros se agachan alrededor de ella y cuchichean.)

ARTURO.-¿Qué es? No se os ocurra ponerme un pluriempleo.

LOLITA.-Una cosa muy fácil...

(Los otros se sientan en sus sitios.)

Tienes que declararte a Pili. ¡Esa inspiración!

(Se levanta.)

ARTURO.-Me he olvidado. Ya me diréis cómo se hace.

(Se acerca a Lolita.)

PILI.-Préstame el aparatito, mujer. Después te lo devuelvo. Para una vez que voy a escuchar una declaración...

(Pone el audífono y adopta una pose exageradamente coqueta. Delante de ella.)

ARTURO.-Siento... una cosa extraña... Tanto tiempo... exiliado en la cama... sin tener en los ojos... una mujer...

(Pone la rodilla derecha en el suelo y lleva las manos al corazón. PILI se torna soñadora.)

LOS OTROS.-¡¡Ay...!! 

ARTURO.-Y de... pronto..., Pili...

(Se avergüenza. Bate palmas.)

CHICHO.-¡Se ha puesto colorado! ¡Arturo se ha puesto colorado!

(Se levanta.)

ARTURO.-¡No es verdad! Iba a decir...

RAFA.-Tienes buen gusto..., ¡eh!

ARTURO.-Os... os... ¡os estáis riendo de mí!; porque soy... mayor y... ¡Yo no juego! ¡No juego con vosotros!

(Mutis por el foro. Los demás se levantan y recogen sus prendas. PILI el reloj. LOLITA guarda la pañoleta.)

AURORA.-Vaya éxito, Pili. ¡Lo flechaste!

LUPE.-Vamos a echarle una mano, chicos. Todos sabemos lo que es pasar por la edad del pavo.

PILI.-Id vosotros y no me lo perdáis de vista. Yo prefiero quedar aquí sola con mis penas.

(Se sienta en un banco de la derecha.)

¡Ay, con mis dulces penas!

(LUPE, RAFA, CHICHO, LOLITA, TOMÁS y AURORA hacen mutis por el foro. PILI juega con el reloj. UN MOMENTO. Por la izquierda, ajeno a todo lo que le rodea, entra ARTURO y se sienta en el columpio.)

ARTURO.-“¡Hoy los cielos y Tierra me sonríen!”

(Se acerca.)

PILI.-¿Me haces el favor de decir qué hora es?

ARTURO.-Las... Perdona. 

(Le da el reloj y lo pone.)

PILI.-¿Por qué no quisiste declararte a mí en el juego? ¿Es que no te decimos nada las ninfas de la pandilla?

ARTURO.-Pili..., trata de comprender... Yo... tengo ochenta y siete años...

PILI.-¿Por qué te anulas en plena primavera?

(Lo columpia.)

Vuela; vuela muy alto. Y mira, mira un poquito para mí...

ARTURO.-¡Colúmpiame! ¡Más! ¡Mucho más! ¡Oh! Está entrando toda la primavera en mi cuerpo. ¡Te veo distinta! ¡Tan sexy...! ¡Y estás bestial! ¡Bestial! ¡¡Para hacerte un favor!!

(Delante de él.)

PILI.-¡Dices unas cosas...! En mi vida he visto un hombre tan atrevido.

(Le cae el audífono al suelo.)

ARTURO.-¡Siento por ti una pasión irresistible! ¡¡Como no he sentido por ninguna mujer!!

PILI.-¡Grita más, hombre!

(La persigue por el escenario.)

ARTURO.-¡Ven aquí, palomita!

PILI.-¡Déjame! ¡No me hagas sufrir!

ARTURO.-¡¡No puedo contenerme!!

PILI.-¡Domínate, Arturo! ¡Yo soy una señorita!

(Se detiene.)

¿Dónde...? ¿Dónde... está?

ARTURO.-¿El qué?

(Coge el audífono y lo pone.)

PILI.-¿Te das cuenta de lo que has hecho? ¡Has intentado abusar de mí al no tener el aparatito! ¡Ay! ¡Lo que debieron de escuchar mis castos oídos...!

(Se acerca cohibido..)

ARTURO.-Sólo te dije que te quiero muchísimo... Que... ¡Estoy locamente enamorado de ti!

PILI.-¡Calla! Mentiroso... ¡Ya sé a lo que tú llamas amor!

(Se dirige al foro. La sigue.)

ARTURO.-No me rechaces, mi tesoro. ¿Puedo tener alguna esperanza?

(Se vuelve.)

PILI.-¡¡Ninguna!!

(Mutis por el foro. Se sienta, en un banco del centro, y escribe.)

ARTURO.-Queridísima Pili: Al no ser correspondido mi gran amor, la vida ya no tiene objeto para mí. ¡Qué gran ironía! Tantos años esperando para esto. Tu siempre enamorado, Arturo.

(Besa la carta y la deja sobre un banco de la derecha. Coloca encima una piedra. Coge la cuerda de saltar, se sube a este banco y la ata a un árbol. Hace un círculo, midiéndose el cuello, con el otro extremo de la cuerda y la deja colgando. Ahogo. Echa unas gotas en los orificios de la nariz con un spray. Respira. Mira al cielo con las manos juntas. Se santigua rápido. Coge la cuerda. Duda. La pone alrededor del cuello. Por el foro entran RAFA, LUPE, TOMÁS, AURORA, CHICHO y LOLITA.)

CHICHO.-¡Un poco de educación! ¡No nos eches después la lengua!

(Coge la carta.)

AURORA.- “Queridísima Pili...” ¡Oh! ¡Muy romántico! ¿Y tú harías esto por mí?

TOMAS.-Mujer..., no te voy a negar ese antojo.

ARTURO.-Me ha dado las más espantosas calabazas y me voy a colgar. ¡Los desea más jóvenes!  Entregadle la carta. Decidle que muero con su nombre en los labios.

(Curioso.)

RAFA.-¿Y qué se siente? ¿Qué se siente en estos momentos turísticos?

LOLITA.-¡Por favor, Rafa! Es una cosa personal...

ARTURO.-¡Dejadme suicidar en la intimidad o llamo a un guardia! Ahí, al lado, han abierto una churrería...

LUPE.-Tanta prisa... Los años te hacen el suicidio sin trabajar en él.

(Se sienta en un banco.)

Ya que no pusieron sillas numeradas como en las representaciones teatrales...

(Los demás se sientan en distintos bancos. Tapa los ojos con un pañuelo.)

ARTURO.-¡Qué pesados sois! Con las ganas que tengo de perderos de vista...

(Los demás van, rápidos y de puntillas, hacia él y le tocan juguetones.)

AURORA.-¿Quién ha sido? ¿Quién ha sido?

ARTURO.-¡Un poco de respeto!

LOLITA.-¡Adivina! ¡Adivina, Arturo!

ARTURO.-¡Menos cachondeo! Esto no es la gallina ciega.

LUPE.-Acierta. A ver... ¡Esos reflejos!

ARTURO.-¡¡Pili!!

(Se tira del banco al mismo tiempo que RAFA corta la cuerda con una tijera y la guarda. Cae en el suelo. Lo rodean. Fingen la voz.)

CHICHO.-¿Qué has hecho condenado? El suicidio se paga con el fuego eterno.

ARTURO.-¡Ay! ¡No! ¿Ya estoy en el...? ¡Qué pronto he llegado!

TOMÁS.-Aquí las llamas las sopla el diablo. ¡No pueden entrar los bomberos!

(Cada viejo enciende una cerilla y se la aproxima.)

ARTURO.-¡Quítenme de esta caldera! ¡Fue Pili! Era una mujer tan bella... ¡No lo volveré a hacer más!

RAFA.-El infierno está lleno de buenos propósitos. ¡Todos dicen lo mismo! Marcelino, mételo en la furgoneta.

ARTURO.-¡No1 ¡No! ¡Por caridad! ¡¡En la furgoneta, no!!

(AURORA le quita rápida el pañuelo y los viejos ríen a carcajadas. ARTURO lleva las manos al cuello.)

AURORA.-¡El cielo, Arturo! Cuando se muere en el jardín, lloran las flores.

(ARTURO se levanta y le sopla a las cerillas. RAFA le corta la cuerda del cuello. Guarda el pañuelo.)

ARTURO.-Me habéis salvado la vida... Rompe la carta, Aurora.

(Lo hace.)

Id a hablar con Pili. No le contéis... Decidle que se fíe de mí. ¡No vivo de las ancianas!

(Mutis de los viejos por el foro. ARTURO echa los dos trozos de la cuerda por la derecha. Coge una margarita exageradamente grande y se sienta en el extremo derecho del balancín. La deshoja ajeno a su alrededor.)

ARTURO.-Sí... no... Si... no... Sí... no... Sí... ¡No!

(Termina de deshojarla y se torna triste. Por el foro entra PILI. Rápida y de puntillas, se sienta en el extremo izquierdo del balancín.)

PILI.-¡¡Sí!!

(ARTURO lanza felicísimo el tallo de la margarita al aire. Se balancean rápidos y se miran dichosos. UN MOMENTO. Se mueven lentos.)

ARTURO.-No sé nada de tu vida... ¡Debe de ser apasionante!

PILI.-Aparecí desnuda en el torno de la inclusa. ¡Pero ahora soy tan dichosa...! He triunfado como modelo.

 (Dejan de balancearse.)

ARTURO.-¡Qué desgracia! Tengo muy mala suerte.

PILI.-¿Acaso desearías una novia con un título nobiliario?

ARTURO.-Yo soy mayor que tú... Me parece un infanticidio... Y tengo celos, Pili. Celos hasta del aire que respiras. Es mejor dejarlo. Viviría con la obsesión constante de que me ponías los cuernos.

PILI.-¡No soy una viciosa!

(Se miran. SILENCIO. Avanzando hacia el centro del balancín.)

ARTURO.-Pili... Te... ¿Te casarías con... con...  un carcamal como yo?

PILI.-¡Dímelo otra vez, Arturo! ¡Dímelo otra vez!

ARTURO.-¿Te casarías con un carcamal como yo?

(Avanzando hacia el centro del balancín.)

PILI.-¡Sí, Arturo! ¡Me casaría hoy mismo con un carcamal como tú! Desde niña me han gustado siempre los hombres maduros, con experiencia. El psicólogo me dijo: Como tú no tuviste padre... 

ARTURO.-¡¡Pili!!

PILI.-¡¡Arturo!!

(Se abrazan fuertemente y quedan inmóviles y ajenos a su alrededor. Por el foro entran RAFA, LUPE, TOMÁS, AURORA, LOLITA y CHICHO. Van, rápidos y de puntillas, hasta la pareja y la rodean. Palmadas en la espalda sin respuesta. Se miran miedosos. Bajo.)

TOMÁS.-¡Han muerto de pasión! Tendrá que venir el juez con una sierra.

(Acercan sus orejas y se oye exageradamente la respiración al unísono de la pareja. UN MOMENTO. Retiran lentos sus oídos y se deja de escuchar. Coge a Arturo por la espalda y tira de él. Voces normales.)

RAFA.-¡Ni que viniesen así de fábrica.! No puedo... Que tire otro de Pili.

