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Luna gemela

de Joana Ramos Llosa

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

Luna gemela

(La maravillosa historia de Francia y Pereas)

 por

 Joana Ramos Llosa

jopolqui@hotmail.es

 PERSONAJES:

 

MADRE (Sólo voz)

FRANCIA

MARCIA

ENEAS

PEREAS

TULIO

CAMPEÓN

MARIO

ANALÍA

 

 ACTO I

Dos habitaciones separadas entre sí únicamente por un espejo de unos 190 cms. de altura por 100 de ancho, aproximadamente, con pie y dos lunas opuestas, una que refleja el área izquierda y la otra, la zona derecha, de modo que, al mirarse en ellas, los personajes quedarán situados el uno frente al otro.

Las alcobas aparecen ocultas al público por unas cortinas de un tono gris o crudo - una para cada alcoba -  como si se tratara de los visillos de un ventanal o balcón.

Como mobiliario común, cada habitación dispondrá de un lecho adosado a la aparente pared central, delimitada por el espejo de dos caras.

La alcoba de FRANCIA es un estudio, y constará además de un caballete de pintor con su lienzo, tapado con una tela oscura, instrumental para pintar (paleta, tubos, pinceles…), algunos lienzos en blanco apilados contra la pared del fondo y una mesita con un teléfono, todo en coqueto desorden; la de PEREAS, de una mesa escritorio llena de papeles y libros y una silla. Sobre la mesa habrá también una botella de licor y un vaso.

Al descorrer las cortinas y asomarse, representa que los personajes se están asomando a la calle. Cada vez que se abran las cortinas, se dejará aproximadamente un metro sin descorrer, tras el que va a transcurrir toda acción que requiera permanecer fuera de escena.

La derecha y la izquierda son las del espectador.

 

Al abrirse el telón, las cortinas permanecen cerradas durante unos segundos, tras los cuales, FRANCIA descorre de un tirón la de su cuarto.

La mujer se asoma, representando que sale al balcón, y respira profundamente.

De súbito, se oye gritar a su madre.

 

MADRE                         (Tras la cortina y con auténtico desespero) ¡Francia! ¡Francia!

FRANCIA  (Volviéndose hacia la voz) ¿Qué ocurre, mamá?

MADRE      ¡Ay, Dios mío! ¡¡La rata!! ¡¡La rataaaa!! ¡¡ Que se me está metiendo en las bragas!! ¡¡Ayyyy!!

 

Francia corre hacia la alcoba de su madre enferma, desapareciendo tras la cortina.

Se oye un golpe sordo, como un manotazo a una almohada o al colchón.

 FRANCIA  ¡Se acabó, bicha inmunda!.(Pequeña pausa) Ya está, mamá. Ya no te molestará más.

 MADRE      ¿La has matado?

FRANCIA  Sí

MADRE      Pobre animal.

FRANCIA  Ni se ha enterado.

MADRE      No se lo merecía.

FRANCIA  Ninguno nos lo merecemos.

MADRE      ¡Mira qué agujeros me han hecho las moscas!

FRANCIA  (Saliendo de detrás de las cortinas) Luego te pondré unas gasas.

MADRE      Eso sólo se cura con cataplasmas de pichón.

FRANCIA  (Componiendo la cama) Luego te pondré unas gasas.

MADRE      ¿Sabes hacerlo? Tienes que escaldar el pichón vivo. Un pichón, sí, desde luego tiene que ser un pichón. Le dejas hacer

chup-chup, hasta que haya enriquecido el agua, y luego lo sacas y lo abres por la mitad… Le sacas el corazón. ¿Me oyes, nena?

FRANCIA  (Distraída) Sí, mamá. Le saco el corazón.

MADRE      Le sacas el corazón y lo echas de nuevo a la olla. (Melosa) ¿Tienes tiritas de colorines?

FRANCIA  (Mirándose al espejo) Sí, mamá. Te pondré tiritas de colores en las heridas.

MADRE      ¡Agujeros! ¡Son agujeros!

FRANCIA  (Arreglándose el flequillo) En los agujeros.

Pausa. FRANCIA continúa mirándose al espejo; se echa el flequillo para atrás y luego se reparte algunos mechones por la frente.

MADRE      (Rezando monótonamente)

Ave Purísima, que eres

bendita entre las mujeres,

Sagrada Virgen María,

no nos prives de tu amparo

ni de noche ni de día…

FRANCIA  empieza a tararear “Like a virgin” de Madonna.

MADRE      (En tono lastimero y más alto)

         ¡Ay Virgencita elegida!

         ¡Ay Virgencita gloriosa!

         ¡Sáname esta lenta herida

         con tu lengua milagrosa!.

         (Con voz apagada)

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… Amén.

 

La mujer se calla. Solamente se sigue oyendo el canturreo de FRANCIA.

Suena el teléfono. FRANCIA va a la mesita y descuelga.

 

FRANCIA  (Al aparato y con voz sensual) ¿Sí? (Aguarda un par de segundos. Parece que nadie le responde. Vuelve a inquirir, esta vez más secamente) ¿Hola?.

(Atiende. Su rostro empieza a demudarse… Se muestra ostensiblemente nerviosa) No (Resulta evidente que la persona que está al otro lado del hilo telefónico le está diciendo algo que la inmuta profundamente) ¡Es que yo no quiero verte! (Escucha. Empieza a alterarse mucho) ¡No! ¡Se acabó todo!. ¿Es que no lo entiendes?... ¡No!... ¡No!... ¡Si lo haces, te aseguro que llamaré a la policía!.

Cuelga el teléfono, temblorosa. El timbre vuelve a sonar a los pocos segundos. FRANCIA descuelga y escucha.

FRANCIA  (Descomponiéndose) ¡Te juro que llamo a la policía! ¡Ahora mismo!.

Vuelve a colgar. Enseguida levanta de nuevo el auricular, duda unos segundos y al final lo deposita sobre la mesilla.

Se sienta en la cama. Permanece unos instantes con la mirada perdida…

Finalmente hunde la cabeza entre los brazos y se echa a llorar.

Suena el timbre de la puerta. FRANCIA se levanta y desaparece otra vez tras las cortinas. Representa que abre la puerta y entra MARCIA.

MARCIA    (Entrando, seguida de FRANCIA) He perdido las llaves, chica. Lo siento, llego tarde. Demasiado tráfico… No, la verdad es que tengo un problemón que no veas… ¡Si te lo digo yo que todo me sale mal!. ¡Si es que la que nace estrellada…! ¡Si es que la que nace para escombro…! (Observando a FRANCIA) ¿Estás resfriada?.

FRANCIA  (Sacando un pañuelo de su bolsillo y sonándose la nariz) Sí, un poco.

MARCIA    ¡Qué le vamos a hacer!. (Mirando al suelo) Pero mira que se lo he dicho mil veces: “Miki, que me llames si te quedas a dormir en casa de un amigo”. (Mirando de nuevo a FRANCIA) ¿Llamaste tú?

FRANCIA  (Conmocionada) ¿A quién?

MARCIA    (Observándola con extrañeza) No, mi hijo, digo… Que le tengo dicho que me llame si se queda a dormir en casa de alguien.

 FRANCIA  Ah.

MARCIA    (Yendo de un lado a otro de la alcoba, descargando adrenalina…)Pues que voy y cojo el coche, con el corazón saliéndoseme del pecho a eso de las cinco de la madrugada, porque veo que el crío no ha llegado. Meto primera, segunda, tercera… Me sale una bicicleta de no sé dónde y me la llevo por delante…

FRANCIA  ¡Dios mío, Marcia! ¿Atropellaste a alguien?

MARCIA    ¿No te digo? ¡Un viejo con la frente chorreandito de sangre!. Le pregunto si está bien y me dice que ¡qué va a estar bien si le acabo de matar!. (Ve el teléfono descolgado, se acerca a la mesilla y lo cuelga). Le hago subir al coche. Le llevo al hospital. Se lo entrego a un celador, que me dice que aguarde en la sala de espera, que me van a tomar los datos; y monta al viejo en una camilla, mientras éste parece agotar sus últimas fuerzas balbuceando “¡Asesina! ¡Esto es un mal bicho! ¡Asesina!”; y yo trato de disimular, y de paso aprovecho para preguntarle a la señorita del mostrador si les han traído a un joven que se llama Miguel Guillón. Ella consulta y dice que le sale un tal Manuel Gubau, o algo así, varón de unos cuarenta años, que ingresó cadáver a  eso de la medianoche. Le digo que lo siento mucho por la familia de este señor, pero que a mí en principio el finado no me tocaría en nada.

Total, que me voy.

FRANCIA  ¿Y el herido?

MARCIA    (Extrañada)¿Cuál?

FRANCIA  (Extrañada, también)¡El viejo!.

MARCIA    ¿El mío?

FRANCIA  ¡Sí, Marcia, caramba! ¡El anciano que atropellaste!.

MARCIA    ¡Ahí está! ¡Ahí está lo que te digo!: (con gesto compungido) Que lo dejé allí.

FRANCIA  (Asombrada) ¿Te fuiste del hospital sin saber si el hombre sobreviviría o no?

MARCIA    ¿Y qué querías que hiciera? ¿Que me quedara a esperar a que viniera la policía? ¿Y mi niño?

FRANCIA  Bueno, eso: ¿Y tu niño?

MARCIA    ¡Durmiendo en casa de la novia!

FRANCIA  Vaya. ¿Miki tiene novia?