(Coge a Pili por la espalda.)

LUPE.-¡Fuerte, Rafa! A lo mejor es cuestión de maña... Hablad algo. ¡Ay...!

LOLITA.-Si lo intentamos entre todos...

(CHICHO y TOMÁS se disponen a ayudar a Rafa. AURORA y LOLITA hacen lo mismo con Pili. ARTURO y PILI salen del balancín.)

PILI.-¿Estabais ahí...? ¡Os participo oficialmente mi boda con Arturo!

RAFA, LUPE, TOMÁS, AURORA, LOLITA y CHICHO.-¡Enhorabuena!

(Mira su reloj.)

ARTURO.-Hoy porque no tenemos tiempo, pero mañana tempranito... ¡Me ahorco otra vez!

(Por la derecha entra CARMEN.)

CARMEN.-¡Recapacita, Arturo! ¡Vuelve a ser tú!

AURORA.-¡Qué mujer! Estas niñas de ahora se complican por cada insignificancia...

ARTURO.-¡Hija mía! Así que sepas...

(Por la derecha entra LEONCIO. Trae un maniquí igualito a Arturo y vestido con su traje, camisa y corbata. Lo deja en el suelo.)

TOMÁS.-¡Vivía en un escaparate!

LEONCIO.-¡Don Arturo! ¡Ponga inmediatamente su ropa y diríjase corriendo a su despacho!

ARTURO.-Vienes muy bien acompañada... ¿Quién es?

CARMEN.-¡No le conoce, don Leoncio! Y usted que puso una vacuna para poder venir al jardín...

ARTURO.-¡Leoncito! El hijo del que fuera mi Director General. ¡Dame esa mano, chaval! ¿Qué es tu vida? Te conozco desde que eras así de chiquitín. ¿Trabajar...? Como el tirano de tu padre. ¡Tú aún estás en pañales!

(Con el índice.)

LEONCIO.-¡No se lo consiento! ¡Usted no sabe con quién está hablando!

LOLITA.-¡En los días de mi vida...! ¿Qué se ha creído este renacuajo?

LUPE.-Hizo un túnel y se fugó de la incubadora, chica.

(RAFA, LUPE, TOMÁS, AURORA, LOLITA y CHICHO se sientan en algunos bancos de la izquierda. Coge de la mano a PILI.)

ARTURO.-Pili y yo... ¡Nos vamos a casar! Ella es modelo.

CARMEN.-¡Un poco de formalidad...!

ARTURO.-¿He sabido elegir? ¿Os gusta? A decir verdad... ¡Es una obra maestra de la naturaleza!

(La besa. Muy coqueta.)

PILI.-Arturo, me voy a ruborizar...

(A Carmen.)

LEONCIO.-Dice que se va a casar con esa señora...

CARMEN.-¡¡No!!

(Comienza a llorar y abraza el maniquí como único apoyo. Acercándose a ella.)

PILI.-Seremos los tres felicísimos en tu casa. Tendré un hogar de verdad. Deja que te bese como a una hija...

(Rechazándola.)

CARMEN.-¡Depravada!

(Vuelve a abrazar el maniquí. PILI comienza a llorar y corre hasta los viejos, que se levantan y la consuelan. ARTURO la mira dolorido.)

LEONCIO.-Si no lo veo..., no lo creo.

PILI.-¡No me quiere! ¡Me desprecia mi futura hijastra! ¡Ay! ¡Ya empiezan las espinas del matrimonio!

RAFA.-¡Hum...! Nunca he visto una novia sin lágrimas.

(A Carmen.)

ARTURO.-No debiste herirla de esa manera. La pobrecita... es del hospicio.

CARMEN.-¡Esto es demasiado!

(Yendo hacia ella.)

ARTURO.-Pili...

(Va a consolarla y se inhibe.)

LEONCIO.-Doña Carmen...

(Los viejos y ARTURO se tornan alegres. LUPE dibuja un corazón con una flecha en un árbol. Escriben cerca de él.)

ARTURO.-¡Pili!

PILI.-¡Arturo!

 

CHICHO.-¡Niños! ¡No estamos en edad de perder el tiempo! ¡¡Vamos a jugar al potro!!

AURORA.-¡Es mi especialidad!

(Juegan, muy rápidos, al potro; pandando y saltando alternativamente por todo el escenario sin preocuparse de CARMEN y LEONCIO, que los miran asombrados. Deja de abrazar el maniquí.)

CARMEN.-Son todos iguales, don Leoncio... ¡Todos iguales!

LEONCIO.-¡No pueden ser de otra manera! ¡¡Sufren el virus del jardín!!

(Empuja airada el maniquí que cae al suelo.)

CARMEN.-Ahora... ¡He quedado viuda!

OSCURO

(LUZ EN EL PROSCENIO. Al otro día. Este término lo ocupa una larga alfombra roja. En el centro, frente al público, un reclinatorio para cuatro personas adornado con flores. A los dos lados de la alfombra, formado pasillo, espaciados jarrones con flores. UN MOMENTO.

Por la izquierda, cogidos de la mano, entran TOMÁS y AURORA. El viste de esmoquin y lleva, colgada del hombro, una máquina de fotografiar con flash. Ella viste un traje largo y sombrero. Quedan ante el lateral.)

 

AURORA.-¡Oh! ¡Ha quedado la iglesia engalanada por los ángeles!

(Se oyen dulces risas.)

TOMÁS.-¡Milagro! Los santos ríen de felicidad sobre sus peanas. 

(Dejan de escucharse las risas. Lo lleva, a la fuerza, hasta el reclinatorio.)

AURORA.-Vamos a ensayar para cuando nos casemos.

(Se arrodilla. Lo hace también a la derecha de ella.)

TOMÁS.-Mujer... No es un caso urgente.

(Extasiada.)

AURORA.-¡Ah! ¡Veo a Dios en su empleo!

TOMAS.-¡Tengo miedo, Aurora!

(Se levanta.)

Como venga el cura..., cree que estamos muy graves y nos pone la extremaunción.

(Mutis por la izquierda. Por el mismo término entran CHICHO, que viste un esmoquin; y LOLITA, que viste un traje largo y sombrero. Lo empuja hacia el reclinatorio.)

CHICHO.-¡No, Lolita! ¡No quiero evocar lo que nos aconteció hace dos meses!

LOLITA.-Aún no es el funeral del primer aniversario...

CHICHO.-Como me arrodille ahí, pienso que estoy en la silla eléctrica.

(Por la izquierda entra TOMÁS.)

TOMÁS.-Está a punto de suicidarse nuevamente...

AURORA.-¡El novio! ¡Ya ha llegado el novio, al atrio!

(Todos miran ante el término.)

CHICHO.-¡Un héroe! ¡Quiere morir en acto de servicio!

LOLITA.-¡Está para resucitar a una muerta! En cambio la madrina... ¡Quién la engañaría!

(Por la izquierda entran LUPE y ARTURO que le da el brazo. Ella viste un traje largo y mantilla española. El viste de frac y chistera. Se sueltan.)

¡Divina, Lupe! ¡Divina!

CHICHO, TOMÁS y AUORA.-¡El eccehomo!

(Besos y apretones de mano. Quita la chistera y la tiene en su mano.)

ARTURO.-¡Estoy muy triste! Mi hija no sólo se negó a ser la madrina. ¡No quiso acompañarme a la iglesia!

LOLITA.-Con lo elegante que sería que llevase las arras...

ARTURO.-Así que abrí el paquete y empecé a vestirme de novio... ¡Cómo se puso! Hizo las maletas y salió gritando de casa. ¡Hacerme eso en el día más feliz de mi vida!

(Llora y se enjuga las lágrimas con un pañuelo.)

LUPE.-Y yo vistiéndome, toda apurada, de madrina cuando me avisasteis. ¡No sé cómo me dio tiempo! Me imaginaba que al entrar aquí, a la novia le estarían rezando un responso.

(Guarda el pañuelo y mira impaciente el reloj.)

ARTURO.-¡Ya debería haber llegado!

(Ante el término.)

¡No da señales de vida!

(Pasea nervioso.)

Habría que hacer algo... No sé... Llamar a la policía... La puedo asesinar algún admirador que prefiere verla antes muerta que casada con otro. ¡Crimen pasional!

(Ante el término.)

LOLITA.-¡Ahí! ¡Ahí está con el padrino!

(Los demás miran ante el término.)

ARTURO.-¡Qué emoción! ¡Toda para mí!

AURORA.-Es como un ángel caído del cielo... ¡Nunca he visto una novia tan natural!

(Por la izquierda entran PILI y RAFA, que le da el brazo. Ella viste un traje blanco de novia y aprieta un ramo de crisantemos. El viste de esmoquin.)

ARTURO.-¡Oh, Pili...! ¿Eres.. tú? ¡Pareces... una madona!

(Se desmaya sin soltar la chistera. Los demás lo cogen en el aire. Le dan palmaditas en la cara.)

PILI.-¡Arturo! ¡Otro día! ¡Hoy da mala suerte!

(Le dan aire con las manos.)

TOMÁS.-¡Rápido! ¡Id a buscar un médico!

(Le toma el pulso.)

RAFA.-¿Un médico? ¡Lo mejor será encontrar un cura!

(Volviendo en sí. Dejan de darle aire.)

ARTURO.-¿Dónde... estoy...?

LUPE.-Si lo supieses...

(Se pone la chistera y le coge las manos.)

ARTURO.- ¡Ah! Pili... ¡Vamos a casarnos como lo acordamos ayer!

(Abrazándolo.)

PILI.-¡Te han dado cuerda, Arturo! ¡¡Vives!! ¡¡Existes muy bien!!

(A lo alto.)

¡¡Música!! ¡Pronto! ¡Música, maestro!

(Se oye la marcha nupcial de Mendelssohn. Los personajes, como en una pantomima,  se mueven acelerados. TOMÁS y AURORA se sitúan separados a un lado del pasillo; y CHICHO y LOLITA enfrente, haciendo carrera. PILI y RAFA, que le da el brazo, cruzan entre los cuatro hacia el reclinatorio. Los siguen LUPE y ARTURO, que le da el brazo. Los invitados cuchichean y se dirigen sonrientes a los novios y padrinos, que se alinean ante el reclinatorio en los puestos habituales. Detrás, un poco distanciados y visibles, se colocan los demás. TOMÁS y AURORA, a un lado, CHICHO y LOLITA, al otro. Cesa la música. Bajo a Lolita.)

LOLITA.-Es el cura viejecito de ciento veinte años. Se levantó de cama por estar en huelga sus compañeros en activo. Exigen cobrar por cada uno de sus trabajos y vender localidades en los templos.

(Todos miran al imaginario personaje. Bajo.)

CHICHO.-Pues muchos feligreses... no tienen.

(Viejísima y muy temblorosa.)

VOZ DEL CURA.-Amadísimos nietos. Dios dijo: Creced y multiplicaos porque conocía la baja natalidad, pero se olvidó de añadir que nos casemos. Vais a dar un paso trascendental en vuestra vida y os deseo mucha suerte hasta que la muerte os separe. ¡Cómo os envidio! Si yo encontrase mi media naranja..., ahora mismo mandaba a hacer puñetas el celibato y me casaba por lo civil.