MARCIA    (Paseando de nuevo por la alcoba, nerviosa)¡Por lo visto!. Yo soy la primera sorprendida.

Esto de que Mario se pase el día viajando… ¡Es que entre todos me van a matar!.

FRANCIA  (Estremeciéndose de repente) Mario… ¿está de viaje?.

MARCIA    (Sin prestarle apenas atención) Sí, como siempre.

Total, que me llama el chaval al móvil y me dice con voz soñolienta que se queda a dormir en casa de la novia…

¡Si es que yo sola no puedo con él, muchacha!

FRANCIA  (Dirigiendo su mirada al teléfono y tratando de disimular su creciente ansiedad) Así pues,  te llamó al fin.

MARCIA    ¡A buenas horas!. El coche ensangrentado como si hubiesen desollado un cerdo dentro. Yo, desquiciada, y para colmo de males, me encuentro con otro accidente: Un camión de mandarinas, volcado. Todo lleno de gente recogiendo frutas ¡y el pobre tipo ahí dentro, hecho papilla entre los hierros de lo que había sido una cabina!

FRANCIA  (Nerviosa, impresionada y a la vez molesta con la inacabable narración) ¡Dios, chica, que mañana tan desgraciada!

MARCIA    ¿Desgraciada, dices? ¡Para desgracia la que viene ahora!:

Se acerca un policía y me dice que qué me ha pasado. Yo le digo que a mí nada, que por qué lo pregunta. El hombre asegura que es algo que acostumbra a preguntar a todo aquél que circula en un coche empapado de sangre… Me empiezan a entrar unas ganas locas de hacer pipí…

Le cuento que atropellé un perro y lo cargué para llevarlo al veterinario.

Dice que ya; que no me mueva de ahí que me van a tomar los datos.

¡Si es que todo el mundo me quería tomar hoy los datos!. Aprovecho que el otro agente le llama - porque al parecer se había iniciado una pelea entre varios de los que recogían mandarinas - y yo doy marcha atrás en plan bestia y luego giro a la izquierda, saliéndome de la calzada; me meto en un bosque, sorteo los árboles de la peor manera posible, cargándome en la operación el retrovisor derecho, pillo al fin una carretera que va a dar a la principal… pero a unos dos metros de altura de ella. Doy media vuelta y enlazo otro camino… Rebaño de ovejas… Toco el claxon, más histérica aún que la Maura en la peli del Almodóvar y ¡lo único que consigo es que el pastor culmine el espectáculo de luz y sonido golpeando el faro derecho de mi coche con su bastón!.

¡En serio, tía, que Jean Claude Van Damme al lado mío es Frodo Bolsón antes de salir de la Tierra Media!. (Se sienta en la cama) Bueno, en fin. ¿Cómo está tu madre?

FRANCIA (Ya ostensiblemente nerviosa) Se ha dormido. Le di una y media de tranquilizante.

MARCIA    Tampoco te pases, nena. ¿Es compatible con la medicación?

FRANCIA no responde. Se dirige al caballete y quita el paño que cubre el lienzo. El cuadro representa el retrato de un hombre moreno de profundos ojos oscuros y tupidas cejas. En todo caso puede adecuarse a la fisonomía del actor que represente a Pereas).

MARCIA    (Observándola con atención) Nena, ¿te pasa algo?

FRANCIA  (Sin mirarla) No. ¿Qué me va a pasar?

MARCIA    (Contemplando el cuadro) Yo creo que a ti te hace falta un hombre.

FRANCIA  (Doblando el pañuelo) Déjalo Marcia, ¿quieres?

MARCIA    Lo tuyo con este poeta ya es jodida obsesión

FRANCIA prepara el instrumental sin hablar.

MARCIA    ¿Vas a pintar, entonces? ¿No irás hoy a la academia?

FRANCIA  No. Me quedo en casa.

MARCIA    ¡Ah, pues perfecto!. (Se levanta y consulta su reloj) Tengo que hacer unos recados. ¿Te viene mal que salga ahora, mientras tú trabajas?.

FRANCIA  (Distribuyendo un chorrito de cada color en la paleta) Tómate el tiempo que quieras.

MARCIA    (Se va al espejo y empieza a examinarse el rostro) Lo primero que voy a hacer es ir a lavar el coche. (Volviéndose hacia FRANCIA, súbitamente temerosa)¡Ay! ¿Tú crees que me habrán cogido la matrícula? (Recuperando de nuevo su talante despreocupado) ¡Qué va, qué va! ¡Si estaba superoscuro! ¡Cómo me la iban a coger!... (Temerosa de nuevo) Bueno, creo que tan oscuro no estaba… ¡Ay! ¿Y si me la han cogido? (Observando con detalle la pintura y dando la sensación de que de repente se olvida de todo) ¡Chica, pintas de maravilla! ¡Parece que le estés dando la vida de nuevo!.

Francia sonríe y empieza a dar pequeños retoques al cuadro.

MARCIA    (Contemplándola)¡Hay que ver!. Una lavando viejos y la otra, pintora de élite. ¡Y yo que me sentía la gran triunfadora cuando Mario me escribió esa carta!.

FRANCIA (Sin dejar de pintar) Y ¿quién te dice que no seas tú la gran triunfadora?

MARCIA    (Mirándola con curiosidad) ¿Estás de coña?

FRANCIA  (Mirándola a su vez, sin asomo de sonrisa) En absoluto.

MARCIA    (Sentándose de nuevo en la cama y con gesto de gran aflicción) Yo sé perfectamente que Mario me la pega con otra. Otra guión as… ¡Con todo quisqui, vaya! (Triste) Francia, qué distinto es todo ahora. ¡Qué felices éramos con nuestras movidas y nuestro tecno-rock y nuestras falditas de maripilis! ¡Qué años aquéllos! (Melancólica) Mecano… The ant and the animals… Electrich Light orchestra… David el gnomo…

FRANCIA  (Volviendo a sonreír) Eres una nostálgica.

MARCIA    Sí, sí, nostálgica… ¡Que nos hacemos viejas, tía!

(Levantando los brazos) ¡Mira qué colgajos! ¡Si esto, más que un cuerpo, parece ya el traje de un mendicante!. ¡Hasta mi hijo se atreve a meterse conmigo! Pues ¿no me soltó el otro día… “Mamá, ¿y ese pedazo de culo respingón que antes tenías? ¡Se te ha caído todo!” y yo, claro, en mi estilazo de muerte “¡Pues lo recoges y cierras el pico, maldita sea!”. ¡Cría cuervos…!.

(Con cierto desdén) Pero claro, como tú ya tienes tu diversión, te puedes permitir el lujo de mofarte. (Observando el cuadro) La verdad es que no estaba nada mal, el muchacho… (FRANCIA la mira de reojo, con expresión oscura. MARCIA sigue ponderando la imagen) Pero nada, nada mal… ¡Lástima que fuera gay!. (Se levanta) Bueno, me voy. Tú sigue pintando, nena, que es lo tuyo. ¡Bye, bye!.

MARCIA sale. FRANCIA deja la paleta y el pincel,  se acerca a la mesita y vuelve a descolgar el teléfono.

Su expresión es ahora de desasosiego. Cubre de nuevo el lienzo y se tiende en la cama.

Permanecerá así durante toda la escena siguiente.

Se descorre la cortina de la alcoba contigua.

Dos hombres en la habitación. Llevan indumentaria estilo años veinte.

Uno está tendido en la cama. Se trata de PEREAS.

El que ha descorrido la cortina es ENEAS.

ENEAS       ¡Un poco de luz, Dios mío! ¿Cómo puedes vivir en esta sempiterna oscuridad, chico?

PEREAS     (Con los ojos cerrados y, sin moverse. Imitando la voz de un autómata ) Estoy apagándome… Estoy apagado… No estoy. Chic.

ENEAS       (Adelantándose ligeramente en dirección al público, como si saliera al balcón) Resplandeciente día (Respira a fondo) ¡Entrad, migajas de luz; venid a derramaros en la cama frenética del bardo dormilón! (Se vuelve hacia PEREAS, que finge dormir) Si al menos roncaras… tendría entonces una excusa para echarte medio sifón encima.

PEREAS     (Sin abrir los ojos) Mójame un pelo y te dejo eunuco de un mordisco.

ENEAS       (Pícaro) ¡Qué más quisieras, pillín!

PEREAS     (Sonriendo con los ojos aún cerrados) Cierra la ventana, ¿quieres?.

ENEAS       No voy a hacerlo, desde luego. ¡Muchacho, esto huele a rancio!

PEREAS     (Abriendo al fin los ojos y en tono grave) Pueden verme.

ENEAS       No te verán. No te obsesiones, chico. En un par de meses se soluciona todo.

PEREAS     (Incorporándose, angustiado) ¡Yo no fui, Eneas! ¡Yo no les delaté! ¡Jamás lo haría! ¡Soy un hombre! ¡Un hombre de honor!.

ENEAS       Nadie lo pone en duda.

PEREAS     ¡Ellos sí! ¡Ellos creen que los vendí a todos!. ¡Cielo santo! ¡No puedo entender esa repentina violencia! (Mirando a ENEAS con estupefacción) ¡Son filósofos! ¡Iniciados en los poderes de una sabiduría milenaria!

ENEAS       (Mirándole gravemente) No puedo entender cómo te metiste en eso, Pereas.

PEREAS     (Recostándose de nuevo) Ya sabes cómo me sentía… La pérdida de Rafael fue un golpe terrible…

ENEAS       (Bajando los ojos, incómodo) Lo sé, lo sé…

(Mirándole con cautela) Pero… conseguiste superarlo, ¿no?. Pudiste liberarte al fin de… todos tus recuerdos…

PEREAS     (Muy seguro de sí mismo) Uno no necesita ni quiere liberarse de sus recuerdos cuando se siente amo y señor de ellos.

ENEAS       (Mirándole oscuramente) Pereas… No seguirás conservando eso ¿verdad?.

PEREAS     (Sonriéndole) ¿Quieres verlo?

ENEAS       ¡Por el amor de Dios! ¡No!. (Se santigua)

 ¡Bendícelo al menos!.

 PEREAS     (Socarrón) ¿Y tú eres el que habla siempre de escepticismo?

ENEAS       ¡Por favor, Eneas! ¡Reconoce al menos que no es normal!.

PEREAS     ¡Bendita anormalidad! ¡Que viva mil veces la rareza! Lo raro es genial, ¡Es único!. Lo raro es la expresión más valiosa del alma; la auténtica.

ENEAS       (Con mala intención) ¿Cuánto hace que no ves a Tulio?.

PEREAS     (Serio) ¿A qué viene eso ahora?

ENEAS       (Evadiendo la mirada) Se me ocurrió…

PEREAS     (Contemplándole con displicencia) Es curioso lo que ocurre entre nosotros, Eneas.

Resulta que todo aquello que tú consideras un grave defecto en mi naturaleza, te avergüenza a ti y a mí en cambio me enorgullece.

¿Sigues pensando que hay una Verdad única para todo el mundo?

ENEAS no responde; permanece unos segundos oteando por la ventana. PEREAS queda meditando, con los ojos fijos en el techo…

ENEAS       (Fijándose en algo) ¡Mira, allí está Iaín! (Agitando el brazo, tratando de llamar la atención del amigo que está en la calle) ¡Eh, eh, Iaín!.

PEREAS     (Incorporándose de un salto y apartando a ENEAS  de la ventana,  de un tirón) ¿Estás loco?

ENEAS       (Soltándose, con disgusto) ¡Esta es mi casa y puedo saludar a quien quiera!. ¿Acaso no te das cuenta de que una ventana permanentemente cerrada puede llamar muchísimo más la atención?

PEREAS se queda mirándole sin decir nada. Regresa después a su lecho y vuelve a acostarse.

ENEAS       (Con gesto de preocupación) ¿Qué te pasa, muchacho?. Estás descompuesto, oscuro… ¿Qué tienes, Pereas?.

PEREAS     (Con el rostro convertido en una máscara de pánico) ¡Miedo! (Abriendo mucho los ojos para fijarlos en los de su amigo) ¡Y más miedo!.

ENEAS       (Aparentemente asustado) ¿De qué? ¿De quiénes? ¿De los emanantistas?... ¿De qué otros? ¿Quién más te acecha, Pereas?. ¿Me ocultas algo?.

PEREAS     (Con expresión grave) Miedo de no culminar. Miedo de no encontrar. Miedo de permanecer en esta oscuridad que ya me abruma y me domina…

Suena la campana de la puerta..

ENEAS       (Vacilante) Es Iaín.

PEREAS     No quiero ver a nadie.

ENEAS       De acuerdo, de acuerdo. Saldré a atenderle y le propondré ir a dar una vuelta para tomar algo. (Mirando intranquilo y fijamente a PEREAS) ¿Estás realmente bien, muchacho?

PEREAS     No. Pero no te preocupes por mí.

ENEAS vacila unos instantes, pero al final sale, dejando a PEREAS sumido en un océano de oscuros barruntos.

Durante unos momentos permanecen FRANCIA y PEREAS en idéntica postura, tendidos en sus respectivos lechos, con los cuerpos inmóviles y los ojos abiertos y fijos en el techo …

De pronto, FRANCIA empieza a moverse suavemente…

FRANCIA  (Susurrando) Pereas… Pereas…

PEREAS se vuelve hacia ella, apoyando su cabeza en el brazo.

FRANCIA habla con los ojos cerrados, moviéndose con sensualidad.

Mi amor… Tanto tuyo llevo dentro que casi me olvido de mí misma. Amor… Mi amor… Persigo tus labios a lo largo de las infinitas vastedades de mi pecho…

PEREAS se incorpora y se sienta ante el escritorio. Toma papel y lápiz y empieza a recitar:

PEREAS     “Amar es amarte a ti. Lo demás es otra cosa…

Lo demás es sólo arder; estallido de botones de sangre ardiente, en la carne que se aviva y que se ofrece… Carne que en carne macera, anhelante y entregada… Dúctil al tacto… Gozosa maravilla de la carne”.

FRANCIA, aún con los ojos cerrados sonríe y respira agitadamente.

PEREAS calla y empieza a escribir. FRANCIA continúa recitando…

FRANCIA  “Amarte a ti sí es amar. Ser un mismo amante, un solo amante en su soledad… Corazón poderosísimo que desarzona a la muerte galopando hacia el milagro…”

PEREAS deja de escribir y levanta la cabeza. FRANCIA se levanta de la cama y se dirige al espejo.

FRANCIA  (Acariciando sin voluptuosidad, muy suavemente su cuerpo mientras contempla su imagen reflejada) Amor mío… Tan ajeno y tan intensamente vivido…

PEREAS se levanta a su vez, como si la oyera, y se acerca también al espejo, acariciando su propia imagen reflejada en la luna.

PEREAS     Temo perderme porque temo perder a la vez la maravilla…

FRANCIA  (Acariciando, sin apenas rozarlo, el espejo) No deseo acariciarme, pues no quiero perturbar el vello en celo de mi piel.

(Mirándose al espejo, como si en realidad mirase mucho más allá de su propia imagen) Pereas…

PEREAS     (Mirando igualmente muchísimo más allá del cristal) ¿Dónde estás, espíritu que anhelo?…

De repente se oye un ruido, como de algo que estalla contra un cristal. PEREAS se vuelve hacia la ventana (en dirección al público), alarmado. FRANCIA se lleva rápidamente la mano al corazón, como si de repente hubiese notado algo, un salto, una palpitación violenta, la pérdida de un latido… Y en una sucesión rapidísima de acontecimientos (objeto que golpea el cristal, gesto de PEREAS, sobresalto de FRANCIA…) se escucha seguidamente la voz de la MADRE.

MADRE      (Aterrorizada) ¡Francia! ¡Francia!

PEREAS corre precipitadamente la cortina de su habitación. FRANCIA corre también la suya.

MARCIA descorre la cortina de la alcoba de FRANCIA.

MARCIA    (Hablándole a FRANCIA que permanece fuera de escena)¡ Mira que llegas a ser rara, chica!. Te lo he dicho mil y te lo repetiré otras cuatrocientas mil veces más.

FRANCIA  (Despidiendo a alguien, tras la cortina) Gracias, muchas gracias, Lucía. Gracias. Adiós, adiós. (Apareciendo en escena) Me quedé dormida, ya te lo he dicho…

MARCIA    ¡A los pies de la cama de tu madre! ¿Qué se supone que estabas haciendo ahí, Francia? ¡Menudo susto me has dado!.

¡Suerte que estaba la vecina! ¡Ya me dirás cómo hubiese entrado, si no! ¡Igual te mueres y nadie se entera!.

FRANCIA  (Soñolienta) Me dio un ataque de ansiedad y me tomé una pastilla de las de mamá.

MARCIA    ¡No, si esto al final se va a convertir en “Psicodelia drugs”! ¿Quién te ha mandado a ti tomarte las pastillas de tu madre?

FRANCIA  Son tranquilizantes, Marcia. De cincuenta miligramos .

MARCIA    ¡De película de romanos! ¡A mí me la vas a dar con queso!. ¿Qué te metes, Francia? Porque tú no estás fina…¡Dime la verdad!.

FRANCIA  ¡Ay, Marcia, no sé por qué has vuelto tan pronto!¡Déjame, por favor!. Necesito pensar…

MARCIA    ¿Que necesitas pensar? ¿Pensar en qué? ¡Lo que tú necesitas y con urgencia es que te metan un polvo de esos que te curan el acné para siempre!.

FRANCIA  ¡Ay Marcia!

MARCIA    (Imitándola con sorna)  ¡Ay Marcia! ¡Ay Marcia!. ¿Te parezco vulgar, señorita respingona y estreñida? ¿Sólo porque no me callo las verdades que son como puños?

FRANCIA  Me estás hiriendo.

MARCIA    ¡Y más que te voy a herir, a ver si despiertas de una vez de todos tus sueños alucinatorios!. (Cuelga el teléfono, con furia)

Mírate, Francia: Treinta y siete años, con el cuerpo aún milagrosamente en flor - ¡que ya tiene su grandísimo mérito! - ¡y haciéndote pajitas con el retrato de un poeta muerto hace más de un siglo!.

FRANCIA  (Realmente ofendida)¡No estoy dispuesta a tolerarte ni un segundo más tus impertinencias!

MARCIA    (Desafiándola) ¿Impertinencias? ¡Te estoy hablando de paranoias, tía! (Golpeándose con un dedo la sien) ¡Que estás loca! ¡Lo-ca!.

FRANCIA  (Irritada) ¡Sal ahora mismo de esta casa!

MARCIA    (Sarcástica) ¿Para qué, si me vas a llamar a los veinte minutos?. ¡Sabes que no vas a encontrar a ninguna otra asistenta que te cobre sólo a seis euros la hora para cuidar de tu madre!. (Mirándola despectivamente) ¡Si ni siquiera para cuidar de tu madre sirves!.