(En voz baja a Tomás.)

AURORA.-Los curas de antes casan mejor que los de ahora. Por eso antiguamente iban al juzgado de muertos.

TOMÁS.-Y adquirían una partida de defunción.

(RAFA, ARTURO, PILI y LUPE se arrodillan en el reclinatorio.)

VOZ DEL CURA.-Arturo, ¿quieres por esposa a

ARTURO.-¡¡Sí!! ¡¡Sí!! ¡¡Sí!! Y perdone padre que le interrumpa, pero aquí nadie puede demorarse.

VOZ DEL CURA.-Pili, ¿quieres por hombre, es un decir, a Arturo?

(PILI no se inmuta. Los demás la miran sorprendidos. SILENCIO. Bajo.)

LUPE.-¡Pili, contesta! ¡Deja de hacer numeritos!

VOZ DEL CURA.-Pili...¡Diablos! ¿Quieres por hombre a Arturo?

(PILI sigue igual. Los demás la rodean. PAUSA.)

ARTURO.-Pili, ¡por tu madre! Perdona... ¡No se te ocurra volverte atrás!

PILI.-¿Qué...? ¿Qué... es? Otra vez... ¡El aparatito!

(Lo coloca. Vuelven a sus puestos.)

CHICHO.-¡Qué alivio!

PILI.-¡Ja, ja, ja! ¡¡Sí!! Sí! ¡¡Sí!! Y no insista, hombre, no insita; ahora le oigo perfectamente.

(En una rápida pantomima, los novios ponen, el uno al otro, las alianzas.)

VOZ DEL CURA.-Entonces yo, y no pidáis después el libro de reclamaciones, os caso en el nombre del Dios

RAFA.-Un momento, padre. ¡Esto es para la posteridad! 

(PILI alza el velo. TOMÁS va con la máquina de fotografiar ante un extremo del reclinatorio; inclina la rodilla derecha en el suelo y enfoca a los novios, que se comen con la mirada. Los amigos están serios.)

TOMÁS.-Sed valientes... Así... Miraos sin miedo... Muy bien... ¡Que van a salir dos tortolitos!

(Dispara y un exagerado destello del flash inunda toda la escena mientras los ocho personajes quedan inmóviles como si formasen una gran fotografía. Se oye fuerte la marcha nupcial de Mendelssohn. UN MOMENTO. Crece el sonido de la música.

Lentamente cae el

TELÓN

 

 

ACTO SEGUNDO

(Se alza el telón. LUZ EN EL DORMITORIO. Ahora es el de un elegante hotel y lo ilumina la lámpara. Las once de la noche del mismo día. En el centro del primer término, una mesita y un butacón a cada lado. Sobre la mesita, dos copas y una botella de champán en un cubo con hielo. Por la puerta entran ARTURO y PILI. Visten de novios. El con la chistera. Ella, que recogió el pelo, sin el ramo de crisantemos ni el velo. Cada uno porta una gran maleta y la dejan en el suelo.)

ARTURO y PILI.-¡¡Oh!!

PILI.-¡Es la habitación ideal para nuestra noche de bodas!

(Cierra la puerta y pasa el cerrojo. Coge la botella.)

ARTURO.-El champán para ambientarnos...

(La deja. Acaricia la cama.)

La cama tan mullidita...

(Se retoca ante el espejo.)

PILI.-Eres de una frivolidad...

(La coge por los hombros ante el espejo.)

ARTURO.-¡Qué buena pareja hacemos!

PILI.-¡Ah...! Hemos nacido el uno para el otro.

(La abraza.)

ARTURO.-¡Yo te ensañaré los secretos del amor!

(Se suelta.)

PILI.-¡Puede haber envidiosos espiando nuestra felicidad! Posiblemente... Entró uno y... se ocultó en el armario...

(Abren al unísono las puertas del armario.)

ARTURO y PILI.-¡¡Ay!!

(Corren hasta delante de la puerta. Se sujetan las manos. UN MOMENTO. Se vuelven. Bajo.)

PILI.-Lleno como el camarote de los Hermanos Marx...

(Se suelta.)

ARTURO.-¡Más vacío que el cerebro de una calavera!

(En cuclillas a la derecha.)

PILI.-¡Se escondieron... debajo... de... la cama!

(En cuclillas a la izquierda.)

ARTURO.-Un... ejército.

(Caminan a cuatro patas y se meten debajo de la cama.)

PILI.-¡¡Ay!! ¡¡Un hombre!!

ARTURO.-¡Ja, ja, ja!

PILI.-¡Tonto! ¡Más que tonto!

ARTURO.-¡Al fin! ¡¡Al fin solos!!

(Se escucha exageradamente un beso apasionado. SILENCIO.)

PILI.-¡¡No intentes violarme!!

(Sale apurada. La sigue. Se incorporan.)

 ¡Yo no me desmeleno hasta que den las doce!

ARTURO.-Tanta puntualidad...

PILI.-Es lo típico de este hotel sólo para castos recién casados! A las doce de la noche suenan doce campanadas, como lo de las uvas, y...

(Abre el balcón y extiende los brazos.)

¡Todas, todas las parejas comienzan una nueva era!

(A su lado. Se cogen las manos.)

ARTURO.-La gente contempla las estrellas desde sus ventanas con un catalejo. Debe de ser un vecindario muy sensible. ¡Y ahora mira para nosotros!

(Cierra el balcón.)

PILI.-¡Huyamos de sus catalejos, Arturo! ¡Son voyeristas!

(Guarda su maleta en el armario.)

ARTURO.-Desde que salimos de la iglesia, nos miran en todos los sitios. ¡Parece que nunca han visto unos novios!

(PAUSA. Coge la botella.)

Procede... Abrir la botella para animarnos. ¡Cómo me tardan las campanadas!

PILI.-¡No me lo recuerdes, verdugo! ¡Ay, no sé si lo podré resistir! Tú estás tranquilo porque repites; ya sabes lo que es vivir con otra mujer.

(Guarda la otra maleta en el armario y lo cierra. Se vuelve.)

Pero yo... Siento miedo... Jamás he tenido ayuntamiento con un hombre... ¡Soy virgen!

ARTURO.-Presumir ahora de un récord...

PILI.-¡Que sí, Arturo! Soy virgen desde que nací. No creas que es una pose... ¡Y eso que me han llovido proposiciones hasta ayer!

(Abre la botella y llena las copas.)

ARTURO.-¡Me ha tocado la que quedaba! El champán te pondrá a punto. Hará que descubras tu auténtica personalidad.

(Le ofrece una copa y brindan.)

¡Por nuestra dicha!

PILI.-¡Seremos un ejemplo matrimonial!

(Entrelazan los brazos y beben de un trago.)

¡Llena! ¡Llena! Esta noche sin droga no soy nada.

(Se la llena.)

ARTURO.-Como te produzca adicción...

(ARTURO llena su copa. Ella se sienta en un butacón.)

PILI.-No sé qué me pasa...

(Un trago.)

ARTURO.-Mi gatita...

(Se sienta en el otro butacón y enciende un cigarrillo.)

PILI.-Ahora estás ahí tan correcto, tan civilizado..., pero así que me veas desnuda... ¡La leche! Te... te... dará... el... ataque... y...

(De un trago.)

¡Harás el misionero y sus acólitos!

(Un trago.)

ARTURO.-Tampoco...

PILI.-Echa, echa, que esto es muy suave.

(Se la llena.)

ARTURO.-¡Quítate esas ideas de la cabeza! No me va a dar ningún ataque. Yo no soy una fiera.

(Beben un trago.)

Serán los impulsos naturales del amor...

(Se atraganta y deja la copa sobre la mesita.)

PILI.-¡Cielo santo! ¡¡Los impulsos!! Chico, esas cosas se avisan...

(Misteriosa.)

Dicen que muchas mueren en el experimento...

(Ella enciende un cigarrillo.)

ARTURO.-No hagas caso, mujer... Según las estadísticas...

(Un trago.)

Siempre se ha muerto de otra cosa...

PILI.-Cuando sienta que el orgasmo, como dijo el otro, me ha transportado al paraíso...

(Coge la copa y bebe un trago.)

¡Te lo juro! Me veo con los angelitos de verdad.

ARTURO.-Como te equivoques...

(De un trago.)

¡Vendrán todos los tortolitos del hotel a velarte!

PILI.-¡Ja,ja,ja! ¡Vaya noche de bodas! ¡Ja, ja, ja! ¡En mi velatorio, rezando el rosario todas las parejas del hotel!

(De un trago.)

¡Más champán, cariño!

(Se la llena.)

¡Sería absurdo ponerse fúnebre! Si a lo mejor no me muero ni nada...

(Un trago. Llena la suya.)

ARTURO.-¡Que te vas a morir! Después de eso..., ¡llegas a los doscientos años!

(Un trago. Algo mareada.)

PILI.-No comprendo cómo hay chicas que le tienen miedo a la noche de bodas.

(Se suelta el pelo.)

ARTURO.-¡Oh!

PILI.-¿Y quién dice eso? ¡Cuatro reprimidas! ¡Solamente cuatro reprimidas!

(Un trago. Embriagada.)

¿Y quiénes son esas cuatro reprimidas? ¿Eh? ¿Di? ¿Quiénes son esas cuatro reprimidas? ¡Unas maleducadas! ¡No las formaron sexualmente! ¡No saben nada de nada! ¡Cero! ¡¡Un cero así de grande!!

(Se levanta soñadora.)

La noche de bodas es algo natural, espontáneo; vas de sorpresa en sorpresa.

(Le toca la nariz. Deja la copa sobre la mesita y se dispone a abrazarla.)

ARTURO.-¡Me muero por tus huesos!

(Lo esquiva.)

PILI.-¿Pero las otras están preparadas como yo? ¡No están preparadas ni para venir al mundo!

(De un trago. La llena.)

ARTURO.-¡Pili! ¡Te va a hacer daño! Tú quieres morirte de todas todas.

(De un trago y dejando la copa sobre la mesita.)

PILI.-¿Hacerme esto daño? ¡Tú no me conoces! Hoy es imposible parar la golfa que llevaba dentro.

ARTURO.-Te dedico...

(Pulsa una tecla del hilo musical y se comienza a escuchar “Bésame mucho” con letra. Ella se acicala. Le han pasado los efectos de la bebida. Bailan por todo el escenario. UN MOMENTO. Le ofrece los labios.)

PILI.-¡Bésame, Arturo! ¡¡Bésame mucho!!

(En el instante en que ARTURO se dispone a besarla, cesa la música y se oyen doce campanadas tocando a muerto. Las escuchan respetuosos. Se miran cohibidos. PAUSA. Se vuelven de espalda. Se quitan zapatos, medias y calcetines.)

ARTURO.-¿Puedo... mirar?

(Se tapa la cara con las manos.)

PILI.-¡Qué vergüenza tan grande!

(Va girando.)

ARTURO.-Vuélvete, Pili; muéstrame tus piececitos...

(Baja las manos y va girando.)

PILI.-¡Son los dos para ti! Ahora no tengo más.

(Le coge las manos y pone sus pies encima de los de ella.)