FRANCIA  (Empujándola con rabia y chillando) ¡Sal de  aquí de una puta vez!

MARCIA    (Con desprecio) ¡Que te den!. Sale.

FRANCIA se sienta en la cama y oculta el rostro entre las manos. Después se aparta el pelo de la cara, se levanta y vuelve a quitar el paño que cubre el lienzo. Se queda contemplando el retrato de PEREAS; le acaricia el rostro y le besa en los labios…

 Vuelve a sentarse en la cama, mirándole con infinita ternura.

FRANCIA  ¡Qué triste desconocer para siempre la tibieza de tu aliento y el roce de la carne de tu boca…! ¡Qué triste…

Suena el teléfono. FRANCIA pega un respingo.

FRANCIA  (Con voz grave) ¿Sí? (Escucha, temblando… A continuación empieza a relajarse y su voz se suaviza) Sí, soy Lonely (Escucha y después habla con mucha sensualidad) Por supuesto que sí, cariño (Escucha. Sonríe) Llevo un camisón negro, muy muy cortito (Escucha) Sí, medio culito redondo, cálido, humedecido y respingón… (Escucha y después responde, con voz cantarina) No, no, no… No te conformes con tan poco, mi semental. Puedes tenerme en toda mi espléndida tibieza. (Escucha) Sí, sí, esa es la dirección. (Escucha) Sí, es un piso… (Escucha) Eso te lo digo cuando llegues, mi amor (Escucha y se echa a reír, provocativa) ¡Oh, pero menos de trescientos… Cuando me conozcas te parecerá una ganga! (Escucha y sonríe) ¿Ah, sí? Pues ven pronto, que ardo en deseos de comprobarlo… (Escucha con gesto de impaciencia y mira su reloj) No, mi amor, ya te lo he dicho: Tienes que venir (Escucha) ¿Amor? (Escucha) ¿Oiga? (Escucha y pone gesto de fastidio) Pero ¿va a venir usted a casa o no? (Escucha y después cuelga, con rabia) ¡Maldita sea! ¡Qué cabrón! ¡Ya se ha servido solo!. (Su rostro se demuda. Cobra una expresión de infinita tristeza. Se levanta y se acerca al espejo. Se mira unos instantes y luego le pega un manotazo a su propia imagen, echándose a llorar.)

En la habitación de al lado se oye la voz de PEREAS y ella deja de llorar y atiende, pegando el oído al espejo.

PEREAS     (Hablando tras las cortinas) ¡Tulio! Pero… ¿Cómo sabías que estaba aquí? ¿Cómo has entrado?

TULIO        (Descorriendo la cortina y con ironía) Abajo hay una puerta. Por ahí entré.

PEREAS     ¿Cómo sabías…

TULIO        ¿Que estabas aquí? (Mirándole con enigmática sonrisa) Me lo dijo una mujer.

PEREAS     (Intrigado y asustado) ¿Una mujer?

TULIO        (Se acerca a la mesa del escritorio y se sirve un vaso de licor)Sí. Una mujer despechada que trató de seducirte sin conseguirlo (Acercándose sensual a PEREAS) ¡Pobrecita, qué lástima!. Tuvo menos suerte que yo, ¿verdad, culín de cereza?.

PEREAS     (Incómodo) ¿Analía?

TULIO        (Sonriente) Todos dicen que es guapísima (Bebe un trago y le mira, con intención) ¿Tú no?

FRANCIA se aparta lentamente del espejo, cruzando sus manos sobre el pecho, con angustia. Se queda plantada en el centro de su alcoba, de cara al público.

PEREAS     (Muy asustado) ¿Quién se lo dijo a ella?

TULIO        (Riéndose)Tienes unos amigos íntimos demasiado apasionados, que pierden el norte entre los muslos de una cálida gacelita…

PEREAS     (Atónito) ¡Eneas!

TULIO        (Deja el vaso, sonriéndole y se acerca aún más a él) Hermoso ejemplar de hombre.

PEREAS  parece muy asustado, a punto de perder el control. TULIO, por el contrario, parece gozar enormemente del momento.

TULIO        (Acariciando con mucha sensualidad el brazo de PEREAS) ¿Aún no has hecho el amor con él, corazón?.

PEREAS se aparta, tembloroso y molesto. TULIO  vuelve a aproximarse y le acaricia, apretándosela, una nalga. FRANCIA se cubre la boca con las manos. PEREAS reacciona con cierta violencia, empujando a TULIO, que cae sobre la cama, pero no pierde la sonrisa.

TULIO        ¡No sabes cómo me ponen tu fuerza y tu hombría!

PEREAS     (Nervioso) No quiero hacerte daño, Tulio. Vete, por favor.

TULIO        (Con expresión tierna) ¡Me quieres!

PEREAS     (Sin mirarle) Tulio …

TULIO        (Menos irónico) No puedes olvidar esa noche, ¿verdad?.

PEREAS     No me obligues a hacerte daño.

TULIO        (Serio) No has olvidado esa noche, ¿verdad, Pereas?

PEREAS     (Encarándose a él, mirándole fijamente a los ojos) Escúchame bien, Tulio: Aquello fue, durante un tiempo, una realidad muy hermosa. Pero ya no es, mi querido amigo. Ya no es.

No olvidé esa noche. Amo esa noche… Y sin embargo, no siento deseos de que se repita.

TULIO        (Con ira) ¡Marica de mierda! ¿Te avergüenzas de haberme amado?.

PEREAS     (Sosteniéndole la mirada) Jamás me avergonzaré de amar. Pero ahora…

TULIO        (Desdeñoso) ¿Ahora qué? ¿Te has enmendado? ¿Encontraste el camino bueno? (Con maldad) ¿Por eso delataste a los que te habían guiado hasta él?

PEREAS     (Mirándole, aterrorizado) ¿Qué sabes tú de eso?

TULIO        (Riéndose) ¡Anda llena la ciudad! (Desafiándole con la mirada) Te buscan por todos los rincones para matarte como la maldita rata de alcantarilla que eres. (FRANCIA se lleva la mano al corazón y empieza a doblarse sobre sí misma, como si un gran dolor la oprimiera. PEREAS se apoya en el escritorio, aterrorizado… TULIO se dispone a salir, pero antes habla por última vez). Sólo tienes que llamarme, una vez sola… (Irónico)  Y tu alma sanará para siempre. (Sale)

PEREAS queda en el centro de la habitación, inmóvil, con una expresión muy grave en el rostro y el cuerpo abatido.

FRANCIA  sigue con la mano en el corazón, también en el centro de su alcoba. Permanece alerta, como si aguardara algo.

PEREAS se va acercando lentamente al espejo. Se mira, apoya una mano en la luna e inclina la cabeza.

PEREAS     (Desolado) ¡Dios mío!

FRANCIA parece oírle. Se vuelve de nuevo hacia el espejo y apoya las dos manos en la luna, mirando a través de ella.

PEREAS     (Levantando el rostro) Mi silencio… ¿Qué llevas dentro de ti que necesito tanto y tanto me duele? (Hablándole a su propia imagen) ¡Oh, amigo mío, si pudiera abrazarte, tocarte, sentirte, como a otro que me es intensamente y que intensamente me desea…! ¡Si pudiera tenerte, precisamente ahora que el mundo sobre mí se desmorona…! (FRANCIA escucha, respirando agitadamente) ¡Oh, sí! ¡Te estoy llamando! ¡Te llamo a ti, a ti, mi ser profundo, mi mentor, mi guía…! ¡Te llamo a ti, que habitas más allá; muchísimo más adentro de mi querida imagen…! A ti. Porque te amo. (Amargamente) ¡Ay! ¡Ay, cuando ya no haya espejos…!.

FRANCIA  (Llorando y hablándole a PEREAS) ¿Amaste sólo al hombre? ¿Era tal vez a ti mismo a quien amabas?...

PEREAS     (Lleno súbitamente de dicha) ¡Oh, pero si estás aquí! ¿Cómo te revelas así, tan de repente?

FRANCIA  (Aferrada al espejo) ¿A quién buscabas? ¿A quién? ¿Para quién era la carne de tus labios? ¿Para quién el negro bosque de tu pelo? ¿Para quién el roce amargo de tu piel…?

PEREAS     (Apasionado) Para ti mi océano, mi lluvia, la plétora de mi amor. Para ti lo que soy, lo que fui… lo que el destino quiera que sea…

FRANCIA se aparta del espejo, temerosa. Al cabo de unos instantes, respirando agitadamente, se vuelve a acercar, con cautela.

FRANCIA  (Vacilante) ¿Pereas? (Permanece unos segundos  a la expectativa, como si aguardara la respuesta del otro) Pereas… yo… (Soltándose al fin) ¡Oh, yo te quiero! ¡Te necesito! ¡Vivo en tu nombre! ¡No soy ya más que el dolor de no tenerte!.

PEREAS     (Con mucha pasión y gozo) En mí habitas. Me liberas del silencio. Es tu amor tan poderoso que me fluye como el río de la sangre por las venas… En ti habito. Llenaré tus soledades de esa luz que me desborda, hasta que muera…

FRANCIA  (Cayendo lentamente de rodillas, apretando su cuerpo contra el cristal) ¡Oh Pereas, mi amor! ¡Mi gran amor!.

PEREAS     (Cayendo también de rodillas, en idéntica postura y sonriendo, enternecido) ¡Oh, qué caudal! ¡Qué caudal!.