ARTURO.-¡Qué gran instante estamos viviendo!

(PAUSA. Se dispone a desnudarse.)

PILI.-¡Quieto, descarado! ¡No seas exhibicionista!

(Apaga la lámpara. OSCURO.)

Compréndelo, cariño... ¡No puedo! Es mi trauma del torno... ¿Es que me voy a mostrar tal como me remitieron al mundo? ¡Fallecería del choque emocional!

ARTURO.-Algún día tendrás que superarlo. Entiendo que te rebeles a que te entierren sin nada: Da mala suerte. Pero esto... ¡Albricias! ¡Yo ya estoy! ¿Y tú, encanto? ¿Estás visible? Pili, te preguntaba... ¡Pili! ¿Te ha pasado algo? ¡Responde! ¡No es serio fallecer esta noche!

(Enciende la lamparita de la izquierda. LUZ TENUE. ARTURO viste camiseta de felpa y calzoncillos largos. PILI luce una atractiva tentación y coloca el audífono. Han desaparecido sus ropas.)

PILI.-Según...

ARTURO.-¡¡Ay, va! ¡¡Vaya cuerpo!!

PILI.-No sé...

(PAUSA.)

¿Cómo te abrigas tanto? ¿Has salido de la tumba?

ARTURO.-Los años, corazón. Ya verás cuando llegues a mi edad.

(Abre la cama.)

Tengo un frío... Si sé... traigo el caneco.

PILI.-¡No vamos a dormir en el horno!

(Se dispone a cogerla en brazos.)

ARTURO.-¡Ven a mí, nena! ¡Necesito tu calor!

(Huye. La sigue.)

PILI.-¡No, Arturo! ¡No se te ocurra tocarme! ¡¡Mira que grito!!

ARTURO.-¡Es algo inocuo! ¡Lo dice la receta! ¡No han descubierto contraindicaciones!

(Descorre el cerrojo y abre la puerta.)

PILI.-¡Las vírgenes no tienen cáncer!

(Mutis por la puerta.)

ARTURO.-¡Por favor, Pili! ¡No des un espectáculo! ¡Van a corrernos todas las parejas del hotel!

(Mutis por la puerta. UN MOMENTO. Por la puerta entra ARTURO. Trae en brazos a PILI, que lo coge por el cuello, y la deja a la izquierda de la cama.)

PILI.-Ay, una es tan precoz...

(Se tapa totalmente. Descuelga el teléfono.)

ARTURO.-¿Dónde estás? ¿Acaso has salido del mapa?

(Asoma la cabeza.)

PILI.-¿Tú qué crees...?

(Se tapa. La busca entre la ropa.)

ARTURO.-¡No me gustan esas bromas! ¡A ver si te pierdo para siempre!

(Mismo juego.)

PILI.-¡Busca en el registro las partidas de nacimiento de Adán y Eva!

(Se destapa.)

¡Ja, ja, ja! Soy tan jovencita...

ARTURO.-¡Oh, Pili! No tengas miedo... ¡Entrégate plenamente a mí!

(PILI se entrega soñadora. En el instante en que va a cogerla, le empiezan a temblar exageradamente las manos. UN MOMENTO.)

PILI.-¿Qué te sucede? ¿No me hablaste de tu tara?

ARTURO.-No te impacientes, mi vida... A veces me pasa.

PILI.-¡Chico! Pero si es de madrugada...

ARTURO.-A ver si así... Pili... No puedo...

PILI.-Prueba sin manos...

(Llevando dolorido las manos a la región lumbar.)

ARTURO.-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡El ataque! ¡Me ha dado el ataque!

PILI.-¿¿Falta más de tu repertorio??

ARTURO.-¡Qué dolor, Pili! Fue el frío del balcón...

(Se da la vuelta con dificultad.)

Dame... Dame unas friegas...

(Subiéndole la camiseta y bajándole los calzoncillos.)

PILI.-¡Pero hombre! Antes de casarte debiste hacerte un chequeo.

(Le da las friegas como arrullándolo)

No sufras, corazón. Tu mujercita te cuidará siempre en tu vejez.

ARTURO.-¡Y mi hija que se creía imprescindible! Nadie, nadie me ha dado las friegas tan bien como tú. ¡Frótame más...!

PILI.-Goloso...

(En un éxtasis.)

ARTURO.-Mucho más... Despacito... ¡Qué bien!... ¡Sigue! ¡No pares! ¡¡Aaah!!... Una maravilla.

(Se queda dormido. Lo zarandea.)

PILI.-¡Despierta, Arturo! Estoy en ayunas.

(Le baja la camiseta y le sube los calzoncillos.)

Una... no es de piedra...

(Le da la vuelta,  lo tapa y lo besa en la frente.)

¡Cuántos nos están envidiando ahora!

(Desde la calle se escucha la canción “Clavelitos” que interpretan RAFA, LUPE, TOMÁS, AURORA, CHICHO y LOLITA. Abre un poco el balcón y mira a hurtadillas. Zarandea a Arturo.)

¡Resucita, mi amor! Está ahí la pandilla del jardín... ¡Han venido, vestidos de tunos, a darnos una serenata!

(ARTURO ronca. PAUSA. Lo lleva dormido al balcón que abre. Se asoma y adopta, sin soltarlo, una pose exageradamente soñadora. ARTURO deja de roncar y se despereza. Se oye con fuerza. “Clavelitos”. UN MOMENTO.

OSCURO

(LUZ EN EL JARDÍN. Media mañana de unos días después. En escena AURORA y TOMÁS. Visten como en el tercer cuadro. Están sobre unos patines. Se mueven como en un ballet. Él patina rápido por todo el escenario. Ella lo sigue sin alcanzarlo.)

AURORA.-Yo puedo ayudar con mis clases de latín. No vas a esperar a que te suban la jubilación. Y si no nos llega, emigramos a Nueva York; construimos un rascacielos y lo traemos en el avión.

(TOMÁS se para. AURORA patina a su alrededor.)

TOMÁS.-¡Oh, no! ¡Yo quiero ser algo en la vida!

(AURORA se para. Patina a su alrededor.)

Voy a preparar oposiciones a notarías.

(AURORA patina rápida por todo el escenario. La sigue sin alcanzarla.)

Estudiaré con una lupa y dentro de siete años...

(Se para.)

AURORA.-¿Sólo siete años? Pero si no son nada...

(Le coge una mano y patinan lentos por el centro del escenario.)

TOMÁS.-¡Vuelan como la cometa que se escapa de la mano de un niño!

(Se sueltan y patinan próximos por todo el escenario.)

AURORA.-¡Ay! Te tomaré los temas todos los días. para que seas el número uno de tu promoción.

(Le coge la mano.)

Ven; ya podemos hacer proyectos de boda.

(Mutis patinando de los dos por la derecha. Por la izquierda entra LUPE seguida de RAFA. Visten como al principio. Ella se sienta en un banco de la izquierda.)

RAFA.-No es verdad que esté desahuciado.

(Se sienta a su lado.)

Puedo casarme como los demás. Hice dos veces los análisis porque al principio no lo creía. ¡Así es uno por dentro!

(Se los da. Los mira y se levanta.)

LUPE.-¿Pero... todo este organismo es tuyo?

(Se levanta.)

RAFA.-¡Me han elegido Míster Salud! 

(Lo abraza por el cuello y le caen los análisis al suelo.)

LUPE.-¡Rafa! ¿Cuándo nos casamos para sublimar la especie?

(Guarda los análisis.)

RAFA.-Antes debemos conocernos bien... Para no tener que ir después al sexólogo.

(Le coge una mano y tira de ella que se resiste. Voz baja.)

Hay un hotelito para mayores como nosotros... Discretísimos con los que se mueren allí.

(Se suelta.)

LUPE.-Ve corriendo que yo te sigo... Si nos ven haciendo juntos un maratón, ya sabes, empiezan a murmurar.

(RAFA le da un beso y hace mutis corriendo por la izquierda. LUPE, en el límite de este término, le dice adiós con la mano. Mutis, saltando, por el foro. Por la derecha entran TOMÁS y AURORA. Dejaron los patines.)

TOMÁS.-No vuelvo a ensimismarme ante el escaparate de una mueblería. ¡Qué susto pasé! Creí que estaba hipnotizado como los cientos de parejas que entraban en el comercio y salían portando un dormitorio.

(Llora y enjuga las lágrimas con un pañuelo.)

AURORA.-¡Qué pronto se desvanecieron tus promesas de matrimonio. ¡Ay! No me hablabas así antes de deshonrarme.

TOMÁS.-¿Que yo te deshonré? ¿Cuándo...?

(Lleva las manos a la cabeza.)

AURORA.-¿No lo sabes? ¡Tendríamos que hacerlo ante notario!

TOMÁS.-Aurora... ¿Quieres darme a entender que no me acuerdo por falta de riego sanguíneo?

(Guarda el pañuelo.)

AURORA.-Si antes de patinar fuimos a tu casa y... ya lo olvidaste...

(Lleva las manos a la cabeza.)

TOMÁS.-¿¿Nosotros...??

AURORA.-¿Vas a recordar todos los temas de la oposición? ¡Como no lleves un casete en el bolsillo y hagas mímica ante el tribunal...!

(Mutis de los dos por el foro. Por la izquierda entra RAFA. Se sienta en el columpio y se balancea lento y ajeno a todo. Por el foro entra LUPE. Va saltando y lo empuja.)

LUPE.-¿Estaba abarrotado el hotelito?

(Se tira del columpio y le muestra los análisis.)

RAFA.-¡Lupe! Fíate de mí. ¡Son un pasaporte a la vida!

LUPE.-¿Tú crees que nací ayer? ¡Aumentaste tres ceros a los glóbulos rojos!

RAFA.-¡No es cierto! ¡Entre la leucemia y yo sólo hay una amistad!

LUPE.-¡Qué engaño! Llegas, con esos análisis falsos, a un hospital y dices: ¡Soy donante de sangre!

(Mutis el foro. RAFA rompe los papeles. Por el foro entra TOMÁS y CHICHO, que viste como al principio y trae una revista en la mano. Corre hacia un banco del centro.)

CHICHO.-¡El Porno 80 de esta semana!

(Se sienta. RAFA y TOMÁS corren y se sientan a cada lado de él.)

Viene una profesional de lujo de ochenta y cuatro años...

(Los demás se inclinan. Irá pasando las hojas.)

¡Fijaos! Primero con bufanda y abrigo de pieles, al lado del brasero...

TOMÁS.-Yo sólo veo el brasero...

RAFA.-¡Tú qué vas a ver! ¡Si para los miopes como tú, debería publicaros pornografía por el Sistema Braille!

(Coge la revista y la pega a las gafas.)

TOMÁS.-Parece... ¡Lo que se le ve! Se despojó de los de leche... ¡¡Está sin dentadura!!

(Le coge la revista.)

CHICHO.-¡Que te muerde, fiera! Ahora...

(Canturrea.)

Tran-tran-tran. ¡Con lo que vino al mundo!

(TOMÁS saca una lupa exageradamente grande y mira.)

TOMÁS.-¡Todo un curso de anatomía!

RAFA.-Y enseña, sin avergonzarse, hasta la última arruga... Pasa, pasa pronto la hoja.

CHICHO.-¡Cuando la eligieron Miss Rayos X! Va por la calle y la persiguen hasta los perros.

RAFA.-Le sienta bien la guadaña.... ¡Excitante! Tiene un aire de sensualidad como si nos estuviese aguardando.

(Guarda la lupa.)

TOMÁS.-Tenéis una suerte...¡Cómo os estáis poniendo!

(Por el foro entran AURORA, LUPE y LOLITA, que viste como al principio.)

LOLITA.-¡Ya están con su juguete! Después las casadas somos víctimas de tanta imaginación.

(RAFA, TOMÁS y CHICHO, que guarda rápido la revista, se levantan.)

AURORA.-Aún no precisáis esos estimulantes... ¡Chicos! Vamos a jugar a la gallina ciega.

(Mutis corriendo de TOMÁS por la izquierda. Sortea sin contarlo.)

LUPE.-“Un gato cayó en un pozo, las tripas le hicieron guá; a remojo pitipojo, a remojo piti pa”. ¡Pandas, Tomás!

(TOMÁS entra por la izquierda.)

TOMÁS.-Luchar contra el destino...

(Deja las gafas en el bolsillo superior de la chaqueta.  Le tapa los ojos con la pañoleta del cuello de Lolita.)

RAFA.-Tranquilo... A un ciego se le apareció Dios.

(Le dan vueltas. Se agarran por las manos y hacen una rueda, saltando a su alrededor. TOMÁS extiende inútilmente sus manos. AURORA se suelta y va a su lado. Los otros unen la rueda y saltan. La coge.)

TOMÁS.-¡Pieza!

(Le toca todo el cuerpo. Los demás se sueltan.)

LOLITA.-¡Contemplad al escultor! Esculpe mujeres en sus sueños.

TOMÁS.-Tú eres...

(AURORA se echa en sus brazos.)

Casi aseguraría... ¡¡Lupe!!

(Le da suave una bofetada.)

AURORA.-¡Sinvergüenza!

(Los demás ríen. AURORA vuelve al grupo. LOLITA le quita de un tirón la pañoleta y la pone al cuello. Hacen nuevamente la rueda y saltan. Extiende las manos.)

TOMÁS.-¡Dadme alguna facilidad...!

(Se sueltan y van, rápidos y de puntillas, hasta la derecha. LUPE , del mismo modo, se sienta en un banco de la izquierda. Cruza las piernas y exhibe exagerada los muslos. Va hacia ella con las manos como garras.)

Esta vez... No vas a escapar...

(LUPE le coge las gafas del bolsillo y se las pone.)

CHICHO.-Así le ponían los cachalotes al general.

TOMÁS.-¡Aurora!   

(Le va a tocar los muslos. LUPE se levanta y lo esquiva. Los demás ríen.)

LUPE.-¡Cómo pone a estos la primavera! Chavales... ¡Música para perder la respiración!

(Se oye la música del guante de Gilda. LUPE se pone sugestiva en el centro del escenario y frente al público. Los demás se sientan de espaldas en el suelo y a lo largo del proscenio.)

CHICHO.-¡Este es un cuerpo presente y no el de la revista!

(LUPE comienza a interpretar un número de strip-tease. Se quita la ropa exterior de la cintura para arriba. Avanza un poco y la mira con los prismáticos.)

TOMÁS.-¡Así, Lupe! ¡Hasta el esternón!

(Los otros avanzan un poco. LUPE se quita la ropa exterior de la cintura para abajo y queda en un atractivo bikini. Exageradas arrugas en el cuerpo. LUPE se dispone a quitarse el bikini.)

RAFA.-¡Más! ¡Mucho más! ¡¡Todo o me pego un tiro!!

(Cesa la música. LUPE desiste. Los demás se levantan decepcionados. TOMÁS guarda los prismáticos. Se da crema.)

LUPE.-Voy a aprovechar esta mañana de sol para broncearme. No me gustaría ir blanquísima en la caja.

(Se echa en el suelo.)

¡Ah! ¡Esto es vida!

(Duerme. UN MOMENTO. Despierta y respira con dificultad. Los demás la levantan asustados y la visten con exagerada prontitud.)

LOLITA.-Hay que vestirla cuanto antes. Se muere en bikini y el juez le pregunta: ¿Usted es una suicida?

LUPE.-Me... pasa... siempre... el... primer... día... Tengo... la... piel... tan... fina...

(Terminan de vestirla. Recuperada.)

¡Ya puedo tomar el sol hasta el invierno!

(Por el foro entran PILI, que viste un abrigo de entretiempo; y ARTURO, que viste un abrigo de invierno y una bufanda. Ella está dichosa y El, que ha envejecido algo, se apoya cansado en su brazo.)

ARTURO.-¡Niños!

PILI.-¡Seguimos vivos, amigos!

LUPE, RAFA, AURORA, TOMÁS, LOLITA y CHICHO.-¡¡Bienvenidos!!

(Besos y apretones de mano.)

TOMÁS.-Recibimos mojada la foto de la barca en la que estáis remando por el lago. ¡Vaya ostentación de energías!

ARTURO. No me habléis de la barca. Mi pequeña iba tan extasiada en ella..., que comenzó a caminar sobre las aguas y tuve que tirarme a salvarla.

PILI.-¡Ay! ¡Qué aventura tan romántica!

AURORA.-Por eso Tomás no se casa hasta que aprenda nadar.

(Ríen.)

Pili... parece que te quitaron cinco meses de encima. Tienes otros pechos, otras caderas...

(PILI se exhibe como si pasase un modelo.)

¡Qué manera de provocar! En cambio tu marido...

RAFA.-¡Un adefesio! ¡Ni que gastase todas sus calorías en la luna de miel!

(Ríen todos. Justificándose.) 

ARTURO.-No me encuentro bien. Me cuesta más trabajo adaptarme que a ella. Se acusan los años que le llevo y el tiempo encamado. Y mi hija sin aparecer por casa...

(PILI se quita el abrigo y lleva un vestido de premamá.)

LUPE.-¿Tú... con ese traje? ¿Estás embarazada o... quieres que te dejen el asiento en el bus?

(Deja el abrigo en un banco de la izquierda.)

PILI.-¡Claro que estoy embarazada! ¡Ay! ¡Salto de alegría! ¡Con las ganas que tenía de quedar! Pediré la excedencia como modelo.

CHICHO.-Algunas paren en la pasarela. La humanidad futura va a ser hija de la moda.

LOLITA.-¡Qué pronto! Y una... ¡Esperando a la resurrección de la carne!

(Las chicas llevan a PILI  a un banco de la izquierda y se sientan al mismo tiempo que los chicos llevan a ARTURO a un banco de la derecha y se sientan.)

TOMÁS.-Te van a alquilar las ancianas como semental.

ARTURO.-¿Qué dices...? Yo soy un hombre normal.

LUPE.-¿No será una falsa alarma? ¿Un retraso de siete horas? Por mucha influencia que tengas en el torno...

PILI.-Al principio creí que eran trastornos por la vida conyugal; pero, chicas, la rana estaba tan segura...

LOLITA.-¡Menuda recomendación debes de tener con las ranas! Yo creo que me tienen manía. Con deciros que cuando me ven, al borde de un río, salen corriendo...

ARTURO.-Lolita quedará embarazada enseguida. Yo tuve mucha suerte. Coincidí con sus segundos fértiles.

(Saca una calceta de estambre rosa y calceta.)

PILI.-Ya le estoy haciendo la ropa. No quiero que le suceda como a su madre. Si por mí fuera, ya nacía con un abriguito...Hija mía... Uno del derecho, dos del revés... ¡Ay...! Los hijos, niñas, que nos hacen viejas.

CHICHO.-¿Y no tiene caprichos? ¿Algo de hacer algo distinto o andar para atrás?

ARTURO.-Chochea por las golosinas; pero eso ya le venía pasando desde hace años. Hoy entró en una pastelería... ¡Y acabó con la existencia!

RAFA.-¡Puede perderla!

(Deja la calceta, se levanta y lleva las manos a la boca.)

PILI.-¡Ay! ¡Estar en estado revuelve el estómago...!

(Los demás se levantan. Las mujeres la cogen.)

RAFA, CHICHO y TOMÁS.-¡La indigestión!

AURORA.-Tu hija... ¡Ya quiere una casa mayor en tu vientre!

(LUPE, LOLITA, AURORA y PILI hacen mutis por la izquierda.)

ARTURO.-¡Qué perfecta es la naturaleza! ¡Ah! ¡Ya estoy viendo a la niña tirarse por tobogán!

(Por la izquierda entran LOLITA, LUPE, AURORA y PILI, que le abultó el vientre. Corre el uno hacia el otro. Se abrazan.)

¡Gracias, Pili! ¡¡Me haces muy feliz!!

(Se suelta, corre y se sienta en el extremo derecho del balancín.)

PILI.-¡Esa juventud, Arturo! ¡Hay que celebrarlo! ¡Ay! ¡Fallezco por jugar!

(Yendo hacia ella.)

ARTURO.-No, encanto; es perjudicial para tu estado. ¡Piensa que te puedes herniar!

(Se levanta.)

PILI.-Si le vas a hacer caso a una ginecóloga tan estricta...

CHICHO.-¡Así se lleva un siglo, bombón! ¡Yo te acompaño hasta la última morada!

(Mutis corriendo por la derecha. Los demás corren hasta el límite del término.)

LOLITA.-¡Chicho, vuelve! ¡¡Mujeriego!!

RAFA.-Es Eva; una viuda reprimida que no evolucionó como nosotros. La traen sus bisnietos al jardín para que juegue junto a ellos. Como se distraigan..., se entrega al primero que encuentra. Luego, en casa, la encierran un año en el congelador.

AURORA.-Menuda es ella... ¡Una ninfómana!

LUPE.-¡No tiene remedio! Se baña en el mar... ¡Y hierve todo el océano!

LOLITA.-¡Cómo corren! ¡Van desesperados al placer! Amigos... ¡Por la memoria de vuestros mayores! Alcanzadle y evitad el más desenfrenado de los adulterios.

RAFA.-¡Te lo traeremos impoluto!

(RAFA, TOMÁS y ARTURO hacen mutis corriendo por la derecha. LOLITA se sienta en un banco del centro. Las otras lo hacen a su lado.)

AURORA.-Tranquilízate, Lolita; tu marido es un buen chico, pero todavía tiene muchos pajaritos en la cabeza.

LOLITA.-¡Me muero de angustia! ¡¡Le lleva mucho tiempo!!

LUPE.-Ya verás como recapacita y vuelve. No va a encontrar nada mejor que lo que tiene en casa.

(TOMÁS, RAFA y ARTURO, que ha envejecido un poco más, entran extenuados por la derecha. Las chicas se levantan.)

TOMÁS.-Al principio de la carrera... los divisaba. Después... ¡Ni con los prismáticos!

(Al cielo y con las manos entrelazadas.)

LUPE.-¡Virgencita mía! ¡Protégelo bajo tu manto! ¡¡Puede coger el sida!!

(Por la derecha entra CHICHO. No está cansado. En el límite del término.)