Telón

FIN DEL ACTO I

  

 

acto ii

Al abrirse el telón, las dos alcobas permanecen con las cortinas abiertas.

La de PEREAS está vacía. En la otra, FRANCIA, con un vestido extremadamente provocativo, anda nerviosamente de un lado para otro, como aguardando algo. Suena el teléfono. La mujer pega un respingo, se sienta en la cama y descuelga el auricular.

 

FRANCIA  ¿Sí? (Escucha y responde, melosa) Sí, sí, la calle de los Pinos, efectivamente (Escucha) El cuatro. Cuarto primera (Escucha. Se mueva con cierta impaciencia) Cuatro, cuatro. El cuatro es el número de la calle. (Escucha y con la otra mano hace el gesto como de dispararse en la sien) Sí, y cuarto es el piso. Primero, segundo, tercero y cuarto (Escucha y ríe de cortesía) Ja, ja; claro, sí, con esas dioptrías es lógico… (Escucha, mientras simula pegarse puñetazos en la frente) Je, je; vale, hasta luego, corazón. (Cuelga dando un golpe y menea la cabeza) ¡Dios! ¡Qué cruz!.

(Desaparece unos instantes tras las cortinas y al poco regresa) Bien, el sedante hizo efecto al fin. (Se mira en el espejo. Sigue hablando para sí) Estoy hermosa. Si él pudiera verme ahora… Si pudiera alargar sus dedos y rozarme siquiera el aura… (Se lleva la mano al pecho y le habla a su corazón) ¡Perdóname, mi amor!. ¡Entiende la profunda voracidad de mi carne!. (Vuelve a sonar el teléfono. FRANCIA descuelga) ¿Sí? (Escucha y al momento se lleva la mano libre a la frente, meneando la cabeza, en un exagerado gesto de impotencia. Agarra el auricular con las dos manos y simula estrangularlo; después responde, con paciencia digna de Job). Sí. Muy bien. Ahora simplemente tenías que tocar el timbrecito del cuarto primera (Escucha y responde, sin molestarse ya en seguir siendo cortés) ¡No!. ¡Basta!. Te abro y subes de una p… vez (Melosa de nuevo) ¿Vale, corazoncito?.

Cuelga y desaparece tras las cortinas. Vuelve a entrar enseguida y se recuesta en la cama, adoptando una postura sensual.

A los pocos segundos aparece CAMPEÓN, un individuo de mediana edad, con unas gafas tremendas de cristal graduado hasta lo imposible.

 

CAMPEÓN (Esbozando una sonrisa de oreja a oreja) ¡Hola! ¡Al fin llegué! (Ríe como una hiena) hi, hi, hi… Me llamo Tomás; pero habíamos quedado en que yo sería Campeón, ¿verdad?.

FRANCIA  Pues sí. Vaya, eso me dijiste tú: que preferías no darme tu nombre y que te llamara Campeón…

CAMPEÓN (Apuntándola con el dedo índice) ¡Correcto! (La mira con admiración) ¡Eres lista!... ¿Lonely?.

FRANCIA asiente, sonriendo y le invita a sentarse en la cama. CAMPEÓN se acomoda junto a ella y se fija en el caballete con el lienzo.

CAMPEÓN (Señalándolo) ¡Vaya! ¿Qué es esto?

FRANCIA  (Con suma paciencia) Pues un caballete con un cuadro. Soy pintora.

CAMPEÓN (Exagerando el gesto de sorpresa, con grandes aspavientos) ¡Qué me dices! ¡Eres pintora! (Señalando el cuadro) ¿Me permites?.

FRANCIA  (Sonriente) Por supuesto.

CAMPEÓN se levanta y quita delicadamente el paño que cubre el cuadro. Al ver el rostro de PEREAS, lanza una exclamación de asombro.

CAMPEÓN (Sorprendidísimo) ¡Pereas Mouskovi!.

¡Qué designios divinos! ¡Qué casualidad de casualidades!

FRANCIA se estremece profundamente al escuchar el nombre de su amado. 

FRANCIA  (Interesada) ¿Le conoces?.

CAMPEÓN (Casi ofendido) ¿Que si le conozco? ¿Acaso hay alguien que no conozca al gran Mouskovi, el autor de “El pistilo de Adán”? ¡Pero si he leído todas sus obras!. (Observando al poeta con gesto compungido)¡Pobre muchacho!.

FRANCIA  (Mirando el retrato con infinita ternura) Sigue vivo por los siglos de los siglos en el alma de los que tan apasionadamente le amamos…

CAMPEÓN la mira con curiosidad. Ella sigue contemplando el rostro de PEREAS, calada de amor hasta el mismísimo tuétano del alma.

CAMPEÓN se sienta a su lado y le acaricia un muslo; ella pega un violento respingo, apartándose.

FRANCIA  (Ofendida) ¿Qué haces?.

CAMPEÓN (Confundido y azorado) Disculpa… ¿Cómo hay que hacerlo, entonces?.

FRANCIA  (Furiosa) ¿Hacer qué?.

CAMPEÓN (A media voz, dudando…) El amor, ¿no?.

FRANCIA se viene abajo. Observa durante unos instantes al confundido individuo de las lentes supersónicas y se echa a llorar desconsoladamente.

CAMPEÓN la mira, aún más desconcertado, sin saber qué hacer. Por fin se saca un viejo pañuelo, enorme, del bolsillo y se lo ofrece, dándole golpecitos en la espalda.

FRANCIA  (Levantando la cabeza y tomando el pañuelo, con el que se suena la nariz) Gracias. (Sonríe tenuemente) Lo siento mucho. Verás, no me encuentro muy bien, he tenido que vomitar y eso… Lo siento.

No te cobraré nada… es que…

CAMPEÓN (Triste y con la cabeza gacha) Entiendo. Pensé que quizás con una señorita de pago conseguiría hacerlo. (Mirándola con real arrepentimiento) Perdona, perdona. No caí en la cuenta de que las señoritas de pago sois mujeres de carne y hueso y no sólo máquinas programadas para dar placer. ¡Qué imbécil!.

FRANCIA  (Conmovida) ¡Oh, no es eso, Campeón!. Si yo no estuviera tan… (Sin terminar la frase le mira con ternura) ¡Oh, Dios! ¡Qué bestia soy! ¿Te he herido mucho?.

CAMPEÓN (Sonriendo) Bueno, digamos que ya tengo una especie de callo en esa pequeña área del corazón.

FRANCIA  Lo siento…

CAMPEÓN (Divertido) No, no te molestes… Déjale tendido, que así descansa mejor…

FRANCIA  (Vacilante) ¿Perdona?

CAMPEÓN Nada, nada.

FRANCIA  (Mirándole con atención) ¿Por qué llevas esas gafas?.

CAMPEÓN (Encogiéndose de hombros) No sé.

FRANCIA  ¿De verdad necesitas llevarlas? (Haciendo ademán de ir a quitárselas) ¿Me permites? (CAMPEÓN asiente. FRANCIA se las quita; pone cara de admiración) ¡Pero si tienes unos ojos preciosos!. No lo entiendo… ¿Y dices tú que tienes problemas para conocer chicas?.

CAMPEÓN No, yo no he dicho que tenga problemas para conocer chicas. Sólo dije que creía que acudiendo a una señorita de pago podría hacer el amor sin más preámbulos.

FRANCIA  ¿Te molestan los preámbulos amorosos?

CAMPEÓN No es que me molesten… Es sólo que no estoy acostumbrado a ellos. No estoy seguro de cómo debo tratar a las mujeres para conseguir … enardecerlas, avivarlas… Ya me entiendes.

FRANCIA  ¿Nunca has hecho el amor?

CAMPEÓN Yo no he dicho que nunca haya hecho el amor.

FRANCIA le mira a los ojos. CAMPEÓN le sostiene la mirada, sonriente.

FRANCIA  (Apartando los ojos de los de él y fijándolos en el cuadro) Dijiste que habías leído su obra completa.

CAMPEÓN (Volviendo su rostro hacia el del poeta) Sí. Me considero uno de sus más profundos admiradores.

FRANCIA  Yo también.

CAMPEÓN (Mirándola) ¡Ayayayay! ¡Qué no daría yo por que alguien me mirara con la décima parte de la ternura con que tú contemplas tu obra!. Buenísima, por cierto. Creo entender que le representas hacia el final de su vida, ¿verdad?. Aquí ya no luce sus célebres patillas de cíngaro…

FRANCIA  Efectivamente.

CAMPEÓN ¡Qué triste final para el nuevo Homero de la Poesía! (Mirando misteriosamente a FRANCIA) ¿Tú sabes quién le mató?.

FRANCIA  (Sobrecogida) Los de esa … secta, ¿no?

CAMPEÓN Bien… No era una secta… Era tan sólo un grupo de filósofos orientales; pero el nuevo Gobierno les presentaba como los seres más protervos de la Historia.

Piensa que sus expansivos postulados eran increíblemente atrevidos… Incluso hoy en día la sociedad sigue siendo demasiado primitiva aún para asumirlos.

FRANCIA  ¿Y por qué le mataron?.

CAMPEÓN (Sonriendo enigmáticamente) Eso fue lo que se dijo; se dijo que habían sido ellos. Pero la única verdad es que esos sabios fueron vilmente ejecutados… Exterminados, sería más exacto decir…

Pereas compartió con ellos su saludable filosofía, porque sentía que era la misma que iluminaba su vastísimo interior.