CHICHO.-Perdona...

LOLITA.-¡Voy a divorciarme por primera vez!

(Le da la espalda.)

CHICHO.-¡No lo hagas! Fue la rabieta por la niña de Pili...

(Se abrazan fuertemente. Se sueltan.)

Pobre Eva... ¡Va a cumplir la cadena perpetua en la nevera!

(Se sienta en otro banco del centro.)

ARTURO.-He perdido mi corazón en la carrera. El pulso juega conmigo al escondite. Me... lo... tienes... que... encontrar...

(Se sienta a su lado y se lo toma. Los demás se acercan. SILENCIO.)

PILI.-Mi vida... ¡Tienes el pulso como uno de nosotros!

(ARTURO se toma el pulso.)

LOLITA.-Deja las aprensiones, entierra la nada en un ataúd vacío. ¡Alégrate! Como viaje el pulso, nadie te quitará la mano de él.

(ARTURO deja de comprobarlo.)

RAFA.-¡Vuelve a nuestra fiesta! ¡Abraza la felicidad! Así... ¿Por qué no te quitas el abrigo y la bufanda y te tiras por el tobogán?

ARTURO.-Eso era antes... El viernes fue mi cumpleaños... De los ochenta y ocho para arriba...

(Los demás se disponen a quitarle el abrigo y la bufanda. Se levanta.)

PILI.-¡No condenes al Sol en una cárcel!

(Se levanta.)

ARTURO.-El abrigo y la bufanda no. Tengo más frío que un difunto con experiencia.

(Va resignado al tobogán. Lo siguen. Subiendo.)

Me tiraré así por el tobogán... Esto parece dirigirse al patíbulo...

CHICHO.-¡No seas egoísta! Los ciegos caminan hacia el patíbulo con un bastón blanco.

(ARTURO se tira por el tobogán y queda como muerto. Los demás se acercan rápidos y despavoridos.)

AURORA.-¡Adiós mundo para él!

PILI.-¡¡No!!

(Se arrodillan delante de él.)

TOMÁS.-Sólo con ochenta y ocho años...

PILI.-¡¡Arturo!!

(Le da unas palmadas en la cara.)

LUPE.-Dar a luz a una niña póstuma...

PILI.-¿Su corazón...?

(Pone el oído en él. Se vuelve a los demás.)

¡No se oye nada!

(Se miran aterrorizados. PAUSA. Sin moverse y con dificultad.)

ARTURO.-¿Se... oye... ahora...?

(Los viejos vuelven asombrados sus cabezas hacia él. Coloca el audífono.)

PILI.-¡Coño! ¡El aparatito!

(Va a poner su oído en el corazón de Arturo.

OSCURO

(LUZ EN EL DORMITORIO DEL ACTO PRIMERO. Han pasado tres días. Primeras horas de la tarde. En la coqueta; una fotografía, exageradamente grande de Arturo y Pili de novios. Es la que les hizo Tomás en la iglesia. En la mesita derecha, una montaña de medicamentos. La puerta abierta. ARTURO, pálido y de muy mal aspecto, ha envejecido bastante. Viste un pijama negro. Se encuentra ensimismado en la cama. UN MOMENTO.)

ARTURO.-¡Pili! ¡Pili!

(Por la puerta entra PILI, Viste una bata de casa.)

PILI.-¡Oh! ¡Tu salud es la envidia del mundo entero!

ARTURO.-No me canso de pensar... La Muerte sólo elige a las parejas que se quieren.

PILI.-Desde que tuviste el infarto en el tobogán... ¿Aún no has aprendido que a nuestra edad la gente ya no muere?

(Se miran serios. SILENCIO.)

ARTURO.-¿Entonces...? Nos encontramos muertos.

(Se sienta a la izquierda de la cama.)

PILI.-¿Acaso has visto un cadáver que le pusiesen cada lunes un marcapasos?

ARTURO.-A veces dudo si vivir es mostrarse despierto o en un sueño.

PILI.-¡Pronto lo sabremos! Lo están estudiando.

ARTURO.-El mundo está mal hecho. Cosa de un aficionado. Antes de crearse debió salir a concurso.

(Lo coge.)

PILI.-Te toca el comprimido para cerrar la ventana a la libido.

(La toma. Se tira de la cama.)

ARTURO.-¡¡Puf!! ¡Ardo de pasión! ¡No hagas caso al electrocardiograma!

(Huye por la escena. La sigue.)

PILI.-¡Domínate! ¡No me mires!

ARTURO.-¡No pueden conmigo todos los medicamentos!

PILI.-¡Tú eres un caso clínico!

(Descuelga el teléfono. ARTURO se detiene.)

Voy a llamar al médico. ¡Para que te aumente la dosis!

(Se acuesta en la cama.)

ARTURO.-Tengo miedo de que trascienda tu abstinencia...

(PILI cuelga el teléfono.)

Pueden venir a raptarte.

(Se oye abrir y cerrar la puerta de la calle. Se miran horripilados. PILI va por la izquierda. Se oyen exageradamente unos pasos. Se abrazan. Bajo.)

PILI.-¡Qué ejemplo para mi niña!

(Por la puerta entra CARMEN. Luce un atractivo vestido. Bolso. PILI se levanta.)

CARMEN.-¡No!

(Va por la derecha.)

ARTURO.-Hija... A buenas horas...

CARMEN.-Estás hecho un despojo, una piltrafa. ¡Pareces un anciano!

(Lo besa en la frente y lo acaricia.)

¿Es que lo de esta señora es contagioso?

(ARTURO y PILI se miran contrariados. SILENCIO. Seria.)

PILI.-¡Estuvo muy grave! Le dio un infarto hace tres días.

CARMEN.-¿Tuviste un infarto... como cualquiera de tu edad?

ARTURO.-Sí, si. Fuimos al jardín a jugar con la pandilla... Y al saciar mi hambre de tobogán...

CARMEN.-Y debió de ser un buen infarto. Con la cantidad de medicinas... ¿O son para tomar a medias?

ARTURO.-¡Son todas para mí! Únicamente estas gotas para Pili...; para que lleve bien el embarazo.

PILI.-¡Soy primeriza! 

(Deja el bolso sobre el butacón derecho.)

CARMEN.-¡Un poco de sentido, señora? ¿Quién la iba a embarazar a usted? ¿El Espíritu Santo?

PILI.-¿Has oído, Arturo? ¡Ja, ja, ja! ¡Pregunta quién me preñó! 

ARTURO.-¡Ja, ja, ja! ¡Díselo! ¡Díselo!

(Le agarra las manos. CARMEN coge la foto.)

Para que sepa de lo que soy capaz de hacer a mis años.

CARMEN.-¡En los días de mi vida...! Una escondida en el hotel...¡Y ellos disfrazándose de novios! ¿En qué baile de máscaras fue esta foto? 

(Se dispone a arrojarla al suelo. Se tira de la cama.)

ARTURO.-¡¡No la destroces!!

PILI.-¡¡Da mala suerte al matrimonio!!

(La coge.)

ARTURO.-No me negarás que Pili es muy fotogénica...

(Le da la espalda.)

CARMEN.-¡Bah!

ARTURO.-Pues aquel día, al natural, estaba mucho más guapa.

(Besa la fotografía y la deja en la coqueta.)

¡Ah! Salió en el telediario.

(Pone las zapatillas y hace mutis por la puerta. Abre el balcón.)

CARMEN.-¡¡En esta casa hay dos locos!! ¡¡En esta casa hay dos locos!!

(Lo cierra.)

PILI.-Ten un ápice de cordura... Pueden creer que es cierto.

(Se echa a la izquierda de la cama. Gime.)

CARMEN.-¡Jesús! Tuvo que darle a beber un filtro.

(Se arrodilla encima de la cama, a la derecha, y la acaricia.)

PILI.-Lo nuestro... es natural.

(Se sienta.)

CARMEN.-¿¿Quiere explicarme que hace usted encima de esta cama??

PILI.-¡Huy...! Si te lo cuento...

CARMEN.-¡¡Desvergonzada!! ¡¡Indecente!! ¡¡Inmoral!!

(Desde dentro con voz trémula.)

ARTURO.-¡No discutid! ¡Me vais a llevar a la sepultura! ¡Me afectan tanto los disgustos...!

(Se tiran rápidas de la cama y van hasta la puerta por la que entra ARTURO. Ha envejecido muchísimo más. Parece un cadáver.)

PILI y CARMEN.-¡¡Oh!!

(Lo cogen por los brazos y le quitan las zapatillas.)

ARTURO.-Y todo por no llevaros bien; por no congeniar como madre e hija.

(Lo acuestan en la cama y lo tapan. Le coge suplicante las manos.)

Te añoramos tanto... Hija... Quédate a vivir con nosotros. ¡Jugarás con tu hermanita!

PILI.-Iremos las dos por tus maletas. En los hoteles, Carmen, no hay calor de hogar.

(Suena el timbre de la calle. Mutis de CARMEN por la puerta.)

ARTURO.-Tampoco es para ponerse así...

(Por la puerta, horrorizada y de espaldas, entra CARMEN como si no pudiese con la invasión de TOMÁS, AURORA, que trae un paquete de pasteles, RAFA, LUPE, CHICHO y LOLITA, que empujan felices.)

¡Amigos!

 CARMEN.-¡El asilo entero!

(Queda aislada en el primero derecho.)

PILI.-¡La juventud!

(Los visitantes, yendo por los dos lados de la cama, intercambian besos y abrazos con los enamorados.)

TOMÁS.-¡Ya eres otro, hombre!

LUPE.-¡Cada día estás más rejuvenecido!

ARTURO.-No me quejo. ¡Soy un privilegiado!

(Se sienta en la cama y le coge la mano derecha a Arturo.)

RAFA.-¿A ver ese pulso?

(Forcejean.)

ARTURO.-Ah... ¡Ah!... ¡¡Ah!! Has ganado, cabrón.

(RAFA lo suelta y se levanta.)

PILI.-A mi hijastra ya la conocéis...

(Estos viejos vuelven, lentos y al unísono, sus cabezas hacia CARMEN, que los observa muy seria. Cambian, rápidos y al unísono, sus miradas. PAUSA. Se los da.)

AURORA.-Estos pasteles te ayudarán a endulzar la vida. En el convento eran mi especialidad.

ARTURO.-Personas como vosotros... ¡Qué pocas quedan!

(Deja el paqueta sobre la cama.)

LOLITA.-¡Chavales! Ya crecemos cuando el cuerpo alargue los pies. Cada uno que vaya por su silla.

CHICHO.-Y el que no la encuentre... ¡Panda de pie todo el tiempo!

(Los visitantes hacen mutis corriendo por la puerta. A los pies de la cama.)

CARMEN.-¡Tienes que echarles! Andan con el ataúd bajo el brazo. ¡Te van a robar todo el oxígeno!

(Por la puerta entran RAFA, LUPE, CHICHO LOLITA y AURORA. Cada uno trae una silla y se sientan a los dos lados de la cama. RAFA, LUPE y CHICHO, a la izquierda. AURORA y LOLITA, a la derecha. CARMEN vuelve a su sitio. Por la puerta entra TOMÁS.)

TOMÁS.-No veo la silla...

(AURORA hace mutis por la puerta.)

Como está estropeada la lámpara de la habitación...

(Por la puerta entra AURORA con una silla. Coge TOMÁS de la mano.) 

AURORA.-¡Me hipnotizó un ciego!

(Deja la silla al lado de la suya y los dos se sientan en ellas.)

RAFA.-Se dice... Una mujer se arrodilló ante el confesionario. Señor cura, estoy arrepentida de tener relaciones carnales con usted. ¡Mala mujer! ¡¡Eso no te lo perdono en la vida!!

(Excepto CARMEN, ríen todos.)

PILI.-Siéntate, Carmen; como si estuvieses en tu casa.

(Mutis por la puerta. CARMEN se sienta, resignada y sin fuerzas, en el butacón derecho. Los demás se miran serios. PAUSA.)

LUPE.-¡Ah! A este hogar sólo le falta una muñeca con un sonajero en la cuna.

ARTURO.-Lo estoy deseando... ¡Cómo me tarda ver a Pili, dándole el pecho a la niña! 

(Por la puerta entra PILI. Empuja un carrito con ocho copas llenas y una botella de ginebra. Lo deja en el centro del primer término.)

PILI.-Se impone un brindis por nuestro enfermito; para que sea pronto el terror del jardín.

(Coge el paquete de pasteles y lo desenvuelve encima del carrito. Los viejos se levantan y cogen una copa. Le ofrece una copa a Carmen.)

PILI.-Cuida el hígado con unos tragos.

(Se levanta y la coge.)

CARMEN.-Es que ahora la ginebra...

(PILI coge una copa y un pastel. Va a la cabecera izquierda y le da tierna el pastel a Arturo.)

CHICHO.-¡Por ti, macho. Para que tengas salud y... muchos hijos. Malo será que no me prestéis uno.

(Mirando feliz a Pili.)

ARTURO.-Por mí... no hay inconveniente. ¡Todos los quieras!

PILI.-Muchos no... ¡Qué horror! Déjame tocar madera. ¡Sólo una docena!

(Los viejos beben de un trago. ARTURO come dichoso el pastel. CARMEN, sin beber, se sienta con la copa en la mano. Los viejos cogen un pastel. Algunos se sirven otra copa. Se sientan en sus sillas. PILI, después de dejar la copa en el carrito, y ARTURO se abrazan. SILENCIO.)

AURORA.-¡Sois los primeros pobladores! No os podéis casar por la iglesia ni por el juzgado. No tendréis una aventura. No os sentís celosos. Jamás os separaréis. ¡La pareja ejemplar!

(Le coge una mano a Tomás.)

LUPE.-¡Tenéis un buen empleo!

(RAFA le coge una mano y lo rechaza.)

No pagaréis a Hacienda. En vuestros campos brotarán rascacielos. ¡Dejáis una gran herencia!

ARTURO.-¡Impondremos el comunismo!

PILI.-¡Yo quiero separación de bienes! El capitalismo fortalecerá mi patrimonio.

TOMÁS.-Ya estoy viendo, en los santos de los libros, a Pili invitando a Arturo a comer una manzana.

RAFA.-A ver si la historia los adultera y Pili aparece dándole a cucharaditas una compota.

(Ríen todos menos CARMEN. Se levanta y deja su copa llena en el carrito.)

CARMEN.-Dispensen...

(Mutis por la puerta. Coge un pastel y se sienta en el butacón izquierdo.)

PILI.-Llegó del hotel, en plan de visita, y está así sin contar ni un chiste. ¡Esta generación no merece el relevo!

LOLITA.-¿Os imagináis un mundo sólo de viejos? ¡Sería perfecto! No habría guerras ni envidias! Ninguno haría una revolución o compraría una bomba a plazos.

CHICHO.-Y si lo hacía... ¡Lo encerrábamos en un presidio de ancianos!

ARTURO.-¡Ay! Estos problemas familiares... ¿Dónde... se encuentra... mi... corazón...? ¡Pili! ¡Carmen!

(Se va convirtiendo en un moribundo. PILI corre a la cabecera derecha mientras CARMEN, que entra por la puerta, corre hasta la cabecera izquierda. Los demás se levantan y dejan sus copas en el carrito. Le busca el corazón.)

PILI.-Tiene que trabajar en el mismo establecimiento. ¡Arturo! ¿Dónde lo escondiste? ¡No me gustan estas coñas!

(Le busca el corazón.)

CARMEN.-A ver si yo... ¡No lo puedo creer! ¿Qué te han hecho, mi amor? ¡Tú... antes lo tenías!

(ARTURO, que va empeorando, respira con mucha dificultad. Histérica.)

PILI.-¡No respires así!

(Pone su oído en el corazón de él.)

CHICHO.-No sabrá de otra manera.

PILI.-Siempre me sucede igual...

(Coloca el audífono y pone nuevamente el oído.)

LUPE.-¿Y ahora...?

PILI.-Ahora...

CARMEN.-¡Hable! ¡No aguanto su silencio!

PILI.-Ahora... ¡¡Tampoco!!

(Se miran trágicos. SILENCIO MUY TENSO. Sólo se escucha la respiración, cada vez más dificultosa, de ARTURO.)

TOMÁS.-¿Pero... tú te sientes vivo?

(Sin fuerzas.)

ARTURO.-Al...go...

(La coge de un tubo.)

PILI.-El médico le recetó estas grageas para una emergencia...

(Se la ofrece.)

Travieso... ¡¡Abre bien la boca, Arturo!!

CARMEN.-¡Por la nariz!

PILI.-¡Me mareo!

(Lleva la mano a su corazón.)

No lo soporta mi corazón. ¡Los tenemos gemelos!

(Suena el timbre de la puerta de la calle. Mutis de CHICHO por la puerta. Le coge la gragea a Pili y se la mete en la boca de ella.)

LOLITA.-Lo más seguro es que te siente mejor que a él.

(La toma y sana en el acto.)

PILI.-Gracias, Lolita.

(Por la puerta entra, rápido y autoritario LEONCIO. Lo sigue CHICHO que vuelve al sitio en que se encontraba. ARTURO ajeno a todo. A los pies de la cama.)

LEONCIO.-¡Don Arturo! ¿No le da vergüenza ofrecer esta imagen? ¿Cree que se puede vivir alegremente? ¡No me levante la voz! De parásitos como usted está lleno el mundo. ¡Son unos muertos de hambre!

CARMEN.-Haga un milagro, don Leoncio. ¡Resucítelo! Lo de Lázaro estaban de acuerdo.

(Coge a Arturo y lo levanta, por la derecha de la cama, con si fuese un muñeco.)

LEONCIO.-¡Le voy a enseñar a nacer! ¡Irresponsable! ¡Insensato!

(Lo suelta. ARTURO es un cadáver que se va para los lados. Los viejos, rápidos, lo agarran para que no caiga.)

PILI.-¡No lo puede avasallar!

LEONCIO.-Don Arturo, ¡yo se lo ordeno! ¡Incorpórese ahora mismo a su despacho!

(Corriendo hasta el lecho.)

ARTURO.-¡No! ¡¡No!! ¡¡Al despacho, no!!

(Se tapa y vuelve a ser el de antes.)

CARMEN.-Don Leoncio, no le juzgue hoy así...

(Mirando su reloj.)

LEONCIO.-¡Yo no tengo tiempo para juzgarle de ninguna manera!

(A los pies de la cama.)

¿Qué se puede aguardar de su negligencia? ¿De un vago como usted? ¡En lo que se ha convertido!

(Con el índice.)

¡¡En un expediente!!

(Mutis rápido por la puerta. Los personajes, menos ARTURO, miran perplejos este término. Se oye cerrar, con fuerza, la puerta de la calle. ARTURO comienza a agonizar. Los demás corren horripilados a sus lugares. Coge las manos de Pili y Carmen.)

ARTURO.-¡Estoy... angustiado! ¡He ahogo...! ¡Necesito... aire...!

(Se abre solo el balcón. Lloran.)

PILI y CARMEN.-¡Mi amor!

(Respira mejor. Feliz.)

ARTURO.-No... lloréis por... mí... Quería... morir... de... viejecito..., rodeado... de... seres... queridos...

(Lo mueve desesperada.)

PILI.-¡No, Arturo! ¡No! ¡¡No puedes dejarme con una hija con el padre en el retrato!!

ARTURO.-Poco... ha... durado... el juego... ¡Vuelvo al oscuro...!

CARMEN.-¡La locura lo ha querido!

(Mutis llorando por la puerta.)

CORO DE VIEJOS.-¡¡Ay Arturo, Arturo, Arturo! ¡Huye la luz de tus ojos! ¡Estás con los pies en la nada! ¡¡Ay Arturo, Arturo, Arturo!! ¡¡Pronto serás silencio!!

(Desvaría.)

ARTURO.-Volveré a... tirarme por... el tobogán...

(Pone una mano en el corazón.)

¡Qué... bien... se... siente... ahora...! Tictac...tictac... tictac...

(Pone tembloroso la otra mano en el vientre de Pili.)

Late... igual... que... el... corazón... de... nuestra... hija...

PILI.-Laten... lo mismo.

(Los viejos, menos PILI, se arrodillan lentos y solemnes mientras se santiguan. Se comienza a oír espaciado el dulce sonido de un reloj mientras ARTURO va retirando lentamente su mano del vientre de Pili.)

SONIDO DEL RELOJ.-Tictac... tictac... tic...

(ARTURO muere y PILI se arrodilla. LAS CUATRO MUJERES cubren sus cabezas con un manto negro. SILENCIO LARGO.)

OSCURO

(LUZ EN EL PROSCENIO. Tras el espacio preciso, y frente al público, hilera espaciada de cipreses de un cementerio. Tarde del día siguiente. UN MOMENTO. Por la izquierda entra ARTURO. Viste de payaso. Va dentro de un ataúd negro cerrado del que sale, por un agujero en la cabecera, la mitad de su cuerpo de la cintura a la cabeza. Lleva un remo negro en cada mano y va remando lentamente mientras se mueve el ataúd hacia la derecha. )

ARTURO.-Voy en mi entierro. ¡La Muerte nos convierte en payasos! ¿Dónde está el más allá? Nadie lo ha descubierto. Al morir dejamos la Tierra y el universo entero es un mar sin islas ni playas. Y uno rema, va remando en la búsqueda de su nuevo hogar ... y el mar es el hogar de todos.

(Deja de remar y el ataúd se detiene en el centro de la escena. Por la izquierda entran PILI, CARMEN y LEONCIO. Las mujeres visten de luto riguroso con un velo y cada una lleva una corona con la inscripción: “Tu esposa no te olvida”. PILI sujeta una cadena con un perrito. El lleva otra corona con la inscripción “La empresa no tiene amnesia”. Ellas, que van delante, enjugan las lágrimas con un pañuelo negro. El las sigue solemne. Caminan lentísimos, casi sin moverse, hacia los pies del ataúd.)

PILI.-Quedo tan sola como al llegar a la inclusa. Por eso, he comprado un perro y le llamo Arturo como tú. No lo tomes a mal, mi vida; entre un Arturo y otro hay un abismo.