Alguien había hecho correr la voz de que había graves discrepancias entre ellos… Y, como antes te decía, piensa que era un grupo muy odiado y perseguido… ¡Qué gran oportunidad para el Estado acusarles de la muerte del mejor poeta de todos los tiempos!.

FRANCIA  (Mirándole más sobrecogida aún) Así… ¿No fueron ellos ?

CAMPEÓN ¿Cómo hubieses querido tú que fuera?

FRANCIA  (Desorientada) No te entiendo.

CAMPEÓN (Más enigmático aún) Tú no eres una admiradora. Tú estás locamente enamorada. Eres adicta a su nombre, a su verso, a su recuerdo… al aroma imposible de su piel…

FRANCIA  (Bajando los ojos, estremecida) ¿Cómo lo sabes?.

CAMPEÓN (Cogiéndole la mano con ternura) ¡Porque a mí me pasa lo mismo!

FRANCIA vuelve su rostro hacia él, atónita.

CAMPEÓN No te sorprendas, Lonely.

FRANCIA  (Titubeando) No… no me sorprendo… no.

CAMPEÓN Sí te sorprendes.

FRANCIA  Trato de entender… Bueno, creo que lo entiendo… Pero… no sé si lo entiendo de verdad…

CAMPEÓN (Divertido) Sí lo entiendes. Búscalo en el fondo de tu alma. Seguro que puedes entender eso y otras muchas cosas.

Tú tienes luz, Lonely; lo veo en tus ojos. Tú eres como yo.

Verás, hay una parte de mí que esta plenamente satisfecha de mí. Pero yo no soy solamente esa parte. Somos una infinidad de partículas itinerantes, que se abren y se cierran, que se imponen y autoinmolan a cada instante… (con repentina timidez) No sé… Tal vez yo lo sienta con más nitidez que otros…

FRANCIA  (Mirándole fijamente, con seriedad) ¿Cómo hubieras querido tú que fuera?.

CAMPEÓN          Tenía un amante. Un hombre joven…

FRANCIA  (Mirando el cuadro, con mucho amor) ¿Le mató él?.

CAMPEÓN (Mirando a su vez el cuadro con suma ternura) Sólo Dios lo sabe. (Pausa.Volviéndose hacia FRANCIA) Perdóname por lo que voy a decirte ahora, Lonely; no quisiera ofenderte (Vacila un poco. FRANCIA le observa atentamente, intrigada) Verás, no entiendo por qué haces esto. No… No acostumbro a preguntar estas cosas. Soy un tipo, si quieres tú, ambiguo y extraño … Pero trato de asumir intensamente la vida de los demás. Sin embargo… Verás, aunque respeto profundamente todo tipo de comportamiento humano porque entiendo que viene motivado por íntimas razones que nadie puede juzgar salvo el propio individuo… No puedo dejar de preguntarme…

FRANCIA  (Entristecida) ¿Por qué recibo hombres en casa?

CAMPEÓN A cambio de dinero.

FRANCIA  (Mirándole a los ojos) Búscalo también tú en el fondo de tu alma. (Sonriendo con tristeza) Tal vez pueda resultarte difícil de entender; también para mí es difícil de llevar… Pero es la única manera de poder vivir una relación segura y esporádica. No tengo tiempo de salir ni deseo para nada intimar con mis amantes… Cobrándoles se lo dejo claro. Saben a lo que vienen.

CAMPEÓN Pero…

FRANCIA  Necesito ser abrazada, Campeón. Necesito que alguien me abrace apasionadamente. Yo les doy placer y ellos me abrazan y me aman, y me pagan por ello. Nadie exige más que eso (Su rostro se ensombrece) Normalmente…

CAMPEÓN ¿Nunca te has enamorado?

FRANCIA  (Mirando el retrato de PEREAS) Perdidamente.

CAMPEÓN (Entristecido) ¿Quieres decir que has consagrado toda tu vida, tu juventud, tu raudal de amor y tu belleza a un sueño?

FRANCIA  (Casi indignada) ¡A un sueño! ¡No! (Mirándole con ojos chispeantes) ¡A él! ¡A él de verdad! ¡A él!.

CAMPEÓN Quizás estés equivocándote.

FRANCIA  ¿Es que no lo entiendes? ¡No puedo renunciar a esto que siento! ¡Jamás podré renunciar a él!. (Se echa a llorar con desconsuelo. CAMPEÓN la abraza. Ella se entrega, acurrucándose entre sus brazos.) ¿Cómo crees que me siento? ¡Mi madre está enferma y ni siquiera me veo capaz de cuidarle! Tengo que acudir a Marcia, una vieja compañera de estudios que trabaja de asistenta social. Ella lo hace prácticamente todo.

CAMPEÓN          (Acariciándola con ternura) No tienes por qué sentirte culpable de nada. Tu madre estará bien atendida entre tú y la asistenta… (Le besa en la cabeza)

FRANCIA  (Enternecida y susurrante) ¡Oh, Campeón! ¿Ves qué cosas? ¡Ahora mismo sí desearía locamente hacer el amor contigo!.

CAMPEÓN se aparta de ella ligeramente, para mirarla a los ojos.

CAMPEÓN ¿De veras?

FRANCIA  ¡Oh sí!

CAMPEÓN duda unos instantes. Después esboza una radiante sonrisa de niño complacido y se lleva la mano al bolsillo.

CAMPEÓN Soy bastante torpe en esto… El… pago es por adelantado, ¿verdad?.

FRANCIA  (Ofendida) ¡Oh, pero no voy a cobrarte!.

CAMPEÓN (Bajando la mirada) Esta bien. Puedes llamarme Pereas, no me va a importar. (posa suavemente la yema de sus dedos en los párpados de FRANCIA) Cierra los ojos…

FRANCIA  (Tomándole la mano y besándole tiernamente en los labios) Abriré los ojos de par en par a los tuyos mientras voy susurrando tu nombre, Tomás.

Se levanta y corre la cortina.

ENEAS irrumpe en la habitación de PEREAS buscándole y se sorprende enormemente de no hallarle allí. Cuando se dispone a salir, PEREAS aparece.

ENEAS       (Agitado)  ¡Por Dios, muchacho! ¿Dónde estabas?.

PEREAS     (Sentándose en la cama, sin inmutarse) He salido.

ENEAS       (No dando crédito a lo que oye) ¿Que has salido? ¡Pero si esta mañana casi me saltas a la yugular porque he abierto la ventana de la alcoba!.

PEREAS     Pues ya ves. Tenía ganas de estirar un poco las piernas.

ENEAS se sienta a su lado, mirándole sin entender nada.

PEREAS     Tulio ha estado aquí. Me ha dicho que habías hablado con Analía.

ENEAS       (Inmutado) ¿Que qué? ¿Que Tulio ha estado aquí?.

PEREAS     Sí. (Mirándole a los ojos) ¿Qué tienes que decirme a eso? ¿Hablaste con Analía?.

ENEAS       (Poniéndose en pie y sin mirarle) Estuve con Analía, sí.

PEREAS     Y le contaste que yo estaba en esta casa.

ENEAS       (Volviéndose para mirarle a la cara) ¡A nadie le he contado que estuvieses en esta casa!.

PEREAS     Tulio lo sabía. Analía se lo había dicho.

ENEAS       (Atónito) ¡Yo no le dije nada a Analía!.

PEREAS     (Recostándose) En fin.

ENEAS       (Sentándose de nuevo junto a él) ¡Amigo mío! ¿De veras crees que tuve ese desliz?.

PEREAS le mira con mucha seriedad.

ENEAS       (Afligido) ¡Oh, Dios mío! ¡Sí! ¡Lo crees!. (Tomándole la mano). ¡Pereas, estuve con Analía, sí. Hice el amor con ella, la gocé hasta la última gota de mi deseo; la hice gozar…! ¿Qué más quieres que te diga?. ¡No hablamos de ti en ningún momento!.

PEREAS le continúa mirando, reflexivo.

ENEAS       (Observándole también con atención) Pereas (Ligera pausa. Mirándole inquisitivamente) ¿Dónde has estado?.

PEREAS     (Grave) Con ellos.

ENEAS       ¿Cómo?

PEREAS     Estuve con ellos, Eneas. Estuve en la gruta de los meditadores.

ENEAS       (Estupefacto) ¿Qué?.

PEREAS     (Mirándole muy serio. Oscuramente) Jamás sospecharon de mí. Saben quiénes les delataron. ¡Y ni siquiera les importa!

(Con altivez) Ellos viven en la dicha, Eneas. ¡En la luz!... Pero claro, ¿tú qué sabes de eso?.

Les dije que les iba a ayudar. Puedo hacerlo.

ENEAS se queda mirando a PEREAS con los ojos abiertos de par en par. PEREAS le sostiene la mirada.

PEREAS     ¿Qué tienes que decirme a eso (enfatizando la palabra con gran desdén) “amigo”?.

ENEAS       (Bajando el rostro, empequeñeciéndose) Pereas…

PEREAS     ¿Por qué, Eneas? ¿Por qué razón?.

ENEAS       (Hundido) Quería tiempo. Sólo eso.

PEREAS     ¡Tiempo! ¡Y me lo estabas quitando a mí!.

ENEAS       (Levantando la cabeza) ¿Es que no lo entiendes? ¡Analía se estaba obsesionando demasiado contigo! ¡Se estaba volviendo loca!. Le dije que amabas a Tulio y no se lo creyó. ¡Tuve que contarle que estabas enamorado de otra mujer!.