CARMEN.-No puedo creer que vayas dentro de esa caja con un jersey azul marino. Querría que todo fuese un sueño; viniese un prestidigitador, destapase la tapa y saliese un conejito.

(Como antes.)

ARTURO.-Y el muerto rema, sigue remando en esta noche sin luna y sin estrellas hasta encontrar la más cerrada de las noches y tener sueños de un ángel en el lecho de las olas del mar.

(Mutis remando por la derecha. Los personajes avanzan un poquito.)

PILI.-¿Vas a resignarte como estos cipreses que no sirven para hacer el árbol de Navidad? Si aquí no hay tobogán, ni columpio ni balancín... ¡Qué sitio más aburrido! Parece que está olvidado de la mano de Dios.

(Los personajes se detienen delante del término derecho. Ellas echan las coronas por él.)

PILI y CARMEN.-¡Tu esposa no te olvida!

(Se dispone a iniciar su discurso.)

LEONCIO.-¡Señoras y señores!

CARMEN.-¡El mundo se acaba para mí...!

(Se desmaya. PILI y LEONCIO, que le cae la corona al suelo, la cogen en el aire. Le da una píldora.)

LEONCIO.-He traído estas píldoras que resucitan a un muerto. Como aquí no hay una farmacia...

(Vuelve en sí y se va levantando.)

CARMEN.-¿Dónde... estoy...?

(Cohibida.)

PILI.-En el... cementerio.

CARMEN.-¡No!

(El perro se suelta y sale corriendo por la derecha. Lo sigue.)

¡¡Arturo! ¡Arturo mío!

(Mutis corriendo por la derecha.)

CARMEN.-¡Vamos a coger el perro! ¡Puede morirse de una indigestión de huesos!

(Mutis rápido de los dos por la derecha. UN MOMENTO. Por la derecha entra PILI. La siguen CARMEN y LEONCIO. Le da la mano a Pili.)

LEONCIO.-Señora, la acompaño en el sentimiento por la pérdida del perro. ¡No somos nada!

PILI.-Muchísimas gracias. ¡Ay, no escucharé jamás sus ladridos!

(LEONCIO coge la corona y se sitúan ante el término.)

LEONCIO.-¡Señoras y señores!

(Se oyen los ladridos exagerados de un perro. LEONCIO y CARMEN miran indignados a PILI, que coloca el audífono. Cesan los ladridos.)

¡Señoras, señores y difuntos racionales! Don Arturo, tengo el honor de imponerle esta condecoración. ¡La empresa no tiene amnesia!

(Echa la corona por la derecha.)

UN ALTAVOZ.-Este entierro lo patrocina “Leoncio calidad”. Decir “Leoncio calidad”, es decir prosperidad.

(Por la izquierda entran RAFA y LUPE. Portan los palos de una gran pancarta. En un extremo y en negro, está dibujada la alegoría de La Muerte con su guadaña. La Muerte posa su cabeza en el cepo de un patíbulo y un viejecito, parecido a Rafa y de verdugo sin capucha, se dispone a cortarle el cuello con un hacha. En el centro de la pancarta y con grandes letras rojas:

¡MUERA LA MUERTE, YA!

¡¡AMNISTÍA TOTAL!! ¡¡MUERTOS A LA CALLE!!

Los siguen TOMÁS, AURORA, CHICHO y LOLITA, que trae un paquete. Vienen en manifestación y se dirigen al centro de la escena.)

RAFA y LUPE.-¡Queremos! ¡Exigir! ¡Que no haya que morir!

(PILI corre hasta los viejos. LEONCIO y CARMEN, molestos, hablan entre ellos. El le da la mano.)

LOS VIEJOS.-¡¡Qué suerte!! ¡¡Qué suerte!! ¡¡Cuando muera La Muerte!!

(Apoyan la pancarta en los cipreses del centro, frente al público. LOLITA deja el paquete al lado. LEONCIO enciende un cigarro puro, mira su reloj y hace mutis rápido por la izquierda. CARMEN se abstrae ante el término derecho.)

LOLITA.-¡La Muerte terminará en un patíbulo!

AURORA.-¡Recompensaremos al que la coja viva o muerta!

RAFA.-¡Huelga general en todas las funerarias del mundo!

CHICHO.-¡Unos esquiroles los sepultureros!

LUPE.-¡Encarcelaremos La Muerte en un sepulcro!

TOMÁS.-Si es preciso..., ¡moriremos en la lucha!

PILI.-¡Qué día, amigos, en el cementerio! Al perro le gustó el restaurante y la niña sintió alergia y se malogró.

(La consuelan. CARMEN se santigua y guarda el pañuelo. Va al termino izquierdo y baja el velo. Acciona.)

CARMEN.-¡Taxi! ¡Taxi!

(Mutis por la izquierda. TOMÁS hace mutis corriendo por la derecha. Sorpresa en los demás. Corre hasta el término derecho.) 

AURORA.-¡¡Tomás!! ¡Ayudadme, chicos! Como juegue aquí al escondite..., ¡no lo encuentro en la vida!

(Mutis corriendo de todos por la derecha. UN MOMENTO. Entran los viejos por este término. PILI guardó el pañuelo.)

TOMÁS.-No seas celosa, Aurora. Sólo era rezarle un padrenuestro a la que fuera mi mujer.

LOLITA.-Lo mejor será descansar un poco.

(Se sienta en el centro y frente al público.)

En el buen sentido, se entiende...

(Los demás se sientan a su lado.)

PILI.-No procede dejar solo a Arturo hasta que se acostumbre a ser un buen difunto.

RAFA.-Debemos entretenerlo y si tiene insomnio..., ¡le damos un somnífero!

CHICHO.-Un hombre le dice a la farmacéutica: Deseo un preservativo de color naranja. ¿Cuál es su talla? No sé. Una cosa más o menos... De acuerdo. Venga conmigo al probador.

VOZ DE ARTURO.-¿Sabéis...? Un cura está diciendo misa. Llega la comunión. Abre el sagrario, coge el copón y exclama: Dios mío... ¡Dioses clónicos!

(A los personajes les entra el sueño y comienzan a bostezar.)

PILI.-Tengo unas ganas de dormir... ¡Ah...! ¿Vosotros... también? Si nos contagiaron...

CHICHO.-En este hospedaje... hay... una... epidemia... de.... sueño...

(Los personajes duermen y roncan. Va decreciendo la luz. PAUSA LARGA. LUPE se despereza, mira el reloj con una cerilla y se levanta rápida.)

LUPE.-¡Chavales! ¡Despertad si podéis!

(Los demás se desperezan y se van levantando.)

Hoy, acordaos, cumplo ochenta y tres años. ¡Debo comprar la cena y los farolillos para la fiesta del jardín!

LOLITA.-Tú vienes con nosotros, Pili; nada de ir a consumir pañuelos a tu apartamento de soltera.

(Coge el paquete. Los personajes corren hasta la izquierda. Sorprendidos ante el término.)

AURORA.-¡¡Han cerrado el cementerio!!

(Se miran horripilados. SILENCIO.)

TOMÁS.-Mirad el letrero: ¡Cerrado por defunción!

CHICHO.-Y éste... ¡Se prohíbe llevar el muerto a casa los fines de semana!

LOLITA.-¡Nos encontramos en la cárcel de La Muerte!

PILI.-¡Hemos caído en su ratonera!

(Los personajes forcejean para derribar la puerta.)

LUPE.-¡Luchemos por destruir sus rejas! ¡Alcanzaremos la libertad!

(Los personajes se muestran agotados.)

RAFA.-No... No puedo... Es imposible... La muerte... es... más poderosa... que nosotros.

(Van derrotados al centro de los cipreses. LOLITA deja nuevamente el paquete.)

LOLITA.-¡Tienes buena suerte, Lupe! Este año no lo cumples.

TOMÁS.-¡Qué frío! Los cementerios sin calefacción... Morirán los finados de una neumonía.

CHICHO.-¡Un gran olvido! Si hubiésemos traído las tiendas para hacer camping...

PILI.-¿Vamos a soportar esta esclavitud? ¡Rebelémonos! Convirtamos la existencia en una farsa. Hagamos del absurdo de la vida un absurdo juego. No perdamos la sonrisa en una calle. ¡Se puede tener alegría en la tragedia! Riamos a carcajadas de La Muerte. ¡Los muertos no ríen!

(Por los laterales y el forillo, se ven muchas caretas de payasos.)

VOCES DE LAS CARETAS.-¡¡Ja, ja, ja!! ¡¡Ja, ja, ja!! ¡¡Ja, ja, ja!!

PILI, LOLITA, CHICHO, LUPE, RAFA, AURORA y TOMÁS.-¡¡Qué horror!!

(Desaparecen las caretas y cesan las risas. PAUSA.)

AURORA.-¡La Muerte sólo existe en nuestro interior! Descubriremos el futuro en cada sueño. ¿Nos acompañas, Pili? ¡No seas sosa!

PILI.-Jugad vosotros. ¡Id a la búsqueda de la felicidad! Cuando el amor muere..., ¡también morimos nosotros!

(Mutis de los demás por los cipreses. Decrece mucho más la luz. PILI coge el paquete, lo abre y mira risueña una tarta con ochenta y tres velitas. La deja en el suelo y hace mutis por los cipreses. UN MOMENTO. Entra por los cipreses. Trae una escalera alta de tijera y la pone en el centro con los peldaños frente a los cipreses. Coge la tarta y sube algunos peldaños, dejándola encima de la escalera. OSCURO. Se oyen exageradamente tres besos largos. Enciende las velas mientras va creciendo una luz tenue. TOMÁS y AURORA a la izquierda. RAFA y LUPE en el centro. CHICHO y LOLITA a la derecha. Las tres parejas, ajenas a todo, están fuertemente abrazadas. Parecen tres estatuas. Sonríe y termina de encender.)

Velis nolis... ¡El destino se divierte haciendo travesuras!

(Las tres parejas se separan y miran dichosas la tarta. PILI baja el velo y desciende los peldaños.)

LUPE.-¡Oh! ¡La tarta con sus ochenta y tres velitas! Pocas...

(Va a la escalera y sube hasta los últimos peldaños al mismo tiempo que los demás rodean la escalera. Queda frente al público. Cantan mientras ella llora de emoción.)

LOS DEMÁS.-Cumpleaños feliz,

                         cumpleaños feliz.

                          Te deseamos todos:

                           ¡Cumpleaños feliz!

CHICHO.-¡Cuidado! Vamos a despertar al vecindario.

LUPE.-Gracias... ¡Muchas gracias, amigos ! ¡Ay! Estoy tan dichosa como si hoy hiciese mi puesta de largo.

(Se dispone a apagar las velitas.)

LOS DEMÁS.-¡A las ochenta y una! ¡A las ochenta y dos! Y a las... ochenta y... ¡¡tres!!

(LUPE sopla con fuerza y apaga todas las velitas al mismo tiempo que se hace el ÚLTIMO OSCURO. SILENCIO TRÁGICO.

Rápidamente cae el

TELÓN

La Coruña, 21 de noviembre de 1.979

FINAL DE “LOS FELICES OCHENTA”.

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