PEREAS     ¡Esto es increíble!.

ENEAS       (Envalentonándose de repente) ¡No! ¡No es increíble!. ¡Es injusto!. ¡Eso es: Injusto!. ¡Ellos te aman!. ¡A ti te ama todo el maldito mundo!. ¿Y a quién amas tú, Pereas?. ¿A quién?. ¿Has amado alguna vez a alguien más que a ti mismo?.

PEREAS     (Triste) ¿Cómo puedes hablarme así, amigo? ¡Me decepcionas tanto!.

ENEAS       ¡Oh sí, Pereas Mouskovi! ¡El gran hacedor, el enviado, el elegido!. ¡Oh, cómo te estoy decepcionando!.

PEREAS     (Con desprecio) ¿Tanto te ha llegado a cambiar ella? ¿Qué ha hecho de ti esa mujer, Eneas? (Le lleva hacia el espejo, asiéndole por el brazo) ¡Mírate! ¡Mírate bien y observa en qué te han convertido!.

ENEAS       (Volviéndose hacia él, lleno de odio) ¡Por lo menos yo soy… (Se calla).

PEREAS     (Clavándole, con rabia, los ojos) ¿Tú eres qué?. ¿Qué eres, Eneas? ¿Un hombre? ¡Oh, por supuesto que sí!. ¡Tú eres un auténtico hombre!. Un hombre oloroso a tabaco, a sudor y a sándalo… ¡Un bello ejemplar de hombre!.

(ENEAS se aparta involuntariamente de él. PEREAS le contempla con tristeza). Tal vez muchos me consideren un maldito. Por envidia, por distorsión, por cerrazón o por miedo. Pero yo tengo un océano en mi interior… Un océano que es una tremenda sima de luz… ¿Dices que no sé amar? ¿Acaso porque te ciega a ti la pasión crees que mi intimísima manera de amar es menos digna, menos auténtica?.

Yo llevo el amor dentro de mí… Porque amo a ese Yo que yo no soy… Mi zona más auténtica, más pura.

Puedo parecerte un frustrado porque ahora tú crees tener lo que imaginas que yo no tengo y que ansiosamente deseo. Y sin embargo yo estoy viviendo ya en el gozo... Porque encontré al fin lo que tanto quería encontrar.

ENEAS       (Con desdén) Puedes presumir de talento, que eso te sobra. Puedes alardear de haber alcanzado la gloria en vida; ¡Pero no mancilles el nombre del amor diciendo que tú amas!. ¡Tú jamás has amado a nadie!.

PEREAS     ¡Qué pena me da, amigo mío, oírte hablar así y pensar en lo equivocado que estás!. ¿Qué esperas de Analía? ¿Acaso crees que ella está realmente enamorada de ti?. ¿Qué le pides tú a Analía? ¿Qué crees que puede ella darte?.

ENEAS       (Con odio) ¿Tratas de insinuar que Analía se dejó amar sólo por despecho? ¡Eres ridículo y despreciable!. ¡Me das asco!.

PEREAS     (Dolido) A mí tú me entristeces; de verdad, Eneas. Date cuenta tan sólo de lo equivocado que estás por el mero hecho de que tu amor hacia ella te lleva a astillar, de un solo puñetazo, esta hermosa amistad que parecía existir entre nosotros.

ENEAS baja la cabeza, guardando silencio, y se dispone a salir.

PEREAS     (Sin mirarle) Y no te preocupes, que esta misma noche voy a dejar libre la alcoba.

ENEAS sale. PEREAS queda unos momentos estático, en silencio.

Después se dirige al espejo y observa, como si mirase a través de sí mismo… Al cabo de un rato, se tiende en la cama.

 

FRANCIA descorre la cortina de su alcoba. Está radiante, feliz.

Viste una bata de satén. Canturrea y baila.

Suena el timbre. FRANCIA desaparece tras la cortina y se escucha sólo su voz.

FRANCIA  ¿Sí? (…) Ahora te abro.

FRANCIA aparece nuevamente en escena. Al poco, entra MARCIA.

MARCIA    Chica, esto de no tener llaves no es plan. Si acaso me llevo un momento las tuyas y saco copia… (Mirándola de arriba abajo) Nena, este aspecto tuyo, así, como de radiante geisha de la dinastía txén, ¿tiene algo que ver con una especie de Phileas Fox que he visto salir de aquí dando saltitos de felicidad auténtica?.

FRANCIA sonríe y no dice nada. Se sienta en la cama.

MARCIA    (Sentándose a su lado) Oye, de verdad, perdona por lo que te dije antes…

FRANCIA  Tú eres la que me tiene que perdonar a mí, Marcia.

MARCIA    No, no, ¡Qué va!. Vamos a ver; no es que no piense lo que dije (FRANCIA la mira, con seriedad) ¡Que sí lo pienso, carajo!. Lo que pasa es que no debía habértelo dicho de esa manera… ¡Pero si ya sabes lo bruta que soy hablando! ¡No sé de qué te sorprendes!.

FRANCIA  (Seria) De lo auténtica que eres, Marcia. Y no se trata de sorpresa: Es profunda admiración.

MARCIA    (Abrumada) ¡Chica, tú sí me sorprendes ahora mismito a mí!. ¡Vaya! ¡Si casi me emociono!. ¿Vamos de chiste, Pasapalabra, delirium tremens…?

FRANCIA  Tienes razón. Tienes razón y lo dices con la boca bien abierta…

MARCIA    ¡Ah, eso sí!. Reconozco que soy una bocazas!.

¡Ay, pero es que yo te quiero, Francia! ¡Me importas mucho!. Mira, si ahora has conocido al tipillo ese… De verdad que yo me alegro un montón. Me alegro un montón.

FRANCIA  (Sonriendo) Bueno, tampoco hace tanto que nos conocemos…

MARCIA    Tiene… el aspecto así, como de monje tibetano entremezclado con Carlos Gardel y Gustavo “el rana”…(FRANCIA pone cara  de reprobación). Eh, pero bien, oye; guay, guay… ¿Qué te iba a decir…? Esto… las gafas, fashion total, eh. De verdad; de verdad de la más buena… (Las dos se miran unos segundos sin  decir nada y después estallan en sonoras carcajadas) ¿Pero de dónde demonios has sacado ese espécimen de hombre, chica?.

FRANCIA  Es una gran persona.

MARCIA    (Burlona) No, si eso no lo pongo en duda. (Echándose de nuevo a reír) ¡Ay qué gracia!. ¡Salía dando saltitos!. ¡Parecía un cangurín!... Ja, ja, (señalándola con el dedo mientras se desternilla de la risa) ¡Y… y la otra en su alcoba, con su batita de Madame Butterfly, tan divina de la muerte!... (FRANCIA la mira sin sonrisa. MARCIA sigue riéndose) ¡Ay, quita, quita! (reponiéndose) Eh, no te enfades, nena. Ahora en serio: No puedes ni imaginarte lo que he llegado a sufrir viéndote todo el santo día encerrada en esta habitación con tus pinturas y tu Pereas Mouskovi de las narices…

PEREAS se incorpora al oír su nombre.

FRANCIA  (Agarrando a MARCIA por el brazo y apretándoselo con repentina furia)¡No vuelvas a tratar de embrutecer nuestro divino amor con tus podridas palabras!.

MARCIA    (Tratando de zafarse de ella, muy sorprendida) ¡Bruta! (FRANCIA le suelta el brazo. MARCIA empieza a masajearse la zona donde la otra le ha hincado los dedos) ¡Qué daño! (La mira con los ojos abiertos de par en par) ¿ Tú estás tonta o qué, tía?.

FRANCIA  (Gravemente y como desafiándola) Entérate de una vez Marcia. Entérate de una maldita vez: Pereas Mouskovi y yo formamos parte de un mismo espíritu.

Sé que un día al fin voy a poder regresar a él, como el que regresa al agua tibia después de un intenso frío. Sé que él me aguarda en su nido de luz, sin ecos ni sombras…

PEREAS se acerca al espejo y apoya las palmas de sus manos en el cristal.

MARCIA    (Tratando de bromear) ¡Uy! ¿Dónde ponen ésa? La iré a ver esta misma noche; la cosa promete…

FRANCIA  (Levantándose y acercándose al espejo) A él quiero volver… A él, mi agua, mi río, mi amnios… Origen y anheladísimo destino de mi desamparado ser. (Volviendo su rostro hacia MARCIA) ¿Sabes tú lo que es en verdad el amor? (MARCIA arquea las cejas y no dice nada). ¡No! ¡No me refiero a ese amor, Marcia!. No a ese amor que necesita del roce de la piel para consolarse… que anhela la carne, el flujo, el frenesí del orgasmo, la curva discontinua de la expiración…

Ese amor sí, es el que expresa… Pero es limitado, inconcluso, injusto.

De lo que yo trato de hablarte, Marcia, es de algo que ni siquiera es posible perfilar con el pensamiento; que de cobrar una física apariencia, si acaso se asemejaría a un campo lleno de brisa y oleaje de hierba tierna… a los tupidos y perfumados arbustos de un maravilloso jardín inundado de oro de sol y de golosa niñez…

MARCIA    (Impresionada de veras. Muy seria) Francia, ¿te encuentras bien, cariño?.

FRANCIA  (Sonriéndole con ternura) ¡Jamás me había sentido mejor, hermana mía!. Eso es lo que trato de expresarte, Marcia… Eso: El Amor.

(Mira al espejo. Ya no le habla a MARCIA; le está hablando a PEREAS. Y PEREAS, al otro lado de la luna, la aguarda y la escucha, embelesado).

El Amor… ¡Oh, sí!… El Amor… ¡Mi Amor!...

Seré de nuevo la niñita aterida que se aferra temblando a tu mano, para recorrer contigo esa íntima vereda que conduce al final absoluto de las cosas.

¡Pero esta vez ya no habrá dos direcciones! ¡Juntos atravesaremos la angustiosa membrana que separa lo posible de lo absolutamente incierto… Y podremos al fin ser Uno, amor! ¡Seremos para siempre un puro Uno!.

FRANCIA apoya las palmas de sus manos en el cristal, en el lugar exacto donde están las de PEREAS. Permanecen los dos mirándose a los ojos a través del espejo, con una ternura extraordinaria.

MARCIA siente tan intensamente la magnitud de la escena, que entiende que no podrá soportarla por más tiempo sin volverse loca. Se excusa torpe y precipitadamente.

MARCIA    Esto… Ahora debo irme, Francia. Yo… Ya te llamaré. Adiós.

(Sale).

FRANCIA  (Hablándole a PEREAS con suma dulzura) ¡Haberte vivido siempre sin saberte con certeza!.

PEREAS     (A FRANCIA) ¡Haberte sabido siempre y no llegarte a vivir!.

FRANCIA  ¿Tú sabes de dónde vengo?

PEREAS     De donde dejé de buscarte.

FRANCIA  ¿Estamos aunando destinos?

PEREAS     Y enlazando eternidades.

FRANCIA  ¿Somos uno…

PEREAS     Que se ama a sí mismo.

FRANCIA  … o dos sombras?

PEREAS     Para un mismo cuerpo.

FRANCIA  ¿No es extraño? ¿No es…

PEREAS     ¡Maravilloso! ¡Hemos superado el misterio! ¡Somos dueños del milagro!.

FRANCIA  (Temblando, aferrándose al espejo) Pereas…

Entra MARIO en la habitación, a hurtadillas.

Lleva un revólver en la mano. Se acerca sigilosamente a FRANCIA.

FRANCIA  ¡Te amo! ¡Te amo y tengo miedo…

PEREAS     (Volviéndose súbitamente,, como si hubiese notado una repentina presencia a su espalda) ¿Qué…

Instintivamente, FRANCIA se da también la vuelta, descubriendo horrorizada a MARIO.

MARIO      (Sonriendo y apuntándola con el revólver) ¡Increíble, increíble!. ¿Flirteando con el espejo?. ¡Estás aún mucho más atrapada que yo, muñeca!.

FRANCIA  (Aterrorizada) ¡Mario! ¿Có… cómo has entrado?.

MARIO      (Sacando un manojo de llaves del bolsillo y mostrándoselas, mientras las hace tintinear en su mano) ¡Ay, esa mujercita mía! ¡Qué despistada es y qué fácil arrebatarle las cosas! (con intención)

¿No te parece, Francia?.

FRANCIA  (Mirando despavorida el revólver) ¿Qué… qué quieres, Mario?.

MARIO      (Con gran sarcasmo) Matarte, por supuesto.

PEREAS permanece de espaldas al espejo; angustiado, expectante…

FRANCIA  (Sollozando) ¿Por qué no me dejas en paz, Mario? ¡Por favor! ¿Por qué no me olvidas?.

MARIO      ¿Olvidarte? ¡Oh, no! ¡Nada de eso, Francia! Tú ahora eres parte de mí.

FRANCIA  Aquello fue una equivocación.

MARIO      (Lanzando una carcajada) ¿Una equivocación? ¡Hay que ver cómo te curras tú las equivocaciones, muñeca! ¡Estuviste fantástica, maravillosa!.

FRANCIA  (Desolada) ¿Por qué me quieres hacer daño, Mario? ¿Por qué?.

MARIO      (Festivamente) Porque voy hasta el culo de nieve, estoy a punto de estallar del exceso de adrenalina y me apetece sobremanera quemarla viendo cómo mueres taladrada por las balitas de este lindo revólver. ¡No me digas que no es una idea de diseño exquisito!.

PEREAS parece muy nervioso. Se vuelve y se aferra al espejo con las manos crispadas.

De repente se oye un disparo en el piso de abajo de la casa de ENEAS. PEREAS se da la vuelta, asustado y desaparece precipitadamente. FRANCIA se lleva la mano al pecho, creyendo que es MARIO el que ha disparado.

MARIO      (Obviando de pronto a FRANCIA y acercándose intrigado al espejo) ¿Qué diablos ha sido eso?

FRANCIA comprueba con sorpresa que no ha recibido ningún impacto y entonces aprovecha la distracción de MARIO para abalanzarse sobre él y  arrebatarle el revólver.

Ahora es  ella la que le apunta a él.

MARIO      (Sin perder su sarcasmo) Vamos, muñeca; trae eso, que te vas a hacer pupita.

FRANCIA  (Sujetando el arma con ambas manos) ¡No te acerques a mí o disparo!.

MARIO      ¡Qué coño vas tú a saber disparar!.

FRANCIA  ¿Quieres que lo compruebe en tu maldita cabeza, cabrón?.

MARIO      (Menos irónico; empezando a entender que FRANCIA está dispuesta a hacer lo que dice) Mi pequeña, Francia… ¿Ya no te acuerdas del curso del 86?. Para mí fue el año más hermoso de mi vida.

FRANCIA  (Con odio) Hasta que lo mandaste todo a la mierda escribiéndole esa carta a Marcia.

MARIO      Pero… ¡Fue una equivocación!.

FRANCIA  (Irónica) ¡También tú te las curras las equivocaciones!.

MARIO      (Sincero) ¡Te lo juro! ¡La carta no era mía!.

FRANCIA  ¿De quién diablos era, entonces?.

MARIO      ¡De Jacinto! ¡Jacinto Moral! (Al unísono los dos, MARIO exclamando y FRANCIA inquiriendo:) ¿¡El trigonométrico!?.

FRANCIA  Pero, entonces… ¿Por qué le dijiste que era tuya?.

MARIO      Ella se lo figuró todo.

FRANCIA  Y ¿Por qué no se lo desmentiste?.

MARIO      (Tratando de mostrarse seductor) Aún me amas, ¿Verdad?.

FRANCIA  (Con rabia) ¿Después de la última vez?

MARIO      ¿A qué te refieres?

FRANCIA  (Despechada)¡Me trataste como a una puta!

MARIO      (Con sorna) ¿Porque te quise pagar?. ¡Pero si venía a eso, precisamente!. ¡Si supieras las tiras de fotogramas que circularon por el fondo de mi mente cuando me abriste la puerta!. “¿Lonely?” dije yo, entre sorprendido y feliz. Y tú (Imitándole la voz) “¡Mario!”. (Se ríe) ¡Si te hubieras visto la cara!.

Aparece de nuevo PEREAS en escena. Camina lentamente, de espaldas; su rostro denota extrema gravedad.

A continuación entra ANALÍA, apuntándole con una pistola. Su aspecto es el de una demente.

ANALÍA     (Con sonrisa diabólica) Esta vez no voy a disparar al aire para asustar a la criada. ¡Esta vez te volaré los genitales y después el corazón!.

FRANCIA se da la vuelta, alarmada, al oír las palabras de ANALÍA.

Ve la escena a través del espejo y se abalanza sobre éste, derribándolo. PEREAS y ANALÍA se vuelven hacia ella. MARIO aprovecha la ocasión para tratar de arrebatarle el revólver. Forcejean. El arma se dispara. PEREAS cae al suelo, muerto: La bala le ha dado de lleno en el corazón.

Todos quedan paralizados por unos instantes, tras los cuales, ANALÍA clava su virulenta mirada en FRANCIA.

ANALÍA     (Con furia infrahumana) ¡¡Tú!! ¡¡Tú!!.

FRANCIA deja caer el revólver y, lanzando un alarido desgarrador, se arroja sobre el cuerpo sin vida de PEREAS. Al mismo tiempo, ANALÍA dispara. FRANCIA cae muerta sobre su amado.

MARIO sigue inmóvil, atónito. De pronto, ANALÍA se fija en él, y parece que recobra súbitamente la lucidez. Mira los cuerpos inertes de FRANCIA y PEREAS… Vuelve a mirar a MARIO…

Durante unos segundos, quedan los dos mirándose el uno al otro, con absoluta estupefacción.

 ANALÍA es la primera en reaccionar; arroja al suelo el arma, que cae en la alcoba de FRANCIA, a los pies de MARIO.

ANALÍA     (Sin dejar de mirar a MARIO) ¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! (Sale corriendo).

MARIO sigue completamente obnubilado, observando los cadáveres de FRANCIA y PEREAS, que tiñen de sangre el suelo…

De pronto, se oye la voz de la MADRE.

MADRE      (Gritando con desespero) ¡Francia! ¡Francia! ¡La rata! ¡Otra vez la rataaaa! (MARIO reacciona al fin y sale corriendo de la habitación. La MADRE empieza a rezar)

Ave purísima que eres bendita entre las mujeres, sagrada Virgen María…

No nos prives de tu amparo ni de noche ni de día.

 ¡Ay, Virgencita elegida! ¡Ay, Virgencita gloriosa! ¡Sáname esta lenta herida con tu lengua milagrosa!.

(Empieza a tararear “Like a virgin” de Madonna. Lentamente va cayendo el

 telón)

 FIN

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